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viernes, 11 de octubre de 2024

AIR - Pocket Symphony (2007)



En 2004, AIR publicaron su disco más descaradamente pop hasta el momento: “Talkie Walkie”. Aquello tuvo una muy buena acogida y propició que surgieran nuevas oportunidades artísticas para el dúo. Una de ellas tenía cierto paralelismo con lo que hizo otra popular pareja de pop electrónico en 1989. En aquel entonces, los Pet Shop Boys relanzaron la carrera musical de una actriz y cantante que llevaba más de una década sin publicar ningún disco. En el caso de los británicos hablamos de Liza Minelli y “Results” y en el de los franceses sucedió con Charlotte Gainsbourg en 2006. Godin y Dunckel compusieron un disco completo para la actriz, “5:55” que fue un éxito notable en su momento.


Lo interesante para el disco del que vamos a hablar hoy es lo que de aquella colaboración se trajeron los miembros de AIR, algo que nos hace pensar que parte del material de “Pocket Symphony” (el trabajo que nos ocupa hoy) son descartes de aquellas sesiones. Y es que varios de los artistas invitados al disco de Gainsbourg repiten en el de AIR, concretamente el legendario percusionista nigeriano Tony Allen y los cantantes de Pulp, Jarvis Cocker, y de The Divine Comedy, Neil Hannon. En cualquier caso el nuevo disco de AIR no iba a continuar la línea más pop de su citado “Talkie Walkie” sino que iba a volver a los sonidos más atmosféricos de sus primeros trabajos sin renunciar a una cierta comercialidad en determinados momentos. Este perfil algo más conservador del disco puede tener también algo que ver con que Dunckel acababa de lanzar su primer disco en solitario, “Darkel”, en el que exploraba sonoridades algo más duras y experimentales saciando así esa vertiente de su obra. Los últimos discos de AIR, así como el de Gainsbourg, habían contado con la producción de Nigel Godrich, a quien siempre asociamos con su trabajo con Radiohead, y que seguramente fue el responsable de la presencia en el disco como percusionista invitado de Joey Waronker.


“Space Maker” - El primer corte del disco es una pequeña maravilla ambiental a base de percusiones, guitarras, piano y sintetizadores que nos remiten a sus primeros trabajos pero con una mayor riqueza instrumental. Sigue teniendo ese aire retro pero las referencias a Pink Floyd, por ejemplo, aunque siguen presentes, son mucho más sutiles.


“Once Upon a Time” - El que fue primer single del disco es una gran canción casi monopolizada por un piano obsesivo ayudado por percusiones (en su mayor parte, glockenspiel) y ese particular registro vocal femenino que utiliza Dunckel en muchas de las canciones del dúo.




“One Hell of a Party” - Jarvis Cocker hace su intervención en el disco como vocalista en esta balada con aires de Bowie en la que el propio Cocker es el responsable de las letras. Es una pieza intensa con arreglos muy complejos y un extraordinario trabajo de producción que invita a bucear en la canción identificando nuevos sonidos cada vez.


“Napalm Love” - Algo más electrónico es el siguiente tema en el que el dúo se mete en complicaciones instrumentales que hacen que pensemos en la evolución hacia la electrónica de Radiohead en los primeros años de la década con Godrich como colaborador fundamental. Se mantiene el espíritu de AIR pero convenientemente “ensuciado” para conseguir un toque más oscuro que le sienta muy bien a la voz de Dunckel.




“Mayfair Song” - Continuamos con un corte instrumental en la línea de lo que escuchábamos en “Moon Safari” en su día pero con una menor carga “retro”. Se mantiene el toque nostálgico pero sin tantas referencias sonoras al pasado. Una vez más, es un tema complejo, con muchos recovecos y diferentes secciones que invita a la escucha repetida para apreciarlo en su totalidad.


“Left Bank” - La siguiente canción suena como si Simon and Garfunkel hubieran sido abducidos por un platillo volante y devueltos a la tierra con conocimientos sobre sintetizadores. Una curiosa mezcla entre el estilo de AIR y juegos vocales de otra época con guitarras que suenan intencionadamente fuera de tono en una canción rara pero extrañamente atrayente.


“Photograph” - Volvemos a las escenas sonoras más evocadoras del dúo en una canción lenta que no habría desentonado en la banda sonora de “The Virgin Suicides” que comentamos aquí no hace mucho tiempo. Esponjosos colchones electrónicos, piano, guitarras, un bajo lleno de personalidad para completar una pieza que contiene toda la esencia del sonido de AIR.


“Mer du Japon” - En los meses anteriores a la grabación del disco, Nicolas Godin estuvo aprendiendo a tocar algunos instrumentos japoneses (el koto y el shamisen) con un maestro de aquel país y en el disco los utiliza en varios cortes. Quizá este título tenga que ver con el interés del músico por el país pero lo cierto es que la música va por otros caminos. De hecho, el que fuera segundo single del disco suena mucho más potente que el resto de canciones del mismo, con un ritmo agresivo y pegadizo que nos remite a los temas más dinámicos del antes citado “Moon Safari”. Uno de los mejores momentos del disco, en nuestra opinión.




“Lost Message” - Cambio total de estilo con este lento instrumental electrónico de aire setentero en el que el dúo se recrea en una sencilla melodía que se repite una y otra vez. Delicioso, como todo lo que ha hecho la banda en esta línea.


“Somewhere Between Waking and Sleeping” - Faltaba Neil Hannon por hacer su aparición y lo hace en esta canción en la que se muestra bastante comedido respecto a su habitual forma de cantar, mucho más intensa normalmente. La pieza muestra unos arreglos vocales fantásticos con la voz de Hannon duplicada y jugando consigo misma en unas líneas muy logradas. Un ejemplo perfecto de colaboración entre artistas en la que ambas partes están presentes sin que ninguna de las dos opaque a la otra.


“Redhead Girl” - Acercandonos al final nos encontramos con otra gran canción en la que escuchamos un importante uso de “samples” vocales junto con una atmósfera muy al estilo de Angelo Badalamenti. Impecable.


“Night Sight” - Y ya para terminar, un precioso tema instrumental lento con protagonismo total para el Fender Rhodes de Dunckel. Ambiental y repetitivo pero que nos encanta y con ese toque etéreo que Vangelis le daba a los documentales de Frederic Rossif.



Desde un punto de vista puramente comercial, “Pocket Symphony” no terminó de funcionar del todo bien y su acogida fue peor que la de los trabajos anteriores por lo que podemos decir que marca el comienzo del declive de la banda que, de hecho, solo ha publicado un par de discos más desde entonces (y uno es una banda sonora). En todo caso, no nos parece que este sea un trabajo desdeñable y probablemente esté a la altura del anterior, si no por encima. A la espera de confirmar si el reciente regreso del dúo a los escenarios nos va a traer o no algún nuevo disco, es buen momento para repasar la discografía de AIR, no demasiado extensa y, por lo tanto, sin discos suficientes como para llegar a tener ninguno malo.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

AIR - The Virgin Suicides (2000)



Cuenta Sofia Coppola que decidió que quería ser directora de cine cuando leyó la novela de Jeffrey Eugenides, “The Virgin Suicides”. El texto trataba sobre los conflictos de la adolescencia de cinco hermanas en una familia católica en los Estados Unidos de la década de los setenta y sirvió de inspiración para la que iba a ser la película de debut de la hija del gran Francis Ford Coppola tras las cámaras. La particular temática de la obra tuvo mucho que ver con varias decisiones de Sofia, entre otras, con la de no querer una banda sonora llena de canciones tópicas de los setenta sino de una actual pero que tuviera una cierta inspiración retro que la identificase con aquella época pero sin distraer al espectador con música que pudiera asociar a sus propios recuerdos. La solución, vista desde el presente, parece bastante obvia pero todavía nos sorprende que la directora recurriera a una banda que acababa de debutar y que no tenía ningún tipo de experiencia con las bandas sonoras. Para colmo, ni siquiera eran americanos ni procedían de un país angloparlante. Hablamos, claro, de AIR.


El dúo francés disfrutaba por entonces del éxito de su primer disco, “Moon Safari”, en el que habían conseguido traer a la actualidad un sonido “vintage" y hacerlo funcionar con mucha frescura. El toque melancólico de algunas de sus canciones encajaba muy bien con lo que Sofía Coppola quería reflejar en la pantalla y de ahí surgió el encargo. Los miembros de AIR comentaron que en un principio trataron de que la música encajase en las imágenes todo el tiempo, lo que les daba muchos problemas pero conforme la composición iba avanzando fueron cambiando el enfoque y pensando en canciones que funcionaran como tales y no tan subordinadas a las escenas concretas. No fue una mala decisión porque la música no iba a tener tanta presencia como en otras películas. De hecho hay una gran parte del metraje carente de música en absoluto. Como curiosidad, el tema principal de la película está cantando por el líder de la banda Phoenix, Thomas Mars, bajo el pseudónimo de “Gordon Tracks”. A raíz de su participación en la banda sonora conoció a la que hoy es su esposa: la propia Sofía Coppola. Aparte de él, intervienen en determinados temas del disco el saxofonista Hugo Ferran y el batería Brian Reitzell. Todo lo demás corre por cuenta de Jean-Benoit Dunckel y Nicolas Godin.


“Playground Love” - La principal canción de la banda sonora y su único single fue esta balada en la que lo que más destaca son las cuerdas sintéticas que sirven de fondo, sacadas de un lugar a medio camino entre Pink Floyd y Jean Michel Jarre que, junto con el saxo, aportan un sabor añejo que le da a toda la pieza ese tono naif tan característico de la música de AIR.




