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domingo, 30 de octubre de 2022

Johann Johannsson & Yair Elazar Glotman - Last and First Men (2020)



Cuando falleció en febrero de 2018, Johann Johannsson estaba dando los últimos retoques a la banda sonora de la película “Last and First Men” que iba a suponer su debut como director. Se trataba (se trata, ya que, de hecho, se estrenó un tiempo después) de un film experimental de ciencia ficción basado en la novela homónima de Olaf Stapledon. La película consiste en imágenes grabadas en 16 milímetros y, en su mayor parte, en blanco y negro, de monumentos dedicados a la Segunda Guerra Mundial localizados en distintos lugares de la antigua Yugoslavia. Sobre ellas, escuchamos la narración a cargo de la actriz Tilda Swindon.


La película, pese a su enfoque tan particular, obtuvo muy buenas críticas, pero aquí vamos a hablar, como siempre, de la música. Como indicamos al principio, Johannsson falleció mientras trabajaba en los detalles finales de la banda sonora por lo que el trabajo fue completado por el israelí Yair Elazar Glotman, quien ya trabajó con el músico islandés en “Mandy” pocos meses antes y también es uno de los intérpretes. Intervienen en la grabación, publicada por Deutsche Grammophon, los miembros de la Budapest Art Orchestra dirigidos por Viktor Orri Arnason (además, toca el violín y la viola) y los percusionistas Olafur Björn Olafsson, Samuli Kosminien, Rutger Hoedemaekers, Wouter Rentema, Robert Alki Aubrey y Sam Slater. Con ellos, Colin Stetson al saxo, Liam Byrne a la viola de gamba y Morris Kliphuis (corneta y trompa). En la parte vocal, escuchamos a Else Torp, Kate Macoboy, Sara Fors y Erik Enocksson, miembros del Theatre of Voices. Glotman toca el contrabajo, el armonio, sintetizadores y se encarga de la manipulación de cintas magnetofónicas. Johannsson se encarga de la electrónica, las Ondas Martenot, alguna percusión y los loops de cinta. Por último, la compositora y habitual colaboradora de Johannsson, Hildur Gudnadottir, toca el violonchelo y la percusión.


Escena del rodaje de la película


El disco comienza de una forma bastante impresionante, con las voces ligeramente distorsionadas, ejecutando unas notas profundas cargadas de emotividad en el “Prelude”. La misma línea se sigue en “A Minor Astronomic Event” con la incorporación de un motivo melódico repetitivo que evoluciona con cambios de tono sobre un fondo cada vez más rico y lleno de matices, siempre con un tono oscuro y lleno de tensión.




 Esa misma tónica, muy ambiental, se mantiene en “A Move to Neptune”. El primer cambio llega con “Physical Description of the Last Human Beings” que es casi un solo de violonchelo en sus primeros instantes al que se incorpora una segunda melodía del mismo instrumento y la voz femenina junto al resto de las cuerdas para completar una de las partes más bellas del trabajo. “Architecture” comienza con efectos electrónicos y una percusión lejana para sorprendernos de pronto con la entrada de la orquesta con unas poderosas notas graves que aparecen y se disuelven con igual rapidez. Tras ello, enlazamos dos cortes breves, “Supreme Monuments” y “Telepathic Unity”, atmosférico el primero y más contundente el segundo por la presencia de una percusión casi ceremonial que le da un tono muy ominoso al conjunto, especialmente cuando intervienen las voces en la parte final. Esas mismas voces tienen mucha más importancia en la preciosa “Chilhood / Land of the Young”, luminosa en comparación con lo que hemos escuchado hasta ahora, y siguiendo la estela de las piezas más brillantes de la carrera de Johannsson.




“The Navigators” es una joya. La pieza más larga del disco recupera la idea del cuarto corte del disco y la potencia en todos sus aspectos. Con toques del Gorecki de la tercera sinfonía, el momento en el que se repite la melodía central con la adición de la voz femenina en segundo plano es sublime y justifica por sí solo todo el disco. Tras esa potente transición que es “The Sun”, creada a partir del largo eco de una percusión poderosa y de una voz femenina, llegamos a “A New Doom” con la que volvemos a los “drones” puramente ambientales que tanto abundan en el disco y que continúan con diferentes matices en “Task No.1: the Scattering of Seeds”, con más peso de la electrónica, en “Task No.2: Communicating With the Past” donde la orquesta manda, o “The Last Office of Humanity”, todas ellas piezas de corta duración. “Slow Destruction of Neptune”, llena de silencios que nos dan un respiro entre cada una de las notas vocales de la cantante, es otra de nuestras composiciones favoritas, llena de espacio y claustrofóbica al mismo tiempo.




“The Few that Prevail” regresa a los ambientes atmosféricos que nos acompañarán también en “The Last Men”, recuperando motivos escuchados en temas anteriores. “Remembrance of the Past” y “The Universal End” no muestran grandes novedades y “Epilogue”, contrariamente a lo que suele suceder en estos casos, en los que se hace una especie de resumen de varios momentos de la obra, es un tema más en la línea de la mayor parte de los anteriores, esto es, resaltando la parte ambiental sobre la melódica.



