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lunes, 9 de diciembre de 2019

Bill Evans - Interplay (1963)



Sin duda, el pianista de jazz que más ha aparecido por aquí ha sido Brad Mehldau pero a pesar de su gran categoría todavía no es habitual verle en los puesto más altos de esas listas que de vez en cuando aparecen con los nombres de los más grandes de la historia. Uno de los que indefectiblemente siempre está ahí es el músico del que hoy vamos a hablar: Bill Evans. Su importancia en la historia del jazz es crucial y lo es, especialmente, por todo aquello que más se le criticó en su momento. Pese a ser uno de los grandes del género, su formación y sus influencias no procedían precisamente del jazz más tradicional sino de la música clásica y muy especialmente de los compositores impresionistas franceses como Ravel o Debussy. Eso se reflejaba en su forma de tocar y no siempre fue bien entendido.

A lo largo de los años 50 grabó sus primeros trabajos incluyendo su pieza más conocida, “Waltz for Debby” y se hizo un nombre hasta el punto de ser reclamado por Miles Davis para trabajar con él siendo uno de los miembros del grupo que grabó “A Kind of Blue”: EL DISCO. Conociendo la trayectoria de Miles, esto no debería ser un detalle especialmente relevante puesto que por sus distintos grupos pasaron decenas de músicos pero no hay demasiados en esa lista de los que el trompetista afirmase que “planeé todo el disco alrededor de la forma de tocar de Bill Evans”. Miles y Bill congeniaron enseguida como solo lo hacen los grandes genios pero su colaboración fue breve. Había demasiadas pequeñas cosas que de forma sutil conspiraban contra la permanencia en el tiempo de tal asociación. Por un lado estaba la cuestión racial, muy presente en los Estados Unidos de los cincuenta, y que en esta ocasión funcionó en el sentido contrario al habitual. Evans era el único blanco en una banda de negros que tocaba música de negros. Eso no fue nunca un problema entre ellos y, de hecho, Miles bromeaba con él habitualmente llamándole “blanquito” o interrumpiéndole cuando sugería algo con frases como: “hey, relajate... aquí no queremos opiniones de blancos”. La presión era más sutil y es que el sentimiento de que los blancos, una vez más, se estaban aprovechando de la cultura negra para hacer dinero era común entre muchos artistas. Chet Baker, Gerry Mulligan o Dave Brubeck triunfaban y ganaban más que las figuras de color de la época. En palabras del propio Miles, “se suponía que serían una alternativa al jazz que ya se hacía antes, una nueva visión o algún tipo de avance pero en realidad era la historia de siempre: a la mierda negra nos estaban estafando una vez más”. Hay muchas crónicas de la época que reflejan el hecho de que en los conciertos de la banda, los solos de todos los músicos eran ovacionados sin contemplaciones a excepción de los de Evans que, en el mejor de los casos se llevaba algunos aplausos aislados

En cualquier caso, y como decíamos antes, nunca hubo problemas de ese tipo entre Evans y Davis pero sí la clásica incompatibilidad que surge con el tiempo entre los egos de los genios. Quizá también el dinero y el reconocimiento fueron un problema. En aquella época, Miles Davis sencillamente daba unas pocas indicaciones a los músicos sobre lo que quería que tocasen: un par de apuntes sobre la tonalidad, el ritmo, etc. A partir de ahí se trataba de improvisar pero luego todos los temas de los discos aparecían a nombre del trompetista. Se cuenta que Evans reclamó figurar como co-autor de “Blue in Green”, una de las piezas de “A Kind of Blue”. Después de varias discusiones al respecto, Miles le entregó 25 dólares diciéndole que con eso quedaba zanjada la cuestión. Efectivamente, así fue. No volvieron a colaborar. Pocos meses después, Evans lanzaría “Portrait in Jazz”, su primer disco con su nuevo trío y en él aparecía “Blue in Green”. En los créditos Evans incluyó su nombre como autor junto al de Davis.

