El Reo me lleva, fácil, más de una cabeza. El tipo mide, sin exagerar, más de un metro setenta. Demás está decir que es lo que yo considero un hombre alto, alto y robusto. Colecciona camisetas de fútbol del Club de mi barrio; tiene prácticamente todas las que están a la venta y las que salen y , casi casi, las que están por hacerse. No sólo le gusta el fútbol, sino que lo fascina, lo enloquece, lo desparrama. Es capaz de seguir al Club de sus amores hacia donde cuerno juegue y, siempre, lo hace con la banda de amigos que corresponde. Otras veces, cuando el ánimo está tranquilo, lo hace con sus amigos y con sus dos hijos; obvio, que son amantes del mismo club por transferencia de su papá. El Reo tiene tatuajes varios y variados. Bien hechos; algunos sólo con tinta negra y otros de colores. Tiene uno en una pierna; otro en el muslo derecho; otro en el pecho. Otros más en la cara interna de los brazos, lindo, con el nombre de sus hijos. El Reo usa zapatillas del mismo color que las camisetas. Las combina, obsesivamente, y su paleta de colores se traduce en uno que prepondera: verde, verde más oscuro, verde más claro, verde y blanco o verde y naranja (de sólo pensarlo, visualmente, hasta me agota un poco). Le queda mejor no usar barba y lo ayuda más tener el pelo sin cortes de pelo modernos. Su forma de hablar es, para mí, bastante extraña. Habla de un modo corriente, usa expresiones del tipo que yo no usaría jamás, pero que comprendo, claro, porque no soy hija de un científico, sino, de un albañil... Y eso desemboca en que pueda hablar más correctamente si es necesario, pero jamás olvide el lenguaje coloquial, las jergas, los dialectos que se dan en la calle. Desde ese lugar, comprendo bastante bien lo que dice El Reo e, inclusive, me relaja que no esté haciéndose el superado todo el tiempo con un habla que no le es propia. Me lo presenta más real, y eso, aunque parezca lo contrario a lo que cualquiera pudiera esperar de mí, es una fuente de atractivo. Un gran acierto.
Físicamente, por lo menos, me gusta El Reo.
El conflicto radica, claramente, en todo lo que no está contemplando ese por lo menos.
Y eso es una macana porque mientras que yo me considero una persona demasiado centrada por la edad que tengo, y por la clase de vida que llevo; el tipo no se corresponde con eso. No, al menos, en la medida que siento que debería corresponderse por las razones esperables de su edad, la etapa de su vida, sus responsabilidades, etcétera.
II
Con él empecé a hablar pensando, vaya ironía, que era más joven de lo que realmente es. Desde hace ya más de un año y pico que yo no quiero saber más nada con tipos que me lleven muchos años y, a éste en particular, con toda la furia le daba treinta y pico, lo cual para mí ya era demasiado. Por eso, jamás le había hablado y me resistí a hacerlo durante meses enteros. Por eso también cuando me dejó unos likes, honestamente, no le dí demasiada pelota. Con el tiempo, tomé esa decisión frente a las posibles personas que podían hacerme algún ruido interno pero que, al mismo tiempo, iban a ser incapaces de quedarse a mi lado.
Pasó mucho tiempo más. Meses... Hasta que una noche, me escribió por primera vez. No sé cómo lo supe pero, era bastante tarde y al ver un mensaje privado nuevo, intuí que era del tipo. Que finalmente me iba a terminar mandando un hola, un cómo estás, un "que descanses". Algo de eso, de ese catálogo.
Y le contesté breve, y hablamos poco... Pero hablamos. Y yo no quería hablar consigo porque no me bancaba estar buscando el modo no ofensivo de preguntarle la edad. Y puta, que llegó su cumpleaños y ahí, finalmente lo confirmó. Fue en marzo cuando supe que éste tipo cumplió cuarenta años bajo el signo de piscis. Y, si bien lo saludé ese día, porque antes me había saludado para mi cumpleaños en el verano, y hasta me respondió de una forma considerablemente amistosa, yo me dije que no le iba a dejar ningún pie. Respondí a un chiste que me hizo, al estilo de: "por lo menos te sabés mi nombre", y decidí dejarlo todo ahí.
