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viernes, 11 de enero de 2019

EL "ETERNO" TINTÍN..., NONAGENARIO



PUES sí, imagino que los aficionados ya lo sabrán: ayer, 10 de enero, se cumplieron 90 años del debut gráfico de Tintín, el repipi reportero belga, protagonista indiscutible de una de las series tebeísticas más influyentes y destacables de toda la historia del Noveno Arte. Presentación que se produjo en las páginas del semanario católico Le Petit Vingtième, con la (infumable) aventura —recientemente remozada por Casterman/Moulinsart en un álbum coloreado— de Tintín en el país de los soviets, panfletaria apología anticomunista de la que el propio autor renegó años después, atribuyendo sus muchos déficits a la juventud y la falta de experiencia. Sus creaciones posteriores demostraron, en efecto, dicha justificación.

No he tenido ocasión de pergeñar un texto específico para unirme al homenaje que se le está haciendo a la serie en todo el mundo, pero como tampoco quería dejar pasar la ocasión de manifestar mi agradecimiento hacia ella —por todos los buenos momentos que me hizo pasar antaño (y de los que aún disfruto de vez en cuando)—, he optado por recuperar un texto que escribí hace ya años y que, por su atemporalidad, sigue siendo tan válido como en el momento de redactarlo. Aquí lo tienen:



MI INFANCIA SON RECUERDOS...
A PROPÓSITO DE TINTÍN




TINTÍN es la Gesamtkunstwerk del cómic, tanto como el Anillo del Nibelungo lo es la de la ópera. Tintin forma parte indeleble de mi infancia lectora y constituye uno de los primeros campos de experimentación de mis tentativas como dibujante. Todavía recuerdo con nitidez y nostalgia —más con la segunda que con la primera— las visitas que los fines de semana hacía con mis hermanos y mis padres a uno de los grandes almacenes SEARS que había aquí, en Madrid, y cómo mientras los demás miraban ropa o compraban comida y otras cosas necesarias para la casa y sus habitantes yo no hacía más que esperar con (im)paciencia y resignación para ver si llegaba la hora de acercarse a la sección donde estaban los tebeos o cuentos y donde, al fin, podría hacerme con el ejemplar de Tintín que me correspondiera en esa ocasión (a veces, y con algo de suerte, incluso más de uno). Ahora que lo vuelvo a recordar, fue una auténtica lástima no poder conseguir todos los libros encuadernados en tapa dura; pero ¡qué le vamos a hacer! Entonces, la verdad, poco me importaba aquello. Lo único que deseaba, una vez acabadas las compras, era llegar a casa para sumergirme de lleno en la lectura de la nueva aventura. En el coche no había nada que hacer, ni siquiera para abrir boca, pues el tebeo (o tebeos) solía ir guardado con las demás compras.

Pero una vez en casa, se iniciaba la solemne ceremonia: sentado en el sillón de mi cuarto, o tumbado en la cama, abría el volumen con un esmero que, lo reconozco (mea culpa), ya entonces rayaba en lo compulsivo tratándose de un niño (luego he ido empeorando con el tiempo, y en la actualidad soy un auténtico maniático que se pone enfermo cuando ve lomos rozados o cantos de los libros doblados y huellas de dedazos en los discos o en los dvd’s). Lo primero era la fase de visionado, que transcurría veloz pero atenta. Pocos detalles escapaban a mis inquisitivos y asombrados ojos: el movimiento de los personajes, sus detallados fondos, los colores de cada página (planos pero eficaces)… Después, cuanto antes mejor (todo sea dicho), llegaba la hora de sumergirse en la historia propiamente dicha. ¡Y qué sensación de placer me invadía entonces! ¡Qué alegría me proporcionaba la lectura de aquellas páginas! De verdad de la buena; no hay ni un ápice de exageración en mis palabras. Ciertamente recuerdo aquellas lecturas como una de las experiencias más agradables de mi infancia (y, posteriormente, también de mi primera juventud). Cómo sería la cosa, hasta qué punto sentía yo la necesidad de que aquellos libros me durasen para siempre —tal era la dicha que me proporcionaban— que ninguno de mis dos hermanos pudo leerlos a gusto nunca, pues cada vez que me pedían permiso para cogerlos —soy el mayor y fui un sargentón— les hacía la vida imposible con todo tipo de exigencias: “no lo abras tanto, que se va a romper”; “¿te has lavado las manos?”; “¡ten cuidado con las hojas, que se doblan!”. Y así una tras otra. La verdad, es que no sé cómo me hablan todavía. Lo cierto es que aún se acuerdan de mis intempestivos requerimientos; y, de tarde en tarde, cuando bromeamos sobre aquellos años infantiles, todavía me lo siguen reprochando cariñosamente. Pero creo que tengo perdonado mi pecado, pues todo se debió al inmenso amor que yo sentía por aquellos tebeos que tanto me hacían disfrutar. Todo.

