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miércoles, 31 de agosto de 2022

Ludovico Einaudi - Underwater (2022)



Puestos a escoger un lugar en el que quedarse encerrado y sin poder salir durante un periodo de tiempo indeterminado, las montañas del Piamonte italiano no parece mal sitio. Y es que en esa situación se encontró el compositor Ludovico Einaudi cuando decidió tomarse unos días de descanso en una casa de campo de la zona tras terminar una extensa gira. Lo que iban a ser unos días de asueto se convirtieron en varias semanas al coincidir con el comienzo de la pandemia del COVID-19 que tuvo en Italia a uno de los países más afectados en sus primeros meses.




Esa situación de aislamiento temporal permitió al artista desconectar de todo. Por primera vez en muchos años no tenía plazos de entrega, conciertos y viajes programados, etc. Magnífica situación para ponerse a componer con total libertad (la palabra más veces pronunciada por el músico en las entrevistas promocionales del disco que saldría de ahí). Nos pasa algo curioso con Einaudi y es que la imagen que tenemos de él es siempre la de un pianista y, aunque es verdad que ese es su instrumento, lo cierto es que “Underwater”, el disco del que hablamos hoy, es solo el tercero de toda su carrera escrito y grabado para piano solo, sin participación de ningún otro sonido. La anterior entrega de estas características databa de 2001 y desde entonces, todos sus discos de estudio habían incluido cuerdas o sintetizadores como instrumentos adicionales.




El disco sigue la línea de la mayoría de trabajos de Einaudi con temas muy melódicos con un toque folk como “Luminous”, sencillos y evocadores al estilo de la Suzanne Ciani de Private Music como ocurre con “Rolling Like a Ball”. Encontramos piezas que juegan con unos pocos acordes sin demasiado desarrollo en el inicio para transformarse en una melodía de cajita de música más adelante como la tranquila "Indian Yellow", temas más rápidos como “Flora” que, con espíritu minimalista, nos ofrece una serie de veloces repeticiones de un motivo breve con muy ligeros cambios y que quizá sea lo más interesante de un trabajo que continúa con “Natural Light”, pieza reposada y de nuevo con foco en una melodía inocente de esas que a Einaudi le salen con naturalidad. “Almost June” es una de nuestras favoritas con un tema central algo más afilado que el resto del disco pero siempre dentro de los parámetros del autor. “Swordfish” sigue la línea de “Luminous” o “Natural Light”. Nos metemos en territorios impresionistas con “Wind Song” y su lento ritmo de vals antes de llegar a “Atoms”, más profunda y oscura de lo habitual en el músico italiano en contraste con la preciosista “Temple White” que nos devuelve al Einaudi más accesible y directo. Ya en el tramo final regresamos a la versión más folk del artista con la bonita “Nobody Knows” antes de cerrar el disco con “Underwater”, pieza con aire de himno que nos parece un muy buen punto final.




Es indudable que Ludovico Einaudi ha dado con una fórmula exitosa y no tiene por qué moverse de ahí. No en vano, es el artista clásico más reproducido en las emisoras de todo el mundo y eso nos lleva a reflexionar sobre lo extraño del mundo de la música. Si Ludovico hubiera desarrollado su carrera en los años ochenta y noventa, no tenemos ninguna duda de que habría sido una de las grandes estrellas de la música “new age” y seguramente, su catálogo se publicaría en sellos como Windham Hill, Narada o Private Music junto a los de nombres como George Winston, David Lanz o Michael Jones. Hoy en día, aparece en las secciones de música clásica que a los artistas citados les estaban vedadas en su momento pese a que la obra de éste y la de aquellos no se nos antoja demasiado diferente. Son tiempos distintos y quizá la escasez de propuestas de este tipo en nuestros días frente a la abundancia que había en el pasado haga que las actuales tengan una mayor consideración por parte del mundo clásico que, tampoco lo vamos a negar, es mucho más abierto hoy que entonces.




sábado, 30 de mayo de 2020

Ludovico Einaudi - Eden Roc (1999)



Con “Eden Roc”, el italiano Ludovico Einaudi se enfrentaba al clásico problema de todo artista que por fin ha conseguido llamar la atención del público con uno de sus discos: ¿cómo enfocar el siguiente paso? En el caso del músico optó por una vía conservadora. Introdujo alguna variación en cuanto a los instrumentos utilizados, incorporó algunos artistas invitados y mantuvo casi inalterado el estilo que le granjeó las primeras adhesiones masivas.

En el apartado de invitados destaca especialmente la presencia de Djivan Gasparyan, el maestro armenio del “duduk”, figura legendaria que ha colaborado con muchos de los más grandes artistas del panorama musical de las últimas décadas, desde Sting, Peter Gabriel o Brian May hasta Hans Zimmer o Brian Eno. Junto a él escuchamos también las cuerdas del Quartetto David, los sintetizadores de Alessandro Radici o la guitarra de Ricky Maja. Como solistas de cuerda tenemos a los contrabajistas Stefano Dall'Ora y Franco Feruglio, al violonchelista Marco Decimo y al violista Antonio Leofreddi.

