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lunes, 30 de septiembre de 2024

Gavin Bryars - The Sinking of the Titanic (1990)


Una de las primeras obras que escribió Gavin Bryars es también una de las más conocidas de su carrera pese a que, según su propio autor, aún no ha sido terminada. Surgió como una breve pieza escrita para apoyar unas protestas estudiantiles en Portsmouth y desde aquel momento ha estado sujeta a diferentes arreglos y adiciones que la han ido transformando hasta nuestros días. “The Sinking of the Titanic” parte de la atractiva historia que se ha venido contando desde el naufragio del transatlántico y que narra cómo la banda que viajaba a bordo para amenizar el viaje continuó tocando hasta el final mientras el barco se hundía. Según las notas del disco que hoy comentamos, Bryars quiso hacer una obra conceptual sobre ello (la protesta era de estudiantes de arte) partiendo del vals “Song d'Automne”, de Archibald Joyce. Conforme el testimonio del operador de cable del barco, la canción que sonó en los últimos minutos de vida de la nave era “Autumn” y, dada la popularidad de la melodía de Joyce en aquellos años (se le conocía como el rey inglés del vals), es muy probable que así fuera. Sin embargo, lo cierto es que la obra con la que encontramos alguna similitud no es con la de Joyce sino con el himno “Nearer My God to Thee”, que es la otra canción en disputa a la hora de determinar qué era lo que tocaba la banda en el momento del hundimiento.


En todo caso, Bryars hizo un uso reducido de ese material y enseguida lo llevó a su propio terreno. Exitió una primera versión bastante breve que fue interpretada en directo varias veces incluyendo una en San Francisco dirigida por John Adams. Posteriormente, el compositor hizo un nuevo arreglo para grabar la obra en el que sería el primer lanzamiento de “Obscure Records”, el efímero sello de Brian Eno cuyo prestigio ha ido aumentando con los años. En todo caso, esa nueva versión apenas superaba los veinte minutos de duración. Nada que ver con la siguiente que hizo para la presentación de la obra en el festival Printemps de Bourges de 1990. El concierto iba a celebrarse en un antiguo depósito de agua que fue transformado en museo y en escenario de diferentes actos musicales. Se trata de un edificio de tres plantas con una acústica muy especial. Para la actuación, el público se encontraba en la planta central pero los músicos iban a tocar desde el sótano (zona en la que antiguamente se almacenaba el agua). El sonido llegaba a los asistentes a través de un equipo moderno pero también recibían la reverberación del mismo procedente de la planta superior, en forma de cúpula convirtiendo la actuación en una experiencia absolutamente única y muy adecuada para las características de la pieza musical, alargada para la ocasión hasta la hora de duración y con la adición de nuevas partes e instrumentos que incluían mensajes en morse a través de las marimbas o grabaciones con testimonios de los supervivientes del naufragio. Bryars comentaba que imaginaba a los músicos del Titanic tocando incluso debajo del agua y, aunque fuera imposible, le gustaba pensar en la música ganando en densidad y transformándose paulatinamente, cosa que logra, en cierto modo, en la grabación de Bourges con los ecos y reverberaciones del lugar en una actuación que no estuvo exenta de riesgos para los artistas puesto que, en el transcurso de la misma, se produjeron filtraciones de agua en el antiguo depósito en el que tocaban los músicos, que tenían que vigilar mientras tocaban que el líquido no llegase a los equipos electrónicos empleados para transmitir la música al piso superior.


Los miembros del Gavin Bryars Ensemble en el momento de la grabación eran Alexander Balanescu (viola), Jonathan Carney (viola), ambos integrantes también de la Michael Nyman Band, Martin Allen (percusiones), Roger Heaton (clarinete) y David Smith (percusiones, instrumentos de viento y teclados). Gavin Bryars, por su parte, tocaba el contrabajo.


La obra comienza con un toque de campanas al que siguen las cuerdas ejecutando una melodía extremadamente lenta, espesa, pero de una belleza estremecedora y que es la que a nosotros nos recuerda al “Nearer My God to Thee”. Toda la escucha es una experiencia casi onírica en la que el oyente parece estar rodeado de bruma como debió estar el propio Titanic minutos antes del choque con el iceberg. Para acentuar la sensación de irrealidad, se van filtrando en la pieza voces fantasmales, golpes de claves, percusiones de todo tipo, una estática melodía de clarinete, etc. durante algo más de una hora llena de notas sostenidas, ecos, y una sensación de pesadez en el aire que lo llena absolutamente todo en la que es, a nuestro juicio, una de las obras más interesantes del minimalismo europeo pero también de la música “ambient” y que merece mucho la pena escuchar.




El disco fue publicado originalmente en “Les Disques du Crepuscule” y reeditado en 2009 con su portada original en el sello LTM. Además, hay que tener en cuenta que la grabación es la misma que aparecería en 1994 en Point Music, el sello de Philip Glass, con una portada completamente diferente y muy escasas referencias a la procedencia del registro sonoro lo que puede llevar a creer que se trata de una grabación nueva. Conviene tener esto en cuenta para evitar tener dos copias del mismo registro como nos ocurre a nosotros. En la versión de Point Music, además, la obra aparece dividida en diferentes cortes con sus correspondientes títulos, cosa que no ocurría en la original que carecía de división alguna. Como su propio autor señala, la obra está sujeta a cambios por lo que suponemos que habrá nuevas grabaciones en el futuro con algún tipo de añadido como sucedió en 2007 con la publicada por el grupo italiano Alter Ego, de mayor duración que ésta pero que no hemos tenido la oportunidad de escuchar aún.

lunes, 31 de enero de 2022

Michael Nyman - The Commissar Vanishes / The Fall of Icarus (1999)



En 1997, en medio de una investigación para la composición de una obra en la que estaba trabajando en aquel entonces, Michael Nyman descubrió el libro de David King, “The Commissar Vanishes” en el que se hablaba de la falsificación fotográfica que tuvo lugar en la Unión Soviética de Stalin con el objeto de eliminar a determinadas personas que habían caído en desgracia para el régimen, de las fotos en las que aparecían junto a importantes personalidades del estado. Este borrado sistemático se hizo con profusión y en él llegaron a participar artistas tan notables como el fotógrafo Aleksandr Rodchenko. La inspiración fue casi inmediata y decidió componer una obra a partir del libro.


Como el tema de la obra de King era la eliminación de personajes de fotografías históricas, Nyman tuvo una idea conceptualmente similar. En 1989 había compuesto una obra para un ballet de Frederic Flamand titulado “The Fall of Icarus”. Algunas partes de la misma se mantuvieron durante un tiempo en el repertorio de los directos de la Michael Nyman Band pero el músico buscaba adaptarlas para utilizarlas en obras nuevas. En aquel momento tenía un par de proyectos entre manos, uno de los cuales fue el que le llevó al libro de King. Nyman estaba pensando en poner música a las fotografías del citado más arriba Aleksandr Rodchenko pero cambió de idea al descubrir el trabajo de David. Aquella historia fascinó al compositor que decidió adaptar su “The Fall of Icarus” en una nueva obra titulada como el libro: “The Commissar Vanishes”. Ya que el tema de aquel era la manipulación de las fotos para hacer desaparecer a algunos de los que en ellas, Nyman decidió hacer algo parecido con la música del ballet haciendo desaparecer algunas partes “incómodas” o que no cuadraban bien con el tema.


Fue en 1999 cuando el sello Venture, dependiente de Virgin y que había publicado ya buena parte de los discos anteriores de Nyman, decidió lanzar un CD doble incluyendo ambas “versiones” de la obra: “The Commissar Vanishes” en el primer disco y “The Fall of Icarus” en el segundo. Los intérpretes de las dos obras fueron los miembros de la Michael Nyman Band en una versión reducida integrada por: Alexander Balanescu (violín), Elizabeth Perry (violín), Anthony Hinnigan (violonchelo), Martin Elliott (bajo), John Harle (saxos), David Roach (saxos), Andrew Findon (saxos y flautas), Nigel Barr (trombón) y el propio Michael Nyman al piano.


Portada del libro de David King


THE COMMISSAR VANISHES


“Earth in Turmoil” - El comienzo es típicamente “Nymanesco” con una corta melodía repetida en ostinato replicada después por cada grupo de instrumentos con diferentes ritmos. Enérgico como lo suele ser Nyman cuando no está condicionado por un director que le pide algo más asequible para su película, toda la pieza tiene una vibración subterránea que amenaza con desatarse en cualquier momento.




