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miércoles, 13 de diciembre de 2023

Kvelertak : Endling (2023)

 "Pierden contra si mismos..."

Este año tuvimos álbumes de Haken, Baroness, Code orange y Kvelertak, todas ellas bandas que cuentan con un nexo transversal: en sus respectivos campos de acción han representado una luz de esperanza para el mundo del rock y/o metal durante los últimos quince años. Todas también se han mantenido en constante búsqueda y esa toma de riesgo conlleva en ocasiones el no encontrar el camino, no dar con la tecla, que es lo que en cierto modo le ha ocurrido a Kvelertak en este Endling, sin que esto lo convierta en absoluto en un mal álbum pero si en uno que a momentos deja cierto gusto a poco. 

En su quinto trabajo, el segundo con Ivar Nicolaisen en voces, los noruegos no intentan emular a sus inicios (como si intentaron en Splid en 2020) pero tampoco encuentran inspiración suficiente como para impactarnos con el tándem black & roll como hicieron en el brillante Nattesferd (2016), si no más bien nos dejan una mezcolanza que a momentos apunta a la efectividad, en ocasiones roza el pop, también propondrá atmósferas algo más complejas pero jamás al nivel que en el pasado la misma banda logró.

Uno de los principales problemas con que cuenta Endling es que abre y cierra sin convencer. La partida la da 'Krøterveg te helvete', con una introducción de tres minutos que va calentando el plato lentamente sin jamás dejarte claro por donde acabará yendo, lo cual es positivo pues aporta un elemento exquisito de incertidumbre al sonido, luego entrarán los guitarrazos a la ACDC, la batería redoblando e Ivar en pleno. Todo parece ir bien, sin embargo la canción a ratos se pierde en medio de una melodía inofensiva que termina entregando menos de lo que prometía. Es casi como si la banda no supiese a donde quiere ir, sucediendo estrofas sin ton ni son, algo similar a lo que ocurre en el cierre con los casi ocho minutos de 'Morild', donde la banda se propone directamente entregar el tema más complejo del álbum pero se enreda en el camino y acaban agotando sin jamás alcanzar cotas de gran intensidad. 

Dicho lo anterior, el núcleo del álbum andará bastante mejor, yendo más al grano con los temas, siempre de la mano del tradicional black & roll que desarrolla la banda. El tridente 'Fedrekult' + 'Likvoke' + 'Motsols' intenta imponerse con su velocidad, yendo más al hueso con los guitarrazos, con variaciones de intensidad que funcionan, incorporando coros contagiosos y a un Ivar que se desgarra en las vocalizaciones. Todo esto será factor común a lo largo del álbum, el single 'Endling' (con el bajo como absoluto protagonista) es rock que roza el pop (están muy Baroness en esta, sobre todo con esos exquisitos momentos a dos guitarras), uno que seguro espantará a muchos pero no por eso se convierte en una mala canción (y ojo que por acá puede vengan los tiros a futuro para la banda, sobre todo cuando Ivar se vaya quedando sin garganta), 'Svart september' abrirá con una intro acústica/folk para luego desenfundar rock and roll en estado puro, mientras que ´Paranoia 297' es solo efectividad y 'Døgenniktens kvad' les acercará a las atmósferas más oscuras de todo el trabajo. 

A destacar también algo como 'Skoggangr', una de las más interesantes del trabajo con la épica que intenta transmitir en su tono de himno y una estructura marcada por el bajo + un golpeteo de batería que pareciese invitarnos al campo de batalla. Todo un curioso acierto. 

El peor problema con que carga un disco como Endling es que lo ha compuesto Kvelertak. Las comparaciones son odiosas y el disco sucumbe ante el paralelo con cualquier antecesor de la banda, no porque sea un malo de plano si no porque las direcciones acá no parecen estar del todo claras, y cuando lo están tampoco es que te vuelen la cabeza. Me explico, cuando la banda saca el pie del acelerador no lo hace con la genialidad lograda en Nattesferd (no hay acá un '1985' ni una pieza extensa magnífica como 'Heksebrann') y cuando se desatan no se acercan a sus dos primeros álbumes, ni siquiera a Splid (2020). El tiempo dirá si los noruegos han firmado el comienzo del fin o el inicio de un nuevo ciclo glorioso, lo cierto es que aún con sus fallos, nos han entregado una experiencia sólida y que solo luce pálida en la comparación con ellos mismos. 

¿Canciones? 'Fedrekult', 'Likvoke' y 'Skogganrgr'.

7/10
Muy bueno.


Otras reseñas de Kvelertak:

jueves, 27 de febrero de 2020

Kvelertak : Splid (2020)

“Toman aire yendo a la segura...”

Recuerdo en la reseña de Nattesferd (2016) haber escrito que dicho álbum me dejaba la sensación de representar un “antes/despúes” para Kvelertak, un punto de quiebre en su carrera donde la banda planteaba la posibilidad de llevar su sonido hacia otro lugar o derechamente recular hacia su inicios. Tras este, sin embargo, los noruegos sufrieron la partida de su vocalista lo cual evidentemente trastocó el presente. De esta forma en este 2020 llega a nosotros Splid, que lejos de mostrar una evolución parece ser una salida a tomar aire por parte de una agrupación que evidentemente necesita replantearte su momento y, por que no decirlo, comenzar de cero. 

