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domingo, 13 de septiembre de 2015

Homo naledi: Otra pieza en el rompecabezas de la evolución humana.

Image credit: John Gurche / Mark Thiessen / National Geographic.
El rompecabezas de la evolución humana tiene un nuevo integrante: El Homo naledi.

Los fósiles de esta nueva especie fueron hallados en 2013 en la cueva Rising Star de Sudáfrica (cerca de Johannesburgo). En esta cueva se encontraron los huesos de 15 individuos de la misma especie, lo que ha permitido tener una gran información de la anatomía de esta nueva especie de homínido.

Si encontrarse un fósil es ganarse la lotería, como lo fuera "Lucy" en 1974, en este caso quince esqueletos es ganarse el premio mayor de Mega Millions.

En la cueva se encontraron más de 1.550 fósiles, lo que convierte este yacimiento en un tesoro paleontológico.

lunes, 15 de abril de 2013

Australopithecus sediba: Una pieza más en el rompecabezas de la evolución humana

En el año de 2008 se descubrió una nueva especie del género  Australopithecus. Esta nueva especie para la ciencia, hallada en Sudáfrica, se conoció como Australopithecus sediba y se convertido en una especie candidata a ser el antepasado del género Homo, al cual pertenece nuestra especie.

¿Eslabón perdido?

Antes de continuar con esta noticia debo hacer la acotación que el término "eslabón perdido" es inapropiado por varias razones, entre estas:

1. La evolución es más como un árbol ramificado que como una cadena. Una especie fósil bien podría representar una rama que no dejo descendencia, aunque podría estar muy cerca de una especie que si estaba en la línea evolutiva que se desea estudiar.

Profesor Lee Berger con el cráneo de A. sediba
2. El concepto de "eslabón perdido" se aplicó en tiempos de Darwin y subsiguientes para referirse a la especie extinta que  estaba justo en el medio entre los simios y los seres humanos. Hoy en día sabemos que el panorama evolutivo muestra varias especies transicionales. Los Ardipithecus y los Australopithecus son buenos ejemplos de especies transicionales. También hay varias especies del género Homo que muestran como cambió la cara, el tamaño cerebral y el esqueleto en general.

El concepto de "eslabón" es un derivado de la idea de "la gran cadena del ser" del medioevo. En esta propuesta las especies se clasificaban como "superiores" e "inferiores" estando el hombre como el más superior. 

Los religiosos creacionistas creen que hace falta que se encuentre el "eslabón perdido" para que sea creíble la evolución biológica, o la humana en particular (que es lo que más le molesta). Ignorando que varias especies transicionales han sido encontradas y sustentan la evolución humana, además de las pruebas genéticas, embriológicas y de anatomía comparada.

¿Cómo era el Australopithecus sediba?
(Texto de Miguel G. Corral)

'A. sediba' era una extraña criatura que caminaba erguida, pero de una forma muy primitiva, tenía un cerebro muy pequeño, unas manos hábiles y, sorprendentemente, una dentadura muy similar a la humana. Pero algunas de estas características ya se conocían de anteriores estudios.

Las principales conclusiones que se pueden extraer de las seis investigaciones recién publicadas en 'Science' al alimón son la 'sonrisa humana' y una morfología de su talón parecida a la de los chimpancés actuales que le obligaba a caminar bamboleándose de un lado a otro. De hecho, esta última característica ha sido un descubrimiento reciente hecho por el equipo de Berger durante una reunión en mayo de 2012.

Desde hace muchos años, la comunidad científica se preguntaba cómo podría esta especie caminar erguida. La clave está en el talón preservado en uno de los ejemplares que corresponde con el de una hembra adulta. El hueso está retorcido y tiene forma apuntada, al contrario del humano, que es plano y ancho. Por ese motivo, la especie debía caminar retorciendo el pie tras el apoyo para poder dar el siguiente paso, de una forma parecida a la que usan los chimpancés, haciendo para ello un bamboleo obligatorio.

"Los talones estrechos ofrecen menos mucha menos superficie sobre la que distribuir el peso cuando los pies tocan el suelo", asegura el antropólogo de la Universidad de Boston Jeremy DeSilva, autor principal del estudio sobre el mecanismo locomotor de la especie.


Reconstrucción del esqueleto de A. sediba en el centro. Comparado con un humano actual y un chimpancé macho.

¿Esta especie es antecesora de nosotros?

(Texto de Miguel G. Corral)

Una mandíbula de 2,4 millones de años de antigüedad encontrada en Etiopía es el primer fósil atribuido al género 'Homo'. Lo que deja la edad de 'A. sediba' -cerca de 2 millones de años- como muy joven para ser el primer ancestro del género. "Sediba es único y muy interesante, pero llegó demasiado tarde a la fiesta como para ser el ancestro", asegura Brian Richmond, de la Universidad George Washington de Washington D.C..


Sin embargo, Berger defiende con uñas y dientes la posición en el árbol de la vida de la especie que él mismo descubrió junto a su hijo en una sima cercana a la ciudad en la que viven. Para el investigador sudafricano, esa mandíbula aislada de la calavera o de otros huesos no tiene por qué pertenecer al género 'Homo'. La bonita sonrisa de A. sediba podría haber engañado a los descubridores de la mandíbula de Etiopía haciéndoles pensar que era del género humano.


Los científicos no están seguros de si el género Homo, que incluye a los humanos contemporáneos, evolucionó directamente del Australopithecus sediba, o si este último era una de las llamadas especies sin salida y las especies del género homo evolucionaron por separado.

Uno de los principales problemas que enfrentan los paleoantropólogos es lo poco que se sabe sobre el esqueleto delhomo habilis, por lo que, aunque el Australopithecus sediba está bien definido, falta evidencia para la comparación.

“El registro fósil de los primeroshomos es caótico”, dijo otro de los investigadores, Steven Churchill, de la Universidad Duke, en Carolina del Norte, Estados Unidos. Muchos fósiles son dudosamente atribuidos a varias especies o su datación es muy vaga.


Se publica esta semana nuevos datos sobre lo que podría ser el eslabón entre los australopitecos y los humanos. Se trata de seis artículos en la revista Science sobre los Australopithecus sediba

¿Evolucionó el género Homo a partir de los Australopithecus afarensis (la especie de Lucy)? 

Hay muchas especies de Australopithecus, siendo los más antiguos los anamensis (que se encontraban en África hace 4 millones de años). Los mejor conocidos son los afarensis (gracias al esqueleto de Lucy). En Sudáfrica también se encuentran los africanus (que parecen muy relacionados con los sediba), al este de África se encuentran los garhi. Los Australopithecus garhi, africanus y sediba han sido considerados posibles ancestros del género Homo. Cualquiera de ellos podría serlo, pues hay pruebas a favor y pruebas en contra. A partir de los Australopithecus (gráciles), además del género Homo, también evolucionaron los australopitecinos robustos (también conocidos como parántropos). Sus fósiles se han encontrado entre 2,6 y 1,1 millones de años antes del presente y convivieron con el género Homo. El eslabón “perdido” por llamarlo de alguna forma entre los Homo y los Australopithecus todavía no está claro, muchos expertos opinan que podrían ser los sediba, pero el asunto no está libre de polémica.

¿Qué se ha descubierto ahora respecto a los Australopithecus sediba? 

En 2009 se publicó su descubrimiento en una cueva de Sudáfrica, llamada Malapa. La datación es hoy en día muy precisa e indica que los indivudos encontrados vivieron hace 1.977.000 años. Estos homínidos son vivieron unos 100.000 años después del Australopithecus afarensis (la especie de Lucy), por lo que algunos expertos creen que están más relacionados con los humanos modernos que Lucy (afarensis), en concreto, en la anatomía de los dientes, del cráneo, de la mano y de la pelvis; todo sugiere que los sediba son un buen candidato para ser los antepasados ​​del género Homo. Sin embargo, hay otros rasgos anatómicos, como el pie, que parecen más primitivos que el de los afarensis (la especie de Lucy). Esta mezcla tan peculiar de rasgos anatómicos ha generado mucha polémica a la hora de colocar a los sediba en árbol genealógico de los Homo.

Esta semana se han publicado nuevos datos sobre los sediba. ¿Qué nos dicen sobre la evolución del género Homo? 

Se han encontrado restos de los esqueletos de dos individuos y se han publicado nuevos artículos con nuevos hallazgos sobre esta especie relacionados con la dentición, las mandíbulas, las extremidades superiores, la columna vertebral, el tórax y los miembros inferiores de esta especie de Australopithecus. Los sediba tienen un talón similar al de un chimpancé, mucho más pequeño que el de Lucy. En este talón la parte que toca el suelo se estrecha, lo que no es un problema para los chimpancés que no son bípedos. Sin embargo, Lucy tenía una talón muy grande, que ayuda a disipar energía durante la locomoción bípeda. Los dos sediba encontrados tienen este rasgo en el talón, lo que significa que este homínido no estaba bien adaptado al bipedalismo. Sin embargo, el resto de su esqueleto indica que era bípedo.

Si el talón es similar al de un chimpancé, un animal que no es bípedo, ¿no indica esto que no se trata de un ancestro del género Homo? 

El asunto no está nada claro pues hay otras características anatómicas que apuntan al bipedalismo y vistas en conjunto apoyan esta posibilidad. No se sabe si Australopithecus sediba pasaba mucho tiempo en los árboles, pues no se ha encontrado ningún detalle de su dedo gordo del pie (para ver si puede agarrar algo o no). Los Australopithecus, en general, no están muy bien adaptados a la vida en los árboles como los chimpancés. Aún así, se cree que sediba era un buen trepador de árboles. Lo más importante es que en los Australophitecus sediba se mezclan rasgos humanos con otros más propios de los simios. Las manos y los dientes son claramente humanos, mientras que los pies se asemejan a los de los chimpancés. 

¿Qué otras características de los Australophitecus sediba los asemejan a los humanos? 

Los dos esqueletos analizados muestran un cerebro pequeño cerebro y una forma primitiva de caminar pero con dentadura y manos similares a las humanas. En cierto sentido se trata de “una especie a caballo entre humanos y simios, por lo que algunos expertos creen que pudo dar origen al hombre.” Por ejemplo, la dentadura de Australophitecus sediba es un auténtico “collage” de características primitivas y humanas. Como los humanos cuentan con molares de cinco picos, o cúspides. La mayor diferencia está en su forma única de caminar, entre la de los chimpancés y de los humanos modernos, que les permitía tanto caminar erguidos, como nosotros, como trepar a los árboles, a la manera de los chimpancés. Esto los diferencia de otros Australophitecus, que o bien caminaban o bien trepaban. Los sediba era capaz de desplazarse de las dos maneras, algo también indicado por sus extremidades superiores y sus manos.

¿Se puede afirmar que se ha encontrado el “eslabón perdido” entre australopitecos y humanos? 

En realidad no se puede estar seguro. Los autores de los artículos técnicos publicados esta semana indican que los Australopitecos sediba están en la línea evolutiva de Homo, el género que incluye a los humanos modernos (con gran número de características primitivas que no comparten los humanos de la actualidad). Sin embargo, muchos otros expertos aún dudan al respecto. La evolución del género Homo es más complicada de lo que parecía hace unas décadas, lo que no quita que sea apasionante.

Les dejo con este audio


Más audios en Onda Cero

sábado, 14 de enero de 2012

Pastores protestantes renuentes a aceptar la evolución biológica

Un estudio realizado por LifeWay (una entidad cristiana evangélica) ha revelado que la mayoría de los pastores protestantes de Estados Unidos creen que Adán y Eva fueron seres reales, que Dios no uso la evolución como medio para la evolución de las especies (evolución teísta), pero se encuentran divididos en cuanto a la edad de la Tierra.

Los resultados fueron publicados el 9 de enero de 2012.

Fuente: Baptist Press

Los pastores abrumadoramente creen que Dios no usó la evolución para crear a los humanos y creen que Adán y Eva fueron personas literales, de acuerdo a una encuesta realizada por Investigaciones LifeWay.

La encuesta a 1.000 pastores protestantes estadounidenses, divulgada el 9 de enero, también descubrió que los ministros están casi equitativamente divididos sobre si la tierra tiene miles de años.

Cuando se les pidió que respondieran a la declaración: "Creo que Dios usó la evolución para crear a las personas," un 73 por ciento de los pastores difiere, con un 64 por ciento que fuertemente difiere y un 8 por ciento que difiere un poco. Un 12 por ciento concuerda de alguna manera y concuerda fuertemente. Un 4 por ciento no está seguro.

En respuesta a la declaración: "Creo que Adán y Eva fueron personas literales," un 74 por ciento concuerda fuertemente y un 8 por ciento concuerda un poco. Un 6 por ciento difiere un poco, un 11 por ciento difiere fuertemente y un 1 por ciento no está seguro.

"Recientes discusiones han señalado dudas acerca de Adán y Eva como personas literales, la edad de la tierra y otros asuntos sobre el origen," dijo Ed Stetzer, vice presidente de investigación y desarrollo de ministerio para Recursos Cristianos LifeWay de la Convención Bautista del Sur. "Pero los pastores protestantes son abrumadoramente creacionistas y creen en Adán y Eva literales."

Con base en una encuesta de Gallup de diciembre del 2010, los pastores son más creacionistas (en referencia a la creencia de que todas las cosas fueron creadas sustancialmente como ahora existen y se relata en los primeros capítulos de Génesis y no evolucionaron gradualmente) que el público general estadounidense.


Entre las Diferencias estadísticamente significativas:

• Los pastores en el noreste (Nueva Inglaterra) son más propensos, que sus colegas de otra región, a aceptar que Dios usó la evolución para crear al ser humano. Mientras que el 25 por ciento de los pastores del noreste muy de acuerdo, sólo el 13 por ciento en el oeste, el 12 por ciento en el Medio Oeste y el 8 por ciento en el Sur se sienten de manera similar.

• Los pastores de las iglesias más grandes son menos propensos a creer en la evolución que en congregaciones más pequeñas. Sólo el 4 por ciento de los pastores en las iglesias con 250 fieles o más están de acuerdo en que Dios usó la evolución para crear seres humanos. En comparación, el 13 por ciento en las iglesias con asistencia de 0-49 fieles, el 14 por ciento con 50 a 99 fieles, y 12 por ciento con 100-249 sienten lo mismo.

• Los pastores que se consideran  de " línea principal" son más propensos que los evangélicos a creer en la evolución. Entre los que se identifican a sí mismos como de línea principal, el 25 por ciento de acuerdo en que Dios usó la evolución para crear seres humanos. Sólo el 8 por ciento de los evangélicos muy de acuerdo.

• Los pastores que indican que son evangélicos tienen más probabilidades que sus colegas de línea principal  en aceptar que Adán y Eva fueron personas literales (82 por ciento vs 50 por ciento).

• Los pastores con títulos de posgrado tienen mayor probabilidad de no creer en la historicidad de Adán y Eva, comparados con los pastores con un nivel de educación de solo licenciatura (16 por ciento frente a un 2 por ciento).

• Geográficamente, los pastores del sur de EE.UU. afirman que la mayoría de su congregación no cree en la evolución. Esto lo afirmaron el 69 por ciento de los pastores del sur, un 47 por ciento en el noreste, el 60 por ciento en el Medio Oeste y el 56 por ciento en el oeste. (El sur de Estados Unidos hace parte del llamado "Cinturón Bíblico"

¿Y usted qué opina?

sábado, 30 de julio de 2011

Estudio afirma que humanos modernos acabamos con los neandertales

Por muchos años los científicos se preguntaron por las razones que llevaron a la extinción de los neandertales (Homo neandertalensis) en Europa y Asia.

Esta especie que habitó desde hace 230.000 hasta hace 28.000 años, coexistió con nuestra especie, Homo sapiens, por miles de años hasta que finalmente los neandertales desaparecieron.

La postura de los creacionistas frente a los neandertales se puede resumir en mentiras y distorsión de los hechos. Los creacionistas dicen que los neandertales eran seres humanos como nosotros, mencionando solo su gran capacidad cerebral, o dicen que los restos de esta especie pertenecen a un humano moderno con artritis. Para quien este familiarizado con el tema se dará cuenta que es absurdo. Se conocen suficientes restos como para distinguir entre ambas especies por su anatomía, y las dataciones son lo suficientemente fiables para indicar en que período vivieron y coexistieron estas dos especies.

Para mas detalles invitamos a los lectores ver el texto "Medias verdades de los creacionistas sobre el hombre de Neandertal" publicado en la página principal de Sindioses.org

La superioridad numérica del Homo sapiens acabó con los neandertales


Investigadores de Cambridge resuelven uno de los debates más largos y controvertidos sobre la enigmática extinción de las poblaciones neandertales en Europa.

Investigadores de la Universidad de Cambridge han realizado un hallazgo que da respuestas a la desaparición repentina de los neandertales europeos después de 300.000 años de dominación. Los investigadores han descubierto que los humanos procedentes de África invadieron la región, llegando a superar en más de diez veces la población neandertal.

El estudio se ha publicado en la revista Science por dos investigadores del Departamento de Arqueología en Cambridge, el profesor Sir Paul Mellars, profesor emérito de prehistoria y evolución humana, y la estudiante de doctorado Jennifer French.

Las razones de la desaparición de las poblaciones europeas de Neandertal en todo el continente hace unos 40.000 años ha supuesto durante mucho tiempo uno de los grandes misterios de la evolución humana. Después de 300.000 años de vida, en los fríos entornos sub-glaciales de Europa central y occidental, los neandertales fueron reemplazados rápidamente en todas las áreas del continente por las nuevas poblaciones de Homo sapiens (anatómica y genéticamente modernas) que se habían originado y evolucionado en ambientes tropicales de África.

Mediante la realización de un análisis estadístico detallado de las evidencias arqueológicas de la región de Périgord, en el suroeste de Francia -región que contiene la mayor concentración de neandertales y asentamientos de los humanos modernos en Europa- se han encontrado pruebas claras de que las primeras poblaciones humanas modernas penetraron en la región en un número al menos diez veces más grande que el de las poblaciones locales de Neandertal ya establecidos en las mismas regiones.

Esto se refleja en un fuerte aumento en el número total de sitios ocupados, densidades mucho más altas de los residuos de la ocupación (es decir, herramientas de piedra y restos alimenticios de origen animal) que revelan mayores grupos de individuos y, al parecer, mejor integrados socialmente.

Al encontrarse con esta entrada espectacular de la población humana moderna, la capacidad de los grupos de neandertales locales de competir por los asentamientos, suministro de alimentos de origen animal (principalmente renos, caballos, bisontes y ciervos) y recursos de supervivencia para afrontar los inviernos glaciales fue socavada masivamente. Además, casi inevitablemente, tuvieron lugar repetidos conflictos entre las dos poblaciones por la ocupación de los lugares más atractivos y más ricos en alimentos; el grupo humano mayor en número y mejor coordinado tenía garantizado el éxito frente a los grupos de neandertales.

La evidencia arqueológica también sugiere que los recién llegados poseían tecnologías superiores de caza y herramientas (por ejemplo lanzas de caza más eficaces y de largo alcance) y eran más eficientes en los procedimientos de proceso y almacenado de alimentos durante el invierno. También parecen haber tenido más amplios contactos sociales con grupos humanos adyacentes, lo cual favorecía el comercio y el intercambio de suministros esenciales en tiempos de escasez de alimentos.

Sigue existiendo un intenso debate sobre si los grupos de humanos modernos también disponían de un cerebro más desarrollado. Sin embargo, la repentina aparición de una amplia gama de formas de arte complejo y sofisticado (incluyendo pinturas rupestres), la producción a gran escala de artículos de decoración (como la piedra perforada, las cuentas de marfil y las conchas de mar) y los sistemas "simbólicos" de las marcas en huesos y herramientas de marfil -todo ello completamente ausente entre los neandertales- apuntan claramente a sistemas más elaborados de comunicación social entre los grupos modernos, probablemente acompañados de formas más avanzadas y complejas del lenguaje. Todos estos nuevos patrones de comportamiento más complejos se desarrollaron durante las primeras poblaciones africanas de Homo sapiens, al menos 20.000 o 30.000 años antes de su dispersión desde África y la colonización progresiva por Europa y Asia.

Si, como las evidencias genéticas sugiere, el Homo sapiens africano y las poblaciones europeas de neandertales evolucionaron por separado durante al menos medio millón de años, entonces la aparición de algunos contrastes significativos en las capacidades mentales de los dos linajes no sería sorprendente, en términos evolutivos. Según el profesor Mellars, "esta gama de innovaciones tecnológicas y de comportamiento permitió que las poblaciones humanas modernas invadieran a otras poblaciones. Los neandertales retrocedieron inicialmente a regiones más marginales y menos atractivas del continente y finalmente, en unos miles de años, se extinguieron".

A pesar de los contrastes culturales, conductuales e intelectuales entre los neandertales y las poblaciones humanas modernas, este nuevo estudio demuestra por primera vez la supremacía numérica de las primeras poblaciones de humanos modernos en Europa occidental y, por lo tanto, en gran parte se resuelve uno de los debates más largos y controvertidos sobre la enigmática extinción de las poblaciones neandertales.

viernes, 24 de junio de 2011

¿Por qué hay solo una especie humana?

No hace mucho tiempo, compartíamos este planeta con muchas especies de humanos. Todas ellas eran astutas, ingeniosas y excelentes cazadoras. Pero ¿qué les pasó? ¿Por qué el Homo sapiens fue el único que sobrevivió?

Reporte de la BBC

Pese a que el origen de los humanos ha desatado debates apasionados a lo largo de la historia, existe un consenso entre los científicos: las diferentes especies de humanos que han existido descendieron de criaturas que se parecían a los simios y que caminaron erguidas en África, hace más de 6 millones de años.

Esas criaturas tuvieron muchos descendientes, la mayoría de los cuales se extinguieron.

La primera criatura que la ciencia identifica como humana vivió en África hace dos millones de años. El Homo ergaster confeccionó herramientas y se destacó en la caza. El estudio de sus huesos indica que fue un poderoso corredor, capaz de desafiar a cualquier velocista olímpico.

Se cree que el Homo ergaster enfrentó épocas de extensas y terribles sequías que afectaron los bosques tropicales y que permitieron el surgimiento de vastas áreas desérticas.

Los miembros de esas especies humanas estaban preparados para enfrentar el calor. Su piel era lisa y, en gran medida, carente de pelos. Eso les permitía sudar más "eficientemente".

El Homo ergaster, un devorador de carne, también podía desplazarse y cazar al mediodía, cuando la mayoría de los animales descansaban.

Rumbo a Asia

Viajó grandes distancias. De hecho fue el primer humano que abandonó África y colonizó Asia.

En su nuevo y exuberante ambiente, evolucionó y dejó de ser un Homo ergaster para transformarse en el Homo erectus.

Información arqueológica señala que, aunque su población pudo no haber sido muy numerosa, se dispersó en un área que se extiende desde Turquía hasta China.

"Eran pequeños grupos de cazadores y recolectores", explicó el profesor Chris Stringer, un antrópologo del Museo de Historia Natural de Londres.

"Eran nómadas que se movilizaban por amplias zonas para conseguir sus alimentos en un ambiente muy competitivo. En lo que respecta a sus cuerpos -su forma y su constitución física- se parecían mucho a nosotros", indicó el experto.

Super volcánEstudios recientes demuestran que el Homo sapiens también abandonó África, hace aproximadamente 120.000 años.

Viajamos en pequeños grupos, posiblemente no más de 100 personas en la primera ola migratoria.

Después nos esparcimos. Algunos llegaron a Europa, que ya estaba ocupada por el Neandertal, mientras que otros se desplazaron hacia el este hasta llegar a India. Hay evidencia arqueológica de que arribaron a tiempo para un verdadero cataclismo.

Hace 74.000 años, el monte Toba, un volcán en el sureste asiático, tuvo una actividad sin parangón. Se trató de la mayor erupción de los últimos dos millones de años, calificada como una erupción supervolcánica.

El volcán lanzó tanto azufre a la atmosfera que provocó una caída, de varios grados, de las temperaturas en todo el planeta.

Las rocas fundidas que emanó cubrieron un área del tamaño del Reino Unido y se estima que llegó a una profundidad de 10 metros.

Produjo una gran cantidad de cenizas que, arrastradas por los vientos, cubrieron extensas área de Asia, incluyendo el subcontinente indio. De hecho, dicen expertos, todavía hoy se encuentran sus vestigios.

Ya sea por los efectos de la actividad del monte Toba o por la llegada de los humanos modernos, la erupción volcánica marcó el punto más alto de la ocupación del Homo erectus en Asia.

En los siguientes 40.000 años, fueron sacados lentamente, probablemente por una combinación de factores como el cambio climático y la férrea competencia por conseguir alimentos, que escaseaban, especialmente tras la expansión de los humanos modernos.

Competencia

El Homo erectus era ligeramente más grande y más fuerte que el Homo sapiens. Entonces ¿por qué sobrevivimos y ellos no?

La respuesta más obvia es que teníamos cerebros más grandes.

Pero eso no es lo más determinante, aseguran los científicos. Lo que realmente importa no es el tamaño del cerebro sino cuán grandes son ciertas áreas del cerebro.

"Las partes del cerebro del Homo erectus dedicadas a controlar el lenguaje y el habla no ocupaban un gran espacio", señaló John Shea, profesor de paleontropología de la Universidad Stony Brook en Nueva York.

"Uno de los elementos cruciales de las adaptaciones que hizo el Homo sapiens es que combinó la compleja habilidad de planificar, desarrollada en la sección frontal del cerebro, con el lenguaje y la destreza de transmitir ideas entre ellos", dijo el experto.

La planificación, la comunicación e incluso el comercio están entre los aspectos que permitieron el desarrollo de nuevas herramientas y armas que se difundieron rápidamente entre la población.

Registros de fósiles indican que el Homo erectus elaboró la misma hacha elemental por más de un millón de años.

Nuestros ancestros, en cambio, crearon armas más pequeñas y sofisticadas como la lanza, la cual trajo ventajas evidentes a la hora de cazar y pelear.

Abismo evolutivo

De esa forma, el Homo sapiens superó a sus otros rivales humanos, los Neandertales, quienes murieron 30.000 años, atrás cuando la era del hielo limitó los suministros alimenticios.

"Incluso hace 100.000 años, habían varias especies humanas en la Tierra y eso es algo que, en la actualidad, nos puede parecer raro. Nosotros somos los únicos sobrevivientes de todos esos grandes experimentos evolutivos de cómo ser humanos", aseveró Stringer.

El Homo erectus estuvo en Asia hasta hace 30.000 años. Pese a que se extinguieron, dejaron descendientes en la isla de las Flores en Indonesia.

Esos humanos, los Homo floresiensis, también conocidos como "Hobbits", sobrevivieron hasta hace unos 12.000 años atrás.

Con su partida nos quedamos solos, como la última especie humana en el planeta.

"Existe un gran abismo entre nosotros y nuestros más cercanos parientes primates: gorilas, chimpancés y bonobos", señaló el doctor Shea.

"Si ese abismo hubiese sido llenado por otros homínidos, el vacío no sería tan amplio y la cadena evolutiva sería más gradual. Nosotros nos consideramos especiales, pero quizás no lo somos tanto. Un poco de humildad no le caería mal a nadie".

sábado, 12 de febrero de 2011

El despertar a nuestro origen - Parte 2

He aquí la segunda parte de la serie de escritos "El despertar a nuestro origen"

(Para ir a la primera parte "El descubrimiento de los primos evolutivos")

Parte 2 - Develando la monada del hombre

Al despuntar el siglo XIX los europeos contaban ya con el conocimiento de la existencia de los grandes simios, y entre los naturalistas resultaba inquietante el parecido del humano con los chimpancés, gorilas y orangutanes, llamados por entonces colectivamente como cuadrumanos. Esto llevó al naturalista francés Jean Baptiste Lamarck a plantear, de manera hipotética, que el hombre hubiese evolucionado de un simio.

La bomba herética fue lanzada en la obra “Filosofía Zoológica”, que fue publicada en 1809.

Dice el naturalista francés en su último capítulo:

“Si el hombre no se hubiera distinguido de los animales más que en su organización, resultaría fácil mostrar que los caracteres de organización que se emplean para formar con sus variedades una familia separada, son todos el producto de antiguos cambios en sus acciones y de los hábitos que ha adquirido, hábitos que han llegado a ser particulares de los individuos de su especie. Efectivamente, si una raza cualquiera de cuadrúmanos, sobre todo la más perfeccionada de ellas, perdiera, por la necesidad de las circunstancias o por cualquier otra causa, el hábito de trepar a los árboles y de asir las ramas con los pies, como con las manos, para colgarse de ellas, y si los individuos de esta raza se vieran obligados, durante varias generaciones, a no utilizar sus pies mas que para andar, y cesaran de utilizar sus manos a modo de pies; no hay duda [...] que estos cuadrúmanos se transformarían finalmente en bímanos, y que los pulgares de sus pies dejarían de estar separados de los otros dedos, con lo que dichos pies les servirían sólo para caminar. Además, si los individuos a los que me refiero, movidos por la necesidad de dominar, y al propio tiempo de ver a lo largo y a lo ancho, se esforzaran en mantenerse de pie y adquirieran constantemente este hábito de generación en generación; no hay duda tampoco de que sus pies irían ganando de forma imperceptible una conformación propia para mantenerlos en una postura erguida, que sus piernas adquirían pantorrillas, y que estos animales apenas podrían caminar con los pies y las manos al mismo tiempo. Por fin, si esos mismos individuos dejaran de valerse de sus mandíbulas para morder, desgarrar o atrapar [...] tampoco hay duda de que su ángulo facial iría aumentando, que su hocico se acortaría de forma gradual, y que cuando éste finalmente desapareciera, sus dientes incisivos serían verticales.”

Sospecho que para sus adentros Lamarck consideraba el origen simiesco de la humanidad más que una simple hipótesis. También queda claro que Lamarck propuso como mecanismo evolutivo “la necesidad”. La evolución era para Lamarck una tendencia "interna" que respondía a la necesidad. De hecho, muchas personas en la actualidad piensan que así opera la evolución.

La propuesta de Lamark se basaba en la influencia del medio. Para él la adaptación era resultado del grado en que los organismos usarán sus órganos (Ley del uso y del desuso). Un uso continuado de un órgano produce su crecimiento y un desuso prolongado provoca su disminución. Por otra parte Lamarck propuso la "Ley de los caracteres adquiridos", según la cual las modificaciones creadas por los distintos grados de utilización se transmiten hereditariamente a su descendencia. Esto conllevaría a la postre que los órganos muy utilizados se desarrollarán mucho, mientras que los que no se utilicen tenderán a desaparecer.

Hoy sabemos que la "ley del uso y el desuso" es incorrecta. Los genes que controlan el desarrollo embrionario son los responsables de los cambios de tamaño o forma de una estructura, pero previo a esto hay una mutación que altera el plan corporal. Y lo que "guía" el cambio evolutivo es la selección natural, en la mayoría de los casos. La ley de los caracteres adquiridos es errónea porque el grado de uso de un órgano no pasa a la descendencia. Solo pasan los genes. Por más que a los niños judíos se les circuncide, no hará que las futuras generaciones nazcan sin prepucio; o por más que un hombre se ejércite en el salto con pértiga, no tendrá hijos más altos.

Para que se postulase la selección natural, con su exquisito complemento entre variabildad, lucha por los recursos, reproducción diferencial y adaptación, faltarían cuarenta años.

Lamarck también consideró que el chimpancé, llamado entonces Simia troglodytes, es el animal “más perfecto” por su gran parecido al humano (lo que nos muestra el antropocentrismo de entonces). Al finalizar su obra Lamarck reconoce que el humano podría haber tenido un origen evolutivo como el resto de los animales:

“Tales serían las reflexiones que se podrían plantear si el hombre, considerado aquí la raza preeminente en cuestión, no se distinguiera de los animales más que por las características de su organización, y si su origen no fuera diferente del de éstos”

Si bien es cierto que Lamarck no propuso un mecanismo comprobable y válido para el cambio evolutivo, si logró hacer popular la idea de la evolución biológica, y de los orígenes simiescos del ser humano. Ideas que pudieron abrirse camino en el siglo XIX.

En el mismo año que Lamarck publicara su "Filosofía Zoológica" nacía Charles Robert Darwin.

Luego, en 1820 se imprimió en Francia una obra llamada "l’Abrégé de l’histoire générale des singes" par M. Leclerc de Buffon. Este libro está dedicado exclusivamente a los cuadrumanos. El capítulo final lanza una crítica ácida hacia aquellos que albergaban ideas evolucionistas y sobre el origen animal del hombre. Para ello se hace hincapié en la carencia de la razón de los grandes simios, a los que se refiere como “brutos”, pasando por alto las similitudes anatómicas, que son precisamente las que sembraron la idea del origen humano a partir de los simios.

“Hemos llegado al final de la historia de estos animales cuya vista desde el primer instante hizo nacer en nuestro espíritu un sentimiento de humillación. Antes que nada, nos pareció entrever en el bruto un rival de nuestra especie, pero reingresando en nosotros mismos esta idea se desvaneció súbitamente y nos dimos cuenta que el simio no tiene sino la forma material del hombre, no es más que un animal de instinto apenas superior al de los otros cuadrúpedos, y no tiene más que una máscara de la especie humana. Llenos de reconocimiento nos postramos frente a este Ser Supremo que nos compenetró de un soplo divino, y que no ha donado más que a nosotros de una pequeña porción de su sublime inteligencia. ¡La razón! Esta palabra impone silencio a todos aquellos miserables que, olvidando la dignidad de su augusto carácter, o más bien fingiendo desconocerla, quisieran con todas sus fuerzas nulificar esta majestad que recibimos del Autor de la Naturaleza. Que paren de remendarnos las semejanzas de organización […] Y así, siempre existirá entre nosotros y el simio, que se nos presenta como una excelente copia de nosotros mismos, una distancia inmensa de la cual ningún razonamiento podrá nunca evaluar la identidad, y el simio no podrá más que remedar nuestra especie”.

“Simple remedo y que paren ya de señalar las semejanzas anatómicas”. Estos eran los argumentos de los creacionistas de antaño, y también de los de ahora.

Pero las similitudes anatómicas seguían despertando sospechas de relación de parentesco. Ya por 1844 el inglés Robert Chambers publicó la obra “Vestigios de la Historia Natural de la Creación” en el que contempla la posibilidad de evolución entre las especies y argumenta que el hombre y los monos tienen un antepasado en común. Sin embargo, como el ambiente cultural era adverso a cualquier herejía que desdijera del lugar privilegiado del ser humano, Chambers publicó su obra de manera anónima. Después de la publicación de “Vestigios…” los conservadores hicieron una caza de brujas tratando de descubrir quien había sido el miserable (recuerde la cita anterior de "l'Abrégé...") que había escrito semejantes blasfemias. Chambers estuvo en la lista de sospechosos pero permanecería en silencio sobre su obra hasta 1884.

Chambers expone en su obra que el registro fósil muestra una secuencia, que es acorde a la evolución. Bueno, él no usó esa palabra. Lo cual es cierto. Pero falló al afirmar que el registro fósil mostraba una tendencia a la perfección, por lo que deducía que esta tendencia es una ley natural. Hoy sabemos que no hay una tendencia hacía el progreso, sino que simplemente la adaptación es resultado de la selección natural.

Cuando Chambers publicó sus “Vestigios…” se preguntó porque las especies tienen características en común con otras especies de forma tal que se pueden agrupar de la forma expuesta por Linneo. Las similitudes anatómicas se deberían a que las especies comparten ancestros en común. Mientras mayor sea el parecido anatómico más recientemente vivió este antepasado común, y a menor parecido más lejano el antepasado común. Obviamente esta idea llevaría a deducir que los simios africanos son los parientes más cercanos del humano, seguidos del resto de monos del Viejo Mundo. En esto Chambers acertaría.

En este contexto se formó Charles Darwin, quien para 1844 ya había gestado la teoría de la evolución por selección natural, pero que no se había animado a publicar.

Después de viaje alrededor del mundo como naturalista (1831-1836) Darwin recogió muestras de muchos organismos, incluidas las tortugas y pinzones de las islas Galápagos. Ya en Londres las aves fueron estudiadas por el ornitólogo John Gold y las tortugas por el paleontólogo y anatomista Richard Owen, quienes, a principios de 1837, le aseguraron que en cada grupo había especies distintas. Darwin sabía que estas especies pertenecían a islas diferentes y empezó a sospechar que las especies no eran inmutables.

Ya para marzo de 1837 año empezó a poner por escrito sus ideas sobre la transformación de las especies. En septiembre de 1838 leyó el libro del economista político Thomas Malthus “Ensayo sobre el principio de la población”, publicado por primera vez en 1798. Malthus exponía la idea de que la humanidad estaría en una gran crisis debido al aumento de la población; en el futuro no habría alimentos para todos y entonces comenzaría una lucha por la supervivencia. El libro también hacía referencia a las poblaciones de plantas y animales, afirmando que todas las especies tienden a procrear más allá de los recursos disponibles, de forma que sólo una parte de la descendencia puede sobrevivir. Esta fuente inesperada le dio a Darwin una idea con la cual poder proponer el mecanismo evolutivo. Darwin también notó que existe variabilidad dentro de una especie. Por aquel entonces no se conocía nada sobre genética, pues Mendel estaba encerrado en un convento y su trabajó saldría hasta 1866, lo que le habría servido mucho a Darwin. Pero al combinar en su mente la variabilidad dentro de una especie, la competencia por los recursos y la reproducción diferencial, Darwin gestó la idea de la selección natural.

En palabras de Darwin la selección natural se podría resumir diciendo que:

“Existen organismos que se reproducen y la progenie hereda características de sus progenitores, existen variaciones de características si el medio ambiente no admite a todos los miembros de una población en crecimiento. Entonces aquellos miembros de la población con características menos adaptadas (según lo determine su medio ambiente) morirán con mayor probabilidad. Entonces aquellos miembros con características mejor adaptadas sobrevivirán más probablemente”.

Darwin durante su viaje en el Beagle realizó la lectura de la obra del geólogo Charles Lyell, que le mostró que en la Tierra podían existir cambios graduales que se desarrollarían a lo largo de grandes periodos de tiempo. Darwin llevaría esta idea de la geología a la biología, además que en un mundo de millones de años y no de 6000 años había espacio para la evolución.

Previendo la oleada de críticas, tal como ocurriera con las obras de Lamarck y más recientemente con Chambers, Darwin reunió la mayor cantidad de pruebas antes de lanzar su teoría. Se valió del registro fósil, la anatomía y embriología comparada, la biogeografía, y el estudio de la acción de la selección artificial en plantas y animales domésticos. A diferencia de Chambers y otros, Darwin tiene el merito de haber planteado no solo la evolución de las especies sino de proponer la selección natural como mecanismo para que esta se de.

Darwin no solo argumentó que la evolución por selección natural era la responsable del origen de las especies de cucarrones y orquídeas, sino que también los seres humanos son fruto de los mismos procesos que formaron a las demás especies.

Para 1844 Charles Darwin había acabado su esquema sobre la evolución de las especies. Pero no se animó a publicarlo hasta que en 1858 el naturalista Alfred Russell Wallace envió un ensayo a Darwin en el que consideraba que las especies evolucionaban por el mecanismo de la selección natural. Darwin asombrado por el descubrimiento de Wallace y temiendo que este se llevase la originalidad de la idea decidió exponer su teoría, en unos ensayos de 1844, junto con el ensayo de Wallace. Darwin había vacilado mucho en publicar su teoría, por temor a lastimar a su esposa que era muy creyente. En alguna ocasión llegó a escribir que publicarla equivaldría a "confesar un asesinato"

Wallace se preguntaba si Darwin tocaría el origen del ser humano en la obra que preparaba sobre el origen de las especies. Darwin le respondió en 1857 “Creo que pasaré por alto hablar del tema. Está tan rodeado de prejuicios. Aunque concuerdo con usted en que es el problema mayor y el más interesante para los naturalistas”

Darwin trabajó para resumir su teoría y finalmente el 24 de noviembre de 1859 “El Origen de las especies” vio la luz. Tal como se lo comentó a Wallace "El Origen" no habla de la evolución humana. Terminando la obra tan solo dice “Se arrojará mucha luz sobre el origen del hombre y su historia”.

Pero a pesar que Darwin no habló de la evolución humana, todos sabían que se podía inferir de "El origen" la descendencia del humano de los monos. Ya sea porque leyeron la obra de Darwin, o porque tenían conocimiento de lo anteriormente planteado por Lamarck o el anónimo autor de "Vestigios..."

Para mostrar el revuelo social que causó la obra de Darwin, la historia ha preservado las palabras de la esposa del obispo de Worcester: "¡Descendientes de los monos! ¡Esperemos que no sea cierto, pero, si lo es, recemos para que no se sepa!"

El tema de la evolución humana será tratado por Darwin en 1871 en la obra “El Origen del Hombre”. En esta obra queda manifiesto que Darwin recurrió a la anatomía y embriología comparada, lo que lo llevó a deducir el origen común del hombre y los grandes simios.

He aquí algunas reflexiones sobre anatomía comparada:

"[...] Las orejas de los chimpancés y orangutanes son singularmente parecidas a las del hombre, [y] no sabemos decir por qué estos animales, como los antepasados del hombre, han perdido la facultad de enderezar las orejas. [...]" (pp. 11-12)

"[...] conforme han demostrado el doctor Struthers y otros, existen en el húmero del hombre vestigios de este pasaje [—abertura supracondiloidea de los cuadrúmanos]." (pp. 14-15)

La embriología comparada también le dio luces a Darwin:

"[...] El embrión humano, en un período precoz, puede a duras penas distinguirse de los otros miembros del reino de los vertebrados. [...] El corazón, por ejemplo, no es al principio sino un simple vaso pulsátil; efectúanse las deyecciones por un pasaje cloacal; el hueso coxis sobresale como una verdadera cola, [...]." (p. 9)

Pero Darwin también notó que los monos y humanos son susceptibles a enfermedades similares lo que también implicaría una similitud en sus sistemas:

"El hombre puede tomar de animales inferiores, o comunicarles a su vez, enfermedades tales como la rabia, las viruelas, etc., hecho que prueba la gran similitud de sus tejidos, [...]. Los monos están sujetos a muchas de nuestras enfermedades no contagiosas. [Por ejemplo: catarros, tisis, apoplejías, cataratas]" (p. 7)

La etología o comportamiento animal también fue una rama en la que Darwin incursionó. El naturalista inglés mostró un gran interés por las habilidades de los primates no humanos:

"Se ha dicho con frecuencia que ningún animal se sirve de herramienta; pero, en estado de naturaleza, el chimpancé rompe, con auxilio de una piedra, un fruto indígena de cáscara dura parecido a una nuez. Habiendo Rengger enseñado a un mono americano a abrir de este modo una clase de nueces, se servía éste luego del mismo procedimiento para hacerlo con otras clases, así como con las cajas. Del mismo modo arrancaba la delgada piel del fruto, cuyo gusto le desagradaba. Otro mono, al que le habían enseñado a abrir la cubierta de una gran caja con un bastón, se servía después del bastón como de una palanca para mover los objetos pesados, y yo mismo he visto un orangután de escasa edad hundir un palo en una grieta, y después, cogiéndolo por el otro extremo, convertirlo en una palanca también. [...] Un mono del Zoological Garden, cuyos dientes eran débiles, rompía las avellanas con una piedra, y según me dijeron los guardianes, el animal, después de haberse servido de la piedra, tenía la costumbre de esconderla entre la paja, y se oponía a que mono alguno se la tocase. [...]" (pp. 32-33)

"[...] Sabido es que el orangután cubre su cuerpo por la noche con hojas de Pandanus, y Brehm ha visto que uno de sus babuinos tenía la costumbre de resguardarse del calor solar poniéndose una estera en la cabeza. Los monos antropomorfos, guiados probablemente por el instinto, se construyen plataformas transitorias. En las cumbres de esta clase podemos ver un paso dado hacia algunas de las artes más simples, principalmente la de los trajes y arquitectura grosera, tales como han debido aparecer entre los primitivos antepasados del hombre." (p. 34)

En cuanto a las diferencias en las capacidades mentales entre simios actuales y humanos, Darwin ve una diferencia de grado, que pudo verse incrementada gradualmente desde el antepasado simiesco de la humanidad:

"Comparto enteramente la opinión de los autores que admiten que, de todas las diferencias existentes entre el hombre y los animales más inferiores, la más importante es el sentido moral o la conciencia" (p.47)

"[...] por considerable que sea la diferencia entre el espíritu del hombre y el de los animales más elevados, es sólo, ciertamente, una diferencia de grado, y no de especie. [...]" (pp. 73-74)

"[...] aun cuando las facultades mentales del hombre difieren inmensamente de las de los animales que le son inferiores, difieren sólo en grado, pero no en naturaleza. Por grande que sea una diferencia de grado, no nos autoriza para colocar al hombre en un reino aparte, [...]." (p. 142)

"[...] Es, pues, muy probable que las facultades intelectuales del género humano se han perfeccionado gradualmente por selección natural. [...]" (p. 119)

Darwin combinó la información de la anatomía comparada, base de la clasificación de los primates, para ubicar al ser humano entre los primates catarrinos (los monos y simios de África y Asia):

“Al formar sobre este punto juicio relativo al hombre, debemos estudiar con algún detenimiento la clasificación de los simios. Esta familia ha sido dividida...en el grupo catarrino...y en el grupo platirrino... Ahora bien, el hombre, sin género alguno de duda, por su dentadura, por sus orificios nasales, y varios otros respectos pertenece a la división de los catarrinos.... Resulta pues en consecuencia que el hombre es una rama del árbol simio del Antiguo continente...” (p. 207)

Y luego añade:

“Ahora bien, siendo tan grande el parecido del hombre con los catarrinos, cuyo tronco está en el Antiguo continente, se debe concluir, por más que esto hiera nuestro amor propio, que los progenitores del hombre pudieron con gran propiedad clasificarse entre las especies designadas...” (p 210)

Darwin se lanzó a predecir como sería el aspecto del ancestro simiesco humano:

"[...] Los primeros antecesores del hombre tenían, sin duda, cubierto el cuerpo por completo de pelos, siendo barbudos ambos sexos, sus orejas eran puntiagudas y movibles, estaban provistos de una cola mal servida por músculos propios. [...] El pie, a juzgar por el estado en que se presenta el pulgar en el feto, debía ser entonces prensil, y nuestros antecesores vivían sin duda habitualmente sobre los árboles, en algún país cálido cubierto de bosques." (p. 162)

Concluye entonces Darwin que los anteriores hechos permiten deducir un ancestro común:

"[...] animales tan distintos entre sí, como un mono, un elefante, un colibrí, una serpiente, una rana, un pez, etcétera, hayan podido todos descender de unos solos mismos antecesores. [...]" (p. 159)

"[...] el hombre y todos los demás vertebrados han sido construidos según un mismo modelo general; [...]. Deberíamos, por lo tanto, admitir francamente su comunidad de descendencia, [...]." (pp. 17-18)

"[...] los monos catirrinos y platirrinos, con sus subgrupos, proceden ambas de algún antecesor extremadamente remoto. [...]" (p. 154)

Pero que Darwin se hubiese demorado años juntando pruebas no fue motivo para que los conservadores se abstuvieran de atacar a Darwin. El naturalista inglés se volvió objeto de burla en caricaturas de Darwin con cuerpo de mono, y los anglicanos conservadores lo vieron como el mismo diablo (aunque a diferencia del diablo Darwin si existía). Darwin en su casa de campo, y con su poca salud estaba aislado de la tormenta cultural. Charles Lyell, el geólogo que le influyó, y Thomas Henry Huxley eran algunos de sus amigos que lo animaron. Huxley defendería y debatiría a favor de la evolución biológica. Por esta razón se llegó a conocer como el bulldog de Darwin.

Darwin predijo que los restos de antepasados simiescos se hallarían en África, y su modelo de la evolución humana planteaba que primero evolucionaría la postura bípeda y luego vendría la encefalización. Con el tiempo el registro fósil daría la razón a Darwin.

Resulta curioso que Alfred Wallace, codescubridor de la selección natural, haya considerado que la evolución produjo todas las especies, pero no la humana. Para Wallace la selección natural no podría crear el cerebro que hace cálculos matemáticos, que crea sinfonías o poesías. Wallace se encogería de hombros e invocaría a Dios como creador de la humanidad.

Wallace también desechó la idea de la selección sexual. Una variante de la selección natural en al que en la búsqueda de pareja se seleccionan ciertas características, como la cola larga del pavo real o las mejillas con tejidos fibrosos y de grasa en los orangutanes. La selección sexual explica porque algunas especies tienen características que los ponen en desventaja frente a los depredadores, al señalar que aumentan las probabilidades de que se reproduzcan.

Darwin afirmó que la selección sexual era responsable de la pérdida del vello corporal en la especie humana. Hoy se adjudican a la selección sexual las características que hacen diferentes a los sexos en nuestra especie, como los senos redondeados femeninos o el mentón en los varones.

Volviendo a la oposición que tuvieron las ideas evolutivas en tiempos de Darwin es importante recordar un episodio que encarnan la lucha entre las ideas evolutivas y creacionistas: El debate de Thomas H. Huxley y el obispo Wilberforce en 1860.

Huxley era un excelente zoólogo y anatomista. En 1863 había publicado la obra “Evidences as to Man’s place in nature” en el que mostraba los esqueletos de los grandes simios y el hombre argumentando que estos tienen un antepasado común.

El bulldog de Darwin estaba en abierta oposición con Richard Owen, un eminente paleontólogo y anatomista que consideraba que la selección natural no era un mecanismo evolutivo, aunque consideraba que las especies si podían evolucionar. Owen creía que el hombre no podía estar emparentado con los simios, porque estos últimos carecían de estructuras cerebrales como el hipocampo. Cualquier persona que sepa de anatomía podrá notar que Owen estaba errado.

Inicialmente Huxley no deseaba debatir públicamente con el obispo Wilberforce, pero fue alentado por varias personas, una de ellas Robert Chambers,, quien a la fecha mantenía oculto el hecho de ser el autor de “Vestigios…”

El excelente orador Samuel Wilberforce, era el paladín de Richard Owen, quien decía que Huxley era “el defensor del origen del hombre de un mono trasmutado”. Días antes del debate Huxley y Owen habían hablado del tema y Huxley comentó que lo importante del asunto era llegar a la verdad y los hechos, y que para él no habría problema alguno conocer que uno de sus ancestros había sido, por ejemplo, un gorila.

Ya el día del debate, el 28 de junio de 1860, Wilberforce atacó la evolución y utilizó la información proporcionada por Owen. El obispo finalizaría su discurso preguntándole a Huxley: “¿Preferiría entonces el Sr. Huxley descender de un mono por parte de padre o por parte de madre?”

Esta declaración dio pie a Huxley para iniciar su intervención con una declaración cortante: “…preferiría ser familia de un simio que de un hombre como el propio obispo, que utilizaba tan vilmente sus habilidades oratorias para tratar de destruir, mediante una muestra de autoridad, una discusión libre sobre lo que es o no verdad”.

Huxley hizo referencia a una característica de la ciencia, de que los argumentos de autoridad carecen de valor y que lo importante son las pruebas. El bulldog de Darwin recalcó es que las similitudes entre los grandes simios y el ser humano eran mayores que lo que se pensaba entonces. El bando de Huxley ganó el debate, lo cual fue un logro notable, teniendo en cuenta lo conservadora que era la Inglaterra victoriana.

Pero Huxley fue más allá. Realizó disecciones en el cerebro de un gorila y demostró que estos simios si poseían hipocampo. La estructura del sistema nervioso que Owen creía exclusiva del ser humano. Owen, que no era amigo de bajar la cabeza y reconocer que se había equivocado, se enemistaría con Huxley para el resto de su vida.

Después de “El Origen del Hombre” y “Evidences as to Man’s place in nature” estaba ya armada la herejía contra la creación especial del ser humano. El descubrimiento de los grandes simios, los estudios anatómicas de los simios de Edward Tyson y Nicolaes Tulp, la clasificación de los seres vivos de Linneo, y los subsiguientes ajustes de Étienne Geoffroy e Isidore Geoffroy, abonaron el camino para emparentarnos con los monos y simios.

Lamarck y Roberts se abordaron el “problema mayor y más fascinante de los naturalistas”, el origen humano, pero no tenían un mecanismo viable. Solo hasta que llegó Darwin todas las piezas del rompecabezas cayeron en su sitio. La selección natural es un mecanismo natural muy simple que explica el aparente diseño de las cosas vivientes. La selección natural deja de lado las explicaciones naturales y hace del origen de las especies y sus adaptaciones un fenómeno natural más.

Todo el trabajo de Darwin lo llevaría a destronar al hombre de su posición especial. El biólogo Ernst Haeckel lo llamaría con razón “el Copérnico de la Biología”. Demoledoramente, para el estatus de creación especial del hombre, Darwin diría:

"[...] el hombre «no es más que una de las diversas formas excepcionales de los primates»."

martes, 1 de febrero de 2011

¿Qué habría dicho Congreve al ver al gorila Ambam?

Terminando el siglo XVII el dramaturgo inglés William Congreve afirmó que «Nunca podría mirar a un mono largo rato sin caer en humillantes reflexiones». Destacaba así que el parecido entre humanos y monos es enorme. Cabe recordar también el asombro que produjo a los primeros europeos el descubrimiento de los grandes simios (algo que comentamos en "El despertar a nuestro origen. Parte 1")
Sin duda, las humillantes reflexiones a las que se referia Congreve se relacionaban con la posibilidad del parentesco entre simios y humanos. La "humillación" al linaje humano llegaría por parte de Darwin en el siglo XIX.

Después de Darwin, la cultura popular pone como hito de la evolución humana, la adopción de la postura erecta de un simio en algún lugar de África. La bipedación fue tomada como un proceso que ocurrió después de la encefalización, pero el descubrimiento de los australopitecos demostró que primero evolucionó la postura bípeda, y luego ocurrió la encefalización.

Los australopitecos aparecieron como chimpancés bípedos, aunque sus dientes son más parecidos a los humanos. No obstante los creacionistas suelen considerar a los australopitecos simples chimpancés. (Ver el ensayo "Mentiras de los creacionistas sobre Lucy: Australopithecus afarensis")

Un simio bípedo es una pesadilla para los creacionistas. Y por ello se esfuerzan en señalar que los australopitecos no fueron bipedos, que Lucy no caminó como un ser humano, etc. etc.

Por ejemplo, un creacionista que mantiene un blog llamado "Evoluficción" dice: Aún concediendo que fueran bípedos [hablando de los Australopitecos], cosa difícil de creer sin pruebas contundentes, ¿qué garantía hay de que un ser bípedo es un antepasado humano?, los canguros o las gallinas, son bípedos y nadie espera que se vuelvan humanos.

Sin duda, tenemos muchísmos más genes y características en común con los chimpancés que con lo canguros. Así como más características anatómicas. Los canguros son marsupiales, los chimpancés como nosotros somos placentarios. El parecido anatómico es grande.

Las pruebas existen. Cosa diferente es que la estrategia creacionista consiste en enfocarse en negar los fósiles y no tomar en cuenta el parecido anatómico. También es común que los creacionistas se enfoquen en las discusiones entre especialistas que ven en los australopitecos una bipedismo completo y bipedismo parcial, para tomar fragmentos de sus textos para hacerlos pasar como si hubiese científicos que negasen la postura bípeda de los australopitecos.

Hay varias características anatómicas que nos indican una postura bípeda: La orientación del forámen magnum (el agujero por el que sale la médula espinal en el cráneo), lo mismo que la orientación del fémur, el hueso de la pierna, y los huesos del píe. Hoy sabemos que Lucy, y sus parentes eran bípedos sin duda alguna. Algunos detalles son los que están en sana discusión.

El cambio de cuadrupedismo a bipedismo no ocurrió de repente. La longitud de los músculos y tendones, la orientación del fémur y la longitud de la cadera cambiaron gradualmente para permitir el origen del bipedalismo.

Los grandes simios que caminaron en cuatro patas estaban preadaptados para la marcha bípeda. De manera que cuando se dieron los cambios ambientales la selección natural encontró un canal por el cual discurrir.

La preadaptación de los simios se debió a su posición ortógrada. Un primate ortógrado es aquel que adopta posturas verticales del tronco durante la locomoción, con tórax ancho, columna corta y relativamente rígida y brazos más largos que las piernas; a diferencia de los pronógrados, con locomoción esencialmente cuadrúpeda en el suelo y en los árboles, columna larga y flexible y brazos más cortos que las piernas. Los chimpacés, orangutanes y gorilas son primates ortógrados.

Pues bien, ya sabemos que los gorilas son ortógrados, que se parecen mucho a nosotros tanto anatómicamente como molecularmente. Que después de los chimpancés y bonobos son nuestros parientes más cercanos. Ahora miremos a uno de ellos. A un gorila llamado Ambam.

Ambam es un gorila de lomo plateado de 21 años que vive en un zoólogico de Kent (sur de Inglaterra) que se ha convertido en una sensación en internet gracias a un vídeo de 18 segundos en el que se le ve caminando igual que un ser humano.

La filmación ha tenido ya más de 300.000 visitas en YouTube desde que fue colgado hace una semana por los responsables de la Aspinall Foundation -www.aspinallfoundation.org-, la organización que dirige el zoológico en el que Ambam vive desde hace unos 14 años.

¿Pero qué es lo que lo hace tan atractivo que un gorila camine erguido? Hay muchos perros que aprenden como truco caminar en sus patas traseras. Lo hacen por pocos pasos. Pero un gorila caminando bipedamente pone más "humanización" en un ser que tiene manos parecidas, una cara algo plana y una mirada inquisitiva. Sin duda algo que resultaría humillante para un creacionista, y muy sugestivo para un evolucionista. Un ligero eco de nuestros antepasados. Aunque los australopitecos no eran tan macizos como los gorilas.

Personalmente me gustaría que existieran más videos de Ambam mostrando su andar bípedo. Me disgutaría enormemente que fuera un montaje porque rápidamente los creacionistas harían de el un "Hombre de Nebraska" para decir que todo fue un plan urdido por los evolucionistas. (Ver el ensayo: "Medias verdades de los creacionistas sobre el hombre de Nebraska")

En fin, les dejo el video de Ambam. Y ahora imaginen qué diría William Congreve si lo viera? ¿Qué dirían los pastores evangélicos si se lo encontrasen en la calle? ¿Qué habría dicho Darwin de haberlo podido conocer?



¿Y usted qué opina?

jueves, 14 de octubre de 2010

El despertar a nuestro origen - Parte 1

En la actualidad cualquier persona educada sabe que el ser humano es un mamífero, primate y homínido. También se sabe que la especie humana apareció por un proceso evolutivo, que nos remonta a un ancestro simiesco, y mucho más atrás hasta una célula procariota. Hoy en día la genética, la anatomía y la embriología comparadas, junto con la paleontología nos permite conocer nuestros orígenes.

Pero esto no siempre fue así. Durante la mayor parte de la historia humana la humanidad se explico sus orígenes desde el mito religioso. Esta serie de artículos mostrará el camino que recorrimos para conocer nuestro pasado.

Parte 1 - El descubrimiento de los primos evolutivos.

Los grandes simios, esos primates con los que compartimos la mayor parte de nuestros genes, fueron desconocidos por los europeos antes del Medioevo. Sin embargo, Cartago, la ciudad norteafricana que rivalizó con Roma en la época romana, envió al almirante Hannon a explorar la costa africana para identificar localidades adecuadas para la fundación de nuevas colonias. Esto ocurrió en el 407 A.E.C. Según cuentan la obra Periplus Hannonis, el almirante llegó a la costa occidental de África y encontró grandes simios, a los que llamó salvajes:

“La mayor parte de ellos eran hembras con el cuerpo rugoso y peludo, que nuestros intérpretes llamaban gorilla. Los perseguimos. Tres de sus mujeres, que no querían por ninguna razón seguirnos, se rebelaron contra nuestra gente mordiéndola y arañándola al grado que tuvimos que matarlas. Las desollamos y llevamos las pieles a Cartagena.”

Según Plinio, el escritor latino, las pieles permanecieron en la ciudad hasta que los romanos la destruyeron. Es probable que los cartaginenses hayan capturado gorilas o chimpancés. Con exactitud no lo sabemos. Pero el mundo mediterráneo tenía conocimiento de otros primates. Más precisamente de los monos de Berbería, que la Biblia menciona en Primera de Reyes, además de los babuinos y cercopitecos que conocieron los egipcios. No obstante, estas dos últimas especies no hacen parte de la familia Hominidae, cosa que si ocurre con los grandes simios.

Aristóteles, colocó justo debajo del hombre al mono de Berbería (Macaca Sylvanus), porque era el que más se parecía al hombre, quien estaba un peldaño más arriba de su “escala”. Tres siglos después Plinio, en su obra Naturalis Historia, hace mención de un gran simio con manos y pies de aspecto humano, proveniente de Etiopía y que se expuso en Roma durante los juegos organizados por Pompeyo.

También en la época romana sobresale el poeta épico Quinto Ennio quien asombrado por el parecido del mono de Berbería exclamó: «El simio, la más vil de las bestias, ¡cómo se parece a nosotros!»

Y el parecido no solo resultó ser superficial. En el segundo siglo de la Era Común, el médico Galeno de Pérgamo, realizó disecciones en monos para conocer su anatomía. Lo que pareció curioso es que la anatomía humana resultó muy parecida a la del mono. Galeno demostró como diferentes músculos son controlados por la médula espinal, identificó siete pares de nervios craneales, demostró las funciones de los riñones y la vejiga, descubrió las diferencias entre venas y arterias, además de demostrar que por las arterias circula sangre, y no aire como se creía anteriormente, entre otras cosas.

Hoy sabemos que estas características las poseen varias especies porque las heredaron de un ancestro que las desarrolló por primera vez.

¡Cuál habría sido el asombro de Aristóteles, Ennio, Plinio y Galeno de haber conocido a los grandes simios!

Durante la Edad Media no hay referencia alguna a los simios. Solo hasta el inicio de la exploración mercantil y militar de la Era Moderna, que se dio gracias al espíritu inquisitivo que hizo parte de la mentalidad burguesa, se conocieron en Europa relatos y las primeras ilustraciones de grandes simios con aspecto y estatura similar a la humana. Estos seres recibieron el nombre de pongo, engeco, insiego, quoias-morrou, drill, y barris. Sin embargo, las ilustraciones de estos seres son poco exactas y muestran seres muy humanizados.

La apertura de los europeos al mar trajo el conocimiento de los grandes simios.

El primer relato proviene de un marinero portugués llamado Duarte López quien narra la presencia de grandes antropomorfos en las playas de Songan, hoy Zaire. Por su descripción parece ser que observó chimpancés. Estos relatos son llevados a la imprenta en 1598.

Más detallado, pero sin ilustraciones fue el relato del marinero inglés Andrew Battell, quien reportó la existencia de gorilas y chimpancés, así también como la existencia de humanos pigmeos. Battell llamó a los chimpancés “engecos” tomado de una lengua local. Su relato sale a la luz en 1613.

Con sorpresa un médico inglés llamado Edward Tyson realizó en 1698 la primera disección de un chimpancé. Tyson publicó sus resultados en un libro titulado "Orang-Outang, sive Homo Sylvestris: or, the Anatomy of a Pygmie Compared with that of a Monkey, an Ape, and a Man". En esta obra Tyson llega a la conclusión de que el chimpancé se parece más al ser humano que a los monos.

Luego vendría el famoso anatomista holandés Nicolaes Tulp, hecho famoso por Rembrand en el cuadro “Lección de anatomía” Tulp hace una detallada descripción de un chimpancé joven y añade una ilustración fiable en 1641 en la obra “Observaciones médicas”

Pero llegado ya el siglo XVI el sueco Carlos Linneo se tomaría el trabajo de clasificar plantas y animales, y tuvo que vérselas con los primates no humanos.

Así como por sus características anatómicas similares, los lobos y los chacales hacen parte de una misma familia, Canidae; los orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos hacen parte de la misma familia, Hominidae. Linneo no ubicó a los humanos y simios en la familia Hominidae, este seria un arreglo taxonómico muy posterior.

Linneo se percató de la gran similitud entre el hombre con el resto de los primates al examinar la anatomía de muchas especies de monos mientras estuvo en Holanda. Catorce siglos pasaron desde las disecciones hechas por Galeno. Y el sorprendente parecido anatómico llevaría a Linneo ubicar al hombre, a los monos y simios en un grupo al que denomino “Antropomorfa” que significa “con forma humana” en la primera edición de su obra Systema Naturae publicada en 1735.

Pero esta clasificación molestó a muchas personas. Los botánicos Johan G. Wallerius, Jacob Theodor Klein y Johann Georg Gmelin creían que poner al hombre en el mismo grupo con los simios rebajaba al hombre de su lugar especial gracias a sus atributos espirituales. Consideraban estos tres colegas de Linneo que esta clasificación traía incluidos algunos problemas para las personas religiosas. Que eran todas o casi todas en esos tiempos. La biblia dice que el hombre fue creado a imagen de dios, si los humanos y los monos están relacionados implicaría esto que los monos también fueron creados a imagen de dios, dedujeron los botánicos.

El botánico alemán Gmelin fue uno de los que más se molestó con la relación del hombre con los simios. La respuesta dada por Linneo, en 1747, muestra un apego a los hechos, algo propio de un científico:

“Se que no le parece que haya colocado al hombre dentro del grupo Antropomorpha, pero el hombre aprende a conocerse a si mismo. No hay que objetar sobre las palabras. Será lo mismo para mí el nombre que se aplique. Le pido a usted, y a todo el mundo, que me muestre un carácter genérico que consienta operar una distinción entre el hombre y el simio antropomorfo. Seguramente no conozco ninguno y quisiera que se me fuera indicado alguno. Pero si hubiera nombrado hombre a un simio, o viceversa, habría sido puesto en el bando por todos los eclesiásticos. Puede ser que como naturalista no haya podido proceder de modo distinto de como lo hice”

El clero también se hizo oír. El solo hecho de clasificar al hombre junto con los simios le valió una acusación de impiedad por parte del arzobispo luterano local. Cabe aclarar que Linneo nunca propuso que el ser humano evolucionó de seres simiescos. Esta idea demoraría más de un siglo en surgir. De hecho Linneo era un creacionista convencido. Su lema era “Dios crea y Linneo ordena”.

Sin embargo, el orden que trajo Linneo creó dos preocupaciones teológicas. La primera era que al poner al hombre en el mismo nivel como los monos o simios reduciría el hombre la posición espiritual más elevado que se supone en la "gran cadena del ser", y segundo, dado que la Biblia afirma que el hombre fue creado a imagen de Dios, y si los monos, los simios y los humanos no fueron claramente diseñados por separado eso significaría que los monos y los simios fueron creados también a imagen de Dios. Los teólogos, que venían de tener problemas con la astronomía, empezaron a tener problemas con la biología.

El carácter especial de la humanidad fue analizado por Linneo y en su obra “Dieta Naturalis” lanzó esta reflexión: “Uno no debería descargar su ira sobre los animales. La teología afirma que el hombre posee un alma y que los animales son meros autómatas mecánicos. Pero yo creo que es mejor sostener que los animales poseen alma y que la diferencia es de nobleza

En la décima edición de Systema Naturae, publicada en 1758, Linneo usa por primera vez el término primate. El término “primates” fue usado para designar al grupo al que pertenecía el ser humano, los simios y los lémures. Primate significa “primeros”. Linneo clasificó al resto de los mamíferos en el grupo “secundates” o segundos, y el resto de los animales en un grupo llamado “tertiates” o terceros. Demostrando que la clasificación de los animales es claramente antropocéntrica. Una influencia del concepto de “la gran cadena del ser” de Aristóteles.

Los grupos “secundates” y “tertiates” desaparecerían de la literatura científica con el tiempo, así como lo hicieron las ilustraciones erróneas de los grandes simios. Para inicios del siglo XIX ya se distinguían claramente, en muchas ilustraciones de naturalistas, a los gorilas, chimpancés y orangutanes.

