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martes, 3 de marzo de 2026

The Ruins Of Beverast: Tempelschlaf (2026)

 "Ritual sin terror..."

Tenía muchas ganas de oír el regreso de este proyecto a cargo del multi instrumentista Alexander Von Meilenwald, principalmente considerando que el anterior The thule grimoires (2021) fue uno de los discos que más disfruté cinco años atrás, y bueno, que el alemán es garantía de calidad y contundencia dentro de la escena metalera actual. Había que ver si el asunto sostenía la línea del mencionado o retomaba ese camino más ligado al black, el cual encontró en un disco como Exuvia (2017) su mejor versión. Finalmente Tempelshlaf ("Dormir en el templo" es la traducción, de ahí la portada) ya vive entre nosotros por lo que el dilema ha sido resuelto: acá hay continuidad. Nuevamente tenemos a The ruins of Beverast inmerso en su esencia, léase, siete canciones entregadas al ritual atmosférico entre dinámicas marcadas por el peso y los profundos alaridos del vocalista. Hay un problema eso si: que esta vez el asunto luce algo más plano y monótono, más simple incluso, falto de esos cambios estructurales profundos que tanto enriquecieron anteriores obras del músico.

Que una canción sea larga en ningún caso te asegura algo, sin embargo, puede que los números ejemplifiquen en parte lo que ocurre con este álbum. Y es que a diferencia de sus antecesores, donde varios temas rondaban los doce a trece minutos, en este Tempelshlaf encontramos que prácticamente todas andan por los seis o siete. En dicho sentido este nuevo álbum se percibe como una versión más amable de The ruins of Beverast, una especie de ritual sin terror. Los condimentos están: el disco suena bien, de hecho la mezcla es más limpia que nunca, las ejecuciones son impecables... pero hay cierta magia que no aparece en el correr de los temas. 

Encontraremos acá piezas cristalinas en la apertura y cierre del álbum, 'Tempelshlaf' (con Alexander vocalizando grave y recordándonos una vez más al histórico Peter Steele de Type o negative) y los trece minutos de 'The carrion cocoon', mientras que otras estilo 'Day of the poacher', 'Alpha fluids', 'Babel, you Scarlet queen!' o la envolvente 'Last theatre of the sea' acelerarán con fuerza desde un comienzo entregando pasadas un tanto más agresivas. Para bien y para mal, las canciones carecen eso si de momentos particularmente intensos centrándose más bien en las atmósferas continuas que se proponen, esto se aprecia claramente en la ya mencionada apertura con 'Tempelshlaf' o más adelante en las sólidas 'Cathedral of the bleeding statues', temas que suenan (muy) bien pero en términos de estructuras dan vueltas y vueltas sobre lo mismo, lo cual inevitablemente puede resulte monótono y agotador a ratos. 

En general The ruins of Beverast ha cargado con el "problema" de que cada canción funciona como un mundo en si mismo por lo que la experiencia de una hora de música continua puede volverse pesada para quien no esté dispuesto a entrar de lleno a la obra. En dicho sentido este Tempelshlaf debe ser el álbum más accesible del proyecto a la fecha, aunque por lo mismo sin ser un mal disco aparece como una propuesta algo menor respecto a la contundencia de anteriores discos. Dicho en simple: el músico pierde en la comparación consigo mismo al haber simplificado su obra. 

¿Canciones? 'Cathedral of the bleeding statues' y 'Alpha fluids'.

6,9 / 10
(Muy) Bueno.


Otras obras de The ruins of Beverast:

lunes, 23 de febrero de 2026

Kreator: Krushers Of The World (2026)

 "Limitados y poco inspirados..."

Para bien y para mal, no debe haber público más conservador en la tierra que el metalero. De ahí que bandas clásicas como Kreator tengan poco y nada de margen de acción. En lo concreto los alemanes osaron casi treinta años atrás el respirar fuera del thrash, recibiendo enormes críticas y desprecio por parte de su fanaticada (como ha ocurrido con cualquier banda del género que haya intentado hacer algo diferente), por lo que llegado el nuevo siglo (y la guitarra de Sami Yli-Sirniö) decidieron retomar la senda clásica mediante el aplaudido Violent revolution (2001) y desde ahí repetir el plato una y otra vez. Se han sucedido en estos veinticinco años por tanto una serie de álbumes que apuntan a donde mismo, a veces con más ideas, a veces con menos, y bueno, este Krushers of the world no escapa a dicha idea, un disco de thrash en general correcto, efectivo, producido de manera impecable por Jens Bogren y ejecutado con exquisita precisión. Dicho lo anterior, es más de lo mismo e incluso menos inspirado que en otras ocasiones. 

A Kreator hay que darles al menos que se toman cierto tiempo entre cada lanzamiento (cuatro a cinco años viene siendo la tendencia desde 2001) por lo que los alemanes no alcanzan a agotar con lo suyo y estas dosis de velocidad y afiladas guitarras suelen venir bien, el problema que esta vez les juega totalmente en contra que varias de estas canciones suenan de manual, en absoluto piloto automático y realmente con poco y nada novedoso que decir más allá de encontrar algún pasaje que en sus conciertos debería funcionar. Ocurre en la partida con 'Seven serpents', que acelera a fondo dejando espacio en su recta final para que el público participe con algún "Eh! eh! eh!", mientras que en 'Satanic anarchy' (¡qué letras más adolescente, por favor!) o 'Krushers of the world' el asunto apostará fuerte con los coros melódicos, acercándose al powermetal de bandas tipo Powerwolf en esta última. Y así, que volverán a meterle velocidad al disco en el nudo mediante 'Tränenpalast' + 'Barbarian' + 'Blood of our blood' pero todo suena demasiado maquillado, al punto de que algo como 'Combatants' cae directamente en la caricatura. 

Retomo la idea inicial: ¿es culpa de la banda o de sus fans que castigan tan duramente la exploración? Finalmente Kreator se han visto limitados a tener que estar tocando la misma tecla una y otra vez para sobrevivir. En ese camino, para álbumes de thrash realmente interesante siempre podremos volver a algo como Phantom antichrist (2012) e incluso a los posteriores. Esto a diferencia de un Krushers of the world que más bien parece ser el típico álbum publicado porque "ya tocaba" y está la necesidad de salir de gira por festivales. 

