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jueves, 7 de junio de 2018

Lisa Gerrard & Patrick Cassidy - Immortal Memory (2004)



Leyendo mucho de lo que se escribió tras la separación de Dead Can Dance a mediados de los noventa, no era difícil hacerse una idea de Lisa Gerrard y Brendan Perry como dos personas de trato difícil cuya conjunción para grabar los discos de la banda fue casi milagrosa. Llegamos a pensar que ambos tenían un carácter tan complicado que no les hacía especialmente aptos para la colaboración con otro artista pero, al menos en el caso de Lisa, esa impresión parece haber quedado refutada por toda su carrera posterior que, por otra parte, es ya mucho más larga de lo que fue aquella primera etapa de su dúo con Perry.

Si hacemos un repaso es fácil comprobar como, de hecho, la mayor parte de sus discos al margen de Dead Can Dance han sido colaboraciones con otros artistas. Además, en la mayor parte de los casos no han sido coincidencias puntuales sino que se han extendido en el tiempo y han dado como fruto más de un trabajo. Sucedió así con Pieter Bourke de cuyo trabajo conjunto hablamos aquí tiempo atrás y también con otros nombres tan reputados como Hans Zimmer o Klaus Schulze con quienes ha publicado ya un número de discos bastante importante (o, en el caso de Zimmer, bandas sonoras, no siempre publicadas en CD).

Hoy vamos a retroceder hasta 2004, cuando, después de varias películas con el citado Zimmer, Lisa volvió a grabar en estudio con otro artista que también pasó por el blog tiempo atrás: Patrick Cassidy. Gerrard había comenzado a trabajar junto a Hans Zimmer en el año 2000 cuando ambos firmaron la banda sonora de “Gladiator”. Poco después de esa película, el compositor iba a volver a trabajar con Ridley Scott en la música de su siguiente película, “Hannibal”, al mismo tiempo que hacía otros trabajos más comerciales junto a Lisa Gerrard. En un momento determinado de la producción de “Hannibal”, Zimmer recurrió a Patrick Cassidy, que residía en Los Angeles, para que le ayudase a orquestar determinados pasajes de la película y probablemente fuera en alguna de aquellas sesiones en donde se produjo el primer contacto entre Lisa Gerrard y el compositor irlandés. Acordaron trabajar juntos en un futuro y la ocasión se presentó a lo largo de 2003.

Patrick Cassidy encontró unos meses para desplazarse a Australia y grabar allí con Lisa su primera colaboración. Salvo una, todas las composiciones están firmadas por los dos artistas y toda la interpretación corre por cuenta de Cassidy (sintetizadores) y Gerrard (voces).

Patrick Cassidy junto a Lisa Gerrard.


“The Song of Amergin” - La obra de Patrick Cassidy ha estado muy influida por la tradición irlandesa y tiene un buen número de composiciones en las que se recrean distintos momentos de la mitología de aquel país. La “canción de Amergin” pasa por ser la primera canción que alguien cantó sobre suelo irlandés y la entonaría el milesiano Amergin en el momento de su desembarco en la isla. El enfoque es solemne (no podía ser de otra forma) con poderosos colchones electrónicos sirviendo de introducción para la emocionante voz de Lisa Gerrard en un registro enigmático, acentuado por el uso del idioma gaélico. Más que cantar, lo que hace la artista es declamar con una cadencia inimitable una serie de versos que nos sitúan en el estado de ánimo perfecto para afrontar el disco.

“Maranatha (Come Lord)” - La vocalista se atreve con el arameo para ofrecernos este mantra en el que se pide continuamente la presencia de Dios. El uso del eco como efecto principal sobre la voz de Lisa le da una profundidad especial y refuerza el sentido místico de la pieza. Sobre la repetición surge un bellísimo lamento en la parte más aguda del registro vocal de la artista que contrasta a la perfección con el resto del tema.

“Amergin's Invocation” - Cassidy saca aquí todo su talento orquestal para ofrecernos una maravillosa pieza que bien podría haber inspirado mucha de la música de “Juego de Tronos”. Una de las mejores composiciones de todo el disco que mejora aún más cuando escuchamos a Lisa en una brillantísima intervención previa a la repetición del tema central. Glorioso.




“Elegy” - Es el turno ahora para una pieza centrada en la voz de Lisa, del estilo de las que solía hacer en los discos de Dead Can Dance y también muy cercana a alguna de las piezas que la artista cantó en los discos de This Mortal Coil. Los arreglos de Cassidy son sutiles, casi perfectos. Aunque en conjunto el tema es algo plano, la calidad de la interpretación es tal que casi no merece la pena plantearse cuestiones así.

