Mostrando entradas con la etiqueta Nicky Ryan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nicky Ryan. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de enero de 2016

Enya - Dark Sky Island (2015)



Cuando terminó de grabar “And Winter Came”, su disco de temas navideños de 2008, Enya decidió tomarse un largo descanso durante el cual se alejó por completo de la música y pudo viajar más de lo que lo había hecho anteriormente. Hasta cuatro años duró ese periodo de renovación espiritual que se vio sucedido por otro también bastante prolongado de renovación material. En 2011 y 2012, la artista irlandesa y Nicky Ryan procedieron a la actualización de sus estudios de grabación con el objeto de dotarlos de los equipos más avanzados desde el punto de vista tecnológico en busca de un sonido más fresco y diferente. Veremos en el comentario que los progresos en ese sentido fueron menores de lo esperado.

Ya en 2012 comenzó el proceso de grabación del que sería el octavo álbum de estudio de la artista si obviamos la banda sonora de “The Frog Prince”. La tarea, laboriosa como siempre, dio como fruto un disco titulado “Dark Sky Island” que apareció a finales de 2015. Los viajes realizados por la cantante irlandesa en los años previos a la grabación del disco están muy presentes en el mismo. No llegan a tener la presencia que tienen en trabajos de similar inspiración de Loreena McKennitt por poner un ejemplo pero sí que centran de algún modo la narrativa de todo el trabajo.

Al margen de la renovación de los equipos de su estudio particular, el método de creación del disco fue el habitual: Enya compone toda la música, canta y toca todos los instrumentos, Nicky Ryan se encarga de la producción y Roma Ryan de los textos, incluyendo dos canciones en “loxian”, idioma ficticio creado por la escritora unos años antes y que ya apareció en algún disco previo de Enya. En uno de los cortes aparece un músico invitado, costumbre que la artista había abandonado tras los primeros discos. Se trata del contrabajista Eddie Lee.

La isla de Sark, inspiradora en parte del disco.


The Humming” - No tardamos mucho en comprobar si la tan anunciada renovación tecnológica iba a reflejarse en un estilo o un sonido nuevo para Enya. La respuesta es: Sí. Y no. En la primera canción del disco escuchamos timbres sutilmente diferentes. El piano eléctrico no es exactamente aquel al que estamos habituados y tampoco lo son las percusiones. También los coros tienen un cuerpo muy diferente. No suenan como antaño, a la misma voz doblada hasta el infinito sino que tienen una apariencia más real. El efecto es el mismo pero no igual. La canción, por otra parte, es sencilla y muy pegadiza. Uno de los clásicos cortes de la irlandesa que podrían sonar sin descanso en cualquier emisora de radio.

So I Could Find My Way” - Con un pausado ritmo de vals, Enya interpreta una balada encantadora dedicada a la madre de Nicky Ryan, fallecida en los meses en que se llevaba a cabo la grabación del disco. Es el tipo de pieza que hemos oído muchas veces en los discos de la artista pero que siempre resulta interesante.



Even in the Shadows” - La primera canción realmente diferente del disco es esta intensa pieza dominada por un ritmo muy marcado, algo no muy habitual. Así como se hace difícil imaginar practicamente toda la obra de la artista irlandesa en voz de otros artistas, hay algo en esta canción que la hace “exportable” y que, quizá, la convierta en un clásico. Desde luego, se convirtió ya en una primera escucha en una de nuestras favoritas de todo el disco.

The Forge of the Angels” - Con un ritmo procesional se desarrolla otro de los grandes aciertos del trabajo, una canción que nos remite inmediatamente a la banda sonora de “The Celts” que comentamos aquí recientemente. La sonoridad y muchos de los motivos melódicos encajarían a la perfección en aquella joya con la que Enya debutó muchos años atrás. Una verdadera maravilla con pasajes de gran belleza y extraordinarios contrastes entre coros que dejan sitio a detalles brillantes como el solo de violonchelo que aparece “sampleado” en el tramo final.

Echoes in Rain” - El primer “single” del trabajo es, quizá, la pieza más cercana a lo que el público espera de Enya: cuerdas pellizcadas (aquí de nuevo se nota la renovación instrumental ya que el timbre es muy distinto al habitual), sonidos orquestales vivos y una melodía cargada de optimismo. En la parte central escuchamos un pasaje de piano nada común en los discos de la artista que sirve para introducir una larga despedida en la que se repite constantemente la misma frase. Otra gran composición que justifica el tiempo empleado en la creación y grabación del disco.