Los primates se caracterizan por tener un pulgar oponible en alguna de sus extremidades o en ambas, visión binocular, clavículas presentes y articulaciones del hombro y el codo bien desarrolladas entre otras características. Sin duda somos primates pues tenemos las anteriores características. Como respondió Linneo a Gmelin: no importa como llamemos a este grupo, la realidad es que estos organismos tienes en común las mencionadas características anatómicas.

A Linneo le debemos el nombre científico de nuestra especie: Homo sapiens. Pero resulta curioso que en 1758 Linneo denómino al chimpancé Homo troglodytes, que significa hombre de las cavernas. El resto de monos los clasificó dentro del género Simia. Después se descubriría que el chimpancé no es troglodita, es decir que habita cavernas. Además se colocó en un género aparte, Pan. Hoy en día nuestros parientes vivos más cercanos se conocen como Pan troglodytes.

Otros personajes que ayudaron a comprender los grandes simios en el siglo XVIII fueron Buffon, Cuvier, Audebert. Todo esto influyó también en la explicación evolutiva del hombre dada por Lamarck.

El francés Georges Louis Leclerc, conde de Buffon (1707 -1788) aceptó la idea que podía darse cierto cambio limitado dentro de las especies, y fue un gran defensor de la escala natural.

En Francia, Buffon continuó la publicación, iniciada en 1749, de los cuarenta y cuatro volúmenes de su monumental Histoire naturelle générale et particulière avec la description du Cabinet du Roi. El decimocuarto volumen de la obra, fue dedicado a los simios; el texto, acompañado de bellísimos grabados originales, muestra una gran atención en describir cada especie de simio conocida “ya que cada renglón es importante en la historia de un bruto que tiene una semejanza tan grande con el hombre”. Afirmó Buffon.

Las especies de simios descritas por el naturalista francés son cuatro: el orang-outang “de la gran especie” o pongo, el “de la pequeña especie” o jocko, el piteco y el gibón. Buffon solo había podido examinar un ejemplar adulto de gibón. La descripción del piteco deriva de las antiguas observaciones de Aristóteles y Galeno sobre un simio sin cola particularmente parecido al hombre.

El jocko de Buffon corresponde al animal descrito por el marinero inglés Andrew Battell como engeco, y que hoy conocemos como chimpancé común.

Buffon representó al jocko o chimpancé como un simio totalmente bípedo. Buffon tampoco tenía una idea muy clara sobre el orangután. Parte de sus descripciones se mezclan con las del chimpancé y llegó a considerar a los chimpancés como individuos jóvenes de orangután.

Jean Baptiste Lamarck (1744-1829) quien se dedicó a la paleontología de invertebrados, no tuvo que ver con el conocimiento de los primates. Pero si propuso la primera teoría evolutiva basada en el uso y desuso de órganos, que hacía que las futuras generaciones desarrollaran mejor estos órganos. Lamarck fue un precursor de la idea de la “transmutación” de las especies y trajo a la palestra la idea de que las especies no permanecían inmutables.

A Lamarck también se debe la idea de que el hombre evolucionó de seres simiescos, y no a Darwin, como se cree. Sin embargo, la idea de Lamarck fue desestimada y contó con la oposición del talentoso George Cuvier.

En 1798 el naturalista francés George Cuvier, conocido también por ser el padre de la paleontología y la anatomía comparada, llevó a la imprenta la obra “Tableau élémentaire de l’histoire naturelle des animaux”, primer esbozo del fundamental Le règne animal que veinte años después habría representado una síntesis de los conocimientos zoológicos de la época. En el Tableau, Cuvier ubicó entre los simios antropomorfos al orang-outang, el chimpancé, el gibón y el wouwou (otra especie de gibón). Sólo en la segunda edición de 1829 de Le règne animal, Cuvier consideró, con alguna duda, que los Pongo y los Orang-outang eran el mismo animal. Fue el anatomista Richard Owen, quien aclaró definitivamente, en 1835, que los grandes simios de Borneo no eran más que individuos de orang-outang.

Saliéndonos un poco de los simios y yéndonos a la paleontología cabe mencionar que Cuvier postuló la hipótesis catastrofista. Según esta, las faunas conocidas por el registro fósil se reemplazaban tras violentos cataclismos. Cuvier fue un defensor del fijismo que invoca que las especies no evolucionan sino que permanecen fijas.

En 1799 el naturalista francés Jean-Baptiste Audebert realizó la primera ilustración fiable de un chimpancé y un orangután. Al primero lo identificó como “pongo” y el segundo como “jocko”
Solo hasta finales del siglo XVIII se logró distinguir entre chimpancés, orangutanes y gorilas. Antes de de esto los términos pongo, engeco, y orang-outang se utilizaban de forma indistinta para el chimpancé el orangután y el gorila.

En las primeras décadas del siglo XIX la obra de Buffon había sido modificada para que no hubiese referencia a las idea del rigen simiesco propuesto por Lamarck. También con el fin de contrarrestar estas ideas se hizo énfasis en las diferencias conductuales de simios y humanos. El orden de los primates se dividió en "cuadrumanos" y "bimanos" reservándose este último grupo para el hombre. Esta idea que fue propuesta por el fijista Cuvier en 1798 y ratificada por el antropólogo alemán Johann Friedrich Blumenbach .

Rayando el siglo XIX el naturalista Étienne Geoffroy Saint-Hilaire se percato que “los monos” (Infraorden Simiiformes) podrían dividirse en dos grandes grupos: Los catarrinos y los platirrinos. Ya en 1812 se tenía claro que cada grupo tenía características anatómicas particulares. Los platirrinos, son los monos del continente americano. Geoffroy notó que los platirrinos poseen narinas anchas, tres premolares, sin tubo auditivo y contacto entre los huesos zigomático y parietal a los lados del cráneo. Los catarrinos, que son los monos y simios de África y Asia, presentan narinas angostas, dos premolares, tubo auditivo, y contacto entre los huesos frontal y esfenoides. El hombre sin duda hace parte del grupo de los catarrinos, lo que sin duda haría pensar a más de un naturalista de porque el hombre comparte tantos rasgos anatómicos con los catarrinos y los simios africanos en general.

De los grandes simios, los orangutanes fueron clasificados en su propio género, Pongo, en 1799 por el zoológo francés Bernard de Lacépède. Le siguieron los chimpancés que fueron clasificados en el género Pan, en 1816 por el zoológo alemán Lorenz Oken, y ya en 1852 el gorila fue clasificado en el genero Gorilla por el zoológo alemán Isodore Geoffroy Saint-Hilarie, hijo de Étienne Geoffroy, el que dividió los simiiformes en platirrinos y catarrinos.

Linneo nunca afirmó que el parecido entre el hombre y los grandes simios se debían a que comparten un ancestro en común en el pasado. En su tiempo se creía que el mundo era muy joven. No mayor a diez mil años. No se conocían homínidos fósiles, y a nadie se le había ocurrido una explicación científica, y por lo tanto no religiosa, para los orígenes humanos.

Retrocediendo en esta narración, cabe recordar que en 1695 el dramaturgo inglés William Congreve escribió: «Nunca podría mirar a un mono largo rato sin caer en humillantes reflexiones». Sin duda que estas “humillantes reflexiones” incluyen suponer que el ser humano podría considerarse un simio mas grande y mas inteligente. Este tipo de reflexiones se harían más comunes después del trabajo de Linneo, y del descubrimiento de los grandes simios.

El biólogo Ernst Haeckel afirmó que la pregunta sobre el origen humano comenzó a gestarse con Linneo. Ya la pólvora de las similitudes anatómicas estaba servida, solo faltaba la chispa que encendiera la mecha. Esa chispa de genialidad vendría con Darwin, y la explosión sucumbiría el estatus de creación especial en el que la religión colocó al humano.

(Ir a la Parte 2: Develando la monada del hombre)

jueves, 26 de agosto de 2010

Día del Orgullo Primate obtiene primera reacción creacionista en internet


Como bien comentaba Isaac Asimov, en el ensayo "Mirar a un mono largo rato", que recientemente publicamos en este blog, lo que a los creacionistas realmente les molesta de la evolución es que se meta con los orígenes humanos.

Encontre en Yahoo Respuestas una simpática (y muy mal redactada) pregunta digna de ser colocada en la sección de Cartas de la Edad Media de Sindioses.org

Por respeto a nuestros lectores me he permitido colocar la puntuación, tildes y mayúsculas al inicio de los párrafos.

Dice este creacionista:

¿Propuesta diabólica blasfémica?

Navegando en la red del Señor me tope con un articulo escrito por Satanás mismo en el blasfemico, pro-homosexual, pro-aborto y anti-familiar blog llamado Sin Dioses. Ha PROPUESTO que el 24 de noviembre de cada año sea celebrado el Día del Orgullo Primate.

Me parece una propuesta de por si retrograda y ciega ante la postura de que todos fuimos creados por gracia y obra del Señor, manteniendo una postura animal e irracional de que somos parientes de un MONO, yo en mi vida e estado emparentado con semejante bestia que no comprende los deseos del Señor.

A continuacion unos de los puntos blasfemicos de Satanás:

1. Nos sentimos orgullosos de ser miembros del orden de los primates. La inclusión en el grupo de los primates no es solo un aspecto taxonómico sino que revela también el parentesco evolutivo que tenemos con los demás primates.

6. Manifestamos que nos sentimos orgullosos de ser homínidos y de que nuestros parientes más cercanos sean los simios africanos. La anatomía comparada y la genética nos muestra esta relación filogenética y tal hecho no nos hace menos como seres humanos.

Aparte de ligarme con una bestia, con un animal, ahora pretenden hacernos creer que descendemos de los africanos que no tienen a Cristo en sus corazones. Despierten y hagamos algo contra estas desagradables, pervertidas ideas escritas por el mismo Satanás.

¿Y usted qué opina?