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11 octubre 2017

¿HABLAMOS? PUES HABLEMOS

Parece ser que seguimos sin darnos cuenta que la actual crisis catalana es un problema de estado que excede el ámbito político y el judicial. El govern está en rebeldía desde hace mucho tiempo y desde el gobierno nadie ha tomado ninguna decisión. Ha sido el rey el que ha dejado claro lo que el presidente Rajoy tenía que haber dejado patente hace mucho tiempo.

Hay quien quiere ceñirlo a un problema político, y por eso se llama a las conversaciones. La conversación tiene muchos pilares. En mi opinión los más significativos son el diálogo, una forma interesante de pasar el tiempo; el debate, una forma apasionante de enfrentar opiniones; y la negociación, la mejor forma de que las partes lleguen a un fin obteniendo beneficios. Pero iniciar contactos en términos de rendición no lleva a ninguna parte, es tan inútil como pretender curar una enfermedad dialogando con el médico, pero sin seguir sus instrucciones.

La solución de un problema de estado no es con mensajes de una longitud máxima de 140 caracteres, se solucionan con decisiones en todos los ámbitos: buscando unidad y apoyos, ganando a la opinión pública, haciendo respetar las leyes y, sobre todo, llevando la iniciativa.

Y hay muchas cosas de las que hablar... a mi me gustaría saber porque Podemos y sus afines sólo defienden el diálogo que les interesa. Me gustaría saber con quien han dialogado para tomar decisiones en los ayuntamientos que sólo favorecen a sus acólitos. Sin ir más lejos, no he visto que haya habido ningún diálogo a nivel municipal relacionado con el cierre de la Gran Vía, no hay dialogo porque beneficiará a todos los ciudadanos de Madrid, según los concejales de Ahora Madrid... pero para otras cosas (en las que no pueden decidir) si lo exigen.

También una conversación tiene que ser ágil, hay que tenerla bien preparada y saber que responder o hacer en cada momento. No se puede presumir de contemplar todos los escenarios y de tener muy claro lo que hay que hacer y, en contraposición, tardar más de dos horas pensando que declarar cuando se ha declarado la independencia... no da la sensación de que esté todo contemplado, es más, parece que han cogido al gobierno de España por sorpresa.

Particularmente, en este momento me parece absurdo que haya conversaciones. Lo primero porque hay muchos hablando y lo segundo, porque no hay nadie preparado para ello.


29 mayo 2010

REUNIÓN DE LA COMUNIDAD DE VECINOS

(Comentario provocado por el artículo "Clinton acusa a Brasil de hacer más peligroso el mundo", elpais.com, 29 de mayo de 2010).
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El otro día asistí a una reunión de vecinos, suelen ser tediosas y con más tendencia al marujeo que a solucionar problemas. Aunque no hay más asuntos que tratar, por lo general, que las cuentas y esos asuntos de escalera que dan la personalidad al vecindario. Pero en esta surgió algo especial: la esposa de un vecino del cuarto se quejo que un inquilino del primero se había comprado una navaja. Respondió una señora que vivía en el tercero que cómo se atrevía a decir eso cuando su marido (el de la del cuarto) disponía de dos escopetas, una pistola y suficientes cuchillos de cocina como para hacer de la casa un matadero.
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El secretario de la comunidad, que vive en un bajo, intentó poner orden diciendo que no podía tomar apuntes, sobre todo si los vecinos hablaban rápido y todos a la vez, que así no había forma de levantar un acta.
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Todos callaron y dejaron que la primera interlocutora hablase, adujo ella que su marido utilizaba las escopetas para cazar, los cuchillos para cortar los alimentos y la pistola sólo para defenderse. Por contra el inquilino del primero, que no le caía muy bien, quería la navaja no sólo para atemorizar a los vecinos, sino que también quería amedrentar a los habitantes de otros edificios. Esto haría del barrio un lugar inseguro que provocaría, en estos tiempos de crisis, que el valor de los inmuebles bajasen.
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El aludido respondió que efectivamente, el había comprado una navaja para pelar patatas, pero que los vecinos del cuarto le tenían apuntado con la pistola, las escopetas y los cuchillos de cocina y que esto era injusto.
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Todos estábamos de acuerdo, la situación no era agradable y todos sabíamos que una navaja se puede utilizar para algo más que pelar patatas y que escopetas y pistolas matan y los cuchillos, por muy de cocina que sean, cortan. Así que el argumento al que acudió la vecina del cuarto fue iniciar una nueva discusión:
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- Es que nosotros somos buenos, tenemos principios y estamos comprometidos con ellos y el inquilino del primero es malo, no tiene buenos principios y es un fanático.
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- Entonces, como es un fanático y no tiene buenos principios, ¿no puede pelar patatas?
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- No quiero decir eso, lo que digo es que no puede tener navaja.
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- Pero ¿cómo se pelaría las patatas, si sólo tiene patatas para comer?
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- Pues que se las coma con piel y bien lavadas.
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- El gasto de agua para lavar patatas sería elevado y los vecinos le acusaríamos de estar dejándonos sin agua.
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- Además - dijo otro vecino que el del primero le era indiferente, pero que a los del cuarto tenían bastante ojeriza- si nuestro amigo del primero tiene que comer las patatas con cáscara, no estaría de más que su marido renunciase al privilegio de cazar, y por ende, a las escopetas. No sería un mal gesto. Tampoco sería malo que usted, con sus cuchillos de cocina, le pelase las patatas, así el gasto de agua no sería tan elevado.
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Otra voz, más queda, un murmullo dicho con esa habilidad de cotilla desarrollada con los años, audible pero imposible de verificar su procedencia añadió:
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- Pues con las discusiones que tienen en un casa los del cuarto no me parece muy conveniente que haya dos escopetas y una pistola. Incluso sería peligroso tener ahí un juego de cuchillos de cocina...
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El presidente de la comunidad, hombre ponderado y cabal donde los haya, admitió que no era una situación deseable la que había, y que sería bueno cada uno de los vecinos declarásemos cuantas navajas, cuchillos de cocina, escopetas y pistolas tenía cada uno de los estaban en la comunidad.
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En ese momento salté diciendo que yo estaba alquilado, que conmigo no iba eso y que a nadie le importaba si tenía navaja, cuchillos de cocina, escopetas o pistolas. Que yo particularmente no me sentía amenazado. Mi vecina, por lo general atenta, saltó que no le extrañaba que no me sintiese amedrentado, porque tenía una colección de espadas colgada de la pared. Esa colección además de ser bonita, según ella, era una forma de exhibir mi poder a todos los vecinos y ella estaba convencida de que las espadas -aunque fuesen un adorno- debían incluirse en la declaración de armas de cada vecino. Ella no tenía que incluir nada porque sus cuchillos de pelar eran romos y no podían hacer daño a nadie.
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Su mejor amiga, que vivía en el segundo, le dijo que esa afirmación no era del todo cierta. Que se acordase de que aunque romos, los cuchillos cortaban muy bien y que hacía una semana la tuvo que acompañar a urgencias para que le diesen dos puntos en un dedo. Así que había que incluir todo tipo de cuchillos.
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Acto seguido un vecino celoso de su intimidad dijo que no estaba dispuesto a dar una lista de sus utensilios, que nos teníamos que dar cuenta que todo implica una responsabilidad y que hasta tener un martillo, un destornillador o un cortauñas implica un riesgo.
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El que da al frente del de la navaja, que tiene una tienda de carpintería dijo que la palabra correcta era atornillador en vez de destornillador y que estaba de acuerdo: la lista de utensilios debía constar de navajas, cuchillos de cocina (incluso los romos), escopetas, pistolas , espadas (incluyendo katatanas que sabía de un vecino que había comprado en una tienda de chinos), martillos, atornilladores o destornilladores, cortauñas y todo tipo de herramientas.
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Así seguimos durante dos horas, engrosando una lista. Al final nos olvidamos que nos habíamos reunido para tratar del deplorable estado de la escalera. La señora del cuarto dijo que ella no estaba de acuerdo con niguna decisión de la comunidad en tanto el vecino del primero tuviese en su poder una navaja, este salió con que tampoco firmaría un presupuesto si los del cuarto tenían dos escopetas, una pistola y un juego de cuchillos de cocina.
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Quince días después la escalera sigue en un estado más lamentable, el ascensor se ha roto, los vecinos apenas se acuerdan de escopetas, pistola, cuchilos de cocina, navaja, atornilladores o destornilladores, martillos o cualquier tipo de herramientas. Sólo dicen que el dimitido presidente de la comunidad tiene la culpa.
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10 junio 2008

QUIEN SIEMBRA VIENTOS...

Hay dos bazas con que siempre juegan los políticos: la ambigüedad y la poca memoria colectiva. Son bazas que la mayoría de las veces están a favor, pero a veces se vuelven en contra. Es el caso que se está dando ahora con el presidente Zapatero, la falta de transparencia de su negociación con ETA y su empecinamiento en la misma sirven para que el señor Ibarretxe le ponga en un brete.
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Debido a la falta de transparencia muchos españoles creyeron que en las conversaciones que mantenía el gobierno con ETA se trataba algo más que la rendición, que el mal llamado proceso de paz era una negociación. Don José Luis no hizo nada para aclarar este entuerto y dejó que Arnaldo Otegui (le he quitado deliberadamente el "Don") expusiera una y otra vez los puntos de negociación que querían los terroristas ante la pasividad del gobierno. Parecía que ETA marcaba agenda y puntos de discusión.
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Ahora, gracias a la falta de memoria colectiva y gracias a una falta de transparencia el señor Ibarretxe acusa al señor Zapatero de no querer hablar con él de lo que estaba dispuesto a tratar con ETA, por supuesto nuestro presidente juega a la callada por respuesta, como ha hecho tantas veces, pero en esta ocasión el silencio no es prudencia y hay que recordar que quien calla, otorga.

23 febrero 2007

VICTORIA Y PERDÓN

No tengo muy claro cual es el mensaje de Don Rafael Sánchez Ferlosio, pero las conclusiones a las que llego son que la victoria no es un objetivo (y cuando lo es, es un equívoco) y que para que perdone el ofendido no es necesario el arrepentimiento del que ofende. Lo siento, don Rafael además de mi admiración cuenta con mi simpatía, pero no puedo estar de acuerdo en lo primero y creo que hay que matizar lo segundo.
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Cuando uno se plantea que debe de haber una movilización social para conseguir la victoria nos referimos a una decisión política. No son los militares los que movilizaron a las sociedades para mantener el esfuerzo bélico, son los políticos. No es el militar el que declara la guerra, es el que va a ella, es el que soporta los mismos sacrificios que sus compatriotas, pero lejos de su casa. Por supuesto su trabajo es cumplir con una misión, que en ocasiones es derrotar al enemigo, o sea, la victoria. Esta movilización social que a Don Rafael no le parece muy bien cuando la intenta aplicar el presidente Bush en su guerra contra Irak no merece ningún comentario cuado la usa la Izquierda Abertzale en su Kale Borroka para conseguir su victoria.
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Las grandes batallas desaparecieron con la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría trajo consigo la guerra doctrinal, la importancia de la opinión pública, la exaltación de unos valores y la degradación de otros. No se trata de hablar de ello sino de victorias y derrotas. Sun Tzu dijo que la mejor forma de vencer al enemigo era aquella en que no había que luchar, en este sentido la victoria de los Estados Unidos sobre la Unión Soviética fue total. Pero ninguna victoria merece las vidas que cuesta. La pregunta que debemos de hacernos es porqué luchar, porqué querer vencer o porqué resistir. La respuesta es clara se resiste por mantener unos ideales, se lucha por la supervivencia y se vence para acabar con cualquier amenaza o peligro. Si los aliados decidieron continuar la guerra hasta la capitulación sin condiciones de Alemania, fue para evitar que el régimen nazi pudiera renacer tras la contienda, si Alemanía siguió resistiendo fue por supervivencia, por el temor que todos tenían al régimen comunista.
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Ahora cuando debemos hablar de ETA, y hablamos de negociación, diálogo, proceso de paz o como queramos equivocarnos, y pensamos que es más importante la paz que la victoria hay que plantearse ante que se cede y porque no se lucha, quizás no es nuestra supervivencia lo que está en peligro, pero si nuestros principios. Llevamos más de treinta años diciendo que no se puede conseguir nada por la fuerza de las armas y mediante el uso de la violencia. Ceder no supone una claudicación o un apaciguamiento, es tachar un principio que marca nuestra Constitución, si el Estado admite un diálogo con los que usan la violencia, y tienen voluntad de seguir recurriendo a ella, también me da el derecho a resolver mis problemas con el uso de la violencia, lo que sirve para unos sirve para todos. La victoria se convierte en este caso no sólo en la defensa de ideas y pricipios, sino también en una responsabilidad. Una paz lograda a costa de renunciar a las bases que forman nuestra sociedad es algo vacío.
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En Irak, en caso de que los Estados Unidos se retiren no se abrirá una senda para la paz, sino que habrá campo abierto para dar paso a una guerra civil más encarnizada. De nuevo podemos comprobar que los Estados Unidos, invadiendo Irak, se hicieron responsables de solucionar un problema. Cuando lo solucionen, será el momento de retirarse. El coste está siendo alto y no hace más que aumentar de día en día.
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Ahora hablamos del perdón, y éste es algo personal uno lo pide por voluntad propia y otro perdona porque así lo quiere y siente. Quizás ahora prefiramos los gestos sobre los sentimientos. Pedir perdón sin arrepentimiento para que lo concedan sin convencimiento es también basar la paz en las mentiras. En la sonrisa forzada del aqui no ha pasado nada. Si unimos éste hecho al anterior; la paz, además de vacía, será muy cara y breve. Y es que la paz, como la guerra, hay que ganarla, no negociarla. Es algo de lo que hay que sentirse orgulloso y no receloso.
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Si reflexionamos, la paz no es el objetivo, lo es el fin del terrorismo y de cualquier amenaza que pueda afectar los principios que nuestra democracia dice defender. A esto se le llama victoria y cuesta sacrificios (una capacidad qu se ha perdido). Y si se puede lograr sin derramamiento de sangre, mejor. Para lograr la victoria hay lugar para el diálogo y la conversación, pero sólo se admite una palabra: rendición.
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