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17 mayo 2026

CUERVO INGENUO

 Cuervo ingenuo.

 


Javier Krahe nos regaló esta canción en 1986. Era una crítica a un PSOE y Felipe González que en aquellos momentos eran exultantes. También fue la primera censura de nuestra democracia. Una censura discreta, la canción no se emitió en RTVE que dio paso a publicidad y no se le hizo mucha propaganda. Pero hace alusión a lo que el cantante considera los incumplimientos de Felipe González.

Javier Krahe no era un cantante de grandes espectáculos. Prefería cantar en los escenarios de bares, cafés o locales de copas. Si lo hizo fue como acompañante, que no telonero, del cantante que daba la función. No es de extrañar. Era como el niño terrible que, puestos a criticar, no deja títere con cabeza. Sus canciones suelen contar una historia argumentada, la mayoría en clave de humor, para que uno se ría a la vez que traga bilis. En esta canción, la dosis de bilis es mayor que la del humor. Es una protesta en toda regla.

Vista desde la perspectiva actual, a Javier Krahe se le castigó con el olvido y creo que sus compañeros de la movida le dejaron abandonado. Más tarde si le prestaron su apoyo, pero no cuando hizo falta, todos tenían una carrera por delante. Pero nos recuerda que, ya en 1986, se empezaba a cambiar de opinión en lo que se refiere a la política.

En el año 2023, Pedro Sánchez justificó su mentira o cambio de opinión sobre la amnistía recordando que Felipez Gonzalez cambió la suya sobre la permanencia en la OTAN, que Aznar cambió la suya con respecto a Irak, que Zapatero también tuvo cambios de opinión y que Rajoy prometió que no tocaría los impuestos para subirlos todos, de forma que él no era una excepción. Algo que nos viene a recordar, en definitiva, que todos los ciudadanos somos objetos de engaño. Javier Krahe lo hacía con mejor gusto.

26 septiembre 2024

HACIA LA TIRANÍA (II)

HACIA LA TIRANÍA (II)

De lo que no se dice.

Los políticos siempre presentan una cara de la moneda y mantienen oculta la otra. Generalmente declaran en palabras sencillas y fáciles de entender sus promesas, pero sus objetivos e intenciones se manifestan más en lo que callan. Se aprovechan del entusiasmo de su audiencia y de su falta de capacidad de análisis. Cuando Pedro Sánchez anunció que no iba a haber recortes pocos se plantearon de dónde iba a salir el dinero, en su silencio iba implícito un aumento de la carga impositiva y una intención de endeudamiento. Cuando Pablo Iglesias recordó que todos los españoles tenían derecho a una vivienda digna, sin promover construcción de viviendas ni plantear su financiación, estaba dando vía libre a la okupación. Cuando Aznar o Rajoy proclamaban que España iba bien, olvidaban el hecho de que a los españoles no les iba tan bien. Rodriguez Zapatero se negó a pronunciar la palabra crisis durante casi seis meses, como si el hecho de negarlo evitase la existencia de una crisis que acabó estallándole.

 ¿Podemos culpar a los políticos? Exclusivamente no. El público también participa de la culpa. No ejerce su derecho a la crítica ni practica el análisis. Cuando un político haga un anuncio no hay que quedarse sólo con el ¿qué? y el ¿para qué?,  hay que profundizar un poco más en el ¿con qué? y en el ¿cómo?, plantearse si el ¿para qué? que se propone el político coincide con el nuestro y sobre todo ¿cómo y en qué me va afectar su promesa? Invitémonos a hacer un ejercicio de autosinceridad con nososotros mismos respondiendo a la pregunta ¿Ha mejorado mi vida con Sánchez?¿Ha cumplido con sus compromisos?¿Me ha beneficiado en algo? El mismo ejercicio lo lo podemos hacer con cualquiera de los dirigentes actuales. Pocos obtendrían una evaluación positiva.

Si nos damos cuenta, actualmente la democracia se basa en una campaña electoral en la que los políticos nos hacen promesas y piden nuestro voto para, posteriormente, estar cuatro años exigiendo nuestro dinero, nuestro esfuerzo y nuestro acatamiento a sus medidas.

Por inteligente que sea el político de turno no puede lanzarse a largar proclamas, promesas y, a la vez, mantener silencios. Por muchas deficiencias que tenga su publico, siempre se podrán detectar contradicciones. Debe seguir un programa de comunicación, saber que es lo que dice, lo que no dice y cuando hacerlo. Para eso entra el aparato del partido.


26 enero 2007

¿QUIEN DIJO MIEDO?

Don Alfonso Ussía es, sin ninguna duda, un gran escritor. Expone con claridad sus opiniones, con una elegancia que daría gusto compartirlas, y hace sus descripciones con una crudeza que no invita a discrepar con él. Por tanto espero que me perdone esta discrepancia, primero porque no creo que me conozca, segundo porque no creo que llegue a leer estas líneas y tercero porque creo que, además de un buen escritor, es un buen hombre que admite cualquier clase de opinión. Asegura que fue la cobardía del pueblo español la causa de que el señor Zapatero hubiese sido elegido en las últimas elecciones. Disculpe, pero discrepo, ya que no creo que fuese la cobardía de nuestro pueblo la causante.
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Creo que nuestro modo de ver las cosas es más negativo, no considero que nuestra sociedad resulte cobarde, quizás poco seria, pasional, indecisa o cómoda definirían mejor su carácter, pero no cobarde. Creo que dentro de nuestro carácter no queremos, ni quisimos, que un partido como el PSOE gane las elecciones, pero preferimos que las pierda el PP. Creo que esa es la diferencia, tendemos más al rechazo de las opciones que a la búsqueda de las soluciones. Digamos que nuestra sociedad tiene esa costumbre de responder a la pregunta "¿Dónde vamos?" con un "Donde tu quieras", cuando sugerimos el lugar que nos gustaría ir, por ejemplo "Parque del Capricho", surge el inconveniente que sin decir no, significa que no iremos: "Está muy lejos", así vamos desgranando una lista hasta que por fin surge el lugar deseado. Algo así pasó en las elecciones del 14 M: Preferimos que perdiera el PP.
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Otro rasgo que nos define es nuestro rechazo a cualqier forma de poder y al que la ejerce. En este sentido Don José María Aznar ejerció de presidente, no mostró ninguna duda en cuanto a la toma de decisiones, fuesen correctas o no, era presidente para eso, y quedó claro quien mandaba en España. No importa que tanto España como los españoles lograsen subir un peldaño en cuanto a consideración y estatus. La figura de un presidente con autoridad, sea bueno o malo, no gusta a los españoles.
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Enfrente estaba el señor Zapatero, dando la representación de un colega que denuncia todo lo malo y algo de lo bueno. El amiguito que cuenta y escucha las historias con esa sonrisa que no transmite nada, alguien que sin ser simpático cae bien, como ya he dicho: un colega (no un amigo). Esta apariencia es lo que nos gusta a los españoles, y además que se enfrenta al poder establecido. Siempre hemos apoyado a David, incluso cuando tenemos que ejercer el papel de Goliat, así se explica que el apoyo a Zapatero no haya caido en picado, porque el colega ha resultado ser indeciso, sorprendido, ha ido a remolque de la situación, ha hecho más enemigos que amigos y de lo que menos dispone es de respeto, y por extensión esa falta de respeto llega al país del que es presidente del Gobierno.Algo que también nos gusta, ya que resulta una excelente excusa para protestar.
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Pero los españoles no somos cobardes, somos ácidos, nos gusta ser independientes y por ende asociales, quizas por eso votamos socialista. Nos gusta reirnos de todo, y sobre todo de nosotros mismos. No dejamos de ser quijotes. El realista, práctico y prgmático Sancho Panza siempre será el escudero, mientras que el caballero seguirá viendo una situación destorsionada en la que los problemas secundarios adquieren un papel princiapal. No somos cobardes, pero nos puede el negativismo, preferimos el sacrificio, aunque sea vano, mientras otro pierda. No reconocemos como negocio un beneficio mutuo, el verdadero negocio en España resulta que otro salga más malparado que nosotros. Pero no somos cobardes.
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17 septiembre 2006

DE POLÍTICA Y POLÍTICOS

http://elmundo.es/elmundo/2006/09/17/espana/1158484957.html

No siento ninguna admiración por el Presidente Zapatero, lo mismo que no la sentí por el Presidente Aznar. Tampoco creo que haya que hacer una reflexión de cual ha sido o es mejor, ni me importa ni me lo parece. Mientras Aznar era antipático, Zapatero es demasiado dulce. Si uno no dejaba comer, el otro indigesta. Creo que ambos gobiernan fieles a sus principios, se guían por lo que es conveniente o no, pero atienden más a su partido que al conjunto de la ciudadanía. Don Mariano Rajoy ha tomado el relevo en el Partido Popular, la derecha, los que ahora ejercen de villanos, a la izquierda, los que ejercen de tiranos, Don José Luis Rodriguez Zapatero fue un compromiso cuya elección resultó una sorpresa, en realidad estaba tan descolocado que tardó un mes en nombrar Gobierno.

Pero al turrón, hoy tiranos y villanos se tiran los trastos a la cabeza, ya no hay razones que esgrimir, todas se han acabado. Sólo quedan descalificaciones y recurrir los unos a un futuro y los otros a un pasado, en todo caso apocalípticos. Día a día me van convenciendo de que no nos gobierna mejor partido, sino el menos malo y, en ocasiones, el que mejor insulta. He llegado a la conclusión de que no me identifico con ninguno de los dos, de que simplemente mis ideas no congenian en ninguno de sus programas. Las otras alternativas, esto es Izquierda Unida (¿alrededor de un nucleo sin programa?¿Siguiendo a esos que consideran un éxito perder la mitad de los escaños porque pierden unos cuantos las derechas?) no presenta algo lógico o convincente y los nacionalismos presentan como futuro un paisanismo paleto y excluyente.

No hay alternativas y el presente es un guirigay, afortunadamente viven de espaldas a los ciudadanos, que casualmente votaron mitad y mitad. Y el gran fallo de lo que hay es ese, ya no se trata de convencer, sino de enfrentar, que la división que un día constataron las urnas se haga una brecha más grande. Podemos hacernos dos preguntas: ¿Qué clase de pueblo somos que estamos dispuestos a votar a estos señores? ¿Qué clase de pueblo se creen que somos que se creen que nos pueden convencer recurriendo al "tu eres más malo"?