Confesamos que no conocemos la obra de Yair Elazar Glotman por lo que somos incapaces de discernir su aportación al disco que acabamos de comentar porque lo cierto es que “Last and First Men” es una obra con el sello de Johannsson presente en todo momento, cosa que habla bien del israelí en lo que se refiere al respeto a la obra original, renunciando a cualquier protagonismo por la vía de hacer aportaciones personales que destaquen sobre el resto de alguna forma. Por lo demás, nos queda ver cómo funciona la música acompañando a las imágenes de la película, cosa que no hemos hecho aún pese a que el la edición de Deutsche Grammophon incluye un BluRay con el film. Desgraciadamente somos de los pocos que no hemos abandonado aún el viejo reproductor de DVD. En cualquier caso, la música es magnífica y no defraudará a los seguidores de Johannsson porque es continuista con el estilo que le hizo famoso. Por nuestra parte, estamos seguros de que seguirán apareciendo obras inéditas suyas durante un tiempo así que permaneceremos atentos a las novedades. Mientras tanto, nos despedimos con "The Navigators", quizá nuestra pieza favorita del disco:





sábado, 24 de septiembre de 2022

Johann Johannsson - Drone Mass (2022)



Tiempo después de su fallecimiento, siguen apareciendo grabaciones nuevas del islandés Johann Johannsson lo que siempre es motivo de alegría para nosotros. En esta ocasión no se trata de música que anduviera perdida en el estudio entre papeles y material descartado de otras obras sino de una pieza que el compositor llegó a estrenar en vida en el año 2015: “Drone Mass”. Es, en palabras de su autor “una especie de oratorio contemporáneo” basado en textos coptos y que fue estrenada muy oportunamente en el Templo de Dendur, en Nueva York. La composición está escrita para cuarteto de cuerda y voces y en la grabación participan cuatro de los integrantes de la American Conteporary Music Ensemble (ACME) y los miembros del Theatre of Voices dirigido por Paul Hillier, formaciones ambas que ya habían trabajado con Johannsson y que, como veremos más adelante, son particularmente apropiadas para una obra como esta, especialmente el coro, especialistas en obras de Arvo Pärt de quien grabaron varias obras para el Harmonia Mundi.


Estamos acostumbrados a escuchar a Johannsson asociado a las imágenes de una película pero muy pocas veces hemos disfrutado de sus obras puramente musicales ya que la mayor parte de su discografía son bandas sonoras. Ahora tenemos la oportunidad de escuchar algo realmente diferente y que vale mucho la pena. Publica, como es habitual en los últimos lanzamientos del islandés, el sello Deutsche Grammophon.


“One is True” - La introducción de la misa tiene como protagonistas principales las voces utilizadas de un modo que nos recuerda en parte al “Tehillim” de Steve Reich. Es una pieza emocionante en la que los juegos corales son extraordinarios y encajan de maravilla con el cuarteto de cuerda.




“Two is Apocryphal” - Siguiendo en la onda minimalista, Johannsson se acerca más en esta ocasión al Philip Glass de “Another Look at Harmony” y otras piezas vocales de su primera etapa. Hay un magnífico contraste entre las voces graves, que hacen de “drone” y las femeninas que van apareciendo en diferentes capas sonoras junto con las cuerdas. Es precisamente en estas últimas donde empezamos a apreciar el estilo de Johannsson más claramente.


“Triptych in Mass” - El tercer movimiento es mucho más profundo si cabe que los anteriores. Las cuerdas están continuamente en tensión y la parte coral es muy inquietante. Aquí resulta imposible no pensar en la música de Arvo Pärt como una influencia indudable. En el segmento central escuchamos una frase repetitiva a cargo de los violines que firmaría sin sonrojo el propio Glass en una curiosísima combinación entre el violín al estilo “Einstein on the Beach” y el “tintinnabuli” clásico de Pärt.


“To Fold & Remain Dormant” - Un turbio comienzo electrónico de corte atmosférico y muy ambiental va dejando paso a afilados coros en una composición francamente interesante en la que reconocemos inmediatamente al Johannsson de “Arrival” y de otras bandas sonoras. Puro ambiente, con escasa importancia de la melodía para una gran pieza.


“Divine Objects” - Llegamos a uno de los mejores momentos del disco, con una preciosa intervención del cuarteto de cuerda, los violines repitiendo una melodía en ostinato y el violonchelo por debajo evolucionando lentamente. Una especie de cruce entre el Johannsson de sus mejores momentos y el Philip Glass de “Koyaanisqatsi”. En la segunda mitad del tema, tras una pausa, se repite el esquema con la entrada del coro acompañando al violonchelo para cerrar lentamente la que puede ser nuestra parte favorita de la obra.




“The Low Drone of Circulating Blood, Diminishes With Time” - Johannsson vuelve aquí a donde lo había dejado antes del movimiento anterior. De hecho, esta podría ser una continuación de “To Fold & Remain Dormant”, muy ambiental y llena de texturas extrañas y repetitivas.


“Moral Vacuums” - Otra de las grandes composiciones del trabajo, con una melodía que ya es recurrente en la trayectoria del autor y que aparece en diferentes variaciones en más de una obra anterior pero que, lejos de cansar, nos parece fascinante siempre que la escuchamos. Una preciosidad.




“Take the Night Air” - Regresamos por última vez a los pasajes más ambientales con electrónica y coros sintéticos aliandose para dibujar una escena onírica en la que las voces reales aparecen como destellos, aquí y allá, tejiendo una red cristalina, apenas tupida, llena de misterio y con una gran capacidad de evocación.


“The Mountain View, the Majesty of the Snow-Clad Peaks, from a Place of Contemplation and Reflection” - Cierra la obra una larga pieza, aunque no tanto como su kilométrico título. Es una pieza muy estática, quizá la que más justifica el “drone” del título de la obra, con voces, electrónica y cuerdas mezclándose en prolongadas notas y largos glissandi. El cierre es oscuro y vuelve a recordar a Pärt, en especial en la parte coral.



Es habitual que los compositores cuya carrera se centra en las bandas sonoras dejen un poco al margen la escritura de música independiente de las imágenes aunque lo cierto es que la mayoría de ellos componen obras de este tipo que no suelen salir a la luz en forma de grabaciones ni tampoco son material habitual de concierto. En todo caso, nunca suelen contarse entre lo más conocido de su producción y es una pena porque, en el fondo, es su música más personal, aquella que surge sin plazos de entrega, sin presiones externas y sin las indicaciones de directores y demás personal del mundo del cine que, por fuerza, tienen que terminar condicionando el resultado salvo en los casos de los músicos más consagrados (y hablamos de tres o cuatro a lo sumo) que pueden permitirse una total independencia al respecto.


“Drone Mass” es una obra magnífica, a la altura de lo mejor de Johannsson aunque encierra un problema que es común a la mayoría de músicos de su generación, en especial a los que abrazan una especie de neo-minimalismo. Tanto Johannsson como Max Richter, Olafur Arnalds o Nils Frahm, por poner solo unos pocos ejemplos (en buena medida a Einaudi o Tiersen les pasa algo similar aun siendo algo anteriores), dejan ver muy claramente sus influencias. Hay fragmentos en las obras de todos ellos que facilmente podrían pasar por piezas de Glass, Reich, Pärt, Nyman o Mertens, cosa que no pasaba en su día con estos últimos que crearon un lenguaje propio en el que no era tan fácil establecer sus influencias pese a que, indudablemente, estas existían también. En “Drone Mass” encontramos algunos momentos que, como hemos dicho, recuerdan mucho a otros autores. La voz propia de Johannsson está presente a lo largo de toda la obra, de eso no hay duda, y es, como decimos, una composición muy interesante que merece toda la atención del mundo pero hay momentos en que las influencias distraen del resultado final. Con todo, no podemos sino recomendar su “Drone Mass” y esperar que sorpresas nos quedan por escuchar de un compositor que nos dejó demasiado pronto. Os dejamos con el "trailer" del disco publicado en el canal del autor:




martes, 22 de septiembre de 2020

Johann Johannsson - Sicario (2015)




“Me dijo que quería música bélica sutil. Exactamente en esos términos. Lo vi como un desafío porque ¿qué demonios es música bélica sutil aparte de una contradicción en sí misma?”. Así hablaba el islandés Johann Johannsson del encargo de la banda sonora de “Sicario” por parte de Denis Villeneuve en una entrevista de la época. Director y compositor habían cruzado sus caminos por primera vez un par de años antes cuando ambos colaboraron en “Prisioneros”, el debut en Hollywood de Villeneuve y también su primera película sobre un guion ajeno. La experiencia fue buena para ambos y un punto de partida para una serie de colaboraciones muy prometedora. En el tiempo transcurrido desde "Prisioneros", Johannsson había alcanzado ya un gran reconocimiento gracias a su trabajo con la música de “La Teoría del Todo”, nominada a los Oscar, con lo que las expectativas sobre el reencuentro de músico y director eran altas.

"Sicario" alcanzó un gran éxito y acaparó multitud de nominaciones y galardones internacionales entre los que se encontraba la segunda candidatura al Oscar para Johannsson. No era una película bélica en el sentido tradicional ya que trataba el conflicto fronterizo en la frontera entre México y los Estados Unidos en el terreno del tráfico de drogas. Una guerra, sí, pero alejada de lo que entendemos por una película de guerra. Tras varias conversaciones entre director y compositor, el tono bélico que aquel solicitaba se decidió que vendría dado por el uso de la percusión, parte fundamental en la banda sonora, en palabras de Johannsson, quien decidió también hacer una música que funcionase como tal, ajena por completo a las músicas tradicionales de la zona en la que se desarrolla la acción. Prescindía así de un recurso muy habitual en el cine pero consiguiendo a cambio una libertad que le permitía consolidar un estilo propio y ofrecer una muestra depuradísima de las que iban a ser sus señas de identidad: sonidos orquestales y acústicos utilizados como base a partir de la cual crear texturas por medio de la manipulación electrónica y todo ello combinado con sintetizadores con gran sutileza. Una marca personal que comparte muchas cosas con otros compañeros de generación de Johann de los que hemos hablado en varias ocasiones aquí como Olafur Arnalds o Max Richter. Para la grabación, además de los sintetizadores y la orquesta mencionados, el músico cuenta con Olafur Bjorn Olafsson, Aldrea Belfi, Danny Frankel y Zoltan Varga (percusiones), Shahzad Ismaily (percusión, guitarra y sintetizadores), Robert Aiki Aubrey Lowe (voces), Skuli Sverrisson (bajo) y, sobre todo, con la violonchelista y compositora Hildur Gudnadottir, estrecha colaboradora del músico y en cierto modo, continuadora de su carrera con una trayectoria cada vez más interesante en el campo de las bandas sonoras con las multipremiadas “Chernobyl” para la televisión y, sobre todo, “Joker” con la que ganó el Oscar. Como curiosidad, la propia Hildur sería la encargada de la banda sonora de la secuela de “Sicario” estrenada en 2018.

Villeneuve y Johannsson en una foto de archivo.


El disco comienza de forma casi imperceptible. Los primeros instantes de “Armoured Vehicle” transcurren casi en silencio y solo una percusión que se va acercando nos pone sobre la pista de que algo se aproxima hasta enlazar con “The Beast”, uno de los temas centrales del disco protagonizado por las texturas más graves de las cuerdas de la orquesta que se combinan con ritmos electrónicos en un inquietante in crescendo que llega y se va, como simulando el paso junto a nosotros de la bestia a la que alude el título. “The Border” se comporta de la misma forma al principio pero enseguida evoluciona. Las cuerdas son más dinámicas y la percusión alterna diferentes ritmos a la vez marcados por distintos instrumentos. La orquesta se derrite en una curiosa pasta electrónica mostrándonos texturas nuevas. Continuamos con una total ausencia de melodías en beneficio del propio sonido.


La tensión creada por “Drywall” sigue estando basada en el inquietante ritmo de los tambores con apariciones de las cuerdas al estilo de Bernard Herrmann y una leve melodía repetitiva que surge al final. La breve “Explosion” abandona por un momento las percusiones y cede a los metales el protagonismo para dar paso a “Desert Music” en donde el violonchelo de Hildur Gudnadottir nos emociona con una melodía oscura y muy inspirada. Uno de los momentos cumbre del disco, que continúa con la participación de toda la sección de cuerda acompañada de sonidos electrónicos y flautas. “Target” alterna poderosas notas graves con largos silencios  y así llegamos a “Convoy” que opta por los sonidos más ambientales diluyendo la orquesta y los sintetizadores en un sonido indefinido y recuperando las percusiones como amenaza constante en toda la obra. Los violonchelos y contrabajos repiten sin cesar una secuencia muy potente que consigue ponernos los pelos de punta.


“The Bank” funciona como una prolongación del corte anterior añadiendo alguna percusión más y eliminando las cuerdas que ahora son reemplazadas por efectos electrónicos. “Surveillance” recupera los ritmos de “The Beast” por un breve instante mientras que “Reflection” opta por un tono más meditativo que nos deja en el estado de ánimo adecuado para enfrentarnos a “Melancholia”, una preciosa pieza de guitarra cuyo sonido ha sido tamizado y oscurecido por la electrónica consiguiendo un efecto maravilloso. Una composición sencilla pero bellísima. “Night Vision” vuelve a las estructuras repetitivas, a la amenaza constante de la percusión y a los contrabajos de “Convoy” mientras que “Tunnel Music”, algo más electrónica y distorsionada incide en algunos de los pasajes que hemos escuchado ya anteriormente. “Fausto”, igual que muchas de las piezas anteriores, tiene algo de “drone music” o de “dark ambient” y “Balcony” con todos esos sonidos en segundo plano que entran y salen de escena es una coda perfecta.



Casi cerrando el disco, “Soccer Game” añade los coros como nuevo elemento y el soporte perfecto para la voz de Robert Aiki Aubrey Love, más conocido como Lichens en su carrera en solitario, cuyo estilo encaja a la perfección con la música de Johannsson con la que comparte muchas características. Cerrando el trabajo nos queda por oir “Alejandro's Song”, de nuevo con Lichens cantando en su particular registro agudo, multiplicado por la tecnología en un fragmento en que también podemos encontrar alguna influencia de Henryk Gorecki o Zbigniew Preisner.


Con “Sicario”, Johann Johannsson firmó una banda sonora muy interesante porque huye en todo momento de los recursos habituales para hacer una música absolutamente personal y que tiene la gran virtud de conseguir atraer desde el principio con una casi total ausencia de melodías, ritmos estresantes y atmósferas opresivas. En ella encontramos influencias externas (no hemos mencionado a Ligeti pero creemos que su estilo flota sobre muchos momentos de la banda sonora) pero en ningún momento confunden al oyente ya que la forma de componer de Johannsson siempre aparece de forma inimitable. No es una música fácil ni está hecha para llegar inmediatamente a cualquier público y pese a ello funciona. El oyente que busque una música más lírica tiene obras que encajan más en ese perfil en la discografía anterior y posterior de su autor pero creemos que también debería darle una oportunidad a “Sicario” para obtener una imagen más completa de la música de Johannsson a la que volveremos en más ocasiones.


Así se anunciaba la película en su momento:



miércoles, 18 de marzo de 2020

Johann Johannsson - Retrospective Vol.I (2019)



El fallecimiento de un artista suele traer aparejada la publicación de todo tipo de material inédito que antes reposaba en las estanterías de las discográficas. Grabaciones que no fueron consideradas lo suficientemente buenas para ser publicadas aparecen de repente etiquetadas como joyas perdidas y conciertos de ínfima calidad sonora son publicados por doquier. Esa maldición la han sufrido en tiempos recientes dos mitos como Prince o Devid Bowie pero ha sucedido en todas las épocas.

Hay otros casos en los que la desgracia de la muerte de un músico permite a los aficionados acceder a obras suyas que, aunque fueron publicadas en su día, estaban descatalogadas desde mucho tiempo atrás y eran imposibles de conseguir. También a trabajos pertenecientes a su producción reciente que probablemente no habrían sido lanzados con una distribución igual de haber seguido con vida su creador. Hace poco supimos que estaba al caer el segundo volumen de la serie “Retrospective” que el sello Deutsche Grammophone ha dedicado a la memoria de Johann Johannsson y por ello creemos que es buen momento para reseñar el primero de ellos que apareció hace ya casi un año.

“Retrospective” es una preciosa caja que contiene siete trabajos del artista islandés, la mayoría de los cuales fueron grabados antes de que Johannsson diese el salto y se convirtiera en un nombre conocido para los melómanos de medio mundo de la mano de Denis Villeneuve y de películas como “Sicario” o “Arrival”. La selección es muy interesante porque deja fuera trabajos como “Englaborn” o la banda sonora de “Fordlandia” que cronológicamente pertenecen al periodo que cubre la caja pero que son fáciles de encontrar por separado. A cambio se centra en obras mucho menos accesibles hoy en día para el seguidor medio.



El primer disco de la colección es “Virðulegu Forsetar”, un trabajo intimista publicado en 2004 con una formación que incluía sintetizadores, órgano y una sección de metales como principales instrumentos. Está dividido en cuatro largas secciones de cerca de un cuarto de hora de duración, todas con un esquema similar que consiste en una “fanfarria” inicial seguida por un largo “drone” que evoluciona muy lentamente hacia una pieza meditativa de desarrollo estático que recrea el tema inicial. Esta sucesión se repite alternando partes de melodías lentas con otras de fondos inmóviles. Apenas algún añadido en forma de frase para la trompeta como ocurre en el tercer movimiento o diferentes configuraciones en el órgano o toques electrónicos (podemos escucharlos en el cuarto) rompen el inmovilismo del conjunto. Un disco extraño pero que te atrapa desde el principio con una magia cercana a la de piezas como “The Sinking of the Titanic” de Gavin Bryars.




Continuamos con “Dis”, una banda sonora para una comedia islandesa que es probablemente el disco más excéntrico de toda la colección ya que su estilo desenfadado, pop en ocasiones (“Rokkstig” es un ejemplo), no tiene nada que ver con el trabajo habitual de Johannsson. Ritmos “chill out” con melodías electrónicas poco o nada inspiradas, piezas con aire de banda sonora de film erótico setentero (“Jarðaför”) o experimentos “ambient” ( como “Saumavél”) no salvan un trabajo con pocas piezas rescatables. Apenas “Flugeldar” y alguna otra nos llaman la atención para bien. Apareció también en 2004 y es el CD más prescindible de los que hemos escuchado del compositor.




En 2008, Johannsson puso música al corto de animación “Varmints”. Poco después publicó una versión extendida de esa música bajo el título de “And in the Endless Pause There Came the Sound of Bees”. Es un disco para orquesta, piano y sintetizadores en el que sí encontramos ya al Johannsson que todos llegamos a conocer en sus trabajos más famosos. Esa mezcla de electrónica, orquesta y piano, con fascinantes fondos sonoros y desarrollos melódicos llenos de delicadeza aparece aquí por doquier.




“The Miners' Hymns” es el título de una película de 2011 para la que Johannsson compuso una BSO con una formación de metales, órgano y sintetizadores que recuerda a la del primer disco de esta colección aunque musicalmente se encuentra más cerca de sus trabajos recientes. Música ambiental en su mayor parte pero con fragmentos de una gran inspiración en los que aprovecha a la perfección los elementos de que dispone sin llegar a abusar de ninguno de ellos. El uso tan escueto de los materiales en muchos momentos nos recuerda a Arvo Pärt (por ejemplo esa maravilla que es “There is no Safe Side but the Side of the Truth”) y eso siempre son palabras mayores.




“Copenhaguen Dreams” - Uno de nuestros discos favoritos del compositor islandés es esta banda sonora de 2009. Escrita para piano, celesta, teclados y trio de cuerda, es todo inspiración y saber hacer desde el primer minuto. Piezas como “Here, They Used to Build Ships”, con su reiterativa melodía de piano tras la que va creciendo sin parar la sección de cuerda que contiene el melancólico tema central de la película, son auténticas joyas. Otras, como “Three Thousand Five Hundred and Ninety One Benches” recuerdan a Max Richter y a través de él, también a Michael Nyman. Hay grandes momentos electrónicos como el inicio de “The Jewish Cemetery of Møllegade” o “There's no Harm Done” y también espacio para temas más desenfadados y joviales (“It Will Take Some Time”). Mención aparte merece “She Loves to Ride the Port Ferry When it Rains”, a medio camino entre Erik Satie y Harold Budd. Un disco absolutamente recomendado.




“Free the Mind” - Otra banda sonora, en esta ocasión del año 2012 para acompañar a una película sobre la curación del estrés postraumático de veteranos de guerra (en este caso de la de Afganistán) a través del yoga y la meditación. Orquesta, piano, percusión y sintetizadores son los instrumentos escogidos por Johannsson para una de sus obras más optimistas con un tema central lleno de vitalismo del que se contagian otras composiciones como “Love After Love”, piezas más inquietantes (“Radio” es una verdadera maravilla en este estilo y se replica en otras composiciones como “Neurons”). “Inocence” es otra de esas piezas de piano que hace que nos preguntemos por qué Johannsson no se prodigó más con este formato. Es un trabajo que se sale un poco del estilo de su autor pero de un gran nivel general.




“White Black Boy” - El último disco de la caja es una BSO inédita aún en el momento del lanzamiento de la misma aunque publicada también por separado de forma prácticamente simultanea. Johannsson utiliza violonchelo, percusión y teclados en un trabajo más dominado por el piano que nunca pero siempre acompañado por otros instrumentos. Abundan los pasajes oscuros dominados por esa curiosa electrónica del islandés (“Nightmare” o “Nightmare II”) y también las piezas meramente ambientales en las que las texturas sonoras son tan importantes o más que la propia melodía (“Automobile”, “Feather”).





En breve aparecerá en las tiendas la segunda parte de “Retrospective”, recopilación que seguro será recomendable también pero que contendrá trabajos más recientes, más conocidos y, por lo tanto, más fáciles de encontrar por separado. Ese es el gran valor de este primer volumen: que nos permite disfrutar de golpe de siete obras menos conocidas de un músico cuyo potencial era inconmensurable cuando nos dejó. Nos cuesta sugerir esta caja como vía de entrada en la obra del compositor islandés ya que esa labor creemos que encaja mejor con trabajos como “Arrival”, “Orphee” o “The Theory of Everything” pero si el lector conoce ya alguna de esas maravillas y quiere seguir adentrándose en el mundo de Johannsson, “Retrospective Vol.I” es una elección incuestionable.

jueves, 18 de julio de 2019

Johann Johannsson - Mandy (2018)



Salvo que el tiempo termine por desmentirnos con la aparición de algún otro trabajo en los próximos meses (si es que no lo ha hecho ya), la última banda sonora del islandés Johann Johannsson fue la de la película “Mandy”, del director Panos Cosmatos. No hemos visto el film, algo que, a raíz de todo que leemos sobre él y su música, va a lastrar nuestro análisis puesto que la simbiosis entre sonidos e imágenes parece ser prodigiosa y los referentes de director y compositor, sin saberlo, muy similares. Ambos, por ejemplo, son admiradores de la banda de “drone doom” norteamericana Sun O))). De hecho, la colaboración de Stephen O'Malley, miembro del grupo, en la banda sonora, fue idea de Johannsson antes de saber que Cosmatos era seguidor de Sun O))). No solo O'Malley participa en disco sino que el co-productor del mismo es el productor habitual de la banda, Randall Dunn.




Johannsson había tocado en su juventud en bandas de “heavy metal” y Cosmatos tenía en mente que la historia de “Mandy” fuera una especie de ópera-rock oscura por lo que todo encajaba bastante bien. La idea según Randall Dunn, llegó a ser la de grabar la música como un grupo e incluso de girar posteriormente con ella ofreciendo conciertos por varias ciudades. Toda esa parte del proyecto quedó en nada con el fallecimiento de Johannsson pero éste se produjo con la obra terminada por lo que, al menos esa parte, sí que la podremos disfrutar como el músico la concibió. Llama la atención la forma en la que surgió el proyecto ya que Cosmatos no es un director demasiado conocido (al menos, no tanto como su padre George quien dirigió películas tan taquilleras como la segunda entrega de la saga de Rambo, “Cobra” o el western “Tombstone”. Cuando la productora de “Mandy” se puso en contacto con Johannsson para hablarle del proyecto, la respuesta de éste fue: “¿Cosmatos? ¿el mismo Cosmatos de “Beyond the Black Rainbow”? Esa película es una obra maestra...”. Teniendo en cuenta que llamaron al músico “por probar” pensando que con el éxito de “Arrival” tendría la agenda repleta, el hecho de que Johannsson no solo conociera al director sino que admirase su trabajo y la posterior aceptación de la oferta fue algo totalmente inesperado. Sin embargo, el entendimiento entre Cosmatos y Johannsson fue total. Cuenta Panos cómo en una ocasión le dijo al músico: “quiero que suene como cuando eres un adolescente y te encuentras  sentado en el asiento de atrás del Trans-Am del hermano mayor de tu mejor amigo, oliendo a hierba, a cuero y a ambientador de pino. Esa sensación de miedo pero también, en cierto sentido, de desafío”. La respuesta de Johannsson no le dejó lugar a dudas: “sé exactamente lo que quieres decir”.

Johann Johannsson


En la grabación participan: Kjartan Holm (guitarras, programaciones y arreglos), Skuli Sverrison (guitarras y bajos), Ulfur Eldjarn (sintetizadores y arreglos), Martin Graber (trompa de los Alpes), Stephen O'Malley (guitarra), Will Hayes (guitarra), Matt Chamberlain (batería), Timm Mason (teclados y programaciones) y Wouter Rentema (programaciones). En los créditos aparecen además Pepijn Caudron, Yair Elazar Glotman y Ulfur Eldjarn como autores de “música adicional” pero no se detalla si aportan piezas completas o partes dentro de composiciones originales de Johannsson. La banda sonora de la película se entregó en enero de 2018 y Johannsson falleció en febrero por lo que en principio esas adiciones deberían haberse hecho con su supervisión, salvo que sea música o arreglos creados para el formato de disco que no suele coincidir exactamente con lo que se oye en la película pero nada de esto aparece comentado en el disco.




Comienza con “Seeker of the Serpent's Eye”, una terrorífica combinación de sonidos que aparecen cada vez con más fuerza y silencios tan inquietante o más que aquellos. “Starling” funciona de una forma parecida. La música se reduce a pequeños grupos de notas que suenan de forma breve y se desvanecen reverberando en su propio eco. Todo parece pensado como preparación ante algo que no tardará en aparecer. Llega así “Mandy Love Theme”, una pieza ambiental en la que las guitarras nos dan un ligero respiro dentro de una atmósfera que no puede ser más agobiante. El estilo habitual de Johannsson se hace aquí reconocible por primera vez en uno de los mejores cortes del disco. La segunda parte del mismo abandona la oscuridad pero sigue, a su modo, manteniéndonos en alerta. “Horns of Abraxas” es un breve pasaje en el que volvemos al estado de ánimo del comienzo del disco, “dark ambient” al estilo de los discos más herméticos de Bass Communion y bandas similares. Con “Black Skulls” llega una primera variación y es que las guitarras son mucho más agresivas y la electrónica gana en fuerza amenazando, esta vez sí, al oyente, con una auténtica pesadilla. Es el turno para “Death and Ashes”, uno de los temas “largos” del disco, y lo entrecomillamos porque no llega a los 5 minutos de duración. Está entre nuestras piezas favoritas del trabajo y funciona de una forma muy similar a como lo hacen muchas composiciones incidentales de hoy en día. Pensamos en bandas sonoras tan acertadas como la de la magnífica serie “Dark”, que prácticamente son un personaje más de la trama cuando no hacen las veces de narrador. Con “Sand” entramos de lleno en el “doom metal” con la guitarra eléctrica como total protagonista del tema central de la película (no es casual que Mandy, en el film, luzca una camiseta de Black Sabbath). De ahí pasamos a “Red”, un breve interludio ambiental que da paso a la poderosa “Forging the Beast” que en menos de dos minutos nos ofrece un interesantisimo corte electrónico-secuencial aderezado con guitarras eléctricas de una gran fuerza. “Dive-Bomb Blues” vuelve a las atmósferas en un principio pero con la entrada de la percusión se convierte en una especie de tema procesional inquietante a más no poder. El tramo final del disco comienza con “Waste”, una verdadera pieza de metal electrónico en la que se recogen innumerables influencias. A nuestro juicio, está entre las mejores del trabajo. “Temple” regresa al terreno de “Sand” dejándonos sin aliento durante casi tres minutos retomando la escucha con “Burning Church” en la que la distorsión y la saturación de las guitarras lo ocupa todo. Con “Memories” retomamos el tema de amor del principio antes de la conclusión que llega con “Children of the New Dawn”, una pieza con un curioso sabor ochentero que con su melodía, secuencias e incluso la base de percusión recuerda inequívocamente a los Tangerine Dream de la época. Así concluye el disco, al menos en su versión “física”, ya que en el formato digital para descarga se ofrece algún corte adicional.




Con la banda sonora de “Mandy” despedimos a un compositor que lo tenía todo para llegar a ser muy grande. Mucho más aún de lo que demostró en su desgraciadamente corta carrera. Y es que a su maestría para crear ambientes y melodías tan bellas como sutiles se suma aquí una versatilidad tremenda a la hora de llevar su música a estilos no tan cercanos como él los hace parecer. Seguiremos buceando en la música del islandés con la rara sensación de ir descubriendo nuevas obras de alguien que nunca va a componer nada más. El placer de la escucha irá siempre acompañado de la tristeza de saber esto pero estamos seguros de que el viaje merecerá la pena.

Nos falta, eso sí, comprobar como funciona la música dentro de la película pero eso es algo que haremos sólo si se presenta la oportunidad porque lo cierto es que una historia sangrienta de venganza protagonizada por un Nicholas Cage que se enfrenta a los miembros de una especie de secta que han asesinado a su esposa, no es algo que nos resulte particularmente atractivo en este momento. Afortunadamente la música se disfruta por sí sola sin el apoyo visual por lo que de momento nos ahorramos esa parte.


domingo, 7 de octubre de 2018

Johann Johannsson - The Mercy (2018)



Llegamos tarde a la música de Johann Johannsson. Hacía ya tiempo que teníamos buenas referencias del compositor islandés pero por una cosa u otra, nunca nos habíamos metido a fondo con ninguno de sus discos. Picoteamos un poco de aquí y de allá llevándonos siempre una buena impresión, supimos de sus cada vez más exitosas bandas sonoras y nos llenó de curiosidad el trabajo que iba a realizar para “Blade Runner 2049” y sin embargo, la inmersión en su obra siempre quedaba para otro día hasta que de repente nos llegó la noticia de su fallecimiento a principios de este mismo año.

Nos pareció poco respetuoso y hasta oportunista aprovechar ese hecho para recuperar el tiempo perdido con Johann y ponernos con una tarea que habíamos aplazado en demasía así que decidimos darnos unos meses más a condición de, esta vez sí, dedicarle el tiempo que se merecía a la obra del músico. Empezamos por una de sus bandas sonoras más reconocidas, “Arrival”, y continuamos por su primer trabajo de estudio para saltar al último poco después. Sin embargo, la primera entrada dedicada a él que aparecerá en el blog será sobre una de las últimas bandas sonoras que fueron publicadas en vida del compositor.

Hagamos antes un pequeño repaso de su trayectoria que comenzaría repartida entre diversos grupos de música “indie” en su Islandia natal en los que tocaba la guitarra y se encargaba del tratamiento electrónico del sonido. Aunque había estudiado piano y trombón de niño, a la hora de escoger una formación superior optó por la literatura y la filología pero su interés por la música fue creciendo cada vez más, especialmente cuando descubrió la música de Brian Eno y, más concretamente, los discos que aparecieron en el sello Obscure Records. A partir de entonces “mi interés se centró en crear estructuras ambientales minimalistas con instrumentos clásicos. Dejé la guitarra eléctrica a un lado y empecé a escribir música para cuerdas, maderas y pequeñas formaciones de cámara”. La electrónica tendría un papel clave en la música de Johannsson porque le iba a permitir crear un sonido único mediante la manipulación digital de ese tipo de esctructuras. En 1999 se trasladó a Berlín y ahí comenzó su carrera discográfica que iba alternando con la escritura de bandas sonotras para cine y televisión. Con ella alcanzó una gran notoriedad, especialmente a partir de su prolongada colaboración con el director canadiense Denis Villeneuve que dio como fruto varias partituras muy reconocidas e incluso alguna nominación a los Oscars de la Academia. Todo parecía ir bien y en 2016 el compositor firmaba un contrato en exclusiva con Deutsche Grammophon.

Johann Johannsson


En apariencia, 2017 iba a ser otro gran año para Johannsson. Su primer disco de estudio para el sello alemán había obtenido grandes críticas y entre los encargos que tenía sobre la mesa estaban las bandas sonoras de la esperada “Blade Runner 2049” dirigida por el citado Villeneuve y de “Mother” de Darren Aronofski. Por diferentes circunstancias, ninguna de las dos obras llegó a buen puerto. Villeneuve rechazó la partitura de Johannsson porque “necesitaba algo más cercano a la música de Vangelis para la “Blade Runner” original” y terminó recurriendo a Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch. Con “Mother” ocurrió algo diferente: fue el propio Johannsson quien convenció a Aronofsky de que la película funcionaba mucho mejor sin música de ningún tipo. Una decisión sorprendente que revelaba una rara integridad artística por parte de Johann. Aronofsky le hizo caso y prescindió de la música en su film aunque Johannsson cobró íntegramente lo estipulado por su trabajo y aparecía igualmente acreditado en la película como “asesor musical”.




El músico continuó trabajando y así llegamos a “The Mercy”, la banda sonora de la última película de James Marsh, con quién Johannsson había trabajado ya en “La Teoría del Todo” obteniendo por esa banda sonora una de sus nominaciones a los Oscars y también su primer Globo de Oro. Para la grabación de la música, el compositor contó con la Budapest Art Orchestra dirigida por Anthony Weeden. Además, el propio músico interpreta el piano, los sintetizadores y la celesta y es acompañado por el también teclista Rutger Hoedemaekers. Junto con ellos, intervienen en algunos de los temas de la obra: Olafur Björn Olafson (teclados y percusión), Alex Somers (teclados), Thomas Bloch (Crystal Baschet y Ondas Martenot), Brian Crosby (piano) y Hildur Gudnadóttir (violonchelo). No toda la música que se escucha en la película fue compuesta específicamente con ese propósito. De hecho, de los 22 cortes que integran el disco, 10 pertenecían a otros trabajos anteriores de Johannson, concretamente, a “Orphee”, “Englaborn”, “Free the Mind” y “Copenhaguen Dreams”.




La banda sonora contiene piezas llenas de misterio hechas con los mínimos recursos como “Flares” pero el tono general es mucho más optimista y vital de lo habitual en Johannsson y eso es algo que queda claro desde que escuchamos las animadas “Boating for Beginners” y “The Good Ship Teignmouth Electron” con un importante protagonismo para la orquesta, especialmente para los violines y la percusión. “Terra firma” pone un punto de tensión y nos recuerda un poco al Arvo Pärt de “Cantus in Memory of Benjamin Britten” para dejarnos juesto después con la que quizá sea nuestra pieza favorita de toda la banda sonora: la espectacular “Into the Wide and Deep Unknown”, en la que un motivo extremadamente sencillo consigue un efecto dramático verdaderamente notable. El tema volverá a recrearse más adelante en “The Captain's Log” y en una breve versión para celesta en el último corte del disco titulado “At 19º41'10.40 North, 79º52'37.83 West, Lies the Shadow”. “A Sea Without Shores”, con una fuerte carga percusiva, es uno de los mejores cortes ambientales del disco y “The Doldrums” la pieza que más nos recuerda al Johannsson de trabajos anteriores, por el uso de efectos electrónicos y le delicada selección de sonidos y timbres. Una de las piezas que más llama nuestra atención es “The Horse Latitudes”, por su oscuro ambiente, muy similar al del trabajo de Zimmer y Wallfisch para “Blade Runner 2049”. Con “The Furious Sea of Fogs and Squalls” volvemos a los cortes atmosféricos y “The Mercy”, el temá más largo de la banda sonora, vuelve al tono optimista y aventurero de los primeros cortes del disco.




 Tenemos que destacar también dos deliciosos tema de piano aunque no fueran escritos específicamente para “The Mercy”: “Good Morning, Midnight”, procedente de “Orphee” y “She Loves to Ride the Port Ferry When it Rains”, perteneciente originalmente a “Copenhaguen Dreams”.

Sobre la carrera de Johannsson parecía pesar un halo de fatalismo porque, incluso cuando las cosas parecían ir mejor, había algo que no terminaba de funcionar. Al margen de lo ocurrido con “Blade Runner 2049”, dos de sus bandas sonoras más aclamadas serían conocidas por una composición de otro. Ocurrió con “La Teoría del Todo” en la que la escena final de la película estaba acompañada por una preciosa composición de Dominic Smith y Jason Swinscoe para un documental de 2008 de Disneynature y volvió a suceder con “Arrival” que se abría y cerraba con “On the Nature of Daylight” del alemán Max Richter. En este último caso, la inclusión de la pieza de Richter en la película provocó que la Academia eliminase la banda sonora de “Arrival” de la lista de candidatos a los “Oscars” de ese año.

Las circunstancias de la muerte de Johannsson no quedaron claras del todo. Su cadaver apareció en su apartamento berlinés el 9 de febrero de este mismo año y se llegó a especular con un posible suicidio porque su juventud (48 años) hacía dificil de explicar su fallecimiento. Las investigaciones al respecto publicadas este verano hablaban de una sobredosis accidental de cocaína combinada con un elevado consumo de alcohol. En todo caso, nos quedamos con su obra, sobre la que tendremos que volver en más de una ocasión porque nos parece una de las más interesantes de estos últimos años.