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domingo, 1 de junio de 2014

Wim Mertens - Jardin Clos (1996)



El compositor francés Gabriel Faure escribió en 1914 un ciclo de ocho canciones titulado “Le Jardin Clos” en el que ponía música a una serie de poemas del escritor flamenco Charles Van Leberghe. A pesar del origen común del escritor y de Wim Mertens, de la temática de la obra de Faure y de que el número de canciones escritas por él en su ciclo (ocho) coincide con las compuestas por nuestro compositor belga favorito en el disco que tituló, curiosamente, “Jardin Clos”, no hemos encontrado ninguna relación que pudieran guardar las dos obras entre sí pero la coincidencia nos pareció llamativa.

En las distintas entrevistas promocionales que ofreció Mertens en la época en la que apareció el disco, insistía mucho en el origen conceptual del mismo, al que alude de forma velada para quienes no estaban al tanto de su significado, el propio título de la obra. Los “jardines cerrados” que sirven como excusa al pianista eran instituciones religiosas reservadas a las mujeres en las que éstas hacían todo tipo de trabajos, incluyendo algunos de carácter artístico, en los países bajos a partir del siglo XIII. Algunas de las obras más sorprendentes que nos dejaron eran extraños relicarios elaborados a partir de cráneos humanos y precisamente uno de ellos es el que ilustra la portada del disco que hoy comentamos. Curiosamente, y contrariamente a lo que cabria esperar de una temática como la que inspiraba el disco, su autor se encargó de destacar el importante contenido sensual e incluso erótico de la música grabada en un trabajo que él mismo definía como el que mayor carga de feminidad tenía de todos los que había compuesto hasta entonces. Lo de la carga erótica, podría explicar el hecho de que una de las intérpretes del disco (de uno de los temas, en realidad) era nada menos que Sylvia Kristel, actriz cuyo papel más conocido fue el de Emmanuelle en la célebre serie de películas eróticas protagonizadas por la desinhibida joven.

Algunos de los relicarios elaborados en los "Jardin Clos" del S.XIII


El sonido del disco iba a ser algo muy innovador para los seguidores del músico belga ya que utilizaba una pequeña orquesta de cuerda de nueve intérpretes, algo absolutamente nuevo en la música de Mertens y la confrontaba a un cuarteto de metales. Al margen de estas dos secciones, encontramos otros recursos ya habituales en la obra del compositor. La relación completa de intérpretes sería la siguiente: Xavier Claeys, Maurits Goossens, Stefaan Claeys y Claire Delplanque (violines), Kris Van Severen y Paul Bervoets (violas), Lieven Vandewalle y Koen Lievens (violonchelos), Michel Vangheluwe (contrabajo), Dirk Descheemaeker (clarinete), Ward Hoornaert (trompeta), Rik Vercruysse (trompa), Eddy Verdonck (trombón bajo), Hugo Matthijssen (tuba), Els Van Laethem (soprano), Lieven de Roo (bajo), Sylvia Kristel y Chusa de la Cruz (voces), Brigitte Hertogs (arpa), Peter Verbraeken (guitarra), Bard Quartier (percusión) y Wim Mertens (piano).

“As Hay in the Sun” – Comienza el disco con unas suaves notas de piano que se repiten varias veces hasta la incorporación de la guitarra y los metales. Empieza ahí un juego de repeticiones entre los vientos y ésta última que se prolonga durante unos instantes. Hay una especie de tensión contenida durante toda la pieza que amenaza con estallar en cualquier momento pero que finalmente no llega a desencadenarse.

“Often a Bird” – Las cuerdas, con un ritmo alegre desde el primer momento, subrayado por golpes de percusión, abren una de las piezas más optimistas que jamás haya compuesto su autor. Con este fondo, asistimos a un precioso diálogo entre el arpa y el piano con el clarinete como su más destacado testigo. Toman las riendas las cuerdas a continuación en un brillante segmento central en el que asistimos al cambio en el sonido de Mertens que inevitablemente trae tan nutrida sección en un músico que no solía hacer uso de este tipo de instrumentos más allá de formatos reducidos como el trío. Brillante como pocas esta composición.