¿Canciones? 'Krushers of the world' y poco más.

5/10
Nada muy especial...


Otras reseñas de Kreator:
2017: Gods of violence

lunes, 13 de octubre de 2025

Helloween: Giants & Monsters (2025)

 "Cóctel diverso y a la altura de la leyenda..."

Increíble que tras quince años escribiendo acá nunca me haya referido a una leyenda como Helloween, pero bueno, nunca es tarde y acá estamos con el segundo álbum de la banda tras el regreso de Michael Kiske en 2017. El caso es que considerando el prolongado alejamiento del vocalista (en 1993 había dejado a la banda) existieron enormes expectativas respecto al retorno, materializado en un álbum homónimo de 2021 que apostó a seguro en la evidente búsqueda de satisfacer a los seguidores. Había que ver, sin embargo, por donde tiraban esta vez, si continuaban prolongando el camino seguro o intentaban romper un tanto los esquemas, que es por lo que finalmente se la han jugado durante cincuenta minutos bastante diversos donde matizan lugares comunes con uno que otro elemento que aporta frescura y que escapa de lo obvio.

Como es costumbre al interior de Helloween, acá componen varios y aquello particularmente en este disco se nota bastante, lo cual suma. Tenemos así canciones extensas de seis a ocho minutos como 'Giants on the run' (de fantástico coro) o 'Majestic', abriendo y cerrando el disco con momentos melódicos de gran nivel así como cambios estructurales donde aparece la mano creativa de Kai Hansen (ambas son también lo más interesante que trae el disco en materia de arreglos), piezas veloces algo más tradicionales dentro de lo que solemos oír dentro del powermetal tipo 'Savior of the world', 'We can be gods' o la notable 'Universe (gravity for hearts)', mientras que la nota diferente y curiosa llegará con 'A little is a little too mucho' o 'This is tokyo', composiciones de Andi Geris que se encuentran empapadas de glam metal al punto de sonar bastante a bandas como Scorpions (la primera) o incluso al Bon jovi ochentero (la segunda). Este variado cóctel será complementado con una balada de manual como 'Into the sun', el medio tiempo 'Hand of god' o la alegre 'Under the moonlight', aportando estas un elemento distintivo para un disco que va y viene constantemente, que si algo asegura es la entretención.

Si el objetivo de los alemanes era no repetir con calco la apuesta de 2021, pues han triunfado. Uno que otro momento de alto tonelaje, alguna cosita curiosa y un conjunto que en lo suyo cumple de sobra es lo que nos entregan en Giants & monsters, justificando el regreso y mostrando su estampa de leyenda, lo cual tras tras cuarenta años de carrera es enorme.

¿Canciones? 'Giants on the run', 'Universe (gravity for hearts)' y 'Majestic'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Kadavar: I Just Want To Be A Sound (2025)

 "Apertura que funciona..."

Puede que el exceso de álbumes le haya jugado en contra durante la pasada década a Kadavar. Inevitablemente tanto disco similar (y seguido) generó en muchos cierta pérdida de interés, al punto de que grandísimos discos como The isolation tapes (2020) o el posterior Eldovar: A story of darkness & lights (2021) pasaran bastante inadvertidos por el mundo (también hago mi mea culpa, pues ni siquiera los reseñé acá). El caso es que todo esto, sumado a un inevitable agotamiento creativo, seguro acabó por desembocar en una inédito silencio por parte de los alemanes, quienes se han tomado cuatro años para este siguiente paso, sumando en el camino a Jascha Kreft como tecladista/guitarrista estable en la formación y trabajando con su compatriota Max Rieger en producción. El resultado de toda esta aventura se resume en estas diez curiosas canciones, las cuales les alejan bastante de su propuesta habitual optando esta vez por un sonido más luminoso y grandilocuente (la portada ya anticipa) , canciones que en general van en busca de un mayor gancho sacrificando las atmósferas pesadas, densas y psicodélicas que abundaron a lo largo de su discografía.

En efecto y dicho en simple: lo que acá han entregado se acerca más a algo como Kasabian que a Black Sabbath. Así como se lee. Piezas donde el centro siguen siendo las guitarras + teclados pero el fuerte se encuentra puesto en la repetición de coros, esto en la evidente búsqueda de algo más atractivo al oído en una primera escucha. Ahora, que se entienda bien, en ningún caso esto significa el que Kadavar acá suenen vacíos o desechables (¡que grandes canciones acá claro que hay!) pero si es cierto que han sacrificado densidad para abrazar caminos amigables con el oyente casual. 

Yendo a la lista propiamente tal, esta vez quisiera comenzar de atrás hacia adelante. El álbum cierra con los casi seis minutos de 'Until the end', una canción que pienso perfectamente podría haber abierto el disco debido a la dinámica inmersiva que posee, un tema tremendamente interesante que te va sumergiendo de a poco para a medio andar meter un pasaje McCartniano (del 2:56 al 3:30) para luego explotar entre guitarras. El tema es una joya de proporciones (de lo mejor que he oído este año) pero ciertamente poco representativa del conjunto. Por lo mismo, se entiende que cierre. 

Antes el disco habrá entregado dos secciones bastante marcadas, una luminosa y otra más exploratoria. Dentro de lo primero destacará la alegre 'I just want to be a sound' (con una partida que perfectamente podría ser la entrada a un disco de Ghost), así como unas golpeadas y rockeras 'Hysteria' + 'Regeneration'. Más adelante el álbum también se lanzará en picada a las guitarras en 'Scar on my guitar' o 'Truth' (esta muy marcada por un exquisito bajo), sin embargo, serán asuntos más cargados a las atmósferas de calma en 'Sunday mornings', la psicodélica 'Strange thoughts' o la elegante balada 'Star' (¡vaya delicadeza de canción!) las que acabarán marcando la recta final del disco. 

Puede a muchos les extrañe el giro hacia sonidos más amigables que Kadavar han buscado dar con este álbum, sin embargo, dejando los prejuicios de lado, lo que nadie puede negar acá es que grandes canciones hay. En lo personal entiendo la jugada como una salida a tomar aire fresco y un tanteo de terreno. De hecho, la banda por estos días ya ha anticipado un nuevo single y fecha para un álbum (noviembre de este año) y seguro sonará bastante más "tradicional". Es decir, la banda tenía dos trabajos preparados para 2025, este ha sido el aventurero y el otro seguro apostará a la segura. El tiempo dirá si I just want to be a sound quedará registrado como una mera anécdota friki o los alemanes deciden seguir indagando en esta dirección. Como sea, lo que nos han dejado es material digno de toda atención, aunque el mundo no se entere...

¿Canciones? 'I just want to be a sound', 'Star' y 'Until the end'.

7,8 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Kadavar

sábado, 31 de mayo de 2025

Cytotoxin: Biographyte (2025)

 "Estandarizados..."

Uno de los buenos referentes actuales del brutal death metal está de regreso. Bravo por eso. De la mano de sus temáticas centradas en desastres nucleares (por cierto, desde ya: mejor portada del año, o no?) estos alemanes fueron encontrando poco a poco mejores producciones, algo que se consolidó en un álbum como Gammageddon (2017) y confirmó posteriormente en Nuklearth (2020). Por esto mismo es que un disco como Biographyte deja sensaciones encontradas. ¿Suena bien? Si. ¿Técnicamente es sobresaliente? Absolutamente ¿Sorprende? Poco y nada. Y es que la banda a estas alturas pareciese encontrarse en un loop en donde se limitan a entregar un death rabioso cargado hacia la velocidad de sus temas, con un trabajo vocal impecable por parte de un Grimo que efectivamente transmite la oscuridad que la música requiere, sin embargo, habiendo dicho lo anterior, los matices son escasos por lo que inevitablemente sientes estar oyendo la misma canción una y otra vez. 

Sin ir muy lejos, la partida a cargo de 'Hope terminator' es de lo poco en el disco donde notamos que la banda intenta no caer en la monotonía cortando los tiempos durante el trayecto, dando muestras de un sonido afilado que desarrolla una notable técnica en velocidad de precisión quirúrgica pero que va sorprendiéndote con sus giros. Esto a diferencia de absolutamente todo lo que suena a continuación, pues desde 'Condemnesia' en adelante, salvo el curioso instrumental acústico 'Deadzone desert', todo el resto acelerará a fondo entregando un sonido potentísimo, lleno de ira pero que sinceramente les acerca más a un Cannibal corpse (aún más técnico, claro) que a un Archspire (evidentes referentes actuales cuando hablamos de técnica y brutalidad dentro de la música extrema), lo cual no es malo per se pero si creo les estandariza. ¿Qué hay buenas canciones? ¡Por supuesto que si! La brutalidad de 'Behind armored doors', por ejemplo, es un verdadero palazo al cerebro, mientras que si hablamos de momentos emocionales, ese solo final que integran de manera notable en 'Eventless horizon' se anota como uno de los momentazos del disco. Sin embargo, la masa que la banda propone es tan similar canción tras canción que inevitablemente el disco en medida que avanza se termina perdiendo en si mismo.

Dicho lo anterior, la duración del trabajo también es criticable pues si vas a entregar un disco tan monocorde donde cada canción apunta hacia donde mismo, ¿Cuál es el sentido de llegar casi a los cincuenta minutos de música? Entiendo que es el primer álbum que lanzan en cinco años pero trabajos así de lineales deben durar media hora y ya, el shot de vorágine debe ser eso, corto y rápido. El tequila no se degusta lentamente.

Biographyte en ningún caso es un mal disco, por favor, que músicos de este calibre son incapaces de componer algo pésimo. Acá todos los ingredientes que caracterizan el brutal death metal están presentes, sin embargo, falta el más importante de todos: la frescura. En dicho sentido, las comparaciones son odiosas pero retomar el sonido podrido que exudaba aquel ya lejano Plutonium heaven (2011) no les vendría mal...

¿Canciones? 'Hope terminator', 'Behind armored doors' y 'Eventless horizon'.

6,5 /10
Cumple y algo más...

viernes, 23 de mayo de 2025

Destruction: Birth Of Malice (2025)

 "El auto homenaje de turno..."

Cada vez que oigo un álbum de una banda con historia dentro del thrash o el death metal acabo con la misma sensación, la de estar escuchando una eterna competencia consigo mismos, un esfuerzo desenfadado por demostrar que "aún son capaces" de componer un álbum a la altura de aquellos publicados treinta o cuarenta años atrás. Es como si Metallica durante toda su carrera hubiese imitado al Kill'em all (1983). En el caso de este Birth of malice nos encontramos frente a un Schmier que ha logrado sostener a una formación de músicos por unos cuantos años (2018/9 hasta ahora) lo cual explica el fiato de un álbum que suena impecable (vaya joya de producción) y en términos de ejecución tampoco falla entre los riffs afilados del argentino Martin Furia y el desenfado constante en la batería del canadiense Randy Black, sin embargo, lo dicho: que el disco es un constante guiño a la nostalgia. 

De que lo hacen bien, no cabe duda, y quienes den play acá buscando aceleración a fondo y el desarrollo de la técnica en velocidad la encontrarán en toda la primera parte del disco, destacando cosas como 'Cyber warfare' , 'No kings - no masters' o 'God of gore', las cuales no dan respiro al oyente, aunque mi favorita desde la primera vez que oí el disco ha sido 'Scumbad human race', donde desaceleran un tanto y construyen peso sobre algo más cercano a un medio tiempo. Esta última anticipa también lo que será la segunda parte del álbum, mucho más lenta respecto a la primera y cercana a un heavy metal tradicional y melódico en toda la pasada por 'A.N.G.S.T', 'Dealer of death', 'Evil never sleeps' o 'Chains of sorrow', siendo recién en el cierre a cargo de 'Greed' y 'Fast as a shark' (tributo a otros titanes alemanes como Accept) cuando vuelven a acelerar.

Birth of malice es un nuevo buen álbum de Destruction realizando el auto homenaje de turno. Luce algo desbalanceado considerando su primera mitad cargada a la velocidad y una segunda bastante más lenta, pero está siempre bien ejecutado y seguro dejará satisfechos a los fans. Ahora, verdad sea dicha, no hay algo acá que no podamos oír en cualquiera de los chorrocientos discos que han lanzado desde su regreso en 2000 a la fecha.

¿Canciones? 'No kings - no masters' y  'Scumbad human race'.

6,9 /10
(Muy) bueno.


Otras reseñas de Destruction:

viernes, 28 de febrero de 2025

Obscura: A Sonication (2025)

 "El derecho a extraviarse..."

Considerando la cantidad inmensa de músicos que durante todos estos años han pasado por Obscura, resultaba bastante meritorio que el proyecto no hubiese perdido nivel. Habrá quienes tengan al inmenso Akróasis (2016) como favorito o alguno de los primeros álbumes de la banda, incluso quienes se queden con los posteriores Diluvium (2018) + A valediction (2021), sin embargo, lo que nadie podía negar hasta ahora es que incluso con las concesiones melódicas entregadas en los últimos años, el proyecto de Steffen Kummerer no presentaba ripio alguno y se mostraba como un engranaje imponente de alto nivel dentro death técnico actual. Nada es para siempre, sin embargo, y debía llegar el momento en el que Obscura comenzase a mostrar las costuras, porque sostener un buque así de inmenso es imposible cuando una sola mente se encuentra a cargo, que es básicamente lo que acá ha comenzado a ocurrir. Ya fue una mala señal el que meses atrás nos enterásemos de que ex miembros de la banda como Alex Weber (bajista) y Christian Münzter (guitarra) acusaban a Kummerer de utilizar material compuesto por ellos en estas nuevas canciones publicadas, amenazando incluso con demandarlo, pero lo que definitivamente ha inclinado la balanza ha sido el darle play a este conjunto y verificar lo plano que suena, lo lamentable de la producción y la falta de ideas que expone. 

Nos encontramos acá con ocho canciones que en menos de cuarenta minutos (es un disco breve, al menos...) reitera bastante una propuesta: temas rápidos, de bastante vértigo y riffs simplones. 'Evenfall', de hecho, es el único tema que baja los tiempos a lo largo del disco (es también el que Weber apunto directamente como un plagio) y quizás por lo mismo resulta llamativo dentro del conjunto. Y es que sinceramente habría preferido más canciones como esta, confirmando el giro de Obscura hacia el death melódico que lo que realmente entrega un disco como A sonication: aceleración constante pero monótona. Digamos, el clásico disco en donde ninguna canción te entrega algo particularmente atractivo o recordable, casi como si oyendo una ya las hubieses oído todas. Por si esto fuese poco, la producción suena tremendamente plana con una batería +  bajo escondidos en la mezcla donde todo el protagonismo se lo llevan los solos de guitarra. 

Por supuesto que el disco no es un desastre, que Kummerer es un gran músico y death de correcto nivel técnico siempre será capaz de entregar, ahí el instrumental 'Beyond the seventh sun' entrega algún momento llamativos mientras que como curiosidad algo como 'The sun eater' al menos regala un cambio de registro vocal por parte de Steffen (quien en esta suena más grave y gutural que en el resto), sin embargo, la magia que siempre caracterizó el sonido de Obscura, tanto instrumental, interpretativa como estructural, acá se encuentra absolutamente ausente. Y bueno, los grandes músicos también tienen derecho a extraviarse y tenía que tocarle a este el darse contra un muro. El futuro dirá si logra recomponerse.  

¿Canciones? 'Evenfall' y 'The sun eater'.

5/10
Nada muy especial...


domingo, 8 de diciembre de 2024

Kanonenfieber: Die Urkatastrophe (2024)

 "El relato de una tragedia..."

He acá un proyecto que conjuga tres líneas bastante singulares: es un one man band (Noise se hace llamar el enigmático creador de todo acá) que desarrolla una temática en particular (todas las canciones giran en torno a la Primera Guerra Mundial y el horror bélico) y que cuenta con una estética especial (que va desde cubrirse las caras en vivo y vestirse con uniformes, hasta las portadas de álbumes con ese soldado calavérico como protagonista). Todo en Kanonenfieber parece entonces estar fríamente pensado y calculado, desde lo estético, temático y sonoro no parecen haber aristas dejadas al azar, digamos, una fórmula relativamente similar a la que llevó a una banda como Ghost al éxito comercial. El tiempo dirá si con este alemán ocurrirá algo parecido, pero por ahora mal no le ha ido, la banda ha pasado en pocos años a animar diversos festivales a lo largo de Europa y su nombre poco a poco comienza a expandirse por el mundo del metal. En Die urkatastrophe ("La catástrofe primordial" en alemán), el autor se apega a un manual bastante similar respecto al debut de 2021, es decir, un black metal melódico que va bastante al grano, que suena violento y directo pero que jamás se expande más allá de sus moldes, siendo este el principal problema que carga. 

El asunto funciona de todas formas muy bien la partida a cargo de 'Menschenmühle', con un doble pedal intenso y una interpretación notable que va cortando las líneas con cuchillo, para luego desenfundar una seguidilla de canciones breves (todas rondan los cuatro a cinco minutos) pero poderosas, donde cada una de ellas entregan como una especie de homenaje a aquellos anónimos personajes que trágicamente acaban protagonizando una guerra. 

En dicho sentido, este es uno de esos trabajos que se potencian enormemente si entiendes lo que se está relatando, por lo que así como Noise ha realizado un trabajo de joyería al plasmar en sus relatos textos de decenas de documentos históricos (desde manuscritos de la época hasta cartas de soldados), el desafío el auditor está en hurgar de igual forma en la obra, al menos traduciendo los temas. 'Der maulwirf' ("El topo"), por ejemplo, relata las penurias de aquellos soldados encomendados a cavar túneles durante la guerra ("Alguien abre el saco de arena, otros levantan la tierra / Una lámpara de carburo nos da luz / El humo te pica el pecho / Además, incapacitado por la falta el oxígeno / ¡Lo juro, no pasará demasiado antes de que me pegue un tiro!") mientras que 'Waffenbrüden' ("Hermanos de armas") es un dramático relato en torno al compañerismo entre soldados, interrumpido por la muerte ("Los golpes se acercan / Un aluvión de granadas / Una explosión golpeó nuestra zanja / Desperté en el hospital y me enteré de tu muerte / Nos conocíamos desde hace años, desde la niñez / Una amistad que durará por siempre..."). Y así, cada canción es una historia, el relato de una tragedia, representando esto una traba para cualquier auditor casual pues repito: si no se entiende lo que se está contando, el disco desde lo musical se vuelve inevitablemente algo monótono. 

Ya ha manifestado Noise en entrevistas que no piensa abandonar la temática bélica y veo difícil que salga del alemán (no está demás recordar que a los míticos Marduk o a los ucranianos 1914 les ayudó el interpretar en inglés). Sin embargo, desde lo musical habrá que ver que decisiones tomará, sobretodo considerando el que a partir de sus dos primeros álbumes ya se ha hecho un nombre. ¿Mantenerse fiel a este sonido o diversificarlo? El tiempo dirá. Por ahora, Die Urkatastrophe se ha mostrado como un muy buen disco de continuidad respecto al debut, además de un álbum tremendamente interesante desde lo histórico del documento. 

¿Canciones? 'Menschenmühle' y 'Der maulwirf'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Powerwolf: Wake Up The Wicked (2024)

 "Falto de inspiración..."

El gran problema de meterte en la maquinaria de la industria es que esta te obliga a mantenerte constantemente sacando material (el cual se debe defender en vivo, que es de donde realmente sacan dinero las bandas), lo cual inevitablemente acaba mermando en ocasiones el nivel de los álbumes por la sencilla razón de que no hay tiempo para "revisar la fórmula" y el asunto termina limitándose a repetir una receta una y otra vez. Es lo que ha pasado con los alemanes de Powerwolf, quienes vienen lanzando discos de manera incesante desde hace veinte años. No hay sorpresas por tanto con este Wake up the wicked, disco que durante treinta y siete minutos suena engrasado pero falto de inspiración como para al menos estar a la altura del sólido Call of the wild (2021)

Se sucederán acá entonces temas breves de manual con estructuras melódicas clásicas + uno que otro coro ganchero, pero nada particularmente memorable o recordable. Y si bien el disco no abre mal con la acelerada 'Bless'em with the blade' (perfecta para abrir sus conciertos) seguida de los marcados teclados de 'Sinners of the seven seas', rápidamente irá sumergiéndose en una dinámica monótona donde la sensación que va quedando es que las mejores canciones han sido las dos primeras y mucho más el disco no tiene para ofrecer. 

Por supuesto que nada acá es un desastre, ahí tienes '1589' o la inquieta 'Viva vulgata' como ejemplos de que Powerwolf saben lo que hacen, sin embargo, la banda se repite tanto que no encontramos algo acá que justifique el volver al disco. ¿Para qué? Si han hecho lo mismo antes, y mejor...

¿Canciones? 'Bless'em with the blade', 'Sinners of the seven seas' y '1589'.

6/10
Bueno, cumple...


Otras reseñas de Powerwolf:
2021: Call of the wild

jueves, 25 de enero de 2024

Till Lindemann: Zunge (2023)

"Buena excusa para mostrar frescura..."

Ya sea junto a su banda madre o colaborando con Peter Tägtgren, el alemán Till Lindemann se las viene arreglando desde hace al menos una década para mantenerse inquieto. Su ritmo no para, yendo desde el escenario al estudio constantemente, aunque claro, tanto movimiento evidentemente acaba por mermar la diversidad de los resultados. Tampoco es que esto parezca importarle, finalmente todos entendemos que lo que el alemán necesita es material para mantenerse en gira y este álbum parece más que nunca una (buena) excusa para aquello.

Nos entrega así una colección de canciones que son "dos cucharadas y a la papa", es decir, temas directos que hacen uso del tradicional sonido que el alemán desarrolla esté en el proyecto que esté, jugando con el peso constantemente mediante una producción impecable que saca partido a las explosiones de guitarras, como hace en la interesante y dramática partida a cargo de 'Zunge' (la canción), más adelante en 'Übers meer' o en 'Du hast kein herz', incorporando elementos electrónicos de vez en cuando, con aceleraciones muy a la Rammstein en 'Sport frei' o 'Altes fleisch', e incluso entregando algún pasaje acústico en 'Tanzlehrerin'. De esta forma, todo luce muy cómodo y controlado aunque por lo mismo bastante disfrutable, el clásico más de lo mismo que no molesta en absoluto. 

Siendo claros, varias de estas canciones podrían haber sido material para Rammstein y con el aporte del resto de sus compañeros quizás habrían llegado más lejos. Un ejemplo claro de lo que menciono es una canción como 'Nass', que con sus guitarras secas entrega los pasajes más intensos en todo el álbum, sin embargo, en la recta final el vocalista evidentemente no sabe como cerrar el asunto o llevarlo a otra dimensión, dejándonos una pequeña joya pero que claramente tenía potencial para llegar más lejos. Donde si parece encontrar el punto es en 'Alles für die kinder', equilibrando electrónica y peso a la perfección, también dejándonos la sensación de que cuando Lindemann se decide a explorar encuentra buenas cosas. Ojalá el disco hubiese tenido más de estos juegos.

Como sea, verdad sea dicha, Zunge no tiene canción mala. Se extrañan mayores alzas de intensidad y en varios pasajes pareciese que Till se conformase con encontrar un buen coro, pero el conjunto cumple de sobra y no desentona en absoluto ante el más reciente trabajo de Rammstein (Zeit, 2022). 

¿Canciones? 'Zunge' , 'Sport frei',  'Nass' y 'Alles für die kinder'.

7 / 10
Muy bueno.


Otras reseñas de Till Lindemann:
2022: Zeit (Rammstein)
2019: Rammstein (Rammstein)

martes, 28 de noviembre de 2023

Róisín Murphy: Hit Parade (2023)

 "Nada convencional..."

La vanguardia generalmente no paga, y bien lo sabe la irlandesa Róisín Murphy, quien desde el término de la mítica banda noventera Moloko ha dedicado sus energías a desarrollar una carrera que funciona bajo parámetros propios, completamente a espaldas de la industria. En ese camino lo más comercialmente accesible que ha publicado podría ser Overpowered (2007), sin embargo, desde entonces no ha abandonado sus ansias por indagar en distintos lugares aunque siempre "en la suya", entregando pocas concesiones incluso a sus seguidores. Su acercamiento a la música disco en el homónimo de 2020 fue nada convencional y este siguiente Hit parade tampoco lo es, en esta ocasión se ha reunido con el alemán DJ Koze para trabajar un álbum que desarrolla una electrónica bastante orgánica que conecta con el funk, el R&B y el house pero que en ningún momento se esfuerza por agradar respondiendo unicamente a las inquietudes de ambos artistas. 