“Clouds Up” - Lo siguiente que escuchamos es un tema muy corto que combina electrónica y guitarras muy en la línea de los Pink Floyd de “Echoes”, pieza con la que comparte sonidos pulsantes y una cierta atmósfera.


“Bathroom Girls” - Ese mismo ambiente se replica multiplicado por diez en la siguiente pieza en la que la batería tiene mucho en común con la de Nick Mason aunque son el mellotron y los sintetizadores antiguos los que terminan de ponernos en situación. Una gran pieza llena de nostalgia y sabor setentero.


“Cemetary Party” - La electrónica nos recibe con un ritmo constante de sintetizador que se combina con las guitarras y las voces sintéticas en otro excelente tema que demuestra el gran dominio de este tipo de registros que tienen los miembros de AIR.


“Dark Messages” - Algo más experimental es el siguiente corte construido sobre una sencilla base de sintetizador a la que se incorpora un inquietante vibráfono lleno de misterio. El entorno sonoro perfecto para una película de terror, aunque no sea el caso.


“The Word 'Hurricane'” - Otro tema “floydiano”a base de teclados y guitarras en el que se inserta un fragmento sonoro de la película y que sirve para llevarnos hasta el corte más largo del disco.


“Dirty Trip” - Es esta una pieza en la que encontramos toda la esencia de AIR, o, al menos, de los AIR de sus primeros trabajos. Teclados flotantes, una gran melodía de bajo y sonidos retro para elaborar una composición llena de personalidad e inspiración. Con un toque “jazzy” mezclado con electrónica añeja, es uno de los grandes momentos del trabajo.




“Highschool Lover (theme from “The Virgin Suicides”)” - La versión instrumental de la canción que abría el disco con el piano tomando el relevo como gran protagonista. Un piano que, a fuer de ser reiterativos, tiene mucho de aquel de Richard Wright en “The Great Gig in the Sky” y es que la influencia de Pink Floyd es en este disco más notable que en otros de la banda.


“Afternoon Sister” - Revisión de una de las melodías principales de la película con una presencia extraordinaria del mellotron, instrumento que los miembros de AIR saben ubicar perfectamente en su música.


“Ghost Song” - Retomamos otro de los temas más oscuros del disco con un tratamiento más agresivo y las guitarras eléctricas sonando muy afiladas para adornar una melodía muy del estilo de John Carpenter.


“Empty House” - Un ritmo metronómico, que bien podría imitar el latido de un corazón, marca toda la pieza que mantiene el tono de misterio y terror gótico de alguna de sus predecesoras. Un buen punto dramático a estas alturas del viaje.


“Dead Bodies” - Es aquí donde la banda se desata con un frenético ritmo de piano y batería subrayado por el bajo más tarde por unos teclados extraordinarios que ponen un poco de cordura dentro del caos. Otro de nuestros temas favoritos.




“Suicide Underground” - El cierre, acompañado de una breve explicación a cargo de un narrador sintético, es un tiempo medio muy elegante en el que la música queda en un segundo plano subordinada por la voz que resume parte de la historia de la película.



Una cosa que siempre nos ha sorprendido mucho de este trabajo es la gran consideración que ha alcanzado entre los críticos, especialmente entre los de cine. La banda sonora de AIR suele aparecer entre los listados de las mejores jamás realizadas en el campo del rock o el pop y lo es por su encaje en el propio film ya que no podemos decir que contenga ninguna canción especialmente popular o que haya trascendido la propia película pero lo cierto es que estamos ante un raro caso de simbiosis perfecta entre música e imágenes durante casi todo el metraje.


Particularmente es un trabajo que habíamos tenido un poco ignorado en relación con el resto de la discografía de AIR pero que hemos recuperado en los últimos años y que ha ganado muchos enteros en nuestra valoración. Quizá sea uno de esos discos que no entran a la primera y que requieren de un tiempo para su correcta asimilación o quizá no le prestamos la atención debida en su momento. Sea como fuere, hoy nos parece una gran obra que no podemos dejar de recomendar.

lunes, 22 de julio de 2024

AIR - 10000 Hz Legend (2001)




Normalmente las controversias entre los fans de un grupo suelen surgir a raiz de la aparición de un disco diferente, de un cambio de estilo o de miembros o de cualquier otra circunstancia de ese tipo. Y eso suele suceder cuando la carrera de la banda tiene ya una cierta duración. Lo que no es tan habitual es que la polémica surja ya casi desde el principio. Algo así sucedió con el segundo disco de estudio de AIR: “10000 Hz Legend”. Para ponernos rápidamente en contexto, el dúo había triunfado con “Moon Safari” y su particular sonido retro un par de años antes lo que propició que fueran contactados por Sofia Coppola para hacer la banda sonora de su largometraje de debut: “The Virgin Suicides”. En ese trabajo, la banda profundizaba en esa electrónica lánguida, de aire melancólico y que miraba de reojo a la música de veinte años antes. En muchos sentidos, “10000 Hz Legend” rompe con esa imagen aunque si lo miramos con detenimiento, quizá no haya tanta diferencia con sus anteriores trabajos.


En sus primeras grabaciones, el dúo formado por Jean Benoit Dunckel y Nicolas Godin se encargaban básicamente de todo el trabajo, tanto de composición como de interpretación y producción con la adición de diferentes vocalistas en algunas canciones. Aquí la cosa cambia un poco ya que hay algunos músicos invitados, incluyendo a toda una estrella como era el californiano Beck. Entre los miembros habituales del equipo están el batería Brian Reitzell y el bajista Justin Meldal-Johnsen (quienes acompañaron a AIR en los directos casi desde sus comienzos) pero se daba la circunstancia de que Meldal-Johnsen era el bajista de Beck lo que seguramente tuvo mucha importancia a la hora de conseguir su participación en el disco. No iba a ser su único colaborador en el trabajo ya que también participa en la grabación el teclista Roger Joseph Manning jr. (cincuenta por ciento del curioso dúo The Moog Cookbook sobre los que quizá escribamos algo en el futuro). El resto de invitados iban a ser las voces principales en canciones puntuales: Jason Falkner, del grupo Jellyfish, en tres de ellas (incluyendo dos de los singles), Ken Andrews (en las mismas canciones que Jason), los miembros de la banda japonesa Buffalo Daughter o Lisa Papineau son algunos de los participantes más destacados en la grabación.



“Electronic Performers” - Una cosa innegable es que el disco tiene una personalidad muy particular. El primer corte empieza con una percusión y unas guitarras características que podrían recordar lejanamente al trip hop de Massive Attack pero enseguida se produce un primer cambio la aparición de programaciones electrónicas y una transformación completa con la entrada del piano y la voz distorsionada y autoreferente que nos presenta al protagonista como una especie de androide feliz de vivir en un mundo de ordenadores y sintetizadores, en la línea no-se-muy-bien-si-calificar-de-irónica de unos Kraftwerk o los primeros Aviador Dro. Sorprendentente, y como gran contraste, esa oda a la tecnología termina con unos preciosos arreglos orquestales que llaman mucho la atención.


“How Does It Make You Feel?” - Continuamos con una balada suave en la que escuchamos una voz susurrante combinada con la más clásica de discos anteriores del dúo. Hay algo de Pink Floyd en la batería pero sobre todo una melancolía que nos remite a su entonces reciente banda sonora para “The Virgin Suicides”. Los fondos electrónicos y el bajo son marca de la casa desde “Moon Safari” y junto con los coros, terminan por dibujar una gran canción que fue uno de los singles del disco.


“Radio #1” - Llegamos al la canción que sirvió en su momento de adelanto del trabajo. Un tema de pop electrónico en el que de nuevo apreciamos un toque irónico en su uso del formato de jingle publicitario alargado. Una impresión que se acentúa en la coda final con la voz repitiendo el eslogan de la supuesta emisora de forma paródica.




“The Vagabond” - Además de cantar, Beck aparece como co-autor del siguiente tema del trabajo introducido con un breve tema de armónica ejecutado también por él. A contiuación comienza un tema de aire folk en el que el cantante se acompaña de guitarra eléctrica y palmas a las que enseguida se suman diferentes efectos electrónicos en forma de sonidos marcianos y distorsiones. El toque de Beck es inconfundible pero hay que reconocer que AIR mantienen su personalidad presente en todo el tema.


“Radian” - Llegamos al primero de los dos temas instrumentales del disco, aunque sea una forma de hablar, ya que en él hay voces si bien no cantando un texto. Con él, AIR nos llevan en un viaje  realmente interesante en el que una especie de lamento va surgiendo sobre una serie de “loops” electrónicos que construyen una atmósfera que llega a inquietarnos un poco. Es más tarde cuando entran las flautas y la batería para presentarnos un tema con un toque ingenuo al estilo de Burt Bacharach. La segunda parte con el arpa y la orquesta ocupando la parte principal es ya más cercana al estilo habitual de la banda que se acentúa en el final en el que es un piano distorsionado el que toma el relevo acompañado de una sencilla percusión y algunos efectos sonoros y juegos de guitarra.


“Lucky and Unhappy” - Con un comienzo extraordinario creado a partir de una potente secuencia de sintetizadores llega una de nuestras canciones favoritas del disco, con Lisa Papineau como la voz principal. La evolución del tema electrónico inicial, omnipresente en toda la canción con diferentes variaciones, nos atrapa sin posibilidad de huída y esa continua repetición casi minimalista se convierte en uno de los hallazgos del trabajo.