Ludovico Einaudi


El disco, como es habitual en Einaudi, es una colección de piezas agradables al oído. Particularmente nos encanta el comienzo con esa breve “Yerevan” en la que destaca el duduk de Gasparyan sonando, enigmático, sobre un colchón de cuerdas que flotan estáticamente. El piano apenas dibuja unos breves trazos en la parte final a modo de despedida. “Eden Roc” es completamente diferente, introducida por un intenso ritmo de guitarra al que se suma el propio Einaudi, enseguida nos deja un motivo a la viola muy sencillo pero de gran belleza. Más melódica y emotiva es “Fuori Dalla Notte” con las cuerdas presentando la melodía central que se desarrolla en todo su esplendor al piano. Una de las grandes piezas del disco, sin lugar a dudas. “Due Tramonti”, en cambio, es un giro intimista en forma de dueto entre el piano y la viola de Leofreddi, una de las grandes protagonistas del disco. Con “Nefeli” llegamos al primer tema de piano solo del trabajo en el que no encontramos ninguna sorpresa: es la típica composición de Einaudi carente de riesgo. A quien le guste la música del italiano le encantará y a quien no le llame la atención le dejará indiferente. “Odessa” es un tema muy relajado que comienza con el piano pero cuya evolución se produce principalmente gracias a las cuerdas, de nuevo con protagonismo de la viola de Leofreddi y el duduk de Garparyan. Una pieza meditativa, casi “ambient” que, por lo que tiene de diferente, está entre nuestras favoritas. No falta un pequeña cuota de tensión en el disco y ésta aparece con fuerza en “Ultimi Fuochi”, composición de corte minimalista en la que se puede ver la influencia de Nyman. El trabajo de la sección de cuerda es perfecto y consigue mantenernos en vilo, especialmente durante la introducción del tema. Luego aparece el piano y todo se relaja un poco aunque siempre dentro de un nivel muy alto. Regresamos a un romanticismo marca de la casa con la excelente “Giorni Dispari”, magnífica pieza de cámara que nos demuestra que Einaudi tiene capacidad para hacer grandes cosas cuando se lo propone. Más jovial y casi “pop” es “Julia”, una melodía simpática sin demasiado recorrido que da paso a la reflexión minimalista de “Fuori Dal Mondo” que repite el esquema de “Fuori Dalla Notte” (cuerdas más piano) con un resultado tan inspirado como el de aquella. Otra de las joyas del disco. “Ultimi Fuochi II” es una miniatura de transición en absoluto despreciable ya que tiene una gran categoría y “Un Mondo a Parte” es, quizá, la composición más clasicista de todo el álbum. Seria y formalmente perfecta, tiene una fuerte carga emocional y eleva el nivel general del disco, a estas alturas, ya muy alto. “Password” vuelve al piano solo y comienza con una bagatella que luego evoluciona en su discurso hacia algo más convencional. Volvemos a Gasparyan ya cerca del final del trabajo con “Yerevan II”, un breve corte en el que el duduk dialoga con las cuerdas. Un digna continuación de la primera parte. Por fin, el cierre lo pone la extensa “Exit”, un tema tirando a ambiental con continuos diálogos entre el piano y las cuerdas que esconde una sorpresa en su final ya que tras lo que parece la conclusión de la pieza llega un largo silencio que no es sino el preludio de una coda en la que Einaudi recupera por unos instantes uno de los temas pricipales del disco.




No es Ludovico Einaudi un artista muy dado al riesgo y menos aún en estos momentos en los que empezaba a hacerse un nombre. “Eden Roc” pretendía ser, en cierto modo, una guía de viajes. El título alude a una cadena de hoteles (también algún corte como “Nefeli”) y algún otro tema lleva nombre de ciudad. Sin embargo, esa supuesta multiculturalidad no termina de reflejarse en la música más allá de la aparición de Gasparyan y es que en ningún momento las adiciones folclóricas llegan siquiera a difuminar el estilo de Einaudi. Diríamos que “Eden Roc” es uno de los mejores discos de su autor ya que está repleto de buena música pero pronto reparamos en que realmente no hay gran diferencia en este sentido entre todos los discos del italiano. Todos sus trabajos se mueven en similares parámetros estilísticos y de calidad. Por ello creemos que este es un disco tan recomendable como cualquier otro para cualquiera que desee introducirse en el mundo de Einaudi. Un mundo muy agradable, placentero y sin sobresaltos.


 

miércoles, 26 de febrero de 2020

Ludovico Einaudi - Le Onde (1996)



Uno de los legados literarios más importantes del pasado siglo, sin duda, surgió de la mano de Virginia Woolf. Por ello no sorprende que hayan existido todo tipo de manifestaciones artísticas basadas o influidas por su obra: desde novelas hasta películas pasando por libretos operísticos han tomado como punto de referencia a la figura de Woolf o a alguno de sus escritos. Dentro de estos, uno particularmente influyente ha sido “The Waves”, una novela construida alrededor de seis personajes que se expresan de forma independiente a lo largo de diferentes etapas de sus vidas durante las cuales se relacionan entre sí. No hace mucho hablamos aquí del disco que Max Richter compuso a partir de “The Waves” y hoy vamos a comentar otro disco que saca su inspiración de la misma obra.

“Le Onde” fue el tercer disco publicado por Ludovico Einaudi en su día pero realmente fue el primero en obtener un reconocimiento masivo. Un tiempo antes, la emisión en BBC Radio de “Stanze”, su trabajo inmediatamente anterior, compuesto para arpa eléctrica, provocó un aluvión de llamadas a la emisora preguntando por el autor de aquella música pero el verdadero salto a la fama se produjo en 1996 con la aparición de “Le Onde”, un trabajo para piano solo que, además, iba a marcar el estilo con el que Einaudi ha sido reconocido posteriormente.

El joven Ludovico.


“Canzone Popolare (France 1500 ca)” - El trabajo se abre con una delicada miniatura interpretada por Einaudi en pianissimo. Desconocemos si realmente es una canción popular como indica su título pero muy bien podría serlo, máxime si tenemos en cuenta que el folclore francés estuvo tan presente en sus primeras vivencias musicales como pudo estarlo Bach y es que la madre de Ludovico interpretaba este tipo de piezas al piano durante la infancia del artista.

“Le Onde” - El tema central de la obra comienza de forma reposada con una serie de arpegios muy sencillos que dan paso a un tema central muy en la linea de muchos artistas que grababan en los sellos Windham Hill o Narada en los ochenta y primeros noventa, particularmente de David Lanz. El tema es muy inspirado y ciertamente agradable aunque carente de tensión y riesgo. El esquema se repite en el segundo tramo introduciendo algunos elementos nuevos que no son lo bastante diferentes para considerarlo algo más que una variación. Con todo, estamos ante una composición de esas que hacen que inmediatamente nos preguntemos por su autor.




“Lontano” - Continuamos con una composición tremendamente pausada, con grandes silencios en su parte inicial y una evolución no exenta de una cierta solemnidad después. Es una de las piezas más reflexivas de su autor que utiliza un material realmente escueto para dibujar un tema que requiere de varias escuchas para sacarle todo el jugo.

“Ombre” - Volvemos aquí a la linea pianística que hace unas décadas habría ido sin dudarlo al cajón de la “new age”, bien cerquita de los discos “estacionales” de George Winston. Alguna pincelada de Satie aquí y allá le da un toque elegante a la repetición de motivos aunque la cosa no termina de despegar.

“La linea scura” - El comienzo es uno de los que más recuerda a Glass, en especial a sus “Metamorphosis” aunque el giro melódico es muy diferente de los que suele emplear el compositor neoyorquino. Sin embargo, este toque minimalista presente a lo largo de todo el tema lo convierte en uno de nuestros favoritos de todo el trabajo, con un romanticismo incipiente que le pega muy bien al esqueleto repetitivo de la pieza.




“Tracce” - La visión de Einaudi del minimalismo continúa con esta atractiva composición que explora terrenos por los que otros artistas como Clint Mansell han circulado también. Seguimos con los tiempos lentos y la ausencia de sobresaltos pero en esta ocasión con un punto de tensión muy de agradecer, siempre dentro de los parámetros del músico italiano.

“Questa notte” - Cambio total de estilo con esta pieza de aire folclórico, mucho más dinámica y animada que las anteriores. Por seguir con las influencias del ámbito de la música “new age”, citaremos aquí a Kostia, el pianista del sello Narada que nos habío ofrecido un disco maravilloso como fue “Suite St.Petersburg” apenas un par de años antes de la aparición de “Le Onde”. En muchos aspectos, esta pieza nos recuerda a aquel trabajo lo que no va en detrimento de Einaudi ya que la referencia se hace a título orientativo.

“Sotto vento” - Otra de las grandes piezas del disco es esta larga composición (supera los siete minutos en un trabajo en el que ninguna otra llega a los seis). Comienza de forma tranquila pero durante todo el desarrollo se intuye una evolución en segundo plano que va haciendose cada vez más presente. Escuchamos retazos de melodías que por sí mismos no nos llaman la atención pero que poco a poco se revelan como parte de un todo mayor que termina por ser fascinante.

“Dietro l'incanto” - Aunque sea una pieza independiente, su poderoso comienzo enlaza perfectamente con la atmósfera del corte anterior. Probablemente sea la pieza más cercana en espíritu a Wim Mertens e incluso se adelanta un poco al estilo que el belga iba a desplegar en su “Der Heisse Brei” unos años después. Otra composición, en suma, que pasa inmediatamente al grupo de nuestras predilectas dentro de este trabajo.

“Onde corte” - El formato de canción y la influencia popular vuelven a darse la mano en esta animada pieza que sirve para cambiar el humor del oyente tras un par de piezas más profundas. Optimista y alegre, cumple su función en el disco sin llegar a deslumbrar.

“La profondità del buio” - Toques de “jazz” se intuyen a lo largo del siguiente corte de “Le Onde”. Quizá la pieza menos estructurada, más distraída, del trabajo lo cual es muy de agradecer en los músicos de ascendencia minimalista, tendentes a crear piezas muy encerradas en un determinada esquema formal, en ocasiones, muy estricto.

“Passaggio” - Una preciosidad que no esperabamos a estas alturas del disco. La digna réplica al corte que le da título, con una melodía bellísima y sin complejos que se convierte en uno de los momentos estelares de todo el trabajo y en una de las piezas que mejor encaja el espíritu lírico del compositor con las influencias repetitivas sin chirriar en ningún instante. Pura magia.




“L'ultima volta” - El cierre es reposado y tranquilo. Apenas una serie de notas que se repiten una y otra vez con ligeras variaciones hasta poner el punto y final.


La música de Ludovico Einaudi no es particularmente original. Su admiración por Philip Glass o Michael Nyman está muy patente en su obra pero no de forma tan clara como en otros casos similares (pensamos en Max Richter, por ejemplo). Pese a ello, esta ausencia de imitación no resulta necesariamente en un estilo claramente reconocible como ocurre con el alemán. Richter, como Yann Tiersen antes o incluso Wim Mertens, tiene un sello ineludible. Su música es identificada casi de inmediato. Con Einaudi todo es más difuso. No diremos que carece de personalidad pero sí que esa personalidad no es tan marcada como en los otros casos. De cualquier forma, el talento de Ludovico está fuera de toda duda y su música es igualmente recomendable. A partir de “Le Onde”, el músico italiano se convirtió en una estrella por derecho propio y hoy en día sigue sigue siendo una de las principales referencias dentro de la música instrumental contemporánea.



 

jueves, 22 de agosto de 2019

Ludovico Einaudi - Divenire (2006)



Hay artistas con los que tenemos un problema. Lo tienen todo para gustarnos: talento, inspiración, afinidad con estilos o músicos de los que disfrutamos habitualmente... además de todo eso, están entre las recomendaciones habituales de la gente que sabe de nuestras preferencias musicales. “A ti que te gusta “x”, te tiene que gustar “y” es una frase que hemos oído en multitud de ocasiones en relación con artistas como el que hoy nos ocupa. Pese a todo, tenemos un buen puñado de discos de Ludovico Einaudi a los que no terminamos de prestar la atención que quizá merezcan.

Dentro de esa relación “particular” que tenemos con su música nos ocurre lo siguiente: escuchamos sus discos con cierta frecuencia. Cuando lo hacemos, realmente los disfrutamos mucho pero terminada la escucha no tenemos la necesidad de escuchar otro disco suyo en breve, algo que sí que nos suele ocurrir con muchos otros artistas, incluyendo varios estéticamente próximos al italiano. Quizá esa sea la razón de que en todos los años de funcionamiento del blog solo hayamos reseñado un trabajo del bueno de Ludovico. En los últimos meses hemos vuelto a incluir su obra entre nuestras escuchas más o menos habituales por lo cual, es probable que comience a aparecer por aquí más a menudo. Hoy vamos a hablar de uno de sus discos más populares, “Divenire”, aparecido en 2006 cuando Einaudi ya tenía una trayectoria muy consolidada con varios discos en el mercado. En “Divenire”, el músico grabó por primera vez con orquesta y utilizó algunos recursos electrónicos. Ese uso de la orquesta ayudó a Einaudi a llegar a un público más amplio y la gira posterior al lanzamiento del trabajo, en la que muchas de sus piezas antiguas para piano solo también se adaptaron al formato de piano más orquesta, confirmó esta apertura. En la grabación participa la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra dirigida por Robert Ziegler. También aparece el violonchelista Marco Decimo en un par de cortes. El piano y la electrónica corren por cuenta del propio Einaudi.

Ludovico Einaudi en una imagen de su web.


“Uno” - Comienza el disco con un tema más experimental de lo habitual en Einaudi en el que le escuchamos al piano pero tocando sobre una interesante serie de efectos electrónicos que llevan su música a terrenos que no solía pisar hasta este momento y la emparenta con otros artistas recientes como Olafur Arnalds o Nils Frahm. El corte es más ambiental que melódico pero eso, en la trayectoria del italiano, es más un elogio que una crítica ya que siempre ha parecido centrarse en los aspectos melódicos antes que en otras cuestiones.

“Divenire” - El primer tema en el que escuchamos a la orquesta nos la presenta en segundo plano apoyando la secuencia inicial de acordes de Einaudi a las teclas. Conforme la melodía de piano va tomando forma, las cuerdas van subiendo de intensidad y una vez que el tema se despliega en toda su extensión, la orquesta lo arropa de un modo magnífico. En la segunda parte, centrada en el piano, las cuerdas vuelven a un rol secundario pero igualmente importante, antes del clímax final, heredero directo de la mencionada parte central. De lo mejor de todo el trabajo.

“Monday” - La primera pieza del trabajo para piano abandona cualquier intención de sorprender y nos muestra al Einaudi más reconocible, con un enfoque clásico salpicado de retazos minimalistas. Es muy difícil reprocharle nada al pianista italiano ya que su música es formalmente impecable y para oyentes como nosotros, que disfrutamos la obra de pianistas que hicieron carrera en los mejores años de la “new age”, parece claro que, en comparación con aquellos, Einaudi sale ganando en prácticamente todos los aspectos.

“Andare” - El siguiente corte procede de una improvisación en directo entre Einaudi al piano y el violonchelista Marco Decimo. Con posterioridad, el compositor italiano retocó la pieza en estudio añadiendo efectos electrónicos y distintas ediciones del sonido del violonchelo para añadir nuevas capas a la composición. La base de piano recuerda mucho a la de “Divenire” pero la evolución del tema es bastante diferente.

“Rose” - Einaudi vuelve a recurrir a los efectos electrónicos para acompañar a su piano. En esta ocasión se trata de una retroalimentación sonora por la que los aparatos devuelven al músico el propio sonido de su instrumento pero invertido de forma que se construye un diálogo entre piano y electrónica muy curioso.

“Primavera” - Quizá sea esta la pieza más conocida de todo el trabajo y no nos sorprende en absoluto. Einaudi juega con elementos muy efectistas, especialmente con la orquesta que nos regala momentos de éxtasis casi “vivaldiano” que funcionan muy bien. No es nuestra composición favorita pero no podemos negar sus muchas virtudes.

“Oltremare” - Regresamos al piano solo y a los desarrollos lentos en esta pieza con toques minimalistas que nos muestra a un Einaudi brillante y desenvuelto en el territorio que mejor conoce y que le ha brindado sus mayores éxitos. En algún momento recuerda, quizá demasiado, a nuestro admirado Wim Mertens pero dada la procedencia estética de ambos, tampoco es algo que nos deba llamar la atención en exceso. “Oltremare” es, con mucho, la pieza más larga del disco con 11 minutos de duración, algo digno de ser destacado en un músico que acostumbra a realizar composiciones de alrededor 5 minutos en su mayor parte.

“L'Origine Nascosta” - Einaudi retorna aquí a la fórmula de piano más efectos electrónicos en una composición intimista con toques folclóricos en la que los samplers sirven para recrear la orquesta en momentos puntuales consiguiendo un resultado similar a los soundscapes de Robert Fripp.

“Fly” - El único tema del disco en el que aparece una guitarra eléctrica. Comienza con un piano rítmico sobre una base de guitarra y electrónica y enseguida entra en una fase de protagonismo total del piano. Esa parte de la composición es muy cinematográfica, por decirlo de algún modo, ya que evoca todo tipo de imágenes. En la parte final, el uso de la electrónica y la guitarra gana peso dibujando una conclusión con más tensión de lo habitual en la música de Einaudi lo que se agradece mucho.

“Ascolta” - Posiblemente sea esta la pieza más electrónica del disco ya que este tipo de sonidos sirven como estructura de todo el tema pese a que luego es el piano el que ejecuta toda la parte melódica. En todo caso es un tema 100% Einaudi sin sorpresa alguna.

“Ritornare” - El último corte de piano del disco es también uno de los más extensos. Comienza de forma muy pausada y continúa en esa linea meditativa durante los primeros minutos antes de entrar en el segmento central donde nos presenta el motivo principal. No es una composición que ofrezca grandes novedades para el seguidor del músico italiano pero como casi todo lo que hace, es de agradable escucha.

“Svanire” - El cierre del disco prescinde del piano y de la electrónica para ofrecernos una bonita pieza de violonchelo con acompañamiento de orquesta que nos remite casi inmediatamente a Arvo Pärt, referencia que cada vez está más presente en la música de Einaudi como quizá veamos más adelante.


Sin restar un sólo mérito a su obra, creemos que la carrera de Einaudi se ha beneficiado mucho del tiempo en el que se ha desarrollado. Su música no es demasiado diferente a la que muchos otros artistas hacían apenas dos décadas antes. De haber aparecido en 1984, sus discos habrían ido directos a las secciones de “new age” donde habrían tenido un lugar de privilegio junto a los de otros pianistas como George Winston, Michael Jones o Philip Aaberg por poner sólo tres ejemplos. Pero el buen momento de la “new age” pasó y la propia categoría terminó por disolverse hasta desaparecer de las tiendas de discos como tal, pasando la mayoría de sus artistas a formar parte de otras clasificaciones como “ambient”, “chill out”, “world music”, etc. Quizá por su imagen, su procedencia o por determinados aspectos de su música, Einaudi entró directamente en el cajón de la “música clásica” beneficiándose de que, en su tiempo, los músicos que componen principalmente para piano y con un gran componente melódico no son tantos ni tienen tanta presencia como antaño, lo que impide englobarlos en una categoría aparte. Ese tinte clásico con el que se le ha adornado hace que Einaudi hoy tenga un estatus realmente privilegiado. Es una de las estrellas del sello Decca y puede permitirse dar conciertos cuyas entradas se mueven en precios más propios de estrellas del rock y grandes divos de la música clásica llenando sin problemas los teatros más prestigiosos.

Por nuestra parte trataremos de ir reseñando poco a poco toda la obra del italiano que hasta ahora no ha tenido la presencia debida en el blog. Para los que queráis disfrutar en su totalidad de "Divenire", nos aprovecharemos de la generosidad del músico que lo pone a disposición de todos nosotros en su canal de youtube:


 

domingo, 6 de octubre de 2013

Ludovico Einaudi - I Giorni (2001)



Los años ochenta fueron, sin lugar a dudas, la época dorada de las nuevas músicas en todo el mundo. Casi cada semana aparecían nuevos discos y artistas que, con facilidad, alcanzaban cifras de ventas y de asistencia a conciertos a la altura de muchos artistas del pop y el rock. En España había multitud de programas radiofónicos y televisivos dedicados, no ya a la música (algo que hoy nos suena casi utópico) sino a música “new age”. Las secciones de discos de los grandes almacenes eran pródigas en este estilo y uno podía encontrar casi cualquier CD dando un paseo por cualquier capital de tamaño medio.

Por ello, quizá, tiene mucho más mérito la trayectoria del pianista y compositor italiano Ludovico Einaudi, que llegó un poco tarde a aquella revolución. Lo hizo en una época en la que ya sólo algunos nombres tenían sitio en las estanterías de las tiendas, el espacio en radio y TV se redujo drásticamente y la popularización de internet convertía en una hazaña vender discos. Einaudi estudió en el Conservatorio Verdi de Milan de la mano de Luciano Berio y allí adquirió una sólida base que le iba a ayudar a la hora de componer música de un modo asequible para el público pero manteniendo un marchamo de calidad que hace que hoy sea una de las estrellas del prestigioso sello clásico Decca. Contrariamente a lo que se pueda pensar, Berio, un compositor vanguardista y experimental, nada accesible a primera vista, animó a Einaudi a ir en otra línea, a hacer música sencilla, comprensible, y, probablemente gracias a ese consejo, el pianista italiano es hoy una de las más interesantes voces de la música contemporánea más cercana al público.

Sus primeros trabajos fueron, como ocurre en tantas ocasiones en este género, músicas para montajes teatrales, ballets, pequeños cortometrajes... hasta que consiguió hacerse un nombre y comenzar a publicar pequeñas cosas por su cuenta. Generalmente compone para pequeñas formaciones instrumentales. La mayor parte de las veces para piano o para piano con otro instrumento o grupo instrumental (violonchelo, sintetizador, cuarteto de cuerda...). El disco con el que presentamos a Einaudi en el blog fue el segundo de los que grabó el músico para piano solo y apareció en 2001. Berio fue una de las personalidades musicales más interesantes del siglo pasado y una buena parte de su trabajo surgió de la manipulación de materiales ajenos, transcripciones de obras de otros compositores de todas las épocas y también de iconos pop como los Beatles. Según Einaudi, Berio trabajó también con música africana y le recomendó acercarse a ese continente musical. De ahí nace la idea de “I Giorni”.

Cuenta el propio Ludovico cómo todo el disco surgió, precisamente, durante un viaje a Mali. En el libreto del CD aparece la siguiente historia: “una noche, tiempo atrás en Bamako, Mali, iba en coche con el músico Toumani Diabate. Hacía calor. Llevábamos la radio encendida y en un momento determinado me atrapó una canción. Era una melodía tan dulce como melancólica. Mientras conducía, Toumani me dijo que era una de las grandes canciones del repertorio mandi y que databa del siglo XII. Se titula “Mali Sajio” y cuenta la historia de un hipopótamo que vivía en la confluencia de dos ríos en armonía con los habitantes de una aldea cercana que lo trataban como si fuera uno más de ellos. Un día, el hipopótamo fue asesinado por un cazador y desde entonces, esa canción se canta siempre que un rey o una persona importante muere y también en recuerdo de los seres queridos que nos dejan”. Curiosamente, esa melodía concreta no aparecería en “I Giorni” pero sí en un disco posterior de Einaudi. Sin embargo, la influencia africana fue fundamental en varios de los cortes del disco que hoy nos ocupa y no necesariamente en aspectos puramente musicales.



“Melodia africana I” – Abre el disco una delicada melodía con aire de canción sacada de una cajita de música. Simple, juguetona y encantadora a partes iguales. Una pieza delicada y frágil que nos da una idea muy fiel de la música que vamos a escuchar en el resto del disco y, por extensión, del estilo de su autor.

“I due fiumi” – La primera vez que oímos hablar de Einaudi fue como recomendación en un foro de seguidores de Wim Mertens e indudablemente, piezas como ésta nos ponen sobre la pista de una relación estilística entre los dos compositores. En muchos aspectos, esta pieza encajaría muy bien en un disco como el “A Man of No Fortune and With a Name to Come” del belga.

“In un’altra vita” – Una pieza luminosa y melancólica al mismo tiempo, con una difusa raiz minimalista pero una mayor vocación por la melodía de lo que es habitual en artistas del género. Einaudi nos regala una composición brillante dividida en dos partes, la segunda de las cuales es de una delicadeza insuperable que nos demuestra que no estamos ante un pianista al uso, de los que abundaban en la “new age” de los ochenta sino de un compositor que se encuentra a otro nivel.

“Melodia africana II” – Segunda de las composiciones que, de ser cierto lo que indica el título, estarían basadas en músicas escuchadas por el músico en su viaje a través de Mali. Hacemos la puntualización “de ser cierto” porque no terminamos de identificarla con el continente africano en ningún caso siendo, por el contrario, muy fiel al estilo compositivo del propio Einaudi.

“Stella del mattino” – Continuamos con una composición sencilla y directa, un poco infantil, quizá. Encontramos que el tono es bastante más ligero que en otras piezas del disco lo que viene bien por lo que aporta de variedad al conjunto.

“I giorni” – El tema que da título al disco nos recuerda bastante al estilo compositivo de otra figura de las “nuevas músicas” que aún no ha aparecido por el blog pero que terminará haciéndolo tarde o temprano: la norteamericana de origen italiano Suzanne Ciani. Se trata de una pieza agradable pero que no nos despierta una mayor curiosidad.

“Samba” – Una serie de arpegios iniciales nos acerca, siquiera de un modo inconsciente, a la música de Philip Glass pero no tardamos en percatarnos de que era sólo una impresión inicial. La pieza tiene un aire repetitivo, cierto es, pero el músico al que más se acerca es otro maestro del piano como George Winston. Con todo, es una de los temas más interesantes del disco, en nuestra opinión.



“Melodia africana III” – Con una base muy similar a la de la primera de las “melodías africanas” del disco aunque un poco más rápida, la pieza comparte muchas de las características de aquella hasta el punto de poder pasar por una variación de aquel tema.

“La nascita delle cose segrete” – Einaudi no guarda grandes sorpresas en su repertorio por lo que nadie debe llevarse a engaño al escuchar su música. En esta pieza escuchamos las claves principales de su estilo: música tranquila, profunda pero no oscura, accesible pero no banal y con una característica muy importante y nada fácil de lograr y es que transmite, conecta a la primera con un público muy amplio.

“Quel che resta” – Una de nuestras piezas favoritas del disco en la que las variaciones armónicas tienen un peso más importante que la melodía, más difusa de lo habitual en el italiano. Encontramos en este tema sensaciones que pocos músicos nos hacen sentir y que quizá sean el secreto que todo compositor busca, sin llegar a encontrarlo nunca en muchos casos.

“Inizio” – A pesar de ser una denominación con la que la mayor parte de los músicos a los que se les adjudica no están de acuerdo, Einaudi entiende que el adjetivo “minimalista” encaja bien con su música. Es evidente que no estamos ante un ejemplo de músico repetitivo pero sí que hay ciertas bases en su música que proceden de esa corriente y esta pieza tiene mucho de ello.

“Limbo” – Otra influencia que se suele atribuir a la música de Einaudi es común a Mertens, Roger Eno, Harold Budd y tantos otros artistas contemporaneos. Hablamos de Erik Satie. “Limbo” sería un buen ejemplo de esa economía de medios, esa melancolía siempre presente en segundo plano y esa utilización ajustada de los recursos melódicos, sobria, elegante y sin espacio para la floritura.

“Bella notte” – Llegamos al que probablemente sea el mejor tema de todo el disco. Aquel en el que Einaudi toma prestados recursos típicamente “mertensianos” (esas progresiones que parecen sacadas del “Lir” de su “Maximizing the Audience”) y les complementa con elementos de su propia cosecha para firmar una composición casi perfecta, dividida, como ocurría con “Samba” en dos partes muy diferentes: la primera, llena de dinamismo e inspiración y la segunda, íntima y frágil. Un tema imprescindible.



“Canzone africana IV” – Por algún motivo que se nos escapa, esta nueva variación sobre el tema africano con el que se abría el disco cambia el término “melodía” por el de “canción” aunque respeta el ordinal que le correspondería en la sucesión de “melodías”, esto es, el “IV”. Anécdotas aparte, asistimos, como acabamos de señalar, a una variación sobre algunas de las músicas ya presentadas en las anteriores “melodías africanas” lo que sirve a la perfección como cierre del disco.


Creemos que Ludovico Einaudi tiene un gran mérito por hacerse un hueco en un panorama musical que no era ya el más propicio para su estilo compositivo cuando empezó a sonar en las radios. Unos años antes, artistas con mucho menos talento que él eran habituales en programas de radio, sintonías televisivas, anuncios etc. Muchos de ellos hoy han sido olvidados mientras que Ludovico, muy al contrario, se ha hecho un hueco cada vez mayor en las discotecas de los aficionados. Su obra no es revolucionaria. No supone ningún tipo de ruptura con lo anterior y ni siquiera tiene un estilo inconfundible, un sello personal que nos haga exclamar su nombre tras escuchar unos pocos acordes. Sin embargo, es muy bueno en lo que hace y, además, en cierto modo inspira a una nueva generación de artistas italianos como Giovanni Allevi o Matteo Sommacal, que están creando una suerte de “escuela italiana postminimalista” de resultados cada vez más interesante. Ha tardado mucho en aparecer por aquí Einaudi pero estamos seguros de que seguirá teniendo un hueco en este blog en el futuro. Los interesados en “I Giorni”, lo pueden adquirir en los enlaces habituales.

amazon.es

fnac.es
Nos despedimos con una versión en directo del tema que da título al disco en una versión con orquesta:


jueves, 25 de julio de 2013

Daniel Hope - Spheres (2013)



En las últimas décadas, los límites entre la música culta, clásica o cualquier denominación que queráis utilizar y otros estilos se han difuminado hasta ser prácticamente inexistentes. Vangelis ha publicado discos en un sello como Deutsche Grammophon, otros sellos clásicos dedican grabaciones a versiones de Tubular Bells y estrellas consagradas del ámbito más púramente académico graban en discos de estrellas del pop. En este contexto, proliferan discos como el que hoy queremos comentar aquí.

Daniel Hope es un violinista sudafricano residente en Viena. Hijo del escritor y periodista Christopher Hope, se trasladó a muy temprana edad a Europa pero no fue la de su padre la influencia que marcaría su futuro profesional. Su madre era secretaria y más tarde manager de Yehudi Menuhin y es muy probable que ese contacto con el mítico violinista y director fuese el que inclinara al pequeño Daniel hacia el violín.

Tras completar sus estudios, Hope tocó con las mejores orquestas y entró a formar parte del mítico Beaux Arts Trio, una de las formaciones de cámara más renombradas de la segunda mitad del siglo pasado. Actualmente es uno de los artistas más populares del sello Deutsche Grammophon y recientemente ha publicado un disco en el sello en el que aparecen gran cantidad de compositores habituales en el blog por lo que era casi obligado dirigir nuestra atención hacia “Spheres”. A lo largo del disco, Daniel Hope repasa obras de compositores clásicos y las acompaña con otras de músicos contemporáneos consagrados y piezas de autores jovencísimos de la actualidad que, en muchos casos, conocen aquí su primera versión grabada.

Intervienen en el disco, aparte del propio Hope, Jacques Ammon (piano), Chie Peters (violin), Jual Lucas Aisemberg (viola), Christianne Starke (violonchelo), Jochen Carls (contrabajo), la Deutsches Kammerorchester Berlin y miembros del Rundfunkchor Berlin, todos dirigidos por Simon Hasley.

Daniel Hope en acción

“Sonata for violin and continuo” – Abre el disco una pieza del compositor barroco alemán Johann Paul Von Westhoff, violinista destacado y uno de los primeros autores en escribir piezas para violín solo. La aquí seleccionada es una composición que requiere de buenas dosis de virtuosismo y que nos muestra cómo muchas músicas contemporáneas que creemos innovadoras, tienen profundas raíces en épocas pretéritas y pensamos en algún fragmento para violín de “Einstein on the Beach”.

“I Giorni” – Aunque ha sido mencionado en alguna ocasión de pasada por aquí, nunca le hemos dedicado una entrada al compositor italiano Ludovico Einaudi, algo que habrá que corregir en el futuro. “I Giorni” es uno de sus discos más celebrados y su pieza central, de gran belleza, es una de las escogidas por Hope para integrar el disco.



“Echorus” – Rara es la colección de música contemporánea que no incluya una pieza de Philip Glass. La elección de esta composición concreta puede estar relacionada con el hecho de que el músico norteamericano la dedicó expresamente a Yehudi Menuhin, mentor de Hope. “Echorus” es, en realidad, un arreglo para dos violines y orquesta del “Etude No.2” para piano del propio autor. En esta forma, indudablemente, la pieza gana en presencia y se convierte en una obra notable.

“Cantique de Jean Racine, Op.11” – Hope abre un hueco a la música del cambio de siglo del XIX al XX en la figura del francés Gabriel Faure. Estilísticamente, se trata de una composición que podría parecer fuera de lugar en el contexto del álbum pero la extraordinaria capacidad para la melodía del compositor galo está muy directamente emparentada con la música de Einaudi, por ejemplo, con lo que, en realidad, Hope estaría estableciendo puentes entre distintas épocas con gran acierto.

“Prelude No.15 for violin and piano” – Muy de agradecer es la presencia de compositores, no ya contemporaneos sino, como reza el tópico, insultantemente joven como es la norteamericana (rusa de nacimiento) Lera Auerbach, que aún no ha cumplido los cuarenta años. En el disco tenemos dos muestras de sus preludios para violín y piano. El que hace el número 15 es una preciosa pieza muy íntima, llena de matices que te obligan a subir el volumen del reproductor para apreciarlos en su totalidad.

“Fratres for violin, string orchestra and percussion” – Poco podemos añadir sobre Arvo Pärt y su “Fratres” a estas alturas. La versión que aquí escuchamos es una de las más interpretadas y, quizá nuestro formato favorito de la pieza. En cualquier caso, siempre es recomendable revisar a este autor y esta obra en concreto.

“Wild Swans Suite” – Otra joven compositora (aunque no tanto ya que nació en 1957) de origen ruso y nacionalidad australiana es la siguiente en aparecer por aquí. Elena Kats-Chernin aparece con una selección de su ballet “Wild Swans”. Es trata de una pieza alegre y ensoñadora con un aire de cuento de hadas construida alrededor de un diálogo entre el piano y el violín. Un gran descubrimiento.

“Musica universalis” – Continuando con los nuevos compositores, llegamos a Alex Baranowski, nacido en 1983. Autor de bandas sonoras, colaborador de grupos de música pop, electrónica, etc. La obra seleccionada por Hope para su inclusión en el disco es una preciosa pieza llena de sensibilidad cuyo estilo nos recuerda al de otro autor que ha aparecido por aquí en algún momento como es Rene Aubry. Esta grabación es la primera que se hace de la pieza.



“Spheres” – Nacido en 1975, Gabriel Prokofiev es nieto del afamado compositor ruso Sergei Prokofiev. Combina piezas electrónicas con composiciones más convencionales desde el punto de vista formal como la que aquí aparece: un tema oscuro con tintes inquietantes y un punto de suspense que continúa la senda abierta por autores recientes como Ligeti o Messiaen. Como en el caso anterior, su presencia en el disco supone un estreno mundial en formato grabado.

“Berlin by Overnight” – Max Richter se ha ido construyendo una interesante carrera como compositor electrónico tras dejar Piano Circus, una interesante formación dedicada a la música contemporánea de raíces minimalistas. Tras colaborar con Future Sound of London, se lanzó a una carrera en solitario que ha dado ya varios discos que aparecerán por el blog en algún momento. Recientemente ha alcanzado un cierto éxito con una revisión radical de las cuatro estaciones de Vivaldi para el sello Deutsche Grammophon en la que también participa Daniel Hope. En “Berlin by Overnight”, Richter firma una pieza que podría pasar perfectamente por obra de Philip Glass ya que reúne todas las características de la música del de Baltimore. Una gran pieza en todo caso, a pesar de su brevedad.

“Biafra” – Segunda aportación de Baranowsky al disco, una pieza íntima y reflexiva que continúa con la linea de su anterior aparición en el disco.

“Lento” – Aleksey Igudesman es un compositor ruso nacido en 1973 que ha dedicado buena parte de su carrera a explorar la música de violín en diferentes tradiciones folclóricas. En este movimiento, el músico refleja la influencia de nombres como Pärt o Gorecki en el tratamiento de la orquesta y muy especialmente en el coro aunque la parte de violín es mucho más expresiva y apasionada que la de esos autores, recordando en cierto modo a Debussy. Se trata de la primera grabación realizada de la obra.

“Passagio” – La segunda pieza de Einaudi presente en el disco es este corte de su disco “Fuori dal mondo”, una de sus mejores composiciones y que, además, se adapta como un guante al estilo de Hope. Si no conocéis la música del italiano, estamos seguros de que os enamorará con esta pieza, con un cierto aire folclórico y una belleza intemporal.

“Prelude No.8 for violin and piano” – Vuelve a sonar la música de Lera Auerbach con otro de sus preludios. En esta ocasión con un aire romántico muy marcado que nos encanta, aunque, como en el primero aparecido en el disco, su música es muy tenue, muy delicada y requiere de un esfuerzo extra para su escucha.

“Benedictus” – No es la primera vez que aparece Karl Jenkins en el blog y seguro que tampoco es la última. Escuchamos aquí un fragmento de su misa “The Armed Man”, una pieza entregada por completo a la melodía, sin experimentos ni florituras. Música auténtica llena de sensibilidad que le brinda al violín de Hope una oportunidad de lucimiento. La parte coral tiene una clara influencia de Faure con lo que la inclusión en el disco del músico francés, un autor sin mucha relación aparente con el resto, se revela poco a poco como imprescindible.

“Prelude and Fugue in E minor, BWV855” – Como contrapunto a tanto compositor actual, Hope introduce aquí una pieza de Johann Sebastian Bach. Se trata de un arreglo de una de las piezas incluidas en “El clave bien temperado”. Como ocurre con toda la buena música, funciona a la perfección en casi cualquier versión y la incluida aquí corrobora esa afirmación.

“Trysting Fields” – Michael Nyman aparece representado aquí con un fragmento de la banda sonora de “Drowning by Numbers”, escrita por el músico a partir de material de la Sinfonía Concertante de W.A.Mozart. Sin duda, se trata de nuestra obra favorita de Nyman, al menos de entre las escritas para acompañar a las películas de Greenaway. La versión de Hope es bastante más intensa que la de la propia Michael Nyman Band y eso es decir mucho aunque ayuda que el arreglo se haya cuidado mucho para resaltar el papel del violín del sudafricano de un modo mayor que en la partitura original.

“Nachpiel” – Karsten Gundermann, compositor alemán nacido en 1966 es el escogido para cerrar el disco con un fragmento de su obra dedicada a Fausto que sirve, además, como primera grabación publicada de la pieza. Un final muy adecuado por otra parte, para un disco notable hacia el que conviene dirigir la vista (deberíamos decir el oído) si estamos interesados en descubrir nuevos compositores.


Lo interesante de Daniel Hope y que le diferencia de la mayoría de sus colegas de profesión es su hiperactvidad. Al margen de su faceta interpretativa, también lleva un videoblog en el que informa de sus actividades. Además de eso, con cierta regularidad organiza conciertos benéficos para los que recluta a lo más granado de entre sus colegas. Especialmente activo se muestra a la hora de recordar todo lo relacionado con los acontecimientos sucedidos durante la época de Hitler. Así, ha conmemorado la noche de los cristales rotos, ha dado recitales centrados en la música de compositores checos que fueron encerrados en campos de concentración, etc. No contento con esto, participa en la organización de diferentes festivales por todo el mundo en los que no sólo se escucha música “clásica” sino que tienen cabida todo tipo de estilos. Su versatilidad como intérprete, por otra parte, le ha llevado a grabar música de todos los periodos y autores siendo esta la primera vez que se sumerge en la obra de compositores contemporáneos. Por ello, encontramos el disco muy recomendable para todos los seguidores del blog que lo podrán adquirir, como siempre, en los siguientes enlaces:

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Os dejamos con un trailer promocional del disco: