lunes, 31 de marzo de 2025

Cuota 03 de 12

 Se fue marzo. Un mes que no fue malo, pero que tampoco fue tan bueno. Si tengo que definirlo, diría que solamente fue. Ocurrió. Pasó. Y lo agradezco con eso y sus descubrimientos. Con lo que sí. 

Hoy para terminar marzo - y mis días de vacaciones- aproveché para ir a la facultad a hacer un trámite. De las 3 materias que pedí, me habían asignado dos en el mismo día y horario y la última me la habían rechazado por demasiados alumnos en la misma comisión. Así que me levanté a la mañana, pensando en solucionar el tema. Por suerte, conseguí cupo. Y por suerte, además, cuando salí de alumnos, se me dió por mirar el papel que me entregó quien me atendió y estaba mal hecho, por lo que me lo arregló en el mismo momento. Así que no puedo quejarme de absolutamente nada. 

El criterio de este cuatrimestre fue elegir una materia que me entusiasme y otra que no. Voy a ver si me resulta está mecánica para seguir avanzando a mí ritmo, pero también sacándome muertos de encima.

Es un ensayo así que lo tomo como tal. Un intento de mecanismo exitoso para afrontar la facultad mientras trabajo en la oficina.

II.

Cuando salí de la facultad después del trámite, fuimos al shopping con mí mamá. Íbamos a ir al cine pero no había nada demasiado bueno. Solo una película argentina me entusiasmó pero no así a mí mamá (noe gusta el cine nacional) así que lo dejamos para más adelante.  En cambio, fuimos a comer. Miramos vidrieras. Y tomamos un café.  Todo eso para mí es un placer así que terminé feliz. 

 Como pequeña bolucompra me llevé un delineador de labios y un labial mate de un color nuevo.  Por lo general no suelo comprar marcas no conocidas por mis temas de la piel, pero con los labiales juego más. Así que por la módica suma de 10.200 me llevé ambos productos para los días más fríos, que no están mal. 

Para cerrar el día, mí jefa volvió a escribirme.  Sobre el resto, traté de seguir desenchufada. Saludablemente desenchufada. Cuando llegué, a eso de las 18.30, resolví las consultas de mí jefa. Después, me dispuse a limpiar todo mi cuarto para la semana porque tenía mucho lío. Y justo después me llamaron de sorpresa mis sobrinos. Fue una alegría enorme, eso. 

III.

El fin de semana no estuve en casa demasiado. 

El sábado, fui al salón de uñas y a la peluquería. Hermoso, si, aunque ahí se me fue el día. El domingo, también fue un buen día.  Formé parte de un recorrido cultural para la comunidad, hablando de literatura. Volví a casa contenta y con un pancho para cenar, justo antes de que estallara la tormenta. 

Lo del recorrido es un poco una aventura, y otro poco,  un trabajo eventual los domingos, que hago con mucho amor no tanto por  el dinero, sino, por lo que me representa. Para mí es una oportunidad de hacer lo que me apasiona. Compartirlo. Divulgarlo. Y la razón por la que yo estudié Letras.

Y ahora, cuando ya dar clases de literatura no es mi objetivo, me encuentro un poco dando clases públicas para 16 personas, otro poco divulgando, algún que otro finde. Otro poco disfrutando. Y eso para mí es un reconocimiento al recorrido que yo hice un día. Aunque no sea el de hoy. 

El de hoy es un recorrido distinto pero que agradezco y trato de disfrutar siempre. Parece un decir, pero literalmente yo agradezco todo lo que pude construir después de haber cambiado de rumbo.  Y lo que llegó, porque en su momento fue saltar al vacío. Y después entender que ese vacío como tal, no estaba. Que solo era caer hasta otro trampolin extraordinario. 

Por eso, un lado mío, celebra las vacaciones de la oficina que terminan mejor de lo que empezaron. El otro lado, agradece todo. Un tercero, anhela lo mejor. Que cada cosa, por pequeña que sea, pase para mejor. 

sábado, 29 de marzo de 2025

"Lapelo"

 Hoy entré oficialmente en lo que yo llamo la etapa de "lapelo", es decir, hablando entre nosotros, la etapa de "la pelo duro".  Obvio que es una denominación que acabo de adoptar desde el humor, porque iniciar esta etapa significó lisa y llanamente teñirme el pelo por primera vez en 30 años. 

Amando como amo mi color de pelo natural, teñirme no era una prioridad porque siempre sentí que la tintura era un tema. Pero algo que me pasó estos últimos años fue sentirme un poco aburrida de verme igual el pelo en cuanto al color, al largo, a la textura. Ya desde mediados de 2024 venía pensando en hacerme un cambio y no me decidía. Tenía miedo. No sabía si me iba a quedar bien o si  me iba a quedar feo. 

Y hoy, llegó el día: me hice mechas rubias sobre mi base natural en todo el cabello y así inauguré la etapa de lapelo porque, según lo que me dijo mi mamá, el pelo al principio lo podés notar un poco más duro. 

Lo bueno es que ésta experiencia la compartí con ella mucho más de lo que pensaba. Inicialmente, le recomendé la peluquería porque trabajan bien y se notaba que la colorista dejaba a todas muy bien por un precio razonable. Luego, al mediodía, coincidimos en la zona céntrica.  Yo, salía de hacerme las manos y como la peluquería quedaba a dos locales de distancia, fui a hacerle compañía a mi mamá. 

Cuando entré a la pelu me preguntaron de hecho si me iba a atender y dije que no. Mi mamá habló con la colorista y ví cómo la asesoró y eso me gustó pero seguí sin animarme.  Después, mientras mi mamá esperaba en un sillón, nos sentamos una al lado de la otra a charlar y dije "bueno, si tiene turno para ahora hablo con ella". 

Y milagrosamente, siendo un sábado tranquilo, la colorista me dió el ok y empezó a prepararme en base a un trabajo anterior suyo que le mostré. Me explicó algunas cosas según mi color base de cabello y listo.  Pasé por una decoloración, que eso me daba más dudas, y después por las mechitas. 

El resultado fue un cambio notorio, una gran lavada de cara, un aporte de luz gracias a los reflejos rubios que se nota mucho. Me gusta que se note pero a la vez fue importante para mí conservar mi base, que sólo sean reflejos, porque yo amo mi color natural y sólo estaba un poco aburrida.  Es decir, que con un cambio razonable estaba bien. Y eso pasó, aunque como soy yo con mi pelo - me lo cuido mucho, me da pena maltratarlo demasiado, aprecio que sea lindo - signifique acostumbrarme a tenerlo más lindo gracias a un proceso químico. 

 En la peluquería fue gracioso porque cuando me vieron el resto de las mujeres, mi vieja incluída, empezaron a los gritos del estilo "aaaaay, qué pelazo, qué cambio, me encanta, ese color de abajo es tuyo, qué hermosoooo". Yo me reí, entendí que es un poco parte del folklore minita y me dejé llevar. Le agradecí a la colorista, que hizo un lindo laburo, y procedí a pagar el numerito en cuestión. 

Así que ahora estoy acá, en estas primeras horas siendo dentro de la nueva etapa. La etapa de lapelo... la pelo duro. Haciendo bromas con eso y disfrutando de este cambio. Porque, también lo pensé, y el pelo crece, pero los años pasan y ésto es algo que hacía mucho quería probar y no terminaba de decidir.  Hoy, decidí. Y estoy contenta con el resultado y eso es lo importante. A fin de cuentas, no dejo de ser una minita que reflexiona mientras se pone pituca. 

Ahora cierro el día después de haber cenado y jugado a las corridas con mi gato, cosa que le encanta y que siempre trato de disfrutar. Mientras, como un rico chocolatito y escribo estas palabras. 

Hoy el día valió la pena, para mí. Y eso no es poco. 

viernes, 28 de marzo de 2025

La tormenta perfecta II

 Al final, mi jefa ayer me escribió porque quería avisarme que, al regreso de mis vacaciones, la semana que viene, será la última en la empresa. Se va por temas de salud mental y es una pena porque realmente es muy buena mina, ha sido siempre una muy buena compañera, y gente así hace falta para laburar. 

En lo práctico, me vuelvo a quedar sin jefa por tercera vez, en casi dos años que llevo ahí. Con lo que implica, porque hay que salir una vez más, por tercera vez, a jugar un partido incierto.  Obviamente, la noticia, me cambió bastante la onda de las vacaciones porque implica que el martes cuando vuelva a estar online no sé con lo que me voy a encontrar. 

Como tuve que abrir el email por temas con los que me pidió soporte (ahora antes de irse, con lo cual se comprende el apremio), entré al buzón corporativo personal y aproveché para contestar con horarios y días adecuados para las clases de inglés.  

El resto, ni idea.  No sé quién encabezará el equipo ahora ni quien hará el sostenimiento del área quizá por un tiempo, quizá definitivamente. No sé en qué estado quedan los pendientes, las cosas que tenemos que responder cómo equipo. No sé en qué estado estarán los directores, que un poco se nos echaron a fuego en las vacaciones de ella que cubrimos recientemente con mi compañera.  Pero claro, no es lo mismo cubrir unas vacaciones por un tiempo, que tiempo completo, una Gerencia Financiera. 

En definitiva, ya sabré.  En el área, yo me quedo con dos compañeras: una que va una vez por semana y labura media jornada. Otra, que entró en enero y que si bien tiene experiencia en algo de gestión, no tuvo ni tiempo de aprender tanto. Y es lógico. Solo espero que no se vaya detrás. 

Yo siento si tengo que ser franca, que me quedo con mi propia alma, la verdad, pero trato de mantener la calma.   Lo único que pido es que el reemplazo de esta jefa, que fue siempre buena gente conmigo después de la anterior, que me enseñó, que me escuchó y con quien hice un gran equipo,  sea buena persona e idónea.  Y que si es mi otra compañera, juntas podamos evitar los problemas. 

A nivel individual, casi como una intuición, no se por qué, esta semana de vacaciones actualicé mi CV y averigüé por el precio de una consultoría de imagen laboral. Básicamente, abrí el paraguas sin saberlo en concreto, pero sabiendo algo, percibiendo algo de una sintonía fina. Porque no, la salida de mi jefa no era algo que yo creyera posible hoy. Pero evidentemente algo dentro mio me avisó que se venía un cambio, o algo así, porque yo no estoy buscando laburo ahora pero sí ahora necesité dejar eso listo sin saber por qué. 

Ahora sé por qué. Sé que si tengo que ponerme en otra sintonía, lo haré. Estoy lista. 

¿Decime si eso no es estar conectada con la intuición? 

jueves, 27 de marzo de 2025

La tormenta perfecta

Desde el martes estoy de vacaciones, hasta el próximo lunes. Y la verdad es que si bien estoy descansando, no disfruté tanto como yo esperaba estos dias. Así que me siento un poco frustrada por eso. Decepcionada. 

Hay algo que noté estos días sin rutina es que me siento bastante vacía. Y es un vacío que no se llena con cosas materiales, ni con comida, ni con distracciones.  Creo que es una inconformidad interna que tengo, además, una postura donde nada me gusta, ni me conforma, ni me llena. Estoy malhumorada. Y yo no suelo ser así o eso creo. Pero resulta que me siento así, como si estuviera frunciendo todo el dia la nariz.  También, me doy cuenta que me enojé fácilmente varias veces, porque claro, cuando estás insatisfecho noté que estas también más intolerante y... si, la verdad, me pasó. 

Enfrenté, como se puede ver, muchas incomodidades estos días. Siendo sincera, tocó así. 

