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“Pagamos un precio de mil años de cárcel, pero conseguimos que casi nadie quisiera hacer la mili”

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“Pagamos un precio de mil años de cárcel, pero conseguimos que casi nadie quisiera hacer la mili”

Texto: Ter García / Foto y vídeo: Álvaro Minguito
Los tres años y dos meses que Pepe Beunza pasó en la cárcel fueron el punto de inicio de una de las campañas de desobediencia civil más exitosas del Estado español: la objeción de conciencia e insumisión al servicio militar obligatorio. Era 1971. Treinta años después, el Gobierno español daba por fin su brazo a torcer eliminando la mili. Hablamos con Pepe Beunza.


¿Cómo empezaste a interesarte por la no violencia y por la objeción de conciencia?
Yo vivía en Valencia y estudiaba ingeniería agrícola. Siempre me había gustado la naturaleza, había sido boy scout y había ido mucho por la montaña. También era una persona inquieta por los problemas sociales. Tenía una formación cristiana, mi familia era católica y había ido a un colegio religioso. Y aunque me habían enseñado cosas que eran muy negativas, había aprendido que la vida, si no te dedicabas un poco a ayudar a los demás, no tenía sentido. A los 18 años estuve de voluntario en una leprosería, también participé en campañas de alfabetización en los suburbios de Valencia.

Tenía una cierta tendencia a preocuparme por los problemas de los demás y al entrar en la universidad en 1965-1966 –cuando empezaba a haber un movimiento fuerte contra el sindicato fascista, contra el franquismo y a favor de la democracia y la libertad– empecé a interesarme por estos temas y a ir a las asambleas. Poco a poco me fui politizando, fui a manifestaciones, la policía me pegó, participé en algunas encerronas y, más o menos, me incorporé a lo que sería la lucha por la democracia.

Entonces, un verano un amigo mío me cuenta que había ido a Francia a una comunidad pacifista que se llamaba El Arca que había fundado Lanza del Vasto y me dije que eso también lo tenía que ver yo.

Íbamos contra corriente, pero también presentamos una forma de lucha que abría otro camino


El verano siguiente cogí la mochila y me fui a esta comunidad en autostop, que era como viajábamos porque no teníamos mucho dinero. Lanza del Vasto era un personaje con muchas facetas, muy culto, que había estado en la India y había vivido con Gandhi, quien le había encargado que predicara y difundiera la no violencia en Europa.

1970. Utrech. Viaje a holanda preparando la camp
1970. Utrech. Viaje a Holanda preparando la campaña de apoyo internacional. Archivo Pepe Beunza.

Yo llegué a esta comunidad, en la que practicaban la agricultura ecológica –de la que no había oído hablar nunca–, hacían yoga, eran vegetarianos… Eran sesiones que duraban una semana. Dormíamos en un pajar y comíamos comida vegetariana. Eran condiciones muy austeras, pero con un ambiente muy agradable y acogedor. Para mí en aquella época éstas eran unas ideas que me eran totalmente nuevas, aquí nadie sabía lo que eran y para mi fue una revelación. Practicaban la no violencia y hacían objeción de conciencia.

Tenía 19 o 20 años y había vivido con el pensamiento único de la dictadura franquista, con mucha inquietud pero sin la posibilidad de aprender más cosas, y llegar a Francia fue una explosión. Y de todas aquellas ideas, la que más me implicaba era la objeción de conciencia porque, claro, yo tenía que hacer la mili. Me dijeron que fuera a ver a unos objetores que había en los Pirineos franceses. Fui a verles y me encontré con unos jóvenes que, en vez de hacer la mili, se dedican a ayudar a la gente: en las cosechas, a hacer instancias, les acompañaban al médico… Hacían lo que llamaríamos animación rural. A mi me pareció algo fantástico.

Cuando volví a Valencia empecé a explicar estas ideas y un grupo de amigos empezamos a trabajar, pero nos encontramos un ambiente en el que la izquierda era militarista: los del PCE tenían exaltación por el ejército rojo de Moscú, decían que había que ir a la mili para evitar que hubiera un golpe de Estado, las otras izquierdas decían que había que ir a la mili para aprender la lucha armada porque ésta era la solución contra el franquismo, y nosotros estábamos empezando a hablar de la no violencia.


Eran los años 70, y en esa época empezaba a cobrar fuerza la no violencia en otros países. Martin Luther King, la guerra de Vietnam, los hippies, la película Hair… ¿Ayudó este ambiente fuera de las fronteras a potenciar el concepto de la no violencia?
Sí, era la época en la que estaba la lucha de Luther King en Estados Unidos y también la época de la guerra de Vietnam, y todo el movimiento que nació contra ella. Se juntaron una serie de procesos y de situaciones que eran muy ricas. Pero en España esto se vivió mucho menos, porque los grupos politizados no estaban por este tema. Estaban contra la guerra de Vietnam, contra el imperialismo, pero a favor de los ejércitos que se llamaban revolucionarios. Y ésa era la dificultad. Teníamos puntos en común y por eso podíamos trabajar juntos en algunas cosas, pero la mitificación del ejército rojo soviético era absoluta en el Partido Comunista, que era el que predominaba en la lucha antifascista.

Nosotros siempre íbamos con la denuncia de los gastos militares, de los abusos militares y de que había que negarse a hacer la mili. Íbamos contra corriente, pero también presentamos una forma de lucha que abría otro camino. No fue fácil, pero teníamos buena relación. La nuestra fue una lucha muy en solitario. También nos encontrábamos con objetores políticos en Francia que decían “yo en Francia no haré la mili porque éste es un ejército imperialista capitalista, pero en Cuba sí que la haría”, y nosotros teníamos claro que todos los ejércitos son una amenaza para la supervivencia de la humanidad y que ningún ejército defiende la justicia ni la paz.

En aquella época no era fácil explicar todo esto. Era una época muy dogmática, y nosotros intentábamos abrir otro camino. Lo teníamos muy claro. Yo en esa época viajaba mucho al extranjero. Aparte del Arca, fueron los objetores franceses que se habían jugado la vida para no luchar en la guerra de Argelia los que me abrieron más el camino. Ellos se negaron en Francia a ir a esa guerra y denunciaron la tortura. Todos fueron a la cárcel. Fueron gente muy radical y muy valiente, y son los que más me animaron a tomar la decisión.

Y entonces decidiste ser el primer objetor de conciencia por motivos políticos.

Claro. Yo pensé que nuestro fallo era que hasta entonces no habíamos podido defender a ningún objetor no violento porque los únicos que había en España eran los testigos de Jehová. Había 150 testigos de Jehová en la cárcel en esos momentos. Fuimos a hablar con ellos pero nos dijeron que no, que ellos esperaban a que Jehová viniera con el fin del mundo, que llamaban el Armagedón, y que entonces ya conseguirían la libertad. Nos dijimos: “Nosotros lo tenemos mal, pero éstos lo tienen mucho peor”. Teníamos que buscar una estrategia diferente y totalmente separada para que no nos confundieran.

Pensé que el problema es que faltaba un objetor de conciencia que pudiera responder a nuestras ideas de antimilitarismo y, después de pensarlo mucho, decidí hacer objeción de conciencia.

