Corría el año 2022. Con Javier, charlábamos en la cocina de su casa, y era la noche de nuestro reencuentro. Todo había sido una casualidad increíble: yo estaba volviendo de comprar, iba de camino al supermercado para seguir haciendo compras , y me tocó pasar por la puerta de su casa. Hasta entonces, muchas veces, había evitado pasar por ahí. Yo daba toooda una vuelta esquivando la vivienda, pero aquélla mañana pensé: "total, ¿qué va a pasar si paso por ahí? ¡Nada! Seguro está ahí tomando mate, y si sale y me ve seguro se caga encima del espanto". Sin dudarlo, porque no lo sentí como un peligro, yo pasé desfilando por la puerta de la casa, y me reí un poco de mi propio absurdo, hasta que escuché un bocinazo.
¿Cuánto te puede modificar la historia un bocinazo? Si es de Javier, llegando a su casa, viéndome pasar por la puerta y tratando de hacer algo para que me diera cuenta de su existencia, diría que bastante. Porque si no hubiese sido por ese bocinazo, y porque a continuación me gritó - y yo reconocí su voz -, nosotros dos nunca nos hubiésemos reencontrado. Ni estaría hoy en ésta situación de soltar todo, renunciar a todo. De hecho, con el tiempo, luego de charlas en 2022, Javier reconoció que no esperaba verme llegando a su casa y que, en una forma de retenerme, me tocó bocina y me llamó. También me explicó que había pensado largamente en la situación y que luego de mil amagues de contactarme, durante los últimos años, no había tenido éxito, porque siempre algo lo paralizaba, finalmente había decidido hablarme cuando yo me había ido de su casa después de una charla cordial y él sintió que se había quedado corto.
- Vos creciste. Pasó el tiempo, pero yo siempre estuve en pareja - me explicó.
- Lo sé, sí. Y ahora también...
- Sí - dijo nada más - Pero te lo tenía que decir. No podía vivir con la duda, con el pendiente, no aguanté más. Hoy cuando nos encontramos me di cuenta que había llegado el momento.
Ese dia, le pregunté a Javier por su relación. Fue la primera vez que hablamos de su relación en ocho años. Fue la única vez que me animé a cruzar ese límite, principalmente, porque yo quería evitar confusiones sobre sus confesiones.
No quería detalles, ni dinámicas, solamente intentaba entender la naturaleza de su deseo transgresor. Si tenía una pareja, ¿qué buscaba en mí que ella no pudiera o no supiera darle, después de estar juntos tantos años? Para mí, era un absurdo que Javier viniera a decirme eso, no sólo porque me extrañaba (recordemos, él jamás me quiso) sino porque yo suponía que, con ella, era feliz, la quería como jamas me quiso a mi, etc. Siempre había supuesto eso, que él, con ella, era feliz. Y que como con ella era feliz, se quedaba. Que porque la quería se quedaba a compartir la vida. Nada más. Ni nada menos. Ésa era mi idea.
- Toda mi vida es un quilombo - dijo - y en mi relación pasa lo mismo. Tuvimos épocas buenas y también muchas épocas muy malas.
- Pasa en las relaciones, Javi. No es todo color rosita. Es normal. Pero hay algo más que hace al otro apostar.
- No, pero es distinto... Muy complicado, todo.
- ¿La querés? Creo que si querés a la persona, vale la pena intentarlo. Seguro te quiere - lo alenté.
Me miró y bajó la cabeza, en silencio.
- Es buena, si, la quiero. Hay un recorrido de muchas cosas, me enseñó algunas cosas, - enumeró - además entendió esto de no convivir, de estar cada uno en su casa... Yo no quería convivir. Ella me acompaña.
- Pero la querés - musité - Porque para estar tantos años, la tenés que querer... No vas a estar toda la vida al lado de una persona que no querés, digo, hay una base ahí de afecto. Tenes que apoyarte en eso.
- Sí, si. Las conozco desde hace muchos años... La nena tiene dos millones de quilombos, la operaron, tiene muchos temas de salud. No convivimos, cada uno en su casa, y así estamos.
Asentí.
- Y ella tampoco está bien... - dijo.
- Ojalá le pueda encontrar la vuelta al tema de su hija. Seguro la debe preocupar. Es entendible cuando vos me decís que no está en tema de pareja. Tiene otras cosas.