La oficina y el ritmo de vida que llevo durante el año no había hecho posible tomar un contacto tan directo con el vacío, pero justo está semana se dio el espacio y encontrarme conmigo misma no fue lo que yo pensaba, lo que venia siendo. 

¿Por qué será? Eso me pregunto. Porque la tristeza tiene mala prensa pero en realidad es una invitación a ver algo. Y no sé qué fue ese algo que se reveló. O más bien, creo que puede ser esa sensación de no tener nada. Ese vacío de no sentir nada atravesarnos con intensidad. 

II. 

Más allá de la tristeza y esto, en lo concreto,  estuve en suspenso con mi odontologo y resolví un accidente que tuve con mis provisorios de una manera rebelde porque él está de vacaciones y yo la semana que viene tengo que volver al trabajo y otras cuestiones.  Eso me tuvo bastante de mal humor, porque es un tema que me atravesó durante todo 2024 y al que le sigo poniendo el cuerpo en 2025. 

Añadido a eso, mi jefa me escribió tipo 19.00 de hoy. Si tengo que ser sincera, me pesó un poco pero no por ella sino porque le pregunte que quería y no respondió. ¿Se habrá dado cuenta tarde que no daba el horario? Quizá. O habrá dejado el tema para cuando vuelva. Yo contesté porque no hay mala onda para nada, conmigo se ha portado bien y yo con ella lo mismo, pero no puedo dejar de hacer la observación. Si algo decidí es no prender la computadora ni chequear el email corporativo ni el chat interno que tengo en el celular, más allá del mensaje.  Al final, lo que más necesito es una desconexion mental y sé que la voy a echar a perder si me pongo a ver emails. Porque soy super responsable y voy a empezar a ponerme ansiosa por resolver y... no.  La verdad, no. 

Si necesitan algo, obviamente, que me llamen, yo voy a responder porque es un buen equipo y todo... Pero también necesito descansar UNA semana en el año y siento que nadie es imprescindible en un laburo como para no priorizar mi derecho a la desconexión. 

 III. 

Sin embargo, no me rendí. Medité estos días, aunque sentí clarisima la angustia en el pecho. Medité más. Traté de ser consciente con mis pensamientos y la voz de mi interior noté que no está siendo buena. Así que eso me dio algunas pistas. 

Para meterme mas adentro y registrar lo que pienso, desconecté de las redes. Traté de disfrutar pequeños momentos. Salí a caminar. Vi a mis sobrinos. Salí a comprar. Cociné comida rica. Ganó la selección. Disfruté muchísimo con mi gatito y resultó en que la pasé muy lindo pero en un marco de tristeza innegable.  Además, con no tanto dinero a fin de mes como para distraerme demasiado, y aunque eso parezca una contra, siendo también una condición para la tormenta perfecta. 

La tristeza a veces es guía. Otras veces motor. Yo se que hace un mes y pico atrás usé la tristeza como motor para terminar una situación compleja. Hoy creo sinceramente que aparece para ser mi guía. Porque la vida sigue. Y yo me arremangué para seguirla. 

IV. 

¿Qué necesito ahora? ¿Qué quiero? ¿Cómo puedo mejorar el diálogo interno, para que mejoren mis pensamientos y pueda ser más amorosa conmigo misma? ¿Me siento bien o mal con lo que me repito? ¿Qué puedo hacer para sentirme mejor, cómo me puedo cuidar si no me siento bien? 

En estos días, de tanto silencio exterior, de tardes eternas en el patio o en la siesta, me di cuenta que me hablo mal naturalmente. Que me digo cosas que no le diría a otros. Que no soy cuidadosa, paciente, dulce, o generosa conmigo.   Y lo principal: que es tiempo de cambiar eso. 

Porque todos los <otros> cambios que quiero hacer, cosas en las que he pensado esta semana libre, tienen como eje modificar el diálogo interno. Y no quiero seguir empeorando la situación. 

Al menos, voy a aprovechar el aviso de la tristeza, y la tormenta perfecta que se dio hasta hoy, para empezar a hacer pequeños cambios. Antes de decirme algo feo, pensarlo dos veces. Como mínimo. 

martes, 25 de marzo de 2025

A mano para siempre

 Cuando yo tenía 19 años, un día tuve un ataque de pánico en la calle. Por esa época estaba haciendo tratamiento por la ansiedad y todo, pero había vivido una situación estresante para mi cuerpo y cabeza de entonces, que me había desbordado de angustia.  

Javier me había encontrado de casualidad en la calle. Y no me había encontrado como siempre, cocorita, yendo para adelante, sino, que me había encontrado sentada en el escaloncito de una casa alejada del centro, llorando, o básicamente, tratando de regularme sola. ¿Quién lo iba a decir? Él había estacionado su auto ahí en frente, yo no lo había ni visto, y solamente me había sentado en ese escalón un poco más alejado porque no pasaba gente y porque necesitaba frenar. 

Durante años, y por las consecuencias que tuvo, ese encuentro con Javier en esa situación me hizo sentir lisa y llanamente una boluda. Él se comportó en un aspecto bien, porque me contuvo sabiamente, pero en otro aspecto mal, porque se lo contó a su amigo y después el amigo me andaba persiguiendo a sol y a sombra preguntándome si necesitaba algo y eso me detonó una furia que era además furia con su cobardía, con la indolencia, con la sensación de que no podía mandar a una amigo a averiguar algo que yo solo había vivido - desgraciadamente - consigo. 

Recuerdo que durante los años que siguieron, cuando la ansiedad era parte del pasado, siempre volvía a mi la imagen cuando pasaba por esa esquina. Nos podía ver a nosotros dos sentados, hablando, yo llorando, él diciéndome que era tarde, que ya era tarde para hacer determinadas cosas en su vida. Él haciéndome reir y yo diciéndole que era una pelotuda por llorar, pero que no era feliz. Él diciéndome que no era tonta, que estaba todo bien, si quería que fuéramos a comer con su mamá los dos, que me quedara tranquila. Yo diciéndole que no, que se fuera, que me dejara regularme sola, que no quería que me viera así.  Javier finalmente se quedaría, me llevaría a mi casa después de comprarme una Coca-Cola, me escribiría antes de dormir para preguntarme cómo estaba y tiempo después se alejaría de mí de una manera errada, pero creo yo, siendo sincera, necesaria. 

II. 

Diez años después de esos días, la madre de Javier se muere. Nosotros volvimos a hablar, también tuvimos sexo antes, pero en esos instantes, hace casi dos años que no nos tocamos. Estamos en su casa, tomando whiskey. Se rompió la mano. Está todo vendado, brazo, hombro, y le cuesta hacer las cosas de todos los días. Además, está muy triste. Triste como no lo había visto jamás.  Barbudo, ojeroso, con el pelo más largo de lo normal. 

Lo desvisto con cuidado, lo conforto con el único lenguaje que usé diez años después consigo y lo cuido. En ese momento, no me doy tanta cuenta de por qué hago lo que hago. No soy consciente de lo que sano. Yo pienso, simplemente, que algo me pasó y por más que me lo pregunte a mi misma hasta atormentarme, no logro entenderlo. Solamente sé que volvimos a acostarnos luego de dos años, en un momento de extraña vulnerabilidad. 

Javier está triste y yo quiero confortarlo con lo único que sé que le interesa de mí: el cuerpo. Y sin embargo, por penoso que sea, hay un momento donde lo veo sin poder vestirse, deshabitado, solo, desconcertado frente a lo que acaba de pasar y me doy cuenta. 

Me acerco a Javier, despacio, y lo ayudo a ponerse los pantalones. Agarrate de mi, le digo y se apoya. Despacito con la mano, le pido, y hace caso.  No le gusta que lo ayude, pero yo lo calmo, le hago un chiste humano, le digo que no pasa nada, que ya se va a poner mejor, que se deje. Le subo los pantalones con cuidado y le pregunto si así está bien. Él me dice que sí, avergonzado. Yo le digo que no pasa nada, porque realmente, no pasa nada. 

Hubo un día donde él me encontró desarmada y a su manera, trató de ayudar. Hubo otro día donde yo lo encontré desarmado, y a mi manera, traté de ayudar. Ninguno de los dos acertó en su totalidad.  Pero lo que sí sé es que inclusive en estos detalles, quedamos para siempre a mano. 

Es extraño pero hoy en día tengo un sentimiento frente a esa historia que jamás había sentido. No se trata concretamente de saber que no me quiere, sino que se trata de saber con certeza que lo vivimos todo. Que vivimos todo lo que esta historia tenía para dar. Que nos pusimos en los mismos escenarios sin saberlo. Que intentamos reescribir el pasado de dudas y que saneamos una deuda. 

Sin ir más lejos, yo lo hice con esta historia. Podría haber dicho que no, simplemente, cuando Javier vino con todo el relato del pasado, el presente, y el momento. Pero dije que sí, creo cada vez con más espesura, porque yo también necesitaba entender y elaborar el relato sobre el pasado, el presente, y lo mucho que deseaba tener mi momento consigo. 

Lo he tenido, a decir verdad. Más de una vez. He conocido otras facetas de Javier que antes no había tenido la oportunidad. Lo he visto como jamás pensé llegaría a verlo y fundamentalmente lo he despedido como no había podido hacerlo nunca. 

Y frente a todo esto, es inevitable no pensarlo: hemos quedado a mano para siempre hasta en las cuestiones más finas, más incontrolables. Como si ya, siendo un eco de lo que siento desde los primeros días después del 11 de febrero, a nosotros dos no nos quedara ya nada pendiente. 

Si me preguntan por él, la verdad, es cada vez menos lo que tengo para decir. No tengo siquiera un ápice de rencor o esas cosas por el estilo. Al contrario. Toda renuncia, y ésta en especial, me conectó con una paz y un alivio que hacía muchísimo no experimentaba. 

Es la primera vez en una década donde no me siento atada. Es una sensación extraña, porque no me siento atada por el pasado reciente, pero ahora, tampoco, por el lejano. Y yo siempre pensé que ese pasado me iba a atar.  Pero no.  Y con eso también, a los 30, siento haber quedado a mano para siempre. 

No sé qué me deparará el futuro. No me desvela saber si el amor será para mí una atracción o una posibilidad o una coincidencia o un tobogán. Pero lo que sí sé es que una parte de mi vida volvió a funcionar después de diez años y es una bocanada de oxígeno que yo no pensé que encontraría. 

Bievenido sea ese espacio liberador dentro mío para construir el próximo capítulo de una linda vida.  Tal como le dije a mi psicóloga el otro día, lo siento, casi también con el cuerpo, que estoy en una nueva etapa. 

domingo, 23 de marzo de 2025

Estoy de vacaciones y es momento de relajar

 Son mis segundas vacaciones de algunos días, trabajando en la oficina. La primera vez me tomé dos días, para viajar a Córdoba en 2024. Después, más a fin de año, me tomé cuatro días para viajar a Pinamar y ahora, en 2025, es la primera vez que me tomo una semana no para viajar, sino, para descansar. 

Estas vacaciones las tomé por una necesidad que ya había planteado por acá: descansar la mente y graficar el año. Si bien me hubiese gustado viajar, sé que no me faltará oportunidad de hacer viajes y que el dinero de viajes hoy en día está para otra cosa.  No descarto, no obstante eso, que sí  necesitaba y podía aprovechar las vacaciones - que tanto valoro en general -, para descansar. 

Para mí, los años empiezan para mí un poco oficialmente en marzo, al igual que el otoño, mi estación preferida.  Es porque le sumo al trabajo en la oficina la cursada de noche en la facultad y mí mente entra en un orden de muchas más obligaciones. Además, desde 2024 estoy aprendiendo inglés durante el año, en paralelo a la facultad y al trabajo en la oficina y todas estas actividades arrancan entre el final de marzo y el principio de abril. 

¿Qué hacer? Relajar. En cuanto a obligaciones en agenda, hice todo lo que pude para organizar lo que podía, tanto formal como económicamente. Creo que lo que me resta es confiar. Hay muchas cosas que no puedo manejar, y lo tengo en claro. Pero las que sí puedo, las estoy tratando de manejar. Y creo que para de relajarme es entender que las batallas que doy son acertadas, parte del proceso, parte del armado de una vida a conciencia y parte de la construcción de una vida que ame y que se alinee cada día más con la vida futura que imagino.  Y la otra parte, es permitirme descansar. 

Por eso, bienvenidas sean las vacaciones del trabajo. El espacio para poner la cabeza en otro plan es muy importante, porque planificar es soñar, pero además, es analizar tiempo, recursos, y hacer una honesta medición de expectativas. 

Además, en otro orden de cosas, poder descansar de una rutina tan estricta como la que tengo durante todo el año, implica elegir todo con noción. No sólo materias, horarios, ocupaciones. Sino, además, si dentro de lo que puedo hacer, disfruto. Y creo que es bueno revisar eso también, aprovechando que tengo este tiempo más propio. 

El otro día, en terapia, mi psico me dijo algo muy cierto, cuando le comenté la concepción de éstas vacaciones, y es que no use este tiempo libre para cumplir con los deberes a nivel personal, es decir, resolver problemas. Y la verdad, es muy cierto. Me preguntó si tenía ganas de hacer cosas que no tuvieran que ver con el deber de la vida personal, y me di cuenta que sólo quiero mirar el solcito, o las nubes, caminar por la zona céntrica a la mañana, desayunar afuera, pasar tiempo con mi gatito, comer cosas ricas, cocinar, leer, escribir y dormir. Que no quiero, en este tiempo, tampoco, sobrepensar. Y eso decidí hacer. Disfrutar de lo simple, pensar para dónde está yendo mi deseo ahora, escucharme. 

Parte de escucharme hoy, después del percance de ayer con mi hermana, fue dormir siesta, pasar tiempo en casa, y mirar documentales sobre Historia Argentina, cosa que me encanta. 

Actualmente, estoy enfocada en dos cuestiones que me atraen: analizar la visión del gobierno - y su programa - actual desde la perspectiva internacional y analizar conceptos económicos que muchas veces escucho en el trabajo, y que me generan curiosidad, para entender las noticias de todos los días. Sí, obvio, yo tengo mi ideología política, mi perspectiva, y todo, pero me interesa tener más herramientas para generar mi propio pensamiento crítico y no casarme con nada que me digan desde otro lado y yo no haya interiorizado antes. ¿Desconfiada intelectual? Quizá. Pero sé que los medios de comunicación son empresas que presentan una realidad sesgada y yo quiero tratar de escuchar todos los discursos para llegar a una opinión personal. 

Sobre la perspectiva del gobierno desde la óptica internacional, estuve viendo un documental muy interesante de la prensa alemana. Mostraban la polarización actual de nuestra sociedad, entrevistaban a personas de distintas facciones y daban una pequeña apoyatura con un relato sencillo: se dedicaban a presentar los hechos. 

Sobre las herramientas y conceptos que se manejan en las noticias de todos los días, aproveché para leer diarios - distintos - mirar medios diversos, streamers, a ver qué se dice y averiguar lo que me fue llamando la atención. 

 Para eso considero que están también las vacaciones. Tomar contacto con todo lo que nos interesa, ahora, con mayor intensidad. 

sábado, 22 de marzo de 2025

Secuencia e impotencia

 Hoy tuve una secuencia desagradable con mi hermana mayor, y mi sobrino mayor. La idea original era que iba a ir a cenar y a dormir a su casa y le iba a cocinar a los chicos algo casero y muy amoroso. 

Resultó que había quedado en ir a su casa a las 7. Ella mandó un mensaje en la tarde (no a mi) a mi madre y le dijo que iba a pasar por mi casa a merendar porque a mi sobrino se le había caído un plan y que de paso nos íbamos juntas. Nunca me avisó.  Por suerte, mi mamá si me avisó y yo como corresponde le mandé un mensaje a ella y le dije que siendo las cuatro de la tarde no estaría lista pronto. Sin embargo, no supuso un problema adelantar las cosas. Pedí facturas por Pedidos Ya para esperar a mi amado gordo y cuando llegó nos enganchamos enseguida. 

En un momento de mucha felicidad nos encontré a él, a mi gatito y a mi, en la cama mirando una película y nada, me sentí bien. La verdad, ni me esperaba tener un problema hoy. Son esos días donde tenes otra onda completamente opuesta al conflicto y donde duele más la pinchada de globo, creo. O no sé. 

Mi hermana, por su lado, tiene una metodología de crianza que en lo personal yo no comparto. Pero ojo, no la juzgo ni le digo nada. Ni tampoco abono las críticas que he escuchado. Para mi, es suficiente mi manera de ver eso, y trato siempre de colaborar más que ahondar en el juzgar. Porque juzgar es fácil, pero siempre estoy dispuesta a hacer por mis sobrinos lo que no sea el camino fácil.  Así que, aunque no comparto lo que ella hace (y las visibles consecuencias que esos descuidos están teniendo en mis sobrinos), no confronto. Siento que no corresponde. Siento que no ayudas. Y siento que así como a mi no me gusta para nada que me juzguen, al otro tampoco le va a gustar. 

Sin demorarme más, en este contexto, me metí a bañar después de estar un rato con mi sobrino. Claro, él quería estar conmigo y yo estuve un rsfo pero le expliqué que me iba a tomar unos minutos para prepararme. Es que... si una persona te cae de sorpresa cuatro horas antes ¿no pretenderá que corras, o si? En especial, si vos le aclaraste que ibas a una determinada hora, que se podía ir, o qiedar, que cero drama. Lo importante para mi hoy era comer con mis sobrinos y cocinar algo para ellos. Y me lo cagaron. 

II. 

Mientras me bañaba, mi sobrino se quedo a cargo de mis padres. Digo eso porque mi hermana se fue a tirar al sillón ausente con el celular (como hace asiduamente, si tengo que ser sincera). Mi sobrino con mis viejos se exaltó un montón jugando, y empezó a jugar y a gritar y la estaba pasando bien con mi papá y ahí se armó. 

Es que mi hermana, evidentemente, venía con un tema que le plantaron en el colegio. Y descargó su frustración en mi papá (con quien no se lleva tan bien) y conmigo. Que la verdad, recién salía de bañarme y no tenía mas que el derecho a peinarme en paz. 

Conmigo se la agarró re mal. Tiene esa costumbre. Se frustra por algo com mis viejos y como yo todavía vivo ahí (aunque esté haciendo macramé en el patio, soy el contenedor de basura) y se la agarra conmigo.  

Puf, cómo me enojé. No hice un gran drama porque no quería eso para mi sobrino, pero me cayó pésimo su maltrato. Y se lo dije. Que a mi me tenia que tratar bien, que yo no tenía nada que ver y que se fuera, que yo después iba. Y me contestó peor, y empezó a los gritos. Y mi sobrino, pobrecito, que se quería quedar para que nos fuéramos juntos como habíamos dicho. 

Y yo, que ni me imaginaba que le iba a agarrar ña locura y que iba a agarrar al niño como si fuera un paquete y se lo iba a llevar. Porque eso hizo, si, ella se brotó, se lo llevó a mi sobrino y dejó toda su frustración en el ambiente. 

¿Consecuencias de qué? De ser siempre una tarada emocionalmente hablando. De no darse cuenta que si siente cosas negativas sobre su vida o si tiene problemas, siempre es mejor hablar y principalmente hacerse cargo. 

Lastimosamente, mi hermana no se hace cargo de sus errores. Mis sobrinos, pagan sus consecuencias. Ella plantea que los hijos deben adaptarse a ella, que tienen que entender todo, pero no sé toma el tiempo de acompañar y entender mucho de ellos. Y claro, cuando tiene que corregir, lo hace enojada, frustrada, porque es lógico que no le sea fácil y ni le encuentre la vuelta. 

III. 

Pero, yo no me merecía lo que hizo. Y aunque puso a sus hijos en el medio, queriendo hacer sentir culpable porque no fui a la cena, no permití que me falte el respeto y que naturalice la fortaleza de mi amor por sus hijos. 

Mi amor hacia mis sobrinos es profundo. Yo siempre estoy para ellos. Los visito seguido, paso tiempo, trato de estar para ellos, y de cuidarlos más de lo que me cuidaría a mi misma. Valoro todo con ellos. Son mi motor. Y eso nunca va a cambiar porque siento que se merecen ser amados tanto como me lo hacen sentir. Con ambos, y especialmente con el mayor, el vínculo es mágico.  Realmente, nos amamos. 

 ¿Si ese amor es incondicional? Incondicional, si, porque yo sé que los amaría para siempre. Pero no es a prueba de faltas de respeto de parte de mi hermana, que es su madre y que los usa para manipular.  Son dos cosas MUY distintas y es imposible hacerme la tarada con eso. 

Por eso, el no haber ido a esa cena pese a que me partió el corazón, fue una manera de demostrarle qué todos tenemos límites. Y se lo dije, obvio, con respeto, pero sentando las bases de un límite.  Haciendo valer mi enojo. No permitiendo que nadie me tome de tonta por estar siempre ahí. 

Porque que uno esté siempre, no significa que esté para siempre. Y eso es algo que he experimentado con toda clase de vínculos en mi vida. 

Yo soy una mujer super consciente en las relaciones. Yo doy, doy, doy. Estoy siempre que puedo en cada detalle. Te acompaño. Banco. Hago tribu. Soy exagerada a veces en la forma de dar amor. Escribo cartas. Compro regalos. Pienso detalles.  Y eso en algunos casos hace pensar que "esta piba nunca se cansa, le podes decir o hacer cualquier cosa que total no se enoja". 

¿Y qué fue pasando en mis relaciones? Yo di. Di. Di. Di. Mejoré. Hice un mea culpa. Di. Di. Di. Y me fui cansando de dar porque emlecé a notar que cuando sos siempre gamba, la gente no te valora. Y por eso, fui abandonando vínculos en el pasado.  

Y hoy, abandoné el barco de justificar a mi hermana. ¿Qué me dijo a todo lo que le dije? "Lastima. Los nenes te esperaban". ¿Qué le dije yo para cerrar la charla? "Yo también esperaba pasar tiempo con ellos como siempre, pero poner predisposición no es únicamente mi responsabilidad". 

Obvio, con el resto de las cosas no me contestó nada. Y la verdad a mi ni me interesó discutir peor.  Solo le hice ver el límite. Le hice sentir el límite no yendo a la cena. 

Y obvio, cuando vuelva a ver a mis sobrinos, porque eso pasará pero ya no bajo cualquier circunstancia, les abrazaré y les cocinaré algo riquísimo. 

El mejor ejemplo que como tía le puedo dar al mayor es que marcar límites está bien. Quizá porque mi familia es super tóxica o porque yo la dejé de idealizar hace poco, me parece muy importante transmitirle mensajes útiles. 

Y uno de ellos es que no haciendo un gran conflicto, se pueden limitar las faltas de respeto. Ojalá mi hermana aprenda también a hacer un poco de introspección. Que conecte con sus emociones para poder conectar con las emociones importantes de sus hijos, de maneras lindas. 

Seguramente así dejará de hacer cargo a los demás de sus conflictos. O como dijo mi psicóloga, dejará de castigar a los demás por las malas decisiones que toma... 

