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27.11.20

CAPERCAILLIE:
"To the moon"

Ya advertía Donald Shaw que el momento de auge de la música celta en las últimas décadas de la pasada centuria entrañaba también algún riesgo, porque las modas vienen y van sin poder luchar contra ello. No sería una banda tan emblemática como la que fundara el propio Shaw en 1984, Capercaillie, la más perjudicada en ese caso, pues ellos ya se habían forjado un nombre que era sinónimo de calidad y tradición, pero también de modernidad: "Queremos llegar al mayor número de gente posible. Somos un grupo de música tradicional, pero que también sabe tocar música de su tiempo". Efectivamente, el acercamiento de su música a los nuevos tiempos en la década de los 90 fue progresivo, con el punto culminante de un trabajo con ritmos funk titulado simplemente "Capercaillie", del que no quedaron nada satisfechos, y con el que a la vez bucearon en nuevos sonidos y confundieron a su público, que venía de adorar el superventas "Secret people". Ellos nunca se habían separado de sus raíces, de su cultura, en una evolución en la que el inglés fue usurpando poco a poco el sitio al gaélico escocés, la lengua materna de Donald y de su mujer, Karen Matheson, la espectacular voz de la banda. En este momento, para acabar de impulsar la creación de su nuevo disco, llegó otro proyecto audiovisual (ellos ya habían puesto su espectacular sello en documentales tan loables como "The blood is strong") que les volvió a motivar especialmente, la película sobre ese personaje considerado como el Robin Hood escocés, 'Rob Roy, la pasión de un rebelde'.

Dentro de esa curiosa iniciativa cinematográfica de que los estudios importantes rueden casi a la vez películas de temáticas parecidas para competir entre ellas (sobre Cristóbal Colón o Wyatt Earp en esa misma época, por ejemplo, o sobre hormigas animadas o asteroides que van a chocar contra la Tierra unos años después), los héroes nacionales escoceses tuvieron su lucha particular en la taquilla en las figuras de William Wallace ('Braveheart') y Rob Roy MacGregor ('Rob Roy'). Ambos soundtracks eran espectaculares, obra de James Horner el primero y de Carter Burwell el que aquí nos ocupa, ya que 'Rob Roy' incluía canciones con la participación de Capercaillie, plasmadas además en el CD de la banda sonora, concretamente "Hand earth" (con la voz de Karen Matheson), "The gaelic reels", "The blunt reels" (ambas escritas por el grupo), y los tradicionales "Ailein duinn" (canción en gaélico que entró en el top 40 del Reino Unido), "Theid mi Dhachaigh (I'll go home)" y "Morag's lament". El grupo, además, apareció como figurantes en la película, tocando "Ailein duinn" mientras bailaban los protagonistas, Liam Neeson y Jessica Lange. Ese proyecto retornó los intereses del grupo por un sonido más antiguo, y eso condujo hasta "To the moon", trabajo con más folk que pop, que incluía algunos de los cortes del film. En su web se comenta así: "La banda pasó la primera parte de 1995 escribiendo música y apareciendo en la película de Hollywood 'Rob Roy', y luego comenzó a trabajar en el álbum. Pidieron la ayuda de Fred Morrison, el gaitero campeón escocés, y el sonido de la banda dio otro gran paso adelante. El álbum contiene 'Ailein duinn', el tema principal de 'Rob Roy' que presenta al renombrado gaitero Davy Spillane, y 'Claire in heaven', una poderosa canción de Manus con una sección instrumental electrizante de Charlie McKerron en el violín, Marc Duff en el tin whistle y Fred en la gaita". Efectivamente, dos tipos de gaita sonaban en el trabajo, especialmente la escocesa highland pipe intepretada en varios temas del disco por Fred Morrison, y la irlandesa uilleann pipe, que toca Davy Spillane en "Ailean duin". "To the moon" comienza con su tema homónimo, que integra los tradicionales "A nighean donn" y "A ghealaich", y sin ser ni de lejos la mejor canción del disco, anticipa las intenciones modernizantes de la tradición escocesa que preconiza esta banda desde años atrás. Con "Claire in heaven" llega ya la excelencia instrumental (la vocal está presente en todo el álbum), en una canción muy amena -en el tono más actual y joven de la banda- de Manus Lunny que no tiene continuidad en su otra pieza del álbum, "Níl Sí NGrá". Aparte de los mencionados Morrison y Spillane, y las contribuciones de Marc Duff (flauta, bodhrán), Ray Fean (batería) y Wilf Taylor (percusión) -dos percusionistas que sustituyen temporalmente a James Mackintosh, ocupado en los comienzos de su otra banda, Shooglenifty-, el grupo estaba constituido oficialmente por Karen Matheson (voz), Donald Shaw (teclados, acordeón, voces), John Saich (bajo, guitarra, voces), Manus Lunny (bouzouki, guitarra, bodhrán) y Charlie McKerron (violín). El disco continúa con el buen ritmo y frases en español de "Why won't you touch me", aunque se trata de una fusión difícil con nuestro idioma (la idea fue de John Saich), que protagoniza el título de la bailable, amena y simpática "La paella grande". Aunque el trabajo comienza dubitativo, con un primer tramo balsámico en la medida que lo es la voz de Karen Matheson, su interés general va aumentando conforme pasan las canciones, hasta llegar a un momento en el que te das cuenta de la enorme calidad de una banda que hace fácil lo difícil y, aún con una cierta perdida de su chispa inicial, mantenía una corrección innegable, con instantes de enorme clase, un aluvión final de canciones que reflejan una enorme personalidad. Por ejemplo, "You" es una deliciosa canción que parece recrear sonidos pasados del grupo, un guiño que también se nota en la desenfadada "The crooked mountain". Más comprometida es "God's alibi", bellísimo tema sobre la fe puesta a prueba que escribió Donald en Macedonia, reflexionando sobre las creencias de un pueblo al que parecía que Dios había abandonado. El gaélico regresa entonces con "Fear-Allabain" (armonías vocales de señales antiguas con la música celta del siglo XXI, el gustoso contraste que ofrece esta banda) y la espectacular canción de la película 'Rob Roy', un "Ailein duinn" que es sin duda el mejor tema del álbum, con profundidad, aroma tradicional y una gran interpretación, con especial atención a la uilleann pipe del gran Davy Spillane. Antes del tramo final del trabajo, "Rob Roy's reels" son algunos de los reels presentes en la película, necesarios aquí aunque tuvieran su propio disco con la banda sonora. "The price of fire" es una canción romántica que se asoma a lo celta por la instrumentación, pero bien podría pertenecer a repertorios de artistas pop de renombre. Sin duda, otra de las mejores piezas del disco que, como contraste, culmina con un buen final instrumental, "Eastern reel", para recordar al mundo que Capercaillie es una banda folclórica de repertorio tradicional escocés.

Survival Records publicó "To the moon" en 1995, disco que dio paso a lo que ellos llamaron 'la gira que no acaba nunca', aunque estar en la carretera fue su condición natural durante estos años de bonanza. De curiosa capacidad de enganche conforme avanzan sus canciones, "To the moon" es una obra especial, muy agradable, que arrastra lo bueno de la etapa anterior del conjunto aunque no pueda llegar a superarla. Aun así, es un album fresco y acertado, y muchos de sus cortes presentan un encanto arrebatador desde sus raíces -aunque predominen las canciones en inglés-, con el acierto del añadido de los temas de 'Rob Roy, la pasión de un rebelde'. Además, y como primer acercamiento a nuestro país -dos años después grabarán parte de su trabajo "Beautiful wasteland" en Ronda (Málaga)-, en "Why won't you touch me" chapurrean algo en castellano, y "La paella grande" presenta un titulo rotundamente español. A partir de este momento, Karen Matheson iba a proponer una serie de dicos en solitario (absolutamente recomendable el primero de ellos, "The dreaming sea") a la par que seguía su importante contribución en Capercaillie, banda que iba a continuar su acertada actividad ("Nadurra" y "Choice language" son otros de sus títulos importantes), si bien sus trabajos dificilmente iban a alcanzar las cotas hasta aquí presentadas.

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23.6.20

VARIOS ARTISTAS:
"Celtas"

Cada vez que un estilo musical, por unas o otras causas, cobra éxito o protagonismo entre la audiencia, las casas de discos se afanan por conseguir su parte del pastel. Cuando la músicas de raíz (folclóricas, tradicionales, world music...) se pusieron de moda en los 80 y los 90, aparecieron numerosas colecciones que se aprovechaban de la situación, si bien sólo unas pocas resultaban lo suficientemente interesantes como para justificar su compra. En España también se produjo un gran nivel de competencia por llegar a un alto rango de público y de posibles ventas de discos, y compañías como Lyricon (la división para Nuevas Músicas de Sonifolk) se pusieron manos a la obra con eficacia. Su fabuloso catálogo, fruto de la publicación en nuesro país de los trabajos foráneos de artistas como Himekami, Dead Can Dance, Bill Douglas, Constance Demby y muchos otros, se tradujo en inevitables -pero absolutamente necesarias en esos tiempos de descubrimiento- compilaciones, especialmente los tres volúmenes de "Música para desaparecer dentro". Dos años después de su primer volumen, con el que dieron a conocer a varios de esos grandes artistas, sus responsables supieron hurgar en catálogos de sobrada calidad en entornos más delimitados, como el de la música tradicional de corte celta, ese folclore irlandés y escocés -así como el de otras naciones específicas- que estaban conociendo también un nuevo auge, de lo que íbamos a sufrir un cierto hartazgo, especialmente cuando a la llamada acudieron todo tipo de bandas y artistas de calidades controvertidas. Explorando con sapiencia en ese folclore, Lyricon ofreció en 1993 un recopilatorio bien estudiado y presentado como fue el titulado simplemente "Celtas".

