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Curadme; de Sara R. Gallardo
a mis hermanas locas
a las que siguen torturando
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Queréis curarme de enfermedad.
Queréis curarme de biología,
de herencia genética,
de mi exclusivo sistema límbico.
Curadme de vacío, si es que sabéis que lo nombro;
curadme de sombras, de diluvios,
curadme de abusos sexuales, de enredaderas creciendo,
curadme de descensos, de entrañas,
curadme de mi pobreza y no os sentiréis tan frustrados.
Curadme de vuestros medicamentos, de vuestra industria,
curadme de vuestra suficiencia,
curadme de vuestras correas, de vuestras coerciones.
Curadme, si queréis, de vuestro dominio sobre lo que siento.
Curadme por dentro las autolesiones,
curadme como profesionales las vidas que he ido extraviando;
curadme del estado de shock de un dolor muy profundo.
Curadme del individualismo que promovéis,
del do it yourself, del “si tú quieres, puedes”.
Curadme de las olas que vienen rompiéndose en mí,
curadme de todas las etiquetas que me habéis hecho colocar y ocultar al mismo tiempo.
Curadme de trabajos mal pagados, de amistades que se alejan;
curadme de la incomprensión de los míos, sobre todo,
curadme de la luz de gas.
Recién comienzo a vivir sin odiar mi sufrimiento,
mientras vuestras palabras lo envilecen.
Yo manejo mi abismo,
salid de él de una vez. Dejad de curarme.
Chicas radioactivas: la olvidada historia de los relojes luminosos
En abril de 1917, con la entrada en guerra de los norteamericanos, los militares estadounidenses requieren nuevo instrumental.
La U.S. Radium Corporation comienza a producir instrumentos que se iluminan en la oscuridad.
La fábrica contrata a jóvenes obreras que con sus manos finas puedan aplicar un barniz radioluminoso sobre las esferas de los relojes para los soldados que van al frente.
A pesar de que los científicos y los empresarios conocían muy bien el enorme riesgo de mortalidad, a esas mujeres jamás se les dijo nada. La comercialización de objetos luminosos en los años veinte aumentó vertiginosamente.
Dentífricos, cosméticos, juguetes, alimentos, bebidas, y los famosos relojes, disparan sus ventas.
La industria del sector se expande, se abren nuevas filiales incluso en Canadá. Se contratan miles de obreras y obreros. Las obreras se sentían privilegiadas. No solo la paga era muy buena, sino que se las inducía a creer que la exposición al radio las fortalecía y hacía más sanas.
En la fábrica de Nueva Jersey, las chicas barnizadoras hacen veinticinco relojes por día. Cada pieza requiere muchas pinceladas. Como a menudo el pincel perdía la forma en punta, los supervisores animaban a las chicas a metérselo en la boca para recolocar los pelos. Para salir por la tarde e impresionar a los chicos, se aplicaban ese barniz en las uñas, el pelo y la ropa.
El engaño fluorescente las mataría inexorablemente. Fue una de aquellas trabajadoras, Grace Fryer, quien en 1927 llevó a juicio a la fábrica. Había perdido todos los dientes y tenía la mandíbula necrosada.
Tardó dos años en encontrar un abogado dispuesto a representarla ante los tribunales.
Tras diversos obstáculos, junto con otras cuatro obreras tan débiles que no eran capaces ni siquiera de levantar la mano en el proceso, ganaron el juicio. Fueron parcialmente indemnizadas y murieron poco tiempo después. Jamás se ha sabido el número exacto de muertes.
La U.S. Radium continuó usando los barnices hasta después de los años sesenta.
Gracias a este proceso se comenzó a reconocer a los trabajadores el derecho a salvaguardar su propia salud.
A una distancia de casi cien años, estos tristes hechos retoman el hilo de una historia ininterrumpida de abusos, negocios y falta de humanidad.
[ Nik Cultura y Anarquismo webgunetik hartua ]
Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis; de Javier Erro
Por un Sistema de Salud público, holístico y autogestionado
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Por qué quedarte en la cama sin hacer nada puede mejorar tus relaciones [El derecho a la pereza] -LEHEN IGOTA?
Por qué quedarte en la cama sin hacer nada puede mejorar tus relaciones
Por Nacho Pato
I. JORNADA LABORAL DE 3 HORAS
¿Qué pasaría si nuestra jornada laboral durase 3 horas?
Seguramente, el primer pensamiento que les sobrevenga a muchos sea ¡¿y qué voy a hacer con tanto tiempo libre?!
Hasta tal punto está la cultura laboral inoculada en nuestras almas.
En 1880, Paul Lafargue publicaba El derecho a la pereza, un clásico que reedita ahora la editorial Virus.
Trabajar 3 horas y "holgazanear y gozar el resto del día y la noche" es una de las propuestas del activista y pensador marxista.
Lafargue culpa a la sobreproducción capitalista de la miseria. Una sobreproducción que es fruto a su vez de la "pasión de los obreros por el trabajo". Estos habrían aceptado así "el dogma del trabajo", una imposición capitalista que actualizada a nuestros días podría encontrar acomodo en la expresión "el trabajo es un chantaje social para la existencia".
El francés nos estaba hablando desde finales del XIX de modernas burbujas que todos conocemos, desde la de la vivienda a la del entretenimiento pasando por, sí, la del periodismo viral.
II. NO ME APETECE
¿Qué papel juega la pereza en todo esto? Ya llegamos a eso. Porque Lafargue toma la máquina del tiempo para hablar desde 1880 y sonar alto y claro en 2016: el paro tiene la culpa.
Si hubiera desempleo cero, "los obreros no tendrán ya celos entre sí, ni se pelearán por arrancarse el trabajo de las manos y el pan de la boca. Así, descansados de cuerpo y espíritu, empezarían a practicar las virtudes de la pereza".
En efecto, trabajar menos para trabajar todos sería el pasaporte a una vida mejor. Al bálsamo de la pereza. Al fin y al cabo, ¿hay alguien más perezoso que el presunto creador de todo esto? Jehová dio el ejemplo ideal de pereza: seis días de trabajo y reposo por los siglos de los siglos.
Porque si hay algo impensable hoy en cualquier fábrica, oficina o cocina de restaurante es alabar la pereza. Basta imaginarse a un trabajador llegando a su lugar de trabajo gritando ¡PREFERIRÍA ESTAR, Y QUIZÁ EN ROPA INTERIOR, EN UN LUGAR QUE YO HAYA ELEGIDO LIBREMENTE!
Más bien al revés, las frases que han hecho fortuna en torno a ese momento son un jocoso 'hay que levantar el país', un protocolario 'después de tantas vacaciones ya os echaba de menos, compañeros' o un pretendidamente vitalista '¡manos a la obra!'.
La pereza esconde una verdad que, por mágica, es también incómoda. Y aquí ya no solo hablaríamos, con permiso de Lafargue, de trabajo.
Cuando no nos apetece 100% ir a una comida familiar, o al cumpleaños de un amigo, o ducharnos, rápidamente bloqueamos la pereza.
'¡VAMOS, LEVANTA DEL SOFÁ, QUE LLEVAS TODO EL DÍA SIN HACER NADA!'. Frases como esa tienen el don de sonar en nuestros oídos sin que nadie las pronuncie. Reprimimos nuestra pereza por pura culpa anticipada.
Llevamos tatuado en el cerebro que no hay que ser perezosos, que si alguien nos pregunta '¿qué hiciste ayer?' no podemos responder 'nada que no me apeteciese hacer'.
III. UNA OFICINA EN TU CAMA
Lafargue decía que cuanto más trabajo, menos vida. Es cierto que no tenemos a mano una ouija para preguntarle cómo subsistiría hoy en día un trabajador que cambiase la alienación de su trabajo por la pasión de una vida 100% elegida.
Sin embargo, es fácil conectar su frontal crítica al trabajo con la defensa de la pereza. La censura social de la pereza y la vida de 2016, regida por los horarios laborales, a menudo extendidos más allá de lo razonable, y de lo sano, se complementan a la perfección.
El sociólogo César Rendueles nos decía hace poco que "cuando en una entrevista de trabajo te preguntan por tu vida personal es para asegurarse de que va a quedar aparcada cada mañana junto a la máquina de fichar. La cosa es aún peor en las llamadas profesiones creativas, donde se supone que vas a dejar que el trabajo colonice tu vida personal".
Soñar cada noche con aspectos relacionados con tu trabajo o despertarte los fines de semana a la misma hora en que tu despertador suena de lunes a viernes, por no hablar del constante estímulo de notificaciones en el móvil a deshoras relacionadas con tu actividad laboral, son ejemplos de conquista fisiológica totalmente asumida.
Pero que nuestra cama sea una prolongación de nuestra oficina no suele parecer tan terrible de justificar como pasarnos 5 horas tumbados en ella, por ejemplo leyendo. Simplemente porque nos apetecía.
