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lunes, 7 de abril de 2025

Steven Wilson: The Overview (2025)

"Viaje reflexivo..."

El genio de Steven Wilson compone obras como quien respira, y lo más increíble es que muchas de ellas van en direcciones opuestas. Incluso confusas. Sin ir muy lejos en estos cinco años lo hemos tenido explorando en aquel fallido The futures bites (2021), retomando lugares comunes junto a Porcupine tree en Closure/Continuation (2022) y expandiendo ideas nuevamente en The harmony codex (2023), todo un viaje lleno de idas y vueltas que no hacen si no confirmar el espíritu inquieto de un artista ansioso por sacar de si todo lo que tiene, asunto que guarda directa relación con su forma de pensar. "En términos de existencia en la tierra, llevamos aquí unos segundos en un día de 24 horas. Y aún así, tratamos al planeta como si fuese nuestro..." - ha afirmado recientemente en entrevistas. "La tecnología moderna nos ha vuelto muy narcisistas. Estamos obsesionados con nosotros mismos..." - también ha agregado. Es por todo esto que seguramente se ha enfocado esta vez en la publicación de un álbum de tono conceptual que cuenta con una mirada reflexiva y existencial, un trabajo compuesto solo por dos piezas, desafío que también se había impuesto para esta ocasión. "Volver a cuando comencé a escuchar música con discos que tenían una canción por cara, como Tubular bells de Mike Oldfield o In a silent way de Miles Davis" - ha contado.

Nos propone entonces el guitarrista un viaje cargado al pop espacial con momentos atmosféricos, algunas narraciones más una que otra fluctuación de intensidad, digamos, un trabajo que lo conecta con su arista más progresiva aunque en ningún caso buscando el lucimiento técnico si no más bien desarrollando texturas suaves que se dejen oír y donde el mensaje críptico del concepto es siempre protagonista. De hecho, salvo un par de breves momentos que aparecen en 'Objects outlive us' (la Cara A del disco, y ciertamente la mejor de las dos) son escasos los pasajes en donde Wilson busca algún tipo de explosión, siendo todo más bien calmo y reflexivo, digamos, un viaje de cuarenta minutos que para bien y para mal no molesta pero tampoco emociona demasiado. 

¿Canciones? No tiene sentido destacar alguna, el disco es un continuo. 

7/10
Muy bueno.

Otras reseñas de Porcupine Tree:

viernes, 17 de noviembre de 2023

Steven Wilson: The Harmony Codex (2023)

 "La luz al final del camino..."

Si algo no se le puede negar a Steven Wilson es su espíritu libre e inquieto. Sin ir muy lejos, viene de una década realmente brillante, ya sea homenajeando a los próceres del progresivo en The raven that refused to sing (2013) o girando hacia sonidos más amigables (claramente en busca de ese hit memorable que él mismo ha comentado en sus conciertos no tener) en la pasada por Hand.Cannot.Erase (2015) +  To the bone (2017). Sin embargo, cosa curiosa: pese al éxito cosechado, el vocalista decidió salir de ahí y enfrentarse a un precipicio auto impuesto. Fue entonces cuando optó por ese salto sin red titulado The future bites (2021) y este The harmony codex no se queda atrás, insistiendo en el trabajo electrónico, llevándolo aún más lejos y encerrándose en estructuras exploratorias tan desconcertantes como fascinantes.

Steven Wilson vuelve acá a soltar la cuerda de la creatividad y decide jugar a placer. Aunque a diferencia de lo realizado dos años atrás, regala algunas perlitas que "matizan" el asunto. Habrán pasajes en el álbum que coqueteen con un progresivo tradicional, ahí tienes los diez pomposos (aunque geniales, vaya joya de tema) minutos de 'Impossible tighrope', baladas acústicas bonitas esperables de su autoría como 'What life brings' (donde se disfraza de David Gilmour en los cuidados solos) o piezas emocionalmente intensas como 'Rock botton' junto a su fiel Ninet Tayeb. Sin embargo, estos no son más que pequeños guiños puestos ahí para evidenciar el que no le costaría volver a todo eso, el punto es que no quiere, no le apetece ni interesa. ¡Y lo entiendo! Si finalmente Wilson ya tocó las teclas que debía tocar durante veinte años, ¿buscas ese tipo de música? Ahí tienes la discografía completa de Porcupine tree para indagar (incluso el más reciente Closure/Continuation, en total piloto automático), su catálogo en solitario previo a 2020 + proyectos extras (Blackfield, por ejemplo). Esto es otra cosa, y no hay más. Lo tomas o lo dejas. 

Aunque no todo funcionará acá, con momentos donde al buen Steven pareciese le cuesta hacer pie con este sonido. 'Inclination' es la prueba más clara. Abre el álbum e ilusiona con esa intro oriental y explosiones muy a la Peter Gabriel (¡esa batería en plan 'Red rain'!), sin embargo, el tema se dilata y pasando el minuto tres acaba perdiéndose en el relato, volviendo a nosotros unicamente en su minuto final gracias a una guitarra que regala delicados paisajes. Pero eso, el tema funciona a chispazos unicamente. Algo similar le ocurrirá en 'Economies of scale', con esa electrónica minimalista que recuerda al Radiohead era The king of limbs pero que unicamente da vueltas sin llegar a norte claro perdiéndose entre la falta de intensidad y la monotonía. 

Será en la Cara B del álbum donde el asunto si definitivamente abandonará las concesiones y se lanzará en picada a las atmósferas inmersivas, encontrando momentos en donde el viaje crece muchísimo gracias a la exquisita producción que presenta. Y es que el disco a partir de 'Beautiful scarecrow' se sumerge en un pozo lúgubre e inquietante marcado por un notable trabajo de percusiones, las cuales darán paso a las atmósferas tétricas de 'The harmony codex' (otra que se extiende por casi diez minutos) seguidas de la tensión generada en 'Time is running out', primero sobre el piano y luego metiendo electrónica + guitarras (precioso lo del 2:50 en adelante). Lo dicho entonces, que durante toda su segunda parte el álbum parece encontrar aquello que Steven Wilson venía buscando y que confirma en esa recta final armada por la cruda oscuridad de 'Actual brutal facts' seguida de una maquinal y rabiosa 'Staircase', dejándonos un álbum que definitivamente termina mucho mejor respecto a como comienza. 

Ser valiente tiene mérito, más en estos tiempos donde ir a contracorriente no paga. Sin embargo, seamos claros: ningún álbum funciona unicamente por ser osado. The future bites fue la prueba, un álbum que más allá de las buenas intenciones acabó por sonar confuso y poco atractivo. Y es que la exploración continua viene con un riesgo bajo el brazo: acabar perdiendo el rumbo al punto de olvidar que fue lo que comenzaste buscando. En esa lógica, lo de Steven Wilson en The harmony codex parece ser la luz al final del camino. El trabajo no es perfecto, dos o tres temas se le vuelven a quedar a media cocción, habrá además quienes extrañen las guitarras (aunque en el álbum las hay), otros la intensidad (que también hay) y quienes le detesten por retomar esta senda electrónica en lugar de seguir junto a Porcupine tree. Lo cierto es que en su línea, nos ha entregado otro álbum atrevido y uno que en gran parte de su trámite (sobre todo la segunda mitad) trae de regreso al compositor brillante que es y que lo muestra más claro respecto a hacia donde quiere ir. 

¿Canciones? 'Impossible tighrope', 'Beautiful scarecrow' , 'Time is running out' y 'Actual brutal facts'

sábado, 3 de septiembre de 2022

Porcupine Tree: Closure / Continuation (2022)

 "Todo en su lugar, quizás demasiado..."

Es claro que tras la pasada por los años 2000 llegó un momento en que a Steven Wilson se le pasó por la cabeza esa idea de que "la banda soy yo", de ahí que mandase a descansar a Porcupine tree para desarrollar una carrera en solitario. Y mal no le fue, mira que no en vano durante la pasada década se transformó en uno de los creativos más importantes para el rock, "el último gran héroe", como en alguna reseña me gustó etiquetarlo. En ese camino, sin embargo, un disco como The future bites (2021) lo mostró jugando en ligas externas, no saliendo bien parado. No es que el disco haya sido un desastre pero de que el experimento electro pop no cuajó, no cuajó. Por esto mismo, un álbum como Closure/Continuation de entrada no huele bien, no parece ser una jugada genuina, algo que Wilson tuviese efectivamente proyectado si no más bien una especie de descarte, un forzado regreso a la esencia de su sonido. Sin embargo, ¡cuidado!, que tampoco da para llegar y afirmar que estemos ante un mal álbum, que Steven Wilson es un tipo que cuando anda poco inspirado compone algo que como mínimo cumple, o algo que ya se quisieran otros artistas en su discografía. El problema es que prácticamente todo lo que entrega(n) en estas siete canciones suena a refrito, a cosas que antes hemos oído en la discografía de Porcupine tree

Las credenciales, eso si, aparecen de inmediato y en alto nivel, 'Harridan' abre con un bajo limpio y bello (interpretado por el propio Steven Wilson, quien asumió el instrumento al no contar con Colin Edwin para esta ocasión), al que le seguirán ocho minutos de una estructura exquisita llena de intensidad, oscuridad y momentos explosivos, esto a diferencia de 'Of the new day', que se mostrará como la típica balada de Wilson, aunque encontrará nivel gracias a los quiebres eléctricos que desarrolla tras cada estrofa, algo similar a lo que ocurrirá más adelante en 'Dignity', otra que irá sobre asuntos más melódicos, el problema es que son ocho minutos (así que agárrate) de algo que tenemos de sobra en la carrera en solitario del guitarrista, siendo la primera que huele descaradamente a piloto automático. Finalmente, el tridente inicial del disco se cierra con 'Rats return', una que se acercará a la línea más metal progresiva de Porcupine tree, con un Gavin Harrison notable como siempre. De esta forma, insisto en el punto: las canciones se suceden, son diversas, en su área cumplen, suenan bien, la producción es impecable, las ejecuciones son perfectas y todo está en su sitio... quizás demasiado. 

