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lunes, 4 de diciembre de 2017

Genesis - Selling England By the Pound (1973)



Es posible que de todas los grandes nombres que a todos nos vienen a la cabeza cuando hablamos de rock progresivo la banda que más tardó en triunfar de una forma clara fuera Genesis. Sus primeros discos obtuvieron un éxito discreto y, pese a que “Foxtrot” obtuvo muy buenas críticas y la gira posterior fue muy exitosa, entre los integrantes de la banda había dudas acerca del futuro. Incluso llegaron a pensar que Phil Collins estaba planteándose dejar el grupo para probar suerte con otra formación (había ofrecido algunos conciertos junto con Peter Banks, el antiguo guitarrista de Yes por aquel entonces).

Tampoco en la discográfica debían tener las cosas muy claras ya que les dieron un ultimátum y una fecha límite para entregar un nuevo disco apenas un año después de la publicación del anterior. Los conciertos habían ocupado casi todo el tiempo de la banda con lo que apenas habían compuesto material nuevo lo que les ponía en un serio aprieto. Dada la situación, los cinco miembros de la banda decidieron recluirse en una casa que alquilaron ex profeso para componer y poner en común todas las nuevas ideas que les permitieran dar a luz otro disco. No sabemos si por la presión del sello, por el entendimiento definitiva de cinco grandes músicos conjuntados a la perfección tras varios discos y giras o por la necesidad de dar el paso adelante definitivo: el hecho es que de las sesiones de grabación posteriores surgiría uno de los grandes discos de la banda y también del rock progresivo como género. Quizá la obra definitiva de Genesis habida cuenta de lo que sucedería después.

La formación era la más recordada del grupo, compuesta por Peter Gabriel (voz, flauta, oboe y percusiones), Tony Banks (teclados y guitarra), Steve Hackett (guitarras). Michael Rutherford (bajo, guitarra y sitar) y Phil Collins (batería, percusiones y coros).

La puesta en escena de Genesis siempre era espectacular.


“Dancing With the Moonlit Knight” - La voz desnuda de Gabriel entonando unos versos con aire folclórica (podría pasar por una canción tradicional escocesa en esos primeros instantes) nos da la bienvenida. A partir de ahí asistimos a un juego de sutilezas que no parará durante los siguientes cincuenta minutos. Primero es el piano y más tarde la guitarra pero los detalles son inacabables. Unas notas de mellotron por aquí, guitarras por allá, la batería abriéndose hueco y tras todo ello una gloriosa explosión instrumental con Hackett y Banks rayando a una altura inimaginable. Hay tiempo para escuchar retazos de “hard rock”, solemnes recitados, cambios de ritmo constantes... hasta un final pastoril con la guitarra acústica y la flauta de Gabriel en un dúo delicadísimo. Una joya que no es sino el anticipo de lo que llegará después.




“I Know What I Like (In Your Wardrobe)” - Esta vez son los sintetizadores los que abren una pieza en la que Gabriel opta por el recitado en los primeros instantes antes de la entrada del resto de la banda. Lo hace con aire psicodélico (el sitar de Rutherford no está ahí porque sí) y no tarda mucho en llegar el estribillo acompañado de inocentes coros de aire “hippie”. La canción fue el único single del disco, probablemente por ser la más directa y una de las que tiene un desarrollo más conciso de todo el trabajo.

“Firth of Fifth” - Es el turno ahora del piano con el que Banks hace una introducción de gran talla y con un cierto aire clasicista. Abruptamente entra el órgano Hammond, la batería y la voz de Gabriel preparándonos con las siguientes estrofas para el desarrollo habitual del grupo. Éste llega tras una leve pausa en la que Collins hace un gran ejercicio de sutileza con las baquetas sobre un fondo de mellotron. Un interludio de piano da paso a la flauta que nos regala un pasaje realmente bello con la ayuda del bajo. Vuelve el piano a dirigir las operaciones que desembocan en un solo de sintetizador alrededor del cual todos los instrumentos suben un punto su intensidad adoptando un tono épico del que no nos despegaremos hasta el final de la pieza. El tema había sido compuesto por Banks tiempo atrás pero fue descartado en su momento hasta su re-elaboración para este trabajo.

“More Fool Me” - Phil Collins deja la batería en esta ocasión para ser el vocalista principal de esta balada acústica que es el tema que menos encaja con el resto del trabajo, no sólo por el cambio de cantante sino por la instrumentación, apenas compuesta por guitarras.

“The Battle of Epping Forest” - Un ritmo marcial a base de redobles de tambor y notas de guitarra acompaña a una melodía de flauta en la introducción de otro tema cargado de fuerza. A partir de ahí las operaciones son dirigidas por Banks desde los teclados, reyes absolutos de la pieza y fieles escoltas de la voz de Gabriel. Nítidas lineas de sintetizador aparecen por doquier en alguno de los mejores momentos que este instrumento dio al rock progresivo. La segunda parte del tema nos muestra la cara más versátil del cantante, combinando los fragmentos recitados con la interpretación de diferentes personajes de la batalla a la que se refiere el título. En el tramo final escuchamos a Banks interpretar el ARP Pro Soloist (flamante sintetizador que supuso un importante avance en la época, especialmente para su interpretación en directo) al más puro estilo de Wendy Carlos en sus versiones de Bach, con lineas clasicistas que dan paso al poderoso final del tema.




“After the Ordeal” - Llegamos así a esta pieza instrumental con elementos “folkies” y un alto grado de virtuosismo tanto por parte de Hackett a la guitarra como de Banks al piano. La segunda mitad del tema, en la que aparece una limpia melodía de guitarra eléctrica nos parece algo más floja por convencional aunque cumple a la perfección su papel para llevarnos hacia la última gran “suite” del trabajo.

“The Cinema Show” - La primera parte del tema es una preciosa balada con aire infantil en la que asistimos a una preciosa conjunción de las voces de Gabriel y Collins con el acompañamiento de la guitarra de 12 cuerdas que juega con interminables arpegios que inevitablemente remiten a los minimalistas norteamericanos en un pasaje que, cuando se suma la flauta, se nos antoja un anticipo de algunas ideas que podemos encontrar en los discos del mismísimo Mike Oldfield de los años posteriores. La segunda mitad está construida alrededor de un espectacular solo de sintetizador de Banks que demuestra que para emocionar a un oyente, aunque hagas rock progresivo, no es necesario interpretar 17 notas por segundo.

“Aisle of Plenty” - En el último tema la guitarra recoge las últimas notas de los teclados del anterior y las hace suyas para introducir una breve coda a cargo de Gabriel en la que retoma el tema central de “The Cinema Show” con pequeñas referencias a otros motivos del disco. Un cierre muy breve y elegante para un disco espectacular.

Para muchos seguidores de Genesis, “Selling England By the Pound” es el gran disco de la banda. No somos ajenos al hecho de que tras éste, llegó “The Lamb Lies Down on Broadway”, una obra monumental en todos los sentidos pero en el que se da una circunstancia diferencial: sin llegar al protagonismo de Roger Waters en “The Wall”, “The Lamb...” es un trabajo en el que el peso de Peter Gabriel es mayor que el del resto de la banda. Por ello es posible que “Selling England By the Pound” sea un disco más representativo del funcionamiento de Genesis como una banda de cinco integrantes. En todo caso sería una cuestión de matices que sólo hablaría en favor de un grupo que ocupa un lugar muy destacado en la historia del rock.

Así sonaban en directo:


 

miércoles, 28 de marzo de 2012

Genesis - A Trick of the Tail (1976)



¿Cómo afronta una banda de rock la baja de su líder y principal figura? Y… ¿cómo afecta el cambio a sus trabajos posteriores? Ejemplos hay muchos y de todo tipo. Pink Floyd, por ejemplo, pasó en dos ocasiones por ese trance: la primera de ellas con sólo un disco publicado y la segunda tras haber llegado al punto más alto de popularidad. No salieron del todo mal parados en términos comerciales en ninguno de los dos casos. En otras ocasiones, la salida es tan traumática para la banda y para el propio ausente que terminan por volver a unir fuerzas como ocurre con Yes y Jon Anderson. No son pocas las ocasiones en las que la partida del cantante es el primer paso para la disolución de la banda, a veces de modo inmediato y otras tras un lento languidecer.

Si había una formación en los setenta en la que la figura del cantante parecía inseparable del grupo tanto por su voz como por su absoluto protagonismo en escena, esa era la de Peter Gabriel, “frontman” en el más puro sentido del término y alma de Genesis.

Ya hablamos recientemente de la partida de Gabriel de la banda así que hoy toca ver qúe paso después. La reacción del resto de miembros parece la lógica en este caso. Cuando constataron que ninguno de ellos quería tomar el relevo ante el microfono, organizaron una serie de castings en busca de un posible sustituto. Las pruebas fueron largas y por ellas pasaron cientos de candidatos según se cuenta pero ninguno parecía dar la talla. Hubo un “finalista” que parecía dar el perfil pero a la hora de la verdad, cuando se enfrentó al material que ya se había compuesto para el nuevo disco, éste resultó demasiado exigente para él se optó por descartarle. Otra opción que se barajó fue la de continuar como una banda exclusivamente instrumental, experimento que no parecía tener un futuro muy claro en el mercado discográfico a pesar de heroicas excepciones en el género como podría ser Mike Oldfield. Con todo un disco compuesto y preparado para ser grabado, la banda decidió hace una prueba y grabó algunoas tomas con su batería Phil Collins como cantante. Muy a pesar de Phil, nada interesado en el papel de líder, el resto de miembros de la banda se mostraron más que satisfechos con su actuación y decidieron que sería él su nueva voz solista.