- Sí, ella... - suspiró - tiene temas complicados de salud. Yo ya sé que no todo es sexual, es más, a mi edad, las relaciones se basan en acompañar. Es difícil de explicar, pero tenés que estar, bancar, no sé, qué se yo... Es muy complicado todo. Realmente, un tema muy jodido. Nos peleamos muchas veces. Nos estuvimos por separar hace un tiempo porque ademas el sexo tampoco funciona bien, no hay deseo, es todo un quilombo.... Y yo no tengo problema, puedo vivir sin tener sexo, pero me parece que en una relación sucede, no sé, que te puedo decir, para mí es algo orgánico, te sale para afuera las ganas... Además de llevarse bien...
- ¿Y lo hablaste con ella? Capaz algo le pasa, o sea, si se sientan a conversar y se fijan capaz renuevan ese pacto - le pregunté.
- Si, veinte veces, pero no sé, ya me cansé. Podrido estoy.
Esa afirmación corría para los dos. Para él y para mi. Para evitar hacerse películas.
- Sí, me quedo. Yo ya sé que la paso para el culo, eh, pero me quedo.
- No sé, soy media boluda, pero siempre pienso que si vos querés a otro tenés que agotar todas las posibilidades. Y ojo, una vez que las agotás, también te tenés que ir. Pero no sé, si fuera vos, intentaría entender antes que nasa.
- Sí, lo intenté, pero ¿qué hago?. No tengo ganas de intentarlo más, ya veinte veces lo intenté - suspiró - Tiene temas muy complejos, no es solamente que no hay sexo, que no pasa nada, y a veces es difícil acompañar... Es difícil estar bien, llevarse bien... pero bueno, esa es mi relación. Yo sigo estando ahí, ya lo sé.
- Porque la debés querer. Y está bien, tenés que lucharla, obvio - le dije, suavemente - Yo te entiendo, mi relación no es la tapa de revista Caras... pero se trata de saber si se quieren y si eso alcanza y poner - dije, siendo franca.
Me miró y se quedó callado. Tomé vino en silencio y le cambié la vista, porque era una conversación delicada. Nunca había hablado de otro amor con Javier que no fuera el que había sentido por él. Jamás me había imaginado que me iba a sentar a charlar en la misma cocina donde ocho años antes le había dicho que estaba enamorada de él, para hablarle de otro. Y mucho menos, imaginaba que Javier me iba a confesar todo:
- Le diagnosticaron Trastorno Bipolar - dijo - Trastorno límite de personalidad - aclaró en referencia a ella.
Javier me miró y miró para abajo, habiendo tirado la bomba. Me quedé callada. Eso se sintió como una piña, algo inesperado, que al mismo tiempo explicaba muchas cosas pero que me hacía sentir la peor persona sobre la tierra. ¿Qué hacía Javier ahí, qué pretendía si ese era su escenario? ¿Estaba seguro de lo que acababa de proponer? Porque para mí era demasiado que me dijera esto, que tuviera este deseo, aún en un contexto dramático.
Recuerdo haber sentido que eso que me decía me hacía ingresar en un círculo distinto de oscuridad. Pensé en ella, pensé en él conviviendo con eso, pensé en si sabía realmente lo que implicaba que me dijera eso, pensé en todo. Realmente en todo. Y sentí que la felicidad para nosotros era una cosa imposible, que lo único que hacía la vida era mostrar la imposibilidad de nuestra historia desde aristas distintas.
- No sé si me querés contar esto... Te juro por lo que quieras que no lo pregunto de chusma, ni de morbosa ¿si? Pero...
Me sonrió con dulzura.
- Preguntame lo que quieras. Confío en vos. Te re conozco. Tenemos mucha confianza nosotros, por eso te lo cuento...
- ¿Qué significa eso, en la vida cotidiana? ¿ Está recibiendo ayuda? Perdón, pero no imagino el alcance que puede tener , qué implica. Entiendo qué quiere decir, pero no sé cómo es.
Me sonrió, entendiendo y me dijo:
- Sí, está medicada. Va a un psicólogo, a un psiquiatra, está recibiendo tratamiento... Ahora está bastante bien, pero tuvo épocas de pozos depresivos tremendos y fue un infierno. Ahora está mucho mejor, de a poco, va mejorando y todo... - dijo - Hace poco nos estuvimos por separar porque en general hay bastantes problemas, hay momentos donde nos llevamos muy mal. Pero parece que nos separamos, y listo, y se acabó todo, y después no, de nuevo.
- Bueno, pero... esta emocionalmente acomodando cosas. Lo fundamental es que recibe ayuda, porque es importante eso para ella y para los dos... - dije. Si ella está bien, y mejora, para vos también va a ser bueno. Se van a llevar mejor.
-No sé, la verdad.
- ¿Y vos, con eso, cómo hacés?
- No sé. La verdad, no lo sé. Es difícil acompañar - Hay días en donde está todo bien, y está allá arriba eufórica y otros hay días en donde todo está mal y está todo muy mal - me explicó - Entonces no sabés qué hacer, podés acompañar pero... Es muy complicado - musitó, muy serio, mirándome a los ojos, al piso, sosteniéndose en ese silencio con que yo lo arropaba más allá de toda contradicción - Yo trato de ayudar, de estar, pero... es difícil.
- ¿Por qué en particular? - le pregunté. Esperaba que quizá si me lo contaba, pudiera ser más fácil abordarlo.
- Un día me putea de arriba a abajo, y al otro esta todo muy bien, viste, es un sube y baja todo el tiempo - dijo.
Me dolió escuchar eso.
- No es fácil, y yo digo listo nos separamos, y después no, no nos separamos... Eso es lo que pasa, y esa es mi relación.
Asentí. Javier suspiró y se rascó la cara. Lo miré y sin crueldad, le susurré:
- Y en teoría vos venís a proponerme un encuentro sexual entre nosotros, como para sumar calma - ironice - ¿Estás seguro vos, Javi? ¿Estas bien? Porque te están pasando un montón de cosas y justito esto... No sé, yo te juro que si sabía que la estabas pasando tan mal, no pasaba ni por acá a la vuelta. No quiero sumarte más cosas.
Sonrió.
- Son dos cosas distintas. Por un lado, está mi relación, todo un recorrido... y por otro lado, estás vos, con todo lo que está pendiente hace muchos años.
- Sí, ya sé que no te pintó ahora, que venía todo de mucho antes. Lo que digo es que justo ahora...
- ¿Cuánto tiempo más vamos a esperar? - me preguntó.
Me quedé callada.
- Yo sé que siempre pasó algo, sí. Sólo digo que no es un buen momento.
- Quizá no existe el momento perfecto para nosotros - dijo - Pero está la duda. La tensión esta, viste que nos ponemos pelotudos. Cuando yo te miro, vos me mirás, todo eso que pasa, que esta ahí flotando - enumeró - Hace un rato vos me preguntabas por qué te invité - suspiró y se quedó pensando un instante - y mi vida es un quilombo, ya lo sé, pero lo único que yo quería era estar acá tomando este vino con vos. Y hablar. Poder decírtelo. Durante muchos años me sentí un boludo, me preguntaba por qué no te lo había dicho, pensaba cómo serías, pensaba todo, y qué se yo, había quedado todo muy ahí... Pensaba lo que me perdí, que había sido un boludo.
- Siempre pensé que tenias miedo. No pensé que fueras un boludo. Me parecía que había algo más. No sé, que te frenabas.
- En parte, si, tenía miedo. Pensé que me ibas a sacar cagando.
- No. Vos cuando yo te dije hace muchos años que estaba hasta las manos, me escuchaste. Y hoy vos me dijiste que querías hablar, y te escucho. Tenes el espacio. Te toca a vos. En serio, Javi. No pienso que seas un boludo. Me pareció que tenías miedo.
Se me hizo un nudo en el estómago. La situación era en toda regla muy triste. Había dolor en cada uno de nosotros, por diferentes cosas, por distintas frustraciones. Al final, no terminaba de comprender si alguno había sido, en eso, un poco feliz. La ilusión del principio, de que al menos alguno de los dos fuera feliz con otro, saltaba destruida por los aires.
- Durante muchos años, me imaginé todo. Pensaba cómo serias. Pensaba por qué no lo hice. Me sentía un pelotudo. ¿Cómo no te había respondido a los palos que me tirabas? ¿Cómo no te había dicho que sí? Imaginé todo lo que me hubiera gustado hacer y no hice. Cada detalle. Todo. Pero ya esta. Tenía que hablar. Y hablé.
Lo miré y se lo dije:
- Si, yo también me acordaba o pensaba por momentos en vos, en lo que había pasado - le dije, sincera - pero para mí vos estabas de novio, así era algo que tenía que quedar ahí y quedó ahí.
Nos miramos.
- Para mí, tu relación, sigue siendo un punto a respetar. Después mi vida fue cambiando, no pensé más en vos, seguí adelante. La verdad es que me costó bastante, no te voy a mentir - me reí, resignada - pero ahora todo bien. Una vez que dejé de lado todo, al tiempo, nos conocimos y al tiempo me puse a salir con Galeno. En ese momento yo ni esperaba nada, pero se fue dando todo. Y resulta que el tipo lee a Cortazar, y ahí caí rendida- dije, en broma.
- ¿Cuánto tiene exactamente? - dijo Javier sin reírse.
- Más de 50. Es más grande. Que yo y que vos - le dije.
- Mirá vos, qué hija de tu madre - dijo.
Nos reímos.
- No lo hice adrede. Al principio, yo no quería saber nada con él. Tenía una negación enorme, yo decía ni loca. Después de todo lo que había pasado, veía una vaca y lloraba, pensaba "esta película no me la como dos veces" - relaté - Ni en pedo quería salir con alguien que fuera más grande, imaginate, salía corriendo - me reí tratando de ponerle humor a la situación.
Él, solo asintió.
- Y él entendió que yo quería ir muy despacio. En serio, muy. Me dió tiempo, demostró que no le importaba el tema de la edad o esas cosas, que era un tipo grande pero que estaba dispuesto a intentar y a bancársela toda - argumenté - y se la jugó. Y cuando yo vi que me dió el tiempo, que es lo mejor que alguien te dá, y que no le importó nada, dije "sí, obvio que me la juego". Y ojo tampoco es que nos vayamos a casar, nada de eso, pero sí creo que el tipo apostó y yo aposté y se fue dando todo esto un poco con sorpresa, pero con deseo real. Vos imaginate que mi idea no era estar en pareja con un hombre de más de cincuenta años, pero sucedió.
- ¿En todo estás tan bien?
- Sí, no cambio lo que tengo por un pibe joven... No va por ahí. Me quedo mil veces con él que con un pibe de mi edad.
- ¿No?
- Nah. No te puedo explicar por qué, pero elijo eso. No siento que me esté perdiendo nada de la vida, la verdad. ¿Viste que a veces la gente dice como que el tipo grande la saca la vida a la persona joven? - asintió - Bueno, yo creo que él me aporta y que yo le aporto. Para mi tiene virtudes, cosas que me gustan, y del otro lado creo que es lo mismo. Le debo gustar, qué se yo - dije, y me encogí de hombros.
Abandonó la cara de piedra, para sonreír con la última oración.
- ¿A qué se dedica?
- Es médico.
- ¿Médico? Mirá vos. Como tu hermana... - dijo.
- Sí, son especialistas en la misma rama. Él es pediatra también. Tiene una hija - le comenté - y se separó hace años. Es hincha de San Lorenzo, le gusta leer. Y nada, parece que no tenemos que ver pero tenemos mucho que ver...
Sonrió levemente.
- ¿Una hija?
- Sí, una hija. Una nena, va a la primaria. Es re tierna. Él cumple con todo, la verdad, esta presente y la nena lo banca también. Creo que es un buen padre y me gustó como de entrada me dijo que tenia a la nena y todo fluyó. Enseguida fue de frente con su vida, eso me gustó - le dije.
- Mira vos - dijo - ¿Y te gusta él? Digo, no es lo mismo que estar con una persona joven...
- Sí, Javi, obvio que me gusta. Si no me gustara, yo no estaría ahí - le dije - Es un buen tipo, todos me dicen que tiene cara de bueno y si. Es serio pero conmigo se pone simpático. Y físicamente me gusta también. No le gusta mucho que le diga, pero yo lo jodo... le digo "gusto de vos" a cada rato y ya se ríe...
Me carcajeé para restarle tensión a la charla.
- ¿Y con el sexo, cómo te llevás?
- Bien, la verdad. Fue una sorpresa. No sabía bien cómo nos íbamos a llevar, viste, pensé que quizá él sabía mil cosas que yo no y que no íbamos a sincronizar, pero resultó que nos llevamos re bien.
- ¿En serio?
- Sí, que se yo, ya sé que no es lo mismo, pero no es algo que me moleste, al contrario. Lo veo como un plus. La verdad es que no es un problema para mí la frecuencia sexual, o el rendimiento, o esas cosas... Después de vivir la experiencia, no cambiaría nada.
- ¿Cómo que no?
- No. O sea, no sé, no quiero explicarte esto... - suspiré.
- Explicá, yo te conté todo. Sé sincera conmigo. Dale. No se lo voy a contar a nadie. Quiero entenderte. Quiero saber. Siempre quise saber esto de vos. No entendía eso.
- No preguntabas tampoco, Javier. Suponer no es preguntar...
- Daleeee, guacha, no seas mala...
Sonreí.
- Yo pondero la calidad, no me engancho con la cantidad si no hay deseo detrás. No quiero que cumpla de onda, porque no sirve, le resta matices. Parezco una loca pero me gusta que lo vivamos cómodos - me reí - O sea, yo si le digo vamos a la luna, sé que él va a intentar que esté contenta, darme todos los gustos y lo mismo de mi lado. Y para mí eso es un mil. O sea, me da más ganas de estar con él ver que se interesa en que este bien ¿entendés? Yo soy tranquila sexualmente. Pero lo que más me gusta cuando estamos juntos es que no hay complejos, me siento libre. No me importa la edad, ni la apariencia, ahí.
Asintió. Se quedó callado. Pero cuando le dije que era tranquila, mofó.
- ¿Qué?
- Naaaah. Yo te puedo creer todo, menos que sos tranquila. ¿Vos, tranquila?
- Sí, Javi. Soy tranquila. Vos no me conocés, pero yo sí me conozco.
- Pero no, nena, si con la edad que tenés, ¿sabés por dónde tenés las hormonas? ¡Por allá arriba!
- No, mentira. Es un mito - lo burlé - Si, tengo hormonas en movimiento pero al menos, en mi ecuación, prefiero calidad y que me consientan a que sea un deber. Él en calidad es un mil. Además, tiene la mente abierta, me trata bien.
- No, nadie dice que sea un deber. Pero sí, es verdad, no es lo mismo para vos que estar con una persona joven que va a querer a cada rato... Por eso me salió preguntarte esto, si no tenías problema con eso. Porque yo... no sé... yo es como que... - se trabó.
- Yo la paso bien si no me buscaría un pibe joven. Esa es mi devolución - lo mire, con sorna - Por favor, no empecemos a hablar de ese terreno. No me interesa saber cosas sexuales tuyas. Es un montón.
Sonrió.
- Yo no la paso, directamente. Ni mal, ni bien. Pero si me pasa que es lo más natural el sexo. Solo me sale. No soy un tarado, pero me sale. Igual no tengo nada que contar, si no hago nada.
-Si, a mi me pasa lo mismo. Soy tranquila por fuera, pero es un aspecto que importa. ¿Qué significa que no la pasas?
- No pasa nada hace meses. Muchos. Nada de nada.
- Pero... bueno, puede ser por la situación de salud que me decís, los líos... O puede ser que lo que suceda tenga que ver con lo que le pasa. Quizá influye, hay muchas cosas que influyen en la sexualidad.
- No, no es eso. Es algo más profundo. Lo hablé y no se... No se dá. No hay... onda. No nos buscamos.
- Pero hablá más, boludo. ¡Remá! Eso viene de algún lado, quizá hablando se entiendan - insistí.
- No sé, ya he hablado miles de veces... No resulta. Y para mí, si bien puedo vivir con eso, es importante. Tiene que haber deseo en una pareja, viste... Si no, es...
- Sí. Ya lo se. Para mi también tiene que haber sexo en una pareja. Es una chispa que no reemplaza a otra. Pasa que bueno, es difícil porque no sé, hay que entender todo... Y tambien decís hasta cuándo voy a entender si esta todo ahi siempre en cero...
- Si. Es muy difícil. Yo ya me cansé. La verdad, me cansé de hablar.
- Vos sos el tipo más sexual que yo conozco, entiendo que quizá no debe ser difícil porque es algo de peso, pero bueno, pensá en preguntarle como se siente con el deseo. Búscala, charla, sé cómo sos, entrador...
- Ya charlé de todas las maneras posibles, pero no, no es eso. Yo ya no tengo ganas de proponer, el otro lado no propone, y no se dá. ¿Entendés? O sea, está todo bien, pero eso no se dá. Hace meses que estamos así, no congeniamos.
Asentí.
- Hay gente que simplemente no tiene el sexo como prioridad en la vida. Tenés que entender eso. No toda la gente tiene tu energía sexual. Capaz a ella no le pinta por meses tener sexo. No toda la gente se la pasa pensando en sexo todos los días.
- Sí, ya lo sé, no soy un bruto. No soy un pajero. Es algo más que eso. Ahora me vas a decir que sos tranquila, dale, que el que quiere coger soy yo - me burló.
Me quedé callada y solo sacudí la cabeza, limitando la respuesta. Una vez que me encontré mas calmada, volví a hablar.
- Ya te dije lo suficiente. Lindo día elegimos para hablar ¿no? - musité.
Nos reímos para descomprimir.
- Cambiaste mucho, sí - dijo - Ahora estudias otra cosa, salis con viejos, tomás vino, me discutis de política, sos toda una mujer que va al frente, revolucionaria como siempre ella - añadió.
Me sonrío con cariño.
- Vos también pasaste cosas... Seguís siendo medio Javi, igual... - sonreí.
- ¿Cómo es eso?
- Medio salamero y jodon y eso... Sos vos, pero unos años después... - dije.
- Me encanta joder con vos, porque tenemos el mismo humor - dijo, sonriendo - Hace mucho que no hablábamos así. Qué hija de puta, cómo me ignorabas... Ni me mirabas. Nada. No me dirigías la palabra. No sé cómo hacías. Tremenda, sos. Muy tremenda. Yo pensaba como podías hacer eso.
Me reí despacio. Suspiré. Javier no entendía que yo lo hacía porque pensaba que odiándolo iba a salir pronto de ese estado de amor.
- Para mi era doblemente difícil hacerlo. Pero no quedaba otra.
- ¿Cómo? ¿Por qué?
- ¿Y qué querés? Habían pasado cosas y no tenía ganas de verte, menos de hablar con vos. Estaba hasta las manos encima y como a vos no te pasaba eso, me tenia que alejar. Además vos no entendías eso de la indiferencia pero me habías sacado un poco cagando... no podía ir ahí y decir hola Javi.
- No te saqué cagando... Siempre decis lo mismo. Que no la quiero, dice, la hija de puta.
- Bueno, vos me entendés. El tiempo acomoda todo. Ya está, no tiene sentido revolver eso- dije - Vos queres coger conmigo. No es que me queres. Y esta bien.
Me habia puesto tensa. Javier, y la charla consigo, se estaban acercando a un horizonte personal de dolor muy profundo, que no quería recordar. La etapa donde él me había hecho a un lado de un plumazo si la pensaba en profundidad, todavía era capaz de angustiarme.
- Yo lo hice de esa manera porque no quería lastimarte. Y lo volvería hacer. Sé que no te lastimé, que no te cagué la vida. Por eso me corrí. Vos tenías que vivir todo con una persona joven, tener tus experiencias...
Me quedé en silencio.
- Si vos decís - musité.
- ¿Te lastimé?
Lo miré. Javier justo se había levantado a buscar una cosa y estaba dando vuelta a pocos pasos, pero con la respuesta irónica se había dado vuelta y se había quedado paralizado.
- Tengo que ser muy sincera para responder eso - le advertí.
- Sé sincera.
- No voy a ser educada... - le hice un gesto de que era mejor dejar todo ahí.
- No me importa. Quiero saber todo yo ¿entendés? Te dije todo lo que siento y vos no me decís nada. Hablá, mujer. ¿Qué se te pasa por esa cabeza, con esas caras que me ponés? ¡Después yo me quedo pensando qué habrá querido decir, ella! Nunca sé que significan las caras que me ponés. Me vuelve loco eso.
- Tu silencio me lastimó. Tu incapacidad de decirme esto, esto que es tan fácil, en la cara. ¿Sabés todo el sufrimiento que nos hubiesemos ahorrado? Era mejor coger años enteros, y después si no salía bien no salía bien.
Javier se quedó callado. Lo miré, y sin malicia, le dije:
-Vos me decís que querés coger, que te pasa todo esto, que siempre te pasó. Y nada, también tenes otros temas con tu relación y es como que no estás haciendo las cosas ahí y las querés hacer conmigo. No está mal que te quieras sacar las ganas, pero ¿qué pretendés? ¿Que salte de alegría, Javi? Dimos tantas, pero tantas tantas vueltas por una calentura. ¿A vos te parece dar diez años de vueltas por una calentura, cuando se podría haber resuelto antes? Probábamos, de última, pero no... El señor, viste, te cae un día y te dice "yo me quiero acostar con vos", así, de la nada...
- Vos siempre pero siempre pensaste que ño único que yo quería con vos era coger.
- Y tenía razón. ¿Queres o no?
Mofó, me puso cara de pelotudo y se rió.
-Yo quiero todo.
- Qué vivo, dale.
- En ese momento, te lo juro por lo que quieras, yo lo hice pensando en lo que iba a ser mejor. Si te dejaba elegir, ibas a elegir mal. Perdon, te pido perdon. No quise hacerte sentir mal. No puedo cambiar el pasado, pero perdoname ahora. Pensemos en el presente. Si estuviera en la misma situación, lo volvería a hacer. Para mí era la única salida.
- Vos no me dejaste elegir. No fue que me dijiste "che, mirá, me parece esto, a vos que te parece". No. Vos tomaste solo una decisión suponieeeendo lo que iba a ser mejor para el futuro como si yo fuera una tarada. Yo sabía lo que estaba haciendo. Por eso me jode lo que ahora me decis. No tomaste en cuenta lo que yo te decía, en ese entonces, ni si te deseaba, nada... Pensabas que era una nena boluda. Por eso, después, no te quería hablar. Estaba enojada, sabía que si hablábamos iba a ser para peor, porque vos ponías unas caras...
- Perdón, yo no quise lastimarte... - dijo, mirándome - No lo hice con esa intención para nada, pero para nada. En algo tenes razón: pensaba que eras muy inocente. No quería romperte las ilusiones qué vos podías tener.
- Confundiste discreción con inocencia- dije.
Javier suspiró.
- Siempre me haces sentir un pelotudo. Tenes respuesta a todo.
- Ahora ya está, está todo bien. Por suerte, ya pasó, pero había que decirlo - le expliqué - Hubiese estado bueno que me dijeras, como yo te lo planteé, "che, esto es un polvo, probemos, quiero vivir la experiencia de una noche con una pendeja" y listo. Lo hubiera preferido así la verdad. Como ahora, que me estas proponiendo coger.
- No es todo tan así, tan tajante, como vos pensas. No es que yo solo te quiero coger, es un todo.
- ¿Vos me dijiste hace un rato que querías tener sexo conmigo, o yo aluciné ?
- Sí, me quiero acostar con vos, claro que quiero. Hace años. Pero no es todo tan así, vos siempre pensaste que lo único que quería de vos era coger, coger, coger - me burló - Siempre pensaste eso.
- ¿Y qué querés, Javi, si no es coger coger y coger? - lo desafié.
- Todo quiero, yo quiero tooooodo, ya te dije - dijo, burlándose.
- ¿Ahora te acordaste, boludo? En pareja, con tantos líos... ¡Se acordó recién el tipo!
- No me acordé. No seas seas hija de puta, dale. No seas mala conmigo.
Suspiré
- No soy mala. Te digo la verdad, no me enojo, pero estoy hablando a calzón quitado... Vos no hiciste esto antes porque no te interesaba.
- ¿A qué?
Me ruboricé. La frase dicha me había traicionado y acababa de notarlo.
- Bueno, no lo tomes literal lo del calzón - dije, colorada y acalorada por la vergüenza.
Javier se empezó a reír con gusto. Suspiró y me preguntó:
- ¿Me odiás?
Se me transformó el ánimo con esa pregunta. Seguro, también la cara. Pensé que Javier de mi amor no había entendido nada. Nada de verdad. Que no se había imaginado siquiera hasta dónde llegaba como para creerse por un segundo que era capaz de sentir odio por él.
- No, Javi. ¿Qué decís?
- Yo pensé sí, que me odiabas, porque ni siquiera me mirabas... Estabas tan tan enojada. Yo no sabía como acercarme a vos. No me dabas ni pelota.
- Ya estabas en pareja vos, en ese momento. Yo te respetaba. Después que el enojo se me pasó, y sané todo, lo sostenía por eso.
- Pero podías hablar conmigo igual...
- Prefería no hacerlo.
- Porque me odiabas ¿o no? - sonrió.
Mofé.
- No. Una cosa es estar enojada con vos, otra cosa muy distinta es odiar. Yo no te odio, y nunca, más allá de todo lo que pase, te voy a odiar. Javi, yo te puedo mandar a la mierda, me puedo enojar, te puedo putear, pero odiarte... Nah. Ni en pedo. No me sale. No quería más lío.
- No, por favor... Vos no me odies. No lo hice para lastimarte, te lo juro, te lo juro por Dios - dijo, juntando las manos - Quería que tuvieras una vida normal, que vivieras otras experiencias, yo no tenía ni tengo mucho para darte... Quería que te dieran otras cosas...
- Además, tampoco querías hacerte cargo de mostrarme cosas del mundo que yo no conocía en ese momento. ¿No?
Se me quedó mirando fijamente.
- Si - dijo.
- Qué cobarde de mierda - dije, riéndome.
- No seas guacha. Lo hice creyendo que era lo mejor y lo volvería a hacer si estuviera en la misma con vos. Yo lo iba a hacer mal.
- Estás loco, Javi. No sabés lo que decís. ¿Lo volverías a hacer? Yo no.
- Yo sí. Me corrí porque no tenía nada para darte. Fue una buena decisión.
-No estoy muy de acuerdo con eso, pero ya no importa. Para mí, lo hiciste otros motivos. Y resulta que la mina hizo lo que se le cantó - lo burlé, haciendo referencia a que no había podido evitar nada o cambiar nada.
- Como siempre. Contestataria. Revolucionaria. En eso, no cambiaste ni un poco. ¿Otros motivos, cuáles, cómo es eso?
- No hubo amor, Javi.
- No digas esas cosas.
- Es la verdad. No tenes que ser careta.
- No soy careta. No es así como vos pensas, todo.
- ¿A ella la queres? - le pregunté.
- Si.
- ¿A mi me queres? - le pregunte, con sorna.
Me miró y se quedó callado. Me miró de nuevo. Se puso nervioso.
- ¿Ves? Es un no. No me la vendas. No uses el discurso.
- ¿Qué?
- Cuando te pregunté por ella, no dudaste, dijiste si como algo obvio. Cuando te pregunté por mi, te quedaste mudo. Por eso no funcionó, Javi. Faltó amor. Si hubieses querido, hubieses formado algo conmigo y listo.
- No es todo tan blanco y negro. No es tan así. Vení. No digas esas cosas - dijo.
- Es la verdad - dije.
- Dejá de pelearme. Dame un abrazo. Dale. Déjame que te abrace.
Me abrazo y me acostó encima suyo.
- Qué piba. Cabezona que sos. Loco me vuelve ella. Loco. Dios mio, siempre igual ellaaaa. ¿Por que Diooooos? - exclamó.
II.
Tuvo que pasar todo lo que pasó para efectivamente corroborar que no. Nunca me quiso. Y eso es lo único que ahora veo de él. Javier ya no es el que quise. Él es el que no me quiere. Lo veo y pienso eso "él no me quiere".
Y sigo viviendo. Hay mucha más gente para ver en el mundo que la que no te quiere, me digo. Hay mucho más que la gente que no te quiere en el mundo, me repito. Es solamente cuestión de cambiar el foco, insisto. Suspiro. En mi mente reemplazo el recuerdo de todo esto, que ahora cae como una relaboración perfecta de un momento difícil, y pienso que por primera vez en mi vida ya no tengo más preguntas que hacerle a ésta historia.
¿Qué pregunta podría existir si todo se responde con lo mismo? Aquéllo que muy en el fondo siempre supe, es superficie. Dolorosa superficie, claro. Pero es cuestión de cambiar el foco. Quedarse mirando como un punto fijo a una persona que no te quiere, francamente, no es necesario. Ya me duele suficiente saberlo, mirá si me voy a quedar cerca para mirarlo.