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domingo, 21 de julio de 2019

No estés triste

Ayer, después de cruzarme con Él de casualidad, llegué a mi casa, me puse la pava, me cebé un impar de mates y me quedé en silencio. Un rato después, escribí para relajarme y desagotar la marea de sensaciones, de reflexiones, que me había dejado ese encuentro en tanto acontecimiento positivo, impensado, que me había tomado por sorpresa. 

Mezcla de tristeza, felicidad, alegría, fortaleza, sorpresa, introspección, etc. 

 Mientras escribía, tomando mate y escuchando música, me llegó un mensaje de El Reo. Cabe decir que yo seguí, durante todos estos días, en un plan de distancia tal como comenté hace poco. 

El mensaje, en realidad, era una canción. 

No estés triste, se llama. 

Y dice algo de ésto:  

"y sentir que un nuevo día es una nueva oportunidad para hacerlo bien (...) escucha y no estés triste; hay un lado positivo, de lo malo algo aprendiste" 

Yo, en respuesta, le grabé un pedacito de éste tema, En el fondo de tu vida, y se lo mandé: 

Tiempo al tiempo, mi amor, así nos aseguramos de tenerlo un poco menos en cuenta (...) nuestra impaciencia es la que embarra todo el terreno de juego, que no dejamos de pisar; lo único real del tiempo es que pasa, como la vida misma". 

Después de eso, no nos preguntamos nada, ni retomamos las charlas, ni averiguamos mucho del día del otro. 

Parece que algunas cosas llegan en el momento justo.  Contra todo pronóstico, contra toda previsión, casi porque sí. Y no hay explicaciones lógicas para derrocar la magia del acontecimiento. 

Se dá y punto. 

Dios sabrá para qué. 




lunes, 24 de junio de 2019

Portate bien

- Bueno, pasala lindo con tus amigos hoy... Y portate bien... - añadió. 

El sábado a la tardecita me escribió luego de que habláramos un poco de mañana. Me preguntó qué iba a hacer, qué planes tenía. Le conté que había salido de trabajar, me había ido a ver a mi sobrino y, desde ahí mismo, estaba viajando a la casa de un compañero de la Facultad. Desde las siete de la mañana, dicho sea de paso, almacenaba un vino blanco en la mochila para la fiesta de la noche. El Reo, entonces, ante los acontecimientos que se vislumbraban, hizo ese comentario. Un comentario y un pedido implícito que me hace siempre, acompañado de un cuidate. 

- Portate bien, me dice - ironicé, con sentido del humor - Gracias. Vos también portate bien. Ojalá mañana sea un buen día en tu trabajo. Aprovecha para descansar y mirá un compilado de goles - ironicé, entre risas, de nuevo. 
- *comentario no reproducible públicamente*  - dijo. 
- Chau, atorrante, ¡te vas a la mierda! - me reí - ¡Sos un atorrante! - exclamé, entre risas. 
- ¡Y qué linda que sos vos! - deslizó. 

"Sí, obvio, éste tipo es un atorrante. Está confirmado", pensé. 

Después, me fui a disfrutar un poco con mis amigos de la Facultad a quienes sólo veía últimamente entre los libros.  Bebí, sin mentir, casi dos litros de cerveza y otro poco más. Lo más gracioso de todo fue que cuando llegó la hora de volver a casa a eso de las cuatro de la mañana, y tuve que pedir un remis que me pasara a buscar, se lo pedí como si estuviera trabajando.  Sí, sí, le dije: "Hola, buenas noches, hablo con remisería  ****. ¿Qué tal? Mi nombre es Veinteava...", cuando la modalidad de encargue es otra, claro está. 

Aunque indudablemente el lado bueno es que me relajé. Pude cortar, finalmente, pude lograr cortar durante algunas horas luego de semanas donde vine muy angustiada y cansada. Hacía casi un mes que no me reía como sucedió el fin de semana, junto con mis amigos de la Facultad, en especial. 

En ese aspecto, me extrañaba mucho. En ese aspecto, me hacía mucha falta encontrarme nuevamente con este lado de mi misma.

Lo cierto es que lo agradezco infinitamente.

Y sí, obvio, como siempre, me porté bien. 


domingo, 21 de abril de 2019

Símil Bambi

El Reo me lleva, fácil, más de una cabeza. El tipo mide, sin exagerar, más de un metro setenta. Demás está decir que es lo que yo considero un hombre alto, alto y robusto. Colecciona camisetas de fútbol del Club de mi barrio; tiene prácticamente todas las que están a la venta y las que salen y , casi casi, las que están por hacerse. No sólo le gusta el fútbol, sino que lo fascina, lo enloquece, lo desparrama. Es capaz de seguir al Club de sus amores hacia donde cuerno juegue y, siempre, lo hace con la banda de amigos que corresponde. Otras veces, cuando el ánimo está tranquilo, lo hace con sus amigos y con sus dos hijos; obvio, que son amantes del mismo club por transferencia de su papá.  El Reo tiene tatuajes varios y variados. Bien hechos; algunos sólo con tinta negra y otros de colores. Tiene uno en una pierna; otro en el muslo derecho; otro en el pecho. Otros más en la cara interna de los brazos, lindo, con el nombre de sus hijos. El Reo usa zapatillas del mismo color que las camisetas. Las combina, obsesivamente, y su paleta de colores se traduce en uno que prepondera: verde, verde más oscuro, verde más claro, verde y blanco o verde y naranja (de sólo pensarlo, visualmente, hasta me agota un poco). Le queda mejor no usar barba y lo ayuda más tener el pelo sin cortes de pelo modernos. Su forma de hablar es, para mí, bastante extraña. Habla de un modo corriente, usa expresiones del tipo que yo no usaría jamás, pero que comprendo, claro, porque no soy hija de un científico, sino, de un albañil... Y eso desemboca en que pueda hablar más correctamente si es necesario, pero jamás olvide el lenguaje coloquial, las jergas, los dialectos que se dan en la calle.  Desde ese lugar, comprendo bastante bien lo que dice El Reo e, inclusive, me relaja que no esté haciéndose el superado todo el tiempo con un habla que no le es propia. Me lo presenta más real, y eso, aunque parezca lo contrario a lo que cualquiera pudiera esperar de mí, es una fuente de atractivo. Un gran acierto. 

Físicamente, por lo menos, me gusta El Reo.

El conflicto radica, claramente, en todo lo que no está contemplando ese por lo menos.

Y eso es una macana porque mientras que yo me considero una persona demasiado centrada por la edad que tengo, y por la clase de vida que llevo; el tipo no se corresponde con eso. No, al menos, en la medida que siento que debería corresponderse por las razones esperables de su edad, la etapa de su vida, sus responsabilidades, etcétera. 

II 

Con él empecé a hablar pensando, vaya ironía, que era más joven de lo que realmente es. Desde hace ya más de un año y pico que yo no quiero saber más nada con tipos que me lleven muchos años y, a éste en particular, con toda la furia le daba treinta y pico, lo cual para mí ya era demasiado. Por eso, jamás le había hablado y me resistí a hacerlo durante meses enteros. Por eso también cuando me dejó unos likes, honestamente, no le dí demasiada pelota. Con el tiempo, tomé esa decisión frente a las posibles personas que podían hacerme algún ruido interno pero que, al mismo tiempo, iban a ser incapaces de quedarse a mi lado. 

 Pasó mucho tiempo más. Meses... Hasta que una noche, me escribió por primera vez.  No sé cómo lo supe pero, era bastante tarde y al ver un mensaje privado nuevo, intuí que era del tipo. Que finalmente me iba a terminar mandando un hola, un cómo estás, un "que descanses". Algo de eso, de ese catálogo.

Y le contesté breve, y hablamos poco... Pero hablamos. Y yo no quería hablar consigo porque no me bancaba estar buscando el modo no ofensivo de preguntarle la edad. Y puta, que llegó su cumpleaños y ahí,  finalmente lo confirmó. Fue en marzo cuando supe que éste tipo cumplió cuarenta años bajo el signo de piscis.  Y, si  bien lo saludé ese día, porque antes me había saludado para mi cumpleaños en el verano, y hasta me respondió de una forma considerablemente amistosa, yo me dije que no le iba a dejar ningún pie. Respondí a un chiste que me hizo, al estilo de: "por lo menos te sabés mi nombre", y decidí dejarlo todo ahí. 

No quería hablar con él porque no me bancaba que tuviera la edad que tiene, o en realidad, no me bancaba la idea ni de chatear con alguien de su edad, volver a pasar por lo que pasé y volver a sufrir lo que sufrí hace años; así que lo dejé de lado. En el medio, en el trabajo, empecé a conocer a mucha gente de mi edad o a duras penas cinco años más grande. Empecé a tratar con compañeros de trabajo contemporáneos, con pares etarios, etcétera, a adaptarme a esa dinámica, a darme a conocer desde otro lugar.  Es mejor ésto, conviene más, me dije... y El Reo, por su parte, quedó en stand by.

III
 "Yo un tipo grande no quiero, así que espero que no me hable más, porque realmente no sé qué quiere. ¿No se dá cuenta que no soy el perfil de mina que busca, no?¿Qué carajo quiere un tipo así de mí, más allá de lo obvio? ¿Para qué, no se da cuenta que es inviable todo?", me dije, enojada, indignada, realmente, enojada por la situación...  O, en realidad, enojada por mi falta de autocontrol frente a la situación. 

Un lunes a la mañana, cuando me tomo el descanso en el trabajo, mientras charlaba con Marco, uno de los chicos de otro sector de la empresa, siento que vibra mi celular pero no le doy importancia. A la hora del almuerzo, recién, me doy cuenta que El Reo me había mandado una foto de un desayuno. "Éste tipo se equivocó de mina", pensé, con total sinceridad, y se lo escribí. 

- Che, te equivocaste de destinatario... No creo que eso sera para mí. Volvelo a enviar así le llega a la chica correcta - le indiqué, con ironía. 

La foto, además del ser lo que era en si misma, contenía un buenos días. 

- No, no me equivoqué, es para vos - me dijo, y me hizo un chiste. 

Ese fue el primer día donde hablé con El Reo. 

Y sin vueltas, sin prejuicios, sin esa rosca interminable que otras personas le hubieran buscado a todo, me contó de su laburo, del resultado del partido, de sus hijos. 

IV 

Si tuviera que definir qué es lo que no acepto de éste tipo, diría algo muy simple pero realmente abarcativo: no le importa nada de lo que me importa a mí, no tenemos nada en común, no nos entendemos desde ningún punto de vista, y por esa razón, no CONVIENE es ninguna medida hablar para después salir para después lo de después y después lo de después de nuevo, hasta el impostergable "no, mirá, sos muy pendeja, sos una piba linda, re sana, que tiene que hacer una vida normal, y bla, bla, bla, bla. Vos llevás una vida sana, yo no, vos no tenés vicios, yo sí, y bla, bla, bla, bla...". Y no me la quiero volver a bancar.  No sé si por cínica o por jodida, pero es como si pudiera ver venir toooodos sus argumentos o como si tuviera la frialdad necesaria para saber que no quiero sufrir más por tipos así. Que son tipos para renegar, y yo, a ésta altura de mi vida, sólo la quiero pasar bien. No quiero volver a renegar con un hombre nunca más. O me sirve lo que propone o no me sirve... Pero renegar, ya no más. 

Sin mentir, la cantidad de alusiones que le hice a su estilo de vida, darían cuenta en una charla normal que soy lo más anti todo. Yo no fumo - ni tabaco, ni nada - no tomo en exceso, no salgo entre semana. Él a todo eso respondería que sí, que fuma, que no la caretea con eso, que todo está bien, viste, que hay que relajar...  

Y justamente, creo que hoy en día tengo muchas más responsabilidades de las que tuve alguna vez y estoy haciendo un gran esfuerzo para crecer a través de ellas. Así, trabajo treinta y seis horas por semana, curso ocho horas más en la Universidad, hay días donde paso quince horas y media fuera de mi casa, para tener algo el día de mañana. Sé que tengo que concentrarme en el laburo, para así poder bancarme sola, pero además sé también que no tengo que olvidarme de estudiar y de rendir... Porque, a la larga, quiero estar haciendo lo que me gusta.  Ahora, cotidianamente corro para leer, corro para ver a mi sobrino, corro para poder tener una vida mejor, para ayudar a mi familia, para salir adelante. Como siempre pensando en estudiar, viajo estudiando, tengo sueño todo el tiempo y estoy cansada todo el tiempo. No me quejo, en lo absoluto, estoy profundamente agradecida de tener un trabajo y poder estudiar. Ha sido siempre el modo que yo consideré válido para ganarme mis cosas... 

Pero lo cierto es que nada de mi presente encaja con el pasado, y especialmente, con el presente de El Reo...Un tipo que me lleva más de diez años, con dos pibes. En especial, ése detalle, dos chicos... ¿Me están cargando, de verdad, a la hora de sumarme responsabilidad? 

No me cabe ni siquiera la idea en la cabeza, con toda la presión, la ansiedad y la responsabilidad que siento sobre mis espaldas actualmente. 

Por eso, pienso en éste tipo de metro setenta, con tatuajes varios en lugares que lo favorecen, y me digo que no dá, es mucho, no es el tipo ni el momento, aunque esté bueno, y me ría, es un barrilete. 

Ya mirando, como si me la viera re venir, una parte mía me dice que no voy para ninguna parte con un tipo así, que los tipos no cambian y que no puedo estar conociendo a una persona con el proyecto de modificarla. La otra, regida por argumentos no-racionales, me dice que El Reo no tiene prejuicios, que es un tipo lindo, que no le cabe ninguna, que no es tan careta y burgés como otros y que si tiene que caminar conmigo por la calle el tipo levanta la frente y se recorre diez veredas. Que no le da vergüenza y que no se dá vergüenza.  Y eso, me puede. 

Aunque, al mismo tiempo, sé que el único tiempo público, absoluto y sagrado se lo hace para sus hijos del mismo modo en que yo me lo haría para estudiar y para mi sobrino. Entonces ¿de qué vereda estoy hablando?  Siempre, en el camino, del mismo modo en que lo estarían si fuera él, se posicionarán sus hijos. Y ésta vez es a mí a quien le pesa pensar siquiera en la idea. Luego de sus hijos, están sus amigos. Las jornadas "de gira". El laburo, incluso los fines de semana con horarios de salida atravesados con los míos de laburo o cursada... 

Y si a eso le sumamos sus hábitos, sus vicios, mejor ni hablar. Es la concreción de todos mis prejuicios... Es todos mis "no, olvidate, yo un tipo así no quiero", desde el vamos. 

Y, sin embargo, hay algo que no me puedo dejar de preguntar, luego de dejar de hablarle y de que me vuelva a hablar:  ¿para qué hablar conmigo?  ¿No se da cuenta que es inviable todo esto? 

Lo mejor sería que se busque una mujer más de su mundo. Que lo comprenda, o lo acompañe, en su "gira".  La mía, especialmente ahora, va por un costado totalmente distinto... Sano, sí, mucho más sano, como bien me dice él, seducido ante esa posibilidad, claro, de estar frente a lo que considera un "Símil Bambi"... Porque así me hace sentir, en relación a todo lo que lo rodea: una pendeja que vivió toda la vida adentro de su termo, que se cruzó con tipos pertenecientes al mismo termo, y que pensó que los únicos disponibles en la lista eran los agrandaditos de turno que la careteaban hablándote de Derecho Penal... 

Cuando en realidad, también existen hombres como El Reo. Y aunque no entienda ni mierda de literatura, derecho, arte o economía, ¿qué más dá?



Y esa es la tercera macana. 

Aunque eso sí: si viviéramos en un mundo donde yo no fuera tan racional, y no me hubiera vuelto tan distante, y no me importaría pensar en lo que podría llegar a pasar, en lo que me conviene por encima de lo que deseo, quisiera verle puestas las cien camisetas de fútbol que tiene para decirme a ver cuál le queda mejor. 

Porque en el fondo, éste flaco, es un show. 

domingo, 14 de abril de 2019

Viernes

*viernes a la noche*

Limpiando mi habitación, que parecía más bien una trinchera, la música acababa de dejar de sonar. Un sahumerio desprendía su olor mágico. Yo corría y revisaba la ubicación de los muebles, con franelita en mano, sabiendo que no tengo tiempo suficiente para hacerlo todo en los horarios más habituales o a lo largo de las semanas más atareadas. 

Cuando el celular suena, realmente, no lo escucho.  O quizá no lo quiero escuchar. Pienso en que no tengo ganas de leer el chat del trabajo, pero tampoco, el chat que tengo con mis compañeros sobre las diferentes materias que estoy haciendo en la Universidad. Me digo que es viernes. Noche de viernes. Me hace bien saber que estoy limpiando, mandando ropa a lavar, haciendo algo que venía posponiendo desde hace una semana entre las dos actividades en las que ahora se juega mi vida.  Sólo quiero disfrutar ése momento. Limpiar y dejar todo divino antes de acostarme.

Cuando ya casi estoy por terminar, rescato el aparajeto móvil desde abajo de una pila de pendientes más, los últimos que me quedan. La luz de una notificación me obliga a desbloquear y leer. Es raro, a esa hora, - me digo - que me escriban sólo un mensajito y yastá. Un sólo mensajito, no veinte ni dos. Uno solo. 

Quién será, me pregunto. 

El Reo. 

Quizá lo mejor, en ese momento donde leo su mensaje, sea llamarlo así. Él es Reo, no por lo culpable o lo delincuente, sino, por lo precisamente por lo... reo. Un hombre con esa mezcla entre pillo y barrial, totalmente antiburgués. De esa clase de tipos a los cuales no les cabe una y van al frente y te dicen las cosas. Que tienen códigos de la calle, pero que por otro lado, tienen mil noches cargando en sus espaldas y le ponen cintura a la situación.  Que tienen gira, pero además, otra vida, esencialmente, muy diferente a la de uno que se pasa un viernes a la noche limpiando. 

Me siento como si fuera una nena buena sacada de los cuentos cuando hablo con El Reo. Y se lo hago saber, intuyendo que no me subiré a su caravana. Que, siempre y cuando le guste una mina como yo, va a tener que suscribir a mis prioridades del mismo modo en que yo puedo entender su edad ( largo el camino y pesadas las piedras...), el hecho de que sea papito pero además padre de dos chicos y el hecho capital de saber que cada uno hace la suya y, en especial, que la hará. Que debe ser así y que está perfecto que así sea, siempre y cuando, se acepte que se tiene una vida propia, diferente, y propia a la de ese otro que miramos.  Y que no se lo debe al otro correr de ese lugar... Que hay que respetarlo en su etapa, en su tiempo, con sus proyectos o con la escasez de... siempre de acuerdo a lo que se esté dispuesto a aceptar.

Porque... ¿Compartir? ¿Qué?  Nah, no le pongo ni dos mangos a esa posibilidad. No siento que tenga nada que compartir con una persona como El Reo más allá del ser usuarios del español rioplatense. Pero... es tan reo que no da tiempo para un planteo reflexivo, él simplemente te la tira.

Porque es así, tiene otra dinámica de la cosa. Tanto que un día me pide que le avise, así me pasa a buscar por la Facultad y nos vemos. Que cuando yo quiera. Que a él no le molesta. Que así no ando a esa hora por ahí. Que así no viajo en bondi. Que, como él trabaja ahí cerca sabe, claro, que es una zona de mierda para que una piba joven ande a las diez de la noche sola. Mofo. ¿Por qué piensa en esas cosas respecto a mí y al mismo tiempo no me vé pisando una cancha de fútbol? No es el primer tipo que me lo dice y enarco una ceja ante la curiosidad. Le explico que cuando le pido mi papá me busca, pero al mismo tiempo, lo cargo. "¿Qué sos vos, un pastor, un buen samaritano?", porque me da risa, me parece suelta su forma de hacer las cosas.

Se ríe.  Le causa gracia la comparación. Yo también me río. Éste tipo no tiene nada que ver conmigo y es tan fácil darme cuenta que la única palabra que asoma frente a una charla consigo es la obsolescencia; un "es cualquiera esto".  

 El Reo sabe, de todos modos, detalles tales como que que laburo y estudio. Sabe que casi no tengo vida ahora además de esas dos esferas. Aún sabiendo mi edad, me dice que parezco de dieciocho años físicamente, que no me dá ni loco la edad que realmente tengo. Le explico que a nadie le pasa eso, que no es original, en tono burlón. Se ríe. Le aclaro, mediante otros tópicos, que tengo la cabeza de una mina de veinticuatro y responsabilidades a la orden de esa edad. Cuando me hace saber que lo comprende, pero que pensó que era una nena, yo le respondo que las apariencias engañan. Y añado, además, que cuando me dice que soy una nena me hace acordar a Francella y que tampoco es taaan así. Que no se haga acá el superado, pienso con sorna.

Escucho sus audios y le mando un par. Me da placer no darle demasiada pelota a los modos. Al ser tan llano todo con El Reo, no siento presión ni necesidad de complejizar las cosas. El tipo la hace corta, y yo le hablo cuando tengo ganas. Él me escribe cuando tiene ganas. Nos pasamos los números porque un día, después de dejarnos millones de likes, tuvimos ganas. Pero nada más. Y en ese nada más, está el nada menos, es decir, la rareza de que dos personas que son el agua y el aceite, se manden mensajes cortos como chispazos. 

Aunque, la verdad sea dicha: sé que me ve como una piba joven, pero también reconoce que hago cosas. Si antes de responder me pregunta si estoy en clase y me dice "prestá atención a lo que dice la profesora, no me hables", mientras que yo enarco una ceja y en el recreo lo burlo con un "¿y vos, me estás retando?", para ubicarlo en la palmera.  Me  lo da a entender cuando insiste todo el tiempo en que está bien que lo haga, que estoy ocupada, que en esta etapa de mi vida me corresponde hacerlo, que me caliente por estudiar y por laburar.  Que tenga prioridades. Y dice, además, que ya voy a tener tiempo para todo, que si voy a la Cancha de **** - como va él, con todo el grupete los findes - no voy a querer dejar de ir, pero que ahora... 

Entonces ¿un mensaje? ¿Para qué? 

II

- Buenas noches - me dice. 

Enarco una ceja. No entiendo qué hace el reo escribiéndome si soy lo más anticristo de su mundo. Soy como la clase de persona con la que no se entendería jamás, al margen de lo físico, y él es eso mismo para mí. Un reo que me gana desde el humor pero no pertenece a mis horizontes. Un tipo que le inculca a sus hijos todo lo que él no hizo y se ocupa de ellos y se encarga de ellos, pero que como hombre, ante mí, es diametralmente opuesto en su cosmovisión, en su pasado, en las elecciones que hizo en su vida y en las prioridades que se pactó. No habla, sin embargo, desde el lado cansado del mundo y eso me parece bueno. Sin embargo, con toda su vida resuelta y toda mi vida por forjar, no quiero sentir ningún apego ni compromiso, ni siquiera, ningún peso mínimo de responder. Y sé, porque en algo afilé mi intuición luego de ciertas cosas, que él tampoco los quiere. Si no, ya los habría asumido o hubiera continuado asumiéndolos.  Ni más, ni menos.

 ¿Qué seríamos, entonces, capaces de compartir más allá de algunas buenas noches? "Que haga lo que quiera, mientras que no me joda", pienso, porque siquiera fichar a un tipo con hijos es todo un temón al menos para mí, que siempre fui del club "hijos ajenos no". 

 - Gracias, igualmente - le respondo - ¿Cómo estás? 
- Bien, todo bien. Cansado. 
- Me alegro, yo estoy igual. 
- Me voy a ir a dormir, ahora - me avisa, haciéndose el interesante. 
- Yo igual. Descansá. 
- Mis niños ya se fueron a dormir, y yo los sigo - me aclara. 

Sonrío con cierta ironía. Me acuerdo que El Reo tiene dos nenes. Bah, un nene y una nena considerablemente adentro de la pubertad. 

- Descansen los tres. 
- Gracias. Besos. 
- Besos para vos.