domingo, 31 de marzo de 2024
Agua fría y el diálogo interior más difícil que nunca
viernes, 29 de marzo de 2024
Curar la herida interior
Curar la herida interior no se dá de la noche a la mañana. Y creo que durante algunos días el motivo del malestar es hacer como si no estuviera replanteándome mil cosas en estos momentos de mi vida. No me pone mal estar atravesando un duelo, pero sí me pone mal hacer como si no existiera esa angustia que está hoy presente.
Una parte mía está concentrada todo el tiempo en sentirse bien sin darle espacio a sentirse mal. Por eso me equivoco en el trabajo. Por eso me llevo a estados de estrés y escenarios catastróficos. Por eso me imagino lo peor. Por eso me veo perdiendo las batallas. Hago un gran esfuerzo, a nivel inconsciente claro, para no darle espacio a lo que me pasa pero lo que me pasa toma su espacio de mi realidad a un costo que muchas veces me afecta en ámbitos donde no es conveniente.
Si me preguntan por qué estoy triste, no sabría reconocer un motivo en concreto. Creo que estoy triste porque me doy cuenta que estoy desconectada de mí, que me siento insegura como no me sentí en mi vida y que tengo roto el corazón. No pienso en Galeno concretamente. Pero sí pienso en que tengo que cambiar muchas cosas mías antes de volver a conectarme con otro, principalmente, porque conectar conmigo hoy en día es el proyecto más importante.
Sin embargo, tengo cuidado con eso. ¿Conectar conmigo misma, para qué? ¿Para decirme cosas horribles, para imaginar escenarios catastróficos y vivir pensando en el futuro como si fuera el conteo regresivo de una bomba? Es como si todo el tiempo estuviera pescando con una liana de un futuro desconocido solo los acontecimientos malos. Y no es justo conectar conmigo misma sólo para eso porque, de seguir en ésta, obviamente que cada día va a ser más difícil reconocer la angustia.
II.
Me debo, me merezco, poder conectar conmigo para hablarme bien. Para entenderme. Para no quedarme enroscada porque mi jefa me dijo algo que me molestó, y pensar que es una idiota y una inútil y enfurecerme y poner todo el desprecio en algo.
¿Qué puedo hacer por mí, amablemente, frente a eso? Hablarme bien, sería lo primero. Los demás pueden hacer muchos comentarios pero el problema surge si yo me los creo. Si tomo eso como una verdad y no reconozco que importa más lo que yo creo que lo que dice una cara de ardilla. ¿Por qué respetar tanto la visión de los otros y faltarme tanto el respeto, no? ¿Por qué quedarme maquinando días sobre lo que dicen o creen de mí los demás, y no sentarme conmigo misma a ver cómo me siento, y qué puedo hacer para abrazarme, o qué necesito hoy?
Es muy difícil curar la herida interior, pero es mucho más complejo todo si no la reconozco. Porque me la voy a seguir llevando por delante y la voy a volcar y derramar mil veces en pequeñas gotitas en todos los aspectos de mi vida hasta ensombrecerla. ¿Y eso sería justo realmente?
Hay mucho que me gustaría cambiar de mi vida hoy, lo admito. Pero creo que no hay momento más oportuno que éste para hacerlo. Quizá, estos tiempos, pongan como primer desafío sobrellevar la angustia y eso esté bien, porque de pie a lo que más adelante va a venir.
¿Cómo lográs una transformación si no asimilás las pérdidas de tu vida?
¿Cómo te apoyás internamente y tenés la seguridad de decirte: "vas a poder, y si ves que no podés mas y te pone en juego la salud mental, te ponés a buscar otro laburo" ó "dejá de compararte con los demás, tu singularidad es valiosa, tu historia es un capital hermoso, tu identidad vale la pena y con todo lo que tenés hoy es más que suficiente para seguir creando una vida maravillosa"?
¿Cómo curás la herida interior si te atacás todo el tiempo, si te hablás mal, si te quedás colgada del miedo, de la crítica de los demás, de las frustraciones de los otros o de las expectativas de los otros?
¿Cómo curás la herida interior si todo el día te estás castigando por no ser perfecta?
Un micropaso es lo que se me ocurre ahora: hablarme mejor que ayer. Explicarme las cosas de la misma manera dulce en que se las explicaría a las personas que amo. Pensar en mis necesidades tanto como empatizo con los de afuera. Mirar y abrazar el propio dolor y pensar cómo me siento, además de mi habitual pregunta: "¿cómo se debe sentir?".
Puedo perder todo en el camino si me sigo llevando puesta la angustia. Me puedo perder a mí.
Y ni un trabajo, ni un título, ni el qué dirán, ni el contexto país, ni el hoy ni el mañana, van a devolverme al centro si me alejo de él. Por eso, es mi responsabilidad en el mejor de los sentidos mantenerme despierta.
Y hoy, si estoy despierta, siento angustia. Una angustia que tiene el sabor a ser la antesala a lo mejor, lo siento, pero que hoy es angustia. Habrá que vivirla entonces.
jueves, 28 de marzo de 2024
Agua fría
Ayer terminé de trabajar muy estresada porque sin querer me equivoqué en algo. Nadie me dijo nada pero la idea de estar al límite con fechas y procesos es algo que me pone muy mal porque me organizo de tal forma donde no me fuerzo a llegar a mis límites. Y estos errores, que no cometo apropósito, me ponen en esa situación de desorden. Es decir, me estresan no solo por el error en si - que tuvo una solución - sino por cómo yo me empiezo a sentir cuando me equivoco.
Frente a esto, tenía dos opciones: o me quedaba en mi casa pensando en lo tonta que me sentía por haberme equivocado, en lo pelotuda que era porque es imposible que hubiera fallado en el tipo de cambio en dólares cuando es algo que hago a menudo y que además fallé porque ya venía nerviosa, porque me habían rechazado la factura, y el tiempo, y los plazos de pago y lo que me iban a decir, y que no me podía seguir equivocando porque yo tengo que hacer mi trabajo bien y que si me equivoco quiere decir que no lo hago bien, y cómo puede ser que no haga nada bien... O podía irme a nadar.
Me fui a nadar después de merendar una fruta.
Cuando llegué al club el guardavidas me ofreció, por cuestiones de espacio, nadar en agua fría. Es decir, en una de las piletas al aire libre. A esa hora, al atardecer, no parecía ser una opción adecuada. Pero, tal como me dijo a la distancia el flaco: "no tengas miedo, es agua", así que metí primero uno de los pies y me dije que sumergirme en agua fría tenía que ser rápido y de una. Sin pensarlo demasiado.
