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miércoles, 11 de febrero de 2026

Lito Vitale Cuarteto - La Senda Infinita (1989)



El caso de Lito Vitale es bastante extraño visto desde la rara perspectiva que nos dan los 10.000 kilómetros de distancia con su Argentina natal. Hablar de Vitale para un melómano español es hacerlo de una figura que brilló como pocas en los años ochenta y la primera mitad de los noventa. Un artista que se convirtió en uno de los tres o cuatro nombres más importantes de lo que se dio en llamar “nuevas músicas” y que era un habitual en las programaciones de conciertos de las mejores salas nacionales. Si tuviéramos que hablar de un programa de radio tan legendario como fue Diálogos 3, dirigido y presentado por Ramón Trecet, inevitablemente Lito Vitale tendría que aparecer mencionado como uno de los artistas (quizá junto con Wim Mertens, Nighnoise o Loreena McKennitt) que mejor representaron el tipo de música y de estéticas que definieron ese añorado espacio musical.


Sin embargo, Vitale desapareció casi por completo poco después. Sus discos dejaron de ocupar los estantes de las tiendas, su nombre no se veía en los carteles y poco a poco su figura fue cayendo en el olvido. Insistimos en que esto es solo desde la perspectiva española porque Vitale ha seguido siendo una figura muy importante en Argentina, con discos muy relevantes, tanto en solitario como acompañado de Juan Carlos Baglietto y, sobre todo, con una gran presencia en los medios de comunicación, siendo el conductor de diferentes programas de televisión y radio y convirtiéndose en alguien muy cotidiano para el público de ese país.


Hace mucho tiempo ya que no hablamos por aquí de Lito Vitale y nos hemos dado cuenta de que nos quedaba por reseñar aún uno de los cinco discos grabados con su formación más recordada: el Lito Vitale Cuarteto. Haciendo un poco de historia rápida, y prescindiendo de sus grabaciones con M.I.A. de las que hablamos en su día, en la primera mitad de los ochenta publicó varios trabajos en solitario o en formato de dúo y trío aunque en estos últimos casos, a diferencia de los discos como solista, se trataba principalmente de versiones de temas de otros. Fue en 1987 cuando se consolidó un cuarteto más o menos estable (el de batería fue el único puesto que cambió con frecuencia) con el que Vitale publicó sus trabajos más populares. Al disco homónimo (“Lito Vitale Cuarteto” -1987-) le seguiría “Ese Amigo del Alma” (1988), el trabajo que les catapultó a la fama fuera de Argentina que y que aún hoy es su título más recordado. Un año después apareció “La Senda Infinita” que es el trabajo que comentaremos hoy. El cuarteto estaba integrado entonces por Lito Vitale (voces, percusión, piano y teclados), Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y el batería Christian Judurcha en su última grabación con el grupo.


“Noticiero Nacional” - El comienzo del disco es abrumador con la entrada casi al unísono de todos los miembros del cuarteto, especialmente los teclados, el bajo y la batería en unas primeras notas contundentes que enseguida desembocan en una veloz pieza liderada por la melodía de Vitale a los sintetizadores doblada por los vientos de Miranda. Es un tema extraordinario a la altura de lo mejor del cuarteto que, de repente, se frena entrando en un remanso de paz en el que resplandece el bajo de Marcelo Torres convenientemente acompañado por teclados y vientos que, poco a poco, retoman el tema principal, no sin antes brindarnos una serie de variaciones fantásticas. Todo lo que fue el Lito Vitale Cuarteto se puede resumir en los siete minutos que dura esta maravilla.




“El Valor del Silencio” - El siguiente corte cambia por completo de estilo centrándose en los teclados, algo edulcorados, de Vitale, quien se acompaña en la melodía principal de las flautas de Miranda. Es una balada lenta, romántica en su comienzo pero con toques de solemnidad de cuando en cuando. En la segunda mitad del tema, con la entrada del saxofón, la cosa se pone ligeramente tópica y es que Vitale, un talento indiscutible en cuanto a composición e interpretación, no tiene su faceta más destacada en la elección de los sonidos de los sintetizadores que hoy nos suenan excesivamente ochenteros.


“La Senda Infinita” - En cambio, cuando le da por la épica suele acertar de pleno. Eso sucede en el inicio del corte que da título al álbum, potente y robusto antes de desembocar en una melodía en la que las flautas y las quenas dan un toque andino muy particular que es también parte de la marca personal de Lito: esa fusión entre la tradición y el jazz tan reconocible en todos los trabajos del cuarteto.




“Extrañando Todo” - Vitale camina muchas veces en el filo de esa delgada línea que separa lo delicado de lo cursi y en este disco transita muchas veces por el segundo de esos dos lados. Este sería un buen ejemplo. Es un tema de jazz lento con una melodía acertada pero con un tratamiento que le acerca, quizá demasiado, al “smooth jazz” o a ese “muzak” que sacaba de quicio a Recoba en el cuento de Mario Benedetti.


“El Discreto Encanto de Ser Porteño” - Otra cosa es la siguiente pieza que nos ofrece muchos de los mejores momentos del álbum combinando ritmos y sonidos tradicionales argentinos (seguramente una milonga, aunque aquí nuestro desconocimiento de las formas del folclore de ese país nos podría hacer patinar) con un virtuosismo instrumental exacerbado a cargo de los cuatro músicos que suenan aquí como una maquinaria perfecta regalándonos una joya de esas que podemos escuchar una y otra vez sin cansarnos.




“La Vida Entera Juntos” - Desgraciadamente no podemos recrearnos demasiado en la composición anterior puesto que aquí volvemos a las baladas excesivamente edulcoradas. Es una gran melodía, eso no está en discusión, pero tanto los instrumentos escogidos como los arreglos (en especial saxo y teclados pero también la batería electrónica) nos impiden disfrutar de ella como se merece.


“Los Instantes Recordados” - Otro tanto se podría decir de la siguiente pieza. Una especie de improvisación de Vitale a los teclados que, sin duda, sonaría maravillosamente mejor empleando un piano que los sonidos sintéticos que Lito escoge aquí para reemplazarlo. En comparación, los fondos electrónicos a modo de orquesta suenan mucho mejor. Una magnífica composición de la que nos cuesta disfrutar por este tipo de detalles.


“Una Intensa Calma” - En una línea parecida transcurre el tema que cierra el trabajo aunque aquí con la participación de todo el cuarteto y la importante presencia de la voz del propio Vitale tarareando la melodía central. En otros momentos del disco ya la habíamos podido escuchar pero no con un papel tan central como aquí.


En “La Senda Infinita” encontramos concentradas las principales virtudes y los mayores defectos de la trayectoria de Lito Vitale como músico. Entre las primeras, su gran talento para la melodía y para el encaje de esta en ritmos de todo tipo, su capacidad de mezclar jazz con músicas tradicionales y el gran manejo del formato de cuarteto con esa configuración tan particular en la que los vientos tienen un papel importantísimo y el talento de un bajista como Marcelo Torres tiene espacio para desarrollarse sin quedar subordinado al propio Vitale. En el otro lado encontramos la cara más naif del músico con melodías edulcoradas pero, sobre todo, con arreglos y sonidos que no han encajado bien el paso del tiempo. Ejerciendo como abogados del diablo podemos argumentar que en los ochenta hubo una serie de sonidos y timbres que utilizaba todo el mundo y que, en su día, funcionaban pero que no envejecieron bien y no siempre es fácil sustraerse a según qué modas. En todo caso, Vitale corrigió esto en los siguientes discos del cuarteto (no tanto en los que publicó en solitario) culminando en la que, para nosotros, es su obra maestra: “La Excusa”. Quedémonos en todo caso con lo positivo, que no es poco, y disfrutemos de todas las obras maestras que nos ofreció el Lito Vitale Cuarteto no sin antes indicar que, por buenos que pudieran ser en disco, su directo era aún mejor haciendo de cada concierto una experiencia inolvidable. De las decenas de conciertos de todo tipo a los que hemos asistido en nuestra vida nos costaría mencionar tres directos que nos hayan gustado más que el del Lito Vitale Cuarteto.

domingo, 26 de abril de 2015

Lito Vitale y los Argentinos - Cuentos de la Media Luna (1994)



Tuvimos la oportunidad de ver a Lito Vitale en directo allá por 1992, en la época de mayor esplendor de su Cuarteto. En aquellos momentos no lo sabíamos pero a la formación le quedaba muy poco de vida aunque en aquella gira se coqueteaba con la posibilidad de ampliar el grupo a quinteto con la incorporación de un guitarrista que en aquellos conciertos se unía a la banda en algunos temas.

En aquel momento acababa de aparecer “La Excusa”, último disco del Lito Vitale Cuarteto como tal, aunque más tarde se incorporó “La Cruz del Sur” a la lista del mismo (cuando originalmente se buscó otro nombre para la formación que lo interpretaba. La idea del quinteto no fue olvidada por Vitale quien, tras algunos trabajos en solitario o a dúo con el cantautor Juan Carlos Baglietto, grabaría en 1994 un trabajo extraordinario para esa configuración de músicos que no se denominó, sin embargo, “Lito Vitale Quinteto” sino “Lito Vitale y los Argentinos”. Había una baja notable con respecto a “La Cruz del Sur”: el bajista Marcelo Torres (que se había incorporado a la banda de Luis Alberto Spinetta). Repetían en cambio Manuel Miranda a los vientos y el batería Marcelo Novati. El quinto miembro sería el guitarrista Ernesto Snajer.

A primera vista, la incorporación de un guitarrista parecía cambiar mucho el panorama del sonido de Vitale pero lo cierto es que no fue así y Los Argentinos mantuvieron todas las características del antiguo cuarteto. Ayudó mucho, claro está, que Vitale tuviera preparada una selección de piezas a la altura de los mejores momentos de su anterior banda.

“Tango Obertura” - El comienzo perece un homenaje a a Tchaikovski, compositor admirado por Vitale, quien, tras los acordes iniciales se embarca en una improvisación de piano que comienza con aire de jazz para “aflamencarse” ligeramente algo después. Más tarde nos sumergimos ya en los sabores del tango del título con un fragmento que habría firmado el mismísimo Piazzolla y con el que concluye la introducción.

“La Ribera del Sol” - Casi sin solución de continuidad nos recibe el sonido de un acordeón como presentación de otro de esos temas con el “sello” de Lito por los cuatro costados. La incorporación de la guitarra acerca el sonido al de Pat Metheny, autor con el que, evidentemente, Vitale tiene una gran deuda estilística. El solo de saxo que suena a continuación acerca la pieza al jazz pero Miranda la rescata poco después con sus flautas aportando el ingrediente tradicional que tanto peso tiene en la música de Vitale.

“Cuentos de la Media Luna” - Es reiterativo hablar tanto de Metheny pero es que los primeros instantes de esta pieza parecen extraídos de un disco del guitarrista norteamericano. Sin embargo, todo lo que suena después es una demostración del extraordinario talento de Vitale como compositor. La melodía que se extiende durante los siguientes minutos es magistral como podían serlo las mejores de los discos clásicos del Cuarteto. Empezamos, además, a escuchar a Javier Malosetti al bajo despejando las dudas que siempre suscita quien reemplaza a un músico de la talla de Marcelo Torres en un grupo.



“Desde la Montaña” - Llega el turno para un tema extraño dentro de la discografía del músico, especialmente en sus primeros minutos, en los que asistimos a una verdadera exhibición por parte de Manuel Miranda a los vientos. Es, por otra parte, la única pieza del disco cuyo autoría es compartida por Vitale, precisamente con el único superviviente de todas las etapas del cuarteto original. La pieza tiene un fuerte componente tradicional con Snajer interpretando el charango o el propio Miranda interpretando quenas y sikus pero también un peso importante del jazz y aquí destaca sobremanera la sección rítmica. Una de las piezas más interesantes, sin duda, de todo el trabajo. Que se adentra a continuación en una suite de tres movimientos.

LA SEMANA EN MADRID

“Gente Nueva – En los años previos a la publicación del disco, Vitale alcanzó gran popularidad en España, país por el que giró en varias ocasiones. De ahí la inclusión, a modo de agradecimiento de esta sensacional “suite”. El primer movimiento nos muestra que en sus viajes el músico se empapó bien de músicas como el flamenco brindándonos una pieza magistral que podría firmar perfectamente cualquier músico autóctono como Dorantes o Jorge Pardo. La partitura de flauta es deliciosa; posiblemente de lo mejor de todo el disco.



“Viaje Interior” - El movimiento más corto de la suite es también el más intimista ya que es un dueto de piano y guitarra en su mayor parte al que se suma la flauta en una lánguida intervención final que nos acerca al final del segmento.

“De Regreso, Urgente” - Sigue siendo la flauta la gran protagonista aunque ahora como introductora de otra pieza magnífica y llena de inspiración. Todo el disco tiene una nitidez extrema, una separación perfecta de cada instrumento y cada sonido que en ningún momento interfieren con otro y en eso tiene mucho que ver el hecho de que Vitale opte la mayor parte de las veces por el piano, dejando los sintetizadores para sus clásicos sonidos de flauta en momentos puntuales. El flamenco aparece de nuevo en los minutos finales para cerrar una suite fantástica de la mejor manera posible.

“Bajos Latidos” - El tramo final del disco está marcado por piezas de mayor extensión que el resto en las que Vitale encuentra el tiempo necesario para desarrollar su música sin limitaciones de ningún tipo. La primera muestra es este tema de aire funk en el que sonidos clásicos de órgano, bajo y batería, y ritmos sincopados nos trasladan a cualquier night-club norteamericano, sabor que se intensifica con el extraordinario solo de bajo que tiene lugar en el ecuador de la pieza. Toma el relevo la guitarra con la ayuda de los metales procedentes de los teclados de Vitale hasta llegar a la parte final, más reposada.



“Los Cambios Necesarios (fragmento)” - Enlazada con la pieza anterior encontramos esta brevísima versión de un clásico de Lito Vitale que aparecía en el disco “La Cruz del Sur”. Se trata de una revisión en la que la guitarra eléctrica es protagonista absoluta durante dos minutos escasos de frenesí musical.

“El Milagro” - El jazz más clásico tiene su momento en esta larga composición en la que piano, contrabajo y batería (una de las formaciones imprescindibles del género) se encuentran para improvisar juntos. No olvidemos que una de las grandes cualidades como músico de Vitale es, precisamente, su extraordinaria capacidad como improvisador, algo que cualquier amante del género encontrará en esta composición que, quizá, suene algo fuera de contexto en este disco pero que no por ello deja de ser excelente.

“Camino de Reencuentros” - El saxo de Miranda suena como no lo hacía desde “Ese Amigo del Alma” y, en general, toda la pieza da la impresión de proceder de aquella época de su autor aunque no hay referencias al respecto en el libreto del CD. Es, en todo caso, una pieza muy reposada, con menos energía que el resto del disco y que suena como si se tratase de un tema de relleno que no era del todo necesario puesto que éste alcanza la hora de duración.


Al igual que todas las formaciones que Vitale probó en aquellos años, tampoco Los Argentinos grabaron ningún trabajo más al margen de éste. No obstante, para los seguidores del teclista, este disco tuvo la virtud de rescatar lo mejor de los años del Cuarteto que parecían cosa del pasado. Sólo por eso, merece la pena darle una oportunidad a este trabajo que desde aquí, recomendamos a cualquier lector cerrando, por ahora, una serie de varias entradas en las que Vitale ha sido protagonista en las últimas semanas aunque seguro que no tardará mucho en volver por aquí.

domingo, 19 de abril de 2015

Lito Vitale - Sobre Riesgos y Memorias (1992)



Lito Vitale es un artista impresionante. Cuando se encuentra en uno de esos momentos de inspiración máxima que, a veces, se dan en determinados artistas, es capaz de componer e interpretar verdaderas maravillas. Esto tiene un lado menos gratificante y es que al argentino es también un músico irregular capaz de publicar en el mismo año trabajos superlativos y obras menores. Incluso en una etapa como la de los años 1990-1992, para muchos su momento más brillante, en especial con el cuarteto, publicó trabajos muy inferiores.

Hoy hablaremos de uno de esos discos que ejemplifica al máximo lo que decimos porque combina en un mismo soporte alguna de las mayores virtudes del músico con piezas mucho menos afortunadas. El disco está grabado por Lito en solitario y tiene dos partes muy diferenciadas como indica el propio título. La primera es la música compuesta por Lito para la serie de televisión “Zona de Riesgo” y la segunda un recorrido por varias de las músicas que componen la “educación sentimental” de Vitale a lo largo de su vida, una selección, quizá demasiado heterogénea que termina por ser la parte más irregular de todo el disco. La faceta de compositor para teatro y televisión de Lito es menos conocida que su versión como músico “puro” y, en general, no alcanza niveles tan altos de inspiración pero la obra que aquí se recoge es una de las más claras excepciones. En la otra mitad del disco encontramos un poco de todo, desde clásicos del rock argentino, del tango o del folclore a melodías ya inmortales de la tradición de Sudamérica o clásicos de los Beatles.



ZONA DE RIESGO

“Parte Uno” - Abre el disco una pieza contundente en la linea de las composiciones de Lito para su cuarteto de aquellos años. El problema es el mismo que aqueja a otros trabajos del músico en solitario: los sonidos electrónicos no consiguen suplantar con éxito a los instrumentos reales, especialmente en la melodía central de violín (aunque también ocurre con la batería). Cuando son las flautas las protagonistas, este problema desaparece al ser ese un sonido ya integrado en el Lito Vitale del Cuarteto. Una gran composición en todo caso, que merecería una versión revisada.



“Parte Dos” - La segunda parte continúa la senda iniciada en algunos fragmentos de la “suite” “Viento Sur” o del ballet “Kuarahy”, con percusiones de corte tribal y sonidos orquestales sintéticos. Es una pieza en la que parece muy clara la relación con algún tipo de soporte visual ya que parece tener una mera función de acompañamiento en sus primeros momentos. Más tarde toma las riendas el piano y el tema remonta el vuelo hasta acercarse al sonido clásico de Lito, en el que las melodías van construyéndose de forma progresiva y creciendo a cada compás.

“Parte Tres” - La influencia de Piazzolla y de su obra aparece aquí en forma de bandoneón (sintético) en una magnífica introducción en la que Vitale demuestra que sabe asimilar a la perfección todo tipo de estilos y géneros y hacerlos suyos con naturalidad. Un interludio con un recitado en francés da paso a la parte final de la pieza, un “in crescendo” vibrante que culmina en un texto en castellano, probablemente extraído de la serie televisiva, previo a ese final de acordeón salpicado de “samples” rítmicos que nos vuelve a remitir a Piazzolla.

EL PUENTE DE LA MEMORIA

“Adios Nonino” - Piazzolla es, evidentemente, una referencia fundamental y quizá su composición más representativa es esta que aquí afronta Vitale en la primera de las versiones de la segunda parte del disco. La introducción la afronta con un sonido electrónico cercano al piano que da un resultado muy interesante. Cuando llegamos al “grueso” del tema, tan cercano en estructura, por otra parte, al clásico de Vitale “Ese Amigo del Alma”, nuestro teclista se lleva la composición a su terreno. El reto de hacer una versión de un tema inmortal como este es mayúsculo, más aún cuando el propio Piazzolla realizó varias con resultados que van desde lo sublime a lo convencional y Vitale obtiene una gran nota en su intento.

“El Otro Cambio” - De Piazzolla pasamos a uno de los grandes clásicos del rock argentino: Litto Nebbia y esta balada aparecida en el disco de 1973, “Muerte en la Catedral”. Es complicado hacer buenas versiones instrumentales de canciones en las que el texto tiene un peso fundamental y por ahí encontramos el gran punto débil de éste y de otros cortes del disco. Tiene el mérito Vitale, eso sí, de conseguir un tema que respeta el original pero que tiene todo su estilo de modo que el oyente que no conozca la canción de Nebbia, bien podría pensar que está escuchando un tema propio de Vitale.

“La Arenosa” - Llegamos ahora a Gustavo “Cuchi” Leguizamón, uno de los más grandes folcloristas argentinos y una de sus canciones más recordadas. Sin la letra de Manuel J. Castilla, Vitale opta por un acercamiento enérgico, muy similar al de la primera parte de “Zona de Riesgo” pero inclinándose hacia el jazz en muchos momentos. Una magnífica ejecución que muestra las grandes cualidades de Lito a los teclados.

“Los Debutantes” - Uno de los temas más sorprendentes del disco es esta canción de 1970 de Joan Manuel Serrat. Es una adaptación muy complicada porque en el original, al margen de la particular voz y forma de cantar de Serrat, el acompañamiento principal es orquestal. Vitale escoge una serie de sonidos electrónicos próximos en tímbrica al piano pero demasiado manidos, especialmente por su utilización por parte de músicos “new age” en aquellos años. Aunque la versión no está mal, el sonido no le hace ningún bien.

“Malevaje” - El tango clásico aparece en el disco con uno de sus grandes “himnos”, obra de Juan de Dios Filiberto con letra de uno de los grandes, Enrique Santos Discépolo, que aquí no podemos disfrutar al ser una versión instrumental. La canción de 1928 ha conocido decenas de versiones y mucho nos tememos que la de Vitale no será de las más recordadas a pesar de la gran vitalidad de su interpretación. El lastre de la falta del texto es demasiado grande para salir airoso en este caso.

“Michelle” - Llega el turno de los Beatles y una de las canciones más conocidas de su disco “Rubber Soul”. Quizá sea el gran fiasco del disco ya que Vitale escoge un tratamiento completamente electrónico, casi en clave de “ambient” que se acerca más a los discos de meditación y relajación que encontramos en las tiendas de productos naturales que cualquiera de las versiones restantes del disco. No entendemos muy bien la elección de la canción ni mucho menos del enfoque.

“El Cóndor Pasa” - Algo similar ocurre con el siguiente tema del disco, una melodía tan conocida que el sólo hecho de reinterpretarla conlleva un gran riesgo de fracaso. Prácticamente lo mismo que hemos dicho de “Michelle” puede aplicarse aquí. A pesar de la poderosa introducción, que nos hace concebir esperanzas de escuchar una buena versión, lo trillado de la pieza acaba por dar paso al aburrimiento pese a los esfuerzos de Vitale por salir del paso, es misión imposible.

“Grisel” - Cierra el trabajo una versión del tango de 1942 de Mariano Mores y José María Contursi titulado “Gricel” (aunque en el disco de Lito aparece con “s”). Vitale lo convierte en una lenta balada jazzística que guarda poca relación con el original pero que funciona perfectamente como despedida del trabajo.


A pesar de contener varios “patinazos” importantes y siempre en nuestra opinión, “Sobre Riesgos y Memorias” tiene momentos interesantes que podrían haber sido brillantísimos si en lugar de en solitario, Vitale los hubiese afrontado con el cuarteto. Toda nuestra admiración hacia el multi-instrumentista argentino hace que no dudemos en recomendar el disco aún no siendo uno de nuestros preferidos en su discografía.

Como despedida os dejamos esta versión en vivo de "El Cóndor Pasa" en la que Vitale se acompaña de Juan Carlos Baglietto.

domingo, 22 de febrero de 2015

Lito Vitale Cuarteto - Viento Sur (1990)



Si hay un disco en el que todas las influencias que se juntan en la música de Lito Vitale aparecen equilibradas de un modo casi perfecto, ese es “Viento Sur”. El teclista argentino tiene varios puntos de referencia que aparecen de una u otra forma en muchos momentos de su trayectoria que van desde la música clásica hasta el folclore andino pasando por el rock progresivo y el jazz, todo ello condimentado con las formas tradicionales de su país natal, Argentina, lo que va más allá de la palabra “tango” y profundiza en otros ritmos como la chacarera, la zamba o la baguala. Piazzolla ¿cómo no? Estaría siempre presente como influencia casi espiritual.

Cuando un disco obtiene el éxito que alcanzó “Ese Amigo del Alma”, el siguiente tiene que luchar una batalla casi imposible. Algo así sucedió con “La Senda Infinita”, trabajo notable pero sin comparación posible con su antecesor. Con todo, cumplió su función y “liberó” en cierta forma a Lito que trabajó en el siguiente disco de su cuarteto ya sin la presión y la sombra de “Ese Amigo del Alma”. Hubo una pequeña reforma en el grupo que afectó a la misma parte que todas las anteriores: la batería. Así, se incorporaba Jorge Araujo a las baquetas para hacer el número tres de la lista de intérpretes en cuatro discos de la banda. No duraría mucho más puesto que en el siguiente trabajo, comentado aquí recientemente, el propio Vitale se encarga de la batería en la mayor parte del disco. Por lo demás, el cuarteto cuenta con los integrantes acostumbrados: Marcelo Torres a los bajos, Manuel Miranda a los vientos y el propio Vitale a las teclas. Participa también una invitada fundamental: la poetisa argentina Maria Elena Walsh, principalmente conocida por su obra para niños en forma de canciones (en España muy populares en las versiones de Rosa León) pero con una importante producción también “para adultos”. Vitale ya la homenajeó en el último disco de M.I.A. y aquí cuenta con la presencia de la propia artista recitando uno de sus poemas en un momento del disco.

Maria Elena Walsh


“Basta de Fingir” - Difícil imaginar un comienzo más optimista que la brillante combinación de teclados y percusión con los que se inicia esta pieza que, en ciertos momentos parece una prolongación de “Ese Amigo del Alma”, tanto en términos de sonidos y timbres como en cuanto a las propias melodías. Pasada la euforia inicial entramos en el sector más jazzístico del tema con Vitale bordandolo al piano y Marcelo Torres comenzando a destacar al bajo. Tras el interludio, regresamos al tema inicial con alguna variación para cerrar una composición redonda que se cuenta entre lo mejor de su autor.



“Los Dueños del Sol” - Mucho más coral es la segunda pieza del disco que se abre con un tema de corte folclórico en el que batería, bajo y teclados se combinan trabajando a un nivel similar de jerarquía. Llega después el tema principal, de aire andino, en el que mandan las flautas del peruano Manuel Miranda. Los arreglos sinfónicos realzan una composición brillante en la que hay poco espacio para el descanso, tal es la cantidad de ideas que se suceden de manera fascinante. Marcelo Torres reclama una mayor atención a su bajo dirigiéndonos hacia el segmento central en el que escuchamos una insólita mezcla de rock progresivo, jazz y folk que concluye con un interludio de piano en el que el bajo mantiene la tensión con un pulso tenue y repetitivo antes de llegar al final de la pieza en el que se hace una recapitulación de lo mejor de la misma.

“Cinta de Agua” - La faceta más personal de Lito asoma en esta breve miniatura ambiental a base de sonidos etéreos de piano y fondos sintéticos que apenas supera el minuto y medio de duración. Más propia de sus trabajos en solitario que de los discos con el cuarteto, cumple perfectamente la función de tema de transición hacia la que era última pieza de la “cara A” del disco.

“Después te explico” - La gran novedad de la pieza es la aparición del saxo de Manuel Miranda como principal elemento melódico, algo que aún no había sucedido en el disco. Lo cierto es que, como casi todos los cortes de esta primera parte de “Viento Sur”, la composición sigue la linea marcada unos años antes por “Ese Amigo del Alma”; similitud estilística que no menoscaba en absoluto la calidad musical del disco.

“Viento Sur” - La segunda cara del disco estaba ocupada en su totalidad por esta suite (o poema sinfónico, como lo define el propio Vitale) dividida en cuatro partes. Es, pese a la brillantez de muchos momentos de la “cara A”, la parte más interesante del disco. Aunque en el CD aparece como un tema único, cada una de las partes está indicada en el libreto. La primera, titulada “Viento Sur”, es un tema de piano similar a “Cinta de Agua” sobre el que María Elena Walsh recita el poema que sirve de título para todo el disco. Cuando esta concluye su intervención aparece un precioso tema de saxo a cargo de Miranda en el que muestra su categoría con el instrumento. La segunda parte de la suite, titulada “La procesión de pálidas se desbarranca”, nos muestra al Vitale sinfónico que ya pudimos escuchar en discos como “En Solitario”, especialmente en la fantástica suite titulada “Un Cuento de Hadas”. En ambas, disfrutamos de la vertiente más clasicista del músico, con guiños a sus admirados Tchaikovski o Stravinsky. Continúa la suite con la parte titulada “Ventolina, lavadero del alma”, de nuevo con los teclados como protagonistas absolutos propiciando que Lito profundice en su faceta más cercana a la música “culta”. El único “pero” que le encontramos a este tipo de piezas del artista argentino es el sonido: los sintetizadores jamás podrán sonar como la orquesta a la que emulan y habría merecido la pena escuchar esta música con cuerdas reales acompañando a la voz de Vitale. La irrupción de percusiones tribales durante unos minutos supone una agradable sorpresa además de anticipar el estilo que el músico abrazaría poco después en su obra “Kuarahy”. La sección final, con las campanas marcando la melodía central y las cuerdas sintéticas, de nuevo a pleno rendimiento es magistral y desemboca en la última parte de la obra, titulada “Estación claridad”. En ella, cerrando un hipotético círculo, volvemos a escuchar a Lito al piano, como en el comienzo, acompañado con una elegancia máxima por el bajo de Marcelo Torres y un comedido saxo a cargo de Manuel Miranda que va soltándose mientras avanza la pieza, una de las pocas puramente jazzísticas de todo el disco.



Cuando apareció “Viento Sur”, el Lito Vitale Cuarteto estaba en en el punto más alto de su popularidad, al menos en España. Su música sonaba habitualmente en las emisoras especializadas y su presencia en los teatros de nuestro país era frecuente. En el disco encontramos las dos facetas más destacadas de Vitale: en la “cara A”, el sonido característico del cuarteto, quizá un poco continuista respecto a “Ese Amigo del Alma” y en la “cara B” al Lito que se apuntó en algún trabajo anterior y que se confirmaría en los discos que aparecerían tras la disolución del cuarteto. Desde este punto de vista, hablaríamos de “Viento Sur” como de un disco de transición pero no de un disco intrascendente ya que el nivel es altísimo en muchos momentos. Si tuviéramos que hacer un recopilatorio con lo mejor de la carrera de Vitale, no sería extraño que en él figurase más de una pieza de este disco. La mala noticia es que hoy en día no es sencillo hacerse con el CD a buen precio por lo que prescindiremos de los enlaces habitales.

miércoles, 14 de enero de 2015

Lito Vitale Cuarteto - La Excusa (1991)



Comentábamos mucho tiempo atrás en el blog cómo el argentino Lito Vitale había pensado en disolver su cuarteto tras la publicación de “La Excusa” o, al menos, la suspensión de las actividades del mismo durante un tiempo más o menos prolongado. La realidad, sin ser exactamente así, se le parecía bastante. De hecho, Vitale había tomado la decisión de aparcar por un tiempo su banda, antes incluso del citado disco. Ocurre que durante los ensayos anteriores, la banda grabó una pieza sensacional, quizá la obra cumbre de una de las formaciones punteras de las nuevas músicas en la década de los ochenta. No tenía sentido que esa pieza quedase en el olvido o fuera grabada por músicos distintos de los que la concibieron por lo que Vitale y compañía tuvieron así la “excusa” perfecta para grabar un disco de despedida (aunque, como vimos en la mencionada entrada, no fue definitiva).

“Una Excusa” se titulaba el tema y “La Excusa” sería el nombre escogido para el álbum completo conformado por escasamente cuatro composiciones de carácter fundamentalmente improvisado en las que el excepcional combo formado por Vitale da lo mejor de sí hasta el punto de que, tomado en su conjunto, quizá sea este el mejor disco grabado por la banda, por encima incluso de iconos como “Ese Amigo del Alma”.

Aunque el disco iba firmado por el cuarteto, el batería Jorge Araújo sólo participó en el tema principal. Los tres restantes grabados como complemento de este contaron con las flautas y saxos de Manuel Miranda, el bajo de Marcelo Torres y los teclados, voces y percusiones del propio Lito Vitale que también interpreta la batería en ausencia de Araujo.

Marcelo Torres. Protagonista destacado de los mejores momentos del disco.


“Algo nuevo” – Teclados y vientos abren las hostilidades en un comienzo de regusto minimalista en el que no tarda en aparecer el saxofón como instrumento central encargado de la melodía. Al comando de la batería, el resto de instrumentos se arremolinan alrededor de la sinuosa melodía para dar paso súbitamente a un tema de teclado a cargo del propio Vitale. Con ese pie, se inicia una combinación de dos melodías de corte tradicional por parte de Miranda a las quenas en lo que constituye la parte central de la composición en el clásico estilo del músico que combina folk y jazz de modo magistral. Más o menos entonces comenzamos a disfrutar de los primeros apuntes del bajo de Marcelo Torres antes de un estupendo solo de Vitale a los sintetizadores , primero simulando el timbre de una armónica y luego con un sonido más cercano al de su admirado Lyle Mays. Se cierra así la primera mitad de la pieza para pasar a la segunda en la que empieza a soltarse Torres creando una atmósfera fantástica para mayor lucimiento del resto del trío (recordemos que Jorge Araújo sólo participa en el último corte). Argentina se cuela de forma inevitable por todas las costuras de la construcción de Vitale en el desbordante tramo final en el que se repasan brevemente algunos fragmentos de toda la pieza.



“Opiniones encontradas” – De modo similar al corte anterior, éste comienza con un excitante fondo minimalista a cargo, principalmente, del bajo de un Marcelo Torres absolutamente fantástico. La pieza combina ritmos tremendamente variables en la batería con aires andinos en los vientos y una dupla bajo-teclados arrolladora. Le sumamos el saxo, la voz de Vitale y unos sonidos orquestales “marca Metheny” y tenemos otra maravilla a cargo de un artista como Lito que, en aquel momento, se encontraba en estado de gracia. Una pequeña transición a base de voces “sampleadas” nos lleva a un final en la línea más soñadora del Vitale de sus discos en solitario, al principio, que desemboca en una breve suite cercana al rock progresivo que el argentino practicó en sus inicios.

“Permiso, voy a improvisar un poco” – Buena prueba de lo poco que tuvo de planeado el disco es esta larga improvisación por parte de Lito Vitale a los teclados. Es esta una faceta en la que el argentino es maestro consumado y cualquiera que haya tenido la fortuna de asistir a uno de sus conciertos podrá dar fe de ello. En este caso, Lito nos muestra sus capacidades en una sucesión de estilos que va desde la música clásica hasta el tango saltando sin complejos de una a otro, incluyendo una sorpresa en clave de flamenco en el segmento central del tema que es uno de los grandes momentos de todo el disco. Tras esos momentos de auténtica locura llega un final solemne que evoluciona en clave de jazz, escuela Metheny-Mays, antes de un último solo aflamencado lleno de virtuosismo con el que concluye una pieza extraordinaria.

“Una Excusa” – Llegamos así al corte central del disco, el pretexto que sirvió para publicar un nuevo LP del Lito Vitale Cuarteto y a fe nuestra que mereció la pena. Desde el primer momento podemos disfrutar de las esencias de una formación hoy casi mítica, exprimiendo lo mejor de la tradición musical de todo un país y combinándola como nadie con todo tipo de influencias. Si hasta este momento, no había en el disco temas en los que la melodía tuviese un peso fundamental, aquí esa tendencia se rompe con temas de gran categoría pero lo mejor sucede a partir del primer tercio de la pieza cuando Marcelo Torres empuña su bajo de seis cuerdas para regalarnos un tema introspectivo que va creciendo compás a compás hasta terminar reventando el traje por todas las costuras en una demostración de facultades casi obscena que desemboca en un solo memorable. Los que vimos al cuarteto en sus mejores años no podemos olvidar a un Marcelo desatado en directo y colocándose las gafas apresuradamente en medio de la parte más vertiginosa de su actuación con evidente riesgo para éstas y para la correcta ejecución de la pieza. Ambas salieron airosas. El sólo flamenco al que nos referimos sirve para cerrar la pieza y el disco en todo lo alto.



Aunque Lito Vitale es un músico irregular que salpica su discografía de obras maestras y trabajos algo más prescindibles, los títulos que lanzó bajo la denominación de cuarteto deberían estar en la discoteca de cualquier melómano que se precie. Trabajos como “Lito Vitale Cuarteto”, “Ese Amigo del Alma”, “La Senda Infinita”, “Viento Sur” y “La Excusa” (podemos añadir también a la lista el postrero “La Cruz del Sur” forman un legado difícil de superar y, por ello, los recomendamos encarecidamente. No es fácil, sin embargo, encontrar hoy esos discos (al menos no tanto como en los ochenta, cuando cualquier tienda o gran superficie estaba bien surtida de ellos). Dejamos un en enlace a la tienda oficial del músico en la que está disponible “La Excusa” a continuación.

litovitale.com

Os dejamos con un excepcional reportaje dedicado a Vitale:

miércoles, 6 de febrero de 2013

Lito Vitale y la Cruz del Sur (1993)



Teníamos pensado enfocar esta entrada hablando de lo que ocurrió en el seno del Lito Vitale Cuarteto tras
la publicación de “La Excusa”, aparentemente el último disco de la formación argentina y la exitosa gira posterior que les trajo a España en el que quizá fuera el momento más alto de inspiración, popularidad y seguimiento por parte del público en general.

Íbamos a hablar también de cómo parecía que algo estaba cambiando en el enfoque de la música de Lito. Esto comenzó a notarse en la referida gira y en las entrevistas que el teclista argentino dio en aquellos tiempos en las que hablaba de la posible ampliación del grupo a quinteto con la incorporación de un guitarrista (en los conciertos, la formación de cinco músicos se hizo realidad en temas concretos). Sin embargo, la pretendida ampliación no se llevó a cabo en aquel momento. De hecho, pocos meses después, el Lito Vitale Cuarteto se disolvería y tanto su líder como el extraordinario bajista Marcelo Torres lanzaron discos en solitario en aquel momento. No fue una ruptura cruenta, ni mucho menos, y esto quedó de manifiesto al ver los créditos del disco de Torres en el que participa tanto Lito como el intérprete de los instrumentos de viento del extinto cuarteto, Manuel Miranda.

En este punto, es posible que comenzásemos a plantearnos cómo se desarrollaron los primeros pasos del nuevo grupo de Vitale, en un formato tan similar al cuarteto que casi no había diferencia, bajo la nueva denominación de “La Cruz del Sur”, especularíamos sobre los motivos del cambio de nombre, acerca de si llevaba aparejado un cambio estilístico, etc.

En estas estábamos cuando, buscando algunos datos concretos sobre el disco en internet,  nos encontramos con que, a pesar de que su título original era “Lito Vitale y la Cruz del Sur”, sin más, las reediciones posteriores del trabajo muestran en la portada una sutil diferencia de modo que cualquier comprador actual del disco se encontrará con una ilustración en la que reza: “Lito Vitale Cuarteto: La Cruz del Sur” echando por tierra todas nuestras especulaciones anteriores. Afortunadamente, este segundo cambio de denominación se nos antoja mucho más sencillo de explicar que el inmediatamente anterior: la etiqueta “Lito Vitale Cuarteto” tiene mucho más peso y, probablemente, se viera acompañada de unas mayores ventas aunque no es un detalle menor el hecho de que, en su momento, el multi-instrumentista argentino tomara la decisión de disolver el cuarteto y publicar con un nombre diferente.


Segunda portada del disco con la referencia al Cuarteto que no aparecía en la original.


En cualquier caso, ya fuera bajo el nombre de “La Cruz del Sur” o como el “Lito Vitale Cuarteto”, los integrantes de la formación en el disco fueron: Marcelo Torres (bajo), en su último disco junto a Vitale, Manuel Miranda (saxos, flautas y percusión) y la nueva incorporación de Marcelo Novati a la batería. Lito, por su parte, interpreta piano, teclados, guitarras, voz y percusiones.

“El día más largo del siglo” – Dedicado a Astor Piazzolla, el corte con el que comienza el disco es una maravilla que reúne lo mejor del talento de Vitale y de los músicos que lo acompañan. Comienza con una poderosa apertura de batería y una melodía muy directa de saxo a modo de fanfarria inicial. Instantes después la batería comienza a marcar un ritmo constante y es el teclado de Vitale el que juguetea con las flautas y el bajo en un inspiradísimo fragmento del que sólo nos rechina ligeramente el sonido de sintetizador escogido por Vitale para determinadas melodías. Por unos instantes se retoma el tema inicial para regresar de nuevo a la melodía de piano y flauta. Completado el intenso fragmento inicial entramos en una parte mucho más reposada con la flauta como protagonista y el omnipresente bajo de Marcelo Torres comandando las operaciones en la sombra. Es a partir de aquí cuando el saxo de Miranda desgrana lo que parece la primera referencia al homenajeado Piazzolla aunque ser por espacio de unos pocos compases. En los instantes finales del tema, Vitale y compañía vuelven a la melodía que lo abría completando así un viaje perfecto.

“Mi tierra más allá del mar” – Un enfoque completamente distinto es el que nos muestra el segundo corte del disco. En el podemos escuchar la vertiente más sensible de Lito, con un comienzo en el que toca todo tipo de teclados improvisando una especie de suite en varias partes que cuenta, en el segmento central, con una preciosa melodía interpretada con ese característico sonido de flautas sintetizadas que hizo popular en su inmortal “Ese Amigo del Alma”. El resto del cuarteto ocupa un segundo plano en caso toda la pieza, teniendo su momento de mayor presencia cuando acompaña a la guitarra acústica de Lito, instrumento este con el que no suele prodigarse demasiado a pesar de desenvolverse con bastante soltura con las seis cuerdas. Conforme avanza la pieza hay espacio para una inspirada intervención de Marcelo Torres al bajo recreando el tema principal, antes de la recapitulación final del sintetizador de Lito.

“Una nueva vida” – Uno de los temas más cortos del disco es éste, dedicado por Lito a su hijo Luciano. Como cabría esperar por la dedicatoria, la pieza es una especie de canción de cuna maravillosamente interpretada por Manuel Miranda a las flautas con un acompañamiento suave y preciso a cargo de los teclados del propio Vitale.

“Historias de la Cruz del Sur” – El inicio del tema, envuelto en misteriosos sonidos de percusiones, arpegios de teclado y vientos andinos sirve como preludio de la intervención de la voz de Lito entonando uno de esos cantos sin letra tan habituales en sus discos. Esta introducción tan peculiar da paso a un tema en el que aparecen algunos de los elementos jazzisticos siempre presentes en los discos del músico pero que habían quedado algo relegados hasta ahora en éste. Pronto apreciamos un importante cambio con la entrada de la quena, instrumento típico del folclore de los andes y que nos lleva por senderos tradicionales. No tarda en unirse de nuevo nuestro teclista con un sonido muy similar al que suele utilizar otro popular músico que apareció por aquí meses atrás: el japonés Kitaro. Estamos en la parte central de la composición con una melodía arrebatadora que volverá a aparecer más adelante. Entramos a continuación en terrenos más cercanos a un jazz fusión muy suave con Vitale exprimiendo los sonidos más acaramelados de sus sintetizadores para acompañar a la guitarra. Unas notas de bajo marcan la transición hacia el segmento final de la pieza más larga de todo el disco con diversos arabescos de flauta y teclados (en registros siempre similares) antes de retomar, como suele ser costumbre en Lito, el tema central de la composición.



“Días de hogar” – A nuestro juicio, se trata de la pieza más intrascendente del disco. Curiosamente es el corte más decididamente jazzístico de todo el CD y la melodía principal de saxo no es desdeñable en absoluto pero el conjunto flojea en exceso, por lo convencional de los sonidos y arreglos. Se salva la interpretación de Marcelo Torres al bajo, siempre excelente, y las eficaces percusiones de Marcelo Novati. Por contra, la excesivamente edulcorada sonoridad de los teclados supone un lastre que no es suficientemente compensado por la calidad de la composición como ocurre en la mayoría de los casos en los que Vitale recurre a ese tipo de timbres.

“Los cambios necesarios” – Nunca hemos estado más de acuerdo con un título que en esta ocasión. Tras el corte anterior, el disco necesitaba un cambio y Lito, siempre servicial, nos lo proporciona con un giro hacia el rock progresivo (siempre aderezado con toques folclóricos) que ilustra lo que afirmábamos anteriormente: cuando la música es suficientemente buena, le podemos perdonar la elección de determinados sonidos. Destacamos especialmente la aportación del bajista, magistral en muchos momentos, especialmente en un par de solos que aparecen en la segunda mitad del tema.

“La arremetida de los Buenos Aires” – Llegamos por fin a la mejor composición del disco en forma de larga suite de más de diez minutos. Desde los primeros instantes nos vemos atrapados por una melodía de una belleza irresistible que se repite durante varios compases antes de dar paso a una serie de improvisaciones de todo tipo. No llega, porque se nos antoja imposible, a la belleza de “Ese Amigo del Alma”, rasero, para bien o para mal, con el que siempre compararemos cualquier música de Lito Vitale, pero en muchos momentos se aproxima a ese nivel. Mediada la pieza, entramos en un segmento completamente diferente marcado por una percusión desafiante, en duelo con el bajo de Torres, librando una batalla de dimensiones épicas ante la asombrada mirada del saxo que termina por abrirse paso dibujando una melodía pacificadora entre sonidos de campanas. Todo esto sirve como preludio al gran final: sobre un redoble marcial de tambores, el piano primero, el bajo más tarde y, por fin, el saxo, abordan de nuevo la maravillosa melodía que abría la pieza.

“Ciudad de madrugada” – Tras la intensidad del corte anterior, no quedaba más remedio que cerrar el disco en un tono mucho más pausado y para ello, Vitale prescinde durante los cinco minutos finales del disco de cualquier acompañamiento para despedirse con un precioso solo de teclado, casi impresionista que pone fin a un disco realmente soberbio.


El excepcional bajista Marcelo Torres en acción.

El que demos por buena la paternidad del disco del Lito Vitale Cuarteto no oculta el hecho de que, a pesar de los pesares, “La Cruz del Sur” iba a ser, esta vez sí, el último trabajo firmado por el grupo. Afortunadamente, la despedida mantiene en todo momento el altísimo nivel de calidad que se convirtió en habitual en la formación, con contadas excepciones. Vitale es un músico tan dotado como irregular y en su discografía se alternan grandísimos trabajos con obras menores en las que apenas se le reconoce pero en los cinco o seis discos publicados con el Cuarteto encontramos los mayores niveles de inspiración del teclista argentino. En los años de mayor popularidad de Lito no era complicado encontrar sus discos casi en cualquier sitio. Sin embargo, hoy en día la cosa ha cambiado bastante y es muy raro ver en las tiendas algún trabajo suyo. Os dejamos un par de enlaces por si os decidís a comprar este “La Cruz del Sur”:

amazon.es

priceminister.es

Nos despedimos con una versión posterior en directo de "Los Cambios Necesarios" con el Lito Vitale Sexteto:


domingo, 6 de noviembre de 2011

Lito Vitale - Sobre miedos, creencias y supersticiones (1981)



Lito Vitale empezó a ser conocido en España, y suponemos que también fuera de su Argentina natal, en la segunda mitad de la década de los ochenta, en la época de mayor esplendor de aquello que se conoció como música new age. La versión de Vitale que alcanzó más fama era la del músico que combinaba elementos del jazz más moderno, con una grandísima influencia de Pat Metheny, y la música tradicional argentina en todas sus vertientes. Especialmente inspirados fueron los años en los que estuvo activo el Lito Vitale Cuarteto, formación compuesta por un percusionista, un bajista y un intérprete de instrumentos de viento que, acompañando a los teclados de Lito realizaron alguno de los mejores discos que hemos tenido la oportunidad de escuchar dentro de su estilo.

Sin embargo, los inicios de Vitale no fueron por esos derroteros. Ya hemos tenido ocasión de comentar alguno de sus trabajos de su etapa casi infantil como miembro de Músicos Independientes Asociados y, aunque había en todos ellos algún elemento jazzistico, el estilo general de los mismos era mucho más cercano al rock progresivo, con Lito ejerciendo de Rick Wakeman o Keith Emerson en muchos momentos de los mismos.

El primer disco en solitario del bonaerense seguía esa tónica. A lo largo del verano de 1981, cuando aún no había cumplido los 20 años, Lito se encerró en los estudios Tubal y se dedicó a grabar una serie de pistas completamente en solitario. Nuestro músico toca todos los intrumentos del disco, a saber: Piano, batería, sintetizadores, bajo, guitarra, percusiones y canta en los ocasionales pasajes vocales que aparecen de cuando en cuando. Las composiciones y arreglos son también suyos. Es Vitale quien ejerce de técnico de grabación y quien se encarga de las mezclas del trabajo. Este colosal esfuerzo no tendría mayor trascendencia si el resultado no mereciera la pena pero es que, además, el disco alumbrado tras las sesiones de ese verano era realmente magnífico. “Sobre miedos, creencias y supersticiones”, que era el título del trabajo era un disco conceptual sobre esos sucesos, aparentemente sobrenaturales, que jalonan las leyendas de tantos pueblos y lugares. En palabras del músico en la tapa del album:

“Los seres, hechos y cosas que el pueblo interpreta como símbolos de un mundo sobrenatural o como mensajeros del más allá, han provocado, en todos los tiempos y regiones, una amplia gama de fenómenos culturales.

Son incontables los miedos, creencias y supersticiones, que si bien contienen elementos diferentes, se apoyan en la necesidad de canalizar la inseguridad propia del ser humano, su miedo ante lo desconocido, su afan por explicar lo inexplicable.”

Pasamos a comentar los seis cortes del disco a continuación:

“Baguala de los hueseros” – La baguala es un tipo de canción procedente del noroeste argentino, muy rítmica y de aires andinos. La pieza de Vitale no termina de encajar con las bagualas tradicionales que hemos podido escuchar anteriormente porque desde el comienzo nos encontramos con un tema de auténtico rock progresivo instrumental, basado en los teclados y con un buen trabajo de batería pese a no ser éste precisamente un intrumento en el que Vitale se defienda con especial destreza. Tras la obertura, de corte épico con interesantes cosas a la guitarra eléctrica, aunque algo escondidas por la propia mezcla del tema, llegamos a la parte intermedia, centrada en ese sonido de piano tan carácterístico de Lito en los años venideros. El desarrollo de toda la composición es realmente magistral y un buen anticipo de lo que el músico será capaz de desarrollar en el futuro. A pesar de la referencia a los hueseros, lugares donde se guardan los huesos de los muertos, la pieza no tiene un tono especialmente lúgubre o tenebroso sino que más bien nos resulta un brillante ejercicio de estilo en el que Vitale parte de premisas ya tocadas en sus discos con M.I.A. y termina llegando a otro sitio bien distinto y con una voz propia bien reconocible.

“Alumbrando a las ánimas” – El segundo corte del album sí que tiene un tono acorde con la temática general del mismo ya que está formado por una serie de voces dolientes que se mezclan con letanías ininteligibles y lamentos que conforman una pieza realmente inquietante, como ya nos anticipaba su título.

“Pueblos y caminos” – El tono sombrío que toma el disco en el corte anterior cambia radicalmente desde las primeras notas de “Pueblos y caminos”, donde una brillante intro de teclados, desemboca en un auténtico instrumental en clave de rock sinfónico progresivo en el que no faltan los solos al más puro estilo de Wakeman hasta la entrada de la voz del propio Vitale canturreando una melodía de un modo que nos recuerda al de su compatriota Pedro Aznar. Probablemente estemos ante el mejor tema del disco, con continuos cambios de ritmo, una continua exhibición de facultades a los sintetizadores y nuevas ideas que aparecen casi a cada compás. La mezcla perfecta del rock progresivo, el jazz y algunos elementos folclóricos que nos deja con un excelente sabor de boca.



“Noche de la salamanca” – El título alude a una especie de aquelarres que tienen lugar, según la leyenda, en las afueras de los poblados y son fiestas orgiásticas en las que se llevan a cabo pactos con el diablo y todo tipo de actos de brujería con abundante bebida, comida y presencia de elementos clásicos como el macho cabrío, etc. La visión que Vitale nos da de esas noches, es realmente contraria a lo que podríamos suponer, ya que nos regala un tema lento y apacible, introducido por un suave piano y unas cuerdas sintetizadas muy del estilo de Vangelis, por poner un ejemplo. De nuevo la voz de Lito nos va llevando casi de la mano por todo el recorrido de un modo muy similar al de muchos instantes del corte anterior. Un ligero cambio alrededor de los tres minutos con la irrupción de la batería nos lleva a la parte más rítmica del tema, alejada en todo caso del frenesí y la locura desbordada que debía reinar en las celebraciones a las que hace referencia el título de la composición. Al margen de esas consideraciones, del todo personales, “Noche de la Salamanca” es otra composición sobresaliente dentro de un disco en el que la inspiración está presente de principio a fin.

¿Serían las noches de la Salamanca similares a lo que imaginó Goya?

“La luz mala, en el campo” – La luz mala, de acuerdo con la tradición, es una manifestación luminosa en forma de orbe que flota en el aire e incluso persigue a aquellos que se la encuentran llevando la desgracia en muchos casos. Se trata de una leyenda principalmente argentina y uruguaya pero que tiene su propia versión en países de todo el mundo con distintos nombres. Vitale nos muestra su visión de este fenómeno a través de una pieza electrónica en la que los sonidos de su teclados nos remiten forzosamente al Vangelis más popular durante toda la introducción. Sólo algo más tarde, cuando entra el piano y la voz nos reconocemos en presencia del compositor argentino sin ningún género de dudas. Es precisamente la voz de Lito la que lleva el peso del tema en su parte central con una melodía de aires folclóricos muy efectiva. Como ocurre en casi todos los temas del disco, la composición se cierra con un regreso a la melodía inicial en un arreglo distinto.



“Dios, el fin” – El cierre del trabajo, comienza con un recurso muy utilizado que entendemos como un homenaje al “Dark Side of the Moon” de Pink Floyd, que es un latido continuo de corazón que está presente como fondo en toda la pieza. El sonido electrónico que entra poco después parece sacado directamente de otro de los temas del mítico disco de la banda de Roger Waters: el sensacional “On the Run”. Al margen de tributos más o menos disimulados, “Dios, el fin” es un magnífico tema electrónico que pone un broche inmejorable a un trabajo sobresaliente.

La edición en CD del disco que podemos encontrar hoy en las tiendas incluye cuatro bonus tracks pertenecientes al disco “Lito Vitale Cuarteto” que ya comentamos en su momento. No dejeis de haceros con el mismo si teneis ocasión. En nuestra opinión, “Sobre miedos, creencias y supersticiones” es la mejor versión de Lito Vitale en solitario y no anda muy lejos de sus mejores momentos con el cuarteto. Nos llama la atención que en los años sucesivos, Lito Vitale se alejó mucho del estilo sinfónico-progresivo de este disco con contadas excepciones que quizá tengan su propio hueco en el blog más adelante. Sin desmerecer sus trabajos más populares, sí que es cierto que nos habría gustado oir más cosas de Lito en la linea de este disco. A la espera de que, quizá más adelante, nos regale algo así, bueno será repasar este disco y disfrutarlo a fondo.

Como siempre, os dejamos un par de enlaces en los que adquirir este disco:

amazon.es

fnac.es

Para terminar, os dejamos una entrevista con el músico en 2007 en la que repasa varios aspectos de su carrera:

sábado, 29 de octubre de 2011

M.I.A. (Músicos Independientes Asociados) - Mágicos Juegos del Tiempo (1977)



Músicos Independientes Asociados, abreviado a M.I.A. es una formación ya conocida para los lectores de La Voz de los Vientos, aunque los dos trabajos que glosamos anteriormente no fueran precisamente los más representativos de la formación. Corregimos hoy esta deficiencia con su segundo LP, un trabajo de rock progresivo a la altura de lo mejor que se hacía en la época en este estilo.

La particular historia de esta asociación musical ya fue contada en la primera entrega dedicada al grupo. La primera entrega discográfica de la formación llevó el título de “Transparencias”.  La segunda, publicada en 1977, recibió el nombre de “Mágicos juegos del tiempo” y es la que hoy vamos a glosar. Participan en la grabación, Lito Vitale (piano, órgano, sintetizador, mellotron, voces), Liliana Vitale (batería, voz, flauta), Alberto Muñoz (guitarras, bajo, voz) y Nono Belvis (guitarras, bajo, voz). Cada uno de ellos tenía su propia labor en el grupo y todos ellos eran igualmente importantes. Nono Belvis, por ejemplo, que no tiene responsabilidad en ninguna de las canciones, era el erudito del grupo, la persona que introdujo al resto en la música de Miles Davis, Egberto Gismonti o en discos como “Abbey Road”. Fallecido en 2009, Lito Vitale le sigue recordando como una de las personas más importantes de su formación musical en aquellos años (recordemos que Lito contaba con 14 años cuando grabó el primer disco con M.I.A.). Tras dejar la asociación, formó el grupo El Umbral, formación clave en el jazz argentino de la época. Alberto Muñoz, compositor en todos los temas del disco era, al margen de músico, escritor y esa es quizá su faceta más recordada. Todas las letras del disco, realmente delirantes y con un punto de realismo mágico muy reconocible,  son suyas. Después de M.I.A., se alejó de la música para centrarse en la escritura, aunque unos años después volvió a grabar algunas cosas en solitario.


Foto de familia de M.I.A.



Los otros dos miembros del grupo son los hermanos Lito y Liliana Vitale. El hogar de los Vitale en Villa Adelina debía ser un sitio realmente maravilloso para el desarrollo de un niño. Rubens Vitale, más conocido como “Donvi” y Esther Soto eran un matrimonio con profundos intereses artísticos (ella era cantante y él pedagogo musical) y no dudaron en fomentar ese espíritu en sus hijos. El matrimonio Vitale fundó también la mitica discográfica Ciclo 3, responsable de la publicación de todo el catálogo de sus hijos. Lito empezó a tocar el piano con 3 años. Cuenta Esther en una entrevista reciente que en una ocasión “llegó a casa un amigo español, que tocaba el piano y el violín; y Lito lo miraba tocar, petrificado. Y después de haberlo escuchado, nos dijo: "yo quiero ser músico y español". Lo primero lo consiguió con creces, convirtiendose en una de las mayores figuras de la música sudamericana de las últimas décadas. La carrera de su hermana, cantante principalmente aunque también se defiende con casi cualquier instrumento, no ha alcanzado la proyección internacional de Lito pero no por ello deja de ser muy notable.

No queremos extendernos más sin pasar a lo que nos importa que es el disco “Mágicos juegos del tiempo”.

El LP se dividía en tres secciones. La primera de ellas, bajo el título de “Mágicos juegos del tiempo” la componían cuatro segmentos:

“Lírica del Sol” – Escrito por Alberto Muñoz, Lito Vitale y Liliana Vitale, comienza con una delicada introducción de piano a la que se suman las voces del trío, combinandose de forma magistral. Un rápido sólo de piano del joven Lito de aires clasicistas marca la transición hasta la segunda estrofa nuevamente con interesantes juegos vocales que, irremediablemente, nos remiten a formaciones tan importantes como Yes, opinión a la que contribuye el propio piano de Lito, muy en la onda de Rick Wakeman.



“Crisálida mi niña” – Se trata de una composición en solitario de Alberto Muñoz, que comienza con unas notas de guitarra reminiscentes de clásicos como “The House of the Rising Sun”, aunque el peso instrumental de la pieza sigue recayendo sobre el piano. Al margen de estas consideraciones, nos encontramos ante el primer tema plenamente progresivo del disco con las voces más conjuntadas que en la parte anterior. Por alguna razón, la escucha de esta canción nos recuerda habitualmente a los King Crimson de "Epitaph".

“Los molinos de la calma” – Nuevamente escrita por el trío Alberto Muñoz, Lito Vitale y Liliana Vitale, esta parte tiene un tono mucho más relajado y aires más folclóricos que las primeras, especialmente en cuanto a las percusiones. Los ambientes logrados con el órgano y el mellotron son dignos herederos de lo mejor del rock progresivo de aquella época.

“Antiguas campanas del pueblo” – El tema que cierra este primer segmento es, quizá, el mejor de todo el trabajo. El fragmento instrumental de bajo, órgano y batería que sirve de presentación es realmente notable. Tras el mismo entramos en uno de esos pasajes vocales tan presentes en el disco donde las letras de Alberto Muñoz suenan casi a capella, mientras, de forma casi imperceptible, el órgano va apareciendo en escena en un suave crescendo que termina con una nueva parte instrumental de batería, bajo, guitarras y teclados que no tendrían nada que envidiar a muchos de los grandes del momento como el citado Wakeman o Keith Emerson. Lito Vitale es el compositor de la música de todo el tema que acaba con las campanas citadas en el título a modo de despedida.



La segunda parte del disco lleva el nombre de “Elegías y romanzas” y se compone de dos partes.

“Archipiélagos de Güernaclara” – Escrita por Alberto Muñoz, Lito Vitale y Nono Belvis, comienza con un solo de piano de inspiración clásica que, como es costumbre ya, nos conduce hasta el comienzo de la letra, en voz de Liliana Vitale. Tras esta parte, llegamos a una parte más folclórica con aires casi pastoriles de inspiración clásica. Hay algo en esta parte que nos recuerda al Mike Oldfield de “Ommadawn” pero sin tiempo para recrearnos en la comparativa, la música cambia por completo entrando en una frenética sesión de free-jazz en la que los músicos hacen una sensacional exhibición de facultades, especialmente, y aunque nos pongamos muy pesados con ello, Lito Vitale a los teclados, mano a mano con Nono Belvis y su guitarra (alguien escribió que era una especie de encuentro entre Jan Akkerman, de Focus, y David Gilmour de Pink Floyd, refiriendose a este fragmento). El tema se cierra volviendo a la clave rockera en una breve coda.

“Romanza para una mujer que cose” – Otra de las composiciones en solitario de Alberto Muñoz. En esta ocasión el tema es de aire más folclórico que los anteriores hasta la mitad del mismo, cuando la cosa evoluciona de nuevo hacia un tiempo medio nuevamente de aires progresivos que recuerda por momentos a Pink Floyd hasta que vuelven los solos de sintetizador para cerrar la canción con un regreso al tema del comienzo.

La tercera y última parte del disco procede de una composición que muchos consideran el verdadero comienzo de M.I.A. La cantata profana “Saturno” fue una de las primeras piezas escritas por los músicos de la agrupación y su concierto de presentación en 1974 fue, en cierto modo, el primer acto público de la asociación. Para cerrar el disco, se escogieron dos de las corales de dicha cantata: “Canción de nacimiento” y “Estadía en la casa de las arañas”, compuestas por Alberto Muñoz, Lito Vitale, Daniel Curto. Ambas piezas de la cantata son composiciones realmente notables y proporcionan un cierre realmente solemne y acertado para un disco magnífico.



Es muy probable que el hecho de ser argentinos no permitiera a M.I.A. alcanzar mayor repercusión a nivel internacional y, no digamos ya, entrar en el mercado anglosajón. Sin embargo, con el paso de los años el prestigio de la banda se ha mantenido intacto y son muy valorados en círculos especializados.


Foto de M.I.A. en el estudio. Lito Vitale aparece a la derecha, en los teclados.



La edición en CD de este trabajo incluye varios temas extra en directo pertenecientes al triple LP “Conciertos” del que ya dimos cuenta en su momento.

Éste trabajo, junto con muchos otros de la discografía del músico, está disponible en su página web oficial, un sitio muy recomendable en el que también se ofrecen, de cuando en cuando, descargas gratuitas de algún concierto.

Web oficial de Lito Vitale

También está disponible en webs como Amazon pero el precio se nos antoja desorbitado:

amazon.com

viernes, 9 de septiembre de 2011

M.I.A. (Músicos Independientes Asociados) - María Elena de Nosotros (1981)


María Elena Walsh fue una poetisa, cantautora y dramaturga argentina. Un referente fundamental en todos esos campos y, por encima de todos ellos, en la literatura y canción infantil. Fallecida hace apenas ocho meses, su obra está plagada de poemas y canciones clásicas de esas que todos hemos oído de niños, especialmente en boca de la española Rosa León.

Su legado será recordado por mucho tiempo y canciones como "La calle del gato que pesca", "La vacuna" o "El reino del revés" forman parte del repertorio de cualquier niño de las últimas décadas. A comienzos de la década de los ochenta, se decía que el estado de salud de la autora era muy delicado a causa de un cáncer de huesos y que no le quedaba mucho tiempo de vida. A raiz de eso, comenzaron a aparecer tributos de todo tipo a su obra. Uno de ellos aparece en 1981 a cargo de M.I.A. la cooperativa musical argentina de la que hablamos unos meses atrás bajo el título de "María Elena de Nosotros".

Curiosamente, en la página oficial de Lito Vitale no se incluye este trabajo bajo la etiqueta de M.I.A. aunque así apareció originalmente y de ese modo se refleja habitualmente en las discografías de la agrupación. Lo cierto es que, en cualquier caso, los intérpretes del disco eran ya solamente tres, Lito y Liliana Vitale y Verónica Condomí. Las versiones y arreglos de este trabajo pasan por ser las mejores de entre todas las que se hicieron en la época y por ese motivo, y aprovechando la presencia de Lito Vitale en La Voz de los Vientos en las últimas semanas, tocamos este trabajo, siquiera como curiosidad para los seguidores del argentino.

No ha sido fácil encontrar enlaces para adquirir el disco, aunque se editó en CD en 2006. Podeis comprarlo aquí:

demusicasargentinas.com.ar

Os dejamos unas cuantas canciones de María Elena Walsh para que podais compararlas con las versiones de Vitale y compañía:

"El reino del revés" en versión del cuarteto Zupay:




"El brujito de gulubú" por la propia Walsh junto con los Muppets:



"La calle del gato que pesca" por Rosa León: