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lunes, 15 de agosto de 2022

Brad Mehldau - Highway Rider (2010)



Con contadas excepciones, la carrera discográfica de Brad Mehldau se había centrado en trabajos en solitario, colaboraciones con otros solistas y, sobre todo, discos con su trío. Por eso sorprendió en 2009 la aparición de una nueva grabación (en formato de disco doble, además) con un par de artistas invitados y la participación de una orquesta y un pequeño coro, The Fleurettes, en adición a su clásico trío con Larry Grenadier y Jeff Ballard. Los invitados no eran precisamente unos advenedizos ya que se trataba del batería Matt Chamberlain y el saxofonista Joshua Redman, músicos ambos con los que Mehldau había colaborado en varias ocasiones en el pasado.


Realmente no se trataba de un disco para quinteto y orquesta puesto que cada pieza tiene una configuración diferente y podemos escuchar temas para piano solo, temas para orquesta y diferentes combinaciones entre esta y los cinco músicos participantes. Es un trabajo ambicioso, tanto por el formato como por la duración y también uno de los más completos de Mehldau hasta entonces ya que todas las composiciones son suyas, algo no tan habitual como podría parecer en su discografía.


“John Boy” - La primera pieza del disco es una preciosidad introducida por el piano de Brad y perfectamente secundada por Jeff Ballard con una discretísima percusión y el saxo de Redman acompañando a la sección de viento de la orquesta. Hay algo que planea a lo largo de todo el tema que recuerda al “Blackbird” de los Beatles, cosa que no puede sorprender ya que esa es una canción que Mehldau versiona habitualmente en directo.


“Don't Be Sad” - En el segundo corte participan los cinco músicos además de la orquesta y tiene un delicioso sabor a jazz clásico. Música de seda a la que las cuerdas le dan un precioso toque cinematográfico y en la que podemos disfrutar de un Joshua Redman especialmente seductor.


“At the Tollbooth” - El tercer corte es una miniatura para piano solo de Mehldau en la que apenas esboza un motivo bastante similar al del corte anterior. En cierto modo podría pasar por una coda de este.


“Highway Rider” - Pasamos ahora al típico trío de Brad con Chamberlain en lugar de Ballard a la batería, cosa que se nota mucho por el estilo de este, muy sincopado y moderno. Una especie de acercamiento a lo que más adelante hará Mark Guiliana con el propio Mehldau. Además del piano, Brad toca el mítico sintetizador Yamaha CS-80, aunque apenas lo utiliza para crear algunas texturas de relleno en determinados pasajes y para subrayar melodías en la parte final.




“The Falcon Will Fly Again” -  Volvemos a un esquema similar el del corte inicial, piano y saxo compenetrándose a la perfección con los dos percusionistas acompañando en segundo plano. Ritmos quebradizos y volubles que nos deleitan hasta la parte final, con las voces de The Fleurettes ejecutando una melodía de inspiración brasileña que nos recuerda otros acercamientos a la música de ese país por parte de otros músicos de jazz como Pat Metheny.


“Now You Must Climb Alone” - La primera de las dos piezas orquestales del disco comienza con un tono melancólico muy profundo, con protagonismo de los violonchelos al principio y de los violines después. Una atmósfera pesada, más intensa a cada compás. A medio camino entre la música de Samuel Barber y los experimentos orquestales de Pat Metheny en “Secret Story”.


“Walking the Peak” - Precisamente ese parecido con el “Secret Story” lo encontramos en este corte que es una continuación del anterior. Las cuerdas se van diluyendo en el arranque mientras entran, primero el piano, más tarde la percusión y finalmente el saxo de Redman. No hay solución de continuidad entre ambas piezas por lo que bien podrían considerarse una sola. En todo caso, una composición excelente que no para de evolucionar hasta el final.




“We'll Cross the River Together” - El corte más largo del trabajo es este que abre el segundo cedé. Con la orquesta como protagonista en su inicio pese a la aparición de Mehldau y Redman en momentos puntuales, las maderas tienen su intervención más destacada de toda la obra. Como también sucedía en los cortes anteriores, el tema es un in crescendo continuo con un punto de épica, especialmente con los toques de campana que aparecen de vez en cuando. Todo parecía discurrir en esa misma línea cuando llegamos a un interludio de piano y saxo que es una verdadera preciosidad justo antes de la entrada de la batería y del contrabajo, que es cuando la pieza empieza a tomar una clara forma jazzística. El final, sin embargo, vuelve al formato orquestal.


“Capriccio” - Con el siguiente tema, Mehldau se mete en territorio flamenco como si de un Dorantes se tratase, palmas incluidas. Lo mejor de todo es que sale más que airoso del experimento funcionando igual de bien la parte de piano que la melodía principal a cargo de Joshua Redman. Un viaje inesperado con un resultado magnífico.




“Sky Turning Grey (for Elliott Smith)” - Volvemos al formato de trío más saxo (con Chamberlain a la batería) en esta pieza dedicada al malogrado multi-instrumentista y compositor Elliott Smith. Mehldau añade el órgano a su habitual piano pero el protagonista es Redman con un excelente y jovial acompañamiento de batería, de esos que solo pueden arrancarnos una sonrisa.


“Into the City” - Escuchamos por primera vez en todo el disco al trío habitual de Mehldau sin adición alguna y lo hacemos en un tema frenético con un espectacular Jeff Ballard a la batería como queriendo reclamar su espacio en un trabajo en el que Matt Chamberlain ha brillado con las baquetas en todas sus intervenciones. Por muchos motivos, uno de nuestros cortes favoritos de todo el trabajo pese a no ser el más destacado melódicamente.




“Old West” - La única pieza a dúo del disco entre Mehldau y Redman comienza con lo que parece una improvisación de éste sobre el piano de Brad y termina con una maravillosa exhibición del saxofonista ejecutando una serie de variaciones sobre la melodía principal verdaderamente inspiradas. Otro gran momento del disco que los dos músicos recuperarían en un trabajo posterior grabado en directo por ambos.


“Come With Me” - Repite el trío “titular” de Mehldau con la ayuda de Redman. Un buen corte, con una perfecta compenetración entre los cuatro que hace pensar en cómo sonaría esta formación en un disco completo del estilo del “MoodSwing” (1994) de Redman en el que ya participó Mehldau en su día.


“Always Departing” - Segundo tema orquestal de “Highway Rider” pero en lugar de por la melancolía del anterior, aquí se opta por una tensión muy cinematográfica en la introducción, cortada en seco por los violonchelos y el piano que se encarga de toda la parte central de la pieza rememorando alguno de los motivos anteriores del disco.


“Always Returning” - Del mismo modo que ocurría al final del primer cedé, cuando el tema orquestal que ocupaba el penúltimo lugar del mismo se fundía en último corte mientras se iban sumando todos los solistas participantes, aquí se repite el esquema y sin ninguna separación temporal ambas piezas se enlazan en lo que bien podría ser una sola. Un poderoso broche para un disco excelente.


Discos como “Highway Rider” no dejan de ser una excepción en la carrera de Mehldau, como decíamos al comienzo. El pianista no es muy dado a grabar con formaciones grandes y menos aún con orquesta aunque de cuando en cuando nos regala algún trabajo así. En todo caso este disco es sensacional y uno de nuestros favoritos del pianista en cualquiera de sus formatos, especialmente cuando se trata de un disco doble en que el nivel el altísimo en todos sus temas.

jueves, 18 de julio de 2019

Johann Johannsson - Mandy (2018)



Salvo que el tiempo termine por desmentirnos con la aparición de algún otro trabajo en los próximos meses (si es que no lo ha hecho ya), la última banda sonora del islandés Johann Johannsson fue la de la película “Mandy”, del director Panos Cosmatos. No hemos visto el film, algo que, a raíz de todo que leemos sobre él y su música, va a lastrar nuestro análisis puesto que la simbiosis entre sonidos e imágenes parece ser prodigiosa y los referentes de director y compositor, sin saberlo, muy similares. Ambos, por ejemplo, son admiradores de la banda de “drone doom” norteamericana Sun O))). De hecho, la colaboración de Stephen O'Malley, miembro del grupo, en la banda sonora, fue idea de Johannsson antes de saber que Cosmatos era seguidor de Sun O))). No solo O'Malley participa en disco sino que el co-productor del mismo es el productor habitual de la banda, Randall Dunn.




Johannsson había tocado en su juventud en bandas de “heavy metal” y Cosmatos tenía en mente que la historia de “Mandy” fuera una especie de ópera-rock oscura por lo que todo encajaba bastante bien. La idea según Randall Dunn, llegó a ser la de grabar la música como un grupo e incluso de girar posteriormente con ella ofreciendo conciertos por varias ciudades. Toda esa parte del proyecto quedó en nada con el fallecimiento de Johannsson pero éste se produjo con la obra terminada por lo que, al menos esa parte, sí que la podremos disfrutar como el músico la concibió. Llama la atención la forma en la que surgió el proyecto ya que Cosmatos no es un director demasiado conocido (al menos, no tanto como su padre George quien dirigió películas tan taquilleras como la segunda entrega de la saga de Rambo, “Cobra” o el western “Tombstone”. Cuando la productora de “Mandy” se puso en contacto con Johannsson para hablarle del proyecto, la respuesta de éste fue: “¿Cosmatos? ¿el mismo Cosmatos de “Beyond the Black Rainbow”? Esa película es una obra maestra...”. Teniendo en cuenta que llamaron al músico “por probar” pensando que con el éxito de “Arrival” tendría la agenda repleta, el hecho de que Johannsson no solo conociera al director sino que admirase su trabajo y la posterior aceptación de la oferta fue algo totalmente inesperado. Sin embargo, el entendimiento entre Cosmatos y Johannsson fue total. Cuenta Panos cómo en una ocasión le dijo al músico: “quiero que suene como cuando eres un adolescente y te encuentras  sentado en el asiento de atrás del Trans-Am del hermano mayor de tu mejor amigo, oliendo a hierba, a cuero y a ambientador de pino. Esa sensación de miedo pero también, en cierto sentido, de desafío”. La respuesta de Johannsson no le dejó lugar a dudas: “sé exactamente lo que quieres decir”.

Johann Johannsson


En la grabación participan: Kjartan Holm (guitarras, programaciones y arreglos), Skuli Sverrison (guitarras y bajos), Ulfur Eldjarn (sintetizadores y arreglos), Martin Graber (trompa de los Alpes), Stephen O'Malley (guitarra), Will Hayes (guitarra), Matt Chamberlain (batería), Timm Mason (teclados y programaciones) y Wouter Rentema (programaciones). En los créditos aparecen además Pepijn Caudron, Yair Elazar Glotman y Ulfur Eldjarn como autores de “música adicional” pero no se detalla si aportan piezas completas o partes dentro de composiciones originales de Johannsson. La banda sonora de la película se entregó en enero de 2018 y Johannsson falleció en febrero por lo que en principio esas adiciones deberían haberse hecho con su supervisión, salvo que sea música o arreglos creados para el formato de disco que no suele coincidir exactamente con lo que se oye en la película pero nada de esto aparece comentado en el disco.




Comienza con “Seeker of the Serpent's Eye”, una terrorífica combinación de sonidos que aparecen cada vez con más fuerza y silencios tan inquietante o más que aquellos. “Starling” funciona de una forma parecida. La música se reduce a pequeños grupos de notas que suenan de forma breve y se desvanecen reverberando en su propio eco. Todo parece pensado como preparación ante algo que no tardará en aparecer. Llega así “Mandy Love Theme”, una pieza ambiental en la que las guitarras nos dan un ligero respiro dentro de una atmósfera que no puede ser más agobiante. El estilo habitual de Johannsson se hace aquí reconocible por primera vez en uno de los mejores cortes del disco. La segunda parte del mismo abandona la oscuridad pero sigue, a su modo, manteniéndonos en alerta. “Horns of Abraxas” es un breve pasaje en el que volvemos al estado de ánimo del comienzo del disco, “dark ambient” al estilo de los discos más herméticos de Bass Communion y bandas similares. Con “Black Skulls” llega una primera variación y es que las guitarras son mucho más agresivas y la electrónica gana en fuerza amenazando, esta vez sí, al oyente, con una auténtica pesadilla. Es el turno para “Death and Ashes”, uno de los temas “largos” del disco, y lo entrecomillamos porque no llega a los 5 minutos de duración. Está entre nuestras piezas favoritas del trabajo y funciona de una forma muy similar a como lo hacen muchas composiciones incidentales de hoy en día. Pensamos en bandas sonoras tan acertadas como la de la magnífica serie “Dark”, que prácticamente son un personaje más de la trama cuando no hacen las veces de narrador. Con “Sand” entramos de lleno en el “doom metal” con la guitarra eléctrica como total protagonista del tema central de la película (no es casual que Mandy, en el film, luzca una camiseta de Black Sabbath). De ahí pasamos a “Red”, un breve interludio ambiental que da paso a la poderosa “Forging the Beast” que en menos de dos minutos nos ofrece un interesantisimo corte electrónico-secuencial aderezado con guitarras eléctricas de una gran fuerza. “Dive-Bomb Blues” vuelve a las atmósferas en un principio pero con la entrada de la percusión se convierte en una especie de tema procesional inquietante a más no poder. El tramo final del disco comienza con “Waste”, una verdadera pieza de metal electrónico en la que se recogen innumerables influencias. A nuestro juicio, está entre las mejores del trabajo. “Temple” regresa al terreno de “Sand” dejándonos sin aliento durante casi tres minutos retomando la escucha con “Burning Church” en la que la distorsión y la saturación de las guitarras lo ocupa todo. Con “Memories” retomamos el tema de amor del principio antes de la conclusión que llega con “Children of the New Dawn”, una pieza con un curioso sabor ochentero que con su melodía, secuencias e incluso la base de percusión recuerda inequívocamente a los Tangerine Dream de la época. Así concluye el disco, al menos en su versión “física”, ya que en el formato digital para descarga se ofrece algún corte adicional.




Con la banda sonora de “Mandy” despedimos a un compositor que lo tenía todo para llegar a ser muy grande. Mucho más aún de lo que demostró en su desgraciadamente corta carrera. Y es que a su maestría para crear ambientes y melodías tan bellas como sutiles se suma aquí una versatilidad tremenda a la hora de llevar su música a estilos no tan cercanos como él los hace parecer. Seguiremos buceando en la música del islandés con la rara sensación de ir descubriendo nuevas obras de alguien que nunca va a componer nada más. El placer de la escucha irá siempre acompañado de la tristeza de saber esto pero estamos seguros de que el viaje merecerá la pena.

Nos falta, eso sí, comprobar como funciona la música dentro de la película pero eso es algo que haremos sólo si se presenta la oportunidad porque lo cierto es que una historia sangrienta de venganza protagonizada por un Nicholas Cage que se enfrenta a los miembros de una especie de secta que han asesinado a su esposa, no es algo que nos resulte particularmente atractivo en este momento. Afortunadamente la música se disfruta por sí sola sin el apoyo visual por lo que de momento nos ahorramos esa parte.


domingo, 8 de octubre de 2017

David Bowie - Heathen (2002)



A finales del año 2000, David Bowie entró en el estudio para grabar un nuevo disco apenas un año después del anterior “Hours”. Eso suponía el intervalo más reducido entre dos álbumes del artista en muchos años aunque había truco puesto que la mayoría de los temas del nuevo trabajo iban a ser nuevas versiones de canciones de los primeros años de la carrera del músico, singles olvidados, “caras b”, temas de relleno para viejos recopilatorios o descartes de otros trabajos. También habría canciones nuevas, claro está. Bowie llegó a juntarse con los músicos para grabar y el disco terminó de mezclarse en los Looking Glass Studios (propiedad de Philip Glass).

La principal novedad consistió en el regreso de Tony Visconti tras más de una década sin colaborar con Bowie después de haber sido uno de sus más importantes productores en los setenta aunque, en principio, se encargaría aquí sólo de los arreglos de cuerda. No sería el único retorno. También el guitarrista Earl Slick volvería a tocar con el músico después de mucho tiempo. Junto a ellos, varios miembros de la banda habitual de Bowie en aquel momento: Gail Ann Dorsey, Sterling Campbell o Mike Garson con la adición de algunos músicos invitados como Lisa Germano o Gerry Leonard.

Hasta aquí todo iba más o menos bien. La clásica historia de la grabación de cualquier disco de rock pero lo cierto es que había mucho detrás. Bowie se dio cuenta de que no le pertenecían ninguna de las grabaciones que realizó en sus primeros años (muchas ni siquiera firmadas con su nombre artístico y algunas como vocalista de diversas bandas). Ese fue el motivo de querer regrabar parte de ese material y recuperar así los derechos del mismo. Con el disco terminado y entregado, el músico se encontró a una discográfica (EMI) sin rumbo, metida en el desastre que culminó dejándola en propiedad de Citibank. En ese ambiente nadie se decidía a lanzar “Toy”, que era el nombre escogido por Bowie para el disco. Tras un periodo de espera, el disco quedó archivado en un cajó. El artista nunca volvería a publicar nada con ellos.

Pasó más de un año antes de que el músico se plantease volver a grabar, esta vez ya para el sello ISO/Columbia, y lo iba a hacer recuperando parte de los temas escritos para “Toy”, escribiendo unos cuantos nuevos y añadiendo a la mezcla algunas versiones de otros artistas. Del proyecto no publicado iba a permanecer Tony Visconti (ahora ya como productor), y las recientes incorporaciones de Lisa Germano y Gerry Leonard. Gail Ann Dorsey y Sterling Campbell también continuaban en el proyecto mientras que nombres como el de Earl Slick o Mike Garson desaparecían y se sumaban a la lujosa banda de músicos: Matt Chamberlain, David Torn, Mark Plati y Carlos Alomar además de varias estrellas invitadas que intervendrían en temas puntuales. Entre ellas, Pete Townshend, Tony Levin, Jordan Rudess o Dave Grohl. El título del nuevo álbum: “Heathen”.



“Sunday” - El disco se abre con una sucesión de ruidos electrónicos sobre un fondo de sintetizador. Bowie canta con profundidad y un cierto tono dramático “nada ha cambado, todo está cambiando”. Un coro con cierto regusto gregoriano le da la réplica brevemente mientras aparecen los primeros ritmos programados que nos acompañan hasta el final del tema en el que se incorporan con gran brillantez la batería y el bajo para terminar con una canción muy interesante.

“Cactus” - La segunda canción del disco es una versión de The Pixies. Es un tema que recuerda al Bowie de la época de Tin Machine y el cantante toca todos los instrumentos menos el bajo. El resultado es una canción potente y mucho menos monolítica que la original, lastrada por una sección bajo-batería abrumadora. Como curiosidad, en el tema original hay un momento en que los miembros de la banda recitan las letras que componen el nombre de la misma. Aquí escuchamos “D-A-V-I-D” deletreado por el propio artista.

“Slip Away” - Tony Levin es el invitado especial en esta canción que comienza como una típica balada melódica, al estilo de los grandes “crooners”. El tema cobra cariz de himno cuando llegamos el brillantísimo estribillo hasta convertirse en una de las grandes canciones del disco. Es uno de los temas que sobrevivieron de “Toy” donde aparecía con el título de “Uncle Floyd”. Su rescate para “Heathen” fue un grandísimo acierto que impidió que un tema maravilloso quedase en el olvido.

“Slow Burn” - El primer “single” del disco tenía a Pete Townshend (guitarrista de The Who) como invitado especial y en sus primeros momentos recordaba al clásico “Heroes” para convertirse después en una canción brillante por la que Bowie fue nominado al Grammy de aquel año. La linea de bajo de Tony Visconti es memorable y tiene un carácter hipnótico hasta el punto que rivaliza con la guitarra de Townshend a la hora de buscar lo más destacado del tema desde el punto de vista instrumental. Destaca también el propio Bowie al saxo, instrumento que toca en varios discos y cada vez con más soltura.




“Afraid” - El siguiente corte es un veloz tema lleno de energía que nos remite el Bowie de los comienzos. Los arreglos de cuerda suenan un poco fuera de lugar y no terminan de funcionar. De hecho, los momentos en que pasan a un segundo plano son los mejores de una canción que tiene un potencial que no terminamos de ver realizado aquí. “Afraid” era otro de los temas grabados en su momento para “Toy”.

“I've Been Waiting for You” - La segunda versión del disco es este tema de Neil Young del que también los Pixies hicieron su propia interpretación. El artista invitado aquí es Dave Grohl, el antiguo batería de Nirvana que en esta ocasión toca la guitarra. Hacía tiempo que Bowie quería grabar esta canción que fue interpretada en varias ocasiones por Tin Machine en directo aunque con Reeves Gabrels como vocalista y Bowie en los coros. La fuerza de esta versión tiene mucho más que ver con esas interpretaciones que con la original de Young, más comedida.

“I Would Be Your Slave” - El siguiente tema es muy curioso porque parte de una base rítmica que podría ser country y que se envuelve de cuerdas sedosas y otra gran linea de bajo a cargo de Tony Visconti. Con esa base instrumental, Bowie canta una melodía que parece ir a destiempo pero que, sin embargo, termina encajando bien. Una canción extraña que, pese a todo, funciona.

“I Took a Trip on a Gemini Spaceship” - La última versión del disco es esta canción escrita por Norman Odam en 1968, un pionero en cantar temas espaciales. Odam adoptó el pseudónimo de Legendary Stardust Cowboy y se dice que influyó al propio Bowie para la creación de su personaje Ziggy Stardust. La versión que aquí escuchamos tiene la energía y el ritmo de temas anteriores del músico como los que podíamos escuchar en “Black Tie White Noise.

“5:15 the Angels Have Gone” - Cambiamos por completo de tono pasando a un tema lento con toques de “reggae” en su primera parte, especialmente en los arreglos de bajo. Luego cambia con la entrada de una ráfaga rockera con toques ambient resaltados por el coro femenino. Una de las canciones más raras del disco por la inusual combinación de estilos.

“Everyone Says Hi” - Otro de los singles del disco fue esta canción amable y de fácil escucha que no tiene mucho más recorrido. Pop de buena factura, con guiños al primer rock'n'roll y sus coros inocentes pero que nos sabe a poco viniendo de quien viene.

“A Better Future” - Mucho más interesante es el comienzo del siguiente tema que comparte con el anterior el toque optimista en las melodías e incluso un punto de despreocupación que contrasta con los textos, mucho más sombríos.




“Heathen (the Rays)” - En contraste con las dos canciones anteriores, llega a cerrar el disco el tema que le presta el título al mismo. Es una canción oscura, marcada por un ritmo mecánico (recuerda en algún momento a OMD), en la que se superponen distintas capas de sonido, sintetizadores y cuerdas principalmente para construir una atmósfera muy poderosa. Una de las mejores canciones del disco, en nuestra opinión.



El tono del disco es más bien oscuro y pesimista lo que muchos atribuyeron a su grabación bajo el influjo de los atentados del 11-S obviando que gran parte del disco estaba compuesta antes de aquello. Las imágenes que aparecen en el libreto del disco son muy reveladoras al respecto: cuadros renacentistas destrozados (imágenes religiosas todas ellas) y una estantería en la que reposan tres libros que nos recuerdan a los famosos “maestros de la sospecha” de los que hablaba Paul Ricoeur y que hicieron tambalearse las creencias que había en sus respectivos campos de conocimiento en su época. Ricoeur citaba a Nietzsche, Marx y Freud aunque aquí Bowie sustituye a Marx por Einstein. En la foro podemos ver “La Gaya Ciencia”, el libro en el que Nietzsche anunciaba la muerte de Dios, “La Interpretación de los Sueños” de Freud y la “Teoría General de la Relatividad” de Albert Einstein. Si a eso unimos que el título del disco, “Heathen”, significa “pagano” nos damos cuenta de que la temática tiene poco que ver con el 11-S aunque pueda compartir el tono desesperanzado. El trabajo está lejos de los mejores de su autor pero muchas veces la altura de un artista no se mide por sus mejores obras sino por las más “normales” y un Bowie regular sigue estando a un nivel que otros no alcanzaron ni siquiera en sus mejores momentos.

Así sonaba "Sunday" en directo:

 

domingo, 14 de febrero de 2016

David Bowie - Reality (2003)



Después de una serie de trabajos muy experimentales y arriesgados en los años noventa, Bowie afrontó la década siguiente con un giro hacia un rock más clásico, con formatos más convencionales e instrumentaciones acordes con la norma del género. Ignoramos si eso obedecía a un plan de madurez con proyección en el tiempo ya que la elaboración de cualquier posible respuesta a esa cuestión quedó interrumpida durante la gira que acompañó al disco en la cual el músico experimentó algunos problemas de salud que le hicieron aparcar su carrera durante unos cuantos años.

Con “Reality”, da la impresión de que Bowie trata de poner en orden algunas cosas que no habían quedado bien cerradas en su momento. Recuperó alguna canción que había comenzado a escribir casi treinta años antes y que permanecía inédita pese a haber intentado terminarla en varias ocasiones, grabó un par de versiones de temas ajenos que deberían haber formado parte de una continuación de “Pin Ups” que nunca vio la luz y profundizaba en el reencuentro con Tony Visconti que se produjo en el disco anterior.

Casi todos los miembros de la banda que grabó el disco eran viejos conocidos del artista. Intervienen en él los baterías Sterling Campbell y Matt Chamberlain, los guitarristas Gerry Leonard, Earl Slick, David Torn y Carlos Alomar, el bajista Mark Plati (también toca guitarras) y el pianista Mike Garson. Gail Ann Dorsey y Catherine Russell hacen coros. Además de co-producir el disco, Bowie canta y toca guitarras, teclados, percusiones y saxofón mientras que Tony Visconti hace lo propio con las guitarras, el bajo y los teclados.

“New Killer Star” - El primer tema del disco es una canción rock de impecable factura, potente y enérgica y con el estilo de Bowie presente en todo momento, en especial en los distintos giros melódicos y en los inconfundibles coros del estribillo. El corte fue el primer “single” del trabajo y tuvo una muy buena acogida.




“Pablo Picasso” - Esta versión de la canción de Jonathan Richman para su grupo The Modern Lovers era una vieja idea de Bowie y estaba entre las escogidas para aquel “Pin Ups 2” que nunca llegó a ver la luz. El tema siempre nos ha parecido una especie de broma, algo muy habitual, por otra parte, en la discografía de Richman. La versión de Bowie, sin llegar a convencernos demasiado, tiene toda la fuerza de sus discos con Tin Machine y termina por sonar aceptablemente bien aunque no pasará a la historia.

“Never Get Old” - El siguiente corte del disco nos recuerda al Bowie de la etapa “glam” y también el primer Brian Eno aunque pasados por un tratamiento vigorizante que hace de esta una canción contundente; quizá una de nuestras favoritas de todo el disco. Un tema, en todo caso, que gana con cada escucha.

“The Loneliest Guy” - De repente pasamos de una gran exhibición de musculatura a una balada preciosa (magnífico Mike Garson al piano) en la que Bowie aparece fragil, vulnerable, a punto de romperse en pedazos en una interpretación llena de emoción en el estilo de su admirado Scott Walker. Hay un punto oscuro e inquietante en toda la composición, resaltado por las guitarras que aparecen aquí y allá obligando al oyente a mirar por encima del hombro por si alguien le estuviera vigilando.

“Looking for Water” - Un martillo neumático en forma de batería nos recibe en la siguiente canción, un nuevo derroche de energía instrumental que no descansa en ningún momento del tema. Es una canción quizá demasiado lineal pero no llega a molestar en ningún momento a pesar de no estar entre lo más inspirado del disco.

“She'll Drive the Big Car” - Si algo no se puede decir del Bowie de “Reality” es que sea alguien contemplativo y conformista. Todas las canciones tienen una intensidad desacostumbrada por lo sostenido en el tiempo. El oyente apenas dispone de tiempo para relajarse aunque la escucha atenta revela multitud de detalles en todos los cortes del disco: la presencia de la armónica aquí, una guitarra al más puro estilo de Robert Fripp más allá, un coro poco después... Ninguna canción es irrelevante.

“Days” - Uno de los cortes más sorprendentes del disco es esta extraordinaria canción que empieza con un ritmo caribeño muy marcado a partir del cual va creciendo una pieza melancólica verdaderamente arrebatadora. Una absoluta rareza dentro de un trabajo como “Reality” pero que no por ello deja de ser un corte exquisito que demuestra la capacidad de su autor para navegar con fiabilidad en todo tipo de aguas.

“Fall Dog Bombs the Moon” - El disco entero se grabó bajo los efectos de los ataques del 11-S y en varias canciones es imposible hacer una lectura independiente de aquellos sucesos y la posterior guerra de Irak. El corte que abría el disco y esta canción tienen un claro encaje en este escenario. Al margen de los textos y sus interpretaciones, la canción es una de nuestras favoritas del trabajo.

“Try Some, Buy Some” - Otro tema en el que Bowie había pensado para su “Pin Ups 2” era este escrito por George Harrison para Ronnie Spector, principal vocalista de las Ronettes. La canción es una de las mejores escritas por el guitarrista de los Beatles y Bowie procura respetar toda la esencia y el estilo del original, lo cual está muy bien pero provoca que el resultado final desentone un poco dentro del disco.

“Reality” - Volvemos a asistir a un comienzo arrollador muy propio del Bowie de los discos con Tin Machine (quizá no sea casual que el dibujo de la portada del disco nos muestre a un Bowie trajeado, igual que ocurría en la del primer disco de la banda en 1989). El tema es un verdadero cañonazo de principio a fin aunque no parece dejar un gran poso una vez terminado.

“Bring Me the Disco King” - A la tercera fue la vencida. Esta canción fue escrita para el disco “Black Tie, White Noise” en 1993 y descartada entonces. Volvió a ocurrir lo mismo con una regrabación en 1997 para “Earthling” y no fue hasta “Reality” que Bowie y compañía dieron con el tono adecuado. Lo consiguieron reduciendo el “tempo” y dándole un notable enfoque jazzístico (que habría encajado muy bien en el citado “Black Tie, White Noise”) en el que destaca de nuevo Garson al piano.

Ya hemos hablado en otras ocasiones de lo ocurrido en la gira que siguió a la publicación de “Reality” y del silencio autoimpuesto en el que se sumergió David Bowie durante muchos años. El que durante mucho tiempo parecía que iba a ser su último disco, suponía un regreso a las viejas formas del rock más clásico, algo que, viniendo de alguien como Bowie, era muy revolucionario y más en 2003, cuando la corriente principal del mundo de la música transcurría por derroteros muy diferentes. Hacemos ahora un breve descanso en el repaso a algunos de los discos del Bowie más reciente que retomaremos no mucho más adelante para hablar, entre otros, de “Blackstar”.

Os dejamos con un vídeo de la gira de "Reality":

 

martes, 9 de agosto de 2011

Tori Amos - Abnormally Attracted to Sin (2009)


Llevabamos tiempo pensando hablar por aquí de la cantautora norteamericana Tori Amos y este es un momento tan bueno como cualquier otro. Amos ha sido siempre una pequeña debilidad nuestra desde los tiempos de su segundo LP, "Under the Pink". Su particular estilo de interpretación, casi siempre con su piano, hacían de ella un personaje sumamente atractivo, lo que se veía reforzado por su cara de niña mala, fruto de su ascendencia europea y cherokee.

Tori compone casi toda la música de sus discos, escribe las letras y se encarga de la producción completa de sus trabajos. Sus letras no dejan indiferente y son temas recurrentes en ellas la religión o la sexualidad. En algún momento llegó a indicar que utilizó la música como un modo de exorcizar sus experiencias personales, incluyendo una traumatica violación que sufrió a los 21 años, y que reflejó en la canción "Me and a Gun" de su disco de debut, "Little Earthquakes".

La colección de canciones que os dejamos hoy es una de sus últimas entregas hasta el momento (hay un disco de villancicos, pasados por el peculiar filtro de Tori del mismo 2009). Se trata de, nada menos que 17 canciones que se desarrollan a lo largo de una hora y cuarto. A nuestro juicio, que coincide con el de buena parte de la crítica, se trata del mejor disco de la artista en muchos años. Se compuso en dos tandas: la primera de ellas, durante la gira de "American Doll Posse" en 2007 y la segunda, durante un viaje a California en el que la cantante tuvo la oportunidad de visitar aquellos lugares en los que vivió y trabajó en su etapa de cantante en locales del area de Los Ángeles. En disco tenemos temas de corte electrónico y hasta cercanos al trip hop como el que abre el trabajo, "Give", baladas más convencionales en la forma (que no en los textos) como "Maybe California" en la que nos habla de una mujer que se plantea abandonar a su marido y sus hijos, pensando incluso en el suicidio o temas basicamente de piano y voz como "Mary Jane". Particularmente, nos quedamos con "Abnormally Attracted to Sin" y "Ophelia", quizá la canción que más nos recuerda a la mejor Tori Amos de la época de "Under the Pink".

Al margen de la propia Tori Amos, que canta y toca el piano, órgano y sintetizadores, intervienen en el disco Matt Chamberlain (batería), Jon Evans (bajo), Mark Hawley (marido de la cantante, bajo el alias de "Mac Aladdin" en los créditos, guitarras) y John Philip Shenale (cuerdas y teclados).

Podeis comprar el disco aquí:

zonadecompras.com

play.com

Y escuchar la canción "Give" aquí: