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domingo, 11 de mayo de 2014

Rodrigo Leao & Vox Ensemble - Theatrum (1996)



Alguna vez hemos hablado de la situación que se le plantea a un artista a la hora de afrontar el segundo disco cuando el primero fue un éxito. Rodrigo Leao optó por “hacer trampa” publicando después de su debut con “Ave Mundi Luminar” un EP de seis cortes de los que cuatro eran nuevos titulado “Mysterium”. En cualquier caso, hubo un segundo disco muy interesante y en muchos sentidos superior a su magnífico predecesor que llevaría por título: “Theatrum”.

Se lo tomó muy en serio Rodrigo que se aisló durante varias semanas en un pequeño estudio para componer un gran número de piezas de las que finalmente seleccionó once títulos que formarían parte del futuro disco. El tono general del mismo iba a experimentar un cambio importante. Si “Ave Mundi Luminar” fue un disco alegre y optimista en la mayoría de sus piezas, “Theatrum” iba a adoptar una apariencia más severa, oscura a veces, con momentos de tensión y pasajes cercanos a la épica. Los sintetizadores adoptan un papel más importante aunque los miembros del Vox Ensemble (el disco vuelve a estar firmado por Rodrigo y su agrupación) siguen siendo fundamentales en el sonido del trabajo.

Cabe señalar aquí que el Vox Ensemble sufre una pequeña remodelación tanto en lo que se refiere a nombres como a instrumentación. Desaparece la flauta en este disco y sólo dos de los integrantes del grupo en el primer disco se mantienen en este. Conforman ahora el Vox Ensemble: Rodrigo Leao (sintetizadores), Margarida Araujo (viola) y Nuno Rodrigues (oboe y corno inglés), quienes repiten respecto al disco de debut del grupo y Teresa Rombo (violonchelo), Antonio Martelo (violín), Ana Sacramento (voz), Joao Sebastian (voz) y Ana Quintans (voz). Constatamos la ausencia de Francisco Ribeiro, miembro fundador de Madredeus y parte fundamental del primer disco de Rodrigo Leao así como la del acordeonista Gabriel Gomes. Interviene también una amplia nómina de músicos invitados integrada por los miembros del Coro Ricercare dirigidos por Paulo Lourenço, quien también canta, además de José Manuel David (trompa), Rini Luyki (acordeón), Paulo Marinho (sevina), Paulo Abelho y Tiago Lopes (percusiones) y Nuno Gracio (voz).

Rodrigo Leao


“In Memoriam” – El disco se abre con sonidos realmente oscuros y una triste melodía de cello secundada por el resto de cuerdas. Un comienzo emocionante que no tarda en saltar por los aires cuando hacen su aparición los sintetizadores de Rodrigo dibujando una poderosa serie de sonidos y secuencias llenas de energía. Súbitamente quedan silenciados para que el coro haga acto de presencia recordando la melodía inicial de la pieza. Una segunda ráfaga de sintetizadores entra entonces acompañada de la versión más estremecedora del coro que recuerda de un modo inevitable a la inmortal “Carmina Burana” de Orff. La obertura del disco es magnífica y un claro aviso de lo que viene a continuación.

“Odium” – Sin solución de continuidad asistimos a un giro espectacular. Los sintetizadores comienzan a construir una opresiva serie de notas, el violín, airado, dibuja arabescos por detrás y cuerdas y electrónica se funden en la que podría muy bien ser la mejor composición de todo el disco: enérgica, directa y contundente como pocas. Una robusta pieza que saca lo mejor del Leao minimalista y lo dota de un músculo del que carecían obras anteriores.



“Nulla Vita” – Tras un comienzo sorprendente en el que escuchamos a un Rodrigo muy evolucionado, escuchamos ahora una pieza que nos devuelve a los sonidos, voces y ambientes de su primer trabajo. Todo en aquel disco era magnífico por lo que esto en ningún momento ha de interpretarse como una renuncia sino en clave de un músico haciendo lo que mejor sabe hacer. Los amantes del sonido de Madredeus y de “Ave Mundi Luminar” disfrutarán sin duda de esta versión de Leao.

“Dies Irae” – Entramos de nuevo en territorios electrónicos con los sintetizadores de Rodrigo metamorfoseados en marimbas. Las cuerdas, con un cierto aire árabe irrumpen dotando de un tono misterioso e hipnótico a la pieza que no hace sino prepararnos para la aparición de las voces, siempre mágicas, declamando una serie de textos en latín. Aparece aquí por única vez en el disco el acordeón.



“O Corredor” – Asistimos aquí a otro giro estilístico importante. Sobre un fondo de efectos electrónicos y ecos, un solitario violín esboza un triste lamento. Una serie de arpegios electrónicos se deslizan por detrás aportando un punto de misterio a un corte arriesgado, de los más experimentales de su autor, poco dado a riesgos de este tipo.

“Solitarium” – Cuerdas y sintetizadores se combinan en una pieza minimalista con mucho de Michael Nyman en su comienzo pero que pasa a ser inconfundiblemente obra de su autor cuando escuchamos las voces que, a estas alturas, se han convertido en un sello de identidad evidente, a pesar de que los teclados de Rodrigo han ganado mucho terreno con respecto al disco anterior. No es casual, en todo caso, que la sección vocal haya sido reforzada en este trabajo con respecto al precedente.

“Locus Secretus” – Volvemos a escuchar los poderosos teclados del portugués haciendo las veces de orquesta de cuerda en el estilo de la Michael Nyman Band. El oboe dibuja una de las mejores melodías del disco y Nuno Gracio ejecuta a la perfección la parte vocal en un estilo cercano al canto gregoriano.

“Contra Mundum” – Enlazando con el final del corte anterior de un modo similar lo que ocurría en los dos primeros temas del disco comienza otra pieza soberbia con un gran trabajo de percusión que refuerza el intenso ritmo de los teclados electrónicos. Es éste uno de los escasos cortes instrumentales del disco y se cuenta entre los más destacados en nuestra opinión. En los últimos instantes recupera la melodía de “Locus Secretus” con lo que realmente los podemos considerar un único tema en dos partes.

