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Terrorismoa eta biolentzia iraultzailea [Beltza]

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Terrorismoa eta biolentzia iraultzailea [Beltza]


[Terrorismoa eta biolentzia iraultzailea. 1998. Emilio López Adán ‘Beltza’. Likinianoren altxorra 8. Likiniano elkartea. Agintea Hausten-ek digitalizatua]

Terrorismoa eta biolentzia iraultzailea [Beltza]


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Estrategia secreta del terror.

Estrategia secreta del terror.

US Secretary of State Colin Powell holds up a vial that he said was the size that could be used to hold anthrax as he addresses the United Nations Security Council 05 February, 2003 at the UN in New York. Powell urged the UN Security Council to say "enough" to what he said was Iraq's 12 years of defiance of international attempts to destroy its chemical and biological weapons. AFP PHOTO/Timothy A. CLARY
El 5 de febrero de 2003, el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, protagonizaba una farsa ante el Consejo de Seguridad de la ONU, en una sesión transmitida por television al mundo entero. Powell presentaba pruebas de que el Irak de Saddam Hussein disponía de un gigantesco arsenal de armas prohibidas (biológicas, nucleares y químicas), que tenía relaciones con los autores de los atentados del 11 de septiembre y que incluso los protegía. Durante su intervención, impresionó a todo el mundo presentando un frasco que supuestamente contenía ántrax iraquí. Años más tarde, Colin Powell confesó que todas aquellas pruebas –fotos satelitales, intercepciones de conversaciones telefónicas, informes de inteligencia y testimonios– eran falsas y que él mismo había mentido deliberadamente ante la comunidad internacional. Estados Unidos invadió y destruyó Irak, matando más de un millón de iraquíes, sin que Washington haya tenido que responder por sus mentiras ni por su crimen.

«El enemigo que se esconde en oscuros rincones del mundo», como lo definió en 20001 el presidente George W. Bush, sigue acumulando víctimas. Las más recientes cayeron en Bruselas. El terrorismo es un «enemigo diferente al que hemos enfrentado hasta ahora», presentado durante una emisión de televisión transmitida en vivo al mundo entero, el 11 de septiembre de 2001, con las imágenes apocalípticas del derrumbe de las Torres Gemelas. En aras de eliminar ese enemigo, lo que el propio Bush identificó como «la lucha colosal del Bien contra el Mal» aún prosigue hoy en día. Pero cada vez que se corta una cabeza a la hidra del terror, le crecen otras.

¿Qué hacer? En primer lugar, no creer lo que nos han contado durante casi 15 años. Empezando par la versión oficial del 11 de septiembre, ya aplastada bajo el peso de las pruebas científicas; pruebas que Washington, al no lograr refutarlas, descarta simplemente calificándolas de «conspiracionismo» [o «complotismo»].

Los peores ataques terroristas perpetrados en Occidente presentan 3 signos distintivos.

– Primeramente, la puntualidad. El ataque del 11 de septiembre de 2001 tiene lugar cuando Estados Unidos ya había decidido –como reportaba el New York Times el 31 de agosto de 2001– desplazar hacia Asia el centro de su estrategia para contrarrestar el acercamiento entre Rusia y China: menos de un mes después –el 7 de octubre de 2001, bajo el pretexto de perseguir a Osama ben Laden, supuesto cerebro del 11 de septiembre, Estados Unidos inicia la guerra contra Afganistán, primera etapa de una nueva escalada guerrerista. Actualmente, el ataque terrorista de Bruselas se produce cuando Estados Unidos y la OTAN se preparan para ocupar Libia, pretextando la necesidad de eliminar la amenaza que el Emirato Islámico representa para Europa.

– Segundo, el efecto del terror. La masacre, cuyas imágenes se repiten constantemente en los medios de prensa, crea un estado de opinión favorable a la intervención armada que supuestamente eliminará la amenaza. Sin embargo, nadie habla de masacres terroristas mucho peores, como las perpetradas hace 2 meses en Damasco.

– Tercero, la firma. Paradójicamente, el «oscuro enemigo» siempre se toma el trabajo de firmar los ataques terroristas. En 2001, con Nueva York todavía envuelta en el humo de las Torres Gemelas, se difunden fotos y biografías de los 19 miembros de al-Qaeda autores de los secuestros de los aviones, varios de ellos ya conocidos del FBI y la CIA. Lo mismo sucede en Bruselas, en 2016: antes de haber identificado todas las víctimas, se identifica a los autores de los atentados, ya conocidos de los servicios secretos.

¿Es acaso posible que los servicios secretos, empezando por la tentacular «comunidad de inteligencia» estadounidense –que se compone de 17 agencias federales con agentes en el mundo entero–, sean realmente tan ineficientes? ¿O será, por el contrario, que los engranajes de la estrategia del terror son muy eficientes? No escasean los ejecutores: vienen de los movimientos terroristas etiquetados como islamistas, armados y entrenados por la CIA y financiados por Arabia Saudita para destruir el Estado libio y fragmentar la República Árabe Siria, con la complicidad de gobiernos europeos.

En esa caldera es posible reclutar tanto kamikazes, convencidos de que estar inmolándose por una santa causa, como profesionales de la guerra o simples delincuentes que serán «suicidados», haciéndolos estallar por control remoto durante la acción, y cuyos documentos de identidad siempre aparecen –como sucedió en la matanza de Charlie-Hebdo. También es posible facilitar la formación de células terroristas, que alimentan de forma autónoma la estrategia del terror creando un clima de estado de sitio, como hoy sucede en los países europeos miembros de la OTAN, clima que justifica nuevas guerras, que se librarán bajo las órdenes de Estados Unidos.

Otra variante es recurrir a las falsificaciones, como se hizo con las «pruebas» sobre las armas de destrucción masiva que Colin Powell mostró al Consejo de Seguridad de la ONU el 5 de febrero de 2003. Pruebas que a la larga resultaron falsas, fabricadas por la CIA para justificar la «guerra preventiva» contra Irak [1].

  Manlio Dinucci
Il Manifesto (Italia)


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Mentiras reconocidas de la Guerra a las Drogas y las Estrategias de "Tolerancia 0". Criminalización

Mentiras reconocidas de la Guerra a las Drogas y las Estrategias de "Tolerancia 0". Criminalización
 
Se cumplen 45 años del inicio de la una de las 'Política de Estado' más nefastas iniciadas por USA en los últimos tiempos, la llamada Guerra a las Drogas 'War on Drugs'. Uno de sus diseñadores, El ex alto consejero de la Administración Nixon, John Ehrlichmann, reconoció que se basaron en información falsa conseguir su objetivo político, que no era otro que continuar con la guerra de Vietnam. Para ello se tenía que deshacer de la oposición real, los movimientos sociales. Fue un movimiento en tres fases. Primero se criminalizaron las drogas, después usaron las drogas como vínculo criminalizador con los movimientos sociales. Finalmente se realizó la purga, y la atención se centró sobre el escarnio mediático. Los belicistas pudieron así continuar con sus planes con las manos libres; hasta el escándalo Watergate.

Las máscaras cayeron, la doctrina acumula evidencias en contra y detractores, pero a pesar de todo no parece que se derogue en lo breve. Ninguno de sus objetivo declarados, como la protección de la Salud Pública, eran objetivos reales. Tampoco el combatir los niveles de criminalidad, ni si quiera el sucio dinero. Los informes sanitarios presentados fueron tergiversados o promocionados, pura pseudociencia. Este hecho y otros de similar calibre (Guantánamo, armas de destrucción masiva de irak, escondite de Bin Laden en Afganistan...) nos dan pie a cuestionarnos la veracidad del resto de 'Políticas de Estado', desde las grandes políticas contra el terrorismo, tráfico armas, tráfico de blancas o migrantes... o la política nuclear o la actual económica basada en la Teoría Monetaria Moderna. Simples mentiras, mentiras encadenadas, mentiras convenientes, mentiras reconocidas.

Antecedentes criminales

La política represiva no era nueva, lo que sí era nuevo fue la escala, la intensidad y el despliegue mediático. Antes de la doctrina de 'Guerra a las drogas' eran muy poco imaginativos, se buscaban Traidores. En un principio el BOI de Hoover, Boureau of investigation, antecesor del FBI, y después este, cargaron contra la clase trabajadora entre los años 10-30. La caza se saldó con 12.000 detenidos reconocidos, entre ellos Emma Goldman, la destrucción de los sindicatos y la mayor parte del movimiento obrero organizado.

Le siguió la purga roja del comunismo contra las clases medias-altas y su búsqueda de pervertidos en los años 40-50, acabando tanto con los partidos socialista como comunista del país, y afianzando el bipartidismo y el neoliberalismo. La llamada Caza de Brujas del Macartismo llegó a Hollywood, llevándose a C. Chaplin, A. Bessie, el guionista D. Trumbo o al director E. Dmytryk por delante.

Disipado el "Terror Rojo" los movimientos antirracista y antibélico amalgamaron a la sociedad americana de los 60, oponiéndose a la Política de Estado. En 1971 Nixon, representante del Estado Profundo neoconservador, imperialista, supremacista y colonialista, hace público ante la ONU un  sistema perfecto de control de masas y que a demás le permitía la intervención militar en otros países. Había nacido la Guerra a las Drogas, War on Drugs, expandida por el resto de países del mundo en un tiempo record. Esta vez los  líderes negros Martin Luther King y Malcom X fueron directamente asesinados.

Por 20 años más USA compitió con la URSS mediante su política imperialista tradicional de intervenciones militares. Tras la caída de la URSS en 1991 no había ningún país o coalición capaz de hacer frente al país que ostenta la mitad del gasto mundial en Defensa. En 2001 las élites de USA dan un paso adelante, Perpetran el autoatentado de las Torres Gemelas y manteniendo la misma doctrina de "Tolerancia cero", GW Bush declara el War on Terror. Con ella su patente de corso de intervención a gran escala y la militarización del país.

Se puede ver una continuidad en estas dos últimas políticas, ya que los planes internos han sufrido mínimos cambios. Desde 1971 USA ha duplicado sistemáticamente cada 10 años su número de presos y hoy en día se producen unas 8.000 intervenciones de la SWAT al año, las comunidades se mantienen artificialmente separadas y el bipartidismo no se cuestiona. El afán por el suministro de drogas solo es tan rapaz como por el de petróleo, lo que ha llevado a las élites a intervenir en países tan dispares como Colombia, Afganistán, Irak, México o Yugoslavia. Si en USA son las agencias las que controlan los flujos de drogas en España el estado detenta el control por medio de los distintos cuerpos policiales, en concreto la red UDyCO.

La criminalización es una necesidad de los Estados, indispensable para el mantenimiento de todo régimen. Psicológicamente las personas no luchamos contra personas, nos damos lástima, empatizamos, fraternalizamos, no ayudamos. Luchamos contra monstruos, contra lo que nos da miedo. Para perpetuarse y encubrir sus maniobras el Estado necesita crear un monstruos y esto se hace por medio de la criminalizción de las personas. Ya hemos visto lo que oculta la Guerra a las Drogas o la Guerra al Terror, más drogas y terror. En un esfuerzo de lectura inversa la próxima vez que veáis titulares como "el Estado declara la Guerra a la pobreza", "Ganamos la Guerra al radicalismo" o "nuevos esfuerzos en la Guerra a la corrupción" echaros a temblar.