”Wound to Wound” – Llegamos así al momento de mayor intensidad del disco. La pieza se abre con un ritmo muy vivo a cargo de lo que parece un clavicordio a pesar de no aparecer en los créditos. Partiendo de esa base rítmica asistimos a una exhibición notabilísima de ritmos y melodías vivaces a cargo de los violines principalmente que encadenan una frenética sucesión de motivos que no dejan apenas respiro al oyente. Esta sensación aumenta conforme pasan los minutos y nos vemos envueltos en una auténtica cacofonía sonora en la que los instrumentos comienzan a sonar desacompasados e incluso fuera de afinación hasta conseguir un efecto absolutamente sorprendente que, estamos seguros, es intencionado. En los últimos tres minutos de la pieza, se mezclan poco a poco todas las distintas melodías que nos habían sido presentadas de forma sucesiva en la primera mitad, superponiéndose todas al mismo tiempo en un genial batiburrillo del que es difícil sacar nada en claro pero que cumple con el objetivo de dejar al cliente sin repuesta posible.

“Out of the Dust” – Tras la pieza anterior era absolutamente necesario un cambio de estilo y Mertens cumple a la perfección con esa idea con la pieza más breve del disco. En ella escuchamos la versión más amable del compositor con sus clásicos ritmos a cargo de los metales y el piano y la primera aparición de la soprano Els Van Laethem, hermana de Katelijne, quien hizo el mismo papel en “Shot and Echo”, el anterior disco de Mertens para grupo. La aportación de la cantante es básicamente la de cubrir la ausencia de la voz de contratenor del compositor en trabajos anteriores en una etapa en la que Wim parecía reservarla para sus discos de piano.

“A Secret Burning” – Continuando con la línea optimista y desenfadada del tema anterior, Mertens nos ofrece otra canción con protagonismo de la voz de Els, las cuerdas y su teclado. La línea de bajo que sostiene toda la primera parte de la composición sería desarrollada con mayor detenimiento en otra composición posterior del músico: “For Quietness” que apareció en “Integer Valor”. La parte final del tema es una magnífica combinación de voces superpuestas que nos parece que se encuentra entre lo más brillante del disco.

“Hedgehog’s Skin” – Una introducción de piano inmediatamente replicada por las cuerdas nos da la bienvenida a otro tema luminoso como pocos que se revela más bello aún cuando aparece la voz angelical de Els Van Laethem, auténtico descubrimiento del disco a estas alturas. El momento en que se une a la mezcla el bajo Lieven de Roo nos parece absolutamente mágico y nos recuerda los mejore momentos vocales de la música de Mertens en sus primeros trabajos. La pieza es un auténtico torrente de ideas que no se detiene en ningún momento. Cuando creíamos que lo mejor había pasado nos arrastra en un veloz descenso sin frenos de la mano de la sección de cuerda y un clavicordio omnipresente que culmina en un brillante final con el que despedimos la sección central del disco.



“Pierced Heart” – Regresa el compositor belga a sus orígenes minimalistas con un prolongado “ostinato” de piano que sirve de fondo para una melodía de guitarra muy acorde con el acompañamiento. Las cuerdas se reservan el derecho de réplica en determinados momentos pero sólo para subrayar ciertos giros melódicos ya esbozados por la guitarra. Es esta una composición extraña si la tomamos dentro del conjunto del disco ya que parece ajena a su espíritu general. Sin embargo, tiene algo de hipnótico que no deja de llamar nuestra atención aunque no podemos considerarla como una de las mejores del trabajo dada la brillantez de buena parte de lo escuchado en los minutos anteriores. La historia particular de Wim Mertens con la guitarra merece un capítulo aparte al que podríamos hacer referencia aquí pero, dado que existe un disco del compositor dedicado casi por completo a música para ese instrumento, la reservamos para el momento en que hablemos de ese trabajo.

“Not Me” – Cerrando el disco encontramos el tema más extraño de todo el trabajo. De vez en cuando, Mertens nos dedica una extravagancia de este tipo: una melodía extremadamente brillante, casi perfecta, pero subordinada por completo a una rara sucesión de voces que aparece en determinados intervalos de tiempo recitando una serie de motivos. En “Stretti”, composición de 1986 que no apareció en ningún disco en su momento (aunque se incorporó a algunas recopilaciones más adelante) teníamos un primer ejemplo de esto y ahora nos encontramos con algo similar. Las voces de Sylvia Kristel y Chusa de la Cruz (pareja sentimental del compositor) comienzan a recitar una serie de números en sucesión ascendente la primera (y en idioma neerlandés) y descendente la segunda (en castellano). Así, Chusa enuncia el número 33 y Silvia el 1 y continúan con la serie hasta llegar cada una de ellas al extremo opuesto de la misma. Entre cada una de las intervenciones de las improvisadas recitadoras asistimos a una interpretación de la melodía a la que cada vez de suman instrumentos nuevos así como temas complementarios. La música que escuchamos es tan arrebatadoramente bella que ni siquiera una “boutade” como la del conteo divergente por parte de Sylvia y Chusa puede emborronarla.

En su momento, el nuevo sonido de Mertens con la importante presencia de las cuerdas nos descolocó bastante. “Jardin Clos” nos gustó pero había algo que no terminaba de convencernos. Casi veinte años después, seguimos manteniendo la buena impresión que teníamos de sus mejores partes y hemos superado las reticencias que nos provocó la “dulcificación” del sonido del compositor belga. Cierto es que la aparición de una obra maestra como fue “Integer Valor” un tiempo después nos hizo relegar “Jardin Clos” a un segundo plano, algo no justificado dada la calidad intrínseca del disco. Poco a poco, hemos ido rectificando nuestro error y el disco que hoy comentamos, ha ganado bastante en nuestra consideración.


La versión que hemos comentado hoy de “Jardin Clos” es la original, publicada en 1996. En las tiendas es más probable que encontréis la última remasterización en la que se incluyó una pieza más que en su momento formó parte del single “As Hay in the Sun”. En los siguientes enlaces se puede encontrar, precisamente, esta versión más reciente.

amazon.es

diskpol.com

Nos despedimos con una extraordinaria versión en directo de "From Wound to Wound"

domingo, 21 de julio de 2013

Wim Mertens - Integer Valor (Integrale) (1999)



A lo largo de la década de los noventa, Wim Mertens optó por introducir progresivamente más intérpretes de cuerda en su grupo lo que supuso una cierta dulcificación de su música. El primer ejemplo de este cambio fue “Jardin Clos”; un buen disco pero que quedaría como un mero anticipo de lo que vendría después dada la excepcional calidad del siguiente trabajo de estas características del belga favorito de este blog.

Fue en 1998 cuando apareció en las tiendas “Integer Valor” un nuevo disco de Mertens de los que entrarían en la categoría de “discos para ensemble” y que, cronológicamente se situaría por detrás de “Lisa”, un EP de música para piano escrita para una película belga y de “Sin Embargo”, un errático disco de guitarra que cogió a todos los seguidores del músico con el paso cambiado. En este contexto, había cierta expectación por escuchar el siguiente paso del artista. Un simple vistazo a la formación empleada para la grabación hacía pensar en una continuidad con la línea abierta en “Jardín Clos” ya que aparecía un extenso grupo de cuerdas (Xavier Claeys, Maurits Goossens, Stefaan Claeys y Claire Delplanque a los violines, Kris Van Severen y Paul Bervoets a las violas, los cellos de Lieven Vandewalle y Koen Lievens y los contrabajos de Michel Vangheluwe y Etienne Siebens). Acompañando a esta mini orquesta tenemos a los habituales acompañantes de Mertens: Dirk Descheemaeker (clarinete y saxo soprano), Marc Verdonck (saxo alto), Ward Hoornaert (trompeta), Herman Lemahieu (trompa), Eddy Verdonck (trombón) y Hugo Matthijssen (tuba). Como último complemento tenemos la voz cristalina de Els Van Laethem, el arpa de Brigitte Hertogs, la guitarra de Peter Verbraecken y la percusión de Bart Quartier. Wim Mertens se reserva para si el puesto de pianista en la banda.