IV. MÁS PEREZOSOS, ¿MEJORES PERSONAS?
Basta sacar a colación el argumento de la renta básica universal en cualquier foro virtual, tratar de defender una de las estrategias que nos permitiría reevaluar nuestros intereses laborales, generando espacio para los intereses personales, permitiéndonos trabajar menos y mejor, para tener reacciones del tipo: ¡EL MUNDO SERÍA ENTONCES UNA POCILGA LLENA DE VAGOS, EGOÍSTAS E INMADUROS!
Mmmm... ¿Y si la cultura de la no pereza, en combinación con kilométricas jornadas laborales, deficiente conciliación con la vida familiar, tenso presencialismo en centros de trabajo en la era de internet y una larga y amenazante cola de aspirantes a tu puesto de trabajo contribuye a hacernos personas más aisladas y temerosas de perder lo que para Lafargue solo era el privilegio de ser explotado?
¿En qué momento la madurez y la responsabilidad se comenzó a calibrar con la cantidad de obligaciones y cargas laborales que pesan en nuestros hombros?
¿Y si pequeñas y cotidianas renuncias "por pura pereza" contribuyesen a acumular un tiempo de calidad que dedicaríamos a nosotros mismos, pero también a nuestros familiares, amistades y compañeros?
Entonces, ¿no nos haría la despenalización moral de la pereza personas mejor preparadas para encarar relaciones afectivas y sociales?
Los espacios de solidaridad fallan por la falta de empatía radical. Entrevista con Clara Valverde.
El neoliberalismo no necesita armas para matar. Las paradas, las precarias, las enfermas, las emigrantes, las sin techo, las no rentables, todas ellas están sufriendo en su propio cuerpo una forma de política orientada a su exterminio.
En su último libro, Clara Valverde se refiere a esta guerra que genera exclusión con el nombre de “necropolítica” (del griego necro, “muerte”). Y para hacer frente a esta situación, apuesta por la autoorganización del sufrimiento social. ¿Cómo hacerlo? Los espacios de coordinación de luchas y de apoyo mutuo a menudo hacen aguas al trabajar en los márgenes del sistema. “Fallan”, según la autora, “porque la gente no piensa que el sufrimiento que viven otros, esa situación difícil, les pasará a ellos”. “Les falta empatía radical”, afirma.
El último libro de Clara Valverde, De la necropolítica neoliberal a la empatía radical: Violencia discreta, cuerpos excluidos y repolitización (Icaria Editorial, 2015) se acaba de presentar. En sus páginas se explica que la línea divisoria entre las personas “incluidas” y las “excluidas” es cada vez más fina. La autora lo sabe muy bien. Fue profesora de enfermería durante décadas y activista desde muy joven. Ahora está demasiado enferma para continuar dando clases. Desde su cama, en los pequeños ratos en el que el cuerpo se lo permite, escribe y es ciberactivista. Es la presidenta de la Liga SFC/SSC (Síndrome de Fatiga Crónica/Síndromes de Sensibilización Central). “Somos radicales porque vivimos una realidad radical”, dice. Por eso apuesta por la radicalización de la empatía como forma de supervivencia y de lucha.
HR: Desde la exclusión, ¿se ve el mundo más claro? Explícanos alguna cosa que solo se ve desde aquí.
CV: Se ve la gran negación en la que vive la mayoría de la gente. Es impresionante. Estamos en guerra: los que tienen el poder neoliberal nos han declarado la guerra. Y la gente hace como si nada. Hay gente que no tienen techo, comida, ayuda. Aquí mismo, delante nuestro. Pero casi nadie lo ve. Casi nadie se inquieta. Veo que la gente está demasiado tranquila. No son tiempos para la tranquilidad. Estamos en una situación de injusticia extrema. No es el momento de estar tranquilos.
HR: En el libro hablas de formas de violencia discreta. ¿Nos das algunos ejemplos?
CV: El paternalismo, el pensamiento “positivo”, la manipulación y perversión de la participación ciudadana son algunos ejemplos. La tolerancia es otro tipo de violencia discreta. Si yo “tolero” a alguien, es que tengo poder sobre esa persona. La aguanto. La desprecio. Se dice que hay que tolerar las diferencias. No, lo que hay que hacer es analizarlas, hablarlas, ver a quién sirven, mirar bien a qué se deben.
HR: Te refieres al caso de los enfermos de los Síndromes de Sensibilización Central (SSC), que tan bien conoces- en tu propia piel-, como un “aviso”. ¿De qué nos están avisando?
CV: Las 250.000 personas (el 3,5% de la población) que viven con estas patologías en Catalunya están dando un aviso al resto de la sociedad sobre el nivel de crueldad al que puede llegar el neoliberalismo. Los enfermos de SSC ya tenían pocos derechos y no eran creídos, y ahora, en Catalunya, se les ha quitado el derecho a seguir viendo a sus especialistas. Y se les está retirando las pensiones. Lo que están haciendo las administraciones sanitarias con los enfermos de SSC lo harán con el resto de los enfermos en el futuro. Están viendo que lo pueden hacer y que no hay una alarma social. Eso anima a los administradores y a los gobiernos a excluir más grupos.
CV: Los enfermos de SSC son un aviso de que puede haber en nuestra sociedad cientos de miles de personas que sufren y nadie hace nada para ayudarles. Son un aviso de lo poco empáticos que pueden llegar a ser los seres humanos.
CV: También los SSC son un aviso de lo tóxico que es nuestro medio ambiente. Los productos químicos provocan y perpetúan estas enfermedades. Solo hay que ver a gente que no pueden salir de su casa sin una mascarilla industrial para hacerse la idea de lo que va a ocurrir a los seres humanos en los próximos años.
HR: ¿Somos cómplices de la necropolítica del neoliberalismo? ¿En qué sentido?
CV: Todos somos cómplices de las políticas mortíferas del neoliberalismo si nos creemos las mentiras de los poderosos y su prensa, si participamos en excluir a los nuevos llegados, a los que no tienen privilegios, a los que sufren. Somos cómplices si no nombramos claramente las injusticias y las desigualdades que vemos. En Catalunya, desde hace unos meses, gente que antes estaba activa trabajando por la justicia, ahora está inactiva, esperando. Este esperar a que algo o alguien cambie, eso es participar en la necropolítica. No hay menos sufrimiento. No hay menos desigualdades. Entonces, ¿por qué la gente está esperando?
HR: ¿Por qué crees que a menudo fallan los espacios de coordinación de lucha como espacios de apoyo mutuo?
CV: No siempre fallan, pero fallan porque la gente no piensa que ese sufrimiento que viven los otros, esa situación difícil, les puede pasar a a ellos. La Acampada ICAMS es un buen ejemplo. Estadísticamente, un tercio de la población desarrollará una enfermedad crónica antes de los 65 años de edad. Eso quiere decir que tendrán que pasar por el temido ICAMS [Insitut Català d’Avaluciones Mèdiques i Sanitàries, la agencia del gobierno catalán que decide si estás demasiado enfermo para trabajar, que otorga pensiones, etc.], y seguro que le darán el alta aunque esté demasiado enfermo para trabajar.
CV: El ICAMS funciona por cuotas y con recortes. No tienen en cuenta la salud de la gente. Son los “mercenarios” del Departament de Salut. Es una injusticia que es o ha sido parte de la vida de muchísimos catalanes. Y, ¿cuánta gente va a las concentraciones semanales delante del ICAMS para protestar contra las altas injustificadas? Pues menos de 100 personas. Y los otros, ¿a qué esperan? ¿A que les toque a ellos? Falla por falta de empatía radical.
HR: Sí, en tu libro hablas de esta empatía radical. ¿En qué se diferencia de la solidaridad?
CV: Solidaridad es una bonita palabra que ha estado muy manipulada y que puede querer decir muchas cosas diferentes dependede quién la utilice. Empatía es ponerse en el sitio del otro, del que sufre. Es intentar imaginarse lo que vive, y mostrarle que su sufrimiento nos importa.
CV: La empatía radical es una idea que he ido desarrollando que no es solo imaginarse e interesarse por el sufrimiento del otro. Es darse cuenta de que el otro no es tan diferente de nosotros. En esta sociedad neoliberal, mucha gente que ahora no están en dificultades, fácilmente pueden estarlo. Si una enferma pierde su trabajo, las políticas neoliberales la dejarán de lado como si fuera basura.
CV: La empatía radical es tomar conciencia de que uno es también el que duerme en el cajero, el que come en Cáritas. Y si uno tiene aún más capacidades radicales, se puede imaginar que también es el refugiado que este invierno se muere de frío en un campamento de refugiados. La mayoría de la gente que no está en dificultades, los “incluidos”, en esta sociedad están muy cerca de ser excluidos.
HR: Santiago López Petit lanza esta pregunta en el prólogo del libro y ahora te la devuelvo: “¿Cómo autoorganizamos el sufrimiento social? En otras palabras, cómo incorporamos la exclusión social al llamado ‘común’?”
CV: El prólogo de Santiago es excelente. ¡Hay que leerlo! Para organizarnos, los que aún no están excluidos deberían acercarse a la realidad y a los espacios de los excluidos. En estos espacios no hay sitio ni tiempo para repetir maneras de organizarse que ya ha demostrado su inutilidad. Crear y mantener estructuras verticales y líderes ha demostrado ser una pérdida de tiempo, energía y aburre y desmoviliza. Aparte de que reproducen autoritarismo y machismo. Yo creo que tenemos que retomar y potenciar las maneras horizontales de organizarnos que llevamos a cabo en el 15-M. Hay mucha gente que ahora han vuelto hacia atrás a estructuras y maneras de organizarse que son verticales. Necesitamos crear pequeños grupos de afinidad para después hacer enjambre con otros para acciones puntuales. La manera de organizarnos tiene que ser ética. El proceso es el producto. Como decían los compañeros de Occupy Wall Street: “No tenemos reivindicaciones. Nosotros somos las reivindicaciones”.
[Elkarrizketa hau Clara Valverderi Homera Rosettik burutu eta La Directa egunkarian agertu huNan lehengo urteko abenduan eta duela hilabete inguru jaitsi ziNaten Primera Vocal kolektibokoei hartu zieNat]
Incineración y salud: No hables del elefante
Incineración y salud: No hables del elefante
El Diario Vasco, por su parte, no ha tratado la relación entre la incineración y la salud hasta mediados de junio. Está claro que obligado por la alarma social que recorre Gipuzkoa, habría que decir. De la incidencia en la salud de las incineradoras apenas ha informado y cuando lo ha hecho ha sido para negar las evidencias científicas. Portadas y páginas enteras dedicadas al tema de la incineradora pero, qué causalidad, no informa de sus consecuencias nocivas para la salud.
Hemos hecho un balance de las informaciones aparecidas en el Diario Vasco desde que se presentó GEIS. A continuación enumeramos las veces que el DV ha abordado el tema de la incineración y salud. También aportamos algunas de las actividades del GEIS más relevantes informativamente hablando, aunque no hayan sido publicadas. En el listado no entran notas de prensa, ni las innumerables charlas del colectivo en casi todos los pueblos de Gipuzkoa, ni las comparecencias en actos de movimientos sociales como la Asamblea anti-incineración de Gipuzkoa, la jornada de debate de GuraSOS en Orona, etc. Tampoco aparecen, como es lógico, las entrevistas que no ha hecho el DV a este colectivo, a pesar de que nos consta que han sido solicitadas reiteradamente. Y es que GEIS ha sido aludido varias veces en el periódico y no le ha sido concedido el derecho a réplica. Porque entrevistas sobre el tema de incineración y salud sí han realizado, pero sabiendo de antemano que el “experto” entrevistado iba a hablar bien de la incineradora
1Presentacion del grupo de médicos GEIS en el Koldo Mitxelena (2 de febrero)
- DV del 3 de febrero: mini-crónica de 16 líneas al final de otro artículo sobre la incineración
2Charla en el Koldo Mitxelena (14 de marzo):
- DV del 15 de marzo: No se publica nada
3Debate en el Colegio de Médicos de Gipuzkoa (19 de marzo)
- DV del 20 de marzo: No se publica nada
4Comparecencia de GEIS en las Juntas Generales de Gipuzkoa (23 de mayo)
- DV del 24 de mayo: Brevísima crónica de 10 líneas
5Charla de un médico mallorquín en el Kursaal (16 de junio)
- DV del 17 de junio: Una página y media
6Comparacencia de dos miembros de Biodonostia en las Juntas Generales de Gipuzkoa (23 junio)
- DV del 24 de junio: una página entera
7Comparecencia del experto pro-incinerador JL Domingo en las Juntas Generales (24 de junio)
- DV del 25 de junio: ¾ de página
La diferencia de tratamiento es ta brutal que se puede deducir que esos 3 módulos dedicados al GEIS son tan potentes que han tenido que redactar 75 para intentar contrarrestarlos. Les han dado 25 veces más de volumen a expertos traídos de fuera -conocidos por sus relaciones con la industria de la incineración- que a los médicos guipuzcoanos que lo único que hacen es poner encima de la mesa estudios publicados en las revistas científicas más prestigiosas. La batalla de David contra Goliath pero a lo bestia.
El DV sabe mejor que nadie que la credibilidad lo es todo. Por eso no quieren que conozcas los efectos nocivos de la incineración en la salud. Y por eso nosotros te invitamos a compartir este post y que todo el mundo compruebe, una vez más, el gran interés que tiene el DV para engañar a la gente para beneficiar intereses de unos pocos. Recuerda: la credibilidad del DV se la dan los ciudadanos. Ayúdanos a difundir la verdad.
Vacunas: una reflexión crítica
Vacunas: una reflexión crítica
UN ANÁLISIS CRÍTICO RADICAL
Disponible en pocos días en Castellano y Catalá:
Tercera Parte: Un cambio de paradigma en la medicina