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05 abril 2026

CUANDO LOS WC SON NOTICIA.

Cuando los WC son noticia.


Hace unos días se anunció que el portaviones “Gerald Ford”, la joya de la marina americana, tuvo que retirarse de la zona de operaciones por fallo de los inodoros, la forma elegante de llamar a los retretes. Hoy nos informa El Debate de “Una nueva avería en el WC de Artemis II:«Los astronautas se entrenaron para manejar la situación»”. No quiero saber en qué consiste ese entrenamiento pero, ya puestos, lo podrían haber recibido también los marinos de la Navy.

Resulta curioso que, ante un gran avance de la ingeniería naval y otro de la espacial, ambos porten retretes defectuosos. Me barrunto que defecar en gravedad cero tendrá sus problemas, como hacerlo en alta mar aunque no los mismos. Pero tras unos años de experiencias en la Estación Internacional, de transbordadores espaciales y de casi un siglo con portaviones en la marina, es de suponer que estos problemas deberían estar solventados. Me imagino una dieta a base de astringentes en ambas naves. Tampoco resulta inútil la pregunta de qué es lo primero que van a hacer al llegar los unos a puerto y los otros a la tierra, me creo que si a esos últimos los recoge un portaviones es mejor que no sea el "Gerald Ford".

Esperemos que no haya que cancelar la misión Artemis II por una diarrea inoportuna. Parece que, según nos explica el artículo, el fallo es parcial y puede ser subsanado. Por lo menos el retrete está operativo para aguas mayores. También reportan los astronautas malos olores en el aseo y es que hay cosas que nunca cambian.

El retrete espacial ha costado la friolera de 23 millones de dólares, el del transbordador Endevour costó 70 y también tuvo fallos, lo que significa un derroche de millones de dólares en una gestión de deshechos fallida. Parece que la tecnología en retretes de los Estados Unidos no es la más puntera del mundo. También se originan algunas derivadas como si el papel higiénico espacial utilizado será el idóneo. Pero todo hace parecer que esta tecnología se enfrenta a un desafío de mierda.

Es cierto que la aeronáutica se ha ido enfrentando, y superando, diferentes barreras. Se habló de la barrera del sonido, y se superó. Surgió después la barrera del calor, y todo apunta a que se le hace frente con éxito. Pero ahora se está levantando, por sorpresa, una barrera de mierda totalmente inesperada.

De seguir dando importancia a esta clase de noticias parece que el gran logro de las misiones Artemis no va a ser que el hombre pise la Luna, sino que consiga cagar en ella.  

12 noviembre 2024

IMPUESTOS

Impuestos.


Hoy Larazón.es publica en la opinión del Director un artículo con el siguiente titular “A la izquierda le gusta crear y subir impuestos”, el título lo dice todo. En él acusa al gobierno de despilfarrar y de ocultar la mala gestión económica. No sólo eso, anuncia que a pesar de la carga fiscal sigue habiendo una mala distribución de la riqueza.

Los impuestos suponen un gravamen de nuestra vida, pagamos impuestos por lo que ganamos (IRPF), por lo que gastamos (IVA), por nuestros vicios (tasas de alcohol, tabaco, bebidas azucaradas, bolsas de plástico), por nuestra vivienda (IBI), por lo que tenemos (Impuestos sobre vehículos), por lo que se regala (impuestos de donaciones), hasta por morirse (impuesto de sucesiones). Cualquier actividad que realice está ligada a un impuesto. La obligación de pagar los impuestos demuestra que no hay nada gratis.

Caemos en la trampa de la clase política, nos anuncia una y otra vez la gratuidad de unos servicios que pagamos con nuestros impuestos y que, en ocasiones,salen muy caros. Es fácil hacer demagogia con los impuestos con calificativos como “herramienta para redistribuir la riqueza” o con afirmaciones tales como “es lógico que el que más gane aporte más”. Y vemos que la la riqueza no se distribuye y nos olvidamos de que también es lógico que si trabajas más deberías de cobrar más.

Nadie niega la necesidad de los impuestos, es un deber ineludible. Pero también existe el deber de gastarlos eficientemente y no despilfarrarlos. Ahora hay tres campañas ministeriales en televisión. La primera es la de Hacienda con el lema “lo que das vuelve”, no parece que estén volviendo muy rápido los impuestos a los afectados de la DANA. El antiguo ministerio de consumo se gastó 80.000 € en una huelga de juguetes, una cantidad irrisoria, pero equivalente al monto de dos sueldos mínimos, ¿a quién volvieron esos dos sueldos mínimos? Parece que vuelve a los contribuyentes en forma de propaganda.

La segunda campaña a la que haremos mención es a la del Ministerio de Sanidad, en un anuncio aparece un hombre tapado y con el acompañamiento de una canción infantil retocada - “A mi burro le duele la cabeza” pasa a ser “A mi Paco le duele la cabeza”- para decir que no nos fiemos de los consejos médicos, el caso es que esta campaña tiene toda la apariencia de que el Ministerio de Sanidad quiere dejar patente su existencia y que, de vez en cuando, hace algo. No hay más utilidad en esta campaña.

La tercera campaña es del Ministerio de Cultura con el lema “derechos culturales”, extraño concepto que no deja claro lo que defiende ¿Qué es un derecho cultural? Wikipedia dice que son derechos humanos que hacen referencia a la diversidad cultural y el derecho de las personas a participar de la cultura. Pero su desarrollo origina tantas respuestas que sirven para confirmar la ambigüedad de estos supuestos derechos. Entiendo que puede haber un derecho (de acceso) a la cultura en cuyo caso para garantizar éste se podría facilitar las visitas (tanto presenciales como virtuales) a los museos (algunos están cerrando salas por falta de personal)y otro patrimonio. Pero por derecho cultural que cada uno entienda lo que quiera, según su cultura, por eso metemos en el mismo saco el derecho a hablar en una lengua, como el de ablación.Al parecer, menos los toros, todo puede ser un derecho cultural. En este caso a la propaganda se le suma la confusión.

Al gasto eficaz de los impuestos hay que unirle la rendición de cuentas, algo que es resulta cada vez más opaco. Se anuncian inversiones y los resultados de éstas tardan en hacerse tangibles. Resulta que en una sociedad tan avanzada como la nuestra no hay mecanismos para que un ciudadano pueda conocer la gestión de sus impuestos y la eficacia de la misma. No obstante recuerde “Hacienda somos todos”. 

29 noviembre 2019

LA SANIDAD

Panorama VIII

La sanidad es percibida por los españoles como su sexto gran problema, pero es el quinto que más les afecta. Es a la vez la joya de la corona del que gobierna y el caballo de batalla de la oposición. Al ser una competencia de las autonomías podríamos dividir este problema en diecisiete, aunque políticamente pueda ser un factor de diferenciación, ya que al estar sometido a diecisiete gestiones diferentes, implica decisiones diversas, servicios diferentes e incluso prestaciones disimilares. Una sanidad universal, en un país que dispone las infraestructuras para que así sea, se ve limitada por las propias administraciones: un andaluz, por poner el caso, no tiene acceso a medicamentos subvencionados fuera de Andalucía (a no ser que se meta en trámites burocráticos) tampoco podrá ser citado en una consulta que no sea en urgencias fuera de Andalucía. Esto limita la sanidad de calidad a un ámbito local, lejos de la universalidad.  No soy un experto, pèro, creo que funciona,a pesar de todo, aunque se podría mejorar en este aspecto. Aunque ya entraríamos en un problema de autonomías y no sanitario.

Creo que lo que nos hace percibir a la sanidad como un problema es que no tenemos clara la organización sanitaria, quizás pretendemos que los servicios de urgencias nos presten prestaciones que se deberían prestar en consultas. Intentaré explicarme un servicio de urgencias es responsable de que un paciente no se muera, de administrar la primera cura y el primer diagnóstico, pero no tiene porqué sanar al enfermos. Para eso están las consultas, que no son tan urgentes, para seguir la evolución y establecer el tratamiento correcto.

Y en este punto entramos en la clave del problema: masificación. Uno pide cita y se le concede de forma relativamente rápida en consulta de medicina general, si es para un especialista el plazo de espera ya se dilata y si es para una intervención pasas a la lista de espera que ya te llamarán. Esta masificación además se agrava por el hecho de que un paciente puede estar esperando un largo tiempo para luego ser despachado en cinco minutos, cuando en realidad le gustaría esperar cinco minutos y ser atendido en una consulta durante horas En este sentido hay bastante falta de compresión, que aumenta cuando el personal sanitario se comporta como un oficinista.

Pero no podemos combatir a la realidad, nuestra estructura social (cada vez más urbana) facilita esa masificación, siempre habrá un número limitado de hospitales, de médicos y de personal sanitario. Hay figuras que se van perdiendo o han desaparecido, sobre todo en los pueblos, como son el médico en su consulta o las casas de socorro, aumentan los centros médicos que concentran servicios, pero que en el ámbito rural obliga a largos e inconvenientes desplazamientos. Máxime si hablamos de un pueblo “fronterizo” entre dos autonomías, en este caso el desplazamiento puede ser aún más largo.

Vemos, por tanto, que las principales raíces del problema de la sanidad son la masificación y las diferentes gestiones de la misma. La masificación es coyuntural, los medios siempre serán limitados. Pero si se puede mejorar en la coordinación de las diferentes gestiones administrativas.