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miércoles, 30 de noviembre de 2022

Porcupine Tree - Closure / Continuation (2022)



Si había una noticia que nadie esperaba en 2022 era el regreso de Porcupine Tree. Desde que doce años atrás, Steven Wilson anunciase por sorpresa que la banda se tomaba un respiro, todo parecía indicar que esa pausa iba a ser algo definitivo. Por un lado, porque la sorpresa lo fue para todos, incluyendo al resto de miembros del grupo que no contaban con ello. Por otro, porque las declaraciones de Wilson en todo este tiempo eran cada vez más desalentadoras pasando de decir que era algo temporal a prácticamente descartar toda opción de regreso cuando se le preguntaba en tiempos más recientes. Además de eso, tanto Colin Edwin como Richard Barbieri dejaron entrever en algunas entrevistas su enfado por la decisión de Wilson.


Y lo cierto es que todos ellos nos estaban engañando porque a pesar de que cada uno seguía con sus proyectos en solitario, resulta que habían seguido trabajando en nuevas canciones para Porcupine Tree casi desde el momento de la separación. Wilson y Harrison viven relativamente cerca y de cuando en cuando se veían para poner ideas en común que iban quedando guardadas en una carpeta de un disco duro del estudio de Wilson que iba siendo renombrada conforme pasaba el tiempo, desde “PT2012” hasta “PT2018”. En ella había un poco de todo. Desde canciones en las que habían empezado a trabajar antes de la “separación” hasta improvisaciones creadas en sesiones esporádicas a lo largo de todos estos años. El primer material que les dio pistas de que el regreso era algo factible salió de sesiones improvisadas entre Harrison (a la batería) y Wilson que, sorprendentemente, optó por el bajo como instrumento principal en esas reuniones. Barbieri fue informado poco después no tardando en incorporarse al grupo de nuevo. Faltaría Colin Edwin pero lo cierto es que era el único miembro del cuarteto que no había mantenido contacto con ninguno de sus antiguos compañeros en todo ese tiempo. Eso, unido a que Wilson se había lanzado con el bajo hizo que el retorno de la banda fuera en forma de trío.


Durante los años de la separación se comentó que había varios motivos detrás de la misma. Wilson había sido siempre el motor creativo de la banda y él mismo empezaba a sentir que eso no satisfacía  demasiado a sus compañeros. También llegó a apuntar que alguno de los integrantes no se sentía cómodo con el giro hacia el jazz que tomaba su música de vez en cuando (hoy podemos intuir que se trataba de Edwin). Los otros dos miembros (más Barbieri que Harrison, si somos justos) también dejaron entrever su disgusto con Wilson de una u otra forma. Curiosamente, en este regreso parece que las labores de composición han estado más repartidas que nunca y, de hecho, Wilson solo firma una canción en solitario lo que podría tener que ver con declaraciones más o menos reciente en las que indicaba que si en algún momento resucitaba Porcupine Tree sería como un proyecto secundario porque su carrera en solitario era ahora lo principal para él. Como es costumbre en la mayoría de los lanzamientos en los que está involucrado el polifacético artista, el disco cuenta con diferentes ediciones con material extra que dejaremos fuera de la reseña para centrarnos en el disco “normal”.


Porcupine ¿Three?


“Harridan” - El comienzo del disco es sencillamente arrollador. Una introducción de bajo de Wilson que suena a invitación a los fans para que renuncien a echar de menos a Colin Edwin. A partir de ahí comienza una verdadera demostración de facultades a cargo de Gavin Harrison a la batería, en estado de gracia en todo el trabajo. Los teclados de Barbieri suenan fantásticos también completando una canción excelente, con magníficos toques de “metal”, extraordinarias secciones electrónicas ambientales, algún guiño a los nuevos sonidos que Wilson exploraba en su último trabajo en solitario y los habituales giros de todo tipo tan característicos de los mejores momentos de la banda. Es una de las primeras canciones en las que empezaron a trabajar Harrison y Wilson allá por 2012 y con ella ponen el listón en lo más alto desde el inicio.




“Of the New Day” - El segundo tema es el único escrito por Wilson en solitario. Una balada preciosa a medio camino entre los discos más “pop” de la banda, como “Stupid Dream” y trabajos en solitario del cantante como “Hand / Cannot / Erase”. La primera parte es más acústica pero en la segunda escuchamos ya algún “riff” potente de guitarra eléctrica más propio de la banda.


“Rats Return” - Uno de nuestros cortes favoritos del disco y quizá el más claramente “metal” de todo el trabajo gracias a un tremendo “riff” inicial que se repite a lo largo de toda la canción. Los teclados de Barbieri, en cambio, tienden más al “jazz” destacando especialmente el uso de las voces de fondo que le dan a toda la pieza un toque fantasmagórico muy especial. Soberbia canción en la línea de lo que fueron los últimos trabajos del grupo antes del parón.




“Dignity” - Comenzamos con un suave inicio de teclados interrumpido por unos acordes de guitarra que dan paso a otra balada de excelente factura. Pese a que la firman Wilson y Barbieri, bien podría pasar por una canción de los primeros discos de Blackfield, el proyecto del primero con Aviv Geffen. Nos parece excelente el trabajo de Wilson a las voces haciendo él mismo todos los coros así como los arreglos finales de piano que encajan perfectamente con el resto de teclados, incluyendo entre ellos órgano Hammond o Mellotron.


“Herd Culling” - Seguimos con otro tema complejo lleno de sutilezas, especialmente en cuanto a los teclados que llenan de sonidos y matices nuevos cada segundo de la canción (incluso hay algún breve solo que nos recuerda al Vangelis de los años setenta). Harrison vuelve a estar soberbio y las ráfagas de rock duro que llegan con el estribillo siguen en la tradición de discos como “Fear of a Blank Planet” o “The Incident”. Magnífica la coda final que pasa en un segundo de la energía de las guitarras eléctricas a la tranquilidad de los pasajes electrónicos de Barbieri.




“Walk the Plan” - Esos mismos teclados brillan en el inicio de la siguiente canción, un tiempo medio en el que la electrónica y los toques de “jazz” tienen mucho peso. Es una de esas canciones a las que no le prestas demasiada canción al principio pero que te van calando con las sucesivas escuchas hasta convertirse en una de tus favoritas.


“Chimera's Wreck” - El cierre del disco es una locura. Comienza en un tono suave, con una introducción de guitarra acústica que nos recuerda a bandas como los Opeth de “Heritage” (especialmente con los juegos de voces que aparecen después) o al proyecto Storm Corrosion de Wilson con el propio Mikael Akerfeldt. Es precisamente a partir de una de las repeticiones del estribillo cuando la canción experimenta el primer giro guiado por la batería de Harrison que sube las revoluciones para entrar en una nueva sección dominada por una de esa melodías intrincadas de métrica imposible que de vez en cuando se le ocurren a Wilson. Nuevo cambio de ritmo para un segundo estribillo en falsete con exhibición de Harrison incluida y vuelta a la melodía del comienzo pero ahora hipervitaminada. Volvemos a cambiar con una inyección metalera y un final coral que nos deja con ganas de mas. Definitivamente es una es esas grandes piezas de rock progresivo que no deberían faltar en los directos de la banda pese a su evidente dificultad técnica.



El título del disco, “Closure/Continuation”, deja abertas todas las posibilidades de futuro porque no aclara si es una despedida (Closure) o el comienzo de una nueva etapa (Continuation). De momento, Porcupine Tree tienen muchos conciertos programados para el año que viene como parte de la gira que comenzó el pasado mes de junio pero también es cierto que Steven Wilson ya ha anunciado nuevo disco en solitario para 2023, “The Harmony Codex”. Así las cosas, es de suponer que posibles nuevos trabajos de la banda tendrán que esperar un tiempo. Por si acaso, disfrutemos de este imprevisto retorno esperando que no haya sido también una despedida definitiva.

martes, 26 de marzo de 2019

Porcupine Tree - Recordings (2001)



Recientemente hablamos aquí de esos discos que surgen a partir de descartes de otros trabajos, de canciones que quedaron fuera por unos u otros motivos de proyectos pasados  y que no terminan de encontrar acomodo hasta mucho después. En la carrera de Porcupine Tree, al igual que ocurre en la posterior en solitario de su líder Steven Wilson, hay decenas de temas de estas características. Alguno de ellos acaba formando parte de discos posteriores pero en el caso de la banda británica, la salida habitual terminaba por ser la de publicarlos como parte de recopilatorios.

Llama la atención que una formación de trayectoria tan extensa como Porcupine Tree no tenga ningún disco de grandes éxitos al uso. Se podría argumentar al respecto que nunca fueron realmente un grupo extremadamente popular a nivel global pero esa no es razón, en la mayoría de los casos, para no lanzar de vez en cuando algún recopilatorio que facilite el acercamiento a su música de aquellos demasiado perezosos para ponerse a bucear por los discos convencionales. Ahí radica parte de la originalidad de la banda de Wilson y es que a lo largo de los años publicaron un buen número de recopilaciones aunque todas ellas estaban integradas en su mayor parte por material inédito o publicado en tiradas muy bajas como complemento de los singles. Ese es el caso del disco que traemos hoy aquí, publicado en 2001 bajo el no demasiado original título de “Recordings”.

En este trabajo se iban a recoger canciones del periodo inmediatamente anterior. El que se correspondía con la grabación de “Stupid Dream” y “Lightbulb Sun” y en cierto modo sirvió para cerrar una etapa. Comenta Wilson que lo normal habría sido aprovechar parte de ese material para próximos trabajos pero que se descartó la idea ante el cambio de rumbo que estaban planeando y que les llevaría a un sonido más duro y cercano al metal progresivo en sus siguientes discos. “Recordings” iba a suponer, además, la despedida del batería Chris Maitland, reemplazado por Gavin Harrison poco después.

Imagen de la formación de la banda hasta "Recordings".


“Buying New Soul” - “Recordings” se abre con una maravillosa canción que la banda completó justo tras acabar las sesiones de grabación de “Lightbulb Sun”. Es un extenso tema que cuenta con una deliciosa introducción electrónica en la que podemos escuchar un agonizante violonchelo justo antes de la entrada de la guitarra acústica de Steven Wilson. Comienza ahí la canción propiamente dicha, que cuenta con un estribillo lento absolutamente imbatible. Superada la mitad del tema tenemos un clásico interludio instrumental que incluye una parte electrónica realmente evocadora que sirve de base para una nueva parte de guitarra previa a la revisión final del tema central. Es el único corte del disco firmado por todos los integrantes de la banda y una canción de la que todos afirmaban que, de haberse terminado a tiempo, habría formado parte del citado “Lightbulb Sun”.




“Access Denied” - En las mismas sesiones de grabación de aquel disco, presentó Wilson la demo de esta canción que no gustó a ninguno de los integrantes de la banda y quedó aparcada. Afortunadamente el cantante no cejó en su empeño y la banda accedió a grabarla para que formase parte de “Recordings”. Es una canción corta, en la linea de las que Porcupine Tree grabó en aquellos años. El comienzo es casi jovial, con el piano martilleando una serie de notas que Wilson acompaña con su voz modificada electrónicamente. En los primeros instantes hay hasta un cierto aire “beatle” en la canción pero enseguida se encamina por otros derroteros más experimentales y hasta jazzísticos con efectos electrónicos y un tono más oscuro aunque pronto retoma el espíritu inicial. Una rareza dentro de la discografía de Porcupine Tree que merece la pena revisar.

“Cure for Optimism” - El disco “Lightbulb Sun” contó con dos singles: “Four Chords That Made a Million” y “Shesmovedon”. Esta canción fue grabada entre las sesiones de “Stupid Dream” y “Lightbulb Sun” y se incluyó en forma de “cara b” en el segundo de los singles mencionados. Es una pieza muy interesante que cuenta con una larga introducción instrumental que desemboca en una canción lenta muy del estilo de Wilson. Los arreglos, como siempre, son de lo más destacado. Sonidos atmosféricos y efectos de todo tipo así como sonidos antiguos como el del Mellotron arropan al cantante que, al margen de eso, se acompaña de su guitarra acústica.

“Untitled” - Continuamos con una larga improvisación instrumental procedente de las mismas sesiones y que, como el tema anterior, apareció ya en la versión en CD del single de “Shesmovedon”. En su comienzo recuerda a la anterior “Buying New Soul”, quizá por el uso del violonchelo y por tener una atmósfera similar. Pronto toma un rumbo distinto con elementos de jazz y detalles que recuerdan a los experimentos de la banda en su disco “Metanoia”. Un tema más ambiental que el resto del disco y que nos da una buena medida de esa faceta de la banda.

“Disappear” - Seguimos en las sesiones de grabación de “Lightbulb Sun” y llegamos a esta sencilla canción que apareció como “cara b” del single “Four Chords that Made a Million”. Un tema quizá algo convencional para lo que representa una banda como Porcupine Tree, incluso teniendo en cuenta que pertenece a la etapa del grupo más orientada a este tipo de canciones.

“Ambulance Chasing” - Retrocedemos en el tiempo hasta las grabaciones de “Stupid Dream”, el trabajo anterior a “Lightbulb Sun” para encontrar este interesantísimo corte instrumental con un protagonismo coral por parte de todos los miembros de la banda, especialmente de la sección rítmica formada por Colin Edwin y Chris Maitland. Las guitarras tienen ese toque psicodélico que tan bien le sentaba al sonido del grupo en sus primeros discos. La pieza fue “cara b” en la versión en CD del single “Piano Lessons” y cuenta con la participación de Theo Travis como músico invitado.




“In Formaldehyde” - Igual que “Dissapear” y procedente de las mismas sesiones, este tema fue otra de las “caras b” de “Four Chords that Made a Million”. Es otra de esas canciones de la banda llenas de efectos psicodélicos, guitarras líquidas y voces procesadas a la que quizá le falte un poco de fuerza para ser recordada como un gran tema pero que merece la pena escuchar.

“Even Less” - Si tenemos que quedarnos con una sóla canción de todo el trabajo, sin duda sería con esta. “Even Less” es uno de los grandes clásicos de la banda pero en la versión que apareció publicada en “Stupid Dreams”, fué recortada casi en la mitad de su duración. Aquí escuchamos el tema original completo a lo largo de sus gloriosos catorce minutos. “Even Less” anticipa el giro hacia el “metal” de los próximos discos de la banda y también tiene muchos de los elementos alrededor de los que Wilson construiría su carrera en solitario más adelante. No es de extrañar que se convirtiera en una canción habitual en el repertorio de Porcupine Tree en vivo y que siga muy presente en el del propio Wilson hasta nuestros días.




“Oceans Have No Memory” - El disco termina con un instrumental más corto que se grabó inicialmente para “Stupid Dream” pero que fue descartado quedando como “cara b” del single “Piano Lessons” aunque sólo en su versión en vinilo. Es un tema intimista con la guitarra eléctrica como instrumento principal que no tiene demasiada trascendencia. Costaría identificarlo como de Porcupine Tree si no supiéramos que lo es.

Si hay un hecho destacable en la discografía de Porcupine Tree es, precisamente, la ausencia de trabajos irrelevantes. Incluso las recopilaciones tienen unas características que las hacen imprescindibles para todo seguidor de la banda. En esta linea, “Recordings” es un complemento perfecto para los dos discos de cuyas sesiones de grabación se nutre y un disco muy útil para documentar esa época del grupo, previa al cambio de estilo y de alineación que se daría inmediatamente después.

miércoles, 20 de junio de 2018

Porcupine Tree - Lightbulb Sun (2000)




Una de las críticas que más nos llamó la atención del último disco de Steven Wilson, “To the Bone”, fue la que le acusaba de buscar una mayor comercialidad que en discos anteriores. Nos sorprendió por muchas cosas pero quizá la más importante es que ese tipo de acusación ya se le había hecho al artista cuando era el lider de Porcupine Tree. Tras varios discos en los que pasó por el rock, la electrónica, la psicodelia, el rock progresivo y por todo ello junto mezclado en distintas proporciones, en 1999 la banda lanzó “Stupid Dream” que supuso un importante cambio de formato: de canciones extensas, con mucho de improvisación y experimentación, pasaron a un disco de temas más cortos y canciones mucho más convencionales en cuanto a su esquema y desarrollo. Fue, en palabras de Wilson, la culminación de un proceso de aprendizaje a la hora de crear una estructura y concentrar las ideas en un formato más accesible pero eso no suponía en ningún caso una merma de calidad.

“Lightbulb Sun” iba a ser un paso más en esa idea, todo los procesos trabajados en aquel periodo iban a desembocar en un disco creado en apenas tres meses. Una obra que iba a mantener los esquemas más cercanos al pop de su predecesor pero que también iba a recuperar elementos de trabajos anteriores en ese proceso continuo de experimentación, asimilación y cambio que ha dominado la carrera de Wilson desde sus comienzos. Dentro de la cronología de Porcupine Tree, “Lightbulb Sun” iba a ser el último disco grabado con Chris Maitland a la batería. El resto de miembros eran los habituales: Steven Wilson (voz, guitarras, teclados, etc.), Richard Barbieri (sintetizadores, órgano Hammond, Fender Rhodes, Clavinet y Mellotron) y Colin Edwin (bajo). Además, se contó con una sección de cuerda conformada por las integrantes del Minerva Quartet (Katy Latham y Lisa Betteridge, violines, Sarah Heines, viola y Emmeline Brewer, violonchelo) y por los solistas Stuart Gordon (violín y viola) y Nick Parry (violonchelo).

Wilson y sus muchachos.


“Lightbulb Sun” - El comienzo es sencillo con unos acordes de guitarra acústica que dan paso a los primeros versos de un tema que enseguida experimenta un giro con un riff eléctrico y un cambio de ritmo a cargo de la batería que comparte protagonismo con un bajo realmente inspirado. Es en esta nueva fase un tema mucho mas enérgico con un aire americano muy marcado y algún guiño hacia el “metal” que dejaba entrever la próxima evolución de la banda.

“How is Your Life Today?” - Sorprendente la minatura que encontramos después. Se abre con un bonito vals de piano sobre el que Wilson canta a través de filtros “lo-fi” antes de empezar unos preciosos juegos vocales consigo mismo gracias a la tecnología del estudio. Una joyita a descubrir que es facil que pase desapercibida. También un precedente claro del Wilson de alguno de sus trabajos en solitario como “The Raven that Refused to Sing”.

“Four Chords that Made a Million” - Mucho más potente es la siguiente pieza que se abre con unas guitarras desafiantes y una percusión de aire tribal muy interesante. A partir de ahí, una descarga de adrenalina que nos parece acertadísima. La segunda parte es ya más reconocible y enlaza con la tradición del grupo. Pese a ello, es un tema muy diferente de lo que hacía la banda hasta aquel momento y su elección como primer single del disco era toda una declaración de intenciones.




“Shesmovedon” - El segundo single del trabajo es una de nuestras canciones favoritas del mismo, algo con lo que probablemente esté de acuerdo el propio Wilson que la regrabaría tiempo después durante las sesiones de “Deadwing”. Se trata de una canción con una producción sucia pero perfecta para el tema y que cuenta, además, con uno de los estribillos más redondos de toda la carrera del grupo y una sección instrumental en el segmento final realmente brillante.

“Last Chance to Evacuate Planet Earth Before It Is Recycled” - Sin solución de continuidad enlazamos con el siguiente corte en el que encontramos otra vez una cierta “americanización” del sonido, especialmente en lo referente a las guitarras (el uso del banjo también contribuye a esa idea). Tras un comienzo más o menos estándar, entramos en una sección central magnífica con Barbieri haciendo diabluras con el Fender Rhodes en un tramo de aire psicodélico en la linea de trabajos anteriores del grupo. Se echa en falta algo más de minutaje aquí para desarrollar las ideas que se plantean pero ya dijimos que este era un trabajo más enfocado a temas cerrados que a viajes experimentales.

“The Rest Will Flow” - Las cuerdas del Cuarteto Minerva y los dos solistas de apoyo son, junto con el Mellotron, el sustento principal de la banda en una pieza más alegre de lo normal. La típica canción que Wilson desarrollaría tiempo después con su proyecto Blackfield desligando así este lado más “pop” de Porcupine Tree

“Hatesong” - Colin Edwin, coautor del tema junto con Wilson, se hace con el mando de la nave gracias a una melodía de bajo que recorre toda la pieza de modo hipnótico. Es algo similar a lo que ocurría en los discos más experimentales del grupo que iban construyendo estructuras fantásticas a partir de un pequeño trazo del bajo aunque aquí se desarrolla todo con mayor rapidez. Es una delicia ver cómo se suceden los diferentes tramos de la pieza, cada uno protagonizado por un instrumento. Al bajo le sucede el Mellotron y ambos una seca ráfaga de guitarra “metalera” subrayada por una batería autoritaria. El tramo final del tema es todo un disfrute para cualquier aficionado al rock progresivo y uno de los grandes momentos del trabajo.




“Where We Would Be” - Se hace la calma con una balada más tranquila en la que los juegos vocales son lo más interesante frente a unos acordes de guitarra repetitivos y una percusión que se limita a hacer compañía. Un tema correcto.

“Russia on Ice” - Algo más de trece minutos dura el corte más experimental del trabajo. Es una pieza coral, firmada por toda la banda, y eso se nota en todo su desarrollo en el que de un modo u otro, todos los músicos tienen protagonismo. Comienza con sonidos electrónicos sobre los que se destacan leves trazos de guitarras aunque pronto se transforma en una balada oscura marcada por una pocas notas de guitarra que se repiten cada poco tiempo. Volvemos a escuchar las cuerdas en un fragmento de gran interés en el que juegan un poco con la banda hasta callar de nuevo para escuchar la voz de Wilson. Mediada la pieza volvemos a los ambientes de “jazz cósmico” que la banda exploró en “Metanoia” o “Voyage 34” sólo rotos por un nuevo giro hacia el “metal” que va a desembocar en un final extraordinario en el que oímos uno de los pocos solos de Maitland a la batería en el que iba a ser su último disco con Porcupine Tree.




“Feel So Low” - El disco concluye con una suave balada de arreglos sencillos que incluso diríamos que tiene un cierto toque de los U2 de “The Joshua Tree”, especialmente por el tratamiento sonoro de las guitarras y la forma de cantar de Wilson en esta ocasión.


Con “Lightbulb Sun” se cerró una etapa en Porcupine Tree. De cara al siguiente disco firmaron con una nueva discográfica y eso se correspondió con un cambio de estilo hacia sonidos más duros y próximos al “metal progresivo”. El grupo tomó un rumbó más ambicioso y su batería, Chris Maitland decidió que era el momento de dejarlo. En un principio, la decisión de la banda fue seguir como trío utilizando programaciones electrónicas pero surgió la posibilidad de contar con Gavin Harrison quien ingresaría en el grupo casi de inmediato cerrándose así la alineación con la que Porcupine Tree formó durante el resto del tiempo hasta la inactividad en la que llevan sumidos casi una década.

Os dejamos con una versión en directo de "Shesmovedon":


 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Porcupine Tree - In Absentia (2002)



Muchas cosas cambiaron en muy poco tiempo en los meses posteriores a la publicación de “Lightbulb Sun” dentro de Porcupine Tree. Quizá las más significativas fueron las relativas a la toma de contacto de Steven Wilson con dos músicos muy diferentes que influyeron de formas opuestas en el enfoque de la música de la banda de cara al siguiente disco. Los lectores habituales del blog conocen sobradamente ambos nombres: Aviv Geffen y Mikael Akerfeld.

¿Qué importancia tuvieron ambos sobre el sonido de los nuevos Porcupine Tree? Tiene que ver con la relación que Wilson estableció con cada uno de ellos. Con Aviv Geffen sintonizó de tal manera que decidieron colaborar en el futuro. Como la música del israelí era un pop rock elegante y sin estridencias, Wilson orientó esa parte de su repertorio a su proyecto con Aviv que llevaría el nombre de Blackfield. De este modo, con esa salida para el lado más “popero” de Wilson, Porcupine Tree se podía liberar de ese enfoque que había tenido un peso importantísimo en sus dos trabajos más recientes, el ya comentado aquí “Stupid Dream” y el mencionado más arriba “Lightbulb Sun”. ¿Qué tipo de estilo iba a reemplazar a esta faceta pop de Porcupine Tree en los tiempos venideros? Ahí entra en acción Akerfeld, líder de Opeth, banda que empezaba a hacerse un hueco importante entre los seguidores del rock más duro con ciertos toques de rock progresivo. Wilson iba a trabajar con los suecos en la producción de su siguiente trabajo y eso marcó la nueva orientación de Porcupine Tree hacia un metal progresivo que sería la seña de identidad de la próxima etapa de la banda.

Al margen del cambio estilístico, o de forma paralela al mismo, hubo otras dos novedades muy importantes: la banda dejó su anterior sello discográfico para recalar en Lava Records, algo más humilde que el anterior pero que a Wilson le pareció un entorno ideal para desarrollar sus nuevas ideas. El segundo cambio vino de la mano de la renuncia de Chris Maitland, batería de la banda desde que esta existió como tal y participante en varios proyectos de Wilson como No-Man o I.E.M. La baja de Maitland era un golpe importante, tanto que ni siquiera se plantearon sustituirle y la idea era continuar con bases rítmicas programadas. Lo cierto es que justo antes de empezar a grabar, surgió la posibilidad de contar con Gavin Harrison, batería sensacional y tremendamente versátil que tan pronto grababa con Eros Ramazzoti como lo hacía con Iggy Pop, Lisa Stanfield o Franco Battiato (a título de curiosidad, uno de sus últimos trabajos antes de entrar a formar parte de Porcupine Tree fue en el disco “Nunca el tiempo es perdido” de Manolo García).

Casi todos los temas del disco iban a ser obra de Steven Wilson quien se iba a centrar esta vez en una serie de retratos de personajes siniestros, perturbadores, como los que suelen aparecer en todos sus discos pero con especial atención ahora en los “serial killers” y en los clásicos “abusones” juveniles.

Gavin Harrison, la gran incorporación de Porcupine Tree para el disco.

“Blackest Eyes” – Un comienzo suave no hace presagiar en modo alguno la súbita explosión rockera que escuchamos a continuación en forma de agresivo riff. Sin embargo, no estamos ante una canción “heavy” como podríamos pensar ya que enseguida experimenta un nuevo giro hacia un pop robusto pero civilizado. El texto nos presenta a una madre cantando nanas a su hijo sin sospechar que en un futuro se iba a convertir en una bestia. Como jugando con esa potencialidad, la música gana en energía y dureza conforme avanza la canción con varios regresos al riff del comienzo. Un gran comienzo para un disco prometedor.



“Trains” – Empieza la canción con un formato de balada acústica muy logrado con unos preciosos fondos de mellotron. Los juegos vocales de la parte central de la canción son fantásticos y preceden a un interludio en el que se combinan guitarras acústicas, palmas y un ambiente casi infantil que recuerda a la época en la que el protagonista disfrutaba visitando las vías del tren. Un gran tema que supuso un éxito considerable para la banda y que, aún hoy, forma parte del repertorio de Wilson en solitario siendo la única composición de Porcupine Tree como banda que sigue interpretando.

“Lips of Ashes” – Llegamos a un interludio casi instrumental (apenas hay dos estrofas de texto) lleno de sonidos acústicos, psicodélicos, que recuerdan a épocas pasadas de la banda. Un sonido muy “floydiano” en general que nos parece una transición magnífica para continuar con el disco y en el que queremos apreciar una cierta influencia de Opeth (especialmente en algunos arreglos vocales), con quienes Wilson empezaba a trabajar en aquellas fechas.

“The Sound of Muzak” – Dura crítica de Steven a la situación de la industria musical que produce canciones clónicas, sin alma, para un público al que todo le da igual. “the music of the future will not entertain, it’s only meant to repress and neutralise your brain”. La canción es magnífica de principio a fin pero si hay algo que destaca sobremanera en la misma es la excepcional interpretación de Gavin Harrison a la batería. Si el lector tiene interés, podrá encontrar videos en youtube en los que el músico ofrece clases magistrales utilizando, precisamente, esta canción como base para las mismas.

“Gravity Eyelids” – Un ambiente perturbador de sintetizadores abre la pieza y pronto se suman a él una serie de bases rítmicas programadas. De inicio, la canción parecería encajar mejor en un proyecto más orientado al trip-hop como era el disco “Wild Opera” de No-Man. La forma casi desgarrada de cantar de Wilson refuerza esta opinión. La entrada del mellotrón y el piano justo antes de la entrada del estribillo es inquietante y cuando aparecen el bajo de Colin Edwin combinado con la batería de Harrison nos damos cuenta de que estamos ante otra canción magnífica que en sus últimos momentos se transforma radicalmente con una “coda” en clave de metal progresivo realmente magnífica.

“Wedding Nails” – De nuevo un riff lleno de energía nos prepara para unos minutos de rock instrumental con toques de jazz y algunas secciones de “ambient” electrónico que no deja de ser un anticipo de lo que Wilson nos iba a brindar en años recientes, ya como artista en solitario. La autoría de la canción es compartida entre Steven y el teclista Richard Barbieri.

“Prodigal” – Llegamos a una canción de desesperanza con un esquema clásico que, en sus primeros compases tiene muchos puntos en común con lo que hacían en años anteriores badas como Radiohead. Es un tema oscuro en que algunos punteos de guitarra y notas sueltas de piano parecen aportar cierta luz de tanto en tanto. Mientras, las letras retratan a un personaje en plena caída, que ha probado de todo para hallar un aliciente sin éxito “I tried the capsule and I tried the smoke, I tried to aid escape like normal folk but I never seemed to get the joke”.

“3” – Una personalísima línea de bajo arropada por los sintetizadores va preparando la llegada de la batería en un magnífico tema instrumental que recuerda los momentos más psicodélicos de discos anteriores como “Up the Downstair” o “The Sky Moves Sideways”. Aparece entonces una sección de cuerda fantástica para marcar el cambio hacia la segunda parte de la pieza en la que escuchamos los únicos dos versos cantados de todo el tema, envueltos en las clásicas guitarras acústicas marca de la casa y la nostalgia personificada en el mellotrón.

“The Creator Has a Mastertape” – El bajo vuelve a ser quien marca la pauta de una composición veloz, con clara influencia del krautrock, distorsiones en las guitarras y también en la voz de Wilson. Por temática, esta canción es un claro antecedente de “Index” del segundo disco en solitario del artista ya que nos encontramos ante un tipo similar de coleccionista, tanto de objetos como de personas. El título del tema se nos antoja un homenaje al tema de Pharoah Sanders que ocupaba la práctica totalidad de su LP “Karma” y que tenía por título “The Creator has a Masterplan”.

“Heartattack in a Layby” – Tras la agotadora demostración del tema anterior, entramos ahora en una melancólica balada que, como ocurre a menudo con las letras de Wilson, parece una simple canción de desamor más hasta que el texto va revelándonos lo siniestro de la historia que nos narra el protagonista mientras fantasea con el deseo de su pareja de volver con él, algo muy lejano de la realidad y que nos hace ponernos en lo peor.

“Strip the Soul” – Por tercera vez en el disco es el bajo el que abre las hostilidades de un tema aún más inquietante que el anterior en el que el protagonista nos habla de su mujer e hijos, probablemente ya asesinados como dan a entender algunas de las líneas del texto “they are not gone they are not gone they are only sleeping”. Un nuevo psicópata para la ya extensa colección de Wilson. La canción, con todo, es una de las más interesantes del disco y la única que firma Colin Edwin al 50% con el vocalista.

“Collapse the Light Into Earth” – Un piano ligeramente distorsionado es el único acompañamiento de la voz de Wilson en los primeros instantes de una emocionante balada a la que se van añadiendo elementos, como un fondo electrónico que crece poco a poco acompañado de las cuerdas hasta conformar un final épico que la convierte en una de nuestras canciones favoritas de la banda. Una “delicatessen” que pone punto y final a un disco memorable.



Aún hoy muchos fans consideran a “In Absentia” como el gran disco de Porcupine Tree y, si atendemos al hecho de que reúne un poco de todos los estilos que ha ido recorriendo la banda en estos más de veinte años, tenemos que darles la razón. En “In Absentia” encontramos rock progresivo, psicodelia, toques de metal, momentos pop, electrónica, trip hop o ambient sabiamente repartidos y equilibrados a lo largo de la hora larga que dura el disco. Hay también algo de Blackfield, de I.E.M. o de No-Man en el disco que, en ese sentido, puede considerarse como una magnífica puerta de entrada, no sólo en el universo de Porcupine Tree sino en el más amplio de su líder Steven Wilson. Por ello, no tenemos otro remedio que recomendarlo encarecidamente. No os dejará indiferentes. La alineación de la banda en el disco es: Steven Wilson (voz, guitarras, piano, banjo), Richard Barbieri (sintetizadores, mellotron, órgano Hammond), Colin Edwin (bajo) y Gavin Harrison (batería, percusiones). Como invitados especiales aparecen Aviv Geffen, que hace coros en dos canciones, y John Wesley, coros en tres canciones y guitarra en la primera del disco.

Para adquirirlo, os dejamos un par de posibles enlaces como es costumbre aquí:

amazon.es

fnac.es

Nos despedimos con un video de Gavin Harrison demostrando sus habilidades en "The Sound of Muzak"

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Porcupine Tree - Stupid Dream (1999)



Hubo un momento en que a Porcupine Tree se le quedó pequeño el sello Delerium y buscaron uno mayor con el que poder llegar a un mayor público, invertir más en la producción de los discos y organizar giras más extensas. Nos viene ahora a la cabeza la repetida frase con la que Debbie Allen daba comienzo a cada uno de los capítulos de la popular serie “Fama”: “queréis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar: con sudor”. La referencia no es caprichosa y aparece aquí por dos motivos. El primero de ellos explica, a su vez, la procedencia del título del propio disco. ¿cuál es el sueño estúpido? El del joven músico buscando triunfar en el mundo del rock ya que eso conlleva una serie de esfuerzos, sacrificios y renuncias de los que no se es consciente cuando empiezan los ensayos con los amigos del instituto en el garaje de uno de ellos. Buena parte de los textos del disco tienen relación con estas vivencias del propio Wilson. El segundo motivo tiene que ver con el cambio de compañía de Porcupine Tree y las expectativas que eso acarrea, incluyendo la necesidad, consciente o no, de incluir música más accesible, más comercial en el trabajo que pueda complacer a los directivos de la nueva discográfica y que se traduzca en un enganche más fácil para un público distinto del habitual seguidor de la banda (se supone que los fieles lo seguirán siendo). La fama cuesta. ¿cuánto? tanto como estés dispuesto a pagar.

¿Cómo se refleja todo esto en la música? Ya desde el momento en que echamos un vistazo a la contraportada del disco encontramos una importante diferencia con respecto a discos anteriores ya que contamos hasta doce canciones con una duración muy homogénea lo que nos permite intuir que no tendremos aquí largos desarrollos y pasajes instrumentales lisérgicos sino canciones más o menos convencionales, al menos en cuanto a su extensión.

Estilísticamente, la diferencia de “Stupid Dream” con trabajos anteriores es notable. Wilson y compañía se abren a canciones más directas y cercanas al pop en muchos momentos, lo que resultó bastante controvertido para los fans de la banda. Más aún cuando comenzaron a aparecer grabaciones de las demos y maquetas previas al disco y en ellas se aprecia que muchas de las ideas iniciales alrededor de cada canción habían variado sustancialmente en el estudio de grabación. Intervienen en el disco los miembros habituales de la banda, es decir, Steven Wilson (voz, guitarra, piano, samplers), Richard Barbieri (sintetizadores, órgano Hammond, mellotron), Colin Edwin (bajos) y Chris Maitland (batería, percusiones). Como invitados aparecen Theo Travis (saxo y flauta) y la sección de cuerda de la East of England Orchestra.

Portada alternativa del disco.


“Even Less” – El disco comienza con la mejor canción contenida en el mismo y una de nuestras favoritas de toda la trayectoria del grupo a pesar de encontrarse dramáticamente recortada con respecto a su primera versión (que superaba el cuarto de hora). El tema comienza como una canción pop bien construida con un agresivo riff principal y va evolucionando continuamente hasta que en la parte central hay una pausa con una poderosa guitarra próxima al heavy que introduce al hammond y el mellotron para concluir la pieza en un ambiente de rock progresivo absolutamente floydiano.



“Piano Lessons” – Continuamos con la que nos parece la canción más controvertida del disco ya que nos muestra a Porcupine Tree convertidos en una “vulgar” versión de cualquier grupo pop de la época, unos Oasis cualquiera, para entendernos. Entiéndase lo de “vulgar” como un indicativo de lo convencional de la canción y en ningún caso como una crítica al tema en sí, en el que destacan, como de costumbre, los arreglos vocales de Wilson y compañía. Una canción muy efectiva y comercial pero que se encuentra en las antípodas de lo que uno esperaba de Porcupine Tree en aquel momento. No sorprende en absoluto que fuera escogida como primer single del disco si lo que se pretendía era ampliar las fronteras del grupo.

“Stupid Dream” – Cortísimo instrumental que no llega al medio minuto de grabación y que podría haberse integrado perfectamente con el final de la canción anterior.

“Pure Narcotic” – Clásica canción de Wilson con sus habituales temas como son la soledad del adolescente, la incomunicación, o la dificultad por encajar “I’m sorry that I’m not like you. I worry that I don’t act the way you’d like me to”. Fue el tercer single del disco y es lógico puesto que se trata de otro tema pop de gran potencial comercial. Excepcional de nuevo el trabajo vocal y muy interesantes los arreglos, sobrios pero incorporando instrumentos como el glockenspiel que encaja sorprendentemente bien en el tema.

“Slave Called Shiver” – Algunas críticas del disco compararon a estos Porcupine Tree con Radiohead y tenemos la sensación de que canciones como ésta contribuyeron a que surgieran ese tipo de paralelismos. Se trata de una canción con influencias de todo tipo, arreglos electrónicos, devaneos con el rock duro y efectos vocales para ilustrar una relación autodestructiva de devoción exagerada que el protagonista lleva al extremo.

“Don’t Hate Me” – Segunda gran canción del disco a la que le sienta magníficamente bien la aportación de la flauta de Theo Travis. La temática enlaza directamente con la de “Pure Narcotic” (“Don’t hate me, I’m not special like you”) pero lo hace regresando a los ambientes más oscuros e inquietantes de los discos anteriores de la banda, construyendo una canción extraordinaria, en la línea de los mejores clásicos de Wilson y compañía.



“This is No Rehearsal” – Llegamos así a una canción rara. Podríamos cometer el error de catalogarla de pop pero enseguida gira hacia sonidos “metal”. La aparición del mellotrón poco después contribuye a aumentar la confusión. Abundan los cambios de ritmo pero organizados de un modo algo desconcertante. Aunque la hemos oído decenas de veces, no terminamos de cogerle el punto a esta canción.

“Baby Dream on Cellophane” – Hay algo en el siguiente tema que nos recuerda a los últimos Pink Floyd de Roger Waters. Quizá sea el sonido de la guitarra acústica, los efectos vocales o los cambios de volumen. En cualquier caso se trata de otra de nuestras canciones favoritas, especialmente por el excepcional tratamiento de las armonías vocales que ya es uno de los signos de identidad de la banda.

“Stranger by the Minute” – En su momento fue el segundo single del disco y cumple escrupulosamente con las características que se le suponen a una canción promocional y, de paso, con sus compañeras en esa tarea en el disco. Las tres canciones son correctas pero no demasiado acordes con la trayectoria de Porcupine Tree con lo que la sorpresa de los seguidores en su momento se nos antoja justificada.

“A Smart Kid” – Afortunadamente, junto a los singles más o menos comerciales, tenemos canciones verdaderamente interesantes. La que nos ocupa se cuenta entre las pertenecientes a la segunda categoría y vuelve a sumergirnos en el particular imaginario de Wilson, especialmente apocalíptico en esta ocasión en la que nos muestra al proverbial último hombre del planeta, superviviente de una guerra en la que ganan los buenos que trata de explicar la situación a los visitantes del espacio: “I tell them I’m the only one. There was a war but I must have won. Please, take me with you”.

“Tinto Brass” – Intuímos que Wilson se encuentra más cómodo en este registro que haciendo canciones de 3 minutos. “Tinto Brass”, que originalmente se titulaba “Tin to Brass” en un juego de palabras entre hojalata, latón y el nombre del realizador italiano de cine erótico, es un homenaje al krautrock alemán y tiene mucho que ver con la versión que los propios Porcupine Tree realizaron del clásico de Neu!, “Hallogallo”. Se trata de un instrumental dominado por un insistente ritmo de bajo y batería (con un bajo que también nos recuerda a Joy Division) sobre el cual escuchamos solos de guitarra, latigazos “heavy metal” y efectos electrónicos. En el comienzo de la pieza escuchamos la voz de la pareja japonesa de Wilson en aquel entonces, recitando títulos de películas de Brass en japonés aunque la única razón por la que el cineasta aparece en el título es, en palabras del propio Steven, que le gustaba como sonaba el nombre.

“Stop Swimming” – Cerrando el trabajo tenemos una preciosa balada crepuscular, que discurre cadenciosamente consiguiendo que nos quedemos con un magnífico sabor de boca. Destaca el gran trabajo de Chris Maitland en la batería y en la percusión.

La nueva versión de Porcupine Tree suscitó no pocos debates entre los seguidores de la banda, un tanto descolocados ante la perspectiva de perder la esencia de un grupo realmente diferente en beneficio de una mayor comercialidad. Afortunadamente, la calidad de las canciones e interpretaciones mitigó buena parte de las críticas. Por otro lado, tampoco iba a ser esta la encarnación definitiva del grupo inmerso en una evolución continua por lo que, a toro pasado, no merece la pena quedarse en una crítica al giro comercial que supuso “Stupid Dream”. Es comprensible la perplejidad que suscitó en su momento entre los conocedores de la carrera de Wilson y compañía pero analizándolo de forma aislada, no nos queda otro remedio que concluir que “Stupid Dream” es un disco magnífico. Podéis añadirlo a vuestra colección a través de cualquiera de los siguientes enlaces:

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Os dejamos con una versión en directo de "Stop Swimming":

domingo, 15 de septiembre de 2013

Porcupine Tree - Metanoia (1998)



Hace un tiempo comentamos cómo el disco “Signify” supuso un cambio fundamental en la trayectoria de Porcupine Tree, quienes pasaban de ser la banda de apoyo de su líder, Steven Wilson para convertirse en un verdadero grupo, con las complicidades, interacciones y sinergias propias de una banda conjuntada lo que les permitió afrontar una segunda etapa en su carrera en la que nos brindaron discos memorables. Este nuevo estatus se alcanzó espontáneamente pero no sin horas y horas de trabajo. De todos es ya conocida la obsesión de Wilson por la música que no le permite pasar más de un día entero alejado de ella, ya sea componiendo, arreglando para otros o trabajando en el estudio para alguna remasterización de cualquier clásico del rock progresivo. Pues bien, en los meses en los que Porcupine Tree trabajaban para la grabación de “Signify”, ese entusiasmo fue común en todos los miembros del cuarteto y fruto del mismo surgieron gran cantidad de grabaciones, buena parte de las cuales eran pura improvisación. Todo ese material fue viendo la luz en distintos formatos. Así, unos meses después de la aparición del disco, el sello Delerium publicó “Insignificance” en formato cassette con descartes del disco. Más material formó parte de la recopilación “Stars Die” en 2002 en la que se repasaban los años de la banda en aquella discográfica.

Hoy nos centramos en otro producto de las sesiones y la gira de “Signify” titulado “Metanoia”. A primera vista, podemos caer en la tentación de compararlo con “Voyage 34”, otro disco casi instrumental, improvisado en buena parte y de características aparentemente similares pero sería un error por lo que comentábamos al principio: ahora es una banda la que improvisa lo que significa que todos sus miembros aportan sus propios puntos de vista y esto produce un resultado diferente. En un primer momento, “Metanoia” se publicó como un doble vinilo de 10” con material procedente de dos sesiones de grabación. La versión en CD que hoy se puede encontrar en las tiendas añade a la colección dos composiciones más sacadas de los mismos ensayos.

“Mesmer I” – La primera de las dos sesiones aquí incluidas tuvo lugar el 13 de julio de 1995 en Cambridge y ella participaron Richard Barbieri (teclados), Colin Edwin (bajo), Chris Maitland (batería) y Steven Wilson (guitarra y teclados). La primera de las piezas es una improvisación con aires de free jazz y psicodelia. Bajo y batería crean un ambiente casi onírico sobre el que la guitarra de Wilson, con un sonido ácido dibuja paisajes muy imaginativos. De un modo casi imperceptible, la sección rítmica va incrementando el ritmo hasta llegar a un cambio casi completo del mismo superado el ecuador de la composición. Es ahí donde aparecen los teclados reclamando su cuota de protagonismo y se unen a una improvisación muy dinámica completando la alineación de la banda.



“Mesmer II” – En contraste con la pieza de apertura, ésta segunda parte suena mucho más coherente y definida. Seguimos moviéndonos por mundos cercanos a la psicodelia pero de un modo reconocible y formalmente más cercano al rock. Sin embargo, conforme vamos avanzando, el bajo adopta una actitud más difusa, recordando usos y costumbres de movimientos electrónicos cercanos al ambient.

“Mesmer III / Coma Divine” – Retazos de conversaciones acontecidas en el estudio suenan como introducción del siguiente corte, antes de la manipulación del dial de una radio a cargo de Wilson, quizá buscando algún tipo de inspiración en las ondas hertzianas a partir de la cual ir creando el siguiente segmento musical. Los primeros minutos del mismo son un ejercicio de ambient cercano a lo que Wilson comenzaría a grabar por su cuenta poco después bajo el nombre de Bass Communion. Paulatinamente la pieza evoluciona, de nuevo de la mano de la sección rítmica formada por Edwin y Maitland, hacia territorios más propios del rock progresivo con guiños a Pink Floyd y también al “krautrock” en su vertiente más electrónica.

“Door to the River” – Originalmente este corte no aparecía en el doble vinilo “Metanoia” pero fue incorporado al CD ya que, al fin y al cabo, pertenecía a la misma sesión de grabación de los anteriores con la particularidad de que “Door to River” sí que sufrió un proceso posterior en el estudio con bastantes retoques, por lo que pierde el carácter improvisado del resto del disco. Intuimos, ya que nada se concreta al respecto en la información adjunta al CD, que los añadidos tienen que ver con algunos arreglos de piano y ciertas guitarras que aparecen también y que difieren bastante del sonido aparecido en el resto de la sesión.

“Metanoia I / Intermediate Jesus” – Los siguientes temas proceden de una segunda sesión de grabación que tuvo lugar en Henley on Thames el 4 de marzo de 1996 con la única diferencia de la ausencia de Richard Barbieri a los teclados con respecto a la anteriormente comentada. Comienza la sesión con el corte más largo de todo el disco, una pieza que comienza en clave “ambient” aunque el bajo de Colin Edwin recuerda en muchos momentos al de la primera parte de la sesión de julio del año anterior que sonaba al principio de este “Metanoia”. Como nota más destacada dentro de la pieza nos tenemos que quedar con las intervenciones de Wilson a la guitarra, extraordinariamente evocadoras.



“Insignificance” – Se añade al CD esta transición que no aparecía en el vinilo original y que recoge el segmento que enlazaba las dos partes largas de “Metanoia” en la sesión de improvisación. Resulta extraño que fuera omitida si no es por razones de espacio ya que la melodía de guitarra le da, incluso, un cierto carácter comercial que podía haber sido aprovechado para promocionar el disco.

“Metanoia II” – Tras el interludio anterior, volvemos al mismo tipo de música de la primera parte del título con Wilson añadiendo más efectos electrónicos desde los teclados en ausencia de Barbieri acercando el experimento aún más a su admirado “krautrock” aunque no tanto como en su encarnación como Incredible Expanding Mindfuck, otro de los múltiples proyectos del artista británico que comenzaba su andadura por estas mismas fechas.

“Milan” – Cerrando el disco, tenemos la única pieza que no procede de ninguna de las dos sesiones de grabación anteriormente citadas sino a una conversación entre los miembros del grupo que tuvo lugar en Milan durante la gira que siguió a la publicación de “Signify”. Una extravagancia que podemos perdonar dada la categoría de la música que el grupo nos acaba de regalar.

Hasta la aparición de “Signify”, Porcupine Tree no era otra cosa que Steven Wilson con una serie de músicos de apoyo. Eso es algo que hemos indicado ya en varias ocasiones en el blog y es a partir de ese momento cuando la banda comienza a funcionar como tal. Esto se ve acompañado de la consolidación de un estilo propio con raíces en el rock progresivo y derivaciones hacia un sonido más duro y cercano al “prog metal”. ¿Cómo encaja eso con la forma de hacer las cosas de Wilson? Recordemos que se trata de un músico imposible de encasillar en un género concreto y que, hasta ese momento, utilizaba Porcupine Tree como la vía de expresión de todas sus inquietudes sin que estas quedasen restringidas a un estilo único. La opción era clara: había que poner en marcha otro tipo de proyectos en los que dar rienda suelta a todo aquello que no encajara en la nueva línea de Porcupine Tree como grupo. Así, a la vez que aparecía en el mercado “Signify”, Wilson inauguraba una nueva identidad bajo el nombre de Incredible Expanding Mindfuck (comunmente abreviado a I.E.M.) en la que desarrollaría su música más cercana al “krautrock”. La colaboración con Tim Bowness en No-Man, que venía de años atrás, sería utilizada para la vertiente más cercana a la electrónica y el pop y unos meses más tarde conoceríamos a Bass Communion o lo que es lo mismo, la etiqueta de Wilson para sus trabajos “ambient”.

“Metanoia” ilustra muy bien ese momento de cambio porque es un disco en el que podemos encontrar trazas de todas estas facetas de Wilson que no cabían ya en “Signify” ni, por tanto, en los próximos discos de Porcupine Tree y tras el que podemos intuir los motivos de la fragmentación comercial de Steven en diferentes etiquetas bajo las que publicaría su música en el futuro. Evidentemente, esta supuesta separación no es matemática y seguiremos encontrando pasajes ambientales en discos de Porcupine Tree, piezas más rockeras en No-Man y electrónica en I.E.M., por ejemplo, pero creemos que como esquema a partir del cual aproximarse a la obra de nuestro admirado Steven Wilson, esta pequeña disquisición puede ser bastante útil.

Como siempre, os dejamos un par de enlaces para adquirir “Metanoia” si os resulta un disco suficientemente atractivo:

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sábado, 16 de febrero de 2013

Porcupine Tree - Octane Twisted (2012)



Aprovechamos la entrada anterior para reseñar hoy lo último aparecido en el mercado bajo el nombre de Porcupine Tree. Una de las principales cualidades de Steven Wilson es la inteligencia y es esta característica del músico la que mejor explica la aparición de este disco. Desde que apareció el último trabajo de estudio de la banda, hace ya casi cuatro años, Wilson se ha centrado en otros aspectos de su carrera, publicando discos en solitario, con Blackfield, con Mikael Akerfeld (como Storm Corrosion) o en bajo su “alter ego” Bass Communion. Sin embargo, nuestro músico es plenamente consciente de que, por el momento, el mayor activo comercial que tiene, el que mayor tirón conserva de cara al público, es Porcupine Tree. Por ello, se encarga de ir dejando lanzamientos cada poco tiempo que mantengan el nombre del grupo en el candelero.

Así, tras “The Incident”, hemos podido disfrutar de un par de grabaciones en directo de la banda como “Anesthetize” en DVD y doble CD de audio o “Atlanta”, sólo en formato de descarga y con fines benéficos. Ambas grabaciones correspondían a la gira de presentación del recientemente comentado “Fear of a Blank Planet” y esa es la diferencia principal con “Octane Twisted”, disco doble en directo que recoge material procedente de la última gira de la banda hasta ahora, centrada en “The Incident”, el disco de 2009.

Recordaremos que “The Incident” fue un disco conceptual consistente en una larga suite de 50 minutos dividida en catorce secciones con el fin de hacer más sencillo el acceso a determinadas partes del disco. Acompañando al largo tema, teníamos un segundo disco con cuatro canciones más a modo de complemento pero al margen del concepto general del álbum. “Octane Twisted” recoge la versión en directo de “The Incident” al completo como fue interpretada en el concierto celebrado en “The Riviera”, Chicago el 30 de abril de 2010, además de otros cuatro temas más interpretados en el mismo concierto. Como regalo final, se incluyen tres canciones más grabadas en el Royal Albert Hall londinense el 14 de octubre del mismo año.




La capacidad en directo de los miembros de Porcupine Tree es extraordinaria y nos cuesta mucho encontrar ejemplos de conciertos que suenen de un modo tan similar a una cuidada grabación en estudio. Desde los primeros compases del “The Bild House” (segundo corte del disco, el primero, “Occam’s Razor” es apenas una introducción), disfrutamos de la impecable ejecutoria de Gavin Harrison a la batería y de la gran energía que despide la banda. Tras esta primera descarga, entramos en los pasajes más acústicos y progresivos del disco con la breve “Great Expectations” antes de escuchar el piano que abre “Kneel and Disconnect”, una de las piezas más tranquilas en la podemos disfrutar de las preciosas armonías de la voz de Wilson y la de John Wesley. “Drawing the Line” es un claro ejemplo del inconfundible sonido de la banda, con una introducción más bien suave de teclados y batería que va evolucionando en un potente tema rockero en el que Wilson evidencia algún problema vocal que no ha querido disimular con retoques en estudio pero que no ensombrece la actuación en modo alguno. En sus primeros discos, Porcupine Tree destacaron por combinar electrónica y rock con maestría y en el tema que daba título al disco, “The Incident”, lo demuestran una vez más acercándose al trip-hop de Massive Attack por momentos. “Your Unpleasant Family” es otro breve tiempo medio de transición que enlaza con “The Yellow Windows of the Evening Train”, sorprendente instrumental a base de teclados y “samples” vocales que nos deja a las puertas del tema central del disco: “Time Flies”, una extensa y floydiana canción que es toda una declaración de intenciones desde el primer verso “I was born in 67, the year of “Sgt.Pepper” and “Are You Experienced?”. De todos los acontecimientos de aquel año, para Wilson los más notables fueron los discos de los Beatles y Hendrix. Al margen de eso, estamos ante un fantástico corte progresivo con un sensacional tramo instrumental en el que la guitarra de Steven tiene un protagonismo absoluto con un ácido sólo realmente memorable. “Degree Zero of Liberty” recupera las notas de la introducción del disco una vez más y sirve de puente hacia “Octane Twisted”, otra clásica canción de los Porcupine Tree más recientes, sumergidos de lleno en el prog metal en la que Harrison da otra verdadera lección a las baquetas. “The Seance” funciona como una especie de coda de la canción anterior en modo acústico y contrasta con el sonido mucho más duro de “Circle of Manias, penúltima canción del disco y de esta parte del concierto. Cerrando “The Incident” encontramos “I Drive the Hearse” que se ha convertido en poco tiempo en otra de las canciones insignia de la banda siendo, curiosamente, el tema más pop de todo el disco.



El segundo disco recoge, como ya señalamos, cuatro (o cinco) canciones más procedentes del mismo concierto de Chicago y tres de la actuación londinense. Comienza con “Hatesong” del disco “Lightbulb Sun” un agresivo tema con una base rítmica de gran presencia y destellos de rock duro que en la versión del concierto se acerca a terrenos psicodélicos en muchos momentos. Continúa con un set formado por la magnífica balada “Russia on Ice” (procedente del mismo disco que la anterior) y un corte titulado “The Pills I’m Taking” extraído de la parte central del largo “Anesthetize” del disco recientemente comentado aquí “Fear of a Blank Planet” con un maravilloso (una vez más) Gavin Harrison en un segmento que mezcla jazz y hard rock sin complejos. También hay cabida en el concierto para los temas más clásicos de la banda como “Stars Die” de la época de “The Sky Moves Sideways” que aparece en una preciosa versión con un espíritu más acústico que la original. La sorpresa del concierto la pone “Bonnie the Cat”, tema ¿rapeado? que aparecía en el segundo disco de “The Incident” y que cierra la parte dedicada al concierto de Chicago. De la actuación del Royal Albert Hall sólo tenemos tres temas pero de una duración que supera ampliamente la media hora tomándolos en conjunto. Comienza con una larga versión de “Even Less”, originalmente incluída en “Stupid Dream” y que suena mejor incluso que en el original con la banda demostrando que sus capacidades les convierten en una de las mejores formaciones en directo hoy en día. Acercándonos al final del disco encontramos “Dislocated Day”, procedente de “The Sky Moves Sideways” en otra brillante versión con un gran sólo de guitarra de Wilson antes de llegar al punto final que pone “Arriving Somewhere But not Here”, tema estrella de “Deadwing” y uno de los favoritos de los seguidores del grupo. Afirmar a estas alturas que se trata de la mejor versión de todo el doble disco podría parecer una exageración pero es lo que creemos firmemente.



Porcupine Tree tienen ya una discografía muy consolidada y, además, con una rara cualidad y es que podrían escoger casi cualquier combinación de canciones de la misma para configurar el programa de un concierto y funcionaría a la perfección. Esa es una de las virtudes de este lanzamiento: nos da la oportunidad de disfrutar de “The Incident” al completo en directo en el primer disco y también de una selección de canciones magnífica en el segundo con un repertorio bastante diferente del de otros lanzamientos de las mismas características del grupo.

Dentro de los trabajos que sirven para que Porcupine Tree siga estando de actualidad, encontramos también reediciones del viejo catálogo de la banda que incluyen mucho material difícil de encontrar. En este grupo se encontrarían los próximos lanzamientos que ha anunciado Wilson en entrevistas recientes: la reedición del disco “In Absentia” con material inédito y descartes y la más interesante del disco “Yellow Hedgerow Dreamscapes”, lleno de material raro de la primera época de la banda cuando aún no era tal sino sólo un pseudónimo del propio Wilson.

A pocas fechas para la aparición del nuevo disco en solitario de Steven Wilson, “The Raven that Refused to Sing”, no es mala idea darle un repaso al sonido en directo de la banda con la que alcanzó mayor fama. “Octane Twisted” se vende en formato de doble CD y en edición especial en la propia web del grupo incluyendo un DVD extra (al margen de las cada vez más habituales ediciones en vinilo). Podeis adquirirlo aquí:

fnac.es (2xCD)

burningshed.com (2xCD + DVD)

Os dejamos con el trailer del lanzamiento del disco:

domingo, 10 de febrero de 2013

Porcupine Tree - Fear of a Blank Planet (2007)



En los primeros meses de 2006, mientras se encontraba en Israel terminando la grabación del que sería el segundo disco de Blackfield, la mente de Steven Wilson pensaba y creaba la mayoría de las canciones del que sería el siguiente disco de Porcupine Tree. Seguimos sin encontrar una explicación de cómo este hombre es capaz de mantener un nivel tan alto en términos cuantitativos y también, sobre todo, en términos cualitativos en su producción discográfica, máxime si tenemos en cuenta que “Blackfield II” y “Fear of a Blank Planet” son, probablemente, los mejores discos que grabaron las respectivas bandas.

Con la perspectiva de los años que han pasado desde su lanzamiento, creemos que este disco supuso el punto culminante de la evolución estilística de la banda; el momento en que alcanzaron su plenitud. Su siguiente trabajo de estudio, sin ser necesariamente peor, no llega más allá que “Fear of a Blank Planet” y puede parecer un ejercicio continuista. Wilson ha mostrado siempre un gran interés por el periodo de la infancia y la adolescencia y en muchas de sus letras afronta los problemas habituales en esa edad. Lo que no había hecho hasta este momento es escribir todo un disco conceptual centrado en ese tema. De alguna forma, y atendiendo a su temática y también al propio esquema del disco, concebido como una larga suite de más de 50 minutos dividida en varias canciones pero con una clara unidad estilística, existe una cierta conexión entre este disco y el recientemente tratado aquí “The Wall” de Pink Floyd.

La forma de presentarnos la historia es tremendamente original puesto que parte de la novela “Lunar Park” del autor de “American Psycho”, Brett Easton Ellis. En ella, el protagonista, llamado igual que el escritor, está casado con una actriz famosa y tiene un hijo con ella y una hijastra cinco años menor que éste, procedente de una relación extramatrimonial de la esposa pero aceptada por Brett. En la novela, que mezcla elementos de paranoia post 11-S, con terror clásico con historia de fantasmas incluida, el personaje de de Brett tiene una fuerte dependencia de todo tipo de drogas legales y no legales y la desatención que tiene con su hijo se refleja en la aparición de todo tipo de desórdenes en el joven: déficit de atención, aislamiento psicosocial, ensimismamiento y alejamiento de la realidad con la que sólo interacciona a través de pantallas (televisión, videoconsolas, internet) etc. que sólo son tratados con medicación y más medicación (fundamentalmente nitrazepam para combatir el insomnio) convirtiendo al joven Robby en una especie de zombie (situación que, nos recuerda inevitablemente al Pink de “Confortably Numb”). Lo que hace distinta la versión de Wilson de la de Brett Easton Ellis es que el lider de Porcupine Tree adopta el punto de vista del pequeño Robby por lo que la historia la narra el adolescente y no el padre.

Los créditos del disco los componen los miembros de la banda, es decir, Steven Wilson (voz, guitarra, piano, teclados), Richard Barbieri (teclados), Colin Edwin (bajo) y Gavin Harrison (batería). Como músicos invitados participan el guitarrista de Rush, Alex Lifeson, Robert Fripp con sus “soundscapes” y John Wesley (coros).



“Fear of a Blank Planet” – El título del primer corte del disco es una referencia al “Fear of a Black Planet” del grupo de hip-hop Public Enemy aunque no hay más relación entre los dos trabajos. La canción comienza con una rápida melodía de guitarra acústica que no tarda en transformarse en un abrumador cañonazo de metal progresivo. Robby hace un recorrido por su devenir diario... la luz del sol que le despierta, la cama sin hacer, música sonando en algún sitio de la habitación, la televisión siempre encendida... sale de casa al centro comercial donde todo es igual que siempre así que regresa a jugar con la videoconsola como apunta la estrofa que resume su situación: “cuando pongo mis dedos en los mandos, la X-box es mi dios. Mi madre es una zorra y mi padre hace tiempo que desistió de tratar de hablarme”. Continúa el recorrido a través de la medicación que toma (mogadon, un tipo de nitrazepam al que aludíamos antes), y la confusión que le produce “no encontrarás a una persona dentro de mí”, el aburrimiento que le lleva a ver porno en internet, las relaciones insustanciales con sus amigos o la absoluta falta de sentido del sexo “el sexo es divertido pero solo es otra de las maneras de pasar el rato en un día cualquiera” canta Robby a través de Wilson. Toda esta situación tiene lugar en medio de una canción poderosa, con los músicos en un estado de inspiración total. Estamos ante un tema de rock duro con elementos progresivos que supone una espectacular introducción para el disco. En la mayor parte de la canción la voz de Wilson suena con cierta distorsión, como si le oyésemos a través de un viejo transistor reforzando la idea de irrealidad y letargo en la que vive el protagonista. No será la última vez que Wilson haga uso de este recurso en el disco.


Video que se proyectaba en los conciertos de la gira acompañando
al tema de apertura del disco. El director es Lasse Hoile


“My Ashes” – El disco da ahora un giro hacia sonidos más suaves. Unas notas de teclado acompañadas por guitarra y piano son el envoltorio con el que Wilson y Barbieri, autores del tema, revisten una canción triste en la que Robby hace una especie de recorrido sobre su vida lamentándose por todo lo que no hizo. La referencia a sus propias cenizas puede interpretarse como una narración que hace después de muerto o como una visión de la vida que pudo ser desde vista desde su vida real. Conforme avanza el tema, van apareciendo el resto de músicos destacando el precioso sonido de cuerdas (¿mellotron?) que acompaña al estribillo. A partir de entonces aparece ya la batería de Gavin Harrison con su inconfundible estilo haciendo las veces de conductor durante el resto de la canción. Las cuerdas ganan en intensidad resaltando la segunda parte del estribillo y llevándonos hasta el final de la canción.

“Anesthetize” – Entramos en el tema más extenso de todo el disco: una impresionante suite de casi 18 minutos separada en 3 fragmentos distintos. El primero comienza con un marcado ritmo de guitarra subrayado por la batería de Harrison. El esquema de este segmento y la forma de tocar la guitarra nos recuerda mucho a la música del líder de The Durruti Column, Vini Reilly. La primera frase de la canción “A Good Impression of Myself” es prácticamente la misma con la que se abre la novela de Brett Easton Ellis (“You do an awfully good impresion of yourself”) y esto es una constante en todo el disco en el que existen más citas casi literales de otros pasajes de la novela. El título del tema no hace sino reflejar la situación del protagonista durante la primera parte de la canción: abotargado, entumecido por la medicación “simplemente no estoy aquí... cállate, sé feliz y deja de quejarte, por favor”. Tras esta sección entramos en un largo interludio instrumental en el que escuchamos la mejor versión posible de Porcupine Tree con un elegantísimo rock lleno de guiños al progresivo clásico pero también a sonidos más duros. Un potente riff de guitarra marca el cambio hacia el hard rock que se consuma con la entrada de un robusto bajo y una batería a piñón fijo. La historia es prácticamente la misma de la canción que abría el disco, con el protagonista colocado por la medicación, vagando por el centro comercial y llegando a concebir ideas suicidas “perdidos en el supermercado, vagando como zombies, ¿qué sentido tiene? ¿qué puede comprar el dinero? Mis manos sostienen una pistola y Dios me está tentando, ¿qué me dices? Creo que me estoy muriendo”. Tras unos momentos de gran intensidad, llegamos a una transición electrónica muy ambiental sólo interrumpida por unas notas de guitarra que nos trasladan hasta la parte final del tema con teclados psicodélicos y unos preciosos juegos vocales entre Wilson y John Wesley. La letra, mucho más enigmática que en el resto del disco, nos muestra al protagonista en la playa en compañía de alguien de quien no sabemos nada y que, posiblemente, sea un fantasma “te podía ver pero no oir, sujetabas tu sombrero en la brisa mientras te alejabas, mientras eras robado de mi lado”. En los instantes finales de una suite tan memorable como esta, escuchamos un nuevo solo de mellotron que nos remite a tiempos pasados y a grupos clásicos del género.

“Sentimental” – Llegamos a la que es una de nuestras canciones preferidas que comienza con un piano que ejecuta una melodía de corte minimalista hasta que aparece la batería de Gavin Harrison en una de sus mejores interpretaciones de todo el disco, con una ligera distorsión con la que parece sonar a través de una vieja emisora de AM, contrastando con la producción exquisita del resto de instrumentos. Las guitarras de nuevo, nos recuerdan a las del citado Vini Reilly pero también tienen un cierto toque deudor de Robert Fripp, quien no interviene en el disco hastá más adelante. En la canción, el protagonista se lamenta cuando ve que está creciendo y que se la acaban las excusas de la adolescencia “no quiero ser mayor, no es divertido que te digan que no puedes seguir echandole la culpa de todo a tus padres”.

“Way Out of Here” – La canción más oscura y desgarradora del disco tiene toda una historia detrás. Nos habla de alguien que está junto a las vías del tren, soñando con escapar de su vida actual cuando una canción concreta que suena en su iPod, le hace darse cuenta de que es tarde y debe volver a casa donde se encontrará con las preguntas que tanto odia “¿qué tal estás?”, “¿como te ha ido en clase?”, “¿Quieres hablar de ello?” Más tarde nos habla de cómo esa persona quiere olvidar a alguien para terminar recordando su relación como si de un mal sueño se tratase. Arielle Daniel era una joven de 17 años, fiel seguidora de Porcupine Tree hasta el punto de fundar el grupo de seguidores de la banda en MySpace. Uno de sus hobbies era la fotografía y sus temas favoritos eran los paisajes y más concretamente los trenes en movimiento. En noviembre de 2005, mientras se encontraba en compañía de otra amiga fotografiando las vías del tren, fueron arrolladas por un mercancías falleciendo ambas en el acto. La canción y su impresionante videoclip fueron dedicadas a la joven. El tema es una maravilla de principio a fin, desde el comienzo ambiental a base de sonidos electrónicos con la voz de Wilson, trémula, debil, emocionada como pocas veces, acompañada de unos leves acordes de guitarra. Con la entrada de la batería y llegando al estribillo, el tema se transforma en un grito de rabia. Aunque se alternan los momentos ambientales con los más duros, el estilo es predominantemente hard rock siendo una de las canciones más intensas de todo el disco. La canción cuenta con la única participación de Robert Fripp y sus “soundscapes” en el disco, aunque tocó en algún tema más, finalmente descartado y publicado en un lanzamiento posterior de la banda.




“Sleep Together” – El final de la historia de Robby nos muestra al chico en la encrucijada en la que debe decidir qué quiere hacer con su vida “este es el momento, esta es tu vía de escape, hazlo ahora o húndete, hazlo o húndete y permanece hibernado”. A pesar de los latigazos heavy de las guitarras, se trata de la composición más electrónica de todo el trabajo y se mueve siempre por territorios oscuros e inquietantes, recordándonos en muchos momentos a los primeros discos de la banda en los que el peso de la electrónica era mayor. El cierre del tema lo pone un psicodélico final orquestal que sirve también para poner fin a un disco fascinante.

Porcupine Tree son una banda que ha pasado por tantas etapas distintas y bajo cuyo nombre han aparecido discos tan diferentes que es muy difícil afirmar que uno u otro trabajo sean el mejor del grupo. Sin entrar en ese tipo de comparaciones, lo cierto es que “Fear of a Blank Planet” es uno de los mejor valorados en el momento de su lanzamiento y hoy en día, seis años después, sigue manteniéndose en un puesto de privilegio entre las preferencias de los seguidores de la banda. Nosotros creemos que no sólo es uno de los mejores del grupo sino de todos los aparecidos en las últimas décadas dentro del rock progresivo o metal progresivo y os recomendamos a todos su escucha. Los interesados en adquirirlo tenéis un par de enlaces para hacerlo a continuación:



Os dejamos con la versión en directo de "Anesthetize":