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jueves, 13 de junio de 2013

Crimen por el absurdo celibato

Una terrible historia llega desde Colombia. Un sacerdote católico fue hallado culpable de la muerte de su pareja sentimental y de su hija, en la casa cural, para que nos trascendiera la noticia de que él había faltado a sus votos de castidad. También, y por primera vez en la historia de Colombia se culpó a la Iglesia Católica a pagar una multa por responsabilidad extracontractual de unos 316.000 dólares estadounidenses.

Noticia El Tiempo

José Francey Díaz mató y quemó a su compañera sentimental y a su hija, de cinco años de edad.

La Fiscalía demoró meses armando el rompecabezas de esta trágica historia de amor. EL TIEMPO reconstruyó el caso por el que Díaz fue condenado a pagar 23 años de cárcel y la Iglesia, a una multa de 600 millones de pesos.

El negativo de una foto, que apareció a un lado de los cuerpos incinerados de una mujer y una niña, fue la primera pista que llevó a develar un crimen por el que esta semana fue condenado el sacerdote José Francey Díaz Toro, a 23 años de cárcel.

En la reconstrucción de estos asesinatos, por los que la Iglesia Católica tendría que pagar una indemnización de 600 millones de pesos, trabajó por meses un equipo de investigadores del CTI de la Fiscalía de Anserma (Caldas), Pereira y Bogotá.

El trabajo de este grupo empezó cuando Ebered Antonio Palacios, jefe de la Unidad Seccional del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI ) de Anserma (Caldas) y coordinador de la investigación, reconociera que María del Carmen Arango Carmona, de 32 años, y su hija María Camila Díaz Arango, de 5 años, reportadas como desaparecidas en Pereira, podrían ser las personas que encontraron incineradas, el 15 de febrero del 2007, a orillas del río Guática, entre Anserma y Belén de Umbría (Risaralda).

Los cuerpos fueron identificados tres meses después de que fueran enterrados como N.N., y su familia empezó a clamar justicia.

Atando cabos

El CTI empezó a analizar las pocas pruebas halladas cerca de los cadáveres quemados: aretes y accesorios para el cabello. Pero un negativo fotográfico, que se salvó de quemarse, fue la pieza clave para que los investigadores llegaran a la historia de amor secreta.

Con la intervención del Grupo de Fotografía del CTI de Pereira, que se encargó de realizarle un proceso de humectación al negativo y su ampliación al máximo, se restauraron las imágenes e identificaron a las personas que aparecían allí: María del Carmen, María Camila y el sacerdote Díaz Toro, párroco de la iglesia de San José, en Mistrató, un pequeño pueblo de Risaralda.

Entonces, empezaron a establecer la relación que podía existir entre las víctimas y el entonces sacerdote.

Al pedirle colaboración a la familia, Héctor Fabio Arango Carmona, hermano de María del Carmen, manifestó que ella y la niña, que vivían en Dosquebradas (Risaralda), fueron el domingo 11 de febrero del 2007 a Mistrató a visitar a un amigo (el sacerdote) y desde ese día no volvieron a tener noticias de ellas.

La Fiscalía siguió con los interrogatorios y pudo establecer que la mujer sostenía realmente una relación sentimental con el sacerdote y que la niña era su hija y llevaba su apellido.

Se habían conocido en 1995, cuando él era párroco de Buenos Aires (Cauca). Según información de la familia de la mujer, ella se fue de la casa con él. Tiempo después se radicaron en Dosquebradas (Risaralda), de allí al sacerdote lo trasladaron a Mistrató, municipio al que María del Carmen viajaba, al menos cada 15 días, a visitarlo.

Pero faltaba el motivo del crimen. La familia relató que el día en que María del Carmen llegó a Mistrató, los llamó y contó que tenía problemas con Díaz Toro, al parecer, porque él sostenía una relación con otra mujer, historia que fue confirmada por otros testigos.

María Beiba, la madre y abuela de las víctimas, declaró que ella le manifestó ese día, la última vez que la escuchó, que "no se iba a dar por vencida y estaba decidida a denunciarlo en la Diócesis para que renunciara al sacerdocio".

Asesinato después de misa

Pero faltaban las pruebas y, por eso, los investigadores allanaron la casa cural. Allí, con luces especiales, encontraron gotas de sangre, desteñidas en color café, en las paredes, en una cama, en el tablado, en las escaleras y otros lugares.

Con estas pruebas y con testimonios, como el de María Eugenia Vergara Cardona, empleada de servicio en la casa cural, quien declaró sobre la rara actuación del sacerdote después del hecho y de sus historias amorosas, se develó el crimen.

El CTI logró establecer que el lunes 12 de febrero, el párroco, después de dar la misa de 6 mató a María del Carmen y a su hija, dentro de la casa cural, en complicidad con el sepulturero del pueblo, Jorge Antonio Morales Ramírez, quien fue condenado, en febrero de este año, a 17 años y dos meses de prisión, por complicidad en el delito de homicidio agravado.

El crimen ocurrió, según la Fiscalía, aproximadamente, entre las 7:30 y 8 de la noche.

La mujer fue golpeada en la cabeza con una matera, en el tercer piso de la casa cural. El golpe fue contundente, su cuerpo rodó por las escaleras, hasta el segundo piso y, por eso, dejó marcas de sangre en este espacio de la casa. La niña fue asesinada después de su madre, mientras dormía en una habitación del segundo piso. La pequeña fue golpeada en la parte de atrás de la cabeza con la misma matera que fue asesinada su madre, inclusive, un pedazo de este objeto se le quedó enterrado en su cráneo.

Los dos hombres envolvieron los cuerpos de las víctimas en bolsas negras y en costales de fibra, las subieron al vehículo que estaba al servicio de la parroquia, un Samurai de placas PEK 073 y de color blanco, y recorrieron unos 40 minutos por carretera destapada hasta llegar a la orilla del río Guática, en donde rociaron los cuerpos con gasolina y les prendieron fuego con un fósforo.

El sacerdote regresó a la casa cural, a eso de las 2 de la madrugada del día siguiente, lavó la casa con agua y jabón, pero algunas manchas de sangre se le escaparon.

Hoy, el sacerdote, que fue expulsado de la Iglesia, permanece en una celda de la cárcel de varones de Anserma (Caldas), mientras la familia de las víctimas, que se mudó a Cali, espera la millonaria indemnización.

Polémica multa a la Iglesia

El 21 de noviembre del 2007 capturaron a Díaz Toro, quien durante la audiencia preliminar no aceptó los cargos.

Sin embargo, el 12 de diciembre de ese mismo año firmó un acta de preacuerdo con la Fiscalía, donde se acordó que purgaría una pena de 46 años de prisión como responsable del delito de homicidio agravado en concurso homogéneo y sucesivo con homicidio agravado.

La pena quedó reducida a 23 años, gracias a la rebaja del 50 por ciento, por aceptación de cargos y se emitió la condena, en enero del 2008.

El pasado martes, el Juez Promiscuo del Circuito de Belén de Umbría (Risaralda), Otto Gartner, le dictó sentencia a Díaz Toro, quien hoy tiene 53 años, y además de la pena en la cárcel fue condenado a pagar una multa de 600 millones de pesos, que asumiría la Iglesia Católica haciendo uso del recurso de responsabilidad extracontractual por hecho ajeno.

Esta indemnización la recibirían los 10 hermanos de María del Carmen y su madre.

Gartner explicó que esta es la primera sentencia emitida en el país que obliga a la Iglesia a pagar por las acciones cometidas por un sacerdote.

La sentencia fue apelada por los representantes de la Conferencia Nacional Episcopal, la Diócesis de Pereira, la parroquia de San José de Mistrató y el abogado defensor. Ahora, la decisión está en manos del Tribunal Superior de Risaralda, ante quien se impuso la apelación.
¿Y usted qué opina?

lunes, 14 de febrero de 2011

Teólogos alemanes piden modernizar a la ICAR

El pasado 4 de febrero de 2011 se publicó en el diario alemán Süddeutsche Zeitung un manifiesto firmado por 144 teólogos de Alemania. En su manifiesto pedieron a la Iglesia Católica a abandonar el voto de celibato para los sacerdotes, abrir el clero para las mujeres y que acepten parejas homosexuales.

Las razones esgrimidas van desde el deseo de ponerse al día con la sociedad actual y evitar la pérdida de fieles que en Europa es parecido a la huída de una bandada tras los tiros de los cazadores. Y es que parte de los tiros lanzados son los escándalos de abuso sexual que han minado la confianza en la Iglesia Católica y deshabitado las bancas de las parroquias.

Los teólogos afirmaron que "la Iglesia Católica debe entender esos signos y esforzarse en superar sus rígidas estructuras para recobrar nueva vitalidad y credibilidad".

Creo que si la ICAR decidiera hacer caso a estas modernidades, nosotros los ateos y agnósticos militantes, tendríamos menos cosas que criticarle a la anquilosada iglesia. Pero, dudo mucho que se den en un corto plazo. A lo sumo se pondría fin al celibato obligatorio. Y eso no será pasado mañana.

El celibato católico romano, es una verdadera acción anti natural, que es justificada por la Iglesia Católica por imitar al Jesús de los evangelios aceptados (porque en el Evangelio de Felipe, no aceptado como "revelado" dice que Jesús se casó con María Magdalena), y otra, no tan noble, por sujeción a la ley del celibato, aprobada por el papa Calixto II el año 1123.

Es interesante que los medios de comunicación se centraron en el fin del celibato. Una voz que criticó este aspecto fue la periodista Carolina Sanin. Su columna en El Espectador comparto a continuación:

De los abusos de la Iglesia

La semana pasada la prensa informó sobre un documento firmado por teólogos alemanes, austriacos y suizos en el que se recomienda que la Iglesia católica reconsidere su posición frente al sacerdocio femenino, la participación de los fieles en la elección de obispos, el celibato de los ministros y el rigorismo moral.

Casi sin excepción, tanto en los titulares como en el cuerpo de los artículos, los medios europeos y americanos enfatizaron el que, a mi parecer, es el asunto menos relevante de los comprendidos en el documento, a saber, el matrimonio de los sacerdotes, y restaron importancia a la propuesta revolucionaria de la inclusión de mujeres en el oficio eclesiástico.

El énfasis es explicable desde el punto de vista mediático: se ha elegido el dato que mayor resonancia puede tener entre la sentimental multitud, y se ha resaltado la noticia con mayor capacidad de engendrar una nueva noticia; con lo último aludo a que es muy probable que la Iglesia sí decida abolir el celibato sacerdotal, un requisito que no sólo es tardío en su historia sino que también es regional (entre los sacerdotes del rito oriental, también sujetos al Vaticano, el matrimonio está permitido).

En cambio, es seguro que durante nuestra vida no se pondrá fin a la exclusión de las mujeres de la jerarquía eclesiástica, pues, como recordó el papa Wojtyla en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1994), esta exclusión “significa la observancia de una disposición que hay que atribuir a la sabiduría del Señor del universo”. Que las mujeres se mantengan fieles a una iglesia que las aísla con la fuerza del dogma es algo que, ya acostumbrada al endémico síndrome de Estocolmo de que padecen mis congéneres, no me sorprende. Sin embargo, con ocasión de estas recientes noticias católicas, me viene a la mente el contraste entre el perpetuo debate nacional que el velo de las musulmanas suscita en Francia y el tupido velo que se tiende, en ese mismo país orgulloso de su laicismo (pero profundamente católico), sobre la discriminación de las católicas por parte de su iglesia, a pesar de que esta circunstancia atenta flagrantemente contra el —tan francés— principio de igualdad.

Pero, igual que la prensa la semana pasada, hoy no quiero hablar de eso. Lo que quiero es señalar, por una parte, la ingenuidad de los católicos que creen que tendrían una Iglesia menos gay si se aboliera el requisito del celibato, ignorando que el matrimonio heterosexual es un clóset mucho más cómodo y seguro que el sacerdocio, y, por otra parte, el error de los católicos que consideran que dejaría de haber abuso de menores en la Iglesia si a los sacerdotes se les permitiera casarse, como si la pedofilia fuera trastorno exclusivo de solteros y como si en los abusos sexuales no fuera más determinante la perversa estructura patriarcal que la abstinencia sexual.

Si yo fuera una teóloga alemana de ánimo reformista y preocupada por la pederastia entre los católicos, lo que haría sería recomendar, en primer lugar, la modificación del sacramento de la penitencia como se practica hoy en la Iglesia —por cierto, un invento más reciente que el del celibato entre los sacerdotes—, pues es en el espacio de la confesión, tanto según los testimonios de las víctimas como según el sentido común, donde se entabla la relación de sumisión absoluta del fiel al ministro y se propicia el abuso sexual. Y ya en ese rol de teóloga alemana, propondría luego la exclusión de los niños de todos los ritos de la Iglesia. Porque los lazos de la religión, igual que los del sexo, deben atarse de manera consensual; porque la imposición de obligaciones religiosas a menores de edad constituye una limitación de la libertad individual y un atentado contra el libre desarrollo de la persona; y porque el abuso del cuerpo ajeno es apenas una secuela en una institución donde el abuso contra la libertad del prójimo es la regla.

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domingo, 23 de enero de 2011

Violar la fe es peor que violar a tu hija, dice cura argentino

Con asombro recibió Argentina las palabras de el sacerdote de Mendoza Jorge Gómez que afirmó que "violar la fe es 10.000 veces peor que violar una hija".

Esto lo dijo después de suspender un show en Malargüe, en e festival del chivo. El grupo Les Lutherisces interpretaba una canción que satirizaba el celibato.

El padre Jorge Gómez subió al escenario, arrebato el micrófono y pidió suspender el acto porque dañaba la moral del pueblo "que es católico"

Las palabras del padre Jorge Gómez, bien podrían ser usadas para justificarse por parte de un padre violador al considerar que su falta no es tan grave como apostatar de la Iglesia Católica.

Es absurdo el estatus que ostenta la religión y sus dogmas en la sociedad. Burlarse de los votos de castidad de los sacerdotes, no es malo, como si lo es la violación de un menor. Quizás esta óptica retorcida es la que tienen en mente los cientes de sacérdotes pederastas que infestan la secta vaticana.

Este es el video de la interrumpción del padre Gómez, seguido por la canción del grupo Les Luthiers, que faltó por cantar.






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sábado, 10 de julio de 2010

¿Con qué derecho?

Caricatura del artista portugués Rodrigo de Mato, publicada en Toon pool.com

El sacerdote grita "No natural", mientras tiene un gran candado que dice "celibato"

miércoles, 10 de junio de 2009

De curas y pedófilos y curas célibes

La imagen pública de la ICAR claramente se ha visto afectada por los escándalos de abuso sexual de menores por parte de sacerdotes católicos y su posterior encubrimiento. Tales acciones, que en la era de la información son imposibles de ocultar, han desdibujado el papel de esta institución como guiadora de la moral de Occidente. El último golpe lo dio la publicación del informe sobre los abusos continuados en instituciones católicas en Irlanda. Por esta razón los periódicos del mundo han dedicado varias páginas a analizar la moral católica en los últimos días. Uno de los artículos de opinión más claros al respecto, en mi opinión, es uno de Juan G. Bedoya, aparecido en el diario El País, titulado “Si no podemos ser castos seamos cautos”, y que reproducimos en Sindioses.org en la sección de “Sociedad y Religión”

Invitamos a nuestros lectores a disfrutar de este escrito, que tan buena crítica hace a la ortodoxia católica.

Los comentarios sobre este texto pueden hacerlos en esta nota.

jueves, 4 de junio de 2009

La fe y la moral errónea

La publicación de una segunda serie de fotos del padre Alberto Cutié con su novia, por parte de la prensa amarillista, hizo que el sacerdote se presentara en una rueda de prensa en la que anunció su marcha de la Iglesia Católica para pasarse a la Iglesia Episcopal, una derivación de la Iglesia Anglicana, en la que podrá casarse.

La nueva Iglesia del famoso padre de la televisión difiere de la Católica en que no creen en la infabilidad de Papa, no creen en la transubstanciación, o que el pan y el vino se transforman mágicamente en la carne y la sangre de Jesús. Tampoco creen en la “inmaculada concepción” de María, ni que ella ascendió al cielo tras su muerte. Los episcopalianos tienen menos absurdos que tragarsen. En la Iglesia Episcopal los sacerdotes pueden casarse, hay ordenación de mujeres como sacerdotes y obispos (¿o debería decir sacerdotisas y obispas?). De hecho la máxima autoridad de esta iglesia fue por nueve años Katharine Jefferts Schori.

También esta Iglesia ha sido foco de la atención de los medios, por sus políticas liberales. En pasados día el obispo de Vermont, Thomas Ely, dio su apoyo a los matrimonios civiles de personas del mismo sexo. En la misma dirección se pronunció el obispo de Iowa, Alan Scarfe. A esta iglesia también pertenece el obispo Gene Robinson, quien fue el primer obispo abiertamente homosexual de New Hampshireesta en esta iglesia . Robinson vive con su pareja desde hace más de 17 años, y ha criticado al Papa de misoginia y homofobia.

El famoso padre Alberto, ahora episcopaliano fue tomado como una valiosa adquisición por la Iglesia Episcopal. De hecho la prensa mencionó que “parecía la presentación de una estrella del fútbol que ha cambiado de equipo”. El obispo episcopal del sur de Florida, Leo Frade mencionó que Cutié llevaba año y medio de "negociaciones" con su Iglesia episcopal. En el pasado reciente, cinco sacerdotes católicos se han pasado a las filas episcopales, pero ninguno de esos casos había robado tanto la atención de la prensa.

Sin embargo, al otro lado, el clero católico estaba echando humo. El arzobispo John C. Favalora dijo estar "decepcionado", y lo consideró a Cutié ya separado de la Iglesia Católica Romana "al profesar fe y moral erróneas". Vaya, que arrogancia! Y por otra parte, habría que preguntarle al arzobispo Favarola si sintió la misma sensación de decepción con el informe de abuso de menores perpretados y ocultados por miembros de la ICAR en Irlanda por 60 años.

Favarola prosiguió, "El padre Cutié aún se encuentra obligado por su promesa a vivir una vida célibe, la cual él asumió con absoluta libertad en su ordenación. Sólo el Santo Padre puede dispensarle de dicha obligación". “Sus acciones no pueden ser justificadas con sus buenas obras. Han causado gran escándalo dentro de la Iglesia Católica, han hecho daño a la Archidiócesis de Miami, especialmente a nuestros sacerdotes y han creado una división entre la comunidad ecuménica y en general".

Como quien dice célibe de por vida, quiera o no. No solo el matrimonio católico parece indisoluble, el celibato y la tozudez católica también lo son.

La comunidad racionalista ve este episodio como un descontento cada vez mayor de las personas con dogmas absurdos como el celibato, que en palabras de muchos, si es en verdad contra natura. Por otra parte, no deja de parecerme extraño tanto descontento por parte de la ICAR con que un cura desee casarse, y que no dedique el mismo empeño en entregar a las autoridades civiles a los pederastas, verdaderos monstruos, estos sí. También les recomendaría que dejaran de mostrar tanta arrogancia como lo hizo el arzobispo de Miami, con su afirmación en la que afirma que la ICAR es aquella institución que profesa la fe y moral verdadera, mostrando la naturaleza impositiva, conservadora e inquisidora que ha caracterizado a esta religión a lo largo de los siglos.

¿Y usted qué piensa?