Tintín es la aventura por antonomasia, sin alharacas filosóficas ni complicaciones metafísicas, sin subterfugios narrativos ni barroquismos estilísticos; es la emoción en estado puro; la intriga sabiamente construida y planteada con sinceridad al lector; es el estremecimiento que nos embarga cuando vamos a realizar un gran viaje con destino a un lugar lejano, exótico y emocionante; es toda una sinfonía multicolor por variedad de paisajes, de diálogos, de situaciones y, sobre todo, de personajes. Personajes, sí, porque lo que de verdad enriquece los relatos de Tintín, lo realmente valioso de sus historias, es que se trata de la materialización gráfica de la comedia humana. Es cierto que Hergé nos la pinta, digámoslo igualmente, con una cara amable e incluso no exenta de mucho humor; pero lo hace presentándonosla tan compleja y variopinta como lo es en la cruda realidad. De ahí que no sólo hallemos retratos positivos del alma humana (Tintín, Haddock, Tornasol, Tchang…), sino que también desfilen ante nuestros ojos los pelmas (Serafín Latón), los delincuentes reinsertados (Néstor), los empresarios (Oliveira da Figueira), los delincuentes internacionales (Rastapopoulos, Basil Bazaroff), los políticos sin escrúpulos (Sponsz), los intrigantes y malvados (Mitsuhirato, Müller), los ególatras (Castafiore), los aventureros mercenarios (Alcázar), los tiranos (Plekszy-Gladz, Tapioca), los idiotas (Hernández y Fernández), los desdichados (Wolff), los egoístas y mezquinos (Carreidas), los hipócritas (Spalding)… ”Ahí es ná”.

Leer (o releer) un tebeo de Tintín es siempre una experiencia sumamente placentera. Pienso que ello se debe no sólo al modo en que Hergé construía sus relatos, sino sobre todo al hecho de que prácticamente en todas las aventuras del perenne joven reportero —con excepción de Las joyas de la Castafiore, si no recuerdo mal— el viaje se convierte en el elemento básico de la acción, sin el cual ésta no puede seguir adelante y desarrollarse hasta su final. Y todos sabemos lo que de iniciático puede tener cualquier viaje medianamente exótico. Pues bien, a mí que personalmente me incomoda mucho salir de casa reconozco que este tipo de historias me divierten de manera especial. Es como si participara de lleno en todas las emociones que comporta preparar y emprender un viaje, pero ahorrándome las molestias que supondría tener que hacerlo yo. He comprobado, además, que esa peculiaridad la encuentro también en ciertas películas que presentan una estructura “iniciática” similar y que están entre mis favoritas: Misión de audaces, Centauros del desierto y Las uvas de la ira, de John Ford; Mayor Dundee, de Sam Peckinpah; La venganza de Ulzana, de Robert Aldrich; Las minas del rey Salomón, de Marton y Bennett; Capitán Blood, de Curtiz…


Hay otro elemento, relacionado con el anterior, que siempre me ha llamado poderosamente la atención al pensar en Tintín: la asombrosa capacidad que sus historias tenían para despertar en mí unos deseos irrefrenables de participar en la aventura que estaba leyendo. Me habría encantado poder meterme en el tebeo, acompañar al intrépido reportero a lo largo de las páginas y haber formado parte de su mundo para verme rodeado por todos los personajes creados por Hergé (incluso por los malos). Haber conocido al Capitán Haddock; aguantar con estoicismo una velada con la Castafiore o con el pelma de Serafín Latón; estar junto a un perro que hablaba… Pero, sobre todo, sobre todo me habría encantado compartir una tarde con el Profesor Tornasol (sin duda, mi personaje favorito de toda la serie). ¿Recuerdan ustedes lo que le ocurría a Carreidas —el "hombre que nunca se ríe"— con el bueno de Tornasol en el álbum Vuelo 714 para Sidney? Acababa estallando en una carcajada estruendosa e inesperada para todos ante las ocurrencias del despistado profesor. Pues algo parecido me ocurria a mí. Y sigue siendo así, pues es un personaje que me divierte sobremanera.

Creo que en este caso la clave se encuentra en la capacidad que Hergé tenía para hacer creíble el mundo en que se movían sus creaciones y en transmitir esa sensación: te identificas con Tintín, cierto (a pesar de lo repipi y conservador que resulta ser el muchacho); pero sobre todo te interesa su mundo y los personajes que lo integran y le rodean. Un mundo maravilloso y mágico, lleno de aventuras y de atractivas situaciones que difícilmente pueden desagradar a un niño.

¿Pero por qué, entonces, me siguen gustando ahora que ya soy adulto? Primero, desde luego, porque forman parte de mi vida y de mis recuerdos más felices, profundos e indelebles: los de la infancia. Y después… Bueno, después… ¿No ha escrito Fernando Savater sobre el “enigma Tintín”? Pues eso, léanlo a él. Aunque temo que tampoco tiene una respuesta...

Yo he crecido; los almacenes SEARS —que sepa— han desaparecido; he continuado comprando y leyendo tebeos; el tiempo ha pasado, pero en mi memoria siempre quedarán grabados, como a fuego, aquellos gratísimos momentos de lectura. En definitiva: para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo en nuestra infancia, “siempre nos quedará Tintín”.


viernes, 30 de diciembre de 2016

"PRINCE VALIANT", EDICIÓN DE MANUEL CALDAS: DÉCIMO ANIVERSARIO



EN este invernal mes decembrino que ahora llega a su fin, se cumplen diez años del inicio de la aventura editorial en la que el portugués Manuel Caldas decidió embarcarse para sacar adelante su edición de Prince Valiant en glorioso blanco, negro y grises que aún está en marcha. Diez años que han terminado convirtiéndose en auténtica epopeya, merced a los numerosos obstáculos que Manuel ha tenido que ir sorteando durante ese tiempo, a medida que se los iban poniendo en el camino básicamente quienes ostenta y gestionan los derechos de la serie (King Features Syndicate), cuyos representantes en España —al estilo de nuevo Poseidón con este moderno Odiseo que es el portugués— siempre han estado empeñados en cederlos a grandes empresas editoriales (Planeta DeAgostini, Panini), basándose en la creencia de que sólo así conseguirían sacar rentabilidad a la criatura, y sin caer en la cuenta de que ninguna de ellas es capaz —precisamente por su voraz carácter comercial— de hacer lo que el portugués ha hecho: esto es, ofrecer un producto de suprema calidad (y a un precio competitivo), en el que se muestra el enorme cariño por la serie y el personaje y donde más que la simple ganancia se busca la excelencia. Lo que no es poco...



Blogs veteranos, como Crisei —cuyo propietario es, precisamente, el traductor de cabecera de todos los cómics de prensa que viene editando Caldas en español desde aquella lejana fecha (PV, Tarzán, Casey Ruggles, Cisco Kid, etc.)—, La cárcel de papel y algunos otros dieron noticia, por vez primera, de la empresa iniciada por Caldas, empeñado en editar, contra viento y marea, la obra maestra de Harold Foster, con la calidad que nunca antes se había visto por estos lares. En marzo de 2006 conocíamos la existencia de la edición portuguesa y fue tal el entusiasmo que Manuel decidió, poco después, lanzarse a hacer la española, que arrancó precisamente en diciembre de dicho año.

Del temprano y nutrido grupo de seguidores y aficionados que se apuntó a la aventura desde el comienzo, por desgracia ya sólo queda un pequeño resto (y justo) que resiste, frente a toda adversidad, en su empeño por apoyar al portugués. Con el mismo espíritu pertinaz que la aldea gala de Asterix ante el invasor romano, o el del valeroso grupo de espartanos liderado por Leónidas ante los persas de Darío en las Termópilas. Precisamente en un guiño a esta última epopeya el grupo de seguidores de Prince Valiant aglutinado en torno al editor luso —que rondaba los 300-350 miembros al principio— empezó a ser conocido en las redes con el cariñoso apelativo de "los 300 de Caldas", aunque como ocurriera en la famosa gesta —bien que por razones muy diferentes—, el número de "caldianos" se ha ido reduciendo drásticamente con el paso del tiempo: desilusión, cansancio, problemas económicos (no olvidemos que a medio camino del proyecto estalló la última y terrible crisis económica, que se he llevado por delante innumerables ilusiones y las esperanzas de mucha gente)...



Los problemas logísticos y jurídicos que hubo de afrontar Manuel Caldas cuando Planeta DeAgostini hizo valer su ostentación sobre los derechos de la serie le obligaron, primero, a retirar los libros de las tiendas físicas y a utilizar la vía "internet-correo" para vender su edición; luego, posteriormente, al ponerse todavía más difícil las cosas tuvo que buscar una salida aún más drástica para seguir adelante con su proyecto y no dejar en la estacada a quienes todavía seguíamos apoyándole. Se buscó, así, la llamada "vía uruguaya", consistente en editar los nuevos libros que iban saliendo (a partir del séptimo, con material de los años 1949-1950) en este país sudamericano, a través de una pequeña editorial-librería llamada La Imprenta, para seguir vendiéndolo por correo, como se llevaba haciendo casi desde el principio.



Y de este modo, merced al tesón, la paciencia y el buen hacer de Manuel Caldas —pero, sobre todo, a su enorme amor por los cómics de prensa (y, muy especialmente, por la gesta que ideara el genial Hal Foster)— hemos llegado hasta el momento presente (diciembre de 2016), en que quienes continuamos formando parte de ese grupo privilegiado de suscriptores-seguidores-amigos de Caldas disfrutamos ya del volumen décimotercero, en el que se incluyen las aventuras correspondientes a los años 1961-1962. Va quedando poco ya, por tanto, para concluir la empresa, pues Caldas había pensado editar sólo el material dibujado por Foster. Pero el camino sigue estando lleno de peligros, Poseidón continúa poniendo obstáculos y la epopeya aún corre el riesgo de fracasar. Por eso, desde este breve artículo celebratorio pido a todos los que aún apoyan la empresa que lo sigan haciendo hasta llegar al final. Creo que el esfuerzo merece la pena.



¡¡Viva Foster!! ¡¡Viva Prince Valiant!! ¡¡Viva Manuel Caldas!! Y, ¿por qué no?, ¡¡vivan los 300 (aunque ya seamos menos)!!

miércoles, 9 de diciembre de 2015

¡FELICIDADES, KIRK DOUGLAS!



HOY, 9 de diciembre de 2015, el inconmensurable e irrepetible Issur Danilovich Demsky —más conocido por el nombre artístico de Kirk Douglas— cumple 99 añitos de nada. Este "hijo del trapero" —como él mismo se definió en su autobiografía publicada en 1988— es una de las pocas leyendas aún vivas del Hollywood clásico (junto a Olivia De Haviland y algún otro artista cuyo recuerdo se me pueda escapar).

A lo largo de su extensa trayectoria profesional —que se inició en el lejanísimo 1941, debutando en Broadway, gracias al apoyo de Lauren Bacall, que también comenzaba su carrera— nos permitió disfrutar de su presencia en títulos tan recordados y paradigmáticos como Carta a tres esposas, El ídolo de barro, El gran carnaval, Brigada 21, Cautivos del mal, Veinte mil leguas de viaje submarino, El loco del pelo rojo, Duelo de titanes, Senderos de gloria, Los vikingos, el último tren de Gun Hill, Siete días de mayo, Los héroes de Telemark y tantas otras películas.



Hombre de marcadas convicciones políticas de izquierda —circunstancia, esta última, que fue un hándicap para el desarrollo pleno de su carrera en el Hollywood del Macarthismo—y de fuerte carácter personal, transmitió a sus papeles este último rasgo —ayudado por su peculiar y notable físico—, ofreciéndonos siempre interpretaciones de gran intensidad y absoluta verosimilitud dramática. Personajes, los suyos, muy temperamentales, vitalistas, entregados, intensos, pasionales... Nadie agarraba las cosas —con esa vehemencia y premura— o bebía güisqui —de un solo trago, vertiendo el contenido directamente en el gaznate— como lo hacía Kirk Douglas, cuyas manos —tan expresivas como todo él— parecían tener vida propia y se agarraban a las cosas (¡y a la vida, por lo que se ve!) con especial pasión y fuerza.



Un intérprete que logró salir airoso del encasillamiento al que los grandes estudios habitualmente sometieron a sus hiperestrellas —otro de ellos, por ejemplo, sería su gran amigo Burt Lancaster—, y que con igual solvencia, garra, entrega y credibilidad hizo de profesor (Carta a tres esposas), de ambicioso boxeador (El ídolo de barro), de mítico músico de jazz (El trompetista), de digno militar (Senderos de gloria, Siete días de mayo), de héroe épico (Ulises, Espartaco), de arribista con irresistible encanto (Cautivos del mal), de envidioso pero noble caudillo nórdico (Los vikingos), de atormentado artista (El loco del pelo rojo), de atribulado padre (La furia), de turbador villano (El último de la lista), o de simpático bribón (El día de los tramposos), ofreciendo casi siempre una ambigüedad moral muy característica y presente en casi todos sus personajes. Un actorazo, en definitiva, que, por fortuna, aún sigue entre nosotros.

Lancaster y Douglas haciendo el ganso


Por ello, desde este Nibelheim —donde se le admira no sólo por su prodigiosa carrera, sino también por su venerable edad— le envío un fuerte abrazo y le deseo que cumpla, al menos, otros 99 años más...


¡¡¡HAPPY BIRTHDAY, KIRK...!!!

Con Lana Turner, en Cautivos del mal


Con la bellísima y señorial Eleanor Parker en Brigada 21


Con su amigo y compañero Burt Lancaster en Duelo de titanes


Impresionante caracterización para uno de sus papeles más célebres: Van Gogh en El loco del pelo rojo


Mítico Espartaco


Impresionante como el rey Einar, en Los vikingos


El impactante y digno Coronel Dax de Senderos de gloria (un papel que muchos
le reprochan, pero en el que a mí me parece que está soberbio)


Como curioso Mr. Hyde (seguramente en alguna producción teatral o televisiva)

jueves, 11 de septiembre de 2014

RECORDANDO A DINO BATTAGLIA EN EL ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO



BUENO, pues ya estamos de nuevo aquí... ¡¡Por Wotan (que es como decir: "por mi enemigo")!! ¡Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez... Diversas razones de índole técnico y ajenas por completo a mi voluntad han imposibilitado, durante más tiempo del que yo hubiera querido, el poder conectarme a Internet. Este contratiempo se vino a sumar, además, a los días de asueto que incluso un nibelungo como yo se ha tomado para descansar algo. Lo cierto es que, por una causa o por otra, los días han ido cayendo inexorablemente del calendario, pero no quería dejar pasar más el tiempo sin recordar a quienes me leen que el pasado 1 de agosto de 2014 se celebró el nonagésimo primer aniversario del nacimiento en Venecia del dibujante e ilustrador Dino Battaglia, artista por quien como ya saben ustedes, sentimos especial predilección en este Nibelheim. Aunque la verdad, han pasado ya tantos días desde el citado aniversario que éste ha terminado convirtiéndose más en una excusa para homenajear a Battaglia que en la razón última.



Mientras ultimamos una próxima entrada en su honor, que venimos preparando desde hace tiempo, vamos a homenajearle de la manera que nos parece más a propósito en un blog dedicado fundamentalmente a la historieta: es decir, mostrando una buena selección de imágenes de algunas de sus obras. Las he ordenado según la antigüedad de los trabajos (de más antiguos a más recientes) (1), al objeto de que pueda observarse la evolución experimentada en su estilo y el diverso modo en que enfocó sus historias (a nivel gráfico, de planificación, etc.). He procurado que pertenecieran a obras menos conocidas que aquellas otras de las que suele hablarse habitualmente (por ejemplo, sus adaptaciones de Poe y Maupassant, su Vida de San Francisco, su Gargantúa y Pantagruel, etc.) y luego, además, que no se repitieran con otras que haya podido publicar antes en alguna de las distintas entradas que hemos venido dedicando al artista italiano desde que pusimos en marcha este blog, pero no sé si lo habré conseguido en todos los casos, pues no siempre están disponibles con calidad suficiente las imágenes que uno querría utilizar. Confío en que les guste. En todo caso, no es más que una excusa para homenajear a este gran artista, del que acaba de celebrarse su aniversario de nacimiento. ¡Ah, y una cosa más! Para ver más imágenes pueden visitar, en este mismo Nibelheim, la entrada que dedicamos a Battaglia en el vigésimo octavo aniversario de su fallecimiento.

1) L'isola del tesoro (¿final de los años 40?). Portada y primera plancha de esta adaptación del clásico stevensiano, que Battaglia ilustró siguiendo la vieja técnica de las didascalias. El texto era de Bonelli padre y fue publicada en el año 1954 por la Editorial Audace, dentro de su colección Capolavori y como suplemento al nº 42 de la colección de Tex. Ya tuvimos ocasión de analizar en detalle esta obra que, en nuestra opinión, pertenece a la etapa más temprana de Battaglia como dibujante e ilustrador. Y seguimos esperando a que alguien, con mayor autoridad y conocimientos que nosotros, nos ilustre diciéndontos si la hipótesis que propusimos en su momento sobre la cronología de esta obra es válida.




2) Pecos Bill (1951-1955). Famosa y venerada serie del Oeste que un joven Battaglia realizó al comienzo de su carrera, alternándose con otros dibujantes y siguiendo guiones de Guido Martina. En Italia se ha reeditado en distintas ocasiones. El original (remontado) que pongo como ejemplo pertenece a la historia titulada Il deserto dipinto, que apareció publicada por vez primera en el "Albi della Prateria" nº 5 (1954), siendo reeditada luego (ya remontada) en el álbum del mismo título, dentro de la colección "Albi di Pecos Bill", nº 103 (1962):



3) El Kid (1955-1956). Dos planchas de esta primeriza obra battagliana, que se publicó en Edizioni Audace con textos de Gian Luigi Bonelli. La influencia de los dibujantes de prensa norteamericanos —especialmente de Milton Caniff (cuestión sobre la que profundizaremos en ese artículo que, como he dicho antes, estoy preparando sobre Battaglia)—, así como el uso predominante del pincel para crear fuertes contrastes de clarooscuro —lo que los italianos denominan estilo a macchia (o a mancha)— aún sigue predominando en esta etapa de la carrera del dibujante veneciano.




4) I Bersaglieri di Crimea (1956-1957). Empezó a publicarse por entregas en la revista Il Vittorioso, a partir de su número 52 (1956), aunque la página pertenece a un episodio aparecido en el nº 1 de dicha revista (1957). Una cabecera para la que, por cierto, Battaglia trabajó poco tiempo. Según el testimonio tácito del propio autor (2) y el mucho más expreso de su mujer Laura (2), al parecer el estilo y el modo de entender la historieta que tenía Battaglia no sintonizaban con el de los responsables de la publicación, y esto hizo que el artista veneciano se sintiera insatisfecho de su trabajo y abandonara pronto sus colaboraciones en ella. El guión es de Renata Gelardini y en él se narran, con ese aire didáctico tan propio de esta revista perteneciente a la Iglesia Católica, un episodio relacionado con el cuerpo de los Bersaglieri, unidad de infantería fundada bajo la inspiración del general italiano Alessandro La Marmora, gran figura del Risorgimento italiano, y con el que combatió en la Guerra de Crimea, donde el militar perdió la vida.



5) Il corsaro del Mediterraneo (1958). Uno de los trabajos más célebres del primer Battaglia. Otra obra muy académica de las que satisfacían poco a nuestro artista. Fue publicada por entregas en Il Vittorioso, entre los números 27-41 del año 1958. Por fortuna, servidor puede vanagloriarse de poseer una de las planchas de esta obra (en concreto la número 21), que Battaglia dibujó a un tamaño bastante grande y alejado, por completo, del mucho más reducido (casi DIN A4) que habría de utilizar posteriormente, cuando ya desarrolló el personal estilo por el que todos le conocemos y admiramos.



6) Capitán Caribe (1959-1960). Tres bonitas planchas del episodio El capitán maldito, perteneciente a esta serie que Battaglia realizó para la Argentina, concretamente para la Editorial Abril de Cesare Civita. No hay unanimidad respecto de quien fue el guionista, en qué año se publicó y dónde. Algunos autores afirman que el guión fue escrito por Alberto Ongaro y que fue publicada en 1949 en la revista Salgari. Otros, por el contrario, aseguran que el autor habría sido Oesterheld y que la historia se publicó en la revista Misterix, entre los años 59 y 60. Para congraciar ambos datos sólo se me ocurre una explicación: que el trabajo fue publicado primero en Salgari y reeditado luego en Misterix. Pero es sólo una hipótesis que intentaré verificar si tengo ocasión.





7) Historieta publicitaria para promocionar los wafers de chocolate Record Saiwa. Aunque la imagen se ve bastante mal, yo diría que estilísticamente el trabajo puede situarse en la misma época que la historia de Il piccolo re, datándose, por tanto, entre finales de los años 50 y principios de los 60. Es un ejemplo palpable de que lo puramente comercial no ha de estar reñido, necesariamente, con lo artístico. Si nuestros visitantes recuerdan, ya tuvimos ocasión de ver en este mismo Nibelheim cómo de los cómics publicitarios norteamericanos (o Advertising strips) los buenos autores también podían sacar magnificos trabajos historietísticos. En aquella ocasión hablábamos de Milton Caniff y Noel Sickles.



8) Il piccolo re (1961). Una edición muy regular (y en bitono) de este bonito y conocido trabajo de Battaglia, que entre nosotros fue publicado por Gaceta Junior (de cuyo número 1 procede la página siguiente). La edición original italiana, en color, apareció en los nn. 11-21 y 23-38 de Il Corriere dei Piccoli. El guión corrió a cargo de Mario Faustinelli. Aquí pudimos leerla a partir del nº 1 de Gaceta Junior.




9) Donald Dixon, il mastino del cielo (1962). Historia de carácter bélico publicada por entregas en Il Vittorioso. En ella Battaglia pudo dar rienda suelta a su talento para abordar ambientacions de tipo militar, con esas viñetas tan ambientales y bien documentadas que solía dibujar.



10) Topo Gigio e lo struzzo (1962). Episodio que apareció publicado entre los números 5 y 8 del Corriere dei Piccoli, en el año 1962. El personaje, popularísimo en Italia, fue creado para la televisión y apareció, por vez primera, en el año 1959, dentro de un programa titulado Alta Fedeltà. A principios de los 60, como marioneta animada, se convirtió en el presentador de un espacio de promoción publicitaria titulado Carosello y también pasó a ser personaje de historieta de la mano de Battaglia, que empezaría a dibujarlo en 1961 para el Corriere. En sus páginas se advierte que el dibujante italiano no se encontraba demasiado a gusto con este animal antropomorfizado y su mundo, pero ello no fue óbice para que desarrollara un trabajo delicioso claramente orientado a los más pequeños, donde brilla la soltura, elegancia y maestría del dibujante veneciano. Al final pongo una imagen de la cubierta para la reedición que Lo Scarabeo hizo recientemente de esta serie.





11) La freccia nera (1963). Amplia adaptación de la novela de Walter Scott que Battaglia dibujó siguiendo un guión de Danilo Forina. Apareció publicada por entregas entre los números 32 y 51 del Corriere dei Piccoli. El arte de Battaglia dio aquí y en otros trabajos como Ivanhoe un paso adelante, adoptando estilemas y soluciones gráficas cada vez más innovadoras que iban acercándole a lo que luego le haría famoso. Las imágenes que les propongo proceden de la defectuosa edición española realizada por Editorial Valenciana, en un volumen que incluía esta historia de Battaglia y un relato titulado Lucrecia Borgia, dibujado por Sergio Toppi.



12) I Cinque della Selena (1965). Original de esta historia de ciencia ficción (género poco frecuentado por Battaglia) que apareció publicada por capítulos entre los números 47-52 la revista Corriere dei Piccoli. Un género, el de la ciencia ficción, que Battaglia no frecuentó en absoluto, pero que fue capaz de afrontar con brillantez, como puede verse en la página que pongo de muestra.



13) Cinque su Marte (1967). Una plancha de esta hermosa serie que Battaglia dibujó para el Corriere dei Piccoli, con el característico retrocolereado que se usaba en la época. Apareció publicada entre los números 7 y 23 de dicha cabecera (abajo, izquierda) y en nuestro país, entre los números 14-23 de Gaceta Junior (abajo, derecha), con un horripilante color en bitono que arruinaba por completo el trabajo de Battaglia.




14) Moby Dick (1967). Una selección de planchas de la soberbia adaptación historietística que Battaglia hizo de la famosa novela de Hermann Melville, siguiendo un guión de su esposa Laura. Apareció publicada íntegramente en el número 3 de Sgt. Kirk y marca, en mi opinión, un antes y un después definitivo en la evolución del dibujante veneciano como historietista. La forma en que el matrimonio Battaglia afrontó la "riduzione" de la novela rehuye claramente el planteamiento juvenil (o incluso infantil) que se le había venido dando por parte de una tradición que veía en el texto una especie de relato para jóvenes.




15) La battaglia delle Midway (1968). Soberbia recreación historietística con guión de Mino Milani (bajo el pseudónimo de E. Ventura), que apareció publicada en el número 28 del Corriere dei Piccoli. Pudimos conocer esta historia, aunque sólo en blanco y negro y con algunas modificaciones, en las páginas del número 28 de la revista Bumerang, editada por Nueva Frontera. Extraordinario el trabajo documental realizado por Battaglia a la hora de recrear todas las máquinas que aparecen en la historia (aviones, barcos, cañones, etc.). Trabajo de maestro, claro que sí...





16) Il gioccatore e la morte (1969). Una pequeña selección de planchas de esta historia de ocho páginas (que a mí me gusta mucho) publicada originalmente en el número 38 del Corriere dei Piccoli. En último lugar una de las páginas, horrorosamente rotulada, procedente de una edición anglosajona. El guión era de Piero Selva —es decir, de Mino Milani— y estaba basado en un relato de Prosper Mérimée titulado "Federico" (por el nombre del protagonista). Debo reconoce que, pese a la gran belleza formal del trabajo, no termina de funcionar del todo el ambiente recreado por Battaglia en las escenas más oníricas y escatológicas, en algunas de las cuales aparece, incluso, el dios pagano Plutón. La evocadora figura de la Muerte, por ejemplo —que juega un papel fundamental en el relato—, no alcanza la potencia visual que Battaglia iba a conseguir posteriormente en otros trabajos suyos (como, por ejemplo, en Totentanz), con una presencia menos explícita pero más poderosa y donde se hacía un guiño evidente a otras fuentes iconográficas de referencia, como el cine de Ingmar Bergman en Det sjunde inseglet (El séptimo sello, 1957). Quizá se deba al color, tan poco satisfactorio, que rompe en cierto modo las atmósferas conseguidas por el dibujante. En cualquier caso, un bello trabajo del dibujante veneciano.






17) La prova di fuoco (1970). Historieta de catorce planchas que apareció publicada en dos entregas en los números 11 y 12 de la revista Linus. Se trata de una adaptación, debida a Laura Battaglia, de la novela de Stephen Crane, La roja insignia del valor (The Red Badge of Courage, 1896). En nuestro país se publicó en el nº 17 de la revista Bumerang, con el título que puede verse abajo (pues las páginas que pongo de muestra proceden de dicha edición).




18) Il cannone di Parigi (1971). Historia breve de carácter histórico. Una más de las muchas que realizó Battaglia para las publicaciones periódicas en las que colaboró. Ésta fue publicada en el número 46 del Corriere dei Ragazzi, en una edición que no está nada mal.




19) Un uomo chiamato Antonio (1973). Estupendo trabajo que apareció seriado en los números 10 al 12 de Messagero dei Ragazzi, y que ese mismo año fue editado en formato de álbum por la misma editorial de Messagero. En 1979 Battaglia dibujó nuevas páginas que se publicaron entre los números 9-1 de la misma revista, esta vez bajo el título de Antonio di Padova. Finalmente, todo el material publicado desde 1973 se recopiló en 1980 bajo el formato de un nuevo álbum. Pero se dejó sin incluir un episodio, a modo de epílogo, que sí había aparecido en la revista y cuyas páginas pueden ver ustedes a continuación. Las publicaron, en su momento, los amigos de Cómic. Historietas. Tebeos, y yo las traigo de nuevo aquí para recordarlas (porque merece la pena hacerlo). Un Battaglia en plena madurez creativa recrea en dicha obra la vida de este santo de origen portugués, gran predicador, que fue canonizado muy poco después de su muerte.






Cubierta de una de las ediciones del libro que se publicó por vez primera en 1980


20) Il cantico di Natale (1978). Adaptación del conocido relato de Dickens que apareció publicado en la revista Messaggero dei Ragazzi. Los amigos de Cómic. Historietas. Tebeos hicieron en su momento un estudio de este trabajo, comparándolo con otra adaptación de la misma historia, llevada a cabo por Iris de Paolis. Puede verse pinchando aquí.




Imágenes de este relato en su edición italiana y fotografías que este torpe servidor de ustedes
hizo de los originales presentados en la exposición dedicada a Battaglia que
se celebró en la ciudad de Reggio en el año 2011

21) Un vecchio bibliotecario (1980). Prólogo al libro Casanova, que fue publicado por L'Isola Trovata en el año señalado. Un bello trabajo del más puro Battaglia realizado al final de su carrera. La imagen de la izquierda corresponde al original y la de la derecha a la pésima impresión que se realizó en España, en el número 1 de la revista Tumi, que tuvo una vida muy efímera. Observen cómo se han perdido todas las bellas sfumature, tan ambientales y sugerentes, creadas por el artista veneciano con el uso de diversas tonalidades de gris, haciendo que buena parte del potencial estético de la plancha se haya visto reducido dramáticamente en esa reproducción. Battaglia, como ustedes comprenderán, es un autor bastante difícil de editar (en condiciones, claro).



Bueno... Y con esto concluímos. Es cierto que en la entrada no hemos repasado todo el arco cronológico y artístico de Battaglia (que no se interrumpió hasta el mismo año de su muerte), pero creo que con las imágenes presentadas hay material más que suficiente para disfrutar con su arte y homenajearle por su grandeza como historietista.



¡Hasta la próxima (que será en breve)!

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(1) Básicamente sigo la propuesta cronológica realizada por Mariadelaide Cuozzo en su monografía Dino Battaglia. L'immagine narrante, Electa Napoli, [Nápoles], 1999, pp. 143ss., aunque he modificado fechas y datos cuando lo he considerado necesario con el apoyo de otros trabajos.

(2) En VV. AA., Battaglia. Une monographie, Éditions Mosquito, St. Egrève, 2006, pp. 16 y 31.