“Ruinas” – Se guardaba el teclista portugués una pequeña joya para los últimos instantes del disco: una pieza para piano y orquesta que interpretada con ese formato habría sido aún mejor. Aprovechamos para señalar ahora el que puede ser el único “pero” que podemos ponerle a “Theatrum” y es la selección de algunos de los sonidos electrónicos. Rodrigo opta por imitar los reales con “samples” y eso suele dar resultados bastante irregulares. Cuando la electrónica tiene un papel tan importante en el disco es mejor (siempre en nuestra opinión) alejarse de los sonidos de los instrumentos reales para evitar ese sonido tan impostado que a veces ofrecen las máquinas. La otra opción habría sido utilizar un piano y una orquesta de verdad pero eso no siempre está al alcance de los artistas.

“Solve Me Lucto” – Enfilando la ya recta final, encontramos una miniatura coral con arreglos de cuerda que sigue la línea clásica de este tipo de creaciones del portugués. Como ocurre también en el tema anterior, la melodía se repite varias veces casi sin variaciones lo que puede hacerla algo monótona aunque no termina de aburrir.

“O Novo Mundo” – Cerrando el trabajo, escuchamos el tema más extenso del mismo. Rodrigo se pone serio y escribe un adagio de aire clasicista con momentos de gran serenidad en las cuerdas y una intervención sencillamente preciosa del coro. Es posible que no sea la composición que más se recuerde del disco pero su escucha es un disfrute de principio a fin. En los últimos minutos del tema escuchamos el lamento del viento mezclado con campanas lejanas y efectos electrónicos que ya sonaron al principio del disco. Un extraño y largo pasaje final que sirve para desconectar por completo de todo lo que hemos escuchado antes.


A pesar de lo sorprendente que resultó “Ave Mundi Luminar” y de todo lo que hemos dicho en la entrada anterior de “Alma Mater”, si tenemos que escoger un disco de Rodrigo Leao como nuestro favorito, nos quedaríamos con éste. “Theatrum” nos parece un ambicioso ejercicio de superación, de llevar más allá unos conceptos que, si ya en el disco anterior nos parecían muy difíciles de desarrollar en Madredeus, en éste son completamente incompatibles. El disco está disponible en los enlaces acostumbrados:



Nos despedimos con "Ruinas", una de las grandes melodías del disco:

miércoles, 7 de mayo de 2014

Rodrigo Leao - Alma Mater (2000)



La primera palabra que se nos vino a la cabeza cuando escuchamos por primera vez el disco del que hablamos hoy fue: “madurez”. No quiere decir esto que los trabajos anteriores del músico fueran inmaduros (todo lo contrario) pero sí que Rodrigo Leao había alcanzado un estado musical en el cual dominaba por completo la manera de plasmar en notas aquello que quería decir y, además, lo hacía del modo justo, sin excesos de ningún tipo y sin dejarse nada en el tintero.

En su momento hablamos del disco de debut de Rodrigo con su nueva banda tras dejar Madredeus, llamada Vox Ensemble. Con ellos grabó aún un par de trabajos más: un mini LP titulado “Mysterium” que venía a ser una continuación de “Ave Mundi Luminar” y el magnífico “Theatrum” del que hablaremos en breve para, a continuación, tomarse un descanso discográfico de cuatro años tras el que regresó con “Alma Mater”. El latín seguía apareciendo como idioma en el título pero nadie acompañaba ya a Rodrigo en la portada, firmando el disco a partir de aquí con su nombre sin más añadidos. No quiere decir esto que el propio Rodrigo se encargue de tocar todos los instrumentos, ni mucho menos; ni siquiera que prescinda de sus viejos compañeros ya que alguno de los integrantes de Madredeus y del Vox Ensemble como Gabriel Gomes sigue apareciendo en el nuevo proyecto de Leao. Para su “Alma Mater”, Rodrigo se rodea de un grupo de músicos mucho más amplio de lo habitual e incorpora instrumentos desacostumbrados en su carrera hasta ese momento o, mejor dicho, los utiliza de otro modo.

La lista de intérpretes es la siguiente: Adriana Calcanhotto, Ángela Silva, Lula Pena, Mário Pegado y Verónica Silva (voces), una pequeña sección de cuerda integrada por Ana Paula Góis (violonchelo), Denys Stetsenko (violín) y Pedro Wallenstein (contrabajo), Gabriel Gomes (acordeón), Luis San Payo (batería), Margarida Araujo (viola), Pedro Joia (guitarra clásica), Pedro Oliveira y Rubén Costa (guitarras eléctricas), Rui Marques (flauta) y Tiago Lopes (guitarra eléctrica, bajo, percusión y batería). Además, participa un pequeño coro masculino de cinco intérpretes dirigido por Paulo Lourenço. Rodrigo Leao se encarga, como siempre, de los sintetizadores.

Adriana Calcanhotto, una de las vocalistas que participa en el disco.

“Alma Mater” – Con una serie de arpegios de guitarra al más puro estilo de Philip Glass comienza un tema del que pronto se adueña esa melancolía que parece teñir la música portuguesa, procedente de un lánguido violín. Una segunda guitarra, ahora eléctrica, hace su aparición antes de que las cuerdas tomen las riendas definitivamente y nos acompañen por un camino preciosista, salpicado de acordes de guitarra y leves apuntes electrónicos en su parte final.



“A Casa” – De nuevo la guitarra eléctrica nos recibe en una pieza diferente a la anterior que se convierte en el estandarte del cambio de estilo del compositor, quien dirige su mirada de la forma más natural al otro lado del océano para sumergirse en el mundo de la bossa nova con Adriana Calcanhotto como solista. Es la de Adriana una voz cálida y acogedora que no tiene nada que ver con la de Teresa Salgueiro, vocalista de Madredeus y su intervención es un regalo para los oídos. Podríamos decir que se adapta a la música de Leao a la perfección pero estaríamos dando la vuelta a la realidad: es Rodrigo el que se trasforma haciendo propio un estilo a priori ajeno a su repertorio.

“O Encontro” – Asistimos ahora a una maravillosa pieza de música de cámara que comienza como un trío de cuerda con acompañamiento de piano que perfectamente podría haber sonado en los discos de Madredeus o en los primeros de Leao en solitario. Superada la introducción, sin embargo, volvemos a cruzar el Atlántico para bailar un auténtico tango en el que flauta y violín se retan en un duelo de miradas con el acordeón como juez. El talento para la melodía del músico portugués se hace patente una vez más en una composición que se nos antoja una de sus mejores creaciones.

“Imortal” – El violonchelo acompaña a una delicada melodía de piano que evoluciona lentamente hasta la entrada de las cuerdas que dibujan una extraordinaria composición. Cuando entran las voces, lo hacen completando un fresco de extraordinaria belleza que nos recuerda lo mejor de los trabajos anteriores con el Vox Ensemble.

“O Exercicio” – Siempre hay un poso minimalista en la música de Leao, admirador confeso de Michael Nyman. Los minutos iniciales al piano de esta composición son un demostración más de lo veraz de esa afirmación. No tarda el compositor en aprovechar el potencial expresivo del trío de cuerdas para introducir nuevas melodías que enriquecen hasta el extremo el conjunto. El potencial que se adivinaba en discos como “Ave Mundi Luminar” se actualiza aquí de la mejor forma, con un Leao que ha pulido su estilo con el cariño de un viejo orfebre prescindiendo de elementos superficiales en forma de arreglos que podían distraer la atención en otras composiciones anteriores. En el clásico esquema de la música de Leao, vuelve a aparecer un magnífico coro en la segunda parte de la pieza que nos reta a permanecer impasibles: no hay caso. Tenemos que caer rendidos ante tanto talento.

“Sossego” – El título lo dice todo: escuchamos una composición de piano y guitarra eléctrica de carácter plomizo, como de tarde de bochorno en pleno verano cuando no hay ganas de nada que no sea sestear. Pero en la siesta nace el sueño y la guitarra acústica en compañía de la flauta se encargan de dirigirnos a lo largo del mismo. Desgraciadamente, no es muy largo ese tipo de sueño y se extingue pronto dejándonos con una sensación de desamparo.

“Pasión” – Si ya es un riesgo que un portugués se lance a componer milongas, más aún lo es que las cante una artista de la misma nacionalidad como Lula Pena y que lo haga en español. Ignoramos lo que opinarán los puristas del género pero el acercamiento de Rodrigo a tan clásico ritmo rioplatense nos parece acertado y nada impostado. El particular acento de Lula, además, le da un aire arrabalero a la pieza que no le puede sentar mejor.



“Orionte” – Regresa Leao a terrenos que le son más propios con una pieza de comienzo ambiental, con esponjosos fondos electrónicos que nos preparan para unos sencillos acordes de piano y guitarra. La aparición de un suave ritmo programado acompañado de algunos efectos sonoros muy característicos nos acerca a un género tan insustancial como lo que dio en llamar música “chill out”. En la mayoría de los casos, este calificativo va acompañado de música de usar y tirar, carente de profundidad y emoción pero aquí Rodrigo se las arregla para crear un tema agradable aunque sin demasiado recorrido si lo comparamos con otros momentos del disco.

“Dragao” – El giro que experimenta el disco con el tema anterior se confirma en esta pieza en la que el ritmo se hace más evidente con la aparición de la batería y de una línea de bajo claramente reconocible. Incluso las voces femeninas que adornan el tema tienen un cierto sabor étnico que nos recuerda algunos de los tópicos del género. En su segunda parte, la pieza mejora bastante con la aportación del coro y consigue librarse (por muy poco) de quedar como un mero intento fallido de sonar comercial por parte de un artista que no tendría necesidad alguna de experimentos de ese tipo.

“Vita Brevis” – Tras un pequeño paréntesis “electrónico”, vuelve Leao a adoptar formas más reconocibles con esta lenta canción con letra en latín que forma parte de su repertorio más íntimo del que tenemos cumplidas muestras en sus primeros discos en solitario.

“A Tragedia” – Quizá sea esta la melodía más profunda del trabajo, de clara aspiración clasicista, el contrabajo dibuja con trazos pesarosos una melodía oscura que no tardan en acompañar el resto de cuerdas en una preciosa miniatura con la que el músico demuestra, una vez más, un talento fuera de lo normal para dibujar paisajes imborrables.

“Espelhos” – Cerrando el disco tenemos esta composición que reúne lo mejor de los dos estilos que han dominado el trabajo. Así, una serie de sonidos electrónicos abre el tema siendo pronto acompañado de unas cuerdas luminosas que preparan el camino para las voces que surgen como una visión celestial entre las nubes. Sería un magnífico cierre para este “Alma Mater” pero Rodrigo quiso añadir un pequeño regalo al lote.

“A Casa (lounge mix)” – La expresión “chill out” ya ha aparecido antes en esta entrada pero es aquí donde alcanzaría todo su sentido. Se diría que en los últimos años, un disco no es nada sin su correspondiente ración de remezclas acompañándolo, ya sea en forma de temas adicionales en algún single, de un segundo CD que acompañe a la edición especial del trabajo o, como en este caso, de “bonus track” que remata el disco. Nada que objetar a la versión aquí ofrecida pero no creemos que aporte gran cosa al conjunto por lo que resulta prescindible.


Los primeros discos en solitario de Rodrigo Leao fueron magníficos. No nos cabe duda alguna al respecto. Tenían la energía y la fuerza de aquel músico joven que abandona un grupo de éxito y quiere demostrar que no se equivoca al hacerlo. Hay en ellos grandes piezas y unas ganas de agradar imposibles de disimular y ese entusiasmo, si bien es una fuerza motriz que facilita todo lo demás, hace que no siempre sea fácil filtrar algunas ideas, cuidar algunos arreglos, de forma que el resultado sea aún mejor. Ese “savoir faire” que terminan por dar los años aparece en “Alma Mater” como nunca antes en la carrera del músico. No queremos decir que éste disco sea mejor que los anteriores pero sí creemos que está mejor terminado. Como es nuestra costumbre, os dejamos algunos enlaces en los que adquirirlo:


Como despedida, os dejamos esta interpretación en directo de "Imortal":

 

domingo, 21 de abril de 2013

Rodrigo Leao & Vox Ensemble - Ave Mundi Luminar (1993)




A pesar de que la banda surgió de la reunión de dos personalidades de gran fuerza, Madredeus era, en el fondo, el proyecto de Pedro Ayres Magalhaes con una fuerte base en la voz de Teresa Salgueiro. En estas circunstancias, un artista con tanto que ofrecer como era Rodrigo Leao, no podía conformarse con un papel secundario y no tardó en buscar una vía de expresión paralela que pronto tomaría una trayectoria divergente respecto a la del resto del grupo.

A pesar de que tras el éxito inesperado de “Existir”, segundo disco de Madredeus, los portugueses se embarcaron en una agotadora sucesión de conciertos por todo el globo, Rodrigo Leao sacó tiempo para componer una gran cantidad de nuevas piezas aunque no todas ellas encajaban demasiado bien en el formato musical del grupo por lo que el músico tuvo que buscar otra salida conformando su propia formación junto a la cual aprovecharía el verano de 1992 para grabar lo que sería su disco de debut unos meses después. Llama la atención que Leao recurriese a su compañero en Madredeus, el violonchelista Francisco Ribeiro como arreglista de su música y para ejercer el papel de director musical de su nuevo grupo, que sería bautizado como “Vox Ensemble”. Y nos sorprende porque su amistad con Pedro Ayres Magalhaes hacía pensar que sería el guitarrista la primera opción, aunque no hubiera espacio para las guitarras en la nueva música de Leao.

Lo cierto es que el nuevo grupo de Rodrigo Leao iba a tener una forma muy diferente a la de Madredeus (recordemos, con una instrumentación que constaba de acordeón, guitarra, violoncello y teclados) y se acercaba a una formación camerística más convencional quedando integrado el primer “Vox Ensemble” por el citado Francisco Ribeiro (violonchelo), María do Mar y Margarida Araujo (violines), Nuno Rodrigues (oboe y corno inglés), Nuno Guerreiro (voz) y Antonio Pinheiro da Silva (flauta). Como invitados especiales aparecen la vocalista Nair y sus compañeros de Madredeus, Teresa Salgueiro (voz) y Gabriel Gomes (acordeón). A estas alturas, no era demasiado aventurado suponer que las relaciones entre Rodrigo Leao y Pedro Ayres no eran las mejores siendo éste, de hecho, el único miembro de Madredeus que no colabora en el disco. Más tarde supimos que Magalhaes no encajó demasiado bien la noticia de que Leao estaba preparando un disco en solitario aunque nunca trascendió si su ausencia en el proyecto de su compañero se debía a no haber sido invitado o a un rechazo por su parte. En todo caso, el siguiente disco de Madredeus, “O Espiritu da Paz”, nos muestra a un Pedro Ayres Magalhaes erigido casi en líder único siendo el autor de la inmensa mayoría de las piezas del trabajo por lo que no extrañó demasiado el abandono de grupo por parte de Rodrigo Leao poco después.



“Ave Mundi” – Bastan unos segundos para darnos cuenta de que la música que nos propone el teclista portugués no tenía cabida dentro de Madredeus. Los sintetizadores son protagonistas absolutos del comienzo con un ritmo alegre y una melodía optimista a más no poder. Tras una breve aparición del chelo, entran las voces cantando en latín un texto escrito a medias por Francisco Menezes y el propio Rodrigo, lo que refuerza la errónea impresión inicial de que podíamos estar oyendo un antiguo canto gregoriano disfrazado de música moderna. Lo que nos ofrece Rodrigo Leao en estos minutos iniciales del disco es una composición que enseguida comenzó a ser radiada en programas especializados llamando la atención inmediata de los oyentes más inquietos y poniendo el foco en un artista desconocido para la mayoría pero que tendría mucho recorrido.

“Movimento” – El segundo corte del disco comienza con una animada melodía en la que las cuerdas juegan con los teclados que generan un sonido muy particular en una amalgama muy bien conseguida. Se dejan notar aquí las influencias que el músico ha recibido de algunos de sus más admirados colegas. Este corte, por ejemplo, lo podía haber firmado un Michael Nyman en un momento de euforia aunque en determinados momentos podemos entrever al Rodrigo Leao de Madredeus asomandose tras la esquina. Se trata, además, del primero de los cuarto cortes del discos firmados al alimón por Leao y Francisco Ribeiro.

“A Espera” – Probablemente sea esta una de las melodías más inspiradas del disco, a la altura de los mejores instrumentales que escribiera Leao junto a sus compañeros en discos como “Existir”. De hecho, es la única aparición en el disco del acordeonista Gabriel Gomes y, a pesar de la diferente instrumentación (solos de flauta, violines, etc.) no cuesta mucho imaginarse un arreglo que permitiera la ejecución del tema por parte de Madredeus. La melancolía y la belleza de la música contenida en “A Espera” nos obligan a situarlo entre las mejores composiciones de una eventual lista que recogiera la obra de su autor.

“Carpe Diem” – Con el siguiente corte, Leao y Ribeiro parecen trasladarnos a una intrincada trama medieval en cualquier monasterio solitario del tipo de la narrada en la novela “El Nombre de la Rosa”. El ambiente que se consigue, lleno de misterio, es tremendamente evocador y nos confirma que estamos en presencia de un músico especial. No hay muchos discos cuyo comienzo sea tan arrollador y, a la vez, tan variado como este debut del teclista portugués... pero la cosa no ha hecho más que empezar.



“Amatorius” – El deseo de hacer algo diferente no implica en ningún caso que Leao reniegue de su música en Madredeus. El grupo forma parte de su carrera y este corte podría pasar perfectamente por una segunda parte del instrumental “As Ilhas dos Açores”, aparecido en el disco “Existir”. La única pega que le podemos poner es su brevedad que nos deja con ganas de más.

“Vitorial” – La pieza se abre como si fuera una continuación de la anterior pero enseguida toma otro rumbo al aparecer las cuerdas que le confieren un ritmo diferente. Vuelven a aparecer las influencias minimalistas que ahora le acercan más a la Penguin Cafe Orchestra de Simon Jeffes que al anteriormente citado Michael Nyman. La mezcla que resulta entre la alegría vitalista de muchas de las melodías del disco y una cierta melancolía atlántica, tan propia del país luso, de como resultado una música de sencilla escucha pero no exenta de un punto de profundidad.

“In Excelsis” – El siguiente corte comienza disfrazado de música barroca, con un inicio grave, “haendeliano” si se nos permite la expresión, que enseguida da un giro más rítmico con un uso del clave como un elemento más de la esa sección que se nos antoja deudor del tantas veces citado Michael Nyman. Hay un aire de música clásica actualizada que flota alrededor de toda la pieza que tiene algo de impostado aunque, qué demonios, la música es magnífica. Conviene recordar aquí que Rodrigo Leao carece de formación musical académica y que probablemente sea Ribeiro, co-autor del tema, el encargado de orquestar todo este tipo de composiciones.



“Espiral II” – Como ocurría en “Movimento”, volvemos a escuchar un corte tremendamente ágil y atractivo. Aires minimalistas para una composición dinámica, optimista y con la capacidad de contagiar una alegría muy necesaria.

“A Espera (Versao)” – El título lo dice todo en esta ocasión puesto que estamos ante un arreglo algo más austero del tercer corte del disco para teclados y flauta principalmente, al que se añade en la segunda parte el violonchelo. No parecía necesario revisar el tema original pero en todo caso, el tema encaja perfectamente llegados a este punto.

“Ruas” – Seguimos con la fórmula ya escuchada de construir temas rítmicos con un aire minimalista y una melodía muy definida. En este caso, y apoyándonos en el título, la pieza de Leao nos sugiere un animado pasacalles en cualquier fiesta lisboeta.

“O Medo” – Como novedad, Rodrigo recurre en este corte a voces sampleadas que buscan darle un toque más irreal y etéreo a una música misteriosa pero que no consigue asustarnos, intención que se desprendería del título, y es que dentro de un disco tan luminoso como este, no hay apenas espacio para la oscuridad.

“Final” – Casi llegando al cierre del disco nos encontramos con un tema precioso, una melodía plena de inspiración pero a la que le encontramos un inconveniente que no es menor y es un cierto parecido con otra melodía que aparece en un disco anterior de la irlandesa Enya. La similitud es, sin duda, una mera coincidencia pero no podemos evitar, siempre que escuchamos el disco de Leao, acordarnos de la pieza de la pequeña de los Brennan.

“Humanita” – Cerrando el disco tenemos una especie de coda muy breve a capella en la que se recupera uno de los temas principales del corte que abría el disco poniendo un punto final muy elegante a un disco fascinante en toda su extención.

“Ave Mundi Luminar” fue un disco que demostró que el talento de Rodrigo Leao no podía quedarse encerrado en el papel de comparsa en un grupo como Madredeus, excepcional en todos sus planteamientos pero con unos esquemas algo rígidos en los que no cabía toda la música que Rodrigo tenía en mente. Pocos meses después de la aparición de su primer disco en solitario, Leao volvió a juntarse con el resto de integrantes de Madredeus para grabar el que, quizá, sea el mejor disco de la banda, “O Espirito da Paz”. Sin embargo, algo se había roto ya en aquel momento y aquellas sesiones fueron las últimas en las que Rodrigo Leao grabó con el resto del grupo separándose sus carreras desde entonces. En nuestra opinión, la baja de Leao perjudicó gravemente al futuro de Madredeus quienes, a pesar de tratar de conservar la fórmula que les llevó al éxito sin demasiadas variaciones, no supieron dar un necesario paso adelante. Desde el punto de vista del público, el grupo aún funcionó razonablemente bien un tiempo aprovechando que su nombre se había convertido prácticamente en una marca pero nunca alcanzaron el nivel de su etapa con Leao. El teclista, por su parte, iba a comenzar una carrera en la que hemos podido disfrutar de discos en los que, a pesar de existir un nexo común y una cierta continuidad estilística, siempre iba un paso más allá, incorporando las más diversas influencias con gran acierto. Os dejamos los enlaces habituales para haceros con el disco:



Como cierre os dejamos una versión reciente en vivo del tema central del disco:


domingo, 26 de agosto de 2012

Madredeus - O Espirito da Paz (1994)



Tras el éxito de “Existir”, disco con el que la música de Madredeus llegó a países de lo más diverso, el grupo tuvo que cambiar el enfoque de su música que iba a dejar de ser un entretenimiento para convertirse en su profesión. Los meses siguientes a la publicación del disco iban a ser una aventura constante dando conciertos casi sin parar en una gira extensísima que ocuparía varios años. Desde septiembre de 1990 hasta final de año, se limitaron a pequeñas actuaciones en Portugal pero a partir de marzo de 1991, la cosa no paró. En ese més dieron seis conciertos en su país natal (los lisboetas dieron lugar a la publicación de “Lisboa”, disco doble en directo que apareció por aquellas fechas), en abril otros seis pero incluyendo Florencia o Barcelona en su itinerario, en mayo, combinaron tres conciertos más en Portugal con otros tres en Río de Janeiro, en junio llegaron a Macao tomandose un breve descanso antes de viajar a Bélgica en septiembre. Allí iban a convertirse en poco tiempo en una formación muy popular gracias a una exposición itinerante sobre la cultura portuguesa. El año 1992 supuso la confirmación de la banda con nuevos conciertos en Bélgica, Portugal, Francia, Holanda, Suiza, Grecia (donde eran muy conocidos a partir de la utilización de “O Pastor” en un anuncio de televisión) o España (actuaron durante la Expo’92 en Sevilla). En 1993 continuaron con los conciertos llegando a tocar en varias ocasiones en Japón, Alemania y Luxemburgo. En total fueron 152 conciertos tras los que el grupo se reveló como una formación extraordinariamente original y conjuntada a la perfección.

Casi cuatro años de conciertos y viajes dan para mucho y a la conclusión de las giras, tocaba ya la grabación de un disco nuevo. Aunque varios de los músicos tenían material compuesto, para el siguiente trabajo casi todo el material escogido iba a ser el escrito por Pedro Ayres Magalhaes quien se confirmaba así como el lider de Madredeus. Rodrigo Leao, la otra cabeza pensante había compuesto varios temas que fueron relegados en su mayoría para otro proyecto íntimamente relacionado con “O Espirito da Paz” que iba a ser el título que llevaría el nuevo disco. Al margen de ese proyecto, del que quizá hablemos más adelante, Rodrigo estaba preparando su lanzamiento en solitario y su abandono del grupo, quizá por el protagonismo que estaba ganando Pedro Ayres.

Sea como fuere, en 1994 el grupo se desplaza a Londres para grabar con todos los recursos de los más modernos estudios de la City el que sería su siguiente trabajo y, probablemente el mejor. El liderazgo de Pedro Ayres se vio reflejado también en la música por la importancia de su instrumento, la guitarra, que vería doblada su presencia en Madredeus con la incorporación de un nuevo miembro: Jose Peixoto.


Pedro Ayres Magalhaes con su guitarra.

“Concertino” – Para comenzar el disco, nos encontramos con una “suite” en cuarto movimientos: “Minuete”, “Allegro”, “Destino” y “Silencio” escrita por Pedro Ayres. Este formato que imita las formas más clásicas es una declaración de intenciones acerca del rumbo que se intenta que tome la música del grupo en adelante. El primer movimiento está compuesto en su totalidad para guitarra y tiene aires más tradicionales que clasicistas. Para el “allegro” se incorporan ya el cello y el acordeón en una pieza llena de sabor tradicional que destila aromas portugueses por todos sus poros. No es hasta el tercer movimiento, “destino”, que escuchamos por primera vez los sintetizadores de Rodrigo Leao y la voz de Teresa Salgueiro cantando mejor que nunca una melodía llena de melancolía que no deja ninguna duda al respecto de su autoría porque sólo Madredeus pueden sonar así, convirtiendo así la pieza en la parte central de la “suite”. El último movimiento vuelve a sonar intimista con las guitarras como protagonistas, los teclados en un segundo plano y la voz, casi susurrante de Teresa dando buena cuenta de una cadenciosa melodía.



“Os Senhores da Guerra” – Si en “Existir” había una canción insignia por encima de las demás como era “O Pastor”, ese lugar lo ocupa en este disco este tema. Escrito por Francisco Ribeiro y Pedro Ayres, “Os Senhores da Guerra” es una canción perfecta. Superior, si eso es posible, a su predecesora en el disco anterior, combina la intensidad casi épica de un comienzo marcado por la pulsión rítimica del cello, subrayada con gravedad por los teclados y acentuada por las guitarras y el acordeón, que repite una melodía minimalista que no hace sino resaltar la tensión del conjunto, con una delicadeza y fragilidad en otros pasajes que la convierten en algo especial. No es necesario que Teresa Salgueiro haga ningún tipo de alarde vocal en esta ocasión para aumentar el dramatismo de la pieza. Nada más aparecer el disco, esta canción se convirtió en un clásico absoluto que llevó el nombre de Madredeus a lugares a los que aún no había llegado.

“Pregao” – Única composición en solitario de Francisco Ribeiro en el disco, nos recuerda inmediatamente a la que abría el disco “Existir”, también de su autoría, en la que, sobre un fondo de teclados, la voz de Ribeiro entona un profundo lamento. Sin embargo, en esta ocasión hay un cambio brusco a mitad de la pieza marcado por la entrada de unas rítmicas guitarras que anticipan la aparición de la voz de Teresa para mezclarse de forma magistral con la del celista en un momento de gran intensidad.

“O Mar” – Con el siguiente tema, Pedro Ayres vuelve a la versión más nostálgica de Madredeus en una canción lenta y llena de sensibilidad. En este tipo de registros es donde la banda se ha hecho fuerte y bastan unas pocas notas para reconocer de modo instantaneo su autoría.



“Os Moinhos” – Una de las escasas aportaciones como autor de Rodrigo Leao al disco es esta canción
escrita junto con Pedro Ayres. Se trata de un instrumental ciertamente bonito en el que todos los instrumentistas del grupo tienen su espacio aunque sean las guitarras las que ocupan el espacio más relevante. Cabe destacar aquí que Rodrigo Leao en su papel de teclista adopta siempre un papel secundario. No escucharemos nunca un solo espectácular ni una secuencia de notas vertiginosas sino ambientes y sonidos de fondo destinados principalmente a rellenar los espacios que dejan libres el resto de instrumentos.

“Tres Ilusoes” – Llegamos así a la segunda “suite” que encontramos en el disco, obra, como la primera, de Pedro Ayres. El primero de los movimientos, titulado “sentimiento” nos muestra de nuevo las raíces fadistas de Teresa Salgueiro, cada vez más diluídas dentro de la música de Madredeus pero a las que de vez en cuando dejan mostrarse a modo de recordatorio. La segunda parte, “culpa”, es una prolongación de la anterior con una de las melodías más bellas del disco en la misma linea tradicional del movimiento anterior. Como cierre de la “suite” tenemos “amargura” una especie de danza tradicional, casi instrumental y con un ligero aire clasico con una breve parte vocal.

“As Cores do Sol” – Una de las escasas aportaciones como autor de Gabriel Gomes, siempre en colaboración con Pedro Ayres. La canción no se desvía ni un ápice de las lineas marcadas profundamente en el ADN de Madredeus, pero aparecen, casi a título anécdota algunos sonidos electrónicos, como resplandores lejanos en la oscuridad que, sin ser para nada molestos, destacan sobre el resto por lo inhabitual de ese tipo de sonido en la música del grupo portugués.

“Ao Longe O Mar” – Pedro Ayres se guardaba aún alguna carta bajo la manga para el disco y ésta aparece ya cerca del final del mismo. De nuevo la voz de Teresa Salgueiro suena en su plenitud para dejarnos una interpretación magnífica de la que es una de las mejores canciones del grupo. Sin la fuerza emotiva de “Os Senhores da Guerra” pero con una emoción comparable a ésta.

“Vem” – Para completar la colección de grandes canciones que integran el disco, tenemos ésta pieza escrita por Pedro Ayres, Rodrigo Leao y Gabriel Gomes en colaboración. De nuevo tenemos la tradición combinada con el estilo propio de Madredeus, quienes se aprovechan y ponen a prueba la capacidad vocal de Teresa en uno de los momentos en que más exigida se ve en todo el disco.

“Ajuda” – Como cierre del trabajo, tenemos una nueva composición de Pedro Ayres en la que mantiene el listón tan elevado como en los temas anteriores del disco sin desviarse ni un poco del sonido que se ha convertido en seña de identidad inmutable del grupo.

