martes, 30 de abril de 2019

Aprendiendo sobre Teoría Literaria II

Conclusión: crítica política 

Terry Eagleton es un crítico literario británico con gran trayectoria. En 1988 publica "Una introducción a la Teoría Literaria", una obra editada por el Fondo de la Cultura Económica de Madrid.  En el desarrollo de este texto, manifiesta diversas consideraciones sobre la crítica y la teoría literaria. En éste caso ahondará en las ideas expuestas en el último capítulo del mismo: "Conclusión: Crítica política".

Éste versa respecto de una hipótesis fundamental, consecuencia de recorrido teórico que planteó anteriormente: de qué trata la teoría literaria, para qué puede ser provechoso ocuparse de ella, teniendo en cuenta que existen cuestiones políticas o sociales mucho más relevantes.  Al respecto, Eagleton introduce la relación entre política y teoría literaria, no como dos temas distantes, sino íntimamente vinculados. En toda teoría, según su mirada, habrá un componente político e ideológico que esté presente, independientemente de que se considere a la teoría en clave política o no; es decir que toda teoría que se refiera al significado, a los valores, al lenguaje; etc, está atravesada por la política.  La presencia del vínculo entre crítica y política, según el autor, no es algo que se deba lamentar ni ocultar, sino, por el contrario, asumir; ya que, de otra manera, el encubrimiento de la presencia de la componentes políticos e ideológicos en el seno de la teoría, se puede interpretar como un punto de complicidad con esta última. Lo verdaderamente censurable, para Eagleton, es el tipo de política que está encubierta en la teoría y que, sabiéndolo o no, ha contribuido a sostener y fortalecer.  Un ejemplo de ésto, es la visión de la teoría literaria moderna, en tanto se la considera un reflejo de los valores capitalistas de un sistema económico y social que prioriza al hombre individual respecto de lo social.  Cuando el autor se refiere al concepto política - y lo asocia a la teoría literaria - hay que tener en cuenta que se entiende a lo político  como la forma en que se organiza la vida social y las relaciones de poder que dicha organización supone.  

Al referirse a las relaciones de poder, y el modo de organización de la vida social entorno a ellas, es importante tener en cuenta el rol que ocupan las instituciones educativas dentro de esta dinámica. Cabe decir que la representación del poder se ve en los Departamentos de Literatura que serán parte del aparato ideológico . Los teóricos pertenecientes a dichas instituciones serán los GUARDIANES DEL DISCURSO, en tanto se encargan de CONTROLAR EL MODO DE DECIR dentro del cual no tienen permitidos circular ciertos significados, valores o posiciones. Lo PENSABLE QUEDA REGIDO POR EL LENGUAJE Y LA APROBACIÓN RESPECTO DE ESTE MODO DE DECIR.  Asociado a ésta noción, se constituye EL CANON LITERARIO. Éste, en su formación, sigue las normas propuestas por las instituciones literarias que responden, en su individualidad, a decisiones políticas pensadas variables según el momento histórico determinado. 

A modo de conclusión tanto la crítica literaria como la institución académica y literaria, ejerce un poder que beneficia a los sectores dominantes de la sociedad y sigue reproduciendo sus valores. 

II

En un segundo momento del texto, Eagleton, toma partido respecto de la idea de una teoría literaria pura. Teniendo en cuenta que para el autor no existe teoría literaria separada de la noción de política, a su vez vinculada con la ideología, la considera inexistente como tal, sólo un mito académico Sin embargo, no obstante esto, el concepto de teoría literaria pura puede entendrse como aquélla que se plantea desligada de la historia, de la política y de la ideología. Es decir, aquélla teoría que presenta verdades técnicas, axiomáticas, que favorecen y refuerzan los intereses particulares. 

Por otra parte, la idea de una teoría literaria pura también será imposible de considerar teniendo en cuenta la vinculación que ésta puede tener con otros disciplinas. Si concebimos la teoría desde una perspectiva científica, como la encargada de evidenciar verdades, se deberá tener en cuenta el hecho de que no se está frente a un objeto de estudio definido. 

III 

La propuesta del autor en relación a la teoría literaria no será oponerlas respecto de una teoría que sea propia más aceptable políticamente. Por el contrario, se centrará en ver si es posible hablar de teoría literaria sin asociarlo a la idea de que existe la literatura como objeto de conocimiento distintivo, objetivo, y estable.  Según su punto de vista, la teoría literaria puede centrarse en fenómenos sociales que no sean, necesariamente, obras literarias. La literatura, según Eagleton, será el nombre que los individuos le dan a ciertos escritos ubicados dentro de las denominadas prácticas discursivas. Su propuesta será la de una clase diferente de discurso que incluye los objetos – literatura – e que tratan esas otras teorías, pero transformándolos al colocarlos en un contexto más amplio.   Sin embargo, al acercarse a ésta posición, el autor pregunta si se perderá la particularidad de la teoría literaria en si misma. La respuesta a ésta inquietud se centra en comprender que lo específico del tipo de estudio se basaría en el interés por los efectos que producen los discursos y por la forma en que los producen. Por eso, plantea el autor, no será lo mismo leer un texto para informarse de un tema desconocido que leerlo en clave analítica, es decir, considerando cómo está estructurado y organizo el discurso, qué clase de efectos producen dichas formas o recursos en tales o cuales lectores en particular y en determinadas situaciones.   Su propuesta se trataría, dicho de otra manera, de volver a la forma más antigua de la crítica literaria: la retórica.  Por su parte, dicha disciplina se centrará desde la antigüedad hasta el siglo XVIII, en la forma en que se constituyen los discursos con el fin de lograr determinados efectos, dónde se los consume. Dichas prácticas, desde el punto de vista de la retórica, se considerarán formas de poder y ejecución. 

IV 

Eagleton plantea que la literatura no existe. De esa noción, en segundo término, se desprende la pregunta respecto a cómo sería posible que exista entonces la teoría literaria. Y, a modo de respuesta posible a ésta inquietud, explica que habrá dos formas para que una teoría literaria pueda definirse: la primera, en función de sus métodos de investigación; la segunda, en función del objeto particular que se aboca a investigar.

Respecto de la primera noción, nos dirá que cualquier teoría que tenga la pretensión de definirse basándose únicamente en un método distintivo estará condenada al fracaso. Con esto se refiere al hecho de que la teoría literaria reflexiona sobre la naturaleza de la literatura y de la crítica, por lo que intervienen múltiples métodos posibles a la hora de elaborar un discurso crítico. Resultaría inconveniente elegir sólo un método que funcione como distintivo, dejando a un lado la posible intervención de otros más. Desde el punto de vista de la metodología la crítica será un “no tema”. 

Hay que tener en cuenta que tanto la crítica literaria  como la teoría literaria se refieren exclusivamente a cualquier forma de hablar  - teniendo en cuenta, no obstante, un cierto nivel de “competencia” - , sobre un objeto que será la literatura. Para Eagleton el objeto será lo que distinga y delimite el discurso, siempre y cuando permanezca estable.  Sin embargo, asegura luego, la literatura carece de esa estabilidad. Del mismo modo, en referencia al método, esbozará que no todos son realmente compatibles.

 A menudo, el mezclar postulados del estructuralismo, la semiología, etc, llevará a una confusión de quienes creen que en todo se encuentra algo de verdad.  Este proceso, de intensificarse, daría pie a una posible pérdida de la esencia de la teoría literaria. 

V

Esto es todo por hoy...  Mañana, seguimos con otro tema.  Rindo dentro de poco.  En cierto modo, están estudiando conmigo.

Feliz día del trabajador para todos. 

Paro

Hoy me levanté muy temprano para ir a trabajar. Tomé un remis hasta la Terminal de Colectivos que me lleva hasta la oficina y le pregunté si andaban. Estaban todos los chóferes en la puerta, parados, sin unidades en la calle. Salió uno de los empleados y muy amablemente me dijo:

- Sí, pará, perame que sale - y continuó haciendo una seña de avance hacia el interior del galpón.

Salió, de la terminal, un colectivo sólo para mí. Me subí, sin hacer fila, porque no había nadie. Me puse a charlar con el chofer, que no me cobró ni siquiera boleto, y me comentó que había apedreado una unidad yendo de camino a mi trabajo. Que acababan de volver a salir, pero que no sabían qué iba a pasar después del mediodía. Que si los agredían, paraban, por una cuestión de seguridad de ellos mismos y de los pasajeros y por distribución de combustible.

Estuvimos conversando varias cuadras. Por día, tomo tres colectivos y, dos de los cuales, ya no funcionaban. Ése era mi última carta. De otra manera, en caso de no poder llegar, me descuentan el día. O me lo descontaron, bah, porque en cuanto el chofer me explicó la verdad de la situación, es decir, más allá de lo que dicen los medios del paro, me decidí a preservarme y a pensar que, la vuelta, el regreso a mi casa, no estaba garantizado. Al caso ¿qué iba a pasar si se atrasaba todo, si tiraban piedras, o si tenía que gastar en taxi más de lo que me pagan el día?

- Ay, perdón que te hice salir al pedo, pero ¿me dejás acá?
- Sí, dale. ¿Volvés a tu casa?
- Y sí, me da cagazo, la verdad - admití.
- Sí, está bien, hacés bien.  Nosotros, ya te digo, vamos a tratar de trabajar hasta donde dé. No te puedo asegurar nada, porque es salir y ver con qué nos encontramos ahora y, en especial, más tarde. Combustible hasta donde tengamos vamos a salir. Mañana ya no, ahí no lo trabajamos.

- No, ni hablar. Creo que es una caja de pandora para todos... No sé, la verdad... - le sonreí, algo apenada.

Me abrió la puerta, y miró al costado.

- Ojo ahí con los motos - me avisó, con una sonrisa - Hasta luego.
- Sí, las ví. Gracias. Y tengan cuidado. Ojalá sea un buen día - me despedí - Mil gracias, igual.

Y así, aún sabiendo que me van a descontar del sueldo el dinero, me volví a mi casa en un remis. Más que nada porque, si me pasa algo, nadie me cuida, nadie me lo paga. Y como nadie me cuida si no soy capaz de hacerlo yo, ¿quién? De verdad, siendo honesta, porque valoro el trabajo, me hubiese gustado ir a trabajar. Me gusta cumplir, lo admito. Pero, si me tengo que exponer, trato de elegirme. Hablé con una compañera y me dijo que, en la Empresa, no hay Internet, Teléfono ni uno de los sistemas.

Ojalá, asimismo, por mis compañeros, se dejen todos de joder y dejen irse a los laburantes cada uno a su casa.

Mientras tanto, aprovecho a estudiar. Todavía son cerca de las diez de la mañana y, de algún modo, le voy a encontrar el sentido a estos dos días.

 En un rato, volveré a contar otro cuento sobre Teoría Literaria. 

domingo, 28 de abril de 2019

Responsabilidad

Hace un impar de meses atrás, para mí, comenzó una nueva etapa. Todavía estoy un poco reticente respecto a éste tema, al hablar de éste tema, pero creo que es momento de admitir que necesito ayuda para manejar la presión asociada, claro, a la responsabilidad. 

Desde que tengo uso de razón, claro, fui una persona en extremo responsable. La mayoría de los cambios que tocaron, desde algún lugar, ese ámbito de mi vida siempre me han costado un poco. Para mí, la estructura que me formulo de las cosas, asociada al gran sentido de la responsabilidad, es lo que me ayuda a ir manejando la presión.  ¿Y de dónde viene la presión? De mi misma, también, obvio. 

Hay momentos donde desearía que toda la presión que ejerzo sobre mi misma, la pusiera otra persona. Sé que sería capaz de mandarla a la mierda, putearla, decirle que no se meta y que me deje vivir mi vida en paz. Sé que sería capaz de decirle que yo soy más responsable de lo que se piensa y que lo que el otro está pensando en referencia a mi manera de organizarme yo ya lo pensé ida y vuelta...  Pero no puedo. Porque no existe ese otro al cual condenar, insultar, defenestrar y maldecir para liberarme de la presión, expulsando la carga. Sólo yo soy quien se impone esa presión. Sólo yo soy quien pretende hacer las cosas sin equivocaciones.  Sólo yo soy quien es poco tolerante, o le cuesta mucho malestar, tolerar la frustración. Sólo soy yo la que pretende nacer sabiendo sobre todo. Sólo yo soy quien sostiene la tiranía. 

II

Lo más extraño del tema es que, racionalmente, yo entiendo que no tengo el mismo tiempo que antes para hacer mis cosas. Que, si antes podía estudiar treinta horas por semana e ir y sacarme un ocho o un nueve en el parcial, ahora, en cambio, trabajo treinta y seis horas por semana, curso ocho horas más, y a eso no le sumo el viaje desde Provincia a Capital y viceversa; por lo que quizá no pueda sacarme un ocho, y con un cuatro, esté todo más que bien. 

Lo más extraño es que, racionalmente, yo entiendo que tengo que darme el tiempo y entenderme; que si no soy capaz de hacerlo, nadie más lo va a hacer por mí. También entiendo que tengo que confiar en mí, que no va a pasar nada malo, que no tiene nada de malo que me esté costando un poco más la Universidad, y que eso no quiere decir que no vaya a poder llegar a la meta, ni tampoco, que sea peor o mejor profesional. Sólo quiere decir que tengo que aprender a aprovechar mejor el tiempo, y, también, a perdonarme si otras veces tengo necesidad de tomar tiempo para mí, dándome la prioridad... Porque soy una persona, un ser humano, que está haciendo lo que mejor puede para lidiar con la responsabilidad que, por otro lado, muy agradecido está de haber podido asumir. 

Lo más extraño es que, éste presente, es algo que siempre quise. Es decir; yo imaginé mi vida trabajando y estudiando, no haciendo una sola cosa a la vez. Imaginé mi vida así, precisamente, porque quería marcar la diferencia respecto del mandato familiar, y poder ejercer mi rol de hija desde un lugar colaborativo e involucrado. 

A los diecinueve años, trabajé por primera vez cuidando a un nene unas semanas. A los veinte, cuidé a ese mismo nene, todo un verano. A los veintidós empecé a trabajar ayudando con los papeles a una Gestora. A los veintitrés continué ese trabajo, y además, ejercí por primera vez como Profesora, es decir, hice uso de la herramienta que me dá el estar estudiando.  Pero ahora, en cambio, a los veinticuatro, ingresé a mi primer trabajo en blanco y con relación de dependencia, en una Empresa en CABA, donde cumplo un horario, y estoy inmersa en la dinámica de una Empresa, es decir, bajo una dinámica mucho más formal. Donde tengo todo lo que se supone que te reporta un trabajo formal, para bien y para mal. 

Siempre, inclusive ahora, continúe y continúo estudiando. El conflicto surge a partir de que yo considero el dinero como un medio indispensable para vivir, pero en especial, para estudiar. Me doy cuenta que, además de mi familia, es casi lo único que me importa. El dinero, en términos de presencia, siempre lo pienso como la posibilidad de pagarme la Facultad, al margen de todo lo que pueda obtener con el.  El tiempo, siempre lo pienso en términos de lo que podré estudiar. La idea del trabajo, más allá de que resulte enriquecedora, la pensé y la pienso como un medio de llegada a una meta que va mucho más allá.  Y eso, aunque suene bonito en alguna medida, reporta mucha presión... Porque lo cierto es que, a nivel implícito, manejo bastante presión y ansiedad. Batallo internamente con la enorme necesidad de hacer siempre de todo, y hacerlo todo bien, y hacer lo mejor, y dar todo lo mejor y progresar, y progresar, y progresar.

¿Cuántas veces en estos últimos tres meses, especialmente, me repetí esta palabra? ¿Cuántas veces, durante las largas jornadas de quince horas y media fuera de mi casa entre trabajo y facultad yo me dije que lo tenía que hacer para poder progresar, y que no tenía derecho a cansarme?  Miles; a razón de tres o cuatro veces por semana... Porque "para mí, las cosas, son así; se ganan así". 

¿Y de verdad se ganan así, bajo esta presión? ¿Puede nacer algo saludable, o sostenible, según ésta presión? 

Desde los dieciocho años, siempre sostuve que quería pagarme yo los estudios, sin que nadie me los fuera a reprochar. Quería pagarme yo mis gatos, sin que nadie opinara sobre ellos. Quería yo, ayudar a mis padres, independientemente de lo que hicieron o hubieran hecho los demás. ¿Por qué? Porque mi temperamento, mi personalidad y mi punto de vista, me hacen entender que las cosas son así. Que, yo por lo menos, me siento mejor manejando las cosas así. Que de nada sirve quejarse sin mojarse los pies. Que uno no madura si le dan todo servido. Que hay que valorar lo que hacen los demás por nosotros, pero también, esforzarse por tener lo de cada uno.  Por eso, no quería ni quiero renunciar a mi independencia. Quería y sigo queriendo manejar mis plazos, mis tiempos, mis modos, mi dinero; mi vida, en una palabra... Porque parte de esta manera de vivir que yo estoy eligiendo, conlleva romper patrones, hacer mi propio camino, e ir asumiendo con madurez las decisiones que vaya tomando. Sin pensar qué hizo Mengana o cómo le fue a Fulana, sino, viendo qué puedo hacer yo desde mi lugar y en mi situación particular... Diferente a la de los demás, exclusiva, particular, íntima. Propia y sólo propia de mi experiencia de vida.  

La cuestión, simplemente, pasa por tener en cuenta un detalle que no es menor: en la vida, debemos recordar que somos seres humanos. 

Yo creo que estoy escribiendo esto, justamente, para no olvidármelo.  Y relajarme. Y confiar. Y esperar. Y trabajar agradecida y estudiar agradecida y dejar todo en manos de Dios y el Universo para que todo este esfuerzo me lleve al mejor lugar.  Porque ¿para qué tanta presión, no? No sé qué idea bonita podría tener de la vida si sigo desesperada por vivirla siempre con la vara tan alta, siempre con los cánones de conformidad tan demarcados. 

Ojalá esta especie de charla conmigo misma me ayude a bajar seis cambios. 

sábado, 27 de abril de 2019

Aprendiendo sobre Teoría Literaria

En la Facultad estoy haciendo dos materias: una de ellas, muy complicada. Como condición previa al parcial, sólo para ejercitar, me pidieron que presente un trabajo práctico conceptual que fuera, básicamente, una exposición sobre algunos postulados de Roland Barthes. En esta materia, más que los contenidos, te evalúan también los modos de decir respecto de esos contenidos (que no son fáciles de esbozar, para mí por lo menos). Son todos textos muy abstractos, con un vocabulario complejo, específico y un nivel de complejidad que, sin mentir, nunca había experimentado en una materia teoría. Es que, en cinco años de Facultad he leído cosas difíciles, pero como éstas, creo que no.  Quizá por eso último, no me fue bien. Y, obvio, la noticia me cayó considerablemente mal. Sé de gente que hizo cuatro veces esta materia, pero me estoy esforzando mucho desde que la empecé para tenerla siempre al día y para darle toda mi capacidad a cada texto. Por eso, en especial, cuando me lo devolvieron y deslizaron que, convenientemente, sería bueno que lo rehaga primero me puse triste, después me frustré, y al otro día me dije que ésto tenía que ser "como si se lo explicara a alguien que no supiera tan finamente nociones de la Teoría Literaria"... y, de pronto, pensé en éste espacio. Aquí, de alguna manera, es como si pudiera hacer lo más cercano a eso... Y por eso, a modo de modalidad de estudio, me decidí a reescribirlo.  La conclusión será ver si sé explicar lo que me explicaron y lo que analicé varias veces, y lo que volví a leer y lo que intento desentrañar...De  lograrlo, consideraré que lo he entendido y quizá no vaya angustiada de cara al parcial.  Por lo que, ya que todavía faltan varios días para ése momento, ahora, empecemos con "el cuentito"... 

II 

 Roland Barthes, formula diversos postulados acerca de la crítica literaria buscando responder una pregunta que resulta crucial: ¿qué es la crítica?

 En su artículo "Qué es la crítica", se la define  como una práctica asociada a la ideología; como un  discurso sobre un discurso, es decir, un lenguaje secundario (meta-lenguaje) que se conforma sobre la base de un lenguaje primario (o lenguaje objeto). De esto, es posible deducir que la crítica, en tanto actividad, debe albergar dos clases de relaciones: la primera, será la relación entre el lenguaje crítico y el lenguaje del autor analizado , es decir, el lenguaje utilizado en la obra. La segunda, la relación entre éste lenguaje objeto y el mundo.  La vinculación, o frotación de estos dos lenguajes es lo que, según Barthes, define a la crítica.

 Su objetivo será elaborar un discurso sobre el mundo circundante, centrándose en identificar sentidos posibles y coherentes, en relación a la obra literaria que esté sujeta a análisis. La obra, en éste caso, es considerada como un sistema de signos determinado e ínter-relacionado entre sí, donde cada término, para pertenecer a ese sistema y no quedar fuera del código, debe ser coherente a la organización general. Es por este motivo que Barthes sostiene que un sentido elaborado por la crítica, no podrá ser considerado verdadero o falso, pero en cambio sí podrá ser considerado válido o inválido. Así, la crítica literaria no se enfocará en determinar la veracidad o la falsedad posible de hallarse en una obra, sino que se abocará a buscar y explicar los procedimientos a través de los cuales dicho sentido se produce.   Por ende, la pretensión de una crítica que sea  un conglomerado de juicios o una tabla de resultados no será posible. La critica  se constituye como una actividad, es decir, una sucesión de actos involucrados en la existencia histórica, social y subjetiva de quien los lleva adelante, y los asume.

El lenguaje utilizado por el mismo crítico que es un portador de su ideología. En éste sentido, Barthes, sostiene que la crítica como tal no puede ser capaz de negar su naturaleza ideológica, no puede presentarse como "pura".  El reproche a la crítica francesa de índole más tradicional, normalmente asociada al ámbito intelectual universitario, no se centra en el tipo de ideología que se encuentre dentro del discurso, sino, en el ocultamiento y en la negación de su existencia,  siendo que se halla dentro del lenguaje elegido por el crítico.  La crítica será una actividad destinada a producir sentido dentro del universo del texto literario y estará, indudablemente, vinculada con la ideología.

Barthes considera que la crítica debe incluir en su discurso un discurso implícito sobre si misma. Esta noción se relaciona con la idea de  la producción de un  discurso crítico que sea construido sobre la base de un discurso primario, es decir, la idea de que el discurso crítico se construya como un  meta-lenguaje* (véase 1) 

Es necesario destacar que en "Qué es la crítica", texto incluído dentro de su obra Ensayos críticos (1963), se considera a la crítica como la encargada de producir sentido, de buscar valideces. Cuando se menciona el término valideces, éste se diferencia de la idea de verdad o falsedad, que puede estar presente en la crítica de una obra literaria. Barthes plantea que el crítico apunta al estudio de la coherencia que este discurso producido pueda tener en relación con el discurso literario, pero además, también en relación con el discurso de su época; no apunta ya a determinar veracidad o falsedad dentro del sistema que es esa obra en si misma. Lo importante será que el discurso crítico debe ser considerado bajo formas lógicas y sistemáticas de organización; una organización coherente, enfocada en demostrar que existirán sentidos válidos, acodados siempre bajo las reglas de ése sistema, o dicho de otra manera, suscribiendo al mismo código.

Tres años después de la publicación de Ensayos críticos en 1963, Roland Barthes publica otra obra ensayística titulada "Crítica y verdad" (1966), que trata sobre la crítica literaria y la manera en que ha de ejecutarse. Crítica y verdad es un ensayo producido a modo de repuesta ante las críticas recibidas por parte de Raymond Picard. Junto con "Qué es la crítica", parten desde un punto de vista crítico sobre el modo de producir teoría literaria.  En este ensayo posterior, Roland Barthes escribe en contra de la crítica tradicional pero al mismo tiempo allana el camino para sentar las bases de lo que él llamará "la nueva crítica". La idea de una nueva crítica surge a partir del análisis de la literatura clásica a la luz de nuevas filosofías (el psicoanálisis, el marxismo, el existencialismo de Sartre; etc).

Para comprender la totalidad de la cuestión, será conveniente tener en cuenta que durante los años sesenta, en Francia, la Teoría Literaria se encontraba algo aislada. Barthes sostiene la necesidad de innovación, precisamente, en esta noción. Busca innovarla, recrearla y volver a problematizar sobre sus postulados, vinculándola con otras concepciones y teorías propias de otras disciplinas. Pero ¿cuál es el nexo que lo une y lo enfrenta a  Picard? Picard será, precisamente, el representante de una modalidad crítica que Barthes considerará anquilosada y querrá renovar y considerará las ideas de Barthes como una "no crítica".

No obstante esto, la objeción de Barthes hacia la Crítica tradicional se basa en el modo de hacer literatura. Mientras que la crítica tradicional se jacta de ser objetiva, racional, carente de ideología que pueda atravesar sus discursos, es decir, completamente "pura"; la nueva crítica asumirá la existencia de una ideología que condiciona la producción de los discursos críticos y los configura en dicha clave. No será necesaria la pretensión de una crítica donde las marcas ideológicas intenten ser borradas o se haga la vista gorda ante ellas, sino que se declarará el carácter ideológico de éstas.  Tampoco será necesario, para la Nueva Crítica, recurrir a un método objetivo, estático y de carácter lógico-científico; por el contrario, se planteará la existencia de diferentes métodos posibles, teniendo una concepción abierta de la obra literaria y de las posibilidades de interpretación diversas que pueden surgir.

Mientras que la Crítica tradicional  va a considerar al crítico como un sujeto capaz de desentrañar lo "verdadero" en una obra, priorizando un único sentido en ella. Si se tiene en cuenta la noción extraída de la crítica tradicional del autor como sujeto dueño del misterio de la obra y del crítico como sujeto capaz de interpretarlo, eso equivaldría a creer que existe un único sentido y que sólo será necesario exponerlo ante los demás. Para la Nueva Crítica, en cambio,  el modo de hacer crítica literaria, es decir, un discurso sobre otro discurso, será completamente diferente. Barthes planteará  la posibilidad de encontrar más de un sentido al objeto de análisis. Se considerará a la Nueva Crítica como incapaz de ser objetiva, lógica y de carácter científico, precisamente, por asumir que la literatura no puede constituirse como un objeto de estudio estable (lo cual es totalmente necesario para que se pueda establecer una "ciencia de la literatura").

 Barthes le reprochará a la Crítica Tradicional, el que su punto de vista esté atravesado por cuestiones ideológicas que condicionan esos juicios críticos. No la considerará objetiva, más bien, sostendrá que el modo de producir dicha crítica se centra en juzgar basándose en determinados preceptos morales y que, ésto, no puede ser considerado de carácter objetivo. Todos y cada uno de los juicios críticos esbozados por la Crítica Tradicional, estarán motorizados por una concepción de la obra sujeta a diversas variables: lo que se puede considerar tema literario, el uso del lenguaje francés como la lengua más transparente o la utilización de jergas; la percepción del sujeto en tanto ser humano atravesado por el componente de la sexualidad, o como sujeto escindido donde éste tópico no forme parte de lo expresado en las obras "aceptadas"; entre otros.


Respecto del método, la Crítica Tradicional, según Barthes, optará por histórico/documental, poniendo el acento en lo científico, en lo histórico y en lo biográfico. Recurre a éstas disciplinas en la búsqueda de un único sentido y se centra en develar lo que quiso decir el autor, utilizando o recavando datos y documentos que avalen la idea de una historia con un sentido único e irrefutable. Barthes considera al método de la crítica tradicional un "verosímil crítico", es decir, algo que simula ser crítica pero no lo es. A diferencia, su propuesta se centra en analizar la obra interpretándola como un gran sistema, estableciendo así un paralelismo entre literatura y la lengua, teniendo en cuenta que ambos se pueden considerar sistemas de signos. Allí, aparece la idea del binarismo, donde un elemento se define por lo que no es, por la exclusión o pertenencia a dicho sistema.

La crítica tradicional pone atención en un carácter científico y toma a la lengua francesa como estandarte, considerándola más pura y más clara que otras. Por ende, criterios tales como la pureza, la claridad, la objetividad o el gusto, serán las bases en las cuales se apoyará su ejercicio crítico y lo que se considerará aceptable o inaceptable en relación a dichos preceptos.  Roland Barthes, por el contrario, sostiene que estos criterios son condicionamientos del juicio crítico; que el gusto funciona como una prohibición y que, en conjunto, dichas sujeciones son las que establecen el canon literario en base a los intereses de las instituciones y del poder. Propone múltiples sentidos de interpretación de una misma obra, vinculando el sentido de ésta misma con el discurso de la época en la cual se la trabaje.  Para la crítica tradicional, el autor se caracterizaba desde una perspectiva romántica. Aparecía como un semi- Dios, con cualidades extraordinarias y, especialmente, del sentido de su obra, siendo el único conocedor de ésta "verdad". La nueva crítica, en cambio, habla del escritor como un sujeto trabajador del lenguaje, donde el crítico será el encargado de ajustar la obra con el discurso de la época, brindando una interpretación, uno de los tantos sentidos posibles. Si la crítica tradicional tendrá una noción de obra cerrada, inequívoca, y asimbólica; la nueva crítica, en cambio, considerará la multipilicidad de sentidos, precisamente, desde el carácter simbólico que puede asumir el lenguaje ( véase 2). En conclusión, para Barthes, lo que no se tolera es que el lenguaje pueda efectivamente hablar del lenguaje. Las instituciones , caso contrario, perderían el poder y el dominio que acuñaron gracias al control de la lengua y a la fabricación de un canon, sujeto, siempre, a sus propios intereses.

NOTAS:

1: el término meta-lenguaje en este sentido, implica la idea de un discurso sobre otro. Siguiendo la línea de la Lingüística de Saussure, podríamos definir al metalenguaje como un significado asociado a un determinado significante (idea del signo como entidad de dos caras); el cual se resignifica en función de otros elementos presentes en el nuevo discurso y adquiere un nuevo sentido y, también, un nuevo significado. El metalenguaje, entonces, será para Barthes la utilización de un lenguaje primario (la lengua en tanto objeto), para formular un nuevo discurso respecto de ella, es decir, un meta-lenguaje, un lenguaje secundario.

2: con carácter simbólico del lenguaje, Barthes se refiere a la posibilidad de reinsertar el signo linguístico en un nuevo contexto, adaptándolo, y generando un nuevo proceso de semiosis, es decir, abriendo nuevamente la interpretación. Por eso mismo, lo simbólico asociado al lenguaje, en tanto emisor de nuevos significados de acuerdo al contexto lingüístico, posibilita la aparición y la circulación de diferentes sentidos para una misma obra.

III

Si es que alguien llegó hasta aquí, ¡gracias!



De corazón, espero que ojalá se haya entendido todo lo que escribí. Sobre el contenido, vaya y pase, pero sobre el modo es donde más me están exigiendo. No tengo espacio para especular, con estos textos, lo abstracto es lo que está y debo encontrar la manera de decirlo sin copiar ni aprender de memoria a los autores. Y, claro, ¿quién puede estudiar así cuando el aprendizaje va de otra cosa?

Le dediqué todo mi sábado a éste cuentito, por lo que acepto todo tipo de críticas, sugerencias que me puedan ayudar a aprender y mejorar ésta cuestión... También, acepto preguntas del tema, obviamente, así voy repasando...

¡Buen fin de semana!

domingo, 21 de abril de 2019

Símil Bambi

El Reo me lleva, fácil, más de una cabeza. El tipo mide, sin exagerar, más de un metro setenta. Demás está decir que es lo que yo considero un hombre alto, alto y robusto. Colecciona camisetas de fútbol del Club de mi barrio; tiene prácticamente todas las que están a la venta y las que salen y , casi casi, las que están por hacerse. No sólo le gusta el fútbol, sino que lo fascina, lo enloquece, lo desparrama. Es capaz de seguir al Club de sus amores hacia donde cuerno juegue y, siempre, lo hace con la banda de amigos que corresponde. Otras veces, cuando el ánimo está tranquilo, lo hace con sus amigos y con sus dos hijos; obvio, que son amantes del mismo club por transferencia de su papá.  El Reo tiene tatuajes varios y variados. Bien hechos; algunos sólo con tinta negra y otros de colores. Tiene uno en una pierna; otro en el muslo derecho; otro en el pecho. Otros más en la cara interna de los brazos, lindo, con el nombre de sus hijos. El Reo usa zapatillas del mismo color que las camisetas. Las combina, obsesivamente, y su paleta de colores se traduce en uno que prepondera: verde, verde más oscuro, verde más claro, verde y blanco o verde y naranja (de sólo pensarlo, visualmente, hasta me agota un poco). Le queda mejor no usar barba y lo ayuda más tener el pelo sin cortes de pelo modernos. Su forma de hablar es, para mí, bastante extraña. Habla de un modo corriente, usa expresiones del tipo que yo no usaría jamás, pero que comprendo, claro, porque no soy hija de un científico, sino, de un albañil... Y eso desemboca en que pueda hablar más correctamente si es necesario, pero jamás olvide el lenguaje coloquial, las jergas, los dialectos que se dan en la calle.  Desde ese lugar, comprendo bastante bien lo que dice El Reo e, inclusive, me relaja que no esté haciéndose el superado todo el tiempo con un habla que no le es propia. Me lo presenta más real, y eso, aunque parezca lo contrario a lo que cualquiera pudiera esperar de mí, es una fuente de atractivo. Un gran acierto. 

Físicamente, por lo menos, me gusta El Reo.

El conflicto radica, claramente, en todo lo que no está contemplando ese por lo menos.

Y eso es una macana porque mientras que yo me considero una persona demasiado centrada por la edad que tengo, y por la clase de vida que llevo; el tipo no se corresponde con eso. No, al menos, en la medida que siento que debería corresponderse por las razones esperables de su edad, la etapa de su vida, sus responsabilidades, etcétera. 

II 

Con él empecé a hablar pensando, vaya ironía, que era más joven de lo que realmente es. Desde hace ya más de un año y pico que yo no quiero saber más nada con tipos que me lleven muchos años y, a éste en particular, con toda la furia le daba treinta y pico, lo cual para mí ya era demasiado. Por eso, jamás le había hablado y me resistí a hacerlo durante meses enteros. Por eso también cuando me dejó unos likes, honestamente, no le dí demasiada pelota. Con el tiempo, tomé esa decisión frente a las posibles personas que podían hacerme algún ruido interno pero que, al mismo tiempo, iban a ser incapaces de quedarse a mi lado. 

 Pasó mucho tiempo más. Meses... Hasta que una noche, me escribió por primera vez.  No sé cómo lo supe pero, era bastante tarde y al ver un mensaje privado nuevo, intuí que era del tipo. Que finalmente me iba a terminar mandando un hola, un cómo estás, un "que descanses". Algo de eso, de ese catálogo.

Y le contesté breve, y hablamos poco... Pero hablamos. Y yo no quería hablar consigo porque no me bancaba estar buscando el modo no ofensivo de preguntarle la edad. Y puta, que llegó su cumpleaños y ahí,  finalmente lo confirmó. Fue en marzo cuando supe que éste tipo cumplió cuarenta años bajo el signo de piscis.  Y, si  bien lo saludé ese día, porque antes me había saludado para mi cumpleaños en el verano, y hasta me respondió de una forma considerablemente amistosa, yo me dije que no le iba a dejar ningún pie. Respondí a un chiste que me hizo, al estilo de: "por lo menos te sabés mi nombre", y decidí dejarlo todo ahí. 

No quería hablar con él porque no me bancaba que tuviera la edad que tiene, o en realidad, no me bancaba la idea ni de chatear con alguien de su edad, volver a pasar por lo que pasé y volver a sufrir lo que sufrí hace años; así que lo dejé de lado. En el medio, en el trabajo, empecé a conocer a mucha gente de mi edad o a duras penas cinco años más grande. Empecé a tratar con compañeros de trabajo contemporáneos, con pares etarios, etcétera, a adaptarme a esa dinámica, a darme a conocer desde otro lugar.  Es mejor ésto, conviene más, me dije... y El Reo, por su parte, quedó en stand by.

III
 "Yo un tipo grande no quiero, así que espero que no me hable más, porque realmente no sé qué quiere. ¿No se dá cuenta que no soy el perfil de mina que busca, no?¿Qué carajo quiere un tipo así de mí, más allá de lo obvio? ¿Para qué, no se da cuenta que es inviable todo?", me dije, enojada, indignada, realmente, enojada por la situación...  O, en realidad, enojada por mi falta de autocontrol frente a la situación. 

Un lunes a la mañana, cuando me tomo el descanso en el trabajo, mientras charlaba con Marco, uno de los chicos de otro sector de la empresa, siento que vibra mi celular pero no le doy importancia. A la hora del almuerzo, recién, me doy cuenta que El Reo me había mandado una foto de un desayuno. "Éste tipo se equivocó de mina", pensé, con total sinceridad, y se lo escribí. 

- Che, te equivocaste de destinatario... No creo que eso sera para mí. Volvelo a enviar así le llega a la chica correcta - le indiqué, con ironía. 

La foto, además del ser lo que era en si misma, contenía un buenos días. 

- No, no me equivoqué, es para vos - me dijo, y me hizo un chiste. 

Ese fue el primer día donde hablé con El Reo. 

Y sin vueltas, sin prejuicios, sin esa rosca interminable que otras personas le hubieran buscado a todo, me contó de su laburo, del resultado del partido, de sus hijos. 

IV 

Si tuviera que definir qué es lo que no acepto de éste tipo, diría algo muy simple pero realmente abarcativo: no le importa nada de lo que me importa a mí, no tenemos nada en común, no nos entendemos desde ningún punto de vista, y por esa razón, no CONVIENE es ninguna medida hablar para después salir para después lo de después y después lo de después de nuevo, hasta el impostergable "no, mirá, sos muy pendeja, sos una piba linda, re sana, que tiene que hacer una vida normal, y bla, bla, bla, bla. Vos llevás una vida sana, yo no, vos no tenés vicios, yo sí, y bla, bla, bla, bla...". Y no me la quiero volver a bancar.  No sé si por cínica o por jodida, pero es como si pudiera ver venir toooodos sus argumentos o como si tuviera la frialdad necesaria para saber que no quiero sufrir más por tipos así. Que son tipos para renegar, y yo, a ésta altura de mi vida, sólo la quiero pasar bien. No quiero volver a renegar con un hombre nunca más. O me sirve lo que propone o no me sirve... Pero renegar, ya no más. 

Sin mentir, la cantidad de alusiones que le hice a su estilo de vida, darían cuenta en una charla normal que soy lo más anti todo. Yo no fumo - ni tabaco, ni nada - no tomo en exceso, no salgo entre semana. Él a todo eso respondería que sí, que fuma, que no la caretea con eso, que todo está bien, viste, que hay que relajar...  

Y justamente, creo que hoy en día tengo muchas más responsabilidades de las que tuve alguna vez y estoy haciendo un gran esfuerzo para crecer a través de ellas. Así, trabajo treinta y seis horas por semana, curso ocho horas más en la Universidad, hay días donde paso quince horas y media fuera de mi casa, para tener algo el día de mañana. Sé que tengo que concentrarme en el laburo, para así poder bancarme sola, pero además sé también que no tengo que olvidarme de estudiar y de rendir... Porque, a la larga, quiero estar haciendo lo que me gusta.  Ahora, cotidianamente corro para leer, corro para ver a mi sobrino, corro para poder tener una vida mejor, para ayudar a mi familia, para salir adelante. Como siempre pensando en estudiar, viajo estudiando, tengo sueño todo el tiempo y estoy cansada todo el tiempo. No me quejo, en lo absoluto, estoy profundamente agradecida de tener un trabajo y poder estudiar. Ha sido siempre el modo que yo consideré válido para ganarme mis cosas... 

Pero lo cierto es que nada de mi presente encaja con el pasado, y especialmente, con el presente de El Reo...Un tipo que me lleva más de diez años, con dos pibes. En especial, ése detalle, dos chicos... ¿Me están cargando, de verdad, a la hora de sumarme responsabilidad? 

No me cabe ni siquiera la idea en la cabeza, con toda la presión, la ansiedad y la responsabilidad que siento sobre mis espaldas actualmente. 

Por eso, pienso en éste tipo de metro setenta, con tatuajes varios en lugares que lo favorecen, y me digo que no dá, es mucho, no es el tipo ni el momento, aunque esté bueno, y me ría, es un barrilete. 

Ya mirando, como si me la viera re venir, una parte mía me dice que no voy para ninguna parte con un tipo así, que los tipos no cambian y que no puedo estar conociendo a una persona con el proyecto de modificarla. La otra, regida por argumentos no-racionales, me dice que El Reo no tiene prejuicios, que es un tipo lindo, que no le cabe ninguna, que no es tan careta y burgés como otros y que si tiene que caminar conmigo por la calle el tipo levanta la frente y se recorre diez veredas. Que no le da vergüenza y que no se dá vergüenza.  Y eso, me puede. 

Aunque, al mismo tiempo, sé que el único tiempo público, absoluto y sagrado se lo hace para sus hijos del mismo modo en que yo me lo haría para estudiar y para mi sobrino. Entonces ¿de qué vereda estoy hablando?  Siempre, en el camino, del mismo modo en que lo estarían si fuera él, se posicionarán sus hijos. Y ésta vez es a mí a quien le pesa pensar siquiera en la idea. Luego de sus hijos, están sus amigos. Las jornadas "de gira". El laburo, incluso los fines de semana con horarios de salida atravesados con los míos de laburo o cursada... 

Y si a eso le sumamos sus hábitos, sus vicios, mejor ni hablar. Es la concreción de todos mis prejuicios... Es todos mis "no, olvidate, yo un tipo así no quiero", desde el vamos. 

Y, sin embargo, hay algo que no me puedo dejar de preguntar, luego de dejar de hablarle y de que me vuelva a hablar:  ¿para qué hablar conmigo?  ¿No se da cuenta que es inviable todo esto? 

Lo mejor sería que se busque una mujer más de su mundo. Que lo comprenda, o lo acompañe, en su "gira".  La mía, especialmente ahora, va por un costado totalmente distinto... Sano, sí, mucho más sano, como bien me dice él, seducido ante esa posibilidad, claro, de estar frente a lo que considera un "Símil Bambi"... Porque así me hace sentir, en relación a todo lo que lo rodea: una pendeja que vivió toda la vida adentro de su termo, que se cruzó con tipos pertenecientes al mismo termo, y que pensó que los únicos disponibles en la lista eran los agrandaditos de turno que la careteaban hablándote de Derecho Penal... 

Cuando en realidad, también existen hombres como El Reo. Y aunque no entienda ni mierda de literatura, derecho, arte o economía, ¿qué más dá?



Y esa es la tercera macana. 

Aunque eso sí: si viviéramos en un mundo donde yo no fuera tan racional, y no me hubiera vuelto tan distante, y no me importaría pensar en lo que podría llegar a pasar, en lo que me conviene por encima de lo que deseo, quisiera verle puestas las cien camisetas de fútbol que tiene para decirme a ver cuál le queda mejor. 

Porque en el fondo, éste flaco, es un show. 

martes, 16 de abril de 2019

Martes

El fin de semana no intercambiamos mensajes con El Reo. 

La realidad es que el sábado me dediqué a pasar el día con mi familia, especialmente mi sobrino, y aquéllas son las jornadas donde me abstengo de todo y de todos. Sólo me importa él, su sonrisa, disfrutar del sol y pasar ratos consigo; todos los ratos consigo que pueda.  El domingo, por su parte, invité a almorzar a mis padres y cuando volvimos a casa me enfrasqué en los estudios.  Ví, por su parte, que se fue a la cancha porque juega el Club - de nuestro barrio, del que yo soy hincha lejana, del que son casi todos los habitantes de mi ciudad, y del cual más de uno que conozco es hincha -, y que pasó todo el fin de semana de gira. 

El lunes, ya bien entrada en la dinámica de mi laburo, temprano, me mandó un mensaje. Tardé en responderle porque estaba ocupada y, para cuando él me contesto, a mí se me había acabado el almuerzo. Por eso, le contesté como pude, tarde, y no entendió demasiado bien mi mensaje. Incluso, me pareció que se ofendió un poco, aunque para ser honesta, no le dí importancia. Cuando le volví a hablar, en cuanto pude, me dejó en visto mi mensaje y desde ahí no le hablé más ni interactué en ninguna medida. "Que se joda, si no le gusta, que se joda", pensé.  Primero, porque no sé hasta dónde quiero llegar y, segundo, porque cada uno tiene su vida y sus cosas para hacer, le pese a quien le pese y un tipo grande como él deberá entenderlo.

Hoy a la mañana, ya estando de nuevo en el laburo y de nuevo temprano, veo notificaciones en mi celular. El Reo, de nuevo. La misma dificultad espacio-temporal para comunicarnos, más que nada, porque cuando yo salgo de trabajar él entra y cuando yo ya estoy durmiendo o cursando en la Universidad, él recién sale.   La salvedad fue que hoy, de camino a buscar a sus nenes al colegio, estuvimos hablando un rato mientras yo volvía a mi casa en colectivo. 

¿Una perlita? 

La forma de hablar que tiene. Se pasa. No sólo por la forma de decir, sino por las cosas que dice. El Reo es reo, y su estilo de vida, lo re-contra representa.  ¿Será que yo me mal acostumbré o que nunca conocí a un tipo así, tan ajeno a mi mundo, tan aceite en mi agua o viceversa? 

Mientras charlábamos hoy, para referir a una caricia, usó la denominación: "una rascada de pelo". 

Sé que me estaba cargando pero, sin mentir, me reí tres cuadras. Y sí, claro, le pregunté a qué se estaba refiriendo con eso, porque ¿quién me habla así? 

- Una caricia en la cabeza - me dijo - Me siento medio mal, estoy incubando una gripe.  

- Esa expresión me suena a cachorro abandonado, che. No sos un perro de la calle. Un mimo, decí, no una rascada de pelo. Mimos en el pelo, te juro, es menos perro abandonado *** - le aclaré - 

Por ahora, ni frío ni caliente. Bah, para qué mentir, más caliente que frío, aunque lo que enfríe sea, en efecto, su estilo de vida.  Sos linda, me dice siempre, pero a eso, siempre también le añade otro juicio: sos sana. 

Y tiene razón...  A mí también me parece que soy demasiado conservadora, "sana" si se quiere, ordenada y analítica para El Reo. Nunca pensé poder escribir esto pero, la diferencia de edad entre nosotros, ya no es un gesto a favor, en relación a los esfuerzos que cada uno hace o ha hecho o está dispuesto a hacer para forjarse una vida.

Sin embargo, no hay que juzgar. Sólo pensarlo bien y intentar entender qué estamos dispuestos a dar, pero también, qué serían capaz de dar por nosotros.

Porque lo único que sé es que yo no tengo, realmente, ningún tipo de ganas de hacerme mala sangre de nuevo por un tipo grande y todo lo que actualmente me representa. 

Cuánto he cambiado en estos últimos tiempos. 
Cuánto, de verdad. 

domingo, 14 de abril de 2019

Viernes

*viernes a la noche*

Limpiando mi habitación, que parecía más bien una trinchera, la música acababa de dejar de sonar. Un sahumerio desprendía su olor mágico. Yo corría y revisaba la ubicación de los muebles, con franelita en mano, sabiendo que no tengo tiempo suficiente para hacerlo todo en los horarios más habituales o a lo largo de las semanas más atareadas. 

Cuando el celular suena, realmente, no lo escucho.  O quizá no lo quiero escuchar. Pienso en que no tengo ganas de leer el chat del trabajo, pero tampoco, el chat que tengo con mis compañeros sobre las diferentes materias que estoy haciendo en la Universidad. Me digo que es viernes. Noche de viernes. Me hace bien saber que estoy limpiando, mandando ropa a lavar, haciendo algo que venía posponiendo desde hace una semana entre las dos actividades en las que ahora se juega mi vida.  Sólo quiero disfrutar ése momento. Limpiar y dejar todo divino antes de acostarme.

Cuando ya casi estoy por terminar, rescato el aparajeto móvil desde abajo de una pila de pendientes más, los últimos que me quedan. La luz de una notificación me obliga a desbloquear y leer. Es raro, a esa hora, - me digo - que me escriban sólo un mensajito y yastá. Un sólo mensajito, no veinte ni dos. Uno solo. 

Quién será, me pregunto. 

El Reo. 

Quizá lo mejor, en ese momento donde leo su mensaje, sea llamarlo así. Él es Reo, no por lo culpable o lo delincuente, sino, por lo precisamente por lo... reo. Un hombre con esa mezcla entre pillo y barrial, totalmente antiburgués. De esa clase de tipos a los cuales no les cabe una y van al frente y te dicen las cosas. Que tienen códigos de la calle, pero que por otro lado, tienen mil noches cargando en sus espaldas y le ponen cintura a la situación.  Que tienen gira, pero además, otra vida, esencialmente, muy diferente a la de uno que se pasa un viernes a la noche limpiando. 

Me siento como si fuera una nena buena sacada de los cuentos cuando hablo con El Reo. Y se lo hago saber, intuyendo que no me subiré a su caravana. Que, siempre y cuando le guste una mina como yo, va a tener que suscribir a mis prioridades del mismo modo en que yo puedo entender su edad ( largo el camino y pesadas las piedras...), el hecho de que sea papito pero además padre de dos chicos y el hecho capital de saber que cada uno hace la suya y, en especial, que la hará. Que debe ser así y que está perfecto que así sea, siempre y cuando, se acepte que se tiene una vida propia, diferente, y propia a la de ese otro que miramos.  Y que no se lo debe al otro correr de ese lugar... Que hay que respetarlo en su etapa, en su tiempo, con sus proyectos o con la escasez de... siempre de acuerdo a lo que se esté dispuesto a aceptar.

Porque... ¿Compartir? ¿Qué?  Nah, no le pongo ni dos mangos a esa posibilidad. No siento que tenga nada que compartir con una persona como El Reo más allá del ser usuarios del español rioplatense. Pero... es tan reo que no da tiempo para un planteo reflexivo, él simplemente te la tira.

Porque es así, tiene otra dinámica de la cosa. Tanto que un día me pide que le avise, así me pasa a buscar por la Facultad y nos vemos. Que cuando yo quiera. Que a él no le molesta. Que así no ando a esa hora por ahí. Que así no viajo en bondi. Que, como él trabaja ahí cerca sabe, claro, que es una zona de mierda para que una piba joven ande a las diez de la noche sola. Mofo. ¿Por qué piensa en esas cosas respecto a mí y al mismo tiempo no me vé pisando una cancha de fútbol? No es el primer tipo que me lo dice y enarco una ceja ante la curiosidad. Le explico que cuando le pido mi papá me busca, pero al mismo tiempo, lo cargo. "¿Qué sos vos, un pastor, un buen samaritano?", porque me da risa, me parece suelta su forma de hacer las cosas.

Se ríe.  Le causa gracia la comparación. Yo también me río. Éste tipo no tiene nada que ver conmigo y es tan fácil darme cuenta que la única palabra que asoma frente a una charla consigo es la obsolescencia; un "es cualquiera esto".  

 El Reo sabe, de todos modos, detalles tales como que que laburo y estudio. Sabe que casi no tengo vida ahora además de esas dos esferas. Aún sabiendo mi edad, me dice que parezco de dieciocho años físicamente, que no me dá ni loco la edad que realmente tengo. Le explico que a nadie le pasa eso, que no es original, en tono burlón. Se ríe. Le aclaro, mediante otros tópicos, que tengo la cabeza de una mina de veinticuatro y responsabilidades a la orden de esa edad. Cuando me hace saber que lo comprende, pero que pensó que era una nena, yo le respondo que las apariencias engañan. Y añado, además, que cuando me dice que soy una nena me hace acordar a Francella y que tampoco es taaan así. Que no se haga acá el superado, pienso con sorna.

Escucho sus audios y le mando un par. Me da placer no darle demasiada pelota a los modos. Al ser tan llano todo con El Reo, no siento presión ni necesidad de complejizar las cosas. El tipo la hace corta, y yo le hablo cuando tengo ganas. Él me escribe cuando tiene ganas. Nos pasamos los números porque un día, después de dejarnos millones de likes, tuvimos ganas. Pero nada más. Y en ese nada más, está el nada menos, es decir, la rareza de que dos personas que son el agua y el aceite, se manden mensajes cortos como chispazos. 

Aunque, la verdad sea dicha: sé que me ve como una piba joven, pero también reconoce que hago cosas. Si antes de responder me pregunta si estoy en clase y me dice "prestá atención a lo que dice la profesora, no me hables", mientras que yo enarco una ceja y en el recreo lo burlo con un "¿y vos, me estás retando?", para ubicarlo en la palmera.  Me  lo da a entender cuando insiste todo el tiempo en que está bien que lo haga, que estoy ocupada, que en esta etapa de mi vida me corresponde hacerlo, que me caliente por estudiar y por laburar.  Que tenga prioridades. Y dice, además, que ya voy a tener tiempo para todo, que si voy a la Cancha de **** - como va él, con todo el grupete los findes - no voy a querer dejar de ir, pero que ahora... 

Entonces ¿un mensaje? ¿Para qué? 

II

- Buenas noches - me dice. 

Enarco una ceja. No entiendo qué hace el reo escribiéndome si soy lo más anticristo de su mundo. Soy como la clase de persona con la que no se entendería jamás, al margen de lo físico, y él es eso mismo para mí. Un reo que me gana desde el humor pero no pertenece a mis horizontes. Un tipo que le inculca a sus hijos todo lo que él no hizo y se ocupa de ellos y se encarga de ellos, pero que como hombre, ante mí, es diametralmente opuesto en su cosmovisión, en su pasado, en las elecciones que hizo en su vida y en las prioridades que se pactó. No habla, sin embargo, desde el lado cansado del mundo y eso me parece bueno. Sin embargo, con toda su vida resuelta y toda mi vida por forjar, no quiero sentir ningún apego ni compromiso, ni siquiera, ningún peso mínimo de responder. Y sé, porque en algo afilé mi intuición luego de ciertas cosas, que él tampoco los quiere. Si no, ya los habría asumido o hubiera continuado asumiéndolos.  Ni más, ni menos.

 ¿Qué seríamos, entonces, capaces de compartir más allá de algunas buenas noches? "Que haga lo que quiera, mientras que no me joda", pienso, porque siquiera fichar a un tipo con hijos es todo un temón al menos para mí, que siempre fui del club "hijos ajenos no". 

 - Gracias, igualmente - le respondo - ¿Cómo estás? 
- Bien, todo bien. Cansado. 
- Me alegro, yo estoy igual. 
- Me voy a ir a dormir, ahora - me avisa, haciéndose el interesante. 
- Yo igual. Descansá. 
- Mis niños ya se fueron a dormir, y yo los sigo - me aclara. 

Sonrío con cierta ironía. Me acuerdo que El Reo tiene dos nenes. Bah, un nene y una nena considerablemente adentro de la pubertad. 

- Descansen los tres. 
- Gracias. Besos. 
- Besos para vos. 

domingo, 7 de abril de 2019

Literatura, cuanto menos, ficción: Yes to heaven

Esa noche, charlábamos en su casa. Era una de las primeras veces que nos encontrábamos en plan de amigos y un poco más, o en realidad, era de las primeras veces donde nos posicionábamos frente a frente siendo un poco más claros. 

- El otro día, al final, no quise ir a la Peña - me explicó, a modo de comentario. 

Me había preguntado si quería ir, un sábado por la noche, y yo le había dicho que sí, que podíamos ir sólo para compartir algo consigo, teniendo en cuenta que yo no me imaginaba bajo exigentes estándares los momentos juntos. Sólo quería que, donde estuviera mi cuerpo, también estuviera el suyo. 

- Sí, me dí cuenta que no tenías ganas de ir - le dije, dejándole entrever mi aridez. 
- ¿Estás enojada conmigo por eso? - me preguntó, con voz suavecita. 

Negué con la cabeza. 

- No. Está bien. Es tu decisión - dije, solamente. 
- Pero te había dicho de ir y después te dije que no... - me recordó, como si yo lo hubiese olvidado - ¿No te enojaste ni un poco? - me miró, sorprendido. 

Le devolví la mirada. 

- Yo no te puedo obligar a que hagas nada - le recordé - Sos una persona grande. 
- Eso ya lo sé... Pero... 

Lo interrumpí: 

- Y cada uno, en base a lo que ve, actúa después, elige lo que se banca y lo que no - le recordé, con voz tranquila, pero temple firme. 

Se me quedó mirando, ya mucho más serio. 

- Iba a ser difícil, después... - dijo, solamente - Cuando llegué acá, lo pensé mejor y... 

Lo miré, seria, y asentí con la cabeza. 

- Bueno - dije, nada más, cortándolo en seco. 

- Estás enojada conmigo - afirmó - Pero me pareció lo mejor. Además, ¿para qué ibas a querer ir conmigo si después me iba a cansar? Me pareció que iba a ser una mierda si, después, me quedaba dormido enseguida...  - me preguntó. 

Lo miré, le hice un gesto de hartazgo y me quedé callada. 

- ¿Qué? 
- Te juro que, a cada cosa que decís, a cada conjetura pedorra que sacás, más la estás cagando... - le confesé. 

Se rió, levemente, por mi terrible sinceridad. 

- ¿Qué dije de malo? 
- ¿Me iba a cansar? ¿Me iba a quedar dormido? ¿Ese es el argumento para decirle a una mina que no
- Yo no te estoy diciendo que no... - me dió a entender - Soy viejo, y los viejos nos quedamos dormidos rápido - me dijo, con sorna.

A veces era tan jodido que se tomaba su mayor infierno o sus mayores complejos con un humor lastimoso. O al menos, que a mi me lastimaba, sabiendo que lo miraba sin juzgarlo, sin sopesar todo a través de los anteojos de la edad.

- Bueno, sí, una cosa es verdad: no me me dijiste que no, ni que sí, ni que nada. ¿Nos bañamos y vemos, fue?  - ironicé. 

Se puso serio. 

- Ni que estuviéramos juntos para bañarnos... - dije, por lo bajo -  Todo bien, igual, la pelotuda soy yo... A mi no me jode ir a una Peña, volver porque no tenemos ganas de estar con gente, capaz, o decir "no, mirá, nos quedemos acá". La verdad es que yo te dije que sí porque quería verte... de nuevo. A mí, la idea, me daba igual. Si me decías que fuéramos a tu casa, o que fuéramos a comer los dos, me parecía mejor incluso... Pero bueno, me dijiste otra cosa... - le recordé, algo herida.

Se puso serio, por segunda vez, muy muy serio.

- No iba a ser divertido venir a ver cómo me quedo dormido - me marcó - y menos con vos.
- No sé si me estás diciendo que te aburrís conmigo o que yo debería desistir de algo - ironicé. 
- Te lo digo porque soy un anciano... - deslizó, árido - Y porque ése sábado habíamos madrugado, y había ido a jugar a la pelota, y vos te habías ido con esa chica, tu amiga... - me recordó.

Bajé la vista.

- ¿Cuántas formas más vas a usar para echarme? Digo, ¿de qué otra manera linda me vas a intentar hacer ver que no querés que yo esté acá? - le dije, solamente. 

Levantó las cejas, muy sorprendido.

- ¿Echarte, a vos? ¿Estás loca? ¿En serio me lo decís?

- Sí - sacudí la cabeza - Mira, yo soy horrible con los dobles sentidos. Sé claro, por favor. Sé que siempre te pido lo mismo pero con vos no tengo la misma objetividad ¿sabés? - inspiré hondo - Si vos no querés no me tenés que decir que venga. Ni tampoco tenés la obligación de hacer nada conmigo que no quieras, ni mucho menos, sentirte en el compromiso de invitarme a ningún lado.  Lo único que te pido es que no juegues, que no me hagas pensar cosas que no son, que no van a ser...  Que no sea siempre un día sí, al rato no, al rato "bueno, sí, me podés", al rato "no, cómo, me voy a morir"... - enumeré - Porque sufro. Me hace mal. Me ilusiono como una pelotuda, pienso que sí, ¿entendés? - argumenté - y esto es no. Siempre no.

Me quedé mirando al vacío. Tenía pocas fuerzas disponibles, en general, respecto de seguir dándole explicaciones. Deseaba, lo recuerdo todavía, en ese momento, haber podido ser una persona normal al menos en un solo aspecto, al menos en ése aspecto. 

- ¿Por qué decís todo esto? 

- Porque yo sé con quién estoy tratando... En el fondo, ya lo sé, esto está re cantado ya... Lo veo, todo el tiempo, todo es un pero, todo cuesta, todo así, que es una charla cada cosa, que es ponerse mal, no saber qué te pasa, que vos no sepas entender lo que a mí me pasa con vos...- suspiré - No sé, honestamente, para qué me empeño en pensar que si  uno se muestra como es los demás no lo van a joder. En el fondo, parecería, que por decir lo que uno siente el otro tiene derecho a jugar con eso y te juro que prefiero seguir siendo la misma cerrada de siempre...  - le dije. 

Me miró. 

- Es que, pará - se atajó - Cuando llegué me pareció una mala idea, bah, pensé qué carajos ibas a hacer vos ahí. Pensé, te lo juro, que te ibas a aburrir conmigo y todos los viejos en una Peña. ¡Porque es cosa de viejos, es así! - afirmó - En el momento, cuando te invité, no lo pensé... Qué se yo, me pareció bien. Iba a ir **** con la mujer y pensé que podíamos ir nosotros dos también, y te dije... - se quedó callado - Yo pensé que me ibas a decir que no.

Mofé.

- ¿Por? - le pregunté. 
- Porque es un lugar de viejos... No tenés edad para estar ahí.

Suspiré.

- ¿Y para qué te habré dicho que si, no?  - me enervó su razonamiento - El tema acá es que en tu cabeza todo tiene que ser conforme a cómo lo pensaste, porque no se puede salir a un lugar si tenés diecinueve años ¿no? ¿Te echan, te dejan pasar por la cara, o qué? - ironicé - No sé, realmente, siento que no me creés...   ¿Cómo no te das cuenta lo que me importa realmente a mí? 

Se sintió avergonzado. Lo noté por la forma en que me miró.  

- ¿Por qué sos mala conmigo? - preguntó. 
- Yo no soy mala con vos... La maldad es otra cosa, esto no es ser mala.  Yo soy honesta con vos. Los otros te pueden decir todo que sí, pero yo te lo digo queriendo todo lo bueno para vos y además, porque no estoy ajena a ésto.

- ¿Y qué te pasa, entonces? 
-  Siento que si yo no hago las cosas, de tu lado, es todo lo mismo. Que a vos, conmigo en particular, te da todo lo mismo. Suponés todo de mí, no me lo preguntás. Vos tomás la decisión por vos, por mí, y no pensás qué o por qué me guío. 

Se quedó callado.
Suspire.

- No te lo digo para atacarte... Te lo tenía que decir. No estoy enojada, pero me doy cuenta que te dá igual que yo esté acá, ahora - sacudí la cabeza, indignada - ¿Vos realmente pensáabas que yo dándome un baño me iba a convertir en una piba moralista? - mofé. 

- No, pero... Pensé que convenía pensarlo un poco más... - admitió - No sé, pensé que quizá lo teníamos que pensar en frío... Los dos.

Mofé.

- Yo soy capaz de pensar en las dos temperaturas, para mí esto no es un impulso, algo que lo hago hoy y mañana me olvidé. Vos, a diferencia, mañana te levantás y para vos no cambió nada.
- No es así...
- ¿Tanto te cuesta admitirlo? Es obvio, se te nota, para vos no cambia que yo esté o no esté. La cagada es que me di cuenta tarde, yo, porque soy una boluda... 

- Pero no, ¿por qué siempre te castigás? Ahora estás acá, estamos acá ¿o no? Yo pienso, Veinte, no te das una idea de todo lo que pienso - me dijo, nada más - Todo el tiempo, de día, de noche, pienso en este tema. 

Lo miré de costado, distante. 

- Yo sé, te lo juro, que todo el tiempo estás pensando en cada paso que das conmigo. En éste tema como le decís vos. También me doy cuenta que esto, de ahora, que a mi me parece tan normal, para vos, es un huevo. Te está costando un huevo verme acá, en tu casa, acostada en este sillón, todo te cuesta conmigo, todo es un ataque de moral...  - concedí - Pero, yo apunto a otra cuestión... - le confesé -  Todo el tiempo estás pensando en este tema, pero jamás siento que estés pensando en mí.  Siempre es todo para los demás, o por los demás, o qué van a decir, o esto, o lo otro - le dije, sin voz altanera, sólo siendo honesta - ¿Y lo que digo yo, no tiene valor para vos? ¿Mi palabra no pesa, lo que te dije, todo lo que sabés sobre lo que siento por vos, no vale dos mangos, no? 

Mi forma de hablarle era en un tono suave, aunque enunciado firmemente, con el que iba diciéndole toda la verdad. 

- Yo pienso todo el tiempo... - dijo. 
- ¿En qué? - le marqué.
- En todo esto, Veinte - dijo.

Me lo quedé mirando.

- Yo también pienso todo el tiempo - concedí en su planteo, para lograr que me mirase, hasta que levantó la vista  - Pero en vos.


Se quedó callado de pronto.  Algo de lo que le dije, lo sorprendió en esa pelotera con la guardia baja.  Hice silencio unos instantes para que se hiciera con la novedad. 

- ¿Ves la diferencia, no? - musité, como si me fuera metiendo para adentro de mi misma - Yo noto que estarás todo el día pensando en esto, pero no noto que pienses en mí. En mí ¿entendés? No en los otros, ni en la Peña, ni si tengo o no tengo edad para estar ahí, sabiendo que yo quiero estar con vos. Deberías pensar en mí, pensar en esto, hacer algo para no me sienta una...  - insistí, suspirando - Para que no sea la pelotuda de turno, del turno del sábado... 

"... puta...", me dije, dentro mío. Porque, a veces, seriamente, me daba congoja pensar que me estuviese viendo sólo como a una puta cuando, en realidad, yo era la chica más tímida y más conservadora y que más estaba haciendo el esfuerzo para poder darse a conocer. 

 - Pero yo sí pienso en vos. Pienso todo el día... - dijo, atajando la enunciación de esa palabra. 

Lo miré. 

- Te creo. Sé que pensás, en el fondo, te conozco un poquito para saber que pensás... - le sonreí, con tristeza -  Pero no tengo por qué estar suponiendo todo, y creyéndote todo el tiempo de antemano, si vos no hacés nada para demostrarme que estoy en lo correcto. Más allá de que yo tenga la posibilidad, extraña, de por sí, por mi edad justamente, de leer cosas que ni en pedo tendría que poder interpretar en vos; no puedo estar todo el tiempo atribuyéndote cosas a través de lo que creo, de lo que percibo, de lo que me parece... 

- Pero, te juro que yo pienso...

Sacudí la cabeza.

- Ya sé, pero ¿cómo lo sé? ¿No te das cuenta?  Un día me puedo equivocar y hasta puedo pensar que me querés de verdad, porque no tengo la vaca atada, no soy infalible y cada día lo compruebo más.  Esa es la joda, acá, un día hasta voy a pensar que me querés, que querés que esté acá, me voy a engañar a tal punto que voy a pensar que me querés...  - le comenté - Porque vos pensás, yo pienso, todos pensamos... ¿y qué onda? - dije nada más con un altísimo grado de ironía - Una conjugación parece esto... - añadí. 

Me quedé callada y seria.  Cuando me enojo, suelo ponerme irónica al punto de rozar la extrema frialdad, me trasformo en una autómata que habla, sin insultar, buscando confrontar, molestar, o herir. 

Suspiró y sacudió la cabeza, tomándose un momento. 

- Todo esto es muy difícil para mí - dijo nada más. 
-Por eso te digo que acá la pelotuda soy yo... - le recordé. 
- No, vos no sos una pelotuda... 
-  ¿Cómo es que no soy una pelotuda, si avalo tener una persona en frente mío que hace las cosas que hacés vos? ¿A vos te parece, no? ¿Realmente te parece justo? - le pregunté. 

Se quedó callado. 

- ¿Vos te pensás que yo estoy acá porque los sábados nos vemos y nos tomamos unos mates y los martes te voy a buscar al laburo y venimos juntos los dos, charlamos, y nos cagamos de risa? - le pregunté - ¿Vos pensás que vengo porque sí, porque no tengo nada que hacer de mi vida? 

- No, ya lo sé. 

- Bueno, si lo sabés, también sabé que me siento una pelotuda por pensar que si paso el martes por tu oficina a vos te chupa uno de los dos huevos dónde estoy, qué hago, qué no hago, si comí, si estudié, si fui a cuidar a ***, total, la pendeja es una pendeja, a su edad, hace lo que se le canta el orto, tiene su vida... ¿Así es más o menos, no?  - explicité - ¿Eso es pensar en mí?

Se me acercó. 

- No, pará - me atajó - No es así, no es así. Nos vemos los sábados con los pibes sí, yo también quisiera decirte que vengas todos los fines de semana... Y los martes también, no me molesta hacer eso, te lo juro - me explicó - Yo pienso, pienso todo el tiempo, me estoy volviendo loco... Te lo juro por Dios, Veinteava, yo me estoy volviendo loco. 

- ¿Y cuál es el problema, entonces, de pensar en mí? ¿Tanta es la pena, quién te va a matar? 
- Que no puedo... hacer eso. 
- ¿Por qué no? ¡¿Vos me estás jodiendo?! - exclamé. 
- Yo pienso en vos toda la semana... - dijo - Y me castigo toda la semana y me digo que me tengo que calmar. Y tengo que trabajar, dejarme de joder, y listo. Y voy bien, te lo juro, voy re bien, hasta que te veo. Y ahí cagué, yo te lo juro, me pongo estúpido. Hago  estupideces cuando estás en frente mío. 

Lo mire, de nuevo, aunque sin tanta furia contenida. 

- ¿Vos no te das cuenta que todos hacemos pelotudeces alguna vez en la vida?
- Sí, pero... - chasqueó la lengua - Cuando vos estás ahí, con todos, o te veo, quiero que me des pelota... No me importa nada, nadie, me chupa un huevo todo - admitió - Te veo y me pongo boludo, entonces te empiezo a llamar la atención o me acerco y pierdo el control de las cosas. 

- Y está bien eso - me reí , enternecida - A mí me molesta, no me lastima que quieras que te de bola, porque yo te la doy. Yo quiero que me hables, que te acerques, que me jodas, aunque te joda o a veces te diga que sos un bobo, en el fondo, siempre quiero eso. No quiero que me hagas sentir un material de descarte, dándome bola sólo cuando hay otros hombres o sólo cuando hay una excusa medianamente aceptable para estar conmigo ante los demás. No te justifiques, ni con los demás, ni conmigo. No tenés que justificar todo lo que hacés, ni dar una charla en un congreso porque querés hablarme - argumenté - Yo, la persona que supuestamente te hace poner pelotudo, quiere que hagas todo lo que quieras hacer, que estés bien... Y listo, ya está. Eso es lo que importa realmente. 

Me miró con una cara que me llevó años olvidar. Era la vulnerabilidad, la dulzura y la experiencia hecha persona, siendo totalmente desplazada de su zona cómoda. 

- A veces quisiera ir a tu casa corriendo como un pelotudo, y tocarte el timbre porque te quiero ver... y no sé, es eso solo ¿me entendés? Te quiero ver. Y pienso ¿cómo voy a ir, a la edad que tengo, a la puerta de tu casa a tocarte el timbre? ¿Cómo te voy a llamar? ¿Te puedo llamar solamente porque quiero hablar? ¿O qué, voy a tu casa y te digo "salí que te quiero ver, te quiero abrazar, te quiero besar"? ¿Vos te das cuenta, Veinte? Sale tu viejo, tu vieja y me pegan dos tiros... - me confesó - Es una locura todo esto.  

- Sí, me podés llamar, porque yo te atiendo siempre, sea la hora que sea. Y también podés venir a mi casa, y me podés pedir que salga y voy a salir, le guste a quien le guste, si vos sos el que toca el timbre de mi casa... y más vale que podés hacer lo que quieras, lo que te salga...  Y realmente ¿no te das cuenta que yo te defendería de quien sea? No está mal que hagas nada, siempre que sean buenas tus intenciones conmigo. Pero hacelo, hombre, porque te juro que yo pienso que no te importo una mierda, que soy una pendeja a la que le vivís haciendo desplantes...  Es re feo, eso. 

Me quedé callada.  Estaba angustiada, hasta incluso un poco triste.  Suspiré, tragándole el malestar. 

- No, no te hago desplantes ¿estás loca, vos? Lo que pasa es que es una situación muy complicada para mí. No pienses que a mi no me importa nada, que yo me olvido de vos. ¿Vos pensás eso, no? ¿Realmente lo pensas? 

Asentí con la cabeza. 

- Sí. 
- Pero no... - chasqueó la lengua... - Noesasí - dijo, todo junto. 
- Vos te olvidás rapido de mí. Creo que si yo desaparezco hoy, vos ni bola. Sigue tu vida, adelante, total... - me encogí de hombros - No me ves una semana y ¿cuál es el tema? No importo. 

Sacudí la cabeza. 

- Y yo, en cambio... - dudé en decírselo, pero opté por ser honesta - espero los días para verte. Los cuento. Quiero que pase rápido la semana, para que sea sábado y después quiero que llegue el martes y me quiero ir antes de la Facultad, y quiero que el profesor me deje salir antes y que haga corta la clase de mierda para poder irme a Plaza de Mayo - suspiré - Me hablan de Economía y yo pienso "daaaaleeee, que lo quiero veeeeer" - me reí, levemente - Y espero el colectivo hasta allá y me como las uñas porque venga rápido...  

Me quedé callada, abruptamente. 

- Te juro que no es nada digno decirte esto,  que supuestamente estas cosas no se dicen por ogullo, supongo... Pero yo siento que si no fuera los martes, vos no vendrías. Que si yo no voy un sábado, vos no vendrías a mi casa a ver qué me pasó que no aparecí. Siento que a la noche vos pensás en cualquier persona antes que en mi, ¿entendés? Siempre hay algo más importante, con más peso, que ésto - evidencié la situación a nuestro alrededor, es decir, el hecho de estar juntos - Siempre importa más tu familia, lo que dice tu hermano, si le pasó algo a tu amigo, que éste momento, que yo esté acá, que pueda estar acá con vos, cuando a nosotros nos cuesta un huevo estar así... Sin que nadie se meta, sin que nadie mire mal, sin que tu amigo te diga que lo ayudes, sin que Pedro ponga cara de orto cuando me venís a hablar o cuando nos ve juntos los sábados, sin que a vos te agarre un ataque de moral y me digas que no, que no, que todo no...  - inspiré hondo. 

Me hice un bollito, sentada en su sillón y apoyé mi cabeza sobre mis brazos. 

- Me rindo, ya está, me pudrí - admití y me tapé la cara con una mano, para fregarme los ojos.  

Me extendió los brazos. 

- Vení, vení acá conmigo - me dijo. 

Se me acercó y me rodeó con los brazos, besándome el cuerpo y apretándome muy fuerte. 

- No te enojes conmigo, por favor - me susurró - No te enojes conmigo, vos...  Me pongo mal, la paso mal, después, si te enojás conmigo. 

- Yo también - me reí - cuando me enojo con vos estoy re triste y re pelotuda. 

Se rió. 

- No digas eso... 
- Lo peor es que es verdad...  
- Ya sé, vos siempre me decís la verdad - me abrazó, recostándome y llevándome hacia su pecho - ¿Sabés? Es difícil todo para mí, ese es el tema, Veinte... No te me enojes, no te pongas triste, por favor... Sé buena conmigo, entendeme, es complicado toda esta situación para mí. Me confundo mucho, no sé qué hacer, no sé cómo hacer con vos...  

Lo abracé, dejándolo que me acaricie y me arrope. Pasando las dos manos y los dos brazos en torno a mi cuerpo, y dejando que me haga chiquita dentro suyo, se quedó un buen rato apoyando su mentón entre mi frente y mi pelo, hasta que terminó haciéndome mimitos en el cuello, mientras me llenaba la cabeza de besos y me calmaba, sacándome toda la congoja. 

- Así tenés que hacer... - le dije nada más - Así está todo bien para mí, es todo perfecto. 
- ¿Segura? ¿Estás contenta? 
- Sí. Así, me quiero quedar así, y listo, yo chocha...  

Sonrió y me acarició la parte baja de la cintura con las yemas de sus dedos, yendo y viniendo a lo largo y a lo ancho de toda mi espalda. 

- Bueno, entonces, nos quedamos así para siempre ¿está bien, así? 
- Siiiiiiiii - festejé - vamos todavía, carajo 

Se rió .

- Ay, esta piba, qué me parió... Loco me vuelve, ella, loco... - me diría. 

Todo terminó con un suspiro de amor de mi parte, particularmente, aquélla vez. 

Habíamos podido sobrellevar una charla seria y compleja sin perder la ternura. 


lunes, 1 de abril de 2019

Reportándome...

Pasaron, desde que escribí en estos lados por última vez, quince días. Ahora mismo, mientras tengo la notebook en mi falda, estoy haciendo reposo por culpa de una gripe espantosa que me atacó ya desde el viernes por la tarde, cuando estaba saliendo del trabajo. Aunque en ese momento no desistí, y me fui a cenar con mi mejor amiga, el sábado el resfrío aumentó otro poco y anoche domingo levanté algunos grados de fiebre.  Sin embargo, hoy lunes, no pedí el día en el trabajo porque no había levantado la fiebre de forma persistente como para que un médico me autorizara el reposo. Así me dirigí a la Empresa completamente congestionada, con "la voz tomada", hablando del mismo modo en que lo haría el cinco de Defensa y Justicia. Por suerte, gracias a Dios - y lamentablemente, en cierto modo, a los Caídos en Malvinas - mañana es feriado. Podré descansar, espero, y estudiar, también lo espero, en igual medida. 



En estos quince días, empecé la Universidad. Lo que corro, durante esos días donde salgo del laburo en Capital y empalmo directamente hacia mi Facultad, en Provincia, no tiene nombre propio calificable. Tomo tres colectivos diferentes para llegar. La línea que utilizo para venir del trabajo me deja a una cuadra de distancia respecto de la que me deja en la Facultad; pero ésta última está bajo un vaciamiento terrible por lo que continúa suspendida desde hace un mes, y su gente, a dos pasos de quedarse sin empleo (si es que ninguna empresa la absorbe pronto). Eso quiere decir dos cosas: que hay que ser agradecido por tener trabajo y que hay que ser compasivo y empático respecto de la situación de otras personas que no tienen la fuente de trabajo asegurada y que está luchando a capa y espada por ella. 

Tendría quizá otras cuestiones para comentar, pero lo cierto es que me flaquean las fuerzas. Voy a seguir descansando, haciendo reposo y aprovechando esta tarde calurosa de lunes - que para mí no está siendo tal, culpa del malestar - para aflojar las articulaciones, hacer reposo y dormir. 

La buena noticia es que mi mamá me está cocinando sopita de verduras para que me reponga más rápido y tenga algo caliente en la panza. Seguramente, esté mejor pronto, ayudada por eso.