“Jealousy and Revenge” - El segundo corte es oscuro y ominoso, con una atmósfera opresiva interrumpida de cuando en cuando por una estridente melodía de saxos. En la segunda parte escuchamos otro tipo de desarrollo, lento, como el que a veces utilizaba el músico en sus bandas sonoras para Greenaway, particularmente en “Drowning By Numbers” y abandona un poco el tenebrismo, especialmente ya en el segmento que viene a continuación, sin llegar a ser alegre, sí que es mucho más animado. Para el final, sin embargo, regresamos al motivo del inicio cerrando así una estructura circular habitual en su autor.


“Look for an Enemy” - En contraste con la pieza anterior, esta es una composición mucho más alegre (alegre al modo de Nyman, que no tiene por qué coincidir con el nuestro). Dinámica y repetitiva, en ella cada grupo de instrumentos ejecuta motivos completamente diferentes (alguno incluso ya escuchado en el corte precedente) pero que encajan sorprendentemente bien. Este aparente caos desaparece de golpe al entrar en un tramo mucho más melódico y con un ritmo constante muy atractivo a la altura del mejor Nyman. No olvidemos que la obra se origina en su momento de mayor creatividad aunque tardase un tiempo en ver la luz.




“Ordinary Citizens” - Nyman es amigo de los esquemas circulares y quizá por eso escuchamos aquí una especie de revisión de “Jealousy and Revenge” en la que las partes más oscuras permanecen casi idénticas pero las melódicas están más trabajadas, teniendo aquí más protagonismo las flautas y los violines de forma que queda un conjunto mucho más amable y delicado. En todo caso, cuando la banda se desata, y a fe nuestra que aquí lo hacen, es una verdadera gozada a la altura de los momentos más arrolladores de “The Essential Michael Nyman Band” o “MGV”, gloriosos ejemplos de ritmo y energía a cargo de esa locomotora que puede llegar a ser la formación de Nyman.


“A Swift Exit” - La última pieza de la obra comienza en un tono tranquilo que nos recuerda mucho a la banda sonora de “El Piano” con algún giro melódico bastante similar pero enseguida gira hace territorios más personales, cercanos al Nyman clásico de “The Draughtsman Contract” aunque sin abandonar del todo esa cara más amable de la vertiente más popular de su obra para el cine. Se cierra, no con una referencia al motivo inicial, sino al más oscuro que hemos escuchado unas cuantas veces en la obra recordándonos lo truculento del hecho que dio lugar a toda la composición.





Como ya hemos dicho, “The Commissar Vanishes” es una versión retocada de “The Fall of Icarus” así que cada uno de sus cinco movimientos se corresponde con otro de la obra original que se recoge en el segundo CD. Los títulos de éste son: “Disaster”, “Wings”, “Walls”, “Water” y “Utopia” y las diferencias son tan poco relevantes que no merece la pena repetir el análisis de la obra completa. Quizá la mayor diferencia sea tan sutil como el propio paso del tiempo y los arreglos de “The Fall of Icarus” estén más cercanos al Nyman que trabajó con Greenaway mientras que los de la revisión de 1999 dejan entrever al autor que conoció el éxito masivo con “El Piano”, “Carrington” o “Gattaca”. Sorprende un poco, eso sí, que este disco pasara tan desapercibido en su día cuando, musicalmente, está a la altura del mejor Nyman en muchos momentos. Sirva esta entrada no solo como reseña sino también como reivindicación de esta obra. Nos despedimos con "Wings" para hacernos una idea de los arreglos originales de la obra:




jueves, 22 de octubre de 2015

Michael Nyman - Michael Nyman (1981)



Aunque existe una grabación en "cassette" que en muchos sitios consideran la segunda de la discografía de Michael Nyman y la primera con la Michael Nyman Band, lo cierto es que dentro del material accesible hoy en día del músico, el segundo disco cronológicamente hablando sería la grabación de 1981 que hoy comentamos en en blog (el propio Nyman obvia la música para “The Masterwork' Award Winning Fish-Knife” incluida en la citada cinta a la hora de referirse a su discografía).

Nyman es un compositor cuya vocación tardó en despertarse bastante más de lo habitual. Su estudios, centrados en la música barroca, fueron culminados con la consecución del Howard Carr Memorial Price a la edad de 20 años. Curiosamente, desde ese momento abandonó la composición por completo durante varios años. En 1968, cuatro años después, empezó a escribir sobre música dedicándose durante los ocho siguientes años a la crítica, etapa en la que firmó algunos ensayos que dieron origen al término “minimalismo” para englobar el que hoy parece ya consolidado como uno de los movimientos capitales en la música culta de las últimas décadas. No fue hasta 1976 que el músico sintió de nuevo inquietud por crear e interpretar música con la composición de un par de bandas sonoras y la creación de la Campiello Band, el germen de lo que luego sería la Michael Nyman Band. Todo comenzó como una banda que exploraría un imaginario repertorio de música veneciana del S.XVIII y que no era sino una tapadera para los propios experimentos sonoros de Nyman.

La chispa se encendió cuando el músico estaba estudiando una partitura de Mozart al piano, en concreto, una de las “arias” de la ópera “Don Giovanni”. En un momento determinado, Nyman comenzó a interpretarla con el frenético estilo de Jerry Lee Lewis, algo que no debía estar muy alejado de las modernas interpretaciones de la Michael Nyman Band en la que el piano, martilleado sin compasión, se convierte en la locomotora que canaliza toda la fuerza rítmica de la música del compositor británico. En “Michael Nyman”, escueto título del disco, se recopilan una serie de obras del músico pertenecientes al periodo 1977-1981, entre otras, las primeras piezas que éste escribió para películas de Peter Greenaway.

Michael Nyman en la puerta de "The Kitchen". Legendario local neoyorquino en el que se gestó buena parte del nacimiento del minimalismo.


La formación de la Michael Nyman Band en su disco de debut estaba integrada por Rory Allam (clarinetes), Alexander Balanescu (violín), Anne Barnard (trompa), Ben Grove (guitarras), John Harle (saxo soprano), Nick Hayley (violín y rabel), Ian Mitchell (clarinetes), Michael Nyman (teclados), Elisabeth Perry (violín y viola), Steve Saunders (trombón, tuba y eufonio), Roderick Skeaping (violin y rabel), Keith Thompson (flautas y saxofones) y Doug Wootton (banjo y bajo).

“Bird Anthem” - El disco comienza con una pieza de 1980 con una fuerte presencia de la guitarra eléctrica y los instrumentos de viento. El texto es una simple sucesión de nombres de aves, al igual que sucedía en una pieza anterior del músico que sonará más adelante en el disco. A pesar de su corta duración, todos los elementos sonoros y rítmicos de la Michael Nyman Band están ya presentes en esta pieza.



“In Re Don Giovanni” - La pieza que lo empezó todo, por así decirlo. La adaptación del aria citada anteriormente de “Don Giovanni” se convirtió en 1977 en la primera composición de Nyman para la Campiello Band. Peter Greenaway se prendó de ella y eso hizo que contase con el compositor a partir de entonces. También hizo indicaciones muy precisas para que la banda sonora de “El Contrato del Dibujante” siguiera una linea muy similar a esta obra, algo que resulta evidente cuando se escuchan ambas piezas juntas.



“Initial Treat / Secondary Treat” - En 1978 el estilo musical de Nyman comenzaba a estar ya muy definido y su forma de trabajar a partir de breves pasajes sacados de obras de otros tomaba forma. Uno de los primeros ejemplos fue “5 Orchestral Pieces, Opus Tree” basada en la obra casi homónima de Anton Webern (el “tree” del título no es una errata sino un juego de palabras con el opus three original). Aquí escuchamos dos de los movimientos de esa obra que aparecieron como “cara b” de un single cuya “cara a” estaba ocupada por “In Re Don Giovanni” bajo el título de “Mozart”. El movimiento inicial sería el primer apunte del Nyman más melódico y alejado de los ritmos vertiginosos que suele acompañar a su versión más popular mientras que el segundo anticipa al autor de obras como “Prospero's Books” por poner un ejemplo cercano en cuanto a estilo.

“Waltz” - Quizá la composición más experimental del disco sea esta cacofonía escrita por Nyman entre 1978 y 1981 en la que dos músicos de jazz (saxo soprano y clarinete) improvisan extrañas melodías por encima de un vals que va creciendo en intensidad desde un discreto segundo plano hasta ocupar toda la atención del oyente. Es un claro anticipo del Nyman de “Drowning By Numbers” sin ir más lejos.



“Bird List Song” - En 1979 el compositor británico escribió esta canción para la cinta “The Falls” dirigida por Greenaway. Como mencionamos más arriba, el texto es un mero recitado de nombres de aves. El tono extremadamente agudo requerido de la vocalista es una constante en la obra posterior del músico, especialmente a partir de la incorporación de Sarah Leonard a su banda. Practicamente cada tema de este disco es un precedente de alguna obra posterior, más conocida. En este caso creemos que la música de “The Kiss and Other Movements” era muy cercana en todos los aspectos a lo que podemos oir aquí.

“M-Work” - Cierra el disco la pieza que en el vinilo original ocupaba toda la segunda cara. Hablabamos al comienzo de una obra que Nyman escribió en 1979 para una instalación o “actuación escultórica” a cargo de dos artistas visuales británicos que llevaba el título de “The Masterwork Award Winning Fishknife”. La partitura de Nyman se extendía a lo largo de cerca de dos horas de duración y, aunque ninguno de los miembros de la banda había tenido la oportunidad aún de escuchar la ópera de Philip Glass, se solían referir a su música como “el Einstein on the Beach” británico en tono jocoso. En 1981, Nyman compuso una adaptación de aquella música de mucha menor duración que es lo que podemos escuchar aquí. La composición combina movimientos solemnes con interludios mucho más vivos en los que la flauta piccolo unas veces y los violines otras, alternan el papel de solistas.


Aunque el sonido no está aún tan pulido como en el futuro (la maquinaria de la Michael Nyman Band estaba sin engrasar) todos los ingredientes de la música del grupo están ya aquí presentes. Sólo unos retoques como el recorte de las guitarras eléctricas o la desaparición del rabel, así como el establecimiento del piano como instrumento rítmico principal convertirían este ruidoso invento que suena aquí en una locomotora imparable que alcanzó momentos verdaderamente gloriosos años más tarde. Sólo por su valor documental, este disco ya valdría mucho la pena. Si a eso añadimos la factura de muchas de las piezas, no creemos que ningún seguidor de Nyman se arrepienta de añadirlo a su colección.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Michael Nyman - Drowning By Numbers (1988)



La relación artística entre Michael Nyman y Peter Greenaway era, en sus mejores años, tremendamente estrecha. Tanto es así que la interacción entre ambos a la hora de influir cada uno en el trabajo del otro era notable, hasta el punto de que el cineasta llegaba a marcar las pautas de la música que quería para sus películas. En esta línea, había una obra que obsesionaba al director: la “Sinfonía Concertante” de Mozart y desde que Nyman y él se conocieron, estuvo tratando de que el músico hiciese algo a partir del material musical contenido en la obra del compositor austriaco. La idea de Greenaway consistía en que Nyman escribiese nada menos que 92 variaciones de cuatro compases concretos del segundo movimiento de la obra, uno para cada uno de los personajes que aparecían en su película “The Falls”.

Cuando Greenaway preparaba su película “Drowning by Numbers”, parecía llegado el momento de ampliar esa pretensión y Peter le encargó específicamente a Nyman el uso de la sinfonía como base del material que terminaría convirtiéndose en la banda sonora de la película. Concretamente, el movimiento original de la sinfonía sonaría en su versión “convencional” justo antes de cada una de las cuatro escenas centrales de la película y toda la banda sonora de Nyman debería estar basada en esa pieza (aquí fue el músico quien impuso esa condición, la de usar el movimiento completo como fuente y no sólo cuatro compases). No era la primera vez que Nyman iba a trabajar a partir de partituras de Mozart pero sí la más interesante por cuanto que debería generarse una banda sonora completa a partir de un único movimiento de la sinfonía “mozartiana”.

En 1991, la BBC hizo una serie de documentales en los que varios compositores y realizadores contemporáneos homenajeaban a Mozart. Nyman presentó una especie de opereta que representaba un juicio en el que él mismo era acusado de plagiar la obra del compositor austriaco, cuyo papel interpretaba la soprano Ute Lemper apareciendo sendos bustos de Haydn y Beethoven como fiscal y abogado defensor respectivamente. Es difícil calificar como plagio una adaptación como la de Nyman quien, por otra parte, había hecho de ese modo de trabajar a partir de material ajeno una especie de sello personal siendo la banda sonora de “The Draughtsman’s Contract” a partir de música de Henry Purcell su ejemplo más evidente. Queda claro, pues, cómo se tomaba Nyman en aquel entonces las críticas sobre su forma de componer a partir de música pre-existente.

Como era habitual en aquellos años, la banda sonora estaba interpretada por la Michael Nyman Band integrada por Alexander Balanescu, Miranda Fulleylove, Rosemary Furniss, Briony Shaw, Jackie Shave (violines), Jonathan Carney (violín y viola), Kate Musker y Joe Rappaport (viola), Anthony Hinnigan y Andrew Shulman (violonchelos), Robin McGee (contrabajo), David Fuest (clarinetes), John Harle (saxos), David Roach (saxo), Andrew Findon (saxos y piccolo), John Wilbraham (trompetas), Michael Thompson (trompa), Steve Saunders (trombón) y el propio Michael Nyman al piano.

Escena de la película de Greenaway


“Trysting Fields” – La primera pieza del disco concede al violín y la viola todo el protagonismo (como ocurre también en la “Sinfonía Concertante) e interpretan fragmentos de la obra de Mozart repitiendo ciertos grupos de notas al modo minimalista construyendo así un tema nuevo que recuerda, evidentemente, al original pero que tiene un aire definitivamente diferente. El hecho de que las cuerdas lleven todo el peso, ayuda a mantener un tono clasicista que no se mantendrá en toda la banda sonora sino sólo en momentos concretos.

“Sheep and Tides” – Quizá el tema más conocido de todo el disco es este precioso vals que ha servido de sintonía para varios programas de radio y televisión. Como es característico en el Nyman más popular, los vientos ejecutan toda la parte rítmica y son las cuerdas las que interpretan la juguetona melodía central la mayor parte del tiempo. En este breve fragmento tenemos que reconocer que Nyman estuvo tocado por las musas ya que es una pieza fantástica.



“Great Death Game” – Llegamos a uno de los motivos más repetidos en la banda sonora en el que intuimos ese lado más oscuro de la música del compositor inglés que, incluso en temas aparentemente inocentes sabe ocultar una especie de sombra perturbadora que mantiene al oyente en vilo.

“Drowning By Number 3” – Nuestra melodía favorita del disco es esta emocionantísima pieza que es tan simple como conmovedora. Un bajo continuo a cargo de las maderas es el único apoyo del violín para ejecutar un tema triste pero sereno, extremadamente sencillo aunque con esa cualidad tan difícil de alcanzar que lo hace inolvidable.



“Wheelbarrow Walk” – Llegamos a una de las piezas más populares en el repertorio de la Michael Nyman Band, especialmente cuando le aplican todo el músculo del que son capaces en los conciertos y convierten el tema en un torbellino arrollador. En la banda sonora, en cambio, suena mucho más contenido al carecer del impulso del piano rítmico y los vientos a toda máquina. Un tema muy interesante pero que suena mejor en versiones posteriores.

“Dead Man’s Catch” – Con un delicado comienzo, con aire de miniatura de cajita de música se abre la siguiente pieza del disco hasta que el piano reclama su cuota de protagonismo arrastrando tras él al resto de la banda. Nyman tiene un gusto especial a la hora de tratar determinadas piezas lentas como esta y aquí destaca sobremanera.

“Drowning By Number 2” – La trompa y el resto de metales ejecutan una melodía parsimoniosa y repetitiva que poco a poco va acelerándose hasta la llegada a modo de refuerzo de las cuerdas. La parte final del tema es la más interesante y en ella volvemos a reconocer alguna melodía de la obra de Mozart sin apenas modificación, algo mucho más habitual en esta banda sonora que en otras de Nyman basadas en partituras ajenas.

“Bees in Trees” – Como si de una segunda parte de “Sheep and Tides” se tratase, Nyman recupera el ritmo de vals y partes de la melodía de aquella para construir esta miniatura que se diría que tiene el objetivo de que no olvidemos aquel fantástico tema antes de entrar en la parte final del trabajo.

“Fish Beach” – Otra de las grandes melodías del músico que pasó al repertorio habitual de la Michael Nyman Band es esta pieza lenta que comparte el tono entre triste y contemplativo de buena parte del disco. El material melódico es mínimo y sólo la repetición continua del mismo consigue atrapar al oyente de un modo singular.

“Wedding Tango” – El dramatismo llega a su momento culminante con este tango en el que el piano vuelve a tener un papel importante aunque la verdadera novedad la representan los vientos utilizados, como siempre, a modo de armazón rítmico. En la segunda mitad del tema, éste se transforma en un vals que vuelve a apuntar la melodía central de la obra de forma magistral antes de cerrar con un nuevo giro en el que piano y cuerdas dialogan durante unos instantes.

“Crematorium Conspiracy” – Recupera Nyman el tono dramático adornado de una mayor solemnidad en otra pieza repetitiva en la que las mínimas variaciones se van sucediendo de forma casi imperceptible.

“Knowing the Ropes” – Quizá sea esta la pieza más reconocible de toda la banda sonora para los seguidores de Nyman ya que recopila todas las virtudes de sus obras anteriores, especialmente de sus trabajos para cine: ritmo vigoroso, protagonismo de los instrumentos menos habituales y una energía desbordante. Como alguno de los temas anteriores, es ya un clásico de su autor y pasó rápidamente al repertorio de los conciertos. En cierto modo funciona como tema final del disco ya que recupera varios de los motivos que han sonado anteriormente pero el autor prefirió cerrar con otra pieza similar.

“Endgame” – Si el disco se abría con cuerdas, tenía que cerrarse de igual modo y con una pieza muy similar a la inicial que incluso recicla las mismas melodías cerrando así, como tantas otras veces, el círculo con una vuelta al comienzo aderezada por un somero repaso a otros temas de la banda sonora.


La de “Drowning By Numbers” es nuestra banda sonora favorita de todas las que Nyman realizó para Greenaway, por encima, incluso, de la popular “The Draughtsman’s Contract”. Esto puede resultar algo paradójico puesto que se trata de la menos personal de todas ellas, especialmente desde el punto de vista de la instrumentación. En todas las anteriores reconocíamos con facilidad el estilo de la Michael Nyman Band mientras que en esta, aunque éste sigue siendo evidente, la mayor presencia de cuerdas dulcifica un tanto el sonido, en ocasiones basto (entiéndase el uso del término), de la banda. Sin embargo, lo que puede perderse en personalidad se gana en musicalidad con un aire que, sin llegar a ser clásico del todo, sí que tiene un tono más serio y formal. El disco no debería ser difícil de encontrar puesto que pertenece a la parte más popular del catálogo de su autor. Podéis adquirirlo en los siguientes enlaces:

amazon.es

cdandlp.com

Como despedida os dejamos con el 2º movimiento de la "Sinfonía Concertante" de Wolfgang Amadeus Mozart del que procede gran parte de la banda sonora:

 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Michael Nyman - The Essential Michael Nyman Band (1992)



El embrión de la Michael Nyman Band se formó como una banda callejera que habría de formar parte de la representación de la ópera “Il Campiello” de Carlo Goldoni en un teatro londinense. Su misión era la de hacer el mayor ruido posible. Interpretar música tradicional veneciana a todo volumen y sin amplificación, de ahí que Nyman escogiera instrumentos tradicionales de la época y les agregase un bombo, un saxo soprano, banjos, etc.

La experiencia fue tan positiva que al finalizar las representaciones, los miembros de la “Campiello Band” decidieron permanecer juntos. Se desvincularon del grupo los intérpretes clásicos de instrumentos de época y quedó Michael Nyman con una banda de 12 músicos. La estabilidad nunca fue un objetivo y en todos estos años la alineación de la rebautizada como Michael Nyman Band ha variado constantemente. Fue la necesidad de buscar un repertorio propio para el grupo la que motivó a Michael para comenzar a escribir su música de forma más consistente (aunque ya había publicado, incluso, algún disco con obras propias). Los primeros trabajos importantes del músico con la Michael Nyman Band surgieron de su asociación con el director de cine Peter Greenaway para quien escribió un buen número de bandas sonoras entre 1980 y 1992 y es precisamente esa parte del repertorio la que recoge el disco que hoy tenemos aquí.

“The Essential Michael Nyman Band” es un disco recopilatorio, sí, pero no es en modo alguno la clásica colección de cortes al uso, creada para vender al oyente menos implicado con la música del compositor una selección amable de su obra a la que recurrir de cuándo en cuando. Muy al contrario, se trata de regrabaciones con nuevos arreglos, llenos de energía y con un grupo de músicos único, de alguno de los fragmentos más destacados de las bandas sonoras de Nyman para Greenaway. Una mera recopilación habría carecido de unidad estilística y no habría sonado suficientemente coherente ya que las formaciones que interpretaban las diferentes bandas sonoras eran muy distintas entre sí. Al revisar todas las piezas con una de las alineaciones más poderosas de la Michael Nyman Band, el músico crea un disco soberbio, atractivo y renovador de su antiguo catálogo que sirve, además, como una perfecta carta de presentación para aquellos oyentes no familiarizados con su obra. El disco está organizado en distintos bloques centrados cada uno de ellos en una banda sonora distinta. Integran la Michael Nyman band en la grabación: Alexander Balanescu, Clare Connors y Ann Morphy (violines), Kate Musker (viola), Anthony Hinnigan y Justin Pearson (violonchelos), Martin Elliott (guitarra baja), John Harle y David Roach (saxos soprano y contralto), Andrew Findon (saxo barítono, flauta, piccolo), Steve Sidwell (trompeta), Marjorie Dunn (trompa), Nigel Barr (trombón bajo, eufonio), John Lenahan y Michael Nyman (pianos) con la adición de las voces de Sarah Leonard (soprano) y Linda Hirst (mezzo-soprano).



THE DRAUGHTSMAN’S CONTRACT:

“Chasing Sheep is Best Left to Shepherds” – El primer set del disco lo componen tres cortes extraídos de la banda sonora de “El Contrato del Dibujante” que ya comentamos aquí tiempo atrás. El más conocido de ellos es el primero, que ha servido como sintonía de varios programas de radio y televisión. Como toda la banda sonora, está basado en música de Henry Purcell. Con sólo escuchar los primeros instantes de la nueva versión, nos damos cuenta de cuál va a ser el tono de todo el disco: La Michael Nyman Band como una locomotora a todo gas, una maquinaria perfecta y poderosa dotando de una energía renovada a las viejas composiciones como demuestra este tema de apertura: ¡rock’n’roll!



“An Eye for an Optical Theory” – Sin bajar de intensidad ni un segundo asistimos al segundo corte con el piano convertido en una parte más de la sección rítmica junto con los metales. Las cuerdas, por su parte, desatadas, aportan su propia personalidad a la desenfrenada música quedando la parte melódica para los saxofones que delatan la influencia minimalista de Nyman (quien, no en vano, es considerado el inventor del término o, al menos, el primero en aplicarlo a los Reich, Glass o Riley).

“The Garden is Becoming a Robe Room” – El primer momento de relajación del disco llega con esta preciosa versión mucho más clásicista que las anteriores. Las cuerdas son las protagonistas casi absolutas de la pieza con el resto de instrumentos (particularmente las maderas y los metales) en un segundo plano. En la segunda parte de la composición aparece el piano y la banda suena en plenitud regalandonos un final memorable.

A ZED & TWO NOUGHTS:

“Prawn-Watching” – Particularmente interesantes son las dos selecciones de esta banda sonora por cuanto que en su momento la Michael Nyman Band no participó en su grabación lo que hace más atractiva su inclusión aquí. La inspiración para esta obra fue tomada del “Requiem” de Biber. La primera de ellas es una composición de corte dramático, tremendamente dinámica e intensa que se desarrolla como un continuo in crescendo que llega a su climax con la irrupción de los saxofones.

“Time Lapse” – Contrastando con el tema anterior, escuchamos ahora una especie de composición procesional, fúnebre, de ritmo sobrecogedor. Conforme avanzan los compases crece la tensión y se incorporan nuevas secciones de la banda enriqueciendo la melodía principal con cada repetición. Como en ocasiones anteriores, el saxofón es el instrumento en el que recae la función de solista principal y lo hace con desgarro en una interpretación soberbia a cargo de Andrew Findon.

DROWNING BY NUMBERS

“Fish Beach” – Llega el turno de la que es nuestra banda sonora favorita de Michael Nyman aunque no haya aparecido aún en el blog. Para la música de “Conspiración de Mujeres” (título en castellano de la película) Nyman se basó en uno de los movimientos de la “Sinfonía Concertante” de Wolfgang Amadeus Mozart por petición expresa de Peter Greenaway. En la primera pieza de la selección, Nyman utiliza la trompa para mostrar el tema introductorio mientras las cuerdas actúan como acompañantes en segundo plano de un modo que el músico emplearía con profusión el la banda sonora de “El Piano” años después. Tras una serie de repeticiones del tema a cargo de diferentes instrumentos de la banda, pasamos al siguiente corte.

“Wheelbarrow Walk” – Cambio radical de registro en una de las composiciones más alegres de todo el disco con los violines retozando despreocupadamente sobre una poderosa base rítmica a base de piano y metales principalmente. Una magnífica demostración por parte del músico de su capacidad para componer piezas pegadizas e inspiradas al mismo tiempo.

“Knowing the Ropes” – El piano se convierte en locomotora de nuevo para sostener todo el entramado de una composición poderosa en la que las cuerdas repiten una y otra vez una secuencia de seis notas (que a veces se amplian a nueve) con ligeras variaciones. Aunque en este disco Nyman obvie las que, a nuestro juicio son las mejores piezas de la banda sonora, no podemos negar que las escogidas, y particularmente ésta, son magníficas.

THE COOK, THE THIEF, HIS WIFE AND HER LOVER

“Miserere Paraphrase” – Saltamos a la siguiente banda sonora que presenta la novedad de la voz solista de Sarah Leonard. Al tratarse de una canción en formato clásico, desaparece todo el aparato rítmico de la banda para resaltar aún más la delicada voz de la cantante que parece ir a quebrarse en cualquier momento dada la dificultad de la partitura.

“Memorial” – La adaptación de otra pieza de Henry Purcell es la base para una de las composiciones más emotivas de Nyman, cuya composición coincidió en el tiempo con la tragedia del estadio de Heysel en 1985, durante la final de la Copa de Europa de fútbol entre la Juventus de Turín y el Liverpool. La impresión que las imágenes causó al compositor se refleja en cada uno de los compases de una obra conmovedora que se grabó por primera vez para la banda sonora de Greenaway a petición de este. Nosotros nos quedamos con esta versión, emocionante hasta el extremo, especialmente con ese sonido quebrado del saxo barítono en los instantes finales de la obra y con la desgarradora voz, de nuevo, de Sarah Leonard.

WATER DANCES

“Stroking” – Nyman retrocede a 1984, a la banda sonora del documental de Greenaway “Making a Splash” sobre natación sincronizada y lo hace regalándonos las dos composiciones que, en nuestra opinión, conforman la parte más inspirada de un disco magnífico de por sí. Aunque en su momento, las dos danzas eran la segunda y la octava parte de una obra mayor, aquí aparecen perfectamente integradas como dos movimientos consecutivos que encajan como un guante (no en vano, aparecen como una única pista en el disco). El primero de ellos se abre con una serie de espaciados golpes de piano a cargo del propio Nyman (hasta este momento, el piano del disco había sido interpretado por John Lenahan. Desde aquí hasta el final, es el propio compositor el que toca el instrumento). Tras ellos, el piano pasa a interpretar una suave cadencia mientras las cuerdas dan forma a una melodía creciente que se va perfilando poco a poco.

“Synchronising” – Como si de una tormenta perfecta se tratase, los suaves vientos que se dibujaban en el movimiento anterior, desembocan en una auténtica fiesta de ritmo que se desarrolla durante cinco intensos minutos de auténtico rock and roll de cámara con melodías que recuerdan a las viejas canciones de los años 50 cuando el género comenzaba a hacer furor. Una maravilla desde todo punto de vista que justifica por si sola la revisión de estas músicas por la Michael Nyman Band.



PROSPERO’S BOOKS:

“Miranda” – Quizá el tema que mejor recoge el espíritu de la recopilación es el escogido para cerrarla, el único representante de “Prospero’s Books” aunque ya entonces era una versión de otra pieza que aparecía en “La Traversee de Paris”, film sin participación alguna de Greenaway. En “Miranda” tenemos a la Michael Nyman Band en plenitud, con duetos a cargo de Sarah Leonard y Linda Hirst, solos de saxo, el piano del propio músico, ritmos desbocados y melodías vertiginosas. Un compendio perfecto de la agrupación en una composición fundamental en la discografía de su autor que sirve como broche de oro para un disco fantástico.


Cuando apareció el disco en 1992, parecía que estábamos ante el cierre de una etapa por parte del músico que había expandido sus horizontes más allá de sus colaboraciones con Peter Greenaway y que comenzaba a obtener algunos éxitos de la mano de otros directores (particularmente Patrice Leconte y “El Marido de la Peluquera”. No esperábamos el tremendo salto a nivel de popularidad que iba a suponer para el músico una de sus próximas bandas sonoras para una película de Jane Campion pero eso será materia de otra entrada. Como resumen de los primeros años de la trayectoria del compositor, nos resultaría difícil encontrar un disco mejor que este que hoy hemos comentado. Adquirirlo es una apuesta segura:


miércoles, 21 de agosto de 2013

The Balanescu Quartet - Possessed (1992)



Alexander Balanescu es un músico rumano que ha aparecido por aquí en alguna ocasión relacionado con artistas tan dispares como Michael Nyman y los Pet Shop Boys y casi siempre al frente de su propio cuarteto. El violinista destacó desde muy joven en su Rumanía natal lo que le llevó a formar parte durante tres años del prestigioso cuarteto Arditti en calidad de segundo violín. Poco después y a raíz de su intervención en un disco ya comentado aquí con música de Michael Nyman (“And Do they Do / Zoo Caprices”) terminó por integrarse en la Michael Nyman Band simultaneando su participación en ella con la Gavin Bryars Ensemble. No tardó en formar su propio cuarteto acompañado de la violinista Clare Connors, el intérprete de viola Bill Hawkes y la violonchelista Caroline Dale aunque todas estas formaciones estaban tan relacionadas entre sí que los dos primeros formaron parte en algún momento de la banda de Nyman y, en el caso de Connors, también de la de Bryars.

Con el Balanescu Quartet, Alexander no sólo se dedica a tocar música de un repertorio contemporáneo más o menos clasicista sino que también ha acompañado a grupos electrónicos y de pop como los mencionados Pet Shop Boys pero el disco que hoy nos ocupa va un paso más allá y es que en él, Balanescu, con la ayuda de Clare Connors, responsable de los arreglos, afronta el reto de transcribir al cuarteto de cuerda varias de las composiciones más populares de una formación como Kraftwerk, bandera del tecno-pop y de la música electrónica. El experimento, que se completaba con tres composiciones propias de Alexander y otra versión, en este caso de David Byrne.

Aunque es evidente que las revisiones de Kraftwerk son la bandera de enganche que el cuarteto utiliza para hacer más atractivo el disco, éstas sólo ocupan la mitad su duración con lo que tampoco debemos enfocar este trabajo centrándonos en ellas si bien parece claro, desde la misma tipografía de la portada, claro homenaje al disco “The Man Machine”, que el trabajo gira alrededor de estos arreglos. Como curiosidad, a pesar de que estamos hablando de un cuarteto de cuerda, el disco no fue publicado por ninguna compañía clásica sino por el sello de música electrónica Mute.

Alexander Balanescu con su característico sombrero

“Robots” – Comienza el disco con la revisión del clásico “The Robots” del disco “The Man Machine”. La transcripción de Clare Connors imita, incluso, los efectos electrónicos del comienzo del tema por lo que no se limita sólo a las partes más melódicas. Un ritmo fuertemente sincopado es dueño y señor de la pieza y junto a él fluyen, sorprendentemente bien los diversos temas musicales escritos por el cuarteto de Düsseldorf. El cello interpreta las bases rítmicas acompañado por uno de los violines, que es quien realmente lleva la citada síncopa. Sólo en la parte final escuchamos una percusión como elemento ajeno al propio cuarteto aunque bien podría proceder del golpeo de la caja de alguno de los instrumentos del grupo ya que no aparece acreditado el uso de ningún otro artefacto en la pieza.

“Model” – Continuando con “The Man Machine”, Balanescu y compañía afrontan ahora la revisión de “The Model”, la canción más convencional si lo miramos desde los estándares del pop de todo el repertorio de Kraftwerk. Es muy sorprendente compbrobar con qué naturalidad funciona un himno electrónico como es este trasplantado a un medio tan ajeno en principio como es el cuarteto de cuerda. El esquema, en el fondo, es el mismo que en la pieza inicial, con uno de los violines marcando el ritmo junto a la viola, el chelo encargándose de lo que serían las líneas de bajo en el original y el otro violín interpretando la melodía principal con cierta distorsión intencionada que encaja muy bien con el tono de la pieza.

“Autobahn” – Cambio de disco y de estilo. Se trata de de revisar el inmortal “Autobahn” y encontramos aquí un arreglo algo más complejo que los anteriores como corresponde a una pieza con raíces en las corrientes vanguardistas de los sesenta, especialmente en el minimalismo norteamericano, en lugar de en el pop como era el caso de las anteriores. Nos llama por ello más la atención, teniendo en cuenta la procedencia estilística de Alexander Balanescu, que en su versión, obvie las partes más decididamente avanzadas de la extensa pieza original dejando sólo un limitado espacio de poco más de dos minutos en los instantes finales del tema, cuando sería una música ideal para que el cuarteto pudiera dar lo mejor de sí mismo.

“Computer Love” – El primero de los dos cortes extraídos del disco “Computer World” nos parece la revisión más acertada de todo el disco y es que Clare Connors convierte los primeros instantes de la pieza en una composición minimalista con todas las de la ley. Más tarde el arreglo se acerca más al de los dos primeros temas del disco en especial en cuanto al tratamiento del ritmo. En la parte central del tema retomamos la esencia minimalista y los miembros del cuarteto se permiten alguna licencia interpretativa que funciona realmente bien.



“Pocket Calculator” – A pesar de que en la versión de Kraftwerk, todos los temas escogidos tenían letra, sólo es en éste en el que el cuarteto Balanescu respeta esa condición con el propio Alexander haciendo las voces de la pieza adaptandose fielmente a la entonación del original. Una vez más, tenemos una versión magnífica que nos hace olvidarnos de las evidentes diferencias entre la instrumentación del disco de 1981 y este.

“Possessed” – Cerrada la parte dedicada a Kraftwerk, entramos en el terreno de las composiciones propias de Alexander Balanescu y lo hacemos con la pieza más extensa de todo el trabajo en la que se incorpora al grupo el batería y percusionista Steve Arguelles. Tenemos que reconocer que nos movía la curiosidad por comprobar cuál sería el estilo como compositor de un músico al que siempre habíamos escuchado interpretando piezas ajenas y lo cierto es que la música de Balanescu nos causa una gran impresión. Un oyente atento, forzando un poco la comparación, encontraría influencias de Michael Nyman pero nunca en un grado tan importante como para desmerecer la labor del músico rumano. En la parte central de la composición, encontramos un extenso fragmento que podría pertenecer a cualquier obra del autor de “The Draughtsman Contract” pero es una influencia que podemos escuchar en otros artistas como Yann Tiersen y nunca le acusaríamos de copiar. Sea como fuere, “Possessed” nos parece una composición notable que dice mucho de su autor y nos fuerza a tomarlo en cuenta como algo más que un intérprete.

“Want Me” – A Steve Arguelles se unen otras invitadas como son el trío vocal Miranda Sex Warning (Katharine Blake, Kelly McCusker y Jocelyn West) quienes aportan una gran cantidad de matices a la pieza. Las similitudes con la obra de Nyman (imposible no mencionarlas) son aquí algo más evidentes que en la pieza anterior y se ven acentuadas, precisamente, por la parte vocal que nos hace recordar fragmentos de “Prospero’s Books” o “The Cook, the Thief, His Wife and Her Lover”.

“No Time Before Time” – Cerrando la serie de piezas propias, Alexander Balanescu, prescinde ahora de invitados limitando al cuarteto su paleta de sonidos y acercándose más que nunca a Michael Nyman. Estamos convencidos de que cualquier oyente medianamente familiarizado con la obra del compositor británico le atribuiría la autoría de esta composición sin apenas dudarlo, sin necesidad de escuchar más allá de cuatro o cinco compases. Incluso la estructura, combinando diferentes temas y pasando de uno a otro de forma brusca, sin transición ni advertencia alguna es clara deudora de Nyman. Habiendo sido colaboradores tan estrechos durante tanto tiempo, nos vemos impulsados a perdonar estos guiños estilísticos al bueno de Alexander.



“Hanging Upside Down” – Para cerrar el disco, escoge Balanescu un arreglo de Clare Connors de esta canción de David Byrne aparecida en su disco “Uh-Oh”, de publicación reciente en el momento en que apareció “Possessed”. El tema, una animadísima canción, optimista y pegadiza a más no poder, toma un inesperado color africano en la trascripción de Clare, que quizá estuviera presente en el original pero que, de ser así, nos había pasado claramente desapercibido. El cierre del disco se produce, de este modo, con uno de sus mejores momentos.


No suelen salir del todo bien este tipo de experimentos en los que un músico se propone introducirse en estilos ajenos al suyo y adaptar un tipo de composiciones a un medio tan distinto a aquel para el que fueron concebidas. La buena noticia es que, muy de vez en cuando, estas adaptaciones no sólo salen airosas del envite sino que consiguen atraparnos casi tanto como los originales. Pocos habrían imaginado que la música de Kraftwerk podría adaptarse a un cuarteto de cuerda pero el tiempo ha demostrado que funciona perfectamente en formatos incluso más insospechados (existe un disco de cumbias, cha-cha-chas y demás arreglos latinos sobre música de los alemanes que algún día tendremos que tratar aquí). La otra parte del disco, dedicada a la música propia de Alexander Balanescu nos resulta igualmente interesante por cuanto nos presenta la obra de un músico al que habíamos oído en multitud de grabaciones pero siempre interpretando obras ajenas y la experiencia es muy satisfactoria. Os animamos a acercaros a este disco, ya sea como aficionados a Kraftwerk, a la música de Michael Nyman, a la música contemporánea para cuarteto de cuerda o, simplemente a los experimentos más curiosos. Lo podéis encontrar, como siempre, en los siguientes enlaces:

amazon.es

play.com

Nos despedimos con una combinación realmente marciana: El Balanescu Quartet, interpretando "The Model" de Kraftwerk con David Byrne como cantante, una thereminista, batería electrónica y sintetizadores. Glorioso. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Pet Shop Boys - Behaviour (1990)



Cuando escribimos la última entrada dedicada a Pet Shop Boys teníamos la intención de que esta de hoy y una próxima aparecieran en los días siguientes pero por distintas circunstancias lo hemos ido posponiendo hasta ahora, momento que aprovechamos para comentar el que, para muchos, fue el primer disco “serio” del dúo o, al menos, el disco que marca su madurez tanto musicalmente hablando como en cuanto a los textos. Nosotros siempre discrepamos de esa visión, no tanto por que no considerásemos “Behaviour” como un paso adelante en la trayectoria del grupo sino porque ya creíamos que “Actually” había supuesto un salto cualitativo notable.

Si repasamos la cronología de la banda británica, nos encontramos con que entre ambos discos habían sucedido varias cosas reseñables: la primera, el enorme éxito del single “Always on My Mind” en el que el dúo pone patas arriba la balada clásica de Elvis y la transforma en un tema “revientapistas”. La segunda, la aparición de un disco de remezclas con algún tema inédito titulado “Introspective” y, por último, la colaboración del dúo con la estrella del cine y del musical Liza Minelli en un disco que supuso la vuelta al primer plano de la diva durante un tiempo (obviamos otros trabajos como las canciones que Tennant y Lowe escribieron para otra gente, particularmente el éxito “I’m Not Scared” con el que se dio a conocer “Eighth Wonder”, la banda de Pasty Kensit). Tampoco es anecdótico el hecho de que por esas fechas, Pet Shop Boys dieran sus primeros conciertos en Asia y el Reino Unido.

Como es habitual en Tennant y Lowe, para el nuevo disco buscaron un nuevo productor que les ayudase a dar un enfoque diferente al trabajo. Según se supo después, ninguno de los dos estaba demasiado satisfecho con el sonido de los sintetizadores digitales y quisieron cambiar por un sonido analógico trabajando con aparatos antiguos. Quizá de ahí surgió la idea de colaborar con el músico alemán Harold Faltermeyer (autor de parte de la música de Top Gun y, especialmente, del conocidísimo “Axel F” de la banda sonora de “Superdetective en Holywood”), quien se encargaría de la producción de casi todo el disco. “Behaviour” apareció en octubre de 1990 por lo que nos sorprende la cita de Neil Tennant en la que afirma que para su grabación les inspiró especialmente el disco “Violator” de Depeche Mode que apareció apenas siete meses antes.

Como ocurre con todos los discos de Pet Shop Boys, sus canciones tienen más de una lectura posible. En “Behaviour” hay una sombra que planea sobre todos los textos, más allá de que nos cuenten las clásicas historias del pop universal y es el SIDA, enfermedad que ocupaba todos los titulares en la época en la que apareció el disco y que tocó de cerca a los integrantes del dúo en muchos momentos.



“Being Boring” – Uno de los textos más inspirados de la carrera de Neil Tennant, nos habla de cómo llegó de joven a Londres en compañía de un amigo y de cómo las vidas de ambos tomaron caminos separados. La frase que escuchó al llegar a la estación (siempre, según la letra de la canción) “someone said: if you’re not careful you’ll have nothing left and nothing to care for” es premonitoria. Chris Dowell, que era el nombre del amigo de Neil, falleció vícitima de SIDA en aquellos añós. El título de la canción parte de una cita de Zelda Fitzgerald (“someone’s wife, a famous writer in the 1920’s”), esposa de Scott Fitzgerald en la que afirma que ella “negaba estar aburrida, principalmente porque ella no se aburría nunca”. La canción ya muestra lo diferente que iba a ser el disco de los anteriores en cuanto a los aspectos musicales desde los primeros instantes en los que escuchamos esas guitarras con efectos disco y un ritmo continuo como una especie de drum’n’bass ralentizado. A pesar del regreso a los sintes antiguos, hay muchos samples de fondo y sospechamos que sólo los bajos han sido creados a la vieja usanza.



“This Must Be the Place I’ve Waited Years to Leave” – Tenemos aquí otro ejemplo de multiples lecturas. Aparentemente, esta sería otra canción en la linea de “It’s a Sin” en la que Neil recuerda como en un sueño su educación católica y los problemas que le creó. El protagonista revive aquellos momentos en que se levantaba por las mañanas y asistía a las ceremonias religiosas en una especie de acto inconsciente (de ahí el confuso título: “este debe ser el sitio que quise abandonar durante tantos años”). Existen varias referencias rusas en la canción, sin embargo, que abren otra posible interpretación como un sample sacado de una grabación de la segunda sinfonía de Shostakovich en el que una voz grita: ¡Lenin! y especialmente un discurso que apenas es audible en los instantes finales del tema en el que el fiscal soviético Andrei Vyshinsky arenga al jurado durante la Gran Purga del 36 sugieren un paralelismo entre la opresiva educación católica de la juventud del cantante y el régimen soviético de los años 30. En lo musical, tenemos que destacar la presencia del guitarrista Johnny Marr, de The Smiths que aparecerá en algún tema más. También aparece Angelo Badalamenti como autor de los arreglos orquestales de una pieza extraordinaria con un poderoso fondo electrónico que se cuenta entre las mejores que nunca ha escrito la banda.

“To Face the Truth” – Continúa el disco con una canción de temática más clásica en la que el protagonista se muestra abatido por la ausencia de la persona amada negándose a “afrontar la verdad”. Ni el texto ni la música, con arreglos y melodías demasiado encasilladas en el sonido que por aquel entonces tenían muchos artistas de música soul y, por qué no decirlo, los lamentables Milli Vanilli, aquel infausto producto ideado por Frank Farian, personaje de infame recuerdo.

“How Can You Expect to Be Taken Seriously?” – Otro de los temas habituales en la discografía de Pet Shop Boys es la crítica al mundo del rock y el pop en general y a cómo las estrellas son encumbradas hasta el punto de convertirse en referencia para mucha gente y de hablar (y pontificar) sobre temas de los que no saben mucho más de lo que han leído en la revista de moda. Versos como “You’re an intellectual giant, an authority, to preach an teach the whole world about ecology” son suficientemente contundentes. Se especuló mucho sobre a quién iba dirigida la canción y muchos apuntaron a Bono (la canción en su versión single estaba acompañada por una sorprendente reinterpretación de un clásico de U2), Sting o Phil Collins (quien había editado recientemente su disco “...But Seriously”. Neil comentó en muchas ocasiones que no se referían a nadie en particular pero las malas lenguas aseguran que la letra fue inspirada por la cantante de Transvision Vamp, Wendy James. La canción por lo demás, es otra pegadiza melodía con un poderoso estribillo reforzado por un riff de guitarra justo al final. De no ser por ese detalle, el sonido continuaría la senda de discos anteriores.

“Only the Wind” – Nos encontramos ante la visión de Pet Shop Boys de una tragedia cotidiana con un fondo mucho más dramático. Nos habla de algo que está causando graves daños (sólo el viento, en el título) pero que es ocultado y a lo que se le quita importancia. Es algo que sucede de puertas para adentro pero que es negado cuando alguien de fuera pregunta: “there’s nobody crying, that was yesterday, inside we’re all smiling, everything’s okay”. Hoy en día hay una mayor conciencia de la gravedad de la violencia doméstica pero no recordamos que en 1990 ese tema fuera tenido en cuenta del mismo modo y fue entonces cuando el dúo lo denunció con una balada tremendamente emotiva que pasó muy desapercibida en su momento, como si fuera algo que todos sabíamos que pasaba pero sobre lo que no convenía hablar. Irónico, sin duda. La balada parte de premisas similares a “To Face the Truth”, especialmente en la parte rítmica y tiene un arreglo muy simple con una producción austera. Apenas la caja de ritmo y un teclado haciendo las veces de piano. Existen algunos sonidos electrónicos de fondo muy sutiles, samples de trompeta y los clásicos “golpes de orquesta” ochenteros pero en dosis muy ajustadas. También tenemos algunas partes orquestales reales escritas de nuevo por Badalamenti pero apenas se hacen notar.

“My October Symphony” – La reflexión sobre el arte o más concretamente la labor del artista, sus fuentes de inspiración o sus motivaciones han sido tratadas a menudo por el grupo en sus discos. Esta es una de las más curiosas. Sabido es el interés de Tennant por la cultura soviética y en esta ocasión adopta el rol de un compositor que tiene que afrontar el hecho de que ha caído el Muro de Berlín cambiando por completo su entorno, las percepciones de los demás de su obra y su propia visión de las cosas. Esto sucede mientras está terminando una sinfonía sobre la Revolución de Octubre “shall I rewrite or revise my October Symphony? Or, as an indication, change the dedication from Revolution to Revelation?”. ¿Debo reescribir mi obra?, ¿revisarla? ¿O, simplemente, cambiar la dedicatoria? Desde un punto de vista formal, estamos ante una canción muy similar en casi todos los aspectos a la que abría el disco, “Being Boring”, con algunos detalles diferenciales como la aportación del Balanescu Quartet interpretando algunas melodías encargadas por el grupo a su líder, Alexander Balanescu, con la indicación de que fuera algo que recordase ligeramente a Shostakovich.

“So Hard” – Atendiendo a las temáticas de muchas de las canciones de Pet Shop Boys corremos el riesgo de olvidar que, ante todo, estamos hablando de un grupo de pop con el punto de frivolidad (léase sin intención peyorativa) que eso supone. El tema que sirvió como primer single del nuevo disco va en esa línea y nos habla de una pareja cuya relación está plagada de infidelidades mutuas, que, por mucho que lo intenten, no consiguen dejar de hacerse daño aunque tampoco se deciden a romper. Una de las maneras más originales de reflejarlo aparece en uno de los versos en el que cantan: “si los dos decidimos dejar de fumar porque es perjudicial, ¿de quién son estas cerillas?”. Como corresponde a todo single de lanzamiento de un disco, el tema es un auténtico cañonazo, si se nos permite la expresión y tiene una factura perfecta siendo de los pocos en los que un efecto tan sobre-explotado como el sample de “golpe de orquesta” propio de los ochenta, sigue sonando bien.



