Mostrando entradas con la etiqueta Piano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Piano. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de abril de 2025

BENJAMIN CLEMENTINE. "And i have been" (2022)

 


Qué grande Clementine, Y que pedazo de voz que tiene. Y que artista que es. Nadie con un mínimo de sensibilidad tras escuchar el inicio de este rutilante trabajo con "Residue", se  puede resistir a este embrujo de este músico que empezó a tocar en el metro de Londres con un piano de juguete, y ahora toca los cielos de los corazones que le adoran. 

En este su tercer trabajo, sigue la evolución de sus dos primeros discos, dejando que el piano y las historias que nos cuenta nos embriaguen hasta el cofín de los sueños ("Delighted"). "Difference" son casi dos minutos de alegría envasada al vacío en una especie de hit de buen rollo y en "Genesis" sigue la senda que ya fue escrita en sus anteriores trabajos. 

"Atonement" es de una sensibilidad de esa que quita el hipo, con los vientos sonando a nostalgia, con Benjamin en pleno estado de explosión. Una brutalidad. Y si queremos caer en la melancolía más profunda, nos ponemos "Last movement of hope" y empezamos a volar para caer rendidos después con esa miniatura llamada "Copening". 

Vaya disco este "And i have been". Imposible no conmoverse con "Weakend", o con ese lírico estruendo que es "Auxiliary". Para terminar, "Recommence", una manera efectiva, de comenzar de nuevo a escuchar este portentoso trabajo que no dejará impasible a los degustadores de la buena música. 



lunes, 16 de octubre de 2017

NILS FRAHM. "Felt" (2011)

Tierno, acogedor, expansivo, emocionante... Esas son las palabras que se me vienen a la cabeza cuando presiono el play y empieza a sonar "Keep", el primer tema de este pianista y compositor germano, que hace de la delicadeza su baluarte.

Minimalismo para estar entre las brasas de un sueño, calcando en las hojas presentimientos que huyen por la ventana de la memoria, teclas de un piano que suenan lentas y parsimoniosas ("Less"), entre un murmullo fértil de lluvia que acarrea recuerdos.

No se muy bien eso de las etiquetas que se le han puesto de "pianista indie". Lo que nos ofrece Nils Frahm es un tratamiento sencillo y a la vez cautivador de la música de piano, acompañada por pequeños efectos que transitan siempre al albur de las notas que poco a poco toman la tristeza como campo de operaciones ("Familiar").

De sus manos salen raices que se agarran a tu corazón como las sentidas "Unter" y "Old thught", participes ámbas de un decorado otoñal, calida bienvenida al mundo de los sonetos, de pulsiones internas hacia una paz necesaria para parar el rasguño feroz de la vida cuando ésta se hace ofensa.

"Snippet", es otro de los puntos fuertes de "Felt", un bello paseo por el bosque, la rúbrica de mil latidos, que se da la mano con "Kind" y su festival de pausas lentas, de toboganes medicinales. Frahm sabe como llenarnos de vaho y de luz, de motines de flores apaciguadoras.

Para el final de esta tonada tan íntima, la más larga del disco, "More", nueve minutos que resumen de una manera eficaz el huracán de sensibilidad que destila este rutilante disco. Apasionante.


lunes, 7 de marzo de 2016

BENJAMIN CLEMENTINE. "At least for now" (2015)


Lo reconozco. Lo asumo. Llevo cinco escuchas del disco y puedo decir que me tiene subyugado, roto, por sedimento de lírica y flores a mansalva de candor. "Winstor Churchill's boy", con solo el comienzo, ya me tiene ganado. Joder, que dolor. Parece que Jeff Buckley se ha encarnado en la voz y el alma de este londinense.

Empezó tocando en el metro de Paris, exiliado de Londres, ahora le tenemos en nuestro corazón. Si, es como ponerte a Nina Simone, Leo Ferre en bucle y al chico que se perdió en el Missisipi. "Then i heard a bachelor's cry" es una pedazo de balada de esas que se entretiene en tu cabeza, que te deja hielo mientras tu aplaudes al hombre que se mete en el rojo para salir en el vacío.

Posiblemente uno de los mejores discos del año que se nos fue. Ahora viene a mis manos, por correo, y yo que lo abro, lo pongo, y el comedor que parece mas chico, más tímido con su blanca palidez. Benjamin Clementine. "Adios" con sus violines minimalistas y el piano a toque de batalla, es toda una muestra del duende de este hombre grande que me tiene rendido. Benjamin Clementine. El arte tiene muchos vestidos, con Clementine, es fácil regodearte de este pellizco de luz, de este fundamento de candor.

"St-Clementine-on-tea-and croissants", es una burbuja de terciopelo. Drums and bass clásico, vergeles en la memoria, rocío en un paseo donde dejar nuestros recuerdos prendidos de un nogal marchito. Nos fiamos de Benjamin para que ponga sentido a la nostalgia, para que supure nuestro dolor canela en rama. Que gozo esta escucha, de esas veces que la compra de un disco trae dicha y un dineral de minutos de aplausos.

Benjamin Clementine. Sí. Palmas y sonrojo. "Condolence" me ha dejado sin palabras Leo Ferré, Nina Simone, Benjamin. La voz grave que se alarga, las teclas que emocionan, la pulsión que detona mientras los dedos intentan no paralizarse con este síncope de algarabía íntima.

Luego viene "Cornerstone", otra brizna de hierba que recojo con mi aliento, un petirrojo en la barandilla de mi amanecer, la voz rompedora de tormentas mientras pongo el grito en cielo, en lo alto de una sacudida nerviosa. "Quiver a little" pone otro ladrillo más en la edificación de la emoción. Buckley, soul, rompe corazones, pura dinamita para los que ansiamos discos que nos rompa el alma.

"At leart for now" es un regalo que viene de los cielos de la dicha, un pedazo de placenta de los sentimientos que boga por alegría de las escucha, mientras tú, en el sillón, no puedes leer ese libro que te secuestra, por la voz de Benjamin que te pide atención, escucha. "Gone" viene y tu te derrotas. Fantasía mayúscula, palabras al por mayor.


martes, 2 de diciembre de 2014

DOUGLAS DARE. "Whelm" (2014)

Un piano. Un londinense. 23 años insultantes y un ramillete de diez canciones que te pone los pelos de punta. Lirismo, melancolía, soñar con ruinas de flores que esperan un aullido de rocío para volver a sentir, teclas que hacen despertar al sol ("Clockwork").

Esto es una cuaderno de poemas cargado de cielos que descargan pasiones indomables. Douglas Dare tiene el resorte para contar con su intrumento, la voz y un armazón levemente electrónico que sirve para esparcir ésporas de amaneceres convulsos ("Nile").

Hay quien ve en Douglas Dare como una continuación a los sonidos de James Blake. Yo creo que Dare va más alla, que usa la electrónica como un marco para esparcir en el lienzo de su compustura clásica un buen torrente de emotividad. Oyendo "Repeat" me parece más que estoy oyendo una versión rompecorazones de Thom Yorke.

En "Whelm" no sobra nada. Lo liviano se junta con el misterio, la tristeza con la conmoción. Te sientas después de comer en el sillón, cojes un libro, pones el cd mientras ves en la calle militar a las gotas de lluvia en una procesión sin fin y cuando llegas a "Caroline" sientes que los nubarrones son irrisorios, frágiles, manchas sin fe.

El inicio de "Unrest" se deja llevar por una sombra tecnológica, bajo presión de mil llaves, mientras Douglas entona sueños, paseos por una cumbre de cierzo. Blanco y negro y colores fuertes. Todo junto en una colisión de caricias.

"Lungful" y "Swim" te dejan sin aliento, remando espuma, cartas sobre la mesa mientras meditas sobre el sonrojo del paso del tiempo. Uno de los discos más hermosos que se ha fabricado este año. Para gozar entre el frío, para darte calor sin rubor. 


miércoles, 19 de diciembre de 2012

RYUICHI SAKAMOTO. "Playing the piano 2009" (2010)

Casi acabando el año es todo un lujo recuperar este doble disco en directo del gran Ryuchi Sakamoto, que en 2009 giró por Japón y registro esta colección de temas de su extensa discrografia. Dos cedés para disfrutar en el asueto de tu silencio ahora que es época de tanto ruido y panderetas. Dos cedés de hojas que se caen sobre las teclas de la maquina de expulsar sueños en formas de olas musicales, para que nuestra navidad, ahora que nos están dando por todos los lados, sea algo más que celebraciones y visitas obligadas a gente que joder, ni maldita la ganas tienes de ver.

Desde la minimal  y casi obsesiva lírica de "Hibari" con sus 9 minutos lineales e hipnóticos, hasta la extravagante "Composition 0919", incomoda y extraña, pasando por el clasicismo romántico de "Put your hands up" o "Mizuno naka no bagatalle", todo en "Playing the piano" es para bajar las persianas, correr las cortinas, hacerte un té calentito y mirar en tus entrañas en busca de la flor de lis desconocida que con tanto ahinco gastaste fuerza en su busqueda ayer, cuando el ayer ha pasado hace tanto tiempo.

La maestria del ex-YMO es incuestionable cuando suenan los acordes de "Tango" y te sumerges en una cienaga dulce, de esas que no hacen daño, oscura pero interiormente agitada, con esporas que te llaman y envuelven mientras la lluvia trae terrones de tierra de la otra parte de planeta. "Amore" es otra pieza que te deja sin aliento, desarma al más recio, inmenso vaho que se deshace en truenos de mentira.

Y como no reseñar esas dos magnificas interpretaciones de sus dos casi más famosos temas para películas: "The last emperor" y "Merry Christmas Mr. Lawrence" donde el climax creado es para escalar nubes con aristas de besos, para creer en el poder redentor de la música.

El segundo cd es otra obra vital, de naturaleza desbocada. "Bolerish", "Parolibre", "1919", o "Tibetan dance", son definitivos, claros, ramas abiertas al aliento que se desborda, piano claro y hablador, meláncolico y amigo, caricias por doquier para tendernos en la nieve y dejadnos ir, tranquilos, hacia ocasos fructicferos de felicidad. Para gozar con quienes mas quieres la escucha de este portento musical.


miércoles, 28 de marzo de 2012

LUDOVICO EINAUDI, "Nightbook" (2009)


Algún iluso podría pensar que tras Ludovico Einaudi y su propuesta de Piano songs, anda alguno de esos pardillos que usan la new age para comernos el coco con sus calmas tan cargantes que ni cristo se cree.  El italiano Ludovico aunque utiliza el piano como principal baza para rodar por campos y valles donde al agua amaina introversión, usa también la electrónica para el armazón de su lluvia tan íntima, tan volcada en compartir cajón junto a Mertens, Nyman o Tiersen.

La carrera prodigiosa de este pianista esta repleta de artesania de teclas donde dormitar es una seguridad cuando los acordes de marfil se esparcen por la estancia de tu auditorio. En "Nightbook" abre la ventana para que entren otras sonoridades igual de envolventes,contaminadas con el influjo acariciador de cada nota que despide este pedazo de disco.

"In principio" es piano y piano, voz y grito, serenidad y luces que se apagan en una circular y minimal composición para abrir boca. "Lady laberinth" es una incontención provocada por el violonchelo y la linealidad de un sonido que te absorve y te lleva de la mano. En "Indaco"  se concilian la tempestad con los cielos abiertos; por un lado el piano, por otra la tensión premeditada del viento que a su aire barrunta más de un disgusto.

"Eros" es porcelana para que el gato se limpie los bigotes y "The crane dance" es una fabulosa rúbrica repleta de belleza, de sloganes para quedarnos en un dia de sol en casa para añorar el hálito del otoño lejano. La verdad es que este compositor es grande. Desde los años 80 no ha parado de hacer música para televisión y cine, orquesta, teatros, etc. etc. Tenemos pues a un renacentista colosal entre nuestras manos, estamos de enhorabuena.

Este "Nightbook" es mi primer encuentro con el piano man. Me comprometo a saborear más de la obra de este italo tan comprometido con llenarnos el corazón de esperanza, sin especulaciones ni arpegios inservibles. Sólo piano, y amor, mucho amor.

viernes, 15 de abril de 2011

CRAIG AMSTRONG. "Piano works" (2004)


Uno de los discos que más me ha emocionado en esta larga historia de oyente investigador de nuevos sonidos, fue "The Space Between Us", trabajo de este compositor de bandas sonoras de peliculas, que utilizaba el clasicismo con pinceladas de electrónicas para rompernos el corazón. Inolvidable sus melodias, su creación de nubes liricas, su manera tan peculiar de componer.

Craig Amstrong, conocido por su participación musical en films como Moulin Rouge, Romeo and Juliette, o Love Actually, le valieron a parte de premios, un reconocimiento en el mundillo de los creadores de ambientes para cine. A parte de esto, su labor como músico, no le va a la zaga con su primera profesión.

A parte del citado "The Space between us", no tendriamos que olvidar el oscuro "As If to Nothing" (2002), y este "Piano works", donde recrea con su piano temas suyos, cambiando las programaciones tecnólogicas por el clasicismo más inspirado, más repleto de aromas de serenidad.

En las 18 piezas de este "Piano works", aparecen tanto recreaciones de su afición cinefila, como transmutadas e inspiradas versiones de los discos en solitario,dejandónos la impronta desde el principio de que estamos ante la obra de un gran creador, un afilador de palabras lirios, un orfrebre de melodias para la instrospección.

La minimal "Sunrise", da la mano a la melancolía suprema de "In my own words". Pocas palabras puedo decir. Dejarse llevar por la levedad del tocador de teclas, las sombras que vienen a llenarnos de espinas, el vaso con la huella de rimel de amor, guardado en el armario donde dejamos los traiciones y las esperanzas truncadas.

"Heatmiser 2", es un correcalles de poesía desbocada,que se transforma en "Hidden" en un surco donde plantar la belleza con las unicas armas posibles de la sensibilidad. Colosal y supremo Craig Amstrong."Weathers storm", que viene de "The Space between us", no pierde la fuerza de la original, y gana en recogimiento, en repartir seda a diestro y siniestro.

Y que me dices de "Leaving Paris", acercándonos al mundo de Nyman, sumergiendonos sin posibilidad de levantar el vuelo en una burbuja donde descansa nuestro animo, mecido por las notas que esparce los dedos de este majestuoso hombre que tanto bien hace para la música del corazón.

Me he puesto este cd en los cascos, en casa he puesto la cadena a tope, al ordenador le he dejado el trabajo de transmitir con delicadeza estos murmullos de rio sentimental. Es igual. Cualquier medio es bueno para caer rendido ante el hechizo de todo "Piano works". Para perderse en los brumosos bosques del yo mismo.