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sábado, 7 de mayo de 2011

RAREZAS BATTAGLIANAS: "L'ISOLA DEL TESORO (LA ISLA DEL TESORO)"


SEGURO que conocen esa famosa expresión popular que reza "cada loco con su tema", ¿verdad? Pues he de confesarles que no anda desencaminada —como ocurre casi siempre con la sabiduría callejera— y que un servidor ha de aplicársela antes que nadie. ¿Y por qué digo todo esto, se preguntarán ustedes? Verán, es que voy a bombardearles, de nuevo, con una nueva entrada sobre mi admirado Dino Battaglia. En esta ocasión traigo al Nibelheim una curiosidad que, según creo, le resultará muy interesante a los seguidores acérrimos del gran dibujante veneciano, a los amantes de las rarezas y a los más curiosos (o cotillas).

Me refiero a las ilustraciones que realizó para la adaptación de La isla del tesoro, de Stevenson, según la riduzione —como podemos leer en el propio libro— de Gian Luigi (o Gianluigi) Bonelli. Fueron publicadas en el lejano año de 1954, por la Editorial Audace, dentro de su colección Capolavori y como suplemento al nº 42 de la colección de Tex. Además de este título, formaron parte de la misma serie otros tres números dedicados, respectivamente, a Pinocchio, Los viajes de Gulliver y Peter Pan, siendo este último dibujado también por Dino Battaglia. Por cierto: los pocos ejemplares de esta última adaptación que he visto circulando por ahí alcanzan hoy día precios bastante elevados.

© Collezionismo Fumetti


Son libritos relativamente modestos de 36 páginas, encuadernados en rústica con cartoncillo, a todo color, con un papel grueso y reducidas dimensiones (23,5 x 17 cm.). En el de La isla del tesoro —único título que conozco directamente—, el trabajo de Battaglia consiste en pequeñas viñetas acompañadas de didascalias con el texto al pie. Un tipo de formato, a caballo entre la historieta propiamente dicha y la ilustración, que no fue nada infrecuente en la trayectoria profesional del veneciano, quien lo utilizó en otras adaptaciones literarias como El gato con botas o Tartarín de Tarascón, por citar sólo dos ejemplos bien conocidos y ya mencionados en este Nibelheim. Hay, además, dos ilustraciones, siendo una de ellas a doble página y la que más veces se ha podido ver publicada en algunos de los estudios dedicados a la vida y obra del dibujante veneciano.

Esta adaptación de La isla del tesoro es una obra que andaba buscando desde hace tiempo, precisamente porque esa ilustración a doble página me había llamado la atención y despertado mi curiosidad. Sin embargo, apenas pude encontrar algún ejemplar asequible y en relativas buenas condiciones en los portales de venta de segunda mano. Pero finalmente, el pasado mes de abril conseguí una copia algo ajada, sí, pero también bastante económica (teniendo en cuenta que otros ejemplares localizados previamente oscilaban entre los 60,00 y los 90,00 euros). Al menos en su interior está en condiciones lo suficientemente buenas como para permitir su disfrute y análisis, así como su perduración en el tiempo. Además, como tampoco soy un coleccionista stricto sensu... Bueno, lo cierto es que a pesar de su estado, seguro que terminará sobreviviéndome. Así de efímeros somos... Pero dejemos esta digresión y sigamos con lo que interesa.

A nivel de estructura narrativa cabe señalar que el resultado general de la obra es bastante convencional y monótono. Una simple ojeada a la misma basta para percatarse del férreo control y la cuidada dosificación textual que Bonelli padre aplicó a su guión, para no salirse de la rígida estructura reticular de página a que eran tan aficionados los editores italianos de los años 40 y 50. De este modo, el montaje natural de la plancha —acomodándose a unos textos didascálicos en los que el lenguaje narrativo se mezcla con el dialógico del mismo modo que ocurre en un relato literario—, apenas si deja algo de libertad compositiva a Battaglia, cuyo trabajo aquí está bien lejos de los sugerentes planteamientos formales y compositivos que llevaría a la práctica en años posteriores. Toda la historia se desarrolla a base de planchas con tres tiras de dos viñetas cada una, situación que el dibujante sólo rompió excepcionalmente con las dos ilustraciones que mencioné al principio —una colocada a modo de presentación de la historia y otra a mitad del relato, a modo de doble página— y con dos viñetas dobles panorámicas, que ocupan la primera tira de la página primera y la última de la final.
Retrato de Gian Luigi Bonelli, por Aurelio Galleppini


En cuanto al apartado gráfico —que es el que realmente nos interesa aquí—, resulta evidente que nos hallamos ante una obra temprana y menor del gran dibujante veneciano. Sin embargo —y sobre todo si aceptamos como buena la fecha de publicación generalmente propuesta para la obra—, no podemos decir que fuera primeriza, puesto que por entonces Battaglia ya llevaba publicando algunos años, pero sí está llena de rasgos que muestran los titubeos y las pruebas que por aquellas fechas estaba realizando el artista para encontrar su propio camino expresivo.

Dino y Laura, en Milán, en 1950, el año de su matrimonio


En efecto. Desde sus primeros años, y siguiendo el mismo camino que otros dibujantes de su generación —el caso más paradigmático sería el de Hugo Pratt—, Battaglia había adoptado el pincel y el estilo cartoonist como referencias técnico-artísticas inexcusables. No obstante, desde bien pronto se vio impulsado a buscar su propia personalidad a través de otros estilemas y de fórmulas expresivas distintas, que creyó encontrar en la plumilla y en el mundo de la ilustración. Como éste es un tema al que voy a dedicar una larga entrada que casi tengo concluida, por el momento bastará con decir que, tomando como referencia toda esa tradición de los ilustradores, en L'isola del tesoro Battaglia dejó de lado el entintado a lo Caniff y el simplificado dibujo de fuertes contrastes expresionistas, para entregarse a una experimentación bien perceptible, que se aleja de lo que hizo en otros trabajos posteriores a éste, caracterizados por el predominio casi absoluto del pincel (pienso en El Kid, Il Corsaro del Mediterraneo o Capitán Caribe, entre otros). Pero como una imagen vale más que mil palabras (o que diez mil, incluso), a continuación ofrezco algunos ejemplos, para que se vea bien lo que quiero decir.

En la fila superior una muestra del trabajo de Battaglia en L'isola del tesoro.
En la de abajo una selección de tres viñetas pertenecientes a
Capitán Caribe, serie realizada en 1949


Como puede verse la diferencia de estilos entre ambos trabajos es patente y resulta muy clarificadora. Frente al enérgico dibujo de las viñetas incluidas en la segunda tira —caracterizadas por la ausencia casi completa de cualquier tipo de tramado y el empleo de formas bastante sintéticas, con fuertes contrastes lumínicos obtenidos a base de grandes y enérgicas manchas de negro (que dan como resultado un estilo de claroscuros muy efectista)—, en las ilustraciones para La isla del tesoro hay un predominio absoluto de la plumilla y de la técnica del tramado, utilizado hasta el punto de dar lugar a un efecto final de suciedad que se aprecia muy bien en el primer plano de Ben Gunn o en el plano medio largo de Long John Silver. Esta situación se ve potenciada, además, por el modo en que se ha empleado la trama: con trazos muy finos y a modo de rayado continuo, como si no se hubiera levantado la plumilla del papel al realizarlo. Más o menos como cuando se utiliza un lápiz para crear un rápido efecto de rayado. En cualquier caso, el resultado final en estas últimas viñetas me parece bastante discreto.

Parece evidente que en aquella ocasión concreta Battaglia estaba haciendo pruebas, experimentando, abriéndose paso para recorrer nuevos caminos, al margen de la fecha que se le quiera asignar a este trabajo. Tradicionalmente se sitúa, y ya lo he señalado antes, en el año 1954 (que es el de la publicación por la editorial Audace). Sin embargo, yo creo que deberíamos ubicarlo en una etapa anterior, pues sorprende bastante que un artista con el bagaje de Battaglia y la experiencia que acumulaba a mediados de los cincuenta produjera una obra claramente inferior a otras precedentes, por más experimental que ésta pudiera ser. Y es que no se trata sólo del entintado —defectuoso, inseguro, lleno de titubeos e impropio de un dibujante con sus recursos y su grandísimo talento—, sino que otras peculiaridades del dibujo también producen idéntica impresión negativa. Por ejemplo, el tratamiento de los volúmenes y de las formas, la imprecisión (e incluso inexactitud) con que se han diseñado muchas arrugas y pliegues de la ropa, la anatomía de los personajes, la rigidez de algunas posturas, la errónea aplicación de las leyes de la perspectiva, la falta de naturalidad en ciertas actitudes, la torpeza de determinadas figuras, etc.

Voy a ilustrar lo que digo con cuatro ejemplos concretos, procedentes de otras tantas viñetas que he montado en una sola imagen para que se vean todas juntas.



En la primera de ellas destaca el modo torpe y descuidado en que se han resuelto las arrugas de la camisa de Long John Silver y las sombras que éstas proyectan. Por otro lado, la cara del pirata no es un ejemplo de ortodoxia anatómica, y alguna pega podríamos poner también al mar, que está resuelto con cuatro líneas mal hechas. Conviene recordar, a este respecto, que Battaglia siempre fue un gran dibujante de agua, aunque la representara de modo muy peculiar y no alcanzara las cotas de excelencia y realismo de otros maestros como Hal Foster o Franco Caprioli. En cuanto a la segunda viñeta, ya habrá advertido el lector su deficitaria puesta en escena: todos los elementos están muy poco trabajados y además aparecen colocados un poco al tuntún, sin respetar la perspectiva, de modo que no se corresponde la de las sillas con la de la mesa, ni la de ésta con la de la alfombra o con la de la puerta del camarote, ni la de las paredes de éste con todo lo demás. Por todo ello parece que los personajes estuvieran levitando sobre ese escenario tan inestable. El tercer ejemplo lo he seleccionado para complementar lo que dije antes sobre el entintado y el trabajo de trama. Obsérvese, además, que Battaglia echa mano de todas las variantes posibles, como se ve por el curioso y un tanto monótono reticulado del fondo, que parece imitar las tramas mecánicas. En la última viñeta se percibe con claridad la extraña y forzada postura del brazo del joven Jim, que parece salir de la clavícula derecha y no del hombro. La perspectiva, una vez más, está equivocada y el resultado es defectuoso.

En todo el conjunto de esta L'isola del tesoro no faltan, desde luego, ejemplos de buenas viñetas, pero en términos generales creo que el trabajo realizado aquí por Battaglia es bastante mejorable, y no se puede comparar con la mayoría de las obras que produjo a lo largo de su carrera. En este sentido, no deberíamos olvidar que hablamos de un extraordinario dibujante, poseedor de gran talento para su profesión y perfectamente capacitado para realizar dibujos estupendos, hermosos y, sobre todo, correctos.


Dos estupendas viñetas, aunque todavía muy alejadas
de lo que Battaglia haría en años posteriores


En definitiva: no parece lógico que Battaglia dibujara peor en 1954 que en años precedentes (salvo que lo hubiera hecho a propósito y con una finalidad concreta). Es posible que sus experimentos técnicos para abandonar el pincel y pasarse a la plumilla como base del entintado le hicieran titubear y mostrarse torpe en algunos extremos —de hecho, él mismo confesó en cierta ocasión que le costó muchísimo realizar el tránsito—, pero un dibujante de su talento y calidad no podía ir para atrás "como los cangrejos" —si se me permite usar esta expresión— por más que cambiara de técnica (y aunque en ésta careciera aún de la asombrosa maestría que iba a alcanzar apenas unos pocos años después en sus trabajos para Linus y Sgt Kirk). Por todo ello, propongo la década de los años 40 —preferiblemente su primera mitad— como el momento en que Battaglia pudo haber realizado las ilustraciones para la adaptación de La isla del tesoro realizada por Gianluigi Bonelli, aunque éstas terminaran publicándose (o reeditándose) en 1954.

Aparte del análisis estilístico que he hecho de los dibujos, la única prueba que puedo aportar para defender mi hipótesis es un pequeño boceto fechado en el año 1944, que aparece reproducido en la recopilación del Oliver Bold (1) publicada por Edizioni Libreria Milone en 1997. Se trata de un dibujo incluido en una hoja con varios más, y en él Battaglia comenzó a diseñar lo que parece ser la viñeta de presentación para un proyecto sobre La isla del tesoro. No podría asegurarlo con absoluta certeza —puesto que el dibujante veneciano dejó inacabado el título y el dibujo—, pero conociendo su gusto por ilustrar relatos clásicos o adaptarlos al formato de historieta, apostaría a que se trataba de esta obra tan popular y admirada. Con todo, lo más significativo de dicho boceto —al que nadie parece haberle dado importancia hasta la fecha (al menos eso demuestran los textos que yo he podido consultar)— es la gran semejanza estilística que hay entre él y los dibujos de la adaptación publicada en 1954. Y no sólo por la coincidencia temática —que es lo más visible en un primer momento—, sino por la técnica con que están realizados ambos. Incluso podríamos llegar a pensar que Battaglia aprovechó estos bocetos para su trabajo en La isla del tesoro, pues apenas hay diferencia entre el barco esbozado en 1944 y la Hispaniola que luego dibujó en la adaptación de Bonelli.

En el momento de realizar esos bocetos, Battaglia estaba influido por el florentino Piero Bernardini (1891-1974) y el turinés de origen sardo Giuseppe (Beppe) Porcheddu (1898-1947), dos artistas que alcanzaron una gran reputación en Italia durante la primera mitad del siglo XX, destacando por sus trabajos realizados en el campo de la ilustración y la historieta. Ambos colaboraron en las revistas más prestigiosas y populares del país, algunas de las cuales —Il Giornalino, Il Corriere dei Piccoli—, acogerían años después los dibujos del propio Battaglia.

De Berardini debía de atraerle a nuestro autor la estilización de las formas, la limpidez del trazo y su elegancia (rasgo, este último, que habría de caracterizar también el arte del dibujante veneciano). Por cierto, uno de los trabajos más célebres del florentino fueron sus ilustraciones para El Quijote, la inmortal obra de Miguel de Cervantes. Y, casualmente, entre los bocetos realizados por Battaglia en aquel lejano año de 1944 hay uno en el que se representa la alucinada carga del caballero manchego contra unos peculiares molinos de viento, en un extraño y onírico paisaje donde tienen cabida un sol abrasador y lo que parece ser una laguna en la que se reflejan las siluetas de todos los objetos representados en el cuadro.

 Dos ejemplos del trabajo realizado por Bernardini para la famosa edición de
El Quijote (Don Chisquiotte della Mancia) publicada en 1935


Pero quien parece haber dejado una mayor impronta sobre el Battaglia de los bocetos de 1944 y de L'isola del tesoro —si se acepta mi hipótesis cronológica— es Beppe Porcheddu. Y esto se ve al comprobar que el estilo de entintado y la estética en cierto modo inclinada a lo feísta y lo grotesco utilizados por Battaglia son los mismos que había desplegado el prestigiosísmo artista turinés en muchas de sus ilustraciones y en algunas adaptaciones literarias —Il castello di San Velario, o Il mistero degli specchi velati—, donde, por cierto, utilizó el mismo formato de viñetas acompañadas por didascalias con texto que adoptaría Battaglia años después en su versión de La isla del tesoro.

Varias viñetas de Porcheddu, pertenecientes a Il castello di San Velario.
La última es de Il mistero degli specchi velati


En fin. Espero que nadie vea en todo lo que he dicho aquí intención alguna de menospreciar a uno de los dibujantes de historieta que más he admirado siempre, criticando una de sus obras. Mi único deseo ha sido analizarla, profundizar en ella y presentar los argumentos que me han hecho pensar en la hipótesis propuesta. Hipótesis que, lo reconozco, parece bastante arriesgada pues en todas las fuentes que he podido consultar sobre la obra de Battaglia, esta L'isola del tesoro aparece fechada en el año 1954 (aunque también es cierto que no especifican si tal fecha haría referencia a la realización material o a su publicación). En todo caso, si alguien con más conocimientos y datos que yo lee esta entrada y tiene pruebas al respecto, o sabe lo que ocurrió por aquellos primeros y desconocidos años de la carrera de Dino Battaglia, le rogaría encarecidamente que me sacara del error (en caso de estarlo) y aclarase dicho punto.

 La edición mencionada en el texto de esta desconocida obra de Battaglia.
Desconocida no sólo en nuestro país, sino en la propia Italia


Y voy concluyendo... Desconozco si L'isola del tesoro se ha publicado alguna vez en España (creo que no), y tampoco me consta que por la red puedan encontrarse imágenes de la misma, de modo que considero como una especie de primicia —al menos para los aficionados españoles— la breve selección de páginas que he realizado. No las he retocado en absoluto, con la idea de que aparezcan tal y como salieron del escaneado y lo más cercano posible a la realidad. Con esa misma intención, he preferido dejar las imágenes sin recortar, para que se vean los bordes de las páginas y otros defectos del ejemplar. Siento no haber escaneado más, pero la prudencia y el buen criterio, así como el delicado estado de salud en que se halla mi ejemplar de esta obra, aconsejaron que no siguiera forzándolo para abrirlo hasta el límite y escanear sus añejas páginas. Comprenderán, por ende, y sabrán disculpar el hecho de que mis precauciones respecto de este primerizo trabajo de Battaglia hayan primado por encima del interés que tenía de hacer público su contenido.

Que lo disfruten.













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(1) Es un trabajo de Battaglia bastante desconocido, que pertenece a la fructífera etapa de sus colaboraciones para revistas inglesas del sello londinense Fleetway. En una entrada que estamos preparando, ya habrá ocasión de incidir en la trascendencia que dichas colaboraciones tuvieron para la posterior trayectoria artística del maestro veneciano.