“Sex Born Poison” - suGar Yoshinaga, uno de los miembros de los japoneses Buffalo Daughter, firma el siguiente corte junto con Godin y Dunckel. Es una canción en la que se produce una curiosa coincidencia ya que la parte inicial de guitarra nos parece demasiado similar a la de otro tema incluido en el disco de debut de Sebastien Tellier que aparecería apenas un mes después del de AIR. Lo curioso es que Tellier se incorporaría semanas más tarde a la gira americana de AIR compartiendo escenario con ellos. La canción, por otra parte, es una balada bastante sencilla con un gran peso de los arreglos y sonidos electrónicos que lo copan todo. Una pieza que quizá no atraiga demasiado el principio pero que gana mucho con las sucesivas escuchas.


“People in the City” - Otro de los singles del trabajo fue esta canción que recupera el tono retro del disco anterior con ese máyor énfasis en la electrónica que define “10000 Hz Legend”. La letra no es más que una continua enumeración de acciones que no va más allá pero que sirve muy bien al conjunto de la canción.


“Wonder Milky Bitch” - Quizá la mayor rareza del trabajo sea este corte que comienza como si fuera la banda sonora de una improbable película de vaqueros espaciales y en la que el estilo y la forma de cantar del narrador así como los silbidos que la acompañan, profundizan en esa dualidad que confronta la música de Morricone para “El bueno, el feo y el malo” con el sonido retrofuturista del theremin. Una canción muy extraña pero que de algún modo termina encajando.


“Don't Be Light” - Probablemente sea este el single del disco que más pinta tenía de single. Beck vuelve a ser la voz principal en una canción sintética, veloz y extremadamente pegadiza en la que el ritmo lo es todo. El comienzo es completamente cinematográfico con una obertura épica que nos predispone para algo grande con la orquesta en plan solemne hasta la entrada de la arrolladora base rítmica (basada en un sample de Jean Pierre Decerf) de la que ya es imposible despegarse. Un gran tema en el que vuelven a aparecer algunas referencias al “western” en la parte final en la que suenan silbidos junto con un arpa de boca.




“Caramel Prisoner” - Cerrando el disco tenemos el segundo instrumental cuyo comienzo bien podría estar sacado de la mismísima “Blade Runner” con esa atmósfera tan particular y los ruiditos electrónicos que aparecían por doquier en el film pero enseguida torna hacia otra cosa de la mano de las guitarras acústicas y esas cadencias tan comunes en la música de AIR que nos llevan a su terreno, acentuado con la voz que entona una melodía bien sencilla a modo de despedida.



Todavía hoy “10000 Hz Legend” sigue siendo un disco controvertido que muchos fans sitúan entre lo peor del grupo mientras que otros tantos lo reivindican como el mejor de AIR. No es nada común que algo así suceda y se mantenga a lo largo de los años. Nuestra postura se encuentra más cercana a los segundos que a los primeros aunque solo sea porque un disco capaz de generar esa división ya cuenta con nuestra simpatía de inicio por el hecho de haberse salido del camino fácil rompiendo con lo esperado por sus seguidores que, además, aún no debían ser un grupo muy consolidado porque apenas contaban con un disco de estudio para agruparse alrededor de él.


En los últimos tiempos parecía que la desaparición de AIR como banda era un hecho ya que su último disco se publicó hace ya más de una década y en todo ese tiempo apenas han realizado algún remix por aquí y por allá o una colaboración puntual con Jean Michel Jarre. Sin embargo algo cambió meses atrás y la banda lleva ya un tiempo en la carretera ofreciendo conciertos, de momento, solo para conmemorar el vigesimoquinto aniversario de “Moon Safari”. En estas condiciones, y pese a que los dos integrantes del grupo han desarrollado ya sendas carreras de gran solidez en solitario, no es descartable un regreso también discográfico. Mientras éste llega (o no) disfrutemos del legado de una de las bandas con una propuesta más original de los últimos años.




jueves, 7 de abril de 2016

AIR - Moon Safari (1998)



Sin saberlo, habíamos escuchado el disco de debut del dúo francés AIR en repetidas ocasiones. En nuestra etapa universitaria acudíamos casi a diario a un acogedor bar de nuestra ciudad en el que pasábamos horas y horas de conversación, de juegos y hasta de lectura con varios amigos. El sitio, visto con la perspectiva de los años, no era nada especial pero, como se suele decir, era nuestro sitio.

La selección musical, para qué negarlo, tampoco era especialmente destacada. Sonaban a menudo Kiko Veneno, Andrés Calamaro, Antonio Flores, Manu Chao y todo tipo de recopilaciones de rock y pop nacional y extranjero. Nada fuera de lo que se solía oír en aquellos años pero de vez en cuando se colaba algún disco diferente que nos llamaba la atención. El trabajo que comentaremos hoy es uno de esos casos.

Se trataba de un disco difícil de clasificar. El sonido y el estilo en buena parte de los temas del mismo era antiguo, propio de los primeros tiempos del pop con sintetizadores. Sonaban allí primitivas cajas de ritmos, elegantes cuerdas sintéticas de esas que abundaban en los primeros discos de un Jean Michel Jarre (por citar un ejemplo conocido) y también poderosos sintetizadores y delicadas voces, deudoras del brillante pasado del pop francés más naïf de los años sesenta. Por si faltaba algo en la mezcla, algunas de las canciones estaban interpretadas a través del clásico “vocoder”. Nunca se nos ocurrió preguntar qué disco era aquel que sonaba pero no tardamos en recibir la recomendación de un amigo de escuchar a un grupo francés que acababa de publicar su disco de debut.

Se trataba de AIR y su “Moon Safari”. El dúo, que había publicado un EP poco antes, estuvo a punto de abandonar la música tras recibir varias respuestas negativas por parte de todas las discográficas a las que habían hecho llegar su trabajo. Quiso la fortuna que un amigo de Nicolas Godin, la mitad de AIR, empezase a trabajar por aquel entonces en un sello propiedad de Virgin Records, animándoles a hacer allí un último intento. La buena acogida de la música del dúo por parte de la discográfica les animó a tomarse la música en serio abandonando las que eran sus actividades hasta aquel entonces, no sin cierta incomprensión: Jean-Benoit Dunckel acababa de ser padre y el anuncio de que dejaba su trabajo para dedicarse a algo tan incierto como la música no fue del todo bien recibido por su familia.

El peso fundamental del disco lo llevan los dos integrantes del dúo aunque participan algunos músicos más. Jean-Benoit Dunckel toca teclados (órganos, sintetizadores, pianos...), flautas, glockenspiel y percusión. Nicolas Godin se encarga del bajo, teclados (todo tipo de ellos, igual que su compañero), guitarras, armónica, percusión y batería. Como complemento, intervienen Beth Hirsch (voz), Stephane Briat y Caroline L. (palmas), Marlon (batería), Eric Regert (órgano), Patrick  Woodcock (guitarra, tuba y trombón) y David Whitaker (arreglos de cuerda y dirección).

Amour. Imagination, Rêve: AIR


"La femme d'argent" – El disco se abre con un tema de ambiente retro, efectos electrónicos, una omnipresente linea de bajo a cargo de Godin y los inconfundibles sonidos del piano eléctrico Rhodes combinado con las cuerdas del Solina, el Korg MS20 y el Moog. Ruiditos  electrónicos de otro tiempo se juntan con un sonido jazzístico en un extraordinario instrumental con una producción modélica que cuida hasta el último detalle, desde la más ligera percusión al magnífico solo de Moog con el que concluye la pieza. Cualquier oyente que intente situar este tema en el tiempo tendría unas altas probabilidades de errar por varios años.

"Sexy Boy" – El primer single del disco era una canción verdaderamente poderosa. Con una base rítmica de gran solidez, Nicolas Godin canta una breve letra infecciosamente pegadiza. Maravillosos sonidos electrónicos se mezclan con progresiones pianísticas, guitarras eléctricas y teclados que dejan melodías por doquier, a cual más inspirada. Es pop electrónico pero de una factura impecable.




"All I Need" - Beth Hirsch canta y es la autora de la letra del que iba a ser el tercer single del trabajo. Pasamos ahora de las florituras electrónicas a una canción de formato acústico con guitarra, bajo y batería como componentes principales y los sintetizadores y teclados en un segundo plano, al menos en su comienzo ya que en la parte final del tema van ganando presencia. Es esta una balada preciosa en la que destaca especialmente la voz de Beth, cantante norteamericana con una escasa trayectoria antes de su aparición aquí, propiciada por una demo que la artista había dejado en casa de un productor al que frecuentaba Nicolas Godin quien, tras escucharla, ofreció a Beth participar en el disco.




"Kelly, Watch the Stars" – La primera canción en la que aparece el inconfundible “vocoder” sirvió también como segundo single. Algo más rápida que “Sexy Boy” es igualmente atractiva. Los sintetizadores sustituyen al bajo a la hora de dibujar poner las bases rítmicas y aparecen instrumentos como el glockenspiel o el piano enriqueciendo enormemente la pieza que termina por ser un catálogo de sintetizadores y sonidos analógicos sin caer en ninguno de los tópicos del género.

"Talisman" – Otro instrumento clásico de los primeros escarceos de la electrónica con la música popular como es el piano Wurlitzer es el elegido para ocupar los primeros minutos de la pieza en la que escuchamos también una primitiva caja de ritmos y una sección de cuerdas real que sirve para que cada tema tenga un sonido distinto al anterior, siendo capaces los miembros del dúo de mantener una unidad estilística a pesar de ello.

"Remember" – Uno de los pioneros de la música electrónica francesa, el veterano Jean-Jacques Perrey, firma esta pieza en compañía de Godin y Dunckel. Estamos ante otra canción interpretada con “vocoder” y llena de timbres añejos (esa guitarra eléctrica “à la” George Harrison...). La percusión tiene también un tratamiento exquisito que incide en ese sabor de décadas atrás. Nos cuesta decidirnos por uno u otro momento del disco a la hora de quedarnos con nuestros favoritos pero este sería uno de los mejores candidatos.

"You Make It Easy" - Tras grabar “Kelly Watch the Stars”, el dúo le propuso a Beth Hirsch participar en otra canción para la que también escribiría la letra. El comienzo, con una ola de ruido blanco y un ritmo que parece procedente de la famosa caja de ritmos Korg Mini Pops, remite inmediatamente al Jean Michel Jarre de “Oxygene (part 6)”, máxime cuando se une con unas cuerdas sintéticas exquisitas para completar la introducción. Luego, queda sólo la caja de ritmos como base de una canción excelente a la que vuelven a incorporarse unas cuerdas reales en una mezcla delicadísima con las electrónicas. La parte final con la armónica haciendo las veces de acordeón, la da al tema un exquisito tono parisino.

"Ce matin là" - Patrick Woodcock es co-autor de esta pieza en la que su interpretación del trombón y la tuba tiene un papel principal confiriendo a todo el tema un aire de sintonía de cabecera de serie de televisión de los años setenta. Una pieza encantadora de esas que nos arranca una sonrisa cada vez que la escuchamos.

"New Star in the Sky (Chanson pour Solal)" – Continuando con el aire de despedida que comenzaba a intuirse con el corte anterior, escuchamos esta suave balada en la que se revelan todas las señas de identidad de la banda como el inconfundible sonido del bajo, los teclados seleccionados con un buen gusto evidente y una serie de melodías que destilan elegancia. Faltaba por aparecer aquí otro instrumento clásico: el “mellotron” que aquí nos deleita con ese sonido etéreo de flautas que hicieron inmortal grupos como los Beatles o King Crimson.

"Le voyage de Pénélope" – La despedida la pone otro tema instrumental. Un tiempo medio en el que destacan los solos de “minimoog”, un instrumento rebelde en ocasiones que se muestra dócil como un gatito en las manos de los miembros de AIR.

Curiosamente, “Moon Safari” alcanzó puestos más altos en las listas británicas (top-10 en el Reino Unido y también en Irlanda) que en Francia (no llegó al top-20). Algo extraño cuando el disco tiene un innegable sonido francés. Muchas publicaciones escogieron este trabajo como el disco revelación del año y tiempo después, revistas como “Rolling Stone” lo mencionaban como uno de los mejores de la década. Si hay algo que rebosa este trabajo, en nuestra opinión, es personalidad. No es nada fácil sonar original y mucho menos aún utilizando elementos tan reconocibles y que remiten inmediatamente al oyente a una época muy determinada. AIR lo hacen y suenan frescos, diferentes a cualquier otra cosa que hayamos oído antes. Gracias al éxito de “Moon Safari”, la directora Sofia Coppola se fijó en la banda y les encargó la composición de la música de su película “Las Vírgenes Suicidas” lo que permitió a AIR llegar a un público aun más amplio y consolidar una carrera que llega hasta nuestros días y nos ha brindado un buen puñado de grandes discos. Si aún no habéis escuchado este “Moon Safari” es un buen momento para hacerlo. No os arrepentiréis.

Nos despedimos con el video-clip de "Kelly Watch the Stars". La versión de la canción es notablemente diferente a la del disco:


 

domingo, 18 de octubre de 2015

Jean Michel Jarre - Electronica Vol.I - The Time Machine (2015)



Tras muchos años de espera, por fin llegó el nuevo disco de Jean Michel Jarre. Con ocasión de su lanzamiento, los amigos de Fairlight Jarre nos pidieron que hiciéramos una reseña del mismo que fue publicada allí en el día de ayer. Ese es el motivo de que el texto sea algo más extenso que los que suelen aparecer en el blog. Os dejamos con el mismo:

“Me gustaría trabajar con Stewart Copeland (batería de The Police)” declaró Jarre a mediados de los años 80. “Me encanta el trabajo de Jeff Mills. Quizá hagamos algo juntos relacionado con la película Metrópolis de Fritz Lang” decía el músico en una entrevista años después. En 1997, Jarre afirma “Me gustaría trabajar con Vangelis algún día. Ambos tenemos raíces latinas aunque él tiene un enfoque más sinfónico”. La lista de artistas con los que Jarre ha mostrado su interés por colaborar en algún momento es muy larga y, si dispusiéramos de una máquina del tiempo para revisar todas ellas, podemos añadir nombres como los de Underworld, les Rythmes Digitales, The Chemical Brothers, Enya y un larguísimo etcétera.

Aquellos que llevamos siguiendo un tiempo la carrera del músico francés no le dábamos a ese tipo de declaraciones mayor credibilidad que a sus reiterados anuncios de conciertos y giras en cualquier lugar del mundo que su interlocutor de turno tuviera a bien sugerirle. Quizá sea un deseo de agradar o un indisimulado afán por colmar las expectativas de sus seguidores pero es un hecho que un porcentaje muy amplio de los proyectos que Jarre anuncia de una u otra forma, no llegan nunca a cristalizar en algo real. Por ese mismo motivo, las reiteradas insinuaciones de un posible trabajo en colaboración con otros artistas no recibían demasiado crédito entre la comunidad de seguidores del Francés por mucha confianza que se depositara en él.

Sin embargo, el río empieza a sonar con más fuerza durante la extensa gira del músico de los años 2009 y 2011 en la que la locomotora de Jarre recorrió toda Europa para ofrecer más de cien conciertos. Como es lógico, a lo largo de la misma, el músico ofreció un buen número de entrevistas en las que hablaba de sus planes de futuro. Ya en 2009 se menciona una colaboración con Moby. En 2010, al coincidir en Oslo, Jarre y los integrantes de Royksopp comentan entre elogios mutuos la posibilidad de hacer algo juntos. Tras terminar uno de los conciertos de la gira, Jarre se reúne durante varios minutos en el camerino con el DJ holandés Armin Van Buuren. Ese mismo año, Jarre habla en un periódico lionés de un posible disco junto con Vitalic, Sebastien Tellier, Air, Moby (de nuevo), Daft Punk o The Chemical Brothers. Algo más desapercibidas pasan unas declaraciones de David Lynch en las que afirma, ya en 2011, que ha hecho algo con Jean Michel Jarre: que el músico francés le envió una composición en la que trabajó completando un tema musical del que no había vuelto a saber nada desde entonces. El lanzamiento del recopilatorio “Essentials & Rarities” en ese mismo año ayudó a que la información sobre ese supuesto disco de colaboraciones quedara en un segundo plano.

Con la finalización de la gira surgen pequeños proyectos en los que aparecen nuevas pistas. En 2012 Jarre patrocina una instalación sonora en su Lyon natal bajo el título de “Gone”. En ella participan los miembros de Acid Washed que remezclan una pieza clásica del repertorio de Jarre. En aquel momento estos indican que tienen planes para una colaboración con Jarre en un nuevo trabajo en la que intervendrían, además, otros artistas de su mismo sello. Entre ellos tenemos nombres como los de John Carpenter, Kavinsky o Sebastien Tellier. Más o menos por aquellas fechas, el propio Tellier habla de una colaboración en marcha con Jean Michel Jarre ¿Y si...? pero no. No merece la pena hacerse ilusiones. ¿o sí?.

Continúan apareciendo indicios. En 2013 Jarre realiza una selección de músicas de un sello francés que aparece bajo el título de “InFine JMJ”. Entre los artistas seleccionados hay uno que aparece en dos ocasiones: Rone, a quien Jarre elogia en aquel momento. Nuevas entrevistas con el artista dejan caer nuevos nombres como el de Christophe, vieja gloria de la canción francesa junto a quien Jarre dio alguno de sus primeros pasos dentro de la industria. El músico hablaba de un trabajo muy especial junto a él. Más o menos por la misma época el nombre de Sebastien Tellier vuelve a relacionarse con el de Jarre para un proyecto común. De hecho, el cantante está grabando parte de su nuevo disco en el estudio de Jean Michel. El propio Jarre habla ya sin rodeos de que tiene pensado publicar dos discos, uno de colaboraciones y un segundo en solitario a la vieja usanza.

A partir de aquí, los rumores se desatan y ya no es el propio Jean Michel quien los alimenta sino otros artistas. DJ Loco afirma haber escuchado algo que Jarre ha hecho junto con Richie Hawtin y que “suena increíble”. Hans Zimmer publica en Facebook una foto junto al músico francés que retira horas después. El cineasta John Carpenter habla en una entrevista de un tema que ha grabado junto a Jarre y que saldrá en un próximo disco en el que también participan Trent Reznor y David Lynch. Ambos nombres se repiten en un artículo aparecido en Polonia que añade a la lista los nombres de Gary Numan y Vince Clarke. Los nombres empiezan a formar un elenco realmente impresionante que dispara ya la imaginación de los seguidores de Jarre que vuela ya libre en estado de total ingravidez.

En el mundo como el actual en el que internet transmite de modo automático la información a cualquier parte del globo, la aparición de fotos de Jarre con cualquier otro artista desata todo tipo de especulaciones. Comienza así a desplegarse un importante álbum de imágenes del músico francés con otros colegas, desde la inglesa Little Boots hasta Tangerine Dream pasando por Bob Sinclair o Carmen Rizzo. Algunos empiezan a desempolvar otras instantáneas de Jarre con otros colegas aparecidas en los últimos años: Brian Eno, Herbie Hancock, Nile Rodgers, Fatboy Slim... Imposible que estén todos en un solo disco. Mientras tanto, comienzan a confirmarse algunos nombres de forma más o menos oficial. Los primeros: Tangerine Dream, Massive Attack, Armin Van Buuren, Hans Zimmer y Pete Townshend. Poco después el miembro de Yello, Boris Blank, afirma que también ellos participan en el disco y aporta otros nombres a la lista: Portishead, Air y Laurie Anderson. La revista DJ Mag deja caer un par de artistas más: Gesaffelstein y the Chemical Brothers. Otros nombres como los de John Talabot, Justice, Rone o el siempre presente Tellier se dan por seguros en diversas webs. Aparentemente el disco de colaboraciones aparecerá a finales de 2014. En los círculos de seguidores de Jarre las “quinielas” con nombres de colaboradores circulan con rapidez. Cualquier mención del músico a otro artista en su cuenta de Twitter o en Facebook desata la locura y rápidamente nombres como los de Fuck Buttons o Bernard Szajner se incorporan al listado de “posibles colaboradores”.

Juguemos al "¿quién es quién?" ¿Alguien se atreve a localizar a los colaboradores del disco?


¿Alguien duda a estas alturas de que habrá disco? Para acabar con cualquier sospecha aparecen en la página web de la SACEM (la sociedad de autores francesa) veinticinco títulos de nuevas composiciones a nombre de Jean Michel Jarre. Poco después se les unen otros once. Nada de esto pasa desapercibido para los fans del músico que, así las cosas, están vigilantes y atentos a cualquier movimiento alrededor de este. Más o menos por estas fechas, Jarre deja aparcado aquel proyectado disco en solitario y se habla ya de que el disco de colaboraciones será doble.

¿Cómo hemos llegado a este punto? Cerremos los ojos un momento y volvamos a 2007. Jean Michel Jarre acaba de publicar su disco más controvertido, “Teo & Tea”, que, de modo casi unánime, es considerado el punto más bajo de su carrera. El momento en que el espejo se rompe y le devuelve a Jarre una imagen que no le gusta nada. La aparición poco después de una “regrabación” del clásico “Oxygene” no mitiga el mal sabor de boca de los fans e incluso le acarrea algunos problemas legales con su antigua discográfica. Este declive no es un hecho casual. Jarre es un artista de un talento inmenso. Tanto que, durante un buen tramo de su carrera, le bastó con él para grabar un buen número de discos inolvidables sin necesidad de dedicarles todo el esfuerzo que estos requerían, esfuerzo que muchas veces se repartía entre las grabaciones y la organización de esos colosales espectáculos en directo que le han dado una fama pareja a la reportada por los propios discos.

De cara a los aficionados, y pese a la buena acogida de las giras de los últimos años, la imagen de Jarre comenzaba a parecerse peligrosamente a la de un músico con más pasado que presente y dispuesto a vivir de las rentas (algo muy legítimo, por otra parte). Sin embargo Jarre es un tipo orgulloso, alguien capaz de hacer de la recuperación de su prestigio una cuestión de honor, casi una deuda de sangre por la herencia recibida y el peso del apellido Jarre en la música. Así, una vez concluidos los conciertos se puso a trabajar en el estudio como quizá no lo hacía desde mucho tiempo atrás. Así, comenzó a componer nueva música, arreglándola, deshaciendola y volviendo a empezar cuando algo no era de su agrado. Si iba a regresar al primer plano lo iba a hacer a lo grande y eso implicaba un nivel de esfuerzo superlativo. También un punto de humildad. Humildad necesaria para ponerse en contacto con otros artistas que le aportasen puntos de vista nuevos, más frescos en el caso de los más jóvenes; con otra perspectiva en el de sus colegas de generación.

Jarre en estos años mantiene una importante actividad al margen de la estrictamente creativa. Cada vez se significa más en la lucha por los derechos de los músicos y por la obtención de una remuneración justa por su trabajo en la era de internet. Ayuda a esto el hecho de vivir por primera vez en mucho tiempo sin estar sometido a la presión de un contrato discográfico una vez extinguida su relación con EMI en 2010. De este modo se explican los ocho años transcurridos desde el infausto “Teo & Tea”. Cada aparición de Jarre en una nueva gala, en un acto de cualquier tipo es interpretada por los fans como la confirmación de un dulce retiro y sus declaraciones sobre nuevos proyectos son recibidas con una media sonrisa de incredulidad. De modo paralelo y casi en secreto, Jarre se embarca en una serie de contactos con muchos de los músicos citados en la primera parte de este texto. Expone sus ideas sobre el nuevo trabajo y las comparte con ellos. Les manda los bocetos de los temas (creados con el estilo de cada colaborador en mente) y viaja a los estudios de cada uno de ellos para trabajar cara a cara, sin intermediarios. El contacto es personal desde el primer momento. Los asuntos legales entre los representantes y abogados de cada uno vienen después. No son importantes. Son años en los que Jarre pasa más tiempo en las cintas transportadoras de los aeropuertos de medio mundo que en el sofá de su casa.

A partir del mes de marzo de este 2015, las noticias se suceden y todo hace indicar que la aparición de un nuevo disco de Jean Michel Jarre es inminente. Aparece en Facebook una foto anunciando “un nuevo disco en el horizonte” sobre lo que parece un fragmento del cartel de la película “Interstellar”. ¿Una pista? Algo así. Muy poco después aparece un primer extracto con música nueva en los créditos de un cortometraje que forma parte de una especie de secuela del film. El tema lleva el título de “Glory” y está realizado en colaboración con M83. Desde este momento se suceden los lanzamientos de todo tipo con un ritmo muy irregular. Aparece sin aviso previo el single “Conquistador” de Jarre y Gesaffelstein en una tienda digital, se anuncia la salida a la venta de tres maxis en vinilo entre los que se encuentra el citado “Conquistador” y sendas colaboraciones con Robert del Naja, alias “3D”, de Massive Attack y con Tangerine Dream en lo que sería una de las últimas grabaciones en las que participó el poco antes fallecido Edgar Froese. Semanas más tarde aparece un EP digital con las remezclas de los tres maxis citados y varias nuevas de “Glory”. El resto es historia conocida y podríamos seguir hablando hasta que se ponga el sol de una cronología que se hace interminable por lo que pasamos directamente a la música. 




“The Time Machine” - Alexander Ridha es un talentoso DJ alemán que firma sus trabajos como Boys Noize. Aunque tiene varios discos publicados en solitario, su fuerte son las colaboraciones y los remixes para otros artistas. Entre otros, ha remezclado temas de David Lynch, the Chemical Brothers, Daft Punk o Depeche Mode. La pieza comienza con las clásicas voces electrónicas que ya sonaban en clásicos como “Chronologie 1” por poner un ejemplo aunque no tardan en dar paso a un secuencia electrónica que sirve de preludio para una descarga rítmica en la que se deja entrever el trabajo de Boys Noize con los citados Chemical Brothers. Una vuelta a la melodía inicial nos acerca al momento en que suenan unas notas muy familiares para el seguidor de toda la vida de Jarre puesto que son ejecutadas con el inconfundible sonido del “laser harp”. Nuevo guiño, y no será el único a lo largo del disco, al aficionado veterano. La pieza es realmente espectacular y sitúa las expectativas en lo más alto.

“Glory” - M83 empezaron como dúo en 2001 pero actualmente es el nombre bajo el que publica su música Anthony Gonzalez. Aunque su obra no tiene muchos puntos en común con ellos, su trayectoria es similar a la de Daft Punk y le ha llevado a realizar sus últimos trabajos dentro del ámbito de las bandas sonoras. La que fue la primera colaboración en salir a la luz es una canción en la que el estilo de M83 es patente, siendo una de las piezas del disco en la que el peso del artista invitado parece mayor quedando la presencia de Jarre muy diluida. La pieza tiene un esquema muy cercano al de otras que han quedado como himnos deportivos en la memoria de los oyentes y el videoclip que la acompaña incide en esa relación con una buena dosis de humor absurdo. También encontramos ahí algunas referencias a los aspectos visuales de la obra previa de Jarre, particularmente al diseño de la portada de “Equinoxe”.

“Close Your Eyes” - Uno de los grupos franceses con un sonido más personal es el formado por Nicolas Godin y Jean-Benoit Dunckel: Air. Su utilización de sonidos analógicos y la gran cantidad de elementos nostálgicos que contiene su música hacían de ellos los candidatos perfectos para formar parte de un disco como este. Es para esta colaboración para la que Jarre se guardaba una de las piezas más importantes del disco. En ella se hace un repaso por la propia historia de los instrumentos electrónicos de modo que el primer sonido procede de un banco de osciladores, el ritmo central se construye a partir de “loops” de cinta y a lo largo del mismo escuchamos, desde el clásico sonido de cuerdas del “Eminent” hasta los agudos timbres del sintetizador EMS AKS en registros próximos al del “theremin” (recuerdo evidente de “Oxygene”). Junto a todo ello, el inconfundible sonido de las voces o el piano de Air aderezados con los efectos electrónicos marca de la casa a cargo del propio Jarre, especialmente presentes en el interludio entre las dos partes de la composición. Probablemente estemos ante la mejor pieza de todo el primer volumen.




“Automatic (part 1)” - Si hay una figura omnipresente en el pop electrónico de los años ochenta esa es la de Vince Clarke, fundador de Depeche Mode, Yazoo o Erasure. Esa trayectoria hizo que Jarre estimase su presencia como necesaria en un proyecto como éste. Es el único artista que aparece en dos de los cortes del disco, aunque estemos hablando realmente de uno dividido en dos partes. La primera de ellas es la mejor en nuestra opinión: una pieza enteramente secuencial que nos remite a los mejores años de la música electrónica realizada dentro del ámbito de la denominada Escuela de Berlín. Dentro de la obra de Jarre se situaría como digna sucesora de “Arpegiator” o de “Oxygene 12”. Otra de nuestras favoritas dentro del disco.

“Automatic (part 2)” - La segunda parte de la pieza cambia totalmente de registro acercándose más al Jarre creador de singles de éxito, particularmente “Chronologie 4” o, más recientemente, “Aero” tema con el que este fragmento comparte muchas características en todos los sentidos. A pesar de una cierta simplicidad melódica, la cantidad de capas de sonido que se pueden escuchar en determinados momentos denotan un trabajo de producción extremadamente cuidado por parte de Jarre en una de las composiciones del disco en las que más nos cuesta entrever la mano del artista invitado.

“If..!” - Una de las participantes más jóvenes del disco es Victoria Christina Hesketh, alias “Little Boots”. Artista inglesa que hace un pop electrónico muy elegante y pegadizo. Se caracteriza por utilizar instrumentos electrónicos más bien extravagantes, algo que la acerca a Jarre. También por tocar el “laser harp” en sus conciertos lo que, sin duda, llamó la atención del músico francés. Su colaboración fue el segundo tema del disco en tener vídeo clip propio tras “Glory”. No es difícil entender el por qué ya que se trata de una canción pop al uso, extremadamente pegadiza y cercana a cualquiera de las que pueden escucharse en cualquier radio-fórmula hoy en día. De una factura excelente tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las piezas más controvertidas del disco por su decidida vocación pop.

“Immortals” - Fuck Buttons son un dúo de Bristol formado en 2004. Proceder de la cuna del “trip-hop” tiene que marcarte de algún modo aunque su estilo es muy personal y no demasiado cercano al de bandas como Massive Attack o Portishead. Emplean instrumentos electrónicos de todo tipo, incluyendo juguetes de Fisher Price o Casiotones. Sus influencias son muy variadas aunque muchos vimos una clara referencia a “Equinoxe” en la portada de “Street Horrrsing”, su disco de debut. Junto a ellos Jarre realiza el corte más épico de todo el disco sin lugar a dudas. Elaborado a partir de una sencilla serie de arpegios que se multiplican entre ecos y “delays”, la composición va ganando en intensidad con cada repetición beneficiandose de una magnífica percusión que recuerda a la de “Globe Trotter”, uno de los temas “menores” más apreciados por los seguidores del músico. Los solemnes fondos de cuerdas que van evolucionando por detrás a lo largo de todo el tema terminan por elevar la pieza hasta niveles extraordinarios recordando por momentos los instantes más grandilocuentes de un Vangelis, por poner solo un ejemplo.




“Suns Have Gone” - De todas las colaboraciones que aparecen en el disco, aquella de la que Jarre lleva más tiempo hablando es la realizada con Moby. Es también la primera de la que se escuchó un fragmento hace años en un breve reportaje que un programa de televisión francés grabó en el estudio de Jean Michel, mostrando algunos segundos de música que luego terminarían siendo parte de esta colaboración. Sonaba algo más en ese vídeo que formará parte con toda seguridad del segundo volumen pero el fragmento es tan breve que podría desembocar igualmente en una composición épica que en música de fondo para hacer la colada. “Suns Have Gone” empieza con un sencillo arpegio que se va desdoblando hasta desembocar en unos preciosos acordes de cuerdas. Hasta aquí, la composición podría recordar en su esquema a “The Oh of Pleasure” de Ray Lynch aunque con una producción muy diferente. Cuando comienza a cantar Moby entramos en una fase completamente diferente a lo largo de la cual descubrimos una composición con todo lo necesario para convertirse en una de las grandes piezas del disco. Como dice Jarre en uno de tantos vídeos que acompañan la promoción de “Electrónica”, Moby tiene un estilo tan marcado que puedes reconocerlo incluso cuando toca una simple nota. Eso se nota en esta canción en la que la aportación del artista norteamericano es tal que cuesta imaginarse cómo sonaría sin él.

“Conquistador” - Otra de las jóvenes promesas de la escena francesa es Gesaffelstein, alter ego de Mike Lévy. En muy poco tiempo, Mike se ha hecho un nombre internacionalmente llegando a producir canciones para Kanye West. Además ha hecho remezclas para varios de los artistas que participan en “Electronica” como Moby, Boys Noize o Vince Clarke. Fue la primera pieza del disco en darse a conocer junto con dos remezclas especiales a cargo del propio Jean Michel Jarre; ambas, en nuestra opinión, superiores a la que finalmente aparece aquí. A pesar de todo, “Conquistador” es una de nuestras composiciones favoritas. Sobre una base muy sencilla que podría recordar el clásico esquema “tubular” de muchas piezas de Mike Oldfield, Jarre y Gesaffelstein despliegan una descarga de energía arrebatadora. Cuando apareció como adelanto del disco nos dimos cuenta de que el proyecto iba muy en serio y de que Jarre no iba a eludir el riesgo en sus colaboraciones. Se agradecen, cómo no, algunas referencias en el apartado de efectos sonoros a piezas fundamentales como “Equinoxe 4” que podemos escuchar en algún momento.

“Travelator (part 2)” - Probablemente el nombre más sorprendente a primera vista del elenco de estrellas que participan en el disco sea el de Pete Townshend. Sin embargo, a poco que se profundice en su trayectoria su presencia cobra sentido ya que con The Who fue uno de los primeros artistas del ámbito del rock en introducir sintetizadores en su música. No fueron, además, unos aparatos cualquiera sino el EMS VCS3, el ARP 2500 y el ARP 2600: tres de los modelos que marcaron de un modo más profundo el sonido de los primeros discos de Jean Michel Jarre. Con toda seguridad es una de las dos o tres colaboraciones que no van a dejar indiferente a nadie por la marcada personalidad de Townshend. Pese a lo alejado del planteamiento estético del tema del estilo habitual de Jarre (tendríamos que remitirnos a algunos singles casi prehistóricos para encontrar algo similar), la química entre el líder de The Who y el músico francés es perfecta (se puede apreciar en los vídeos promocionales cómo Pete disfruta de lo lindo en las sesiones de grabación) y eso hizo que esta pieza vaya a tener vida propia al margen del disco como un EP que aparecerá presumiblemente en diciembre con las tres partes de que consta el tema. Aclaramos así de paso el “part 2” que acompaña al título.

“Zero Gravity” - Y si el nombre de Townshend era inesperado, el de Tangerine Dream es uno de los pocos imprescindibles en los que cualquier fan habría pensado a la hora de formular un deseo sobre sus colaboraciones favoritas para el disco. La legendaria formación alemana grabó su colaboración con Jarre poco tiempo antes del fallecimiento de su líder, Edgar Froese, lo que le da aún más valor a la pieza como una de las últimas en las que participa la que es una de las figuras imprescindibles del género. El disco entero lleva una dedicatoria muy merecida a Edgar. La pieza mantiene un perfecto equilibrio entre el clásico sonido de los Tangerine Dream de los años ochenta, con sus inconfundibles “leads” y secuencias rítmicas y un Jarre que un seguidor no tardará en identificar como el autor de las secuencias y percusiones de piezas como “Arpegiator” o “Night in Shanghai” del disco que recogía los conciertos del músico en China en 1981. Mientras que buena parte de los temas del disco tienen un aire atemporal que no hace fácil situarlos en un momento histórico determinado, “Zero Gravity” tiene un claro acomodo en esa primera mitad de los ochenta.




“Rely on Me” - La colaboración de Tangerine Dream era tan deseada como habitual es ya la presencia de Laurie Anderson en los proyectos más rompedores de Jean Michel Jarre, desde “Zoolook” hasta “Metamorphoses” pasando por su breve intervención en el concierto de las Pirámides. El comienzo, con un repetitivo ritmo de “minipops” (caja de ritmos omnipresente en discos como “Oxygene”) nos acerca a la narración de Laurie: un texto relacionado con la creciente dependencia que tenemos de la tecnología, particularmente de los “smartphones”. La pieza es demasiado corta y no llega al nivel de anteriores colaboraciones entre ambos músicos. Encajaría mejor en un disco como fue “Metamorphoses” que aquí, probablemente.

“Stardust” - Hasta ahora la lista estaba formada por músicos de mayor o menor prestigio pero faltaba un “fan”. Armin Van Buuren, además de un popular DJ y presentador de radio, es un seguidor de la música de Jean Michel Jarre desde muy pequeño. Quizá, de hecho, sea el único de los participantes en el disco que no tiene reparos en declararse fan incondicional de Jarre con lo que la posibilidad de formar parte de “Electronica” debió ser como un sueño hecho realidad para él. El tema no tiene demasiada historia: es la clásica composición “trance” con un estribillo melódico extremadamente sencillo diseñado para no tener que desviar demasiado la atención de la pista de baile mientras se salta sin parar. Hay guiños para el aficionado a Jarre, cómo no, y es que la secuencia principal es un remedo de la solemne “Rendez-Vous II” y en alguna de las pausas que encontramos en el tema podemos escuchar lo que podría ser una referencia a “Souvenir of China”. Con todo, es una pieza que puede gustar mucho al seguidor de Jarre más afín a los recopilatorios de grandes éxitos que a los discos completos.

“Watching You” - De Massive Attack hay poco que se pueda decir a estas alturas. Con apenas cinco discos de estudio y una banda sonora en 25 años, son una de las bandas más influyentes de la escena electrónica y han dejado algunos trabajos que son ya clásicos del género, especialmente “Mezzanine”. Con esta colaboración ocurre lo contrario que con la anterior. En términos estéticos es todo riesgo ya que carece de un esquema convencional, la voz está distorsionada más allá de los límites de lo inteligible y no es sencillo encontrar una melodía fácil de recordar. Precisamente por todo ello, es una de nuestras piezas favoritas de todo el disco. Es una colaboración, además, en la que Jarre puso un empeño particular. Según cuenta, la idea inicial no funcionaba y optó por enviar a Robert Del Naja un tema completamente nuevo. No sabemos cómo era aquel primer ensayo pero lo que finalmente aparece en “Electronica” es un experimento mesmerizante, un alarde de producción a la altura del nombre de los artistas que participan en él. Con unos juegos de percusión increíbles, las clásicas notas de piano de los discos de Massive Attack y referencias a varios temas claves del repertorio de Jarre como “Hey Gagarin”, “Revolutions” o “Chronologie 2”, “Watching You” es otro de los grandes momentos del trabajo.




“A Question of Blood” - Pocos esperarían en un disco de estas características la presencia de un artista cuya faceta principal no es, precisamente, la musical. Sin embargo, el director de cine John Carpenter ha sido el encargado de crear las bandas sonoras de la gran mayoría de sus películas consiguiendo en muchos casos que estas sean inmediatamente reconocidas por parte de los aficionados. Este mismo año se ha publicado “Lost Themes”, el primer disco de estudio de Carpenter al margen de sus bandas sonoras. No podría ser de otro modo con Carpenter de por medio pero la pieza, quizá la más puramente melódica del disco, es capaz de crear un ambiente de verdadera inquietud, ideal para ilustrar cualquier relato romántico de terror. Hay alguna frase que nos recuerda al Jarre de singles como “Hypnose” pero, en general, toda la composición lleva el sello de Carpenter.

“The Train and the River” - Cerrando el disco encontramos una de las intervenciones más controvertidas, no tanto por la calidad del colaborador sino por su dudosa relación con el mundo de la música electrónica. Se trata del pianista chino Lang Lang, superestrella (en el más amplio sentido del término) de la música clásica. La explicación que Jarre le da a su presencia en el disco nos da un pista sobre el auténtico trasfondo del trabajo. ¿Un pianista clásico en un disco dedicado a la música electrónica? Según el músico francés, desde el primer momento sintió que en un disco como este debería haber alguna referencia a un momento clave de su carrera como fueron los conciertos en China de 1981. La mejor forma que se le ocurrió fue contar con un artista de esa nacionalidad. Como quiera que Lang Lang, además de tener un inmenso prestigio en el campo de la música clásica, especialmente entre el gran público, es una persona que no rehuye las colaboraciones y las incursiones en géneros completamente diferentes (ha tocado en discos de Schiller o Mike Oldfield, sin ir más lejos), enseguida se presentó como una posibilidad muy apetecible. La pieza es muy diferente del resto en su concepción. Realmente se trata de un largo pasaje electrónico que combina partes tranquilas con otras más potentes en el que Jarre despliega su capacidad para construir atmósferas sonoras llenas de texturas y sonidos diferentes a los habituales en sus temas más “comerciales”. Sobre ese tapiz sonoro el cometido de Lang Lang es improvisar aquello que se le ocurra con su piano. Como el propio pianista indica, se trata de una experiencia completamente nueva para él que básicamente se ha dedicado a interpretar música de otros durante toda su carrera. Con todo, y pese a lo controvertido del experimento, creemos que el resultado es más que notable y que funciona como un perfecto cierre para la primera parte de un proyecto como “Electronica”. No faltan nuevas referencias de Jarre a su propio pasado como la aparición del sonido del “laser harp” (curiosamente presente en los cortes que abren y cierran el disco) o el uso de acordes completos de “Oxygene 2”

Sobre el papel, Jean Michel Jarre ha querido realizar un repaso de la historia de la música electrónica como género. Un estilo musical que salió de los laboratorios más vanguardistas de las emisoras de radio en la primera mitad del siglo pasado, que se expandió a partir de los años sesenta con la aparición de los primeros sintetizadores comerciales y que terminó por integrarse con todos los estilos populares en los años siguientes hasta convertirse en algo cotidiano dejando por el camino un puñado de nombres que hoy ya son inmortales. Sin embargo, si profundizamos un poco en los estilos y colaboradores de este primer volumen, el panorama descrito no es tan amplio como el que Jarre quiere abarcar sino que parece circunscrito a un territorio bastante más reducido.

Se diría que existe detrás de todo el proyecto una intención no declarada por parte del músico de realizar con “Electronica” el disco-tributo que nadie le ha hecho aún. Creemos adivinar todo un trasfondo reivindicativo que se hace más notorio cuando contemplamos con detenimiento todo el material audiovisual que ido apareciendo de forma paralela al lanzamiento del disco: los “track stories” en los que la mayor parte de los colaboradores hablan de Jean Michel y de su influencia en la historia de la música electrónica o el extenso documental realizado por el canal Arte sobre los dos volúmenes del trabajo abundan en la idea de homenaje a un músico cuyos últimos trabajos no habían hecho mucho en favor de su prestigio. También las nada veladas referencias a momentos concretos de discos anteriores presentes en todos y cada uno de los nuevos temas parecen formar parte de ese mismo objetivo. Desde este punto de vista, “Electronica” tendría mucho de lavado de imagen para mostrarnos a Jarre como un conquistador que es capaz de reunir a su alrededor a un puñado de músicos cuya sola mención impresiona al más pintado.

Edición "deluxe" del disco.


Visto bajo esa óptica, el nuevo trabajo de Jean Michel Jarre lo tendría todo para ser el foco de las más despiadadas críticas por parte de un amplio sector de sus seguidores, disconforme con los últimos años de su trayectoria. Tendríamos que estar de acuerdo con esa opinión de no ser por un pequeño detalle: el disco es magnífico. Simple y llanamente. Quizá sea por el hecho de que es uno de los trabajos de Jarre que esperábamos con mayor escepticismo, por las dudas que nos suscitaba el propio concepto de disco de colaboraciones o por la poca fe que nos quedaba ya en una resurrección del músico al que una vez profesamos una tremenda admiración pero sea como fuere, el fruto de varios años de trabajo, de viajes por todo el mundo, de intercambio de ideas con artistas de generaciones y ámbitos muy diferentes ha tenido el efecto de una transfusión revitalizante sobre la música de un Jean Michel Jarre que nos ha vuelto a regalar un trabajo del que sentirnos orgullosos y del que aún nos queda por conocer una segunda parte proyectada para la primavera del próximo año. A decir de quienes lo han podido escuchar ya, el segundo volumen es todavía mejor que este primero por lo que, de cumplirse esa previsión, la apuesta de Jarre, el doble o nada que planteaba con el que, probablemente, sea su proyecto más ambicioso le habría vuelto a salir bien. Es una curiosa coincidencia que “Electrónica” salga a la venta en la misma fecha en que nació Oscar Wilde, creador de uno de los mitos con el que más se identifica el propio músico: el de Dorian Gray. Esperemos que su retrato continúe a buen recaudo por un tiempo y así Jarre siga mostrándonos su mejor cara durante muchos años. Decía Carl Sagan que, en el fondo, todos somos polvo de estrellas, lo que no es más que una forma de recordarnos la poca importancia que tienen en realidad la mayor parte de las cuestiones de la vida cotidiana así que, qué mejor que disfrutar de aquellas que nos hacen sentir bien y olvidarnos por un momento de otras preocupaciones. ¿cómo? Por ejemplo, introduciendo “Electrónica” en el reproductor de CD y pulsando el “play”.

Nota: En esta reseña se menciona a un gran número de artistas como posibles colaboradores del proyecto además de otros a simple título informativo. Unos, como se ha podido comprobar, ya han aparecido en el primer volumen. Otros lo harán en el segundo y hay varios nombres que no están en el proyecto, bien porque sólo fueron rumores sin mucho fundamento, bien porque en algún momento se decidió que no formarían parte del mismo. También hay varios artistas cuya participación en el segundo volumen está asegurada y no aparecen aquí. Toda la información al respecto puede seguirse dentro de los foros de Fairight Jarre.

martes, 10 de abril de 2012

AIR - Le Voyage Dans la Lune (2012)



Existe una curiosa corriente en los últimos tiempos en la que diversos músicos de todo pelaje deciden poner música a clásicos del cine mudo. Sin salirnos del ámbito de los estilos que tocamos habitualmente en el blog se nos ocurren a vuelapluma una serie de piezas de piano que Wim Mertens escribió para sendos filmes franceses de principios del siglo pasado, la música de Philip Glass para el Drácula clásico de Tod Browning o la ópera La Belle et la Bete sobre el film de Cocteau o la música de Pet Shop Boys para el Acorazado Potemkin.

Tenemos hoy aquí un nuevo ejemplo de este tipo de obras. La película es, ni más ni menos que el “Viaje a la Luna” (1902) de Georges Méliès y los encargados de poner música al clásico, el dúo francés AIR. Formado por un estudiante de arquitectura, Nicholas Godin, y otro de matemáticas, Jean Benoit Dunckel, la bando grabó una serie de singles a mediados de los noventa poco antes de lanzar su disco de debut, “Moon Safari”, que alcanzaría una importante difusión en todo el mundo. El éxito del primer disco de AIR (acrónimo de Amour-Imagination-Rêve) se basa en una combinación de canciones pop y sonidos vintage con profusión de sintetizadores analógicos y antiguas cajas de ritmos en una encantadora fusión de elementos retro que recuerdan a los clásicos del género de los setenta, especialmente a su compatriota Jean Michel Jarre.

Con el motivo de la exhibición en cines de nuevo de la cinta de Méliès, gracias a la restauración de la única copia en color (coloreada a mano, fotograma a fotograma) que existe de la misma y que apareció recientemente en la Filmoteca de Catalunya, los miembros de AIR recibieron el encargo de elaborar una banda sonora completa que acompañase a la proyección del film. Y no se puede negar que la idea tenía sentido: Dos músicos franceses para un clásico francés, sonido electrónico retro para la primera película de ciencia ficción. Todo parecía encajar y los dos músicos se pusieron manos a la obra. La primera dificultad surge por la duración de la cinta: apenas 14 minutos. Debido a ello, la idea de AIR fue justo la contraria a lo que se suele hacer habitualmente. Es usual que las películas (y, por tanto, las bandas sonoras) tengan una duración muy superior a la de un disco comercial de música. Lo que suele hacerse es publicar una versión reducida de la música de la película. Con “Le Voyage Dans la Lune” ocurre lo contrario: AIR compusieron una serie de temas que luego serían “compactados” para encajar en el metraje del film. A pesar de ello, el disco apenas supera la media hora de duración.


El cañón que servirá para lanzar a los aventureros a nuestro satélite

Comentaban en una entrevista reciente los artistas que la mayor dificultad surgía a la hora de conseguir la espontaneidad necesaria para que la música no sonase demasiado “artificial” al sonar junto a las artesanales imágenes de la película. El modo en que solventaron este punto fue mediante la grabación de las canciones en absoluto directo, sin uso de secuenciadores y reduciendo al mínimo estrictamente necesario los retoques posteriores en el estudio. Como es habitual en estos casos, no toda la música que suena en la película aparece en el disco y, en cambio, el CD nos regala varios temas ajenos al film. La estructura del disco no respeta tampoco el orden cronológico de aparición de la música en la película sino que se ha organizado de forma independiente con el objeto de darle una cierta coherencia como objeto musical al margen de las imágenes.

“Astronomic Club” – Se abre el disco con sonido de timbales en un inicio de corte marcial con extrañas voces procesadas y ocasionales golpes de metales. Alrededor de la mitad del tema podemos escuchar unas guitarras en la linea de Pink Floyd y acercandonos al final, unos sonidos que nos recuerdan al “Warszawa” de Bowie / Eno. Dunckel toca el melotrón y el piano eléctrico quedando el resto de instrumentos (sintetizadores, guitarras y percusiones) para Nicolas Godin con la aparición especial de Vincent Taeger (batería) e Isabelle Vuarnesson (cello).

“Seven Stars” – Casi sin solución de continuidad entramos en el segundo corte, también con una introducción de timbales y mucho más reconocible como obra de AIR. Se trata de una composición que podía haber pertenecido sin ningún problema a su disco de debut, el citado anteriormente “Moon Safari” tanto por los efectos electrónicos como por el uso del piano y la voz principal, en este caso a cargo de Vitoria Legrand, líder del grupo Beach House y nieta de Michel Legrand. Junto a los teclados de Dunckel y el característico bajo de Godin (quen también toca los timbales y la guitarra) escuchamos de nuevo a Taeger a las baquetas. La canción no aparece en el montaje de la película.

“Retour Sur Terre” – Un breve interludio de piano interpretado por Nicolas Godin (quien también hace algunas voces) de apenas 45 segundos sirve como transición hacia uno de los puntos fuertes del disco.

“Parade” – Sin llegar a tener la fuerza de otros clásicos del grupo como su popular “Sexy Boy”, la música elegida por AIR para ilustrar el desfile de homenaje a los heroes tras el regreso de la luna es un buen instrumental pop de aires electrónicos, terreno en el que el dúo ha demostrado sobradamente su buen hacer. Algunas referencias al Vangelis más cósmico (circa Albedo 0.39) adornan la pieza y no serán las últimas del disco. Podeis ver el fragmento correspondiente de la película, cortesía del canal oficial en youtube de la banda:



“Moon Fever” – En contraste con el tema anterior, tenemos ahora una pieza cuasi-minimalista con una obsesiva melodía de piano aderezada con arreglos electrónicos en la linea de la producción habitual del grupo. Todos los instrumentos, como ocurría en “Return Sur Terre” están interpretados por Godin salvo algun aporte de Dunckel a los sintetizadores. Se trata de otro de los temas que no suenan en el montaje final de la película.

“Sonic Armada” – Hablabamos antes de las referencias a Vangelis, especialmente al del disco “Albedo 0.39”. Quizá sea éste el tema más controvertido del disco por el gran parecido de su melodía, nada menos que con el mítico “Pulstar” del músico griego. Queremos entender este hecho como la forma que tiene el dúo francés de declarar su admiración hacia el compositor de “Blade Runner” con un guiño a uno de sus temas más populares y, además, con inspiración claramente espacial. El batería Alex Thomas aparece como invitado especial en el tema en la que es su única aparición en el disco.

“Who Am I Now?” – Segunda canción del disco y de nuevo, un tema que no aparece en la película. Para la ocasión se cuenta con la colaboración de los miembros del grupo neoyorquino Au Revoir Simone a las voces en un tema de inconfundible corte francés con un cierto aire misterioso de película de David Lynch.

“Décollage” – El que quizá sea nuestro corte favorito del disco vuelve a insistir con los timbales creando un inquietante fondo sobre el que se desarrolla una veloz y breve melodía de piano. La pieza, de menos de dos minutos de duración, nos deja con ganas de oir más y es que eso precisamente, su escasa duración, lo peor del tema. Se trata de otro de los cortes sin intervención de artista invitados. De nuevo, podeis ver cómo encaja la música con las imágenes:



“Cosmic Trip” – Un nuevo tema casi instrumental de pop electrónico, muy rítmico y basado en un patrón invariable de bajo y batería al que suman ocasionales voces y efectos electrónicos. Continuando con las referencias al pasado, nos parece encontrar en la pieza bastantes influencias de otro dúo francés de cierto éxito en los setenta llamado Space Art, quienes lanzaron varios discos en la misma onda electrónico-espacial que domina todo el album de AIR. Es otro de los demas del disco que no pertenece a la banda sonora de la película.

“Homme Lune” – Un corte casi anecdótico por sus escasos 27 segundos de duración, con un fondo vocal interpretado por Dunckel al mellotron y cuato notas electrónicas desperdigadas. Perfectamente podría haberse integrado como parte del siguiente tema con el que enlaza a la perfección.

“Lava” – Partiendo de los cantos de sirena de “Homme Lune”, comienza el último tema del disco y otro de los puntos fuertes del mismo, especialmente en su segunda mitad en la que nos llevan a terrenos propios de alguno de los fragmentos más psicodélicos de la música de Pink Floyd.

Debemos confesar que las primeras críticas que leímos del disco nos pusieron en guardia ya que no eran demasiado favorables y acusaban a AIR de haber hecho una música en exceso simple y que no funciona separada de las imágenes (cosa, por cierto, nada rara en la música para cine). Sin embargo, nuestra opinión es justamente la contraria: la música resulta mejor escuchada como disco que acompañando a las imágenes de Méliès sin que esto signifique que el experimento resulte fallido. Los aficionados de AIR tienen motivos para estar contentos ya que “Voyage Dans la Lune” es un disco que tiene una buena dosis de todos los elementos que caracterizan al grupo sin sonar del todo repetitivo. Para aquellos que no conozcan la música del dúo, no deja de ser una buena iniciación con la que se pueden hacer una buena idea, a grandes rasgos, de por dónde van los tiros. Particularmente, en La Voz de los Vientos somos admiradores del grupo desde antes de conocerlos (lo explicamos: “Moon Safari” era un disco que sonaba insistentemente en una cafetería en la que pasabamos largas tardes años atrás pero hasta un tiempo después no supimos que cuál era aquel disco que tanto nos había llamado la atención). “Le Voyage Dans la Lune” es un disco que, sin llegar a los niveles de excelencia de aquel trabajo, sí puede pelear en igualdad de condiciones con el resto de la discografía de AIR.


La Luna de Méliès, más cercana al centro de la tierra de Verne que a la real.

Si os animais, el disco está disponible en edición simple o en la que recomendamos, una edición limitada que incluye un DVD con la edición restaurada de la película de Méliès en el montaje que incorpora la música del grupo. Lo podeis adquirir aquí:

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