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miércoles, 12 de febrero de 2025

Laurie Anderson - Amelia (2024)



De pionera a pionera. Ese podría ser un titular fácil para hablar del último trabajo publicado hace unos pocos meses por Laurie Anderson, la polifacética artista que, de vez en cuando, graba algún disco para recordarnos que la música es la actividad por la que es más conocida. Realmente no hablamos de una obra nueva ya que sus primeras versiones datan de hace más de veinte años pero sí  que es la primera vez que decide grabarla. Hablamos del homenaje sonoro que, bajo el nada rebuscado título de “Amelia”, Laurie rinde a la aviadora Amelia Earhart. Estamos hablando de una mujer que rompió varias barreras en su época y que se convirtió en la primera en cruzar el Atlántico sin escalas entre muchos otros logros que la hicieron extraordinariamente popular y la convirtieron en un mito en la cultura estadounidense. También como icono feminista por su labor en favor de la presencia de la mujer como piloto y en muchos otros campos. Como dato significativo, no adoptó el apellido de su esposo tras casarse y, si en alguna ocasión se referían a ella como Mrs. Putnam ella empezaba a hablar de su marido como Mr. Earhart.




El mito de Amelia se agigantó hasta el nivel de leyenda con su último vuelo, en 1937, en el que pretendía convertirse en la primera mujer en circunnavegar el globo desapareciendo para siempre en algún lugar indeterminado del Océano Pacífico. Pese a todas las teorías sobre su posible destino final, lo cierto es que no hay ninguna prueba definitiva ya que nunca se encontró ningún resto del avión o de sus tripulantes.




Es precisamente en esta última travesía donde nace la inspiración de Laurie Anderson para narrar la historia de Earhart basándose en las crónicas de la última aventura y también en los diarios de vuelo de la aviadora. Si en su aclamado “Landfall”, Laurie se acompañaba de los miembros del Kronos Quartet, aquí tiene como soporte a la Filarmónica de Brno dirigida por Dennis Russell Davies con varios invitados especiales como Ahnoni, quien participa en la narración, o el guitarrista Marc Ribot. El disco es breve, poco más de media hora de grabación, y se estructura en 22 cortes lo que hace que la mayoría de ellos duren alrededor del minuto pero esto no impide que la escucha sea fluida y coherente. La voz de la propia Amelia se puede escuchar en uno de ellos dando un toque extraordinariamente emotivo a ese momento.




El disco comienza con “To Circle the World” y la narración de Laurie acompañada de su viola eléctrica en la que presenta el objetivo de la misión con un ambiente que recuerda mucho a su clásico disco “Big Science”, especialmente con la entrada de la voz procesada. Transcurren los diferentes cortes sin solución de continuidad hasta llegar al primer dúo de la artista con Ahnoni (que dobla la voz de Laurie en “Aloft” con la estremecedora intervención de las cuerdas de la orquesta. Un breve solo de violín nos deja ante otro tramo de narración que va contándonos las diferentes etapas del vuelo, desde “San Juan” a “Brasil”, donde escuchamos la guitarra de Marc Ribot antes de pasar a “Crossing the Equator”, segunda intervención de Ahnoni envuelta en unas cuerdas que parecen mecidas por el viento y las olas y nos regalan alguno de los mejores momentos del disco. Un tono más grave se apodera de la grabación en “The Badlands” cuando comprobamos lo duro de la travesía y cómo Amelia lo tenía todo previsto cuando en la magnífica “The Letter” cuenta como llevaba una carta en un idioma que ni siquiera entendía para el caso de que el avión tuviera un accidente sobrevolando el desierto de Arabia con instrucciones sobre qué hacer y a quién llamar. Volvemos a escuchar a Ahnoni en la preciosa “India and on Down to Australia” que mezcla ritmos de la música india con las clásicas texturas de la música de Laurie, la orquesta y un dúo vocal magnífico a cargo de las dos estrellas. La segunda parte de la obra comienza con la voz de la propia Amelia Earhart hablando del papel de la mujer en el mundo moderno y su relación con los avances científicos y tecnológicos y enlaza con “Flying at Night”, otra de esas piezas de Laurie Anderson que nos recuerdan mucho a su obra maestra de 1982 citada más arriba: “Big Science” y que se cuentan entre las mejores del disco en nuestra opinión. En todo caso estamos en un tramo lleno de piezas muy interesantes que, por su corta duración y por el hecho de estar enlazadas unas con otras, hace complicado destacarlas individualmente pero “Road to Mandalay” es otra de las que merece la pena destacar, con un toque alegre a cargo de Ribot que contrasta con la tensión del resto del disco y el tono trágico que adopta a partir de ahora culminando con “The Wrong Way”, penúltima intervención de Ahnoni y donde empezamos a tener conciencia de que el viaje no va a terminar bien, algo que culmina en la conversación que escuchamos en “Radio” y en la emotiva “Lucky Dime” que cierra el disco con el siguiente texto: “Brilla. Mi avión brilla como una moneda de la suerte. Veo mi sombra en el agua. Lo que más recuerdo es el sonido del motor”. La última frase es la misma que Laurie utilizaba para abrir el disco media hora antes.




Somos conscientes de que utilizamos muy a menudo la palabra “fascinante” para calificar a muchos de los artistas que aparecen en el blog pero en el caso de Laurie Anderson creemos que pocas definiciones se le ajustan mejor. Comprobamos, además, con cierta sorpresa, que no le hemos prestado la atención debida a su discografía por aquí pese a ser una artista extremadamente influyente pero que apenas ha publicado un puñado de discos de estudio en más de cuarenta años de carrera. Trataremos de corregirlo en el futuro tratando de centrarnos en sus primeros trabajos. Mientras tanto, no dejéis de escuchar este viaje sonoro con el que Laurie rinde homenaje a uno de los grandes iconos del siglo pasado. Particularmente, “Amelia” nos parece uno de sus mejores discos en mucho tiempo, a la altura de su anterior “Landfall”.




domingo, 12 de enero de 2025

Philip Glass - Songs from Liquid Days (1986)



Hubo un momento en el que Philip Glass estuvo cerca de convertirse en una estrella del pop. Sucedió en 1985 cuando escribió su primer ciclo de canciones y, con diferencia, el más exitoso. Estamos en un momento en que la popularidad de Glass empezaba a trascender los círculos clásicos gracias a discos como “Glassworks” o las bandas sonoras de películas como “Koyanisqatsi” o “Mishima”. El compositor llevaba ya un tiempo en la nómina de artistas de CBS y, suponemos, alguien pensó que era la hora de intentar dar el gran paso con un disco más comercial, al menos en cuanto al formato. Luego veremos que tampoco fue exactamente así pero sí, si lo comparamos con su obra anterior.


Cuenta Glass que el primer problema a la hora de escribir canciones se lo encontró a la hora de escoger los textos ya que él no era un escritor ni había tenido nunca inclinaciones literarias desde el lado de la creación. Pensó entonces que lo mejor era recurrir a cantautores habituados a ese proceso y, dentro de ellos, a algunos conocidos suyos del mundo del rock, el pop y las vanguardias electrónicas. La primera persona a la que recurrió fue David Byrne, el líder de Talking Heads, quien, como Glass, había participado meses antes en la ópera colaborativa “The Civil Wars”. En la parte del proyecto encargada a Philip participó como narradora la artista multimedia Laurie Anderson así que Glass también le propuso a ella la creación de algunos textos. El siguiente participante sería Paul Simon, para quien el compositor había escrito una coda para la canción “The Late Great Johnny Ace” un par de años antes con lo que aquí se presentaba una ocasión perfecta para devolver favores. Desconocemos cómo entraron en contacto Philip Glass y Suzanne Vega. La cantautora llevaba un tiempo moviéndose por los círculos literarios y musicales de Nueva York pero cuando escribió las letras para las canciones de Philip, aún no había publicado su primer disco. De hecho, por las fechas de grabación y publicación de este, es más que probable que pudieran haber sido escritas en los mismos días. Lo curioso es que posteriormente han colaborado más veces como ya comentamos aquí cuando hablamos del disco “Days of Open Hand” de Suzanne. Recientemente, la cantante ha estado de gira, nada menos que como narradora en la ópera “Einstein on the Beach”.


El segundo problema con el que se encontró Glass fue el de encontrar las voces e intérpretes adecuados para cada canción y curiosamente, la elección no iba a ser de figuras importantes sino de personajes más bien secundarios como Bernard Fowler (colaborador durante mucho tiempo de los Rolling Stones y de Jagger en solitario haciendo segundas voces) o Janice Pendarvis, cuya carrera tenía como momentos más relevantes sus coros para Roberta Flack y, sobre todo, para Sting. A ese elenco se suma el trío vocal “The Roches” y, quizá, la única gran estrella del elenco: Linda Ronstadt. Cierra el reparto el tenor Douglas Perry que ya había interpretado el papel de Ghandi en la ópera “Satyagraha” del propio Glass. En la parte de los instrumentistas, además del Philip Glass Ensemble participan en el disco los miembros del Kronos Quartet.


“Changing Opinion” - Comienza el ciclo con la canción de Paul Simon interpretada por Bernard Fowler. Tras una introducción de la sección de viento del Philip Glass Ensemble entra una larga parte de piano inconfundible interpretada por Michael Riesman y que nos deja ya en manos de Bernard Fowler. En el tramo final se suma a la mezcla la flauta de Paul Dunkel para cerrar una canción magnífica pese a no suponer ninguna novedad estilística frente a otras piezas del músico más allá de la adición de voces y texto.


“Lightning” - Lo más parecido a un “single” que hay en el disco es esta apabullante pieza con letra de Suzanne Vega y con Janice Pendarvis como vocalista. Es una descarga de energía dominada por los teclados que nos reciben con los clásicos ostinati “glassianos” y un ritmo frenético. La melodía principal es sencilla pero ineludible y cuenta con una épica que podríamos calificar como de “wagneriana”. Las percusiones añaden fuerza a una mezcla cuya intensidad va subiendo compás a compás hasta la explosión final. Seguramente es la pieza más difundida del disco e incluso recordamos haberla escuchado con frecuencia de niños aunque no podemos precisar si fue como sintonía recurrente de algún programa de radio o TV o porque se difundía en las emisoras comerciales con regularidad.




“Freezing” - La segunda canción de Suzanne Vega es radicalmente distinta en lo musical. Linda Ronstadt es la voz principal con las integrantes las Roches a los coros y el Kronos Quartet en la primera parte de la canción. Luego se suma el Philip Glass Ensemble, especialmente con los teclados a una canción lenta que tiene todas las características de la música de su autor.


“Liquid Days” - Sin solución de continuidad enlazamos con la siguiente canción, primera de dos consecutivas con letra de David Byrne. Seguimos escuchando al Kronos Quartet y las Roches en una pieza algo más rápida en la que la flauta vuelve a jugar un papel importante.


“Open the Kingdom” - Subtitulada como “Liquid Days part II”, es nuestra canción favorita de todo el trabajo. Douglas Perry toma las riendas de una pieza magnífica introducida por un piano solemne y que está llena de cambios de ritmo en una evolución extraordinaria. Es como si resumiéramos lo mejor de una ópera como “Satyagraha” en apenas cinco minutos con un “in crescendo” final realmente espectacular. Uno de los mejores Glass de siempre, en nuestra opinión.




“Forgetting” - Cerrando el ciclo volvemos a la combinación Kronos Quartet / The Roches / Linda Ronstadt para interpretar un texto de Laurie Anderson. Es una canción que mezcla partes vocales lentas (con el cuarteto de cuerda) con otras más rápidas en las que interviene parte del grupo de Glass. Un buen cierre para una colección de temas que han quedado bastante olvidados en el repertorio “glassiano”.


Glass y su ensemble llegaron a actuar interpretando “Lightning” en el Saturday Night Live, con todo lo que eso conlleva, y la canción sonó con cierta asiduidad en aquellos años en la radio, incluso aquí en España pero en ningún caso podemos hablar de un éxito popular aunque “Songs from Liquid Days” es el único disco del músico que llegó al top-100 general de la revista Billboard (puesto 91) permaneciendo trece semanas en las listas. En todo caso, la crítica de la época, pese a ponderar en su justa medida el trabajo, no pasó de considerarlo “un Glass menor”. En nuestra opinión, esta valoración no es del todo correcta y creemos que “Songs from Liquid Days” es uno de sus mejores trabajos de los ochenta y un paso hacia la comercialidad muy contenido que mantenía toda la esencia del compositor en aquellos tiempos además de revelar una desconocida habilidad para escribir canciones cortas más allá de las que se podían escuchar en el contexto de sus óperas. Con los años, Glass ha llegado a escribir varias más con resultados notables en muchos casos pero lejos del nivel de esta colección según nuestro criterio. Sin ponerle un “pero” al disco, siempre nos llamó la atención que el músico no hubiera pensado en que fueran los autores de cada texto los encargados de cantarlo. Hay cortes como el último de Laurie Anderson en los que creemos que su voz habría funcionado de maravilla aunque seguramente había asuntos legales y de contratos de los artistas con sus respectivas discográficas que lo habrían complicado mucho.

miércoles, 12 de enero de 2022

I / Still / Play (2020)



Normalmente, los directivos de las grandes discográficas son los malos de la película. Las personas encargadas de hacer dinero y de conseguir que los artistas hagan los discos que más vendan y no siempre los que ellos desearían hacer. ¿Cuántas veces hemos leído a músicos culpando de un mal disco a las presiones de la discográficas? Ese es un tópico que se ha repetido de una u otra forma  prácticamente desde que existe la música grabada.


Sin embargo no siempre es así y existen jefes que son muy apreciados por sus artistas hasta el punto que deciden grabar discos dedicados a ellos. Es el caso de Bob Hurwitz y del disco que comentamos hoy. Hurwitz, pianista de formación, llegó a Nonesuch en 1984 tras un breve periodo en la división norteamericana de ECM y fue presidente de la compañía hasta 2017. En ese tiempo amplió los tipos de música que iban a tener cabida en el sello “fichando” a varios artistas contemporáneos de distintos géneros para acabar convirtiendo un sello de orientación clásica en otro puntero en músicas vanguardistas incorporando también a músicos de jazz, electrónicos, de rock, etc. sin perder la esencia de la marca.


Cuando Hurwitz comunicó a sus allegados que iba a dejar el puesto de presidente, uno de sus mejores amigos, el compositor John Adams, pensó en rendirle homenaje mediante un disco en el que algunos de los artistas que Hurwitz contrató en su día aportarían una composición creada específicamente para el disco. Como Hurwitz era pianista, se decidió que serían piezas para este instrumento. Como anécdota, en el libreto del disco comenta Randy Newman que decidió firmar con él porque era el único directivo de una compañía discográfica que tenía un piano en su despacho ¡y que sabía tocarlo! La lista de participantes en el trabajo es impresionante y entre las piezas que componen el mismo se incluye alguna pieza que, por desgracia, fue una de las últimas composiciones de su autor. El intérprete de casi todas ellas es Timo Andres con algunas excepciones que comentaremos en su momento.

Imagen de Robert Hurwitz


“Move” - Abre el disco una composición de Nico Muhly, uno de los más interesantes músicos actuales, bien conocido ya por los lectores del blog. Su aportación es una pieza dinámica y juguetona en el inicio a base de pequeñas secuencias de notas separadas por un pulso continuo. Repetitiva en tanto que deudora del minimalismo pero con mucha personalidad.




“Wise Words” - Cuenta Timo Andres, autor de la pieza, que en una de sus visitas al despacho de Hurwitz, se dio cuenta de que éste tenía la partitura de la “Sonata para piano, Op.90” de Beethoven en el piano. Recordando ese momento, Andres decidió tomar esa obra como punto de partida para su composición de homenaje. Su composición, sin embargo, tiene poco de clásica y suena absolutamente actual con algún toque de jazz al estilo de Brad Mehldau por poner un ejemplo conocido.




“Rimsky or La Monte Young” - Louis Andriessen relaciona a dos músicos tan diferentes como Rimsky Korsakov y La Monte Young en esta breve pieza de piano que, a la postre, fue una de las últimas que firmó antes de morir a mediados del año pasado. El inicio recuerda, efectivamente, a “The Well Tuned Piano”, la colosal obra de Young para enlazar en la segunda parte con un ostinato en el que encontramos reminiscencias del autor de “El vuelo del moscardón”.


“I Still Play” - La aportación de John Adams a la colección sirve también para darle título al propio disco. Es una pieza interpretada por Jeremy Denk y está muy alejada del minimalismo habitual de Adams que opta por un sorprendente tono entre romántico e impresionista. A partir de la introducción escuchamos diferentes variaciones en estilos muy distintos que completan una composición con mucha profundidad.


“Evening Song No.2” - La primera “Evening Song” de Philip Glass formaba parte de la ópera “Satyagraha”, estrenada a principios de los ochenta. En cualquier caso no encontramos ninguna similitud entre ambas ya que esta segunda “canción” parece más cercana al ciclo de las “Metamorphosis” del compositor norteamericano que a la citada ópera. Como ocurre a veces con Glass, esta miniatura terminó evolucionando en otras composiciones como su “Quartet Satz”.




“Song for Bob” - Una de las mayores curiosidades del disco es esta pieza de Laurie Anderson, artista que no se prodiga demasiado con el piano. La artista opta por una construcción peculiar, con breves motivos melódicos separados por silencios. A cada repetición, la melodía cambia ligeramente, a veces alargándose, a veces insertando más notas entre las que había en la repetición anterior... en suma, una interesante composición, máxime viniendo de quien viene.


“L.A. Pastorale” - Brad Mehldau interpreta su propia composición y opta por un tono tranquilo con un esquema de tema y variaciones en evolución continua. No sorprende, dado el inmenso talento de su autor, pero estamos ante una de las dos o tres mejores piezas de la colección, en nuestra opinión.




“For Bob” - La aportación de Steve Reich al CD es realmente atractiva por cuanto tampoco el compositor es muy dado a escribir piezas para piano solo sin acompañamientos electrónicos o grabaciones que vayan interactuando con el propio intérprete. Pese a ello su estilo es reconocible de inmediato e incluso nos parece escuchar alguna cita de otras obras recientes del músico.


“42 Years” - Mehldau vuelve a ponerse frente a las teclas para interpretar esta pieza de su gran amigo Pat Metheny que nos regala el tema más melódico del disco, con ese toque de melancolía que tan bien le queda a determinadas obras del guitarrista. Una preciosidad llena de sensibilidad y delicadeza para ser escuchada una y otra vez.


“Her Wits (About Him)” - El único artista del disco del que no teníamos referencias previas es el compositor irlandés Donnacha Dennehy, una de las últimas incorporaciones de Hurwitz al sello. Éste opta por un intrigante comienzo en el que juguetea de forma obsesiva con las notas más agudas del piano para ir evolucionando hacia un tono más oscuro.


“Recessional” - Cierra el trabajo Randy Newman interpretando una pieza propia de estilo claramente cómico disfrazado de marcha solemne. Una miniatura agradable que pone el punto y final al disco dejándonos con una sonrisa en la boca.



Por lo general no somos muy amigos de este tipo de discos-homenaje que, en la mayor parte de los casos, tienen mucho de operación comercial y, además, los artistas suelen aportar alguna pieza de relleno a la que no han encontrado acomodo en alguno de sus trabajos “normales”. No parece ser el caso de este “I/Still/Play” dada la relación de amistad de todos los participantes con el homenajeado. El hecho de que todas las piezas sean inéditas y escritas para la ocasión aporta un valor extra al CD que, de esta forma, se hace casi imprescindible para el seguidor de cualquiera de los artistas participantes. Cuando, como es nuestro caso, somos admiradores de la práctica totalidad de ellos, recomendar este disco es casi una obligación. Nos despedimos con Timo Andres tocando en vivo la pieza que da título al disco:





lunes, 11 de marzo de 2019

Laurie Anderson & Kronos Quartet - Landfall (2018)



Si algo nos han enseñado los cómics de Marvel es que Nueva York está a salvo de la mayoría de catástrofes naturales a las que se enfrentan muchas otras ciudades del mundo. Quizá por eso es el escenario predilecto para el desarrollo de los planes más disparatados de los supervillanos y los científicos locos, las invasiones extraterrestres y los ataques terroristas de todo tipo. Cuando la mente de un guionista diseña alguna de estas amenazas no falta el personaje que exclama algo así como: “La ciudad está construida sobre un lecho de roca sólida. No puede haber terremotos aquí”. Y, sin embargo, en octubre de 2012, la ciudad norteamericana fue azotada por el Huracán Sandy que causó inundaciones, apagones e importantes desperfectos por toda la ciudad.