Había 150 testigos de Jehová en la cárcel en esos momentos. Fuimos a hablar con ellos pero nos dijeron que no, que ellos esperaban a que Jehová viniera con el fin del mundo


Durante dos años estuve preparando una campaña de apoyo, primero dando a conocer la objeción de conciencia, porque era un tema muy desconocido, y después animando a gente para que, cuando entrara en la cárcel, pudiera hacer difusión y campaña de apoyo para que esto no se quedara en el silencio más absoluto ya que no tiene sentido que te metan en la cárcel y que nadie se entere. Me dediqué a viajar por el extranjero e hice contacto con objetores suizos, franceses y belgas.

En cada país de Europa encontramos un coordinador y organizamos acciones de apoyo. En esa época había mucha sensibilidad contra Franco en Europa porque tenían mala conciencia por tener como vecino a un dictador tanto tiempo. El hecho de que hubiera un objetor de conciencia no violento en España les animaba mucho. Recibí mucha solidaridad y, en cada país europeo, preparamos un campaña de apoyo. Cuando llegó enero del 1971 consideré que ya era el momento y me negué a hacer el servicio militar.

Fuiste al cuartel y te declaraste allí objetor.

Sí, fui al cuartel y dije que no vestiría el uniforme, que era objetor de conciencia. Me preguntaron si era testigo de Jehová y les dije que no, que era católico, pero que hacía objeción de conciencia porque era ‘no violento’, porque decir que era católico era como decir que estabas de acuerdo con los obispos que bendecían los desfiles militares, que permitían que Franco entrara bajo palio en la iglesia…

La iglesia católica oficial de aquella época era una iglesia fascista, con pocas excepciones. Aunque había muchos católicos y curas que estaban en la teología de la liberación, y curas que facilitaban la lucha antifranquista, la estructura oficial era fascista. Por eso dije que era objetor porque soy ‘no violento’. Es curioso, porque cuando entras en la mili te tratan a patadas para que cojas miedo. Primero leían el Código Militar, nos formaban a todos y nos decían: “Por abandono del servicio en época de guerra: pena de muerte. Por insubordinación: pena de muerte”.

La gente se quedaba pensando que si salían de ahí vivos ya podían dar gracias. Esas películas que vemos de cómo forman a los marines americanos… pues no era tan exagerado pero sí parecido. Se trataba de que la gente tuviera mucho miedo y perdiera toda capacidad de reacción y se acostumbrara a obedecer sin pensar. Pero a mí, cuando dije que me negaba a hacer la mili, me dijeron: “Tú ponte aquí, no digas nada y cuando venga el capitán se lo dices, que yo no quiero problemas”.

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Acción de apoyo en Notre Dame. Liberad a Pepe. Liberez Pepe. Archivo Pepe Beunza.

Mientras, a los demás les llamaba “cabrón” o “hijo puta”. Pensé que esto quería decir que tenía un cierto poder, que era poderoso. Cuando vino el capitán me dijo que me lo pensara bien, que si seguía por ahí iba a terminar en el calabozo, y le respondí que ya lo tenía claro y pensado. Me llevaron al calabozo, me procesaron por desobediencia, porque la objeción de conciencia no existía como delito en esa época, ya que para el ejército era impensable que alguien no quisiera hacer la mili.

¿Cómo viviste este proceso?

Primero estuve en el calabozo del cuartel y después me llevaron a la cárcel porque yo era un preso muy incómodo. El cuartel estaba cerca de Valencia, era donde se hacían los tres primeros meses de mili. Yo estaba en el calabozo y los soldados que hacían guardia, que estaban aburridos, venían a verme tocar la flauta y me preguntaban por qué estaba allí. Cuando les contaba que porque no quería hacer la mili me respondían que eso tendrían que hacer todos… El capitán instructor del proceso me acusó de hacer proselitismo en el cuartel. Yo le expliqué que sólo les decía lo que pensaba, y que si yo en un minuto les convencía y ellos en 15 meses no, el problema era de ellos. Total, como era un preso incómodo me llevaron a la Modelo, que era otro mundo.

Y ya, la condena.

Me condenaron a 15 meses por desobediencia en un consejo de guerra. Sabía que al acabar el consejo de guerra me preguntarían si quería decir algo. Yo me había preparado un discurso en el que explicaba todos mis motivos y, cuando empecé a leerlo, me obligaron a callarme. El discurso pudo difundirse porque ya había salido a través de los grupos de campaña. Me llevaron a Jaén, que era una prisión de presos políticos. A nivel personal me trataron muy bien, pero a nivel ideológico yo estaba allí con gente de ETA, del FRAP, del Partido Comunista… y la discusión era continua. Yo ahí aprendí mucho, imagínate las discusiones. Yo les enseñaba a hacer yoga y ellos a mí técnicas de la lucha armada. Para mi, el paso por la cárcel de Jaén fue muy importante porque pude ampliar mucho mis ideas y entender otras posturas, pero cuando salí estaba aún más convencido en la no violencia.

1973. Barra

Cumpliste los 15 meses de condena y de nuevo… volver a empezar.

En aquella época existía lo que se llamaba condenas en cadena. Cuando salías de la cárcel te volvían a llevar al cuartel para obligarte de nuevo a hacer la mili, porque la mili no te la perdonaban. Esa segunda vez me fui a un barrio de las afueras de Valencia, Orriols, y allí me puse a trabajar en una escuela nocturna con la asociación de vecinos y la comunidad parroquial.

Cuando llevaba ya unos días, envié una carta al capitán general diciéndole que yo tenía que hacer un servicio a la patria, pero que mi servicio a la patria estaba en aquel barrio, que cuando quisiera viniera a buscarme. A los quince días me vinieron a buscar y me llevaron al calabozo. Esta vez me condenaron por desertor a un año de cárcel.

Tengo el extraordinario honor de ser desertor porque los desertores son los únicos que no pierden las guerras


Tengo el extraordinario honor de ser desertor porque los desertores son los únicos que no pierden las guerras. No las ganan, porque no las gana nadie, pero al menos son los únicos que no las pierden. Me condenaron a un año de cárcel y a acabar la mili en un batallón de castigo en el Sáhara. Cuando acabé la condena de cárcel, me llevaron para allá, y como no había hecho un solo día de mili, allí estuve quince meses y ya recibí la libertad. En total estuve tres años y dos meses.

1973. Corrigendos y soldados en la playa.
1973. Corrigendos y soldados en la playa. Archivo Pepe Beunza.

Aquí comenzó la siguiente fase de la campaña.

Cuando volví del Sáhara mis amigos me estaban esperando para ver cómo continuábamos la campaña y pensamos que lo que había que hacer era pasar de la objeción individual a la objeción colectiva. Era el año 1974. Empezamos a trabajar en la objeción de conciencia colectiva dando charlas. Buscamos un grupo de gente que quisiera hacer objeción y cuando encontramos a seis o siete personas nos fuimos a Can Serra, en Barcelona, y montamos una objeción de conciencia colectiva.

Cuando el barrio ya nos conocía, sin saber por qué estábamos allí –porque varios compañeros ya eran prófugos–, se hizo pública la campaña de objeción de conciencia. Era ya el año 1975, acababa de morir Franco y había un impulso hacia la libertad mucho más fuerte. La objeción de conciencia se extendió como una mancha de aceite.

