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10 junio 2020

REPARTO DE RESPONSABILIDADES


CRONICAS DEL CORONAVIRUS (II)
Empleamos una mirada exigente. Mientras no alcancemos el éxito- superar la pandemia y superar la parálisis económica – estamos instalados en el fracaso. Y siempre la pérdida de vidas oscurecerá este tiempo. Pero no por eso debemos dedicar nuestros esfuerzos a endosar la responsabilidad a otros, ese viejo expediente de buscar un culpable, siempre ajeno. Ese truco balsámico, pero poco certero. E inútil para alcanzar metas.
Xavier Vidal Folch.



El COVID-19 ha dejado patente la vulnerabilidad de nuestra sociedad, si recurrimos al léxico militar, aunque a algunos no le guste, hemos sufrido el equivalente a un ataque biológico secuencial, empezando por China, extendiéndose por Asia, atravesando el mundo hasta llegar a América pasando por Europa, Rusia y África en un trimestre. A la mayoría este ataque les ha cogido por sorpresa, aunque hayan podido tener algún tiempo para prepararse.

Hemos intentado buscar culpables, tarea inútil. El único culpable de esta pandemia es un virus, el recurso fácil es pagarla con la explicación más simple o la conspiración más rocambolesca, desde una sopa de murciélago, la celebración de una manifestación, soldados americanos esparciendo el virus en China o laboratorios chinos desarrollando este virus. Indudablemente, aunque no haya culpables, hay muchas responsabilidades.

En España tuvimos un aviso, la cancelación del Mobile World Congress, aunque ahora parezca justificada, en su momento trajo controversia tanto social como política. No sabemos, y probablemente nunca podremos saber, cómo influyó esta cancelación en el número de casos habidos en Barcelona y en la evolución de la enfermedad en esta ciudad. Si se celebró la FITUR en Madrid, tampoco sabremos cómo ha influido en los casos habidos en esta ciudad y nunca podremos determinar cuántos habría habido si no se hubiese celebrado. Lo que si puede ser cierto es que la celebración de la feria y la cancelación del congreso han influido, de acuerdo con lo publicado en elpais.com el 23 de abril, el coronavirus entró en España en febrero y por 15 vías distintas. Ya dentro de la pandemia, el 8 de marzo, se celebró una manifestación multitudinaria y feminista con eco en otras ciudades, está claro que muchas de las mujeres que participaron en ellas pudieron llegar a casa borrachas, pero no solas, sino acompañadas por un virus. Ese mismo día se celebró un congreso de VOX en la plaza de toros de Vistalegre en la que se reunieron 9000 personas (un ¿éxito? De convocatoria). También miles de personas asistieron a los estadios para ver jugar a sus equipos. Tampoco sabemos cuántos miles de personas visitaron bares, restaurantes y locales de ocio y copas ese fin de semana. También es verdad que esa misma semana se publicó y anunció en los medios de comunicación que las autoridades sanItarias europeas y la OMS consideraban que no era adecuado celebrar esas manifestaciones. También sabemos de las dudas que se planteaban para disputar los partidos de fútbol a puerta cerrada. ¿Hay responsables?

Por supuesto que hay responsables, pero no solo uno, deberíamos considerar que ha habido una cadena de responsabilidades en la que bastaba un eslabón para romperla. El primer eslabón de la cadena es el Gobierno por haber permitido, incluso animado, participar en cualquiera de estos actos, por supuesto, pero también es cierto que el Ejecutivo no estaba presionado para cancelar ninguno de ellos, de hecho habría sido muy criticado si hubiese cancelado cualquier evento. Indudablemente tiene su responsabilidad, y debería dar explicaciones y no delegarla los expertos (“nosotros hicimos lo que nos dijeron los expertos”). Los expertos establecen un escenario para facilitar la toma de decisiones, si tienen que explicar algo es porqué se equivocaron en el diseño de este escenario, si es que lo hicieron, y hasta ahí llega su responsabilidad, el Gobierno deberá explicar más detalladamente su decisión.

El segundo eslabón lo forman los diferentes organizadores de los eventos, la Comunidad de Madrid, su Ayuntamiento y su Cámara de Comercio pudieron cancelar la FITUR o posponerla, como hicieron los organizadores del Mobile World Congress pese a las presiones del Gobierno, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. También las delegaciones asistentes pudieron renunciar a participar. La dirección de VOX pudo también posponer su congreso o cancelarlo, pero prefirió celebrarlo (quizás como desafío a la manifestación). Las directivas de los clubes pudieron hacer que se disputasen los partidos a puerta cerrada, pero optaron por las multitudes. Los propietarios de bares y locales pudieron cerrarlos o limitar su aforo, pero tomaron otra decisión. Todos ellos tienen su cuota de responsabilidad, no sirve decir que no sabían nada y que nadie les indicó que debían cerrar su negocio, ninguno tenía la obligación de mantener abierto, o celebrar partidos y congresos.

Y hay un tercer eslabón, el formado por las personas, nadie estaba obligado a asistir, todos tuvimos la oportunidad y acceso a la información para tomar nuestra decisión. En todo caso la asistencia a ferias, congresos, manifestaciones, partidos y juergas fue un acto voluntario, fruto de una decisión de la que cada uno es responsable. Después de todo, las decisiones que toma cada uno son la base de su libertad individual.

El pretender hacer al Gobierno responsable exclusivo, delata la intención de hacer que el Estado asuma un papel tutelar sobre nuestra vida negándonos el ejercicio de nuestro propio albedrío. En resumen, debemos exigir muchas responsabilidades, empezando por nosotros mismos, y admitir que podemos ser parte del error.

En este ambiente, pensamos que estamos haciendo frente a una crisis sanitaria y que ésta implicará una crisis económica. Es quedarse corto, en realidad estamos haciendo frente a una crisis del sistema en la que diferentes ideologías quieren tomar o reafirmar posiciones. Antiglobalización contra globalización, república contra monarquía, ricos contra pobres, nacionalización contra privatización y un largo etcétera que podemos resumir en un enfrentamiento entre los que quieren liderar los cambios a los que tendremos que hacer frente, eso que han dado por llamar “la nueva normalidad”. Pero todos tienen el denominador común de tener una visión simplista y generalizada de la sociedad. A la hora de razonar, que pocas veces llega, generalmente se han justificado las ideas en condicional (si hubiésemos sido república…, si no hubiera habido recortes…, si fuésemos independientes…, si Pedro Sánchez no fuese presidente del Gobierno…, si no hubiese habido manifestación) que no dan, por sí, ningún rigor a la opinión limitándose a ser propaganda. El caso es que nos estamos moviendo entre la crítica más exacerbada y la autocomplacencia, sin permanecer en un punto medio que nos dé una perspectiva que permita contemplar la situación sin deformarla.

Nos han dicho que el virus no hace excepciones y que nos iguala a todos. Además han declarado día tras día, como un mantra y desde todas las tribunas y medios posibles que “nadie se va a quedar atrás”, pero a la fecha que se escribe ya se han quedado por el camino más de 27.000 personas. El 23 de abril el vicepresidente del Gobierno en rueda de prensa ha declamado que el virus no pregunta por ideologías y que no hace diferencias, pero los humanos preguntamos por la edad para establecer criterios de tratamiento en las unidades de cuidado intensivo. De una forma u otra tenemos que hacer diferencias.

Y es verdad que en esta súbita igualdad se han permitido excepciones, o se han pretendido establecer. Cada uno se ha fijado en su mundo, los deportistas han dicho que su trabajo es el deporte y, por tanto, podrían no estar sujetos al confinamiento, afortunadamente esta iniciativa no prosperó. También los diabéticos necesitaban caminar, como los autistas, y en vez de comprensión encontraron insultos y reproches desde las ventanas de sus vecinos, hasta el punto de llegar a haber una iniciativa de portar un brazalete azul para distinguirlos, algo tan necesario como como llevar una estrella de David bordada en la Alemania nazi. Un triste ejemplo de que también sale lo peor. Cuando la gente de la cultura ha visto que sus subvenciones podrían verse perjudicadas, cuando el ministro de cultura declaró que las ayudas tendrían que llegar cuando terminase la crisis, amenazaron con un silencio digital. Parece que la solidaridad de algunos artistas era un tanto interesada. Como deportistas y artistas, animalistas, ambientalistas y feministas han seguido a lo suyo.

Dentro de los privilegios también ha salido a relucir cierta hipocresía, muchos de los que han defendido vehementemente la sanidad pública y denostado a la privada han optado por tratarse en esta última. Es el caso de la ministra Carmen Calvo que fue ingresada en la clínica Ruber, se explicó que los funcionarios tienen un convenio, deberemos entender que este convenio beneficiará a unos funcionarios determinados, desde luego a todos no. En todo caso, no es una escenificación muy coherente con las ideas que se defienden.

Hay quien se ha escapado de la dictadura de los balcones y se ha ido a dar una vuelta fuera de su casa, con cualquier excusa (trabajo en Madrid, pero mi domicilio familiar está en Galicia) o sin ella. Muchos que ocupan, han ocupado o piensan ocupar un cargo en el que tienen dar ejemplo han faltado a este deber.

No podemos olvidar que asistimos a una crisis del sistema, la sanidad ha estado a punto de colapsar, el sistema económico tiene que recuperarse, en lo laboral ha aumentado el número de parados y habrá que financiar todas las subvenciones y pagas que se anuncian, lo cual obligará a modificar deuda e impuestos. ¿Y todo esto porqué?

El primer motivo es un mal endémico español, no ha habido un planeamiento nacional, se puede asegurar que en décadas no se ha contemplado cómo reaccionar ante una pandemia coordinadamente entre todas las instituciones nacionales y autonómicas. Podrían existir protocolos, pero aislados. La coordinación se ha tenido que hacer precipitadamente, ha sido improvisada, con desacuerdos y pocas referencias, que es lo que da el planeamiento. Y es que en España lleva tiempo siendo imposible planear a largo plazo o establecer una política nacional articulada debido a una manifiesta incapacidad para acordar, podemos comprobar que repercute en la sociedad. Se discute, se levanta la polémica, se toman posiciones inamovibles, la opinión prevalece sobre los objetivos a lograr y cuando llega el momento de actuar estamos inmersos en los desacuerdos y, cuando hace falta unidad, hay una multitud descoordinada afeándose actuaciones y diciendo lo que hay que hacer.

Nuestra sociedad, que ha sabido mantenerse unida en el confinamiento, se va crispando. Pese a las buenas intenciones mostradas al comienzo de esta especie de arresto; la industria textil se puso a hacer mascarillas (al menos así lo anunció el gobierno), talleres textiles se pusieron a hacer mascarillas de forma voluntaria (así se mostró en televisión); laboratorios de investigación se lanzaron a hacer respiradores. Otras industrias especializadas empezaron a hacer EPIs y otras test. Un mes más tarde sigue habiendo carencias, el proceso de homologación es un cuello de botella para todo el esfuerzo que se está haciendo. Tiene que haber responsables que sean capaces de explicarlo.

En la última semana de abril los parados están esperando una paga que llegará tarde, de nuevo hay un cuello de botella en la revisión de documentaciones. La burocracia no ha sido afectada por el virus, en vez de flexibilizarse o agilizarse, se ha vuelto más lenta si cabe. De esto tiene que haber responsables.

Por otra parte estamos pidiendo menos restricciones al confinamiento, aun cuando no se dan las garantías para que se pueda iniciar la desescalada. Y anuncian que ésta va comenzar antes de que se haga el estudio de seroprevalencia, que llevan dos semanas anunciando y retrasando.

Han salido por fin lo niños a la calle y, desde los balcones y las ventanas, resulta fácil ver con a los niños con más acompañantes de los que debería, en los patios y espacios abiertos jugando al fútbol sin mantener una distancia, se trata de un deporte de contacto, y algunos padres se ausentan para charlar entre ellos, asumiendo una separación  que se antoja muy lejana. Otra madre juega con su niña en los columpios, es comprensible el deseo irrefrenable de la niña, es difícil entender que la madre sea incapaz de frenarlo. Estas imágenes también se han repetido en la televisión. ¿Es posible que haya un repunte de la enfermedad?¿A quién se pedirá responsabilidades?

Cuando por fin se ha podido salir a dar un paseo o a hacer deporte, como es lógico, la gente ha ido donde le gusta ir a pasear o a correr. Lugares específicos para ello. Dentro de esta lógica, en los mejores lugares se han concentrado deportistas y viandantes. Y allí se han encontrado algunos deportistas en grupo, algunos ciclistas en pelotón y algunos peatones en corrillos. Donde todo el mundo va a lo largo del día, han tenido un total de siete horas, teniendo en cuenta que hay franjas horarias en que la presencia es testimonial, hay concentraciones, aunque unos intentan mantener las distancias, a  otros les da lo mismo. En realidad somos muy predecibles y difíciles de controlar. En fin que además de con el COVID-19 tenemos que convivir con irresponsables dispuestos a culpar y considerarse víctimas. 

Cada uno es responsable de sus decisiones, lo cual implica que nosotros, cada persona, tiene una responsabilidad individual.


Algunos artículos relacionados con este tema:

“Del fracaso y del éxito”, 30 de marzo de 2020, elpais.com. Xavier Vidal Folch. Artículo donde se toma el encabezamiento de este artículo, una reflexión conceptual de lo que son los objetivos.

“Pan y wifi”, 2 de abril de 2020, elpais.com. Luz Sánchez- Mellado. Sobre la gestión y la crítica de la misma. En mi opinión la izquierda progubernamental tiende a ejercer una especie de censura basada en lo políticamente correcto.

“La otra pandemia”, 4 de abril de 2020, elpais.com. Julio Llamazares. Una crítica a los que critican, pero un tanto falaz. Nadie se ha quejado de las medidas sanitarias que ha tomado el Gobierno, excepto el ruin Torra. Pero si se han quejado en algunos casos, con razón, de gestiones, actitudes y declaraciones. Efectivamente, no somos un país de expertos pero, en ocasiones, cuando distinguimos propaganda y maniqueos o no hay una respuesta a nuestras dudas, nos queda el derecho de protestar. 

“El gobierno y los expertos”, 6 de abril de 2020, elpais.com. Juan Luis Cebrián. El autor nos dice que la actual crisis ha puesto en evidencia al actual sistema.

“Los límites del capitalismo de vigilancia”, 8 de abril de 2020, el país.com. Andrés Ortega, José Balsa Barreiro, Manuel Cebrián. Sobre el fracaso de la tecnología y de las redes sociales en la prevención y control de la crisis.

“La ciencia española no ha funcionado bien”, 15 de abril de 2020, elpais.com. Javier Sampedro. Breve artículo en el que se denuncia que no ha habido una buena conexión entre los científicos (expertos) y los políticos (aunque creo que ellos no tienen buena conexión con nadie).

“Cómo es la gente”, 19 de abril de 2020, elpais.com. Elvira Lindo. Un delicioso artículo en tintes positivos que considera que la gente está a la altura y que los políticos, además de no estar a la altura, la subestiman.

“Lo nuestro”, 20 de abril de 2020, elpais.com. Almudena Grandes. Breve artículo sobre la solidaridad y la hipocresía, hay una alusión a los artistas-famosos

“Padres, disuélvanse”, 27 de abril de 2020, elpais.com. Íñigo Domínguez. Artículo en el que el autor explica que se saltó las normas, que no es tan importante respetarlas, y que  es más grave que un agente te recuerde que tienes que respetarlas. Según él sus hijos aprendieron tres cosas, pero después de leerlo creo que aprendieron una cuarta: su padre es todavía más tonto.


04 noviembre 2018

EL PRESIDENTE NAUFRAGO

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

Pues hoy los periódicos se despachan con Don Pedro Sánchez. En elpais.com podemos leer un artículo que escribe Don Manuel Labois y se titula “Pedro Sánchez nunca estuvo ahí”, en él se nos cuenta los sucesivos cambios de opinión del señor presidente desde su ofuscado y cabezota “no es no” hasta el presente, señalando que parece que hay grandes diferencias entre el aspirante Sánchez, el opositor Sánchez y el presidente Sánchez.

Elmundo.es publica otros dos artículos. Uno se titula “Lafelonía de Sánchez”, lo escribe Don Francisco Rosell, y hace un repaso de lo que el autor considera sucesivas claudicaciones. Aparte, en el mismo diario, Don Javier Redondo firma el artículo titulado “Sánchez según Lenin” en el que, recordando a la revolución rusa, le da el papel de Lenin a Pablo Iglesias Turrión y a Don Pedro Sánchez el de Kerensky (creo yo, ya que no se menciona este nombre, pero si el término “socialchovinista”).

En todo caso los tres artículos presentan a un presidente del gobierno, más que limitado por las ataduras de sus aliados en la moción de censura, gobernado por ellos, mal acompañado, mal asesorado y mal defendido. Y creo que es cierto, Pedro Sánchez se encuentra de espaldas a la Constitución, a España y a la Monarquía, no tanto por convencimiento sino porque sus aliados en la moción le están empujando a ello. Y sus aliados no le ayudan.

Los independentistas han demostrado no querer más diálogo que el de cómo alcanzar sus objetivos. El presidente, con la misma obstinación del “no es no” ha hecho todo lo posible por mantener la relación con ellos con la esperanza de un diálogo. Para eso ha hecho cambiar a la abogacía del estado la acusación de un delito de rebelión por el de uno de sedición. Como resultado le han dado un portazo, ridículo para él y humillación para los españoles.

Su segundo aliado, el populista Podemos, se ha apresurado a atribuirse el papel de cogobernante y Pedro Sánchez le ha dejado asumir este papel. Los representantes de Podemos no han tardado mucho tiempo en arrogarse el mérito de la subida del sueldo mínimo, un tantra que repiten siempre que pueden y con el que justifican todas las acciones que han emprendido. Como que Pablo Iglesias hable con Junqueras y Puigdemont y luego se permita recomendar al presidente hacer gestos, y éste los ha tenido. Todo ello hace preguntarse quién gobierna en España. O mejor dicho, qué es lo que gobierna Pedro Sánchez. A día de hoy, creo que sólo gobierna para exhumar el cadáver de Franco. En el resto de los asuntos la pauta se la marcan sus aliados.

Pero no son estos sus únicos problemas. El gobierno que preside ha dado en muchas ocasiones muestras evidentes de descoordinación (el que una ministra desmienta un impuesto diciendo que es un globo sonda del presidente es una metedura de pata de libro). Algunos de los miembros del ministerio tienen una catadura moral que su presidente ha puesto en duda cuando la tenían ministros de otro gobierno. Y, el peor de todos, una vicepresidenta que le siega los pies y que, con cada intervención, hace que crezcan los enanos del circo presidencial. Su equipo para gobernar resulta ser un problema tan grande como el de sus aliados.

En fin, creo que es uno de esos momentos en que un presidente debería reflexionar sobre el papel que está jugando. ¿Se puede hacer respetar la Constitución, y a las instituciones del estado, cuando todos sus aliados están en contra de ellas? ¿Se puede dialogar con los que no dialogan? ¿Se puede gobernar con los que mangonean? ¿Se puede ser capaz rodeado de incapaces?

21 julio 2015

LA CLAVE DE LOS PROBLEMAS

Leo hoy en elpais.com una gran cantidad de artículos relacionados con la próxima consulta electoral de Cataluña, sobre todo en los artículos de opinión. Todos cubren un abanico muy amplio, tan diverso como el arco iris. En todos se hace un análisis pormenorizado y detenido de ciertos factores, empezando por el señor Artur Más, siguiendo por el entrenador Josep Guardiola, por lo que dice la Constitución, o por lo ilegal o no de un proceder. En ocasiones tantas particularidades nos hacen olvidarnos de lo global, de las preguntas clave, al no hacernos esas preguntas clave podemos atender a cualquier explicación, y podemos justificar cualquier tontería... con ello me permito recurrir a la primera clave del problema: que no es el hecho de que alguien diga tonterías, falacias o falsedades sino que alguien esté dispuesto a creérselo.
 
Y esa es la primera clave, el hecho de creerse oprimidos, esgrimido por el nacionalismo catalán, o el hecho de ver épica independentista en un problema social de hace ya casi trescientos años, o el hecho de no saber apreciar los sacrificios que Cataluña ha costado a los españoles a la vez que sólo se valora el beneficio que disfrutamos mientras Cataluña sea parte de España. De todo ello hay una consecuencia: los nacionalistas han acentuado las diferencias, han obviado lo positivo y señalado lo negativo, han exagerado (cuando no mentido) sobre las circunstancias que confluyen en esta situación.
 
Pero, no nos olvidemos, esta situación es fruto de un sentimiento. Podemos hablar de legalidad, de derechos, de lógica y de futuro, pero los sentimientos no conocen lógica ni razón, se alimentan de ilusión, y esta ilusión es la que explota el nacionalismo. Lo triste es que el nacionalismo está claudicando ante todo por una idea, la independencia, provocando que pueda pasar lo peor: que el fin justifique los medios, y una vez dado el primer paso cualquier cosa que justifique el fin es válida. Este primer paso se dió impunemente hace mucho tiempo, los que tenían que haber tomado medidas no las tomaron y hoy tendrán que tomarlas más severas que entonces. No intenten poner nombres, de una forma u otra, fuimos todos los que dejamos que se justificasen los medios.
 
Otra de las claves la expuso don José Ortega y Gasset en su libro "La España Invertebrada", en torno a qué se construye España, cuál es su esencia, en resumen, qué la vertebra... no hay una respuesta todavía. Pero entre todo lo que podía vertebrar Cataluña se ha escogido lo más abyecto (y ahí pierden la razón): el desprecio, cuando no odio, a lo español. No se construye nada creando a un enemigo, cualquier unidad que provoque el enemigo, en este caso artificial, será temporal y solo durará lo que dure el enemigo.

27 marzo 2007

LA OBECECACIÓN Y EL PELIGRO

Es una frase muy repetida, pero no recuerdo quien lo dijo, "Ay de aquellos que no sepan su pasado porque están condenados a repetirlo". La verdad es que nuestra clase política, en su obcecación, está olvidando el pasado. Maniobras políticas, con la fijación de provocar la caída del gobierno, fueron la causa del Desastre del 98. La cabezonería política por enfrentarse en todos los ámbitos y el espíritu revolucionario, siempre intransigente, causaron la caída de la Segunda República en una Guerra Civil que se llevó consigo a miles, algunos dicen que un millón, de españoles. Hoy podemos constatar que no hay una política nacional y que no hay voluntad para llevarla a cabo. Todos se han obcecado en diferentes posiciones sin más opción que el “o con nosotros o contra nosotros”. Estamos empezando a pagar las consecuencias.
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En medio del rifirafe que hay entre derecha e izquierda sólo hay un beneficiado: los terroristas. La obcecación por la paz del PSOE conduce al PP a anticipar los hechos y basar en ellos convocatorias que parecen más un intento de motín que expresar una opinión. La obcecación por protestar del PP conduce al PSOE a querer aislar en el ruedo político a la derecha, con el paradójico resultado de excluir a demócratas e incluir a terroristas (de izquierdas, eso si).
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La obcecación en unos extraños principios hace que el PSOE se dedique a abrir heridas que deberían estar cerradas, promulgando una ley que parece querer convertir a los vencidos en vencedores y preservar el papel de asesinos a los que vencieron, justificando a los asesinos vencidos.
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La fijación independentista y el deseo desorbitado de mantenerse en el poder pueden provocar que ERC vuelva a provocar una crisis en la Generalitat, los hay que no escarmientan, con ese exclusivismo basado en un lenguaje diferente que consiste en denostar del resto de los españoles. .
Asimismo la obcecación de idealistas sin ideas está haciendo que la confrontación política se refleje en todos los ámbitos e instituciones, como consecuencia la sociedad se está envenenando y perdiendo su educación.
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A su vez los medios de comunicación, obcecados en su independencia, han perdido todo criterio objetivo y ejercen de caja de resonancia de la actual situación, culpando a unos y justificando a otros. De esta forma contribuyen a hacer las diferencias mayores y a crear heridas donde no debería haberlas. Nadie está a salvo porque la mayoría de nosotros pensamos tener un compromiso con nuestras ideas y principios y no con nuestra sociedad.
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Todo ello hace que nuestra democracia esté herida e intoxicada, cuando un periodista empieza a temer por la intervención de las Fuerzas Armadas, si alguien empieza a defender la figura del buen gobernador, aunque no sea electo. Cuando se justifican las injusticias y todo aquello que no esté contemplado en la Constitución no es más que el comienzo de nuestra agonía. Y todos seremos culpables.
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