No quería hablar con él porque no me bancaba que tuviera la edad que tiene, o en realidad, no me bancaba la idea ni de chatear con alguien de su edad, volver a pasar por lo que pasé y volver a sufrir lo que sufrí hace años; así que lo dejé de lado. En el medio, en el trabajo, empecé a conocer a mucha gente de mi edad o a duras penas cinco años más grande. Empecé a tratar con compañeros de trabajo contemporáneos, con pares etarios, etcétera, a adaptarme a esa dinámica, a darme a conocer desde otro lugar. Es mejor ésto, conviene más, me dije... y El Reo, por su parte, quedó en stand by.
III
"Yo un tipo grande no quiero, así que espero que no me hable más, porque realmente no sé qué quiere. ¿No se dá cuenta que no soy el perfil de mina que busca, no?¿Qué carajo quiere un tipo así de mí, más allá de lo obvio? ¿Para qué, no se da cuenta que es inviable todo?", me dije, enojada, indignada, realmente, enojada por la situación... O, en realidad, enojada por mi falta de autocontrol frente a la situación.
Un lunes a la mañana, cuando me tomo el descanso en el trabajo, mientras charlaba con Marco, uno de los chicos de otro sector de la empresa, siento que vibra mi celular pero no le doy importancia. A la hora del almuerzo, recién, me doy cuenta que El Reo me había mandado una foto de un desayuno. "Éste tipo se equivocó de mina", pensé, con total sinceridad, y se lo escribí.
- Che, te equivocaste de destinatario... No creo que eso sera para mí. Volvelo a enviar así le llega a la chica correcta - le indiqué, con ironía.
La foto, además del ser lo que era en si misma, contenía un buenos días.
- No, no me equivoqué, es para vos - me dijo, y me hizo un chiste.
Ese fue el primer día donde hablé con El Reo.
Y sin vueltas, sin prejuicios, sin esa rosca interminable que otras personas le hubieran buscado a todo, me contó de su laburo, del resultado del partido, de sus hijos.
IV
Si tuviera que definir qué es lo que no acepto de éste tipo, diría algo muy simple pero realmente abarcativo: no le importa nada de lo que me importa a mí, no tenemos nada en común, no nos entendemos desde ningún punto de vista, y por esa razón, no CONVIENE es ninguna medida hablar para después salir para después lo de después y después lo de después de nuevo, hasta el impostergable "no, mirá, sos muy pendeja, sos una piba linda, re sana, que tiene que hacer una vida normal, y bla, bla, bla, bla. Vos llevás una vida sana, yo no, vos no tenés vicios, yo sí, y bla, bla, bla, bla...". Y no me la quiero volver a bancar. No sé si por cínica o por jodida, pero es como si pudiera ver venir toooodos sus argumentos o como si tuviera la frialdad necesaria para saber que no quiero sufrir más por tipos así. Que son tipos para renegar, y yo, a ésta altura de mi vida, sólo la quiero pasar bien. No quiero volver a renegar con un hombre nunca más. O me sirve lo que propone o no me sirve... Pero renegar, ya no más.
Sin mentir, la cantidad de alusiones que le hice a su estilo de vida, darían cuenta en una charla normal que soy lo más anti todo. Yo no fumo - ni tabaco, ni nada - no tomo en exceso, no salgo entre semana. Él a todo eso respondería que sí, que fuma, que no la caretea con eso, que todo está bien, viste, que hay que relajar...
Y justamente, creo que hoy en día tengo muchas más responsabilidades de las que tuve alguna vez y estoy haciendo un gran esfuerzo para crecer a través de ellas. Así, trabajo treinta y seis horas por semana, curso ocho horas más en la Universidad, hay días donde paso quince horas y media fuera de mi casa, para tener algo el día de mañana. Sé que tengo que concentrarme en el laburo, para así poder bancarme sola, pero además sé también que no tengo que olvidarme de estudiar y de rendir... Porque, a la larga, quiero estar haciendo lo que me gusta. Ahora, cotidianamente corro para leer, corro para ver a mi sobrino, corro para poder tener una vida mejor, para ayudar a mi familia, para salir adelante. Como siempre pensando en estudiar, viajo estudiando, tengo sueño todo el tiempo y estoy cansada todo el tiempo. No me quejo, en lo absoluto, estoy profundamente agradecida de tener un trabajo y poder estudiar. Ha sido siempre el modo que yo consideré válido para ganarme mis cosas...
Pero lo cierto es que nada de mi presente encaja con el pasado, y especialmente, con el presente de El Reo...Un tipo que me lleva más de diez años, con dos pibes. En especial, ése detalle, dos chicos... ¿Me están cargando, de verdad, a la hora de sumarme responsabilidad?
No me cabe ni siquiera la idea en la cabeza, con toda la presión, la ansiedad y la responsabilidad que siento sobre mis espaldas actualmente.
Por eso, pienso en éste tipo de metro setenta, con tatuajes varios en lugares que lo favorecen, y me digo que no dá, es mucho, no es el tipo ni el momento, aunque esté bueno, y me ría, es un barrilete.
Ya mirando, como si me la viera re venir, una parte mía me dice que no voy para ninguna parte con un tipo así, que los tipos no cambian y que no puedo estar conociendo a una persona con el proyecto de modificarla. La otra, regida por argumentos no-racionales, me dice que El Reo no tiene prejuicios, que es un tipo lindo, que no le cabe ninguna, que no es tan careta y burgés como otros y que si tiene que caminar conmigo por la calle el tipo levanta la frente y se recorre diez veredas. Que no le da vergüenza y que no se dá vergüenza. Y eso, me puede.
Aunque, al mismo tiempo, sé que el único tiempo público, absoluto y sagrado se lo hace para sus hijos del mismo modo en que yo me lo haría para estudiar y para mi sobrino. Entonces ¿de qué vereda estoy hablando? Siempre, en el camino, del mismo modo en que lo estarían si fuera él, se posicionarán sus hijos. Y ésta vez es a mí a quien le pesa pensar siquiera en la idea. Luego de sus hijos, están sus amigos. Las jornadas "de gira". El laburo, incluso los fines de semana con horarios de salida atravesados con los míos de laburo o cursada...
Y si a eso le sumamos sus hábitos, sus vicios, mejor ni hablar. Es la concreción de todos mis prejuicios... Es todos mis "no, olvidate, yo un tipo así no quiero", desde el vamos.
Y, sin embargo, hay algo que no me puedo dejar de preguntar, luego de dejar de hablarle y de que me vuelva a hablar: ¿para qué hablar conmigo? ¿No se da cuenta que es inviable todo esto?
Lo mejor sería que se busque una mujer más de su mundo. Que lo comprenda, o lo acompañe, en su "gira". La mía, especialmente ahora, va por un costado totalmente distinto... Sano, sí, mucho más sano, como bien me dice él, seducido ante esa posibilidad, claro, de estar frente a lo que considera un "Símil Bambi"... Porque así me hace sentir, en relación a todo lo que lo rodea: una pendeja que vivió toda la vida adentro de su termo, que se cruzó con tipos pertenecientes al mismo termo, y que pensó que los únicos disponibles en la lista eran los agrandaditos de turno que la careteaban hablándote de Derecho Penal...
Cuando en realidad, también existen hombres como El Reo. Y aunque no entienda ni mierda de literatura, derecho, arte o economía, ¿qué más dá?
Y esa es la tercera macana.
Aunque eso sí: si viviéramos en un mundo donde yo no fuera tan racional, y no me hubiera vuelto tan distante, y no me importaría pensar en lo que podría llegar a pasar, en lo que me conviene por encima de lo que deseo, quisiera verle puestas las cien camisetas de fútbol que tiene para decirme a ver cuál le queda mejor.
Porque en el fondo, éste flaco, es un show.