Portada de la primera edición, de un solo disco, de "Integer Valor"


Desde el primer momento quedó claro que “Integer Valor” era un trabajo maravilloso. Probablemente la obra maestra de su autor por mucho que cueste desplazar de esa categoría en el imaginario privado de cada seguidor los primeros títulos que escuchó en su momento y que siempre parecen imposibles de superar. Las nueve composiciones que contenía el disco conformaban una colección en la que se juntaba lo mejor del músico belga: melodías arrebatadoras, una sensibilidad extrema, ritmos enérgicos y una voz propia y reconocible. Sin embargo, lo mejor estaba aún por llegar. Cuando no nos habíamos repuesto del impacto del disco apareció en las tiendas sin avisar una caja de tres discos titulada: “Integer Valor (Integrale)” conteniendo una versión extendida de la obra reorganizada en tres partes diferenciadas, cada una de ellas con su propio título independiente. Si ya el disco original era magnífico, su edición expandida era aún mejor. Cierto es que las mejores piezas ya estaban en el disco publicado inicialmente pero la calidad de alguna de las excluidas de esa primera selección merecía el rescate y justificaba con creces la aparición de la integral de la obra.



TO FILL IN THE BLANK

“To Obey” – Comienza la obra con un tema lento, solemne, a cargo de los vientos con apoyo puntual del arpa (que tendrá mayor protagonismo en la coda) y una percusión que refuerza el aire majestuoso de la pieza. Como obertura, el tema funciona a la perfección y nos pone en el estado de ánimo adecuado para lo que vendrá después, que no es poco.

“Leverage” – De nuevo los vientos son protagonistas en una pieza con reminiscencias de discos como nuestro admirado y ya comentado aquí “Motives for Writing”. Ritmos obstinados en el comienzo y una evolución hacia estructuras más experimentales conforme avanza la pieza. Escuchamos aquí al Mertens que no suele tener cabida en los discos “normales” y que suele reservarse para los grandes ciclos aunque la extensión de la caja permite en esta ocasión que haya suficiente espacio para este tipo de músicas aquí.

“Positively Imperative” – Llegamos ahora a uno de los momentos más interesantes, de esos en los que Mertens hace magia con la sección de viento que se convierte, a la vez, en una máquina perfecta de ritmo y en una arrebatadora productora de melodías. Un tema fantástico que no es sino el preludio de lo que viene a continuación.

“Yes, I Never Did” – Si afirmamos que esta es, no sólo la mejor pieza del disco, sino una de las mejores de Mertens en toda su carrera, muchos pensareis que exageramos pero tenemos el convencimiento de que es así desde la primera escucha, ya cuando formaba parte del “Integer Valor” inicial de sólo ocho cortes. Trompeta y saxo soprano construyen una impresionante introducción que, a la llegada de las cuerdas, se transforma en una maravilla que no puede dejar a nadie indiferente. ¿El mejor Mertens? Si no lo es, está muy cerca. La segunda parte de la pieza cambia por completo de registro con un desarrollo lento que nos permite recuperarnos y asimilar la experiencia de los primeros minutos.



“Neither Do I Too” – Son ahora las maderas las encargadas de recrear una melodía fantástica con muchos puntos en común con otras de su primera época escritas para piano. En un fantástico diálogo, las cuerdas van dibujando melodías por debajo hasta la incorporación del saxo a la conversación.

“Collateral Damage” – Toma los mandos ahora Mertens al piano como en los tiempos de “4 Mains” y piezas similares con las cuerdas prestas a dar la réplica. La banda al completo va incorporándose a una pieza intensa y de largo desarrollo en la que la pequeña orquesta de cuerda montada por el músico alcanza un papel mucho más importante del que había ejercido hasta ahora y funcionando como cualquier otro de los instrumentos de la paleta de Mertens, asumiendo funciones rítmicas cuando toca y melódicas el resto del tiempo. La pieza está construida como un continuo crescendo que alcanza su climax al final con la incorporación de las percusiones.

“Sidemen” – Segunda de las piezas que aparecieron en el disco original. De nuevo es el piano el que hace los honores en una introducción llena de ritmo a la que se incorporan el resto de instrumentos, empezando por la trompeta y siguiendo por el resto de vientos y las cuerdas hasta llegar a la voz de Els Van Laethem. Toda la composición es una fiesta plena de optimismo y vitalidad que nos revela un Mertens eufórico e inspirado en un momento excepcional. Los últimos minutos del corte nos sorprenden con una extraña serie de sonidos electrónicos y percusiones muy inquietantes y ajenas al desarrollo de la pieza pero tras escuchar lo que el belga nos ha regalado antes, no es cuestión de poner “peros”.

“To Obey (reprise) – Como indica el título, cerrando el primero de los discos tenemos una nueva versión del tema que lo abría minutos atrás. Se trata de una recreación más pausada en la que las cuerdas ocupan un segundo plano y el piano interpreta lánguidamente la melodía principal.



WRITTEN CONVERSATION

“Tout est visible” – El segundo de los discos que componen la obra está integrado por aquellos temas cuyo título es en francés y es también el que más cortes contiene de los que formaron parte del lanzamiento inicial. El primero de ellos es éste. Si hay una característica que diferencia notablemente a Mertens del resto de músicos de ascendencia minimalista y que le señala como una influencia diferenciada sobre otros artistas (Tiersen, Goude, Einaudi...) es su extremada capacidad para construir melodías inolvidables. El talento melódico del compositor belga se pone de manifiesto como nunca en esta pieza y, en general, en todas las incluidas en este disco. Imposible resistirse a una maravilla de este calibre que no merece la pena intentar describir con palabras.



“Au-dela du fleuve” – Practicamente todo lo dicho del tema anterior sirve, palabra por palabra para éste. Talento puro al servicio de la música, un momento de inspiración máximo y un gusto excepcional para plasmarlo todo con elegancia. El tema formó parte también de los ocho que conformaron la primera versión del trabajo con lo que es fácil hacerse una idea de los motivos del entusiasmo que nos causó en su momento. Aparte del idioma de los títulos, empezamos a encontrar diferencias formales entre este disco y el anterior: los temas de “Written Conversation” se ajustan más a un esquema de piano más cuerdas y tienden más a la melodía que al ritmo pero esta regla no es inamovible como veremos más adelante.

“Tout est illumine” – Pasamos ahora a un delicadísimo tema para piano con un leve apoyo orquestal. Melancolía a raudales en otra pieza fantástica que en el contexto del disco corre el riesgo de pasar desapercibida dada la calidad de la música que la rodea.

“Tout ça, c’est fini” – Rompiendo con la tónica del segundo CD de la obra, el siguiente tema es una nueva explosión de ritmo y vitalidad que, en cualquier otro trabajo de Mertens, sería una de las mejores piezas de largo.

“La fin de la visite” – Nueva pieza procedente de la selección inicial del disco y, una vez más, una composición fantástica. El piano de Mertens desatado en labores rítmicas y los vientos tomando las riendas de la melódía. Con ese proceso tan característico de adición de instrumentos o secciones enteras, se incorporan las cuerdas hasta conformar una pieza magnífica que puede competir en intensidad y energía con las más poderosas creaciones de la Michael Nyman Band.

“Comme en dormant” – Último de los cortes del CD que formaron parte de la versión de un solo disco. La estructura es similar a la de los dos primeros temas de “Written Conversation”, es decir, piano, cuerdas y un énfasis especial en la melodía. Sin llegar a los niveles de excelencia de aquellos, seguimos estando en presencia de una pieza preciosa.

“Au fond, la mer” – Mertens revisa aquí una melodía aparecida en el anterior disco “Jardin Clos” con ligeros retoques. Reconociendo su buena factura y su elegancia, no se cuenta entre nuestras favoritas del disco y encontramos en ella los primeros síntomas de un cambio en la música del belga que se iba a intensificar en los años posteriores y que, a nuestro juicio, le resta fuerza: un protagonismo excesivo de la sección de cuerda, con un tratamiento algo dulzón que se pondría de manifiesto en trabajos como la banda sonora de “Father Damien”, aparecida unos meses más tarde.

“Si loin du centre” – Una serie de secuencias ascendentes y descendentes a cargo del piano secundadas por el clarinete y arropadas por las cuerdas conforman otra interesante pieza en la que la percusión también juega un papel importante. Quizá no tenga el encanto de otras composiciones del disco pero nos sigue pareciendo una composición a tener en cuenta.

“Hors-nature” – Llegamos al final del segundo disco con una composición que parecía destinada a pasar desapercibida por lo anodino de inicio pero que poco después se transforma de un modo radical con la aparición de una de esas melodías inolvidables que, de vez en cuando, se saca el belga de la manga. Con todo, la versión del disco no le hace justicia y creemos que el propio Mertens pensaba igual ya que la remodeló con ocasión del lanzamiento de un recopilatorio posterior e, incluso, grabó un disco años más tarde que no es sino una serie de variaciones sobre esta composición.



FULL OF COBBLES

“The Way Down” – El tercer disco de la colección es, quizá, el más experimental de todos aunque sin llegar a los extremos de los ciclos para los que el belga se reserva su música más inaccesible. El primer corte se abre con una percusión de aire marcial (en la linea del “Mars” de Holst, para entendernos) y se acompaña de un piano rítmico lo que, tras la entrada de la sección de cuerda, nos presenta un panorama muy cercano estilísticamente al de la Michael Nyman Band y, ciertamente, la pieza encajaría en alguna de las bandas sonoras del británico.

“A Feet Maniac” – Se trata de una de esas composiciones amables de Mertens ante las que no puedes evitar esbozar una sonrisa. Optimismo con un punto de inocencia son las sensaciones que transmite el compositor en una composición intrascendente pero con encantro.

“And Bring You Back” – Un sonido de órgano (que, curiosamente, no aparece en los créditos) se combina con los pizzicati de la pequeña orquesta y la guitarra de Peter Verbraecken en otra pieza de tono naïf que formó parte del “Integer Valor” original, siendo, quizá, la más prescindible de las piezas de aquel trabajo.

“In 3 or 4 Days” – En contraste con la anterior, la siguiente composición era ya una de las destacadas de aquel disco. Interpretada en sus primeros minutos por sintetizadores (simulando un clavicembalo para la melodía principal pero también con sonidos puramente electrónicos), es con la incorporación de la orquesta cuando la pieza se nos muestra en toda su magnificencia. Vuelve a sonar la guitarra pero ahora en su versión eléctrica, lo que siempre es una rareza en Mertens, al igual que el lanzamiento de “singles” de sus discos. En el caso de “Integer Valor” fue precisamente ésta la composición escogida como tal, acompañada de otras tres piezas, inéditas entonces, pero que después formarían parte de la versión integral que hoy comentamos.



“Song 6” – Quizá la gran sorpresa del disco fuera esta composición. Un tema maravilloso para vibráfono y saxo (con algunos sintetizadores de fondo). Hasta donde sabemos, ha pasado desapercibida incluso entre los seguidores del músico belga y no nos consta que haya sido incorporada a sus conciertos. Sin embargo, creemos que se trata de una de las mejores piezas que han salido de la pluma del compositor en todos estos años y merecería ser recuperada.

“For Quietness” – A punto de cerrar esta monumental obra nos encontramos con una “pequeña” (entrecomillamos porque su duración supera el cuarto de hora) extravagancia de nuestro músico. Una extensísima pieza con aire de improvisada en la que los teclados van soltando melodías sueltas sobre un fondo de violines (a veces en pizzicato y otras a la manera convencional). Una pieza innecesaria que llega a cansar y que bien podría haber sido descartada o, al menos, reducida en cuanto a su duración.

“The Way Up” – Como cierre, volvemos a la versión más rítmica de Mertens en un tema que es una réplica al que abría este tercer disco pero sin los tambores de guerra que dominaban aquel, que ahora no aparecen hasta la parte final.


Somos conscientes de que en esta entrada la pasión de fan nos ha hecho perder por completo la objetividad pero es que el entusiasmo que sentimos quince años atrás cuando escuchamos por primera vez esta obra sigue presente en cada nueva audición que le dedicamos. Tengamos en cuenta también que cuando apareció “Integer Valor”, Mertens llevaba ya 18 años de trayectoria y lo razonable, llegados a ese punto, suele ser esperar un bajón en cuanto a calidad o, en el mejor de los casos, un cierto estancamiento. Cierto es que no siempre es así y que muchos artistas mantienen un buen nivel por periodos prolongadísimos pero suelen ser casos excepcionales. Para aquellos que quieran hacerse con esta obra, dejamos los siguientes enlaces:


Nos despedimos con una versión en directo en Madrid de "Comme en Dormant":

sábado, 11 de junio de 2011

Wim Mertens - Maximizing the Audience (1985)


Mertens es uno de los músicos de los que más hemos hablado en La Voz de los Vientos y lo seguirá siendo, precisamente, por trabajos como el que tratamos hoy. "Maximizing the Audience" apareció en 1985 como un doble LP y es un ejemplo heterogeneo de todas la versiones posibles de Mertens: el experimental, el lirico, el más rítmico y el hipnótico.

El disco lo integran cinco composiciones, cada una de las cuales implica a una formación instrumental totalmente distinta. Se abre el trabajo con "Circles", una larga composición, como casi todas las del album, para siete clarinetes y saxo soprano, todos ellos interpretados por Dirk Descheemaeker. La pieza es de una simplicidad absoluta en el comienzo: uno de los clarinetes toca dos notas y tras una pausa, otras dos distintas; un nuevo silencio y comienza a repetir el mismo ciclo. Tras varios compases, otro de los clarinetes se añade, intercalando algunas notas en los silencios del primero. El proceso se repite sucesivamente hasta crear una serie de sucesiones de notas ascendentes que forman la base sobre la que se desarrollará la melodía principal a cargo del saxo. La técnica compositiva acaba recordandonos a alguno de los trabajos de Steve Reich aunque sin llegar a ser lo mismo.

A continuación nos metemos de lleno en "Lir", magnífica composición para dos pianos, plena de inspiración y que nos muestra al mejor Mertens posible en el formato de piano sólo. El único pero que se le puede poner al tema, y no es baladí, es el gran parecido en muchos momentos con las partes de piano de la canción "Lettre a France", compuesta por Michel Polnareff en 1977.

Afortunadamente, el mal regusto que nos puede quedar si no conocíamos la canción de Polnareff y la escuchamos por primera vez tras disfrutar de la de Mertens, se olvida pronto cuando oímos el tema que presta su título al disco. "Maximizing the Audience" es una de las mejores composiciones del belga en la que, además, podemos apreciar todos sus registros: el solemne comienzo de piano que nos lleva en un crescendo imparable a una explosión de ritmo dirigida desde los dos pianos de Mertens y Hans Francois apoyados en la sensacional percusión de Marc Bonne. Finalmente se van incorporando el resto de instrumentos como son el violín de Geoffrey Maingart, el saxo soprano del omnipresente Descheemaeker y las voces de Ine Van den Bergh y Valerie Koolemans-Beijnen hasta conformar una de las más recordadas obras de Mertens.

Prosigue el disco con una breve canción titulada "The Fosse" en la que se retoma el tema principal de "Lir" con el añadido de la voz de Minne Pauwels para llegar al corte que finaliza el disco. "Whisper Me" es la composición más "tradicional", si es que hay algo en este disco que pueda llevar ese calificativo. Originalmente compuesta para dos cellos, dos cornos franceses, piano y voz, la versión del disco está interpretada por Mertens (piano y voz), Monique Laperre (cello), Kris Van Severen (viola) y Andre Van Driessche (corno francés). Como ocurre en varias de las obras de Reich, la respiración de los intépretes de los vientos es la que marca el pausado ritmo de la pieza. Alrededor de ella, las cuerdas van trazando una serie de lineas repetitivas junto con la voz y es el piano el único que parece salirse del esquema trazando breves melodías aquí y allá a modo de improvisación.

Tras varios trabajos breves publicados anteriormente con un cierto éxito, podemos afirmar que éste fue el disco que dio a Mertens el empujón definitivo hacia un público más amplio, como ambicionaba a tenor del título del álbum. Su escucha es casi obligada para cualquier interesado en la obra del belga aunque, por las especiales características de algunas de las piezas que lo conforman, quizá no sea el mejor de los puntos de partida para el aficionado que esté dando sus primeros pasos en el universo de Mertens.

Si os decidís a adquirir el disco, reeditado recientemente, hay varias vías económicas:

play.com

fnac.es


Dedicamos esta entrada al amigo Umbopo, seguidor del blog y declarado admirador de esta obra de Mertens.