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SUCESOS – JRMora





JRMora28/12/2018

Cada vez que hay un asesinato considerado “mediático”, de esos de “alarma social”, huyo de la televisión, y de otros medios, mucho más de lo que ya lo hago habitualmente. Hay medios reconvertidos en una versión digital apresurada de El Caso que publican supuestas noticias a porrillo sobre asesinatos, incluso cuando no tienen nada nuevo. Pueden comprobarlo, más de ochenta.

El aquelarre de lo gore para alimentar el morbo es ya tradición y libro de estilo, detalles escabrosos innecesarios, especulaciones, rumores y en muchos casos también la presunción de inocencia despachada de aquella manera.




Los informativos de la tele se ceban con este tipo de asuntos, pero Antena 3 es un caso especial. Creo que hacen el peor, más amarillista y cutre espacio de noticias.

No hay día que no estén atiborrados de sucesos. Haga la prueba, si tiene paciencia vea uno completo cualquier día. De cada dos piezas, tres son sucesos truculentos. Si no los encuentran en España recurren a los de cualquier otro país.

Los programas informativos deberían ser buque insignia de las televisiones, pero no son más que una sucesión de piezas inconexas fruto de una mezcla de supuestas curiosidades, alguna tontada de internet (porque es viral y lo viral es lo más), propaganda política o sesgo camuflado con torpeza, sucesos de tripa y unas cuantas chorradas sensacionalistas, la lectura tras finalizar el chou será que medio mundo está matando al otro medio.

No es de extrañar que el consumo de televisión se sitúe en los niveles más bajos de los últimos 20 años, según datos de la AIMC.

Informe sobre el consumo de medios AIMC (PDF)




También puede echarle un vistazo a los vídeos que se suben a Kaotic, Liveleak, The Ync o similares y comprobará que allí están todos esos sucesos que terminarán a las pocas horas en las escaletas de los informativos




Sobre el asesinato de Laura Luelmo, hasta la magistrada que instruye el caso tuvo que dar un toque de atención a los medios que ya se habían entregado a la casquería sin concesiones.







Visto aquí

https://arrezafe.blogspot.com/ webgunetik hartua ]

Más testimonios sobre contenciones mecánicas…

Más testimonios sobre contenciones mecánicas…

correas-de-contencion_primera-vocal   Como ya sabe la mayoría de lectores de Primera Vocal, desde que subiéramos a la web unaescalofriante imagen de las correas usadas en la unidad de psiquiatría infantil del Hospital Gregorio Marañón en Madrid se han sucedido distintos debates y publicaciones sobre esta y otras más que cuestionables prácticas psiquiátricas. Esta entrada pretende continuar con los testimonios que nos han hecho llegar distintas personas y que nos limitamos a reproducir textualmente. Los tres primeros son de profesionales del ámbito de la salud mental, e incluyen descripciones y reflexiones que ayudan a pensar el propio fenómeno de la contención mecánica. Los tres textos siguientes han sido escritos por personas que han vivido en sus propias carnes este quehacer tan terapéutico que consiste en ser atado con correas; el último de ellos es un conjunto de tres poemas (en ocasiones, las palabras de uso más común y la secuencia convencional de oraciones no son el único ni el mejor camino para comunicar la experiencia vivida).
Testimonio 1
Soy enfermero en una unidad de hospitalización de agudos. Pese a considerarse en mi unidad la inmovilización “terapéutica” como medida excepcional a evitar, muchas veces considero que se realizan inmovilizaciones terapéuticas innecesarias.
En muchos congresos de Enfermería se debate acerca de la identidad de la profesión, que desde los inicios ha sido considerada supeditada a la profesión médica. En la búsqueda de su identidad, en agudos me percato de que la Inmovilización es considerada como sello insignia de la profesión. Es considerada la actividad más importante de la unidad y en la que se cuestiona quién es buen o mal profesional, como una oportunidad para valorar que te estás ganando el sueldo, midiendo variables como valentía y arrojo (enfrentamiento con el paciente psicótico) pero cuando se intenta evitar la contención se valora todo lo contrario. Incluso puede peligrar el puesto de trabajo si cuestionas si cierta contención ha sido necesaria o no. Destaco las siguientes puntualizaciones:
-Es necesaria mayor preparación emocional para el personal enfermero. Ciertos profesionales son bien considerados por manejar agitaciones que ellos mismos provocan, sin ser conscientes de que las provocan o incluso de que gozan conteniendo pacientes por una cuestión de poder.
-Los propios supervisores fomentan esto. Está mal visto el que intenta evitar una contención innecesaria.
-Por la noche se tiende más a inmovilizar al paciente, pero, ¿es para que el paciente no moleste a los profesionales?
-La inmovilización se sigue viendo como un castigo. Cuando un paciente, dentro de su delirio, intenta agredir a un miembro del personal, en vez de advertir que actúa bajo un estado de temor, se ve imprescindible sujetarle “como castigo”. Es imposible que yo evite una contención si el resto de personal, supervisor incluido, están en la habitación del paciente poniendo caras largas mientras intento hablar con él.
-Pacientes de otras culturas, de otros países, con otro idioma, con nula adherencia al tratamiento, ven como se les administran cantidades ingentes de medicación en continuos ingresos hospitalarios, incluso actuación de la policía ante fugas. Estos pacientes no se van a tomar la medicación cuando salgan. ¿Es necesario tanto ingreso, tanto sufrimiento para el paciente?
Yo pondría como elemento indispensable que todo profesional pasara por un trabajo de terapia personal para poder trabajar en agudos. Muchos Psiquiatras y Psicólogos pasan por ello, para saber cuáles son sus conflictos y no depositarlos en los pacientes, para no provocar agitaciones cuando el profesional viene de mal humor a trabajar, pero la Enfermería no tiene obligación de pasar por psicoterapia. Lástima porque evitaría sujeciones innecesarias y serían mejores profesionales.
Testimonio 2
Como profesional de la salud mental desde hace años, agradezco enormemente que este debate salga a la luz, y nunca mejor dicho, que exista un poco de luz allí donde predomina la oscuridad.
No tengo experiencia directa con las contenciones mecánicas al no haber trabajado nunca en una planta de psiquiatría de un hospital, pero sí tengo algunos conocimientos de cómo funcionan por lo que la gente que las ha sufrido me ha contado y por lo que algunos profesionales que trabajan allí cuentan.
Me gustaría aportar algunos aspectos para la reflexión, que creo podrían ayudar a cuestionar y reducir el uso de la contención mecánica en aquellos servicios en los que continua siendo una práctica habitual.
1- Su uso es más frecuente cuando el ingreso psiquiátrico es involuntario. En este punto, sería interesante sacar a la luz la arbitrariedad que rige este tipo de ingresos. Es fácil entender que si a alguien se le ingresa contra su voluntad en una planta de psiquiatría, se están sentando las bases para que pueda tener actitudes o comportamientos violentos que terminen “requiriendo” una contención. La pregunta sería cuántas de las personas que son ingresadas involuntariamente podrían ser tratadas con otros abordajes terapéuticos más respetuosos que hiciesen innecesario el ingreso, y la respuesta es “probablemente muchas”. Como consecuencia de ello se reduciría el número de contenciones mecánicas, ya que cuanta menos gente acceda a una planta de psiquiatría contra su voluntad menos contenciones se realizarán.
En relación a los ingresos involuntarios, según mi propia experiencia, muchos de ellos se producen por una paradoja que se da en la “relación terapéutica”. Muchas personas diagnosticadas de algún trastorno psicótico, y que podrían beneficiarse del apoyo profesional, ocultan sus “síntomas” a sus profesionales de referencia por miedo a la reacción que estos vayan a tener. Este miedo es la consecuencia del tipo de relación establecida, en la que el profesional puede ingresar o medicar a alguien contra su voluntad si así lo considera oportuno por valorar que está “muy psicótico”. El miedo y lo terapéutico son incompatibles. La persona, que con otro tipo de relación verdaderamente terapéutica podría afrontar sus vivencias y experiencias de otra manera, decide ocultar al profesional esta información convirtiendo lo que podría ser terapéutico en algo coercitivo. Cuando hablamos de alguien que ha sido definido como “crónico”, esta dinámica se puede repetir de manera cíclica. La secuencia sería: “me encuentro mal, pido ayuda y termino en el hospital contra mi voluntad, así que la próxima vez que me encuentre así, lo ocultaré y no diré nada para que no me ingresen”. Así que al hecho de que alguien lo pase mal porque está “psicótico”, se suma que en lugar de pedir ayuda lo que hace es ocultarlo a quien se supone que le podría ayudar, lo cual difícilmente favorece que la persona consiga estar más tranquila, aumentando su desconfianza y suspicacia, lo que se terminará interpretando como reactivación de su sintomatología psicótica. Por lo tanto el “tratamiento para reducir la paranoia” estaría provocando más paranoia. La cuestión no es negar la existencia de estos estados altamente alterados ni la angustia asociada, sino plantear otras formas de abordarlos.
2 – El marco teórico que tengan los profesionales que traten a la persona hará más o menos probable que termine teniendo lugar una contención. Si partimos de un modelo biologicista será más probable que recurramos a la contención que si lo hacemos desde uno humanista. Si pensamos que el estado de alteración y agitación de la persona responde a un desequilibrio bioquímico y a un mal funcionamiento cerebral producido por una enfermedad, no responderemos igual que si pensamos que ese estado puede responder a factores contextuales y biográficos. El tipo de intervención que llevaremos a cabo será distinta y las consecuencias para el paciente también.
Recientemente un compañero me comentaba, de manera muy acertada, que una forma de reducir el número de contenciones e intervenciones coercitivas, sería considerar que cuando un paciente acude agitado y alterado a urgencias o a su centro de salud mental, pensáramos que acaba de sufrir una tragedia enorme (por ejemplo un atentado terrorista o un secuestro), ya que de esta forma, nuestra manera de acercarnos a él sería mucho más respetuosa y empática, al mismo tiempo que entenderíamos que pudiera reaccionar de manera poco adecuada a nuestros intentos de ayudarle. Creo que de esta manera se reduciría la tendencia de algunos profesionales a pasar a la acción sin conocer muchas veces qué le ha sucedido a la persona para que se encuentre así. Si además esta persona, en su historia biográfica, ha sufrido algún tipo de maltrato, abuso o acoso (algo bastante frecuente, según demuestran los estudios más recientes sobre la relación psicosis-trauma), cualquier tipo de medida coercitiva, en especial el uso de la contención mecánica, supondría una retraumatización que haría a la persona revivir la experiencia de indefensión y miedo.
3 – Otro factor importante es el tiempo. Muchas contenciones se producen porque se quieren solucionar las cosas de manera rápida, cuando simplemente dedicando más tiempo y de más calidad a la persona podría llegarse a soluciones compartidas más respetuosas. Muchas personas en estado de crisis aguda, ante la presencia de alguien dispuesto a escuchar y a dedicarle el tiempo que sea necesario, pueden transitar de un estado de angustia extrema a otro de angustia “tolerable” que hace posible acercamientos no coercitivos.
4 – El contexto en el que todo esto se produce es determinante, entendiendo éste en su acepción más amplia, incluyendo el contexto físico, social, cultural, político… El aumento de las desigualdades, la injusticia social, la excesiva burocratización y el alejamiento de la salud mental del campo de las humanidades y su acercamiento al ámbito hospitalario, así como la propia violencia que el sistema ejerce sobre las personas en distintos ámbitos (por ejemplo a nivel laboral), son aspectos que no son ajenos al uso de la contención y de otras medidas coercitivas en este y otros ámbitos.
5 – El uso de la mentira como forma de conseguir que los pacientes acepten determinado tipo de intervenciones, así como determinadas actitudes que infravaloran sus capacidades a la hora de decidir, también contribuyen a aumentar las posibilidades de que una medida coercitiva sea utilizada. Ejemplos de esto serían: no informar sobre efectos secundarios de la medicación a los pacientes, minimizar los mismos cuando sí son informados, no informar sobre otros abordajes terapéuticos, engañar deliberadamente al paciente para que tome la medicación diciéndole que es para algo distinto al motivo de la prescripción, no tomar en cuenta las repetidas quejas del paciente sobre distintos aspectos de su tratamiento, transmitir la información a la familia en lugar de al paciente, plantear algo como opcional cuando en el fondo es algo obligatorio, incapacitar legalmente a personas con capacidad para tomar decisiones por sí mismas… y así muchas otras situaciones que no resultarán ajenas a las personas que frecuenten este tipo de servicios.
En este punto, determinados comentarios y actitudes por parte de los profesionales pueden provocar el comportamiento alterado y agitado del paciente que luego estos mismos profesionales intentan controlar mediante la contención o el ingreso involuntario. Este tipo de dinámicas son sutiles, y a veces se esconden bajo la apariencia de buenas intenciones y actitudes proactivas de “ayudar y cuidar” al paciente. Esto es de una perversión extrema, ya que quien te agrede y te hace daño, es quien se supone te debería ayudar, con lo cual la persona se queda atrapada en esta relación patológica que fomenta la sumisión, como resultado de experiencias repetidas de indefensión. Resulta curioso que haya muchos pacientes que después de muchos años recibiendo atención por parte de profesionales que “quieren ayudarles por su bien” sigan rechazando su ayuda, lo que les conduce inevitablemente a “terminar recibiéndola a la fuerza”. ¿Quizá sea que no sienten que esta ayuda les ayude? ¿Qué diferencia este tipo de “terapias” del maltrato?
6 – Aunque este sea un punto delicado y controvertido, creo que incluso cuando de manera excepcional la contención termine produciéndose (aunque siempre es preferible que no se produzca), existen formas de reducir el impacto traumático que tiene para la persona. En este caso informar a la persona en todo momento de lo que se está haciendo y se va a hacer, manifestar que va a ser por el menor tiempo posible, explicar los motivos dejando claro que la intención es intentar calmar y proteger a la persona y nunca castigarla por su actitud, no dejar a la persona sola y atender sus necesidades más básicas, y por supuesto, pedir disculpas por haber tenido que utilizar este tipo de intervención tan agresiva, pueden minimizar el impacto traumático que esta experiencia tiene.
7 – Es necesario hacer una reflexión como profesionales acerca del impacto traumático que para una persona tiene el hecho de ser contenido mecánicamente. Algunos profesionales minimizan el impacto de la experiencia y lo justifican por los supuestos beneficios que puede tener para el paciente, aunque reconozcan que es una experiencia desagradable. Aunque esta actitud pueda ser comprensible teniendo en cuenta el tipo de formación que recibimos como profesionales (exagerar los beneficios y minimizar los perjuicios de las intervenciones coercitivas, “son por el bien del paciente”), no podemos permanecer impasibles y debemos hacer lo posible por reducir este tipo de prácticas tanto como sea posible, siendo conscientes del daño que producen a cualquier ser humano. Como profesionales, aunque nos duela escuchar los testimonios de algunas personas que han sufrido contenciones, no podemos dejar de escucharlos y mirar para otro lado, y debemos reconocer el daño causado, la valentía para contarlo y pedirles disculpas. Para esto último, es necesario que muchos profesionales se bajen de su pedestal, algo no siempre fácil…
8- Por último, un elemento clave que mejoraría la atención en salud mental, reduciría considerablemente el uso de medidas coercitivas en general, y de contenciones mecánicas en particular, sería contratar como profesionales a personas que hayan tenido problemas de salud mental y se hayan recuperado, algo que ya se está haciendo en otros países con éxito. Su presencia en los distintos dispositivos de atención, modificaría las prácticas de los profesionales y los discursos utilizados, siendo más respetuosos y empáticos con el sufrimiento de las personas. Quién mejor que alguien que ha experimentado como paciente la atención que el sistema le ha brindado, para conocer sus fortalezas y debilidades, y aportar algo de luz sobre algunos aspectos que a los profesionales nos cuesta ver. Quizá si escucháramos de verdad lo que los pacientes nos cuentan acerca del efecto que producimos con nuestras intervenciones, nos pensaríamos muy bien qué hacemos y cómo lo hacemos, recordando siempre un principio básico: “Primum non nocere” (lo primero no hacer daño).
Testimonio 3
Hoy escuché un golpe en el pasillo de la Unidad y gente hablando un poco alto. Salí a ver qué pasaba, siempre con el miedo paranoide a la agresividad del otro. En este caso, el otro era un chico de 20 años, recientemente ingresado en nuestra Unidad, hablaba de cosas que había superado, peleas con armas blancas, consumos de drogas, hablaba de Marruecos, país de sus familiares, su historia en medio de balbuceos confusos y todo impregnado de rabia, aparte de fármacos, se señalaba el dorso de la mano, una venda cubría varias heridas recientes hechas con un cigarro, se trató de arrancar la parte de arriba del chándal, se bajó la cremallera y luego balbuceó algo como, seré tonto, a ver si me la he cargado y volvió a subírsela, con todo lo que he pasado no tengo por qué estar aquí, no quiero estar aquí. Mientras tanto éramos, contándome a mi llegada, 4 profesionales, otra persona ingresada se asomó y alguien lo echó como el que está observando algo que no debería ver. Algunos de nosotros teníamos guantes puestos, atributo a ser posible imprescindible para una contención física. Apareció otro compañero que se quedó observando a una cierta distancia por si tenía que entrar en acción. La enfermera, que era la que dirigía el cotarro a mi llegada, solo le recordaba en tono ¡firmes!, que ya había hecho lo que le había pedido, avisar a su doctor, y que se tranquilizara. A mi solo me salieron de la garganta dos emisiones idénticas, como un eco sonoro que trataba de tranquilizar desde la distancia, Marcos…Marcos…, y un leve contacto en el hombro.
A todo esto llegó su doctor y se lo llevó al despacho a hablar.
A la vuelta del desayuno comentaba un compañero, Un paciente casi se agita esta mañana. Lo sé. ¡Es verdad, que estabas allí! Ese era el compañero que se mantuvo a unos metros, yo se supone que estaba al lado de Marcos, pero la verdad es que no sé si estaba allí, no sé quién estaba allí, quizás estuviera solo él, desesperado en su confusa soledad y cientos de personas rodeándolo, entre las que estábamos un puñado de profesionales en actitud defensiva, temiendo-esperando, casi como provocando una agitación. Quizás por eso mis palabras sonaron como un eco, él casi ni se inmutó al oírlas, no sé si realmente llegó a oírlas desde tan lejos.
El paciente fue trasladado a una Unidad con mayor capacidad de contención física y menor contención emocional. Imagínense qué tipo de contención emocional podemos ofrecerles a las personas que están ingresadas en los hospitales para las llamadas enfermedades mentales, la misma que podemos ofrecernos a nosotros mismos en una situación como esta, sentimos miedo, algo de tensión como la que puede sentir un animal agazapado, un animal que espera cazar a su presa o ser cazado por su depredador, una mezcla de los dos miedos, pero la situación se aleja algo de esta, porque nuestra supervivencia física está prácticamente asegurada en la mayor parte de los momentos, nos queda el vestigio emocional de ese miedo, que nos impide percibir qué está pasando en ese otro mundo, ese mundo confuso y enloquecido en el que estamos las personas en los momentos de crisis, un mundo de difícil acceso, aparentemente.
Testimonio 4
Nada más llegar al “Sanatorio Esquerdo” un psiquiátrico privado de Madrid me pusieron una inyección que me dejó cao, no se el tiempo que estuve inconsciente. Me llevaron allí después de estar en psicosis aguda durante quince días, me dijeron que me llevaban al dentista. En ese tiempo tenía las muelas de juicio jodidas, y me dolía una barbaridad… Les creí.
Desperté en una habitación extraña, estaba sola, desorientada, salí a un enorme pasillo al que daban muchas puertas como la que yo crucé, salí y me acerqué a las ventanas que allí había. Abrí una, había rejas, abrí otra, había rejas, abrí otra, más rejas. Dos hombres vestidos de blanco se acercaron por detrás, me agarraron. Yo me resistí, no entendía nada, me arrastraron por el pasillo, me llevaron escaleras abajo, no entendía nada. Gritaba, les decía: ¿Qué coño hacéis? ¿Dónde estoy? ¡Dejadme en paz!, Tranquila, tranquila me decían mientras me arrastraban… no entendía nada.
Me encerraron en una celda del sótano, me ataron a la cama, me inyectaron, quedé cao. Cuando desperté en la celda no sé el tiempo que llevaba allí, ni el que después estuve, fue el más largo de mi vida, y en mis células quedó grabado. La celda tenía una puerta con una mirilla, no recuerdo ver a nadie asomarse, la cama estaba frente a ella. Por encima de mi cabeza había una ventana.
Recuerdo que la única persona que entró allí fue una limpiadora, que al verme atada, forcejeando y gritando que me soltasen, se acercó e intentó ayudarme diciéndome que me iba a ir mejor si me callaba, que me calmara, que era la manera de salir de allí. Nunca sabré si este hecho pertenece a una realidad propia o compartida, si realmente existe esa mujer, no la volví a ver el resto del ingreso. Da igual, en ese momento me dio lucidez suficiente como para entender que o tragaba, o de allí no salía.
Además del terror que viví en esa celda, recuerdo la impotencia de no poder ver el cielo por la ventana.
Numa.
Testimonio 5
Tres ingresos, tres contenciones mecánicas. Las dos primeras, muy lejos ya. Horribles las dos. Aunque para ser sincera, para recordar la segunda tendría que hacer un esfuerzo que ahora mismo no me resultaría útil. Con el recuerdo de la primera y la última sobra.
La primera, por iniciática, fue de lo más traumática, aunque debido al globazo que llevaba ya encima (vete tú a saber qué me habían suministrado a esas alturas) la recuerdo con niebla. Me palpita fuerte el miedo que sentí cuando desperté. Atada. Bastante prieta, además. Sola en una habitación con paredes blancas, y una cama en medio. Yo en la cama. Atada. Grité muchísimo. No insultaba, no maldecía, recuerdo que solo llamaba a alguien. A quién?, Daba igual. No podía entender qué había sucedido, qué había pasado. Porqué estaba atada a esa cama. Donde estaba .Y porqué estaba sola. De vez en cuando oía una puerta. Se abría, se cerraba, y entonces a través de una especia de mirilla, veía un cambio de luz. Había alguien mirando. Y yo, algo así cómo, Hola? Nada. Hay alguien? Nada. Que pasa? Nada. Porque estoy aquí? Saben en mi casa que estoy aquí? Nada. Otra vez la puerta que separaba mi puerta del resto de la instalación sonaba. Se abría y se cerraba. Se iban. Entraban a mirar si estaba dormida o despierta, y según yo estaba, así procedían. Cuando estaba despierta, se iban. Me cansaba. Dormitaba. Duró mucho tiempo esa situación. Aprovechaban para entrar cuando estaba dormida. Luego, salían, raudos! antes de que me diese cuenta de que había personas allí. Quizás me daban de comer. O quizás solo me medicaban. Esos momentos son muy vagos. Eso sí, nadie hablaba conmigo. Nadie respondía mis preguntas. Cada vez que despertaba me ponía más nerviosa. Eso sí lo recuerdo. Entonces, ya sí, empecé a insultar y a maldecir. Cada vez que oía esa doble puerta. Un ojo se posaba en la mirilla, y yo, que no entendía nada, y empezaba a estar cansada, gritaba, insultaba y maldecía. Quizás había pasado un día y una noche entera ya desde la primera vez que desperté. Empezaba a estar, aparte de cansada, algo así como histérica. Recuerdo pensar: Me voy a volver loca. Cómo siga aquí mucho tiempo, y esta gente entre y salga sin ni dirigirme a penas la mirada, mientras les imploro qué ha sucedido para que yo esté aquí, me voy a volver loca. Qué pasa? Porqué no me hablan? Qué ironía.
En mi ingenuidad, cada vez que se abría la doble puerta, llamaba a mi madre. Tenía la esperanza de que el timbre de mi voz le podría llegar. Si ella supiese lo que me estaban haciendo no lo permitiría. Ni ella ni mis hermanos. Pero claro, ellos no lo sabían. Sólo sabían que yo estaba tan y tan mal (?), que tenía que estar encerrada, y además incomunicada (no sé si el detalle de las correas se lo mencionaron). Era lo mejor para mí, les dijeron.  Yo quería verles. Necesitaba verles. Ellos a mí también. Pero no, lo mejor era (fue), no sé quién lo decidió, tenerme en esa habitación dos días con sus dos noches.
Como he dicho antes, de la segunda ocasión no recuerdo apenas detalles. Ya no era una novata, imagino, y supongo que me tragué lo de que debía ser lo normal. De la última vez, hace solo un par de años. Mismo hospital (Santa Caterina de Salt, por cierto). Mismo personal. Eso siempre me ha hecho bastante gracia. Las dos veces que he vuelto, después de la primera (2005), me alegraba de verles (en plan, hey, que tal? la situación es una mierda, pero joder, cuanto tiempo! todo bien?) Ellxs?.. a excepción de algunxs, claro, hacen como si no te hubiesen visto en la vida, o cómo si el saludo o la sonrisa que te esfuerzas en ofrecerles, pese a la vergüenza propia de afrontar volver a verles en esa tesitura, no fuese con ellxs. La cosa es que esta última vez da para más. La recuerdo bien. Sus amenazas. Ya nos conocemos Vero, me decían, como si yo fuese, yo qué sé! Por eso mismo!, pensaba yo. No confiáis en mí? Lo único que me pasa cuando estoy ingresada es que debo de molestarles mucho, porque suelo tener miedo. Estar acojonada lo describe mejor. Me hago como muy pequeñita y tengo miedo. Para qué narices tuvieron que atarme?  Fui voluntariamente (sin quererlo, pero con pocas opciones para mi familia y entorno de acompañarme en mi estado de euforia, y reconociendo su agotamiento y desconfianza en poder ayudarme, les pedí que me llevasen). Acabaron, una vez atada, arrancándome dos piercings que llevaba, a la fuerza. Me sentí muy violada. El del labio lo entendí. Llevaba otro en el pezón. De donde mierda sacaron que tenía ese piercing? Y ese afán por quitármelo? Y esas caras de, al final te lo vamos a quitar, no te resistas. Y vinieron dos más. Y los que había allí me sonrieron (?) despiadadamente a la llegada de sus refuerzos Me desgarraron el cuerpo y el alma, arrancándome aquellos dos pendientes. Me ataron. Y ya ahí se me acabaron las fuerzas, me rendí. Y lloré muchísimo. Ya hasta querer dormirme y no despertarme más. Me dormí, supongo. Ya no recuerdo más.
Lo más gracioso es que al día siguiente, los muy condenados, se hacen los de “a mí no me mires”…
Pero sus ojos y las miradas que me dirigen les delatan. VGM
Testimonio 6 / Poemas
La locura eran las paredes haciendo la autopsia
a las calles que habían dejado morir tus palabras.
Esos cerrojos sellando tu angustia con la farmacología
que daba más amnesia que capacidad para decir tu historia
a ese espejo que preguntaba en tus ojos quién eras.
Y respondía el crujido de ese vacío inyectado en tus venas.
La locura era la compostura del serrín y de los suelos
porque si te salías de la curva, unas correas te impondrían la recta.
Y ya había pasado demasiadas veces para conocer el costo del verbo.
Si gritabas, si corrías, si movías de sitio la mesa
si te negabas al tratamiento, si exigías tu libertad, si discutías o incumplías sus normas
harían uso de la medicina no para curar tu dolor, no por la enfermedad, no porque deliraras
sino para tenerte callada, para curar su propio control militar del psiquiátrico
a través de sedantes que te hacían vegetales las heridas y vegetales los deseos
y correas sobre la cama para atar tu cordura dónde ellos habían determinado que debía de estar.
Cada vez que ocurría y te ataban y te inyectaban, se abría en tu cerebro un grito de niebla.
La constante amenaza y certeza de que volvería a pasar, te obligó a comer los suelos. Y por primera vez te sentiste una jodida enferma. A bajar la tangente por la lengua. Tu voz. Tu dignidad. Allí no valía nada. Eras una loca.
Sólo podías comer de su grasa y escupir los huesos al cristal. Con el fuego en los ojos. Para salir lo antes posible.
Sólo podías decir, esto es una pipa. Para que firmaran de una vez tu libertad.
Y llevarte tus pájaros contigo donde no alcanzaran sus apestosas rejas.
——————–
Cuando viví en esa habitación. Mi casa era el pez que no existía y que derramaba océano sobre mis pies. Su puerta estaba estallada contra ti. Y sólo dejaba pasar a los locos. Cuando tú querías saber por qué no comía. Sólo te respondía una hoja doblada en forma de barco que siempre se parecía a un muerto. Sólo le decía a los locos, de mi hambre. Cuando tú me llamabas a tu despacho para hacer un diagnóstico, cerraba mis ojos y hablaba palabras que no existían para que no me ensuciaran tus oídos el diccionario. Sólo hablaba a los locos de mi desvelo. Cuando trajeron a Mar. Era ya de noche. Casi la hora en las que nos encerrabais en la habitación y dabais vuelta a la llave. Ella gritaba. Como yo grité, cuando me llevasteis. Ella estaba atada en la misma habitación de aislamiento, que yo estuve. Y lloraba con la rabia de las estrellas fugaces. Y me pegué a su puerta y le dije algo de la nube y la sangre. Y fui a vuestro mostrador y os dije que la soltarais que así no se cura a nadie, que la estabais haciendo sufrir. Y os tiré todo lo que teníais en la mesa. Y apretasteis el botón. Y vinieron cuatro guardias de seguridad. Y me redujeron. Y me encerrasteis también. Y me pinchasteis con una aguja de veneno. La noche que caía. Sólo besaba a los locos. Las palabras que entre esas paredes sabían de los sueños, sólo amaban a los locos.
——————–
Eran sábanas blancas. Ásperas. No se rompían fácil. No se desgarraban como las de casa. Una mordida y tirar. Soñabas cuerdas. Cuerdas arma. Y cuerdas separación. Cuerdas en sus cuellos y sobre tus ojos, para no mirar. Había cuatro paredes. Pero no eran como otros cuartos en los que habías estado. Eran paredes de ausencia. Paredes de suicidio. Paredes de miles de km de distancia. Como si ellas tuvieran las razones de todas las tijeras y los vidrios rotos y la muerte en las cuencas secas del río. Olía a química y a limpieza, una limpieza de censura. Una blancura de vergüenza. Sentías que menstruabas sobre ellos cuando entraban. Que te ponías roja y se te escapaba el rojo. Que ellos señalaban el rojo con crucifijos en tu útero. Los clavaban con su mirada fría. Con las correas que tenías en las manos y en los tobillos, sobre toda tu alma. Sentías lo más sucio fluyendo de ti. Con sabor carne. Carne encrucijada en sus tenedores. Te ardían los ojos. Te temblaban las uñas. Un sopor de grasa. Infectaba las paredes. La fiebre. La ausencia. El muerto que abría su barriga cuando entraban los castradores, con sus inyecciones, con su pulcritud. Todo era confuso. Menos la desconfianza. Menos el miedo y el odio a ellos.
———————–
os dijo mi garganta con cada gota de mi sangre que no os acercarais
os dijo mi libertad, con su derecho que no iba a subir a ese coche
os dijo mi idioma de los pájaros etílicos que no quería ni una letra de vuestra sobria muerte
pero erais más y os abalanzasteis sobre mí
y pensasteis que mi odio era enfermo
que mi violencia era locura cuando me defendía de la vuestra, que mis puños eran razón de más inyecciones, de atar más fuerte, porque estaba cada vez más rabiosa, de pura manía, de pura esquizofrenia
pero no era la enfermedad, era mi cordura, mi dignidad, mi vida, mi carne y mi infierno, mío, y yo dueña, dueña de mis laberintos, aunque me despertenezcan, aunque me partan a la mitad y me hagan nada, será mi nada, si la sombra maldita que me es un cuchillo, será mi sangre, mi herida, será mi sinrazón
y vosotros quisisteis despojarme de mi dignidad, arrebatarme el derecho sobre mis pasos, escribirme enferma, escribirme incapaz, poner vuestras grasientas manos, en mi camino de la noche y quitar las mías llenándolas de esposas y de drogas farmacéuticas hasta sentir mi pensamiento blanco como la nada
quisisteis aún después, por la fuerza, borrar mi voz, mi capacidad de decisión, mi vida,  encrucijarla a un virus
mi derecho como humana
encerrada en vuestra prisión desposeída en vuestra medicina, cada vez más de la cordura
porque para la cordura, lo primero es la libertad
y mi odio, el que vuestras correas multiplicaban
mis gritos que vuestro hospital hacía cada vez más agudos e insoportables
mi rabia y desprecio por todos vosotros
fue lo que me libró de la locura
mi unión con mi sombra, con mi carne, con mi útero
y no con las farmacéuticas o manual para ser feliz, de un puto psiquiatra, ajeno a mi yo.