Salud! tctca
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Traducción de: <<Nixon’s War on Drugs Began as Strategy to Attack ‘Antiwar Left and Black People’ | Global Research - Centre for Research on Globalization>>
El ex-alto asesor del presidente Richard Nixon admitió hace años que la llamada "guerra contra las drogas" fue hecha apropósito pensando en los negros y los activistas contra la guerra de izquierdas.
"Haciendo que el público asociara los hippies con marihuana y los negros con la heroína, y luego que penalizarlas duramente, nos permitía frenar estas comunidades." -John Ehrlichmann, ex ayudante de Richard Nixon
El su 'Reportaje de April' de harpes.org, una investigación realizada por el periodista Dan Baum sobre los fracasos generalizados de la prohibición de las drogas, incluye un extracto de una entrevista de 1994 entre Baum y el asesor de Nixon, John Ehrlichman, que murió en 1999. Un pasaje en particular, se difundió el martes [22.3.2016]:
"¿Quieres saber de qué iba realmente todo esto?", Preguntó con la brusquedad de un hombre que, después de la vergüenza pública y de un periodo en una prisión federal, le quedaba poco que proteger. "La campaña de Nixon en 1968, y la Casa Blanca de Nixon después, tuvo dos enemigos: los antibelicistas de izquierdas y los negro. ¿Entiendes lo que estoy diciendo? Sabíamos que no podíamos hacer ilegal el que se esté contra la guerra o el ser negro, pero si conseguíamos que el público asociara a los hippies con marihuana y a los negros con la heroína, y luego las penalizabamos duramente, podríamos frenar a estas comunidades. Podríamos detener a sus líderes, atacar sus hogares, romper sus reuniones, y vilipendiarlos noche tras noche en las noticias de la noche. Que si sabíamos que estábamos mintiendo sobre las drogas? Por supuesto que sí." John Ehrlichman.
La cita aparece pronto en el reportaje, apoyando la tesis central de Baum - que para ganar la guerra contra las drogas, debe terminar la prohibición -. Se comprueba que la legalización de la marihuana medicinal y recreativa ha alcanzado gran popularidad en todo los EEUU, y que muchos países están despenalizando hasta las drogas más duras como la cocaína y la heroína como parte de un nuevo esfuerzo, más humano para tratar la adicción y la violencia ente mafias.
"El creciente coste de la guerra contra las drogas es imposible de ignorar: miles de millones de dólares desperdiciados [billones!], derramamiento de sangre en América Latina y en las calles de nuestras propias ciudades, y millones de vidas destruidas por los castigos draconianos que no terminan en el puerta de la prisión; uno de cada ocho hombres negros han sido privados de sus derechos debido a condenas por delitos grave", escribe Baum. "Ahora, por primera vez, tenemos la oportunidad de cambiar el rumbo". "Legalizar todo", escribe.
El próximo mes, las Naciones Unidas dedicarán una Sesión Especial de la Asamblea General de (UNGASS) para discutir sobre la política global de drogas. En el período previo a la reunión, Human Rights Watch `[lobby] pondrá de relieve la gama de violaciones de los derechos humanos que la guerra contra las drogas ha causado.


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Un atajo entre el turismo y el terrorismo

Un atajo entre el turismo y el terrorismo


“¡Soy un turista, un turista!” – protesté en algún lugar de los calabozos de la Guardia Urbana, discretamente situados en La Rambla.

“¡De eso nada!” – respondió a gritos el policía meneando el dedo-. “¡Terrorista!”

En la calle, justo encima de mí, sólo minutos después del supuesto acto terrorista, todos los demás turistas paseaban tranquilamente, ojeaban las postales y los menús de tapas, echaban un vistazo a los puestos de libros montados para la fiesta de San Jordi del 23 de abril o contemplaban a los artistas que siempre bordean los típicos paseos peatonales de Barcelona. No había ninguna estampida de pánico, tan sólo la aglomeración cotidiana que siempre inunda la ciudad. Pero en aquel momento no estaba precisamente discutiendo con la voz de la razón. El policía estaba seguro de que yo era un terrorista porque estaba seguro de que era un okupa, y estaba seguro de que yo era un okupa porque pensaba que tenía pinta de serlo (llevaba una camiseta con un lema político y algunos eslóganes garabateados en las zapatillas).


Lo cierto es que había sido la Asamblea de Okupas la que había organizado la pequeña protesta de La Rambla. Tenían un cartel con globos en el que podía leerse en catalán: “Una ciudad sin okupaciones es una ciudad muerta” y repartían folletos contra la gentrificación en los que se explicaban los motivos para ocupar. El pequeño acto terminó con la explosión de un petardo de esos que lanzan octavillas al aire. Hizo un ruido tremendo, quizá más de lo que se pretendía, pero después de todo fue sólo eso: ruido. La policía, sin embargo, siempre entrenada para lo peor, llegó y empeoró las cosas. Cargaron gritando e incorporaron al acto el elemento de pánico que el petardo no había aportado. Yo me encontraba en la zona y vi correr a la policía –en ese momento, perseguían a uno de los manifestantes-, e hice lo que habría hecho en los Estados Unidos: seguir a los polis para ver si arrestaban a alguien, por si ese alguien necesitaba ayuda o era golpeado. Un par de manzanas más allá, los policías habían arrojado a uno de los manifestantes contra la pared. Me quedé observando hasta que ordenaron a la multitud que se dispersase, pero cuando volvía a La Rambla, un poli me miró con suspicacia y me hizo una pregunta. Le expliqué que no hablaba muy bien español y le mostré mi pasaporte; él lo cogió y se lo llevó. Tuve que ir tras él hasta la comisaría, donde se me informó de que estaba detenido, acusado de participar en una manifestación ilegal y de desórdenes públicos. Y puesto que alegan que los desórdenes fueron llevados a cabo con explosivos, me enfrentó a una condena de entre tres y seis años de cárcel.


Después de dos días en los calabozos de la policía, tuve el privilegio de que me gritase un juez que describió la protesta como “guerrilla urbana” y, al mismo tiempo, como una acción “paramilitar” cuyo objetivo era atacar La Rambla cuando más gente había en ella, lanzando así el mensaje de que los okupas formaban una fuerza militar. En cierto momento durante mi declaración, me interrumpió para gritar que, en los Estados Unidos y por una acción semejante, habría acabado con mis huesos en Guantánamo. Me impuso una fianza de 30.000 euros (una secretaria me dijo después que, en los 25 años que llevaba trabajando allí, jamás había visto una fianza así por los cargos de que se me acusaba) y me envío a la Modelo.

Llegados a este punto, debo admitir que no soy el típico turista. Odio las guías turísticas, no me gustan los reclamos para el turismo y no tengo mucho dinero que gastar. He estado viajando, primero en bicicleta y después haciendo autostop, durmiendo en parques, en casas de amigos o de gente a la que acababa de conocer. Mi principal interés, aparte de aprender idiomas, es informarme sobre los movimientos sociales radicales en Europa. Quiero abolir el capitalismo y considero el turismo como parte de él. Pero por mucho que intente mantenerme en la pureza de mi distinción de principios entre viaje y turismo, lo cierto es que entré en España con un visado de turista y, para los nada imaginativos propósitos de la ley, soy en efecto un turista. Hasta los anarquistas se van de vacaciones.

Las mías me han llevado, de la forma más extraña, a la misma prisión que alojó a muchos de los revolucionarios anarquistas de la Guerra Civil española. Nada más llegar, me puse a hacer lo único que uno puede hacer en prisión: esperar y organizar mi nueva vida dentro de sus muy menguados horizontes. Al principio tenía la impresión de que el juicio llegaría en unos pocos meses, pero pronto descubrí que podía llevar un par de años.

El día 22 de mayo se celebra, después de dos años de espera, otro juicio en Barcelona y el veredicto puede poner a cinco personas inocentes en la cárcel durante tres años y nueve meses. Fueron arrestados el 25 de junio de 2005 cuando la policía atacó a una manifestación de solidaridad con el movimiento anarquista italiano, que recientemente había sido reprimido con una ola de cerca de 180 redadas, 25 arrestos y cierto número de encarcelamientos mediante el recurso a una vaga ley de culpabilidad-por-asociación. Después de que la policía atacase la manifestación de apoyo, se rompieron algunas ventanas y a los detenidos se les acusó de agresiones a la policía y de desórdenes públicos, y ahora se enfrentan a multas grotescamente altas por daños. Uno de ellos fue arrestado antes de que la destrucción de la propiedad se produjese y otros ni siquiera estaban en el lugar en el que se rompieron las ventanas.

Y éste es sólo uno de una larga lista de casos de represión, de activistas arrestados bajo cargos inventados. Pero por mucho que la policía de Barcelona esté llevando a cabo una vendetta contra los okupas y los anarquistas, además de contra los inmigrantes y cualquiera que tenga la piel más oscura que la suya, no se trata de una iniciativa de base; responde a una orden que viene de arriba. “Triángulo mediterráneo” suena como si se tratase de un paquete turístico para veraneantes, pero de hecho son los términos empleados por la Unión Europea para lo que se identifica como una severa amenaza a la seguridad interna: los movimientos anarquistas de Grecia, Italia y España. Dichos estados han recibido órdenes de neutralizar tal amenaza y se diría que están dispuestos a hacer lo que sea necesario. En mi caso, han encontrado dos polis para testificar que nos vieron al otro detenido y a mí lanzar el petardo (bueno, ellos lo llaman “mortero”), que algún tipo de proyectil salió disparado de él, que salimos huyendo y posteriormente fuimos arrestados. Por alguna razón, los jueces españoles se sienten inclinados a creer a la policía, incluso a considerarla como neutral y desinteresada, a menos que se vean enfrentados a una amplia cantidad de pruebas contradictorias. Podría decir que la policía y el sistema de derecho penal españoles no han cambiado gran cosa desde los tiempos de Franco, y es verdad, pero es algo que no viene al caso, porque en Estados Unidos son igual de malos. De hecho, mi breve experiencia en una prisión española ha sido mejor que en los Estados Unidos: mayor privacidad, menos violencia, mejor comida.

Y no es que no se torture a la gente en las prisiones españolas del mismo modo que se tortura en las estadounidenses (espero que nadie haya olvidado que el régimen de torturas de Abu Ghraib lo exportamos desde casa). La tortura policial es uno de los elementos de otro caso político en curso en Barcelona, en el que están implicados tres okupas a los que se inculpa de provocar lesiones severas a un policía que protegía una casa en la que se vendían drogas. Los tres fueron arrestados, desaparecieron durante unos cuantos días y se les sometió a torturas, como mostraban sus huesos rotos, cabellos arrancados y magulladuras por todo el cuerpo. Un año después, todavía están en prisión en espera de juicio. La policía emplea otras tácticas de terror, aparte de la tortura, contra el movimiento okupa. A comienzos de mayo, en pleno furor pre-electoral, la policía de Barcelona desalojó ilegalmente cantidad de centros sociales ocupados. Su modus operandi consiste en llegar en varias furgonetas oscuras armados y con pasamontañas, echar abajo las puertas a las seis de la mañana, apoderarse de documentos y copiar archivos informáticos, sacar e identificar a los ocupantes y, en ocasiones, endilgarles al mismo tiempo algún que otro cargo penal. La industria mediática también desempeña su papel, publicando artículos en los que se difama a los okupas y describiéndolos como una amenaza para la sociedad e incluso como terroristas (el mismo truco que hacen con los ecologistas radicales en los Estados Unidos).

¿Qué es lo que justifica exactamente que el movimiento okupa merezca este tipo de atención? Probablemente, que se trata de la punta de lanza de la batalla por la ciudad. Por toda Barcelona se están derribando y reconstruyendo edificios. Las nuevas versiones están esterilizadas, homogeneizadas y son mucho más caras. Las calles que todavía llevan los nombres de los artesanos que solían vivir y trabajar en ellas ahora están llenas de turistas, y todos los establecimientos son tiendas de moda, restaurantes a la última, puntos de venta donde pueden encontrarse baratijas importadas desde la fábricas clandestinas del Sur Global. Los policías están por todas partes. A menudo puedes verlos persiguiendo a los indocumentados que venden gafas de sol junto a la playa. Y, recientemente, el gobierno ha puesto en marcha leyes de “civismo”, medidas puritanas rara vez vistas a este lado del charco que incluyen restricciones a tocar música o beber en las calles (pueden apostar a que esta última medida nunca es aplicada cuando se trata de los estudiantes americanos que van de bar en bar, haciendo temblar cada noche las ventanas con sus gritos y peleas de borrachos). Los alquileres están por las nubes y, mientras tanto, la ciudad se convierte en un museo para turistas. De verdad, se trata de terrorismo económico. Los vecinos son expulsados hacia las afueras o incluso echados a la calle y, al mismo tiempo, los especuladores mantienen vacías unas 150000 viviendas en toda el área metropolitana a la espera de que los precios suban. Después de décadas bajo el control de los nacionalistas de derechas, Barcelona está gobernada desde hace poco por una coalición liderada por los socialistas; la gentrificación, sin embargo, no ha hecho más que acelerarse.

Como respuesta a esta situación, el movimiento okupa utiliza la acción directa. Puesto que la vivienda es una necesidad y hay multitud de edificios vacíos y deteriorados, los ocupan y los arreglan. Pobres e indocumentados ocupan a menudo de forma clandestina y particular, y el movimiento no es sino una versión organizada y abierta de esto último. En lugar de mantener la okupación en secreto, despliegan una pancarta, limpian el edificio y se organizan para defender sus nuevos hogares. Muchas de las casas ocupadas se transforman en centros sociales que funcionan como base para un movimiento anarquista o autónomo mucho más amplio. También se transforman en puntos de referencia para la lucha comunitaria contra la gentrificación. Los colectivos de los centros sociales ocupados establecen relaciones con los vecinos y protestan juntos contra la especulación y la subida de los alquileres. Los okupas ofrecen un ejemplo radical de solución a la gentrificación y, habiéndose liberado de la esclavitud salarial, pueden dedicarse a la organización. En los centros sociales más exitosos, los vecinos apoyan a los okupas, lo que hace que las autoridades duden a la hora de desalojarlos.

Aquí, como en cualquier otro lugar, hay una guerra entre dos concepciones de la sociedad. Los propietarios, los políticos y la policía, que andan por ahí derrochando el término “terrorismo”, ciertamente están aterrados por la visión de un mundo en el que todo el mundo tuviese alojamiento, en el que la gente no necesitase arrastrarse por un salario con el sólo fin de satisfacer el concepto de propiedad de otros. Y por otro lado, están aquellos que se organizan con los vecinos para poner en común sus necesidades, que ponen en marcha sus propias obras, conciertos y bibliotecas en los centros sociales en lugar de comprar los servicios de los especialistas en entretenimiento; otro mundo en el que la gente no tiene trabajos soporíferos de los que necesita tomarse vacaciones, ni aburridas vidas que arrastran como turistas hasta lugares exóticos en los que adquirir cierta ilusión de diversidad y novedad; un mundo sin fronteras, sin documentos, sin inmigrantes que tengan que huir de la policía; un mundo en el que la gente pueda viajar e intercambiar experiencias libremente, no sometido a los filtros establecidos por las autoridades para controlar y sacar provecho del movimiento múltiple de la vida.

Para reprimir esta última concepción, las autoridades han recurrido claramente a medidas terroristas, a las que habría que añadir además el terrorismo de una realidad cotidiana de pobreza y consumo. Pero, por fortuna, la gente que lucha por otro mundo está contestando a la represión con solidaridad. Sorprendentemente y sólo después de unos pocos días, los combativos pero también arruinados colectivos de Barcelona consiguieron los 30.000 euros y me sacaron de la Modelo, de vuelta a las calles. Estoy obligado a firmar en los tribunales cada dos semanas hasta que llegue el juicio, lo que significa que tengo que permanecer en España tal vez durante los dos próximos años. No es mal sitio y los movimientos sociales de aquí me han impresionado con su belleza y capacidad de resistencia. Mientras llega el día, paseo por las calles del campo de batalla y me voy familiarizando con la ciudad que ha de convertirse en mi casa. Trato de evitar a la muchedumbre, pero a menudo me encuentro rodeado de turistas, inconscientes soldados en esta guerra que utilizan sus dólares como armas. Quiero dirigir sus miradas a los pisos que hay sobre los pubs irlandeses que andan buscando, hacia las ventanas tapiadas de los apartamentos desocupados, y allí, justo allí, al tercer piso, donde la argamasa ha sido cuidadosamente levantada para abrir un respiradero, sólo de unos pocos centímetros de largo, única señal de una existencia clandestina. Quiero ponerlos del otro lado, mirando a través del agujero, y quiero que sientan el terror que se siente al avistar a la policía, la policía que podría desalojarlos, la policía que hace que los turistas se sientan tan seguros, la policía que tortura a presos políticos, persigue inmigrantes y protege el derecho a la propiedad.

Hay un atajo entre el turismo y el terrorismo. Si no se andan con cuidado, esos mismos turistas podrían acercarse demasiado a una manifestación y ser incriminados por unos desórdenes públicos que jamás ocurrieron. Si no se andan con cuidado, puede que sus ojos se desvíen de las atracciones oficiales y puede que lean en la pared los mensajes que los equipos de limpieza se apresuran a borrar. Podrían aprender a ver a través de las grietas del muro que separa su mundo del otro.

Peter Gelderloos es un joven militante anarquista oriundo de Virginia (Estados Unidos). Colabora o ha colaborado con organizaciones tales como Copwatch, Anarchist Black Cross o Food Not Bombs y es autor de How Nonviolence Protects the State y de Consensus: A New Handbook for Political, Environmental & Social Groups.
[Traducción: Diego L. Sanromán]

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