I Could Never Say Goodbye” - Piano, cuerdas y coro dibujan un paisaje profundo sobre el que la artista canta una lenta melodía de gran belleza aunque próxima al tópico de las baladas de la vocalista.

Dark Sky Island” - En una linea similar al tema anterior se desarrolla este, con arreglos de piano que ya hemos escuchado muchas veces y un tema central que tampoco suena especialmente nuevo. Apenas una excusa para llevarnos al siguiente punto de la travesía.

Sancta Maria” - El juego de teclados del comienzo, combinado con voces y cuerdas es verdaderamente novedoso y el seguidor de Enya lo encontrará refrescante. Incluso el tono de voz con el que la artista canta una y otra vez el título de la canción es mucho más agudo de lo que nos tiene acostumbrados. La canción, sin embargo, termina por hacerse algo pesada a fuer de repetitiva.

Astra et Luna” - Se abre la canción de un modo que nos hace pensar en que volverá a ocurrir lo mismo que en las inmediatemente anteriores, con una música claramente identificable y sin mayor historia pero lo cierto es que la misma gana en intensidad conforme avanza hasta convertirse en uno de los momentos destacables del disco.

The Loxian Gates” - El segundo tema del disco cantado en el idioma creado por Roma Ryan cumple la función que en trabajos anteriores hacía la canción en latín. Es una pieza intensa, con un punto épico y un extraordinario trabajo de estudio mezclando coros, teclados, percusiones, etc. de forma magistral. No podemos evitar acordarnos del toque africano de “Storms in Africa” en “Watermark” o de “Ebudae” en “Shepherd Moons”, canciones de las que esta es digna sucesora.

Diamonds on the Water” - Cerrando el CD tenemos otra gran canción que en su corta duración contiene varios segmentos muy diferentes e igualmente brillantes. Raya, como casi todo el trabajo, a un nivel muy alto que hace que no nos sorprenda la buena acogida que, en general, ha tenido “Dark Sky Island” en todo el mundo.

El disco tiene una edición “deluxe” ampliada con tres cortes como es costumbre de las discográficas en los últimos años. Algo absurdo a nuestro juicio, puesto que, por una diferencia mínima de precio, ¿quién optaría por la versión con menos canciones?. En todo caso, y dado que esas piezas adicionales son consideradas como “bonus”, hemos optado por dejarlas fuera del análisis del disco. El enésimo regreso de Enya (dada la acostumbrada separación entre sus discos, cada uno es un regreso) ha sido uno de los más exitosos de toda su trayectoria que no es precisamente corta y supera ya los 30 años si contamos su etapa en Clannad. Llega un punto en que conseguir eso no es fácil y más en el caso de una artista que ha sido vista en muchos momentos con un punto de condescendencia por parte de la crítica que ha rayado en la falta de respeto. Admitimos que en algún momento su estilo facilitaba la parodia por inmovilista pero rascando un poco bajo el envoltorio, es evidente que ahí había música que merecía la pena, incluso en los momentos más flojos. Quizá de ahí la sorpresa que se produce cuando el producto que Enya nos ofrece es de una calidad superior a su nivel (de por sí, mayor que la media) como ocurre en este caso.

Pocas ambigüedades y chascarrillos hemos leído con ocasión de la publicación de “Dark Sky Island” y eso quiere decir algo: que el disco no merece bromas de ningún tipo.


sábado, 23 de enero de 2016

Enya - A Day Without Rain (2000)



Vamos a hablar hoy del disco que nos provoca una mayor indeterminación a la hora de opinar de él de toda la carrera de Enya. Lo es, no porque no tengamos una opinión clara del mismo sino porque ésta no coincide demasiado con la de la crítica en general. El listón que la irlandesa había puesto con “Shepherd Moons” estaba altísimo. Para qué engañarnos, era inalcanzable. A nuestro juicio, su siguiente trabajo renunció a intentarlo siquiera y continuó por el mismo camino con un resultado digno pero algo tramposo, algo que no ocurre con el disco que sucedió a éste cinco años más tarde. Sin embargo, para la mayoría de la crítica, lo que nosotros apreciábamos ya en “The Memory of Trees”, ocurría en este “A Day Without Rain”.

Paradójicamente, el disco peor valorado por la crítica hasta entonces, sin tener tampoco un single poderoso (el de presentación, “Only Time” era una balada extremadamente tranquila), se convirtió en el más vendido de la carrera de la artista alcanzando los 15 millones de copias, por encima de las obtenidas por  “Watermark” o “Shepherd Moons”. Alcanzó el número uno en las listas de varios países y ganó el “Grammy” al mejor disco en la categoría de “New Age” (tercero en la carrera de la artista). El contraste entre las opiniones “cualificadas” de los críticos y el éxito del disco nunca había sido tan grande en la carrera de la artista irlandesa y eso nos desconcierta porque no encontramos en “A Day Without Rain” motivos suficientes para ninguna de las dos posturas...

El proceso de creación del disco fue el mismo de siempre: un largo periodo de encierro casi monacal para componer la música mientras Roma Ryan escribía los textos y Nicky se encargaba de la producción.

Enya durante una firma de discos de la época.


“A Day Without Rain” - Un tema de piano electrónico con acompañamiento coral y sintético abre el disco en la tradición de los trabajos anteriores de la artista. El corte recuerda bastante a “Watermark” aunque con una mayor presencia de las voces a lo largo del mismo. No es una pieza especialmente destacable pero sirve para introducirnos en el nuevo trabajo de forma adecuada.

“Wild Child” - Fue el segundo single del disco aunque tenía las características ideales para haber sido el primero. Se trata de un tiempo medio cantado en inglés que cuenta con estribillo realmente bello. Los arreglos hacen un uso muy importante de los clásicos sonidos de “pizzicato”, cada vez más presentes en la música de la cantante irlandesa. A estas alturas nos damos cuenta de que las novedades en el disco habrán de venir de la parte compositiva y no de los arreglos que no se salen ni un ápice de la imagen de marca de la artista. En ese terreno, “Wild Child” es una gran canción que no necesita de demasiada pirotecnia para hacerse valer.




“Only Time” - Como decíamos más arriba, la canción que sirvió de presentación del disco es una balada ciertamente bella en la que la voz de Enya suena con una gran nitidez, siendo la primera vez, si la memoria no nos traiciona, en que en determinados momentos aparece en forma de “sampler”, es decir, no simplemente desdoblada en cientos de pistas sino “muestreada” y tratada para formar una especie de linea de bajo continuo a lo largo de todo el tema. No es una novedad especialmente relevante pero sí digna de destacar en alguien tan inmovilista con su sonido.




“Tempus Vernum” - Es una característica común a casi todos los discos de la irlandesa que el tema cantado en latín sea algo más oscuro que el resto y tenga una importante componente épica, con las cuerdas destacando en sus tesituras más graves. No es esta una excepción, desde luego y, como ocurría con todos sus hermanos de los discos anteriores, “Tempus Vernum” es un de las mejores composiciones del disco.

“Deora Ar Mo Chroi” - Sin solución de continuidad el corte anterior enlaza con esta preciosidad cantada en gaélico con un arreglo vocal casi al cien por cien acompañado sólo por unos tenues fondos electrónicos. Se puede apreciar, en general, una cierta mesura en el uso de los recursos que acerca mucho más el sonido del tema (y, en general, del disco) al de “Watermark” que a los que aparecieron más tarde.

“Flora's Secret” - El clásico vals que nunca falta en los discos de Enya tiene, nuevamente, un arreglo sencillo: la voz en primer plano, los coros en segundo y las cuerdas dibujando el ritmo de toda la pieza con unas percusiones puntuales en la segunda mitad de la misma. Un corte previsible que no aporta demasiado pero de escucha agradable aunque ¿de qué tema de Enya no se puede decir esto?

“Fallen Embers” - Otro elemento que no suele faltar en los discos de nuestra artista es el “lied” en el que su voz se enfrenta al piano. Somos laxos en la definición porque todo lo que suena es electrónico pero la canción, en el fondo, es el clasico duo de piano y voz. Una preciosidad.

“Silver Inches” - Antes de entrar en el tramo final encontramos este breve instrumental de ritmo alegre con sonidos de clavicordio y cuerdas pellizcadas. Una miniatura de las que abundan en la discografía de la artista, muchas veces como “caras b” de los singles.

“Pilgrim” - Nueva balada de preciosa factura en la que podemos disfrutar de la voz de Enya sin demasiados aditivos. Buen momento para recrearse en ella, algo que muchas veces podemos dejar pasar abrumados por la exuberancia de los arreglos y sonidos que la acompañan. Insistimos en que la producción de este disco parecía buscar de forma intencional este sonido menos cargado, lo que es un acierto en nuestra opinión.

“One By One” - Los discos de Enya no son muy dados a las sorpresas pero esta canción podría entrar en esa categoría porque, a los habituales coros, cuerdas pellizcadas y juegos vocales se suma una melodía muy peculiar en el estribillo que rompe en cierto modo, la linea habitual de la artista. Es una diferencia muy sutil, inapreciable en cualquier otro artista pero que tratándose de la irlandesa, nos parece una novedad refrescante.

“The First of Autumn” - También tiene algo diferente este instrumental, empezando por la introducción que sería una especie de versión acelerada de los que se escucha normalmente en las piezas en latín de la artista. Con un ritmo muy vivo (a veces sincopado) durante todo el tema, Enya nos muestra una pieza que, al margen de los sonidos, es bastante distinta de lo que venía ofreciéndonos hasta ahora. El tema no aparecía en la edición americana del disco aunque sí en las de la mayor parte de los países. Eso, unido a la corta duración total del trabajo, también fue criticado por muchos.

“Lazy Days” - Cierra el disco un tema algo más enérgico, de nuevo con reminiscencias de piezas de “Watermark” como “Storms in Africa” aunque sin llegar a la excelencia de aquella.

Planteábamos una duda al principio de la entrada que casi hemos ido respondiendo nosotros mismos mientras la escribíamos. Nos parecía extraño que la crítica empezase a afirmar que Enya siempre hacía el mismo disco, justo en este momento (cuando, nosotros pensamos que esto ocurría ya mucho antes). Lo que ocurre en “A Day Without Rain” no es exactamente que suene igual que los anteriores sino que regresa, intencionadamente o no, a un sonido más próximo a “Watermark” que a los discos posteriores a éste. La diferencia estriba en que donde los demás veían estancamiento, nosotros apreciamos una búsqueda consciente de un sonido más sencillo, más adecuado para unas nuevas composiciones que encontramos muy superiores en general a las del disco anterior, disimuladas en ese caso por la producción del trabajo, mucho más abrumadora y recargada pero ya habrá ocasión para hablar de “The Memory of Trees” más adelante. En la siguiente entrada del blog daremos un salto hasta el presente para hablar de lo más reciente de Enya que apareció apenas dos meses atrás.

Os dejamos con un tema que sólo apareció en la edición del disco en algunos países y como "cara b" del singles "May it Be" que formó parte de la banda sonora de la primera entrega de "El Señor de los anillos" meses más tarde:

 

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Enya - Enya (1987)




Es muy reciente el lanzamiento del último disco de Enya, artista a la que tenemos un gran aprecio en el blog aunque no haya aparecido por aquí con demasiada frecuencia. Aprovechando el acontecimiento, trataremos de ponernos al día con algunas reseñas de varios de sus trabajos clásicos a modo de contextualización de su nuevo CD.

Comenzaremos hoy casi por el principio remontándonos al primer trabajo importante que realizó la artista en 1986 por encargo, nada menos, que de la
BBC que buscaba música para una serie documental sobre los distintos pueblos de ascendencia celta de las islas británicas. El bagaje musical de Enya por aquel entonces era más bien escaso: un par de participaciones casi anecdóticas en discos de Clannad (la banda de sus hermanos y tíos), un par de temas instrumentales en un cassette de escasa distribución y una banda sonora para una película, “The Frog Prince”, en la cual sólo interviene en dos canciones que quedan fuera del montaje final mientras que el resto de la música que escribe es reinterpretada por músicos de estudio para el film.

Con todo, alguien en la corporación británica ve algo en ella y en el equipo que ya formaba con Nicky y Roma Ryan y decide darle la oportunidad de crear una banda sonora que sorprendería a todo el mundo por su calidad y por lo innovador de la propuesta de Enya a la hora de desplegar sus ideas musicales en un estudio de grabación. La artista irlandesa se encierra en el que tenían los Ryan en su domicilio (Nicky era un reputado productor ya en aquel entonces) durante diez largos meses para grabar y perfeccionar una importante serie de composiciones que serían entregadas después a la gente de la BBC para su incorporación al documental tras algún retoque en los estudios de la corporación (básicamente la grabación de algunas pistas a cargo de artistas invitados). Gustó tanto la música que Enya grabó que se decidió editarla en CD meses antes del estreno de la serie en las pantallas. El disco se iba a titular, sencillamente, “Enya” y no existía referencia alguna a que la música que contenía pertenecía a una banda sonora. Tiempo después, y a raíz del éxito de otros trabajos de la artista, el trabajo se reeditaría bajo el nombre de “The Celts” con una portada diferente y algún
ligero cambio en el contenido. 

Enya toca el piano, todos los sintetizadores y los “samplers” que aparecen en el disco además de cantar. En determinados momentos intervienen como invitados Arty McGlynn (guitarra eléctrica), Liam O'Flynn (gaita irlandesa) y Patrick Halling (violín). 


Reedición del disco, ya con el título "The Celts"


“The Celts” - El disco comienza igual que lo hacía cada uno de los capítulos de la serie documental: con una brillante melodía electrónica en la que brillan las percusiones y la voz de Enya, en varios registros diferentes, que acaba por hacerse con el protagonismo absoluto. Escuchamos ya aquí las distintas capas vocales que la artista crea en el estudio y que son su mayor seña de identidad, así como un interesante trabajo de “sampling” que hacen de esta pieza una joya. 





“Aldebaran” - Con dedicatoria para Ridley Scott incluida, asistimos al corte más “cósmico” de todo el disco, en el que Enya juega con las secuencias electrónicas de un modo cercano al de el norteamericano Ray Lynch. Los coros ponen ese punto de distinción que hace de la música de la irlandesa algo tan personal, con unos arreglos que hacen de los textos algo ininteligible primando la estructura fonética de los mismos sobre el significado.

“I Want Tomorrow” - Llegamos así a la primera “canción” con texto comprensible. También tiene un formato más convencional con la artista cantando sobre unos bonitos arreglos de cuerdas. Los coros son utilizados de forma magistral durante toda la pieza que nos ofrece un estribillo de gran belleza. Sin duda, es uno de los grandes temas de Enya en toda su carrera. En la segunda parte escuchamos la guitarra de Arty McGlynn ofreciéndonos un sonido diferente en el que la artista no profundizaría demasiado en los años futuros.

“March of the Celts” - Entre coros etereos comienza a desarrollarse esta canción cuyos primeros acordes de sintetizador podrían recordar en algún momento a Vangelis pero que no tardan en convertirse en una preciosa marcha con el piano como protagonista junto con las cuerdas sintéticas que tanto peso tienen en todo el trabajo.

“Deireadh an Tuath” - Hay en el disco multitud de cortes cuya duración apenas sobrepasa el minuto, cosa habitual en las bandas sonoras. Este es el primero de ellos y tenemos que huir de la idea de que se trata de música de relleno, alimentada por su escaso minutaje. Es este un lamento de gran belleza que no necesita de mayor extensión para emocionar.

“The Sun in the Stream” - Encadenamos ahora una serie de piezas sin texto que comienzan con esta maravilla en la que la gaita del gran Liam O'Flynn, maestro y leyenda del que es uno de los instrumentos más expresivos que nos ha sido dado escuchar: las “Uilleann Pipes” o gaita irlandesa. La melodía escrita por Enya está a la altura del intérprete lo cual es decir mucho.





“To Go Beyond” - Otra miniatura escrita como un “lied” en el que la artista canta junto al piano una preciosa pieza que podría ser una canción de cuna. Todo en ella es encantador, desde la melodía hasta los arreglos.

“Fairy Tale” - Casi como una prolongación del tema anterior comienzan los acordes de un cajita de música propia de un cuento de hadas, como indica el  título. Tras la introducción escuchamos una clásica melodía tarareada en la que la cantante irlandesa y Nicky Ryan hacen una portentosa exhibición de sus capacidades en el estudio de grabación jugando con las diferentes texturas de la voz, organizandola en incontables capas y construyendo una pieza coral en la que realmente sólo hay una cantante. Algo muy imitado en el futuro pero auténticamente excepcional en 1987.

“Epona” - Nueva bagatela, esta vez con sonido de arpa y aire ciertamente tradicional aunque se trata de una composición original. Nuevamente, aquellos que estén familiarizados con la obra de Ray Lynch apreciarán ciertos puntos en común con el artista norteamericano.

“Triad” - Compuesta por tres temas diferentes: “St.Patrick”, “Cú Chulainn” y “Oisin”, es esta otra espectacular demostración del potencial del método sonoro ideado por Enya y Ryan. Sólo desde ese punto de vista, el disco podría ser ya considerado un hito, independientemente de la calidad musical que es altísima. La primera parte, vocal, muestra una serie de coros de gran belleza en una pieza muy tranquila. La segunda, instrumental, retoma los aires celtas y sirve para llevarnos al tema final, una danza maravillosa con varias lineas vocales jugando con las cuerdas y el piano. Una maravilla. Una
más.

“Portrait” - Brevísimo instrumental de piano que en posteriores ediciones del
disco fue sustituido por una versión extendida que llevaba el subtítulo de “Out of the Blue”. Es una pieza en la linea de las primeras composiciones de la artista como las dos que aparecieron en el cassette de 1984 “Touch Travel”, inencontrable hoy en día (aunque una de las dos piezas apareció en un disco posterior).

“Boadicea” - Parece difícil que, llegados a este punto, el disco siga manteniendo un nivel tan alto pero no sólo lo hace sino que nos encontramos aquí con la que, probablemente, es nuestra pieza favorita del mismo: un lamento emocionante en el que sólo las voces replicadas hasta el infinito de Enya (con un mínimo soporte de percusión) se encargan de transportarnos a un lugar mágico. Parte de la canción fue "sampleada" por The Fugees en uno de sus discos lo que le dio mayor proyección. También ha sido empleada en bandas sonoras de películas y series de televisión.





“Bard Dance” - Suenan el arpa y el bodhran en una tonada de inspiración
medieval que podría sonar en cualquier alegre noche de verano junto a la hoguera en una de tantas fiestas que el milenario pueblo celta celebraba en sus días.

“Dan y Dwr” - En una linea similar a “Deireadh An Tuath”, este profundo lamento gaélico nos acompaña hasta el cierre del disco con la emoción a flor de piel.

“To Go Beyond (II)” - Cerrando el trabajo volvemos a escuchar la melodía que ya sonó bajo el mismo título minutos antes. La novedad es el añadido, a modo de coda, de un excepcional arreglo para violín del tema central, interpretado por el músico de estudio Patrick Halling.






Sólo hay una cosa que podemos lamentar de esta banda sonora y es el hecho de que apenas hayan sido publicados cuarenta minutos de la misma, siendo ésta mucho más extensa y faltando por tanto mucho material de gran
calidad por ver la luz. Es cierto que en singles de discos posteriores aparecieron dos composiciones más de la banda sonora (“Eclipse” y “Spaghetti Western Theme”) pero sigue pareciendonos que esta obra merece un tratamiento a la altura y una edición mucho más ambiciosa. En 2017 se cumplirán 30 años desde el estreno de la serie y quizá sería un buen momento para publicar, por fín, toda la música realizada por Enya para la ocasión.

miércoles, 30 de abril de 2014

Enya - Shepherd Moons (1991)



En las músicas que tienen su raíz en la tradición, son muy habituales las sagas familiares y los grupos formados por hermanos, primos y demás familia. Si nos centramos en los países celtas, la proliferación de sagas musicales es casi la norma. Por aquí aparecieron ya los hermanos irlandeses O’Donnell (Nightnoise, The Bothy Band, Relativity...) o los escoceses Cunningham (Silly Wizard, también Relativity...) pero la lista es mucho más extensa.

De dos ramas de la misma familia, los hermanos Brennan y sus tíos, los Duggan, nació en los años setenta el grupo Clannad. Una de las bandas más populares surgida de la vieja Erin. En sus comienzos hacían un folk absolutamente ortodoxo y sólo a partir de su cuarto disco apuntaron algunos detalles del giro estilístico que les haría famosos. En ese disco aparecía ya una nueva incorporación en la figura de la pequeña Eithne Ní Bhraonáin, conocida para la posteridad como Enya. En el primer disco en que interviene se limita a hacer coros y ni siquiera aparece acreditada pero en el segundo ya participa algo más tocando teclados lo que era una novedad en el sonido del grupo.

Ahí termina la historia de Enya en Clannad. Curiosamente el productor de la banda se desliga de ellos y se lleva de la mano a la joven artista. El siguiente disco del grupo irlandés, “Magical Ring” se convirtió en un éxito internacional gracias, fundamentalmente, a la canción que lo abría y todo parecía señalar que la decisión de Nicky Ryan y Enya de bajarse del barco en aquel momento fue un error de proporciones mayúsculas. Nada más lejos de la realidad. Paso a paso y sin precipitaciones, el equipo fue dando forma a un proyecto que iba a cambiar la cara de la música en los siguientes años. Tras un breve paso por una banda que sería el germen de Altan, otro de los buques insignia del folk irlandés, Eithne y Nicky comenzaron a montar un estudio privado del que saldrían auténticas maravillas en los años siguientes. Un par de experimentos más o menos fallidos como dos canciones que se incluyeron en un cassette recopilatorio de escasa distribución y una banda sonora en la que la cantante sólo interviene en dos cortes que no llegaron a sonar en la película (aunque compone varios más que no interpreta) fueron el preludio al primer encargo de cierta relevancia: la composición de la música de una serie documental de la BBC titulada “The Celts”. De ahí surgió un disco sensacional que fue el preludio del éxito mundial con “Watermark”. Enya era ya una estrella y todos estaban expectantes por ver qué vendría después.

Llegados a este punto, hay quien prefiere ver a Enya como un grupo y no como una artista. Un grupo que formarían Eithne, compositora e intérprete de toda la música, Nicky Ryan, productor y artífice del sonido que la ha hecho un icono mundial y su esposa Roma Ryan, escritora y poetisa, autora de los textos de las canciones de Enya.

“Shepherd Moons” – Abre el disco la angelical voz de Enya, doblada hasta el infinito por obra y gracia de la tecnología y el saber de Nicky Ryan, acompañando a un tema de teclados a modo del clásico “lied” para piano y mezzo. La pieza es sencilla pero de gran belleza y se nos antoja una introducción perfecta para el disco. El título hace referencia a dos nuevas lunas de Saturno que fueron descubiertas en aquella época en palabras de Roma Ryan bautizadas como “Epimetheus” y “Pandora”.

“Caribbean Blue” – El salto a la fama de Enya vino con “Orinoco Flow” de su anterior disco, “Watermark”. Este tema haría las veces de aquel en “Shepherd Moons”: sonidos electrónicos recordando ligeramente un arpa preceden a un juguetón ritmo de vals y a una verdadera exhibición de polifonías, juegos florales y cuerdas sintéticas en una pieza que es una obra maestra de la producción. Para hacerse una idea justa de la grandeza de Enya habría que hacer una lista de todos los productos que aparecieron tras su estela en los años noventa intentando imitar su fórmula, no siempre con éxito. “Caribbean Blue” es una de esas canciones inmortales que consagran para siempre a su autora y que justifican por sí mismas un disco.



“How Can I Keep from Singing” – Primero de los dos cortes del disco cuya autoría es ajena (parece proceder de una suerte de espiritual cuáquero), siendo obra de Enya los arreglos. Escuchamos aquí una fantástica balada en la que la artista canta acompañada de un fondo de sintetizadores muy sutil y delicado haciendo gala de un gusto exquisito y una voz perfectamente medida para no salirse de lo que la pieza exige. El pueblo cuáquero envió alimentos a Irlanda durante las hambrunas de finales del S.XIX con lo que la canción es una especie de agradecimiento por parte de Enya.



“Ebudae” – Abandona Enya el inglés en favor de su gaélico natal, una lengua extrañamente musical y de enrevesada pronunciación que nunca falta en los trabajos de la artista. El título hace referencia al nombre en latín de las Islas Hébridas y la pieza combina un rítmico estribillo en la variante escocesa del gaélico que, además, parece inspirado en la “mouth music” tradicional de aquella tierra con una parte más reposada en gaélico irlandés. Las percusiones son interpretadas por Nicky Ryan.

“Angeles” – Si hacemos caso a la leyenda, la voz de Enya aparece doblada hasta 500 veces en algunos momentos a lo largo de esta preciosa balada creando ese particular efecto coral que se ha convertido en marca de la casa. Los arreglos son, como todo alrededor de la música de la irlandesa, un prodigio de sutileza. En la parte final podemos escuchar a uno de los pocos músicos invitados del disco, el clarinetista Roy Jewitt en una breve intervención.

“No Holly for Miss Quinn” – Otra de las constantes en los discos de Enya es la presencia de un instrumental de piano (es un decir, ya que siempre utiliza sintetizadores). Son piezas sencillas y efectivas que parecen cumplir un único objetivo: transportar al oyente hasta uno de los puntos culminantes del disco.

“Book of Days” – Nuestra pieza favorita de “Shepherd Moons” es ésta colosal composición electrónica en la que los ritmos electrónicos (que podrían haber sido firmados por el Vangelis más épico) se combinan con la voz de Enya desdoblada en varios coros celestiales en otro ejercicio impecable de producción y buen aprovechamiento de las posibilidades de un estudio de grabación (castañuelas incluídas).



“Evacuee” – Una extraña pieza que comienza con un apunte de la melodía de “Marble Halls”, canción que sonará más adelante en el disco, seguida de unos lejanos truenos que ya sonaron en “Storms of Africa”, extraordinaria canción del anterior LP de la artista, “Watermark”. Inmediatamente comienza una nueva balada con historia detrás. La letra le fue inspirada a Roma por un documental sobre los bombardeos nazis en la ciudad de Londres en la Segunda Guerra Mundial, más concretamente por una niña que contaba cómo fue la evacuación, la consiguiente separación de sus padres y la posterior reunión con ellos. Tanto Roma como la propia Enya se sintieron profundamente conmovidas por la historia y de ahí surge esta canción. Como curiosidad, en la parte final del trompetista todoterreno Steve Sidwell, miembro de la Michael Nyman Band y cuyo nombre aparece en los créditos de discos de artistas de lo más variado, desde Roger Waters a The Cure pasando por Pet Shop Boys, Oasis, Tom Jones o Amy Winehouse.

“Lothlorien” – Tema instrumental de aire clásico inspirado por la clásica trilogía de El Señor de los Anillos de Tolkien de la que tanto Enya como Roma Ryan son grandes admiradoras. Es una composición enteramente electrónica que guarda muchas similitudes con el trabajo de Enya para la banda sonora de “The Celts” a la que hacíamos referencia algo más arriba.

“Marble Halls” – La cantante irlandesa adapta aquí una canción de su compatriota Michael William Balfe perteneciente a su ópera “The Bohemian Girl”. La melodía era una de las favoritas de la madre de Enya, quien solía cantársela cuando era niña, imaginamos que como canción de cuna dada su estructura.

“Afer Ventus” – Llegamos al tema en latín del disco que suele ser siempre uno de los mejores. En este caso, la premisa se cumple y podemos escuchar los juegos vocales más complejos de todo el trabajo en una suerte de polifonía barroca que se beneficia, una vez más, de las posibilidades de la tecnología.

“Smaointe” – Otra de las grandes baladas a las que nos tiene acostumbrados la cantante. Está interpretada en gaélico y cuenta con la participación del maestro de la gaita irlandesa, Liam O’Flynn, uno de los músicos más grandes que ha dado la isla en las últimas décadas. La canción está dedicada a los abuelos de la artista y fue escrita años atrás, cuando la compañía discográfica le pidió un tema nuevo con el que completar el lanzamiento del CD single de “Orinoco Flow”. La coda final con la gaita de Liam como invitada pone un broche perfecto para el disco.


Todos los trabajos de Enya desde “Watermark” repiten una serie de pautas, a saber: balada en gaélico, instrumental pianístico a los sintetizadores, tema épico de título en latín, balada casi a capella, invitados puntuales en algunos temas (casi siempre interpretando instrumentos de viento) y alguna letra en otro idioma. No hay sorpresa en la música de la artista pero es muy injusto analizarla sólo desde ese punto de vista ya que ¿qué artista no repite una y otra vez las mismas pautas?. Nosotros tenemos una teoría al respecto que quizá desarrollemos cuando toque hablar de los discos posteriores de la artista. Sirva esta entrada como presentación en el blog de Enya, figura capital en las llamadas nuevas músicas sin cuya presencia no habría sido posible entender la obra de muchos otros artistas que casi constituyeron un nuevo estilo basado en las premisas que sentó nuestra artista. También habrá que decir algo más de Clannad pero tiempo habrá para todo ello. Por ahora, os dejamos un par de enlaces en los que adquirir el disco si aún no lo tenéis. Se trata de un clásico en su género que no debería faltar en una discoteca bien surtida y con el que, a título de anécdota, estrenamos nuestro primer reproductor de CD en 1991.