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jueves, 19 de marzo de 2026

King Crimson - The ConstruKction of Light (2000)



En la historia del rock no son pocos los discos que no son demasiado apreciados por sus autores tiempo después de haberlos publicado. El CD que hoy vamos a comentar entra de lleno en esa categoría ya que el propio Robert Fripp se mostró bastante descontento con él por una serie de razones que, si nos detenemos a valorarlas, hacen menos entendibles los motivos que llevaron al grupo a publicarlo. Nos situamos en los últimos años de la década de los noventa. King Crimson había puesto fin a una interesantísima etapa con el formato de doble trío (dos guitarras, dos bajistas y dos baterías) tras la salida de la banda de Tony Levin y Bill Bruford quedando reducidos a un formato de cuarteto más o menos convencional. Los años previos habían sido una época de gran experimentación con la puesta en marcha de los denominados “ProjeKcts”, combinaciones de diferentes miembros de la banda (nunca de los seis juntos) que ponían en común diferentes ideas expandiendo los límites sonoros y estilísticos del grupo. Curiosamente, los miembros que quedaban en King Crimson tras la salida del batería y el bajista (Fripp, Adrian Belew, Pat Mastelotto y Trey Gunn) no habían conformado ninguno de los “projeKcts” que se habian juntado para grabar y tocar en directo en aquellos años previos por lo que, cuando la banda se reunió para trabajar en el estudio de Adrian Belew, no tenían ningún material nuevo testado en directo como solía pasar en los trabajos anteriores de King Crimson. Esta es una de las razones aducidas por Fripp para que el disco no llegase a reflejar la energía y la fuerza que solían tener las grabaciones de King Crimson en encarnaciones anteriores.


“ProzaKc Blues” - El disco empieza con una descarga de energía brutal de la que solo nos desconecta la voz distorsionada de Belew cantando un blues etílico que calificaríamos de broma si le encontrásemos la gracia. De todas formas, es un tema potentísimo con una sección rítmica demoledora y una guitarras apabullantes que nos pone en guardia ante lo que puede ser el resto del disco.


“The ConstruKction of Light” - El corte que da título al trabajo está dividido en dos partes, una instrumental y una canción. El instrumental está marcado por una intrincada línea de bajo que se desarrolla de la mano de la batería electrónica hasta que llegamos a la parte de las guitarras en la que Fripp y Belew se lanzan en una serie de contrapuntos alrededor de los que serpentea el bajo de Trey Gunn, fascinante en toda la pieza. En el tramo final vuelven a brillar las guitarras hasta desembocar en un sección muy reconocible que nos remite a la época de “Three of a Perfect Pair”. La parte cantada es casi anecdótica por la corta duración aunque sigue la misma línea del segmento anterior. Muy King Crimson pero nada sorprendente, algo que, en el fondo, es contradictorio.



“Into the Frying Pan” - El siguiente corte comienza con lo que parece un ruidoso “loop” de cinta magnetofónica que enlaza directamente con las afiladas guitarras del dúo Belew / Fripp antes de comenzar una canción que tiene una extraña mezcla entre un aire “beatle”, etapa “White Album”, y un grupo “grunge”. Lo primero no es del todo raro puesto que Belew acostumbraba a hacer versiones de los de Liverpool. Lo segundo, quizá no pase de ser una apreciación nuestra sin demasiado fundamento. En cualquier caso, esto es King Crimson con la dosis de complejidad y elaboración en melodías y arreglos que lo diferencia de cualquier otro grupo.


“FraKctured” - Seguimos con un instrumental que, en principio, iba a ser parte de una secuela de otra pieza antigua que escucharemos más adelante pero que, durante su desarrollo, el grupo decidió un cambio de rumbo y de título por encontrarlo más cercano a “Fracture”, el largo instrumental que cerraba el disco “Starless and Bible Black” (1974). Empieza como un tema lento con protagonismo de las guitarras y de esas texturas sonoras laberínticas que con ellas diseña Fripp habitualmente para ir acelerándose posteriormente con la ayuda de la batería. En la parte final las guitarras se endurecen adquiriendo tonos duros que pueden recordar en cierto modo a la banda Tool, una de las influencias de Fripp en aquellos años. Con todo, creemos que es una composición que hará las delicias de los aficionados a los instrumentales de la banda de Fripp.


“The World's My Oyster Soup Kichen Floor Wax Museum” - El siguiente tema es otra cosa bien diferente ya que de principio a fin nos somete a una audición tortuosa de una sucesión de sonidos cacofónicos, en apariencia desorganizados (seguramente no lo están pero no somos capaces de encontrarles el sentido que sin duda tienen en la cabeza de Fripp). Un verdadero caos sonoro que, eso sí, tiene la firma de King Crimson en todo momento.


“Larks' Tongues in Aspic, Part IV” - Entramos ahora en una serie de tres movimientos instrumentales que conforman la cuarta parte de la suite “Larks' Tongues in Aspic”, que comenzó en el disco de 1973 del mismo título con las dos primeras partes, continúo en 1984 con la tercera parte incluida en “Three of a Perfect Pair” y que nos muestra aquí la cuarta parte (que no sería la última aún). El tema es una compleja composición dominada por las guitarras y con un sonido cercano al metal y llena de cambios de ritmo en el que la banda continúa explorando alguno de los motivos de la pieza inicial.




“Coda: I Have a Dream” - Separada de los otros tres movimientos está esta “coda” que sigue esa búsqueda sonora del tema anterior añadiendo una parte cantada por Belew con una gran distorsión en la voz, simulando el efecto de una transmisión de radio. Como anécdota, comentar que el tema “FraKctured” iba a ser en su origen el cierre de esta suite pero se decidió cambiarle el título y situarlo en otro lugar del disco por las razones que comentamos antes.


“Heaven and Earth” - Tras un largo espacio en blanco llega el último tema del que comentaremos algún detalle a continuación. Es un instrumental muy veloz con el ritmo llevado por igual entre las guitarras y la sección de bajo y batería pero no termina de encajar del todo con el resto del disco ya que tiene un sonido menos pesado y agresivo. La clave es que aparece firmado como ProjeKct X.



Hete aquí la curiosidad y es que la misma formación que firma como King Crimson el disco “The ConstruKction of Light”, publicó muy poco después el disco “Heaven and Earth” bajo el nombre de ProjeKct X. Eso ya de por sí es extraño porque los diferentes “projekcts” eran combinaciones de miembros del grupo pero nunca con todos ellos en una misma alineación. La explicación podría venir del lado del estilo de ambas grabaciones, siendo la de ProjeKct X mucho más experimental y vanguardista que la que hemos comentado hoy. El último corte que hemos reseñado era, en realidad, un adelanto de ese disco, trabajo que ya fue objeto de una entrada en el blog en su día por lo que os invitamos a repasarla si tenéis interés.


Las críticas a “The ConstruKction of Light” fueron muy variadas e iban desde los que decían que era un gran disco a los que lo tomaron como una muestra, no tanto de la decadencia de la banda sino de una cierta falta de frescura. Algunos lo calificaron de “rock regresivo” en un juego de palabras con el “rock progresivo” del que el grupo ha sido siempre bandera. La cuestión es que los guiños al pasado como las secuelas de “Fracture” y “Larks' Tongues in Aspic” no terminan de cuadrar con la visión de una banda que siempre ha mirado hacia adelante. Nuestra visión, en cambio, no es tan negativa como la de algunos críticos o la del propio Robert Fripp y es que a nosotros “The ConstruKction of Light” nos parece un disco notable con un sonido agresivo en consonancia con la época en la que se grabó y un nivel de creatividad a la altura de los estándares de calidad de Fripp y compañía.


No queremos despedirnos sin señalar que en 2019 se publicó una versión de este disco titulada “The ReconstruKction of Light” en la que la batería electrónica de Mastelotto es sustituida por una acústica (o por una mezcla de ambas) porque parece que Pat nunca quedó contento con el resultado original. Eso también nos da una buena muestra de hasta qué punto el disco no convenció a los miembros de la banda que, de todas formas, exploraron en directo todo ese material expandiéndolo y sacándole todo el jugo, como es habitual en King Crimson.

sábado, 21 de agosto de 2021

King Crimson - Three of a Perfect Pair (1984)



Quizá la principal seña de identidad de King Crimson ha sido siempre el cambio. Durante muchos tiempo, la salida y entrada continua de miembros era la tónica de la banda, tendencia que se rompió en los años ochenta con la formación integrada por Robert Fripp, Adrian Belew, Tony Levin y Bill Bruford que tras “Discipline” (1981), repitieron, no solo con “Beat” (1982) sino con “Three of a Perfect Pair”. Tras esta etapa, Fripp decidió poner a King Crimson en barbecho durante un tiempo por segunda vez, como ya ocurriera en 1975.


Hoy vamos a hablar del último disco de esa época que llega con un Robert Fripp que había colaborado en multitud de proyectos muy diversos en ese tiempo (y también en los años previos) con artistas como Bowie, Talking Heads o Andy Summers y que se llevó buena parte de esas influencias a los discos de King Crimson en esa breve etapa de estabilidad. “Three of a Perfect Pair” iba a estar dividido en dos partes muy distintas entre sí. La “cara a” o lado izquierdo, como le gustaba decir a Fripp en aquellos años, la formaban cortes, digamos, convencionales, con un esquema de canción clásico y cercano a la música que hacían otras bandas en la época, particularmente Talking Heads. La “cara b” era más improvisada y experimental, casi como un adelanto de lo que Fripp haría con el grupo en su siguiente reencarnación tiempo después.


“Three of a Perfect Pair” - El disco comienza con un verdadero cañonazo. En el inicio se combinan los coros con las guitarras minimalistas de Fripp y Belew, con una imaginativa línea de bajo de Tony Levin y un sorprendente Bill Bruford a la batería electrónica marcando un ritmo de 6/8 que se transforma más tarde en 7/8 en el estribillo y, sobre todo, en una espectacular sección final en la que los sintetizadores cobran especial relevancia. King Crimson en estado puro en una de las mejores canciones de la banda en esta etapa.





“Model Man” - El segundo corte es uno de los que más deja ver la influencia de Talking Heads en el disco, con un Adrian Belew más liberado en la parte vocal y una gran ayuda de Levin en los coros. Las guitarras hacen aquí una labor rítmica fundamental, a la misma altura del bajo y la batería. Una buena canción aunque por su posición en el disco queda un poco diluida al situarse entre los dos “singles” del mismo.


“Sleepless” - La afirmación anterior cobra todo su sentido cuando escuchamos la espectacular introducción que Tony Levin ejecuta al stick. Una verdadera locomotora que lleva todo el peso de la canción. Es difícil escuchar una canción de King Crimson en la que la guitarra pase desapercibida y en esta lo hace hasta el solo central en el que Belew se permite un pequeño lujo. En el cierre es de nuevo Levin el que nos arrastra de la mano con el importante refuerzo de la batería de un enérgico Bill Bruford. Una canción fantástica. 




“Man With an Open Heart” - Probablemente, la canción con mayor peso de Adrian Belew en todos los sentidos. De hecho, cuesta identificarla con King Crimson dado su ritmo casi juguetón y su melodía coral, de corte pop muy alejada del aire de seriedad característico de la banda y más próxima a lo que hacían Talking Heads. 


“Nuages (That Which Passes, Passes Like Clouds)” - Esto cambia radicalmente con el corte que cierra el lado “izquierdo” del disco: un instrumental mucho más cercano a la obra de Fripp, con mucha experimentación en las guitarras, uso de “frippertronics” y un papel algo más secundario de Levin o Bruford que respetan el tono netamente explorador de sonidos de la pieza.


“Industry” - El primer tema del lado “derecho” continúa con la tendencia experimental del anterior, acaso con un esquema algo más cerrado puesto que hay un ritmo de bajo que de algún modo organiza alrededor de sí toda la pieza. Inquietante es la primera parte de la pieza, puro Fripp, pero más aún lo es la segunda en la que Bruford se une a la fiesta improvisando como solo él sabe acompañado de un convincente Levin. Tanto este tema como el anterior tienen un sonido ligeramente jazzístico, quizá cercano a los discos de Terje Rypdal para ECM.




“Dig Me” - La única pieza de la “cara b” del disco con letra sigue, sin embargo, la línea arriesgada de toda esta segunda parte del trabajo. De hecho, quitando el estribillo, la intervención vocal de Belew es casi un recitado más que una canción en sí.


“No Warning” - Vuelta a la pura experimentación instrumental con guitarras etéreas y un notable trabajo de Bruford a la batería. En su conjunto podemos ver esta “cara b” del disco como una especie de ensayo de lo que años más tarde Fripp llamaría “projeKcts” o formaciones alternativas de la banda buscando los límites del sonido y llevando a cabo todas las probaturas imaginables para los discos “oficiales”.


“Larks' Tongues in Aspic (part III)” - Sorprendentemente, Fripp decide retomar y complementar un viejo instrumental cuyas dos primeras partes habían aparecido en el disco homónimo más de diez años antes. A partir de la melodía principal de aquel tema, el cuarteto de 1984 construye su propia visión de la pieza. Sin llegar, en nuestra opinión, a los niveles de excelencia de las dos primeras partes, la tercera es una muy digna continuación. No decimos conclusión porque aún habría otras dos partes muchos años más tarde.



A partir de aquí las versiones difieren. Bill Bruford afirma que Fripp disolvió por su cuenta King Crimson durante un desayuno con la banda en julio de 1984. Adrian Belew, por su parte, recuerda que se enteró de que el grupo ya no existía leyendo una entrevista a Fripp en una revista. Sea como fuere, cada uno de los ya ex-integrantes de la banda siguió su propio camino antes de reencontrarse en la siguiente encarnación de King Crimson una década después y ya en forma de sexteto, aunque eso será materia para otras entradas más adelante. En todo caso, una entrada sobre King Crimson tiene que dejarnos alguna muestra de la banda en directo como este concierto en Japón (veremos lo que dura en youtube).




miércoles, 23 de mayo de 2018

King Crimson - Heroes (2017)



Hace apenas un par de meses se cumplieron la friolera de 15 años sin un disco nuevo de estudio de King Crimson. Algo que para cualquier otra banda pintaría un panorama casi aterrador en relación con su futuro, para el grupo de Robert Fripp ha sido todo lo contrario puesto que ese largo periodo de tiempo ha estado lleno de experimentación y evolución en muchos sentidos con muchas entradas y salidas de miembros y, sobre todo, con muchos conciertos en los que se ha recuperado material que hacía décadas que no era interpretado en directo. Especialmente en los últimos años ha habido una gran cantidad de conciertos que han tenido reflejo en los correspondientes lanzamientos discográficos.

En este periodo la banda ha pasado de ser un cuarteto al octeto actual, algo desacostumbrado para un grupo de rock y más teniendo en cuenta que de los ocho miembros, cuatro son baterías (aunque uno de ellos se encarga de los teclados desde que pasaron de siete a ocho instrumentistas). Hasta cinco lanzamientos en formato físico han aparecido desde 2015 hasta hoy recogiendo distintos momentos de las giras de King Crimson en este último periodo además de un buen número de grabaciones en forma de descarga digital por lo que estamos ante una etapa sobradamente documentada.

Nos queremos detener ahora en un lanzamiento atípico de este pasado año. Atípico por ser un EP, formato no demasiado común y que en el caso de King Crimson solía ser siempre el precedente de un disco de estudio, y también por estar centrado en una composición ajena al repertorio de la banda. Evidentemente no podía ser una canción cualquiera. En enero de 2016 fallecía David Bowie, artista con el que Robert Fripp tuvo la oportunidad de colaborar en uno de sus momentos de mayor creatividad: el que dio lugar a la grabación del disco “Heroes”. Fue precisamente en la canción que daba título al disco en la que el guitarrista realiza una de sus intervenciones más conocidas contribuyendo con su particular sonido a hacer inmortal un tema que ha sido interpretado después por decenas de artistas. A modo de homenaje, Fripp incorporó la canción a varios de los conciertos que King Crimson ofreció en los meses posteriores y ya en 2017 decidió lanzar un EP con la versión de “Heroes” del concierto de Berlín del 12 septiembre, algo muy adecuado puesto que fue en esa ciudad en la que nació la canción original. En aquel momento King Crimson eran: Mel Collins (saxos y flauta), Robert Fripp (guitarra y teclados), Gavin Harrison (batería), Jakko Jakszyk (guitarra y voz), Tony Levin (bajo y stick), Pat Mastelotto (batería) y Jeremy Stacey (batería y teclados).

King Crimson en versión septeto.


“Heroes” - Si hay algo que no se le suele reprochar a King Crimson es la falta de riesgo y quizá sea eso lo que más nos decepciona de esta versión: la aproximación conservadora a una canción que suena extremadamente similar a la original y con una interpretación vocal absolutamente desapasionada por parte de Jakszyk. Hay alguna aportación interesante en lo instrumental, cómo no, pero uno siempre espera que una banda como esta vaya un paso más allá.