De entrada el álbum declarará intenciones en la íntima 'What not to do', que regala un dúo vocal que se desarrollará en total calma sobre electrónica al punto de extender su tono introductorio bastante más allá de lo prudente (llega a los cinco minutos). En adelante se sucederán canciones que van a su ritmo, ya sea sosteniéndose sobre un beat reiterado en 'Coocool' + 'Hurtz so bad', o dándole mayor protagonismo a las guitarras, con mucha sutileza en la tranquila 'The universe' o yendo al funk en 'The house'. Se identifican coros en las canciones y más de alguna podría acercarse a lo que se entendería por un single, sin embargo, el factor común será la reiteración de una estructura y será más bien la riqueza de los arreglos el elemento que aportará diversidad.  Precisamente por lo anterior es que hace sentido que la carta de presentación para Hit parade haya sido una canción como 'Fader', aparentemente un "anti single" pero que resulta fascinante por donde se mire gracias a ese sabor in crescendo que muestra, sampleo incluido de 'Window shopping' de Sharon Jones & The dap kings

En su segunda mitad el disco comenzará a jugar sus cartas finales en una pasada infranqueable si lo que buscas serán sonidos inmediatos. Sonarán acá las más extensas del álbum (cada una ronda los siete minutos), abriendo de manera ascendente entre percusiones latinas en 'Free will', luego pasándose directamente el house en 'You knew' (con seguridad el momento más expuesto del trabajo y donde destaca ese tremendo "Tu sabías que tenía sentimientos por ti / Pero no quisiste ir conmigo / Sabías exactamente lo que me motivaba / Y creo que el disco lo mostrará...") y a la electrónica en plan Björk (la noventera) en 'Can't replicate', armando así un tridente en donde Róisín muestra todas las cartas y no escatima en gastos, volviendo el viaje imposible de atravesar si no es sumergiéndote de lleno en la experiencia propuesta. 

Finalmente, si algo se le puede achacar a Hit parade es su débil cierre, ahí tanto el trap de 'Two ways' como las atmósferas de 'Eureka' no pasan de la curiosidad, dejándonos un final algo frío para un álbum al que parecen sobrarle claramente esos minutos finales. De todas maneras, la experiencia que presenta Róisín Murphy en su sexto álbum no desentona en absoluto con su discografía, la mujer sigue mostrando unos ovarios inmensos a la hora de trabajar bajo sus propios términos. ¿Destinada a vivir en el anonimato? Seguramente. Pero su coherencia le honra. 

¿Canciones? 'Fader', 'Hurtz so bad' y 'You knew'

8,2 / 10
¡Excelente!

miércoles, 6 de septiembre de 2023

U.D.O: Touchdown (2023)

 "Entregado a un sonido..."

Este hombre no para. Ya sea a cargo de U.D.O o mediante el reciente álbum de versiones que publicó en 2022, el alemán Udo Dirkschneider se las ha arreglado durante la última década para mantener a tope una actividad prácticamente incesante, al punto de venir entregando una publicación por año desde 2020 a la fecha. Funcionar de esta manera tiene, sin embargo, sus consecuencias, la principal guarda relación con una incapacidad para salir de una determinada zona de confort, en este caso ese característico heavy metal al que el alemán le ha sido fiel incluso desde sus tiempos en Accept. En este camino tuvimos pasada inspirada en aquel Rev-Raptor (2011) seguido de Steelhammer (2013) y deberíamos remontarnos luego a la excelente jugada sinfónica de We are one (2020) para mencionar un siguiente punto realmente alto en la carrera del vocalista. El resto ha sido enrular el rulo en base a álbumes más o menos correctos que no disgustan aunque tampoco impactan. Ahora, en esa línea Touchdown se muestra como un nuevo eslabón a destacar en la trayectoria del pequeño alemán, otro excelente de heavy que lo muestra particularmente iluminado, lo cual no deja de impactar considerando lo prolífica que ha sido su discografía.

Para su álbum número diecinueve Udo vuelve a trabajar con su hijo Sven en batería aunque suma al notable Peter Baltes (otro histórico de Accept), elementos que sin duda han aportado un toque innegable de frescura a la alineación, lo cual se traduce en un sonido que apela a los recursos de siempre pero ejecutados con tal buen tino que jamás en sus más de cincuenta minutos de duración alcanzan a cansar, incluso yendo de menos a más en medida que avanzan los minutos. 

Nos encontramos acá entonces con esa clásica cabalgata rock con tintes épicos en cosas como 'Fight for the right' (simpático el segmento de Mozart que han incluido) , 'Forever free' o 'Heroes of freedom', aceleraciones afiladas en 'Isolation man', 'Sad man's show' o 'Touchdown', momentos altamente melódicos en 'The double dealer's club' además de bajadas de tiempos en 'The flood' o 'Punchline', conformando así un disco que se deja oír sin problema alguno, que muestra a un vocalista empapado de lo que hace y en plenas facultades a la hora de entregar un trabajo, por sobre todo, honesto. En la lista, las guitarras de algo como 'The betrayer' (la mejor de todas para quien escribe) vendrían a ser de lo más innovador que suena en el álbum, pero ciertamente no hay quejas respecto al resto gracias al nivel regular que muestra en el canción a canción, fuera de una producción exquisita que muestra un sonido limpio y equilibrado.

El tiempo pasa y no perdona por lo que frente al dilema de detenerte a buscar mayor inspiración o simplemente disfrutar el momento, el alemán Udo Dirkschneider claramente ha optado por lo segundo. El resultado es una discografía robusta que ronda los treinta y cinco años de existencia donde prácticamente no encontramos disco malo, aunque tampoco señales de evolución. Touchdown es otro (gran) disco que cumple con los estándares del artista, es decir: un vocalista completamente entregado a un sonido, una portada simplona y feísima (las sanas costumbres se conservan) y un set de canciones potentes e interpretadas con cariño. ¿Se podría pedir algo más?.

¿Canciones? 'The betrayer', 'Touchdown' y 'Heroes of freedom'.  

7,8 /10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Udo:

domingo, 19 de febrero de 2023

Ahab: The Coral Tombs (2023)

 "Nivel garantizado..."

Ocho largos años han pasado desde la última entrega de Ahab, rompiendo con el ritmo productivo que traían desde 2006, sin embargo, el pronunciado silencio se ha justificado mediante un álbum que vuelve a situarlos como brillantes exponentes del llamado funeral doom. Han vuelto en la suya: siete canciones y un conjunto que se acerca a los setenta minutos. En ese camino, el asunto vuelve a plantearse como un viaje inmersivo, inspirado esta vez en las '20.000 leguas de viaje submarino' de Julio Verne, donde los alemanes nos sumergen a placer en sus espesas y tenebrosas aguas, siempre de la mano de un sonido que a estas alturas es nivel garantizado que luce cual marca registrada.

Abren con todo en compañía de sus compatriotas Ultha en 'Prof. Arronax descent into the vast oceans', incorporando de manera notable elementos black en el histérico minuto y medio que abre el tema para luego pasar a la absoluta calma del relato, uno que irá encontrando oleadas de riffs en su camino además de una recta final preciosa. Mucho más pesada sonará la pasada por 'Colossus of the liquid graves' + 'Mobilis in mobili', donde conectan con su arista más metal entre graves guturales y atmósferas tan oscuras como fascinantes. 

Con las tres primeras la verdad es que uno ya da por pagado el regreso pero habrá más, con cuatro canciones finales que sobrepasan cada una los diez minutos de duración y donde las barreras con el auditor se encontrarán garantizadas, es decir, esto es Ahab en su más pura (y dura) esencia y cosas como 'The sea as a desert' o 'The coral tomb', para bien y para mal, con sus tinieblas y lentísimo andar seguro dejarán exhausto a quien haya llegado hasta acá, al punto de sentir que algo como 'Ægri somnia' inevitablemente redunda en la misma tecla. La pasada por las tres mencionadas deja ciertas dudas y con ellas vuelve a parecer que la banda se excede (siendo este el único defecto que les podríamos apuntar), aunque volveremos a disculparles y caer rendidos cuando cierren con la enorme 'The mæltrom' , en perfecta sintonía con lo que había sido el comienzo del álbum.

Casi veinte años van ya desde el debut de la banda, aquel soberbio The call of the wretched sea (2006), desde entonces la agrupación ha sabido sortear con talento las expectativas. Acá lo han vuelto a hacer haciendo gala de aquel sonido característico, espeso y desafiante. A estas alturas puede que sepamos por donde irán los tiros con ellos, pero esto no les resta mérito pues en The coral tombs han vuelto a sonar inspirados y a momentos, realmente hermosos. 

¿Canciones? 'Colossus of the liquid graves', 'Mobilis in mobili' The mæltrom'.

8/10
Excelente.


Otras reseñas de Ahab:

martes, 7 de junio de 2022

Udo Dirkschneider : My Way (2022)

 "Diversa y sincera revisión..."

A menudo me encuentro por ahí con el debate en torno a los álbumes de versiones. ¿Valen o no la pena? ¿Demostración de decadencia creativa o una válida necesidad? En lo personal, siempre me han venido bien este tipo de discos, sobre todo cuando un artista desea rendir tributo a himnos que de una u otra forma han marcado su vida, intentando llevarlos a su terreno, que es lo que el alemán ha buscado en My way, un gusto que el vocalista quiso darse, motivado evidentemente por el encierro y la pandemia, pero que funciona gracias a la honestidad que transmite.

En estas diecisiete canciones, Udo se pasea por un abanico bastante singular pero que temporalmente se encuentra situado principalmente en los años setenta, con una primera sección que trae al presente a una serie de artistas que (injustamente) se encuentran en el baúl del olvido de la historia y una segunda que acude a clásicos bastante reconocibles. Se agradece, por tanto, que el alemán abra el disco realizando un bonito gesto de justicia con Alex Harvey, Arthur Brown o Uriah heep, cuya locura y psicodelia acá suena acá empapada de heavy metal, espectacular por cierto lo que Udo hace en 'Fire' con ese "Burn! Burn! Burn!" (pasando el 1:50). Luego, una muy particular joya (y regalo) sonará en 'They call it nutbush', original de Ike & Tina Turner pero que acá obviamente suena en una versión más eléctrica, para luego dar paso a una sección directa y cargada al hard rock, que pasará por Rainbow ('Man on the silver mountain'), Sweet ('Hell raiser') y los eternos incombustibles Motorhead ('No class'), con la cual se abrirá una pasada plagada de clásicos reconocibles, los cuales van desde 'Rock and roll' de Led zeppelin, 'The stroke' de Billy Squier, 'Paint it, black' de The rolling stones, 'T.N.T' de ACDC, 'Hell bent for leather' de Judas priest, hasta una notable 'We will rock you' de Queen (muy cercana a esa versión acelerada que realizaban en vivo los ingleses), la cual ya conocíamos gracias a aquel simpático/notable video que promocionó a comienzos de 2022. 

Entre todos estos hits, también encontraremos una rareza de Scorpions, 'He's a woman, She's a man', y 'Jealousy' de Frankie Miller, un verdadero himno del hombre celoso ("Si, te culpé. Pero en realidad era yo. No puedo deshacerme de mis celos...") y una dolorosa balada que definitivamente marcará otro momentazo del disco. Finalmente, el viaje acabará como corresponde, en un tono íntimo y solemne, primero con 'Kein zuruck', una donde Udo accede a cantar por primera vez en alemán, tomando una canción de un joven grupo de synth pop local llamado Wolfsheim (por favor, vayan a la versión original, que es buenísima), para cerrar nada más ni nada menos que con 'My way' de Frank Sinatra, en un gesto que por si solo declara las intenciones.

Muy humilde se muestra Udo Dirkschneider en este, su primer álbum en solitario (quizás el único que nos entregará, el tiempo dirá), un sentido homenaje a las glorias que han rondado su sentir. Se agradece y disfruta tanto la revisión histórica como el poder oírlo en plena forma. Que agregar, un crack.

¿Canciones? 'Fire', 'They call it nutbush', 'Jealousy', 'Kein zuruck'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Por cierto, acá les regalo el playlist con las versiones originales. Para que se lo gocen... 


Otras reseñas de Udo:

sábado, 4 de junio de 2022

Rammstein : Zeit (2022)

"Sorprenden positivamente..."

Seamos francos: no esperábamos demasiado de lo nuevo de Rammstein. Es más, ni siquiera esperábamos un nuevo disco considerando que entre Liebe ist fur alle da y el homónimo de 2019 pasaron diez años. Tampoco ayudó mucho el nivel de este último, un álbum que sin estar mal, resultó en exceso predecible y sencillo, con una que otra canción pegajosa que funcionaba ('Deutschland', 'Auslander') pero un global que se desinflaba dramáticamente mientras avanzaba. El caso es que para sorpresa de varios, los alemanes no han dejado que el plato se enfríe y rápidamente han vuelto a la carga con Zeit, al parecer con la lección aprendida pues en esta ocasión no se han conformado solamente con divertir y si bien no escapan de la línea marcada tres años atrás, si intenta entregar algunos matices que se agradecen y efectivamente funcionan.

Estas diferencias intentan marcarlas desde un comienzo, cuando los teclados de 'Armee der tristen' abran el disco, generando una atmósfera más profunda a la habitual, una que no llega a las cotas de intensidad de viejas glorias como 'Reise, reise' o 'Rosenrot', pero si sabe generar un ambiente suficientemente denso como para que la primera impresión sea atractiva y novedosa, algo que se confirmará con la baladas a piano (aunque luego eléctricas) 'Zeit' + 'Schwarz', armando un tridente inicial bastante curioso, que lejos de ir por el efectismo ha optado por un sonido reflexivo. 

Al cuarto tema, sin embargo, el disco realizará el giro hacia algo más tradicional, yendo sobre sonoridades contagiosas, dinámicas y entretenidas, primero con 'Giftig', luego con la exquisita 'Zick zack', con esos teclados tan Kraftwerk en el fondo, y luego con 'Ok', que es un lugar común por donde se mire (y también el primer momento en que el disco efectivamente tropieza). De ahí en adelante, el álbum se conformará con sostener el nivel entre baladas como 'Meine tranen' y cosas más activas estilo 'Angst', que es un tema bastante corriente de Rammstein pero en su minuto final vive una transformación maravillosa que emociona y por si sola merece ser destacada (una que ojalá la banda hubiese sido capaz de llevar más lejos aún), con un Till Lindemann protagonista que transmite como hace mucho no le oíamos, algo que también destacará más adelante en 'Lugen', quizás el momento más experimental del disco, donde el vocalista suena auto tuneado generando un efecto bastante singular.

Respecto al homónimo de 2019, Zeit luce bien, incluso parece ser un paso adelante. No esperábamos demasiado de los alemanes pero para sorpresa nuestra se las han arreglado para mostrarse aún vivos. La banda sigue muy lejos de aquellos inicios afilados (que asumámoslo, nunca volverán) pero en su zona de confort acá ha sabido entregar un conjunto que se las arregla para sonar a ratos reflexivo, con uno que otro momento inquieto creativamente hablando, sin olvidar jamás el que son una banda que debe divertir. 

¿Canciones? 'Armee der tristen', 'Zick zack', 'Angst' y 'Lugen'.

7,5 / 10
¡Muy bueno!


Otras reseñas de Rammstein:
2019: Rammstein 

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Obscura: A Valediction (2021)

 "Nueva formación, el mismo nivel..."

Cuando se supo en 2020 la noticia de que tres integrantes de Obscura abandonaban el buque, se verificó la idea (por si alguien aún tenía dudas) de que el proyecto le pertenece a Steffen Kummerer, quien rápidamente se dio a la tarea de encontrar reemplazos en bajo + batería, fuera de reclutar nuevamente a Christian Munzer en guitarras (quien había dejado a la banda en 2014), para así entrar a grabar un nuevo álbum. Finalmente este desde hace unas semanas vive entre nosotros, reafirmando con su nivel el carácter de genio de Kummerer, aunque claro, ventilando de manera evidente el que acá es uno quien manda, compone y ordena ejecuciones. 

Como era de esperar, el guitarrista se ha sabido rodear de músicos (empleados, digámoslo) de extraordinario nivel, por lo que nadie podría colocarle un pero al disco en materia de ejecuciones, aspecto que explota en canciones como 'Solaris' o 'A valediction', donde la técnica en velocidad es una cuestión impresionante. Como primer detalle, sin embargo, cabe mencionar que ambas insisten sobre la misma tecla por lo que la pasada se vuelve al monótona. En ese sentido, ayudan enormemente los matices que el disco presenta (me atrevería a decir que por primera vez en la carrera de Obscura), y ahí a Kummerer hay que darle otro mérito, quien ha intentado entregar canciones que conserven la esencia de la banda pero complementando con pasajes melódicos de vez en cuando

Sin ir muy lejos, abrirán de manera magnífica con 'Forsaken', siete minutos donde la formación muestra todas las cartas y despliega una pieza de death técnico que integra momentos progresivos (lo que hacen desde el 5:30 en adelante es una bestialidad) incluso con un vibrante cierre rocanrolero (6:20), algo que también aparecerá en 'When starts collide', que abrirá con minutos de vértigo para de pronto bajar las revoluciones (pasando los dos minutos) y meterse en una cabalgata que romperá por completo la inercia que el tema traía, incorporando voces limpias en los coros (¿anticipo de lo que vendrá a futuro para Obscura? El tiempo hablará).

Esta tendencia a equilibrar el clásico death técnico de la banda con pasadas fuera de la caja se mantendrá a lo largo del álbum, se desataran así en velocidad mediante 'In unity' , 'The beyond' o 'The neuromancer' pero regalarán a la vez gutural y oscura 'Devoured usurper' o un instrumental progresivo titulado 'Orbital elements II' (amé el sutil guiño al riff de 'Electric eye' de Judas Priest en el 1:45 y 3:20)En ese camino quizás el álbum peque se excesivo llegando al cierre, pero nuevamente, ¿alguien podría quejarse de una canción como 'In adversity'? La ejecución es brillante, hay pausas, un solo realmente hermoso y mucha emocionalidad en la interpretación, lo mismo con el cierre 'Heritage'. Quizás entre las dos podrían haber dejado una (con ocho canciones en cuarenta minutos teníamos disco del año), pero nadie podría culpar a Kummerer por querer mostrar el nivel de esta nueva formación, la cual vuelve a dejar en alto el nombre de Obscura mediante el que debe ser el disco más diverso y accesible de la banda a la fecha, sin que esto signifique el sacrificar el espíritu de la agrupación.

¿Canciones? 'Forsaken', 'Devoured usurper', 'Orbital elements II'. 

9/10
Brillante.


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