A partir de la campaña en Can Serra surgieron servicios civiles en Málaga, en Vic, en Madrid, en Bilbao… y eso fue el origen de todo lo que después fue la insumisión y toda la lucha contra el servicio militar. Ni en los momentos más optimistas podía pensar que en 30 años acabaríamos con el servicio militar con un balance tan positivo: casi un millón de objetores y entre 20.000 y 30.000 insumisos dispuestos a ir a la cárcel.

Ni en los momentos más optimistas podía pensar que acabaríamos con la mili con un balance tan positivo: casi un millón de objetores y entre 20.000 y 30.000 insumisos dispuestos a ir a la cárcel


Pagamos un precio de casi mil años de cárcel, pero conseguimos que casi nadie quisiera hacer la mili y no les quedó más remedio que profesionalizar el servicio militar.

En 1984 aprobaron la Ley de objeción de conciencia, pero no fue suficiente.

Fue un punto de inflexión porque en ese momento se reconoce el reglamento para que los objetores puedan hacer una prestación social sustitutoria, pero hicieron una ley más pensada en los militares que en los objetores, y fue un fracaso. Consideraba la objeción como un castigo, ya que era el doble de tiempo, y en esa época los jóvenes ya habían perdido el miedo a Franco.

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Manifestación organizada por el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) en Las Ramblas, Barcelona. Archivo Pepe Beunza.

Muchos ya no querían hacer el servicio militar y pensaban, con toda la razón, que trabajar gratis para el Estado era como ser esclavo. Se negaron a aceptar esta ley y así fue como surgió la insumisión. Fue un movimiento fantástico que habría que estudiar a fondo porque fue de una gran originalidad y de una gran valentía. La objeción de conciencia era un concepto que venía del inglés y había que explicar que significaba. Pero en el país en el que vivíamos se entendía enseguida lo que era un insumiso. Nadie debería someterse, todos deberíamos ser insumisos.

Al gobierno le pilló un poco por sorpresa. Era el gobierno socialista, que fue con una ceguera mental extraordinaria y se enfrentó al problema con soluciones jurídicas y penales, y, claro, fracasaron totalmente. Metieron la pata hasta el fondo. Llegó el momento en que los jueces vieron que les habían pasado la patata caliente, se les apilaban los procesos y empezaron a absolver a insumisos.

El gobierno socialista tuvo una ceguera mental extraordinaria y se enfrentó al problema con soluciones jurídicas y penales, y, claro, fracasaron totalmente


Y los insumisos, que eran gente muy original y muy valiente, a finales de los 90 cambiaron de táctica y comenzaron la insumisión en los cuarteles. Iban al cuartel, estaban allí una semana y después se marchaban. De esta manera lo que hacían era desertar, y esto obligaba al Ejército a hacerles consejos de guerra. De esta manera los jueces civiles no intervenían, sólo los militares, y los insumisos pudieron seguir denunciando el militarismo. Fueron unas campañas fantásticas.

Yo fui en calidad de testigo a algunos consejos de guerra en los que se hicieron autoinculpaciones. Era gente a la que yo había animado a ser insumisa. Al terminar el consejo de guerra, los insumisos echaban unos discursos increíbles que dejaban a los militares acojonados. No estaban acostumbrados a que alguien, y más alguien que estaba dispuesto a ir a la cárcel, les explicara lo que era el militarismo. Ahora, pagaban un precio elevado porque les condenaban a dos años cuatro meses y un día, y cumplían la condena. Fue una campaña muy dura pero muy bonita y que habría que estudiar en las escuelas de transformación social.

Y ya en 2001 se elimina la mili.

Sí, se crea el servicio militar profesional y se acaba este primer proceso, pero nosotros no sólo habíamos luchado por la objeción o porque no hubiera un servicio militar obligatorio, luchábamos por un concepto mucho más amplio que es el de la justicia social y el desarme, porque no puede haber justicia social con una persona que te apunta con un tanque.

Nosotros no sólo habíamos luchado por la objeción, luchábamos por un concepto mucho más amplio que es el de la justicia social y el desarme


Ahora estamos con el tema de la locura que es la acumulación de armas atómicas. Actualmente, cualquier niño que viene al mundo, en vez de recibir amor, vida, cama, salud, cultura, lo que recibe son quince condenas de muerte, que es la cantidad de bombas atómicas que hay y que servirían para destruir la tierra quince veces. Es una cosa de locos.

Yo en las charlas suelo llevar una hoja de Ginkgo, que se considera el árbol de la vida porque es el árbol que nació en Hiroshima después de la bomba atómica, y es que hay árboles que sí sobrevivirán a una catástrofe nuclear, pero las personas no.

2002. Fotos. Quique Gar
Pepe Beunza en 2002, con fotos de su trayectoria militante. Fotos Quique García / Archivo Pepe Beunza.

Para mí es muy importante la figura del coronel Stanislav Petrov porque gracias a él estamos vivos. Era la persona que se encargaba de los controles de misiles americanos en la Unión Soviética, y en septiembre de 1983 recibieron la alarma de que habían lanzado misiles. En vez de seguir las órdenes, Petrov hizo que todo el mundo se esperara y después vieron que era una falsa alarma. Si esta persona no hubiera sido una persona sensata dispuesta a desobedecer, habríamos volado todos.

Los ejércitos, sobre todo el español, ahora se plantean como si lo único que hicieran fueran campañas humanitarias. Hay que desmitificar y denunciar las campañas humanitarias porque son como el servicio postventa del negocio de la venta de armas, no tiene sentido que primero se vendan armas y luego se vaya a poner tiritas. Lo que hay que hacer es luchar por el desarme.

En varias ocasiones has comentado que no te has querido involucrar en ningún partido político, ¿sigues apostando por la desobediencia y la no violencia como arma de transformación social?

Yo creo que la sociedad civil es un arma muy poderosa, no hay tirano que pueda aguantar mucho tiempo sin el apoyo, por acción o por omisión, de la gente. En el momento en el que la gente se da cuenta de que tiene un poder extraordinario y deja de sostener al tirano, el tirano cae. No hemos venido al mundo para obedecer a tiranos, sino a nuestra conciencia.

Creo que la desobediencia civil puede cambiar la sociedad mucho más que la violencia. Hay una mitificación de la violencia, pero si defiendes la justicia de manera violenta pones la fuerza en quien tiene el tanque más grande. Hemos de volver a la idea de defender la justicia con las armas de la justicia. Además, siempre hay una relación entre fines y medios. Cuando hay un conflicto se nos educa que lo importante es ganar y eliminar al adversario.

Pero la violencia es absolutamente ineficaz para resolver los conflictos sociales. Esto lo tendríamos que haber aprendido del siglo XX, porque haces un repaso y te quedas asombrado del despilfarro de heroísmo y solidaridad para que después, cuando llegan al poder, se olviden. El poder es muy peligroso, y en ese sentido me considero anarquista. El poder hay que destruirlo o, como la riqueza, hay que repartirlo, y la no violencia lo que da es la fuerza a la gente, no la concentra en manos de unos pocos, de un partido vanguardista ni una minoría privilegiada. En la revolución rusa o la china hubo gente extraordinaria luchando, y ves ahora a Putin en Rusia y a China y te sientes dolido de cómo nos han engañado.

Actualmente sigues siendo activista, ¿en qué temas estás trabajando?

Estoy en muchos, y uno de los primeros es el de la muerte digna, porque tengo ya unos años y hay que prepararse para morir dignamente. Hemos hecho un tabú de una cosa natural porque la iglesia y el gobierno tienen un miedo terrible a que este tema se desarrolle, porque si controlas tu muerte, controlas tu vida, y si tienes el poder sobre la muerte y sobre la vida, ese poder no se lo das a otros. La iglesia tiene un miedo terrible a perder el poder sobre la muerte de la gente. Fundamentalmente trabajo también el tema de Catalunya. Si conseguimos que sea un Estado independiente, es muy importante para nosotros que no tenga ejército, porque un Estado del siglo XXI no tiene sentido que tenga ejército ya que no hay amenazas que éste pueda resolver. En el siglo XXI, o conseguimos el desarme o no habrá siglo XXII. En el mundo sobran soldados, sobran ejércitos, sobran armas atómicas y lo que falta es justicia y dignidad. También participo en campañas contra los recortes, hemos ocupado el centro de salud, en colectivos ecologistas… En muchas campañas, hay demasiado trabajo. Yo estoy jubilado y no entiendo cómo hay gente que se jubila y se aburre. Y seguimos defendiendo la no violencia. En Navarra hubo una lucha muy fuerte contra el pantano de Itoiz, una lucha espectacular y heroica que aparentemente fue un fracaso, pero el gobierno tenía previsto hacer cuatro presas más y no se atrevió a hacerlas. Se ganaron las cuatro presas siguientes aunque se perdió la de Itoiz. En ese sentido es muy importante que sepamos cómo funciona la sociedad, lo lento que es cambiar, lo poco preparados que estamos nosotros para dirigir cambios sociales. Hace poco murió Iñaki García Koch, y quiero rendirle homenaje. Su lucha no fue estéril en absoluto.

Creo que la lucha por la justicia con las armas de la no violencia es la aventura más apasionante en la que se puede implicar alguien. A la gente que se ponga en esta lucha le aseguro emociones, peligros, riesgos y una sensación fantástica de amistad, de solidaridad y de saber que está en un camino para mejorar la humanidad. Sólo se pierden las luchas que no se hacen, en todas las que participas en la no violencia avanzas, aprendes de ti y aprendes de los demás.

Si quieres saber más sobre Pepe Beunza y el movimiento de objeción de conciencia en España:
Pere Ortega (2016), La sociedad no violenta. Conversaciones con Pepe Beunza. Samos (Lugo), Dharana Editorial.
Pedro Oliver Olmo (2002), La utopía insumisa de Pepe Beunza. Barcelona, Virus Editorial.

IZENA ETA IZANA EZBAIAN

izena eta izana
izena-eta-izana
Euskalherriko Bilgune Feminista ha publicado recientemente esta guía práctica. Su título, “izena eta izana”, en castellano significa algo así como: “el nombre y el ser”.
Ante el problema creado por la administración que exige que los recién nacidos deben registrarse con un nombre que permita distinguir claramente su sexo, este colectivo ha publicado una guía en la que animan a la desobediencia y a la insumisión.
La administración pretende clasificarnos según diversos criterios. En algunos países se clasifica a las personas por criterios como la raza o la religión. Mientras se redactan leyes para la igualdad de género, e incluso para el cambio de sexo, se exige que todas las personas se inscriban como pertenecientes a uno de los dos sexos únicamente reconocidos por la ley. Además del problema que esto supone para aquellas personas que no se pueden encuadrar en uno de estos dos sexos con facilidad (XXY), supone inmiscuirse en la intimidad de las personas. Además de clasificar a todas las personas de acuerdo con el sistema binario hombre/mujer, estos deben estar perfectamente identificados como tales no sólo por la indicación de “sexo” en sus documentos de identificación, sino también mediante su propio nombre que debe diferenciarse claramente entre los hombres y las mujeres.
La modernidad posmoderna… o la posmodernidad moderna ha traido como consecuencia las reivindicaciones de todo tipo. Somos tan libres y tenemos tanta tecnología que ya podemos hacer lo que queramos. Los chicos se pueden convertir en chicas, las chicas en chicos, pero también se puede ser un tercer género, o un cuarto… nos podemos operar para quitarnos el pito y ponernos tetas o para qutarnos las tetas y ponernos un pito… los niños pueden nacer en un laboratorio, podemos contratar uteros de alquiler… los homosexuales se pueden casar… ¿por qué no van a poder tener hijos? ¿es que no tienen derecho? ¿habrá que ser homosexual para poder casarse con alguien del mismo sexo? No se habla de matrimonio entre personas del mismo sexo sino de matrimonio de homosexuales…
Somos tan modernos! o tan posmodernos! somos tan libres! Ya somos iguales. Las mujeres ya pueden ser generales del ejército y comisarias de policía… qué bien, qué igualdad! También pueden ser directoras de bancos y lo que quieran… para eso somos modernos o posmodernos, libres, librísimos… iguales, igualísimos!!!
Pero… eso sí… los niños tienen que tener nombre de niño y las niñas de niña… los niños vestidos de azul y las niñas vestiditas de rosa… a los niños se les regalan coches y a las niñas muñequitas… Claro que si a una niña le gustan los coches en vez de las muñequitas y ensuciarse con barro… será que es un poco marimacho, no? bueno, no pasa nada… pero si a un niño le gustan las muñequitas y pintarse las uñas… bufff… ¿no será maricón? (esto sólo se piensa porque ya no se puede decir… ahora se dice que quizá sea gay, que para eso somos modernos o posmodernos y libres… librísimos!) Luego… cuando sean mayores, si quieren pueden cambiarse de sexo o no, y si son homosexuales se pueden casar con alguien de su mismo sexo…
En toda esta locura ¿a nadie se le ocurre cuál es el fondo de la cuestión? ¿Por qué el sexo es tan importante para la identificación de las personas? ¿Por qué el sexo tiene tanta importancia como seña de identidad de las personas? ¿Por qué la administración, el Estado que todo lo quiere tener controlado, necesita catalogarnos de acuerdo con nuestro sexo? ¿Para qué hace falta? ¿Para que la policía sepa cómo tiene que tratarnos… como machotes o como pobres mujercitas…o quizá como putas? ¿Por qué es necesario que figure el sexo en nuestros documentos de identidad? No hace mucho tiempo, en algunos lugares, muy “civilizados” por cierto, del planeta, en los documentos de identidad se indicaba también la raza… el sexo y la raza… ¿por qué todavía se tiene que registrar el sexo de las personas en el registro civil? ¿para qué sirve si ahora ya se pueden casar con los de su mismo sexo? ¿No se evitarían problemas administrativos para el cambio de sexo?
Seamos insumisos a la identificación sexual… no queremos que se nos identifique de acuerdo con nuestro sexo, porque es algo íntimo que sólo nos afecta a nosotros. Que el Estado no intervenga en nuestras identidades sexuales para nada…
[Testua Emak bakia webgunetik hartu diNat]

Des-censo electoral

[Hauteskundeei intsumisio eta zentsuari intsumisioa egiten dioten zenbaitzuren duela hilabete batzutako hitzaldiaren arira hona hemen intsumisio elektoralaren inguruko borroka-hausnarketa. Informazio hau eta gehiago Descenso electoral site-an izango duNK]


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Martes, 21 de junio . 19:30. Orbeko Etxea-katuxa ibarra,Kalea-Gardea Auzoa.Laudio

Hitzaldia. De la insumisión electoral, a la insumisión al censo.