¿Si estoy triste? Si. Y esa es una enseñanza para mi. Cuando pones límites, decis no, te bajas de las cosas, es cuando se siente incómodo. Pero eso si: es una tristeza lógica. 

Empanadas luqui

 Luqui... venga. Sí. Empanadas lo que venga. 

Hoy, llegué de terapia luego de una semana de trabajo, y me encontré muerta de hambre. Es que estuve en una call hasta las seis menos diez y cuando corté salí corriendo a terapia. Sacando el almuerzo a la una y un Chocman a media tarde, lo único que había tomado era mate. Por eso, si bien el chocman fue mi combustible espiritual, el mate no alcanzó a llenarme durante tantas horas. 

Siendo las ocho y media, me paré frente a la heladera y pensé: ¿qué mierda me hago de comer, que sea blando? Sí, la misma pregunta que me hago hace seis meses, cuando pasé a la otra fase del tratamiento odontológico.  Ahí pensé: ¿qué tengo? Porque la otra era gastar en pedir comida y la verdad es que preferí guardar la plata para otra cosa. 

Entonces, apelé a la imaginación y salieron unas ricas empandas, la verdad. 

Dejo esta receta para reírme a futuro de mi propio instinto de supervivencia: 

1. Atún. Preferiblemente en lomitos y al agua. La marca que puedas. La cantidad que puedas. Yo lo hice con lo que me había sobrado de una lata, aproximadamente un 80% de una lata. 

2. Queso. Puede ser muzzarella, mantecoso. El que tengas. Yo tenia sobras de un queso qué me compré y le mandé. Lo corté en pedacitos para integrarlo con el resto. Lo importante es que se pueda fundir en el horno. 

3. Huevo. Puede ser dentro de la mezcla o bien se puede hacer un huevo duro extra para darle más cuerpo al relleno. Para mi con el atún en lomitos no hace falta, pero si hubiera tenido el atun desmenuzado, ahí yo creo que sí conviene más hacer un huevo duro extra y agregarlo. Así, no es tan líquido el contenido de la empanada luqui. 

4. Sal, condimentos, si tenes cebolla, le podes poner un poquito. Yo la hubiera salteado pero no tenía cebolla común, solo una cebolla caramelizada que sentí que iba a tapar todo el resto de sabores y no la usé. 

5. Amor y paciencia. 

6. Tapas para empanada. Yo tenia un paquete de 12 tapas estilo criollo de La Salteña. Y eso justamente le dio el toque: salieron blandas, suaves y secas.  

En fin, las hice rápido, fácilmente y con las tapas que me sobró aproveché y me hice empanadas con dulce de membrillo adentro, porque en la heladera andaba dando vueltas un pedazo. 

¿La verdad? Me quedó todo bien. A mis viejos les gustaron. Si bien no salieron muchas, me alcanzó para convidar dos a cada uno de las saladas y dos de las dulces. Ellos acompañaron con pizza casera, que como es dura no puedo comer, y así terminé el día. 

El día en que viva sola (como por ahora pinta), tengo la leve sospecha de que voy a gastar poco en comida y que te voy a aprovechar todo lo que encuentre en la heladera. 

Y si, soy así. Un día me cumplo el antojito de sushi o Mac como el finde pasado. Otro día, me cocino con lo que haya en la heladera. Y otros días simplemente no tengo hambre ni ganas entonces como un picoteo de queso, palta, un pedazo de tortilla qué me quedo, otro pedazo de empanada qué me quedó y listo. 

Lo importante hoy en día para mi es comer cosas fáciles. Y comer tranqui. Por eso, al primer llamado de hambre yo pongo manos a la obra.

PD: hoy empezó la mejor época del año. Mi amado otoño. El otoño de guisos riquísimos, lo sé. Ya cuando haga dejaré la receta. Estos últimos meses, cociné cosas muy ricas, la verdad. Me sorprendió ver lo bien que sé alimentarme o alimentar a los demás, cuando le pongo onda. 


lunes, 17 de marzo de 2025

La decisión de un lunes más

 Hoy me levanté temprano y salí a tomar el colectivo antes de las siete de la mañana. Tocaba empezar la semana viajando hora y media en el colectivo. A la vuelta, sí, elegí volver a casa más temprano en la combi, porque es la mejor decisión después de un día de trabajo y prefiero orientar mis intenciones para el pronto regreso a casa. 

Pero para empezar, si, tocó poner de mi lado. En cuanto llegué a la parada había una mina que se puso detrás mío con una mala oooondaaa. Ya suspiraba y se quejaba de la frecuencia. Y sí, lo comprendo, pero mi decisión fue empezar con paciencia la semana. Y esta mina evidentemente quería buscar un oyente a las siete de la mañana para su malestar.  No fui yo. 

Ya arriba del colectivo, viajamos apretadisimas. La mina muy cerca mio, resoplando. Yo, me puse los auriculares inalámbricos y adiós. Lo único que pensé, porque iba re cargada es que ojalá me pudiera sentar en algún momento de esa hora y media. Pensé que si no me sentaba no pasaba nada, pero que me pondría contenta hacerlo. Agradecí haberme ido en calzado cómodo y me concentré en la música. 

Sin que lo esperara, el primer asiento que se desocupó fue el que estaba al lado mio, así que me senté, re contenta. Me acomodé la compu, la cartera y agradecí de nuevo. Después de eso, pude hacer algo que hace mucho no hacía: leer en el transporte.  Es que, cuando voy en combi, por lo general son más oscuras y aprovecho para cerrar los ojitos. En cambio, el colectivo es distinto para mí, así que leo.  Leo a Cortazar, obvio. Estoy viendo una cosa de un cuento que no leía hace un montón y me engancho muchísimo.  Ni siento las cuadras, la verdad.

Cuando estaba leyendo, mientras escucho música, ya es tiempo de bajar. Llego a la oficina y me entero que hubo un tema el viernes a última hora. Una compañera viene con los tapones de punta a decirle algo a otra y yo no emito palabra.  Empiezo mi día con música, me armo el mate y avanzo.  La semana pasada mi jefa salió de vacaciones, con lo cual fue muy estresante y tengo que mandarle todos mis avances. Por suerte, fueron muchos. Siento que lo hice bien. Que pude salir a hacer otro partido, mas allá de que soy cumplidora, porque implicó salir de mi zona de confort. 

Ahora, aprovecho que ella está, para hacer mis cosas plenamente. Y espero que se disperse ña tensión con mi compañera y que charle los temas calientes con mi jefa. Yo charlo los míos cuando es el momento. Con calma, por suerte, y tratando de no traspasarle el conflicto sino la información.  Por suerte, se logra. Trabajamos en paz el resto del día, charlamos, nos reímos. Salgo un momento, almuerzo con las chicas y sigo laburando. 

Estoy cansada la verdad. Empecé el lunes con sueño. Me alegra haber dejado la plata de la combi para la vuelta. Me alegra no haberme dejado llevar por el mal humor ajeno. 

A todos nos cuestan los lunes pero yo prefiero no joderle la vida a nadie.  

Para terminar, llego a casa. Pienso que ojalá pueda irme pronto con mi gato a vivir a otro lado. Tengo más de un motivo para abandonar el barrio y construir mi vida en otro lado. Pero me lo tomo con calma. Reconozco las posibilidades y doy las batallas que puedo dar en este momento. Primero están las batallas de salud qué tienen sus momentos. Y esas son las prioridades ahora. Luego, seguiré por hacer de algún lindo espacio mi hogar con mi gato. Aunque me tome su tiempo, bienvenido sea ese desafío. Esa buena batalla para la cual ya me siento lista. Una micro aventura para la que cuando puedo voy comprando un pequeño electrodoméstico, cosa de que se me haga más fácil todo en el mediado plazo. 

Lo bueno es que sé dos cosas: me voy a ir ni bien pueda y voy a construir más y más capas de esta paz impertubable. Vivir sola no es lo que yo soñaba, lo admito. Pero sé sé y sé que si es eso lo que me espera, la voy a pasar bárbaro. 

Y si. Una vez que uno empieza a sentir alivio, y empieza a alejarse de la gente que le complica la vida se da cuenta que no se tiene que dejar cagar la existencia por nadie. 

¿Por qué? Porque al final la gente siempre es así y si uno se engancha es el damnificado, el que sufre, el que desperdicia su energía. Si yo me hubiese enroscado con cada una de las mierdas de hoy, hubiese tenido un muy mal día. En cambio, fingí demencia, hice la mía y enfoqué toda mi energía em mi bienestar y la verdad es que me sentí muy bien. 

Todos tenemos una decisión sobre nuestros días. Y para mi que hoy no haya sido un día triste, fue algo bueno. 

pd: y eso no es poco. 

domingo, 16 de marzo de 2025

Vibrando alto

Las mujeres de mi familia me cargan siempre porque dicen que yo "vibro abundancia". Y no, no es que esté todo el día con el sahumerio en mano invocando al dinero, sino que lo identifican como un aura. Algo que para mi simplemente es y que no tengo tan registrado a menos que me lo digan. 

Ellas dicen que tengo "esa vibra" y yo la verdad es que me río. Un poco lo dicen por el laburo, otro poco lo dicen por como pienso y otro poco porque por como pienso al dinero, vivo. 

Hoy, en una confitería, fue el claro ejemplo: 

- ¿Por qué siempre dejas este poco de café? ¡Tómalo! Es plata - dijo mi hermana mayor. 

- Lo tomé. Solo que tomé lo suficiente. Ya no quiero más. 

- Estas vibrando en carencia- dijo mi hermana del medio- Ella que vibra en abundancia no lo ve como plata perdida. 

Nos reímos a coro.

- Yo agradezco poder tomarme esta taza de café hasta donde lo deseo, no pienso en si estoy desperdiciando. Me llené. Agradezco poder tomar lo que necesito y si ya estoy llena, ya está, me permito dejarlo. Sé que puedo volver a tomar un café en otro momento si lo deseo y eso lo agradezco de antemano. No quisiera obligarme a tomar algo para que me caiga mal. Fin. 

Mis hermanas se rieron. 

- ¿Ves? Vibra abundancia, que te digo. 

- Qué taradas que son - dije, riéndome. 

Y pasó. 

II. 

No sé si mi visión del dinero sea correcta o no. Pero sé que es una visión que me hace sentir bien.  Y todo eso viene de una posición que yo tengo sobre el dinero. Es decir, considerarlo como algo inmaterial. 

¿Si es algo naif? Parece, pero lo cierto es que tiene lógica. El dinero en si es un papel. Pero simboliza muchas cosas distintas. Y yo en lo personal lo veo siempre como un medio para vivir, pero además, para disfrutar, para ayudar, para regalar, para compartir, para estar presente, para expandirse. Para sanar, para hacer feliz a alguien, para vivir mejor... Nunca para mezquinarlo sin necesidad o hacer algo malo por obtenerlo. 

Siempre pienso que me gustaría tener dinero de sobra para poder hacer más por los demás y por mi también, obvio. Pero lo pienso desde el agradecimiento. Desde la nocion que implica poder poner un grano de tu arena. Siempre fue así y deseo seguir pensando la vida así. 

El dinero en si no es algo que sufro. Y esto ni tiene que ver con tenerlo o no. Yo creo que es necesario y que tenerlo es un privilegio y una consecuencia de las oportunidades que tuvimos mas el esfuerzo que hicimos. Por eso no lo sufro. Por eso lo disfruto y por eso agradezco todo. Y lo he sentido siempre así, aun cuando las cosas no salían bien. Lo siento especialmente en estos momentos duros. 

¿Y por que? Porque tengo en claro que es un privilegio poder tomarse un café. Porque agradezco todo, desde lo más mínimo y eso me hace sentir que la vida es un lugar de muchas posibilidades. Porque agradezco tener salud, tener trabajo, tener para un cafecito. Porque agradezco lo mucho o lo poco. Y eso me ayuda a sentirme bien y me da paz y lo poco o mucho lo comparto. 

Y la verdad, es una cadena hermosa. Una versión de la abundancia que ni es material pero si es totalmente diferente a vivir sufriendo. 

Un ejemplo: 

Yo tengo el boleto universitario y le comparto la sube a mi madre, o le pago el colectivo si alguien no puede. Justamente el viernes hice eso, aunque ya estuviera usando mi saldo. ¿Y qué pasó? El chófer justo me reconoció y no me cobró como hace siempre. Y no preclss porque vio que le pagué a un pibe cuando otro le habia dicho que no le pasaba. Además, el sábado, me invitaron una merienda porque si, en una juntada. 

A esto me refiero cuando digo que todo es una cuestión de gratitud y de dar de corazón. 

¿Otro ejemplo? La semana pasada mi mamá le compró golosinas a mis sobrinos. Eran 4 unidades. Le dio una a mi papá, otra me la dio a mi y ella se quedaba sin nada. Me opuse a eso y le dije "no, ma, coman ustedes, yo en otro momento me compro. Muchas gracias ". ¿Y qué pasó? Al otro día, mi compañera de oficina me regaló porque si la misma golosina. La acepté, la agradecí y la disfruté. La otra vez además yo había pedido comida y le pedí a ella y no le cobré los costos de servicio ni el envio. ¿Por que? Porque era lo mismo. Le hice un favor de onda. Consideré que así estaba bien.

 Y sí, así vivo. Sintiendo así el aspecto económico. Confiando en que hay una cadena misteriosa de posibilidades y que siempre podemos hacer algo por los demás y saber que seguramente si lo necesitamos así será para nosotros. 

III. 

Quizá son tonterías pero son tonterías que me parecen lindas. Si yo puedo ayudar ¿por qué no lo haría? ¿Si puedo agradecer, por qué no lo haría? Si puedo ver la vida con ojos de posibilidades ¿por que no hacerlo? Si puedo considerar al dinero como un medio para vivir mejor y para expandirse y para compartir lo que sea con los demás, ¿por que sufrir cada centavo? 

Quizá ellas dan mucho por sentado y yo me dedico a apreciar más profundamente. No lo sé. 

Lo que si sé es que el café estaba rico, y que me fui satisfecha. 

Con eso basta ¿o no? 

sábado, 15 de marzo de 2025

Un nuevo sol

Febrero, 2025. 

- No te juzgo Javi, pero creo que sí tenés que pensarlo. Pensar si podés seguir con esto, si realmente te lo bancás. Yo, te soy sincera, no puedo no decirte esto. Siento eso, qué querés que te diga, tengo que advertirte. Pensalo, porque te estás jugando mucho y yo no puedo no mirar eso, disculpame, pero es así... Siento que más allá de que lo hagas con cuidado, que trates de manejarlo, no me puedo hacer la pelotuda. Bah, no quiero... No quiero que pierdas - suspiré. 

Lo miré. Javier me miró y bajó la vista. 

-  No quiero pensar en eso. Sé que soy, que es traicionero lo que hago... - dijo - pero no sé, no sé por que lo hago. Bah, sí, ya está, ya sé - dijo, suspiró y se ofendió.  

- No te presiono a que me digas nada. Es simplemente decirte que te estoy dando una puerta para que salgas de esto. Al mismo tiempo, lo entiendo, te juro. Entiendo que nosotros dos la queríamos vivir de una vez. ¿Y sabés qué? Hasta te diría que fue una cosa de justicia. Haber estado con el otro varias veces, saber lo que es... Hacer todo lo que queríamos. 

Me miró. Sonrió.  

- Me parece que nos la debíamos, que hicimos lo que pudimos con eso - le aseguré - Pero yo me siento muy culpable cuando vos venís y me pedís que nos acostemos y vengo acá y todo bien, la pasamos bárbaro. ¿Qué tengo que decirte? ¿Que si, porque la pasamos bien? ¿O que no, por tu situación? ¿Me entendés? Ponete en mi lugar. Es difícil. Y yo sigo siendo igual que antes en algunas cosas. Miro alrededor. No puedo evitarlo y creo que nunca va a cambiar eso de mí. 

- Yo ya sé todo. No quiero hablar profundamente de esto. Me voy a poner muy mal. 

-Bueno, entonces, para no ponerte triste - le dije - pensa en esto que te digo nada mas: que hay una puerta de salida habilitada,  que siempre se puede volver a elegir algo distinto. Es lo mejor. Afortunadamente, muchas de las decisiones de la vida son reversibles. Esta lo es. Podes volver a elegir. Y elegir no vernos más y listo. Yo voy a apoyar cualquiera sea la decisión. 

- Lo único que sé es que yo no te mentí cuando te dije que había alguien más involucrado. No te hice ningún verso. Fui sincero con vos. Sabías que había otra persona involucrada. 

- Sí. Cuando nosotros nos encontramos por primera vez, ambos estábamos con otros. Y yo ahora estoy soltera, pero vos no y nosotros nos seguimos viendo todo este tiempo.  Vos seguís en la misma, seguimos haciendo esto pero ya no es la misma situación en ese aspecto. Yo no quiero que cambies tu situación. No te planteo eso. Solamente te digo que podés reconsiderar esto. 

- Ya lo sé. Lo voy a pensar. Te prometo pensarlo seriamente y darte una respuesta - dijo. 

- Es por vos también - dije. 

- No, y pienso en vos también - dijo él. 

- Lo mio es distinto. 

- No, no sé si es tan distinto. 

- Sí, es distinto. Yo tengo otra vida, estoy en otra etapa de la vida. Pero sí  creo que éste es tu partido. Hace muchos años que estás en pareja. Yo no quisiera que pierdas. Y que esto nosotros sabemos que no puede ser un siga siga.

Me miró. 

- Ya lo sé, sí, yo  ya sé que esto es finito, que no se puede extender toda la vida. Lo sé. Sé que me tengo que poner a pensar porque sigo con esto o sino tengo que desarmar y yo no tengo idea de lo que puede pasar si desarmo... - dijo, atropelladamente - Para vos tampoco está bueno. 

- Yo no tengo problema con el partido, te juro - le dije, con suavidad. 

Javier me miró y me sonrió, con dulzura. 

- Los dos sabemos que sexualmente es una bomba, que nos hemos reído, que disfrutamos y todo... Nadie lo niega. Me encanta el partido. 

Él me miró. Sonrió y puso cara de bueno. 

- Pero yo no puedo dejar de pensar con quien juego ese partido. 

Asintió. Bajó la vista. Se puso serio. 

- Sí, yo sé. Yo ya sé todo - dijo. 

Se levantó de la mesa, sin decirme una sola palabra más y me dejó sola en la cocina de su casa por unos minutos.  

Me quedé desconcertada y ahí fue que me ví, sí, me ví. Fue ese momento donde me quedé sola. Me vi a los 30 años recién cumplidos, en la misma casa de la misma persona que había perdido a los 19 años.  Me vi en ese tramo casi exacto de diez años, en una situación casi igual de exacta, dentro del espacio comprendido entre los 19 y los 29 años. 

Y lo decidí: me fui. Pese a todo. Pese a haber vivido las experiencias más intensas. Me fui porque luego de haberme dado el permiso a ser salvaje, a verme como nunca le había permitido a nadie, decidí que ni merecía otro segundo. 

Despedí con eso al Javier de antes. También al de ahora. Dejé irse al Javier del principio, como también al del final, de aquel que recuerdo con el cuerpo. Dejé irse al otro jugador de un sexo intenso, profundo, de los que te devuelven al otro todo transpirado, donde nada te da asco, donde sentis mil matices.  Si. Despedir, es despedir todo. Inclusive, lo que te atravesó con su intensidad, lo que te llevó de viaje por vos misma. 

Despedir es anteponer el bienestar al placer, al menos, en este caso. Una decisión diaria. Que habla de una confianza ciega sobre el propio bienestar. 

Un salto. Un recorrido en la oscuridad. Y que sea ño que sea. 

II. 

Marzo, 2025. 

- ¿Creés que hiciste bien? - me preguntó mi terapeuta. 

- Sí. Creo que es eso lo que me mantiene en pie. Es muy difícil para mí. Es una persona que tiene mucho eso, una historia que tiene mucho peso. Elaborarla me llevó mucho tiempo y cuando estuve ahí, sentada, yo hice cosas que antes no había podido hacer. Y no hablo solamente de acostarnos un montón de veces. 

- ¿Antes, cuándo? 

- La noche donde nosotros nos separamos, a los 19 años, yo volví a mi casa y para que te des una idea no me pude ni poner el pijama para dormir. No reaccionaba. Me quedé sentada en la cama, sin llorar, sin moverme, hasta que me di cuenta que me tenía que acostar y me acosté así como estaba. No entendía lo que pasaba, o sea, estaba como en shock. Si vos me preguntás qué pensé, en los días siguientes, o qué pensaba en ese momento, no te puedo responder. No me acuerdo bien qué pensé, o qué fue en detalle lo que pensé. Es como que fue... sé que es una palabra fuerte, pero fue como traumático. Sentía que me faltaba un parte, no sé, que me habían arrancado algo. 

Tomé aire, para continuar: 

- Y esta vez me fui bien. Eso es lo que más me alegra. Fue casi siniestro haber tenido que llevarme hasta ahí, ponerme en la misma situación. Fue hasta loco poder decir mirá lo que es la vida que te pone hasta en la misma cocina con el mismo flaco, pero...  Creo que me sirvió.  Pude irme bien. 

Ella asintió, sonriéndome levemente. 

- No me fui corriendo. No le escondi mi humanidad, como había hecho la primera vez. Y cuando volví a mi casa, esta vez, pude encontrar mi pijama. Llegué, me acomodé, después me puse el pijama, me lavé los dientes, y sí, obvio, tenía ganas de llorar pero fue distinto. Yo no sé qué pensé al otro día cuando tenía 19 años, probablemente nunca lo sepa, pero sí sé que hace un mes atrás me levanté, me preparé para sentarme a trabajar.  Me senté a laburar y agradecí tener trabajo, y agradecí tener a mi gato, y me agarré de eso, me hice un mate, abracé a mi gato, y dije bueno, acá estoy. 

- No te quedaste tan en bolas ¿no? Digo, esta vez encontraste tu pijama y un montón de cosas que son tuyas, para sostenerte.  A los 19 años parecía que Javier no te había dejado, sino que te habías quedado sin nada también. Hasta sin pijama que te cubriera. 

- Exactamente. Y ojo, llorar se llora igual, de hecho lloré cargando pagos, pero... Cargué los pagos, hice otros planes, traté de poner la mejor cara para estar con mis sobrinos y darles el mejor amor. Y hacer eso ahora, cuando la primera vez no podía ni salir de la cama, donde había dejado todo, donde no sabía ni donde estaba parada, fue genial. 

Sonreí. 

- Así que estoy contenta. Y un poco triste, porque todo conlleva cierto movimiento. 

- ¿Estás más triste que antes? ¿Viste que vos decías que después siempre te quedaba como un resto de malestar? 

- Sí, me acuerdo. Pero no, no estoy más triste que antes. Es una incomodidad más llevadera. 

- Porque te podés apoyar en muchas cosas tuyas ahora. 

- Sí. No me arrepiento de cómo lo hice. En ese momento hice lo que pude. Durante muchos años me pregunté qué hubiera pasado si hacía otra cosa, o le daba vueltas a las cosas. Ahora no. Sé que me conoció en todas las versiones y nunca me eligió. Que no había nada más por hacer, que no hacia falta ser distinta, o más grande, o nada de eso.  No me eligió y punto. Yo ya soy libre. 

- Dejaste de esperar ser elegida. 

- Sí. Por eso se ve que me siento libre. Dejé de esperar. 

miércoles, 12 de marzo de 2025

Sobre ellos y nosotros

Corría el año 2022. Con Javier, charlábamos en la cocina de su casa, y era la noche de nuestro reencuentro. Todo había sido una casualidad increíble: yo estaba volviendo de comprar, iba de camino al supermercado para seguir haciendo compras , y me tocó pasar por la puerta de su casa.  Hasta entonces, muchas veces, había evitado pasar por ahí. Yo daba toooda una vuelta esquivando la vivienda, pero aquélla mañana pensé: "total, ¿qué va a pasar si paso por ahí? ¡Nada! Seguro está ahí tomando mate, y si sale y me ve seguro se caga encima del espanto".  Sin dudarlo, porque no lo sentí como un peligro, yo pasé desfilando por la puerta de la casa, y me reí un poco de mi propio absurdo, hasta que escuché un bocinazo. 

¿Cuánto te puede modificar la historia un bocinazo? Si es de Javier, llegando a su casa, viéndome pasar por la puerta y tratando de hacer algo para que me diera cuenta de su existencia, diría que bastante. Porque si no hubiese sido por ese bocinazo, y porque a continuación me gritó - y yo reconocí su voz -, nosotros dos nunca nos hubiésemos reencontrado.  Ni estaría hoy en ésta situación de soltar todo, renunciar a todo.  De hecho, con el tiempo, luego de charlas en 2022, Javier reconoció que no esperaba verme llegando a su casa y que, en una forma de retenerme, me tocó bocina y me llamó.  También me explicó que había pensado largamente en la situación y que luego de mil amagues de contactarme, durante los últimos años, no había tenido éxito, porque siempre algo lo paralizaba, finalmente había decidido hablarme cuando yo me había ido de su casa después de una charla cordial y él sintió que se había quedado corto. 

- Vos creciste. Pasó el tiempo, pero yo siempre estuve en pareja - me explicó. 
- Lo sé, sí. Y ahora también... 
- Sí - dijo nada más - Pero te lo tenía que decir. No podía vivir con la duda, con el pendiente, no aguanté más. Hoy cuando nos encontramos me di cuenta que había llegado el momento. 

Ese dia, le pregunté a Javier por su relación. Fue la primera vez que hablamos de su relación en ocho años. Fue la única vez que me animé a cruzar ese límite, principalmente, porque yo quería evitar confusiones sobre sus confesiones. 

 No quería detalles, ni dinámicas, solamente intentaba entender la naturaleza de su deseo transgresor. Si tenía una pareja, ¿qué buscaba en mí que ella no pudiera o no supiera darle, después de estar juntos tantos años? Para mí, era un absurdo que Javier viniera a decirme eso, no sólo porque me extrañaba (recordemos, él jamás me quiso) sino porque yo suponía que, con ella, era feliz, la quería como jamas me quiso a mi, etc.  Siempre había supuesto eso, que él, con ella, era feliz. Y que como con ella era feliz, se quedaba. Que porque la quería se quedaba a compartir la vida.  Nada más. Ni nada menos. Ésa era mi idea. 

- Toda mi vida es un quilombo - dijo - y en mi relación pasa lo mismo. Tuvimos épocas buenas y también muchas épocas muy malas. 

- Pasa en las relaciones, Javi. No es todo color rosita. Es normal. Pero hay algo más que hace al otro apostar. 

- No, pero es distinto... Muy complicado, todo. 

- ¿La querés? Creo que si querés a la persona, vale la pena intentarlo. Seguro te quiere - lo alenté. 

Me miró y bajó la cabeza, en silencio. 

- Es buena, si, la quiero. Hay un recorrido de muchas cosas, me enseñó algunas cosas, - enumeró - además entendió esto de no convivir, de estar cada uno en su casa... Yo no quería convivir. Ella me acompaña. 

- Pero la querés - musité - Porque para estar tantos años, la tenés que querer... No vas a estar toda la vida al lado de una persona que no querés, digo, hay una base ahí de afecto. Tenes que apoyarte en eso. 

- Sí, si. Las conozco desde hace muchos años... La nena tiene dos millones de quilombos, la operaron, tiene muchos temas de salud. No convivimos, cada uno en su casa, y así estamos. 

Asentí. 

- Y ella tampoco está bien... - dijo. 

- Ojalá le pueda encontrar la vuelta al tema de su hija. Seguro la debe preocupar. Es entendible cuando vos me decís que no está en tema de pareja. Tiene otras cosas. 

- Sí, ella... - suspiró - tiene temas complicados de salud. Yo ya sé que no todo es sexual, es más, a mi edad, las relaciones se basan en acompañar. Es difícil de explicar, pero tenés que estar, bancar, no sé, qué se yo... Es muy complicado todo. Realmente, un tema muy jodido. Nos peleamos muchas veces. Nos estuvimos por separar hace un tiempo porque ademas el sexo tampoco funciona bien, no hay deseo, es todo un quilombo.... Y yo no tengo problema, puedo vivir sin tener sexo, pero me parece que en una relación sucede, no sé, que te puedo decir, para mí es algo orgánico, te sale para afuera las ganas... Además de llevarse bien... 

- ¿Y lo hablaste con ella? Capaz algo le pasa, o sea, si se sientan a conversar y se fijan capaz renuevan ese pacto - le pregunté. 

- Si, veinte veces, pero no sé, ya me cansé. Podrido estoy. 

- Pero te quedás - dije. 

Esa afirmación corría para los dos. Para él y para mi. Para evitar hacerse películas. 

- Sí, me quedo. Yo ya sé que la paso para el culo, eh, pero me quedo. 

- No sé, soy media boluda, pero siempre pienso que si vos querés a otro tenés que agotar todas las posibilidades. Y ojo, una vez que las agotás, también te tenés que ir. Pero no sé, si fuera vos, intentaría entender antes que nasa. 

- Sí, lo intenté, pero ¿qué hago?. No tengo ganas de intentarlo más, ya veinte veces lo intenté - suspiró - Tiene temas muy complejos, no es solamente que no hay sexo, que no pasa nada, y a veces es difícil acompañar... Es difícil estar bien, llevarse bien... pero bueno, esa es mi relación. Yo sigo estando ahí, ya lo sé. 

- Porque la debés querer. Y está bien, tenés que lucharla, obvio - le dije, suavemente -  Yo te entiendo, mi relación no es la tapa de revista Caras... pero se trata de saber si se quieren y si eso alcanza y poner - dije, siendo franca.   

Me miró y se quedó callado. Tomé vino en silencio y le cambié la vista, porque era una conversación delicada. Nunca había hablado de otro amor con Javier que no fuera el que había sentido por él. Jamás me había imaginado que me iba a sentar a charlar en la misma cocina donde ocho años antes le había dicho que estaba enamorada de él, para hablarle de otro. Y mucho menos, imaginaba que Javier me iba a confesar todo: 

- Le diagnosticaron Trastorno Bipolar - dijo - Trastorno límite de personalidad - aclaró en referencia a ella. 

Javier me miró y miró para abajo, habiendo tirado la bomba. Me quedé callada. Eso se sintió como una piña, algo inesperado, que al mismo tiempo explicaba muchas cosas pero que me hacía sentir la peor persona sobre la tierra. ¿Qué hacía Javier ahí, qué pretendía si ese era su escenario? ¿Estaba seguro de lo que acababa de proponer? Porque para mí era demasiado que me dijera esto, que tuviera este deseo, aún en un contexto dramático. 

Recuerdo haber sentido que eso que me decía me hacía ingresar en un círculo distinto de oscuridad. Pensé en ella, pensé en él conviviendo con eso, pensé en si sabía realmente lo que implicaba que me dijera eso, pensé en todo. Realmente en todo. Y sentí que la felicidad para nosotros era una cosa imposible, que lo único que hacía la vida era mostrar la imposibilidad de nuestra historia desde aristas distintas. 

- No sé si me querés contar esto... Te juro por lo que quieras que no lo pregunto de chusma, ni de morbosa ¿si? Pero... 

Me sonrió con dulzura. 

- Preguntame lo que quieras. Confío en vos. Te re conozco. Tenemos mucha confianza nosotros, por eso te lo cuento... 

- ¿Qué significa eso, en la vida cotidiana? ¿ Está recibiendo ayuda? Perdón, pero no imagino el alcance que puede tener , qué implica. Entiendo qué quiere decir, pero no sé cómo es. 

Me sonrió, entendiendo y me dijo: 

- Sí, está medicada. Va a un psicólogo, a un psiquiatra, está recibiendo tratamiento... Ahora está bastante bien, pero tuvo épocas de pozos depresivos tremendos y fue un infierno.  Ahora está mucho mejor, de a poco, va mejorando y todo... - dijo - Hace poco nos estuvimos por separar porque en general hay bastantes problemas, hay momentos donde nos llevamos muy mal.  Pero parece que nos separamos, y listo, y se acabó todo, y después no, de nuevo. 

- Bueno, pero... esta emocionalmente acomodando cosas. Lo fundamental es que recibe ayuda, porque es importante eso para ella y para los dos...  - dije. Si ella está bien, y mejora, para vos también va a ser bueno. Se van a llevar mejor. 

-No sé, la verdad. 

- ¿Y vos, con eso, cómo hacés? 

- No sé. La verdad, no lo sé.  Es difícil acompañar - Hay días en donde está todo bien, y está allá arriba eufórica y otros hay días en donde todo está mal y está todo muy mal - me explicó - Entonces no sabés qué hacer, podés acompañar pero... Es muy complicado - musitó, muy serio, mirándome a los ojos, al piso, sosteniéndose en ese silencio con que yo lo arropaba más allá de toda contradicción -  Yo trato de ayudar, de estar, pero... es difícil. 

- ¿Por qué en particular? - le pregunté. Esperaba que quizá si me lo contaba, pudiera ser más fácil abordarlo. 

- Un día me putea de arriba a abajo, y al otro esta todo muy bien, viste, es un sube y baja todo el tiempo - dijo. 

Me dolió escuchar eso. 

- No es fácil, y yo digo listo nos separamos, y después no, no nos separamos... Eso es lo que pasa, y esa es mi relación. 

Asentí. Javier suspiró y se rascó la cara. Lo miré y sin crueldad, le susurré: 

- Y en teoría vos venís a proponerme un encuentro sexual entre nosotros, como para sumar calma - ironice - ¿Estás seguro vos, Javi? ¿Estas bien? Porque te están pasando un montón de cosas y justito esto... No sé, yo te juro que si sabía que la estabas pasando tan mal, no pasaba ni por acá a la vuelta. No quiero sumarte más cosas. 

Sonrió. 

- Son dos cosas distintas. Por un lado, está mi relación, todo un recorrido... y por otro lado, estás vos, con todo lo que está pendiente hace muchos años. 

- Sí, ya sé que no te pintó ahora, que venía todo de mucho antes. Lo que digo es que justo ahora... 

- ¿Cuánto tiempo más vamos a esperar? - me preguntó. 

Me quedé callada. 

- Yo sé que siempre pasó algo, sí. Sólo digo que no es un buen momento. 

- Quizá no existe el momento perfecto para nosotros - dijo - Pero está la duda. La tensión esta, viste que nos ponemos pelotudos. Cuando yo te miro, vos me mirás, todo eso que pasa, que esta ahí flotando - enumeró - Hace un rato vos me preguntabas por qué te invité - suspiró y se quedó pensando un instante - y mi vida es un quilombo, ya lo sé, pero lo único que yo quería era estar acá tomando este vino con vos. Y hablar. Poder decírtelo.  Durante muchos años me sentí un boludo, me preguntaba por qué no te lo había dicho, pensaba cómo serías, pensaba todo, y qué se yo, había quedado todo muy ahí... Pensaba lo que me perdí, que había sido un boludo. 

- Siempre pensé que tenias miedo. No pensé que fueras un boludo. Me parecía que había algo más. No sé, que te frenabas. 

- En parte, si, tenía miedo. Pensé que me ibas a sacar cagando. 

- No. Vos cuando yo te dije hace muchos años que estaba hasta las manos, me escuchaste. Y hoy vos me dijiste que querías hablar, y te escucho.  Tenes el espacio. Te toca a vos. En serio, Javi. No pienso que seas un boludo. Me pareció que tenías miedo.  

Se me hizo un nudo en el estómago. La situación era en toda regla muy triste. Había dolor en cada uno de nosotros, por diferentes cosas, por distintas frustraciones. Al final, no terminaba de comprender si alguno había sido, en eso, un poco feliz. La ilusión del principio, de que al menos alguno de los dos fuera feliz con otro, saltaba destruida por los aires. 

- Durante muchos años, me imaginé todo. Pensaba cómo serias. Pensaba por qué no lo hice. Me sentía un pelotudo. ¿Cómo no te había respondido a los palos que me tirabas? ¿Cómo no te había dicho que sí? Imaginé todo lo que me hubiera gustado hacer y no hice. Cada detalle. Todo.  Pero ya esta. Tenía que hablar. Y hablé. 

Lo miré y se lo dije: 

- Si, yo también me acordaba o pensaba por momentos en vos, en lo que había pasado - le dije, sincera - pero para mí vos estabas de novio, así era algo que tenía que quedar ahí y quedó ahí. 

Nos miramos. 

- Para mí, tu relación, sigue siendo un punto a respetar.  Después mi vida fue cambiando, no pensé más en vos, seguí adelante. La verdad es que me costó bastante, no te voy a mentir - me reí, resignada - pero ahora todo bien. Una vez que dejé de lado todo, al tiempo, nos conocimos y al tiempo me puse a salir con Galeno. En ese momento yo ni esperaba nada, pero se fue dando todo. Y resulta que el tipo lee a Cortazar, y ahí caí rendida- dije, en broma. 

- ¿Cuánto tiene exactamente? - dijo Javier sin reírse. 

- Más de 50. Es más grande. Que yo y que vos - le dije. 

- Mirá vos, qué hija de tu madre - dijo.

Nos reímos. 

- No lo hice adrede. Al principio, yo no quería saber nada con él. Tenía una negación enorme, yo decía ni loca. Después de todo lo que había pasado, veía una vaca y lloraba, pensaba "esta película no me la como dos veces" - relaté -  Ni en pedo quería salir con alguien que fuera más grande, imaginate, salía corriendo - me reí tratando de ponerle humor a la situación.  

Él, solo asintió. 

- Y él entendió que yo quería ir muy despacio. En serio, muy. Me dió tiempo, demostró que no le importaba el tema de la edad o esas cosas, que era un tipo grande pero que estaba dispuesto a intentar y a bancársela toda - argumenté - y se la jugó. Y cuando yo vi que me dió el tiempo, que es lo mejor que alguien te dá, y que no le importó nada, dije "sí, obvio que me la juego". Y ojo tampoco es que nos vayamos a casar, nada de eso, pero sí creo que el tipo apostó y yo aposté y se fue dando todo esto un poco con sorpresa, pero con deseo real. Vos imaginate que mi idea no era estar en pareja con un hombre de más de cincuenta años, pero sucedió. 

- ¿En todo estás tan bien? 

- Sí, no cambio lo que tengo por un pibe joven... No va por ahí. Me quedo mil veces con él que con un pibe de mi edad. 

- ¿No? 

- Nah. No te puedo explicar por qué, pero elijo eso. No siento que me esté perdiendo nada de la vida, la verdad. ¿Viste que a veces la gente dice como que el tipo grande la saca la vida a la persona joven? - asintió - Bueno, yo creo que él me aporta y que yo le aporto. Para mi tiene virtudes, cosas que me gustan, y del otro lado creo que es lo mismo. Le debo gustar, qué se yo - dije, y me encogí de hombros. 

Abandonó la cara de piedra, para sonreír con la última oración. 

- ¿A qué se dedica? 

- Es médico. 

- ¿Médico? Mirá vos. Como tu hermana... - dijo. 

- Sí, son especialistas en la misma rama. Él es pediatra también. Tiene una hija - le comenté - y se separó hace años. Es hincha de San Lorenzo, le gusta leer. Y nada, parece que no tenemos que ver pero tenemos mucho que ver... 

Sonrió levemente. 

- ¿Una hija? 

- Sí, una hija. Una nena, va a la primaria. Es re tierna. Él cumple con todo, la verdad, esta presente y la nena lo banca también. Creo que es un buen padre y me gustó como de entrada me dijo que tenia a la nena y todo fluyó. Enseguida fue de frente con su vida, eso me gustó  - le dije. 

- Mira vos - dijo - ¿Y te gusta él? Digo, no es lo mismo que estar con una persona joven... 

- Sí, Javi, obvio que me gusta. Si no me gustara, yo no estaría ahí - le dije -  Es un buen tipo, todos me dicen que tiene cara de bueno y si. Es serio pero conmigo se pone simpático. Y físicamente me gusta también. No le gusta mucho que le diga, pero yo lo jodo... le digo "gusto de vos" a cada rato y ya se ríe... 

Me carcajeé para restarle tensión a la charla. 

- ¿Y con el sexo, cómo te llevás? 

- Bien, la verdad. Fue una sorpresa. No sabía bien cómo nos íbamos a llevar, viste, pensé que quizá él sabía mil cosas que yo no y que no íbamos a sincronizar,  pero resultó que nos llevamos re bien.  

- ¿En serio? 

- Sí, que se yo, ya sé que no es lo mismo, pero no es algo que me moleste, al contrario. Lo veo como un plus. La verdad es que no es un problema para mí la frecuencia sexual, o el rendimiento, o esas cosas... Después de vivir la experiencia, no cambiaría nada. 

- ¿Cómo que no? 

- No. O sea, no sé, no quiero explicarte esto... - suspiré. 

- Explicá, yo te conté todo. Sé sincera conmigo. Dale. No se lo voy a contar a nadie. Quiero entenderte. Quiero saber. Siempre quise saber esto de vos. No entendía eso. 

- No preguntabas tampoco, Javier. Suponer no es preguntar... 

- Daleeee, guacha, no seas mala... 

Sonreí. 

- Yo pondero la calidad, no me engancho con la cantidad si no hay deseo detrás. No quiero que cumpla de onda, porque no sirve, le resta matices. Parezco una loca pero me gusta que lo vivamos cómodos - me reí -  O sea, yo si le digo vamos a la luna, sé que él va a intentar que esté contenta, darme todos los gustos y lo mismo de mi lado. Y para mí eso es un mil. O sea, me da más ganas de estar con él ver que se interesa en que este bien ¿entendés? Yo soy tranquila sexualmente. Pero lo que más me gusta cuando estamos juntos es que no hay complejos, me siento libre. No me importa la edad, ni la apariencia, ahí. 

Asintió. Se quedó callado. Pero cuando le dije que era tranquila, mofó. 

- ¿Qué?

- Naaaah. Yo te puedo creer todo, menos que sos tranquila. ¿Vos, tranquila? 

- Sí, Javi. Soy tranquila. Vos no me conocés, pero yo sí me conozco. 

- Pero no, nena, si con la edad que tenés, ¿sabés por dónde tenés las hormonas? ¡Por allá arriba! 

- No, mentira. Es un mito - lo burlé - Si, tengo hormonas en movimiento pero al menos, en mi ecuación, prefiero calidad y que me consientan a que sea un deber. Él en calidad es un mil. Además, tiene la mente abierta, me trata bien. 

- No, nadie dice que sea un deber. Pero sí, es verdad, no es lo mismo para vos que estar con una persona joven que va a querer a cada rato... Por eso me salió preguntarte esto, si no tenías problema con eso. Porque yo... no sé... yo es como que... - se trabó. 

- Yo la paso bien si no me buscaría un pibe joven. Esa es mi devolución - lo mire, con sorna - Por favor, no empecemos a hablar de ese terreno. No me interesa saber cosas sexuales tuyas. Es un montón. 

Sonrió. 

- Yo no la paso, directamente. Ni mal, ni bien. Pero si me pasa que es lo más natural el sexo. Solo me sale. No soy un tarado, pero me sale. Igual no tengo nada que contar, si no hago nada. 

-Si, a mi me pasa lo mismo. Soy tranquila por fuera, pero es un aspecto que importa.  ¿Qué significa que no la pasas?  

- No pasa nada hace meses. Muchos. Nada de nada. 

- Pero... bueno, puede ser por la situación de salud que me decís, los líos... O puede ser que lo que suceda tenga que ver con lo que le pasa. Quizá influye, hay muchas cosas que influyen en la sexualidad. 

- No, no es eso. Es algo más profundo. Lo hablé y no se... No se dá. No hay... onda. No nos buscamos. 

- Pero hablá más, boludo. ¡Remá! Eso viene de algún lado, quizá hablando se entiendan - insistí. 

- No sé, ya he hablado miles de veces... No resulta. Y para mí, si bien puedo vivir con eso, es importante. Tiene que haber deseo en una pareja, viste... Si no, es... 

- Sí. Ya lo se. Para mi también tiene que haber sexo en una pareja. Es una chispa que no reemplaza a otra. Pasa que bueno, es difícil porque no sé, hay que entender todo... Y tambien decís hasta cuándo voy a entender si esta todo ahi siempre en cero... 

- Si. Es muy difícil. Yo ya me cansé. La verdad, me cansé de hablar. 

- Vos sos el tipo más sexual que yo conozco, entiendo que quizá no debe ser difícil porque es algo de peso, pero bueno, pensá en preguntarle como se siente con el deseo. Búscala, charla, sé cómo sos, entrador... 

- Ya charlé de todas las maneras posibles, pero no, no es eso. Yo ya no tengo ganas de proponer, el otro lado no propone, y no se dá. ¿Entendés? O sea, está todo bien, pero eso no se dá. Hace meses que estamos así, no congeniamos. 

Asentí. 

- Hay gente que simplemente no tiene el sexo como prioridad en la vida. Tenés que entender eso. No toda la gente tiene tu energía sexual. Capaz a ella no le pinta por meses tener sexo. No toda la gente se la pasa pensando en sexo todos los días. 

- Sí, ya lo sé, no soy un bruto. No soy un pajero. Es algo más que eso. Ahora me vas a decir que sos tranquila, dale, que el que quiere coger soy yo - me burló. 

Me quedé callada y solo sacudí la cabeza, limitando la respuesta. Una vez que me encontré mas calmada, volví a hablar. 

- Ya te dije lo suficiente.  Lindo día elegimos para hablar ¿no? - musité. 

Nos reímos para descomprimir. 

- Cambiaste mucho, sí - dijo - Ahora estudias otra cosa, salis con viejos, tomás vino, me discutis de política, sos toda una mujer que va al frente, revolucionaria como siempre ella - añadió. 

Me sonrío con cariño. 

- Vos también pasaste cosas... Seguís siendo medio Javi, igual... - sonreí. 

- ¿Cómo es eso? 

- Medio salamero y jodon y eso... Sos vos, pero unos años después... - dije. 

- Me encanta joder con vos, porque tenemos el mismo humor - dijo, sonriendo - Hace mucho que no hablábamos así. Qué hija de puta, cómo me ignorabas... Ni me mirabas. Nada. No me dirigías la palabra. No sé cómo hacías. Tremenda, sos. Muy tremenda. Yo pensaba como podías hacer eso. 

Me reí despacio. Suspiré. Javier no entendía que yo lo hacía porque pensaba que odiándolo iba a salir pronto de ese estado de amor. 

- Para mi era doblemente difícil hacerlo. Pero no quedaba otra. 

- ¿Cómo? ¿Por qué? 

- ¿Y qué querés? Habían pasado cosas y no tenía ganas de verte, menos de hablar con vos. Estaba hasta las manos encima y como a vos no te pasaba eso, me tenia que alejar. Además vos no entendías eso de la indiferencia pero me habías sacado un poco cagando... no podía ir ahí y decir hola Javi. 

- No te saqué cagando... Siempre decis lo mismo. Que no la quiero, dice, la hija de puta. 

- Bueno, vos me entendés. El tiempo acomoda todo. Ya está, no tiene sentido revolver eso- dije - Vos queres coger conmigo. No es que me queres. Y esta bien. 

Me habia puesto tensa. Javier, y la charla consigo, se estaban acercando a un horizonte personal de dolor muy profundo, que no quería recordar. La etapa donde él me había hecho a un lado de un plumazo si la pensaba en profundidad, todavía era capaz de angustiarme. 

- Yo lo hice de esa manera porque no quería lastimarte. Y lo volvería hacer. Sé que no te lastimé, que no te cagué la vida. Por eso me corrí. Vos tenías que vivir todo con una persona joven, tener tus experiencias... 

Me quedé en silencio. 

- Si vos decís - musité. 

- ¿Te lastimé? 

Lo miré. Javier justo se había levantado a buscar una cosa y estaba dando vuelta a pocos pasos, pero con la respuesta irónica se había dado vuelta y se había quedado paralizado. 

- Tengo que ser muy sincera para responder eso - le advertí. 

- Sé sincera. 

- No voy a ser educada... - le hice un gesto de que era mejor dejar todo ahí. 

- No me importa. Quiero saber todo yo ¿entendés? Te dije todo lo que siento y vos no me decís nada. Hablá, mujer. ¿Qué se te pasa por esa cabeza, con esas caras que me ponés? ¡Después yo me quedo pensando qué habrá querido decir, ella! Nunca sé que significan las caras que me ponés. Me vuelve loco eso. 

- Tu silencio me lastimó. Tu incapacidad de decirme esto, esto que es tan fácil, en la cara. ¿Sabés todo el sufrimiento que nos hubiesemos ahorrado? Era mejor coger años enteros, y después si no salía bien no salía bien. 

Javier se quedó callado. Lo miré, y sin malicia, le dije: 

-Vos me decís que querés coger, que te pasa todo esto, que siempre te pasó. Y nada, también tenes otros temas con tu relación y es como que no estás haciendo las cosas ahí y las querés hacer conmigo. No está mal que te quieras sacar las ganas, pero  ¿qué pretendés? ¿Que salte de alegría, Javi? Dimos tantas, pero tantas tantas vueltas por una calentura. ¿A vos te parece dar diez años de vueltas por una calentura, cuando se podría haber resuelto antes? Probábamos, de última, pero no... El señor, viste, te cae un día y te dice "yo me quiero acostar con vos", así, de la nada... 

- Vos siempre pero siempre pensaste que ño único que yo quería con vos era coger. 

- Y tenía razón. ¿Queres o no? 

Mofó, me puso cara de pelotudo y se rió. 

-Yo quiero todo.  
- Qué vivo, dale. 
- En ese momento, te lo juro por lo que quieras, yo lo hice pensando en lo que iba a ser mejor. Si te dejaba elegir, ibas a elegir mal. Perdon, te pido perdon. No quise hacerte sentir mal. No puedo cambiar el pasado, pero perdoname ahora. Pensemos en el presente. Si estuviera en la misma situación, lo volvería a hacer. Para mí era la única salida. 

- Vos no me dejaste elegir. No fue que me dijiste "che, mirá, me parece esto, a vos que te parece". No.  Vos tomaste solo una decisión suponieeeendo lo que iba a ser mejor para el futuro como si yo fuera una tarada. Yo sabía lo que estaba haciendo. Por eso me jode lo que ahora me decis. No tomaste en cuenta lo que yo te decía, en ese entonces, ni si te deseaba, nada... Pensabas que era una nena boluda. Por eso, después, no te quería hablar. Estaba enojada, sabía que si hablábamos iba a ser para peor, porque vos ponías unas caras... 

- Perdón, yo no quise lastimarte... - dijo, mirándome - No lo hice con esa intención para nada, pero para nada. En algo tenes razón: pensaba que eras muy inocente. No quería romperte las ilusiones qué vos podías tener. 

- Confundiste discreción con inocencia- dije. 

Javier suspiró. 

- Siempre me haces sentir un pelotudo. Tenes respuesta a todo. 

- Ahora ya está, está todo bien. Por suerte, ya pasó, pero había que decirlo - le expliqué - Hubiese estado bueno que me dijeras, como yo te lo planteé, "che, esto es un polvo, probemos, quiero vivir la experiencia de una noche con una pendeja" y listo. Lo hubiera preferido así la verdad. Como ahora, que me estas proponiendo coger. 

- No es todo tan así, tan tajante, como vos pensas. No es que yo solo te quiero coger, es un todo. 

- ¿Vos me dijiste hace un rato que querías tener sexo conmigo, o yo aluciné ? 

- Sí, me quiero acostar con vos, claro que quiero. Hace años. Pero no es todo tan así, vos siempre pensaste que lo único que quería de vos era coger, coger, coger - me burló - Siempre pensaste eso. 

- ¿Y qué querés, Javi, si no es coger coger y coger? - lo desafié. 

- Todo quiero, yo quiero tooooodo,  ya te dije - dijo, burlándose. 

- ¿Ahora te acordaste, boludo? En pareja, con tantos líos... ¡Se acordó recién el tipo! 

- No me acordé. No seas seas hija de puta, dale. No seas mala conmigo. 

Suspiré 

- No soy mala. Te digo la verdad, no me enojo, pero estoy hablando a calzón quitado...  Vos no hiciste esto antes porque no te interesaba. 

- ¿A qué? 

Me ruboricé. La frase dicha me había traicionado y acababa de notarlo. 

- Bueno, no lo tomes literal lo del calzón - dije, colorada y acalorada por la vergüenza. 

Javier se empezó a reír con gusto. Suspiró y me preguntó: 

- ¿Me odiás? 

Se me transformó el ánimo con esa pregunta. Seguro, también la cara. Pensé que Javier de mi amor no había entendido nada. Nada de verdad. Que no se había imaginado siquiera hasta dónde llegaba como para creerse por un segundo que era capaz de sentir odio por él. 

- No, Javi. ¿Qué decís? 

- Yo pensé sí, que me odiabas, porque ni siquiera me mirabas... Estabas tan tan enojada. Yo no sabía como acercarme a vos. No me dabas ni pelota. 

- Ya estabas en pareja vos, en ese momento.  Yo te respetaba. Después que el enojo se me pasó, y sané todo, lo sostenía por eso. 

- Pero podías hablar conmigo igual... 

- Prefería no hacerlo. 

- Porque me odiabas ¿o no? - sonrió. 

Mofé. 

- No. Una cosa es estar enojada con vos, otra cosa muy distinta es odiar. Yo no te odio, y nunca, más allá de todo lo que pase, te voy a odiar. Javi, yo te puedo mandar a la mierda, me puedo enojar, te puedo putear, pero odiarte... Nah. Ni en pedo. No me sale. No quería más lío. 

- No, por favor... Vos no me odies. No lo hice para lastimarte, te lo juro, te lo juro por Dios - dijo, juntando las manos - Quería que tuvieras una vida normal, que vivieras otras experiencias, yo no tenía ni tengo mucho para darte... Quería que te dieran otras cosas... 

- Además, tampoco querías hacerte cargo de mostrarme cosas del mundo que yo no conocía en ese momento. ¿No? 

Se me quedó mirando fijamente. 

- Si - dijo. 

- Qué cobarde de mierda - dije, riéndome. 

- No seas guacha. Lo hice creyendo que era lo mejor y lo volvería a hacer si estuviera en la misma con vos. Yo lo iba a hacer mal. 

- Estás loco, Javi. No sabés lo que decís. ¿Lo volverías a hacer? Yo no. 

- Yo sí. Me corrí porque no tenía nada para darte. Fue una buena decisión. 

-No estoy muy de acuerdo con eso, pero ya no importa. Para mí, lo hiciste otros motivos. Y resulta que la mina hizo lo que se le cantó - lo burlé, haciendo referencia a que no había podido evitar nada o cambiar nada.  

- Como siempre. Contestataria. Revolucionaria. En eso, no cambiaste ni un poco. ¿Otros motivos, cuáles, cómo es eso? 

- No hubo amor, Javi. 

- No digas esas cosas. 

- Es la verdad. No tenes que ser careta. 

- No soy careta. No es así como vos pensas, todo. 

- ¿A ella la queres? - le pregunté. 

- Si. 

- ¿A mi me queres? - le pregunte, con sorna. 

Me miró y se quedó callado. Me miró de nuevo. Se puso nervioso. 

- ¿Ves? Es un no. No me la vendas. No uses el discurso. 

- ¿Qué? 

- Cuando te pregunté por ella, no dudaste, dijiste si como algo obvio. Cuando te pregunté por mi, te quedaste mudo. Por eso no funcionó, Javi. Faltó amor. Si hubieses querido, hubieses formado algo conmigo y listo.

- No es todo tan blanco y negro. No es tan así. Vení. No digas esas cosas - dijo. 

- Es la verdad - dije. 

- Dejá de pelearme. Dame un abrazo. Dale. Déjame que te abrace. 

Me abrazo y me acostó encima suyo. 

- Qué piba. Cabezona que sos. Loco me vuelve ella. Loco. Dios mio, siempre igual ellaaaa. ¿Por que Diooooos? - exclamó. 

II. 

Tuvo que pasar todo lo que pasó para efectivamente corroborar que no. Nunca me quiso. Y eso es lo único que ahora veo de él.  Javier ya no es el que quise. Él es el que no me quiere. Lo veo y pienso eso "él no me quiere". 

Y sigo viviendo.  Hay mucha más gente para ver en el mundo que la que no te quiere, me digo. Hay mucho más que la gente que no te quiere en el mundo, me repito. Es solamente cuestión de cambiar el foco, insisto.  Suspiro. En mi mente reemplazo el recuerdo de todo esto, que ahora cae como una relaboración perfecta de un momento difícil, y pienso que por primera vez en mi vida ya no tengo más preguntas que hacerle a ésta historia. 

¿Qué pregunta podría existir si todo se responde con lo mismo? Aquéllo que muy en el fondo siempre supe, es superficie.  Dolorosa superficie, claro.  Pero es cuestión de cambiar el foco.  Quedarse mirando como un punto fijo a una persona que no te quiere, francamente, no es necesario. Ya me duele suficiente saberlo, mirá si me voy a quedar cerca para mirarlo.