La repercusión de “O Espirito da Paz” fue aún mayor, si cabe, que la de “Existir” aunque, desgraciadamente, marcó el final de una etapa en Madredeus con el abandono de su teclista Rodrigo Leao, quien iba a iniciar una exitosa carrera en solitario de la que probablemente no tardaremos en tener alguna muestra por aquí. Aún aparecería un disco más de la banda con Leao en sus filas y con varias composiciones de éste pero eran, en su práctica totalidad, descartes de las sesiones de grabación londinenses de “O Espirito da Paz”. Sin Rodrigo, Madredeus continuó existiendo con algunas incorporaciones pero en los últimos años, lo que queda del grupo tiene poco que ver con el nucleo original. Francisco Ribeiro y Gabriel Gomes abandonaron la formación en 1997 (el violoncellista falleció en 2010 víctima de un cáncer de hígado) y hoy en día, ni siquiera la voz de Teresa Salgueiro pertenece ya a Madredeus por lo que sólo Pedro Ayres Magalhaes sigue tirando del carro de este estandarte de la música portuguesa, el más internacional de sus grupos sin discusión.

Cada abandono supuso una merma importante en la calidad de los siguientes trabajos y, tristemente, en ningún momento se acercaron a los niveles de excelencia de la primera etapa de la banda. Afortuadamente, ese fue un tiempo que podemos revivir una y otra vez gracias a sus discos así que, al igual que hacemos habitualmente, os recomendamos un par de enlaces en los que encontrar “O Espirito da Paz”:

amazon.es

fnac.es


Para terminar, os dejamos una curiosidad. La versión original de Madredeus de "Os Senhores da Guerra" y la interpretación en clave de Heavy Metal de la misma canción a cargo del grupo portugués Moonspell. Un contraste realmente llamativo:



miércoles, 22 de agosto de 2012

Madredeus - Existir (1990)



Ese cajón desastre del que tantas veces hemos hablado aquí que se dio en llamar música “new age” en los años ochenta, principalmente, fue una etiqueta tan vacía de contenido real como útil para ayudar a la difusión y popularidad de todo tipo de músicos y formaciones que no encontraban acomodo en ninguna otra clasificación. Cuando el término se expandió y empezó a acoger dentro de sí otras etiquetas como la de “World Music”, se convirtió en la gran oportunidad que estaban esperando un gran número de artistas de países alejados del “mainstream” del rock y el pop para darse a conocer en los circuitos mayoritarios. Algunos de esos intérpretes se hicieron un hueco y alcanzaron públicos mucho más amplios de los que habrían podido soñar dado lo minoritario en apariencia de la música que practicaban.

Una de esas bandas, de larga trayectoria y brillo especialmente fulgurante en sus primeros años fue Madredeus. Como ocurre tantas veces, una reunión de dos viejos amigos, casi casual en la que descubren que tienen intereses comunes echa a rodar la máquina. Pedro Ayres Magalhaes era un bajista y guitarrista con cierta experiencia musical como fundador de los Faiscas, pioneros del punk en Portugal o con Corpo Diplomático, formación más cercana al pop. Rodrigo Leao, por su parte, era miembro de Setima Legiao, banda de rock legendaria en el país vecino. A pesar de que sus experiencias anteriores fueron por otros derroteros, ambos tenían una serie de intereses comunes: la música tradicional portuguesa y la música de cámara. El proyecto iba tomando forma con la incorporación de otros dos músicos, el acordeonista Gabriel Gomes y el violoncelista y cantante Francisco Ribeiro. Juntos, se dispusieron a crear un nuevo folclore portugués partiendo de las bases de la tradición y con un respeto casi devocional a la misma. Sin embargo, faltaba aún un elemento y es que la música de Pedro y Rodrigo estaba creada para ser cantada por una voz femenina y ésta debía ser tan especial que tardes y tardes de audiciones a decenas de candidatas no daban ningún resultado satisfactorio.

Claro está, cuando la búsqueda consciente no da los resultados apetecidos es el momento en que el azar hace su entrada en escena. Tras una tarde de ensayo, los músicos estaban tomando algo en un local lisboeta cuando comenzaba la actuación de una Teresa Salgueiro que apenas contaba 16 años en aquel momento. Aunque Teresa hacía sus pinitos en la banda de punk Amanti, por las noches acostumbraba a cantar fado en alguna taberna. A pesar de su edad y de que su voz aún no estaba suficientemente pulida, Pedro y Rodrigo no dudaron ni un instante al escucharla: esa era la voz que querían para interpretar sus canciones.

Reunido el quinteto, comenzaron las voluntariosas sesiones de ensayos en el Teatro Iberico, local cercano al convento de Madre de Deus, en la zona este de Lisboa. La cercanía con el recinto religioso y la creciente popularidad del grupo hizo que muchos seguidores comenzasen a desplazarse a Madre de Deus para ver los ensayos, lo que teminó por hacer que los músicos adaptasen el nombre al de Madredeus bautizando de esa forma el grupo para la posteridad. Lo cierto es que, a partir de aquí, todo iba a suceder de un modo vertiginoso. La música de la banda era cada vez más conocida en los círculos locales y eso llevó a la grabación de un primer y rudimentario disco titulado “Os Dias da Madredeus” de un gran valor documental pero muy mejorable en cuanto al sonido. La grabación se hizo en el propio local de ensayo, en los intervalos de silencio que trancurrían entre el paso de los tranvías por la vía cercana con lo que las tomas no podían exceder de los seis o siete minutos. Además, la voz de Teresa Salgueiro no estaba convenientemente educada y suena tan voluntariosa como tierna aún. Sin embargo, la calidad de las canciones fue suficiente para obtener un cierto éxito que propició la grabación del disco del que hablamos hoy.

En los primeros meses de 1990, el quinteto entraba en un estudio de grabación por primera vez con las ideas muy claras y una colección de canciones exquisitas entre las que dos destacaban sobremanera y son ya clásicos.

Foto de Madredeus en sus primeros años. Podemos comprobar lo jovenes que eran la mayoría de sus miembros en aquel entonces.


“Matinal” – Abre el trabajo una composición de Francisco Ribeiro en la que el violoncelista tiene todo el protagonismo vocal junto con Teresa Salgueiro. Sobre un profundo fondo electrónico en tonos graves, ambas voces se combinan en un lamento compartido de una belleza estremecedora. No cuesta nada imaginarse esta música como sonido de fondo de un amanecer sobre el Atlántico y como apertura del disco es inmejorable.

“O Pastor” – Sin tiempo para la recuperación, llega una de las grandes canciones del disco y de la trayectoria de Madredeus como grupo. La letra es de Pedro Ayres Magalhaes y todo el grupo participa en la creación de la música. Sobre un enérgico comienzo de acordeón, teclados y guitarra, Teresa comienza a cantar con una intensidad conmovedora una melodía inolvidable que mejora a cada segundo hasta llegar a un estribillo desgarrador. “O Pastor” iba a ser la tarjeta de presentación del grupo ante el mundo y es una de esas raras obras de arte que justifican por sí solas la carrera de un grupo. En sólo unos meses, la voz de Teresa Salgueiro ha ganado en presencia y cuerpo hasta el punto de sonar deslumbrante aunque con un amplio margen de mejora aún, como demostrará en discos posteriores.



“O Navio” – Primera de las tres canciones del disco escritas en su totalidad por Pedro Ayres Magalhaes, y primera incursión en lo que podríamos calificar de un folk moderno por parte del grupo. No es un fado pero sin el fado sería imposible haber llegado hasta aquí. Con un suave ritmo de vals transcurren los minutos como en una tarde de verano en un bote en el río Tajo.

“Tardes de Bolonha” – Otro vals, en este caso instrumental y escrito por Rodrigo Leao. Alegre pero con un punto de melancolía muy portugués. La melodía principal recuerda mucho a otra que el propio músico compondría un tiempo después para su primer disco en solitario, lejos ya de Madredeus, aunque eso será objeto de su propio capítulo en su momento.

“O Ladrao” – Cambiando por completo de registro, el grupo muestra su cara más desenfadada y juguetona en una canción con letra escrita por Pedro, Teresa y Francisco al alimón. La música es alegre y los dos vocalistas habituales del grupo la interpretan a dúo con gran desparpajo.

“A Confissao” – Segunda canción de Pedro Ayres en la que ya se muestra como el miembro del grupo más cercano al folclore tradicional portugués. La composición es de una gran tristeza y en la mayor parte de su recorrido está interpretada por la guitarra y la voz de Teresa con un delicado apoyo del cello en momentos puntuales.

“O Pomar das Laranjeiras” – Casi como si de una prolongación de la anterior se tratase, la guitarra de Pedro desgrana una serie de notas acompañadas del acordeón de Gabriel Gomes. No tarda en aparecer la voz angelical de Teresa cantando la letra del propio guitarrista (y autor de la canción) a ratos y tarareando en otros momentos. La fadista aficionada que había unos meses antes dentro de la Salgueiro se asoma tímidamente en varios momentos como si no pudiera seguir escondiendose dentro del nuevo registro que interpretaba en Madredeus.

“Cuidado” – La siguiente canción tiene dos partes, la primera de ellas, más suave y reposada es casi un instrumental con la aparición puntual de Teresa cantando un texto de Pedro Ayres. La segunda parte, como encerrada dentro de la principal incluye unos coros de todo el grupo cantando el título del tema y un ritmo más vivo y alegre.

“As Ilhas dos Açores” – Llegamos por fin a la que, en nuestra opinión, es la obra maestra de Madredeus, un precioso tema instrumental de gran sencillez pero con una sensibilidad muy difícil de alcanzar. Todo ello con unos arreglos exquisitos y una elegancia incontestable. Gomes sonando con la majestuosidad de un Astor Piazzolla, los teclados de Rodrigo Leao construyendo un armazón indestructible y la guitarra de Pedro Ayres como siempre, sin una estridencia y en su papel de elemento conductor. Si nadie nos advierte de la presencia del cello no habríamos reparado en él pero sin su presencia nada sería igual. Cuando un grupo de músicos alcanza estas cotas de creatividad, sólo cabe quitarse el sombrero en señal de reverencia. Batir palmas sonaría demasiado grosero tras una maravilla de este calibre.




“O Menino” – Segunda pieza escrita por Francisco Ribeiro sobre un texto popular. Como en la pieza anterior del mismo autor, si por algo puede destacar es por su profundidad y su halo espiritual. Teresa hace aquí una de sus mejores interpretaciones del disco, lo cual es mucho decir. Uno diría que esta música podría haber sonado en el viejo convento del que el grupo tomó su nombre sin causar ninguna sorpresa a las hermanas allí presentes.

“Solsticio” – Último instrumental del disco y quizá el más festivo de todos, con todas las reservas que corresponden al calificar de ese modo a un grupo tan serio como Madredeus. En cualquier caso, se trata de una composición que invita al baile en algún momento y en la que aparecen sonidos tan ajenos al grupo como una gaita (sin duda, procedente de los sintetizadores de Rodrigo Leao por cuanto no consta ninguna en los créditos del disco como tampoco se menciona el clarinete que lleva la voz solista en “Tardes de Bolonha” y que, a buen seguro, tiene el mismo origen).

“A Vontade de Mudar” – Para cerrar el disco, tenemos otra composición de Rodrigo Leao con letra escrita conjuntamente por el propio Rodrigo, Francisco Ribeiroy Pedro Ayres. Se trata de uno de los temas más cercanos al fado del disco y es un buen cierre para el mismo. No destaca especialmente pero es un tema efectivo.

Con “Existir”, Madredeus dan un golpe encima de la mesa y empiezan a ser conocidos en todo el mundo. El salto de calidad con respecto al disco anterior es inmenso y todo parece indicar que la peculiar mezcla de tradición, música de cámara y algunos toques contemporaneos (Rodrigo Leao es un gran seguidor de la corriente minimalista y eso se filtra poco a poco en su música) puede dar muchas alegrías en los años siguientes pero eso será materia para la próxima entrada en la que hablaremos del siguiente paso de la banda. Por ahora y si estais interesados en haceros con “Existir” os sugerimos un par de enlaces:

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Os dejamos con una versión en directo de "O Pastor" de 1994 con la formación ampliada con un guitarrista más: