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domingo, 23 de noviembre de 2025

Wendy Carlos - TRON (1982)



Siempre nos resulta muy complicado enfrentarnos a la obra de Wendy Carlos por las circunstancias que la han rodeado, especialmente porque la gran mayoría de su obra está descatalogada y no se encuentra ni siquiera en las diferentes plataformas digitales. Eso, junto al hecho de que la propia Wendy también lleva años desaparecida del panorama mediático complica mucho la posibilidad de acercarse a su carrera. En 2020 se publicó una biografía escrita por la musicóloga Amanda Sewell y basada en informaciones de prensa de todas estas décadas, puesto que le fue imposible acceder a una entrevista con Wendy. Poco después, la compositora reaccionó en su página web indicando que el contenido del libro era todo ficción, lo que ayuda a darnos cuenta del grado de hermetismo que la artista guarda alrededor de su vida y obra.


Aprovechando el reciente estreno de la tercera película de la franquicia de Disney, “TRON”, nos queremos acercar hoy a la banda sonora de la primera de las entregas, estrenada en 1982, y que supuso una revolución en el uso del CGI y los efectos digitales en el cine. Wendy había tenido ya experiencias escribiendo música para películas. De hecho, podríamos considerar que había hecho un master acelerado en el tema puesto que trabajó con uno de los directores más particulares, geniales y obsesivos de la historia, Stanley Kubrick, en dos películas tan legendarias como “La Naranja Mecánica” y “El Resplandor”. En ellas pudo conocer lo estresante y frustrante que podría llegar a ser el trabajo para el cine. Para la primera, Wendy aportó composiciones propias así como versiones electrónicas de piezas clásicas de Beethoven, Purcell o Rossini mientras que para la segunda, la práctica totalidad del material entregado era original. En ambos casos, Kubrick, fiel a su costumbre, desechó gran cantidad de la música de Wendy sin decirle nada (de hecho, como ocurrió con Alex North y su partitura para “2001, Una Odisea en el Espacio”, se enteró de los descartes viendo la película en el estreno). En el caso de “La Naranja Mecánica”, Kubrick decidió quedarse con muchas versiones clásicas de las obras que había reinterpretado Wendy aunque, al menos, decidió mantener varias de las revisiones de la artista. En cambio para “El Resplandor” prescindió de casi todo el material de la artista con alguna excepción puntual.


Pese a todo, cuando Disney le hizo llegar la oferta para componer la banda sonora de TRON, Carlos aceptó y se puso manos a la obra con una música que iba a presentar una novedad en su producción y es que, al margen de instrumentos electrónicos, Carlos iba a contar con una orquesta. La idea inicial de Disney era que la artista aportase las partes electrónicas que acompañarían a las imágenes que se desarrollaban en el entorno virtual del programa informático mientras que cuando la acción transcurría en el mundo real, sería la orquesta la que sonase interpretando música de alguno de los muchos compositores que tenían en plantilla pero Wendy, cansada de ser encasillada como una especie de revisionista electrónica de compositores barrocos, planteó que, dado que su amplia formación musical incluía estudios avanzados de composición, orquestación, armonía y contrapunto, quería encargarse también de la parte orquestal.




Como era costumbre en Wendy Carlos, todo el trabajo de grabación fue de una meticulosidad extrema para que todo encajase perfectamente, cosa que resultaba aún más complicada por el hecho de que las partes electrónicas, orquestales y corales se grabaron por separado en diferentes partes del mundo. De hecho, el director de la orquesta nunca escuchó las otras secciones antes de grabar su parte. Algo que complicó mucho el resultado final fue el cambio que se produjo en la concepción separada de los diferentes escenarios de la película. La música que ilustraba las escenas en el mundo real continuó siendo orquestal pero lo que sonaría cuando los protagonistas se encontraban dentro del ordenador sería una mezcla de sintetizadores, coros y orquesta de un modo que la propia Wendy indicaba que “terminó siendo muy difícil identificar cuál era cada uno”.




La banda sonora se publicó en 1982 pero nunca fue editada en CD hasta 2003. Aprovechando la reedición se realizó una remasterización completa a partir de las cintas originales en la que estuvo muy implicada la propia Wendy. Ello posibilitó, además, incluir algunas piezas que no aparecían en el LP por la falta de espacio del formato. Entre ellas se encuentra una versión puramente electrónica del tema central o una interpretación de otro tema directamente a los teclados por parte de Wendy, sin ningún tipo de modificación posterior en estudio. Como era habitual en aquel entonces, la banda sonora iba a incluir un par de canciones a cargo de uno de los grupos de moda en la época. Aunque en principio Disney intentó que se encargaran de ellas los miembros de Supertramp, la banda elegida finalmente fue Journey.


El disco contiene un gran número de pistas, la mayor parte de las cuales tiene una duración de alrededor de dos minutos o menos. Comienza con la brevísima “Creation of TRON”, una oscura introducción que combina, sobre todo, electrónica y coros. Da paso a “Only Solutions” la principal canción que aporta la banda Journey a la película aunque, en nuestra opinión, tiene poco que ver con el ambiente general de la misma y pinta poco aquí. “We've Got Company” comienza con sonidos orquestales pero enseguida aparecen los sintetizadores de Wendy para un tema que combina una extraña animación, casi saltarina, con un tono opresivo que encaja muy bien con la acción. Sigue “Wormhole”, misteriosa y muy en línea con obras de compositores como Ligeti. “Ring Game and Escape” tiene un tono marcial completamente diferente de lo anterior aunque continuando con la atmósfera opresiva. Escuchamos ya apuntes más o menos formados de lo que será el tema central de la película que se muestra ya en una primera versión oculto tras los misteriosos ostinatos del inicio de “Water, Music and TRONaction”. “TRON Scherzo” es un breve corte que incide en la épica al estilo de “Star Wars” pero con sintetizadores y pasa a “Miracle and Magician”, una versión más luminosa del tema central en los primeros compases pero que se oscurece según avanza la música. Es uno de los cortes en los que la orquesta tiene mayor protagonismo. ”Magic Landings” vuelve a recordarnos en algunos detalles a Ligeti en su introducción pero después cambia con una suerte de marcha electrónica muy descriptiva que está entre nuestras piezas favoritas de la obra y nos recuerda en algo a parte de la música que Carlos hizo para “La Naranja Mecánica”. “Theme from TRON” es un tema clásico de película en todos los sentidos. Recoge las principales melodías de la misma y lo hace con un enfoque orquestal muy convencional. Una pieza fantástica. Tras él, llega la segunda aportación de Journey con “1990's Theme”, un instrumental rock muy pegadizo que nos parece mucho más apropiado que la primera canción de la banda. Rara es la banda sonora que no incluye un “Love Theme”. Aquí Wendy Carlos nos ofrece una variación romántica del tema central con mucha presencia de los coros antes de pasar a “Tower Music – Let Us Pray”, enigmática pieza electrónica en la que las texturas sonoras pesan más que la melodía, al menos hasta la aparición del coro en su segunda mitad. “The Light Sailer” repasa uno de los motivos secundarios de la obra con un tono épico que funciona muy bien entre cambios de ritmo y alternancia entre electrónica (con timbres muy diferentes combinados) y orquesta. “Sea of Simulation” continúa en una línea similar apoyada en unas cuerdas obsesivas al estilo de Bernard Herrmann con el tema principal apareciendo aquí y allá. “A New TRON and the MCP” es la composición más larga del disco y una de las más interesantes por no estar tan atada como otras a las melodías centrales de la película (aunque siguen apareciendo). Wendy suena absolutamente vanguardista y combina todos los elementos, tanto electrónicos como acústicos, de forma magistral en una pieza que podría sobrevivir aislada como música de concierto sin ningún problema. A punto de terminar ya con el disco original, tenemos “Anthem”, o lo que es lo mismo, un accesible regreso al tema central de la obra que da paso a “Ending Titles” con su solemne recreación del esa misma melodía al organo en lo que es un momento lleno de solemnidad que nos en compañía de los sintetizadores de Wendy hasta el final.




Como complemento al disco original, tenemos los temas adicionales que mencionamos antes: “TRONaction (Original version)” exclusivamente electrónica, “Break In” que es todo lo contrario, es decir, una pieza totalmente acústica, y la despedida con “Anthem” para teclado solo, interpretado directamente por Wendy, sin retoques en estudio.




Wendy Carlos es uno de esos nombres imprescindibles en la historia de la música electrónica y quizá lo sea más por su carácter pionero que por su propia obra. Ayudó a de definir el género desde los mismos comienzos colaborando con el mismísimo Robert Moog en los aspectos puramente musicales del diseño de su primer sintetizador y lo popularizó hasta el extremo con sus versiones electrónicas de Bach pero su obra propia, más allá de sus versiones de clásicos, no ha terminado de tener la misma trascendencia que sus grabaciones más conocidas. Una de las circunstancias que más le perjudica en este sentido es lo que comentábamos al comienzo: hoy en día, un oyente que quiera acceder a su obra lo tiene prácticamente imposible a menos que tenga suerte en mercadillos de segunda mano por la desaparición de su catálogo de las tiendas, tanto físicas como digitales. Es una verdadera pena porque vivimos tiempos en los que muchos de los músicos electrónicos de los primeros años del sintetizador, están experimentando un auténtico revival y su obra está siendo reivindicada de un modo que no lo había hecho antes. En todo caso, Wendy sigue “retirada” de la vida pública desde 2009 y no hay indicios de que eso vaya a cambiar. Quizá sea la banda sonora de “TRON” su obra más conocida si excluimos los discos con versiones clásicas, gracias a la trascendencia posterior de la película, pero seguramente no sea la mejor. En todo caso, seguro que en el futuro tenemos ocasión de acercarnos de nuevo a sus discos para recordar un legado capital en la historia de la música electrónica.

domingo, 28 de febrero de 2016

Wendy Carlos - Switched on Bach (1968)



Si hablamos de “música electrónica” en una conversación en 2016, lo que entienda nuestro interlocutor variará mucho dependiendo de su edad y formación de modo que un joven quinceañero pensará en la música que suena en las discotecas y festivales los fines de semana mientras que un musicólogo probablemente se remitiría a los experimentos que tenían lugar a comienzos del pasado siglo XX en extraños laboratorios de universidades de medio mundo.

Por ese mismo motivo, hablar de grabaciones fundamentales en la historia de la así llamada “música electrónica” es entrar en terreno pantanoso. Si acotamos un poco el terreno y nos centramos en los años posteriores a la invención del sintetizador, lo tendremos un poco más fácil ya que, además, nos movemos en una época en que los discos eran ya objeto de consumo habitual y alcanzaban un popularidad hasta entonces reservada a medios como la radio o el cine. Y con la invención del sintetizador o, más concretamente, con el primer modelo que incorporó un teclado a imitación de un piano, está relacionada la artista que hoy aparece aquí por primera vez con uno de esos discos que enseguida se nos vienen a la cabeza a la hora de pensar en las grabaciones imprescindibles de un género tan vasto como es la música electrónica.

Robert Moog era un ingeniero dedicado a la fabricación de instrumentos electrónicos que, además de comercializar algunos ya inventados con anterioridad como el “Theremin”, diseñaba sus propios aparatos incorporando importantes novedades con respecto a otros fabricantes. Wendy Carlos, por su parte, trabajaba como ingeniera de sonido en un estudio neoyorquino para el que estaba construyendo un pequeño laboratorio de música electrónica. Moog y Carlos entraron en contacto a través del Columbia-Priceton Center cuyos responsables informaron a la artista de los aparatos que Robert Moog estaba construyendo en su empresa. Wendy, que tenía una amplia formación musical, ampliada con sus estudios en música electrónica de la mano de pioneros como Vladimir Ussachevsky y Otto Luening, no sólo contactó con él para adquirir sus aparatos sino que hizo una serie de sugerencias a Moog que le permitieron mejorar notablemente sus diseños, algo que el ingeniero siempre reconoció. Carlos compartía piso en aquel entonces con Rachel Elkind, cantante que trabajaba como secretaria del presidente de Columbia Records. Wendy aprovechó la circunstancia para hacer escuchar a Rachel una grabación de una obra de Johann Sebastian Bach que había hecho tiempo atrás junto con Benjamin Folkman. Por mediación de la cantante (que resultó ser, además, una persona de un gran talento musical al margen de la interpretación), la cinta llegó a oídos de Goddard Lieberson (el citado presidente de Columbia Records) quien autorizó la grabación de un disco completo con música de Bach interpretada con el sofisticado sintetizador Moog.

Estamos en 1967 y la revolución estaba a punto de comenzar. Wendy Carlos había tenido la idea de ofrecer al público la música electrónica a través de composiciones que pudieran reconocer, en lugar de hacerlo con extrañas grabaciones vanguardistas para las que el público en general no estaba preparado entonces. Se escogieron diez composiciones del genio alemán, entre ellas, uno de los célebres Conciertos de Brandenburgo en su integridad. El proceso de grabación del disco fue muy complejo. Los sintetizadores de Moog eran aún monofónicos, lo que significaba que no podían ejecutar varias notas al mismo tiempo provocando que una intérprete como Wendy, de formación clásica, tuviera que modificar su técnica (los acordes debían ser grabados por separado y luego unidos en la mesa de mezclas). También eran altamente inestables en cuanto a la afinación así que era habitual que las sesiones de grabación se interrumpieran para verificar que los sintetizadores seguían sonando en el mismo tono que lo que habían interpretado minutos antes. Aunque Wendy Carlos es la principal intérprete del disco, Benjamin Folkman participa como teclista adicional en algunos momentos.

Wendy Carlos


"Sinfonia to Cantata No. 29" – La primera pieza del disco es una versión de una obra para órgano por lo que el trabajo de transcripción era sencillo. Otra cosa es la elección de los sonidos. Muy apropiada aquí por cuanto permite una gran limpieza en la escucha al dejar un amplio espacio para los diversos sonidos que en muchas interpretaciones al órgano desaparece por las propiasa características del instrumento.

"Air on a G String" – Una de las composiciones orquestales más populares de J.S. Bach recibe aquí un tratamiento que posiblemente estuviera influido por los arreglos de órgano que los miembros de Procol Harum  escribieron para su grán éxito “A Whiter Shade of Pale”, basados parcialmente en esta misma pieza del compositor alemán. La canción de Procol Harum se publicó pocas semanas antes de que comenzase la grabación de “Switched on Bach”.

"Two-Part Invention in F Major" – Llegamos ahora a tres piezas escritas originalmente para teclado. La primera de ellas es interpretada magníficamente por Wendy Carlos a una velocidad desconcertante por momentos pero absolutamente fiel a la partitura. Una grabación de esta misma obra fue la que encenció la chispa del proyecto como indicabamos anteriormente.

"Two-Part Invention in B-Flat Major" – La segunda de las invenciones, mucho más tranquila continúa con el extraordinario muestrario de sonidos y timbres procedentes del sintetizador fabricado por Robert Moog. Un instrumento tremendamente versatil del que escuchamos a lo largo de todo el disco multitud de registros que anticipaban una nueva era en la música a partir de entonces.

"Two-Part Invention in D Minor" – Lo mismo ocurre con la tercera pieza de la serie cuya interpretación recueda algo más a la primera.

"Jesu, Joy of Man's Desiring" – El repaso a los “grandes éxitos” de J.S. Bach continúa con otra composición inmortal. La ejecución es impecable y la elección de sonidos, una vez más, muy adecuada. Uno de los grandes méritos del disco es ese y también la selección de las obras que mejor encajaban en las (aún) limitadas posibilidades del sintetizador.

"Prelude and Fugue No. 7 in E-Flat Major" (From Book I of The Well-Tempered Clavier) – Llegamos ahora a dos fragmentos del “El Clave Bien Temperado”. El primero de ellos, muy correcto y extraordinariamente interpretado pero nuestro interés se centra en el segundo.

"Prelude and Fugue No. 2 in C Minor" (From Book I of The Well-Tempered Clavier) – Y lo hace porque aquí Carlos arriesga mucho más en la selección de los timbres alejandose de la “imitación” de sonidos “clásicos” y anticipando las posibilidades del instrumento fuera del ámbito clásico y ya como medio puro de creación sonora. Una excelente versión en todos los sentidos.

"Chorale Prelude 'Wachet Auf'" – Otra de las composiciones más populares de su autor, suena aquí en una revisión preciosa y de gran delicadeza que mostraba a los oyentes de 1968 que los sintetizadores no tenían por qué ser rechazados como medio de expresión pudiendo ocupar un lugar más entre el resto de instrumentos.

"Brandenburg Concerto No. 3 in G Major – Los tres cortes finales del disco son una auténtica delicia en la que Wendy nos regala una extraordinaria revisión del tercer Concierto de Brandenburgo. Un verdadero desafío del que la interprete sale convertida en una estrella, si no mediática por otras circunstancias que nada tienen que ver con lo musical, sí desde el punto de vista artístico.





Pese a todo el trabajo invertido en el disco, Wendy no sentía que éste fuera apreciado por Columbia y, de hecho, no asistió a la presentación del mismo ante la prensa cuando se enteró de que el acto se iban a presentar otros dos discos más (uno de ellos, igualmente revolucionario a su manera: “In C” de Terry Riley). Las reacciones ante “Switched on Bach” fueron variadas. Frente al rechazo casi frontal de los puristas que lo consideraron prácticamente una herejía, se situaban las opiniones de otros críticos que reconocían la correción técnica de las intepretaciones y el rigor a la hora de ejecutar las piezas seleccionadas (el propio Glenn Gould se posicionó a favor de la grabación). Fuera del ámbito académico más conservador, el disco obtuvo un gran éxito (alcanzó puestos en las listas de ventas desacostumbrados para una grabación de música clásica) y supuso el aldabonazo definitivo para los sintetizadores que, desde entonces, se iban a incorporar masivamente a todos los géneros musicales, especialmente a los más populares además de propiciar el nacimiento de corrientes completamente nuevas.

Wendy Carlos, por su parte, daba el primer paso de una carrera que nos dejaría muchos otros grandes trabajos más adelante, algunos tan notables como las bandas sonoras de dos obras maestras de Stanley Kubrick como fueron “La Naranja Mecánica” o “El Resplandor” y varios más en los que vuelve a hacer versiones electrónicas de clásicos. Hablaremos de ellas más adelante con toda seguridad.