Inspiré hondo, me armé de coraje y metí en un correlato veloz, todas las piernas y después el tronco y luego me zambullí directo en un impacto de agua fría, brazada y patadas. No saqué la cabeza hasta que no pude casi respirar para dejar la totalidad del cuerpo asimilando la temperatura de lleno.
Nadar en agua fría me produjo un shock término que nunca había vivido. Fue algo realmente maravilloso, no sólo por experimentar una sensación nueva, sino, porque pude apreciar el atardecer mientras nadaba. Nadar espalda (estilo donde estás panza arriba y braceas) pero mirando el cielo, fue una locura.
Gracias al frío del agua conecté a full con el cuerpo. Mi cuerpo me pedía estar cien por ciento presente porque cuando salía del agua estaba un poco ventoso pero cuando me sumergía necesitaba hacer más fuerza para nadar y era increíble la calma, pero a la vez la adrenalina de esos primeros largos. El estrés mental y la sensación de derrota con la que había terminado de trabajar se diluyó. De la cabeza la mufa pasó al cuerpo y del cuerpo se quedó en el agua, convertida en otra cosa.
Soporté menos que una clase entera bajo ese pequeño mar frío, pero sin dudas, es algo que volvería a hacer. Si bien amo nadar en agua climatizada porque te relaja sin este primer impacto, no dudaría en repetir de cuando en cuando éste ejercicio.
A éste deporte le debo haberme salvado cuando era pequeña y el seguir salvándome hoy. Lo amé con locura desde los ocho años y hoy con veintinueve no en vano siento que me rescata.
Si bien me cuesta sostener el hábito de ir a la pileta entre tantas obligaciones, no quiero que nada me desconecte de esto. Porque nadando, cuando todo se calla, vuelvo a escuchar mi propia voz. La voz de esa niña que a los ocho años se sorprendía de aprender a nadar y la de ésta mujer de casi treinta que se sigue sorprendiendo con poder nadar en agua fría.
martes, 26 de marzo de 2024
La angustia, las obligaciones y la vida
"siempre te ponen un kiosco
pa´ que lo que tengas te parezca poco"
(Wos - Niño gordo flaco)
Ayer lunes no fue un día tranquilo en la oficina ni tampoco en l personal.
El domingo me enteré que tenía problemas con las inscripciones en una de las materias por obra y gracia de la Facultad. Me puse mal porque eso significaba cursar menos, avanzar menos, y no es esa decisión que tomé sobre este año, aunque hablando en el centro de estudiantes y en el Departamento de Alumnos de la facultad finalmente lo pude solucionar hoy. De ahí que es el lunes me levanté para ir a la oficina y me di cuenta que iba a tener que ir hoy martes recién a hacer el reclamo a alumnos porque no llegaría yendo desde Puerto Madero ni porque me tomara una limusina. Y eso me puso muy nerviosa.
Ayer lunes además en la oficina fue un día movido. Ingresó una Senior nueva a Finanzas que junto a mi jefa y a la nueva Gerente de RRHH forman una especie de trio del acomodo. Es decir, que vienen con esa onda de hacer querer trabajar a todos a su manera y se van sosteniendo en esa nueva burbuja donde los otros quedan bastante afuera. Por lo que me comentó mí jefa, trabajaré bastante con la Senior, que al estar acomodada cuenta con un aval en todos los sentidos. Eso me hizo pensar a mí qué oportunidades tengo acá a largo plazo, si ponen a la gente acomodada y dan entrada a gente por contactos. Y eso también me hizo pensar si vale la pena el esfuerzo diario al menos en una estructura donde la mitad del departamento está acomodado, donde hay dos personas con mucha antigüedad y dónde soy yo la única persona de menos de treinta años que no entró por acomodo, sino por CV, y a la que le está tocando morder el polvo. Es que claro, obvio, yo no sé mil cosas que tienen que ver con el hacer formal de las multinacionales, éste es mi momento en la vida de aprender la gestión. Y es de hecho lo que más me cuesta aprender, no sólo porque mi jefa es una pesadilla con sus presiones, sino, porque todo proceso, cada proceso, tiene un tiempo regular de desarrollo que las personas , más allá de toda la ansiedad que sienten, no pueden modificar.
En paralelo al ingreso de la Senior, para formar el "Trío del acomodo", en un momento de la mañana de ayer entró a la oficina de Finanzas un pelado con una cámara de fotos para retratar el ambiente como parte de una campaña institucional de renovación de imagen. ¿Quéééééé? Sí, suena super hueco, y lo es, caen dentro de la cesta de cosas pasan en algunos sitios como si nada y a las cuales yo no me termino de acostumbrar. Mi cara de "¿donde esta la rutina?" habrá sido para alquilar balcones, parecía buscar la cámara de la cámara oculta.
A ese punto de la mañana ya había sido todo demasiado atípico para que me pudiera concentrar. No solo por la cantidad de barullo en la oficina, y por la hiperestimulación con giladas, sino por las cuestiones personales que hace a lo cotidiano (las materias de la facultad que no me salieron y no sabía si no iba a tener que hablar de nuevo con mi jefa, el tener que esperar para hacer el trámite porque nadie podía ir por mí y no llegaba desde el trabajo, aún a riesgo de quedarme sin cupo en las comisiones, etc). Anduve desconcentrada y, de hecho, noté que éstos días me equivoqué en algunas cosas que yo por lo general domino. Y estos errores tienen un motivo que ya contaré.
Para coronar el primer día de la mini semana, tuve la reunión de Finanzas-Experiencia de clientes de los lunes y me hice el hueco para contestar el test y hablar con la profesora de Inglés de la empresa para comenzar a estudiar dentro de la Campaña de Idiomas. Principalmente, porque pienso que tengo que aprovechar el hecho de que sean clases pagadas por otros y que no tenga que costear yo, en función del futuro profesional y la riqueza que eso me puede dejar.
II.
Claramente, un día así se iba a terminar con dolor de cabeza. ¿Cómo, si no? No paré un segundo ni de hacer ni de pensar. Tampoco cuando almorcé, porque justo choqué con una charla de cuatro Economistas de la empresa compañeros nuestros que estaban hablando de los distintos escenarios en nuestra micro, y tomé nota mental de cómo están funcionando según sus distintas posturas algunas de las principales variables. Comí una parte del almuerzo pensando en esto y otra parte, por suerte ya sin el análisis de estos tipos, riéndome de anécdotas de una de las chicas que me ayudaron un poco a no tirarme del octavo piso.
¿Y qué tiene que ver con este hoy lo que cuento? En cada momento donde aprendo algo, donde necesito más de mí en algún aspecto, donde se me presentan nuevos desafíos, siento que flaqueo mucho últimamente. Y como yo no me permito flaquear, la autoexigencia sale a relucir siempre a tiro para destruirme. O al menos, para intentarlo.
Cuando me pongo tan mala conmigo misma, sufro. Otra persona puede preguntarse cómo un ser humano puede ser tan tonto de agredirse a si mismo al punto de sufrir por el asunto, pero las cuestiones asociadas a un mal diálogo interno vienen desde siempre con quien las soporta. No es algo que uno pueda manejar a voluntad, más bien, es un mecanismo que te juega en la mente, directamente, siendo vos contra vos.
Hay épocas de la vida que recuerdo muy limpias. Mi diálogo interno había mejorado mucho, había construido bases muy bonitas, pero el tiempo lo fue deteriorando y mi voz interior empezó a actuar lentamente al principio , y ahora de una forma intensa, como el peor de los consejos. Me digo cosas muy muy horribles que hasta me da vergüenza escribir. Incluso pienso que pudiendo hacer o decirle a los demás cosas tan lindas no sé cómo puedo depositar tanto desprecio en mí, pero ni siquiera pensando en eso, dejo de repetirme palabras que me hacen daño.
III.
Lo profesional es hoy en día el campo por excelencia donde ese mal diálogo interno aparece y retratar algunas cosas del ámbito donde me manejo me ayuda a ponerle un parámetro a las emociones que se me juegan. Desde que ingresé allá estoy llena de inseguridades todo el tiempo, mitad por lo que vivo y mitad por lo que creo que tengo que vivir, es decir, por las exigencias que yo misma me impongo sobre mí carrera profesional. No me apoyo en lo absoluto siendo franca, aunque al principio trataba muchísimo de hacerlo. Parte de tener una mala jefa radica en que únicamente empezó a macarme lo malo, o lo que no está bien, o lo que no se hace como se supone que yo tengo que adivinar como se hace, y eso, intensificó mis inseguridades y mis miedos al máximo. Dejé de acompañarme como era mi idea al comienzo de éste cambio y no me di cuenta hasta ahora done intento buscar el origen de un empeoramiento enorme en el diálogo interior.
Yo trabajo en un contexto donde hay mucha exigencia ya, donde hay presiones, donde existe el menosprecio por la posición y donde hay micro-forreadas que cansan y desgastan la buena voluntad. Todos se la creen o casi todos y esa visión de escalafón social permanente es perturbadora. Siendo un entorno donde hay muchas diferencias de clase y donde sos por lo que tenés, para mí, ha sido muy muy difícil adaptarme en el aspecto socioeconómico y eso no deja de estar conectado a lo laboral.
Hace muchos meses ya que si bien le saco provecho a este trabajo, también noto que no me suma para nada a nivel del proceso que yo tengo que hacer en lo personal, es decir, el de bajar la autoexigencia para poder vivir más sanamente. Frente a eso, éste contexto puede significar un enorme aprendizaje, porque estoy en un entorno ideal para superar las inseguridades, o bien, puede ser el detonante para que todas ellas exploten con toda su fuerza. A diario doy esa batalla. Es decir, la batalla de superarlas, aunque a veces, como el lunes y como hoy, me exploten en la cara. Nunca me había sentido tan insegura. Creo que este punto supera todo lo que alguna vez me causó inseguridad porque soy todo lo que no pertenece a ese entorno y al mismo tiempo ese entorno es mi trabajo, es decir, que no me puedo aislar al cien por ciento.
Soy una persona que llegó ahí después de haberse esforzado mucho. No vengo de cuna de oro, mis viejos ni siquiera terminaron el secundario. No sé inglés. Todavía estoy estudiando en la facultad porque necesito otro título siendo que el primero no me bastó. Voy con la ropa que puedo comprar, a veces en marcas lindas y a veces en Once. No tengo la dentadura perfecta y tampoco tengo disposición de fondos para ponerme alineadores ahora mismo. Hago lo que puedo en todos los sentidos. En el fondo de mis videollamadas no vas a encontrar un country, de hecho, si me descuido (como me pasó) te puedo dar una reunión con el fondo muy choto porque me olvidé de poner un filtro, ocupada por aprender y desentrañar cosas del sistema contable. ¿Y qué se supone que tengo que hacer, no? ¿Esconderme debajo de una piedra?
A veces, de verdad, me hago ésta pregunta. ¿Qué hacés cuando sos diferente, pero te conviene el dinero y afines? ¿Cuán finita es la línea? ¿Cómo lidiás con todo eso sin hundirte cada vez más dentro tuyo por el deseo de ser invisible?
No es por jugar el papel de víctima, pero a veces me es muy difícil estar allá. Siento que no pertenezco ni por historia, ni por clase social, ni por recursos económicos, ni por capacidad. Y eso, ese sentimiento de incapacidad constante, es un monstruo enorme que me persigue. Ese sentirme una tarada cuando me equivoco, ese no comprenderme, ese no considerarme un ser humano, este asimilarme con las máquinas y ser tirana como son los demás conmigo; es algo que me ha dejado sin dormir por las noches.
La voz de mi cabeza me dice que no voy a poder, que todos lo hacen mejor que yo, que tome mal las decisiones de mi vida. Que nací en una familia pobre y que nunca voy a poder cambiar la historia. Que todo mi esfuerzo no va a servir de nada porque hay gente que tiene todo lo que uno quiere y jamás vas a poder igualarlo. Pero, en medio de la lucha, me pregunto: ¿yo quiero igualarme? ¿Quiero tener esta visión del mundo que ellos tienen o quiero seguir con mis parámetros de lo que me gustaría que ocurra? Creo que una parte mía necesita pensar que debe ser igual a ellos para dejar de sentir los impactos de ser tan diferente. Y también creo que la otra parte sabe que jamás voy a igualarme porque yo ya soy diferente.
Probablemente, esa sea la verdadera lucha interna. Amigarme o no conmigo misma, y todas mis diferencias, y ser feliz. O seguir peleándome y amigándome en la medida que pueda, habiendo días donde pierdo la batalla y otros donde la puedo disputar.
Es difícil de explicar porque nadie me trata mal (salvo mí jefa, que me marca todo lo malo sin dar un mínimo de aliento o de refuerzo positivo, pero al mismo tiempo me ayuda con permisos, etc), pero si me tratan como uno de ellos que se supone que es igual a ellos. Y yo no soy uno de ellos. Todo lo que soy realmente lo demuestra y es como si hubiera tenido que inventarme una máscara para protegerme y eso, esa falsedad, sea en realidad el motivo de todo este diálogo interno que es un asco.
Eso es algo que nunca antes me había sucedido y que me parece muy destructivo porque no sé bien cómo frenarlo. Mi voz interior habla mal de mi todo el tiempo y eso me afecta en cómo me veo, cómo me siento, cómo me comporto, cómo trabajo, cómo me cuido y cómo cuido todo lo que depende de mi (recursos, tiempo, dinero, energía mental, etc). No es un ámbito intrascendente sino que el autoconcepto es la base de TODO lo que me genera malestar y angustia hoy por hoy.
Una parte mía se esfuerza en todo momento por acomodarse en un entorno que por naturaleza la expulsa. Ni yo sé bien qué hago ahí. Hace nueve meses que estoy y hace nueve meses me pregunto esto. No entiendo qué creen que tengo en relación a toda esa gente que me hace idónea. Ni yo sé bien cómo no se dieron cuenta todavía que no soy como ellos, que mi realidad es muy distinta a todo eso y que la única que tiene frente a su mirada todos los contrastes soy yo. Si son tan tops ¿para qué quieren a los de clase baja?
Es complejo el asunto y esa complejidad se ve en las pequeñas cosas. Mientras que yo tengo que buscar ropa para eventos empresariales y tratar de juntar algún dinero para ropa del día a día (en el camino a armarme un guardarropa y no llevar la misma ropa de siempre, como vine haciendo estos meses), a mí madre le cuesta un montón comprarse ropa nueva y yo trato de regalarle cosas, pero no es fácil para mí. Mientras yo empiezo a estudiar inglés, veo que mi papá no sabe cuánto cotizar un trabajo porque quizá no lo aceptan y sufre la incertidumbre de pagar o no las cuentas. Mientras yo sigo nadando, porque el estrés llega a límites difíciles, no puedo evitar pensar en los demás, en si lo pueden hacer, en si tuvieron esas oportunidades, etc.
Obviamente que para mí mí vida cotidiana va a ser diametralmente distinta a la vida de mis compañeros en la multinacional, pero también, va a ser distinta en el ámbito personal respecto a ellos. Estoy viviendo todo ese proceso de comer tierra, a veces, de formas que tienen que ver conmigo, con mis miedos, con mis inseguridades y con cuestiones que hacen al proceso de tener otras oportunidades y entender bien lo que queremos hacer con eso. Creo honestamente que no soy consciente de si ésto es una oportunidad muy buena, que tampoco sé si estoy haciendo lo que debo hacer con ella... Yo hago lo que puedo, siempre. Como puedo. Y me cuesta aceptar que puedo lo que puedo, porque siempre siempre quiero poder más. Y ese afán es problemático junto a la exigencia.
IV.
También, mí vida, y mis oportunidades a partir del ingreso en la multinacional, cada vez se alejan más de las oportunidades de personas que conozco. Mis padres que son por excelencia las personas con las que comparto y me acompañan en todo, ya no entienden lo que vivo. Ellos creen incondicionalmente en mí, en que me las banco a todas, pero no sé imaginan lo sola que me siento en todo esto porque no tengo a nadie a quien pedirle un consejo o preguntarle cómo lo hizo, cómo se manejan estos ámbitos. Con mis hermanas, me ocurre lo mismo, tampoco puedo hablar. Nadie que yo conozca, y con quien tenga la confianza para hacerlo, trabaja en un lugar que por el círculo en si mismo empezás a necesitar vestirte mejor, donde te miran la comida que comes, donde no entienden tus preocupaciones o donde te miran raro si inofensivamente contas que fuiste a Once y conseguiste medias baratas. Digo ¿qué tiene de malo? Yo pensé que nada, pero me miraron con cara de asco y me quedé bastante mal por eso.
Jamás me imaginé que iba a sentirme pobre, por ejemplo, en un trabajo. Pero así me siento y eso influye mucho en el diálogo interior. Siempre pensé que mí conocimiento , la educación, el don de ser una persona amable y tratar bien a la gente, bastaba para trabajar y para vivir y que era suficiente. Digo, me parece que es eso lo que tienen que prevalecer. Pero aquí, donde vaya a saber para qué carajo estoy, otras cosas también tienen un grado de interés supremo y lo que uno siempre creyó que alcanzaba, aquí no vale nada. Todo eso, me hace sentir si fuera la última en la fila, a la que le está costando todo un mil. La que está por un lado en una realidad llena de confort y dónde también vive otra parte de la realidad llena de dificultad económica. La que no puede ser como es, y la que se tiene que guardar para después, con tal de no seguir pasando vergüenza. Si, suena horrible, pero por momentos me siento así y me angustio, me enojo, me cuestiono, porque es muy feo que te hagan sentir vergüenza de quien sos.
V.
En este partido, se juegan miles de creencias limitantes que vienen conmigo desde mis orígenes. Veo que todo lo que me dijeron que era, no siempre es, que lo que uno es como persona no es lo que se valora, pero que para mí sí es lo valioso. Y veo que existe una parte de la vida que yo no conocía y que no iba a conocer jamás si verlo y vivirlo no me tocaba que me hace pensar si yo no estoy en otra dimensión o si ésta gente es la que está en la nube vecina.
De mí depende qué hago con esto. Creía que ésta carga simbólica invisible no me afectaba pero al cabo de un tiempo noto que se fue directamente instalando en mí. No quisiera que me termine atravesando el corazón pero lo cierto es que últimamente eso ocurre.
Queda bajo mi responsabilidad saber si me voy de un lugar por inseguridad, vergüenza y miedo a ser la diferente o si me quedo para explorar la inseguridad y convertirla, para superar el miedo, para combatir la vergüenza.
No sé cómo puede terminar esto la verdad. Y no, no es una fórmula literaria para una salida épica. Realmente no lo sé. Tampoco sé qué tengo que aprender de todo esto.
lunes, 25 de marzo de 2024
El último lunes de marzo
Por suerte, llegamos vivos al último lunes de marzo. Fue un día largo hoy para mí. Lo termino con dolor de cabeza.
Hoy debería haber empezado a cursar en la facultad pero tuve problemas con las inscripciones. Mañana puedo empezar una parte del cuatrimestre, no obstante, y eso es una buena noticia.
Recuerdo que el año pasado, este mismo día, el primer día de la cursada, echaron a mi ex compañera de trabajo. También en su momento fue un día estresante, largo y molesto.
Este presente al menos me da una tregua: ya estoy en mi cama, son casi las once de la noche y me voy a dormir.
Me pregunto por por qué siempre que tengo que empezar las clases, desde el primer cuatrimestre que le dediqué a esta carrera, pasa algo extraordinario que me saca del eje y me hace comenzar el año universitario estresada.
Este 2024, lo estoy construyendo precisamente porque quiero dar vuelta ese pasado de malos comienzos. De comienzos difíciles para las cursadas.
A veces se trata de pensar que vivimos haciendo lo mejor que podemos. Que somos suficiente. Y que no tenemos que ser duros con nosotros mismos. Que venimos de dónde venimos y que no es importante lo que creen los demás sobre nuestros orígenes si tenemos capacidad y que incluso más allá de nuestra capacidad nada debería estar por encima de nuestra lealtad interior.
Pero esta idea no siempre se puede ejecutar bien.
Hoy he sido muy dura conmigo misma y estoy un poco triste por eso. Recomponer el diálogo interno positivo no siempre es una ruta de avance continuo, pero es algo que intento. En este momento estoy sensible, se me juegan cosas por dentro que no puedo manejar al cien por ciento (descubrimientos, lo cotidiano, fichas que caen, emociones que nombrar y poder poner en palabras...) y noto que tengo la autoestima destruida.
¿Si me voy a ocupar de este asunto?
Obvio.
Pero será a partir de mañana martes.
Irme a dormir ahora será el primer gesto de autocuidado del día. De no exigencia.
domingo, 24 de marzo de 2024
Domingo de la memoria
sábado, 23 de marzo de 2024
Sábado con mi madre
Hoy por la mañana amanecí temprano. Después de desayunar fui a sacarme una placa que debía hacerme por otras cuestiones con la compañía de mi mamá.
Una vez que me saqué la radiografía y esperé que me la entregaran en el momento, razón por la que la aboné de forma particular, y no fui al centro indicado por la cobertura de la prepaga, caminamos con mi madre para mirar vidrieras, recorrer y disfrutar del sol. Hice más rápido de lo que pensaba, aunque me llevó un ratito poder solucionar ese pendiente. Pensé cuán valioso es que den atención los sábados a la mañana porque en la semana me es imposible ir a menos que pida un permiso. Agradecí eso.
Cuando salí, necesitaba hacer tiempo porque otro de los compromisos del sábado, además de hacerme la radiografía que necesitaba cuanto antes, era ir a mi servicio mensual de pies. Elijo los sábados para hacerme cargo de los pendientes y éste es otro de los puntos que agradezco poder saldar en un día donde no tenga apuro, porque además de todo el servicio de pedicuría, me hacen un esmaltado y lleva prácticamente una hora el asunto.
Ni bien terminamos todo, y salí con los piecitos nuevos, nos quedamos mirando vidrieras con mi mamá. A ella le encanta mirar vidrieras y a mí es algo que me aburre, a menos que me vaya a comprar algo, pero decidí acompañarla de la misma forma que ella me había esperado en el centro de radiología y en la sesión de pies.
Luego de mirar vidrieras, noté que le gustaba mucho una riñonera, que ya lo había comentado al pasar, y me decidí a regalársela.
- ¡No! ¡No seas loca, ni se te ocurra!
- Bueno, ma, te invito a comer algo, que ya es tarde... ¿Qué querés comer?
- Acá, cualquier cosa, lo más barato... No gastes.
- Mami - le dije y la agarré del brazo - ¿mirá si yo te voy a mezquinar a vos algo? ¡Dale, vamos!
- Bueno, vamos a comer. Dale. ¡Tengo hambre!
Fuimos a comer al restaurante preferido de mi mamá. Tratamos de no gastar demasiado, cosa que conseguimos, y finalmente pude darle ese gusto. Cuando salimos, disimuladamente, enfilé para uno de los locales donde se había quedado mirando la riñonera.
- Pasá - le dije.
- ¿Qué? ¡No!
- Te la voy a regalar de todos modos, así que es mejor que la elijas. Pasá.
- No, pero ¿por qué? Ya me regalaste para mi cumpleaños.
- Porque sí, ma. Tomalo como un agregado más a ese regalo de cumpleaños. Te lo completé.
Mi mamá se rio pero se puso re contenta. Finalmente entramos al local, por suerte daban tres cuotas sin interés, así que le pude comprar una que estaba muy buena y que yo me di cuenta que la miró con unas ganas bárbaras.
Cuando llegamos a casa, se la mostró a mi papá, chocha de la vida. Yo me sentí muy contenta. No sé exactamente cuánto es el tiempo que vaya a tener vivos a mis padres pero trato de disfrutarlos en vida. Como hoy le expliqué a mi mamá, cuando me decía que no gastara en ella, yo aprovecho plenamente el momento donde puedo hacer cosas por ellos.
Sé que ellos en su momento hicieron cosas por mí. Sé que quizá el momento que puedan compartir conmigo no lo vuelvan a vivir tantas veces. Sé que yo, en cambio, tengo vida por delante para vivir esos momentos. Y sé que éste, éste precisamente, es el momento donde tengo a mis padres para hacer las cosas por ellos.
Hoy fue un sábado de sol con mi madre. Espero que lo haya disfrutado. Me alegró verla contenta.
viernes, 22 de marzo de 2024
Un viernes de marzo
Hoy me sentí bien.
Me levanté para mi home office bastante sobre la hora la verdad. Una de mis alarmas no sonó y la otra no la escuché, es decir, cansancio de viernes que hizo su mella.
Tenía planeado comer desayuno de huevo y frutas, pero finalmente no desayuné muy bien que digamos. Un mate cocido con un alfajor, fue la elección y la verdad es que estaba rico. Necesitaba darme un gustito.
Fue pasando el día. Aprecié mucho mucho el otoño y el fresco. Tomé el remedio diario e hice la rutina de mantenimiento. Estoy haciendo grandes esfuerzos para tomar más agua, aunque la verdad, no me resulta fácil por el momento. La medicación que tomo es súper pero súper secante, entonces, en todos los sentidos necesito hidratarme. Pero si algo me di cuenta hoy es que se me hace difícil la incorporacion porque vengo tomando agua de la canilla y le siento un gusto horrible a cloro. Así que voy a volver a comprarme agua embotellada para ver si así acompaño mejor la ingesta recomendada.
Si bien el día se me hizo un poco largo, sentí agradecimiento por pequeñas cosas. Y eso no anuló la angustia pero si me hizo sentir mejor.
Cuando termine de trabajar, tuve terapia. Salí bastante más aliviada de lo que pensé que iba a salir en relación a lo que iba a tener que hablar.
Luego de eso, hice una compra rapidísimo en un comercio y me tomé el colectivo a casa.
Pasadas las ocho de la noche, ni bien llegué, me di un baño calentito, hice la rutina de mantenimiento, cené y le di de cenar a Julio... Y ahora estoy aquí, escribiendo estás palabras.
No tiene mucho sentido literario, ni nada de eso. Pero para mí tienen sentido porque me siento bien y lo quiero compartir en algún sitio donde me sienta cómoda.
Aquí me siento cómoda.
jueves, 21 de marzo de 2024
Las cosas no llegan por casualidad
Las cosas no llegan por casualidad, eso pensé hoy varias veces en el día. Si bien no fue un día fácil, porque no me sentía bien de ánimo y porque me costó mucho mantener la concentración, ese pensamiento me acompañó y volvió a acompañarme.
Es que, estando en medio de la angustia, uno se pone filosófico, melancólico y muy pensativo. Pero... yo también me pongo muy sensible. Sensible a todo. Y en esa sensibilidad un poco me pierdo en momentos de angustia porque me cuesta sostener rutinas simples. Sin embargo, ésta vez es distinto. Siento angustia pero recientemente también empecé el tratamiento que me mandó la dermatóloga con unas pastillas muy fuertes. Y este tratamiento tiene que ir acompañado de una serie de cuidados durante el año que tiene de duración. Me tengo que pasar cremas de todo tipo porque está cambiando la condición de mi piel y hay que sostener una conducta tanto en la toma de la droga - que no se puede cortar - como en lo complementario.
Y apropósito de ésto pensé qué bien me viene en este momento de mi vida tener tanta disciplina con algo, la verdad. Estoy más atenta con mi cuerpo. Voy asistiendo a un proceso que cambia día a día, pastilla a pastilla. Hay días donde tengo molestias nuevas en la piel y voy combinando cremas para poner la barrera en orden. Otros días donde me doy cuenta que en otros aspectos estoy mejorando un montón y me pongo contenta. Y así, puedo enfocarme en algo que no sea solamente la angustia que parecería formatear todo.
Por suerte, no tengo miedo. Confío a pleno en la ciencia y confío en que estoy haciendo todo bien para que me resulte. Simplemente, me toca ser constante y ser prolija para que la piel me quede tan hermosa como la merezco. Básicamente, por ponerle tanto cuidado y dinero ¿cómo no voy a merecer tener una piel que no me duela ni arda, no? Por ahora, he hecho algunos gastos extras para comenzar el proceso que me llevará casi 350 días más. Y aunque tocó invertir, realmente me siento tan afortunada por poder acceder a esto y poder tratarme.
Tocó comprar dos cajas del remedio en cuestión, dos cajas de vitamina D - porque estaba en problemas con eso -, bálsamo labial de Eucerin, aceite corporal de Eucerin, crema hidratante corporal de Bagovit, crema nutritiva nocturna de Dermaglós, y hacer uso de todas las cremas que yo tenía. Es decir que esto no se trata sólo de tomar una pastilla al día durante un año de tu vida y yastá.
Confío en que no voy a tener que repetir la compra de todos los productos absolutamente todos los meses, que hay cosas que me van a durar más de un mes, aunque las use seguido. Eso sí: me doy cuenta que no todo el mundo podría acceder a ésto de la noche a la mañana y eso me hace llevar este proceso que recién comienza desde la gratitud absoluta.
Sí, siento angustia, pero cuando tomo cada pastilla, pienso: "qué bueno que puedo hacerlo, ya pronto me voy a sentir y ver mucho mucho mejor". Mientras tanto, pienso que frente a ésto podría tener dos caminos, para sumar a la angustia: la queja por la incomodidad y el gasto o la gratitud por la posibilidad y la mejoría que vendrá.
Hoy puedo elegir el segundo camino. El de la gratitud y el de la mejoría. Eso me hace pensar en que cuando era chica yo pensaba que ya había cumplido el cupo de problemas de salud que una persona podía tener por todo lo que me había pasado y que, entonces, no me iba a sentir mal nunca ni iba a necesitar ir a otros médicos para nada. De verdad, a los ocho años, yo creía que existía un cupo y que lo tenía completo y que por eso me tenía que esforzar por cuidarme mucho solo en ese momento para luego tener una vida normal. ¿Suena loco? No sé. Hoy esos pensamientos me dan ternura. Fueron una manera de consolarme y agradezco haber pensado así, aunque luego haya supuesto una desilusión.
Más de veinte años después, sé que no existe ese cupo y que la salud es un regalo, pero además, un aspecto de nuestra vida que tenemos que atender todas las veces que sea necesario. ¿Podría quejarme porque todo en mí implica procesos que no le tocan a todos? Bienvenido sea. Pero hoy elijo ver que todo lo que para mí implica un proceso más - la piel es un claro ejemplo - también encuentra un sendero de bienestar a través de esos caminos.
En ese camino, he aprendido a ser una persona agradecida. Hoy en día ando angustiada y triste pero, increíblemente, cuando me veo mejorar, agradezco todos los días poder hacer cosas que me ayuden a sentirme mejor.
Hoy con casi treinta años le diría a la Veinte de ocho años que no, que no existe el cupo, pero que nos convertirnos en una mujer que está aprendiendo a cuidarse. Y creo que ese cuidarse, va a extenderse a todos los aspectos. No es sólo el acné, y los granitos que aparecen en mi cara, lo que se está removiendo, con procesos dolorosos de inflamación y de resequedad posterior. Ni por asomo es solo eso. La doctora me había advertido de una posibilidad de purga en el rostro y me río pensando que nadie me avisó de la purga que, al unísono, iba a experimentar por dentro.
Pero eso sí: las cosas, definitivamente, no llegan por casualidad. Yo pienso que más allá de todo también agradezco esta no casualidad, este tema que estoy atravesando a nivel físico, que me ayuda a gestionar los procesos internos.
¿Terminaré siendo una mujer que no se sienta dividida en pedazos, en áreas, casi en departamentos? Es una buena oportunidad, creo.
La angustia afecta a la subjetividad
martes, 19 de marzo de 2024
Rearmando agenda desde la gratitud
La semana que viene empiezo la totalidad de mis actividades cotidianas que van de lunes a viernes. Al trabajo en la multi le sumo la vida universitaria y - este año, por primera vez - las clases de Inglés, concentradas en esos mismos días. Los días de facultad sí pude elegirlos, pero no así, los días donde voy a tener clases de inglés. Éstas clases me las otorga el trabajo dentro de un programa de Capacitación en Idiomas que brinda la empresa y tienen determinadas reglas que cumplir. Por eso, no tuve injerencia al ciento por ciento aunque estoy super agradecida con la oportunidad de poder asistir.
Hoy estaba pensando, en este contexto, cómo organizar el cronograma ya que a la facultad me toca ir tres veces por semana; mis clases de inglés son una vez a la semana; y otro de los días cuando termino de trabajar tengo terapia. Antes tenía una agenda más tranquila pero también estaba más desconectada de mis objetivos y creo que este incremento en la actividad me hizo pensar que es bueno volver a encontrarme conmigo misma. Mucho de lo que hacemos tiene que ver con deberes pero mucho también tiene que ver con deseos, anhelos y objetivos que nos llevarán a cumplir sueños en el futuro.
A partir de ahora siempre que salgo de trabajar tengo que hacer algo que hace a mi vida personal, es decir, estudiar o O sea, hay que organizarse y reamar agenda como quien baraja y da de nuevo para poder encontrar un balance.
Como me conozco, mentalizarme al respecto es una parte fundamental para vivir en sintonía a lo que vendrá. Cuidarme en estos aspectos siempre fue importante para mí y lo sigue siendo, especialmente, cuando sé que necesito ir despacio en algunos aspectos y avanzar lo mejor que pueda en otros ámbitos de la vida como son los tratamientos de salud que estoy haciendo, acordarme de tomar los suplementos y tratar de hacer más ejercicio porque todo-lo-bueno-suma.
Hay cuestiones asociadas a ser humana que no puedo posponer y más si son cuestiones de salud. Pero además, hay otras situaciones abocadas al aprendizaje laboral y profesional que no puedo dejar pasar hoy en día. Tampoco puedo dejar pasar la oportunidad de estudiar inglés porque es algo bárbaro y que necesito. Menos, puedo pensar en dejar de lado la oportunidad de estudiar mi carrera. Por eso, la organización es tan importante. Y ni qué decir si es una organización con el foco puesto al cien por ciento en mí.
Me debo seguir adelante construyendo una vida bonita. Y este esfuerzo, que no es un sacrificio, va en ese sentido. Es un esfuerzo donde yo doy algo y se me devuelve algo, es decir, que en nada parece un sacrificio siendo totalmente sincera, al menos, de acuerdo a cómo veo las cosas ahora. No estoy muy animada en éste momento por mi ruptura con Galeno y algunas otras cosas más, pero, obviamente, tengo que seguir adelante con mis proyectos, mis actividades y mis fuentes de ingreso. Esto es algo que yo no quiero ni debo negociar hoy por hoy.
Me merezco estar bien y desde lo lógico y racional asumí el compromiso conmigo misma de hacer todo lo que pueda por eso. Mentalizarme me acompaña para poder sostener y también me hace consciente de la gratitud con la que tengo que mirar todo esto.
Ponerle toda la energía, el entusiasmo y la actitud a las oportunidades es un objetivo que tengo en el horizonte hoy por hoy. Parte de la historia que uno va escribiendo.
Rearmar la agenda desde la gratitud será un lindo ejercicio para mí. Creo que es la primera vez en casi treinta años que lo hago de ésta manera.
lunes, 18 de marzo de 2024
Salir de la dinámica (cuota 3/3):
Amanecí muy bien hoy lunes. Pronóstico de lluvias, día de trabajo presencial y la premisa de hacer pequeñas las batallas del presente. Me puse un pantalón negro, un blazer a juego y mis mocasines junto a una camisa.
Mientras caminaba por Puerto Madero, de camino a la oficina, aprecié el paisaje. Agradecí mentalmente, me dije que si bien no podía librar todas las batallas juntas, me sentía bien por hacer algo por mí más allá del dolor y de la pérdida. Es que si, más allá de los motivos correctos, la pérdida de Galeno trajo consigo un dolor que ya esperaba. Y que pese a esperarlo no es precisamente más liviano. Por eso, mientras caminé, agradecí. A ver si así el dolor era al menos más fácil de llevar conmigo, con la mochila, con la cartera, entre las ropas, en los ojos, en la garganta, en el pecho comprimido casi como si tuviera un nudo.
Cuando llegué a la oficina y encendí la computadora en el silencio (soy la primera en llegar, cosas de personas que viven en Provincia de Buenos Aires y trabajan en Capital Federal) y fui hasta la máquina para servirme un capuchino de vainilla.
A la vuelta me di cuenta que al sincronizar WhatsApp, tenía un mensaje de Galeno. Pidiéndome disculpas.
En base a eso, a la vuelta de la oficina, tuvimos una charla necesaria para darle el final formal a nuestro vínculo. Está vez, me la guardo para mí.
Solo decir que a veces el dolor es inevitable. Parte de la vida. Parte del crecimiento, del avance, del progreso. En este momento me cuesta ponerle palabras a las cosas. Me cuesta mucho darle paso al duelo. Pero junto al trabajo emocional que vengo haciendo hace casi un mes, y (aunque suene ilógico) junto a la posibilidad de una última charla consigo, fue posible empezar a abrazar la angustia. Y mencionarla.
Hay una supervivencia desesperada por querer estar bien y hay una necesidad de sentir y atravesar está tristeza. Sé que lo importante será encontrar el equilibrio entre esas dos miradas. La pulsión de vida y la pulsión de muerte. Y quizá también una tercera pulsión: la de la vida que queremos construir.
domingo, 17 de marzo de 2024
Recorriendo Once
Hoy sábado aproveché para ir con mi madre al barrio de Once. La zona es popularmente conocida por sus buenos precios en algunos rubros y, si bien he ido más de una vez (porque en Once también se encuentra la Iglesia de San Expedito y fuimos muchas veces con mí papá), hoy fui exclusivamente a comprarme ropa de temporada que no podía esperar más.
Acostumbro a comprar casi todo en las liquidaciones cuando se trata de ropa de marca. Así, aprovecho ofertas muy falopa; no quiero regalar mis billetes a las marcas en el momento que ellos me lo digan. Pero este caso fue distinto porque tenía otras urgencias.
A mi criterio por lo menos, y por la zona donde vivo, la ropa es cara aquí. Sea o no de marca, se pasan. Y eso lo noté inicialmente cuando tuve que comprarme algunas prendas que no tenía para ir a trabajar a la multinacional dónde se visten todos reee bien (ropa de sastrería, básicamente). Y ahora lo noto cuando no tengo ropa de media estación porque, claro, un año atrás no tenía ni en los planes que iba a cambiar de trabajo y menos que se iba a dar este contexto de esta forma.
Pero eso sucedió y tocó salir a buscar con todo.
II.
Sobre los precios, me sorprendió la ENORME diferencia respecto a mi zona. Sin mentir creo que es la compra con mayor margen de ahorro que he hecho en Once desde la primera vez que fui hace cinco años. Había ofertas y cosas de buena calidad que me parecieron muy baratas en comparación a lo que podría comprar acá con la misma plata.
Hay que tener presente que fui a lugares muy puntuales. Hay que saber dónde comprar cada cosa para que se justifique el viaje. También hay que saber que en algunos comercios dan cuotas sin interés, aún mismo los precios sean más baratos, y aún mismo, en muchos comercios locales, ya no las den.
Por lencería, fui a un local donde vendían conjuntos por cinco mil pesos pero solo compré de una marca que conozco la calidad y la usé siempre aunque fueran un poco más caros. Inclusive siendo más caros en Once, ese precio, jamás es superior a lo que yo pago el mismo conjunto en los locales de mi ciudad. Aproveché bastante este rubro y finalmente terminé llegando al precio "mayorista", así que ahí obtuve algo más de margen.
Por suéters, compré solo de una casa que es un oulet de una marca muy buena y que tiene precios imposibles de lo bonitos. Había suéters por 13 mil pesos en el oulet y normalmente en la página esa marca los tiene en temporada a más de 20 mil pesos. Todo pasa por ver si tienen lo que te gusta y te sirve en cuanto a básicos atemporales. A mí me salvó. Pude conseguir para ir a la oficina.
III.
Mi mamá aprovechó para comprarse los regalos de cumpleaños: compró una camisola muy linda, un pantalón de súper oferta y un suéter muy finito de media estación. Sin mentir, creo que no llegó a gastar $40.000 en total. ¿Y qué relación hay con los precios de mi ciudad? Bueno, básicamente, el otro día pregunté por una camisa para ella (vi unas muy iguales en Once) y salía $35.000. Sí. Solo la camisa. A ese nivel.
A ella la ayudó mucho porque se compra ropa solo cuando puede, y que le salga muy cara, le complica las cosas. Yo siempre trato de regalarle ropa para las ocasiones pero justamente así los regalos inclusive "abarcan mejor".
IV.
¿Contras? Y... No es un experiencia que se caracteriza por el confort ir a Once. Hay mucha gente, todos cargados. A veces en los negocios hay filas. Uno a medida que compra, se carga. Hay que vigilar los los objetos personales, o al menos yo lo manejo así, por las dudas. Y no se caracteriza por el detenimiento la atención. Hay tanta gente que tenés que ser expeditiva en cierto modo porque no van a estar detrás de indecisiones.
Pero ojo, toca una salvedad: a mí me tocaron vendedores muy amables siempre. Hoy, incluso, me una chica me hizo una rebaja de dos mil pesos en un suéter porque sí.
El general, el resto de las desventajas, son subjetivas. En nuestro caso con mi mamá nos tomamos seis medios de transporte entre ida y vuelta, por lo que consideramos esto como un programa excepcional. Es decir, una vez cada tanto. En nuestro caso también, es un programa que te lleva desde la mañana temprano hasta pasado el mediodía...
Sin embargo, creo que las contras quedan en el plano de la anécdota.
IV.
Un consejo para quien esté leyendo esto en algún lugar:
Vayan a Once si quieren ahorrarse unos pesos. Hoy volví contenta porque resolví mucho con mucho menos dinero del que hubiera necesitado. Y eso, realmente, es un montón.
viernes, 15 de marzo de 2024
Una mala "administración"
miércoles, 13 de marzo de 2024
Salir de la dinámica (cuota 2 de 3):
lunes, 11 de marzo de 2024
Lunes de lluvia
Amo la lluvia. Sencilla afirmación pero certera para comenzar el día. Un lunes más de marzo. Un lunes menos para el otoño. Todo lo que creo que necesito hoy en día: lluvia y la certeza de que el otoño está en camino.
Las semanas pasan. Sigo triste, como procesando bien en qué estoy, con puntas filosas que a veces aparecen detrás de mi mejor voluntad. Pero eso si: me siento menos triste o más acompañada en la tristeza cuando llueve. Es como si el cielo me abrazara o como si yo me sintiera contenida por el clima. Y hoy lunes llovió casi a lo largo de todo el día.
Pude apreciar esta lluvia mirando el rio, con esas panorámicas que me regala lo impredecible de la vida y Puerto Madero. Agradezco. Desde lo más profundo, aunque esté rota por dentro, no dejo de agradecer ver lo que veo.
No puedo evitar pensar en Galeno. La rabia aparece como parte de analizar en segundo plano el desprecio de sus actitudes últimas. La rabia me avisa que nunca más me voy a dejar querer así, que ya basta, que la mejor decisión que pude tomar este 2024 fue dejarlo. Que hice bien, aunque no sea cómodo ni lindo hacer un duelo. Inspiro hondo. Sigo mirando la postal de un octavo piso con vista al Río de La Plata y pienso que pese al estrés, al agobio, a la incertidumbre permanente, y al duelo, mi proceso está más vigente que nunca.
Sentirse rota por dentro tiene como ventaja que caes en cuentas de cuánto tenés que integrar para que tu vida funcione en equilibrio. Y justamente es así como me siento ahora: mirando los fragmentos de mi, analizando qué es lo que puedo agrupar y anhelando claridad en los pasos. Sintiendo el imperativo del orden como nunca antes en mi vida. Buscando una especie de sentido superior a lo que hago. Creyendo que no todo en la vida es trabajo-universidad-sueldo-pagos con trabajo-universidad-sueldo-pagos.
Mientras miro la lluvia caer a toda velocidad sobre los ventanales, casi como desconsolada, creo que tengo algo en común con ella: ambas llegamos por fin al punto de no sostener más la atmósfera previa.
Creo que me debo, por eso, transcurrir la tristeza. Lo poco o mucho que aparezca, darle el espacio. ¿Se puede estar triste y aliviada por haber tomado una decisión? Si. Así estoy exactamente.
Muchas de las decisiones importantes para nuestra vida tienen que ver con hacer todo lo mejor por nosotros. Y yo sé que por momentos tengo conductas muy destructivas conmigo, pero sé también que es solo una de las caras de la moneda. Porque la otra cara es está, la de observar el Río de La Plata y pensar: "qué hermosa vista, qué privilegio estar hoy acá" .
Cambio la posición y retomo la pantalla con los pagos y los números. Sin embargo, aunque no esté mirando en ese instante por la ventana, me siento acompañada por la lluvia. Por el propio proceso. Por sentir que pese a todo lo demás que pueda suceder, todavía tengo tiempo de una vuelta más.