Cómo practicar el Des-censo electoral

En este apartado vamos a contar de una forma sencilla cómo practicar el Des-censo electoral.

El censo electoral es aquel que incluye a todas las personas a las que la actual legislación considera designables para constituir las mesas electorales si para ello son elegidas (mediante sorteo). En cada proceso electoral son llamadas unas 500.000 personas (entre titulares y suplentes). Cuando esta designación se produce es de obligado cumplimiento.

Como ya hemos explicado en otro apartado de este blog, el planteamiento de la campaña por el Des-censo consiste en abolir tal obligación practicando la insumisión mediante una campaña de desobediencia civil.

Así las cosas, dependiendo de en qué momento nos decidamos a practicar el Des-censo, tenemos dos caminos:

Comunicar previamente nuestro Des-censo electoral (la baja en el censo).
Comunicar nuestra desobediencia o insumisión tras la designación.

Comunicar la baja en el censo

Es el camino indicado para quienes tengan clara la cuestión antes de que se inicie el proceso electoral. El proceso es sencillo: se trata de comunicarle a la Oficina del Censo Electoral (la que corresponda) que hemos decidido darnos de baja en el censo. Para ello puede servir este modelo.

El texto hay que presentarlo por duplicado (quedándose con copia sellada del mismo), ya sea en la oficina del censo electoral de la provincia en la que estemos censadas, por correo certificado administrativo[1] o, y esta es la opción que recomendamos, en cualquiera de las entregas públicas que organizaremos para dar impulso a la campaña y cuyas fechas iremos comunicando.

La respuesta previsible (la que hasta ahora han llevado a cabo) consistirá en recibir una comunicación de dicha Oficina indicándonos que la inscripción en el censo es obligatoria y que ni podemos ni pueden darnos de baja en él. Como no supone desobediencia o incumplimiento, la comunicación de nuestra decisión no es sancionable.

No obstante, esta forma de proceder tiene varias “ventajas”. Por un lado, queda constancia escrita, antes de la designación para las mesas electorales, de que hemos formulado nuestra convicción y decisión de no formar parte de ellas y, no menos interesante, que iremos conociendo previamente cuántas personas desobedientes hay a esos nombramientos. Si aun así deciden mantenernos en el censo, podríamos ser designadas, y entonces pasaríamos a la siguiente fase: practicar la desobediencia a la designación, lo que explicamos en el siguiente apartado.
Comunicar nuestra desobediencia tras la designación

Son los pasos a seguir una vez la Junta Electoral de Zona nos haya comunicado que hemos sido designadas para forma parte (como titular o suplente) de la mesa electoral.
Advertencia previa: la desobediencia es un delito

Si has llegado hasta aquí probablemente ya lo sabrás, pero no está de más recordar que la insumisión al censo, como acto de desobediencia a la ley electoral que es, está considerada como un delito castigado con pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses. El importe de la multa no es fijo y depende tanto del número de días/multa a que te condenen como de nuestros ingresos, que se tienen en cuenta para fijar el “precio” de cada día/multa. Si no pagamos voluntariamente nos embargarán, y si no pueden embargarnos nos enviarán a la cárcel un día por cada dos cuotas de multa impagadas.

Aunque la aplicación de esta pena no es automática y depende de diversos factores (decisión política de los gobernantes, interpretación de la judicatura, presión social de las campañas desobedientes…), hay que tener claro que es un riesgo que asumimos con nuestra insumisión. Luego abordaremos más detenidamente las formas de hacer frente a esa posible sanción, pero por el momento debemos ser conscientes de que nos enfrentamos a ella. Hecha esta aclaración previa, veamos los pasos para practicar nuestra desobediencia al nombramiento.
Comunicación a la Junta de nuestra intención de desobedecer

Lo primero que hay que hacer es presentar ante la Junta Electoral de Zona un escrito en el que con anterioridad a la fecha de las elecciones comunicamos que no vamos a acudir. Puede servir como modelo el escrito que presentamos en Gasteiz, en el que le argumentábamos a la Junta Electoral de Zona por qué no teníamos que darles explicaciones detalladas de nuestros motivos. No obstante, en este enlace encontrarás otros escritos que también te pueden servir.
Respuesta de la Junta

Lo habitual es que una vez le hayamos presentado a la Junta Electoral de Zona el escrito donde manifestamos nuestra intención de no acudir a la constitución de la mesa para la que hemos sido designadas, la propia Junta nos remita un nuevo escrito en el que nos recuerde nuestra obligación, no reconozca como excusa admisible nuestro escrito y nos inste a acudir el día señalado a la constitución de la mesa, advirtiéndonos de que en caso contrario adoptará las medidas que considere oportunas. Este escrito lo recogemos, lo guardamos, pero no contestamos.
Día de las elecciones

Evidentemente, el día de marras no nos presentamos. Es poco probable, aunque en algún caso se ha dado, que tras nuestra ausencia la Junta Electoral decida que algún cuerpo policial realizando funciones de policía judicial acuda a casa a buscarnos. Aunque es muy poco probable que esto ocurra, conviene tenerlo presente; más que nada para pensar cómo actuaremos ante tal eventualidad: desde no estar en nuestro domicilio habitual hasta tener previsto una respuesta a adoptar por nuestro Grupo de Apoyo (ahora explicaremos qué es un Grupo de Apoyo y para qué sirve).
Nuestras herramientas: la campaña pública y el Grupo de Apoyo

Como pretendemos dejar claro en todo momento, la campaña por la abolición de la conscripción electoral, que denominamos insumisión al censo o Des-censo electoral, pretende ser una campaña pública y no una simple actitud personal. Para extender la insumisión al censo, es conveniente que la persona desobediente cuente con la implicación y el respaldo de un Grupo de Apoyo con el que llevar a cabo esas tareas. Detengámonos un momento a concretar estas dos ideas.
Campaña pública previa

Es una campaña pública porque para ir más allá de la actual situación, puntual y atomizada, de apostasía silenciosa, de desobediencia a la conscripción[2] electoral, que es lo que algunas personas insumisas al censo hemos venido practicando hasta ahora, lo que se pretende no es tanto reivindicar el derecho individual a no participar, sino desarrollar una campaña política, colectiva y permanente, que posibilite una reivindicación social más amplia.

Lo ideal sería que el crecimiento paulatino que fuese experimentando la insumisión al censo (pensad que en las últimas elecciones europeas hemos sido 12 quienes lo hemos hecho público, a diferencia de las anteriores en las que, a lo sumo, lo hizo una persona) posibilitara poner en marcha una campaña coordinada a nivel estatal. El planteamiento detallado de esa campaña podría ser el que se recoge en el documento apuntes para una posible campaña.

Mientras esto ocurre, allá donde alguien decida desobedecer, sí que se podría poner en marcha una campaña que ayude a socializar y politizar (en el buen sentido) su insumisión, lo que en cada caso deberá ajustarse a las condiciones y posibilidades de la región y de la persona insumisa. Las actuaciones previas al día de las elecciones (que podemos considerar mínimas) que sería bueno que se realizaran en todos los casos, podrían ser:

Elaboración de un escrito en el que anunciemos públicamente nuestra opción por el Des-censo electoral y donde recojamos las razones de nuestra insumisión al nombramiento. Para su redacción pueden servir los que presentamos las 12 desobedientes en las pasadas elecciones (lo encontraréis aquí).
Convocatoria de una rueda de prensa anterior a las elecciones, en la que, además del escrito que hemos comentado en el apartado anterior, se repartiera una fotocopia del escrito que para entonces ya habremos presentado a la Junta Electoral comunicando que no iremos. A quienes les desborde dar una rueda de prensa pueden optar por remitir una “Nota de prensa” a los medios, donde se detallen los hechos (incluido el escrito de razones comunicadas a la Junta Electoral).
Sería bueno que a través de este blog, del de Tortuga u otros que puedan ir apareciendo, nos pusiéramos en contacto para saber qué otras personas y en qué zonas se piensa practicar el Des-censo electoral en las elecciones que están por venir. Ello podría dar lugar a un refuerzo de nuestras actividades, posibilitar cierta coordinación, intercambio de información y apoyo mutuo de unas a otras. Por supuesto, podéis contar con nuestro apoyo.

Grupo de Apoyo

El Grupo de Apoyo es una herramienta de la que habitualmente se dotan las personas insumisas en las campañas públicas de desobediencia, principalmente cuando se pone el acento no tanto en la acción personal sino en la repercusión social de la misma, para lo que buscan la complicidad y apoyo de gente cercana.

El Grupo de Apoyo suele estar formado por personas amigas o allegadas, familiares, compañeras de estudio o de trabajo, compañeras de actividades sociales o políticas… Su función es tanto servir de apoyo a la persona insumisa en todo lo relacionado con su acto de desobediencia (apoyo tanto logístico como emocional), como ser el primer escalón de ampliación y socialización pública de la desobediencia. Del número de personas que formen el Grupo de Apoyo, de su dedicación a la tarea y de sus habilidades dependerá el tipo de campaña que cada quien pueda poner en marcha. Una de sus primeras funciones será conseguir una abogada o abogado de confianza dispuesta a implicarse en el caso desde el principio.

Es recomendable que el Grupo intente poner en marcha una campaña pública previa (esto vendrá condicionado por el momento en que la persona se decida a practicar el Des-censo y la rapidez con la que convoque su Grupo). También sería importante que para el día de las elecciones cada Grupo tuviera preestablecida una coordinación y forma de funcionar por si se da el improbable caso de que fueran a detener a la persona desobediente (avisar a la abogada, a los medios, encargarse de hacerle llegar lo necesario al sitio donde se le detenga, convocar una concentración ante el lugar de detención…), lo que aliviaría en gran medida la incertidumbre de la persona desobediente, al tiempo que aporta seguridad y calor humano.

Una cuestión que el Grupo deberá tener muy presente desde el principio es la económica. Tanto para hacer frente a los gastos de las campañas como para una posible multa, en caso de que se llegara a ello (y no hubiera otras opciones sustitutorias, que habría que ver y valorar), sería bueno aventurar posibles formas de recaudar fondos. La imaginación y las condiciones y características de cada Grupo marcarán esas vías de financiación (aquí recogeremos algunas ideas que se vayan currando en cada zona por si pueden servir de orientación en otras). También con esta cuestión se puede pensar que los mecanismos de financiación pueden plantearse como una forma más de darle publicidad y repercusión a nuestra desobediencia (por ejemplo, organizando conciertos, comidas populares, bonos de apoyo, sorteos, subastas de objetos donados, las clásicas pegatinas…).

La siguiente tarea del Grupo de Apoyo sería abordar todo lo relativo al posible juicio, lo que abordaremos de inmediato, cuando conozcamos en qué puede consistir el proceso judicial.
El proceso judicial

Ya hemos comentado que aunque la ley es muy clara al respecto (con el Des-censo electoral se comete un delito por el que se podría ser juzgada), cada caso es distinto, pues aquí entran las valoraciones políticas y jurídicas tanto del gobierno de turno como de las personas que componen las Juntas Electorales. Así, como podéis comprobar en el apartado de este blog Historia del Des-censo electoral, o como está ocurriendo con las 12 desobedientes a las elecciones europeas de mayo de 2014, la casuística es muy diversa, abarcando desde no pocos casos en los que no ha habido juicio ni proceso judicial previo, hasta otros en los que se ha pactado un juicio rápido o condenas de lo más variopintas (hasta ahora de carácter económico); sin olvidar los miles de casos de personas que no se han presentado a la mesa, algo que las Juntas conocen (y que la sociedad desconoce por no haberse hecho públicos) y que el poder político y judicial prefieren ignorar para que no trasciendan.

Supongamos, no obstante, que el proceso judicial va adelante. Los diferentes pasos que lleva el proceso, y una cierta orientación sobre los plazos, podéis encontrarlo en el documento Esquema actuación judicial. Cabe recordar dos cuestiones importantes: la conveniencia de contar con una abogada de confianza y el convencimiento de que la mejor forma de afrontar el proceso judicial es poner el acento en que sus distintos pasos (citaciones y comparecencias previas al juicio, propuesta de testigos, peritos y pruebas para el juicio, el propio juicio…) se conviertan en un altavoz de nuestras reivindicaciones (con concentraciones públicas, reparto de propaganda, peritos y testigos que sean personas conocidas y con discurso, organización de charlas o mesas redondas previas al juicio, convocatoria de movilización coincidiendo con el juicio, elaboración de artículos de opinión para los medios… cada cual según sus posibilidades, capacidades y habilidades).

Como una de las herramientas principales de un movimiento desobediente suele ser el apoyo mutuo, es seguro que a quienes les llegue el inicio del proceso judicial les será de mucha utilidad el documento Algunos apuntes para preparar la fase previa de un posible juicio, que encontraréis en el apartado Documentos y análisis de este blog.

[1] Se lleva el texto por duplicado más el sobre dirigido a la oficina del censo, pero sin cerrar el sobre. Correos comprueba que el original y la copia coinciden y nos sella la copia y envía la carta al destino.

[2] Obligación impuesta por el Estado.

https://descensoelectoral.wordpress.com/

La Primera Guerra Mundial en el País Vasco Norte: Entre sacrificio e insumisión

La Primera Guerra Mundial en el País Vasco Norte: Entre sacrificio e insumisión

no a la guerra 1
Dice el historiador inglés Graham Robb (1) que existen testimonios que hablan de la muerte de soldados bretones en las trincheras francesas a manos de sus congéneres galos, bien porque éstos los tomaron por alemanes, bien porque los infortunados bretones no comprendían las órdenes recibidas en francés. Recorriendo el País Vasco medio siglo antes, en torno a 1870, escritores franceses en busca de rusticidad apenas encontraban interlocutores que les entendieran fuera de las ciudades, como Bayona o Biarritz. Sin embargo, cuando a principios de agosto del 1914 las campanas de las iglesias de todo el Hexágono repicaron llamando a la “Movilización General”, decenas de miles de jóvenes cuyo aprendizaje de la lengua y la cultura francesa así como de la historia de Francia la habían realizado en sus pocos años de asistencia a la escuela primaria, se prepararon para marchar al frente y “defender con su vida el honor herido de la Madre Patria”.
Gentes que no habían salido de su valle, apenas se cruzaban con personas de fuera de él, y no recibían información del mundo más que de un sólo periódico, vivieron la anexión de Alsacia y Lorrena por Alemania como una agresión en sus propias carnes. Movidos por la propaganda nacionalista y militarista, se alistaron al unísono sin saber que se volverían carne de cañón de la primera guerra industrial de la historia de la Humanidad.
Entre los intelectuales vascos, raras fueron las voces que se alzaron contra la guerra. Pero las hubo: la del médico anarquista Fernand Elosua, por ejemplo, que fue antimilitarista y sufriría la represión por ello. En el País Vasco Norte, la Iglesia y sus publicaciones afines, singularmente el periódico Eskualduna fundado por el cura y tradicionalista Hiriart-Urruty en 1887, fueron un sólido vector de apoyo a la propaganda de guerra francesa. En sus páginas, desde la línea del frente, escribieron varios autores, como el médico y escritor Jean Etxepare o curas como Jean Elissalde “Zerbitzari” o el que posteriormente llegaría a ser arzobispo Jean Saint Pierre “Anxuberro”. Todos sin excepción se emplearon en describir el “sacrificio” y el “heroísmo” de los soldados vascos entregados en la labor de “salvación” de la nación francesa. Jean Barbier, cura y escritor, publicó dos libros Piarres I y Piarres II contando el antes y el durante la Primera Guerra Mundial, realzando el “honor” de participar en ella y “verter sangre vasca” contra el “enemigo” alemán. Pero aun así, hubieron cientos de desertores, que aprovecharon la cercanía de la frontera para pasarse a Navarra o Guipúzcoa y escapar de la carnicería de las trincheras, los gases, los obuses y las bayonetas.
El servicio militar obligatorio y generalizado a todos los hombres jóvenes se instauró en Francia después de la guerra franco-prusa de 1870 (y el consiguiente exterminio de los participantes en la Comuna de París). Ello daba la posibilidad de organizar la “Movilización General” y obtener inmediatamente cientos de miles de soldados. Manex Hiriart-Urruty alabó la capacidad reclutoria de la armada, en éstas líneas publicadas en Eskualduna el 7 de agosto de 1914:
Aquí tenemos una movilización increíble. Jamás se vio algo similar en Francia. Tantos hombres, en un orden tan bello, tan rápidamente, habiéndolo dejado todo, todos soldados.
Si debemos entrar en guerra, que así sea. ¡Viva Francia!

En un ejercicio de literatura didáctica altamente ideologizada, Jean Barbier (2) escenificó el momento en que unos labradores, reunidos en auzolan (trabajo vecinal) de recogida del trigo, comprenden que las campanas avisan de la declaración de guerra y de la llamada al alistamiento de los hombres jóvenes. Entonces el padre se dirige a su hijo mayor:
“’Anda, Piarres, y entérate [en el pueblo] de la noticia malvada que no conocemos más que de sobra. Y, si tienes que irte allí, no olvides que antes deberás pasar por casa del cura…’ Sin decir una palabra, recogiendo su chaqueta de una esquina, Piarres se abrochó el cuello de la camisa y luego se alejó hacia el pueblo, él también con los ojos muy serios…”
La consecuencia de ésta enorme movilización fue el cambio de organización de la guerra que hasta entonces se conocía. Se introdujeron armas de destrucción masiva, como la ametralladora que ya había aparecido en la Guerra de Secesión americana, para detener a ejércitos con semejantes efectivos humanos. Los valores caballerescos que imperaban entonces en las élites militares europeas mostraron su caducidad. Estaba tan arraigado en el código de honor militar que “los oficiales mueren de pie”, que en los primeros días de la contienda caían sin cesar los hijos de la aristocracia y de la alta burguesía. Tanto, que por miedo a la falta de mandos, el ejército francés debió sustituirlos por maestros de escuela, fieles y temibles educadores en patriotismo, pero parece ser, más apegados a la vida.
Llama la atención que revolucionarios como Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Alemania (ambos aparecerían asesinados en enero de 1919) y antimilitaristas franceses preconizaron la nobeligerancia entre proletarios. No fueron escuchados. El socialista pacifista Jean Jaurès fue asesinado cuatro días antes de la declaración de guerra en París. La guerra estalló.
Para Jean Etxepare, la unión de los obreros fuera de la patria era pura falacia. Así lo recordaría en 1923, en el pueblo de Aldude en el que ejercía de médico y de adjunto al alcalde, en la inauguración del monolito de piedra a la memoria de los once hombres del pueblo muertos en la guerra:
A menudo oiréis que no existe la patria, que son unas grandes fortunas las que gobiernan el mundo, que todos los pueblos podrían vivir, fácilmente, bajo un mismo gobierno. No es verdad. No cabe maldad más obscena. Los pueblos viven separados, cada cual en su límite, cada cual en la tierra que ama, cada cual con las dificultades y las alegrías que les brindan la tierra y el cielo, cada cual bajo el mando de sus dirigentes, dueño de sus creencias. No hay ni puede haber hombre o reunión de hombres que una a todos. Por eso siempre habrá luchas y guerras, y es el deber de todo ciudadano de defender su país, con todas sus fuerzas, cuanto más cuando el enemigo le ataca injustamente. Los vecinos del pueblo que hoy nombramos protegieron a Francia hasta verter su sangre por ella, honor a ellos! (3)
En Francia, ¿sería por miedo a la rebelión obrera? la mayoría de los soldados reclutados era de orígen campesino. Así, Jean Etxepare testimoniaba, desde el frente:
“Ahora, en la primera línea, no se ven más que campesinos. De cien hombres, setenta son labradores. Los demás son carpinteros, comerciantes, carroceros o albañiles de pueblos, pequeña gente.
Entre los mandos hay negociantes y pequeños industriales; y junto a ellos modestos empleados del gobierno”.

Para Jean Barbier,
“¿quién mejor [que el campesino] defendería la tierra francesa, siempre en lucha, siempre enemigo y amigo de la tierra, durante toda su vida?
De tal manera que, si históricamente las poblaciones campesinas y las obreras vivían separadas por una fuerte oposición ideológica -tradicionalista y clerical la primera, revolucionaria y anticlerical la segunda- la Primera Guerra Mundial no hizo sino ahondar más las distancias entre ambas.
En el País Vasco Norte, arrastrado por la Iglesia, el campesinado consideró un deber ir a la guerra. Volvamos a la novela Piarres I, de Jean Barbier. En ese sentido, es ejemplar del caso de cientos de jóvenes vascos que se alistaron. El personaje principal Piarres ha sido llamado a filas y se prepara a marchar al frente. La familia está reunida de noche entorno al fuego cuando de pronto, llaman a la puerta. Es un desconocido, del pueblo fronterizo de Bera, en Navarra, al otro lado de los Pirineos. El hombre propone llevarse al jóven con el fin de que escape de la guerra y le ofrece incluso trabajo remunerado. La respuesta de Piarres es la siguiente:
“-¿A qué has venido esta noche, ya que nadie te pidió nada? O tienes a Piarres de la casa Oihanalde por uno de esos hombres a los que se puede menospreciar? … ¡No señor, no! No quiero perder la tierra vasca…
-En nuestro pueblo estarás en tierra vasca…
-Pero perderé la nuestra.
-Pronto la recuperarás, al cabo de unos años más o menos, gracias a una amnistía.”

En efecto, la ley francesa preveía el embargo de los bienes (casas, tierras…) de los desertores. La novela prosigue, y toma la palabra la madre de Piarres. A través del personaje materno hablan, sin lugar a duda, el escritor y su ideología:
“Ya vale, hombre despiadado, hombre sin alma al que importa tan poco el dolor de un padre y de una madre! … Y tú, Piarres, debes saber que tu padre y tu madre te preferimos muerto antes que deshonrado para siempre!”
Observemos como incluso en una buena familia católica practicante y sanamente patriarcal puede atreverse la mujer a tomar la iniciativa, de buenas a primeras. Es conveniente pues, como lo hiciera Thomas, el padre de Piarres:
“Thomas, blanco como un lienzo se giró hacia su compañera querida, muy enfadado, pero le dijo con amor: “Te perdono, Gaxuxa, que te me hayas adelantado. Ahora me toca a mí…” Y le señaló la puerta al de Bera diciéndole: “¡Ya vale! Vete por donde has venido, y rápido, será mejor para ti…”
No existen registros oficiales del número de desertores o insumisos que se produjeron durante la Primera Guerra Mundial. El ejército francés esperaba una tasa del 13% de deserción, pero ésta cifra se quedó en el 1,5%. En 1917 el porcentaje de desertores aumentó y alcanzó los 21.174 hombres. Sólo en 1917 hubieron 1.211 motines. Entre 1914 y 1918 se proclamaron 2.400 penas de muerte en juicios militares. Oficialmente, 1.436 hombres fueron fusilados por motín o deserción; el resto condenados a trabajos forzados. Pero las ejecuciones sumarias existieron, fácilmente camuflables en muertes en combate. Desde Navarra, al otro lado de los Pirineos, Pío Baroja (4) escribió:
“La guerra hace que periódicamente se presenten desertores en Bera [donde residía el escritor]. Los ha habido de casi todas las nacionalidades del grupo de los Aliados. (…) El mayor número de desertores ha sido de vascofranceses de las aldeas próximas. La gente de aquí, del pueblo los trata bien, y encuentran muy lógico que se escapen. Cosa extraña. Los franceses trataban mal a los desertores españoles que se escapaban para no ir a la guerra de Cuba o de Marruecos”.
La deserción tenía lugar con mayor frecuencia al final de los permisos de reposo. Era tan grande el fenómeno, que en octubre de 1915, se prohibió a los soldados originarios de las zonas fronterizas pirenaicas volver a sus casas a descansar o quedarse en convalecencia. Jean Saint Jean desmintió semejante blasfemia, según él:
¡Mentira! Desde aquí [en el frente] los vemos volver rectos, en su debido momento, y ya no se oye ni palabra sobre los desertores.
A partir de diciembre de 1915, esa prohibición se extendió a los Alpes y concretamente, las fronteras franco-italiana y franco-suiza. Se habla -sin confirmación- de 400.000 hombres insumisos o desertores en la Primera Guerra Mundial, del lado francés. En el País Vasco y la zona limítrofe del Béarn, habrían sido 16.889 insumisos y 1.086 desertores. Pero no se conoce el número total de reclutados y es imposible realizar porcentajes.
Globalmente, éstas son cifras importantes. Pero parece necesario subrayar dos matices para contextualizarlas mínimamente. Por una parte, durante el primer conflicto bélico mundial Francia movilizó a 8.410.000 soldados, de los que fallecieron 1.357.800 y resultaron heridos 3.595.000. Las estadísticas muestran que murieron 22% de los oficiales y 16% de los soldados rasos y suboficiales. Entre éstos, 30% pertenecían a la infantería. ¿Son 400.000 desertores – si así fueron muchos o pocos? El caso es que existieron, aun cuando a nivel ideológico, la presión era tremenda. La hecatombe de tantos hombres jóvenes representó un traumatismo al que no escapó ningún pueblo ni ciudad del estado francés. (Hay que representarse que murieron alrededor de 300.000 hombres de media anualmente, durante cuatro años). Simbólicamente, a través de los monumentos a los muertos que se erigieron en todas las localidades, grandes o pequeñas, ello ayudó a fraguar la idea de pertenencia a una misma nación. La derecha nacionalista y sus representantes políticos trataron de estigmatizar a los “cobardes” que tras el “sacrificio” realizado por sus “hermanos” trataban de aprovecharse de su “sangre vertida”. Se debatieron leyes para embargar sus bienes y no permitirles ser propietarios, etc. En el País Vasco Norte, muchos de esos hombres se quedaron en el lugar de exilio que habían elegido- a menudo, Estados Unidos o Argentina- sin jamás volver a su lugar de nacimiento.
Para terminar, recalquemos que la inteligentsia vasca del Norte siguió los pasos de la derecha nacionalista francesa, ambas a su vez guiadas por la Iglesia. De no poder soportar al “boche”- así se llamaba despectivamente a los alemanes en 1914 – su propaganda fue progresivamente situándose contra el comunismo europeo en general, a favor de la religión y de Franco su defensor en la Guerra Civil española, y por fin, como portavoz de la propaganda del Gobierno colaborador de Vichy, alineándose con el nacional-socialismo. Tal fue el caso del periódico Eskualduna del que hablábamos al principio de éste artículo, y en cuyas hojas publicaron tantos escritores y divulgadores de opinión que hoy día viven en el Panteón literario y cultural vasco. Eskualduna fue prohibido por el Comité de la Resistencia al salir de la segunda guerra mundial. Su sustituto Herria nació entonces, dirigido por el cura y filólogo miembro de la Academia de la Lengua Vasca Piarres Lafitte, y se publica aún hoy día.
Ipar Euskal Herritik,
Iparretako Ak.
(1) ROBB, Graham. Une histoire buissonnière de la France. Flammarion, 2007, p. 94.
(2) BARBIER, Jean. Piarres I. Ibaizabal, 1984.
(3) CHARRITTON, Piarres. Jean Etchepare mirikuaren idazlanak. 1916-1935. Elkar, 1992. p. 258.
(4) BAROJA, Pío. Las horas solitarias. Notas de un aprendiz de psicólogo. In : Obras Completas. Círulo de Lectores. 1999, Barcelona.
[ Ekinaren Ekinaz fanzinetik hartua ]