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Fragmento de Momo, de Michael Ende

Fragmento de Momo, de Michael Ende 

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Si no lo habéis leído, ya estáis tardando. Si lo habéis leído solo de niños, también estáis tardando.
Vivimos en un mundo oscuro donde hay que acudir a los libros infantiles en busca de afectos y verdades sobre el hecho de tener una mente que funcione de manera diferente.
[…]
Aun cuando alguien tiene muchos amigos, suele haber entre ellos unos pocos a los que se quiere todavía más que a los demás. También en el caso de Momo era así.
Tenía dos grandes amigos que iban a verla cada día y que compartían con ella todo lo que tenían. Uno era joven y otro viejo.
Momo no habría sabido decir a quién de los dos quería más.
El viejo se llamaba Beppo Barrendero. Seguro que en realidad tendría otro apellido, pero como era barrendero de profesión y todos le llamaban así, él también decía que ése era su nombre.
Beppo Barrendero vivía en una choza que él mismo se había construido, cerca del anfiteatro, a base de ladrillos, latas y cartón embreado. Era extraordinariamente bajo e iba siempre un poco encorvado, por lo que apenas sobrepasaba a Momo. Siempre llevaba su gran cabeza, sobre la que se erguía un mechón de pelos canosos, un poco torcida, y sobre la nariz llevaba unas pequeñas gafas.
Algunos opinaban que a Beppo Barrendero le faltaba algún tornillo. Lo decían porque ante las preguntas se limitaba a sonreír amablemente y no contestaba. Pensaba. Y cuando creía que una respuesta era innecesaria, se callaba. Pero cuando la creía necesaria, pensaba sobre ella. A veces tardaba dos horas en contestar, pero otras tardaba todo un día. Mientras tanto, el otro, claro está, había olvidado qué había preguntado, por lo que la respuesta de Beppo le sorprendía.
Solo Momo sabía esperar tanto y entendía lo que decía. Sabía que se tomaba tanto tiempo para no decir nunca nada que no fuera verdad. Pues en su opinión, todas las desgracias del mundo nacían de las muchas mentiras, las dichas a propósito, pero también las involuntarias, causadas por la prisa o la imprecisión.

Cada mañana iba, antes del amanecer, en su vieja y chirriante bicicleta, hacia el centro de la ciudad, a un gran edificio. Allí esperaba, con sus compañeros, en un patio, hasta que le daban una escoba y le señalaban una calle que tenía que barrer.
A Beppo le gustaban estas horas antes del amanecer, cuando la ciudad todavía dormía. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.
Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso—inspiración—barrida. Paso—inspiración—barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso—inspiración—barrida.
Mientras se iba moviendo, con la calle sucia ante sí y la limpia detrás, se le ocurrían pensamientos. Pero eran pensamientos sin palabras, pensamientos tan difíciles de comunicar como un olor del que uno a duras penas se acuerda, o como un color que se ha soñado. Después del trabajo, cuando se sentaba con momo, le explicaba sus pensamientos. Y como ella le escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.
—Ves, Momo —le decía, por ejemplo—, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.
Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:
—Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.
Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
—Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Solo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nnunca nada más que en el siguiente.
Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:
—Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.
Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
—De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.
Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
—Eso es importante.
Otra vez se sentó al lado de momo, callado, y ella vio que estaba pensando y que quería decir algo muy especial. De repente, él la miró a los ojos y le dijo:
—Nos he reconocido.
Pasó mucho rato antes de que continuara con voz baja:
—Eso ocurre, a veces… a mediodía…, cuando todo duerme en el calor… el mundo se vuelve transparente… como un río, ¿entiendes?… se puede ver el fondo.
Asintió y calló un rato, para decir en voz más baja:
—Hay allí otros tiempos, allí al fondo.
Volvió a pensar un buen rato, buscando las palabras adecuadas. Pero pareció no encontrarlas, pues de repente dijo con voz totalmente normal:
—Hoy estuve barriendo junto a las viejas murallas. Hay allí cinco sillares de otro color. Así, ¿entiendes?
Y con el dedo dibujó una gran «T» en el suelo. La miró con la cabeza torcida y, de repente, murmuró:
—Las he reconocido, las piedras.
Después de otra interrupción siguió a empellones:
—Esos eran otros tiempos, cuando se construyó la muralla… trabajaron muchos en ella… pero había dos, entre ellos, que colocaron esos sillares… era una señal, ¿comprendes?… la he reconocido.
Se pasó las manos por los ojos. Parecía costarle un gran esfuerzo lo que intentaba decir, porque al seguir hablando, las palabras salían con esfuerzo:
—Tenían otro aspecto, esos dos, en aquel entonces.
Pero entonces dijo, en tono definitivo y casi colérico.
—Pero nos he reconocido, a ti y mí. ¡Nos he reconocido!

El día que se pare la Máquina

El día que se pare la Máquina


«La ciencia, en lugar de liberar al hombre, lo está convirtiendo en esclavo de las máquinas. Dios, ¡qué perspectiva! Las casitas a las que estoy acostumbrado serán arrasadas, los campos apestarán a petróleo, y las aeronaves harán añicos las estrellas. El ser humano tal vez obtenga un alma nueva y quizá de mayor grandeza bajo estas nuevas condiciones. Pero almas como la mía serán aplastadas».
 Entrada de diario, 27 de enero de 1908
«Para leer el relato de una profecía, los lectores deben colaborar con dos cualidades: la humildad y la suspensión del sentido del humor. Sin la primera, tal vez no oigamos la voz del profeta. Y el sentido del humor puede provocar que nos riamos del profeta, en lugar de escucharlo».
Aspectos de la novela

E. M. Forster (1879-1970)
E. M. Forster (1879-1970)
Imaginad, si podéis, una habitación pequeña, de forma hexagonal como la celdilla de una abeja. No la ilumina ni ventana ni lámpara, pero está llena de una claridad suave. No hay aberturas para la ventilación, pero el aire es fresco. No hay instrumentos musicales, pero, en el momento en que comienza mi meditación, sonidos melodiosos resuenan en el cuarto. En el centro hay un sillón, con una mesilla al lado; ése es todo el mobiliario. Y en el sillón yace un bulto de carne envuelto en vendas: una mujer de metro y medio de estatura, con una cara blanca como un hongo. A ella le pertenece este cuartito.
Sonó un timbre eléctrico.
La mujer pulsó un interruptor y la música quedó en silencio.
«Tendré que ir a ver quién es», pensó, y puso en marcha la silla. Al igual que la música, la impulsaba un mecanismo, y se deslizó hasta el otro extremo de la habitación, donde el timbre sonaba con impertinencia.
—¿Quién es? —preguntó. Su voz mostraba irritación, porque ya la habían interrumpido varias veces desde que empezara a sonar la música. Conocía a varios miles de personas, pues en diversos ámbitos las relaciones humanas habían avanzado muchísimo.
Pero cuando se puso el receptor al oído, su blanco rostro se arrugó en una sonrisa, y dijo:
 —Muy bien. Hablemos. Voy a aislarme. No espero nada importante durante los próximos cinco minutos, así que cinco minutos completos es lo que puedo concederte, Kuno. Luego tengo que dar la charla de «Música durante el Periodo Australiano».
 Tiró del pomo de aislamiento para que nadie más pudiera dirigirse a ella. A continuación pulsó el equipo de iluminación y el cuarto quedó a oscuras.
 —Date prisa! —dijo en voz alta, otra vez irritada—. Date prisa, Kuno; estoy a oscuras perdiendo el tiempo.
 Pero tuvieron que transcurrir quince segundos antes de que la placa redonda que tenía entre las manos empezase a resplandecer. Una tenue luz azul apareció de repente en su superficie y fue tornándose morada, y poco después pudo ver la imagen de su hijo, que vivía en la otra punta de la tierra, y él pudo verla a ella.
 —Kuno, qué lento eres.
 Su hijo sonrió con aire grave.
 —Creo que te gusta remolonear.
—Te he llamado antes, madre, pero estabas ocupada o aislada. Tengo algo que decirte.
—¿Qué, hijo mío? Date prisa. ¿Por qué no podías mandármelo por correo neumático?
—Porque prefiero decírtelo de viva voz. Quiero…
—¿Y bien?
—Quiero que vengas a verme.
Vashti observó el rostro de su hijo en la placa azul.
 —¡Pero si ya estoy viéndote! —exclamó—. ¿Qué más quieres?
—Quiero verte sin pasar por la Máquina —dijo Kuno—. Quiero hablar contigo sin pasar por el engorro de la Máquina.
—¡Chsss! —dijo su madre, vagamente sorprendida—. No debes hablar mal de la Máquina.
—¿Por qué no?
—Porque eso no se hace.
—Hablas como si la Máquina fuera obra de un dios —gritó el otro—. Supongo que le rezas cuando estás triste. La hicieron los hombres, no lo olvides. Grandes hombres, pero sólo hombres. La Máquina es mucho, pero no lo es todo. Ahora veo algo que se parece a ti en esta placa, pero no te veo a ti. Oigo algo que se parece a ti en este teléfono, pero no te oigo a ti. Por eso quiero que vengas. Ven a verme, para que podamos vernos cara a cara y hablar de mis esperanzas.

[…]

—¿No te das cuenta, ninguno de los conferenciantes os dais cuenta, de que nos estamos muriendo, y de que lo único que vive aquí es la Máquina? Creamos la Máquina para que actuase según nuestra voluntad, pero ya no somos capaces de hacer que la Máquina se someta a ella. Nos ha robado el sentido del espacio y el sentido del tacto, ha disuelto las relaciones humanas y ha reducido el amor a un mero acto carnal, ha paralizado nuestros cuerpos y nuestra voluntad y ahora nos conmina a adorarla. La Máquina se desarrolla, pero no a nuestro servicio. La Máquina sigue funcionando, pero no según nuestras metas. Sólo existimos como las gotas de sangre que corren por sus venas y, si pudiera funcionar sin nosotros, nos dejaría morir. Ah, no tengo remedio; o, mejor dicho, sólo tengo uno: repetirles a los hombres una y otra vez que he visto las colinas de Wessex como las vio el rey Alfredo cuando derrotó a los daneses.

Ilustración de Kelly Airo
Ilustración de Kelly Airo
[…]

«La Máquina —exclamaban— nos alimenta y nos viste y nos aloja; nos hablamos por medio de ella, nos vemos por medio de ella, existimos en ella. La Máquina es amiga de las ideas y enemiga de la superstición: la Máquina es omnipotente, es eterna; bendita sea la Máquina». Y este discurso no tardó en verse impreso en la primera página del Libro, y en las ediciones subsiguientes el ritual se hinchó hasta convertirse en un complicado sistema de alabanza y oración. La palabra «religión» se evitaba cuidadosamente, y en teoría la Máquina seguía siendo creación y herramienta del hombre. Pero en la práctica, todos, salvo unos pocos retrógrados, la adoraban como algo divino. Ahora bien, esa adoración no era unitaria. A un creyente le impresionaban sobre todo las placas ópticas de color azul, a través de las cuales veía a más creyentes; a otro, el Sistema de Reparación, que el pecaminoso Kuno había comparado con gusanos; a otro, los ascensores; y a otro, el Libro. Y cada cual rezaba a esto o a aquello, pidiéndole que intercediera por él ante la Máquina en su conjunto. La persecución también estaba presente. No se produjo un estallido, por razones que se explicarán más adelante. Pero permanecía latente, y todos aquellos que no aceptaban el mínimo conocido como «Mecanismo Aconfesional» vivían en riesgo de Desahucio, lo que, como sabemos, significaba la muerte.

[…]

Un día recibió con perplejidad un mensaje de su hijo. Nunca se comunicaban, pues no tenían nada en común, y lo único que había oído, por vía indirecta, era que Kuno estaba vivo y que se le había trasladado desde el hemisferio norte, donde se había portado tan mal, al sur; de hecho, a una habitación no muy alejada de la suya.
«¿Querrá visitarme?», pensó. «Nunca, jamás. Y además no tengo tiempo».
No, era otro tipo de locura.
Kuno se negó a mostrar la cara en la placa azul y, hablando desde las sombras, dijo con solemnidad:
—La Máquina se para.
—¿Cómo dices?
—Que la Máquina está parándose, lo sé, reconozco las señales.
Vashti lanzó una carcajada. Su hijo la oyó con furia, y no volvieron a hablar.

E.M. Forster, La máquina se para

(Próximamente, en Ediciones El Salmón…)

[El Salmón argitalpenen webgunetik]

Clasicos de la Gran Transición (post-petroleum)

Hemen behean irakurtzeko moduko `petrolioaren ondorengo´ mundurako testuak


Clásicos de la Gran Transición

Guía para o descenso enerxético. Publicado pola Asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo   O fim do petróleo. Publicado pola Asociación Véspera de Nada por unha Galiza sen petróleo    The Oil Crash. Recopilación de artículos 2010-2012    

The Oil Crash. Recopilación de artículos 2010-2011    The Oil Crash. Recopilación de artículos 2012-2013     Teoría de Gaia orgánica. De Carlos de Castro 

Nosotros, los detritívoros. De Manuel Casal Lodeiro 

(Ficción)

El Oráculo de Gaia. De Érawan Aerlín    Un futuro sin más. De Antonio Turiel 

El Círculo



El Círculo


Entre los muchos libros publicados este año, posiblemente los haya de mejores cualidades literarias, pero The Circle de David Eggers es posiblemente uno de los mas originales e importantes. Redactado en un lenguaje directo, y en el estilo de la science fiction, presenta una sociedad distópica que tiene una inquietante semejanza con nuestra actual sociedad.
El Círculo es una compañia de internet en un futuro cercano, que absorbe las funciones de algunos de los gigantes de internet actuales, es decir, las funciones de busqueda (Google), medio de pago y autentificación (Paypal), relacionamiento social (Facebook, Twitter) y data mining en forma masiva. El Circulo esta liderada por un trio de personages que guardan alguna simiitud con los lideres de algunas de las empresas mas conocidas del medio internet. El Circulo es tambien la historia de Mae, una joven de clase media baja, egresada de una  universidad  prestigiosas pero agobiada por deudas incurridas para pagar su educacion  que logra, con la ayuda de una condiscipula y amiga intima ser reclutada para trabajar en el Circulo, escapando asi a un destino de mediocridad e insatisfacción que le vaticinan su previo trabaja en la empresa de electricidad de su ciudad provincial. El Circulo es tambien la historia de un aprendizage de las conductas miméticas exigidas por el Circulo, y de las traiciones que supone. Y por ultimo el Circulo es la documentación de la dinámica aparentemente irresistible del Circulo por cerrarsse y convertirse en un universo totalitario, (simbolizada por la apertura de la “C” inicial y la cerrazon del circulo, pensemos en la letra “O”), donde se confuden definitivamente las fronteras de lo privado y lo público.
Novelas disptopicas de todo pelaje no son novedad, y se publican con regularidad predecible y algunas tienen la suerte de convertirse en libretos hollywoodenses. Lo que diferencia el Circulo de estas descripciones apocalípticas es el aspecto suave y aterciopelado del mundo que se nos presenta, lo realista de sus planteos, y la critica que hace de muchos de los mensajes utópico-ideologicos del mundo del internet.
Desde sus inicicios el internet ha sido acompañado por un aurea utópica, prometiendo una solución rápida e indolora a todos los problemas de la humanidad. Esto no es inusual. Otras innovaciones tecnológicas han acompañadas por relatos salvificos, y por contra-relatos apocalípticos hoy olvidados. Quizas esto este mas acentuado por la rapidez de la expansión y popularización de esta tecnologia en particular
.El mito fundamental del internet que Eggers expone y critica es el mito de los efectos saludables de la transparencia y la total visibilidad. No se trata obviamente de una idea nueva. Ya en el Genesis encontramos la idea de un Dios omnisciente, al que no escapa ninguna acción humana. Y la misma idea aparece, en forma invertida, en el relato platónico del mito del anillo de Giges, joya milagrosa que permite a su poseedor volverse invisible, y en tal estado, cometer todas las inmoralidades que su corazón apatece. La inversa es por lo tanto valida: la supresión de toda invisiibilidad hace el delito imposible. Es esta la logica que lleva a iluminar las calles de nuestras ciudades, los frentes de nuestras casas, y a desconfiar de lugares poco iluminados, tema explotado por el cine gótico.
Hacia fines del siglo XVIII, el reformador Jeremy Bentham propuso la formula del Panopticon, estructura arquitectonica que permite la constante vigilancia de los internos, ya sean estos presidiarios, alumnos, o trabajadores en un taller. La esencia del panopticon es la disposicion que permite que los guardias o celadores vean lo que hacen los internos, y que los guardias mismos esten bajo la total supervisión de sus superiores, mientras que estos estan siempre a la merced de la supervision del publico en general.
El panopticon quedo en concepto, y la propuesta de Bentham de construir un penal  basado en estos principios no fue aceptada por el gobierno britanico de su época. Sin embargo, la idea tuvo ecos, En 1874 se construyo en Colombia un penal que llevaba ese nombre, y que se inspiraba vagamente en las ideas de Bentham. Y segun Foucualt, los modelos de organización penal responden al  mismo tipo de modelo que el imaginado por Bentham.
Al mismo tiempo, no hay que ver las ideas de Bentham solo en el contexto de  una sociedad totalitaria. Bentham  fue un reformista que trato toda su vida de cambiar el código penal de su pais, racionalizar el sistema de penas, y combatir sistemas represivos que consideraba anacrónicos e inhumanos. Entre sus partidarios se contaba John Mill, el padre de John Stuart Mill, uno de los pensadores utilitarianistas y liberalies (en el sentido anglosajon, es decir, progresistas o reformistas) mas influyentes de su tiempo.
Otro hito importante en el desarrollo de la idea de la transparencia, pero distópica en este caso, aparece en el 1984 de George Orwell. En la sociedad totalitaria descripta por Orwell, cada hogar y cada lugar de trabajo esta obligatoriamente provisto de un equipo de television, cuyo proposito no es solo bombardear a los sujetos con una incesante propaganda que suprime el pensamiento crítico, sino al mismo tiempo mantenerlos bajo constante vigilancia. El televisor actua no solo como receptor sino tambien como camara omnipresente, que espia los menores actos de los individos.
En el caso de Bentham y de Orwell, el tipo de visibilidad y transparencia es vertical y unidireccional. El supervisor ve al guardia, y este al interno, pero el interno no ve al guardia, ni este a su superior. De arriba hacia abajo hay transplarencia, pero total opacidad de abajo hacia arriba. Mas aun, en el caso del panopticon, hay absoluta opacidad a nivel horizontal, Los internos no se ven entre si, no pueden interactuar de ninguna forma.
Hace unos años lei un libro cuyo titulo no puedo ya recordar, publicado en los primeros años de desarrollo del internet. El autor criticaba el modelo de Orwell, y sugeria la posibilidad que los individuos de la sociedad descripta por aquel podrian con ingenio modificar los equipos que los sometian a vigilancia y convertirlos en medios de comunicación. Convertirlos entonces de medios de supervision vertical en medios de comunicación horizontal. Por supuesto “una television” que permite comunicaciones con otros individos, es justamente el internet.
Tenemos asi dos modelos diferentes. Un modelo de transparencia vertical de arriba hacia abajo, que es totalitario y tiránico. Y frente a este, un modelo horizontal, que permite el libre intercambio y el desarrollo de ideas e opiniones, fundamentalmente democratico. El modelo horizontal se parece en buena medida a lo que Habermas describio en uno de sus primeras publicaciones como la “esfera publica”. Es esta noción de transparencia demoractica, horizontal, benigna, que esta en el centro de la critica de Eggers.
El tema de la transparencia es introducido en la narración en forma gradual. Primero, uno de de los nuevos compañeros de trabajo le cuenta a Mae que esta trabajando en un sistema que impida el rapto de infantes. Es una tema dolorasamente familiar ya los hermanos de este compañero fueron raptados y asesinados en su niñez. Aunque no es un tema en el que el Circulo esta envuelto en forma especifica, la compañia, como muchas de las compañias de Internet permite a sus empleados desarrollar proyectos que no estan relacionados con el negocio central, llegando a apoyarlos financieramente en ciertos casos. Se trata de usar un microprocesador  implantable en el cuerpo de los infantes. De estas forma los padres pueden saber donde se encuentran el niño, programar el sistema para los alerte si sale de ciertos limites prefijados, etc. Luego aparece el SeeChange, pequeños webcams, autónomous y conectados via satelite, que cada individuo puede colocar a voluntad y consultar remotamente. Digamos que queremos ir a la playa, y queremos ver el estado del tiempo, no en general, sino en el punto especifico. Podemos acceder a alguna de las innumerables SeeChange camaras y ver si vale la pena hacer el viaje. Pero una vez la camara instalada, por supuesto que no sabemos que otras imagenes podemos ver. Con un poco de imaginación podemos colocar una de estas camaras en el jardin de infantes de nuestros hijos, en la casa de nuestros padres ancianos, o en cualquier otra situacion que querramos, con buena o mala razón. El SeeChange va mas alla del webcam que conocemos porque es absolutamente autonomo y puede por lo tanto instalarse en cualquier lugar, sin otra limitación que el buen o mal criterio de cada uno. Por ultimo aparece una versión personal del SeeChange, que es portado por un individuo. En este caso, se trata de algo destinado inicialmente a ser utilizado por politicos electos, para dar transparencia a su función. Portando este accesorio, el publico puede monitorear en forma permanente los actos de sus electos, sus conversaciones, sus intercambios con otros politicos, con lobistas, con su electorado.
Aunque virtuosos en si mismos, y motivados por buenas intenciones, la adopción generalizada de estos accesorios comienzan rapidamente a desatar tragedias. Exentos al area de total transparencia no quedan mas que aspectos empobrecidos de la vida. Solo en el baño y en la intimidad de la alcoba pueden escapar nuestros personajes al ojo vigilante de la transparencia generalizada. Se trata sin duda de una transparencia horizontal, pero en vez de generar una esfera de publicidad virtuosa à la Habermas, la transparencia horizontal general deviene una sociedad fascista, absolutamente determinada a no permitir ninguna excepción al régimen de exámen absoluto y permanente. Este carácter fascista se hace patente en la persecución con final trágico de Mercer, un ex-novio de Mae que decide refugiarse en una zona remota del norte del pais, para escapar a la persecución incesante de la transparencia y el espionage generalizado. Para contrariar esa voluntad, Mae invoca todas las furias de camaras, drones (aviones sin piloto) y otros recursos que primero localizan al pobre Mercer en su refugio y por ultimo provocan con su persecución demónica el accidente de automobil (o quizas suicidio) en el que pierde su vida. Son significativas las palabras de una de las perseguidoras de Mercer: “¡Rindeté a nosotros! ¡Rindete a nuestra voluntad! ¡Sé nuestro amigo!”
Aunque hay seguramente otros aspectos en este libro, dos me parecen fundamentales, y son: el problema de la compatibilidad entre transparencia e individualidad, y el problema de la hubris, del exceso de la acción respecto de sus intenciones que pueden en si ser banales o inocuas.
El problema de transparencia no es un problema nuevo. Muchas sectas religiosas la han adoptado al punto de rechazar todo tipo de privacidad del individuo, llegando en algunos caso a prohibir la constitución de parejas, como en el caso de los Shakers en Estados Unidos. Comunas utopicas, entre ellas el kibuts en su versión primitiva, tuvieron que afrontar esta contradicción. Lo que Eggers muestra es que es que no puede haber individuo sin un ámbito opaco y personal, escondido a la mirada de los que lo rodean. Sin un ambito de privacidad, la individualidad no puede desarrollarse.  Y si bien hay ámbitos donde la transparencia es legitima, y el nivel de exposición publica de cada uno de nosotros, y no solo los politicos electos o funcionarios designados, sino de cada uno de nosotros, ya sea por haberlo elegido asi, o a nuestro pesar, debiera limites que no deben ser sobrepasados. Y las excepciones a este derecho deben ser claras y limitadas.
Las intenciones de Circulo, de sus ejecutivos y de sus empleados son puras en general. No es una historia de villano holywoodense en busqueda de la dominación mundial. Podemos suponer que en términos generales, las intenciones son buenas y desinteresadas. Pero aun buenas intenciones pueden tener consecuencias desastrosas. Para imaginar lo peor no tenemos que suponer una voluntad diabólica, o una voluntad mediocre, puede bastar con un conjunto de voluntades angelicales. Mae no tiene ninguna razón para desencadenar la persecución de su ex-novio. Todo comienza en forma banal. Mae tiene como mision demostrar a sus televidentes el funcionamiento de una serie de tecnologicas que combinando el poder de las camaras SeeChanges, de programas de reconocimiento visual, de acceso a bases de datos y con la cooperación del publico, permita localizar un fugitivo que cometió uno de esos crímenes horribles que nos hacen clamar  justicia.  La tecnología cumpre con su cometido, el culpable es aprehendido, y la justicia se cumplirá. Es luego de haber completado el ejercicio que a Mae se le ocurre, mas como diversión que otra cosa, encontrar la pista de Mercer. Mercer no es un fugitivo, no hay justificación para invadir su esfera privada. Pero es la existencia de un mundo de absoluta trasparencia que parece hacer imposible la existencia de un núcleo de opacidad, al punto de sentirse amenazado por su merca existencia.  Nuevamente, la historia no es la historia mas o menos convencional de una agencia secreta de espionage como el NSA o sus equivalentes. Menos aun una policia secreta como la Stasi  o la KGB lo fueron en su momento. Se trata de acciones en si bien intencionadas y que emanan de la vida diaria de los actores, pero que adquieren en un momento una dinámica implacable que supera sus voluntades individuales.

[ http://filosofiacontemporanea.wordpress.com GUNETIK HARTUTE ]

Masustak-eko azken eleberriak



MASUSTAK-EKO ELEBERRI BERRIYEK:

Non galdua badago (cc-by-sa Old Hiltch)  (Liburu artean galduta cc-by-sa Or Hiltch)

-El florido pensil (Andrés Sopeña Monsalva)
-Doña perfecta (Benito Perez Galdós)
-Marianela (Benito Perez Galdós)
-El abuelo (Benito Perez Galdós)
-Oroitarri (Kepa Urbieta)
-Urrestillako musika taldeak (Asiel Sustaeta)
-El atentado (Harry Mullisch)
-El amante bilingüe (Juan  Marsé)
-La venganza de los Jaso (Mikel G. Telleria)
-Hiru gizon bakarka (Bitoriano Gandiaga)
-Noticia de un secuestro (Gabriel Garcia Marquez)
-Niebla de batallas (Arantzazu Amezaga Iribarren)
-La flor de Argona (Toti Martínez de Lezea)
-Un día en la vida de Iván Denisovich (Alexandr Solschenizyn)
-Lectura insolita de El capital (Raúl Guerra Garrido)
-Sin destino (Imre Kertész)
-Tres cuadernos y un destino (Pako Aristi)
-Pedro Páramo (Juan Rulfo)
-El misterio de la guía de ferrocarriles (Agatha Christie)
-Otsobeltz (Andoni Salegi)
-La casa de los espíritus I (Isabel Allende)
-La casa de los espiritus II (Isabel Allende)
-Eva Luna (Isabel Allende)
-Canaima (Rómulo Gallegos)
-Narraciones vascas (Arturo Campion)
-El collar del neandertal (Juan Luis Arsuaga)
-La especie elegida (Juan Luis Arsuaga, Ignacio Martínez)
-La sonrisa etrusca (Jose Luis Sampedro)