A la perplejidad general por los efectos de la tormenta se sumó la artista Laurie Anderson cuando bajó al sótano de su apartamento en el Bajo Manhattan, la zona más afectada por las inundaciones, y se encontró gran parte de sus cosas flotando. Sintetizadores, libros, diversos escritos y material de todo tipo que había ido atesorando durante su carrera estaban perdidos para siempre. Ese sentimiento de pérdida recorre de principio a fin su último disco: “Landfall”.

Otra cosa que nunca falta en los cómics de Marvel son los cruces entre colecciones, las apariciones de un personaje en la serie de otro. En la música estas interacciones también son relativamente habituales pero había una que no se había llegado a dar nunca pese al deseo de David Harrington por conseguir que ese encuentro tuviera lugar. El líder del Kronos Quartet llevaba proponiendo a Laurie Anderson una colaboración desde que ambos se conocieron en 1989 pero la artista neoyorquina siempre se había negado. La razón era sencilla en apariencia: Laurie trabajaba construyendo entornos electrónicos para sus textos pero este trabajo siempre lo realizaba en estudio. No tenía ni idea de cómo orquestar una pieza con partituras y mucho menos aún de componer para un cuarteto de cuerda. Pese a ello, Harrington nunca dejó de insistir y cuando la artista publicó “Homeland” en 2010 creyó haber encontrado el argumento definitivo. Ese disco se cerraba con “Flow”, una composición para violín interpretada por la propia Laurie quien desdoblaba su instrumento en diferentes pistas para dar una sensación de conjunto. Nada más oírla, el violinista se puso en contacto con ella para decirle: “hey, Laurie, por fin lo has hecho. Has compuesto la pieza que siempre te estaba pidiendo para el Kronos Quartet”. Con su permiso, Harrington incorporó “Flow” al repertorio en directo del cuarteto llegando a ensayar con la propia artista en los prolegómenos de uno de los conciertos del grupo en la Universidad de Maryland. En palabras de David, aquel fue el germen de “Landfall”.

La primera versión de la colaboración entre Laurie Anderson y el Kronos Quartet se estrenó en 2013 con el título de “Scenes from my New Novel” y no estaba tan centrada en los efectos del Huracán Sandy como en la idea de pérdida en general. Incluía otros conceptos relacionados con la ésta como un recuento de especies animales extintas, sueños que apenas se recuerdan durante unos minutos tras despertar e incluso la sensación que queda tras subir a un karaoke y que se vaya la luz justo cuando empieza tu canción. En muchas reseñas del disco se habla de que el fallecimiento de Lou Reed (marido de Laurie, que murió en octubre de 2013) marcó también la creación de “Landfall” pero la propia artista desmiente esa posibilidad cuando afirma que Lou escuchó la obra en todas sus fases e incluso aportó muchas ideas que finalmente aparecen en el trabajo. El disco, de hecho, se grabó apenas unos meses después de la muerte del cantante aunque tuvieron que pasar cuatro años más para que fuera publicado, algo que sucedió a finales del pasado 2018.

Laurie Anderson hace las veces de narradora además de tocar el violín, los sintetizadores, percusiones y todo tipo de efectos electrónicos. El Kronos Quartet está integrado por David Harrington y John Sherba (violines), Hank Dutt (viola) y Sunny Yang (violonchelo).

El Kronos Quartet junto con Laurie Anderson en una actuación en directo.


“Landfall” consta de treinta pistas en su edición en CD. En ellas se alternan las partes interpretadas por el cuarteto (como el movimiento inicial cuyo inicio nos recuerda mucho al primero del “Cuarteto de Cuerda No.5” de Philip Glass) con otras piezas en las que es el violín eléctrico de la artista el principal protagonista como ocurre en la oscura “Wind Whistles Through the Dark City”. Magnífica nos parece “The Water Rises” en la que un ritmo electrónico sirve de soporte para una estremecedora partitura para cuarteto con el apoyo del piano de Laurie. Con “Our Street is a Black River comienzan las características narraciones de la artista acompañada apenas con unas notas de piano y algunas texturas electrónicas de fondo. El esquema del disco es más o menos ese con ligeras variaciones y a partir de ahí se suceden piezas llenas de dramatismo como “Darkness Falls”, curiosos textos narrativos por parte de Laurie Anderson (“Dreams”), experimentos electrónicos como “The Dark Side” y recreaciones de partes anteriores de la obra (“Built You a Mountain”). Entre nuestras partes favoritas, “The Electricity Goes Out and We Move to a Hotel”, esa especie de homenaje al “Purple Haze de Jimi Hendrix que es el final de “The Nineteen Stars of Heaven”, la breve pero contundente “Never What You Think it Will Be”, esa maravilla en la que es imposible no reconocer a la mejor Laurie que es “Riding Bicycles Through the Muddy Streets” o “We Head Out”, uno de los mejores momentos de todo el disco.




Muchos de los cortes del “Landfall” no tienen texto narrado pero sí lo tenían en forma de proyecciones en las representaciones en directo por lo que la experiencia de la escucha del CD queda algo coja en comparación. Precisamente gracias a los conciertos que ofrecieron para presentar el disco, Laurie Anderson y el Kronos Quartet, ganaron recientemente el Grammy a la mejor interpretación de cámara del año, reconocimiento más que merecido para ambos y que Laurie aún no había obtenido pese a sus dos nominaciones previas (el cuarteto acumulaba ya 11 nominaciones y un galardón). Es curioso que la colaboración entre estos artistas haya tardado tanto en producirse y más teniendo en cuenta que ambos por su cuenta han grabado con más de un artista en común e incluso han llegado a participar en una misma composición: “Forgetting” del disco “Songs from Liquid Days” de Philip Glass en el que Laurie era la letrista y el Kronos Quartet formaba parte de los intérpretes.




Creemos que “Landfall” fue uno de los mejores discos del pasado año 2018 y que también se encuentra entre los mejores de las respectivas discografías tanto de Laurie Anderson como del Kronos Quartet con lo que estamos hablando de uno de esos trabajos que hay que tener y que quizá no sea sino la primera de varias colaboraciones entre dos pilares fundamentales de la música norteamericana de las últimas décadas.


domingo, 18 de octubre de 2015

Jean Michel Jarre - Electronica Vol.I - The Time Machine (2015)



Tras muchos años de espera, por fin llegó el nuevo disco de Jean Michel Jarre. Con ocasión de su lanzamiento, los amigos de Fairlight Jarre nos pidieron que hiciéramos una reseña del mismo que fue publicada allí en el día de ayer. Ese es el motivo de que el texto sea algo más extenso que los que suelen aparecer en el blog. Os dejamos con el mismo:

“Me gustaría trabajar con Stewart Copeland (batería de The Police)” declaró Jarre a mediados de los años 80. “Me encanta el trabajo de Jeff Mills. Quizá hagamos algo juntos relacionado con la película Metrópolis de Fritz Lang” decía el músico en una entrevista años después. En 1997, Jarre afirma “Me gustaría trabajar con Vangelis algún día. Ambos tenemos raíces latinas aunque él tiene un enfoque más sinfónico”. La lista de artistas con los que Jarre ha mostrado su interés por colaborar en algún momento es muy larga y, si dispusiéramos de una máquina del tiempo para revisar todas ellas, podemos añadir nombres como los de Underworld, les Rythmes Digitales, The Chemical Brothers, Enya y un larguísimo etcétera.

Aquellos que llevamos siguiendo un tiempo la carrera del músico francés no le dábamos a ese tipo de declaraciones mayor credibilidad que a sus reiterados anuncios de conciertos y giras en cualquier lugar del mundo que su interlocutor de turno tuviera a bien sugerirle. Quizá sea un deseo de agradar o un indisimulado afán por colmar las expectativas de sus seguidores pero es un hecho que un porcentaje muy amplio de los proyectos que Jarre anuncia de una u otra forma, no llegan nunca a cristalizar en algo real. Por ese mismo motivo, las reiteradas insinuaciones de un posible trabajo en colaboración con otros artistas no recibían demasiado crédito entre la comunidad de seguidores del Francés por mucha confianza que se depositara en él.

Sin embargo, el río empieza a sonar con más fuerza durante la extensa gira del músico de los años 2009 y 2011 en la que la locomotora de Jarre recorrió toda Europa para ofrecer más de cien conciertos. Como es lógico, a lo largo de la misma, el músico ofreció un buen número de entrevistas en las que hablaba de sus planes de futuro. Ya en 2009 se menciona una colaboración con Moby. En 2010, al coincidir en Oslo, Jarre y los integrantes de Royksopp comentan entre elogios mutuos la posibilidad de hacer algo juntos. Tras terminar uno de los conciertos de la gira, Jarre se reúne durante varios minutos en el camerino con el DJ holandés Armin Van Buuren. Ese mismo año, Jarre habla en un periódico lionés de un posible disco junto con Vitalic, Sebastien Tellier, Air, Moby (de nuevo), Daft Punk o The Chemical Brothers. Algo más desapercibidas pasan unas declaraciones de David Lynch en las que afirma, ya en 2011, que ha hecho algo con Jean Michel Jarre: que el músico francés le envió una composición en la que trabajó completando un tema musical del que no había vuelto a saber nada desde entonces. El lanzamiento del recopilatorio “Essentials & Rarities” en ese mismo año ayudó a que la información sobre ese supuesto disco de colaboraciones quedara en un segundo plano.

Con la finalización de la gira surgen pequeños proyectos en los que aparecen nuevas pistas. En 2012 Jarre patrocina una instalación sonora en su Lyon natal bajo el título de “Gone”. En ella participan los miembros de Acid Washed que remezclan una pieza clásica del repertorio de Jarre. En aquel momento estos indican que tienen planes para una colaboración con Jarre en un nuevo trabajo en la que intervendrían, además, otros artistas de su mismo sello. Entre ellos tenemos nombres como los de John Carpenter, Kavinsky o Sebastien Tellier. Más o menos por aquellas fechas, el propio Tellier habla de una colaboración en marcha con Jean Michel Jarre ¿Y si...? pero no. No merece la pena hacerse ilusiones. ¿o sí?.

Continúan apareciendo indicios. En 2013 Jarre realiza una selección de músicas de un sello francés que aparece bajo el título de “InFine JMJ”. Entre los artistas seleccionados hay uno que aparece en dos ocasiones: Rone, a quien Jarre elogia en aquel momento. Nuevas entrevistas con el artista dejan caer nuevos nombres como el de Christophe, vieja gloria de la canción francesa junto a quien Jarre dio alguno de sus primeros pasos dentro de la industria. El músico hablaba de un trabajo muy especial junto a él. Más o menos por la misma época el nombre de Sebastien Tellier vuelve a relacionarse con el de Jarre para un proyecto común. De hecho, el cantante está grabando parte de su nuevo disco en el estudio de Jean Michel. El propio Jarre habla ya sin rodeos de que tiene pensado publicar dos discos, uno de colaboraciones y un segundo en solitario a la vieja usanza.

A partir de aquí, los rumores se desatan y ya no es el propio Jean Michel quien los alimenta sino otros artistas. DJ Loco afirma haber escuchado algo que Jarre ha hecho junto con Richie Hawtin y que “suena increíble”. Hans Zimmer publica en Facebook una foto junto al músico francés que retira horas después. El cineasta John Carpenter habla en una entrevista de un tema que ha grabado junto a Jarre y que saldrá en un próximo disco en el que también participan Trent Reznor y David Lynch. Ambos nombres se repiten en un artículo aparecido en Polonia que añade a la lista los nombres de Gary Numan y Vince Clarke. Los nombres empiezan a formar un elenco realmente impresionante que dispara ya la imaginación de los seguidores de Jarre que vuela ya libre en estado de total ingravidez.

En el mundo como el actual en el que internet transmite de modo automático la información a cualquier parte del globo, la aparición de fotos de Jarre con cualquier otro artista desata todo tipo de especulaciones. Comienza así a desplegarse un importante álbum de imágenes del músico francés con otros colegas, desde la inglesa Little Boots hasta Tangerine Dream pasando por Bob Sinclair o Carmen Rizzo. Algunos empiezan a desempolvar otras instantáneas de Jarre con otros colegas aparecidas en los últimos años: Brian Eno, Herbie Hancock, Nile Rodgers, Fatboy Slim... Imposible que estén todos en un solo disco. Mientras tanto, comienzan a confirmarse algunos nombres de forma más o menos oficial. Los primeros: Tangerine Dream, Massive Attack, Armin Van Buuren, Hans Zimmer y Pete Townshend. Poco después el miembro de Yello, Boris Blank, afirma que también ellos participan en el disco y aporta otros nombres a la lista: Portishead, Air y Laurie Anderson. La revista DJ Mag deja caer un par de artistas más: Gesaffelstein y the Chemical Brothers. Otros nombres como los de John Talabot, Justice, Rone o el siempre presente Tellier se dan por seguros en diversas webs. Aparentemente el disco de colaboraciones aparecerá a finales de 2014. En los círculos de seguidores de Jarre las “quinielas” con nombres de colaboradores circulan con rapidez. Cualquier mención del músico a otro artista en su cuenta de Twitter o en Facebook desata la locura y rápidamente nombres como los de Fuck Buttons o Bernard Szajner se incorporan al listado de “posibles colaboradores”.

Juguemos al "¿quién es quién?" ¿Alguien se atreve a localizar a los colaboradores del disco?


¿Alguien duda a estas alturas de que habrá disco? Para acabar con cualquier sospecha aparecen en la página web de la SACEM (la sociedad de autores francesa) veinticinco títulos de nuevas composiciones a nombre de Jean Michel Jarre. Poco después se les unen otros once. Nada de esto pasa desapercibido para los fans del músico que, así las cosas, están vigilantes y atentos a cualquier movimiento alrededor de este. Más o menos por estas fechas, Jarre deja aparcado aquel proyectado disco en solitario y se habla ya de que el disco de colaboraciones será doble.

¿Cómo hemos llegado a este punto? Cerremos los ojos un momento y volvamos a 2007. Jean Michel Jarre acaba de publicar su disco más controvertido, “Teo & Tea”, que, de modo casi unánime, es considerado el punto más bajo de su carrera. El momento en que el espejo se rompe y le devuelve a Jarre una imagen que no le gusta nada. La aparición poco después de una “regrabación” del clásico “Oxygene” no mitiga el mal sabor de boca de los fans e incluso le acarrea algunos problemas legales con su antigua discográfica. Este declive no es un hecho casual. Jarre es un artista de un talento inmenso. Tanto que, durante un buen tramo de su carrera, le bastó con él para grabar un buen número de discos inolvidables sin necesidad de dedicarles todo el esfuerzo que estos requerían, esfuerzo que muchas veces se repartía entre las grabaciones y la organización de esos colosales espectáculos en directo que le han dado una fama pareja a la reportada por los propios discos.

De cara a los aficionados, y pese a la buena acogida de las giras de los últimos años, la imagen de Jarre comenzaba a parecerse peligrosamente a la de un músico con más pasado que presente y dispuesto a vivir de las rentas (algo muy legítimo, por otra parte). Sin embargo Jarre es un tipo orgulloso, alguien capaz de hacer de la recuperación de su prestigio una cuestión de honor, casi una deuda de sangre por la herencia recibida y el peso del apellido Jarre en la música. Así, una vez concluidos los conciertos se puso a trabajar en el estudio como quizá no lo hacía desde mucho tiempo atrás. Así, comenzó a componer nueva música, arreglándola, deshaciendola y volviendo a empezar cuando algo no era de su agrado. Si iba a regresar al primer plano lo iba a hacer a lo grande y eso implicaba un nivel de esfuerzo superlativo. También un punto de humildad. Humildad necesaria para ponerse en contacto con otros artistas que le aportasen puntos de vista nuevos, más frescos en el caso de los más jóvenes; con otra perspectiva en el de sus colegas de generación.

Jarre en estos años mantiene una importante actividad al margen de la estrictamente creativa. Cada vez se significa más en la lucha por los derechos de los músicos y por la obtención de una remuneración justa por su trabajo en la era de internet. Ayuda a esto el hecho de vivir por primera vez en mucho tiempo sin estar sometido a la presión de un contrato discográfico una vez extinguida su relación con EMI en 2010. De este modo se explican los ocho años transcurridos desde el infausto “Teo & Tea”. Cada aparición de Jarre en una nueva gala, en un acto de cualquier tipo es interpretada por los fans como la confirmación de un dulce retiro y sus declaraciones sobre nuevos proyectos son recibidas con una media sonrisa de incredulidad. De modo paralelo y casi en secreto, Jarre se embarca en una serie de contactos con muchos de los músicos citados en la primera parte de este texto. Expone sus ideas sobre el nuevo trabajo y las comparte con ellos. Les manda los bocetos de los temas (creados con el estilo de cada colaborador en mente) y viaja a los estudios de cada uno de ellos para trabajar cara a cara, sin intermediarios. El contacto es personal desde el primer momento. Los asuntos legales entre los representantes y abogados de cada uno vienen después. No son importantes. Son años en los que Jarre pasa más tiempo en las cintas transportadoras de los aeropuertos de medio mundo que en el sofá de su casa.

A partir del mes de marzo de este 2015, las noticias se suceden y todo hace indicar que la aparición de un nuevo disco de Jean Michel Jarre es inminente. Aparece en Facebook una foto anunciando “un nuevo disco en el horizonte” sobre lo que parece un fragmento del cartel de la película “Interstellar”. ¿Una pista? Algo así. Muy poco después aparece un primer extracto con música nueva en los créditos de un cortometraje que forma parte de una especie de secuela del film. El tema lleva el título de “Glory” y está realizado en colaboración con M83. Desde este momento se suceden los lanzamientos de todo tipo con un ritmo muy irregular. Aparece sin aviso previo el single “Conquistador” de Jarre y Gesaffelstein en una tienda digital, se anuncia la salida a la venta de tres maxis en vinilo entre los que se encuentra el citado “Conquistador” y sendas colaboraciones con Robert del Naja, alias “3D”, de Massive Attack y con Tangerine Dream en lo que sería una de las últimas grabaciones en las que participó el poco antes fallecido Edgar Froese. Semanas más tarde aparece un EP digital con las remezclas de los tres maxis citados y varias nuevas de “Glory”. El resto es historia conocida y podríamos seguir hablando hasta que se ponga el sol de una cronología que se hace interminable por lo que pasamos directamente a la música. 




“The Time Machine” - Alexander Ridha es un talentoso DJ alemán que firma sus trabajos como Boys Noize. Aunque tiene varios discos publicados en solitario, su fuerte son las colaboraciones y los remixes para otros artistas. Entre otros, ha remezclado temas de David Lynch, the Chemical Brothers, Daft Punk o Depeche Mode. La pieza comienza con las clásicas voces electrónicas que ya sonaban en clásicos como “Chronologie 1” por poner un ejemplo aunque no tardan en dar paso a un secuencia electrónica que sirve de preludio para una descarga rítmica en la que se deja entrever el trabajo de Boys Noize con los citados Chemical Brothers. Una vuelta a la melodía inicial nos acerca al momento en que suenan unas notas muy familiares para el seguidor de toda la vida de Jarre puesto que son ejecutadas con el inconfundible sonido del “laser harp”. Nuevo guiño, y no será el único a lo largo del disco, al aficionado veterano. La pieza es realmente espectacular y sitúa las expectativas en lo más alto.

“Glory” - M83 empezaron como dúo en 2001 pero actualmente es el nombre bajo el que publica su música Anthony Gonzalez. Aunque su obra no tiene muchos puntos en común con ellos, su trayectoria es similar a la de Daft Punk y le ha llevado a realizar sus últimos trabajos dentro del ámbito de las bandas sonoras. La que fue la primera colaboración en salir a la luz es una canción en la que el estilo de M83 es patente, siendo una de las piezas del disco en la que el peso del artista invitado parece mayor quedando la presencia de Jarre muy diluida. La pieza tiene un esquema muy cercano al de otras que han quedado como himnos deportivos en la memoria de los oyentes y el videoclip que la acompaña incide en esa relación con una buena dosis de humor absurdo. También encontramos ahí algunas referencias a los aspectos visuales de la obra previa de Jarre, particularmente al diseño de la portada de “Equinoxe”.

“Close Your Eyes” - Uno de los grupos franceses con un sonido más personal es el formado por Nicolas Godin y Jean-Benoit Dunckel: Air. Su utilización de sonidos analógicos y la gran cantidad de elementos nostálgicos que contiene su música hacían de ellos los candidatos perfectos para formar parte de un disco como este. Es para esta colaboración para la que Jarre se guardaba una de las piezas más importantes del disco. En ella se hace un repaso por la propia historia de los instrumentos electrónicos de modo que el primer sonido procede de un banco de osciladores, el ritmo central se construye a partir de “loops” de cinta y a lo largo del mismo escuchamos, desde el clásico sonido de cuerdas del “Eminent” hasta los agudos timbres del sintetizador EMS AKS en registros próximos al del “theremin” (recuerdo evidente de “Oxygene”). Junto a todo ello, el inconfundible sonido de las voces o el piano de Air aderezados con los efectos electrónicos marca de la casa a cargo del propio Jarre, especialmente presentes en el interludio entre las dos partes de la composición. Probablemente estemos ante la mejor pieza de todo el primer volumen.




“Automatic (part 1)” - Si hay una figura omnipresente en el pop electrónico de los años ochenta esa es la de Vince Clarke, fundador de Depeche Mode, Yazoo o Erasure. Esa trayectoria hizo que Jarre estimase su presencia como necesaria en un proyecto como éste. Es el único artista que aparece en dos de los cortes del disco, aunque estemos hablando realmente de uno dividido en dos partes. La primera de ellas es la mejor en nuestra opinión: una pieza enteramente secuencial que nos remite a los mejores años de la música electrónica realizada dentro del ámbito de la denominada Escuela de Berlín. Dentro de la obra de Jarre se situaría como digna sucesora de “Arpegiator” o de “Oxygene 12”. Otra de nuestras favoritas dentro del disco.

“Automatic (part 2)” - La segunda parte de la pieza cambia totalmente de registro acercándose más al Jarre creador de singles de éxito, particularmente “Chronologie 4” o, más recientemente, “Aero” tema con el que este fragmento comparte muchas características en todos los sentidos. A pesar de una cierta simplicidad melódica, la cantidad de capas de sonido que se pueden escuchar en determinados momentos denotan un trabajo de producción extremadamente cuidado por parte de Jarre en una de las composiciones del disco en las que más nos cuesta entrever la mano del artista invitado.

“If..!” - Una de las participantes más jóvenes del disco es Victoria Christina Hesketh, alias “Little Boots”. Artista inglesa que hace un pop electrónico muy elegante y pegadizo. Se caracteriza por utilizar instrumentos electrónicos más bien extravagantes, algo que la acerca a Jarre. También por tocar el “laser harp” en sus conciertos lo que, sin duda, llamó la atención del músico francés. Su colaboración fue el segundo tema del disco en tener vídeo clip propio tras “Glory”. No es difícil entender el por qué ya que se trata de una canción pop al uso, extremadamente pegadiza y cercana a cualquiera de las que pueden escucharse en cualquier radio-fórmula hoy en día. De una factura excelente tiene todos los ingredientes para convertirse en una de las piezas más controvertidas del disco por su decidida vocación pop.

“Immortals” - Fuck Buttons son un dúo de Bristol formado en 2004. Proceder de la cuna del “trip-hop” tiene que marcarte de algún modo aunque su estilo es muy personal y no demasiado cercano al de bandas como Massive Attack o Portishead. Emplean instrumentos electrónicos de todo tipo, incluyendo juguetes de Fisher Price o Casiotones. Sus influencias son muy variadas aunque muchos vimos una clara referencia a “Equinoxe” en la portada de “Street Horrrsing”, su disco de debut. Junto a ellos Jarre realiza el corte más épico de todo el disco sin lugar a dudas. Elaborado a partir de una sencilla serie de arpegios que se multiplican entre ecos y “delays”, la composición va ganando en intensidad con cada repetición beneficiandose de una magnífica percusión que recuerda a la de “Globe Trotter”, uno de los temas “menores” más apreciados por los seguidores del músico. Los solemnes fondos de cuerdas que van evolucionando por detrás a lo largo de todo el tema terminan por elevar la pieza hasta niveles extraordinarios recordando por momentos los instantes más grandilocuentes de un Vangelis, por poner solo un ejemplo.




“Suns Have Gone” - De todas las colaboraciones que aparecen en el disco, aquella de la que Jarre lleva más tiempo hablando es la realizada con Moby. Es también la primera de la que se escuchó un fragmento hace años en un breve reportaje que un programa de televisión francés grabó en el estudio de Jean Michel, mostrando algunos segundos de música que luego terminarían siendo parte de esta colaboración. Sonaba algo más en ese vídeo que formará parte con toda seguridad del segundo volumen pero el fragmento es tan breve que podría desembocar igualmente en una composición épica que en música de fondo para hacer la colada. “Suns Have Gone” empieza con un sencillo arpegio que se va desdoblando hasta desembocar en unos preciosos acordes de cuerdas. Hasta aquí, la composición podría recordar en su esquema a “The Oh of Pleasure” de Ray Lynch aunque con una producción muy diferente. Cuando comienza a cantar Moby entramos en una fase completamente diferente a lo largo de la cual descubrimos una composición con todo lo necesario para convertirse en una de las grandes piezas del disco. Como dice Jarre en uno de tantos vídeos que acompañan la promoción de “Electrónica”, Moby tiene un estilo tan marcado que puedes reconocerlo incluso cuando toca una simple nota. Eso se nota en esta canción en la que la aportación del artista norteamericano es tal que cuesta imaginarse cómo sonaría sin él.

“Conquistador” - Otra de las jóvenes promesas de la escena francesa es Gesaffelstein, alter ego de Mike Lévy. En muy poco tiempo, Mike se ha hecho un nombre internacionalmente llegando a producir canciones para Kanye West. Además ha hecho remezclas para varios de los artistas que participan en “Electronica” como Moby, Boys Noize o Vince Clarke. Fue la primera pieza del disco en darse a conocer junto con dos remezclas especiales a cargo del propio Jean Michel Jarre; ambas, en nuestra opinión, superiores a la que finalmente aparece aquí. A pesar de todo, “Conquistador” es una de nuestras composiciones favoritas. Sobre una base muy sencilla que podría recordar el clásico esquema “tubular” de muchas piezas de Mike Oldfield, Jarre y Gesaffelstein despliegan una descarga de energía arrebatadora. Cuando apareció como adelanto del disco nos dimos cuenta de que el proyecto iba muy en serio y de que Jarre no iba a eludir el riesgo en sus colaboraciones. Se agradecen, cómo no, algunas referencias en el apartado de efectos sonoros a piezas fundamentales como “Equinoxe 4” que podemos escuchar en algún momento.

“Travelator (part 2)” - Probablemente el nombre más sorprendente a primera vista del elenco de estrellas que participan en el disco sea el de Pete Townshend. Sin embargo, a poco que se profundice en su trayectoria su presencia cobra sentido ya que con The Who fue uno de los primeros artistas del ámbito del rock en introducir sintetizadores en su música. No fueron, además, unos aparatos cualquiera sino el EMS VCS3, el ARP 2500 y el ARP 2600: tres de los modelos que marcaron de un modo más profundo el sonido de los primeros discos de Jean Michel Jarre. Con toda seguridad es una de las dos o tres colaboraciones que no van a dejar indiferente a nadie por la marcada personalidad de Townshend. Pese a lo alejado del planteamiento estético del tema del estilo habitual de Jarre (tendríamos que remitirnos a algunos singles casi prehistóricos para encontrar algo similar), la química entre el líder de The Who y el músico francés es perfecta (se puede apreciar en los vídeos promocionales cómo Pete disfruta de lo lindo en las sesiones de grabación) y eso hizo que esta pieza vaya a tener vida propia al margen del disco como un EP que aparecerá presumiblemente en diciembre con las tres partes de que consta el tema. Aclaramos así de paso el “part 2” que acompaña al título.

“Zero Gravity” - Y si el nombre de Townshend era inesperado, el de Tangerine Dream es uno de los pocos imprescindibles en los que cualquier fan habría pensado a la hora de formular un deseo sobre sus colaboraciones favoritas para el disco. La legendaria formación alemana grabó su colaboración con Jarre poco tiempo antes del fallecimiento de su líder, Edgar Froese, lo que le da aún más valor a la pieza como una de las últimas en las que participa la que es una de las figuras imprescindibles del género. El disco entero lleva una dedicatoria muy merecida a Edgar. La pieza mantiene un perfecto equilibrio entre el clásico sonido de los Tangerine Dream de los años ochenta, con sus inconfundibles “leads” y secuencias rítmicas y un Jarre que un seguidor no tardará en identificar como el autor de las secuencias y percusiones de piezas como “Arpegiator” o “Night in Shanghai” del disco que recogía los conciertos del músico en China en 1981. Mientras que buena parte de los temas del disco tienen un aire atemporal que no hace fácil situarlos en un momento histórico determinado, “Zero Gravity” tiene un claro acomodo en esa primera mitad de los ochenta.




“Rely on Me” - La colaboración de Tangerine Dream era tan deseada como habitual es ya la presencia de Laurie Anderson en los proyectos más rompedores de Jean Michel Jarre, desde “Zoolook” hasta “Metamorphoses” pasando por su breve intervención en el concierto de las Pirámides. El comienzo, con un repetitivo ritmo de “minipops” (caja de ritmos omnipresente en discos como “Oxygene”) nos acerca a la narración de Laurie: un texto relacionado con la creciente dependencia que tenemos de la tecnología, particularmente de los “smartphones”. La pieza es demasiado corta y no llega al nivel de anteriores colaboraciones entre ambos músicos. Encajaría mejor en un disco como fue “Metamorphoses” que aquí, probablemente.

“Stardust” - Hasta ahora la lista estaba formada por músicos de mayor o menor prestigio pero faltaba un “fan”. Armin Van Buuren, además de un popular DJ y presentador de radio, es un seguidor de la música de Jean Michel Jarre desde muy pequeño. Quizá, de hecho, sea el único de los participantes en el disco que no tiene reparos en declararse fan incondicional de Jarre con lo que la posibilidad de formar parte de “Electronica” debió ser como un sueño hecho realidad para él. El tema no tiene demasiada historia: es la clásica composición “trance” con un estribillo melódico extremadamente sencillo diseñado para no tener que desviar demasiado la atención de la pista de baile mientras se salta sin parar. Hay guiños para el aficionado a Jarre, cómo no, y es que la secuencia principal es un remedo de la solemne “Rendez-Vous II” y en alguna de las pausas que encontramos en el tema podemos escuchar lo que podría ser una referencia a “Souvenir of China”. Con todo, es una pieza que puede gustar mucho al seguidor de Jarre más afín a los recopilatorios de grandes éxitos que a los discos completos.

“Watching You” - De Massive Attack hay poco que se pueda decir a estas alturas. Con apenas cinco discos de estudio y una banda sonora en 25 años, son una de las bandas más influyentes de la escena electrónica y han dejado algunos trabajos que son ya clásicos del género, especialmente “Mezzanine”. Con esta colaboración ocurre lo contrario que con la anterior. En términos estéticos es todo riesgo ya que carece de un esquema convencional, la voz está distorsionada más allá de los límites de lo inteligible y no es sencillo encontrar una melodía fácil de recordar. Precisamente por todo ello, es una de nuestras piezas favoritas de todo el disco. Es una colaboración, además, en la que Jarre puso un empeño particular. Según cuenta, la idea inicial no funcionaba y optó por enviar a Robert Del Naja un tema completamente nuevo. No sabemos cómo era aquel primer ensayo pero lo que finalmente aparece en “Electronica” es un experimento mesmerizante, un alarde de producción a la altura del nombre de los artistas que participan en él. Con unos juegos de percusión increíbles, las clásicas notas de piano de los discos de Massive Attack y referencias a varios temas claves del repertorio de Jarre como “Hey Gagarin”, “Revolutions” o “Chronologie 2”, “Watching You” es otro de los grandes momentos del trabajo.




“A Question of Blood” - Pocos esperarían en un disco de estas características la presencia de un artista cuya faceta principal no es, precisamente, la musical. Sin embargo, el director de cine John Carpenter ha sido el encargado de crear las bandas sonoras de la gran mayoría de sus películas consiguiendo en muchos casos que estas sean inmediatamente reconocidas por parte de los aficionados. Este mismo año se ha publicado “Lost Themes”, el primer disco de estudio de Carpenter al margen de sus bandas sonoras. No podría ser de otro modo con Carpenter de por medio pero la pieza, quizá la más puramente melódica del disco, es capaz de crear un ambiente de verdadera inquietud, ideal para ilustrar cualquier relato romántico de terror. Hay alguna frase que nos recuerda al Jarre de singles como “Hypnose” pero, en general, toda la composición lleva el sello de Carpenter.

“The Train and the River” - Cerrando el disco encontramos una de las intervenciones más controvertidas, no tanto por la calidad del colaborador sino por su dudosa relación con el mundo de la música electrónica. Se trata del pianista chino Lang Lang, superestrella (en el más amplio sentido del término) de la música clásica. La explicación que Jarre le da a su presencia en el disco nos da un pista sobre el auténtico trasfondo del trabajo. ¿Un pianista clásico en un disco dedicado a la música electrónica? Según el músico francés, desde el primer momento sintió que en un disco como este debería haber alguna referencia a un momento clave de su carrera como fueron los conciertos en China de 1981. La mejor forma que se le ocurrió fue contar con un artista de esa nacionalidad. Como quiera que Lang Lang, además de tener un inmenso prestigio en el campo de la música clásica, especialmente entre el gran público, es una persona que no rehuye las colaboraciones y las incursiones en géneros completamente diferentes (ha tocado en discos de Schiller o Mike Oldfield, sin ir más lejos), enseguida se presentó como una posibilidad muy apetecible. La pieza es muy diferente del resto en su concepción. Realmente se trata de un largo pasaje electrónico que combina partes tranquilas con otras más potentes en el que Jarre despliega su capacidad para construir atmósferas sonoras llenas de texturas y sonidos diferentes a los habituales en sus temas más “comerciales”. Sobre ese tapiz sonoro el cometido de Lang Lang es improvisar aquello que se le ocurra con su piano. Como el propio pianista indica, se trata de una experiencia completamente nueva para él que básicamente se ha dedicado a interpretar música de otros durante toda su carrera. Con todo, y pese a lo controvertido del experimento, creemos que el resultado es más que notable y que funciona como un perfecto cierre para la primera parte de un proyecto como “Electronica”. No faltan nuevas referencias de Jarre a su propio pasado como la aparición del sonido del “laser harp” (curiosamente presente en los cortes que abren y cierran el disco) o el uso de acordes completos de “Oxygene 2”

Sobre el papel, Jean Michel Jarre ha querido realizar un repaso de la historia de la música electrónica como género. Un estilo musical que salió de los laboratorios más vanguardistas de las emisoras de radio en la primera mitad del siglo pasado, que se expandió a partir de los años sesenta con la aparición de los primeros sintetizadores comerciales y que terminó por integrarse con todos los estilos populares en los años siguientes hasta convertirse en algo cotidiano dejando por el camino un puñado de nombres que hoy ya son inmortales. Sin embargo, si profundizamos un poco en los estilos y colaboradores de este primer volumen, el panorama descrito no es tan amplio como el que Jarre quiere abarcar sino que parece circunscrito a un territorio bastante más reducido.

Se diría que existe detrás de todo el proyecto una intención no declarada por parte del músico de realizar con “Electronica” el disco-tributo que nadie le ha hecho aún. Creemos adivinar todo un trasfondo reivindicativo que se hace más notorio cuando contemplamos con detenimiento todo el material audiovisual que ido apareciendo de forma paralela al lanzamiento del disco: los “track stories” en los que la mayor parte de los colaboradores hablan de Jean Michel y de su influencia en la historia de la música electrónica o el extenso documental realizado por el canal Arte sobre los dos volúmenes del trabajo abundan en la idea de homenaje a un músico cuyos últimos trabajos no habían hecho mucho en favor de su prestigio. También las nada veladas referencias a momentos concretos de discos anteriores presentes en todos y cada uno de los nuevos temas parecen formar parte de ese mismo objetivo. Desde este punto de vista, “Electronica” tendría mucho de lavado de imagen para mostrarnos a Jarre como un conquistador que es capaz de reunir a su alrededor a un puñado de músicos cuya sola mención impresiona al más pintado.

Edición "deluxe" del disco.


Visto bajo esa óptica, el nuevo trabajo de Jean Michel Jarre lo tendría todo para ser el foco de las más despiadadas críticas por parte de un amplio sector de sus seguidores, disconforme con los últimos años de su trayectoria. Tendríamos que estar de acuerdo con esa opinión de no ser por un pequeño detalle: el disco es magnífico. Simple y llanamente. Quizá sea por el hecho de que es uno de los trabajos de Jarre que esperábamos con mayor escepticismo, por las dudas que nos suscitaba el propio concepto de disco de colaboraciones o por la poca fe que nos quedaba ya en una resurrección del músico al que una vez profesamos una tremenda admiración pero sea como fuere, el fruto de varios años de trabajo, de viajes por todo el mundo, de intercambio de ideas con artistas de generaciones y ámbitos muy diferentes ha tenido el efecto de una transfusión revitalizante sobre la música de un Jean Michel Jarre que nos ha vuelto a regalar un trabajo del que sentirnos orgullosos y del que aún nos queda por conocer una segunda parte proyectada para la primavera del próximo año. A decir de quienes lo han podido escuchar ya, el segundo volumen es todavía mejor que este primero por lo que, de cumplirse esa previsión, la apuesta de Jarre, el doble o nada que planteaba con el que, probablemente, sea su proyecto más ambicioso le habría vuelto a salir bien. Es una curiosa coincidencia que “Electrónica” salga a la venta en la misma fecha en que nació Oscar Wilde, creador de uno de los mitos con el que más se identifica el propio músico: el de Dorian Gray. Esperemos que su retrato continúe a buen recaudo por un tiempo y así Jarre siga mostrándonos su mejor cara durante muchos años. Decía Carl Sagan que, en el fondo, todos somos polvo de estrellas, lo que no es más que una forma de recordarnos la poca importancia que tienen en realidad la mayor parte de las cuestiones de la vida cotidiana así que, qué mejor que disfrutar de aquellas que nos hacen sentir bien y olvidarnos por un momento de otras preocupaciones. ¿cómo? Por ejemplo, introduciendo “Electrónica” en el reproductor de CD y pulsando el “play”.

Nota: En esta reseña se menciona a un gran número de artistas como posibles colaboradores del proyecto además de otros a simple título informativo. Unos, como se ha podido comprobar, ya han aparecido en el primer volumen. Otros lo harán en el segundo y hay varios nombres que no están en el proyecto, bien porque sólo fueron rumores sin mucho fundamento, bien porque en algún momento se decidió que no formarían parte del mismo. También hay varios artistas cuya participación en el segundo volumen está asegurada y no aparecen aquí. Toda la información al respecto puede seguirse dentro de los foros de Fairight Jarre.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Peter Gabriel - So (1986)



Tras una serie de discos notables en solitario, todos ellos publicados con su nombre como único título visible, Peter Gabriel sorprendió en 1986 con la publicación de “So”, uno de los grandes discos de la década y, con toda probabilidad, el mejor de su brillante carrera hasta aquel momento. Fue, además, una verdadera superproducción en la que el cantante se rodeó de un grupo de músicos impresionante, una nómina de tal calado que parecía imposible de reunir de nuevo (hoy sabemos que no fue así ya que posteriores trabajos de Gabriel juntaron grupos humanos del mismo potencial).

Quiso el destino que en aquel 1985 se dieran las circunstancias idóneas que suelen rodear el nacimiento de las obras maestras. Gabriel contaba con un grupo de canciones notables, con un productor como Daniel Lanois en estado de gracia. Los primeros pasos de la creación del disco los dieron el propio Gabriel junto con Lanois nada más terminar la banda sonora de “Birdy”. A las sesiones se incorporó el guitarrista habitual del antiguo líder de Genesis, David Rhodes. Con gran parte del disco moldeado ya por el trío, fueron añadiéndose otros artistas de altísimo nivel como Tony Levin (bajo), Jerry Marotta (batería), Manu Katche (percusiones), Stewart Copeland (batería) o L. Shankar (violín). A pesar de lo trabajado de las sesiones de grabación, el disco en su forma final tenía poco que ver con lo planeado sólo un par de días antes de su finalización. El single más popular de “So”, “Sledgehammer” se grabó a última hora cuando todos creían que el trabajo estaba concluido e, incluso, buena parte de los instrumentos habían sido guardados. Otro de los cortes del disco apareció en el mismo gracias a un cambio de opinión de Gabriel 48 horas antes de mandar el master a la discográfica.

Nada hacía sospechar escuchando el resultado que algunos aspectos del disco habían estado tan en el aire instantes antes de su finalización porque la calidad del trabajo es extraordinaria. Daniel Lanois lo citaba recientemente como una de las producciones de las que más orgulloso se siente y lo cierto es que cada sonido, cada detalle, está cuidado al máximo como ocurre en prácticamente todos los trabajos firmados por Gabriel. Además de los citados anteriormente, participan en el disco los siguientes músicos: Chris Hughes (programaciones), Wayne Jackson (trompeta), Mark Rivera (saxos), Don Mikkelsen (trombón), Richard Tee (piano), Simon Clark (teclados), Kate Bush (voz), Larry Klein (bajo), Youssou N’Dour (voz), Nile Rodgers (guitarras) o Laurie Anderson (voces).

El tracklist que comentamos es el incluido en las reediciones en CD de la discografía de Gabriel de 2002, diferente del original en vinilo en cuanto al orden de algunos cortes,  especialmente de “In Your Eyes”, concebida para cerrar el disco pero situada al comienzo de la cara B del vinilo porque su línea de bajo era más adecuada para sonar en la parte interior del surco en la que la aguja disponía de mayor espacio para vibrar que en el borde exterior. Hasta ese punto llegaba el nivel de detalle con el que Gabriel cuidaba el producto final.

Fotograma del videoclip de "Sledgehammer"


“Red Rain” – El inconfundible estilo del batería de The Police, Stewart Copeland nos recibe en el inicio de una canción poderosa, con percusiones más que notables y una producción exquisita sobre la que Gabriel canta mejor que nunca. Si hay algo que nos fascina de los discos del artista es ese afán de perfección que destilan todas y cada una de las canciones, con cada instrumento ocupando el lugar justo sin que sobre nada. En este caso, sí que es cierto que las partes electrónicas suenan un tanto tópicas, en el sentido de que es fácilmente identificable la época a la que pertenecen (ese omnipresente Fairlight marcó una época) pero en ningún modo desentonan y la pieza suena hoy tan bien como lo hacía casi 30 años atrás.



“Sledgehammer” – Una de las canciones más populares de la discografía de su autor es la enérgica “Sledgehammer”, un auténtico cañonazo marcado por los metales, en especial la trompeta, que ejecutan un estribillo que cualquiera podría reconocer sin esfuerzo. El tema, por lo demás, rezuma sensualidad tanto en los poco disimulados dobles sentidos de la letra como en la guitarra funky que suena a lo largo de todo el tema o en el truculento ritmo continuo que tiene mucho en común con la versión de Joe Cocker del “You Can Leave Your Hat On” que adornaba el mítico strip-tease de Kim Bassinger en la película “Nueve Semanas y Media”, estrenada apenas 3 meses antes de la publicación del disco de Gabriel (que, sin embargo, había sido terminado antes del estreno del film). Mención aparte merece el videoclip de la canción, ampliamente premiado en su momento.



“Don’t Give Up” – A pesar de la fama de los dos cortes anteriores, nosotros nos quedamos sin dudarlo con la sensacional balada que les sucedía en el orden del disco. En ella, Gabriel a dúo con Kate Bush interpretan un emocionante tema en el que se combinan los sonidos más ambientales y exquisitos con ritmos tribales pausados en una producción que delata la mano de Daniel Lanois en segundo plano. Llama la atención cómo ambos vocalistas, Gabriel y Bush, tan dados en muchos instantes a la exageración, se muestran aquí elegantemente comedidos hasta certificar una obra maestra de las que se dan una vez cada mucho tiempo a la que sólo le podemos poner el “pero” de su extraña coda final con el bajo dibujando una melodía que no termina de encajar con el resto.



“That Voice Again” – Si antes hablábamos de sonidos típicamente ochenteros en algún momento, ésta canción está llena de los mismos, especialmente en la parte que se refiere a los teclados y sobre todo en la introducción. Más tarde el tema evoluciona hacia algo que podía recordarnos a los últimos Police (aunque, curiosamente, Copeland no toca aquí) pero siempre con el sello de Gabriel dominándolo todo. No llega al nivel de otras canciones del disco pero sigue siendo una buena canción.

“Mercy Street” – El comienzo más atmosférico de todo el disco va dejando entrever trazas de ritmos africanos que van formando la estructura de una canción memorable en la que la voz invitada de Youssou N’Dour se mezcla con la de Gabriel de un modo magistral. Un dúo construido con el gusto del mejor de los orfebres en el que ninguno de los cantantes interfiere con el otro en busca de un protagonismo absurdo, complementándose a la perfección. Una joya que pasó desapercibida por la gran cantidad de buenas canciones que reunía el trabajo.

“Big Time” – Otro de los singles del disco, que combina la energía y muchas de las características de la producción de “Red Rain” y “Sledgehammer” aunque sin la sección de metales de ésta última. Un tema sólido y convincente con un Gabriel cómodo en registros que domina a la perfección y unos coros femeninos pegadizos como los que estaban en boga en muchos otros éxitos de la época.

“We Do What We’re Told (milgrom’s 37)” – No hay mucho espacio para la experimentación en este disco, contrariamente a lo que ocurría en los anteriores del autor. Quizá uno de los pocos temas que rompe esa tendencia es este cuasi-instrumental con aire de himno en el que una serie de ritmos orgánicos se combinan con los sintetizadores para elaborar una atmósfera fantástica y llena de misterio. Notable alto.

“This is the Picture (excellent birds)” – No es extraño en Gabriel este tipo de intercambios en los que su participación en un disco ajeno trae aparejada la del otro artista en suyo propio. En 1983 Gabriel intervino en el disco “Mister Heartbreak” de Laurie Anderson y ahora la artista neoyorquina le devuelve la cortesía colaborando en este tema en el que se intercala la composición propia “Excellent Birds” que formara parte de aquel trabajo.

“In Your Eyes” – Cerrando el disco encontramos otra magnífica canción de influencia africana, como gran parte del disco. Destacamos en especial, y somos reiterativos en este sentido, la producción de la pieza, superlativa en todos los aspectos, que nos permite disfrutar de un espectáculo de percusiones y voces, especialmente en el tramo final, que nos dejan con el mejor de los sabores de boca posibles.

Hay ocasiones en las que la comercialidad de un disco va ligada a su calidad, aunque muchas veces parezca que el hecho de que un trabajo triunfe a nivel popular sea un raro estigma a los ojos de los aficionados. Sin duda, “So” es un ejemplo de esto que afirmamos: un trabajo excelente de principio a fin que, sin embargo (y nótese aquí el punto cínico) triunfó entre el público en general. Hoy en día lo consideramos un clásico como tantos otros que van quedando de una década como la de los ochenta, tan denostada en muchos aspectos por los aficionados a la música pero que, como todas las anteriores, nos dejó muchos trabajos dignos de permanecer en el recuerdo. Uno de ellos es, sin duda, “So”. Podéis haceros con una copia en los enlaces de siempre:

amazon.es

play.com

Nos despedimos con un videoclip poco habitual por no corresponderse con ninguno de los singles del album. "This is the Picture (Excellent Birds)" con Laurie Anderson:

 

domingo, 26 de enero de 2014

Jean Michel Jarre - Metamorphoses (2000)



Tras el auto-homenaje que supuso la publicación de “Oxygene 7-13”, Jarre se involucró en una gran cantidad de actos relacionados con el mundial de fútbol de Francia’98 en unos meses realmente agitados en los que se entregó al lado más bailable de su música con un macroconcierto en París que más que el clásico espectáculo de su autor, parecía una monumental rave de música tecno. Poco después de eso, empezaron a escucharse los primeros rumores de un concierto que tenía todos los ingredientes para convertirse en el mayor hito de la larga carrera de espectáculos del músico francés: un concierto en las pirámides de Giza con motivo del fin del milenio, el 31 de diciembre de 1999.

Como había ocurrido en ocasiones anteriores, la perspectiva de un gran concierto en ciernes iba a servir de inspiración para un nuevo disco, muy marcado por el espectáculo pero también por un concepto general de cambio con respecto a todo lo que el músico había hecho anteriormente. Visto con perspectiva, se diría que con “Oxygene 7-13” Jarre quiso poner punto final a una etapa y partir prácticamente de cero. No se explica de otro modo que, tras meses y meses hablando de las bondades de los sintetizadores analógicos y las máquinas antiguas, ahora hiciera “tabula rasa” con todo ello y se entregase a los sintetizadores virtuales, los samples y el software como lo hizo en el que sería su nuevo disco: “Metamorphoses”. El cambio no se quedaba ahí: desaparecían del panorama colaboradores como Dominique Perrier que llevaban junto a Jarre desde antes de “Oxygene” y se incorporaban otros nuevos como Joachim Garraud, DJ francés poco conocido en aquel entonces pero que posteriormente se ha hecho un cierto nombre en el mundillo “tecno” colaborando con algunas de las principales figuras del género. Garraud iba a tener un gran peso en el sonido de Jarre en el futuro. Por si todas estas novedades no fueran suficientes, se anunciaba que el nuevo trabajo estaría lleno de colaboraciones con otros artistas y que, además, el disco estaría lleno de canciones en lugar de temas instrumentales.

Como es lógico, había una gran expectación ante todas esas novedades que se complementaba con las noticias del concierto de las pirámides en el que se presentarían varias de las composiciones del disco antes de su publicación. Los rumores se acrecentaron cuando comenzó a especularse acerca de la lista de artistas invitados que aparecerían en el disco, encabezada, nada más y nada menos que por Kraftwerk. Por diversos motivos, la colaboración con los alemanes no llegó a buen puerto y su participación fue suplida por Laurie Anderson, con lo que el nivel iba a ser parejo. Junto a ella, aparece en el disco una extensa lista de músicos invitados: la antigua vocalista de Transglobal Underground, Natacha Atlas, la violinista de The Corrs, Sharon Corr, la cantante de Ekova, Deirdre Dubois, la actriz de doblaje Lisa Jacobs (especializada en publicidad y en grabar voces en francés con acento inglés) o las cantantes Veronique Bossa, Ozlem Cetin además de varios nombres que hacen coros acompañan en la grabación a nombres más habituales del entorno de Jarre como Christopher Papendieck o Francis Rimbert y a otros músicos de estudio para los instrumentos más exóticos.

Todo parecía apuntar a un momento glorioso por parte de Jarre pero las cosas no salieron como estaba previsto. El concierto de las pirámides, tras polémicas de todo tipo, se celebró con un invitado sorpresa que lo iba a deslucir notablemente: la niebla. La noche del cambio de dígito en nuestro calendario se presentó con una densa bruma que arruinó en buena medida las proyecciones que iban a decorar las pirámides con lo que se perdía una de las partes fundamentales del espectáculo. En cualquier caso, éste se llevó a cabo y durante el mismo se iban a presentar nueve de los doce temas del nuevo disco (además de uno ajeno al mismo que sigue aún inédito). El espectáculo llevó el nombre genérico de “Los doce sueños del Sol” en referencia a una leyenda que relacionaba doce conceptos “soñados” por el Sol durante la creación con sendos objetos que regaló al hombre en el proceso. Las primeras informaciones habían hablado de un espectáculo de doce horas de duración pero al final quedó en sólo tres, divididas, eso sí, en doce partes relacionadas con la leyenda: a saber, el tiempo (simbolizado por la piedra) seguido de once dualidades más, protección - casa, sabiduría - árbol, eternidad - barca, fidelidad - carne, memoria - voz, cosmos - cielo, inocencia – niño, celebración – campana, pureza – nieve, valentía – sangre y libertad – puerta. Sin embargo, aunque “Metamorphoses” constaba también de doce cortes, no hay equivalencias exactas entre éstos y cada una de las secciones del concierto.

Imagen del concierto de Giza

“Je Me Souviens” – Comienza el disco con la colaboración de Laurie Anderson en el tema que se decía que estaba destinado a acoger la de Kraftwerk. Nunca hubo confirmación de esto y nos hace dudar de su veracidad el hecho de que Laurie tuviese una importante participación grabada en el concierto de las pirámides, en el que su rostro y su voz presentaban cada una de las doce partes del mismo. En “Je Me Souviens”, la artista recita una serie de textos relacionados directamente con los doce sueños del sol en la única referencia directa que encontramos en el disco al concierto. En lo musical es esta, quizá, la última vez que la música de Jarre sonó vanguardista, moderna. Tenemos una línea de bajo continua sobre la que aparecen efectos electrónicos, percusiones, ritmos sincopados y todo ello combinado con el recitado de Laurie de una serie de “pictogramas” sonoros. Alternándose con todo ello, una certera melodía de piano que se repite de cuando en cuando completa el que es nuestro corte favorito de todo el disco.



“C’Est la Vie” – El que fue primer single del disco contó con la participación estelar de Natacha Atlas. La canción era un tema de pop electrónico con toques orientales que podríamos definir como un cruce entre “Revolutions” y “Oxygene 8”. Contó con un videoclip muy comentado por el excesivo parecido que guardaba con el de “Desert Rose” de Sting, otra canción con aire oriental. La pieza nació como un tema instrumental y era mucho más lenta pero una vez grabada surgió la idea de acelerarla y añadirle la voz de Natacha. En realidad, y a pesar del aire de novedad y renovación que Jarre quiere darle a todo el disco, su sonido es plenamente reconocible aquí aunque aparezcan instrumentos acústicos como los violines. También su capacidad para crear singles y estribillos pegadizos que sigue intacta en “C’Est la Vie”. La cantante griega Mando grabó una versión del tema para el mercado griego "I Zoi".



“Rendez-Vous a Paris” – La irlandesa Sharon Corr presta su violín para la parte final de la pieza en la que interpreta una melodía de inspiración celta. Antes de eso suena toda una serie de síncopas, bajos y demás elementos rítmicos sobre un fondo electrónico marca de la casa. La voz de Jarre pasada por el tamiz de la electrónica recita una y otra vez el título de la canción en un corte monótono que pasa sin pena ni gloria hasta el tramo final en el que una melodía sintética imitando un arpa prepara la intervención de Sharon que es lo más salvable de todo el tema.

“Hey Gagarin” – Uno de los cortes con mayor potencial para convertirse en single pero que fue sustituido en última instancia por “Tout Est Bleu”. Escuchamos una clásica introducción a base de capas y capas de sintetizadores que se detiene abruptamente dejando su sitio a una machacona línea de bajo y algunas percusiones que anticipan el giro hacia el tecno más bailable que llega a continuación. De nuevo Jarre canta a través de un vocoder una letra que es un homenaje al cosmonauta soviético Yuri Gagarin. En un sampler promocional que apareció poco antes del lanzamiento del disco, el tema era algo más largo pero el recorte que sufre para la inclusión en “Metamorphoses” no tiene demasiada relevancia.

“Millions of Stars” – Se trata de un tema inspirado en las visitas del músico a las pirámides, especialmente de noche, cuando el espectáculo en el cielo es incomparable por la gran cantidad de estrellas que pueden verse. Desde el punto de vista estilístico es el corte más cercano al Jarre de discos como “Oxygene” o “Equinoxe”, especialmente a los fragmentos más atmosféricos de aquellos trabajos. De hecho, se recrea parte de la melodía de “Oxygene 1” a lo largo del tema. Como curiosidad, una voz va anticipando las notas y acordes que van sonando en el tema principal. Un corte notable que se cuenta entre los más destacados del disco, que cuenta, además, con una preciosa coda a cargo de la orquesta de cámara que dirige Yvan Cassard.

“Tout est Bleu” – El segundo single del disco es un tema descaradamente tecno en el que el músico cae en la tentación de imitar a los artistas de moda con el resultado de no sonar a Jarre ni tampoco moderno. En muchos sentidos, esta canción simboliza todos los errores que, a nuestro juicio, ha cometido Jarre en los últimos años de su carrera.

“Love Love Love” – Otro corte desafortunado al que no encontramos el sentido. En un disco promocional de “Metamorphoses” hablaba el músico de este tema como una canción sobre la ninfomanía con una letra bastante tonta al respecto. En cuanto a la música, es un tema que suena bastante experimental al principio con sonidos y efectos electrónicos muy logrados, percusiones étnicas, etc. Es cuando empieza la letra cuando la cosa pierde interés. Hay algo en determinados sonidos y efectos, como una especie de guitarra sintética, que nos recuerda de algún modo al “Bent Cold Sidewalk” del disco “Cyclone” de Tangerine Dream pero no terminamos de identificarlo con precisión.

“Bells” – Un tema decepcionante, no por el tema en sí sino por la versión, que nos sonó muy descafeinada desde el principio en comparación con la que abrió el concierto de Egipto. El espectáculo de las pirámides comenzaba con una interpretación de “Bells” en la que la batería de Gary Wallis le daba un cuerpo y una presencia de la que carece la versión del disco. Y lo cierto es que es una de las composiciones con mayor potencial comercial de todo el disco: tiene ritmo, una melodía con posibilidades y las clásicas atmósferas de Jarre. Algo no terminaba de sonar bien en relación con las campanas que ejecutan la melodía principal pero, a pesar de ello, creemos que es un tema rescatable.

“Miss Moon” – Otra composición inspirada en el desierto en palabras de su propio autor, con toques humorísticos, como el hecho de que el ritmo esté creado con “samples” de sonidos de aspersores. Probablemente, junto con “Je Me Souviens”, sea la mejor composición del disco. Con un toque oriental subyacente y bastante influencia de la música que Peter Gabriel grabó para la banda sonora de “La Última Tentación de Cristo”, además de un uso bastante amplio de bibliotecas de sonidos muy conocidas (un oyente avezado reconocerá sonidos que se podían escuchar también en discos como “The Songs of Distant Earth” de Mike Oldfield), Jarre completa un tema notable muy por encima del nivel medio del disco.

“Give Me a Sign” – Tras coquetear en algunos momentos con el tecno más bailable, Jarre se entrega al pop electrónico en una canción sin demasiadas pretensiones en la que Veronique Bossa, la misma vocalista que interviene en “Millions of Stars” se encarga de dar cierta vida al tema. Con el tiempo, Jarre reescribiría el tema convirtiéndolo en una especie de suite orquestal muy resultona pero un tanto vacía.

“Gloria, Lonely Boy” – Posiblemente sea este el tema con mayor potencial de todo el disco pero, por alguna razón, no termina de llenarnos. Trata el tema de la transexualidad (en alguna entrevista se menciona a un personaje de Almodovar como inspiración) y lo hace a lo largo de un viaje musical realmente interesante, desde las profundas cuerdas del comienzo, hasta una bella conclusión orquestal, pasando por un segmento de ritmos electrónicos casi industriales. Quizá sea el ritmo constante que vertebra la pieza o la elección de determinados sonidos pero el tema, aunque nos resulta interesante, nos parece algo desaprovechado.

“Silhouette” – El propio músico describe el cierre del disco como una composición de aire “chill out” para “aterrizar”, una especie de despedida intrascendente que ayuda al oyente a desconectar del disco. Realmente se trata de una melodía vocal a cargo de Ozlem Cetin con algunos aderezos electrónicos, especialmente de bajo, que transcurre con tranquilidad y sin sobresaltos.


El concierto de las pirámides pasó bastante desapercibido, diluido entre el gran número de celebraciones similares que tuvieron lugar en esa misma fecha en diversas partes del mundo, incluyendo otro concierto de Mike Oldfield en Berlín o la inauguración del Millenium Dome en Londres. “Metamorphoses” iba a seguir una suerte similar. Las ventas no alcanzaron las previsiones y, a pesar de la gran exposición mediática del primer single del disco “C’Est la Vie” con Jarre actuando en multitud de programas de televisión junto con Natacha Atlas, el disco no tuvo demasiada repercusión. Lo cierto es que, a pesar de contener algunos cortes interesantes, se encontraba bastante lejos del nivel del Jarre de sus mejores momentos. Quizá reduciendo la duración del mismo de una hora a los 40 minutos habituales en los discos del músico francés y eliminando, por tanto, algunos cortes, “Metamorphoses” habría resultado un disco más compensado. En cualquier caso, el fracaso comercial del CD iba a precipitar una serie de cambios importantes en la relación del músico con su discográfica de toda la vida pero eso queda fuera del ámbito de esta entrada. Si hay algo que no se le puede reprochar a Jarre es su aversión al riesgo ya que, en lugar de acomodarse y hacer discos explotando su pasado, con la excepción de “Oxygene 7-13”, siempre busca nuevos retos y estilos aunque los resultados no sean los esperados en todos los casos. “Metamorphoses” no es su mejor disco pero tiene algunos momentos muy interesantes. Los interesados en adquirir el CD lo podéis encontrar, como es habitual, en los enlaces siguientes:

amazon.es

cduniverse.com

Despedimos la entrada con la versión de "Bells" que abrió el concierto de las pirámides: