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domingo, mayo 11, 2014

"Stoker", de Chan-wook Park

Tres protagonistas hermosos, la madre, la hija, el tío, tres personas elegantes, cultivadas, de gustos refinados, clase alta que habita lujosas mansiones mientras entran raudales de dinero para fabricar el certificado de rancio abolengo, la superioridad social sostenida durante generaciones. La familia y los inconfesables pecados familiares: la abundancia de cadáveres en el jardín amenaza con traspasar los límites de la finca.

La excursión americana de Chan-wook Park no altera los presupuestos temáticos de su excelente carrera cinematográfica: la venganza y el homicidio, actos brutales que no lo parecen tanto cuando la estética es capaz de destilar todo el refinamiento y delicadeza posibles. Los grandes cineastas son capaces de generar un universo visual propio y reconocible y el director surcoreano asienta el suyo en metáforas visuales perfiladas al detalle, matizadas con una perfección orientalista que tiene mucho de psicológica y poco de exótica. Al cambiar a una productora estadounidense y el idioma inglés en el rodaje, no ha traicionado su ideario: cambia el escenario, el país, los rasgos faciales del casting, pero no el estilo. Recuerdo algún "exilio" de cineasta moderno en Hollywood no demasiado afortunado, como fue el de Emir Kusturica para realizar "El sueño de Arizona", Fernando Trueba en "Two much" o incluso el prescindible autoremake de Michael Haneke para "Funny games". Viajes intrascendentes con billete de ida y vuelta.

Con "Stoker" no, no ha asomado la decepción y sí la sorpresa, el giro, la escena afortunada, el fotograma que encaja a la perfección. Desde la primera película suya que degusté, "Oldboy", segunda entrega de su conocida trilogía de la venganza (luego vería las otras dos, magníficas, "Sympathy for Mr. Vengeance" y "Sympathy for Lady Vengeance": sí, claramente esto trataba de venganzas), quedé atrapado en la belleza violenta de la imaginería de Chan-wook Park, encarcelamiento prolongado en el delirio robótico de la curiosa "Soy un ciborg", y más adelante otro delirio, el vampírico de "Thirst": la perturbación mental, el estado alterado de la personalidad, marca de la casa. Con "Thirst", penúltima obra, parece que "Stoker" llega a enlazar temáticamente: el asesinato como adicción necesaria e insuperable. Mia Wasikowska en el papel de India Stoker (esta chica era de lo poco que se podía salvar en "Alicia en el País de las Maravillas" de Tim Burton; demostró ser una actriz versátil en la interesante "Restless" de Gus Van Sant), coge con aplomo su fusil, asumiendo la herencia sangrienta y desdichada del apellido Stoker. O no tan desdichada, porque la verdad es que se la ve tan contenta.