El caso es que nos queda algo más de disco, se agradece ahí 'Herd culling' con su vaivén oscuro/explosivo (Harrison nuevamente gigante), mientras que 'Walk the plant' se propone como la única incursión realmente experimental del álbum, con unos arranques electrónicos que en medida que el tema avanza funcionan cada vez mejor, aunque digámoslo, tiene toda la pinta de ser un descarte de The future bites de Wilson. Finalmente, no podía ser de otra manera y el álbum cerrará con los casi diez minutos de 'Chimera's wreck', otro tropiezo, una canción que se hace eterna con su intro de más de cuatro minutos y que entre vuelta y vuelta, recién acercándose a los seis meterá algo de fuerza, sonando más Rush que nunca.

El "problema" con bandas como Procupine tree es que compiten contra ellos mismos, por lo que la vara está siempre arriba, lo cual acá ha pesado. Eso sin mencionar lo forzado que el disco parece. No sabemos si la historia llegará hasta acá o tendremos que esperar otros doce años para un nuevo álbum de la banda, lo que si parece claro es que este paréntesis, sin ser un mal disco (insisto, ya se lo quisieran tantos otros), al lado de cualquiera de los trabajos post 2000 luce algo pálido. 

¿Canciones? 'Harridan', 'Of the new day', 'Herd culling'

6,9 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Porcupine Tree:

miércoles, 31 de agosto de 2022

20 Años De... Porcupine Tree: In Absentia (2002)

 "Ambiciosos y poderosos aires ..."

Durante esta última década, la figura de Steven Wilson se ha vuelto absolutamente reconocible dentro del mundo del rock, sin embargo, nobleza obliga a reconocer que el mito en torno al artista nació bastante tiempo antes, dos décadas atrás para ser exacto, particularmente gracias a la publicación de un álbum como In absentia. Y es que si bien Porcupine tree venía desarrollándose con solvencia desde hacía una década en el mundo del rock progresivo (con un nivel de prolificidad no menor además, fueron seis discos en diez años los publicados hasta 2000) fue el séptimo trabajo de la banda el que provocó el acercamiento masivo por parte del público. 

En ese camino, fueron varios los elementos que se conjugaron en aquel 2002 y que, entre todos, marcaron una positiva diferencia que se plasmó en In absentia. Podríamos hablar de la evidente madurez adquirida por Steven Wilson en composición, quien encuentra durante largos pasajes del trabajo un equilibrio impecable en el tridente rock/progresivo/meloso, también del cambio de sello (algo que se aprecia en la producción, fuerte y clara) así como la incorporación de Gavin Harrison en batería, quien aporta un elemento más duro y ligado al metal en varias de las canciones del álbum. El caso es que todo junto acabó por cuajar en un disco excelente, no exento de ciertos problemas pero que en gran parte de su trámite logra situar a la banda en otro lugar, metiéndolos de lleno en la entonces nueva década. 

El poderío de In absentia se muestra de inmediato, con una pasada doble que fluye tan bien que se percibe como una sola pieza de diez minutos, abriendo con 'Blackest eyes', con una banda entrando con todo, Harrison mostrando credenciales para luego dar paso a los afanes melódicos de Wilson entre exquisitas guitarras acústicas y eléctricas, fórmula que se volverá a desarrollar más adelante en cosas como 'The sound of muzak' (igual de sólida), mientras 'Trains' abordará una arista melancólica y sensible con notables juegos vocales (2:56 - 3:17) y una estructura dinámica. Que decir, la partida es enorme. A esta le seguirán los aires floydianos de 'Lips of ashes', Gilmour total en su partida y varios momentos de su desarrollo (aunque también me recuerda los tiempos más experimentales del Tears for fears noventero), la inmersiva 'Gravity eyelids', de casi ocho minutos, abriendo con una sección etérea para a medio comenzar a insinuar guitarras que acabarán explotando con mucha fuerza, y 'Wedding nails', instrumental que entregará la cara más ligada al metal progresivo por parte de los ingleses.

La mencionada 'Wedding nails' es una que habría enganchado perfecto con el rock directo de 'The creator has a mastertape' para quizás cerrar a lo grande con los siete colosales minutos de 'Strip the soul', sin embargo, entre todas estas tenemos una brusca baja de revoluciones con 'Prodigal' seguida de cosas muy atmosféricas como '.3' o 'Heartattack in a layby', dando luces acá del principal defecto del álbum: es demasiado extenso. Siempre lo he dicho acá en el blog, cuando los discos son complejos o particularmente densos, ocho o nueve canciones es la cifra adecuada, por lo que llevar este álbum a casi setenta minutos me sigue pareciendo a día de hoy un absoluto despropósito. De igual manera, el disco cerrará de manera adecuada sobre el piano en 'Collapse the light into earth', un tema que pese a lo repetitivo (es un acorde que se repite en loop por casi seis minutos). logra generar intensidad entre sus alzas instrumentales.  

Las sensaciones que acaba dejando In absentia, a veinte años de distancia, es la de ser un álbum fantástico que supo mostrar una cara más dura de Porcupine tree, fuera de marcar un claro antes/después para Steven Wilson a nivel compositivo. Sin embargo, no es un disco perfecto. Hay tres o cuatro canciones en donde la banda extiende demasiado el concepto, llevándolo a límites innecesarios (ojo: algo que entenderían para el siguiente Deadwing, donde si acotarían la duración), nada tan terrible de todas maneras, que cuando el disco funciona es una cosa gigante. 

¿Canciones? 'Blackest eyes', 'Trains' y 'The creator has a mastertape'.

jueves, 4 de febrero de 2021

Steven Wilson : The Future Bites (2021)

 "Exploración sin desate..."

Se percibía en el ambiente la idea de que To the bone (2017) representó por momentos para Steven Wilson un tanteo de terreno, principalmente en canciones como 'Permanating' o 'Song of I', las cuales coquetearon con melodías y arreglos que se alejaban de su zona habitual de confort. No debería sorprender por tanto el que en una siguiente entrega el inglés haya deseado ir más allá y tensionar el asunto al límite. En ese sentido, se agradece la valentía que el compositor ha mostrado durante estos cuarenta minutos que acaba de entregar pero con el mismo énfasis cabe mencionar que ha fallado estrepitosamente en su aventura. Y es que lejos de funcionar, la sensación que deja Steven Wilson en The future bites es la de haberse internado en terrenos que no le son propios y el no haber encontrado jamás el punto. Así de simple. 

Nos entrega ocho canciones en este 2021 (no vamos a contar el minuto introductorio 'Unself') que, salvo pequeñas excepciones a la regla, no acaban por encontrar destino y se pierden en la búsqueda. 'Self', la apertura del álbum, es un claro ejemplo de algo que se insinúa potente entre batería + bajo + voces femeninas, explotando en un coro con mucho sabor pero que no es más que eso, el quiebre (1:52 - 2:10) es la nada misma y luego cerramos con el coro en un coitus interruptus evidente. Más adelante el fenómeno se volverá a repetir, 'King ghost' está bien pero se queda en la mera exploración, 'Eminent sleaze' destaca por sus guitarrazos y esa insinuación constante pero que no pasa de ahí, jamás se desata, mientras que canciones como 'Man of the people' o el cierre 'Count of unease' sin estar mal, no impactan. En esa línea, los diez minutos de 'Personal shopper' es lo único del álbum que realmente deja esa sensación de haber llegado como corresponde a un punto y desarrollarse ahí sin problemas. 

Para finalizar, el disco también incluye una que otra concesión a los fans, con momentos en donde Wilson aborda canciones más típicas en su repertorio, como la balada '12 things I forgot' o el rock de 'Follower', otra que bebe bastante de lo trabajado unos años atrás en To the bone.  En definitiva, duele escribirlo pero cuando mejor The future bites suena es cuando Steven Wilson ha vuelto al redil de su antecesor. Donde ha intentado ir más allá ha fallado, no ha encontrado las canciones, la inspiración, llámenlo como quieran, pero ha entregado un conjunto que explora y suena interesante (¡claro que si!) pero sin un desate adecuado. 

Y no pasa nada, que hablamos del que debe ser el más grande de los genios de las últimas dos décadas... pero los genios también se pierden. 

¿Canciones? 'Follower', '12 things I forgot', 'Personal shopper'.

 6 /10
Bueno, cumple.



Otras reseñas de Steven Wilson:

domingo, 1 de noviembre de 2020

Adelantos: Steven Wilson

En marzo pasado Steven Wilson adelantaba su próximo álbum con 'Personal shopper', una aventura de casi diez minutos en donde el artista declaraba principios acercándose con descaro a la electrónica y anticipando desde ya que los coqueteos melódicos de To the bone (2017) quedarían pequeños ante lo que se vendría. Pues bien, lejos de repetir la fórmula, en septiembre llegó a nosotros 'Eminet sleaze', con ese bajo lleno de sabor y la clara intención de componer un tema declaradamente sexy. Los coros femeninos y las apariciones esporádicas de guitarras parecen ser factor común en canciones que pese a escapar del rock están muy lejos de ser piezas inmediatas, y más bien se cuecen a fuego lento. 



Y bueno, entrando en la recta final (el próximo 21 de enero The future bites vivirá entre nosotros) Wilson ahora nos adelanta 'King ghost', la cual si bien continúa haciéndole el quite a las guitarras y vuelve a centrarse en los teclados + electrónica, parece acercarse un tanto más a los ambientes íntimos que suelen caracterizar su sonido. Como sea, claramente el asunto viene en serio. Wilson es un artistazo, uno de los creativos más auténticos de la escena actual y uno que continúa rindiendo cuentas únicamente consigo mismo. En enero de 2021 analizaremos los resultados (seguro que algún adelanto más llegará a nosotros durante diciembre) pero hasta ahora la expectación no baja...

domingo, 31 de diciembre de 2017

17 Discos Para 2017


17. Beck: "Colors" 
Se la ha querido pasar de maravillas abandonando las guitarras y la melancolía de anteriores trabajos para pasarse al pop, entregando un gran momento además de un producto contundente. ¡Crack!

16. Firespawn: "The reprobate"
Sorprende este supergrupo mediante un álbum de death técnico que no entrega respiro. Como para seguir atentos al proyecto...

15. Pallbearer: "Heartless"
Salto cualitativo por parte de la banda. Guiños constantes al doom y pesados murallones de guitarras esta vez se han complementado con elementos progresivos. 

14. Immolation: "Atonement"
Técnica y brutalidad por montón. Continúan sosteniendo una discografía que practicamente no posee ripios. Tremendos...

13. Exhumed: "Death revenge" 
Exquisito álbum conceptual que enlaza elementos grindcore con lo más clásico del death técnico. Metal de primer nivel.

12. Cavalera Conspiracy: "Psychosis"
Equilibran nostalgia y presente en idénticas dosis. El mejor álbum hasta ahora del proyecto, potente, violento pero creativamente inquieto.

11. Roger Waters: "Is this the life that we really want?"
Realizando mil guiños al sonido Pink Floyd el inglés se las arregla para entregar su mejor trabajo en décadas. 

10.  Septicflesh: "Codex Omega"
Insisten sobre su fórmula de metal sinfónico pero triunfan rotundamente. Complejos y contundentes, sin fisuras.

9. Foo fighters: "Concrete and gold"
El disco de rock que necesitábamos oír por parte de Grohl. Se han concentrado en las canciones y en entregar un álbum sin excesos y el resultado ha estado efectivo.

8. Lucybell: "Magnético"
Recuperan tras mucho tiempo frescura y convicción. Vuelven a sonar creativos, interesantes y efectivos en lo melódico, y lo mejor de todo, evitando la monotonía. Su mejor disco en dos décadas.

7. Deep Purple: "Infinite"
Tenerlos en activo en estas condiciones es un privilegio. Nos entregan lo mejor de si en cada acorde conscientes de que cada uno de esos podría ser el último. Solo resta agradecer.

6. Cloud nothings: "Life without sounds"
Sacrifican el desenfreno en busca de un sonido más equilibrado, que aborda el rock desde una arista más contenida pero igualmente efectiva. Como para seguir creyendo en ellos.

5. Spoon: "Hot thoughts"
Deambulan entre el pop y el rock para continuar dando muestras de crecimiento. Contundentes e inquietos.

4. The horrors: "V"
Cada vez que lanzan disco están entre lo mejor de aquel año, y 2017 no ha sido la excepción. Entre electrónica y guitarras se debate el mejor álbum de estos ingleses a la fecha. Inquietos y maduros. No paran de crecer...

3. Leprous : "Malina"
Abandonan definitivamente el metal para entregar su álbum más limpio a la fecha, sin embargo, la jugada es notable. Siguen siendo geniales.

2. The war on drugs : "A deeper understanding"
Frente al desafío de sostener las buenas críticas obtenidas por el notable Lost in the dream, Adam Granduciel opta por el continuismo y ahí vuelve a triunfar. La magia y grandes creaciones se mantienen. Un disco hermoso y muy bien trabajado.

**DISCO DEL AÑO**DISCO DEL AÑO*
1. Steven Wilson: "To the bone"
Hace lo que le da la gana y sale bien parado. Recurre a sus habituales sonidos pero esta vez se lanza sobre elementos más luminosos, regalando referencias ochenteras por montón y mostrándose siempre tremendamente inquieto en lo creativo. Siguen quedándose cortos los adjetivos respecto a Steven Wilson, simplemente un genio ...

domingo, 27 de agosto de 2017

Steven Wilson: To The Bone (2017)


Para Marcela, fanática de Gabriel y melómana. Gracias por el cariño siempre sincero...

"El último de los genios" (como me gusta llamarlo), está de regreso. Vuelve tan solo un año después de haber editado 4 1/2, un álbum de "descartes" que contuvo material no incluido en el fantástico Hand.cannot.erase de 2015. Hablamos por tanto de un prolífico de la música actual, un tipo que no ha parado de crear durante la última década y que increíblemente ha logrado equilibrar cantidad con calidad en proporciones similares. La linea del progresivo deprimente, sin embargo, pareció agotarse un tanto con sus últimos trabajos, digamos, que en esa dirección era difícil ya que pudiese avanzar sin comenzar a repetirse de manera descarada. Así lo ha entendido el mismo compositor por lo que en 2017 vuelve a nosotros con un disco que contiene buenas dosis de lo que mejor le conocemos pero donde también donde se regala una serie de gustos, demostrando una vez más que juega en ligas propias. Dicho en simple: el tipo hace lo que le da la gana, y bendito sea por aquello.

En términos generales, To the bone me ha parecido un álbum luminoso, que deja espacio por supuesto a momentos íntimos marca de la casa, como la brillante pasada por 'Pariah', la sensible 'Blank tapes' (en ambas Wilson vuelve a colaborar con la fantástica Ninet Tayeb) o la desnuda 'Song of I' (con aires a Portishead y donde participa la cantante de jazz suiza Sophie Hunger) , pero que en general danza sobre ambientes que derrochan energía y entusiasmo, tanto en actitud como en arreglos. 

Desde el comienzo, de hecho, cuando se entrelazan las notables 'To the bone' (la canción) y 'Nowhere now', el disco se muestra como un álbum de rock dinámico, que funciona con estructuras tradicionales (estrofa/coro todo el tiempo) pero que incorpora cada ciertos momentos exquisitos quiebres musicales que siempre, insisto: siempre, son aporte. Ejemplos claros de lo que menciono son 'The same asylum as before' (¡maravillosa la sutil referencia a Tears for fears en este tema!), donde Wilson se da el gusto de jugar con sus agudos para meter unos guitarrazos tremendos de vez en vez, 'Refuge' con todo su rollo a lo Peter Gabriel en el uso de teclados + percusiones y la directa 'People who eat darkness', tras la cual confirmamos las intenciones del cantautor a la hora de realizar este álbum: escapar un tanto de los tonos melancólicos e intentar acelerar un poco el asunto. Y bueno, aunque el costo sea recibir palos por canciones como 'Permanating', donde el buen Steven comete el crimen de pasarse un gran rato y reconocer sus influencias dentro del mundo del pop, la jugada le ha resultado (una vez más) de maravillas. 

Recién en la recta final pareciese que el guitarrista ha buscado dejar tranquilos a sus fans regalando una pieza extensa como 'Detonation', donde abre la llave del progresivo y se despacha un tema realmente increíble de muchas idas y venidas en cuanto a intensidad y arreglos, mientras que todo cerrará con los cuatro minutos de 'Song of unborn', para mi, el único punto bajo con que cuenta el disco, una canción muy apagada que no encaja por ningún lado con el resto del álbum y que, me parece, podría perfectamente habérsela ahorrado, cerrando de manera apoteósica con 'Detonation'

Como sea y en definitiva, con una producción exquisita y limpia que permite disfrutar de cada instrumento con alta precisión, Steven Wilson se (y nos) regala un álbum de corte más accesible, donde expone sus influencias dentro del pop ochentero (Peter Gabriel, Tears for fears o Kate Bush entre otros), pero que sostiene una valentía admirable y un talento que sigue mostrándose a estas alturas inagotable. Que decir, un extraordinario de la música moderna ...

9 / 10
Brillante.


Otras reseñas de Steven Wilson:
2016 // 4 1/2
2015 // Hand.cannot.erase
2013 // The raven that refused to sing

jueves, 4 de febrero de 2016

Steven Wilson : 4 1/2 (2016)

Notable cierre de una gloriosa etapa. 

Entre lo realizado junto a Porcupine Tree, Blackfield o en solitario, desde 2007 a la fecha contamos diez álbumes que incluyen de una u otra forma la firma de Steven Wilson. Diez. La cifra impresiona no tan solo por lo evidente (hablamos de prácticamente un disco por año desde hace una década) sino por que además el hombre suele no decepcionar. Es así como cada nuevo trabajo de Wilson ha ido dando pasos hacia adelante y entregando muestras de un talento que sigue sin dar señales de agotamiento.

El caso es que tras dos exitosos álbumes como fueron The raven that refused to sing (2013) y el soberbio Hand. Cannot. Erase (2015), tal parece que Wilson no desea que el plato se enfríe por lo que ha decidido regalarlos un álbum de "descartes". Y las comillas van porque ya se quisiese cualquier otro artista un nivel de caras b como las que acá nos encontramos. Si me disculpan la analogía, desde el mismísimo Descartes (1998) de Silvio Rodríguez que no me encontraba con un álbum de "extras" tan notable. 

¿Y qué tenemos acá? 37 minutos de música compuestos por cuatro descartes de su más reciente álbum, uno de las sesiones de Raven y un cover de Porcupine tree. Todo abre con los diez memorables minutos de 'The book of regrets', un tema con estructura cambiante que pasa desde el medio tiempo a las atmósferas reflexivas e incluso metiendo velocidad en algunos momentos, que decir, un manjar. 'Year of the plague' funcionará luego como un interludio instrumental que pretende bajar un tanto la intensidad para dar paso a 'Happiness III', una muy melódica, de coro reconocible y exquisitas aceleraciones. 'Sunday rain sets in' repite la jugada introductoria instrumental para que el álbum entre en su recta final, primero con la fantástica 'Vermillionocore', lo más agresivo que le hemos oído a Wilson en largo tiempo (nos abre el apetito por cierto, ojalá su próximo trabaje este camino) y luego con la melancólica 'Don't hate me', versión 2.0 de la original de Porcupine tree y que añade algunos matices en cuanto a arreglos frente a la mencionada, eso fuera de incluir nuevamente en las voces a la israelí Ninet Tayeb

El título da señales claras respecto al objetivo de este álbum: un punto medio entre el camino recorrido hasta ahora por Steven Wilson y el que vendrá. Ha querido cerrar una etapa entregándonos todo el material que se quedó por una u otra razón en el tintero por lo que ahora no queda más que seguir expectantes frente a las inquietudes musicales que el guitarrista presente. Lo notable es que siendo un álbum de descartes, 4 1/2 no tiene segundo de desperdicio y suena cohesionado de principio a fin. 

6,5 / 10
Cumple y algo más...


Otras reseñas de Steven Wilson:
2015 // Hand. Cannot.Erase
2013 // The raven that refused to sing 

viernes, 29 de enero de 2016

15 Discos Para 2015


Lo debía. Los 15 discos que más disfruté en 2015. Sin demasiado bla bla previo, voy por ellos...

15. Marina and the diamonds // Froot. Si este fuese un ranking de mujeres extraordinariamente sensuales, Marina estaría en el número 1, sin embargo, acá estamos para hablar de música y ahí su álbum fue el mejor disco pop que oí en todo el año. Merece estar acá. 

14. John Grant // Grey tickles, black pressure. Crudo, visceral, lúcido y con su siempre singular sentido del humor. John Grant vuelve a enfrentar sus fantasmas componiendo y exponiendo (sin demasiada poesía) su sentir. 

13. Christina Rosenvinge // Lo Nuestro. La española no la tenía nada de fácil pero no tan solo ha cumplido, sino que se ha dado el gusto de ir mucho más allá de lo esperado, consolidando de paso su enorme presente. 

12. Caspian // Dust & Disquiet. La explosión a partir de ambientes de calma es lo suyo, y en 2015 reventaron la fórmula de manera impecable. 

11. The Maccabees // Marks to prove it. Encuentran su mejor disco a la fecha, un álbum ameno, bien compuesto e individualmente potente, repleto de muy buenas y emocionales canciones. 


10. Paradise Lost // The plague within. Tras veinticinco años de carrera y trece álbumes bajo el brazo, no deja de ser grato presenciar el segundo aire que esta banda vive desde hace casi una década. Son leyendas y con The plague within confirman el excelente momento por el que pasan.

09. Camila Moreno // Mala madre. Cierra el círculo que Panal abrió tres años atrás, entregándonos esta vez lo que esperábamos de ella: un disco redondo, sin ripios. 
Reseña acá

08. Panopticon // Autumm eternal. Una muestra impecable del nivel al que la música extrema hoy ha sido capaz de llegar, conjugando la agresividad y oscuridad característica del black metal con ambientes que deambulan entre el caos y la tranquilidad, generando contrastes impecables y emociones por montón.

07. Ghost // Meliora. Se han tomado esta vez el asunto en serio logrando convencer hasta al más escéptico. 

06. Foals // What went down. Si hasta ahora Foals habían dado gratas señales me parece que con este, su cuarto álbum, finalmente han dado el salto cualitativo que necesitaban para abandonar la categoría de "promesa"Foals es una realidad y el talento que desborda.

05. Leprous // The congregation. La última maravilla del metal progresivo continúa dando señales de un nivel envidiable. Son de lo más grande del metal actual. 
04. Baroness // Purple. Por múltiples circunstancias era uno de los discos más esperados del año y, pese a llegar cuando 2015 acababa, no cabe duda de que estuvo a la altura. Una joya.

03. Steven Wilson // Hand. Cannot. Erase. Lejos de la frialdad que algunos suelen atribuirle al género progresivo Wilson logra con su disco emocionar y conmovernos al punto de sentirnos afortunados de poder disfrutar de su talento en plenas condiciones. 

02. Sufjan Stevens // Carrie & Lowell. El disco sensible del año (¡siempre hay uno!). Honesto, desnudo y emocionante. 

* Disco del año* 

01. Florence & the machine // How big, how blue, how beautiful. Había que presenciar si esta mujer era capaz de enfrentar las expectativas tras un par de discos tan sólidos como fueron Lungs y Ceremonials. Y precisamente aquella presión fue la que introdujo a Florence Welch en un espiral de abusos que acabaron desembocando en su más reciente maravilla. 2015 la consolida como una de las compositoras más iluminadas de nuestra generación. 


Gracias una vez más a todos quienes revisan este rincón de la web, cuyo único objetivo es compartir emociones. 
¡Un abrazo desde acá!

viernes, 6 de marzo de 2015

Steven Wilson: Hand.Cannot.Erase (2015)

El último de los genios.

Lo conversaba hace poco via twitter: ¿Es Steven Wilson el último de los grandes creativos en activo que nos va quedando? Es altamente probable que así sea,  no se me ocurre otro tipo que en este momento esté pensando la música al nivel en que el británico lo está haciendo. Y si en 2011 golpeó con fuerza la mesa gracias al ambicioso Grace for drowning fue con The raven that refused to sing (2013) donde definitivamente acabó por convencer a todos del extraordinario momento que vive. Y si en aquella ocasión Wilson quiso rendir un homenaje a los próceres del progresivo setentero (¡y vaya homenaje!), con Hand. Cannot. Erase el hombre llega para demostrar que es capaz de seguir componiendo mirando hacia adelante. Como si fuese necesario...

El álbum se encuentra inspirado en la historia de Joyce Vincent, la mujer que murió sola en su hogar en 2003 pero de cuya muerte nadie se enteró sino hasta tres años más tarde. Estamos así frente a un disco que durante su extensión posee una carga emocional no menor y aquello se expresa en cada una de las letras con que cuenta, la mayoría de ellas centradas en el tema de la soledad y la nostalgia. Musicalmente, sin embargo, el álbum es muchísimo más diverso en sus direcciones e indaga sobre múltiples sonidos que son desarrollados con una maestría que conmueve. Mención especial merece la banda que lo acompaña por segundo álbum consecutivo y la exquisita producción con que el disco cuenta, la cual permite disfrutar en todo su potencial cada una de las brillantes ejecuciones que el disco presenta.

Pero hablemos de las canciones, que es lo realmente importante acá. El disco abre en calma con una breve introducción de piano titulada 'First regret', la cual da paso a los diez minutos de '3 years older', que es progresivo clásico puro y del mejor. Si disfrutaste con el anterior álbum acá seguramente encontrarás otro momento alucinante. Mucho más amable es 'Hand cannot erase' (la canción), que cuenta con una reconocible y tradicional estructura, llena de fantásticas explosiones. La primera parte del álbum cierra con la pasada por 'Perfect life' y 'Routine', dos piezas increíbles que abordan ambientes muchísimo más íntimos y que cuentan además con la impecable participación de la israelí Ninet Tayeb en voces . Por cierto,  'Routine' debe ser lo más hermoso que he escuchado en mucho tiempo.

'Home invasion' y 'Regret #9' (que en realidad son una sola pieza de quince minutos) abren una segunda parte mucho más oscura y densa del disco en donde nuevamente se retoma el progresivo trabajando con múltiples teclados y guitarras a la par, solos instrumentales que se suceden entre si y tiempos que varían constantemente. Debe ser el momento instrumentalmente más brillante del disco. Posteriormente 'Transience' es una dulce melodía acústica que da paso a los trece contundentes minutos de 'Ancestral', otro viaje en donde Wilson explora diferentes lugares musicales y se le percibe siempre a gusto, atención al fenomenal cambio de velocidad que el tema vive pasando los ocho minutos, un momentazo de primera. El cierre llega de manera mucho más armónica gracias a la sentida balada 'Happy returns' seguida de 'Ascendant here on...', que luego de tanto instrumental llegan para devolverle al disco el toque de cercanía con el que este había comenzado.  

Cuesta encontrarle "peros" a la experiencia que Steven Wilson nos entrega con Hand. Cannot. Erase (quizás la recta final se vuelve algo espesa y sobre cargada), un trabajo conceptual que musicalmente es impecable, creativo y se encuentra ejecutado de manera soberbia. Lejos de la frialdad que algunos suelen atribuirle al género progresivo Wilson logra con su disco emocionar y conmovernos al punto de sentirnos afortunados de poder disfrutar de su talento en plenas condiciones. Serio candidato desde ya a ser el disco del año. 

9 /10
¡Brillante!


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