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lunes, 8 de abril de 2019

Dead Can Dance - Aion (1990)



Poco después de publicar “The Serpent's Egg”, Brendan Perry y Lisa Gerrard decidieron separarse. El dúo, que empezó como pareja musical, había pasado a serlo también en el apartado sentimental pero esa relación tocó a su fin tras lanzar el citado disco. Ambos artistas tenían unas personalidades extraordinariamente fuertes y llegó un momento en que decidieron terminar con la relación. La pareja abandonó Londres con destinos muy diferentes. Brendan Perry se trasladó al pueblo irlandés de Belturbet junto con Neph, su lebrel irlandés. Lisa, por su parte, regresó a Australia.

Pese a todo, ni la separación sentimental ni los miles de kilómetros de distancia entre ambos músicos iban a suponer el final de Dead Can Dance. El contacto entre ambos continuó siendo fluido y la colaboración musical iba a seguir muy viva, tanto es así que no tardaron en intercambiar ideas y en ponerse a trabajar en un nuevo disco que iba a suponer una mirada mucho más explícita a la música medieval y renacentista. En él se iban a mezclar muchas ideas procedentes de diferentes ámbitos: la pintura de El Bosco, textos de Luis de Góngora, danzas italianas, cantos prohibidos y el ya tradicional sonido de la banda para componer un trabajo fascinante que llevaría por título “Aion”. La portada del disco iba a ser un fragmento de “El jardín de las delicias”, obra del citado Hieronymus Bosch a la que la banda ya había hecho alguna referencia en el pasado cuando publicó un EP titulado “El jardín de las delicias arcanas”. La instrumentación del disco también iba a tener un enfoque inequívocamente medieval con la presencia de gaitas y de distintos tipos de viola da gamba en algunos cortes. En este aspecto, todo el peso recae de nuevo en el dúo Perry/Gerrard quienes, al margen de cantar, se encargan de prácticamente todos los instrumentos con la única excepción de los ya citados (la viola da gamba que interpretan Andrew, Lucy y Anne Robinson junto con Honor Carmody y las gaitas ejecutadas por Robert Perry) además del teclista John Bonnar. El contratenor David Navarro-Sust aparece en dos de los cortes.



“The Arrival and the Reunion” - El comienzo del trabajo es espectacular: la voz de Lisa Gerrard, casi a cappella, entonando un profundo canto al que pronto se suma Brendan Perry y distintas lineas vocales a cargo de la propia Lisa y David Sust. Apenas un toque de percusión aislado hace de acompañamiento para el dúo en una invocación que promete grandes cosas.

“Saltarello” - Continúa el trabajo con una interpretación verdaderamente arrebatadora de un “saltarello” anónimo del S.XIV. Gaitas, crótalos e instrumentos de cuerda se funden con programaciones rítmicas actuales en una danza espectacular y fascinante que nos mete de lleno en el universo medieval que Dead Can Dance van a recrear a lo largo de todo el disco.




“Mephisto” - El siguiente corte instrumental es muy breve (no llega al minuto) y hace las veces de transición con una melodía repetitiva y misteriosa que desemboca en uno de los grandes momentos del disco.

“The Song of the Sibyl” - El “canto de la sibila” es una melodía ancestral cantada en catalán y hecha inmortal por su uso durante las distintas ceremonias de la época de la Navidad en todo el mediterráneo y, particularmente en Mallorca. El texto habla del Apocalpsis y llegó a estar prohibido  tras el Concilio de Trento. La versión de Dead Can Dance es sobrecogedora, tanto en las partes cantadas a dúo como en las que ejecuta Lisa en solitario. Una maravilla.




“Fortune Presents Gifts Not According to the Book” - Del S.XV del que data la versión anterior del “canto de la sibila” saltamos a comienzos del XVII sin salir de España. Interpreta ahora el grupo una adaptación del poema del cordobés Luis de Góngora, “Da bienes fortuna”. La canción es interpretada en solitario por Brendan Perry y la parte instrumental es extraordinaria. Escuchamos un instrumento de cuerda pulsada, probablemente sintetizado, en la introducción que de repente cambia de ritmo introduciéndonos de lleno en el universo musical de la banda. Ambientes misteriosos y sonidos enigmáticos acompañan a la voz de “crooner” de un Perry en estado de gracia a lo largo de un tema que bien podría verse como un adelanto de canciones similares que el artista nos dejaría en discos posteriores.

“As the Bell Rings the Maypole Spins” - En muchas culturas europeas existe un baile que se suele celebrar en mayo en el que los danzantes giran alrededor de un poste de cuyo extremo parten una serie de cintas de colores que se entrelazan conforme avanza la danza. La visión de esta danza de Dead Can Dance es fascinante porque combinan en un mismo tema ritmos que bien podrían ser “trip hop” (de no ser porque en 1990 el género prácticamente no había nacido aún) con gaitas y cantos arcanos por parte de Lisa dando forma a una pieza hipnótica, fuera del tiempo.

“The End of Words” - Continúa el disco con una nueva exhibición vocal por parte del dúo que juega con la polifonía creando combinaciones magníficas entre dos voces que mezclan a la perfección (tres si unimos a David Sust). Una transición vocal de muchos quilates que nos deja ante otra de las joyas del trabajo.

“Black Sun” - Volvemos a escuchar a Brendan Perry como protagonista absoluto en una canción marcada por un poderoso ritmo sintético acompañado de sintetizadores y percusiones antiguas. Uno de los mejores temas del disco y también uno de los pocos que se ajusta al formato habitual de canción pese a estar imbuído del espíritu de Dead Can Dance desde el principio al final.




“Wilderness” - Una curiosidad de “Aion” es que es un disco en el que abundan los cortes de escasa duración. Aquí tenemos otro ejemplo aunque la duración no tiene nada que ver con la calidad. Una vez más, Lisa hace magia sin necesidad de ningún acompañamiento salvo el de ella misma haciendo todas las voces en una pieza, una más, magnífica.

“The Promised Womb” - Si hay un instrumento cuyo sonido nos traslada casi inmediatamente a la época medieval ese es la “viola da gamba”. De un cuarteto de ellas se sirve aquí el dúo para acompañar otro precioso lamento de Lisa Gerrard.

“The Garden of Zephirus” - Otro tema de transición, repetitivo como lo era “Mephisto” y en el que, aparte de una sencilla linea melódica, escuchamos samples con cantos de aves.

“Radharc” - Cerrando el disco tenemos una pieza que podría enlazar perfectamente con el siguiente trabajo de la banda que llegaría unos años después. Ritmos orientales y melodías del mismo corte se suceden de forma magistral hasta la entrada de los dos cantantes, Lisa como voz principal y Brendan como segunda voz. El título, procedente del gaélico irlandés, puede despistar al oyente ya que no hay ningún tipo de referencia celta en la pieza que, por otra parte, es un gran cierre para un trabajo mayúsculo.


Hemos dicho antes que “Aion” fue el primer disco grabado por Dead Can Dance tras la ruptura sentimental entre Brendan Perry y Lisa Gerrard y es cierto pero es muy posible que buena parte del disco estuviera ya hecha o, al menos, compuesta previamente. La grabación se hizo en su mayoría  en la iglesia de Quivvy, en el condado de Cavan, en Irlanda y el resto en unos estudios londineses y fue muy rápida. Contrasta con los más de tres años que transcurrieron antes del siguiente trabajo de la banda, en el que sí se evidenció la dificultad de trabajar a distancia. Sea como fuere, “Aion” es un disco que está entre esos trabajos a los que tenemos un especial cariño, no solo dentro de la discografía de Dead Can Dance sino en general.



 

lunes, 1 de abril de 2019

Dead Can Dance - Within the Realm of a Dying Sun (1987)



Hace un tiempo hablamos aquí de “The Serpent's Egg” como el disco que consolidó el estilo de Dead Can Dance y consagró al dúo como una de las propuestas más originales y con mayor personalidad del panorama musical de finales de los ochenta: el típico disco del que se suele decir que marca un antes y un después. Pues bien, en las dos próximas entradas vamos a hablar precisamente de eso: del disco que hicieron antes y del que llegó después.

Comenzamos por el “antes” y para eso nos situamos en los primeros meses de 1987 con la banda reducida prácticamente al dúo de Brendan Perry y Lisa Gerrard. Del quinteto fundacional se había caído James Pinker y también Scott Rodger (aunque éste último ni siquiera participó ya en el anterior disco de la banda). Peter Ulrich es aún parte de la grabación en calidad de percusionista pero a efectos prácticos, no forma parte ya del núcleo creativo del grupo. La evolución sonora de Dead Can Dance fue rápida ya que todos sus primeros discos mostraban un cambio casi total de instrumentación con respecto al inmediatamente anterior. De una formación casi rockera en su disco de debut pasaron a los trombones, percusiones y violonchelos en el segundo y de ahí a una formación camerística en este “Within the Realm of a Dying Sun” en el que escuchamos un quinteto de cuerdas, una potente sección de metales además de las ya acostumbradas percusiones, sintetizadores y la presencia del oboe de Ruth Watson. Pese a la apariencia clasicista, el sonido del disco no iba a tener mucho que ver con eso y sí con la particular propuesta de la banda que empezó a definirse en el disco anterior y aquí daba un paso más hacia esa mezcla entre música antigua con influencias orientales y con un aire atemporal que pocos grupos han sabido darle a su música. Junto con el citado Peter Ulrich y la pareja Perry-Gerrard, los músicos que intervienen en el disco son: Alison Harling y Emlyn Singleton (violines), Piero Gasparini (viola), Gus Ferguson y Tony Gamage (violonchelos), Ruth Watson (oboe), John Singleton y Richard Avison (trombones), Andrew Claxton (trombón y tuba) y Mark Gerrard (trompeta).



“Anywhere Out of the World” - Bastan unos simples compases para identificar rápidamente el estilo de Dead Can Dance. Percusiones metálicas y sintetizadores crean un ambiente lúgubre, ideal para acompañar a Brendan Perry en su primera intervención vocal del disco. Estamos ante una canción lenta en la que todos los detalles se suman para crear una sensación de inquietud. Como una especie de Depeche Mode góticos, Perry y Gerrard saben dar el toque melódico justo a piezas hipnóticas que nos trasladan a un mundo propio del que es difícil escapar.




“Windfall” - El segundo corte prima las cuerdas para formar una base a la que se añaden sutiles toques electrónicos. Las melodías son simples, casi minimalistas, y cumplen una función ambiental que deja en segundo plano cualquier otra intencionalidad.

“In the Wake of Adversity” - En la misma linea va la siguiente pieza en la que, eso sí, volvemos a tener el inestimable aporte de la voz de Brendan Perry. Cabe resaltar que en estos primeros trabajos, aun está muy contenida. Suele quedar bastante enterrada entre el resto de instrumentos en la producción, algo que sería rectificado paulatinamente en el futuro.

“Xavier” - Por fin y tras hacerse esperar, podemos escuchar a Lisa Gerrard en la introducción de la siguiente pieza; un lamento dramático que hace las veces de introducción para otra canción con Perry como protagonista. Los metales y las cuerdas aparecen de forma más nítida que en cortes anteriores y le confieren una solemnidad más acentuada a la que es, en nuestra opinión, una de las mejores piezas del disco.




“Dawn of the Iconoclast” - Una solemne fanfarria abre la segunda parte del disco que va a ser la del reinado de Lisa Gerrard. Su voz se basta y se sobra para llenar todo el espacio sobre una larga nota electrónica que sirve de colchón para una intervención espectacular. En determinados momentos la voz de Lisa se desdobla en un bellísimo juego vocal que se disuelve lentamente hasta el final del tema.

“Cantara” - Llegamos así a nuestra canción favorita del disco y una de las tres o cuatro mejores de Dead Can Dance según nuestro criterio. Comienza con un ritmo constante marcado por una cuerda sintética sobre el que se dibuja una bonita melodía. Por estos derroteros transcurre la pieza hasta que de repente aparecen las percusiones y los ritmos electrónicos y, por encima de todos ellos, la voz de Lisa Gerrard. Primero en solitario y luego con el acompañamiento de Brendan, ejecutan un motivo que va creciendo en intensidad hasta desembocar en un autentico torbellino musical. “Cantara” es una pieza extraordinaria cuya versión de estudio, sin embargo, palidece ante lo que son capaces de lograr de ella los miembros del dúo cuando la interpretan en directo. Una verdadera maravilla.

“Summoning of the Muse” - Jugar a ser solemnes tanto tiempo puede llevar a un empacho y el comienzo de este corte con las campanas mezclándose con las cuerdas parecía ir en esa dirección pero es ahí cuando aparece Lisa Gerrard al rescate con una serie de polifonías vocales que rozan lo sublime. El tema es grandilocuente, si, pero todo eso queda en un segundo plano en el momento en que escuchamos a la cantante de origen australiano. Su enorme potencial comienza a desatarse y ya no habrá forma de reprimirlo.




“Persephone (The Gathering of Flowers)” - Para el cierre, Lisa decide mostrarnos su registro más grave y conmovedor. Es en su primera mitad una canción procesional de gran belleza pero es aún mejor en su segundo tramo, con las cuerdas y los sintetizadores mezclándose para componer un complejo telar del que emerge de nuevo la voz de la cantante multiplicada en distintas lineas melódicas por un breve instante. El cierre es de intensidad creciente con instrumentos y voz en una simbiosis perfecta.

El tercer disco de Dead Can Dance es el que libera por fin el potencial vocal de Lisa Gerrard que se desplegará en toda su extensión en los trabajos siguientes. Reafirma también un estilo que llegará a su culminación con el siguiente disco “The Serpent's Egg” donde se incorporan plenamente influencias orientales que aún son sólo leves apuntes en este “Within the Realm of a Dying Sun”. Falta aún la última pata de la silla que sería el elemento medieval pero ese llegará con “Aion”, el disco que centrará la siguiente entrada del blog. De momento os dejamos con “Cantara” en directo. Una experiencia insuperable.



 

jueves, 7 de junio de 2018

Lisa Gerrard & Patrick Cassidy - Immortal Memory (2004)



Leyendo mucho de lo que se escribió tras la separación de Dead Can Dance a mediados de los noventa, no era difícil hacerse una idea de Lisa Gerrard y Brendan Perry como dos personas de trato difícil cuya conjunción para grabar los discos de la banda fue casi milagrosa. Llegamos a pensar que ambos tenían un carácter tan complicado que no les hacía especialmente aptos para la colaboración con otro artista pero, al menos en el caso de Lisa, esa impresión parece haber quedado refutada por toda su carrera posterior que, por otra parte, es ya mucho más larga de lo que fue aquella primera etapa de su dúo con Perry.

Si hacemos un repaso es fácil comprobar como, de hecho, la mayor parte de sus discos al margen de Dead Can Dance han sido colaboraciones con otros artistas. Además, en la mayor parte de los casos no han sido coincidencias puntuales sino que se han extendido en el tiempo y han dado como fruto más de un trabajo. Sucedió así con Pieter Bourke de cuyo trabajo conjunto hablamos aquí tiempo atrás y también con otros nombres tan reputados como Hans Zimmer o Klaus Schulze con quienes ha publicado ya un número de discos bastante importante (o, en el caso de Zimmer, bandas sonoras, no siempre publicadas en CD).

Hoy vamos a retroceder hasta 2004, cuando, después de varias películas con el citado Zimmer, Lisa volvió a grabar en estudio con otro artista que también pasó por el blog tiempo atrás: Patrick Cassidy. Gerrard había comenzado a trabajar junto a Hans Zimmer en el año 2000 cuando ambos firmaron la banda sonora de “Gladiator”. Poco después de esa película, el compositor iba a volver a trabajar con Ridley Scott en la música de su siguiente película, “Hannibal”, al mismo tiempo que hacía otros trabajos más comerciales junto a Lisa Gerrard. En un momento determinado de la producción de “Hannibal”, Zimmer recurrió a Patrick Cassidy, que residía en Los Angeles, para que le ayudase a orquestar determinados pasajes de la película y probablemente fuera en alguna de aquellas sesiones en donde se produjo el primer contacto entre Lisa Gerrard y el compositor irlandés. Acordaron trabajar juntos en un futuro y la ocasión se presentó a lo largo de 2003.

Patrick Cassidy encontró unos meses para desplazarse a Australia y grabar allí con Lisa su primera colaboración. Salvo una, todas las composiciones están firmadas por los dos artistas y toda la interpretación corre por cuenta de Cassidy (sintetizadores) y Gerrard (voces).

Patrick Cassidy junto a Lisa Gerrard.


“The Song of Amergin” - La obra de Patrick Cassidy ha estado muy influida por la tradición irlandesa y tiene un buen número de composiciones en las que se recrean distintos momentos de la mitología de aquel país. La “canción de Amergin” pasa por ser la primera canción que alguien cantó sobre suelo irlandés y la entonaría el milesiano Amergin en el momento de su desembarco en la isla. El enfoque es solemne (no podía ser de otra forma) con poderosos colchones electrónicos sirviendo de introducción para la emocionante voz de Lisa Gerrard en un registro enigmático, acentuado por el uso del idioma gaélico. Más que cantar, lo que hace la artista es declamar con una cadencia inimitable una serie de versos que nos sitúan en el estado de ánimo perfecto para afrontar el disco.

“Maranatha (Come Lord)” - La vocalista se atreve con el arameo para ofrecernos este mantra en el que se pide continuamente la presencia de Dios. El uso del eco como efecto principal sobre la voz de Lisa le da una profundidad especial y refuerza el sentido místico de la pieza. Sobre la repetición surge un bellísimo lamento en la parte más aguda del registro vocal de la artista que contrasta a la perfección con el resto del tema.

“Amergin's Invocation” - Cassidy saca aquí todo su talento orquestal para ofrecernos una maravillosa pieza que bien podría haber inspirado mucha de la música de “Juego de Tronos”. Una de las mejores composiciones de todo el disco que mejora aún más cuando escuchamos a Lisa en una brillantísima intervención previa a la repetición del tema central. Glorioso.




“Elegy” - Es el turno ahora para una pieza centrada en la voz de Lisa, del estilo de las que solía hacer en los discos de Dead Can Dance y también muy cercana a alguna de las piezas que la artista cantó en los discos de This Mortal Coil. Los arreglos de Cassidy son sutiles, casi perfectos. Aunque en conjunto el tema es algo plano, la calidad de la interpretación es tal que casi no merece la pena plantearse cuestiones así.

“Sailing to Byzantium” - “No es país para viejos” decía Yeats en el primer verso del poema que inspira este tema. Y no sabemos si lo era la antigua Bizancio pero ninguno de los dos compositores es precisamente ya un jovencito y su trabajo aquí es magistral. Volvemos a las solemnidades orquestales y lo hacemos con un gran acierto por parte de Cassidy, excelente en esa labor en todo el disco. Las cuerdas tienen momentos magníficos pero saben acomodarse a la voz de Lisa Gerrard cuando esta lo requiere logrando una simbiosis perfecta. Las percusiones de la parte final pueden remitirnos al Hans Zimmer más rimbombante pero lo cierto es que siempre han sido un elemento importante en la música de Cassidy por lo que en modo alguno suenan extrañas aquí.




“Abwoon (Our Father)” - Llegamos así a la oración de las oraciones. Nada más y nada menos que el “padrenuestro” y cantado en la lengua nativa de Jesús, el arameo. Lisa opta por un registro discreto que en un principio parecía encaminarse por senderos recientemente transitados junto con Zimmer en “Gladiator” pero que enseguida renuncia a ello para quedar como una pieza sobria y contenida.

“Immortal Memory” - Otra vez Cassidy nos brinda un elegantísimo inicio que nos recuerda sus devaneos barrocos en “The Children of Lir”. En este caso es el pie perfecto para que Lisa vuelva a sobrecogernos con una interpretación inmejorable en una pieza pausada, de una cadencia casi mágica que resume a la perfección lo mejor de ambos artistas.

“Paradise Lost” - En un disco que camina entre el mito, la literatura y la religión, el “Paraíso Perdido” de Milton encaja perfectamente por cuanto que aúna todos esos ingredientes. Sin embargo, y pese a que unos versos de Milton adornan el libreto que acompaña al disco, la inspiración del tema procede de la novela “The Long Green Shore” del australiano John Hepworth, que narra parte de la participación de ese país en la Segunda Guerra Mundial a través de la historia de un grupo de soldados que combatieron a los japoneses en Nueva Guinea. La composición es casi una banda sonora de aquellos acontecimientos, con un toque dramático muy marcado desde el principio y un desarrollo muy lento. La primera sección, orquestal, deja paso a una segunda con Lisa Gerrard como protagonista pero en un un tono muy bajo. Es en el segmento central en el que las dos partes se combinan aumentando la intensidad de la pieza pero no de un modo continuo sino como a oleadas hasta ir despareciendo poco a poco.




“I Asked for Love” - Una de las canciones en las que más notamos el estilo de Lisa Gerrard en el disco es esta, basada en un poema del británico Digby Mackworth Dolben, fallecido con apenas 19 años. La pieza tiene toda la emoción y el desgarro propios de la obra de un artista tan joven y lleno de frustraciones por haber llegado a lo más alto entrando en una institución como Eton y una vez allí, haberse dado cuenta de que es precisamente la pertenencia a ella la que iba a hacer imposible su felicidad.

“Psallit in Aure Dei” - Cierra el disco la única composición del disco firmada por Cassidy en solitario. Dedicada a su padre Colin, es un maravilloso homenaje en el que destaca una bellísima introducción de órgano de la que emerge como un ángel la voz de Lisa. Un colofón extraordinario para un disco verdaderamente mágico.


Tras “Immortal Memory”, Patrick Cassidy y Lisa Gerrard han colaborado en varias ocasiones más para distintas bandas sonoras para cine y televisión aunque no todas llegaron a buen puerto (hicieron la música de “La Pasión de Cristo” de Mel Gibson pero finalmente su trabajo fue descartado por la premura de fechas respecto al estreno). En los últimos tiempos las carreras de ambos han ido por caminos diferentes pero lo cierto es que no nos importaría que volvieran a juntarse en alguna ocasión puesto que discos como el que hoy hemos comentado merecen mucho la pena y están a la altura de lo mejor que ambos artistas han grabado por su cuenta.

Sin embargo, quizá tengamos que esperar un poco porque las últimas noticias nos hablan de un nuevo disco, ya grabado y terminado, de Dead Can Dance para finales de este mismo año y, si eso es así, poco tenemos que añadir porque son palabras mayores.

sábado, 14 de abril de 2018

Dead Can Dance - The Serpent's Egg (1988)



Cuando pensamos de forma retrospectiva en Dead Can Dance como grupo, enseguida nos llega una imagen clara de una banda con un estilo absolutamente inconfundible y lleno de influencias que van desde la música medieval hasta la oriental, la música africana y todo tipo de elementos procedentes de las respectivas tradiciones culturales de sus dos miembros.

Hoy todo parece claro pero esta idea de la banda comenzó a tomar forma del modo en que ahora la conocemos con el disco que tratamos hoy aquí. Estamos en 1988 y el dúo formado por Brendan Perry y Lisa Gerrard había evolucionado un montón desde el pop oscuro de su disco de debut añadiendo paulatinamente nuevos elementos y desechando las partes más convencionales de su propuesta. El cambio fue muy notable en el salto del primer disco al segundo y más pausado a partir de ahí hasta llegar a “The Serpent's Egg”, el trabajo que consideramos como el primero en el que Dead Can Dance consolidan un estilo que les hará únicos de forma que cada uno de los discos siguientes no es sino una variación de los conceptos de éste orientados a una idea central diferente.

El sonido de “The Serpent's Egg” es diferente del de trabajos anteriores. En el apartado de las percusiones, la banda prescinde de instrumentos clásicos en beneficio de otros tradicionales procedentes de diversas culturas. También desaparece la sección de viento y, a cambio, se refuerza la de cuerda sonando aquí un quinteto formado por dos violines, dos violas y un violonchelo. Frente a lo que podría parecer, esta reducción de elementos no supone un sonido más simple sino que, por el contrario, éste es potenciado al extremo plasmandose en un tapiz fascinante. Junto a Brendan Perry y Lisa Gerrard, que cantan e interpretan sintetizadores (Brendan también la zanfona), participan en el disco Andrew Beesley y Sarah Buckley (violas), Tony Gamage (violonchelo) y Alison Harling y Rebecca Jackson (violines).

Lisa Gerrard y Brendan Perry

“The Host of Seraphim” - Si hay una canción de Dead Can Dance que vaya a ser recordada por encima de todas las demás, probablemente sea esta. Es un grito desesperado que surge de la voz de Lisa Gerrard (con unas segundas voces bellísimas) y se eleva sobre un fondo de órgano de gran profundidad. Apenas hace falta nada más... unos golpes de percusión para marcar el cambio entre las secciones de la pieza y alguna variación en los timbres electrónicos que sirven de sostén a la pieza. Con esos elementos asistimos a una canción maravillosa que representa como pocas esa suerte de música que parece proceder de los tiempos más remotos de la humanidad en la que Dead Can Dance se han especializado y de la que prácticamente han hecho un género.




“Orbis de Ignis” - Campanas y una polifonía extraordinaria, construida por completo alrededor de la voz de Lisa es lo que nos ofrece esta breve pieza cuyo estilo encontraría réplicas en posteriores discos del grupo.

“Severance” - Es el turno de la profunda voz de Brendan Perry interpretando una emocionante letanía acompañada de nuevo del sonido del órgano. Todo transcurre lentamente, como en una ceremonia funeraria, con una cadencia pegajosa que se disuelve poco a poco en una coda instrumental muy repetitiva que pone punto final a la canción.

“The Writing on My Father's Hand” - Volvemos a Lisa Gerrard, acompañada en esta ocasión de un sonido pulsante que imita a algún instrumento de cuerda ya perdido. Ritmos inalterables, cantos remotos y juegos vocales sin igual que definen la música del dúo. Melodías que se van complicando con la adición de nuevas capas hasta terminar con mútiples capas de sonido que se replican una y otra vez.

“In the Kingdom of the Blind the One-Eyed Are Kings” - Se combinan ahora los dos elementos instrumentales que habíamos escuchado hasta ahora en el disco por separado: los fondos de órgano y las melodías de cuerda. Se suma la voz de Brendan Perry y, ya en el tramo final, la percusión, para conformar una clásica canción del vocalista.

“Chant of the Paladin” - Continúa la ceremonia secreta con una nueva letanía interpretada por Lisa Gerrard como vocalista y en la que las percusiones marcan el ritmo de principio a fin. Como en todo ritual, la música cumple una función hipnótica que busca provocar el trance en el oyente a base de la repetición. Eso es exáctamente lo que ocurre aquí.

“Song of Sophia” - Lisa Gerrard posee una voz y una técnica tan excepcionales que no tiene ningún miedo a introducir cortes “a capella” en muchos de sus discos. Aquí tenemos un magnífico ejemplo de su forma de cantar, dramática cuando debe y siempre expresiva.

“Echolalia” - Continuamos con la música vocal casi al 100% en esta corta canción en la que Lisa comienza repetiendo las frases que entonce Brendan en el inicio para desarrollar una suerte de variaciones en el tramo final.

“Mother Tongue” - Otra de las características fundamentales de la música de Dead Can Dance son los poderosos ritmos que crean a base de percusiones de todo tipo. Este brillante instrumental es un gran ejemplo de esto que decimos: una fascinante combinación de sonidos de todo tipo que terminan por formar una pieza frenética en su primera parte. La segunda es mucho más calmada y en ella aparece una macilenta melodía electrónica que da paso a la voz de Lisa Gerrard cantando sus particulares textos sin significado.




“Ullyses” - Cierra el trabajo la canción más elaborada del mismo, al menos en el aspecto instrumental. Cuerdas electrónicas, percusiones, juegos de voces a cargo de Brendan Perry y David Navarro Sust y una magnífica sección de cuerda real en la segunda parte del tema ponen el punto final al disco. Sólo faltaría la voz de Lisa para que este tema fuera el perfecto resumen de lo que es Dead Can Dance.


Durante unos años, Brendan y Lisa fueron pareja y “The Serpent's Egg” iba a ser el último trabajo que grabarían en esa situación ya que unos cuantos meses después de su publicación decidieron separarse (literalmente, ya que pusieron entre ambos toda la distancia que separa Irlanda de Australia) sin que eso afectase a su relación profesional puesto que mantuvieron vivo Dead Can Dance por casi una década más con excelentes resultados. De hecho, “The Serpent's Egg” junto con “Aion” e “Into the Labyrinth” forman una especie de trilogía no declarada en la que se encuentra la cumbre del grupo, sin menospreciar trabajos anteriores y posteriores.

Siempre es buen momento para darle una escucha a una de las bandas más personales que han surgido en las últimas décadas y este disco es tan adecuado como el mejor para hacerlo. Nos despedimos con una rara versión en directo en un programa de TV de "Severance":


 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Lisa Gerrard & Pieter Bourke - Duality (1998)



La relación personal entre Brendan Perry y Lisa Gerrard fue siempre muy tensa como fruto del choque de dos personalidades muy fuertes. Esto terminó por poner fin a la carrera del dúo a mediados de los noventa aunque luego comprobamos que no fue una separación definitiva. Antes de que aquello sucediera, Lisa Gerrard había publicado un disco en solitario en el que, en cierto modo, el lugar que Perry ocupaba en Dead Can Dance iba a ser para el músico australiano Pieter Bourke. Bourke procedía de la banda Snog, un grupo de música industrial al que perteneció durante un par de años. También fue parte de Soma, banda más centrada en el ambient con quienes publicó un par de trabajos muy interesantes.

Antes de esos dos bandas, Bourke había formado parte de Eden y probablemente fuera esta etapa la que llamó la atención de Lisa Gerrard. La banda fue calificada en algún momento como unos imitadores de Dead Can Dance e incluso en su segundo disco llegaron a grabar la canción de Tim Buckley “I'm Stretched on Your Grave” que formaba parte habitual del repertorio en directo de Brendan Perry y Lisa Gerrard en aquellos años. Lisa reclutó a Bourke para sus propios directos llegando a participar también en la gira de “Spiritchaser”, el disco de despedida de la primera etapa de Dead Can Dance. La idea de Lisa era que Bourke formase parte de su siguiente disco en solitario como instrumentista, algo que ya había hecho en su primer trabajo titulado “The Mirror Pool” pero su aportación e implicación fue tal que ambos acabaron firmandolo como dúo. De hecho, son ellos quienes tocan la práctica totalidad de los instrumentos que escuchamos en “Duality”, que era el nombre que iba a recibir el nuevo trabajo.

Lisa Gerrard y Pieter Bourke en una imagen promocional.


“Shadow Magnet” - La música de “Duality” no encierra ninguna sorpresa para el seguidor de Dead Can Dance que se puede identificar con ella desde el primer momento. El album se abre con un lamento de Lisa Gerrard envuelto de un sedoso sonido de cuerdas. Tras la introducción entran los sonidos étnicos en forma de percusiones e instrumentos de viento que nos guían a través de una preciosa secuencia rítmica digna de los mejores momentos del dúo con Brendan Perry.




“Tempest” - El disco continúa con este tema en el que las percusiones tienen un peso fundamental ya que prácticamente son el único acompañamiento a la voz de Lisa. En eso tiene mucho que ver la participación del iraní Madjid Khaladj, maestro de todo tipo de instrumentos de percusión de aquel país, que figura además de como intérprete, como co-autor de la pieza.

“Forest Veil” - El siguiente corte se abre con una mezcla de “samples” de sonidos étnicos a la manera de grups como Deep Forest Sin embargo, la aparición de Lisa interpretando una extraordinaria polifonía vocal en la que aprovecha lo amplio de su registro nos lleva enseguida a su terreno.

“The Comforter” - Ese mismo tipo de juego de voces está en la base del siguiente corte del disco, una de esas maravillosas piezas en las que la artista australiana se muestra desnuda cantando sin ningún tipo de acompañamiento y con la única ayuda de la tecnología para combinar las diferentes voces que ejecuta en el tema.

“The Unfolding” - Y si los dos temas anteriores partían de una idea similar, en éste esa idea es llevada a una duración mayor y a un arreglo sobrecogedor. Una de las canciones más profundas y bellas de todo el disco sin lugar a dudas. Un lamento que nos llama desde una época remota y nos toca en lo más profundo. La segunda mitad de la pieza, con la irrupción de los sintetizadores es de una belleza pocas veces alcanzada. Una joya

“Pilgrimage of Lost Children” - Como si de una marcha fúnebre se tratase, un ritmo cadencioso va acompañando a una letanía angustiosa a tres voces. De nuevo, la atmósfera que sólo Lisa Gerrard sabe crear con su voz nos envuelve a lo largo de toda la pieza sin darnos opción de escapar.

“The Human Game” - La siguiente canción es una de las pocas que utiliza un idioma real (el inglés) en todo el disco. También es la que más se ajusta a los cánones de canción tradicional desde un punto de vista formal. De hecho, si hubiera que escoger un tema como “single” del disco sería este, en especial por su segunda parte que es en la que aparece el texto y un ritmo electrónico que se combina perfectamente con los instrumentos tradicionales. Quizá sea el tema de todo el disco en el que más se aprecia la aportación de Pieter Bourke como un elemento distinto de los que Lisa traía de su etapa en Dead Can Dance.




“The Circulation of Shadows” - Un tenue pulso instrumental es el asidero al que se agarra la voz de Lisa para sostener este lúgubre lamento que sólo puede proceder de los lugares prohibidos que todas las culturas han tenido en algún momento. El tema es breve lo que lo le resta un ápice de belleza.

“Sacrifice” - Llegados a este punto nos encontramos con la que es nuestra pieza favorita del disco. Una composición que lo tiene todo, desde nuestro punto de vista: una melodía bellísima, arreglos maravillosos y a una Lisa Gerrard en estado de gracia para cantar como nadie más podría hacerlo. La sutileza del piano en su aparición final es sólo una muestra de lo delicado de toda la canción. No es de extrañar que Michael Mann la utilizase para “El Dilema” convirtiéndola así en uno de los temas más conocidos de Lisa.




“Nadir (Synchronicity)” - El cierre del disco es mucho más animado con una danza de clara inspiración tradicional y una fuerte componente rítmica. Situada en este momento del trabajo resulta un poco anticlimática porque rompe la atmósfera creada por “Sacrifice”.

Curiosamente el disco hizo más por la popularidad de Lisa Gerrard que toda su carrera previa como miembro de Dead Can Dance. Un par de cortes del mismo, “Tempest” y el mencionado “Sacrifice”, formaron parte de la banda sonora de “The Insider” (“el dilema” en España) y el dúo Bourke/Gerrard compuso unas cuantas piezas más para la película. También se intentó utilizar parte del disco como banda sonora de determinadas escenas de “Gladiator” un año después, algo que no pudo llevarse a cabo finalmente por problemas legales entre discográficas. A cambio, Lisa Gerrard “arregló” alguna de las piezas para poder incorporarlas a la película. La música de “Gladiator”, firmada por Lisa y Hans Zimmer hizo que la fama de la artista aumentase y desde ese momento, tanto sus bandas sonoras como sus colaboraciones con otros músicos han sido abundantes.

La primera impresión que nos llevamos cuando escuchamos este disco en su momento fue que dentro de Dead Can Dance, la aportación de Lisa y Brendan era muy fácilmente distinguible, algo que confirmamos cuando un año más tarde apareció el primer disco de Brendan Perry en solitario. Ya en “The Mirror Pool”, el primer disco de Lisa en solitario, quedaba muy clara cuál era su aportación al grupo y qué temas eran responsabilidad suya y cuáles de su compañero. La diferencia es que ahora, la instrumentación es más rica que en aquel trabajo y el sonido tiene una entidad mucho más notable aunque sin perder nada de la esencia de la música de la artista e incorporando una aportación muy importante como es la de Pieter Bourke. “Duality” es un trabajo magnífico, a la altura de los mejores de Dead Can Dance y eso es mucho decir.

Nos despedimos con el dúo en directo. Pese a la mala calidad de imagen merece la pena:

 

jueves, 10 de septiembre de 2015

This Mortal Coil - It'll End in Tears (1984)



Corría el año 1980 cuando un empleado del sello Beggars Banquet, Ivo Watts-Russell fundó una pequeña filial del mismo bajo el nombre de Axis Records, pronto reconvertido a 4AD. Lo hizo con la idea de acoger a artistas algo más arriesgados de lo habitual a fin de poder probarlos y de obtener una reacción por parte del público. Si el experimento salía bien, el nuevo artista pasaría a formar parte del catálogo de la casa matriz.

Como idea parecía muy interesante aunque a la hora de la verdad, sólo un grupo siguió ese camino. Pronto Ivo se dio cuenta del potencial de su nuevo sello y comenzó a edificar la que sería una de las aventuras discográficas más interesantes de principios de los ochenta, primero de la mano de Cocteau Twins y algo después con Dead Can Dance como abanderados. En poco tiempo, 4AD se convirtió en un sello de referencia con una imagen y un sonido muy reconocibles que conformaron toda una linea estética común a la mayoría de sus lanzamientos que pronto reunió a su alrededor un buen número de fieles aficionados.

Ivo tenía inquietudes musicales pero nunca llegó a dar el paso y grabar sus propias obras. Se limitaba a labores de producción en algunos de los trabajos de su sello (él prefiere llamarlas “dirección musical”) pero no dejó pasar la oportunidad de crear uno de los proyectos más afortunados de los que que aparecieron en 4AD. En 1983 se le ocurrió juntar a varios de los artistas más destacados del sello para grabar un disco conjunto bajo el nombre de “This Mortal Coil” (procedente del más célebre monólogo de “Hamlet” aunque otras fuentes afirman que, en realidad, procede del “sketch” del loro muerto de los Monty Phyton). Con la esa denominación aparecerían hasta tres trabajos de gran calidad con algunos denominadores comunes: las canciones serían escogidas por el propio Ivo Watts-Russell e interpretadas por diferentes combinaciones de artistas pertencientes a 4AD. Muchas de ellas serían versiones de clásicos de la música folk o de la psicodelia y otras de los propios grupos del sello incluyendo alguna pieza del propio Ivo.

La primera muestra de la música de This Mortal Coil aparecería en 1984 con el título de “It'll End in Tears”. Participan en el disco: Elizabeth Fraser (voz), Robin Guthrie (guitarra) y Simon Raymonde (guitarra, bajo y sintetizadores), todos ellos de los Cocteau Twins. También Lisa Gerrard (voz) y Brendan Perry (batería), de Dead Can Dance, John Fryer (mano derecha de Ivo y co-propietario del sello), Gordon Sharp (vocalista que había colaborado con los Cocteau Twins), Martyn Young (teclados, bajo y guitarra) junto con su hermano Steven (piano), miembros ambos de Colourbox, Mark Cox, teclista de The Wolfgang Press, Manuela Rickers, de Xmal Deutchland, el violonchelista Martin McCarrick, colaborador habitual del sello y miembro años más tarde de Siouxie and the Banshees, la violinista Gini Ball, de trayectoria similar a la de McCarrick, Howard Devoto, vocalista de los Buzzcocks y Robbie Grey de Modern English. Todos ellos de la mano de Ivo Watts-Russell que toca los teclados y ejerce de productor del disco.

Imagen de Ivo Watts-Russell


“Kangaroo” - La primera pieza del disco es una composición de Alex Chilton, cantante de Big Star, grupo norteamericano de cierto éxito a principios de los años setenta aunque son más recordados hoy como banda de culto que como grupo de masas. La interpretación corre a cargo de Gordon Sharp acompañado por Simon Raymonde aunque la presencia del violonchelo de Martin McCarrick es muy notable. La versión es elegante, con una importante parte del peso a cargo de la voz de un Sharp muy inspirado.

“Song to the Siren” - La gran joya del disco es, sin duda alguna, la versión de este clásico de Larry Beckett y Tim Buckley a cargo de Elizabeth Fraser y Robin Guthrie. La vocalista interpreta con absoluta maestría una canción extraordinaria que ha conocido muchas versiones sin que ninguna haya conseguido acercarse a ésta, llena de sensibilidad y elegancia, con unos arreglos sobrios que realzan, si es que hacía alguna falta, la personalísima voz de Elizabeth. Poco más se puede añadir. Sólo disfrutar una y otra vez de un momento mágico como este.



“Holocaust” - La segunda canción de Alex Chilton que aparece en el trabajo es interpretada por Howard Devoto con el acompañamiento de un piano y algunos sutiles arreglos electrónicos y de cuerda. El sello característico de muchas de las mejores producciones del sello está muy presente aquí a lo largo de toda la pieza lo que da una extraña sensación de unidad a todo el disco pese a sus particulares características, poco favorables a priori para que suceda esto.

“Fyt” - Ivo Watts-Russell y John Fryer aportan esta pieza instrumental de corte ambiental al trabajo. Comienza con una serie de sonidos y efectos electrónicos que pronto son acompañados por un ritmo industrial que da cierta coherencia a la composición. A la peculiar cadencia se unen algunas cuerdas electrónicas para terminar de conformar una pieza bastante interesante.

“Fond Affections” - Una de las primeras bandas en publicar con 4AD fueron los Rema-Rema, banda en la que tocaba Mark Cox antes de incorporarse a The Wolfgang Press. Gordon Sharp lidera aquí la versión de una de las canciones del grupo. A grandes rasgos continúa con la linea estética del resto del trabajo: arreglos elegantes, principalmente electrónicos, a cargo de Ivo, una gran melancolía y mucha sobriedad.

“The Last Ray” - Una de las pocas piezas que rompe un poco con esa idea es este tema original de Ivo Watts-Russell y la parte instrumental de Cocteau Twins, es decir, el dúo Guthrie/Raymonde. El tema se acerca más al pop-rock desde una óptica próxima a los primeros Dead Can Dance o a los Durruti Column de Vini Reilly.

“Another Day” - La fantástica voz de Elizabeth Fraser vuelve a sonar para dar vida a una gran canción de Roy Harper. Unos años antes, Kate Bush realizó su propia versión de la pieza y su influencia en la aproximación a la misma de Elizabeth es notable hasta el punto de que cualquier oyente no informado de la identidad de la intérprete en el disco podría fácilmente optar por la propia Kate a la hora de aventurar un nombre.

“Waves Become Wings” - Dead Can Dance eran unos recien llegados al sello 4AD en el que habían publicado su disco de debut apenas ocho meses antes de la aparición de “It'll End in Tears. Curiosamente, la pieza escrita e interpretada por Lisa Gerrard en este disco tiene mucha más relación con lo que Dead Can Dance harían en el futuro que con ese primer trabajo. Lisa canta una melodía intemporal que parece sacada de una ceremonia perdida en el tiempo.

“Barramundi” - Prácticamente fundida con la pieza anterior comienza a desarrollarse esta composición de Simon Raymonde. Un excelente instrumental a base de guitarras y sintetizadores que recuerda lejanamente a los experimentos sonoros de Brian Eno y Robert Fripp de la década anterior.

“Dreams Made Flesh” - Lisa Gerrard realiza una segunda aportación al disco sin apenas solución de contiunidad con el tema precedente lo que nos hace pensar en los tres cortes como en una pieza única dividida en tres partes. Lisa ejecuta su habitual yangqin para acompañar su canto, profundo y evocador como tendríamos ocasión de descubrir en la discografía de Dead Can Dance en los años siguientes. Realmente estamos ante una pieza que podría haber formado parte de cualquier disco de la banda y que, de hecho, se incoporó al repertorio en directo de la misma, especialmente en los conciertos de sus últimas giras en cuyo repertorio también figuraba otra de las canciones de “It'll End in Tears”: “Song of the Siren”.



“Not Me” - Robbie Grey, de Modern English y Simon Raymonde unen fuerzas para realizar una versión de esta canción de Wire escrita por su vocalista Colin Newman. Es, quizá, la canción más convencional de todo el disco y la adaptación sigue esa linea por lo que no la contamos entre lo mejor del disco. Con todo, es una buena versión.

“A Single Wish” - Cerrando el disco encontramos esta balada instrumental escrita por Gordon Sharp, Steven Young y Simon Raymonde. Es casi una miniatura llena de encanto cuyo peso recae en el piano pero que no sonaaría igual de bien sin los exquisitos arreglos electrónicos y las leves percusiones que se dejan oir de vez en cuando.


4AD es uno de esos sellos que han sabido hacerse un nombre gracias, principalmente, a una fidelidad a sus principios y una coherencia que no son muy habituales, especialmente cuando se alcanza un cierto tamaño y una volumen de publicaciones determinado. Esa continuidad en el estilo es la que hace posible que un disco como este salga adelante con un resultado tan notable. No suele ocurrir que trabajos de estas características con bandas “fantasma” como era en realidad This Mortal Coil alcancen niveles tan altos y funcionen, en realidad, más como un disco de un grupo de artistas que como un recopilatorio. Hay excepciones que han aparecido por aquí en su momento (el TF100 del sello Tonefloat sería una bien reciente) pero no son muy abundantes. Más extraordianrio aún es el hecho de que el proyecto tuviera continuidad y nos brindase un par de grandes discos que añadir a este pero eso será materia de otra entrada en su momento. Por ahora os recomendamos disfrutar de este disco: una joya no demasiado conocida que merece un lugar destacado en cualquier discoteca mediamente inquieta.

Alguna de las piezas del disco disfrutó, incluso, de videoclip oficial. Podemos disfrutarlo aquí:


 

jueves, 7 de mayo de 2015

Lisa Gerrard - The Silver Tree (2006)



La disolución de Dead Can Dance a finales de los años noventa vino precedida, como suele ocurrir, de los primeros trabajos discográficos de uno de sus miembros en solitario. Fue Lisa Gerrard quien primero dio ese paso con la publicación en 1995 de “The Mirror Pool” aunque lo cierto es que la cantante había realizado ya alguna banda sonora por su cuenta.

Desde aquel momento, la actividad de Lisa fue en aumento y comenzó una serie de colaboraciones, a cual más interesante, con músicos como Pieter Bourke, Patrick Cassidy o Hans Zimmer así como intervenciones puntuales en trabajos de Orbital o Delerium.

Entre unos y otros, el segundo trabajo firmado por Lisa Gerrard en solitario tardaría en llegar más de 10 años respecto al primero (si tenemos en cuenta sólo discos creados como tales y no bandas sonoras). Ese tiempo no transcurrió en vano y en “The Silver Tree” apreciamos una importante evolución de una artista cuyos primeros trabajos sonaban como una extensión de lo que hacía en Dead Can Dance y que ahora mostraba un estilo diferenciado. Es imposible sustraerse a la tremenda personalidad de la voz de Lisa que hace que prácticamente cualquier cosa que cante suene inmediatamente a ella pero teniendo eso en cuenta, su progresiva separación del sonido de su colaboración con Brendan Perry es cada vez más notable como se aprecia en el trabajo del que hablamos hoy.

Siempre inquietante: Lisa Gerrard.


“In Exile” - El disco arranca con un sonido oscuro, abisal, gracias a los arreglos orquestales de Patrick Cassidy (quien volverá a hacer esa labor en otro corte del disco) y los sintetizadores de la propia Lisa. Aparece entonces la voz grave de la australiana en uno de sus registros más tenebrosos entonando un estremecedor lamento. El acompañamiento, como ocurrirá en el resto del disco, es sobrio e inquietante, más, si cabe, de lo habitual en los trabajos precedentes de la artista.



“Shadow Hunter” - Continúa el disco con el tono inquietante, reforzado por la percusión tribal tan característica de discos anteriores pero con un espíritu aún más ominoso de lo habitual. Es inevitable una escucha intranquila de estos primeros momentos del disco.

“Come Tenderness” - Por fin escuchamos la voz de Lisa en sus registros más habituales, a cappella en el comienzo y reforzada por samples vocales y densas capas de sintetizador más tarde. A su modo, es una canción luminosa y esperanzada, solemne, hechizante. Un rayo de esperanza entre tanta oscuridad.

“The Sea Whisperer” - Continuando con el espíritu del tema precedente, seguimos escuchando la cara amable de Lisa Gerrard, por momentos cercana a sus colaboraciones en los discos de This Mortal Coil. Es esta una música que no conoce comparación posible si no es con la de la propia artista que, no en vano, es una de las voces más personales e inconfundibles del panorama discográfico de las últimas décadas.

“Mirror Medusa” - Regresamos a los sordos rumores electrónicos rasgados esta vez por cuerdas sintéticas en un nuevo corte ambiental en el que la voz de Gerrard descansa para emerger más adelante en el disco. Es una pieza de tono muy cinematográfico pero que sólo puede acompañar pasajes con escasa iluminación, opresivos, amenazadores. Retratos de lugares en los que querríamos estar el menor tiempo posible.

“Space Weaver” - La única pieza del disco cuya autoría es compartida la firman la propia Lisa y el compositor australiano Michael Edwards, especialista en música de cine. Ambos artistas volverían a colaborar en el futuro en alguna banda sonora. La canción comienza como una balada ambiental y se convierte, merced a la aparición de un cadencioso ritmo programado, en un tema electrónico que podía figurar en cualquier recopilación “chill out”. Las armonías vocales del segmento final de la pieza consiguen elevar mucho, en todo caso, nuestra impresión global del tema.



“Abwoon” - Una de las dos composiciones del disco que no son nuevas es esta pieza que ya apareció en el trabajo “Immortal Memory” que Lisa Gerrard publicó junto con Patrick Cassidy en 2004. Se trata de una canción muy espiritual (en el citado disco llevaba el subtítulo, o quizá traducción, de “Our Father”) que se acerca más de lo habitual en la la intérprete a ciertas piezas “new age” de décadas pasadas.

“Serenity” - Escuchamos una guitarra por primera vez en el disco que repite como un mantra una serie de acordes monótonos alrededor de los cuales se arremolinan densas texturas electrónicas que sirven de base para el canto monódico primero y acompañado por distintas voces dobladas más tarde de la artista australiana. Es un tema hipnótico que termina quizá demasiado pronto.

“Towards the Tower” - La pieza más larga del disco vuelve a contar con arreglos de Patrick Cassidy. Disfrutamos en ella de un viaje por lo más interesante del universo musical de Lisa Gerrard: juegos electrónicos, ritmos programados combinados con percusión ancestral, fragmentos vocales que recuerdan a los mejores momentos de Dead Can Dance, interludios góticos adornados con el fúnebre tañir de las campanas y todo con una intensidad incesante. La pieza concluye con un bellísimo lamento próximo en espíritu a “The Host of Seraphim”, una de las más recordadas piezas de los citados Dead Can Dance.



“Wandering Star” - Dos breves temas nos acercan al final del disco. La primera de ellas es esta canción en la que los sintetizadores y la zanfona en un segundo plano realzan la extraordinaria voz de nuestra artista.

“Sword of the Samurai” - El último interludio instrumental del disco es una suma de sonidos ambientales de corta duración que cumple su papel de transición hacia el que probablemente sea el tema estelar de la obra.

“Devotion” - La canción fue una de las nuevas composiciones que los miembros de Dead Can Dance regalaron a su público en su gira norteamericana de 2005 y es aquí rescatada por Lisa Gerrard para darle el sitio que merece. Como ocurría con el fragmento final de “Towards the Tower”, se trata de otra digna heredera de “The Host of Seraphim”. No hacen falta más que unas pocas notas extendiéndose con suavidad hasta el límite de la capacidad vocal de Lisa con un escueto acompañamiento electrónico para sumergir al oyente en un estado de trance casi místico, tal es la emoción que la vocalista australiana es capaz de transmitir desde lo más profundo de su espíritu.

“The Valley of the Moon” - Siempre ha habido algo de la herencia de sus antepasados irlandeses en la música de Lisa Gerrard y, de vez en cuando, ese legado se hace evidente como ocurre en esta maravillosa canción en la que un cierto aire celta se mezcla con atmósferas electrónicas dignas del mejor Brian Eno. Excepcional forma de poner fin a un disco revelador como pocos.


No hemos profundizado aún demasiado en el blog en la trayectoria de Dead Can Dance, siendo como es una banda fundamental en las últimas décadas dentro de los tipos de música que solemos tocar aquí. Trataremos de ir ampliando poco a poco el retrato del grupo salpicándolo con discos como éste de una de sus integrantes principales (Brendan Perry ya tuvo sendos espacios para cada uno de sus discos en solitario). Mientras van llegando esas futuras entradas, es buen momento para recomendar “The Silver Tree”, un trabajo diferente pero atractivo como pocos.

lunes, 6 de enero de 2014

Dead Can Dance - Into the Labyrinth (1993)



Todo grupo tiene un momento clave, un disco culminante que se convierte en referencia para bien o para mal de toda su carrera. Es habitual que ese gran trabajo sea el primero o uno de los primeros, algo lógico por varios motivos: por un lado, en el primer disco el artista suele poner todo lo mejor que ha hecho hasta entonces mientras que en los siguientes se recoge lo mejor sólo desde que publicó el anterior trabajo. Por otra parte, la industria no suele tener demasiada paciencia como para esperar demasiado si una banda no consigue triunfar tras uno o dos intentos. En el caso de Dead Can Dance, este disco de referencia tardó en llegar varios años. Tienen la excusa de que su trayectoria fue claramente ascendente hasta ese momento, con cada nuevo disco yendo un paso más allá que el anterior y sin titubear en ningún instante. Hoy nos toca hablar del que, probablemente, sea el trabajo más importante en todos los sentidos del dúo formado por Brendan Perry y Lisa Gerrard.

Durante unos años, los dos músicos fueron pareja pero en el momento de la publicación de su disco anterior, “Aion”, ya estaban separados. Esa separación sentimental se tradujo en una separación física de más de 15.000 kilómetros puesto que Lisa regresó a Australia mientras que Brendan se quedó en la fantástica iglesia de Quivvy, situada en una isla en medio de un río entre Irlanda e Irlanda del Norte. Ambos artistas trabajaban, pues, por separado en las canciones. Suponemos que mantendrían algún tipo de contacto para poner en común algunas ideas pero estamos hablando de 1993, cuando la capacidad de internet para transmitir grandes bloques de datos estaba aún en pañales, por lo que los intercambios debían hacerse por correo ordinario. Imaginamos que varias demos viajarían en aquellos meses de una punta a otra del globo hasta que, por fin, se seleccionó el material a partir del cual se grabaría el nuevo disco. Para ello, Lisa se desplazó a la iglesia en la que Brendan tenía su estudio y tres meses después, el material que formaría parte del disco estaba preparado.

No hay información en el disco acerca de la autoría de cada uno de los temas pero creemos acertado suponer que la pista nos la da el miembro del dúo que canta en cada uno de ellos. Otra historia distinta son los instrumentales pero intentaremos desentrañarlo en el transcurso del análisis de las distintas piezas. Sin ser un disco conceptual en el sentido habitual del término, sí que existe un hilo conductor (término pocas veces más apropiado que esta) entre varios de los temas. Si tomamos el título del disco, “Into the Labyrinth” como una pista, encontramos varias claves que nos ayudan a entender esa idea general que subyace en el trabajo aunque no es la única, como veremos. Hay, además, referencias a Joy Division, textos de Bertold Brecht, etc. En suma, un disco muy interesante y profundo a varios niveles.


Lisa Gerrard y Brendan Perry

“Yulunga (Spirit Dance)” – El término procede del idioma aborigen australiano y podría tener relación con Julunggul, diosa con forma de serpiente que supervisaba los ritos de transición de los jóvenes a la edad adulta. Parece lógico asumir que la autoría es de Lisa. Comienza con un profundo sonido electrónico sobre el que escuchamos el lamento de la artista con esa voz inimitable, que es capaz de alcanzar tesituras enigmáticas y llenas de misterio. Los sintetizadores van conduciéndonos a lo largo de los instantes siguientes imitando lúgubres violonchelos hasta que comienza la danza con el tañido de las campanas tibetanas y una auténtica fiesta de percusiones de todo tipo que se combinan magistralmente acompañando a la voz de Lisa. Llegados a este punto estamos atrapados sin remisión y sólo nos queda dejar hacer al dúo, conscientes de que, hasta que ellos decidan poner punto final a la música, no podremos escapar del hechizo.



“The Ubiquitous Mr.Lovegrove” – Escrita por Brendan, quien describe al tal Lovegrove como un “alter ego” del propio artista (aunque el nombre está sacado del título de un capítulo de una vieja serie de televisión británica). Habla de sus propias relaciones con las mujeres de un modo introspectivo. De nuevo una pulsación electrónica constante abre el tema al que se van añadiendo distintos sonidos, desde un omnipresente sitar hasta percusiones de todo tipo. Una gaita desgrana una breve melodía y sirve a Brendan como pie para comenzar su particular letanía. Asistimos a una combinación sorprendente de percusiones, pizzicatos y sonidos sintetizados de cuerdas (violines y cellos, principalmente) con formas vocales claramente pop en una gran canción que, con otros arreglos podría haber pasado perfectamente por una canción más de las que pueblan las listas de éxitos.

“The Wind that Shakes the Barley” – Única canción tradicional del disco, escrita en el siglo XVIII por el poeta Robert Dwyer Joyce.  Lisa Gerrard se atreve con una versión a cappella absolutamente arrebatadora. Hace falta mucho valor para grabar así hoy en día, cuando la definición de los soportes de reproducción es tal que cualquier mínimo defecto se magnifica. La interpretación de Lisa es impresionante y nos deja sobrecogidos.

“The Carnival is Over” – Cuenta Brendan Perry que se trata de una canción sobre sus recuerdos de adolescente en Londres, y sus tardes en el circo. Eso ayuda a entender la cita que hace del verso inicial de “The Eternal” del disco “Closer” de Joy Division. No será la única en este disco. Se combinan una especie de guitarra con sus monótonos acordes, con un ritmo de cascabeles y unas flautas sintéticas para componer una balada en la que nos parece apreciar una lejana influencia de Depeche Mode a la hora de integrar los distintos sonidos electrónicos aunque formalmente los estilos de ambos grupos son antagónicos. La canción termina con una especie de coda más ambiental que enlaza sin solución de continuidad con el siguiente corte.

“Ariadne” – En un disco titulado “en el laberinto”, la referencia a Ariadna no es casual. Según el mito griego, ella fue la que ayudó a Teseo a salir victorioso de su encuentro con el Minotauro en el laberinto cretense en el que estaba encerrado. La música es luminosa y alegre ahora y hasta la inquietante voz de Lisa Gerrard suena esperanzada.

“Saldek” – La única referencia que encontramos al título es una población turca de incierta localización y una imagen de un ídolo o deidad que aparece en el libreto del disco (y que acompaña a estas lineas). Si el corte anterior era breve (no llegaba a los dos minutos), éste lo es aún más, sobrepasando con problemas el minuto de duración. Es una canción, una vez más, a cargo de Lisa utilizando ese particular idioma inexistente con la única compañía de una animada percusión y unos ligeros arreglos de cuerdas.


“Towards the Within” – Podríamos interpretar el título relacionándolo con la aventura de Teseo al dirigirse “hacia el interior” del laberinto. Se combinan por fin las voces de ambos artistas logrando esa mezcla perfecta entre registros tan diferentes que caracteriza en buena medida el sonido de Dead Can Dance. Con la ayuda de la tecnología que permite a Lisa desdoblarse en diferentes líneas melódicas terminan por lograr una canción maravillosa, plena de ritmo y exotismo. La música evoluciona ante nuestros oídos de forma continua llevándonos a civilizaciones extintas, a misteriosos mercados en medio del desierto, a selvas inexploradas o a templos ignotos, como si de un folclore enloquecido se tratase. Sin duda alguna, estamos ante uno de los grandes temas del disco.



“Tell Me About the Forest (You Once Called Home)” – Una canción sobre los emigrantes tan habituales en un país como Irlanda y sobre las experiencias en el extranjero que narran a su vuelta. De nuevo, Perry toma prestados un par de versos de Joy Division, concretamente del que fue último single de la banda: “Love Will Tear Us Apart”. La canción se construye a partir de una especie de bajo continuo con un timbre similar al del clavicembalo sobre el que se desarrolla una canción en la que predominan los sonidos electrónicos y los samples de instrumentos reales, desde los trombones hasta las cuerdas, mezclados con xilófonos y otras percusiones de la misma familia. Como ocurría en el anterior corte en el que Perry toma prestada una cita de la banda de Ian Curtis, hay algo en éste que nos recuerda de nuevo a Depeche Mode. La razón puede encontrarse en la influencia común que ejerce la malograda banda sobre ambos grupos. Como anécdota, los propios Depeche Mode hicieron su propia versión del “Love Will Tear Us Apart”.

“The Spider’s Stratagem” – Borges escribe el breve cuento “Tema del Traidor y el Heroe” sobre el que Bertolucci construye su película “La estrategia de la araña”. Aunque el escenario del film es italia, Borges situaba su cuento en un país indeterminado, que, en sus propias palabras, podría ser Irlanda (que el protagonista se llame Ryan Kilpatrick ayuda a esta interpretación). La importancia del laberinto en Borges podría tener alguna relación muy tangencial con el tema general del disco. El cuento, en cualquier caso, pertenece al libro “Ficciones” pero en el Reino Unido se publicó en un volumen llamado “Labyrinths” con selecciones de ese título pero también de “El Aleph” y otras obras por lo que no es descabellado que la relación entre disco y cuento venga por este detalle. Dead Can Dance recuperan aquí las percusiones étnicas y Lisa Gerrard el protagonismo absoluto en lo vocal. Se trata de otra canción en la que el dúo nos transporta a folclores inexistentes y fascinantes como pocos de los reales. Campanas, sintetizadores y ritmos electrónicos completan la paleta de sonidos en otra canción fascinante que nos va acercando al final del disco con algunos guiños orientalizantes en la parte final que anticipan una posible evolución del sonido del grupo en el futuro.

“Emmeleia” – El título alude a una suerte de danza trágica en el teatro griego y es la excusa del dúo para mostrarnos una colosal armonización de las voces de sus dos miembros sin ningún tipo de apoyo instrumental. Una melodía impresionante con aires bizantinos que en la interpretación de Dead Can Dance suena a invocación, a conjuro de otros tiempos. Sin duda, una de las grandes joyas del disco.

“How Fortunate the Man With None” – Los herederos de Brecht sólo han autorizado dos adaptaciones de la obra del dramaturgo para un uso distinto del ideado por su autor. Éste es uno de ellos. La adaptación musical de Brendan Perry tenía su origen en una producción teatral de “Madre Coraje” y aprovecha para recuperarla como cierre del disco. Musicalmente la estructura es simple en apariencia, una melodía oscura, procesional, de sintetizador es el fondo sobre el que Brendan Perry declama más que canta, un desgarrador texto sobre los inconvenientes del comportamiento recto y justo que lleva en ocasiones a quien lo sigue a la muerte sin que nadie haga gran cosa por evitarlo y, lo que es peor, sin que esa muerte suponga ninguna enseñanza para el resto. El texto de Brecht es brutal por lo que encierra de verdad en sus versos y la versión de Perry lo realza aún más si es que es posible:

“Ya visteis al sagaz Salomón.
Ya sabéis qué fue de él.
Lo más complejo era sencillo para él
Y terminó por maldecir la hora en que nació
cuando vio que todo lo que hizo fue en vano.
¡qué gran sabio fue Salomón!
Pero el mundo no se paró a esperar
y siguió mirando lo que venía después.
Fue la sabiduría la que llevó a Salomón a ese estado.
¡Qué afortunado quien no la tiene!

Visteis a continuación al valiente César.
Ya sabéis qué le sucedió.
Le convirtieron en un Dios en vida
para asesinarle a continuación.
Y cuando alzaban el puñal asesino,
qué fuerte gritó: ¡tú también, hijo mío!
Pero el mundo no se paró a esperar
y siguió mirando lo que venía después.
Fue la valentía la que llevó a César a ese estado.
¡Qué afortunado quien no la tiene!

Visteis a continuación al valiente César.
Ya sabéis qué le sucedió.
Le convirtieron en un Dios en vida
para asesinarle a continuación.
Y cuando alzaban el puñal asesino,
qué fuerte gritó: ¡tú también, hijo mío!
Pero el mundo no se paró a esperar
y siguió mirando lo que venía después.
Fue la valentía la que llevó a César a ese estado.
¡Qué afortunado quien no la tiene!

Habéis oído hablar de Sócrates, el sincero,
el hombre que jamás mentía.
Pero no le estaban tan agradecidos como cabría esperar.
Por el contrario, arreglaron las cosas para llevarlo a juicio
y terminaron por entregarle la bebida envenenada.
¡Qué sincero era el noble hijo del pueblo!
Pero el mundo no se paró a esperar
y siguió mirando lo que venía después.
Fue la sinceridad la que llevó a Sócrates a ese estado.
¡Qué afortunado quien no la tiene!

Habéis visto actuar a personas respetables
que siguen las normas de Dios
aunque éste no haya dado señal de vida.
Vosotros, que estáis a salvo en vuestros hogares
ayudadnos a aliviar esta amarga necesidad.
¡Cuan recto era nuestro comportamiento al principio!
Pero el mundo no se paró a esperar
y siguió mirando lo que venía después.
Es el temor de Dios el que nos ha llevado este estado.
¡Qué afortunado quien no lo tiene!”


Con “Into the Labyrinth”, Dead Can Dance alcanzaron niveles de popularidad desacostumbrados hasta entonces para el dúo. El disco fue lanzado en los Estados Unidos con la distribución de Warner, lo que ayudó mucho a su éxito y les convirtió en una banda de culto, siempre en la escala que estos tipos de música permiten alcanzar. Tambié fue el disco con el que les conocimos aquí y, quizá por ello, le guardamos un mayor cariño a pesar de que otros trabajos del grupo nos puedan parecer tan buenos como éste o incluso mejores. En cualquier caso, es ya un clásico en su estilo que todo aficionado debería tener en su discoteca. Si aún no os contáis entre los poseedores de un ejemplar, podéis solucionarlo fácilmente en cualquiera de los enlaces siguientes:

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Nos despedimos con la impresionante interpretación de Lisa Gerrard en directo de "The Wind that Shakes the Barley":

  

domingo, 27 de octubre de 2013

Dead Can Dance - In Concert (2013)



Seguimos tratando de no perder de vista los lanzamientos que se han producido en los últimos meses y hay uno muy interesante que se nos empezaba a quedar antiguo. Se trata de “In Concert” de Dead Can Dance: disco doble en directo como sugiere su título, de gran interés para aquellos que se hayan enganchado al dúo con “Anastasis” ya que repasa ese disco al completo junto con otros cortes procedentes de trabajos anteriores.

El disco se grabó en la extensa gira que siguió a la publicación de “Anastasis” y tiene diferentes ediciones por lo que tenemos que explicar el contenido de cada una para evitar confusiones. Existe una primera versión de once cortes con una selección de lo mejor de los conciertos, una segunda en disco doble con lo que suponemos que era el “tracklist” completo de una actuación “tipo” de la gira y una tercera edición como complemento de “Anastasis Deluxe Edition” que contenía el disco de estudio acompañado del primero de los discos comentados, el directo de un solo CD.

No queda nada de la antigua banda que acompañaba a Brendan Perry y Lisa Gerrard en la primera etapa de Dead Can Dance que ahora es más escasa de efectivos, reclutados buena parte de ellos del grupo de músicos que colabora habitualmente con Astrid Williamson, quien también participa en el tour. Astrid interpreta teclados y algunos coros. Se trata de una cantautora apadrinada en su momento por John Cale y que ha trabajado con artistas del entorno de Brian Eno como Jon Hopkins. En 2010 se incorporó a la gira de Brendan Perry en la que presentaba su disco “Ark” y a partir de ahí, forma parte del núcleo más próximo a Dead Can Dance aportando, además, a dos de sus colaboradores habituales: el batería Dan Gresson (quien también ha tocado con Brian Eno) y el bajista Richard Yale. Completan la banda el compositor y teclista Jules Maxwell, participante también en anteriores giras de Perry en solitario, y el percusionista y experto en el “hang drum”, David Kuckhermann, único de todos ellos que también tocaba en “Anastasis”.

Formación de Dead Can Dance para la reciente gira

“Children of the Sun” – Comienza el disco con una de las canciones insignia de “Anastasis” en una versión que, como ocurrirá con todas las procedentes de ese trabajo, es tremendamente fiel a la original. Demasiado, diríamos, ya que apenas hay diferencias ni arreglos que nos llamen la atención. Reconforta, eso sí, comprobar cómo la voz de Brendan Perry sigue tan poderosa como siempre, incluso en directo.

“Anabasis” – Segundo tema perteneciente a “Anastasis” con especial protagonismo de David Kuckhermann al “hang” y primera intervención de Lisa Gerrard en la que aprovecha al máximo esa capacidad de evocación de su voz, sin comparación en el panorama actual. La melodía posee un sabor árabe indiscutible que evidenciaba el giro que había experimentado la banda hacia esos sonidos en su último disco de estudio abandonando la inspiración medieval de trabajos anteriores. En cualquier caso, se trata de una canción con el inconfundible sello de Dead Can Dance.

“Rakim” – Nos encontramos ahora con el primero de los temas pertenecientes a anteriores trabajos del grupo, concretamente a uno publicado en el anterior disco en directo que llevó el título de “Toward the Within”. Ya entonces fue uno de los momentos culminantes del disco y es que se trata de una pieza extremadamente bien construida. Con un drone como fondo a partir del cual comienza a sonar un exótico instrumento de cuerda durante unos minutos se va tejiendo un tapiz fantástico. Aparece entonces una poderosa maquina rítmica que marca un latido constante que es el punto de partida para la voz de Brendan. Prosigue la canción con solemnidad y aparece de un modo brillante Lisa Gerrard tarareando una preciosa melodía que se combina con la que ya cantaba nuestro vocalista para cerrar una gran canción, interpretada magistralmente.

“Kiko” – Volvemos a “Anastasis” con otro de los temas de influencia árabe que enlazará perfectamente con el siguiente. Como ocurría con los anteriores, de no ser por alguna pequeña diferencia en las percusiones, la versión es casi calcada a la de estudio. Con todo, sigue siendo una canción impresionante y a la medida de Lisa Gerrard.

“Lamma Bada” – Aparecen en el disco tres piezas inéditas la primera de las cuales es esta versión de un tema tradicional árabe, de origen andalusí, según algunas fuentes. La canción ha sido interpretada en multitud de ocasiones por músicos de diferentes estilos incluyendo, por ejemplo, a Radio Tarifa. Dead Can Dance optan por una versión sobria con gran peso de las percusiones y una interpretación a cargo de Brendan Perry más que correcta aunque quizá no sea su registro vocal el más adecuado para esta melodía. No deja de ser, en todo caso, una declaración de intenciones muy clara su inclusión en el repertorio de los conciertos confirmando la nueva orientación de la banda.

“Agape” – Cerrando en cierto modo la sección “árabe” del concierto, llegamos a otro de los cortes procedentes de “Anastasis”. Al contrario que en los anteriores, ahora sí que encontramos diferencias en cuanto a los arreglos que radican principalmente en la percusión y el bajo, mucho más intensas aquí, y en el tempo, ligeramente acelerado en la adaptación para concierto de la canción. Quizá por ello, acostumbrados como estábamos a la interpretación del disco, nos resulta algo extraña esta revisión.

“Amnesia” – Una de nuestras canciones favoritas de “Anastasis” aunque lo cierto es que tenía más en común con discos como “Ark” de Brendan Perry en solitario que con la música habitual del dúo. Aquí suena más potente que en la versión de estudio aunque no encontramos diferencias notables entre ambas interpretaciones. Quizá sólo ese ambiente inconfundible del sonido directo es el que le da ese vigor adicional. En cualquier caso, sigue siendo una canción muy disfrutable.

“Sanvean” – Llegamos ahora al que fue uno de los temas más emocionantes de la primera etapa de Dead Can Dance en el que Lisa Gerrard hace una interpretación absolutamente magistral, entregada e inspirada a partes iguales y no exenta de dificultad por el amplio rango vocal que requiere de la cantante. No llegó a aparecer en su momento en ningún disco de estudio del dúo pero poco después de formar parte del directo “Toward the Within”, la propia Lisa lo grabó para su disco de debut en solitario “The Mirror Pool”. Casi veinte años después, la canción sigue sonando igual de maravillosa.

“Nierika” – Abriendo el segundo disco del concierto encontramos uno de los temas principales de “Spiritchaser”, el trabajo que para muchos iba a ser el último del grupo antes de su separación que finalmente fue sólo temporal. Se trata de un tema basado en los ritmos y las percusiones, de influencia africana y con un extraordinario trabajo vocal a cargo del dúo y sus colaboradores y uno de los mejores de todo el concierto.

“Opium” – Volvemos a “Anastasis” y a otra de las canciones con el sello personal de Brendan Perry muy presente. La canción mantiene todas las cualidades de la versión original pero añade unas voces muy interesantes de fondo en determinados momentos que no llegan a interactuar con la de Brendan pero aportan un aire diferente a la pieza.

“The Host of Seraphim” – Publicada originalmente en “The Serpent’s Egg”, para muchos fue la composición con la que escucharon por primera vez a Dead Can Dance al aparecer como tema central en la banda sonora de la película-documental “Baraka”. Se trata de otra de esas piezas escritas para mayor gloria de Lisa Gerrard, llena de misterio y emoción y que cuenta en esta versión con una interesante introducción con juegos vocales que no aparecían en la original. Sin duda y por todo lo dicho anteriormente, otro de los puntos culminantes del concierto. La parte final con las voces de Lisa y Brendan combinadas de un modo casi mágico son, probablemente, parte de las fuentes de inspiración para discos de otros artistas como el recientemente comentado aquí, Neonymus.

“All in Good Time” – Quizá la canción que menos encajaba en “Anastasis” era esta balada de Brendan Perry, extremadamente pausada, que aquí se nos presenta en un formato casi calcado al del disco de estudio. Un descanso antes de afrontar la parte final del trabajo en la que iba a haber alguna sorpresa.

“The Ubiquitous Mr.Lovegrove” – Con alguna errata en el título de la canción que figura en la contraportada del disco se presenta el único tema procedente de “Into the Labyrinth”. Tenemos la sensación de que buena parte del mismo está conformada por “samples” tomados directamente de aquel trabajo ya que la instrumentación es sustancialmente diferente de la que interpretan los integrantes de la banda en la gira aquí documentada. En los conciertos era el primero de los “bises” y cumplía perfectamente con esa función al ser una de las canciones más conocidas del que posiblemente fuera el disco supuso la cima de la popularidad de Dead Can Dance en su momento. Al margen del uso más o menos discutible de los “samples” en perjuicio de nuevos arreglos adaptados a la formación actual de la banda, la versión es más que correcta.

“Dreams Made Flesh” – En la parte final del concierto podemos escuchar un par de versiones. La primera sería este tema aparecido en el disco “It’ll End in Tears” de This Mortal Coil. La particularidad del “grupo” es que no era tal sino que se trataba del nombre bajo el cual publicaba el sello 4AD una serie de discos interpretados por distintos músicos de la compañía. En el caso de esta canción, la compositora e intérprete era la propia Lisa Gerrard por lo que todo queda en casa.

“Song to the Siren” – En ese mismo disco aparecía una sensacional versión de esta canción de Tim Buckley a cargo de los miembros de Cocteau Twins. Sin embargo, Dead Can Dance prefiere acercarse aquí al original de Tim con Brendan como intérprete a pesar de que Lisa podría haber realizado un trabajo muy similar al de Elisabeth Fraser de habérselo propuesto. Magnífica canción y buena versión en todo caso.

“Return of the She-King” – El tema más épico de “Anastasis” es el elegido para cerrar el directo. Como ocurría en su versión original, el aire de banda sonora de la canción no nos termina de convencer y sólo una excepcional segunda mitad de la pieza evita que la pongamos una hipotética cruz.

Actuación de Dead Can Dance en el festival de Coachella, cortesía de www.deadcandance.com


Tomado en su conjunto y de una forma independiente, no creemos que la publicación de un disco en directo como este fuera necesaria. Aparte de que el contenido es en un 50% el último disco y en versiones muy similares a las de este, los temas ajenos al mismo, siendo representativos de la trayectoria del grupo, se nos antojan escasos, máxime si tenemos en cuenta que hay tres piezas inéditas. Por ello, tampoco termina de funcionar como recopilatorio a partir del cual enganchar a nuevos fans. A pesar de todo, nosotros, como seguidores de la banda desde hace muchos años hemos acogido bien el trabajo y lo disfrutamos de cuando en cuando. Si queréis haceros con él os dejamos los enlaces a sus tres versiones: disco simple, disco doble y edición deluxe de “Anastasis” con el disco de estudio y el disco simple en directo:

Disco Simple (amazon.es)

Disco Doble (amazon.es)

Anastasis Deluxe (amazon.es)