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miércoles, 10 de julio de 2019

Tangerine Dream - In Search of Hades (2019)




Pocos aficionados dudarán de la importancia de Tangerine Dream en la historia de la música electrónica, donde ocupan un lugar capital que pocas bandas podrían discutirles. De hecho se podría decir que definieron una forma de hacer música que fue seguida por prácticamente todos aquellos que se acercaron a un sintetizador en los años setenta y que ha calado de tal manera que en los últimos tiempos asistimos a una especie de “revival” del estilo que la banda marcó entre los años setenta y ochenta del pasado siglo ejemplificado a la perfección en la banda sonora de la popular serie de Netflix, “Stranger Things”. Dentro de su extensa y prolífica trayectoria hay un cierto consenso en señalar su etapa dentro del sello Virgin como la más brillante y de todos los discos grabados en ese periodo es habitual mencionar como los más importantes los grabados cuando la banda fue un trío integrado por Edgar Froese, Christopher Franke y Peter Baumann.

La formación "clásica" de Tangerine Dream.


Ya hemos dicho en más de una ocasión que esa etapa es, sin duda alguna, la que más nos gusta de toda la carrera de Tangerine Dream. Por ello, cuando conocimos la noticia de que iba a lanzarse una monumental caja recopilatoria centrada en esos años, nuestra reacción no pudo ser otra que de un incontenible entusiasmo. Si, además de eso, resultaba que el encargado de la selección y la elaboración del material iba a ser nada menos que nuestro admiradísimo Steven Wilson, la impaciencia por disfrutar de la caja era inevitable.

Vamos ahora con lo que más puede interesar al seguidor de la banda alemana: el contenido. “In Search of Hades”, que es el título del artefacto, se anunciaba como una caja de 16 cedés más 2 BluRays y el subtítulo ya daba una idea bastante aproximada del contenido: “The Virgin Recordings 1973-1979”. Eso se ajusta bastante a la etapa de Baumann en la banda pero no es del todo coincidente con ésta puesto que los primeros discos con él fueron anteriores a la firma de Tangerine Dream con Virgin, por lo que quedan fuera de la caja. Además, el músico dejó el grupo en 1977 tras lo que grabaron un par de discos más ya sin él que sí aparecen en la misma. En cualquier caso, y por muy interesante que pudiera resultar tener todos estros discos juntos, lo mejor iba a ser el material inédito que iba a ponerse a disposición de los seguidores de la banda por primera vez de forma oficial. Ahí es donde reside el mayor interés de “In Search of Hades” en nuestra opinión. Cuenta Steven Wilson que la propuesta que recibió era la de facilitarle las cintas originales de todos los discos de aquellos años de la banda para reeditarlos con nuevas mezclas en 5.1, algo que el ex-lider de Porcupine Tree había hecho ya con notable éxito con un montón de discos clásicos de bandas icónicas de los años setenta como King Crimson, Caravan, Jethro Tull, Emerson, Lake and Palmer, XTC o Yes. Al recibir el material se dio cuenta de dos cosas. La primera era que con aquello no iba a ser posible sacar un sonido multicanal suficientemente atractivo como para que ese trabajo mereciera la pena (de hecho, apenas hay un puñado de mezclas en ese formato en la caja). La segunda, que entre todas las cintas del archivo de Virgin había un montón de material inédito que merecía la pena rescatar convirtiendo así “In Search of Hades” en algo más que una bonita excusa para volver a “atracar” a los seguidores del grupo pasando a ser un objeto casi imprescindible para el fan de la banda.

El artefacto.


A continuación pasamos a detallar el contenido haciendo antes una consideración y es que dado el volumen  de música contenido en la caja, apenas le hemos podido dar un par de escuchas al contenido completo y solo alguna más a determinadas partes inéditas de “In Search of Hades”.

“Phaedra” - El primer disco de Tangerine Dream para Virgin fue “Phaedra”; para muchos críticos, su mejor trabajo. Es también el que atrae mayor interés para nosotros por cuanto que en “In Search of Hades” no sólo se encuentra la reedición del mismo junto con un par de nuevas mezclas en estéreo a cargo de Wilson sino hasta dos discos adicionales con material inédito procedente de las sesiones de grabación. Una auténtica gozada entre la que tenemos un montón de música completamente inédita junto con otros fragmentos en los que se adivinan versiones sin pulir de muchos momentos del disco. Tres discos magníficos que bien merecerían una edición por separado para aquellos a quienes el precio total de la caja les resulte excesivo pero que quieran tener la que sin dudarlo será considerada desde este momento como la edición definitiva de “Phaedra”, una de las cumbres de la música electrónica de todos los tiempos.




“Oedipus Tyrannus” - El actor británico Keith Mitchell fue una de tantas personas atrapadas por el sonido de “Phaedra”, una obra tan distinta a todo lo anterior que sonaba absolutamente futurista en 1974. Así, se puso en contacto con la banda para encargarles la música incidental de la obra de teatro “Oedipus Tyrannus” que el actor preparaba en un teatro londinense. Los miembros de la banda se desplazaron a los estudios de la CBS en Londres y grabaron la obra a partir de la cual elaboraron lo que parecía que iba a ser el siguiente disco. Sin embargo, el resultado de éste último no les convenció y el producto terminó en un cajón en las oficinas de Virgin. Un año más tarde, la obertura de esta banda sonora aparecería en un recopilatorio de la discográfica confiriéndole un carácter aún más mítico a “Oedipus Tyrannus” entre los fans de Tangerine Dream, algo aún más notable por cuanto que la banda tenía una gran tendencia a publicar discos y era extraño que un material así quedase inédito. Afortunadamente para todos nosotros, esa rareza en la carrera del grupo alemán queda perfectamente documentada en “In Search of Hades” de forma que podemos disfrutar por primera vez en su integridad de una obra que en modo alguno merecía permanecer en el olvido. La música de “Oedipus Tyrannus” tiene muchos puntos en común con la de “Phaedra”, especialmente en lo que se refiere al sonido pero es un poco más atrevida en cuanto a estilos, mostrando una mayor variedad musical en su contenido. Junto con el material inédito procedente de la grabación de “Phaedra”, este disco es el gran atractivo de la caja.




El resto de discos de estudio incluidos en “In Search of Hades” no ofrecen demasiadas novedades al margen de un excelente sonido que no siempre habían tenido las ediciones anteriores. En cuanto a material inédito, “Rubycon” ofrece como bonus un corte extra con una introducción más larga de la que aparecía en el disco original. “Ricochet” se nos muestra en la mezcla original en estéreo de 1975 y también en la nueva realizada por Steven Wilson en 2018. “Stratosfear” por su parte, incluye la banda sonora del documental que la banda realizó en su día sobre su concierto en la Catedral de Coventry (otro punto de interés de la caja) además de dos cortes del disco procedentes de un single promocional. El directo “Encore” apenas aporta los dos cortes del single que apareció en su momento entre los que había una curiosidad, “Hobo March”, que originalmente formó parte del disco de Edgar Froese en solitario, “Ages”, bajo el título de “Ode to a Granny A”. Los dos discos restantes, “Cyclone” y “Force Majeure”, no contaron ya con la presencia de Peter Baumann en la banda. Lo curioso es que entre el material adicional de ambos figura “Haunted Heights”, una pieza compuesta por él en solitario y que sólo había aparecido en una caja recopilatoria de la banda publicada en 1980. Junto a “Haunted Heights” se recuperan aquí otras dos rarezas que formaron parte de la misma colección: “Baryll Blue”, compuesta por Froese y “Chimes and Chains”, de Christopher Franke.

Pasamos ahora a otra tanda de material inédito. En su mejor momento Tangerine Dream ofrecían decenas de conciertos con un notable éxito. Uno de los puntos fuertes de los mismos era su carácter cuasi-improvisado. Al menos en la etapa de los setenta, cuando uno asistía a un concierto de Tangerine Dream no debía esperar oír las composiciones que había podido escuchar anteriormente en los discos. La banda en directo ofrecía una experiencia nueva en la que prácticamente todo el material era improvisado o desarrollado sobre la marcha partiendo de esquemas previos. Esto hizo que durante mucho tiempo, sus grabaciones en directo de los setenta fueran muy buscadas lo que provocó la aparición de numerosos discos piratas de muy variada calidad sonora. Para completar este “In Search of Hades”, Steven Wilson rescata tres de los conciertos más interesantes de esta etapa y nos los ofrece aquí por primera vez con una calidad notable. Se da la circunstancia de que Virgin disponía en aquella época del “Manor Mobile Studio” que no era sino una mesa de mezclas portatil de 24 pistas. En la práctica, un estudio de grabación ambulante del que directamente proceden las cintas utilizadas por Wilson para rescatar los conciertos. Al mando del Manor Mobile Studio estaba Phil Newell, toda una institución en la época y habitual, entre otros, en los discos y conciertos de Mike Oldfield. Las tres actuaciones recogidas aquí son la del 16 de junio de 1974 en el Victoria Palace Theatre de Londres, la del 26 de octubre del mismo año en The Rainbow (con John Peel ejerciendo de maestro de ceremonias) y el concierto del Royal Albert Hall del 2 de abril de 1975. Este último con el valor añadido de ser la única grabación disponible de Michael Hoenig con Tangerine Dream ocupando el puesto de un Baumann que estuvo ausente en la gira australiana y en el concierto de aquella noche. Este hecho es notable por cuanto Hoenig es autor de uno de los grandes discos electrónicos de los setenta y tuvo una presencia importante en la escena progresiva y electrónica alemana de la época, tanto en solitario como en su etapa como miembro de Agitation Free (a donde llegó justo cuando Christopher Franke dejaba la banda).




“In Search of Hades” se completa con dos BluRay que tenemos que confesar que aún no hemos visto por lo que poco más podemos decir de su contenido salvo que el primero contiene las mezclas en 5.1 y en estereo de “Phaedra” y “Oedipus Tyrannus” y el segundo las de “Ricochet” acompañadas del documental “Tangerine Dream at the Coventry Cathedral” junto con dos apariciones en televisión de la banda en aquellos años.

Es muy difícil afirmar de una recopilación que es algo que todo seguidor de la banda debe tener porque precisamente los seguidores suelen poseer ya todo el material, incluso en varias ediciones diferentes pero es que “In Search of Hades” merece mucho la pena. Incluso prescindiendo del hecho de que contiene siete discos de estudio ya publicados, seguimos creyendo que el material adicional de la caja es suficiente como para hacer un esfuerzo. Para los aficionados pero no fanáticos de la banda que quieran rellenar huecos en su colección, con la excusa del lanzamiento de “In Search of Hades” se han reeditado por separado los mencionados discos de estudio con los mismos extras que aparecen en sus correspondientes cedés de la caja. Esto no incluye el material descartado de “Phaedra” o la banda sonora de “Oedipus Tyrannus” ni, por supuesto, los conciertos.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Tangerine Dream - Phaedra (1974)



Vivimos en un mundo tremendamente racionalizado en el que nos empeñamos en buscar causas lógicas para todo. Buscamos explicaciones a cualquier suceso que no tiene por qué tenerlas y menospreciamos el valor de la casualidad, la fortuna, y lo inesperado. Contaba el sintesista alemán Klaus Schulze en una entrevista años atrás en la que hablaba de esto mismo, cómo el gran proyecto de la discográfica Virgin Records fue el fichaje de Tangerine Dream. Richard Branson había diseñado toda una estrategia que iba a hacer de los autores del disco “Atem”, publicado en marzo de 1973, la piedra angular de su discográfica. Hoy es complicado imaginarlo pero en los setenta, la radio era un arma poderosísima y con gran influencia en la gente. Había discjockeys que eran auténticos ídolos y su palabra era seguida con fervor por miles de oyentes. Si hubo un personaje en esta categoría cuya aureola mítica alcanzó la máxima expresión, ese fue John Peel. Pues bien, Peel otorgó sin dudarlo la categoría de disco del año 73 al extraño y alucinógeno “Atem” de una banda alemana semidesconocida integrada por Edgar Froese, Christopher Franke y Peter Baumann. Cuando surgió la posibilidad de contratarlos para Virgin, Branson no lo dudó. Con ellos tenía la idea de elevar su pequeño sello a un nivel mayor y, a partir de ahí, ya veríamos.

Como es bien sabido, esa intención saltó por los aires mientras una mujer paseaba despreocupadamente por la calle y miraba distraídamente a dos sacerdotes que hablaban junto a un edificio. La escena transcurría a lo largo de una película que alcanzaría gran fama en aquellos años mientras de fondo sonaba la inconfundible melodía del inicio del “Tubular Bells” de Mike Oldfield. Hablamos, claro, de “El Exorcista”. El disco del joven artista británico arrasó entonces en las listas y todo cambió en el plan inicial.

Evidentemente, Virgin no iba a desperdiciar el filón de Oldfield, quien se convertiría en la gran baza de la compañía. Sin embargo, Tangerine Dream no quedaban en el olvido ni mucho menos y con el disco que hoy comentaremos iniciaban una etapa que les convirtió en el grupo de culto que aún hoy son en muchos ambientes conservando un prestigio que ni siquiera decenas de lanzamientos mediocres en las últimas décadas han conseguido derribar. Los mejores años de la banda alemana empezaron aquí.

El legado de la formación clásica de Tangerine Dream llega a nuestros días. Quiero esa camiseta.

“Phaedra” – El tema central del disco nació, si hemos de creer la leyenda, como una improvisación en el estudio en la que los sintetizadores analógicos, extremadamente sensibles a variaciones de temperatura y humedad, se desafinaban constantemente. La banda no se arredró por esta circunstancia aprovechándose de ella para construir una larga serie de variaciones. La pieza comienza con las clásicas atmósferas que tan bien habían explotado los miembros del grupo en anteriores trabajos pero, enseguida escuchamos algo diferente y que marcaría toda una época en la música electrónica definiendo para siempre el estilo de la llamada “escuela de Berlín”. Hablamos del secuenciador, artilugio en el que se podía programar una secuencia breve de notas para ser enviada a los sintetizadores que se encargarían de repetirla una y otra vez mientras el intérprete modula el sonido de los mismos elaborando una serie de variaciones armónicas y rítmicas de carácter hipnótico que constituyen la base del sonido de Tangerine Dream y de todos los artistas electrónicos en los años posteriores. El concepto tiene mucho en común con lo que los minimalistas americanos hacían al otro lado del atlántico (de hecho, Wim Mertens, en su tratado “American Minimal Music” considera a Klaus Schulze un minimalista más). A lo largo de los 17 minutos de duración de la pieza, pasamos por una primera parte “secuencial” y muy rítmica y una segunda mitad más atmosférica que recuerda a sus trabajos anteriores con preciosos coros de mellotron, trinos electrónicos y demás elementos que definieron un género. No hacía falta nada más. Ya estaba hecho. La primera piedra de un edificio monumental que iba a erigirse en los años siguientes estaba ya firmemente colocada. El disco seguía en la cara B del vinilo pero lo verdaderamente relevante ya había sucedido. Componen Tangerine Dream en el momento de la grabación de "Phaedra": Edgar Froese (mellotrón, guitarra, bajo, sintetizador EMS VCS 3 y órgano), Christopher Franke (sintetizadores Moog y EMS VCS 3) y Peter Baumann (órgano, piano eléctrico, EMS VCS 3 y flauta).

“Mysterious Semblance at the Strand of Nightmares” – El segundo corte del disco está basado en un largo tema de mellotron a cargo de Edgar Froese, que es también quien lo firma. En contraste con la pieza anterior, aquí la presencia de los secuenciadores es nula y todo es pura interpretación “humana”. Si la música electrónica en estos años fue conocida también como “planeadora” es precisamente por cortes como este, llenos de capas y capas de sonido, melodías que se entrecruzan una y otra vez formando un tapiz que para los oídos de la época, imaginamos que sería poco menos que extraterrestre (no es de extrañar que la música electrónica, la ciencia ficción y el espacio hayan estado tan íntimamente ligados en el subconsciente colectivo).

“Movements of a Visionary” – De nuevo el trío formado por Christopher Franke, Edgar Froese y Peter Baumann al completo firman como autores de un tema (lo hacían en el primero) y, ciertamente, las características de ambos son similares. Ahora comenzamos con una serie de efectos electrónicos, aparentemente aleatorios pero que poco a poco van fundiéndose de un modo coherente hasta que aparece una secuencia que termina de cohesionar el conjunto. Con esa base rítmica aparece el órgano interpretando una serie de acordes que se mezclan con el conjunto de los sintetizadores. La progresiva trasformación de la secuencia central va guiándonos a lo largo de un tema magnífico que demuestra que el trío estaba en un buen camino que no iba a abandonar en mucho tiempo.



“Sequent C’” – Cerrando el disco tenemos un breve tema a cargo de Peter Baumann a la flauta en el que se sirve de efectos electrónicos y manipulaciones de cinta magnetofónica para dotarle de una ambientación fantasmagórica muy adecuada. Un cierre muy particular para un disco que iba a marcar el inicio de todo un género.

Hubo más discos y no sería justo darle a “Phaedra” todo el mérito ni mucho menos la paternidad absoluta de toda una rama musical pero tendemos a buscar siempre puntos de inflexión a los que poner un nombre para explicar las cosas y si hablamos de la rama berlinesa de la música electrónica, no se nos ocurre un mejor punto de partida que “Phaedra”. A partir de lo que suena en este disco, muchos otros artistas construyeron sus carreras añadiendo, claro está su talento personal. Además, en cierto modo este disco supuso la puesta de largo del secuenciador, instrumento clave en la evolución de un género musical que, quizá, sea el único cuya denominación está directamente relacionada con los instrumentos y no con otras cuestiones musicales. No es esta una cuestión menor ya que es esta una corriente estrechamente ligada a la evolución tecnológica y cada nuevo instrumento ha supuesto un salto cualitativo en la música de todos los artistas electrónicos. Siempre se afirma que lo importante son los músicos y no los instrumentos, que estos no componen solos pero tendremos que convenir que en la música electrónica, la importancia del continente es pareja a la del contenido y una prueba de ello es que, habitualmente, los trabajos clásicos del género soportan mal las revisiones o las versiones por parte de otros artistas con otras instrumentaciones y eso les da un carácter único muy próximo al de la obra de arte en el sentido tradicional.


“Phaedra” es uno de esos discos que hay que tener, siquiera por curiosidad. Los ingleses tienen el término “milestone” para estos casos y la traducción castellana como “hito” creemos que no tiene la misma intensidad descriptiva. Si aún no tenéis este disco y queréis solucionarlo, está disponible en los enlaces habituales. Por nuestra parte, lo recomendamos encarecidamente.

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Los conciertos de Tangerine Dream en aquellos años eran continuos ejercicios de improvisación con magníficos resultados en muchos casos. Os dejamos con un fragmento de un mítico concierto en Reims con la participación de Nico, de la Velvet Underground.

viernes, 14 de octubre de 2011

Tangerine Dream - Sorcerer (1977)


La historia de esta banda sonora es realmente curiosa por lo atípico de su gestación. William Friedkin, director de la película, conoció la música de Tangerine Dream en 1974 durante la promoción de su famosísima película "El Exorcista". Le causó tal impresión que llegó a declarar que si les hubiera conocido antes, habría utilizado música de la banda alemana para acompañar las inquietantes escenas de la historia del Padre Karras, Regan MacNeil y Satanás. Esta afirmación sorprende especialmente si tenemos en cuenta que la música que sonaba en determinada escena de la película era nada menos que la introducción de "Tubular Bells" de Mike Oldfield, cuyas notas de piano han quedado grabadas a fuego en la memoria de todo cinéfilo ligadas a la película.

Tras el éxito monumental de "El Exorcista", Friedkin contó con un presupuesto realmente alto para la época de cara a la realización de su próximo largometraje que iba a llevar por título "Sorcerer" ("Carga Maldita" en su versión en castellano). El director hizo llegar una copia del guión al trío alemán en 1975 con la idea de que compusieran la banda sonora.

Un tiempo después, Friedkin recibió unas cintas con un par de horas de música escrita y grabada sencillamente a partir del guión de la película, sin que el grupo hubiera visto ni un sólo fotograma. No hizo falta nada más. El director seleccionó las piezas que le parecieron más adecuadas sin necesidad de retocar nada y las incorporó a su película. El film, aunque tiene un cierto halo de película de culto hoy en día y obtuvo buenas críticas, no tuvo una gran aceptación y no recuperó la fuerte inversión original. Desde el punto de vista musical, supuso la primera aparición de Tangerine Dream en una película de Holywood, faceta esta que la banda explotaría intensivamente en los años siguientes con resultados más bien desiguales.

"Sorcerer" nos muestra unos Tangerine Dream distintos a los habituales puesto que las piezas del disco son extractos breves, alejados de los largos temas planeadores y secuenciales de sus discos anteriores aunque sigue teniendo la esencia del sonido del grupo en la etapa de Peter Baumann. Como supondreis por la época de la grabación, la formación de Tangerine Dream en este disco era la clásica de Franke, Froese y el citado Baumann. No es este un disco que aparezca habitualmente en las listas de los más valorados de los alemanes pero no deja de tener un interesante valor testimonial de toda una época.

Desgraciadamente, y aunque pertenece a los años en que la banda publicaba con Virgin Records, esta banda sonora fue publicada por MCA y no es tan sencilla de encontrar como otros discos de la época. Os dejamos un enlaces para adquirirlo:

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Os dejamos con un fragmento de la banda sonora:

martes, 11 de octubre de 2011

Tangerine Dream - Stratosfear (1976)


La primera mitad de la década de los setenta marcó un periodo de intensa experimentación en la música electrónica en general y en la llamada "Escuela de Berlín" en particular. Si aceptamos que Tangerine Dream eran el buque insignia de dicha escuela, no tenemos más remedio que aplicarles a ellos también esa afirmación. En cierto modo, la culminación de esa etapa fue el disco "Stratosfear". Tras una serie de lanzamientos más bien oscuros, esencialmente rítimicos e improvisados en una buena parte, los tres miembros de la banda, Franke, Froese y Baumann, hicieron una especie de síntesis de todo lo anterior y se juntaron en el estudio para dar forma a la versió más depurada de la música del trío hasta el momento.

"Stratosfear" contiene todas las señas de identidad habituales del grupo pero tenemos la sensación de que el sonido fue más cuidado que nunca y que la producción en el estudio necesitó mucho más tiempo y dedicación que cualquiera de los trabajos previos. Incluso desde un punto de vista comercial, encontramos por primera vez melodías facilmente tarareables y vendibles, incluso radiables sin problemas en las FM de la época.

El enfoque de cada una de las composiciones es mucho más directo y no tenemos ya esas largas introducciones planeadoras que parecen no terminar nunca sino unos pocos compases, habitualmente con protagonismo de las guitarras que enseguida desembocan en los estribillos y secuencias más puramente electrónicos. Ya hemos dicho en más de una ocasión que la etapa de Baumann en Tangerine Dream, nos parece la más brillante del grupo y este trabajo, el último de esa etapa grabado en estudio, es un dignísimo broche a la misma

Como es habitual, os dejamos un par de enlaces para su compra:

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Y un video con el corte que da título al disco:


martes, 5 de julio de 2011

Tangerine Dream - Rubycon (1975)



En La Voz de los Vientos no podemos disimular nuestra admiración por la etapa de Peter Baumann como integrante de la banda dentro de la larguísima trayectoria de Tangerine Dream. El disco que hoy nos ocupa es uno más de los brillantes ejemplos que nos dejaron los alemanes en los 70. "Rubycon" apareció muy poco tiempo después de "Phaedra", considerado por muchos, entre los que no tenemos reparos en incluirnos, como el gran punto de partida de la mejor etapa del grupo. Curiosamente, y a título anecdótico, parece que ese gran salto le correspondería, dado su título, a este "Rubycon" con su referencia al paso de Julio César y sus tropas del río del mismo nombre y que desde entonces se interpreta como el ejemplo clásico de punto de no retorno.

En el fondo, este trabajo no deja de ser eso. Los primeros minutos del mismo discurren por caminos ya transitados con atmósferas ambientales y sonidos atmosféricos pero alrededor del minuto 6, en el que hacen su aparición las primeras secuencias rítmicas, Tangerine Dream se suben a una ola de la que ya no se bajarían en muchos años. Este elemento que ya apuntaba sus posibilidades timidamente en el anterior trabajo de los teutones se iba a convertir en seña se identidad del sonido Tangerine Dream y, por extensión, de la propia Escuela de Berlín.

Los integrantes del grupo durante la grabación del album eran: Edgar Froese (teclados, guitarra y percusiones), Christopher Franke (teclados) y Peter Baumann (teclados).

Como todos los discos del grupo de la época en que publicaban para Virgin Records, este trabajo es sencillo de encontrar hoy en día en tiendas. Un par de enlaces para adquirirlo:

play.com

amazon.co.uk

domingo, 26 de junio de 2011

Tangerine Dream - Encore (1977)


Al igual que ocurría con el anterior disco de la banda que pasó por aquí, "Encore" es una seleccion de temas en directo grabados en distintos conciertos de la gira norteamericana de la banda en 1977. Es también, la última grabación de Tangerine Dream con la participación de Peter Baumann por lo que la consideramos el cierre discográfico de la etapa más brillante de la formación.

Curiosamente, y al contrario de lo que sucedía en "Ricochet", no toda la música es totalmente improvisada sino que se recuperan algunas melodías de anteriores discos de la banda como "Stratosfear" o "Sorcerer" aunque el caracter predominante a lo largo de los casi 80 minutos de la grabación es la libre improvisación ajustandose a unos patrones rítmicos y secuencias predeterminados. Podemos apreciar, sin embargo, una evolución hacia patrones melódicos más definidos en algunos fragmentos de "Monolight" que dejan entrever los derroteros por los que se movería la música de Tangerine Dream en los años siguientes.

Junto a Baumann, que interpreta sintetizadores y piano Fender Rhodes, participan en la grabación los restantes miembros del grupo: Christopher Franke (teclados y percusiones) y Edgar Froese (teclados y guitarra).

Para adquirir el trabajo a buen precio os dejamos un par de alternativas:

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Una muestra de lo que podeis oir en el disco en forma de fragmento del corte "Coldwater Canyon":

domingo, 19 de junio de 2011

Tangerine Dream - Ricochet (1975)


Si hay un instrumento que ha marcado a fuego la evolución de la música electrónica transformándola de forma radical, ese es el secuenciador. Hasta la aparición de los primeros secuenciadores, las corrientes surgidas alrededor de la elaboración y el tratamiento electrónico del sonido se movían por caminos divergentes entre la pura experimentación y los trabajos más ambientales. El secuenciador es básicamente una máquina que "dispara" secuencias de notas a los sintetizadores. Una especie de intérprete automático en el que se pueden programar cortas melodías (de entre 8 y 16 notas en los primeros tiempos) para formar bases rítmicas.

La irrupción de este aparato cambió radicalmente el panorama de la electrónica, especialmente en su vertiente alemana, en lo que se vino a denominar Escuela de Berlín. Y si hablamos de esta escuela, los representantes principales son Tangerine Dream. El buque insiginia del sonido electrónico en los 70 por excelencia, ha conocido un buen número de formaciones distintas a lo largo de los años pero la más recordada por la mayoría de sus seguidores es la integrada por Edgar Froese, Christopher Franke y Peter Baumann. Este trío creó entre 1974 y 1977 principalmente los discos más celebrados de Tangerine Dream para Virgin Records.

"Ricochet" es un disco en directo construído a partir de fragmentos de los conciertos que la banda dio a lo largo de Francia e Inglaterra en 1975, especialmente de uno de los conciertos londinenses de octubre de ese año. La particularidad de los conciertos de los artistas electrónicos de la Escuela de Berlín en general era la ausencia de temas procedentes de los discos anteriores de los distintos intérpretes. Por el contrario, practicamente todo el material era improvisado a partir de unas pequeñas bases previas. De este modo, cada concierto era un espectáculo distinto. Lo que distingue a "Ricochet" de los trabajos previos de Tangerine Dream es la espectacular exhibición rítmica que se nos brinda a lo largo de los cuarenta y tantos minutos que dura el disco. En "Phaedra" se empezó a utilizar el secuenciador y en "Rubycon" este uso es mucho más importante pero es en "Ricochet" cuando este elemento alcanza sus mayores cotas de brillantez. Los créditos del disco los componen: Edgar Froese (teclados, guitarra), Peter Baumann (teclados), Christopher Franke (teclados, batería).

Curiosamente, en su momento la acogida del disco fue algo más tibia que la de sus predecesores pero hoy en día, suele ser el más citado entre los seguidores de la banda a la hora de indicar su favorito. Afortunadamente, la etapa en Virgin de Tangerine Dream se encuentra regularmente a buenos precios. Para haceros con la grabación:

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