La Fábula de Yelensky (Matthew Hart)

Matthew Hart

La Fábula de Yelensky

La Fábula de Yelensky - Un recorrido por la Cruz Negra Anarquista - copia

Introducción Editorial

Este ensayo de Matthew Hart no es un trabajo profundo ni tampoco pretende serlo pues su objetivo es hacer un recorrido general por la historia de la Cruz Negra Anarquista, lo cual lo transforma en uno de los pocos documentos dedicados exclusivamente al tema. En todo caso, dada la falta de registros y testimonios sería difícil trazar una historia completa de la Cruz Negra Anarquista en su calidad de organización informal global y descentralizada con presencia local en distintas regiones del mundo.
Como bien insiste en mencionar el autor, incluso nada más comenzar su artículo, la Cruz Negra Anarquista está rodeada de mitos y leyendas. Esto no es algo exclusivo de esta informal organización, ya que de manera repetida parecemos caer en la torpe idealización de ciertos eventos históricos o grupos importantes que tenemos como referentes. Esta necia manera de aproximarnos a la historia nos priva de aprender de los errores, condenándonos al estancamiento de las ideas y las tácticas que las llevan a la práctica.
En un punto aparte, es necesario señalar que dada la cercanía del autor (o quizás la formal integración) a la Federación de la Cruz Negra Anarquista, éste da una visión quizás demasiado favorable de la misma al cerrar el ensayo. Hay que aclarar que la Federación de la Cruz Negra Anarquista es el resultado de la fusión de diversos colectivos de la Cruz Negra Anarquista en Estados Unidos durante los ‘90, y cuenta con una estructura conformada por comités, concejos, delegados, etc. Esto parece haber incidido en la separación de ciertos grupos de la Federación, así como la formación de colectivos paralelos a la misma con métodos de trabajo y formas de colaboración más informales, pero lamentablemente estos grupos no han perdurado en el tiempo.
De todas maneras, este ensayo trata sobre la Cruz Negra Anarquista como organización histórica, y como tal su traducción al español parecía una necesidad y un aporte a los testimonios de la lucha anticarcelaria. Como ya es costumbre de esta editorial se ha complementado el texto con notas al pie de página adicionales a las bibliográficas del autor. El texto ha sido liberado en diversas plataformas para una máxima circulación, pero lo recaudado en la venta de los ejemplares físicos de este ensayo va en directo beneficio de prisioneros y prisioneras anarquistas de la región chilena. Para adquirir una copia puedes contactarte con la editorial a través de su blog: http://www.autistici.org/difusionclaustrofobia
Difusión Claustrofobia, Abril, 2015

La Fábula de Yelensky

Por casi un siglo, los anarquistas se han unido bajo el estandarte de la Cruz Negra Anarquista con la única intención de apoyar a los compañeros encarcelados por su compromiso con la revolución y las ideas del anarquismo. ¿Quién iba a sospechar que un puñado de hombres que proveían de botas, sábanas y ropas a deportados en Bialystok serían los exiguos orígenes de una organización que se ha esparcido a través del globo?[1]
Recientemente se han hecho declaraciones refiriéndose a la historia de la Cruz Negra Anarquista como mero folclor. Si bien admito que la historia de esta organización parece esquiva en la superficie, una investigación más profunda de su historia deja al descubierto abundante información alejada del folclor y los cuentos de hadas. Este artículo es sólo un pequeño pedazo de la historia que ha sido descubierta en tan sólo un par de años de investigación.
Cientos de páginas llenas de hechos en relación a la historia de la organización están siendo reunidas en estos momentos por miembros de La Rama de Los Angeles de la Federación de la Cruz Negra Anarquista con la esperanza de algún día imprimir esta información en libros, panfletos, etc. Presentamos esta información con la esperanza de traer unidad y conocimiento dentro de las filas de quienes pelean para apoyar los prisioneros políticos alrededor del mundo.
La Cruz Negra Anarquista se remonta a principios del último siglo durante los tiempos políticamente turbulentos de la Rusia Zarista. Dado el cruel y aristocrático dominio del zar durante los últimos años del siglo XIX, muchos rusos comenzaron a buscar las respuestas más allá de lo que las instituciones políticas del momento podían entregar al pueblo ruso. Esta búsqueda llevó mucha gente a encontrar las respuestas en las ideas socialistas y anarquistas que estaban siendo introducidas por revolucionarios europeos occidentales.
Las palabras de Karl Marx y Mijaíl Bakunin crearon una conmoción masiva en el alma del pueblo ruso y su deseo por la libertad lleva a muchos de ellos a rebelarse contra las condiciones de trabajo duro y servidumbre que definían su misma existencia. Con el surgimiento de la oposición política al zar, muchos anarquistas, socialistas y revolucionarios pagaron su deseo de la libertad con el encarcelamiento, exilio o muerte. Las condiciones en las prisiones eran insoportables y los encarcelados por razones políticas se enfrentaron a un tratamiento cruel considerable.[2]
Se formó una organización de ayuda a los prisioneros llamada Cruz Roja Política para apoyar a los presos políticos retenidos en las cárceles zaristas o campos de trabajo. Esta organización no sólo prestaba ayuda a los prisioneros, sino que en muchas ocasiones asistió en las fugas planificadas desde prisiones o lugares de exilio. El gran pensador anarquista, Piotr Kropotkin fue uno de los muchos prisioneros políticos que debió su libertad a miembros de esta organización.[3]
Aunque estas organizaciones no eran, en teoría, partidistas, no pasó mucho tiempo antes que los socialdemócratas (seguidores de Karl Marx) tomaron el control de la organización. La ayuda a prisioneros anarquistas, así como a otros prisioneros políticos no asociados al partido socialdemócrata, pronto comenzó a decaer.
Los anarquistas fuera de las prisiones ignoraban que los fondos donados a la Cruz Roja Política no estaban llegando a sus compañeros encarcelados. Cuando supieron de estos hechos se enfurecieron por el divisionismo de los socialdemócratas.[4]Para los anarquistas se hizo evidente que la única manera de que sus compañeros recibieran la ayuda que necesitaban, era que la comunidad anarquista creara su propia organización de ayuda, y la Cruz Roja Anarquista (CRA) fue formada.
La fecha exacta de la creación de la Cruz Roja Anarquista es incierta, pero gracias a datos recientes que han surgido, hemos podido ser capaces de reducir el período de tiempo a unos cuantos meses. Además, es importante hacer notar que hay dos fechas de importancia: la fecha de las primeras actividades de la Cruz Roja Anarquista y la creación de la CRA como una organización internacional. Ambas fechas han sido mencionadas por distintas personas como la fecha en que la organización dio inicio. Es por esta razón que ha sido complicado fijar un margen de tiempo.
De acuerdo a Rudolf Rocker, alguna vez secretario y tesorero para la Cruz Roja Anarquista,[5] la organización se formó en el lapso de 1900 a 1905. Según sus dichos, la organización se produjo durante una reunión en Londres con Vera Figner, quien era la tesorera de los presos políticos del Partido de los Socialistas Revolucionarios .[6]
Investigaciones recientes han descubierto que esta reunión probablemente tuvo lugar en el verano de 1907. De acuerdo alLondon Times de agosto de ese año, el Partido Social Revolucionario Ruso tuvo una conferencia en Londres, en la cual es sabido que Figner fue una de los asistentes. De acuerdo a otras fuentes, la CRA de Londres, así como la división de Nueva York, comenzaron en 1907, lo cual coincidiría con ese margen de tiempo.
Si bien aún queda por establecer la fecha exacta de la reunión de Vera Figner en Londres, son sabidos algunos sucesos de aquella reunión. Un hecho importante es que todos los asistentes acordaron que esta nueva organización de ayuda a los prisioneros iba a apoyar tanto a anarquistas como a socialistas-revolucionarios en prisión y en exilio, dondequiera que estuvieran, dado que ambos habían sido excluidos de la Cruz Roja Política.[7] Se rehusaron a cometer el mismo error en que habían incurrido los socialdemócratas al excluir a otros que no compartían el mismo pensamiento político. Mientras los prisioneros fueran revolucionarios sociales tenían que ser apoyados.
A pesar del testimonio de Rocker que señalaba que la reunión de Figner fue el nacimiento de la CRA, testimonios anteriores dan cuenta de un inicio previo. Según Harry Weinstein, considerado el padre de la Cruz Roja Anarquista, él y un amigo, B. Yelin, comenzaron la CRA en Bialystok después de ser liberados en algún momento de agosto de 1906. Información adicional provista por Weinstein, indica que la creación de la organización en Rusia debe haber sido más tarde ese mismo año.
Lo que sí sabemos es que la organización tuvo grupos en Kiev, Odessa, Bialystok y otras ciudades a finales de 1906. En los juicios de revolucionarios de 1906-1907 al menos seis miembros de la organización fueron procesados y condenados por su participación en la Revolución de 1905. Algunos integrantes de la organización y otros revolucionarios huyeron del país con el miedo de subsecuentes arrestos masivos y persecuciones. Muchos de los que lograron escapar fueron los primeros en iniciar divisiones de la Cruz Roja Anarquista en otros países.
La reunión de Figner debiera ser considerada el principio de la CRA internacional. Ayudó a establecer la primera división fuera de Rusia. Este grupo se convirtió en la división principal mientras otras divisiones surgieron a través de los años. La organización recaudó fondos de otras divisiones repartidas por Europa y los envió a los prisioneros políticos en Rusia. Entre los integrantes de la división de Londres se contaba a Piotr Kropotkin, Alexander Shapiro, V. Cherkezov y Rudolf Rocker. Al año siguiente, se inició la primera división en Nueva York y pronto surgieron otros grupos con divisiones en distintas ciudades incluyendo Chicago, Filadelfia, Brownsville, Detroit y Baltimore.[8]

Propaganda por el hecho

Es importante entender que aunque estos hombres y mujeres habían huido desde Rusia, su dedicación contra la injusticia se sostenía tan fuerte como siempre. Los miembros de la Cruz Roja Anarquista llevaron consigo la pasión del ideal anarquista así como su convicción en la “propaganda por el hecho”.
El 27 de enero de 1914, un miembro de la división de Chicago de la Cruz Roja Anarquista, Morris Bernstein, fue arrestado tras ser acusado de incitar al disturbio en una protesta por la cesantía. Poco después de la detención, el capitán James Storen de la policía de Chicago recibió una carta anónima escrita en tinta roja y adornada con calaveras y cruces de huesos. Amenazaba que la estación de policía estallaría si Bernstein y otros detenidos no eran liberados.
Más tarde ese día, Harry Fishman, a quien apuntaba la protesta por cesantía, descubrió una calavera y cruz de huesos dibujada en tiza roja en el frente de su casa, junto con una amenaza contra el empleador y su familia. Estos incidentes fueron atribuidos a la Cruz Roja Anarquista.
Posteriormente en ese año, en respuesta a la complicidad de John D. Rockefeller en la masacre de los trabajadores en huelga y sus familias en Ludlow, Colorado, miembros de la sección letona de la Cruz Roja Anarquista y otros comenzaron a concebir un plan para asesinar a J.D. Rockefeller.[9]
Lamentablemente, en la mañana del asesinato planificado los futuros asesinos se estaban preparando para llevar a cabo su plan cuando la bomba que iría dirigida al industrialista, detonó en el departamento donde los anarquistas estaban alojando, matando a los miembros de la CRA Charles Berg, Carl Hanson, y dos individuos más. La explosión roció la calle con escombros y partes corporales. Docenas de personas resultaron heridas y la represión tras el incidente aumentó intensamente. Este incidente se hizo conocido como “el bombazo de la avenida Lexington”. Otras personas no asociadas con la organización estuvieron envueltas pero es sabido que al menos otra integrante de la Cruz Roja Anarquista, Louise Berger, estaba al margen del complot. Afortunadamente Berger abandonó el edificio minutos antes y consiguió salir ilesa (menos de una década después perdería la vida por una enfermedad en Rusia[10]).

La Revolución Rusa y la constante represión

Con el estallido de la Revolución Rusa de 1917, la Cruz Roja Anarquista en los Estados Unidos se disolvió tras recibir noticias de que todos prisioneros políticos fueron liberados de las cárceles rusas. Muchos integrantes de la CRA viajaron a ayudar a la revolución en Rusia, donde fueron recibidos cálidamente por los prisioneros políticos que en algún momento habían apoyado. Pero más temprano que tarde Rusia volvería a tener prisioneros políticos, esta vez arrestados por el gobierno bolchevique.[11]Con el ascenso de una nueva dictadura en Rusia la CRA se vio en la obligación de reorganizarse en 1919 (conocida en este momento como la Cruz Negra Anarquista). La organización cambió su nombre para evitar la confusión entre ellos, la Cruz Roja Internacional y la Cruz Roja Política.[12] En Ucrania, la Cruz Negra fue organizada como unidades defensivas bajo el ejército de Makhno. El propósito de las unidades era proteger ciudades y aldeanos, y organizar la resistencia contra los pogromos[13]dirigidas por los cosacos, guardias blancos, o el ejército rojo. Muchos de los integrantes de esas unidades fueron miembros de la Confederación Nabat[14] en Ucrania o habían estado participando previamente en la Cruz Roja Anarquista en los Estados Unidos.[15]
Debido a sus actividades, los miembros de la Cruz Negra Anarquista experimentaron acoso constante por parte del gobierno bolchevique, incluyendo el decomiso de diversas especies que estaban siendo embarcados a diversos reclusos políticos, creando leyes contra la organización en consecuencia ilegalizando sus actividades, y asesinando a activistas de la CNA. Para 1924-1925, la organización en Rusia fue prácticamente destruida. Diversos miembros de la organización como Lea Gutman, Helana Ganshina y Aaron Baron, fueron arrestados y luego asesinados por el gobierno bolchevique. Otros fueron detenidos pero dadas las campañas internacionales llevadas a cabo por anarquistas en el extranjero, el gobierno comunista fue forzado a liberarlos.[16]
Al menos dos miembros de la CNA en realidad se convirtieron al bolchevismo, sólo para terminar con sus vidas destruidas durante las purgas estalinistas.[17]
Muchos de los individuos que lograron escapar o que fueron liberados de las cárceles bolcheviques se reunieron en Berlín donde reorganizaron la CNA. La organización continuó ahí sus actividades por algunos años antes de moverse a Holanda y después a París. En Estados Unidos nuevamente emergieron secciones para apoyar a los compañeros que aún quedaban tras las rejas rusas, pero para 1936 el contacto con los compañeros en las prisiones rusas comenzó a decaer, y ya para 1940 todo el contacto con los prisioneros en Rusia cesó. Más tarde se sabría que la mayoría, si es que no todos los presos políticos anarquistas fueron asesinados en las purgas estalinistas.

Segunda Guerra Mundial

Para este momento, la Guerra Civil Española y luego la Segunda Guerra Mundial estallaron en Europa, y la organización cambió a un enfoque más internacional. La CNA trabajó diligentemente para ayudar a los compañeros anarquistas que huían de la persecución fascista así como apoyaban a los arrestados en los movimientos de resistencia a través de Europa.
La mayoría de los miembros de la CNA en ese entonces eran judíos rusos, por lo que para estas personas ser atrapado en Europa significaba casi una muerte segura. Una vez más, los socialdemócratas lideraron pésimamente organizaciones importantes que significaban la mismísima sobrevivencia de muchos anarquistas. Esta vez fue el Comité de Trabajo Judío, el cual ayudó a los refugiados judíos para escapar de Hitler y Europa. La negación de los socialdemócratas en asistir a la CNA para ayudar a sus compañeros a escapar causó la muerte de cientos de judíos anarquistas en los campos de concentración nazi.
Hacia 1939, la mayoría de las divisiones en los Estados Unidos y Europa fueron sobrepasadas por la cantidad de ayuda necesitada para los prisioneros anarquistas, y muchos han señalado este período como el cual en el que la organización se replegó. Bajo el nombre de la “Cruz Negra Anarquista” esto es cierto, pero la organización continuó funcionando bajo distintos nombres por casi dos décadas (el Comité Conjunto por la Defensa de los Revolucionarios Encarcelados en Rusia, la Sociedad de Ayuda a los Prisioneros Anarquistas en Rusia, el Fondo de Asistencia de la Asociación Internacional de Trabajadores, el Fondo de Asistencia de Chicago y el Fondo de Asistencia de Alexander Berkman). Todas estas organizaciones mencionadas fueron reconocidas como grupos que continuaban el trabajo de la Cruz Negra Anarquista por sus miembros y aquellos individuos a quienes apoyaban.[18]
A finales de la guerra, sólo unos cuantos grupos continuaban activamente trabajando en solidaridad con los prisioneros. El Fondo de Asistencia de Berkman, uno de los pocos grupos habilitados para organizar serias operaciones de ayuda, fue capaz de reorganizar la división de París desde la cual fueron enviados paquetes CARE[19] a anarquistas en urgente necesidad de fondos y apoyo. Este trabajo siguió su marcha por muchos años pero debido la falta de respaldo necesario para mantener su labor, el grupo no logró continuar sus actividades después de 1958.[20]

La Segunda Ola

En 1967, la organización resurgió en Inglaterra donde en un principio trabajó para ayudar a prisioneros de la resistencia española. La CNA de Londres comenzó a promocionar el concepto de Cruz Negra y durante la Conferencia Anarquista Internacional en Carrara su llamado a una Cruz Negra Anarquista Internacional fue respondida. Otras divisiones emergieron por Europa, Estados Unidos y Australia. Grupos como las divisiones en Australia y Londres, fueron organizadas por o tenían membresía que era parte de la resistencia española en algún momento.[21]
Pero el éxito inicial de la organización también tuvo grandes pérdidas. La organización fue testigo de cómo la policía detuvo, procesó, e incluso asesinó a miembros de la CNA. Stuart Christie, uno de los fundadores de la división de Londres fue arrestado en numerosas oportunidades, incluyendo un caso en el que fue encarcelado por más de un año tras ser acusado de haber estado implicado en la Angry Brigade, un grupo clandestino activo en el Reino Unido en los años ‘70. Al final fue declarado inocente de todos los cargos y dejado en libertad.[22]
El 12 diciembre de 1969, Guiseppe Pinelli, miembro de la división de Milán de la CNA, fue arrestado en el marco de diversos atentados explosivos en Italia. Esta no fue la primera vez que la policía intentó culpar a Pinelli u otros miembros de la CNA de Milán de poner bombas. Pinelli fue interrogado y hostigado por la policía durante tres días. Al tercer día, el 15 de diciembre minutos antes de medianoche, Pinelli fue arrojado del cuarto piso de la comisaría en la cual había sido herido fatalmente. Las autoridades aseguraron que Pinelli había admitido las acusaciones antes de saltar a través de la ventana hacia su muerte.[23]Pinelli, y otro anarquista llamado Valpreda, fueron acusados de la colocación de bombas a pesar de que el periódico londinenseThe Observer había aportado evidencias indicando que la repentina seguidilla de atentados explosivos en Italia era el trabajo de neofascistas. Más tarde se sabría que estos atentados eran parte de un complot fascista, apoyado por la CIA y la OTAN, conocida como “la estrategia de la tensión”.[24] El plan era plantar bombas y culpar a “la izquierda” causando tal demanda por orden y control, que los fascistas serían capaces de llegar fácilmente al poder. Pinelli fue puesto en la mira debido a que era un anarquista bastante conocido y era sabido que antes de su muerte estaba involucrado en el proceso de una investigación respecto a las acusaciones de un golpe de estado fascista planeado en Italia. La Cruz Negra Anarquista en Milán de ese entonces fue infiltrada por neofascistas, y por su parte a la policía, quienes eran parte del complot, se les hizo evidente que Pinelli podría estar al tanto de quienes eran los infiltrados, así como del complot en su contra. Era necesario matar a Pinelli para asegurar la integridad del complot.[25]
El 4 de diciembre de 1971, Georg von Rauch, secretario de la Cruz Anarquista en Alemania, fue detenido por la policía mientras manejaba su vehículo. Durante el incidente, von Rauch y un oficial de policía abrieron fuego entre ellos resultando von Rauch un tiro muerto al instante por un disparo.[26] Varios meses después, la policía de Augsburg acorraló a dos conocidos radicales. Durante la detención, uno de los oficiales de “gatillo fácil” disparó a Thomas Weissbecker, quien murió al instante. Weissbecker también había sido miembro de la Cruz Negra Anarquista en Alemania, y tanto Weissbecker como von Rauch habían sido vinculados al Movimiento 2 de Junio, uno de los grupos de guerrilla urbana izquierdista más destacado de los ‘70. Ambos habían formado parte del movimiento contracultural y la izquierda revolucionaria y formaron parte de varios grupos clandestinos antes de ser asesinados, incluyendo los Rebeldes Hashísh.[27] Ambos vivieron vidas muy cortas, y su participación en el movimiento se puede describir como corta pero intensa.[28]
A finales de los ‘70, miembros de la Cruz Negra Anarquista en Huddersfield fueron procesados en lo que se conoció en el Reino Unido como “el Juicio de la Gente Desconocida”. Otro miembro de la CNA en el Reino Unido, Phil Ruff, quien estuvo en prisión por robo a mano armada, fue acusado de instigar disturbios durante la Revuelta de la Cárcel de Gartree en 1978. Stuart Christie, ya mencionado, continuó siendo el “enemigo público #1” en Londres y España durante el resto de la década y fue objeto constante de acoso policial.[29]
A mediados de los ‘70, los miembros de la Cruz Negra Anarquista de Irlanda, Noel y Marie Murray, fueron parte de diversas acciones armadas en Dublín. En septiembre de 1975, durante un asalto a la sucursal del Banco de Irlanda en Killester, Marie Murray disparó y mató a un policía que intentó intervenir estando fuera de servicio. Aparentemente, el policía estaba sentado con su esposa e hijo en un automóvil estacionado afuera de la sucursal cuando los anarquistas salieron corriendo del banco con 7.000 libras. El policía salió tras los anarquistas y fue disparado en el proceso. Ambos fueron sentenciados a muerte pero luego fueron indultados.[30]

La Ola Actual

En 1979, Lorenzo Kom’boa Ervin, un prisionero político anarquista en los EE.UU editó una “Propuesta en Borrador para una Red de la CNA” con la esperanza de que pudiera construir un movimiento para ayudar a prisioneros políticos anarquistas. Él creía que la CNA debiera ser un movimiento masivo y unido en vez de colectivos individuales. Esta propuesta de Ervin influenció bastante el crecimiento de la Cruz Negra Anarquista en los ‘80 y ‘90. A pesar de que el llamado de Ervin para una Red de CNA, este tipo de organización nunca emergió desde los grupos de la CNA durante los ‘80. Pero para 1989, el movimiento en la comunidad de la CNA comenzó a establecer la “Red de Respuesta a Emergencias” (RRE). Esto se organizó para responder a las incursiones políticas, represiones, sentencias a muerte, huelgas de hambre, tortura o asesinato de miembros o de comunidades con las que los grupos de la CNA habían trabajado. Una movilización de la RRE significaba que grupos de la CNA y otros alrededor del mundo pudieran enviar telegramas o hacer llamadas telefónicas, organizar marchas u otras acciones a menos de 48 horas desde que la red había sido alertada. Lamentablemente no se hizo mucho en este ámbito y la Red de Respuesta a Emergencias desapareció.
A principios de los ‘90, aunque todavía algunos grupos de la CNA mantenían un trabajo sólido de apoyo, el concepto de frente unido de la CNA nunca se materializó. Los grupos de la CNA parecen trabajar en diversas áreas y había pocos focos comunes o unidad. Esto se tradujo en un pobre sistema de apoyo para cualquier prisionero político que se encontrase en los sistemas carcelarios. En 1994, se realizó una conferencia de organizaciones de la Cruz Negra Anarquista para discutir asuntos respecto al apoyo a prisioneros políticos, y una vez más se levantó la RRE.
Un año después, cuatro grupos de la CNA se unieron para formar la Federación de la Cruz Negra Anarquista (Nueva Jersey, Bronx, Washington DC y Brew City). Pronto otros grupos entrarían en el esquema, pero menos de un año después problemas en la dirección y objetivos de la federación causarían una escisión en la organización. Aquellos que abandonaron la FCNA pronto crearían la CCNA (Confederación de la Cruz Negra Anarquista), pero esta organización no duraría más de un par de años. La FCNA en tanto ha continuado en marcha llegando a su séptimo año y con planes de continuar por muchos años más. Otras redes emergieron como la red Derribar las Paredes la cual fue muy exitosa por algunos años pero que parece haber desaparecido alrededor de 1998-1999. Retazos de ella aún pueden verse en Derribar las Paredes en Seattle, Washington. Redes en Europa como la de Polonia, han emergido recientemente en los últimos años y parecen tener un buen futuro. E incluso una más reciente creación ha sido la Red de la Cruz Negra Anarquista desde Texas y otros pocos lugares esporádicos.
Y así, como podemos ver, la historia de esta organización está alejada de ser un mito, folclor o cuento de hadas. La historia es fácilmente revelada si uno tiene la paciencia y el deseo de buscar esa información. Como dije anteriormente, este es solo un pequeño trozo de la historia que ha sido descubierta por solo un puñado de personas. Estamos seguros que si más personas comienzan la búsqueda, más información será encontrada. Más información será puesta a disposición por nuestro grupo respecto a la historia de la CNA. La ayuda y asistencia de quienes estén interesados en el pasado de la CNA serán bienvenidas.
En cuanto al título de este artículo, Boris Yelensky fue un hombre que por cinco décadas dedicó su vida a los prisioneros políticos alrededor del mundo. Luchó incansablemente por sus compañeros caídos y es un hombre que no debiera perderse entre las páginas de la historia. Tampoco es un hombre cuyo trabajo debiera ser olvidado o desacreditado como mito o folclor. Debiera ser recordado y respetado como uno que llegó antes que nosotros; uno que pavimentó el camino.
Boris Yelensky una vez escribió, “El trabajo no es hecho por la gloria, sino porque creemos en el Apoyo Mutuo”. Debemos tomarnos estas palabras en serio y continuar nuestro trabajo con ese espíritu. Lamentablemente, también muchos ven el trabajo de manera competitiva y absolutista. Dejamos que nuestros egos y orgullo estorben el apoyo concreto y sólido para aquellos que han sacrificado tanto.
Siempre recordamos las palabras de Ojore Lutalo (prisionero político anarquista de Nueva África[31] actualmente encerrado en la prisión estatal de Trenton) cuando escribió, “Todo movimiento que no apoya a sus reclusos políticos es un movimiento vergonzoso”. Es por estas razones que tenemos que seguir apoyando todos los prisioneros políticos. ¡Liberen a todos los prisioneros políticos!
[1] Yelensky, Boris. The Struggle For Equality (La Lucha por la Igualdad). pg 22.
[2] Voline. The Unknown Revolution (La Revolución Desconocida). pg 27-31.
[3] Broido, Vera. Apostles Into Terrorists (Apóstoles a Terroristas). pg 96.
[4] Freie Arbeiter Stimme (La Voz Libre del Trabajo). 10 de febrero, 1956.
[5] A este respecto no se ha podido encontrar otra fuenta que lo corrobore. Si alguien tiene información respecto a este supuesto rol de Rudolf Rocker se agradecería enviarlo al correo de la editorial (nota del traductor).
[6] Yelensky, Boris. The Struggle For Equality (La Lucha por la Igualdad). pg 20.
[7] Yelensky, Boris. The Struggle For Equality (La Lucha por la Igualdad). pg 20.
[8] Carta de P. Avrich a Matthew Hart.
[9] Zinn, Howard. A People’s History Of The United States 1492-Present (Un Historia del Pueblo de los EE.UU 1492-Presente). pg 346-347.
[10] Goldman, Emma. Living My Life (Viviendo mi Vida). pg 533.
[11] Carta de P. Avrich a Matthew Hart.
[12] Avrich, P. The Russian Anarchist (El Anarquista Ruso). pg 136-137.
[13] Pogromo es un término de origen ruso que originalmente se refería a las masacres de grupos judíos en el imperio ruso durante los siglos XIX y XX, pero que actualmente es usado para denominar diversas purgas contra grupos religiosos o étnicos. No está demás mencionar que a pesar de lo señalado por este ensayo, el ejército de Makhno también fue acusado de realizar pogromos contra los pueblos judíos de Ucrania, aunque estas acusaciones nunca fueron comprobadas ni tomadas en serio (nota del traductor).
[14] La Confederación Nabat era una organización anarquista ucrania activa entre los años 1918 y 1920. Formada en gran parte por anarquistas rusos que huyeron a Ucrania perseguidos por los bolcheviques, la Nabat llegó a su fin poco después cuando la Unión Soviética tomó el control del país persiguiendo a toda disidencia política, incluyendo a los anarquistas (nota del traductor).
[15] Boletín de la Cruz Negra Anarquista, Londres. Julio, 1967.
[16] Boletín de la Cruz Negra Anarquista, Nueva York. 1924.
[17] Yelensky, B. Twentieth Anniversary Alexander Berkman Aid Fund of the International Workingmen Association (Vigésimo Aniversario del Fondo de Asistencia de Alexander Berkman de la Asociación Internacional de Trabajadores). pg 7.
[18] Carta de P. Avrich a Matthew Hart.
[19] Este nombre tiene su origen en los paquetes CARE (acrónimo de Cooperative for Assistance and Relief Everywhere), y si bien es una marca registrada, hoy en día se ha adoptado como palabra de uso cotidiano para referirse a paquetes de ayuda (nota del traductor).
[20] Yelensky, B. Twentieth Anniversary Alexander Berkman Aid Fund of the International Workingmen Association (Vigésimo Aniversario del Fondo de Asistencia de Alexander Berkman de la Asociación Internacional de Trabajadores). pg 7.
[21] Boletín de la Cruz Negra Anarquista. Julio, 1967.
[22] Boletín de la Cruz Negra Anarquista No. 2, Cruz Negra Anarquista de Chicago. Septiembre-octubre 1972.
[23] New York Times. 12 de diciembre, 1969
[24] La “estrategia de la tensión” (del italiano strategia della tensione) es una teoría que habla de la cooperación durante los años ‘70 entre los gobiernos de EE.UU, Italia y Grecia para manipular la opinión pública a través de operativos de desinformación, agentes provocadores, atentados de bandera falsa, etc. con el fin de desacreditar los movimientos comunistas (y en menor medida anarquistas) que estaban surgiendo en Italia y Turquía (nota del traductor).
[25] Christie, Stuart. Stefano Delle Chiaie: Portrait Of A Black Terrorist (Stefano Delle Chiaie: Retrato de un Terrorista Negro). pg 63-64.
[26] Baumann, Bommi. How It All began (Como Todo Comenzó). pg 93-103.
[27] El Comité Central de los Rebeldes Hashís Errantes (Zentralrat der umherschweifenden Haschrebellen) fue un grupo alemán responsable de diversos atentados incendiarios y explosivos a finales de los ‘60 en Berlín Occidental (nota del traductor).
[28] Tom Vague, The Red Army Faction 1963-1993 (La Facción del Ejército Rojo 1963-1993). pg 42-43.
[29] Black Flag: Organ Of The Anarchist Black Flag (Bandera Negra: Órgano de la Bandera Negra Anarquista). Volumen 5, Número 7, 1978.
[30] Times. December 21, 1979.
[31] La República de Nueva África fue un movimiento social que proponía la creación de un estado independiente para una población mayoritariamente negra en el sureste de los EE.UU (nota del traductor).

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