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domingo, 14 de enero de 2018

Radiohead - A Moon Shaped Pool (2016)



La tarea de “cerrar” un disco por parte de un artista no siempre es sencilla. Pensemos en el modelo habitual en el que un músico o grupo se plantean publicar nuevo material. Lo normal es que exista un trabajo previo consistente en un puñado de composiciones de entre las cuales se escogen las más interesantes, se seleccionan los arreglos más adecuados y, eventualmente se graban. Parte del material terminará descartándose y el resto pasará a formar parte de un flamante nuevo disco.

No parece muy complicado en principio pero hay varias trampas en el camino. En muchos casos, los artistas tienen entre manos grandes canciones que no terminan de funcionar por más vueltas que les den y terminan en un cajón a la espera de un momento mejor. Algo así pasó con varios de los temas del disco que hoy comentaremos. Fueron escritos tiempo atrás (en algún caso, mucho tiempo) y no terminaron de convencer a sus autores no en una sino en varias ocasiones hasta el punto de que fueron incorporados a las sesiones de grabación de hasta tres discos diferentes separados por varios años no consiguiendo en ninguno de los casos dar con la tecla. Y es raro. Es raro porque los miembros de Radiohead no se caracterizan precisamente por ser estrechos de miras y en su ya larga trayectoria han tocado suficientes palos como para que, siquiera por casualidad, alguna de esas canciones terminase por funcionar.

En 2016 iba a aparecer por fin un nuevo disco de la banda de Thom Yorke que, a la postre, iba a ser uno de los más complicados por muchas circunstancias. Por un lado, costó bastante poner en marcha los engranajes del grupo tras un tiempo en el que varios de sus componentes habían estado centrados en proyectos propios y los que no, participaron de alguna forma en los de sus compañeros como es el caso de Colin Greenwood que trabajó en el segundo disco de Yorke en solitario. Philip Selway también iba a lanzar un trabajo propio y Thom Yorke lanzó el ya citado disco propio además de poner en marcha la superbanda Atoms for Peace que, a la postre, estaba formada por músicos que ya habían acompañado al cantante en la gira de su primer trabajo. Pese a todo, quizá el más activo de todos fue Jonny Greenwood, muy implicado en su faceta como autor de bandas sonoras y como compositor de corte clásico.

A la dificultad de volver a retomar las inercias de la banda se sumaron varias circunstancias más que influyeron en el calendario de creación y grabación del disco que hoy comentamos. En ese periodo el productor Nigel Godrich sufrió la muerte de su padre, Thom Yorke se divorció y todo el trabajo en el disco tuvo que interrumpirse cuando la banda recibió el encargo de crear la canción central de la banda sonora de “Spectre”, a día de hoy, aún la última entrega de la saga de James Bond. La repercusión de todos los films del agente secreto es tal que el tema principal de cada entrega termina por ser uno de los éxitos del año en todas las listas. Un repaso a los artistas que han contribuido con sus canciones a la saga nos descubre nombres como los de Shirley Bassey, Tom Jones, Nancy Sinatra, Paul McCartney, Duran Duran, A-Ha, U2, Tina Turner, Madonna, Sheryll Crow, Garbage, Alicia Keys o Adele así que la posibilidad de formar parte de la franquicia no era una cuestión menor. Los miembros de Radiohead se pusieron manos a la obra para grabar “Spectre” aunque al final el tema fue descartado lo que provocó los lamentos de Godrich por la interupción que supuso en la creación del disco y toda la energía que se invirtió en la canción para nada.

Superada la interrupción se retomaron las sesiones de grabación y unos meses más tarde cristalizaron en un disco. El nuevo trabajo de Radiohead iba a llevar el título de “A Moon Shaped Pool” y en él se iba a producir un cambio de estilo notable en cuanto a los arreglos del que creemos que era responsable, en gran medida, Jonny Greenwood y sus recientes escarceos con la música orquestal. El disco iba a contar con la presencia de la London Contemporary Orchestra and Choir, quienes ya habían grabado la banda sonora de “The Master” compuesta por el propio Greenwood. En discos anteriores como “Amnesiac” o  “In Rainbows” ya habíamos escuchado secciones de cuerda y coros pero nunca con tanta presencia como aquí.

Los miembros de Radiohead. No son sus fotos del DNI (esperamos).


“Burn the Witch” - La canción que abría el disco y que sirvió como adelanto promocional del mismo no era precisamente nueva. Fue compuesta alrededor de 1999 y se grabó en las sesiones de hasta tres discos diferentes de la banda siendo siempre descartada hasta esta ocasión. El comienzo es enérgico con una combinación de violines, percusión y bajo que da como resultado un sonido realmente extraño. Hasta Yorke canta de un modo más contenido que de costumbre. Superada la introducción las cuerdas empiezan a sonar más limpias y empiezan a ganar presencia otros instrumentos como el bajo. Una canción sorprendente pero que gana mucho con las sucesivas escuchas.




“Daydreaming” - La electrónica en clave ambient abre el siguiente corte en un comienzo en el que paulatinamente reclama atención el piano con una serie de acordes minimalistas. El sonido es difuso y nos recuerda al del Harold Budd que colaboró con Brian Eno o a artistas más recientes como Nils Frahm. La producción es exquisita y el uso de efectos electrónicos y “sampleados” vocales, muy sutil. Una pequeña joya.




“Decks Dark” - Sin salir de las atmósferas electrónicas, un sencillo ritmo programado marca la diferencia con el corte anterior. El piano pasa a un plano más importante con unos sencillos arpegios que nos llevan al tema central, ya con la batería y las guitarras incorporadas a la mezcla. El coro femenino comienza a sonar sumergiéndonos en un ambiente realmente onírico durante unos instantes. Es uno de los temas más “convencionales” del disco si es que el término es aplicable a una banda como Radiohead.

“Desert Island Disk” - Cambio de rumbo con la aparición de las guitarras acústicas en un comienzo que no tiene mucho que ver con lo que habíamos escuchado hasta ahora. Poco a poco van apareciendo arreglos electrónicos, sin embargo, que pronto nos llevan a un terreno más cercano al que ya conocíamos.

“Ful Stop” - Uno de los cortes ya estrenados que sonó en el tour de “The King of Limbs”. Se trata de una canción con clara influencia “krautrock” como se ve desde el comienzo con un ritmo electrónico constante ocupando todo el tema. La linea de bajo es también repetitiva y es en las texturas electrónicas donde se dibujan los brochazos melódicos. Yorke canta de forma escueta lo que parecen frases sueltas antes de repetir obsesivamente un único verso: “Truth Will Mess You Up”. De las canciones más interesantes del trabajo en nuestra opinión.

“Glass Eyes” - Con unas notas distorsionadas de piano se abre la siguiente balada. Yorke se ve arropado por las cuerdas en un sofisticado arreglo instrumental que quizá habría sido merecedor de un desarrollo algo mayor pero si hay algo en este disco que lo diferencia de otros de la banda es la concreción de los temas y la huida de cualquier elemento superfluo.

“Identikit” - Otra de las canciones estrenadas en la gira del disco anterior. Lo más interesante en esta ocasión son los juegos vocales que se sostienen en medio de un entramado rítmico con ocasional presencia de sintetizadores analógicos deliberadamente sucios, al estilo de los Depeche Mode de la última época.

“The Numbers” - Apreciamos un cierto aire “retro” en la siguiente canción, con un regusto a los Pink Floyd de los años sesenta o, quizá más precisamente, a bandas modernas que recrean aquellos sonidos como AIR, especialmente en cuanto empieza a sonar el bajo combinado con la guitarra acústica y el piano. Los coros femeninos y las cuerdas, tan cinematográficas, inciden en ese parecido con el dúo francés. Con todo, es esta otra de las canciones que nos han llamado más la atención.

“Present Tense” - Es dificil hacer un tema con ritmo de “bossanova” (algo acelerado, eso sí) y que siga sonando por los cuatro costados a Radiohead pero, superada la perplejidad inicial, la banda lo consigue con la mayor naturalidad. Los coros y los arreglos de órgano no terminan de convencernos y parecen más acordes con una película veraniega de los años sesenta que con un disco de Radiohead pero tenemos la sensación de que esta canción ganará con el tiempo.

“Tinker Taylor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief” - Otra clásica balada de la banda con un Thom Yorke en su registro habitual respaldado, o eso nos parece, por el uso de “auto-tune” en algún momento. El acompañamiento es sencillo el principio (Fender Rhodes y platillos) y va enriqueciendose conforme avanza la canción con mención especial, una vez más, para el bajo y las cuerdas que se apropian de la sección final en una coda realmente brillante.

“True Love Waits” - Cierra el disco una canción que, pese a no haber formado parte de ningún disco de estudio, era una de las favoritas de los fans ya que procedía de la época de “The Bends” y había sido interpretada en directo en muchas ocasiones. Formó parte en 2001 del EP “I Might Be Wrong: Live Recordings”. Se trata de una balada que aquí se presenta con arreglos de piano, de nuevo muy cercanos al “ambient” y que funciona realmente bien.

De todos los giros estilísticos que han experimentado desde sus inicios, el de “A Moon Shaped Pool” quizá sea el más conservador o, dicho de otro modo, el menos traumático desde un punto de vista formal. También puede ser visto como un buen resumen de todo su trabajo anterior ya que encontramos en él trazas de todos sus discos anteriores o, al menos desde “OK Computer” en adelante. En nuestra opinión, los arreglos de cuerda, principal novedad del trabajo, funcionan muy bien y hacen las veces del pegamento que sostiene la estructura del disco y le dota de una gran coherencia. Es un disco, además, que tiene una rara característica que ya hemos dejado caer anteriormente: mejora con las escuchas, algo nada común y que suele distinguir a los buenos trabajos del resto. Por ello, quizá, hemos tardado tanto en comentarlo aquí, error que no queríamos dejar pasar más tiempo sin subsanar.

Nos despedimos con una versión en directo de uno de los cortes del disco:

 

domingo, 1 de febrero de 2015

Radiohead - Hail to the Thief (2003)



Tras el impacto conseguido con “OK Computer”, la música de Radiohead sufrió una transformación radical, especialmente en cuanto a la instrumentación. Los dos discos siguientes nos mostraron a una banda cuya paleta sonora había incorporado la electrónica en grandes cantidades lo que provocó un importante desconcierto entre sus seguidores y, no sin verse sacudida por la sorpresa inicial, una reacción de la crítica mayoritariamente favorable.

Hablamos de los dos discos posteriores, “Kid A” y “Amnesiac” casi como si de uno sólo se tratase ya que todas las grabaciones y temas pertenecían a las mismas sesiones. Durante aquellos meses, la banda cambió por completo su forma de trabajar. Hasta “OK Computer”, siempre habían buscado un enfoque directo en su música, con interpretaciones casi en vivo y la menor cantidad de retoques y trabajo de estudio posibles. La incorporación de tantos elementos electrónicos en las nuevas canciones obligó a una mayor elaboración posterior, a muchas horas empleadas en dar forma a sonidos y texturas en detrimento de la propia ejecución de la música en directo. No se trata de que el grupo renegase de ese modo de hacer las cosas pero en entrevistas de la época indicaban que aquel método había sido agotador y que no serían capaces a corto plazo de volver a hacer algo así.

No se trataba tampoco de volver al modus operandi de los viejos tiempos porque la electrónica casaba perfectamente con la música del grupo y no había motivo alguno para descartarla pero sí de reducir todo el trabajo de laboratorio posterior a la grabación al estrictamente necesario. La música sonaría muy cercana a lo que la banda podría ejecutar en vivo. De hecho, varias de las canciones fueron probadas en la gira de “Amnesiac” con este enfoque y funcionaron bien; realmente bien, ya que algunas eran descartes de los discos anteriores que no llegaron a sonar como la banda quería entonces y que ahora parecían haber encontrado su forma más adecuada. La formación de Radiohead en el disco es: Thom Yorke (voz, guitarra, piano, electrónica), Jonny Greenwood (guitarra, Ondas Martenot, electrónica, piano de juguete y glockenspiel), Colin Greenwood (bajo, teclados), Ed O'Brien (guitarra, voces) y Phil Selway (batería, percusiones).

Radiohead.

“2+2=5” - Una serie de sonidos electrónicos sincopados acompañan a la guitarra acústica y la voz de Yorke en los primeros compases del disco. Thom canta al natural, sin la gran cantidad de efectos, distorsiones y aditamentos de los dos trabajos anteriores y eso nos lleva a fijarnos de nuevo en la gran expresividad del líder de Radiohead. La canción enseguida se transforma en un torbellino de energía en el que apreciamos algunos elementos del sonido primario de la banda en discos como “The Bends” aunque muy evolucionados. La canción concluye de forma abrupta en su momento más intenso.

“Sit Down. Stand Up” - Un ritmo muy básico abre una canción acompañando al siempre delicado sonido del glockenspiel y a las guitarras. El tema se basa en una repetición, casi a modo de letanía, del título mientras se van sumando instrumentos a la mezcla hasta construir un ambiente poderoso e inquietante que se transforma en una suerte de drum'n'bass frenético hasta el final.



“Sail to the Moon” - Cambiamos de estilo con un tema tranquilo de piano y guitarras en sus comienzos que torna hacia sonoridades cercanas a Pink Floyd cuando se une la batería y algún aditamento electrónico. Es entonces cuando comienza a cantar Thom en ese frágil falsete tan característico y la balada gana muchos enteros. Uno de los grandes momentos del disco, en nuestra opinión.

“Backdrifts” - “Loops” electrónicos nos reciben en el comienzo de una de las piezas más sintéticas del disco. Yorke empieza a cantar junto con una agresiva caja de ritmos que late de modo irregular. Es fascinante el uso que hacen los miembros de Radiohead de los sonidos electrónicos, muy diferente al de cualquier otra banda pero lleno de sofisticación. Todo parece extremadamente sencillo pero la realidad es que hay un trabajo muy complejo detrás de piezas como esta.

“Go to Sleep” - La guitarra del comienzo con un riff muy simple nos traslada casi de inmediato a territorios propios del rock americano de los noventa, cercano al “grunge” y más o menos por esa senda transcurre la canción que podría ser un guiño a los comienzos del grupo con “Pablo Honey” o “The Bends”. EL tema fue el segundo single del disco.



“Where I End And You Begin” - Una introducción de corte ambiental abre una pieza que pronto se sube a lomos del bajo. Éste, con una melodía adictiva nos conduce durante toda la canción en la que tenemos que destacar también la batería de Selway. Hay algo de U2 en la melodía central de una canción que, pese a estar entre lo más “comercial” del disco, no deja de ser un gran tema.

“We Suck Young Blood” - Un melancólico tema de piano abre una canción con aire de balada gótica, impresión reforzada por el quebradizo hilo de voz con el que Yorke canta y por el fúnebre acompañamiento de palmas que lo acompaña. Quizá contraste en exceso con el resto del disco pero en modo alguno podemos decir que sea una mala canción. Muy al contrario, tomada de forma individual, estaría entre nuestras preferidas del trabajo (en contra de la opinión de Yorke, quien habría prescindido de ella de haber podido rectificar meses después del lanzamiento del CD).

“The Gloaming” - Vuelven los sonidos sintéticos, los samples, loops y demás parafernalia para conformar otra de esas bases rítmicas que tanto contrastan con la suave cadencia del vocalista en la mayoría de las canciones.

“There There” - Un ritmo de corte tribal cargado de sensualidad (cercano al “Human Behaviour” de Bjork, por ejemplo) ocupa la parte central del que fue primer single del disco. Sin ser nuestra canción favorita, no le podemos negar varias virtudes. Mantiene la esencia del sonido de la banda, tiene un punto de originalidad nada desdeñable y navega con soltura entre varios registros musicales muy diferentes.



“I Will” - La siguiente balada comienza con un bonito juego de voces que se combina con la guitarra acústica para conseguir un delicado efecto muy propio del malogrado Jeff Buckley. Hay también un ligero aire clasicista en alguna segunda melodía muy inspirado.

“A Punchup at a Wedding” - Una atractiva combinación de bajo, ritmo electrónico y piano nos recibe en este corte extraño pero muy interesante. Y lo es porque bajo una apariencia nada convencional se oculta una canción realmente inspirada; con un leve regusto a Pink Floyd, un remoto espíritu “blues” y un enfoque muy actual.

“Myxomatosis” - Aunque pocas reseñas hacen especial hincapié en este corte, por algún motivo que se nos escapa, es uno de nuestros preferidos del disco. Un contundente sonido electrónico procedente de sintetizadores analógicos acompaña a un ritmo irregular y cambiante. En este entorno, Yorke interpreta un extraño texto mientras más y más capas de sonido van añadiéndose sin pausa hasta crear una atmósfera realmente particular.

“Scatterbrain” - Volvemos a registros más clásicos dentro de la discografía de la banda si es que un grupo como Radiohead puede tener algo así. Se trata de un tiempo medio en el que la voz doliente de Yorke encuentra el ambiente ideal para expresarse. Los juegos de guitarras de Jonny Greenwood nos revelan su excepcional talento para crear preciosos tapices sonoros con su instrumento así como una gran visión musical que ha llamado la atención de lumiarias como Steve Reich.

“A Wolf at the Door” - Con unos acordes clásicos en el inicio (muy Beatles, si se nos permite la comparación) se abre la despedida del disco. Estamos ante otra cuidada canción con efectivos juegos vocales y una elegante interpretación por parte de todos los miembros de la banda en la que parecen dejar de lado cualquier excentricidad para terminar firmando un tema redondo.


Cuando apareció “Hail to the Thief”, Radiohead eran una banda que había alcanzado un prestigio elevadísimo y la acogida por parte de la crítica fue buena en general siendo hoy en día uno de los discos mejor valorados de la formación. Sin embargo, los propios miembros del grupo creen que podía haber sido mejor, que algunas cosas se pudieron trabajar más y que habría sido mejor idea reducir el número de canciones (Yorke llegó a proponer un “tracklist” alternativo con sólo 10 temas). El disco fue también la despedida de la banda de Parlophone, su sello hasta entonces y supuso el final de una etapa y el comienzo de otra que vendría marcada por algunos trabajos en solitario de sus motores creativos, Thom Yorke y Jonny Greenwood antes de meterse de lleno en un terreno en el que fueron pioneros (al menos a este nivel de popularidad): la autoedición. Ese será, en todo caso, objeto de una entrada futura. Por ahora nos quedamos con “Hail to the Thief”, un disco extraordinario de una banda que será recordada en las décadas venideras como una de las grandes de su tiempo. Os dejamos un par de enlaces en los que adquirirlo.

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Radiohead en directo:


 

miércoles, 5 de junio de 2013

Radiohead - OK Computer (1997)



Tenemos que confesar que siempre que alguien nos habla de un grupo como “los nuevos (póngase aquí el nombre que cada cual crea más oportuno)” encontramos un motivo para desconfiar. Algo similar nos pasa con los discos y es que llevamos muchos años escuchando nuevos “Sgt.Pepper’s” como para no ponernos en guardia ante este tipo de anuncios.

En 1997 o 1998, alguien nos sugirió que escuchásemos un disco. Según esa persona, se trataba de un trabajo realmente distinto del que la crítica empezaba a decir que era comparable con la música de Pink Floyd. Inmediatamente saltaron las alarmas: ¿los nuevos Pink Floyd? Por favor... Sin embargo, le dimos una oportunidad al disco y entonces saltó la sorpresa. Resulta que la apreciación de los críticos era mucho más atinada de lo que esperábamos. Y ¿qué esperábamos? Un disco con largos pasajes de teclado, sonido antiguo... unos imitadores más. No fue así. Cuando escuchamos “OK Computer” encontramos un disco distinto, elaborado y diferente a lo que sonaba en aquel entonces en las radios. Por ahí sí que tenía sentido la comparación con Pink Floyd y con cualquier otra banda cuya aportación hubiera marcado una diferencia con sus contemporáneos. 

Como tantos otros grupos, Radiohead surgieron de las inquietudes comunes de un grupo de estudiantes que un día se decidieron a tocar juntos para ver qué salía de ahí. En aquellos años tocaban bajo el nombre de “On a Friday” por ser el viernes el día en que quedaban para ensayar. No fue hasta que firmaron por una discográfica que adoptaron el nombre definitivo de Radiohead como modificación del título de una canción del disco “True Stories” de Talking Head (en aquel, el nombre figuraba separado en dos palabras). Integraban el grupo Thom Yorke (voz, teclados, guitarra y lo que se tercie), Jonny Greenwood (guitarra, teclados y, ocasionalmente, los instrumentos que surjan), Colin Greenwood (bajo), Phil Selway (batería) y Ed O’Brien (guitarra y coros). Lo comienzos discográficos del grupo no fueron especialmente brillantes y su disco de debut “Pablo Honey”, a pesar de contener el single “Creep”, no tuvo una gran acogida. Para buena parte de la crítica, Radiohead pasaba a integrar el cajón de imitadores poco afortunados de Nirvana y otras bandas surgidas al abrigo del “grunge”. Aunque la crítica de “The Bends”, segundo LP de la banda, fue algo más prometedora, nada hacía presagiar el impacto que iba a tener el tercer disco de estudio publicado por el grupo. Durante 1995 y 1996 la banda había preparado un buen número de canciones que decidieron probar en directo durante una gira de Alanis Morissette en la que hicieron de teloneros y meses más tarde entraron en el estudio a grabar el que, para muchos, es uno de los cuatro o cinco discos más importantes de la década de los noventa: “OK Computer”.



“Airbag” – Sin concesiones de ningún tipo, el disco comienza con un poderoso riff de guitarra que enseguida nos pone en situación. Aparece pronto una percusión ligeramente distorsionada con efectos “lo-fi” acompañada de un bajo poco convencional, que se dedica a esbozar retazos de melodía sin llegar a componer una base rítmica al uso. Aparecen por doquier guitarras ambientales al estilo de los primeros U2 y todo ello arropando de forma eficaz la particular voz de Yorke. Lo más sorprendente de todo es que la unión de elementos utilizados de una forma poco convencional, termina conformando una canción realmente redonda y que funciona a la perfección. Todos los elementos están perfectamente integrados sin destacar unos por encima de otros.

“Paranoid Android” – El segundo corte del disco fue también uno de los singles y se cuenta entre las canciones más populares de la banda aún hoy. Con una estructura más propia del rock progresivo, el tema comienza de forma tranquila, con guitarras acústicas, una percusión amable y algunos efectos electrónicos pululando por ahí. Tras unos minutos aparece el riff central de la canción que marca un cambio importante. Cierto es que en algunas cosas recuerda a Nirvana pero estamos ante música mucho más elaborada, con una mayor complejidad rítmica y una producción muy cuidada, aparentemente sucia en algunos momentos pero que, tras una escucha detenida, se revela intencionadamente maquillada. Tras un nuevo cambio rítmico aparecen unos coros que crean una atmósfera decididamente setentera de un tiempo en que reinaban los mellotrones y demás parafernalias. Es entonces cuando escuchamos los mejores juegos vocales de la banda antes de la conclusión del tema en la que guitarras y electrónica se mezclan para terminar en un verdadero climax progresivo.


“Subterranean Homesick Alien” – Guitarras extraterrestres y teclados nostálgicos nos dan la bienvenida a un tema psicodélico con conexiones en el pasado (The Beatles) y en el futuro (Porcupine Tree). Cuentan los propios integrantes de la banda que en la época de la grabación escuchaban intensivamente a DJ Shadow, Miles Davis, los Beatles o Ennio Morricone. En sus propias palabras, buena parte del sonido de este tema surgió como un intento de replicar las atmósferas de “Bitches Brew” de Davis.

“Exit Music (for a film)” – Inspirada en la película “Romeo y Julieta” de Franco Zefirelli, la canción es una mezcla del estilo de Johnny Cash (reconocido por el propio Thom Yorke) y el sonido de Portishead. Los teclados tienen un protagonismo mucho mayor que en cualquiera de las piezas anteriores del disco y toda la canción está imbuida de un espíritu épico que recuerda las poderosas baladas acompañadas de mellotron de grupos como King Crimson.

“Let Down” – Una de las canciones con una estructuras más convencionales y que podría pasar por un éxito pop al uso. Con ella comprobamos que Radiohead tienen también un talento melódico fuera de lo común. Si antes comentamos que por momentos el sonido de la banda fue muy influyente en otras como Porcupine Tree, siguiendo con Steven Wilson, “Let Down” podría pasar por una canción de su proyecto Blackfield.

“Karma Police” – Junto con “Paranoid Android”, el otro gran tema del disco. Extraído también como single se trata de una canción bastante más convencional con un gran parecido con el “Sexy Sadie” de los Beatles, especialmente en determinados fragmentos al piano. La canción es bastante diferente del anterior single puesto que, apenas existe estructura y todo el tema es un largo estribillo contrastando con la complejidad y las distintas secciones de su predecesor. Sin embargo, tiene algo de hipnótico que la convierte en una canción excepcional.


“Fitter Happier” – El lado más experimental de la banda aparece en esta composición en la que una vieja aplicación para ordenador recita una serie de textos por encima de un ambiente electrónico realmente extraño en el que sólo la aparición de un piano que desgrana una melodía melancólica nos mantiene unidos a la realidad.

“Electioneering” – Tras ese extraño interludio, llega este auténtico cañonazo rock lleno de energía y agresividad. Difícilmente la contaremos entre nuestras canciones favoritas de la banda pero tenemos que reconocer que se trata de una auténtica inyección de adrenalina cuya presencia en este momento concreto del disco puede servir para provocar la reacción del oyente tras el poco convencional corte anterior.

“Climbing Up the Walls” – Volvemos a la faceta más experimental de la banda con una canción en la que las distorsiones y los tratamientos electrónicos son protagonistas. Voces y percusiones pasan por el filtro de los aparatos mientras las guitarras suenan poderosas en el primer corte de todo el disco en el que podemos encontrar algún rastro de Pink Floyd.

“No Surprises” – Llegamos al tercer single del disco, una canción maravillosa que comienza con unos acordes repetitivos de guitarra de gran belleza que son reforzados por un instrumento tan poco habitual como el glockenspiel de un modo parecido al utilizado por Mike Oldfield en el celebérrimo comienzo de su “Tubular Bells”, apoyando el riff de piano. Sin duda, una de las mejores canciones de Radiohead.


“Lucky” – Cerca del final del disco, la banda decidió incorporar esta canción escrita y grabada unos años antes por encargo de Brian Eno para un disco benéfico titulado “The Help Album” a beneficio de la ONG War Child, que operaba en Bosnia en aquellos días. Nigel Godrich fue el productor del corte y esa experiencia hizo que la banda contase con él como apoyo a la hora de grabar “OK Computer” en contra de los deseos de la discográfica que quería otro tipo de productor.

“The Tourist” – Cerrando el trabajo tenemos una composición de Jonny Greenwood de gran simplicidad en comparación con el resto del disco: guitarra, batería, bajo, voz y coros con algún teclado de fondo pero sin excesos de ningún tipo, con una producción escueta y elegante. Un cierre con algo de anticlimático pero que cumple con su cometido. Mención especial a los arreglos vocales, algo que no hemos destacado demasiado hasta ahora pero que cumple una labor primordial en todo el disco.

Material promocional de "OK Computer". Si. Es un diskette.

Leyendo historias como la siguiente, uno se pregunta por los méritos que llevan a una persona a formar parte de los puestos directivos de una gran discográfica, por la cantidad de veces en que se repiten anécdotas similares. Cuando recibieron el disco, los dirigentes de Capitol, en su rama norteamericana, pensaron que aquello no había por dónde cogerlo. No entendieron el disco en absoluto y le daban vueltas buscando un nuevo “Creep” infructuosamente. Finalmente tomaron la decisión de rebajar la cantidad de copias a solicitar del disco de los 2.000.000 iniciales a apenas 500.000 ejemplares. Acertaron de pleno. El disco entró en los puestos más altos de las listas de medio mundo consiguiendo al mismo tiempo algo mucho más difícil: la unanimidad de la crítica que elevaba a “OK Computer” a la categoría de obra maestra y disco de referencia para los años venideros casi desde el momento de su lanzamiento. Lo que hace excepcional este hecho no es esta gran acogida sino la constatación de que más de 15 años después de la aparición del disco, estas opiniones se mantienen inamovibles y hoy pocos discuten la categoría del disco. En nuestra opinión, Radiohead son una de las pocas bandas que han conseguido alcanzar un nivel elevado de popularidad manteniendo unos niveles de calidad realmente altos en casi toda su producción. Cierto es que no todos sus lanzamientos posteriores han gozado de la misma valoración aún siendo igualmente notables pero habrá tiempo para repasarlos en el futuro. Si aún no os habéis iniciado en el universo de Radiohead, éste es un momento tan bueno como cualquier otro. El disco se encuentra fácilmente en cualquier tienda. Os sugerimos un par de enlaces:

amazon.es

fnac.es

domingo, 4 de septiembre de 2011

Radiohead - The King of Limbs (2011)


Con la perspectiva que nos dan los casi veinte años transcurridos desde que los miembros de Radiohead comenzaron su carrera discográfica allá por los primeros años noventa, creemos que esta banda se puede contar ya como uno de los clásicos que nos dejara esa difícil década. Sus primeros dos trabajos pasaron más o menos desapercibidos como una más de las bandas que se habían visto atrapadas por el grunge de Nirvana. Tuvieron un single como "Creep" de éxito tardío (empezó a sonar con regularidad casi un año después de su lanzamiento) pero no había muchas señales de que fueran a llegar mucho más lejos.

Todo esto cambió a raiz del lanzamiento de su disco "OK Computer" en 1997. Un disco muy trabajado en los dos años anteriores en los que presentaron algunas de las canciones en directo comprobando la buena aceptación de las mismas. En "OK Computer" la banda incorporó elementos electrónicos, ambient y ciertos toques de vanguardia que hicieron que parte de la crítica les emparentase con Pink Floyd. Sea como fuere, desde ese momento se convirtieron en un grupo de referencia. Afortunadamente, y lejos de acomodarse en ese nuevo status, la banda siguió evolucionando en su estilo y lanzando trabajos a cual más interesantes.

El disco que hoy tenemos por aquí es su último lanzamiento. Un trabajo autoproducido publicado a comienzos de año bajo el título de "The King of Limbs". Sus ocho canciones no llegan a un total de 40 minutos pero completan un disco realmente interesante que va un paso más allá de lo que habitualmente suena en las radios comerciales. Radiohead son Thom Yorke, Colin Greenwood, Jonny Greenwood, Ed O'Brien y Phil Selway. Creemos que cualquier oído inquieto puede encontrar cosas interesantes en la música de esta banda y sabemos que ese tipo de oyentes son los que suelen frecuentarnos.

Para adquirir el disco:

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Y uno de los temas del trabajo: "Morning Mr Magpie"