“Easy Money” - Un buen ejemplo de lo que intentamos decir acerca del corte anterior lo encontramos en esta versión de un clásico de King Crimson que en esta grabación (procedente del concierto parisino del 3 de diciembre de 2016) suena tremendamente fresco con un maravilloso Mel Collins y un juego de percusiones delicioso. Una gran interpretación de una canción de hace más de cuarenta años a la que aún le queda jugo que extraer como demuestra el propio Fripp en un sobrecogedor solo de la mano del bajo de Levin y las florituras vocales de Jakszyk. Extraordinario.

“Starless” - Con el siguiente tema nos ocurre algo similar a lo que nos pasaba con “Heroes”. Es una canción extraordinaria pero el enfoque de la banda aquí es demasiado respetuoso con el original pese a lo acertado de la interpretación de Mel Collins al saxo dibujando lineas nuevas continuamente. En su contra juega también el hecho de ser una versión recortada (un “radio edit”) cosa que hablando de King Crimson en directo suena a herejía. Más aún cuando la versión íntegra publicada en el doble “Live in Vienna” supera los 13 minutos de duración.

“The Hell Hounds of Krim” - Para quienes, como nosotros, hayan estado algo desconectados de las peripecias recientes de la banda en directo, este corte interpretado en su totalidad por los tres baterías del grupo es uno de los grandes atractivos del lanzamiento dado que no aparece en ningún otro disco de King Crimson en estudio aunque sí en alguno de los recientes trabajos en directo como “Live in Toronto”, “Radical Action to Unseat the Hold of Monkey Mind” o “Live in Vienna”. De hecho la grabación que aquí aparece, como la anterior, procede de este último concierto.




“Heroes (radio edit) – Si innecesario era recortar “Starless”, más nos lo parece hacer lo mismo con el tema central del disco, especialmente dado que la versión íntegra tampoco es demasiado extensa.

En un primer momento algunas voces hablaron de un uso oportunista de la canción de Bowie por parte de Fripp para aprovecharse de la atención mediática que suscitó el fallecimiento del cantante, algo absurdo por cuanto que, no sólo el guitarrista fue parte activa en la creación del tema sino que, además, “Heroes” ya había sido interpretada en directo por King Crimson años antes cuando Adrian Belew era el vocalista de la banda. Sí que es cierto que rechina un poco el lanzamiento de un EP como este cuando, como ya hemos indicado, hay hasta cinco discos en directo publicados en muy poco tiempo por parte de King Crimson en los que podemos escuchar todas las canciones que aparecen aquí. En un caso como el nuestro en que, quizá por saturación, hemos desconectado bastante de esta fase de la banda llena de discos en directo en muy poco tiempo, este “Heroes” sí que ayuda a llenar este hueco y hacernos con una grabación que, en el fondo, es de las que hay que tener. Cuando una banda de esta categoría graba un homenaje a otro artista gigantesco como Bowie, es casi obligatorio hacerse con ese testimonio y, siquiera por ese motivo, merece la pena su adquisición.

Como despedida os dejamos otra versión de King Crimson de "Heroes" del año 2000 con Adrian Belew como cantante:

 

jueves, 25 de mayo de 2017

King Crimson - The ProjeKcts (1999)



Años atrás hablamos aquí de los “ProjeKcts”, aquella idea que surgió en el contexto de los King Crimson de mediados de los años noventa para explorar nuevas ideas musicales. Se trataba de dividir el grupo (fractalizarlo, en palabras de Robert Fripp) creando una serie de pequeñas formaciones con diferentes combinaciones de los seis miembros activos de la banda en aquel momento.

Inicialmente hubo cuatro “ProjeKcts”. El ProjeKct One estaba integrado por Robert Fripp (guitarra), Trey Gunn (Warr guitar), Tony Levin (bajo) y Bill Bruford (batería) quienes dieron juntos una serie de conciertos en el Jazz Cafe londinense en 1997. Pese a no ser el primero en configurarse, el honor de ser el único de ellos en grabar un disco en estudio recayó en el ProjeKct Two, trío integrado por Fripp, Gunn y Adrian Belew, a la batería, en la que era su única participación en un “fractal”. Suyo es el disco “Space Groove” que ya apareció en el blog hace un tiempo. El ProjeKct Three era muy similar pero con Pat Mastelotto a la batería en lugar de Belew. Dieron varios conciertos en 1999 que fueron grabados, como casi todo lo que hace la banda de Fripp. Por último, el ProjeKct Four sumaba a los integrantes del Three el bajo de Tony Levin aunque realmente sería al revés ya que salieron antes de gira en el formato de cuarteto del “four” que en el de trío del “three”.

Como dijimos, sólo el ProjeKct Two llegó a grabar un disco en estudio pero en Japón se publicaron discos en directo de las cuatro formaciones en 1998 y 1999. Afortunadamente a finales de ese año, Fripp decidió publicar esos cuatro discos en una caja que aparecería bajo el nombre de la banda madre, King Crimson. ¿El título? No podía ser otro: “The ProjeKcts”.

Los seis músicos integrantes de los "projeKcts".


El primer volumen recoge lo mejor de las actuaciones del ProjeKct One celebradas en el Jazz Cafe entre el 1 el 4 de diciembre de 1997. Son nueve cortes en los que escuchamos al Fripp más ácido acompañado de un Bill Bruford especialmente expansivo. Trey Gunn y Tony Levin destacan en cortes como el segundo, titulado “4 ii 1” (todos los títulos están formados de forma similar). En un grupo convencional sería fácil hablar del trío de ambos y Bill Bruford como de una sección rítmica pero en King Crimson y alrededores es muy complicado distinguir en ocasiones entre lo que es rítmico y lo que es melódico ya que todo funciona como un todo de gran complejidad. En el disco aparecen también cortes de inspiración jazzística como el cuarto “4 ii 4” en el que el comienzo a dúo entre Levin y Bruford es una delicia que acompaña más tarde a los “frippertronics” a la perfección. Hay también piezas más ambientales como “2 ii 3” y “3 i 2” que casi parecen prolongación la una de la otra con protagonismo casi absoluto de Robert Fripp en ambas aunque el acompañamiento del resto de músicos en el segmento final de la segunda es glorioso. Un disco extraordinario, en suma, que hará las delicias de todo seguidor de King Crimson.




El segundo disco de la caja sale de una extensa gira de más de 30 conciertos del ProjeKct Two por norteamérica, el Reino Unido y Japón que tuvo lugar entre febrero y julio de 1998. En ella se escuchó material del disco “Space Groove” así como versiones de temas de King Crimson y algún anticipo de lo que sería el siguiente disco de la formación matriz. Todo ello con un altísimo nivel de improvisación y experimentación haciendo honor a la idea que dio lugar a los ProjeKcts. En “Heavy ConstruKction” escuchamos a un Belew muy inspirado en la batería y en muchos de los cortes se encuentran las semillas de temas futuros, algunas muy obvias como “Light ConstruKction” que es un anticipo de “The ConstruKction of Light” y otras no tanto como “X-chain-jiZ” con elementos que se volverían a escuchar en un disco aún más reciente de King Crimson. El disco concluye con una versión realmente curiosa de “21st Century Schizoid Man”, entre cósmica y psicodélica con una importante carga de electrónica ciertamente moderna. La gran paradoja del sonido de la banda es que formaciones tan diferentes como son las de los dos primeros “projekcts” pueden llegar a producir resultados de una complejidad similar.




El disco del ProjeKct Three es, en muchos sentidos, el más arriesgado de todos. Lleva el título de “Masque” y se divide en 13 partes numeradas correlativamente aunque no deben escucharse necesariamente en el orden del disco. Una de las notas del trabajo anima al oyente a reproducir el CD en modo aleatorio para continuar con la improvisación. La música no tiene concesiones y se encuadra en la linea más experimental y radical del King Crimson de los años noventa: ritmos infecciosos, guitarras hirientes... toda una experiencia apta, quizá, sólo para los más acérrimos seguidores de la banda. En nuestro caso nos parece un disco fascinante pero, desde luego, no para una escucha muy habitual. La gran diferencia con respecto a los otros trabajos de la caja radica en que aquí hay una importante reelaboración en estudio del material en directo.




Cierra la caja el disco “West Coast Live” del ProjeKct Four. La formación es prácticamente la misma del Three que sólo difiere de este en la baja de Tony Levin. En el formato de cuarteto, que fue anterior al trío pese a que la numeración de los “projekcts” podría hacer pensar lo contrario, el repertorio era igualmente arriesgado. El material se organiza alrededor de dos suites llamadas “Ghost (part 1)” y “Ghost (part 2)” que abren y cierran el disco. De por medio, otras tres piezas entre las que se incluye una revisión de “The Deception of the Thrush”, composición del ProjeKct Two.  Pese al alto grado de improvisación, escuchamos aquí piezas como “ProjeKction” que suenan tan terminadas como podría hacerlo cualquier composición de estudio. Todas las “fractalizaciones” de King Crimson incluidas en la caja tienen un gran interés pero quizá sea el ProjeKct Four el que tiene más entidad como grupo. Bruford en el ProjeKct One casi había dejado la banda y Mastelotto iba a tomar todo el protagonismo en la batería en los años siguientes. El caso de Levin, similar al de Bruford por cuanto no participaría en los próximos discos de King Crimson, no es igual ya que su particular sonido es representativo de toda una etapa del grupo y su presencia aquí le da al conjunto un empaque que cuesta imaginar sin él.

Creemos que para disfrutar de los “ProjeKcts” es condición imprescindible ser seguidor de King Crimson, afirmación que no funciona en el sentido contrario. Son auténticos laboratorios de prueba para las nuevas ideas de la banda en los que no sólo se ensayan nuevas direcciones sino que se profundiza en las relaciones entre los distintos individuos que integran King Crimson. Se nos antoja una forma genial de conocerse mejor creando nuevos sub-grupos en los que las ausencias determinan tanto como las presencias todo aquello que se puede hacer. Conviene no olvidar, en todo caso, que estamos ante discos experimentales que más tarde darán resultado en forma de trabajos firmados por la banda matriz. La rareza, quizá, es que este material salga publicado pero eso es algo de lo que todos debemos alegrarnos. Al margen de la caja, el todo este tiempo han ido apareciendo varios conciertos más de las cuatro “fractalizaciones” en forma de descargas digitales a través de la dgmlive.com.

miércoles, 11 de junio de 2014

King Crimson - Red (1974)



Apenas unos meses después de publicar el disco anterior, los miembros de King Crimson volvieron al estudio para grabar “Red” uno de nuestros discos favoritos de la banda y también uno de los más influyentes que publicaron junto con el clásico “In the Court of the Crimson King” (se dice que Kurt Cobain tenía a “Red” entre sus discos preferidos).

Se diría que una sensación de agotamiento progresivo iba apoderándose de la banda que había adelgazado pasando de quinteto a cuarteto y ahora, tras la baja del violinista David Cross, quedaba constituida en trío. Si embargo, esa “pérdida de peso” en cuanto al número de integrantes no tenía correspondencia directa en las ideas que se iban a desarrollar en el disco. Vamos a escuchar una versión de King Crimson con mucho que decir aún pero también con un hueco para echar la vista atrás y recuperar algunos de los elementos que les hicieron legendarios. Como había ocurrido en otras ocasiones, no todo el disco procede de sesiones en estudio ya que “Providence” estaba sacada de una improvisación más extensa procedente de un concierto reciente. La formación “oficial” de la banda en el momento de la grabación era la formada por Robert Fripp (guitarra y mellotron), John Wetton (bajo y voz) y Bill Bruford (batería y percusiones). Como músicos de apoyo, figuran David Cross (violín), Mel Collins (saxo soprano), Ian McDonald (saxo alto), Robin Miller (oboe) y Marc Charig (corneta).

Bill Bruford, Robert Fripp y John Wetton en una versión alternativa de la foto de portada de "Red".


“Red” – El comienzo es rotundo, directo como uno de aquellos combates de Mike Tyson de finales de los ochenta en los que el adversario rodaba por los suelos en los primeros segundos del asalto inicial. La guitarra de Fripp, ácida y distorisionada, anunciaba el práctico destierro que iba a sufrir en el resto del disco su vieja acústica. Hablamos de Fripp y él fue quien calificó de “Red” como un disco de “heavy metal”. Exagerado, sin duda, pero no del todo desencaminado si tomamos como referencia los primeros minutos del tema inicial. Tras la presentación del “riff” inicial y su desarrollo llegamos a un interludio magistral, oscuro, un desafío para la imaginación del oyente que pronto es rescatado de la ensoñación por la vuelta del tema principal al que se añaden nuevas partes de guitarra que endurecen aún más la propuesta de la banda. Bruford, mientras tanto, obra a sus anchas y Wetton ejecuta con solidez las partes de un bajo, imprescindible para sostener todo el complejo engranaje construido por la banda.



“Fallen Angel” – Un sonido electrónico sobre el que aparece el violín de David Cross es la escueta introducción de una canción con un cierto aire melancólico en su comienzo y un fantasmal oboe que subraya alguno pasajes de forma mecánica. Llegamos así a una primera variación de esas que tanto han influido en músicos actuales como Steven Wilson en la que la guitarra repite con reiteración una breve secuencia de notas mientras van apareciendo el resto de instrumentos (particularmente la corneta de Marc Charig). Una segunda repetición de la estrofa nos deja oír en segundo plano un débil mellotron antes de afrontar el final. La frase de guitarra que antes destacábamos tiene un ligero aire a la evanescente melodía que abría “Lucy in the Sky With Diamonds” de los Beatles aunque no creemos que hubiera ni siquiera la menor intención de hacer un homenaje con ella.

“One More Nightmare” – Pocos sonidos pueden identificar tan bien a King Crimson como los primeros instantes de la introducción de la pieza con una guitarra inconfundible y un Bill Bruford inspiradísimo en la batería. La pieza es una sucesión de cambios, todos ellos con sentido, aunque el uso de las palmas como elemento rítmico central en muchos momentos nos deja muy sorprendidos, terminamos por acostumbrarnos. La sección central del tema parece una improvisación en la que los saxos tienen un papel fundamental aunque siempre se nos antoja subordinado a la continua demostración de capacidades de un Bruford estratosférico. El segmento final es, sencillamente, de otro mundo: jazz, rock, algo de blues... todo en perfecta armonía constituyendo un reto continuo. Nadie ha hecho jamás música así. La pieza se detiene (porque hace eso: detenerse) repentinamente porque no parece haber una buena solución para su final; cualquiera sería decepcionante.

“Providence” – Como comentamos, la pieza es un extracto de una improvisación de mayor duración que tuvo lugar durante un concierto en la gira estadounidense previa a la grabación del disco. En aquel momento, Cross era miembro aún de la banda lo que explica su papel protagonista en los primeros instantes del tema. En ellos es el violín quien marca la pauta entre aislados efectos de percusión, notas de guitarra que aparecen aquí y allá y sonidos no siempre identificables. Metidos en este batiburrillo sonoro agarramos la soga que nos lanza Bruford para subirnos a la nave y comenzar un viaje algo más coherente que ocupará la segunda parte de la pieza, en la que las guitarras reclaman un espacio que ocuparán hasta el final. No es el mejor momento del disco ni tampoco la mejor improvisación de King Crimson que hayamos podido escuchar pero en modo alguno es desdeñable y nos sitúa en la mejor de las posiciones para escuchar lo que viene a continuación.

“Starless” – La melancolía y el efecto casi sedante que produce el sonido de cuerdas del mellotrón van trabajando el estado de ánimo del oyente que comienza a resquebrajarse con las primeras notas de la guitarra de Fripp. A partir de ahí lo que ocurre es magia: Wetton canta (mejor que nunca) una melodía insuperable. Mel Collins tiene la osadia de acompañarle al saxo y consigue, por imposible que parezca, mejorar aún más el resultado. Vuelve Fripp a interpretar el tema de guitarra cediendo los trastos al vocalista para que golpee por segunda vez en lo más delicado de la sensibilidad del oyente antes de entrar en la segunda parte del tema. El bajo dibuja una línea ominosa sobre la que apenas se atreve a destacarse una insolente guitarra que ataca con obstinada precisión una repetitiva serie de acordes. Para cualquier otra banda, esto habría sido suficiente pero si hablamos de King Crimson, sólo puede ser el preludio de algo aún mejor. Efectivamente, a través de un “in crescendo” de locura todo se desboca hasta explotar en una improvisación de jazz rock liderada por el saxo de Mel Collins que parece haber estado esperando este momento durante todo el disco. La recapitulación final con el saxo repitiendo las frases que antes cantara Wetton y el mellotrón reinando en todo su esplendor ponen el mejor final imaginable a un disco fundamental.



Tras un periodo de efervescencia creativa como el vivido en los últimos meses por la banda, lo que no era del todo previsible era lo que ocurrió tras la publicación de “Red”: la disolución de King Crimson con visos de ser definitiva, aunque seguro que todo estaba meticulosamente planeado de antemano por la inaccesible mente de Robert Fripp.  Hoy sabemos que no fue así pero los King Crimson que volvieron varios años más tarde tenían poco que ver con los que firmaron un disco como “Red”. Tiempo habrá, en todo caso, para hablar de esa historia.


“Red” supone uno de los momentos cumbres del rock progresivo. A pesar de ser aún una música relativamente joven, la sucesión de obras maestras que había adornado los últimos años por parte de los buques insignias del género (“Close to the Edge”, “The Dark Side of the Moon”, “The Lamb Lies Down on Broadway”, “Thick as a Brick”...) iban a ser ya difíciles de superar por sus propios autores y desde ese punto de vista es más fácil entender que Robert Fripp echase el cierre por un tiempo hasta que surgieran nuevos retos y con una música que poco tendría que ver ya con ésta. Como ocurre con lo mejor del catálogo de King Crimson, “Red” ha sido recientemente reeditado con contenidos extra y nuevas mezclas a cargo de ese mago llamado Steven Wilson bajo la supervisión del propio Fripp. Además, los más osados tienen a su disposición una humilde cajita que bajo el título de “The Road to Red” recoge una pequeña colección de 24 discos con material procedente de los conciertos que siguieron a la publicación del disco en 1974.



Nos despedimos con una actuación televisiva previa a la publicación del disco en la que el grupo, aún con Cross en sus filas, interpreta "Starless":

 

miércoles, 1 de mayo de 2013

King Crimson - Islands (1971)




Una de las características más extrañas de King Crimson en sus primeros años de vida era su continuo estado de crisis, merced al cual, la amenaza de la disolución rondaba continuamente sobre la banda, llegando a materializarse en alguna ocasión. Es posible que en esa continua tensión se encuentre el principal motor creativo de un grupo para el que cada nueva gira o cada nueva grabación se convertían en un reto casi inasumible y descabellado en muchos momentos.

Pongámonos en antecedentes: tras “In the Court of the Crimson King” (1969), la banda publicó dos nuevos discos en 1970. En el primero de ellos ya se habían registrado cuatro incorporaciones de músicos y una baja y entre los dos discos del citado año ocurrió casi lo contrario, es decir, tres miembros del grupo desaparecen de la alineación y se incorpora uno nuevo. Tras “Lizard” y la correspondiente gira, dejan King Crimson el vocalista Gordon Haskell y el batería Andy McCulloch, sustituidos por Boz Burrell (bajo y voz) y Ian Wallace (batería). Lejos de estabilizarse, tras “Islands” todos los músicos participantes en el disco salvo Robert Fripp dejaron la banda definitivamente pero eso será materia para otra entrada.

Volvamos a 1970 para encontrarnos con un trío formado por Robert Fripp, Mel Collins y Peter Sinfield. Sólo tres personas, la última de las cuales ni siquiera tocaba algún instrumento. La banda comenzó la búsqueda de una sección rítmica y un vocalista que, en principio, debería ser también el bajista. La primera incorporación fue la de Ian Wallace, batería que había tocado en el primer grupo de Jon Anderson e, incluso, en alguna ocasión con Yes así como junto a otros artistas británicos menos conocidos como Viv Stanshall (el maestro de ceremonias del final de la cara a del “Tubular Bells” de Mike Oldfield). Más complicado fue encontrar al último miembro del grupo lo que costó un buen número de audiciones “horribles” en palabras de Robert Fripp. Pasaron por ella nombres tan ilustres como el de Brian Ferry pero ninguno de ellos daba lo que el guitarrista esperaba. Se llegó a pensar en la posibilidad de que fueran dos las incorporaciones en lugar de una que hiciera la doble tarea de bajista y cantante pero finalmente se optó por otra vía. El nombre escogido fue el de Boz Burrell, solvente vocalista al que el propio Fripp enseñó las nociones básicas para que tocase también el bajo, siquiera de forma provisional. Sea como fuere, la opción fue la definitiva y la que terminó por asentarse para el disco.

El concepto del disco es ligeramente reminiscente del viaje de Ulises en la Odisea de Homero, recorriendo varias islas del mediterraneo. El letrista Peter Sinfield había residido en Formentera durante algún tiempo y allí escribió alguno de los textos de “Lizard” y todos los de “Islands” y la isla le inspiró para escribir este trasunto de la obra homérica que parte de la isla balear en la que, presumiblemente, concluye.

Acompañan en “Islands” a los miembros de King Crimson, el pianista Keith Tippett, la soprano Paulina Lucas, el oboe Robin Miller, Marc Charig a la corneta y Harry Miller al contrabajo.

Imagen de la formación que grabó "Islands"

“Formentera Lady” – Un sólo de contrabajo (no pulsado sino frotado con arco) abre el disco y sirve de presentación para una serie de arabescos de piano y flauta poco usuales en el rock hasta entonces. Entra entonces la voz de Burrell entonando una pausada melodía con un aire como de romance antiguo. Bajo y batería entran entonces marcando un ritmo metronómico con aderezos varios de flauta y percusión antes de retomar la narración inicial para repetir el esquema una vez más. Alrededor del minuto seis entramos en un segmento instrumental en el que aparecen por fin la guitarra de Fripp (en un plano secundario) y el saxo de Collins (más protagonista). Es esta parte en clave jazz-rock el momento más indiscutiblemente crimsoniano de la pieza y enlaza sin descanso con un poderoso instrumental rock.

“Sailor’s Tale” – Un vertiginoso golpear de platillos anuncia el cambio radical del disco que entra en una sección vigorosamente rockera en la que Fripp y compañía se desenvuelven con maestría combinando diferentes tiempos y ambientes. Citamos a Fripp porque suyos son los momentos más interesante con su guitarra buscando los límites acompañada de un casi imperceptible fondo de mellotron sobre el regular golpeo de Ian Wallace. Con el avance de la pieza, los teclados ganan en intensidad y la sección rítmica toma los mandos regalándonos uno de los más memorables instrumentales de la banda en estos años. Imprescindible en su repertorio en directo en adelante.

“The Letters” – De nuevo asistimos a una mutación en el comienzo del siguiente corte que se nos presenta entre suaves acordes de guitarra sobre los que Burrell canta una suave tonada. La tranquilidad se rompe en mil pedazos con la irrupción del saxo, agresivo como nunca y la ácida guitarra de Fripp que interrumpen bruscamente el desarrollo de la canción. Tras el sobresalto volvemos al jazz-rock con aire improvisado. La segunda intervención del cantante no tiene nada que ver con la anterior ya que, aunque la melodía es la misma, la intensidad, rozando el desgarro, es manifiestamente superior cerrando así la cara a del disco.

“Ladies of the Road” – La segunda parte del LP comienza con una especie de blues con un punto de psicodelia que nos sorprende con un estribillo inconfundiblemente deudor de los Beatles, influencia que no queda en el juego de voces sino que podemos encontrar también en algunos fraseados de guitarra. Por un momento nos sentimos transportados al “White Album” del cuarteto de Liverpool sin que por ello la composición pierda ni un ápice de su atractivo, siendo una de nuestras favoritas de la banda.



“Prelude: Song of the Gulls” – Si hay una sorpresa en el disco es esta pieza instrumental de cámara en la que sólo intervienen instrumentos clásicos. La melodía es una preciosidad que nos hace plantearnos hasta dónde habría dado de sí Fripp si hubiera cultivado algo más esta faceta de su música. Seguramente es una impresión nuestra sin mucha relación con la realidad ya que son músicos entre los que no encontramos demasiados nexos comunes pero creemos que esta composición pudo tener mucha influencia en un músico como Ray Lynch cuando grabó su “Nothing Above My Shoulders But the Evening” muchos años después.



“Islands” – Como cierre tenemos una preciosa balada llena de melancolía en la que todos los músicos invitados tienen un papel primordial (al igual que en la pieza precedente), especialmente Keith Tippett al piano, que deja en un segundo plano a los integrantes de la propia banda. El punto final va precedido de una extraña coda en la que escuchamos lo que parece un comienzo (o todo lo contrario) de una sesión de grabación con los músicos poniendo a punto sus instrumentos.

A pesar de haber grabado un disco tremendamente sólido y convincente, tras la gira que lo siguió, todos los integrantes de King Crimson salieron del grupo en desbandada dejando a Robert Fripp sólo ante el futuro. Las relaciones no eran las ideales pero los conciertos ayudaron a limar asperezas y se dice que en un momento dado, todos los músicos ofrecieron a Fripp continuar con el proyecto pero la cosa había llegado a un punto de no retorno tras el cual, fue el propio guitarrista el que optó por la disolución y posterior reconstrucción de todo el concepto de King Crimson. Como la mayor parte de la discografía “clásica” del grupo, “Islands” ha sido recientemente remasterizado por Steven Wilson por lo que no es complicado encontrar el trabajo en las tiendas. Os sugerimos un par de enlaces:



Nos despedimos con una rara versión en directo del tema que da título al disco:


domingo, 15 de julio de 2012

King Crimson - Larks' Tongues in Aspic (1973)



Si hay algo digno de admiración en la trayectoria de King Crimson (quizá deberíamos decir de Robert Fripp) es la capacidad de reinventarse (de reinventar a su banda) que ha demostrado a lo largo de las últimas décadas. La vida como miembro de la banda debe ser una de las experiencias más estresantes debido al alto nivel de exigencia que plantea el día. De otro modo no se explican bien las continuas entradas y salidas de miembros, los abandonos de Fripp, las disoluciones más tarde abortadas y el continuo cambio de estilo e incluso de formación, refiriendonos ya no sólo al cambio de miembros sino de configuraciones instrumentales: partiendo de la formación de trío con guitarra bajo y batería fueron un cuarteto al incorporar un saxofón, pasaron por momentos con presencia de distintos intérpretes de vientos, un violinista, teclistas e incluso durante unos años la banda existió como un doble trío de guitarra, bajo y batería.

Quizá la mayor de las crisis de King Crimson fue la vivida tras la publicación de “Islands” que teminó con una desbandada general de todos los integrantes de la formación salvo Robert Fripp. Este hecho, que en otras circunstancias habría supuesto el final de la carrera de King Crimson que habría cumplido con la máxima erroneamente atribuida a James Dean de vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadaver. Pero continuando con las citas de paternidad dudosa, los muertos que matamos en esta ocasión, gozan de buena salud y esto es así porque Fripp, lejos de enfrascarse en otros proyectos (particularmente su colaboración con Brian Eno en “No Pussyfooting”, buscó a los músicos necesarios para prolongar la existencia de King Crimson como banda.

El grupo que finalmente se conformó, comenzó a preparar cosas, ya en concierto, ya en ensayos en el estudio durante 1972 y quedó integrado por Robert Fripp (guitarras, piano, mellotron), John Wetton (bajo, voz y piano), Bill Bruford (batería), David Cross (violín, viola, mellotron, piano) y Jamie Muir (percusión). Como ocurría con las anteriores encarnaciones de King Crimson, las letras de las canciones no estaban escritas por ninguno de los músicos sino por una persona ajena a la interpretación, en este caso, Richard Palmer James, fundador de Supertramp y colaborador en varios proyectos anteriores del nuevo cantante de la banda, John Wetton.

Quinteto participante en "Larks' Tongues in Aspic"


El nuevo King Crimson reunía una formación de lo más heterogeneo. Bill Bruford afrontaba un gran reto después de abandonar una banda comoYes en lo más alto de su carrera, John Wetton, sin llegar a los niveles de éxito del batería, tenía ya una trayectoria en distintas bandas mientras que David Cross practicamente se iba a dar a conocer con este disco. Del quinto hombre, Jamie Muir, casi podemos decir que “Larks’ Tongues in Aspic” es su única aparición seria como músico (tras la grabación se retiró a un monasterio budista y hoy se dedica a la pintura). Pese a la procedencia tan diversa de los cinco músicos, durante los conciertos previos al disco y las sesiones de grabación, mostraron una compenetración más que notable y esto se nota en el resultado final. El título del disco hace referencia a la composición “The Lark Ascending” del compositor británico Ralph Vaughan Williams, pieza orquestal (originalmente para piano) con gran protagonismo del violín solista. Algunas partes de violín del primer tema del disco de King Crimson tienen una clara inspiración en la obra de Vaughan Williams.

“Larks’ Tongues in Aspic (part I)” – La primera diferencia que encontramos con los trabajos anteriores de King Crimson está ya en los créditos al aparecer la autoría de la pieza compartida entre todos los miembros del grupo cuando lo habitual es que todo el peso creativo recayera sobre las seis cuerdas de Robert Fripp. La pieza comienza con una extensa introducción a base de percusiones muy suaves que le dan un aire exótico y muy soprendente (no creemos que nadie esperase algo así en un disco de King Crimson, especialmente por la longitud del segmento). Poco después entra el violín de Cross construyendo una especie de colchón rítimico al que se añade la guitarra de Fripp lanzando la primera salva en forma de riff distorsionado, convirtiendo la pieza en una especie de experimento proto-heavy metal. Tras el aviso, entramos en la que podríamos llamar, la tercera sección, más jazzistica en todos los sentidos con Fripp dibujando arabescos acompañado del bajo de Wetton y un Bruford en su salsa con Jamie Muir disfrutando de lo lindo añadiendo percusiones por doquier a cual más disparatada. De repente se hace el silencio y toma la palabra metafóricamente hablando el violín (y la viola) de David Cross en una intervención de corte clasicista con toques dramáticos adornada con las sutiles percusiones de Muir. En los últimos momentos regresamos al violín eléctrico utilizado como elemento rítmico al que se añaden voces sintetizadas que recitan una oración ininteligible. Con unos leves arpegios de guitarra y unas suaves campanas se pone fin a uno de los temas más extraños y vanguardistas de King Crimson hasta el momento.



“Book of Saturday” – La primera de las tres canciones del disco aparece escrita por Fripp y Wetton y es precisamente el del vocalista el descubrimiento más interesante para los seguidores de la banda ya que se revela como un intérprete excelente cuya voz encaja a la perfección en la música del rey escarlate. A nuestro jucio, de forma mucho más acertada, si cabe, que la de Greg Lake en épocas pasadas. La canción, casi una miniatura, es una preciosidad en la que Fripp cumple a la perfección con su papel de acompañante aportando en cada momento, el elemento necesario.

“Exiles” – En esta ocasión es Cross quien colabora con Fripp en la composición de la pieza, a la que consideramos un clásico del repertorio de la banda además de una precursora de esa maravilla que llegaría un poco después con el título de “Starless” pero no nos adelantemos tanto. Es el violín precisamente el que marca el rumbo de la pieza en los primeros instantes acompañado a la prefección por el resto de instrumentos y la voz de Wetton, quizá el mejor cantante de la escena progresiva aunque este tipo de afirmaciones siempre son discutibles. Tras la primera intervención del cantante llegamos a un breve segmento instrumental en la linea de algunos momentos del corte que abría el disco. Para cuando Wetton vuelve a tomar la palabra, lo hace acompañado de un nuevo invitado en forma de piano al que más tarde se suma el mellotron.

“Easy Money” – Segunda de las canciones escritas por Fripp y Wetton y otro de los grandes clásicos de la banda. Se abre casi como una marcha militar con el vocalista haciendo algo de “scat” por encima del ritmo. Entramos así en la parte central de la pieza en la que tenemos que destacar de nuevo a Jamie Muir cuyas percusiones aparecen constantemente dejando pequeñas muestras sonoras por toda la pieza. “Easy Money” es un contraste de estilos realmente logrado: mientras las partes vocales de Wetton toman la forma de un blues clásico, la batería de Bruford es jazzística en la mayor parte de la composición. La guitarra de Fripp por su parte está dentro de los parámetros del rock más clásico con una cierta tendencia al hard rock.

“The Talking Drum” – Segundo instrumental del disco y, al igual que el primero, firmado por todos los componentes de la banda. El esquema tiene ciertas similitudes con el de su precedente por cuanto también comienza con un juego de percusiones que poco a poco va tomando forma hasta convertirse en una especie de carrera y la elección del término no es casual ya que la batería de Bruford comienza a marcar un ritmo ciertamente similiar al de “On the Run”, composición practicamente contemporanea incluída en el clásico “The Dark Side of the Moon” de Pink Floyd. En cualquier caso, ahí terminan las similitudes. El violín orientalizante de David Cross toma los mandos de la nave y anima a Fripp a soltarse con uno de sus solos habituales, aunque hablando con propiedad deberiamos llamarlo duo por cuanto el entendimiento con el violinista es total. En suma, otra pieza magistral a añadir a la lista junto con las anteriores.

“Larks’ Tongues in Aspic (part 2)” – Sin espacio para digerir la composición anterior llega Robert Fripp a golpe de guitarra para introducirnos en el corte que cierra el disco. Lo que comienza como un tema cercano al hard rock toma otro rumbo, siquiera momentanemente, unos segundos después con la melodía principal de la pieza. No tardamos en darnos cuenta de que ese breve remanso de paz era una mera ilusión. La composición vuelve tomar un cariz agresivo del que participa incluso el violín eléctrico que parece realmente cabreado. No es casual que estemos escuchando la única pieza del disco compuesta íntegramente por Robert Fripp por la carga de “mala leche” si se nos permite la expresión, que destila en todo momento. Como no podía ser de otra forma, la segunda parte de “Larks’ Tongues in Aspic” es un perfecto resumen del disco y ha permanecido en el repertorio Crimsoniano durante mucho tiempo. Cuiriosamente, existe una tercera parte de “Larks’…” incluida en el disco “Three of a Perfect Pair” de 1984 e incluso una cuarta en “The ConstruKction of Light” de 2000.

Con el disco que hoy os recomendamos, King Crimson inició un nuevo rumbo muy fructífero que les llevó a publicar varios LPs fundmentales y les convirtió en un referente del rock progresivo de los setenta aunque, en nuestra opinión, la banda de Fripp siempre ha tenido un punto de distinción que les sitúa ligeramente al margen de la corriente principal del género. Para los más puristas, King Crimson se han posicionado demasiado cerca de lo “snob” o lo pedante en demasiadas ocasiones. Para otros, entre los que nos contamos, su música ha tenido un cierto componente vanguardista y de ruptura que probablemente sea lo que les ha permitido trascender la etiqueta del rock progresivo y sobrevivir hasta hoy como banda en activo con cosas que decir aunque este último punto es también muy relativo ya que el que ha sobrevivido es Robert Fripp acompañandose de distintos músicos en cada etapa por lo que quizá no sea acertado hablar de una continuidad de King Crimson. Daremos por válida entonces la opinión de Fripp cuando afirma que King Crimson no es una banda sino una forma de hacer las cosas, independientemente de los miembros que circunstancialmente formen parte de ella.

Como es habitual cuando hablamos de King Crimson, Fripp se ha encragado de que todo seguidor tenga acceso a la mayor cantidad de material posible de cada una de las épocas de la banda y la etapa con la alineación compuesta por Fripp, Wetton, Cross y Bruford está documentada con profusión en cajas como “The Great Deceiver”, que recoge varios conciertos posteriores al disco, y en otros discos “semi-oficiales” de la etapa previa a la grabación, aún con Muir en sus filas (conciertos en Bremen o Guildford) . Todo ese material es de gran interés y ayuda a hacerse una idea de la forma de trabajar de la banda en aquellos años así como de la importante evolución que iban sufriendo todas las composiciones de King Crimson desde sus estados más primitivos hasta las versiones más o menos definitivas que llegaron a grabarse en discos de estudio. Por el momento, os dejamos un par de enlaces en los que adquirir el disco que hoy hemos comentado:

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Así suena hoy "The Talking Drum":

 

Y así lo hacía "Larks' Tongues in Aspic (part 2)" en directo en 1974

martes, 17 de enero de 2012

Jakszyk, Fripp and Collins - A Scarcity of Miracles (2011)




Existe un fenómeno muy curioso que ha alcanzado cierta importancia en los últimos años. Consiste en grupos de músicos que se reunen para tocar canciones de otra banda, especialmente de los grandes clásicos de los 70, y terminan convirtiéndose en bandas-tributo que hacen conciertos imitando la estética de su banda “madre” y explotando el repertorio de ésta.

Así, por ejemplo,Yes tienen bandas-tributo como Fragile, Genesis tienen a los Musical Box y los Australian Pink Floyd tocan habitualmente homenajeando a la banda de Waters, Gilmour y compañía. Hasta grupos más actuales como U2 tienen a los Achtung Babies como banda de homenaje.

Hay un caso algo más complejo que es el de la 21st Century Squizoid Band. A primera vista, cualquier lector sagaz los relacionará con King Crimson y el tema que abría su primer disco “In The Court of the Crimson King” y, ciertamente, ese avispado lector tendrá razón. Hasta aquí, la banda no tendría nada de particular. Sin embargo, si nos ponemos a repasar la lista de integrantes de la misma nos encontramos con que estaba formada en sus inicios por Mel Collins, Michael Giles, Peter Giles, Ian McDonald y Jakko Jakszyk y que, poco después, el fallecido Ian Wallace sustituiría a Mike Giles. Lo que hace a la 21st Century Squizoid Band distinta a la gran mayoría de bandas tributo, formadas habitualmente por fans del grupo original es que de los seis músicos que han formado parte de ella, cinco se contaron en algún momento entre los “titulares” de la banda original, King Crimson, o participaron en algún disco del grupo. Así, McDonald y Michael Giles fueron miembros de la banda en su disco de debut, Mel Collins y Peter Giles se incorporaron en el segundo disco de la formación de Fripp (si bien, Peter no aparece como miembro sino como músico de estudio). Por último, Ian Wallace entró en King Crimson para la grabación de “Islands”. Nos falta sólo hablar de Jakko Jakszyk, vocalista, multi-instrumentista y productor, Jakko aparece como músico de estudio en discos de lo más variopinto antes de ingresar en la banda. Como anécdota, actualmente está casado con Amanda, hija de Michael Giles, con lo que, a fin de cuentas, también tiene su propio parentesco, siquiera lejano con King Crimson, valga la broma. Otra diferencia entre la 21st Century Squizoid Band y otras bandas de homenaje es que se centran en una parte concreta del repertorio de la banda y no en toda la trayectoria de la misma. Dado que sus miembros formaron parte de King Crimson en los primeros años setenta, era lógico que fuera esta etapa la que escogieran a la hora de recrear temas clásicos del viejo rey escarlata.

Por otra parte, a mediados de los años noventa, Robert Fripp y Bill Bruford, integrantes por aquel entonces de unos King Crimson en estado de hibernación, planearon hacer una serie de conciertos basados principalmente en improvisaciones. La incorporación al proyecto de Trey Gunn y Tony Levin nos dejaba frente a una banda formada por cuatro miembros de King Crimson pero que no era King Crimson. Fripp bautizó, por decirlo de algún modo, la idea con el nombre de ProjeKct One y se abría la puerta a otros “ProjeKcts” que no serían sino distintas permutaciones entre los miembros en activo de la banda, creadas con el objeto de experimentar e investigar en sonidos que pudieran ser incorporados a King Crimson con posterioridad. Así, hubo un ProjeKct Two con Fripp, Gunn y Adrian Belew, un ProjeKct Three con Fripp, Gunn y Mastelotto y un ProjeKct Four con Fripp, Gunn, Mastelotto y Levin. Para complicar algo más la cosa, existió un ProjeKct “X” en el que la formación era la misma que grabó en las mismas fechas el “The ConstruKction of Light” de los King Crimson de aquel momento. Por si esto fuera poco, y pese a la ausencia de un ProjeKct Five, sí que hubo un ProjeKct Six integrado por Fripp y Belew.


¿dónde se ha metido Mel Collins?

Y con todo este extraño batiburrillo, nos encontramos con la aparición el pasado año 2011 de un disco que se presentaba como: “Jakszyk, Fripp & Collins: A Scarcity of Miracles” con el añadido de “A King Crimson ProjeKct”. Y ¿qué era esto exactamente? No es King Crimson puesto que la formación oficial de la banda es muy distinta en este momento. Tampoco sería un ProjeKct al uso puesto que ni Jakszyk ni Collins son integrantes actualmente de la formación. Para terminar de liar la madeja, acompañan al trío dos músicos que sí son miembros de King Crimson en la actualidad como Tony Levin y Gavin Harrison.

La idea del disco surge de una serie de improvisaciones entre Jakszyk, y Fripp que no parecían tener más historia pero Jakko trabajó algo más en el material llegando a darle cierta forma. Cuando Collins escuchó el resultado sugirió que le faltaba, precisamente, su saxofón. A partir de ahí todo vino rodado y con la incorporación de la sección rítmica de King Crimson a la mezcla, aquella experimento inicial de guitarras y “soundscapes” se convirtió en todo un LP. Robert Fripp habla del disco diciendo que tiene todo el espíritu de King Crimson pero que no es suficientemente Crimsoniano, pese a lo cual, no tiene problemas en afirmar que es uno de sus discos favoritos “de todos aquellos en los que su participación ha sido determinante”. Pasamos a hacer un breve comentario tema por tema como es costumbre por aquí.

“A Scarcity of Miracles” – El album se abre con un juego de guitarras y soundscapes combinados que no deja la menor duda acerca de quién anda trasteando detrás de la grabación. Tras esta introducción toma las riendas del tema el saxo de Mel Collins. Los aires tranquilos de la canción nos muestran que esto no va a tener nada que ver con los últimos trabajos de King Crimson y sí, en cambio con otros discos de la banda de principio de los años setenta. El nuevo experimento de Fripp y compañía va a transcurrir por caminos muy tranquilos y elegantes sin demasiado espacio para las florituras a pesar del enorme nivel de los músicos implicados.

“The Price We Pay” – La pieza comienza de modo similar a la anterior pero cambiando las guitarras por el Guzheng interpretado por Jakszyk. Quizá la menor participación de Collins en beneficio de algún solo más destacado de la guitarra de Fripp le dan al tema un sabor mucho más “crimsoniano” que el anterior. A estas alturas del disco, empezamos a tener claro que la voz de Jakszyk encaja perfectamente con la linea del trabajo justificando sobradamente su presencia, pese a no haber formado nunca parte del grupo original.

“Secrets” – Una canción con dos partes bien distintas. Una primera casi ambiental y una segunda algo más compleja con aportaciones realmente relevantes de todos los músicos. Nos apetece destacar la aportación de Gavin Harrison, a quien estabamos acostumbrados a escuchar en registros más enérgicos con Porcupine Tree y que en este corte da una lección de cómo llenar el espacio que corresponde al batería sin destacarse por encima de los demás músicos pero dejando su impronta particular.
“This House” – Un bellísimo juego de voces y efectos electrónicos nos da la bienvenida al cuarto tema del disco que repite el esquema de los anteriores casi punto por punto. Parece que el hecho de que el disco aparezca firmado por Jakszyk, Fripp y Collins indica, precisamente, que son ellos los que se encargan de hacer la presentación de todos los temas y sólo en la segunda mitad de los mismos Tony Levin y Gavin Harrison reciben el permiso para participar.

“The Other Man” – La única canción que se sale un poco de la linea del disco es precisamente la que ahora nos ocupa. Con ese punto de tensión que aporta Tony Levin cuando se pone serio, y la guitarra de Fripp en sus registros más agresivos, “The Other Man” es, quizá, nuestro corte favorito del trabajo por todo lo que tiene de diferente y por ser el que más se acerca a los King Crimson más recientes, de los que nos declaramos admiradores.

“The Light of Day” – El cierre del disco lo pone el corte más experimental y oscuro del mismo, especialmente en sus primeros minutos llenos de ambientes y florituras guitarrísticas como pinceladas lanzadas al azar sobre un lienzo. Las voces con sus distintos ecos y efectos de overdubbing dan la sensación de estar interpretadas a capella en muchos momentos, a pesar del evidente acompañamiento instrumental. No sabríamos describir esto con precisión pero las guitarras y los saxos ocupan un segundo plano casi fantasmal que contribuye a destacar de un modo realmente extraño la voz de Jakko. El tema termina siendo el único del disco en el que no oímos ninguna percusión.

Tenemos que confesar que los primeros momentos del disco, especialmente con la entrada del saxo de Mel Collins en el primer corte, nos pusieron en guardia ante la aparición de un sonido demasiado “convencional”, demasiado “mainstream” para lo que uno espera de cualquier versión de King Crimson y mucho más aún para lo que se espera de un “ProjeKct”. Sin embargo, el paso de los minutos y las sucesivas escuchas (no nos parece un disco para ser asimilado facilmente) nos han convencido sobradamente de que la capacidad actual para seguir creando música de Robert Fripp con cualquier acompañamiento, sigue siendo muy grande. Cierto es que hace tiempo que no nos sorprende como antaño pero su trabajo se ha instalado en unos niveles de calidad envidiables para la gran mayoría de músicos actuales, algo muy difícil de encontrar en otros artistas de la generación de Fripp que, recordemos, ya va camino de los 66 años y tiene a sus espaldas la friolera de más de 700 trabajos publicados en solitario o en colaboración con otros artistas y, por descontado, con King Crimson.

Jakko Jakszyk toca guitarras, guzheng, teclados y es la voz solista, Robert Fripp aporta sus guitarras y sus personales soundscapes, Mel Collins se encarga de los saxos y la flauta, Tony Levin, ¿cómo no?, del bajo y el stick y Gavin Harrison de la batería y resto de percusiones.

Es cierto lo que indica el título del disco y vivimos una época de escasez de milagros, también en lo musical. No sabemos si calificar como tal este trabajo pero sí que lo encontramos altamente recomendable y por ello os dejamos un par de enlaces para adquirirlo.

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Video promocional de "A Scarcity of Miracles":


jueves, 9 de junio de 2011

King Crimson - Epitaph Vol.1 & 2 (1997)


Como suele ocurrir con los buenos grupos, especialmente si están formados por grandes músicos (lo que no siempre ocurre, curiosamente), King Crimson es una banda que gana muchos enteros en directo. El disco que hoy tratamos, glosa una serie de actuaciones en vivo de la banda en 1969 en las que encontramos, lógicamente, material de "In the Court of the Crimson King" acompañado de piezas nuevas, temas en construcción que más tarde servirían en todo o en parte como base para otros trabajos y todo ellos en riguroso directo, con un altísimo grado de improvisación y todas las imperfecciones que ello conlleva.

El primero de los dos discos contiene cuatro canciones procedentes de sesiones radiadas por la BBC, tres de un concierto en New York de Noviembre del 69 y cuatro de otro concierto en San Francisco de diciembre del mismo año. Las grabaciones tienen muy distintas procedencias, desde cintas grabadas de la radio por fans (con los clásicos ruidos e interferencias) hasta casettes grabados por los propios miembros de la banda pasando por material procedente de diversos discos piratas. Todo ello arreglado de la mejor de las formas para dejarnos un testimonio de lo que eran capaces de hacer en aquellos años los Fripp, Giles, McDonald y Lake en directo. Como es fácil suponer por la procedencia de las grabaciones, el sonido del disco no es todo lo bueno que debería pero no deja de ser un documento imprescindible para entender en toda su extensión la maquinaria que funcionaba con el nombre de King Crimson en aquel entonces.

El segundo CD contiene el concierto completo que ofreció la banda en San Francisco al día siguiente del incluido en parte en el primero de los discos. La calidad del sonido en esta ocasión es muy superior a la del primer volumen, afortunadamente.

Es importante señalar que entre los dos discos, nos vamos a encontrar hasta tres versiones distintas de "21st Century Squizoid Man" o de "Epitaph" y ninguna de "I Talk to the Wind" o "Moonchild". Aquellos que busquen calidad y pulcritud exquisitas en el sonido, no van a disfrutar estos discos en absoluto. Si, por el contrario, somos capaces de abstraernos de ello y centrarnos en la música, "Epitaph" nos hará pasar muy buenos ratos.

Inicialmente se publicaron estos dos volúmenes y, junto a ellos, las instrucciones para hacerse con el tercero y el cuarto. Si no estamos muy equivocados, hoy es posible encontrar también esos dos volúmenes adicionales en las tiendas sin necesidad de pedirlos directamente a DGM.

De momento, a los que hayais quedado convencidos con este material, os dejamos un par de sitios para adquirirlo:

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Y un ejemplo de cómo sonaba "21st Century Squizoid Man" en directo en 1969:

lunes, 16 de mayo de 2011

King Crimson - In the Court of the Crimson King (1969)


Existen en el mundo de la música muchos grandes discos en todos los géneros. Algunos de esos grandes discos alcanzan la categoría de obras maestras. Un grupo aún más selecto de ellos ha pasado a la historia como un hito de los que marcan un antes y un después por su propia categoría musical pero también por la influencia que han tenido en el desarrollo de un estilo en los años posteriores. El trabajo que nos ocupa, se encuentra, sin duda, en esta última categoría.

Como tantos otros grupos en la época, los miembros del King Crimson original habían hecho sus primeras armas en pequeñas bandas, grupos de amigos locales sin más pretensiones. Robert Fripp había formado parte de un grupo profesional llamado, sencillamente, "Giles, Giles and Fripp" junto con el bajista y cantante Peter Giles y su hermano Michael a la batería. Éste último sería de la partida en la primera formación de King Crimson. Completaba la banda Ian McDonald a los vientos y el guitarrista y cantante Greg Lake, que se ocuparía del bajo en la banda a petición de Fripp. Igual que hubo un "quinto Beatle", existió un "quinto Crimson" en la figura de Peter Sinfield, autor de las letras del grupo.

Comunmente se cita a "In the Court of the Crimson King" como el disco que inaugura el rock progresivo como género y, ciertamente, en él se encuentran ya todos los elementos definitorios del estilo. Evidentemente, hay rock, pero también jazz, blues, estructuras clásicas, excelentes instrumentistas y largas canciones con un nexo temático de unión entre ellas.

Sería un ejercicio inútil tratar de escribir aquí algo más sobre esta obra, pudiendo el lector pasar directamente a disfrutarla. Son sólo cinco canciones pero todas y cada una de ellas tienen una belleza intemporal. "In the Court of the Crimson King" es un disco que hay que escuchar con mucha atención y volver sobre él periódicamente. La experiencia merece mucho la pena. La versión que podemos disfrutar aquí es la reciente remasterización realizada por Steven Wilson bajo la supervisión del propio Robert Fripp en 2009, con ocasión del 40 aniversario del album.

Para adquirir la obra, como siempre, un par de vías recomendadas:

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Una muestra de la impresionante "Epitaph":