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viernes, 11 de enero de 2019

EL "ETERNO" TINTÍN..., NONAGENARIO



PUES sí, imagino que los aficionados ya lo sabrán: ayer, 10 de enero, se cumplieron 90 años del debut gráfico de Tintín, el repipi reportero belga, protagonista indiscutible de una de las series tebeísticas más influyentes y destacables de toda la historia del Noveno Arte. Presentación que se produjo en las páginas del semanario católico Le Petit Vingtième, con la (infumable) aventura —recientemente remozada por Casterman/Moulinsart en un álbum coloreado— de Tintín en el país de los soviets, panfletaria apología anticomunista de la que el propio autor renegó años después, atribuyendo sus muchos déficits a la juventud y la falta de experiencia. Sus creaciones posteriores demostraron, en efecto, dicha justificación.

No he tenido ocasión de pergeñar un texto específico para unirme al homenaje que se le está haciendo a la serie en todo el mundo, pero como tampoco quería dejar pasar la ocasión de manifestar mi agradecimiento hacia ella —por todos los buenos momentos que me hizo pasar antaño (y de los que aún disfruto de vez en cuando)—, he optado por recuperar un texto que escribí hace ya años y que, por su atemporalidad, sigue siendo tan válido como en el momento de redactarlo. Aquí lo tienen:



MI INFANCIA SON RECUERDOS...
A PROPÓSITO DE TINTÍN




TINTÍN es la Gesamtkunstwerk del cómic, tanto como el Anillo del Nibelungo lo es la de la ópera. Tintin forma parte indeleble de mi infancia lectora y constituye uno de los primeros campos de experimentación de mis tentativas como dibujante. Todavía recuerdo con nitidez y nostalgia —más con la segunda que con la primera— las visitas que los fines de semana hacía con mis hermanos y mis padres a uno de los grandes almacenes SEARS que había aquí, en Madrid, y cómo mientras los demás miraban ropa o compraban comida y otras cosas necesarias para la casa y sus habitantes yo no hacía más que esperar con (im)paciencia y resignación para ver si llegaba la hora de acercarse a la sección donde estaban los tebeos o cuentos y donde, al fin, podría hacerme con el ejemplar de Tintín que me correspondiera en esa ocasión (a veces, y con algo de suerte, incluso más de uno). Ahora que lo vuelvo a recordar, fue una auténtica lástima no poder conseguir todos los libros encuadernados en tapa dura; pero ¡qué le vamos a hacer! Entonces, la verdad, poco me importaba aquello. Lo único que deseaba, una vez acabadas las compras, era llegar a casa para sumergirme de lleno en la lectura de la nueva aventura. En el coche no había nada que hacer, ni siquiera para abrir boca, pues el tebeo (o tebeos) solía ir guardado con las demás compras.

Pero una vez en casa, se iniciaba la solemne ceremonia: sentado en el sillón de mi cuarto, o tumbado en la cama, abría el volumen con un esmero que, lo reconozco (mea culpa), ya entonces rayaba en lo compulsivo tratándose de un niño (luego he ido empeorando con el tiempo, y en la actualidad soy un auténtico maniático que se pone enfermo cuando ve lomos rozados o cantos de los libros doblados y huellas de dedazos en los discos o en los dvd’s). Lo primero era la fase de visionado, que transcurría veloz pero atenta. Pocos detalles escapaban a mis inquisitivos y asombrados ojos: el movimiento de los personajes, sus detallados fondos, los colores de cada página (planos pero eficaces)… Después, cuanto antes mejor (todo sea dicho), llegaba la hora de sumergirse en la historia propiamente dicha. ¡Y qué sensación de placer me invadía entonces! ¡Qué alegría me proporcionaba la lectura de aquellas páginas! De verdad de la buena; no hay ni un ápice de exageración en mis palabras. Ciertamente recuerdo aquellas lecturas como una de las experiencias más agradables de mi infancia (y, posteriormente, también de mi primera juventud). Cómo sería la cosa, hasta qué punto sentía yo la necesidad de que aquellos libros me durasen para siempre —tal era la dicha que me proporcionaban— que ninguno de mis dos hermanos pudo leerlos a gusto nunca, pues cada vez que me pedían permiso para cogerlos —soy el mayor y fui un sargentón— les hacía la vida imposible con todo tipo de exigencias: “no lo abras tanto, que se va a romper”; “¿te has lavado las manos?”; “¡ten cuidado con las hojas, que se doblan!”. Y así una tras otra. La verdad, es que no sé cómo me hablan todavía. Lo cierto es que aún se acuerdan de mis intempestivos requerimientos; y, de tarde en tarde, cuando bromeamos sobre aquellos años infantiles, todavía me lo siguen reprochando cariñosamente. Pero creo que tengo perdonado mi pecado, pues todo se debió al inmenso amor que yo sentía por aquellos tebeos que tanto me hacían disfrutar. Todo.

Tintín es la aventura por antonomasia, sin alharacas filosóficas ni complicaciones metafísicas, sin subterfugios narrativos ni barroquismos estilísticos; es la emoción en estado puro; la intriga sabiamente construida y planteada con sinceridad al lector; es el estremecimiento que nos embarga cuando vamos a realizar un gran viaje con destino a un lugar lejano, exótico y emocionante; es toda una sinfonía multicolor por variedad de paisajes, de diálogos, de situaciones y, sobre todo, de personajes. Personajes, sí, porque lo que de verdad enriquece los relatos de Tintín, lo realmente valioso de sus historias, es que se trata de la materialización gráfica de la comedia humana. Es cierto que Hergé nos la pinta, digámoslo igualmente, con una cara amable e incluso no exenta de mucho humor; pero lo hace presentándonosla tan compleja y variopinta como lo es en la cruda realidad. De ahí que no sólo hallemos retratos positivos del alma humana (Tintín, Haddock, Tornasol, Tchang…), sino que también desfilen ante nuestros ojos los pelmas (Serafín Latón), los delincuentes reinsertados (Néstor), los empresarios (Oliveira da Figueira), los delincuentes internacionales (Rastapopoulos, Basil Bazaroff), los políticos sin escrúpulos (Sponsz), los intrigantes y malvados (Mitsuhirato, Müller), los ególatras (Castafiore), los aventureros mercenarios (Alcázar), los tiranos (Plekszy-Gladz, Tapioca), los idiotas (Hernández y Fernández), los desdichados (Wolff), los egoístas y mezquinos (Carreidas), los hipócritas (Spalding)… ”Ahí es ná”.

Leer (o releer) un tebeo de Tintín es siempre una experiencia sumamente placentera. Pienso que ello se debe no sólo al modo en que Hergé construía sus relatos, sino sobre todo al hecho de que prácticamente en todas las aventuras del perenne joven reportero —con excepción de Las joyas de la Castafiore, si no recuerdo mal— el viaje se convierte en el elemento básico de la acción, sin el cual ésta no puede seguir adelante y desarrollarse hasta su final. Y todos sabemos lo que de iniciático puede tener cualquier viaje medianamente exótico. Pues bien, a mí que personalmente me incomoda mucho salir de casa reconozco que este tipo de historias me divierten de manera especial. Es como si participara de lleno en todas las emociones que comporta preparar y emprender un viaje, pero ahorrándome las molestias que supondría tener que hacerlo yo. He comprobado, además, que esa peculiaridad la encuentro también en ciertas películas que presentan una estructura “iniciática” similar y que están entre mis favoritas: Misión de audaces, Centauros del desierto y Las uvas de la ira, de John Ford; Mayor Dundee, de Sam Peckinpah; La venganza de Ulzana, de Robert Aldrich; Las minas del rey Salomón, de Marton y Bennett; Capitán Blood, de Curtiz…


Hay otro elemento, relacionado con el anterior, que siempre me ha llamado poderosamente la atención al pensar en Tintín: la asombrosa capacidad que sus historias tenían para despertar en mí unos deseos irrefrenables de participar en la aventura que estaba leyendo. Me habría encantado poder meterme en el tebeo, acompañar al intrépido reportero a lo largo de las páginas y haber formado parte de su mundo para verme rodeado por todos los personajes creados por Hergé (incluso por los malos). Haber conocido al Capitán Haddock; aguantar con estoicismo una velada con la Castafiore o con el pelma de Serafín Latón; estar junto a un perro que hablaba… Pero, sobre todo, sobre todo me habría encantado compartir una tarde con el Profesor Tornasol (sin duda, mi personaje favorito de toda la serie). ¿Recuerdan ustedes lo que le ocurría a Carreidas —el "hombre que nunca se ríe"— con el bueno de Tornasol en el álbum Vuelo 714 para Sidney? Acababa estallando en una carcajada estruendosa e inesperada para todos ante las ocurrencias del despistado profesor. Pues algo parecido me ocurria a mí. Y sigue siendo así, pues es un personaje que me divierte sobremanera.

Creo que en este caso la clave se encuentra en la capacidad que Hergé tenía para hacer creíble el mundo en que se movían sus creaciones y en transmitir esa sensación: te identificas con Tintín, cierto (a pesar de lo repipi y conservador que resulta ser el muchacho); pero sobre todo te interesa su mundo y los personajes que lo integran y le rodean. Un mundo maravilloso y mágico, lleno de aventuras y de atractivas situaciones que difícilmente pueden desagradar a un niño.

¿Pero por qué, entonces, me siguen gustando ahora que ya soy adulto? Primero, desde luego, porque forman parte de mi vida y de mis recuerdos más felices, profundos e indelebles: los de la infancia. Y después… Bueno, después… ¿No ha escrito Fernando Savater sobre el “enigma Tintín”? Pues eso, léanlo a él. Aunque temo que tampoco tiene una respuesta...

Yo he crecido; los almacenes SEARS —que sepa— han desaparecido; he continuado comprando y leyendo tebeos; el tiempo ha pasado, pero en mi memoria siempre quedarán grabados, como a fuego, aquellos gratísimos momentos de lectura. En definitiva: para quienes tuvimos la fortuna de conocerlo en nuestra infancia, “siempre nos quedará Tintín”.


viernes, 28 de noviembre de 2014

MOMENTOS PUBLICITARIOS: UN NUEVO LIBRO TEÓRICO SOBRE HISTORIETA NECESITA TU AYUDA. "TORPEDO" Y JAVIER MESÓN



ACOGIÉNDOSE a las enormes posibilidades que el sistema de crowdfunding otorga a quienes deciden utilizarlo para sacar adelante sus particulares proyectos, el amigo Javier Mesón —sobradamente conocido en nuestro mundillo comiquero y propietario del blog El coleccionista de tebeos ha iniciado una campaña de micromecenazgo (similar a algunas de las que ya hemos dicho algo en este Nibelheim un par de veces: aquí y aquí), para sacar adelante un libro dedicado a Luca Torelli, alias "Torpedo", el siniestro (y, no obstante, resultón) personaje creado a pachas por Sánchez-Abulí y Bernet en 1981, y arruinado también a medias por ambos autores, si hemos de creer el testimonio de Joan Navarro, que hace poco descubrió en su blog y en su página de Facebook algunas intimidades relativas al porqué dejó de publicarse la serie, cuando podía haberse convertido en un auténtico filón, con ramificaciones, incluso, en el mundo del celuloide.



El libro que Mesón quiere editar, titulado Historia de un gángster sin alma. Torpedo 1936, es un estudio cuya elaboración, al decir del propio autor, le ha llevado más de diez años de trabajo, y en el cual ha invertido una buena cantidad de tiempo, dedicándose al estudio y difusión de esta obra en diversos lugares, como su otro blog titulado Toccata y fuga, en un guiño evidente a uno de los relatos escritos por Sánchez-Abulí para esta misma serie. Como nos recuerda Javier, tanto en sus blogs como en la página de la plataforma Verkami en la que ha lanzado la campaña de crowdfunding, ha sido asesor en la última edición integral de la obra, realizada este mismo año por Panini, lo cual es una toda garantía de que vamos a encontrarnos con una obra sólida y bien documentada. Un estudio que, francamente, considero necesario, pues profundiza en el estudio de una de las series historietísticas más importantes y exitosas de las que han surgido en nuestro país desde el boom de los cómics de autor iniciado en los años 70 del pasado siglo.

El personaje de Torelli en una de sus actitudes características en la serie


Quien esté interesado en conocer más detalles de todo el proyecto no tiene más que darse una vuelta por la página que Javier Mesón tiene abierta en la plataforma Verkami. Allí encontrará información de todo tipo, incluyendo lo relativo a las características del libro, una preview de la introducción y su primer capítulo (que, además, pueden descargarse), las recompensas que se ofrece a los mecenas, el sistema de pago y, lo que es más importante, un completo y detallado índice con el contenido integral de la monografía (que, por su importancia, transcribo íntegramente a continuación en este Nibelheim). Hélo aquí:

Autorretrato de Bernet y de Sánchez Abulí por el primero de ellos


Contenido del libro

- Prólogo de Antoni Guiral. Uno de nuestros mayores expertos de cómic de este país. Autor libros como Los tebeos de nuestra infancia, Cuando los cómics se llamaban tebeos, 100 años de Bruguera; El Gran libro de Mortadelo y Filemón, y coautor de El mundo de Escobar. También ha sido el editor e impulsor de la enciclopedia de 11 volúmenes, Del tebeo al manga.

- Presentación del libro a cargo de Javier Mesón

- Introducción a Torpedo.

- Capítulo 1: El inicio. Donde se narra la entrada de Enrique Sánchez Abulí en Selecciones Ilustradas, y de cómo recibió el encargo de crear un gángster, acompañado de un rubia. Al proyecto se sumaría el legendario Alex Toth.

- Capítulo 2: Todo encaja (la llegada de Bernet). Tras la renuncia de Alex Toth del personaje, Jordi Bernet se hace cargo del personaje.

- Capítulo 3: El éxito. Torpedo 1936 se convierte en la historieta más popular de la revista Creepy. Un éxito de crítica y público, publicándose hasta en 12 países.

- Capítulo 4: El personaje. Un capítulo que cuenta el origen de Luca Torelli, en la forma que fue tomando el personaje en la historieta.

- Capítulo 5: Los secundarios. Donde Rascal (socio de Torpedo) tiene su protagonismo, la influencia de los secundarios en el cómic. Las referencias cinematográficas del cine y los gángsteres de los años treinta para su creación gráfica.

- Capítulo 6: El cierre de las revistas/Las giras por Francia. En 1985 cerraba la mítica cabecera de Toutain Editor, Creepy, la revista que vio nacer a Torpedo 1936. Su paso por Comix Internacional y Totem el Comix. El final del “boom”, de las revistas. Así como la gira de presentación de los autores por Francia, o su participación en jornadas de cómic en España.

- Capítulo 7: Color o no color, he aquí la cuestión. La insistencia del editor francés a los autores, de la publicación de Torpedo a color, para conseguir un mayor éxito de ventas en el país galo. Con la disconformidad de algún que otro lector por el color.

- Capítulo 8: El arte de rotular. Donde se analiza la labor de los rotulistas que participaron en la serie. Así como la obra de Josep Martí Ripoll: creador del logo clásico de Torpedo 1936, en los álbumes de Toutain Editor, y los rótulos de los títulos de las historietas.

- Capítulo 9: Desencuentro con Glénat. Un momento importante para el futuro de la serie, con el pleito contra la editorial francesa, por el contrato planteado, y el film para Estados Unidos.

- Capítulo 10: Con la censura hemos topado. Se analizan las diferentes veces que la historieta fue censurada, desde la primera historia de Alex Toth, pasando por la última edición de IDW.

- Capítulo 11: Un relato de Playboy. Tras el paso de Torpedo en su propia revista “Luca Torelli… es Torpedo”, llega el momento de continuar los relatos del personaje en la revista Playboy. Dirigida por el Director editorial de cómics de Panini Comics, José Luis Córdoba.

- Reportaje: Especial Salón del Cómic de Barcelona de 1991. Con las mejores fotos a todo color, de los autores en plena presentación de su obra. Incluye fotos inéditas nunca vistas.

- Capítulo 12: La influencia cinematográfica y literaria. Un capítulo donde se analizará la influencia cinematográfica en las historia de Torpedo, teniendo presente a la figura del legendario actor Humphrey Bogart.

- Capítulo 13: De la viñeta al escenario. La obra de teatro de Torpedo, con la participación de Federico Fazioli (actor que encarnó a Luca Torelli), y la posterior fiesta del aniversario de la revista Playboy, con fotos inéditas de la misma.

- Capítulo 14: Vuelta al hogar. El regreso de los autores con Glénat, y la creación de su filial en España. Las impresiones de la prensa, con la publicación del primer álbum bajo Glénat.

- Capítulo 15: El “cómic-book”. Los diferentes comic-book que ha tenido Torpedo, tanto en España como en los Estados Unidos.

- Capítulo 16: Lo que pudo ser y no fue. El proyecto de la serie de dibujos animados, que no paso del primer episodio, y su posterior venta en un pack especial de cómic + video. Así como nuevos intentos de llevar al cine al personaje.

- Capítulo 17: Un mal trago. La canción de Loquillo de Torpedo, y el desencuentro del guionista con el dibujante y los autores de la canción.

- Epílogo: El fin de un sueño. La ruptura como tándem creativo de Abulí y Bernet, tras dieciocho años de colaboración.

- Publicación del guión de Torpedo 1936, “Érase se una vez en Italia”.

- Recreando Nueva York. Con las fotos de parte de los escenarios donde toman referencia las apariciones de Torpedo en la historieta.

- Relato inédito de Torpedo 1936: “El ángel de la guarda”.

- La ficha policial de Torpedo.

- Listado de las historias de Torpedo.

- Listado de los relatos de Torpedo.

- Citas de las entrevistas.

- Bibliografía y ficha del autor.

El libro cuenta con declaraciones en exclusiva de Hernán Migoya, Federico Fazioli, José Luis Córdoba, Juan Maldonado, Marcelo Miralles, y Enrique Sánchez Abulí.

La obra no cuenta con la colaboración de Jordi Bernet, por deseo expreso del autor.

Está previsto que el libro pueda entregarse a los mecenas el próximo mes de abril de 2015. Constará de 160 páginas (144 en blanco y negro y 16 a color), impresas en un papel mate de 150 grs. y encuadernación en tapa dura. Su tamaño será de 17x24 cm. Fuera de cualquier otro tipo de aportación que los potenciales mecenas quieran realizar para obtener alguna de las diferentes recompensas que se ofrecen, el pago mínimo para obtener el libro será de 20,00 EUR. (importe en el que se incluyen los gastos de envío para Península y Baleares).

El Luca Torelli de Alex Toth, primer dibujante elegido para sacar adelante la serie,
que renunció a ella por motivos de conciencia, dada la violencia de los guiones


Yo ya me he comprometido en la campaña y confío en poder convencer a mi colega "J" para que participe en el proyecto de Mesón. Aunque no estoy seguro de conseguirlo, pues como todos ustedes saben acabó absolutamente desencantado con el tema del crowdfunding tras su negativa experiencia de participación en la financiación del tebeo Home (asunto del que ya hablamos aquí).

Logotipo de la revista Creepy, publicada por Toutain, donde apareció,
por vez primera, el personaje de Luca Torelli "Torpedo"


Bueno, pues ya saben ustedes lo que hay. Ahora sólo queda "pasar por capilla", colaborar en el proyecto y hacer posible que nuestra literatura tebeística se vea incrementada (y engrandecida) con este interesante estudio monográfico de uno de los personajes fetiches de la historieta patria.

viernes, 19 de septiembre de 2014

MOMENTOS PUBLICITARIOS (AGAIN): NUEVO LIBRO TEÓRICO SOBRE LA HISTORIETA



LA editorial Nowtilus me envía amablemente un dossier de prensa e información sobre un libro teórico de historieta que acaba de publicar, y cuyo lanzamiento estaba previsto precisamente para este mes de septiembre. La presentación, de hecho, se realizó ayer, día 18, en la librería madrileña especializada Generación X. Su autor es Gerardo Vilches, habitual colaborador del sitio web Entrecómics (que todos ustedes seguro ya conocerán) y yo tengo el gusto de anunciarlo aquí, aunque sea con un poquito de retraso.

Abajo tienen, desglosado en modo imagen, todo el contenido de dicho dossier, para que puedan conocer mejor el contenido y objetivos de la obra, cuyo tema —por lo poco que he podido leer— parece abordarse de modo ameno y sintético, aunque no exento de rigor metodológico y teórico. Quienes conozcan los artículos que Vilches publica en Entrecómics ya saben que esto es así.

Como siempre, pulse sobre las imágenes si desea verlas ampliadas y quiere leer mejor los textos.










sábado, 30 de noviembre de 2013

PAOLO ELEUTERI SERPIERI EN LA REVISTA "MOCAMBO", DE METROPOL



SEGUIMOS prestando atención en este Nibelheim a la figura y la obra del historietista e ilustrador italiano Paolo Eleuteri Serpieri, al tiempo que nos hacemos eco de los comentarios que nuestros visitantes van haciendo al hilo de las entradas. Y así, enlazando con las dos entradas que ya le hemos dedicado a este autor en los días pasados (pueden verlas pinchando aquí y aquí), hoy deseamos someter a la consideración de todos ustedes una nueva historia realizada por el artista veneciano a comienzos de los años 80 y aparecida en otra revista española de aquella época: Mocambo, de corta trayectoria, pero interesante contenido, como se verá inmmediatamente. Nos habló de ella, si lo recuerdan, un visitante de este Nibelheim en un comentario que pueden leer pulsando aquí.



Mocambo o la aventura (como se subtituló la revista con toda intención) fue una efímera publicación más de las muchas que pulularon por los quioscos españoles en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado, coincidiendo con el boom historietístico que se vivió en nuestro país por aquel tiempo y que inundó el mercado de títulos con publicaciones periódicas. ¿O quién no se acuerda aún de títulos como Totem, Comix International, 1984 (luego Zona 84), Cimoc, Cairo, K.O. Cómics, El Víbora, Creepy, Rambla, etc. Fue editada por Ediciones Metropol, un sello editorial fundado en 1983 por profesionales del sector que deseaban controlar mejor la difusión y comercialización de su obra. Al frente de todos ellos estaban el guionista Mariano Hispano y el historietista Leopoldo Sánchez que, a la postre, demostraron no tener el mismo talento para la actividad editorial que en sus respectivas profesiones, pues tanto Mocambo como otras revistas de la editorial (Metropol —que era la cabecera principal— y K.O. Comics) apenas si lograron sobrevivir un sólo año, desapareciendo en 1984 y siendo absorbidos sus autores y series por los sellos Toutain y Norma, que controlaban el mercado en la época.



Mocambo se nutrió, básicamente, de material procedente de autores españoles, argentinos e italianos. Entre las series que empezaron a publicarse en sus páginas —todas ellas inconclusas ante el abrupto cierre de la cabecera— estaban la recuperada Dan Lacombe (realizada en 1968 para la revista Spirou por Daniel Cussó y su sobrino Jordi Bernet), Show para no iniciados (de Miguel Ángel Aparicio y Leopoldo Sánchez), El último héroe (de Jordi Bernet, inspirada en la biografía del sheriff y pistolero William Matthews Tilghman), Casi en el fin del mundo (de T. Valeri y Enrique Breccia), o Nuestro hombre en Banana (de Mazzei, Trillo y Saborido), etc. Junto a las historias de continuidad se publicaron también otras cortas, y entre ellas se encontraba, precisamente, la de Serpieri que vamos a comentar aquí.



Se trata del breve relato titulado El hombre medicina, una historia que el italiano realizó a principios de los años 80 y que apareció publicada, por vez primera, en el número 2 de la revista italiana L'Eternauta (1982), con el título de Uomo di medicina y dentro de una serie titulada Storie del Far-West, que recogía trabajos que Serpieri había publicado previamente en Francia. Es un episodio de 11 páginas que luego ha sido recopilado en una reciente edición titulada I colori del West. Yo pensaba que también estaba incluida en la excelente colección Storie del West, que Grifo Edizioni dedicó al autor italiano en su momento, pero he mirado el contenido de los siete álbumes que la componen y no aparece entre las historias allí recopiladas.



Una vez más, y como ya hemos tenido ocasión de señalar en las entradas precedentes que hemos ido dedicando a Serpieri, lo que destaca por encima de todo en estas páginas es la absoluta e indiscutible perfección formal del dibujo, que brilla a grandísima e insuperable altura. Estamos ante unas planchas de belleza indiscutible, pero que no presentan la morfología habitual en una historieta, pues carecen de viñetas tradicionales debidamente delimitadas y formando calles que separen la acción. En su lugar, éstas han sido sustituidas por preciosas ilustraciones, llenas de detalles y con una composición impecable, que se superponen una encima de otra (hasta en tres ocasiones a veces) para marcar así la acción narrativa y los diversos momentos de la historia. Esta circunstancia, a mi entender, acentúa aún más esa cierta rigidez o frialdad tan característica de Serpieri. Una solemnidad o academicismo derivados, pienso yo, de la perfección formal a la que ya me he referido. Es muy destacable, también, el marcado carácter documentalista —casi etnográfico— de las viñetas y la puesta en escena, que siempre está muy cuidada por el dibujante italiano. Se percibe una clara voluntad preciosista en el dibujante y una preocupación por mantener la integridad absoluta de sus viñetas-ilustraciones, como lo demuestra, por ejemplo, el hecho de haber numerado la plancha quinta poniendo el cuadradito del número en una zona sin dibujo en medio de la viñeta, en lugar de colocarlo en la parte inferior derecha, tapando parte del negro de la camisa del soldado, como habría sido lo normal. Si hubiera que destacar algo negativo —y resulta difícil, dado el impresionante trabajo realizado por Serpieri— yo señalaría la presencia de algún fallo de raccord (por ejemplo, en la viñeta primera de la plancha sexta el indio protagonista va con estribos, mientras que en la siguiente estos ya no aparecen, lo que es más lógico tratándose de un jinete indígena, pues no lo utilizaban), aunque no tiene la menor importancia, viendo el apabullante trabajo de conjunto. ¿O serían ustedes capaces de reprochar una nimiedad así a Serpieri, después de lo que dibujó aquí...?



En cuanto al guión (obra de Raffaele Ambrosio) nos encontramos con una orientación que se posiciona claramente a favor de los indígenas, siguiendo así la estela de una corriente revisionista y de dignificación de los indios que se produjo dentro del género —tanto en la historieta como en el cine— a partir de los años 50-60 (Sgt. Kirk, Teniente Blueberry, etc.), y que habría de continuarse en epígonos de los años 70-80 tan ilustres como Buddy Longway (de Derib), Jonathan Cartland (de Harlé y Blanc-Dumont), Ken Parker (de Giancarlo Berardi e Ivo Milazzo), o las diferentes historias cortas y muy politizadas que realizó Luis García en su impactante Etnocidio, por citar sólo unos cuantos ejemplos.

Y eso es todo lo que tenía que decirles. Pasen, pulsen en las páginas para ampliar, vean y admiren el arte del mejor Serpieri. La cosa merece la pena (de verdad).


miércoles, 27 de noviembre de 2013

¿"LA VENGANZA DE LA BESTIA" (DE GOODWIN Y MORROW) INSPIRACIÓN PARA SERPIERI?



ATENDIENDO a la observación realizada por uno de los visitantes del blog en los comentarios de la entrada que dediqué a la publicación de Serpieri en la revista Creepy por parte de Toutain —en el sentido de que su historia La bestia, allí publicada, pudiera estar "inspirada" muy de cerca por un relato precedente escrito por Archie Goodwin, dibujado por Gray Morrow y aparecido algunos años antes—, he decidido abrir otra nueva entrada para poner aquí las imágenes de esta última historia, al objeto de que todos ustedes puedan ver, comparar y juzgar al respecto.

El prolífico Goodwin (1937-1998) recogiendo un premio en 1982


El trabajo de Goodwin y Morrow, titulado originalmente Revenge of the Beast! fue publicado, por vez primera, en el nº 5 de la versión americana de Creepy (octubre 1965), siendo reimprimido luego en el Creepy Yearbook (primavera-otoño 1967), nº 3 (1). En España apareció bastantes años después, en el nº 34 de Dossier Negro (marzo de 1972), pp. 50-56, con el título de La venganza de la bestia.



Dadas las enormes similitudes que hay entre ambas historias —no sólo en su tono general, sino en la cantidad de detalles comunes que las relacionan (ambientadas en el Far West, con un par de individuos de catadura moral más que dudosa como protagonistas directos, un grupo de socios despedazados, presencia de un anciano indio que anuncia la maldición, centro sagrado de los indígenas, la codicia del hombre blanco como motor de toda la acción, transformación de los protagonistas en monstruos, etc.)— resulta difícil aceptar que se trate de una mera coincidencia. Parece, en efecto, que estamos ante un "préstamo" en toda regla, para el cual el relato del guionista norteamericano sirvió de clara referencia al autor italiano, inspirándole a la hora de hacer su propia versión. Y no voy más allá en las elucubraciones y reproches, puesto que no he tenido ocasión de ver la edición original del trabajo de Serpieri en L'eternauta —donde apareció, por vez primera, en enero de 1984— e ignoro si allí se incluyó entonces alguna referencia concreta a la historia de Goodwin y Morrow, para aviso de lectores y curiosos.

Gray Morrow (1934-2001) en dos momentos de su vida


Digamos, no obstante, en descargo de Serpieri, que mientras que en el guión de Goodwin se desarrollan y superponen dos tramas paralelas de la misma historia —se nos cuenta no sólo lo que está viendo el espectador en el presente, sino también lo que ocurrió tiempo atrás, hasta llegar a ese preciso momento—, en el del italiano todos los elementos se han sintetizado bastante, dando como resultado una historia más breve, impactante y expeditiva, pero también menos rica de detalles y con una caracterización mucho más plana de los personajes. Con todo, es en el aspecto gráfico donde las dos versiones difieren más, hasta el punto de no tener nada que ver una con la otra. Y así, frente al expresionista trabajo de Morrow —realizado en un crudo blanco y negro, muy eficaz desde el punto de vista narrativo y del todo acorde con el tipo de publicación en que apareció la historia— tenemos la opulencia y el barroquismo de las planchas dibujadas por Serpieri, a las que su minucioso dibujo proporciona una visión más realista y arqueológica de la realidad Far West (opuesta al onirismo de Morrow), al tiempo que el tipo de color aplicado —con preferencia por los tonos rojizos y pardos— otorga un carácter asfixiante que le va como anillo al dedo al relato.

Y poco más puedo (y quiero) añadir. Juzguen los hechos por ustedes mismos:









Esto es lo que hay...

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(1) El dato puede cotejarse en Richard J. Arndt, Horror Comics in Black and White: A History and Catalog, 1964-2004, Jefferson (Carolina del Norte), 2013, p. 114.