Con un sobresaliente diseño gráfico y un libreto profusamente documentado, "Celtas" no sólo es un ejemplo de compilación bien escogida y trabajada, sino que supone además toda una declaración de intenciones por parte de una compañía en cuya publicidad Manuel Domínguez hablaba así del proyecto: "El interés por la música celta se ha reavivado en los últimos tiempos por los caprichos del mercado. El auge de la música de la nueva era y la utilización de esta vía por algunos de los más prestigiosos músicos británicos -Relativity, Nightnoise- tienen bastante que ver en el asunto (...) En los prósperos setenta una legión de jóvenes, atraídos por una música muy en contacto con la tradición, pero abierta a nuevas formas de trabajo, se incorporó al plantel de grupos establecidos desde el revival folk de los cincuenta. Grupos que hace cerca de quince años presentó en España Guimbarda, como los escoceses Tannahill Weavers o The Battlefield Band, vuelven de la mano de Arpa Folk, mostrando la generosa cosecha de una espléndida carrera. Igual que la Bothy Band, reliquia del pasado, cuya música suena cada día más fresca, o los supervivientes Albion Band y Sily Wizard. Quienes vuelvan a centrar ahora su atención en los arcaicos sonidos de las gaitas y las flautas, además de ese confortable reencuentro con los que siempre estuvieron allí, en su sitio, descubrirán con placer nombres nuevos, como los escoceses Capercaillie y los irlandeses Altan, que no son precisamente grupos noveles. También una serie de instrumentistas, entre los que abundan las mujeres, que vienen a sumarse a la heróica Maighread Ní Dhomhnaill. Nos referimos a Connie Dover, Catherine Ann McPhee y Sharon Shannon. Puede que lo celta esté de moda, se admiten opiniones. Pero donde no cabe la menor duda es en que los participantes en esta grabación sean algunos de sus más genuinos artífices". Bandas míticas (tanto escocesas -The Tannahill Weavers, The Battlefield Band, Ossian, Silly Wizard- como irlandesas -The Dubliners-, inglesas -Albion Band- o esa deliciosa unión de dos hermanos irlandeses - los O'Domhnaill- y dos escoceses - los Cunningham- que supuso Relativity) se encuentran con grupos de proyección absoluta -Capercaillie, Altan-, y solistas de impoluto renombre -Liam O'Flynn, Arty McGlynn, Andrew Cronshaw- ceden terreno a nuevos nombres a tener en cuenta -Sharon Shannon, Connie Dover-. Hay además presencia española a cargo del cantante vasco Benito Lertxundi, y de dos grupos gallegos, Citania y Matto Congrio, en el que pululaba un joven Carlos Núñez. Pero ante todo, más que los nombres, lo que suena desbordante es la música, de la que hay soberanos ejemplos. Por ejemplo, estas son las composiciones destacadas en el CD1: Orgulloso y alentador es el comienzo, ese espectacular set clásico de los escoceses The Tannahill Weavers, liderados por el vocalista Roy Gullane, dividido en cuatro partes, A) "Donald MacLean's Farewell to Oban" (una marcha compuesta por el escocés Archie MacNeill); B) "Dunrobin Castle" (un reel tradicional escocés); C) "The Wise Maid" (un reel irlandés que han grabado también, por ejemplo, Planxty); D) "Iain's Jig" (una jiga tradicional escocesa adaptada por el gaitero de la banda, Iain MacInnes). Tema representativo en el repertorio de Capercaillie, la canción tradicional de trabajo de la isla de Barra "Alasdair Mhic Cholla Ghasda", es una demostración de la conjunción instrumental y vocal de este conjunto en alza en aquella época. También con una 'waulking song' y proveniente de la misma isla, Catherine Ann McPhee interpreta (con Savourna Stevenson al arpa) "Mìle Marbhphaisg Air A'ghaol". De la ecléctica y mítica Battlefield Band se seleccionan dos reels tradicionales pero interpretados en tempo lento, "Seann Bhriogais Aig Uilleam / Lady Margaret Stewart". Benito Lertxundi adapta otro tradicional escocés (que descubrió por una versión de Alan Stivell) con su propia letra en euskera, "Entzun zazu". La joven y talentosa Sharon Shannon nos brinda su interpretación al acordeón y violín de "The Blackbird", compuesta por dos tonadas tradicionales, una jiga y una melodía cajún. Acabando con lo más excelso de este primer disco, el grupo de Mairéad Ní Mhaonaigh, los irlandeses Altan, interpretan en gaélico la canción de bodas "Dónal Agus Mórag", y el supergrupo Relativity nos dulcifica con el instrumental compuesto por Johnny Cunningham "When She Sleeps", incluído en su gran álbum "Gathering Pace". En cuanto al CD2: Los barbudos irlandeses The Dubliners lo abren con la canción de aspecto tabernero "Eileen Óg", mientras que los escoceses Silly Wizard muestran en directo su delicada instrumentación y la gratificante voz de Andy M. Stewart en esta canción sobre la emigración, "The Valley of Strathmore". Si de intérpretes legendarios hablamos, uno de los más grandes era el gaitero irlandés Liam O'Flynn, del que se selecciona la grandísima pieza tradicional "Éire", una de las muchas maravillas que nos ha legado este antiguo miembro de Planxty. Varios temas la suceden, entre ellos "O'er the Hills and Far Away" de la cantante folk americana Connie Dover, el set del guitarrista Arty McGlynn "Lead the Knave / Bunker Hill" o el tradicional "An Cailín Gaelach" interpretado por Maighread Ní Dhomhnaill, hermana de los componentes de Nightnoise, Tríona y Mícheal que, junto a Dónal Lunny y en su banda The Bothy Band, cierran con extraordinaria contundencia el recopilatorio con otra pieza mítica (que pasó luego al recuerdo en el repertorio de Nightnoise), el tradicional en gaélico, exclusivamente vocal, "Fionnghuala".

Mucho más difícil de encontrar, la continuación de esta colección en 1996 pasó a manos del sello Resistencia. "Celtas vol. II", que tornó la portada a color azul, se nutría de artistas por lo general igual de conocidos que en el volumen anterior (Planxty, Liam O'Flynn, Davy Spillane, Seán Keane, Dougie MacLean, Alan Stivell o Paul Mounsey), con piezas absolutamente emblemáticas como "Midnight Walker" (del gran gaitero irlandés Davy Spillane) o "Gloomy Winter", del escocés Dougie MacLean. Además, algunos ejemplos de bandas de la nueva generación como Kila, Deiseal o The Colour of Memory, y una sola presencia española, la del grupo gallego Berrogüetto. Mientras tanto, y como primer volumen y acercamiento a esta cultura, "Celtas" no tiene desperdicio en su selección de grandes piezas que por ese entonces no eran especialmente conocidas en esta España que había visto cómo DRO exploraba el año anterior en los mismos sonidos con otra curiosa compilación que logró un cierto renombre, titulada "Gaitas, violines y otras hierbas". Con la distribución de Arpa Folk, "Celtas" ayudó a fortalecer esa tendencia en alza y se convirtió en una nueva referencia a tener en cuenta para los que buscaban otro tipo de sonidos, más conectados con la tradición.

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30.10.14

KAREN MATHESON:
"The dreaming sea"

Considerando la inercia exitosa de la banda escocesa Capercaillie en los 90, a nadie le pareció descabellada la noticia de que su bella y carismática vocalista, Karen Matheson, comenzara una carrera en solitario, eso sí, sin abandonar el grupo que su marido, Donald Shaw, y ella misma crearan años atrás. Este no sólo le acompañaría en su particular viaje sino que se convirtió en el productor (además de compositor e intérprete) de "The dreaming sea", un trabajo excepcional, a la altura de los mejores de una banda que estaba en un momento dulce. Al igual que aquellos títulos importantes, "Sidewaulk", "Delirium" o "Secret people", Survival Records fue la compañía encargada de su publicación en 1996 (Valley Entertainment lo publicó en norteamérica en el año 2000), con una bonita edición limitada en caja de cartón dominada por la pureza del blanco, cuya portada presentaba una foto de Karen remando en un tranquilo lago, y que incluía seis postales en su interior, referidas a seis de las canciones del disco. Más interesante aún era la música desplegada en sus trece cortes, en los que el idioma inglés le gana al gaélico en número, si bien ambos encuentran sus momentos estelares en un acabado impoluto.

Tan encantadoras como la propia vocalista, las canciones desplegadas en "The dreaming sea" aportan una melodiosa tranquilidad a la carrera de la escocesa, restando énfasis celta a su trayectoria, convirtiéndola de golpe en una fulminante intérprete de folk, incluso con un delicado toque de estilo country. Aun así hay bastante de Capercaillie en el álbum, no en vano varios de los miembros de la banda arroparon -aunque algunos lo hicieran de forma efímera- a Karen en la instrumentación del álbum: James Mackintosh (batería), Marc Duff (flauta), Manus Lunny (voz) y por supuesto Donald Shaw (piano, sintetizador y acordeón) se unen a Gerry O'Conner (banjo), Fraser Spiers (armónica), Paul MacGeechan (teclados), Tommy Smith (saxo), Sorley MacLean (voz poeta en "Calbharaigh") y varios intérpretes de bajo, cello, percusiones, violas y violines. En legra grande hay que mencionar a James Grant, compositor, cantante y guitarrista escocés, que no sólo aporta su interpretación de bajo y guitarra sino que compone cuatro de las mejores canciones del álbum: "There's always sunday" (un comienzo radiante, una canción ligera pero con peso suficiente para servir de reclamo y en la que, sobre una exquisita producción, destaca el toque folkie de la armónica), "The dreaming sea" (la gran joya del disco, una deliciosa balada en inglés que glorifica a su autor y que según su postal de la edición limitada retrata, 'a merced del mar soñante', la placidez de playas maravillosas como las de la escocesa isla de Lewis), "At the end of the night" (sin ser destacada, es un bonito y disfrutable añadido) y "Evangeline" (el broche final, una pequeña y preciosa pieza muy folkie dedicada a la hija de Grant, la pequeña Evangeline, la misma niña rubia encantadora que aparece, como un angel, en una de las postales). Sobre Grant hablaba así Karen Matheson: "James escribe canciones increíbles para mí. Es muy poco reconocido (...) Donald y yo le conocimos en un momento en el que yo también me sentía muy vulnerable, James llamó a la oficina un día para ofrecerme algunas canciones y nos encontramos. Pensé que sus canciones eran fantásticas". Decía Donald Shaw en esa época que sus referentes musicales básicos eran muchos, música africana, latina, balcánica, algo de pop y rock, y autores folk norteamericanos como Shawn Colvin: "Estoy muy influido por cantautores de este tipo", afirmaba, y eso se nota en el primer disco en solitario de su esposa, si bien más en el tratamiento otorgado, pues en las composiciones arregladas por él, tanto en solitario como junto a Karen, hay un acercamiento casi total a la tradición escocesa en gaélico: "Rithill aill" (de acabado muy 'Capercaillie', ritmo celta-pop bailable, de hecho muy contagioso, hechizante, como lo fuera el fantástico instrumental "Dr. McPhail trance"), "Fac thu na feidh" (de igual estilo aunque un peldaño por debajo, y con un toque de smooth jazz que se notará más en diversos momentos del siguiente disco de Karen, "Time to fall"), "'Ic lain 'ic sheumais" (de melodía agradable, transmisora, como todo el álbum practicamente, de una felicidad que parece auténtica) y "An fhideag airgid" (pequeño himno celta imbuido de magia en el que Karen está acompañada de piano, cuerdas y vientos en un momento más intenso y trascendental, un nuevo instante destacado de un trabajo del que no se desea el final). Shaw aporta también dos canciones propias en inglés, "Move on" y especialmente "Early morning grey", un tema admirable eclipsado por las genialidades de James Grant. La infortunada cantante inglesa Sandy Denny encuentra la intimista versión de su canción "One more chance", guitarra y voz ejerciendo de enamorados en uno de los cortes más atrayentes de un álbum del que restan por comentar dos adaptaciones de poetas escoceses del siglo XX, una de Murdo MacFarlane, activista gaélico que se puede contemplar en su correspondiente postal, al cual ya recurrió Capercaillie en su trabajo "The blood is strong" ("Mi le m' uilinn", un sencillo corte muy personal a piano y voz en un principio, complementados posteriormente por los demás instrumentos, incluído el saxo), y otra de Sorley MacLean ("Calbharaigh", casi acappella sobre una base ambiental). En 1997, "Mi le m' uilinn" fue utilizado para cerrar el disco recopilatorio "Holding up half the sky: Voices of celtic women".

Sean Connery, otro escocés ilustre, se mostró encandilado al describir la voz de Karen como "una garganta tocada sin duda por Dios". Dificilmente se puede contradecir a todo un agente 007, aunque habría que asegurar que Karen es mucho más mundana y humilde de lo que parece transmitir con sus cuerdas vocales (una capacidad heredada de sus padres y en especial de su abuela Elizabeth MacNeil, reputada cantante de la isla de Barra, en las Hébridas), y que toda su fuerza se centra en unas canciones que si bien no compone, consigue hacer suyas. Su trayectoria en solitario continuó con "Time to fall", publicado en 2002, que intentaba seguir la estela de "The dreaming sea", y si bien el primer tramo del disco mantenía esa encantadora intensidad (de nuevo con la colaboración de James Grant en la mitad del álbum), no acababa de lograr un conjunto de canciones tan completo y acertado, situación más acusada en el trabajo de 2005 "Downriver", última muestra de un folk de esencia escocesa (de hecho en este último trabajo recuperó un repertorio esencialmente gaélico bajo la producción del mítico Donal Lunny) que merecía un mayor reconocimiento por parte del panorama musical en general, en especial este monumental álbum de debut, "The dreaming sea", que va más allá de cualquier disco de Capercaillie.

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10.5.13

VARIOS ARTISTAS:
"Diálogos con la música"

Como La 2 de Televisión Española, en la radio estatal también hay emisoras para minorías, que intentan difundir aspectos culturales de calidad que se intentan apartar de la comercialidad más banal. Una de las más activas e interesantes, Radio 3, nació como emisora en 1981, y dió lugar a una vasta e importante programación musical alternativa entre la que despuntarían notablemente profesionales como Antonio Fernández (Área Reservada), Diego A. Manrique (El Ambigú), Carlos Galilea (Cuando los elefantes sueñan con la música), Tomás Fernandez Flores (Siglo 21) o José Miguel López (Discópolis), recalando de esta manera en su dial desde el jazz y la world music hasta el indie, el flamenco o la música electrónica. Eso sí, en la memoria colectiva de las Nuevas Músicas en España hay por encima de todos un nombre casi legendario proveniente de Radio 3, un programa que fue más allá de las buenas intenciones y durante varias décadas amenizó las sobremesas de miles de 'buscadores de belleza', un territorio abrupto y variado de nombre 'Diálogos 3', cuyo gerifalte -secundado por la dulzura de Lara López- es una de las personalidades más histriónicas del periodismo musical y deportivo español, uno de esos personajes que no deja indiferente a nadie, el donostiarra Ramón Trecet.
 
Gracias a su privilegiada posición, Trecet logró hacer llegar a nuestros hogares un sinfín de músicas dispersas por el mundo, que en aquella época dificilmente gozaban de distribución y promoción, alcanzando así un gran poder mediático, un acercamiento a la categoría de mito y una serie de agradecimientos en muchos discos de artistas importantes por su papel de intermediario, más que descubridor, entre nuevas identidades musicales y toda una audiencia entregada. Ramón luchó desde las ondas contra el marchamo negativo que conllevan desde siempre ciertos tipos de música que, en su belleza y sinceridad, admiten también desgraciadamente a mucho compositor mediocre y más de un aprovechado. Ninguno de esos tienen cabida en esta compilación doble que se escondía tras una presentación de lujo, con una portada blanca con efectos brillantes en la que venía troquelada la palabra DIALOGOS. El diseño gráfico corría a cargo de Coro Acarreta, dirigente de Resistencia y a la sazón esposa de Ramón. "Diálogos con la música" (que era el apelativo original de 'Diálogos 3') fue editado en 1994 por BMG Ariola, compañía propietaria del catálogo de RCA (que aportaba 6 composiciones) y distribuidora en España de Windham Hill (parte importante de la recopilación con 10 composiciones) y Survival (1 tema). Otra importante compañía estadounidense, Private Music, cedía 2 canciones, y otras 2 el sello español de Juan Alberto Arteche, Música Sin Fin. El resultado es francamente maravilloso, y venía comentado así por el propio Ramón: "El disco que tienes en tus manos es consecuencia de una idea de BMG y viene a ser una pequeña celebración de los diez años de NUEVAS MUSICAS en Diálogos-3. Diez años... me ha sorprendido lo rápido que ha pasado el tiempo y la cantidad de buena música que hemos oído juntos. Aquí tienes desde la sintonía del programa, pasando por el shock discográfico de mi conversión al minimalismo, a la canción más pedida por la audiencia en estos años (Brian Boru). Faltan cosas que esperamos incluir en el siguiente". Efectivamente, el álbum no podía comenzar más que con "Harry's game", grandiosa canción de Clannad que Trecet consideró sintonía ideal del programa hasta que escuchó "A child" de Paul Mounsey, pero otras gemas vocales aquí contenidas comprenden a los escoceses Capercaillie ("Outlaws") o al monumental conjunto 'a capela' The King's Singers (sublime su versión de una de las grandes canciones de todos los tiempos, "Good vibrations" de los Beach Boys). No esconde el periodista sus debilidades, con calificativos como 'el mejor grupo del mundo' (Nightnoise, representado por "Hourglass" y "Wiggy wiggy"), 'el mejor clarinetista del mundo' (Richard Stoltzman, que aporta "Blackbird / Bye bye blackbird"), 'el imperial' (Michael Manring, del que suena una composición única y auténtica, "Wide asleep") o 'el pilar fundamental de los estilos surgidos en los 80' (Will Ackerman, con "Synopsis II"). Cualquier nombre implicado parece imprescindible, ¿cómo no mencionar a Mark Isham, Puck Fair, Patrick O'Hearn, Ray Lynch, Suzanne Ciani, Yanni, Steve Erquiaga o al noruego Oystein Sevag, sobre cuyo "Crystal palace" afirma Trecet que se siente como un niño de ocho años esperando el día de Reyes cada vez que lo escucha? Dos músicos españoles aportan su granito de arena, Javier Paxariño con "Pangea" y Alberto Iglesias con la abrumadora "Cautiva", pero había que dejar para el final la única composición tradicional de las 21 que componen el doble CD: "Brian Boru's March", en la interpretación del flautista irlandés James Galway, despierta la eterna paradoja sobre las Nuevas-Viejas Músicas, que intenta aclarar el locutor easonense: "La razón de usar el prefijo Nuevo en estas músicas responde, más que a su novedad real, a la actitud desarrollada por los oyentes ante su escucha". Soberana composición, majestuosa interpretación, la marcha de este rey irlandés fue un puntal del programa, hasta tal punto de que Ramón Trecet escribió sobre ella: "Por favor, que la toquen cuando me muera".
 
Subjetivamente, se podrá coincidir en mayor o menor medida con el gusto del locutor de San Sebastián, pero de manera objetiva se podría decir que nadie mejor que él para presentar una colección de temas gloriosos, aunque tuviera que constreñirse al catálogo de BMG y las cesiones que dicha compañía consiguiera. Merced a la distribución del sello Windham Hill, las cortesías de Private Music, y algún que otro detalle muy fructífero, este doble CD logró en gran parte sus intenciones y las de su compilador, "llamar la atención del resto de la industria sobre algo completamente ignorado hasta no hace mucho tiempo". Desde luego, sería lamentable que canciones emblemáticas como las que aquí se agrupan se perdieran en la inmensidad de la industria discográfica. El lógico éxito (aunque no llegó a entrar en puestos de ventas importantes) provocó la aparición, tres años después, del segundo volumen, subtitulado 'El fin de la nueva era' porque, para Ramón Trecet, las cosas empiezan y se acaban, y ese era el fin de una etapa de las Nuevas Músicas. No faltaban en él otros grandiosos clásicos como "On the future of aviation" (la mágica composición de Jerry Goodman), "Aerial boundaries" (no hace falta presentar este inmortal tema de Michael Hedges), "The velocity of love" (una de las mejores composiciones de Suzanne Ciani) o "For free" (Richard Stoltzman homenajeando a Joni Mitchell), además de otras pequeñas joyas de Shadowfax, Ray Lynch, Mark Isham, Yanni, Will Ackerman o el inefable George Winston, entre otros. Primer y segundo volumen conforman una pequeña biblia de las Nuevas Músicas, un innegable oasis de calidad que Ramón Trecet no sólo se encargó de recopilar, sino de dejarse el alma en cada elección, con su más conocida sentencia por bandera: "Hasta entonces, busca la belleza. Es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo".
 











25.5.12

CAPERCAILLIE:
"Secret people"

Los componentes del excelente grupo escocés Capercaillie afirman que pretenden hacer música contemporánea a partir de la rica tradición escocesa. Así llevaban casi una década en el momento de aparición de "Secret people", sorprendiendo con su evolución hacia la comercialidad desde "Cascade", y en especial cuando dos hermanos irlandeses, Manus y Dònal Lunny, irrumpieron en la formación para insuflar nuevos aires con el bouzouki y guitarra el primero (que había trabajado con nombres importantes de la escena folclórica escocesa como Phil Cunningham o Andy Stewart), y con una adelantada producción el segundo (con la experiencia de su paso por bandas míticas como Planxty, Moving Hearts o The Bothy Band). Capercaillie siempre ha sido un grupo cómodo de seguir y fácil de admirar, en especial por el carisma del matrimonio formado por la vocalista, Karen Matheson, y un Donald Shaw que decía lo siguiente sobre las intenciones de la banda: "La música tradicional no puede ser en ningún caso una fábrica de hacer dinero para nadie; en realidad, es una forma y una razón de vivir. En nuestra música, las únicas concesiones están referidas a la modernidad, motivo que, a menudo, da lugar a que mucha gente piense que está más orientada al pop que al folclore. Pero nosotros preferimos pensar que en ella conviven la fiesta, la excitación, el ritmo y el mucho apego que sentimos por la tierra propia".

Desenvolviéndose por igual en gaélico como en inglés, Karen Matheson y los suyos logran una nueva conexión mística con unos seguidores fieles y en contínuo aumento, los mismos que llenaban las salas de conciertos y lograban que álbumes como este vendieran 60.000 copias en el Reino Unido. Survival Records publicó "Secret people" en 1993, un disco que fue grabado en la primavera de ese año bajo la producción de Dònal Lunny y Calum Malcolm, que también ha trabajado con Clannad, Runrig o Simple Minds, entre muchos otros grupos ("Calum es muy bueno aportando clima y buen feeling a canciones de estructura sencilla"). El título del álbum se refiere a toda esa gente anónima que durante generaciones ha mantenido la tradición oral de sus conocimientos, y es precisamente una canción tradicional la que sirve de apertura, una de las composiciones destacadas, de título "Bonaparte", inspirada en las guerras napoleónicas; su percusión inicial deja entrever esa mezcla entre lo étnico, el pop y el funk que caracteriza a la banda, y destaca en un portentoso conjunto en el que a los versos en gaélico se unen los coros de varios miembros del grupo, creando una atmósfera muy especial. También tradicionales y en esa lengua tan complicada como hermosa que es el gaélico escocés son la delicada "Tobar mhoire (Tobermory)", "Seice ruairidh (Roddy's drum)" (un ejemplo de 'mouth music' que fue grabada a finales de los 70 por la banda escocesa de folk Na h-Òganaich) y "Hi rim bo" (una maravillosa y antigua 'walking song', o canción de trabajo, en la que queda impregnado el sentimiento de cientos de años). Como es habitual en este grupo que se aprovecha de las cualidades vocales de su único miembro femenino, no abundan los instrumentales, de los que sólo hay dos ejemplos en el disco, en su mayoría también de origen tradicional. Sin embargo, hay que reconocer el mérito y las posibilidades compositivas de Donald Shaw, John Saich y Manus Lunny, que contribuyen con dos canciones cada uno, todas ellas en inglés: tras una tremenda entrada de violines, Saich firma el afortunado primer single del disco, "Four stone walls", animado corte que sin duda contribuyó a que "Secret people" llegara al número 40 de las listas británicas. Creada por Shaw, es necesario destacar una maravillosa "Crime of passion", escrita por el tricentenario de la masacre de la ciudad escocesa de Glencoe, donde fueron asesinados 38 miembros del clan MacDonald. De Lunny son dos pequeñas joyas de esencia celta, suaves, dulces y de hermosa conjunción, como "Grace and pride" y "Stinging rain". Por último, mencionar la contribución del poeta y escritor escocés Aonghas MacNeacail en la letra de "Oran", y la curiosidad del rescate de uno de los cortes de "Cascade", de una década atrás, un "An eala bhan" donde se puede apreciar el salto de calidad del grupo, aunque haya que reconocer que, tanto en 1984 como en 1993, interpretaciones como ésta nos dejen literalmente postrados ante la voz de Karen Matheson.

Afianzados en sus intenciones y con un creciente éxito internacional, Capercaillie mantenían la formación de su anterior plástico, ahondando en una mayor importancia en las percusiones: Karen Matheson (voz), Donald Shaw (acordeón, teclados), Marc Duff (flauta, bodhran, sintetizador), Manus Lunny (bouzouki, guitarra), Charlie McKerron (violín), John Saich (bajo, guitarra), James Mackintosh (percusión, batería) y Iain Murray (batería y percusiones adicionales); además Dònal Lunny tocaba el bodhran en un tema y John Saich, Manus Lunny y Donald Shaw acometían voces de fondo en algunos de los cortes. Un año después de "Secret people", un puñado de canciones emblemáticas del grupo fueron remezcladas por el productor Will Mowat para conformar el álbum "Capercaillie". La modernización del sonido de la banda escocesa alcanzó aquí su punto más álgido, el más cercano al 'ethno-techno', viajando por igual hacia atrás y hacia adelante en el tiempo. Seis composiciones de "Secret people" fueron recogidas en ese disco homónimo ("Bonaparte", "Crime of passion", "Stinging rain", "Tobermory", "The miracle of being" y "Grace and pride"), y aunque fue recibido con un cierto reparo por parte de sus seguidores, incluso escepticismo desde los propios miembros de la banda -de hecho presenta algún momento prescindible-, es preciso reconocer que los temas son tratados con mucho respeto, y mezclados con cuidado y muy buen gusto. Volviendo al disco que nos ocupa, hay que acabar diciendo que "Secret people" no es sólo una estimulante sucesión de canciones de origen celta y envoltorio pop, sino que llega más allá, hasta las raíces de una cultura, la escocesa, más viva que nunca gracias a la prodigiosa atemporalidad de Capercaillie.

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11.12.08

CAPERCAILLIE:
"Get out"

Si ya de por sí la riqueza de la música tradicional escocesa es desbordante, la unión durante la década de los 80 de nuevos talentos como Karen Matheson, Donald Shaw o los hermanos Lunny para renovar ese excelso folclore redundó en un grupo de tanta importancia como Capercaillie, una banda moderna pero con siglos de música escocesa a sus espaldas. En el libreto del álbum "Get out" se hacía hincapié en el logro que supone rescatar el patrimonio gaélico y llevarlo de una manera fresca a todos los rincones del mundo, en una eficaz mezcla con elementos pop y rock, pero manteniendo el aire antiguo que confiere a la banda una elegante riqueza en sus discos y directos. Después del gran éxito de "Delirium", y basado directamente en él (lo cual no le resta interés) es precisamente "Get out" el álbum que define a la perfección las posibilidades de Capercaillie y exhibe en sus escasos 40 minutos su capacidad para atraer, encender y emocionar de diversas maneras, en inglés o gaélico, con aires lentos o rápidos, a través de la voz o de manera instrumental, todo vale cuando la calidad es innata. A su vez, "Get out" responde a la necesidad de que los fieles a Capercaillie encuentren plasmado en un álbum, aunque sea de una forma residual, su importante y valorado directo.

En esta suerte de revisión de "Delirium", publicado en octubre de 1992 por Survival Records (de ello se encargó en los Estados Unidos Green Linnet), las canciones cobran una nueva dimensión merced a versiones mejoradas o potentes directos. "Get out" explora precisamente en todas las facetas que este magnífico grupo puede ofrecer en estudio o en vivo: reels que obligan a no permanecer sentado ("Silver spear reels"), otros instrumentales que aún siendo de apariencia e intenciones celtas sorprenden con un ritmo obsesivo de tendencias muy actuales ("Dr. MacPhails trance", impresionante versión mejorada y alargada del "Dr. MacPhail's reel" de "Delirium"), interpretaciones geniales de canciones gaélicas tradicionales ("Pige ruadh", una pieza en directo de 'mouth music' -melodías vocales aplicadas al baile-), temas en inglés que fusionan sabiamente folk y pop ("Waiting for the wheel to turn ('92 version)") y por supuesto un carisma que iba en aumento con el paso de los discos y los conciertos. "Fear a' bhata (Oh! my boatman)" fue el primer sencillo de "Get out", una pequeña y bonita canción de amor tradicional escocesa cantada en gaélico, cuya versión original estaba incluída en el álbum "The blood is strong", banda sonora del documental de la BBC que ayudó a cimentar la fama del conjunto. La mencionada "Waiting for the wheel to turn" presenta un acertadísimo cambio respecto a "Delirium" para constituir un segundo sencillo que promocionaba a la vez ambos álbumes; curiosamente, esta animada canción de Donald Shaw en inglés no estaba producida por Dònal Lunny sino por Iain Morrow. No podía faltar el tema más conocido de Capercaillie, otro tradicional gaélico tambié presente en "Delirium", que ya es inseparable de la voz de Karen Matheson, y que aquí se muestra con la fuerza del directo: "Coisich a' ruin", que llegó al número 39 de las listas de venta británicas -primera canción en gaélico que lo lograba-. Sorprenden también otras dos canciones en inglés rescatadas, cómo no, de "Delirium": "Servant to the slave" (composición de Manus Lunny vuelta a grabar con una pequeña introducción tradicional de J.MacRae titulada "Dean Cadalan Sàmhach", que proviene también del disco "The blood is strong") y el directo de "Outlaws" (del bajista, John Saich), una canción nueva que comienza como un diálogo entre voz y piano acaba como una reunión intimista y muy placentera. La banda en este momento estaba formada por Karen Matheson (voz), Marc Duff (flauta, bodhran, sintetizador), Manus Lunny (bouzouki, guitarra), Charlie McKerron (violín), John Saich (bajo) y Donald Shaw (acordeón, teclados), con la eficaz incorporación de James Mackintosh, conocido por sus discos con el grupo Shooglenifty, a la percusión en los directos y en la regrabación de "Waiting for the wheel to turn", un Mackintosh que iba a continuar trabajando con Capercaillie y en los futuros discos en solitario de Karen Matheson.

Una semana después del lanzamiento de "Get out", y como gran complemento de éste, Polygram editó con el título de "Two nights of delirium" un video de la banda que recogía dos conciertos en Escocia repletos de público y que permitían comprobar, al que aún no había disfrutado del directo de Capercaillie, lo que se siente en uno de sus espectáculos. En 1999, Survival comercializó sorpresivamente una nueva edición de "Get out" con cinco canciones nuevas, dos instrumentales ("The reel northern light" y "Shanbally castle / Caberfeidh"), una cantada en inglés (la interesante "Distant hill") y dos en gaélico (la acertada "Mo bhean chomuinn" y "A cur nan gobhar as a´chreig"), complementando a la perfección el álbum original, cuyas notas interiores detallan el lugar de grabación de cada una de las piezas. En la discografía de Capercaillie, y a pesar de que se componga de canciones rescatadas, nuevas versiones y directos, "Get out" no es ninguna bagatela, de hecho es una pequeña joya de esta banda que acerca como ninguna el ayer al hoy.

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7.9.06

CAPERCAILLIE:
"Delirium"

Uno de los nombres más atractivos e impactantes de la música escocesa de las últimas décadas es el de Capercaillie, cuya traducción del gaélico escocés es 'urogallo'. Es difícil hablar sobre la música celta del cambio de siglo y no destacar a este grupo bien unido a sus raíces escocesas, si bien durante los años han logrado una acertada evolución fusionando lo celta con otras culturas, elementos étnicos y un acercamiento al pop y las nuevas tendencias que les ha hecho muy famosos, objetos de seguimiento y extraños invitados en las listas de ventas británicas. "Cascade", su primer álbum, debería tomarse más en cuenta en su discografía (aunque ellos mismos opinaron posteriormente que era tan malo que no querían ni acordarse de él), no sólo como un disco agradable sino como una clara muestra de sus intenciones originales y de los medios de que disponían en esa época, que eran su propio talento en la instrumentación y la gran baza de la voz de Karen Matheson, en un repertorio mayoritariamente tradicional en el que se paladean grandes muestras de genio innato que tuvieron que grabar en tres días (y las mezclas en una mañana). Fue sin embargo la llegada de Dònal Lunny como productor la que influyó definitivamente en su desarrollo popular, ya que el cambio en la calidad de sonido para el álbum "Sidewaulk" (tras un buen "Crosswinds" y el momento de suma entrega y pasión que supuso la banda sonora del documental de la BBC "The blood is strong", dada la temática afín a sus patrióticas ideas) es monumental. El repertorio era aún mayoritariamente tradicional, pero el acabado desencasillaba a Capercaillie, pasando de ser un grupo folk de culto a un fenómeno de estilo moderno abierto a nuevos públicos, gracias también a sus primeras canciones en inglés (las únicas propias, no tradicionales), que internacionalizaban su música. Tras haber fundado Etive Records en sus inicios (Donald Shaw y Karen, matrimonio y miembros fundadores, tuvieron un grupo efímero llamado The Etives cuando eran adolescentes) y haber firmado poco después con Green Linnet, el paso definitivo se produjo con el cambio de compañía discográfica, pues el fichaje por Survival Records originó en 1991 "Delirium", álbum que se benefició de la distribución de BMG.

El urogallo es una bonita ave gallinácea protegida en España, donde está alarmadamente amenazada, pero con una gran implantación en el norte de Europa; sus raíces se hunden en tiempos pasados, como el espíritu tradicional que impera en la música de Capercaillie, esa esencia que hizo que muchos les llamaran los Clannad escoceses. En "Delirium", Capercaillie nutre su capacidad folclórica con nuevas aportaciones, más actuales, que acercan su música a nuevos públicos, y lo popular sale reforzado al vivirlo en contraposición a los cortes más poperos. La voz sigue siendo subyugante, pieza clave de su sonido, y brilla en canciones que pertenecen ya a la historia de la música, como "Coisich, a rùin", un auténtico himno cantado en gaélico que logró la hazaña de entrar en el top 40 británico en mayo de 1992 gracias al otro documental de la BBC, 'A prince among islands' (sobre una visita de una semana del Príncipe de Galés a las Hébridas Occidentales). La formación del conjunto en esta época era Karen Matheson (voz), su marido Donald Shaw (teclados y acordeón), Marc Duff (flauta, silbatos y tambor), John Saich (bajo), Charlie McKerron (violín) y Manus Lunny (guitarra y bouzouki -el hermano de Dònal, dos irlandeses en un grupo escocés-). Capercaillie resolvieron el problema de la restauración de la música tradicional escocesa con gran solvencia, la frescura de su sonido se respira desde los primeros compases de la primera canción de "Delirium", la conocida y bailable creación de Manus Lunny "Rann na mona", con la que se puede conectar perfectamente a pesar de estar cantada en gaélico, demostrativo de la universalidad de la buena música. Le sigue, ya en inglés, una pegadiza canción de Donald Shaw inspirado en la comunidad argelina, "Waiting for the wheel to turn", que fue seleccionada como segundo single del trabajo. En su discografía se nota claramente una acérrima defensa de su cultura, no sólo por el idioma gaélico (materno de Donald y Karen), sino por abordar en sus letras problemas sociales como ese, y ser unos embajadores de sus bellos paisajes, como el lago de la fotografía interior del libreto. La voz de Karen Matheson, siempre inconfundible y emblema de la banda, raya la perfección en baladas como "Aodann srath bháin", pero no quedan atrás los demás músicos en los temas tradicionales, como la antiquísima (su letra se ha perdido con el tiempo) "Cape Breton song" o el corto reel "Doctor MacPhail", que será ampliado y mejorado en su siguiente disco en directo, "Get out". La belleza de las canciones se sucede, tanto en inglés como en gaélico, como ejemplos ahí quedan melodías atrayentes como "You will rise again", de John Saich, o "Dean saòr an spiórad" (llevadera pieza de Donald Shaw, cantada en los dos idiomas), si bien la canción más conocida y primer sencillo del álbum, antes mencionado, fue la maravillosa adaptación de esa antiquísima canción de trabajo titulada "Coisich, a rùin", un delicioso y rítmico hito, momento culminante en sus conciertos y también punto de inflexión en su popularidad. Sin embargo es difícil acabar de hablar de las composiciones contenidas en este disco, ya que dos importantes sorpresas aún están por llegar, una onírica y monumental "Breisleach", compuesta a dúo por Shaw y Aonghas MacNeacall (que contará con una adaptación mucho más moderna años después, y que fue elegida para un spot del whisky escocés Glen Grant), y otro clásico para concluir el trabajo, que reivindica la textura de la voz de Karen, "Servant to the slave", provocando que las dos excelentes composiciones del nuevo integrante, Manus Lunny, abran y cierren el disco. A este respecto, la importancia de Donald Shaw se ve amenazada por Lunny y Saich, en beneficio de la banda y de sus seguidores.

No cabe duda de la elegancia de este grupo que si bien hay que encajonar en la música tradicional celta, posee unos matices culturales tremendamente ricos, dispersos y evidentemente modernos (sólo hay que ver los video-clips de "Coisich, a rùin" o "Waiting for the wheel to turn" para darse cuenta de lo que intentaban popularizar, la modernización de una tradición centenaria). "Delirium" fue su quinto disco, y uno de sus trabajos más completos, resultando una gran sorpresa de ventas (número 1 en las listas de Music Week/Folk Roots y 100.000 copias vendidas en el Reino Unido) pero sobre todo de calidad. "Coisich a rùin (Walk my beloved)" fue el primer sencillo del álbum, pero su entrada en listas llegó con la publicación de un posterior EP con motivo del mencionado documental 'A prince among islands', que incluía esa canción junto a otras tres del álbum "The blood is strong", ese momento de suma entrega y pasión, cuya segunda edición está basada en tres documentales con la banda sonora de Capercaillie. La música de siglos de tradición escocesa es amasada por esta atrevida banda como si de un catalizador de magia ancestral se tratara, y tras ser servida con una sapiencia presumiblemente ilimitada, provocó que el gaélico dejara de ser definitivamente un idioma desconocido para el mundo, deseoso de nuevos mitos celtas.