“Sailing to Byzantium” - “No es país para viejos” decía Yeats en el primer verso del poema que inspira este tema. Y no sabemos si lo era la antigua Bizancio pero ninguno de los dos compositores es precisamente ya un jovencito y su trabajo aquí es magistral. Volvemos a las solemnidades orquestales y lo hacemos con un gran acierto por parte de Cassidy, excelente en esa labor en todo el disco. Las cuerdas tienen momentos magníficos pero saben acomodarse a la voz de Lisa Gerrard cuando esta lo requiere logrando una simbiosis perfecta. Las percusiones de la parte final pueden remitirnos al Hans Zimmer más rimbombante pero lo cierto es que siempre han sido un elemento importante en la música de Cassidy por lo que en modo alguno suenan extrañas aquí.




“Abwoon (Our Father)” - Llegamos así a la oración de las oraciones. Nada más y nada menos que el “padrenuestro” y cantado en la lengua nativa de Jesús, el arameo. Lisa opta por un registro discreto que en un principio parecía encaminarse por senderos recientemente transitados junto con Zimmer en “Gladiator” pero que enseguida renuncia a ello para quedar como una pieza sobria y contenida.

“Immortal Memory” - Otra vez Cassidy nos brinda un elegantísimo inicio que nos recuerda sus devaneos barrocos en “The Children of Lir”. En este caso es el pie perfecto para que Lisa vuelva a sobrecogernos con una interpretación inmejorable en una pieza pausada, de una cadencia casi mágica que resume a la perfección lo mejor de ambos artistas.

“Paradise Lost” - En un disco que camina entre el mito, la literatura y la religión, el “Paraíso Perdido” de Milton encaja perfectamente por cuanto que aúna todos esos ingredientes. Sin embargo, y pese a que unos versos de Milton adornan el libreto que acompaña al disco, la inspiración del tema procede de la novela “The Long Green Shore” del australiano John Hepworth, que narra parte de la participación de ese país en la Segunda Guerra Mundial a través de la historia de un grupo de soldados que combatieron a los japoneses en Nueva Guinea. La composición es casi una banda sonora de aquellos acontecimientos, con un toque dramático muy marcado desde el principio y un desarrollo muy lento. La primera sección, orquestal, deja paso a una segunda con Lisa Gerrard como protagonista pero en un un tono muy bajo. Es en el segmento central en el que las dos partes se combinan aumentando la intensidad de la pieza pero no de un modo continuo sino como a oleadas hasta ir despareciendo poco a poco.




“I Asked for Love” - Una de las canciones en las que más notamos el estilo de Lisa Gerrard en el disco es esta, basada en un poema del británico Digby Mackworth Dolben, fallecido con apenas 19 años. La pieza tiene toda la emoción y el desgarro propios de la obra de un artista tan joven y lleno de frustraciones por haber llegado a lo más alto entrando en una institución como Eton y una vez allí, haberse dado cuenta de que es precisamente la pertenencia a ella la que iba a hacer imposible su felicidad.

“Psallit in Aure Dei” - Cierra el disco la única composición del disco firmada por Cassidy en solitario. Dedicada a su padre Colin, es un maravilloso homenaje en el que destaca una bellísima introducción de órgano de la que emerge como un ángel la voz de Lisa. Un colofón extraordinario para un disco verdaderamente mágico.


Tras “Immortal Memory”, Patrick Cassidy y Lisa Gerrard han colaborado en varias ocasiones más para distintas bandas sonoras para cine y televisión aunque no todas llegaron a buen puerto (hicieron la música de “La Pasión de Cristo” de Mel Gibson pero finalmente su trabajo fue descartado por la premura de fechas respecto al estreno). En los últimos tiempos las carreras de ambos han ido por caminos diferentes pero lo cierto es que no nos importaría que volvieran a juntarse en alguna ocasión puesto que discos como el que hoy hemos comentado merecen mucho la pena y están a la altura de lo mejor que ambos artistas han grabado por su cuenta.

Sin embargo, quizá tengamos que esperar un poco porque las últimas noticias nos hablan de un nuevo disco, ya grabado y terminado, de Dead Can Dance para finales de este mismo año y, si eso es así, poco tenemos que añadir porque son palabras mayores.

jueves, 7 de mayo de 2015

Lisa Gerrard - The Silver Tree (2006)



La disolución de Dead Can Dance a finales de los años noventa vino precedida, como suele ocurrir, de los primeros trabajos discográficos de uno de sus miembros en solitario. Fue Lisa Gerrard quien primero dio ese paso con la publicación en 1995 de “The Mirror Pool” aunque lo cierto es que la cantante había realizado ya alguna banda sonora por su cuenta.

Desde aquel momento, la actividad de Lisa fue en aumento y comenzó una serie de colaboraciones, a cual más interesante, con músicos como Pieter Bourke, Patrick Cassidy o Hans Zimmer así como intervenciones puntuales en trabajos de Orbital o Delerium.

Entre unos y otros, el segundo trabajo firmado por Lisa Gerrard en solitario tardaría en llegar más de 10 años respecto al primero (si tenemos en cuenta sólo discos creados como tales y no bandas sonoras). Ese tiempo no transcurrió en vano y en “The Silver Tree” apreciamos una importante evolución de una artista cuyos primeros trabajos sonaban como una extensión de lo que hacía en Dead Can Dance y que ahora mostraba un estilo diferenciado. Es imposible sustraerse a la tremenda personalidad de la voz de Lisa que hace que prácticamente cualquier cosa que cante suene inmediatamente a ella pero teniendo eso en cuenta, su progresiva separación del sonido de su colaboración con Brendan Perry es cada vez más notable como se aprecia en el trabajo del que hablamos hoy.

Siempre inquietante: Lisa Gerrard.


“In Exile” - El disco arranca con un sonido oscuro, abisal, gracias a los arreglos orquestales de Patrick Cassidy (quien volverá a hacer esa labor en otro corte del disco) y los sintetizadores de la propia Lisa. Aparece entonces la voz grave de la australiana en uno de sus registros más tenebrosos entonando un estremecedor lamento. El acompañamiento, como ocurrirá en el resto del disco, es sobrio e inquietante, más, si cabe, de lo habitual en los trabajos precedentes de la artista.



“Shadow Hunter” - Continúa el disco con el tono inquietante, reforzado por la percusión tribal tan característica de discos anteriores pero con un espíritu aún más ominoso de lo habitual. Es inevitable una escucha intranquila de estos primeros momentos del disco.

“Come Tenderness” - Por fin escuchamos la voz de Lisa en sus registros más habituales, a cappella en el comienzo y reforzada por samples vocales y densas capas de sintetizador más tarde. A su modo, es una canción luminosa y esperanzada, solemne, hechizante. Un rayo de esperanza entre tanta oscuridad.

“The Sea Whisperer” - Continuando con el espíritu del tema precedente, seguimos escuchando la cara amable de Lisa Gerrard, por momentos cercana a sus colaboraciones en los discos de This Mortal Coil. Es esta una música que no conoce comparación posible si no es con la de la propia artista que, no en vano, es una de las voces más personales e inconfundibles del panorama discográfico de las últimas décadas.

“Mirror Medusa” - Regresamos a los sordos rumores electrónicos rasgados esta vez por cuerdas sintéticas en un nuevo corte ambiental en el que la voz de Gerrard descansa para emerger más adelante en el disco. Es una pieza de tono muy cinematográfico pero que sólo puede acompañar pasajes con escasa iluminación, opresivos, amenazadores. Retratos de lugares en los que querríamos estar el menor tiempo posible.

“Space Weaver” - La única pieza del disco cuya autoría es compartida la firman la propia Lisa y el compositor australiano Michael Edwards, especialista en música de cine. Ambos artistas volverían a colaborar en el futuro en alguna banda sonora. La canción comienza como una balada ambiental y se convierte, merced a la aparición de un cadencioso ritmo programado, en un tema electrónico que podía figurar en cualquier recopilación “chill out”. Las armonías vocales del segmento final de la pieza consiguen elevar mucho, en todo caso, nuestra impresión global del tema.



“Abwoon” - Una de las dos composiciones del disco que no son nuevas es esta pieza que ya apareció en el trabajo “Immortal Memory” que Lisa Gerrard publicó junto con Patrick Cassidy en 2004. Se trata de una canción muy espiritual (en el citado disco llevaba el subtítulo, o quizá traducción, de “Our Father”) que se acerca más de lo habitual en la la intérprete a ciertas piezas “new age” de décadas pasadas.

“Serenity” - Escuchamos una guitarra por primera vez en el disco que repite como un mantra una serie de acordes monótonos alrededor de los cuales se arremolinan densas texturas electrónicas que sirven de base para el canto monódico primero y acompañado por distintas voces dobladas más tarde de la artista australiana. Es un tema hipnótico que termina quizá demasiado pronto.

“Towards the Tower” - La pieza más larga del disco vuelve a contar con arreglos de Patrick Cassidy. Disfrutamos en ella de un viaje por lo más interesante del universo musical de Lisa Gerrard: juegos electrónicos, ritmos programados combinados con percusión ancestral, fragmentos vocales que recuerdan a los mejores momentos de Dead Can Dance, interludios góticos adornados con el fúnebre tañir de las campanas y todo con una intensidad incesante. La pieza concluye con un bellísimo lamento próximo en espíritu a “The Host of Seraphim”, una de las más recordadas piezas de los citados Dead Can Dance.



“Wandering Star” - Dos breves temas nos acercan al final del disco. La primera de ellas es esta canción en la que los sintetizadores y la zanfona en un segundo plano realzan la extraordinaria voz de nuestra artista.

“Sword of the Samurai” - El último interludio instrumental del disco es una suma de sonidos ambientales de corta duración que cumple su papel de transición hacia el que probablemente sea el tema estelar de la obra.

“Devotion” - La canción fue una de las nuevas composiciones que los miembros de Dead Can Dance regalaron a su público en su gira norteamericana de 2005 y es aquí rescatada por Lisa Gerrard para darle el sitio que merece. Como ocurría con el fragmento final de “Towards the Tower”, se trata de otra digna heredera de “The Host of Seraphim”. No hacen falta más que unas pocas notas extendiéndose con suavidad hasta el límite de la capacidad vocal de Lisa con un escueto acompañamiento electrónico para sumergir al oyente en un estado de trance casi místico, tal es la emoción que la vocalista australiana es capaz de transmitir desde lo más profundo de su espíritu.

“The Valley of the Moon” - Siempre ha habido algo de la herencia de sus antepasados irlandeses en la música de Lisa Gerrard y, de vez en cuando, ese legado se hace evidente como ocurre en esta maravillosa canción en la que un cierto aire celta se mezcla con atmósferas electrónicas dignas del mejor Brian Eno. Excepcional forma de poner fin a un disco revelador como pocos.


No hemos profundizado aún demasiado en el blog en la trayectoria de Dead Can Dance, siendo como es una banda fundamental en las últimas décadas dentro de los tipos de música que solemos tocar aquí. Trataremos de ir ampliando poco a poco el retrato del grupo salpicándolo con discos como éste de una de sus integrantes principales (Brendan Perry ya tuvo sendos espacios para cada uno de sus discos en solitario). Mientras van llegando esas futuras entradas, es buen momento para recomendar “The Silver Tree”, un trabajo diferente pero atractivo como pocos.

miércoles, 30 de julio de 2014

Patrick Cassidy - The Children of Lir (1993)



Centramos hoy nuestra mirada en un compositor irlandés de tendencias clásicas que suele combinar de forma magistral con la rica tradición de su país, quizá el lugar con mayor talento musical por metro cuadrado del planeta. Patrick Cassidy es un matemático que se ganaba la vida como estadístico mientras, en sus ratos libres, escribía e interpretaba música aprovechando sus estudios de piano y arpa. Como todo arpista irlandés, su interés pronto se vio reclamado por la obra del músico nacional de aquel país, el compositor ciego Turlough O’Carolan. Contemporáneo de Bach, su música tardó en ser reconocida, especialmente porque sobrevivió como músico callejero componiendo principalmente piezas por encargo (se decía que algunas bodas se retrasaban hasta que llegaba O’Carolan con sus nuevas composiciones encargadas para la ocasión).

La fascinación por el viejo bardo llevó a Cassidy a dedicarle “Cruit”, su disco de debut en el que Patrick realizaba arreglos para una pequeña orquesta de melodías de O’Carolan, reservando para sí mismo las partes de arpa. El disco no obtuvo un éxito demasiado notable pero animó al compositor a escribir una obra mayor: nada menos que un oratorio cantado en gaélico en el que narra la historia de los hijos de Lir, una de las que forman parte del Ciclo Mitológico Irlandés. La partitura que Cassidy compone a partir de las desventuras de los hijos del primero de los “Tuath de Dannan” es de una belleza inconmensurable. Como muchos otros compositores actuales (nos viene a la cabeza el nombre de Karl Jenkins), Cassidy adopta formas antiguas, en este caso del barroco, para terminar firmando una pieza que pasaría perfectamente por una obra de Haendel. La obra fue escrita entre 1990 y 1991 siendo publicada en 1993 en el sello “Celtic Heartbeat”, división de Atlantic Records creada a principios de los años noventa a remolque del “boom” de la música celta en aquellos años aunque nos resultar muy limitador clasificar en esa categoría un disco como el que hoy traemos aquí.

Al margen del texto en gaélico, hay otros dos elementos típicamente irlandeses de gran importancia en la obra: el arpa, interpretada por el propio Cassidy y las “uilleann pipes” (gaita irlandesa) a cargo del maestro de maestros, Liam O’Flynn. Interpretan “The Children of Lir”, al margen de los citados, The London Symphony Orchestra y el Tallis Chamber Choir dirigidos por Philip Simms con las voces de Mary Clarke (soprano), Linda Lee (alto), Emanuel Lawlor (tenor) y Nigel Williams (bajo).

Patrick Cassidy


“Grave” – La orquesta ejecuta una preciosa introducción de inspiración barroca que sirve para situar la acción en el final de la supremacía de los Tuatha de Danann sobre Irlanda tras perder la Batalla de Taillten ante los Milesians.



“Tuath de Dannan” – Asistimos a una verdadera joya de música coral a la que se suma la imperial gaita de Liam O’Flynn en una introducción inolvidable. A continuación, escuchamos un dueto soprano-tenor con la ayuda, de nuevo, de la gaita, realmente precioso. Se representa el consejo de los Tuatha de Dannan en el que se elige a Bodhbh Dearg como nuevo rey. Lir, el rival en la elección, recibe en compensación a la hija del primero, Aodh con quien queda comprometido en matrimonio. De esa unión nacerían cuatro descendientes: Fionnghuala, Aodh y los gemelos Fiachra y Conn en cuyo alumbramiento fallece la madre. Tras ello, Lir se casa con otra hija de Bodhbh, de nombre Aoife.

“Amach Daoibh a Chlann an Righ” – Sin embargo, el matrimonio no es feliz a causa de los celos de Aoife hacia los cuatro hijos de su hermana. Así, durante una excursión al lago Dairbhreach, Aoife sumerge a los niños y lanza sobre ellos un encantamiento que los convierte en cisnes, quedando atrapados en esa forma por los siguientes 900 años, 300 deberán pasarlos en el propio lago, 300 en el Estrecho de Moyle y los 300 últimos en el océano. Para ilustrar esta parte de la historia, Patrick escribe otra bellísima partitura para orquesta y coro en la que la soprano y la gaita de O’Flynn tienen reservado un papel protagonista.

“Mairseail Righ Lir” – Una alegre marcha es el modo escogido por Cassidy para continuar con la acción. En ella escuchamos por primera vez un bonito pasaje de arpa dialogando con las maderas de la orquesta. Ilustra así el compositor la retirada de Lir y su cortejo al enterarse del destino de sus hijos.



“Mochean do Mharcshluaigh” – El séquito de Lir llega al lago Dairbhreach mientras sus hijos, convertidos en cisnes contempla la escena. El coro ilustra la bienvenida de estos mientras que la gaita vuelve a ser el principal instrumento solista en otro pasaje memorable en el que el talento de Patrick Cassidy como compositor alcanza cotas elevadísimas.

“Croidhe Lir ‘Na Chrotal Cró” – Lir dialoga desolado con sus hijos que, sin poder acercarse a la orilla a causa de la maldición, le explican que, a pesar de ello, siempre podrían ser visitados y, a cambio, ellos cantarían bellas melodías durante la estancia en el lugar de Lir. Éste, a su regreso, informa a Bodhbh Dearg de los actos de su hija Aoife. Enfurecido por ello, Bodhbh encarga a su druída un hechizo equivalente y éste convierte a Aoife en un demonio volador para siempre. Escuchamos un aria emocionante que da paso a una maravillosa réplica a cargo del bajo ayudado por los veloces violines de la orquesta en un fragmento inspiradísimo.

“Ceileabhradh Dhuit a Bhuidhbh Dheirg” – Cumplidos los 300 años de confinamiento en el lago, Fionnuala recuerda a sus hermanos que deben abandonarlo para trasladarse al Estrecho de Moyle como indica la maldición. En el texto, se despiden para siempre de Bodhbh Dearg y de su padre, Lir. Tras una breve aria a cargo de la soprano, el coro y la gaita de O’Flynn, que también mantenía un breve diálogo con Fionnghuala son protagonista absolutos.

“Olc An Beatha Seo” – La estancia en el estrecho está llena de desventuras a causa del terrible clima, pródigo en tormentas y gélidas temperaturas. En este fragmento de la obra, los cisnes maldicen a su madrastra por haberles condenado a tan penosa existencia. La música, sin embargo, no refleja esa rabia, salvo, acaso, en la intervención final de las trompetas.

“Marcradh Shidda” – Uno de los fragmentos más alegres y memorables de la obra llega con esta perfecta mezcla de danzas tradicionales irlandesas y formas barrocas que sirve para ilustrar la llegada de una cabalgata de hadas que traen buenas nuevas sobre el estado de Bodhbh Dearg y Lir a los cisnes.

“Go Rinn Iorrais Iartharaigh” – Llega por fin el momento para los cisnes de trasladarse al último punto al que les destina la maldición de Aoife, al océano en donde quedarán a merced de los elementos durante 300 años más. Sin embargo, nada más llegar reciben un mensaje de Dios indicándoles que permanecerán todo ese tiempo bajo su protección sin sufrir ningún daño.

“Iongnadh Liom an Baile Seo” – Cumplida la ya condena impuesta por su madrastra, los cuatro hijos de Lir regresan a su tierra natal donde esperan reunirse con sus familiares encontrándose con que está desierta y sin rastro alguno de ellos. En el amargo lamento tiene de nuevo especial protagonismo la gaita de Liam O’Flynn, siempre dentro de una partitura deliciosa en la que los coros rayan a un nivel altísimo de modo que podrían resistir la comparación con los de cualquier obra maestra del periodo barroco.

“Eistigh Ré Clog An Chléirigh” – A pesar de la desazón que sintieron a su regreso, los hijos de Lir permanecieron en la tierra en la que habían crecido hasta la llegada a Irlanda de San Patricio y, con él, de la fe católica. Cuando el discípulo de éste, San Mochaomhog llegó a la zona, los cisnes escucharon el tañir de su campana. Fionnghuala la reconoció y dijo a sus hermanos: “es el sonido de la campana de Mochaomhog que pondrá fin a nuestro sufrimiento y nuestro dolor liberándonos por la gracia de Dios”. Los cuatro comenzaron a cantar entonces y el clérigo, al escucharlos, se acercó a la orilla del lago preguntando si eran, acaso, los hijos de Lir. – Lo somos, contestaron, a lo que él respondió: - doy gracias al Señor por ello porque es por vosotros que he venido a esta y no a otra tierra de Irlanda. Mochaimhog bautizó a los cuatro hermanos poniendo fin a la historia. Mientras tanto, orquesta, coro y solistas recuperan el tema principal de la obra cerrando así una composición monumental que convirtió a su autor en una celebridad nacional.

No se puede decir que Patrick Cassidy sea un artista demasiado prolífico. Tras “The Children of Lir” compuso y grabó otro oratorio titulado “Deirdre of the Sorrows” y ha publicado algunos discos más. Ahora vive en los Estados Unidos donde trabaja principalmente para el cine. Ha grabado un disco interesante en compañía de Lisa Gerrard que en algún momento aparecerá por aquí y ha alcanzado gran popularidad con una composición titulada “Vide Cor Meum” que aparecía en la banda sonora de la película “Hannibal” cuya partitura central es obra de Hans Zimmer. La citada pieza ha sido incluida en diversas recopilaciones y suele ser citada como una de las arias “clásicas” más bellas. Cabe recordar aquí que Cassidy es un compositor autodidacta que, si bien posee formación académica de piano y arpa, no llegó a graduarse formalmente y su única titulación es en matemáticas.


“The Children of Lir” es una obra intemporal. Evidentemente sigue esquemas propios de la música barroca pero, lejos de sonar como un pastiche vacío, contiene pasajes de gran entidad y como tal está reconocida en los círculos más importantes de su Irlanda natal donde Patrick es tenido en gran consideración. Nosotros no podemos sino recomendar el disco encarecidamente. Hace más de veinte años que lo escuchamos por primera vez y sigue siendo uno de nuestros favoritos. Si estáis interesados en adquirirlo, lo podéis encontrar en los enlaces habituales.

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Nos despedimos con un fragmento del ballet de Monica Loughman basado en la leyenda de los hijos de Lir en el que hay un par de fragmentos de la obra de Cassidy (el comienzo y a partir del minuto 6:35). También a partir del 13:34 suena "Marantha" de Cassidy en colaboración con Lisa Gerrard, tema publicado en el disco "Immortal Memory".