Sin Peter Gabriel al frente, la banda nos muestra una nueva cara, más libre y menos condicionada por la arrolladora personalidad del artista. Aunque la mayoría de los temas están escritos por Tony Banks (especialmente la música), toda la banda participa en el proceso creativo. Nada que ver con el anterior trabajo en el que todas las letras eran de Gabriel, casi por imposición del cantante. El disco resultante iba a llevar el título de “A Trick of the Tail”.

“Dance on a Volcano” – Sobre un texto de Mike Rutherford, el disco se abre pleno de energía con una insistente guitarra que preludia una auténtica tormenta de ideas en la que la batería de Collins se muestra más brillante que nunca, algo que será una constante a lo largo de todo el album. A pesar de la duración del tema, uno de los más cortos del disco, hay a lo largo del mismo una gran cantidad de cambios de ritmo y transiciones que no permiten un segundo de relajación. La sección instrumental con la que termina el tema es una exhibición de rock progresivo en estado puro.



“Entangled” – Compuesta a partir de una pieza de Hackett a la que Banks añadió un estribillo que tenía escrito tiempo atrás pero que no había encontrado acomodo aún en una composición completa. La canción, basada casi exclusivamente en sonidos de guitarra de 12 cuerdas, es una preciosa balada en la que la banda se permite una serie de juegos vocales a los que no nos tenía tan acostumbrados como alguna de sus contemporaneas. La parte final, con protagonismo absoluto de los teclados y sus coros de mellotron es un cierre realmente brillante para el tema.

“Squonk” – El título hace referencia a un animal mitológico de norteamérica, mezcla de jabalí y rata que, según la leyenda, se disuelve en un mar de lágrimas cuando se vé acorralado para volver a su forma original cuando el peligro ha pasado. La letra es de Banks, quien se ayuda de Rutherford a la hora de hacer la música. Quizá vemos aquí los primeros indicios de la evolución de la banda de cara a los siguientes años con un cierto alejamiento de los esquemas del pasado y una aproximación a lo que se conoció como AOR o “rock orientado a adultos”, una de las etiquetas más dañinas que aparecieron alrededor del rock de los últimos setenta. Muchas bandas trataron de disimular su declive en la década siguiente bajo el paraguas del AOR firmando algunos de sus trabajos más prescindibles.

“Mad Man Moon” – Continuando con la peligrosa linea del tema anterior, esta composición de Peter Banks peca en no pocos momentos de una excesiva dulzura. Afortunadamente, la parte central del tema con un piano algo aflamencado rescata el tema y lo lleva a terrenos más aceptables, especialmente cuando recibe el refuerzo del resto de teclados terminando con una rítmica sección final que nos permite excusar el meloso comienzo, incluso cuando la pieza vuelve a transitar por esos caminos en sus minutos finales.

“Robbery, Assault and Battery” – Escrita en colaboración por Tony Banks y Phil Collins, nos muestra otro paso más en la evolución del sonido del grupo incorporando influencias de corrientes musicales que empezaban a ser muy populares en la época. Así, la batería y el bajo suenan a música “disco” en muchos momentos. Como ocurre en el tema anterior, encontramos en los primeros minutos un breva apunte de por dónde pueden ir las cosas en el futuro pero en su segunda parte, la canción vuelve a los derroteros más clásicos de la banda con secciones instrumentales poderosas que nos recuerdan de quiénes estamos hablando, aunque no esté ya presente Gabriel.



“Ripples…” – El tema más extenso del disco está escrito por Mike Rutherford con la aportación de Banks en la parte musical. Se trata de una balada, fundamentalmente acústica con guitarras acústicas y piano llevando la parte principal de la instrumentación. Hay muchas piezas en la discografía de Genesis en las que encontramos momentos similares pero en la mayoría de los casos, llevaban a un cambio repentino o a una progresión rítmica de esas que carácterizan a la banda pero no sucede así con “Ripples”. Cierto es que hay un interludio con Hackett a la guitarra eléctrica emulando al Robert Fripp más “cariñoso” con su instrumento, en el que extrae sonidos realmente bellos pero la sensación dominante en el tema es de que en cualquier momento va a pasar algo… y de repente se termina.

“A Trick of the Tail” – Compuesta por Tony Banks para el disco “Foxtrot” en 1972, la pieza había quedado guardada para mejor ocasión. Continuando con las historias de bestias mitológicas, la canción habla de un extraño ser sacado de una novela de William Golding que es capturado y que habla a sus secuestradores del reino del que procede: una tierra cubierta de oro y riquezas. Ante su penosa situación, les ofrece llevarles allí a cambio de su libertad pero termina escapandose. Banks no tiene ningún inconveniente en reconocer la influencia del “Getting Better” de los Beatles a la hora de escribir esta canción y es que la parte rítmica marcada por el piano es claramente deudora del tema de McCartney (y añadiríamos que el bajo también recuerda al “Fixing a Hole” del mismo disco de los de Liverpool). No deja de ser, en suma, un tema agradable sin más pretensiones.

“Los Endos” – Y parece que la banda se guardaba lo mejor para el final en forma de instrumental en el que recuperan alguna de las mejores melodías que han sonado a lo largo de los temas anteriores. “Los Endos” iba a ser un tema que daría mucho juego en directo y que nos deja con ganas de más, dada su escasa duración. En la parte final del tema hay un pequeño fragmento cantado por Collins a muy bajo volumen en el que se ha querido ver una especie de homenaje/despedida a Peter Gabriel “There’s an angel standing in the sun / free to get back home”. Aparentemente, el cantante reconoció el homenaje cuando en el estribillo de su primer single “Solsbury Hill” canta “Grab your things, I’ve come to take you home”.

Cuando apareció el disco, la crítica esperaba con las escopetas cargadas para finiquitar la carrera de Genesis como banda y, de hecho, la acogida del disco en este ámbito fue bastante fría. Sin embargo, y contra todo pronóstico, los aficionados no dieron la espalda al grupo. Muy al contrario, “A Trick of the Tail” se convirtió en un grán éxito de ventas, por encima de trabajos anteriores de la banda considerados clásicos. De hecho, funcionó tan bien que el grupo pudo recuperarse del bajón financiero y las deudas que habían contraído en el final de su etapa anterior. Para la gira del disco, ante la dificultad existente para que Phil Collins pudiera tocar la batería y cantar al mismo tiempo, se contrató a Bill Bruford para encargarse de las baquetas con lo que, en cierto modo, el músico había llegado a pertenecer a King Crimson, Yes y Genesis, la flor y nata del rock progresivo de los setenta.


Imagen de la gira en la que podemos ver a Bruford a las baquetas.

Para adquirir el disco, os sugerimos un par de enlaces:

amazon.es

fnac.es

Y como despedida, una versión en directo de "Los Endos":

domingo, 11 de marzo de 2012

Genesis - The Lamb Lies Down On Broadway (1974)



Por el blog ha pasado ya buena parte de la élite del llamado rock progresivo de los setenta pero aún faltan dos formaciones imprescindibles del género a las que van a ir dedicadas las siguientes entradas. Empezaremos con Genesis y el doble album que iba a cerrar la primera etapa del grupo, marcada por el abandono de la banda de su vocalista principal Peter Gabriel tras la publicación del trabajo.

“The Lamb Lies Down on Broadway”, como muchos otros discos ya clásicos, tuvo un proceso de creación realmente turbulento que terminó con una importante crisis en la banda con la ya citada deserción de su líder. El disco se grabó con cierta prisa y una buena dosis de improvisación. A pesar de ser un disco conceptual, su concepción distaba mucho de ser un esfuerzo colectivo y coherente de toda la banda. Por el contrario, Peter Gabriel presentó una letra realmente extraña surgida, según algunas fuentes, de una serie de sueños del cantante. En ella se narraban las alucinantes historias vividas por “Rael”, un emigrante puertoriqueño en Nueva York. En sus vivencias se mezclan abducciones extraterrestres, viajes astrales, encierros en cuevas del subsuelo, memorias perdidas de largos pasajes temporales que se van recuperando… unas letras inaccesibles y poco coherentes que han dado lugar a interpretaciones de lo más variopinto a lo largo de los años.

Mientras Gabriel, apartado de la banda por problemas personales (fundamentalmente derivados del complicado embarazo de su pareja en aquel tiempo), se encargó de construir toda la historia del disco. Mientras tanto, el resto del grupo (Tony Banks, Phil Collins, Steve Hackett y Mike Rutherford) componían toda la música del trabajo sin tener ni idea de cual iba a ser el concepto del mismo ni de los textos, la métrica, etc. en que estaba trabajando Gabriel. No todos los miembros de la banda estaban de acuerdo con esta forma de trabajar. Rutherford, por ejemplo, estaba trabajando en sus propios textos y no veía con buenos ojos que Gabriel se adueñase de esta forma de la parte lírica del disco, máxime cuando lo habitual había sido que las letras corrieran por cuenta de Gabriel y Banks a partes iguales. Como cabía suponer, dado el particular modo en que se había compuesto el disco, algunas de las partes no encajaban del todo por lo que durante las sesiones de grabación de compusieron algunos pasajes de transición para tratar de dar mayor coherencia al trabajo.

Partiendo de estas premisas, la banda terminó por construir un disco notable, quizá el mejor de toda su trayectoria. La extensión de la historia terminó por tener acomodo en el formato de doble LP. Parece que todos los clásicos grupos del rock progresivo terminaban por crear una obra monumental que no podía ser contenida en un solo vinilo y, tarde o temprano nos terminaban por regalar un disco doble, generalmente, el más complejo y controvertido de la banda.

Sin dejar de reconocer la importancia de Genesis, confesamos que no ha sido una de las bandas a las que le hayamos prestado más atención en nuestra modesta experiencia como oyentes. Es por ello que no nos atrevemos a analizar el disco canción por canción como solemos hacer. Por el contrario, haremos un somero repaso en lineas generales del mismo. Como es norma casi inquebrantable entre los grupos de rock sinfónico/progresivo, los miembros de Genesis son intérpretes excepcionales de sus instrumentos pero, a diferencia de otras bandas, no encontraremos en sus discos largos (y, por momentos, tediosos) pasajes solistas  en los que el ejecutante hace un esfuerzo por epatar el oyente que deja en segundo plano la propia composición. En los discos de la banda de Gabriel, el virtuosismo instrumental está siempre subordinado a la propia música, lo cual es muy de agradecer. Esto no quiere decir que no haya temas en los que uno u otro instrumento destaque por encima del resto pero siempre dentro de un orden. Dentro de “The Lamb…” encontramos un recorrido por los estilos más variados. Hay un cierto toque de comedia musical clásica en el tema inicial (lo cual es lógico si hablamos de una obra centrada en Broadway, por otra parte) mezclado en este caso con una referencia en el estribillo al clásico “On Broadway” de los Drifters. Hay también temas progresivos clásicos con profusión de teclados como “Fly on a Windshield”, energía a raudales en “Back in NYC”, un acercamiento a un pop sin complejos en “Counting Out Time”. Mención aparte merece, sin duda alguna, “The Carpet Crawlers”. Nuestra canción favorita del disco con mucha diferencia, construida sobre un tenue fondo de vibrantes teclados a cargo de Peter Banks en un estilo evocador del Terry Riley de aquellos años y con una aparente simplicidad que nos hipnotiza, un Gabriel más contenido que nunca nos regala una interpretación deliciosa.



“The Lamia, ya en el segundo disco, es el tema más típicamente progresivo del conjunto con espacio para pequeños solos de teclado o guitarra. Justo a continuación, “Silent Sorrow in Empty Boats” es uno de los mejores temas ambient que jamás hayamos oído. Brian Eno aparece acreditado en el disco aunque nunca se ha detallado en qué consistió concretamente su participación. De no conocer este punto, afirmaríamos que “Silent Sorrow…” recuerda mucho a la música de Eno. Sabiendo que participó en el disco, no sería descabellado atribuirle la paternidad del tema aunque nada se indica al respecto y, de acuerdo con declaraciones del propio Eno o de Tony Banks, apenas intervino en el resultado final (Banks llega a afirmar que probablemente ni siquiera debió ser acreditado) con lo que probablemente el parecido es sólo eso, un parecido casual.



Acercandonos al final del trabajo destacamos un tema típicamente progresivo como “Riding the Scree” con Banks en plan protagonista a los teclados desmelenandose ligeramente. No llega al nivel de pirotecnia de un Rick Wakeman o un Keith Emerson, lo cual se agradece, y termina construyendo una de sus mejores aportaciones al disco.

“The Lamb Lies Down on Broadway” tuvo una segunda encarnación a través de su intepretación en directo. En los meses posteriores al lanzamiento del disco, la banda se embarcó en una extensa gira a lo largo de la cual, interpretaron el trabajo de principio a fin en más de 100 ocasiones. Durante los shows, Peter Gabriel se encontraba en su salsa al poder desplegar todo su arsenal de disfraces y su puesta en escena teatral, a un paso del histrionismo. Esto no hizo sino acrecentar las diferencias entre el cantante y el resto de la banda que se sintió en muchos momentos como “el grupo de apoyo de Peter Gabriel” en palabras de Phil Collins. Esta circunstancia hacía presagiar la aparición de un conflicto serio en el grupo. No tuvo lugar. Al finalizar el tour, Peter Gabriel anunció a sus compañeros que dejaba Genesis con lo que las carreras de cantante y músicos tomaron rumbos distintos que, a día de hoy, no han vuelto a coincidir a pesar de los periódicos rumores sobre una posible reunión.

Escena de la gira de "The Lamb..."


Por supuesto, os animamos a introduciros en la historia de Rael si no lo habeis hecho aún o a recuperarla si ya la conocíais. Para los que querais haceros con el disco, os dejamos los acostumbrados enlaces:

amazon.es

play.com


Nos despedimos con dos escenas del disco en directo: Back in NYC, en directo en Berna (1975)



Y un medley con imagenes de la gira y audio de uno de los espectáculos de 1974:

jueves, 27 de octubre de 2011

Steven Wilson - Grace for Drowning (2011)



Parece mentira pero entre enero de 2010 y junio de 2011, el músico británico Steven Wilson sacó tiempo para escribir y grabar el que es su último trabajo, un album doble titulado “Grace for Drowning”.

Lo que para cualquier otro músico habría sido trabajo suficiente para varios meses, Wilson lo hizo en huecos sueltos sacados de aquí y de allá mientras se dedicaba a hacer las nuevas remasterizaciones de otros dos trabajos de King Crimson (“Starless and Bible Black” y “Discipline”) o del “In the Land of the Grey and Pink” de Caravan, se encargaba de las mezclas del último trabajo de Anathema, “We’re Here Because We’re Here”, colaboraba en el disco de Pendulum, “Immersion”, le daba los últimos toques al “Heritage” de Opeth, grababa y lanzaba el tercer disco de su banda “Blackfield” (con su correspondiente gira) y se juntaba con el cantante de los citados Opeth, Mikael Akerfeldt para trabajar en otro futuro proyecto a dúo (¡¡¡otro más!!!) bajo el nombre de Storm Corrosion. Todo esto interrumpido por el fallecimiento en mayo de 2011 de su padre lo que le obligó a suspender algunos conciertos de Blackfield.

Esta auténtica saturación de trabajos que, en realidad, viene siendo una constante en la trayectoria de Wilson en los últimos años, le había supuesto algunas malas críticas a algunos de sus discos más recientes como el último disco de Porcupine Tree, “The Incident”, o su “Insurgentes” en solitario, trabajos ambos reseñados en La Voz de los Vientos en su momento. Sin embargo, esa tendencia negativa, al menos para la crítica especializada, en la que parecía estar cayendo nuestro hombre se ha revertido por completo con este trabajo que está recibiendo encendidos elogios, incluso de aquellos sectores que empezaban a perder la fé en Wilson. Algunos de los comentarios suscitados por este trabajo son extremadamente positivos:

“Un disco realmente indescriptible pero que pide a gritos ser escuchado urgentemente”
CLASSIC ROCK.

“Un proyecto absorbente y ambicioso que nos exige escuchas continuas”
MOJO.

“Un disco denso y extremadamente coherente. Grace for Drowning alcanza la máxima brillantez. El disco progresivo del año”
TERRORIZER.

“Supone un paso adelante sensacional. Wilson es, sencillamente, imparable”
CLASSIC ROCK PROG.

“Un majestuoso paisaje sonoro creado por un innovador músico con la mirada en el futuro y a la vez, respetuoso con lo mejor que nos deja la historia del rock”.
RECORD COLLECTOR.

“La capacidad de Wilson para crear música es prodigiosa y cómo consigue alcanzar  siempre un nivel tan elevado nos sigue pareciendo un misterio. Con su segundo disco en solitario, el líder de Porcupine Tree lo ha vuelto a conseguir”.
METAL HAMMER.

“Grace for Drowning” son, en realidad dos discos separados, cada uno con su propio título. El primero de ellos lleva el nombre de “Deform to Form a Star” y el segundo el de “Like Dust I Have Cleared from My Eye”. En palabras del propio Wilson, durante el proceso de creación del disco, “la edad dorada del rock transcurrió durante la última parte de la década de los sesenta y los primeros años de los setenta, cuando el disco se convirtió en el formato por excelencia, en un medio de expresión en sí. Una época en la que los músicos se liberaron del formato pop de canciones de 3 minutos, tomando elementos del jazz y de la música clásica y combinandolos con el espíritu psicodélico de aquellos años. Sin llegar a ser “retro”, mi disco pretende homenajear este espíritu”.

La incorporación de músicos procedentes del mundo del jazz, presentes en el disco fue algo que Wilson buscaba, inspirado en sus meses de trabajo en la concienzuda (y a veces polémica) remasterización del fondo de catálogo de King Crimson que viene realizando en los últimos años, bajo la supervisión de Robert Fripp.

Pasamos a un análisis con cierto detalle del disco en sí, que es lo que realmente nos importa con el primero de los discos, “Deform to Form a Star”.

“Grace for Drowning” – El tema que abre el trabajo es un breve instrumental que comienza con unos arpegios de piano a cargo del teclista de Dream Theater, Jordan Rudess, sobre los que Wilson entona una bella melodía vocal con ciertos aires brasileñoa (nos viene a la cabeza, por ejemplo, el Nando Lauria que colaboró con el Pat Metheny Group en su momento). La voz de Wilson está doblada hasta 40 veces para lograr un efecto de coro. Como introducción, estamos ante un tema realmente efectivo y brillante que nos pone en situación para lo que llega después.

“Sectarian” – Se trata de un instrumental rock muy en la linea de los trabajos de Wilson con Porcupine Tree con elegantes fondos de autoharp, antiguo instrumento de cuerda de la familia de la zanfoña. La pieza, con toques de jazz y elementos psicodélicos, nos remite a esos primeros setenta y a los Pink Floyd o el King Crimson más experimental. El uso del mellotrón o el saxo de Theo Travis entroncan enseguida con el sonido clásico de la banda de Fripp. Junto a Wilson y Travis, intervienen en la pieza Ben Castle (clarinete), Nick Beggs (stick) y Nic France (batería).

“Deform to Form a Star” – La primera de las canciones al uso del disco nos habla ya de uno de esos lugares habituales en las letras de Wilson, en los que impera el desorden que, sin embargo, es lo que los hace realmente habitables y en los cuales esa imperfección es, precisamente, el mayor de sus atractivos. Lugares al margen de Dios y de la pulcritud casi quirúrgica que se nos ofrece habitualmente como el único estado posible en el que vivir. “This smile isn’t pure, certain or sure, cold precision was never there” reza una de las estrofas. Wilson toca teclados, guitarras y canta, acompañado de Jordan Rudess (piano), Theo Travis (clarinete), Tony Levin (bajo) y Nic France (batería). La canción, que comienza como una clásica balada de las que Wilson nos deja de cuando en cuando, nos gana definitivamente con la llegada del estribillo. La faceta del músico como guitarrista, muchas veces no suficientemente reconocida, se nos muestra aquí en una de sus mejores versiones, tanto con el sensacional sonido que le arranca a la eléctrica en distintos registros como con las breves intervenciones a la acústica. La batería de France sigue los patrones habituales del trabajo del percusionista habitual de Wilson en Porcupine Tree en los últimos años, Gavin Harrison, recientemente integrado en King Crimson como parte de ese curioso trasvase de músicos que parece estar produciendose en los últimos años entre Fripp y Wilson. En relación con esta afirmación, sin ir más lejos, en este “Grace for Drowning” tenemos hasta tres integrantes de la banda de Robert Fripp: Tony Levin, Pat Mastelotto y Trey Gunn.

“No Part of Me” – Se trata de otra gran canción acerca de la ruptura cuando los intereses de la pareja dejan de ser los mismos y la relación se sostiene sólo por rutina. Tras un comienzo más o menos tranquilo, nos encontramos de lleno metidos en otra de las clásicas secciones instrumentales casi en clave de hard rock tan habituales en la música de Wilson, quien en esta ocasión sólo toca teclados dejando las guitarras a Markus Reuter. Pat Mastelotto es el batería, Nick Beggs se encarga del solo de bajo mientras que el resto de las partes de bajo y la warr guitar son cosa de Trey Gunn. Theo Travis toca saxos y la London Session Orchestra dirigida por Dave Stewart se encarga de las cuerdas.

“Postcard” – Probablemente sea la mejor cancíon del disco y cuenta con unos arreglos realmente exquisitos. La letra nos muestra el despertar del protagonista en el suelo de su cocina, aparentemente tras un intento de suicidio fallido la noche anterior. El tono optimista de la música contrasta con lo que se narra, aunque nos hace pensar en que aún queda esperanza para el fracasado suicida a pesar de todo. En lo meramente musical, Wilson se encarga de todos los instrumentos salvo de la batería, que vuelve a ser cosa de Nic France y de la orquesta, que vuelve a ser la misma del corte anterior, acompañada de unos coros sintéticos realmente efectivos. “Postcard” es una joya de esas que aparecen en muy contadas ocasiones, incluso cuando hablamos de músicos de esta categoría.

“Raider Prelude” – Como transición hacia la última canción del CD, nos encontramos un instrumental de corte ambiental realmente oscuro que nos recuerda que, también en ese registro, Wilson es un músico tremendamente dotado como ha demostrado en muchas ocasiones en sus discos con Bass Communion

“Remainder the Black Dog” – Como cierre del primero de los discos del trabajo tenemos este corte de tintes psicodélicos que encajaría como un guante en cualquiera de las más delirantes escenas de una película de David Lynch. Un ostinato de piano recorre la pieza de principio a fín con la voz tratada electrónicamente de Wilson y el trío formado por Theo Travis a los vientos, el bajo de Nick Beggs y la batería de Nick France componiendo una escena jazzy de ambientes cargados y bombillas de esas que, en lugar de dar luz, dan sueño. Si Wilson es tan grande, lo es por temas como este en los que juega con distintos géneros con maestría combinandolos de modo que se nos antoja que el resultado ha estado ahí siempre, delante de nuestros ojos, pero sin que ninguno de nosotros alcanzara a verlo hasta que se nos revela por mediación del músico inglés. Como invitado estelar en este tema, tenemos, nada menos que a Steve Hackett a la guitarra.



El segundo disco que completa este “Grace for Drowning” lleva el título de “Like Dust I Have Cleared from My Eye”. Los acompañamientos, a excepción del tema central del mismo, son más reducidos, siendo la mayoría de los cortes dúos y tríos.

“Belle de Jour” – El tema que abre el CD es un sensacional instrumental que nos transporta inmediatamente a la Francia de los impresionistas, con una introducción de guitarra que encaja perfectamente en la tradición de los Satie, Ravel, etc, con un cierto aire romántico de cuento de Tim Burton. El único acompañamiento de Wilson en esta ocasión, es el de la London Session Orchestra.

“Index” – Con “Index” volvemos a los ambientes oscuros y a los personajes obsesivos que pueblan las letras del músico y que llegan a asustar en muchas ocasiones. Para acompañar la historia del coleccionista compulsivo que protagoniza la canción, Wilson se ayuda de la batería de Mastelotto y de la misma orquesta de los otros cortes del album.


“Track One” – Continuando con la linea del segundo disco en cuanto a acompañamientos, la batería de Nic France es el único instrumento que no toca Wilson en este tema. Se trata de una canción de corte épico, con un sensacional crescendo instrumental que nos lleva a un precioso final en el que la guitarra del músico británico es protagonista absoluta.


“Raider II” – El corte más largo de todo el album es también en el que nos encontramos la cara más inquietante del músico que nos cuenta en primera persona la historia de un asalto en el que el protagonista entra de noche en una tienda, golpea y ata al dueño y comienza lo que presumiblemente es una pesadilla con terrible final para éste último. Nos encontramos ante uno más de esos psicópatas que habitan el imaginario de Wilson. A pesar de la narración, el tema es instrumental en su mayor parte y es un efectivo resúmen de todo lo que hemos hablado hasta ahora: ráfagas de hard rock, pasajes ambientales realmente opresivos, ardientes solos de saxo como sacados de una jam session en pleno infierno y todo ello enlazado con la mayor naturalidad. Rompiendo la linea de este segundo disco, esta extensa suite cuenta con la participación de un buen número de intrumentistas. Al margen de Wilson, quien toca guitarras, piano, teclados, harmonium, percusión y bajo ademas de cantar, tenemos a Theo Travis (flautas, clarinete y saxo), Jordan Rudess (piano), Mike Outram (guitarra), Sand Snowman (guitarra), Nick Beggs (stick, bajo), Nic France (batería), los arreglos de Dave Stewart y la participación en la programación de Dave Kerzner.

“Like Dust I Have Cleared from My Eye” – El final de este sensacional viaje por la inquieta (e inquietante) mente de Wilson nos deja con otro cambio de registro volviendo a una canción más convencional, si acaso con cierto regusto “floydiano”. Otra de sus letras sobre la ruptura pero enfocada de un modo distinto. En esta ocasión, la separación es, como indica el título, “como la mota de polvo que me quito del ojo”. Un cierre tranquilo para un disco sensacional con el bajo de Tony Levin y la batería de Nic France acompañando a Wilson en la despedida.

Tenemos poco que añadir a lo ya dicho sobre “Grace for Drowning”. Los seguidores del blog ya conoceis bien casi todas las encarnaciones de Wilson en sus diferentes proyectos y sabeis que aquí se le tiene en muy alta estima. Nuestra opinión tras escuchar su último trabajo no puede sino reforzar esta idea.

Como suele ocurrir con Steven Wilson, este disco está disponible en distintos formatos, CD convencional, vinilo, digibook y edición deluxe con un libro de 120 páginas, 1 CD con material extra y un BlueRay en 5.1:







Todo este material está a la venta en su tienda oficial:

burningshed.com