Aunque el formato favorito de Evans, al margen del de piano solo, era el de trío, el disco que queremos traer hoy aquí no se corresponde con esa formación. En él intervienen los miembros de un improvisado nuevo trío, Percy Heath (contrabajo) y Philly Joe Jones (batería), con el importante refuerzo de Fred Hubbard a la trompeta y el guitarrista Jim Hall con quien Evans había colaborado ya en varias ocasiones anteriormente. No estaba en esta ocasión su batería habitual, Paul Motian, ni Scott LaFaro, el contrabajista cuyo fallecimiento un año antes en accidente de tráfico sumió a Evans en una depresión que le llevó a dejar de tocar durante varios meses. El disco llevó el título de “Interplay” y fue publicado a mediados de 1963.

Bill Evans


“You And the Night And the Music” - El primero de los cortes del disco es una pieza del musical de 1934, “Revenge in Music”. El comienzo es fulgurante destacando la trompeta de Hubbard interpretando el tema central pero a partir de ahí es Evans quien toma las riendas excelentemente acompañado por un sobresaliente Philly Joe Jones a la batería. El siguiente en improvisar es Hubbard que cumple a la perfección para dar el relevo a Jim Hall y su guitarra antes de reunirse de nuevo todos para recrear la melodía principal de la pieza.




“When You Wish Upon a Star” - Bill Evans era un gran aficionado a las películas de Disney lo que explica la elección de esta canción de la película “Pinocho” (1940) en el disco. Es una balada deliciosa interpretada con gran delicadeza por todos los músicos. Fred Hubbard está impecable y la forma de tocar de Evans rebosa sensibilidad por los cuatro costados.

“I'll Never Smile Again” - Este estándar de 1940 popularizado por Frank Sinatra, entre otros, es una perfecta excusa para que la banda se lance a una desenfrenada interpretación en la que Jim Hall brilla especialmente en contraste con la trompeta mucho más contenida de Hubbard. No hemos hablado mucho de Heath y su contrabajo de precisión metronómica pero es que su aportación es tan perfecta que poco se puede añadir.

“Interplay” - La única pieza propia de todo el trabajo es esta magistral composición firmada por Evans en solitario. Parte de una sencilla frase con la que es fácil imaginar al feliz protagonista de una película clásica caminando por las calles de Nueva York con una sonrisa de oreja a oreja, chaqueta abierta, las manos en los bolsillos y silbando a ratos una desenfadada melodía mientras mira en todas direcciones. Probablemente escuchemos aquí la mejor interpretación de Hubbard en el disco aunque todo en la pieza es memorable.




“You Go To My Head” - Otro estándar, esta vez de 1938, grabado por multitud de artistas que van desde Billie Holiday hasta Brian Ferry. Excelente de nuevo la batería de Jones, integrante en su día del primer gran quinteto de Miles Davis. Junto con la exuberante trompeta de Hubbard y un piano cristalino a cargo del propio Evans nos regalan una interpretación inigualable.

“Wrap Your Troubles in Dreams (And Dream Your Troubles Away)” - Cierra el disco esta canción de 1931 popularizada por Bing Crosby en su día (sí, no solo cantaba villancicos). Un colofón excelente para un gran disco. La sección rítmica parece tocada por los dioses y tanto Evans como Hubbard están a un nivel superlativo.




Pese a gustarnos el “jazz” desde hace mucho tiempo, tenemos que reconocer que es uno de los géneros de los que más cosas desconocemos y sobre el que más nos cuesta tener criterios definidos. De hecho, nuestros tres pianistas favoritos (Herbie Hancock, Brad Mehldau y el propio Evans) no pueden ser más diferentes entre sí. De entre ellos, Evans ejemplifica para nosotros la vertiente más clásica del “jazz” pese a sus “impurezas” procedentes del ámbito académico europeo. Seguro que más adelante volveremos a hablar de él pero, hasta entonces, os recomendamos una escucha a este “Interplay” que, pese a no ser exactamente su disco más representativo por ser el primero en que se rodea de un grupo más amplio que su habitual trío, nos parece un trabajo magnífico.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Jim Hall & Pat Metheny (1999)



Pat Metheny tenía apenas 15 años cuando conoció a Jim Hall. Fue en The Guitar, el club en el que que éste tocaba habitualmente. En aquel momento, Hall era ya un artista consagrado que había tocado con alguno de los más grandes como Bill Evans, Sonny Rollins o Ella Fitzgerald y estaba alcanzando un estatus reservado a los más grandes como revolucionario de la guitarra en una música como era el jazz en el que nunca estuvo entre los instrumentos estrella. De hecho, muchos consideran a Hall como uno de los cuatro pilares del jazz para guitarra junto con Django Reinhardt, Charlie Christian y Wes Montgomery. Además de su labor como intérprete, Hall destaca como compositor y no sólo en el ámbito de la guitarra sino en el orquestal habiendo escrito varias obras para ese formato obteniendo importantes reconocimientos en ese campo.

Todos conocemos ya la gran capacidad para asociarse con otros artistas de Pat Metheny pero Jim Hall con su decena larga de discos en solitario frente a los más de 150 firmados junto a otros músicos, demuestra que también en ese aspecto iba por delante de todos. Era solo cuestión de tiempo que los caminos de ambos se cruzasen de nuevo, esta vez dentro de un ámbito profesional y no como músico y seguidor y eso ocurrió en 1990, en el JVC Jazz Festival en Nueva York al que Hall invitaría, entre otros a John Scofield y al propio Metheny. Es curioso porque algo después de aquello, Scofield ofrecería a Pat Metheny grabar con él un trabajo a dúo para su sello de entonces: Blue Note (Hablamos tiempo atrás en el blog del resultado de esa colaboración: “I Can See Your House from Here”) y lo mismo iba a suceder con Jim Hall. Tras el festival, Hall y Metheny comenzaron a dar conciertos juntos y unos años después, ambos grabarían juntos para el sello de Jim (años más tarde el trabajo sería reeditado en Nonesuch, el sello de Metheny). El disco, firmado sencillamente como “Jim Hall & Pat Metheny” iba a contener una serie de dúos de guitarra con Metheny sonando en el canal derecho del estéreo y Hall en el izquierdo, algo similar a lo que pasaba en el mencionado trabajo de Metheny y Scofield.

En su colaboración Hall y Metheny iban a mezclar temas en directo con otros grabados en estudio, composiciones propias con otras ajenas y piezas ya existentes con improvisaciones. En total, 17 temas con Hall a la guitarra eléctrica y Metheny alternando esta con la acústica, con una guitarra clásica sin trastes y con su inseparable “Pikasso guitar”.

Hall y Metheny frente a frente.


“Lookin' Up” - Una composición de Jim Hall es la que abre el trabajo y la elección no puede ser más acertada puesto que nos parece una pieza perfecta para el estilo de ambos artistas. Metheny aporta un ligero aire de bossa nova por detrás mientras Hall, con un fraseo nítido, nos deleita con su buen hacer.




“All the Things You Are” - Primera pieza en directo del disco. Se trata de una versión de una pieza del musical “Very Warm for May” del dúo Oscar Hammerstein II / Jerome Kern en la que ambos guitarristas no se limitan a ejecutar la partitura sino que la estiran y enriquecen a cada compás. Exquisito.

“The Birds and the Bees” - Uno de los alumnos aventajados de Jim Hall en su etapa como profesor fue el violinista y guitarrista de origen húngaro Attila Zoller. También fue él la persona que llevó al aún adolescente Metheny a ver el concierto de Hall en el que ambos se conocieron. Aquí los dos guitarristas le rinden tributo interpretando una de sus piezas más conocidas, también en directo.

“Improvisation No.1” - Hasta un total de cinco improvisaciones se recogen en el disco. La primera de ellas apenas supera el minuto de duración y recae principalmente en Metheny con un Hall apoyando puntualmente durante el desarrollo del tema.

“Falling Grace” - El bajista Steve Swallow es el autor de la siguiente pieza del programa. Swallow había tocado con Hall en los primeros sesenta y con Metheny a mediados de los noventa y los dos guitarristas buscaron una forma de homenajearle incluyendo esta gran composición en su trabajo conjunto.

“Ballad Z” - Pasamos ahora a la primera pieza escrita por Metheny en el disco: un tema lento e intimista de esos que adornan su carrera y que suelen brillar especialmente cuando aparecen en discos como este, a dúo con otro colega.

“Summertime” - Pocos estándares tan estándar como este de la ópera de George Gershwin “Porgy and Bess” y pocas interpretaciones del mismo tan interesantes como esta. Lo que en origen era una balada se convierte aquí en un tema intenso y rápido catapultado por el ritmo de la guitarra acústica de Metheny sobre la que Hall interpreta la parte melódica. Una versión extraordinaria que merece la pena conocer por lo que tiene de diferente y por el valor añadido que le da el ser interpretada en directo.




“Farmer's Trust” - Continuamos con una versión de una pieza de Pat Metheny y Lyle Mays aparecida originalmente en el doble disco en directo del Pat Metheny Group, “Travels”. Tanto Hall como Metheny están realmente inspirados en esta grabación, también procedente de uno de los conciertos del dúo.

“Cold Spring” - El “set” de tres piezas en directo concluye con este tema de Jim Hall en el que, de nuevo, Metheny cumple una función de apoyo y Hall carga con el peso de la melodía. Con todo, es un dueto magnífico en el que ambos artistas mezclan a la perfección.

“Improvisation No.2” - La segunda improvisación es tan breve como la primera pero ahí se acaban las similitudes. En este caso se trata de una arriesgada muestra de “free jazz” en la que Metheny explora todos los sonidos que puede sacar de su “Pikasso” en un corte tan experimental como extraño.

“Into the Dream” - Sigue Metheny con su guitarra “Pikasso” para interpretar este corte de su disco “Imaginary Day”. La versión podría ser una especie de desarrollo más coherente del tema anterior y enlaza con otra improvisación.

“Improvisation No.3” - En este caso, los dos artistas se dejan de experimentos y nos regalan una preciosa balada de sabor clásico. Un tiempo lento de esos que hay que paladear largo tiempo para sacarle todo el jugo.




“Waiting to Dance” - Continuando con el mismo estado de ánimo del corte anterior llega la siguiente pieza compuesta por Jim Hall. Y decimos compuesta por Hall porque es lo que pone en los créditos aunque lo cierto es que en este tipo de registros, sin acompañamiento de otros instrumentistas, las maneras de componer de Hall y de Metheny no siempre son fáciles de identificar.

“Improvisation No.4” - Regresamos a las improvisaciones y con ellas a un cierto grado de riesgo. Metheny se atreve con la guitarra sin trastes y desafía a Hall a un duelo del que no sacamos un ganador claro aunque sí un par de minutos de florituras realmente curiosas.

“Improvisation No.5” - El último tema de estudio del disco es también la última improvisación y, quizá, la mejor de todas. Una pieza fragil y muy inspirada que nos deja con ganas de mas.

“All Across the City” - Cierra el trabajo otro tema de Jim Hall interpretado por el dúo en directo. Como ocurre con todo el disco, una pieza preciosa interpretada de forma inmejorable por los dos guitarristas. Un cierre de altura para un trabajo que obtuvo críticas realmente buenas.

Pese a que en 1999 Pat Metheny era una super-estrella del jazz, el enfoque de este disco no podía ser otro que el clásico de “alumno se enfrenta a maestro”. Jim Hall fue un guitarrista tremendamente influyente y Metheny es, en muchos sentidos, uno de sus más claros discípulos. No tuvieron mucho contacto en los primeros años de la carrera de Pat pero los estilos de ambos tienen tantas similitudes que resulta imposible no ver a uno en la forma de interpretar del otro. De hecho, sería muy difícil distinguir quién toca cada parte en este disco de no figurar en los créditos quién toca en un canal y quién lo hace en el otro. Esta afinidad contrasta con lo diferente que es su música más allá de la guitarra. Tanto las orquestaciones de Hall como los trabajos de Metheny con sus diferentes grupos no pueden ser más distintos entre sí pero aquí, guitarra frente a guitarra, sin artificios de ningún tipo, los dos músicos se comportan como almas gemelas.

Es posible que este no sea un disco para todo el mundo. Si ya el jazz no es una música en la que se entre fácilmente, cuando son sólo dos guitarras las que se enfrentan, el público que puede disfrutarlo a la primera es aún menor. Sin embargo, si os gusta el instrumento y no os retrae la perspectiva de pasar hora y cuarto escuchando a dos guitarristas de jazz, creemos que es una audición más que recomendable.

Como despedida os dejamos este magnífico episodio del programa Legends of Jazz en el que coincidieron, precismente, Hall y Metheny: