Nos convoca este jueves en el reto nuestra amiga Campirela desde su blog. Se trata de escribir en un relato de no más de 350 palabras sobre los sentimientos que acompañan a la pérdida de un ser querido. Me ha llevado más de 350 palabras, pero si eliminamos nombres y apellidos nos ajustamos. He intentado hablar de esos sentimientos y su posible remedio en...
El cuento de la ausencia.
Cuando Agripino Álvarez de Campogrande nos abandonó, quedó un vacío muy grande. Su esposa, Malvina Ureña de Santos, intentó llenarlo con lágrimas, no lo consiguió. Su hijo mayor, José Agripino, que había recibido la llamada, intentó llenarlo con oraciones, pero el vacío siguió. Su segundo hijo, Francisco, intentó aliviarlo con aventuras y viajes; conoció gentes y mundo, pero el vacío no menguó. Su hija Malvinita, la menor de los hermanos, intentó cubrirlo asumiendo el cuidado de la casa y la familia, pero el vacío continuó existiendo.
Mientras una lloraba, otro rezaba, otro viajaba y otra limpiaba, pensando en la ausencia de su marido y padre, la familia estaba dejando de existir diluyéndose en ese vacío.
Descansando de las tareas de casa, Malvinita descubrió que su madre no dejaba de llorar. No había sido capaz de darse cuenta. Había estado procurando un imposible: que su padre siguiese con ella. Se avergonzó de no haber intentado consolar a su madre.
Con la excusa de haber recogido la casa, llamó a sus hermanos para ver qué se conservaba de lo considerado inservible. Llegaron sus hermanos y se reunieron con ella, su madre y un montón de trastos. Comenzaron a revisarlo y a discutir.
— ¿Cómo vas a tirar la estilográfica de papá? — Preguntó Francisco — ¿Te acuerdas de la carta que escribió y firmásteis todos cuando hice mi primer viaje?
— ¿Y quieres deshacerte de la Biblia de papá? — Inquirió José — Me gustaría leer las anotaciones que dejaba papá en ella. Planteaba más dudas que convicciones.
— Yo no regalaría esa corbata, es la que vistió en nuestra boda y vuestros bautizos — Terció doña Malvina — Decía que le gustaba llevarla en las ocasiones felices.
Desgranar cada objeto era evocar la figura del padre, era estar un poco más unidos. Esa unión era la que iba llenando poco a poco el vacío. Fue cuando comprendieron que Don Agripino les había dejado la familia. Cuando Malvina dejó de llorar y sonrió a sus hijos desapareció su vacío. Lo mismo pasó cuando José dejó de rezar y sonrió a sus hermanos, cuando Francisco aplazó su viaje para disfrutar de su familia y cuando Malvinita aparcó las labores del hogar para compartirlas con la familia.
Más ausencias en el mismo enlace.
Nota. Pero si se trata de expresar sentimientos más íntimos y personales, dedique a mi hermana tres entradas cuando este blog empezaba a marchar, hace ya mucho tiempo. Si quieren, pueden leerlas aquí:
29 comentarios:
Muchas gracias por tu participación.
Un cuento que nos viene a decir, que Blas ausencias nunca se suplen se viven con ellas.
Hay que saber que quien se queda su vida continua, y hay que también consolar y no aislarse , ello no facilita esa ausencia , al contrario puede desembocar en algo peor.
Muy bien ese final apoyándose los miembros de la familia.
Un abrazo y muchas gracias.
Bem lembrado esse momento no qual, após a partida, a família se reúne para ver o que farão com tudo por lá.
Nesse momento, a ausência de quem partiu, tão sentida, volta a ser presença novamente em cada um!
LINDO! Adorei! abraços, ótimo dia! chica
La familia es lo único que queda cuando alguien falta. Un beso
Amigo Luferura, boa noite de paz!
Recordei-me quando se foi meu pai... é duro!
Há que se continuar vivendo e recordar dos momentos bons vez por outra.
Belo relato com riqueza de detalhes.
Tenha dias abençoados!
Abraços fraternos
Una historia que se repite una y otra vez de forma diferente pero dolorosa.
Un saludo
Corren malos tiempos, nos estamos volviendo refractarios.
Salud.
Vas a tener que disculparme por lo extensa que voy a ser, pero este relato no se lee solamente con los ojos; se atraviesa con el corazón al expresar el verdadero significado de la ausencia....con una delicadeza inmensa nos recuerdas que el vacío que deja alguien amado no se llena intentando retenerlo, sino reencontrándonos entre quienes lo aman también...uffff qué manera tan hermosa de mostrarlo: una madre llorando, un hijo rezando, otro huyendo hacia el mundo y una hija refugiándose en el deber… cada uno intentando salvarse solo, hasta descubrir que el verdadero legado de Don Agripino no eran los objetos ni siquiera los recuerdos aislados, sino el lazo invisible que seguía sosteniéndolos como familia. Es maravilloso cómo los “corotos” terminan convirtiéndose en pequeñas reliquias del amor cotidiano… Objetos sencillos que de pronto contienen una vida entera. Ahí el relato alcanza algo profundamente humano y hermoso: entender que las personas no desaparecen del todo mientras continúen habitando las memorias compartidas.
Y ese final… esa sonrisa de doña Malvina devolviendo la luz a todos, como si el dolor hubiera encontrado por fin una forma de transformarse en compañía, es sencillamente conmovedor. No es un relato triste; es un relato sobre cómo el amor, incluso después de la ausencia, sigue reuniendo a los suyos alrededor de la mesa de la vida.
Un aplauso inmenso para quien escribió esto, porque hay relatos que entretienen, pero otros, como el tuyo, abrazan en medio de las lágrimas y me recuerdan lo cercano de mi ausencia...bsss
El abandono es una pérdida y deja daño y mucho dolor, es como haber presenciado el largo proceso del luto familiar y volver al núcleo más fuerte.
Abrazo.
En cada pieza del hogar hay una historia de quienes la habitan... y eso nos unirá siempre a sus recuerdos. Aquí tuvieron suerte, les unió; en otros casos, se sacan los ojos por cada pertenencia...
Hola Campirela,
Creo que llegas a buenas conclusiones. No lo escribí con el ánimo de dar lecciones, sino de que las ausencias hay muchas maneras de afrontarlas y no siempre son eficaces.
Siempre es un placer participar.
Un saludo
Hola Chica,
Muchas gracias por por el comentario. Para cubrir una ausencia es necesario el olvido, lo cual nos hace inhumanos, sin embargo el consuelo la alivia.
Un saludo
Olá Chica,
Muito obrigado pelo comentário. Para suprir uma ausência, é preciso esquecer, o que nos torna desumanos, porém, o consolo alivia.
Tudo de bom
Estoy de acuerdo, a veces no queda ni eso.
Un saludo
Hola Roselia,
Muchas gracias por el comentario. Hay sentimientos enfrentados, sabemos que la vida tiene un fin, pero nunca estamos lo suficientemente preparados para afrontar las ausencias. Los recuerdos, cuanto más felices mejor, siempre nos ayuda a sobrellevarlo a la vez que los demás van rellenando ese hueco.
Un saludo
Olá Roselia,
Muito obrigada pelo seu comentário. Há sentimentos conflitantes; sabemos que a vida tem um fim, mas nunca estamos realmente preparados para enfrentar as ausências. Quanto mais felizes as lembranças, melhor; elas sempre nos ajudam a lidar com a situação enquanto outros preenchem esse vazio.
Atenciosamente
Hola Buscador,
Efectivamente que es una historia que se repite, es ley de vida. Que sea dolorosa nos hace humanos, sería peor que nos resultase indiferente.
Un saludo
Hola Erik,
Perdona pero no sé lo que has querido decir. ¿Que cada vez somos más indoiferentes? Es posible, depende de cada uno y ya sabrá si es más o menos persona.
Un saludo
Hola Diva,
Agradezco mucho tu comentario y me haces sentir orgulloso de lo que he escrito. Muchas gracias de nuevo.
Un saludo
Hola Mujer de negro,
Como dijo Biscador, es una historia que se repite, pero no por ser repetitiva alivia. El alivio lo da el consuelo que encontramos en los demás.
Un saludo.
Hola Sylvia,
Y qué razón tienes. Claro que eran pequeños objetos, una pluma, una corbata, una Biblia, ya veremos qué pasa cuando se tenga que heredar la mansión. Hay de todo, esperemos que acabe triunfando la familia, si no hay más voces discutiendo... posiblemente vaya bien.
Un saludo
Tu relato tiene un corazón generoso y una moraleja clara y reconfortante: el amor y los recuerdos compartidos son lo que realmente llena los vacíos que deja una pérdida.
El final, donde la familia se reúne y sonríe, es sanador.
Saludos.
Cuando la familia encuentra su refugio dentro de la propia familia, todo se digiere mejor.
Casi siempre me dejas pensativa con tus letras. Me encanta como transmite ese momento de reunión familiar que permanece en nuestro recuerdo.
Un abrazo
Seguimos viviendo en lo que sembramos, ya sean obras, palabras, costumbres, familia. Emotivo texto. Un abrazo
Hola Marcos,
Muchas gracias por tan amable comentario. Creo que la familia debe ser la fuente del consuelo.
Un saludo.
Hola Maia,
En eso estamos de acuerdo. Muchas gracias por comentar.
Un saludo
Hola Nuria,
Muchas gracias por el comentario y esa opinión tan generosa.
Un saludo,
Hola Mónica,
¡Qué razón tienes! Muchas gracias por comentar y tu opinión.
Un saludo
Realmente ese era su fabuloso legado, pero todo requiere su tiempo, hasta para darse cuenta de eso.
Un abrazo
Hola Tracy,
Tienes toda la razón, tardamos mucho en darnos cuenta del valor de las cosas y más en apreciarlo. Muchas gracias por el comentario.
Un saludo
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