La experiencia está de todas formas, de ahí que en su cuarto disco Kvelertak echen mano a lo que bien saben hacer: un continuo de guitarras + velocidad con aires de hard rock + hardcore punk. Las referencias melódicas ochenteras que tanto amor y odio (en idénticas proporciones) desataron cuatro años atrás en esta ocasión no están, lo cual vendría siendo una buena noticia para quienes rechazaron dicho giro pero una mala para quienes esperábamos un nuevo salto de crecimiento. Splid por tanto goza de buena vibra y derrocha energía pero suena monótono durante algunos pasajes y carente de emoción en otros. Sin ir muy lejos, sus primeros cuatro temas pareciesen siempre estar tocando la misma tecla, donde ni siquiera la colaboración con Troy Sanders (Mastodon) parece aportar un matiz relevante al sonido y es recién tras casi veinte minutos de disco cuando el riff de ‘Bratebrann’, más sus exquisitos cambios de intensidad, que por primera vez aparece la magia de esta banda. Ojalá el disco hubiese contenido mayores dosis del rock & roll que esta posee. 

Se sucederán luego temas directos que apostarán por la fuerza como ‘Uglas hegemoni’ o ‘Stevnemote med satan’ con otros como ‘Fanden ta dette hull!’, un mix de siete minutos que va desde la melosa calma al descontrol, o ‘Tevling’ que bajan un tanto las revoluciones y diversifican el sonido del disco. Para el cierre los cambios de velocidad estallaran en los ocho minutos de  'Delirium tremens', los cuales desembocarán en la épica de 'Ved bredden av Nihil', donde la banda sonará pesadísima e impactará desde ahí. Todo suena grato, bien ejecutado pero se extraña algo del riesgo de su antecesor fuera de alargarse demasiado en la cantidad de temas, redundando en una idea una y otra vez. 

Nos quedamos así frente a un disco que juega bastante a la segura con aquello que la banda maneja. Splid te regala un buen rato y de las ejecuciones nadie podría quejarse, la banda suena brutal pero considerando las expectativas se han quedado a medio camino, asegurando terreno más que profundizando en la propuesta. El álbum está muy bien de todas maneras e invita a esperar algo mejor aún para una siguiente entrega...

7 /10
Muy bueno.



Otras reseñas de Kvelertak:

sábado, 20 de agosto de 2016

Kvelertak: Nattesferd (2016)

Abren puertas. Dividen aguas.

Antes que cualquier otra cosa: si nunca has oído ni leído algo respecto a esta banda, ve por este enlace, escucha su álbum debut de 2010, un verdadero imprescindible del metal de esta década. ¿El motivo? La frescura de un sonido que conjugaba de manera muy especial la violencia del black con un hard rock que parecía haber sido sacado de lo mejor de los años ochenta, ¡un sonido alegre incluso! Algo impensado dentro del mundo de la música extrema. A causa de este ir y venir de estilos, estos noruegos lograron con su debut quedar en tierra de nadie pero a la vez muy bien parados, sensación que tres años más tarde confirmaron con el notable Meir. Llegaba eso si la hora del siempre complicado tercer álbum, ese que confirma o desinfla a un fenómeno, ese que tiende a dividir aguas. Y en ese sentido, Nattesferd no ha sido la excepción. 

El disco vive entre nosotros desde hace más de un par de meses, tiempo suficiente como para aquilatarlo en plena magnitud, y en algo me parece que todos quienes lo hemos oído coincidiremos: la banda ha decidido marcar un antes y un después en su carrera. Y es que lejos de emular sus dos primeros álbumes, los noruegos han optado por expandir su sonido incorporando pasajes marcadamente melódicos aunque no por eso menos complejos. Lo claro es que quienes se enamoraron de sus primeros dos discos, insinuando incluso que con los noruegos se venía una re invención del metal moderno, probablemente tras oír este conjunto de temas habrán guardado las banderas bajo el colchón. Sin embargo, cuidado, que en absoluto el problema acá lo presentan Kvelertak si no más bien es el auditor quien debe saber estar a la altura de la propuesta.

Comenzando por la portada, que esta vez abandona las pinturas de John Dyer Baizley de Baroness, el álbum pretende escapar del "más de lo mismo", inclinando la balanza hacia un sonido menos black y más suave. Y si bien en su partida el álbum se lanza con todo en la caótica y desaforada 'Dendrofil for yggdrasil' (si, los tipos cantan en su idioma) basta que suena '1985' para comprender que este disco pretende ir hacia nuevas latitudes. Y acá se anotan con una absoluta genialidad. Bajan las revoluciones, realizan homenajes a Van Halen, repiten un riff hasta el cansancio pero logran su objetivo: sorprender y desmarcarse de sus dos álbumes iniciales. Y como '1985', hay varias en el disco, 'Nattersferd' (la canción) abrirá con el bajo dando el vamos y desde ahí el asunto funcionará como un viaje por la melodía que acabará rompiendo en las rasposas vociferaciones de Erlend Hjelvik'Bronsegud' muestra una faceta más punk/rabiosa mientras que 'Berserkr'  trae al presente al Judas Priest del Ram it down con su sabroso riffeo. 

En la recta final, donde el álbum se encuentra lejos de bajar el nivel y en una linea que desde ya queda trazada para un siguiente trabajo, sonarán 'Heksebrann' + 'Nekrodamus', la primera va jugando con guitarras, generando cambios de intensidad con el paso de los minutos, incorporando pasajes acústicos a una estructura cambiante que convence absolutamente, mientras que la segunda es un oscuro cierre psicodélico que perfectamente podría haber aparecido en el último de los alemanes Kadavar, algo impensado dos o tres años atrás. 

No era fácil el desafío del tercer álbum para los noruegos, sin embargo, con Nattesferd han sabido salir jugando registrando su nombre con mayúsculas en el presente del mundo del metal dando muestras de un talento enorme, valentía y capacidad desmarque de si mismos que pocos saben mostrar. El tiempo dirá si la banda logra sostener este nivel pero por ahora, no podemos si no seguir gozando este glorioso presente.

¿Canciones? '1985', 'Nattersferd' y 'Berserkr'.

9 / 10
Brillante.