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19.7.25

DAVID BEDFORD:
"Rigel 9"

Muchos artistas actuales, y un buen número de melómanos, añoran el sonido de los discos de los años setenta, sin importar el estilo o el músico implicado. La tecnología digital facilita notablemente el trabajo, pero en ciertas ocasiones se pierde el alma que quedaba impregnada en las grabaciones analógicas, aquellos trabajos de tijera que se plasmaron en viejos vinilos de artistas mayúsculos del mundo del rock y del folk, y bandas míticas del rock sinfónico y progresivo que envolvieron temporalmente la obra de un compositor con mayúsculas, un británico nacido en 1937 y fallecido en 2011 llamado David Vickerman Bedford, de familiares compositores y cantantes, que abarcó un gran número de estilos en su trayectoria musical, incluido su paso en los años setenta por el grupo de rock Kevin Ayers and the Whole World, donde conoció al que durante muchos años sería su joven cómplice y alumno aventajado, Mike Oldfield. Sus obras son numerosas, muchas de ellas han sido representadas por conjuntos instrumentales o con voces, aunque no tantas fueron las publicadas. La vanguardia fue su refugio privado, y la ópera entró también dentro de sus intereses, preferiblemente la ópera 'escolar' o para niños ("The Rime of the Ancient Mariner" entre ellas), aunque también otras, alguna tan atrevida como la ópera espacial que en 1985 le unió, en una excitante colaboración a distancia, con una prestigiosa escritora estadounidense de ciencia ficción, Ursula K. Le Guin.

Fallecida en 2018, Le Guin fue una de las grandes autoras de ciencia ficción, especialmente recordada por series de novelas ambientadas en el mundo ficticio de Terramar, y ganadora de premios tan importantes como Hugo o Nébula. Varias fueron sus colaboraciones musicales, con la compositora Elinor Armer ("Uses of Music in Uttermost Parts" fue un trabajo conjunto de diez años, publicado en 1995, que "explora un archipiélago fantástico de islas donde la música forma la esencia misma de la vida"), con el intérprete, educador y -él se define así- aventurero sonoro Todd Barton ("Music & Poetry of the Kesh" en 1985) y con David Bedford, que realmente ya había musicado en 1976 el cuento de Ursula ganador del premio Hugo 'Los que se alejan de Omelas' ("The Ones Who Walk Away from Omelas"), una pieza de 25 minutos para conjunto instrumental cuyo resultado encantó a la escritora. Ambos se conocieron y ahí se gestó el libreto de "Rigel 9", aunque tuvo que pasar casi una década para que todo estuviera listo y una discográfica estuviera interesada en su publicación, lo que hizo Charisma en 1985 (Virgin Records, que sí que había publicado los discos de Bedford en los años setenta -aunque por entonces con las monetarias colaboraciones de Mike Oldfield- lo rescató en CD en 1997). Dicho libreto fue orientado como una obra para radio, una 'ópera para el oído' -así lo calificaron ambos-, en la que diálogos y canciones se entremezclan. De hecho, el lenguaje extraterrestre de la obra es un hipnotizante canto sirenoide (jóvenes muchachas alejadas del corte operístico, seleccionadas en escuelas locales), mientras que las voces humanas se acompañan de oscuros sintetizadores de corte progresivo. El choque no sólo no inquieta sino que acompaña con solvencia a este musical que, aclaraba el compositor para la revista Starburst, "no es al estilo de Hollywood, porque allí la música no es continua y el diálogo constituye la mayor parte de la película: en 'Rigel 9' la música lo atraviesa todo, excepto al principio, donde quería demostrar que estaban en un planeta alienígena y que la situación y los personajes debían presentarse claramente". "Rigel 9" es una ópera de los nuevos tiempos, un nuevo deleite de teclados como lo fuera "The Odyssey" en la década anterior, que comprime las argucias eléctricas y orquestales de David Bedford (instrumentos del rock y sinfónicos conviven con sutileza) en una sola trama, única y excitante, en la que tres astronautas humanos, Anders, Kapper y Lee, son enviados a explorar un lejano y frondoso planeta en un sistema estelar con dos soles, denominado Rigel 9, donde intentan comunicarse -con poco éxito- con una inteligencia extraterrestre, especialmente un Anders que es secuestrado por los alienígenas. Kapper y Lee discuten en ese momento sobre la necesidad de rescatarlo o bien salvarse y escapar ellos. Al final, cuando la nave va a despegar, Anders tiene que tomar una decisión. "Uno de los temas sobre los que escribo -comentaba Ursula para la mencionada revista Starburst- es la soledad, la dificultad que tiene cualquiera para comunicarse, para conectar con otras personas. Creo que ese es uno de los temas que explora la historia." Más aún en una cultura tan ruidosa y dominante como la nuestra, y su incapacidad para escuchar y aceptar culturas extranjeras: "La ciudad alienígena es literalmente invisible para ellos. Y solo Anders, más abierto y descontento con su civilización, puede comprenderla. De hecho, nunca estuve muy seguro de si la cultura alienígena era real o falsa, o si era solo una proyección de los propios anhelos y deseos de Anders." Cuatro escenas componen la obra: la primera, "Overture: Scene 1: The Forest / Anders and The Red One / Anders' Capture", presenta un comienzo espectacular, una obertura épica y excitante con teclado, orquesta y enaltecedores punteos de guitarra (que en esta ocasión no portan la firma de Mike Oldfield sino la de Clem Clempson), que tras dos minutos y medio da paso a la primera y extraña conversación entre los astronautas. El teclado continúa tan vehemente y apasionado como en anteriores partituras aventureras de Bedford ("The Odyssey" o "Instructions for Angels" pueden venir a la memoria) y acapara el protagonismo de un bellísimo pasaje ambiental con diálogo, que conduce a la primera de las canciones del disco, logrado evento propio del género musical en el que un extraño pero acertado saxo marca el contrapunto a la voz de Anders. De ahí al final, voces celestiales alienígenas nos introducen en un paisaje de ensueño y nos conducen, flotando y con suspense final, hasta la escena segunda. "Scene 2: The City / Anders And The Red One" tiene un inicio alegre y burbujeante, y continúa con un inútil pero bello intento de comunicación entre especies que conduce a otra hermosa canción, una fábula vocal digna de 'El señor de los anillos' (de hecho la interpretación no difiere mucho del estilo que hará popular, desde el año siguiente a este disco, a la irlandesa Enya), si bien recuerda más poderosamente a la propia composición de Bedford "The Rio Grande", aunque sin llegar a alcanzar su magnificencia. Anders toma el relevo en una nueva canción para llegar al descanso, tras enredarse en una telaraña que engarza la ópera rock con un vivaz sinfonismo de teclados progresivos. El tercer acto ("Scene 3: Kapper And Lee In The Forest / The Death Of The Orange One / The Funeral Procession") arranca movido y de nuevo épico, fílmico, alcanzando pronto los instantes más caóticos del trabajo, a los que la alienígena voz celestial viene de nuevo al rescate con una suave versión vocal de la fantasiosa entrada general del álbum. Como surgido de entre la bruma, emerge entonces en canto dedicado a un funeral extraterrestre, del cual Bedford quedó verdaderamente satisfecho. Así explicó a Starburst cómo el dúo escocés de new wave Strawberry Switchblade, ahora bastante olvidado, entró a formar parte del álbum: "Hice que el coro cantara la introducción como solistas y luego se lo llevé a Tony Stratton-Smith de Charisma para una opinión externa. Él creía que las cantantes del funeral debían sonar más fuertes. Justo por aquel entonces, había hecho algunos arreglos con el dúo femenino Strawberry Switchblade, y sus voces me parecieron increíbles. Esto fue antes de que publicaran ningún disco. Así que les pedí que cantaran la sección del funeral.". La última escena ("Scene 4: Anders Alone In The City / The Ritual Song / Anders' Flight Through The Forest / At The Ship: Countdown / Lift Off / Finale") comienza con una intensa canción por parte de Anders, de nuevo propia del musical, que se fusiona con el coro de sirenas extraterrestres. Tras una pequeña pausa, la acción se expone sobre un emocionante desarrollo repetitivo, glassiano, primero con voz, posteriormente con los envolventes teclados. Otras melodías anteriores se alternan para servir de fondo a los diálogos, hasta la drástica entrada de la cuenta atrás para el despegue de la nave y de ahí a un final dulce, esperanzador, con las voces femeninas recordando uno de los leitmotivs más interesantes del disco. Grabado en los Advision Studios, "Rigel 9" contó con el siguiente elenco musical: David Bedford (teclados), Clem Clempson (guitarra), Mark Bedford (bajo), Pete King (saxo), Daniel Woodgate (batería), el coro de The Barnet Schools Choir (lideradas por J. Maxwell Pryce), los vientos de The County Of Avon Schools Symphonic Windband (dirigidos por David James), los violines de Adrian Levine, Belinda Bunt y Bill Benham, la banda Strawberry Switchblade (en la canción del funeral), Gerard Kenny (la voz de las canciones de Anders), y las voces actorales de Enn Reitel (Anders, Lee), Lorin Stewart (Kapper) y Sarah Duthie (The Red One, The Orange One). El ingeniero de sonido fue Geoff Young.

Amante declarado de la literatura de ciencia ficción -que ocupaba un gran espacio en su biblioteca-, esa pasión se plasmó en gran parte de la obra de David Bedford, que presentó muchos títulos espaciales o fantasiosos, especialmente su obra para Virgin Records, "Star's End". "Mucha gente dice 'no me gusta la ciencia ficción', y por eso desechan un área entera de literatura potencialmente excitante, igual que un montón de músicos de rock dicen 'no me gusta la música clásica porque estuvo muerta los últimos doscientos años'. Similarmente, mucha gente de la clásica dice 'no me gusta la música rock porque es puro ruido y electricidad', y están igualmente perdiéndose un montón de buena música", declaró en aquella época. Por contra, muchos de sus textos más importantes provenían de poetas románticos como William Blake, Samuel Taylor Coleridge, Thomas Browne, o más actuales como Kenneth Patchen. Arthur C. Clark fue uno de sus referentes en la ciencia ficción, pero también Isaac Asimov o la propia Ursula K. Le Guin. Tal vez no sea el de "Rigel 9" el libreto más relevante (en algún medio lo calificaron como narrativamente débil) de la escritora, ni la de David Bedford su partitura más conocida, pero no debe de ser este un proyecto olvidado, esa amalgama de influencias literarias de David junto a sus inquietudes vanguardistas, su amor por la música coral, sus devaneos con otros estilos, devinieron en una obra auténtica y emocionante para los quieren llegar más allá de lo convencional, más allá, de hecho, de los límites espaciales jamás visitados.




26.2.21

DAVID BEDFORD:
"The Odyssey"

Aparte de los elementos propios del campo clásico como la orquesta y el coro, el completo músico británico David Bedford recurrió a otros artificios sonoros en sus primeros trabajos grabados para el sello de Richard Branson, Virgin Records, entre ellos la percusión y la guitarra eléctrica de su joven y ya famoso amigo Mike Oldfield. La grata sorpresa que supuso "Star's End" en 1974 -uno de los primeros álbumes que aportaba la electrificación a una orquesta sinfónica-, y los grandes momentos que deparó un año después el intento de ópera escolar "The Rime of the Ancient Mariner" -"The Rio Grande" es una de las grandes canciones grabadas por Bedford- tenían que ser refrendados en una nueva obra, un disco lo suficientemente atractivo y distinto a los anteriores como para sorprender de nuevo al abierto público de los años setenta. Así, David añadió un guiño comercial al nuevo proyecto, una cierta facilidad melódica, suavizando su afán experimental (de difícil escucha fueron otras obras compuestas en la época como "Nurses Song With Elephants", "Star Clusters, Nebulae & Places in Devon" o "The Song of the White Horse") y aprovechando las posibilidades comerciales del rock sinfónico y la psicodelia, especialmente centrado en los sintetizadores. Bedford hurgó además en la literatura, una de sus pasiones, como ya lo hizo musicando el poema de Samuel Taylor Colleridge 'The Rime of the Ancient Mariner' un año atrás, y se entretuvo con una de las historias más legendarias de la literatura universal, 'La Odisea' de Homero.

Publicado por Virgin Records en 1976, parece como si Bedford confeccionara "The Odyssey" con la intención de agradar a la casa de discos, pues es un trabajo más asequible, con varios cortes de claras posibilidades comerciales en la época (dentro de la anti-comercialidad de su autor), y pensados algunos de ellos durante su creación, posiblemente, para la guitarra de Mike Oldfield. Y es que "The Odyssey" huye del concepto orquestal de las obras anteriores para inscribirse en las cercanías del rock progresivo más centrado en aprovechar la sonoridad de los teclados. Bedford fue inteligente, dividió la obra en temas cortos para agradar a Richard Branson, y mantuvo la cualidad de álbum conceptual con temática literaria para contentarse a sí mismo, que por cierto aparecía en primer plano en la portada, como si fuera el mismísimo Odiseo (Ulises). Para asomar la vertiente épica en la partitura decidió acometer 'La Odisea' de Homero, poema griego del siglo VIII a. C. que narra el regreso del héroe mitológico Ulises a su casa en la isla de Ítaca tras la guerra de Troya, veinte años después de su partida. Durante este período, su hijo Telémaco y su esposa Penélope, tras creerle muerto, reciben en su palacio a numerosos pretendientes que buscan desposarla, a pesar de la reticencia de ambos. Un leitmotiv se muestra intermitentemente en el disco ("Penelope's Shroud", tema recurrente que se divide en cinco partes muy cortas intercaladas entre los demás), sencillo pero efectivo en la familiaridad que logra con el oyente. Como si de una película se tratara, identificamos a Penélope con dicha melodía hipnótica y asumimos su desesperada condición (ella teje durante veinte años un sudario para el rey Laertes, padre de Ulises, pero deshace por las noches lo construido durante el día) en su carácter repetitivo. Mientras tanto, la melodía, la dimensión épica, aventurera, viene denotada por piezas tal vez no profundas pero tan acertadas melódicamente como "King Aeolus" (sobre un fondo sugestivo se alzan los teclados simbolizando los vientos con los que Eolo intenta ayudar a Ulises en su regreso a Ítaca) o "Scylla and Charybdis" (más fácilmente melódica incluso, toma realmente la misma melodía de "King Aeolus" aunque se muestra afable, heroica, envalentonada en sus cambios continuos y en su atmósfera tétrica central, que ayuda a representar el peligro de los dos monstruos marinos Escila y Caribdis). La pasional participación de Mike Oldfield en la obra desata la locura oculta en el pragmático Bedford, originando los dos cortes más radiados del trabajo, y posiblemente también los dos más destacados en su conjunto: "The Phaeacian Games" refleja realmente la última etapa de este periplo, aunque Bedford prefiere situarla en una posición anterior en el disco; Ulises, que está muy cerca de regresar a Ítaca, por invitación del rey Alcínoo acaba presenciando e incluso participando en los juegos feacios (un pueblo mítico de la Isla de Esqueria), donde lanza el disco de bronce más lejos que ninguno de los participantes habían logrado nunca. "The Phaeacian Games" es por tanto prácticamente una recreación del espíritu olímpico, un tema jubiloso, magnífico, donde aparece majestuosa la inconfundible guitarra de Oldfield en una extendida conjunción con los teclados. Algo distinta es "The Sirens", donde aparece mágicamente el encanto coral característico del compositor británico (por medio del coro de chicas Queen's College, que ya se escuchaba en "The Rime of the Ancient Mariner"), en una pieza intensa y alumbrada que parece tener vida propia desarrollándose de manera seductora, como no podía ser menos tratándose de esas criaturas mitológicas que intentaron atraer a un desesperado Ulises atado en el mástil de su barco. "The Sirens" es uno de los mayores aciertos del disco, además de incluir una nueva interpretación de Oldfield a la guitarra, ésta más texturada, muy diferente a la de "The Phaeacian Games". Otro guitarrista se asoma en "Circe's Island", el futuro miembro de The Police Andy Summers, con una guitarra psicodélica junto a percusión de copas de cristal, la voz de Sophie Dickson y el poso minimalista de los teclados, conformando un tímido carácter vanguardista del que David difícilmente puede evadirse, haciendo de esta pieza un esfuerzo postrero (aunque el trabajo no concluye aún) por retomar intereses propios, incluida esa voz femenina que posee un nuevo aire hipnótico como ya sucediera en "The Sirens" (no en vano representa a Circe, una diosa bruja que intenta atrapar a Ulises y sus hombres en la isla de Ea). Para concluir el trabajo, "The Battle in the Hall" representa el pasaje en el que una vez en Ítaca, Ulises -transmutado en mendigo- mata en el gran salón con su arco a los demás pretendientes de Penélope. La pieza prolonga una constante tensión hasta que surge, aunque más lenta, la misma melodía de "The Phaeacian Games" conduciendo al oyente hasta un final feliz. "The Odyssey" es un disco sencillo, con un puñado de melodías Bedford supo construir toda una obra que, en su conjunto, no deja de representar una avanzada muestra de sinfonismo épico donde late una tensión evanescente. Los teclados utilizados por el propio Bedford en la obra incluyen el sintetizador Arp 2600, sintetizador de cuerdas Stringman, piano eléctrico Fender Rhodes, piano de cola Steinway, clavinet (un clavicordio amplificado electrónicamente) y órgano Hammond, además de interpretar percusiones por medio de vibráfono, timbales, platillos, gong y copas de vino. La demostración de la presumible grandiosidad del proyecto se dejó notar especialmente en su presentación en el Royal Albert Hall londinense el 25 de enero de 1977, espectáculo definido como 'El mayor evento de teclados de todos los tiempos', que contó con la presencia de grandes figuras como Mike Oldfield, Jon Lord, Mike Ratledge, Peter Lemer o Dave Stewart, mientras que otros como Vangelis o Peter Bardens no pudieron estar a pesar de ser invitados. Gonzo Multimedia publicó "The Odyssey Live" en CD en 2011.

David Bedford se muestra aquí rotundo y directo, alejado de la vanguardia que había hecho de sus anteriores obras experimentos de difícil escucha. No se pretende evaluar la calidad o importancia de las obras de esta etapa, sino destacar su variedad de miras y capacidad de adaptación a todo tipo de estilos clásicos y populares, de un autor completo e injustamente olvidado. Si bien en ciertos momentos de su carrera más conocida (con "Star's End", por ejemplo) se habló de que Bedford estaba explorando áreas de composición descuidadas en Gran Bretaña, con "The Odyssey" y su asomo a la comercialidad, el crítico y musicólogo Richard Witts asoció este plástico a ciertos retazos del rock de Canterbury, y el público en general iba más allá, emparejándolo con un rock progresivo más certero. Desde luego, hace décadas que dejaron de hacerse obras como éstas, partituras que forman parte de la historia de la música, pero "The Odyssey" permanece en la memoria para aquel que desee acercarse a su estela y contagiarse de su epicidad, la de un trabajo conceptual que, como las grandes obras de David Bedford grabadas en la década de los 70 para Virgin Records, resuena en nuestra cabeza tiempo después de su escucha. Y continuarán haciéndolo, porque las rescataremos de vez en cuando como prueba de un estilo auténtico y excitante, que difícilmente se desvanecerá.





11.12.17

DAVID BEDFORD:
"The Rime of the Ancient Mariner"

Es tal la fuerza que el ilustrador francés del siglo XIX Gustave Doré imprimió a los grabados que realizó sobre el poema de 1798 de Samuel Taylor Coleridge 'The Rime of the Ancient Mariner' (algo extensible a toda su impresionante obra, en realidad), que esas impactantes imágenes son inherentes a la propia obra del poeta romántico inglés. De hecho, es reconocido que la interpretación musical que David Bedford realizó sobre esta oda, acababa debiendo tanto al poema como a las propias ilustraciones, que pernoctan en la memoria sin remedio junto a los versos de Coleridge. También iluminan la portada y contraportada del álbum de Bedford, y eran importantes en el advert del trabajo, que presentaba nueve de estos grabados junto a algunos de sus versos, destacando a su vez en letras rojas, y al mismo tamaño que el nombre del autor de la música, los de los colaboradores más importantes en la misma, el 'enfant terrible' Mike Oldfield a la guitarra, y el actor Robert Powell (que acababa de participar en la versión cinematográfica de la ópera rock de The Who 'Tommy', y muy pronto se convertiría en el rostro de Jesús de Nazareth en la miniserie de Franco Zeffirelli) como narrador, con sus excepcionales cualidades vocales. Virgin Records, fiel en sus comienzos a la escena musical cercana a Oldfield (Tom Newman, Robert Wyatt, Henry Cow, el propio Bedford...), publicó este su segundo vinilo de Bedford en la compañía en 1975 (el esperado CD no llegó hasta 1994), sólo unos meses después de que el propio Bedford -obsesionado con romper las barreras entre el mundo clásico y el popular- hubiera adaptado "Tubular bells" para orquesta, lo que se plasmó en "The Orchestral Tubular Bells".

Como segura consecuencia de su coqueteo con el rock, es absurdo y lamentable el ninguneo de un músico tan resoluto y atrevido como David Bedford por parte de la mayor parte de la crítica musical, llamémosle culta. Discípulo de Luigi Nono, este británico aprendió en Venecia de su maestro el gusto por hacer uso en algunas de sus obras de la voz humana como un recurso estético, si bien anteponiendo una finalidad relumbrante y benditamente idólatra, la de recurrir a sus poetas y escritores favoritos para crear, en algunas de sus partituras, una especie de libretos pseudooperísticos de fácil respuesta por parte del público, al no intentar alcanzar la categoría de arte en tanta medida como su maestro o como otros ejemplos más experimentales de su propia obra, sino con otros fines de carácter más particular y, en definitiva, comercial. Entre una y otra circunstancia, "The Rime of the Ancient Mariner" nació siendo -y así sigue estando clasificada en el listado oficial de las obras de Bedford-, una ópera escolar, un encargo de 'New music in action' que tuvo dos ramificaciones, la versión del disco publicado en 1975 por Virgin Records, y la propia ópera escolar ('Opera for Young People in 1 Act' es su subtítulo), partitura fechada en 1978, nunca grabada en disco. Bedford compuso bastante música destinada a la educación (fue profesor en varios institutos en los 70), y un buen puñado de óperas escolares, pretendiendo inculcar conceptos musicales a los niños, acercar la música clásica a las escuelas y atraer a parte de ellos hacia la contemporánea. Sin embargo la temática de este poema en concreto y cómo se fue desarrollando su composición, hicieron que el primer boceto de la obra -el publicado en 1975- no fuera totalmente adecuado para el público más joven, a pesar de la inclusión de una pequeña joya renacentista: Tielman Susato fue un compositor del siglo XVI que trabajó con canciones populares y compuso un buen número de pequeñas piezas instrumentales, danzas como 'La Mourisque', que David Bedford rescata con acierto para abrir y cerrar este trabajo, pues a pesar de no tener relación con asuntos marineros, simboliza la boda con la que da comienzo el poema, la celebración en la que, de golpe, aparece el demacrado marinero contando su historia. Tras esa pegadiza fanfarria inicial, la obra presenta un anárquico pero poderoso pasaje de piano y órgano, mientras el barco navega hacia el sur con buen tiempo. No tarda en llegar la tormenta, que impulsa a la nave irremediablemente hacia el Polo Sur, representada por percusiones y cuerdas varias que van creando un ambiente lírico en continuo desenfreno, un clímax roto por la llegada del narrador y su hipnótico don oratorio. Powell nos introduce en la tierra del hielo, donde no hay nada vivo, un interludio amenizado por asustadizas percusiones que destacan sobre órgano y teclados. Un albatros aparece, recibido con gran alegría, pero a continuación, el marinero lo mata con su ballesta, convirtiendo un presagio de fortuna en una maldición, y el barco navega hacia el norte por el Océano Pacífico. El entorno orquestal (un buen número de instrumentos interpretados por el propio Bedford) se ocupa en mayor medida de recrear los ambientes adecuados, generalmente cáusticos y por momentos disonantes, como este pasaje de agobio y angustia, y el posterior suspense del momento en que la nave se calma, con tímidos vientos sobre el perpetuo órgano en una atmósfera intranquila. El viejo marinero atisba el esqueleto de un barco, y en él, el espectro de una mujer y la propia muerte, momento en que la voz del narrador se yergue amenazante en el silencio musical, que retorna con un mayor desasosiego. La tripulación entera cae muerta, a excepción del marinero, y de este modo, en un clima moribundo, concluye la primera parte del álbum. La segunda parte (más amable que la primera y verdaderamente inspirada) empieza susurrante, adormilada, como en la trama de una vieja leyenda en la que el héroe viene representado por una solitaria y pensativa guitarra que se va alzando majestuosa sobre el ambiente de teclados con el paso de los minutos en un viaje movido y extraño, por momentos hipnótico, y en otros absolutamente etéreo y divino, en un largo pasaje de una falsa dulzura que va originando una espléndida atmósfera, que tras volverse caótica en un suave remolino de teclados repetitivos, oscilantes (cuando los cuerpos de los tripulantes muertos se levantan con un poder angelical, y el marinero escucha sonidos extraños en el cielo y entra en un profundo trance) desemboca, ya pasada la mitad de este segundo acto, en uno de los momentos más bellos de la obra de Bedford, la 'sea shanty'(canción tradicional de marineros) conocida como "The Rio Grande", con el protagonismo del piano dando paso a las voces blancas del Queens College, espléndidas, celestiales, cantando sobre la vuelta a casa cruzando el mar azul (We're homeward bound across the blue sea / Going home / We're homeward bound across the blue sea / And we're bound for the old country), y la majestuosa guitarra de Mike Oldfield dándole un punto final único. Aún restan más de cinco minutos del trabajo, que continúa con la llegada del marinero a su casa una vez finalizada la maldición, representada con un piano desenfrenado, alegre, y los vientos retornando a la melodía inicial de Susato, 'La Mourisque', adornada con cuerdas y platillos. A continuación, un epílogo se recrea de nuevo en esa tonada de inicio, aunque ya no en plan danza, sino en un tempo más lento, desarrollada y con la incorporación de la guitarra eléctrica para concluirla muy suavemente y de manera orquestal. En resumen, toda una aventura, de situaciones impactantes, repleta de órganos apasionados, percusiones tétricas, vientos folclóricos, cuerdas misteriosas.., una obra de pulcro diseño y composición estudiada, cuya escucha puede resultar un desafío en algún momento, un delicioso paseo en otros. No es tan conocido que la inspiración de una de las piezas más accesibles y aclamadas de David Bedford, la deliciosa "Sun Paints Rainbows On the Vast Waves", proviene también de este mismo poema de Coleridge, si bien concretamente del cuaderno de apuntes del autor mientras lo escribía; esta bella partitura se hubiera acomodado bien entre alguno de los pasajes de este disco, tal vez en su moralizante final, aunque posiblemente se trata de una música más alegre que el tono general de "The Rime of the Ancient Mariner". Sobre las ayudas de Oldfield, de Robert Powell y del coro, Bedford ejerce de multiinstrumentista (piano, varios órganos -incluido el de iglesia, grabado en la de St. Giles Church, Cripplegate-, violín, flautas, percusiones -gong, chimes, platillos- y sonidos diversos) y de productor del disco.

Como lo fue "Star's End", "The Rime of the Ancient Mariner" es una aventura auditiva de una demencia mucho más cuerda que la mayoría de la música de consumo del nuevo siglo, que en ese momento aún se veía muy a lo lejos. "Los músicos de rock de antes eran de verdad -decía el músico y ciudadano del mundo Stephan Micus-, las ideas importaban, iban por dentro", tal vez los seguidores del rock se estaban intelectualizando, tal vez simplemente utilizaban estas músicas para flipar, el caso es que los rigores setenteros, o la falta de ellos, no sólo aceptaban este tipo de productos sin resquemores sino que se entendían como de consumo para un amplio abanico de comensales, más serios, respetuosos y fundidos en un amor por igual por la compenetración entre lo clásico y lo popular, circunstancia que se ha ido perdiendo con el tiempo, especialmente entre una juventud que reclama ritmos rápidos y fáciles, en definitiva insustanciales y en su mayoría insultantes. Pero los héroes de los setenta difícilmente podían estar equivocados, y "The Rime of the Ancient Mariner" volvió a alcanzar un aceptable número de ventas. Salvo un bis con "The Rio Grande" durante la premiere de "The Odyssey" -su siguiente plástico- el 25 de enero de 1977, la presentación en concierto de "The Rime of the Ancient Mariner" no se produjo hasta febrero de 1979, y no fue exactamente del disco publicado años atrás, sino de la ópera escolar, partitura antes mencionada acabada en 1978, con mayor protagonismo de las voces del Queens College y otras tradicionales 'sea shanty', entre ellas una titulada "Hanging Johnny", que pueden escucharse en varios extractos del concierto (algunos tan interesantes como el titulado "Blessing of the Water Snakes"), que fue grabado por la BBC y contó con la participación de Mike Oldfield a la guitarra, muy poco antes de embarcarse en su multitudinaria gira que llevó por nombre 'Exposed'.

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27.6.15

DAVID BEDFORD:
"Star's End"

Décadas atrás parecía existir por parte del público un mayor aprecio por la música grabada, no sólo por la actual facilidad para conseguir cualquier cosa con un solo click del ratón, que banaliza en muchas ocasiones el proceso auditivo, sino por el respeto y admiración que se tenía a los músicos y a determinadas propuestas arriesgadas, originales o simplemente experimentos que se valoraban como tal y eran capaces de colarse con extrema facilidad en las listas de los discos más vendidos, obras que en la actualidad serían de producción casi inconcebible en grandes compañías, como largas suites electrónicas, óperas de exagerado sinfonismo, o trabajos con pasajes recitados basados en obras inmortales de la literatura mundial. En los setenta empezaba a ser habitual que el mundo del rock incorporara en su repertorio elementos de la música clásica (Deep purple, Pink Floyd o ELP, entre otros), de ahí surgió el rock sinfónico, pero no era tan común que una obra de corte clásico por definición, incluyera instrumentos tan propios del rock como una poderosa guitarra eléctrica. De este modo, el compositor inglés David Bedford dio con "Star's End" un pequeño paso adelante en la historia de la música, al contar con el guitarrista Mike Oldfield y el percusionista Chris Cutler junto a la Royal Philharmonic Orchestra, dirigida por el elogiado Vernon George "Tod" Handley. Nacido en 1937, Bedford conoció a un joven Mike Oldfield gracias a los primeros acercamientos importantes de ambos hacia el rock, en la banda de Kevin Ayers, 'The Whole World', y acabaron trabajando juntos en un buen número de discos de ambos artistas. En 1974 Oldfield estaba en boca de todos, pero Bedford aclaraba: "No le pedí a Mike que tocara porque se hubiera convertido en un hombre tan importante en la escena musical, sino porque era mi guitarrista preferido". 

"Nurses Song with Elephants" fue la primera colaboración de Oldfield en un trabajo en solitario de Bedford, publicado en 1972 ("Tubular Bells" aún no había sido editado, ni consecuentemente Virgin Records fundada) en el sello para músicas experimentales del influyente locutor John Peel, Dandelion Records. Con Oldfield ya en el estrellato, en 1974, llegó "Star's End", pero es conveniente destacar el álbum como una gran obra de David Bedford, fuera quien fuese el músico de rock invitado. Por otro lado, Bedford tenía una concepción muy distinta de la música que Oldfield, el mismo año que el de Reading publicó el pacífico "Hergest Ridge" con los arreglos de cuerdas y coro de David, este nos presentó una obra difícil aunque sorprendente, un desasosegante cuaderno de mágica confusión, entre la atonalidad y un vanguardista sinsentido orquestal, en el que conviven la extravagancia y la genialidad. "The Heat Death of the Universe" fue el titulo inicial de la partitura, pero a la Royal Philharmonic no le gustó que incluyera la palabra 'muerte' (otras referencias atribuyen este hecho a Richard Branson, fundador y propietario de Virgin Records), por lo que acabó siendo cambiado por el definitivo, "Star's End", y vio su publicación por dicha compañía británica en 1974. Como seguidor fervoroso de la literatura de ciencia ficción, el título provenía de la novela de Isaac Asimov 'Segunda fundación' (tercer libro de la Trilogía original de la Fundación); traducido como 'En el extremo de las estrellas', es en dicha novela una pista sobre la ubicación de la Segunda Fundación. El álbum sin embargo no seguía esa estela, y venía a ser una historia del universo desde el Big Bang, y su enfriamiento y formación de las partículas y más tarde de las galaxias. Bedford lo afrontó con un tratamiento caótico, y pensó que algunos instrumentos del rock encajarían perfectamente, pero no quería una "chapuza rockera", en alusión a otros intentos anteriores, que calificó de aburridos y pretenciosos: "creo en el uso de los instrumentos para lo que fueron creados, y los instrumentos eléctricos sostienen y doblan notas". Bedford llenó el espacio disponible en el vinilo con esta pieza subyugante, con una carga insondable de emoción y misterio que puede llegar a atrapar. Un comienzo trémulo deviene en un intrigante adagio de fácil seguimiento que, tras varios intentos fallidos, acaba encontrando la salida hacia el pasaje mas recordado de la obra, en el que la percusión marca un paso firme y la guitarra ruge sobre las acometidas de la orquesta, un soberano clímax animado y excitante, que pone un final sobresaliente a la cara A del disco. Este primoroso culmen fue incluido en 1976 en la recopilación "Boxed" de Mike Oldfield con el título de "An Extract from Star's End". Que la tensión y el desasosiego están presentes en cada minuto de la obra se manifiesta especialmente en un comienzo de la cara B digno de musicar una película de suspense, cuando las iracundas cuerdas parecen enfrentarse a la sinrazón, aliándose con una guitarra mas secundaria colmando diez apasionantes minutos, para acceder a un majestuoso pasaje (lamentablemente demasiado corto) marcado por los pulsos de los vientos, con coléricas entradas regulares. Una cacofónica irrupción de cuerdas marca el comienzo del fin, minutos ambientales que desembocan en la nueva explosión de la guitarra, y el dejarse llevar de la orquesta. David, que trabajó durante seis meses en la partitura, pensó para la grabación del álbum -en agosto en Barking Town Hall, Essex-, en el bajo de Oldfield, la guitarra de Mick Taylor (miembro hasta ese mismo año de los Rolling Stones, que había tocado en el concierto de presentación de "Tubular Bells") y la percusión de Steve Broughton, si bien este último fue sustituido finalmente por Chris Cutler (de la banda de Virgin Henry Cow), y Taylor por Steve Hillage. Además, durante la grabación hubo problemas técnicos con la guitarra, por lo que tuvo que ser interpretada posteriormente y en The Manor, por Mike Oldfield, un Oldfield que no pudo tocar en el concierto de presentación, el 5 de noviembre en el Royal Festival Hall, por la reciente muerte de su madre. Fue sustituido por Fred Frith en la guitarra y Darryl Runswick en el bajo. La actividad rockera del compositor inglés en esa época le hizo vislumbrar algunas actitudes de rechazo entre el mundo clásico (escuchada la furiosa guitarra de Oldfield, parece evidente que solo los muy puristas podrían verter pestes sobre su presencia en la obra, pudiendo llegar a considerarla como "un hermanamiento falso e interesado"), si bien también se encontró con un cierto esnobismo en otras ocasiones. En cuanto al recibimiento popular, esta pequeña emancipación estilística fue gratamente acogida a pesar de ser compleja, algo densa y tumultuosa. Al fin y al cabo, que determinados instrumentos no puedan entrar a formar parte de una orquesta sinfónica porque sí, es una idea tan limitada, incluso tan estúpida, como el suponer que la obra vaya a sonar mejor simplemente porque los músicos, en el foso, vistan de etiqueta, o el público acuda al teatro con sus mejores galas. Sin saber cuánta parte de culpa tuvo la aparición de Mike Oldfield, lo cierto es que "Star's End" se convirtió en el álbum clásico más vendido del año 1974.

La portada del disco, con la especial mística de las cubiertas grandes y elegantes del vinilo, presentaba una explosiva fotografía de Monique Froese, esposa de Edgar Froese desde este mismo año 1974 (el año en que Tangerine Dream comenzó a publicar en Virgin Records, concretamente una inquietante "Phaedra") hasta su muerte en el año 2000. La edición estadounidense la sustituyó sin embargo por otra, no menos bella, del fotógrafo Chris Callis, si bien la original fue la que se mantuvo en las reediciones en vinilo o CD del disco, incluso en la que en 2012 presentó la compañía independiente londinense Esoteric Recordings, especializada en rock progresivo, la misma que un año antes había reeditado asimismo el anteriormente mencionado "Nurses Song with Elephants". La palabra 'star' fue bastante común entre los epígrafes de David Bedford -"A Dream of the Seven Lost Stars", "Stars Clusters, Nebulae and Places in Devon", "Some Bright Stars for Queens College", "Some Stars Above Magnitude 2.9.", etc.-, si bien pocas de sus obras gozaron de la oportunidad de darse a conocer de "Star's End", un espectáculo de explosiva grandeza que se contempla atónito con el fluir del tiempo y el disfrute atento, pues se trata de una obra compacta que no admite distracción.

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