“Nervously” – Continuando con los temas más o menos tópicos en el pop, la siguiente canción del disco habla de la timidez, casi adolescente, que se siente cuando se está junto a una persona hacia la que empieza a surgir cierta atracción. Con todo, el tema es de agradable escucha con unos arreglos electrónicos que reflejan una cierta influencia de los clásicos del género, con una secuencia continua de fondo, “pads” atmosféricos y algunas guitarras por aquí y por allá que terminan por componer una balada muy elegante.

“The End of the World” – Comenta Neil que esta canción fue un intento (claramente fallido, en nuestra opinión) de acercarse al sonido de Depeche Mode en “Enjoy the Silence”, especialmente con el uso de la guitarra. Los textos son suficientemente ambiguos como para permitir múltiples interpretaciones. En apariencia se trataría de una canción que habla de cómo en determinados momentos una decepción (principalmente de tipo amoroso) puede parecer el fin del mundo (y volvemos así a un punto de vista casi adolescente, lo que contrasta con la proclamada madurez del album). Una lectura algo más detenida sugiere que lo que podría ser el fin del mundo del título sería un embarazo no deseado “It’s just a boy or a girl, it’s not the end of the world” e incluso, yendo un poco más allá, se trataría de esa situación pero desde el punto de vista de los padres de el/la joven que han cometido el desliz. En cualquier caso, se treta de una canción pop muy comercial y pegadiza con un potencial muy alto que, por algún motivo, nunca llegó a alcanzar el éxito que presagiaba (ni siquiera fue single) y una de las más claramente reconocible como obra del dúo ya que reúne todos sus recursos habituales en cuanto al ritmo, las líneas de bajo etc. incorporando algunos detalles house en determinados momentos.

“Jealousy” – Cerrando el disco tenemos, nada menos, que la primera canción que escribieron juntos Neil y Chris cuando empezaban a plantearse la creación de Pet Shop Boys. Por algún motivo no fue grabada para su primer disco y se descartó a última hora su inclusión en “Actually” cuyo título inicial iba a ser, precisamente, “Jealousy”. Se trata de una canción sobre los celos que con el tiempo se ha convertido en una de las más notables de las escritas por el dúo, formando parte habitualmente del repertorio de sus conciertos. En los primeros instantes nos recuerda de forma inevitable a otras baladas del dúo, sin ir más lejos, a la magnífica “King’s Cross” pero creemos que llega a superarla ya que la melodía central, repetida en varias ocasiones a lo largo del tema, es, sencillamente, arrebatadora y los arreglos orquestales, con su preciosa progresión habrían sido acreedores del empleo de unas cuerdas y unos metales reales como de hecho tienen otros temas del disco. Ese es el único “pero” que le encontramos a una canción de esas que marcan la trayectoria de un grupo.



Como decíamos en la introducción, la crítica acogió “Behaviour” como el trabajo que convertía a los Pet Shop Boys en un grupo serio más allá de la clásica formación pop con varios éxitos en su haber. Ya hemos hablado en muchas ocasiones de la visión absolutamente desmitificadora que tienen los miembros del dúo sobre ellos mismos y hay una interesante anécdota al respecto. Alguien comentó que el salto a la madurez de la banda tenía varios síntomas claros como el hecho de que, en varios temas, los estribillos estaban escritos en una clave diferente del resto de la canción, mostrando así una complejidad mayor y un mayor esfuerzo compositivo. Neil Tennant argumentaba que, en realidad eso fue algo que hicieron tratando de imitar al trío de productores británicos Stock, Aitken & Waterman, responsables de grandes éxitos en la época de artistas como Bananarama, Jason Donovan, Rick Astley o Kylie Minogue. SAW, que es como aparecían acreditados en ocasiones, utilizaban varios “trucos” musicales muy efectivos a la hora de crear “hits” y ese era uno de los más notables. Si nos creemos al bromista de Neil, resulta que lo que los críticos creían un signo de madurez no era sino el intento de imitar a los más populares autores de éxitos pop de consumo rápido pero no olvidemos que Tennant fue crítico antes que músico y quizá esto forme parte de su habitual maestría como entrevistado (no en vano es uno de los artistas más interesantes que hemos conocido cuando se pone ante la metaforica pluma de un entrevistador).

“Behaviour” es un disco que se puede encontrar sin demasiadas dificultades a buen precio. Os dejamos algunos enlaces en los que podéis adquirirlo:


miércoles, 20 de febrero de 2013

Michael Nyman - The Piano Concerto / MGV (1994)



Tras la ruptura de la pareja artística que formó con Peter Greenaway, no estaba muy claro el futuro como compositor de Michael Nyman. Es cierto que, antes incluso de Prospero’s Books, el músico ya había hecho una relevante banda sonora como fue la de “El Marido de la Peluquera”, aunque su aportación fue muy breve en cuanto a la duración de las piezas y la presencia en la pantalla de las mismas. Además, de modo simultaneo a la aparición de la última película de Greenaway en la que colaboró, nuestro músico preparaba la publicación de sus tres primeros cuartetos de cuerda, en lo que parecía un acercamiento a formas musicales clásicas, independientes de la música para el cine.

Esto es algo que ha sucedido con otros músicos y el ejemplo más evidente es el de Philip Glass. Tras una etapa más o menos larga centrada en aspectos experimentales y vanguardistas y una actividad, podríamos decir que “alimenticia” trabajando para el cine, hay músicos que buscan una cierta trascendencia y encuentran en la composición de piezas en formatos tradicionalmente asimilados a la música culta la vía para conseguirla.

Suponemos a Nyman enfrascado en la difícil toma de decisiones acerca del rumbo a seguir cuando cayó en sus manos un auténtico caramelo: el encargo para una nueva banda sonora que acompañaría a la película “El Piano”, de Jane Campion. El gran atractivo del guión radicaba en que la protagonista de la historia no dice una sola palabra en todo el metraje y su único medio de expresión es, precisamente, el piano. Evidentemente, Nyman iba ser el encargado, no sólo de la música incidental sino de las melodías que Ada (que es como se llama el personaje de Holly Hunter) interpreta a lo largo del film.

El éxito de la película arrastró también a su banda sonora que se convirtió en un superventas mundial pero eso será materia, quizá, de otra entrada en el futuro. Lo que nos interesa ahora es lo que Nyman hizo con ese material un año más tarde y que no es sino una combinación de los dos aspectos de los que hablamos anteriormente: la música para el cine y las formas más clásicas de la música culta. En 1993, los organizadores del Festival de Lille decidieron encargar a nuestro músico la composición de una pieza con ocasión de la puesta en servicio de la línea de alta velocidad entre la frontera belga y la localidad de Calais (lo que poco después se convertiría en el Eurostar). El resultado fue la pieza llamada “MGV” (Musique à Grande Vitesse). Como complemento al programa, Nyman escribió un concierto para piano adaptando la banda sonora de la película de Jane Campion. Explica el músico que, gracias al encargo, consiguió tres objetivos diferentes: “crear una estructura musical más coherente de la que se puede conseguir con los fragmentos más breves e independientes entre sí que forman una banda sonora, construir texturas más dinámicas y elaboradas que las que usó en la película (para la que contó con una sección de cuerda y un conjunto de saxofones únicamente) y reescribir las partes de piano de forma que funcionen frente a la orquesta como en un concierto clásico”.

Un año más tarde de aquello, la discográfica Decca, a través de su subsello más vanguardista, Argo, publicaría un disco con grabaciones de ambas obras que es el que ahora pasamos a comentar. La primera mitad del mismo contiene “The Piano Concerto” en donde el “the” no está de más por las razones que hemos comentado más arriba. La interpretación corre por cuenta de la Royal Liverpool Philharmonic Orchestra dirigida por el propio Nyman. Kathryn Stott es la pianista en la grabación.

THE PIANO CONCERTO:

“The Beach” – El primer y más largo movimiento del concierto se abre con un trémulo sonido de cuerdas sobre el que escuchamos las primeras intervenciones del piano. El título del movimiento no es casual ya que la evocación de las olas rompiendo suavemente en una playa está más que lograda. El papel del piano no es tanto el de instrumento enfrentado a la orquesta sino el de complemento de la misma. Paulatinamente la música va ganando en fuerza hasta que la orquesta se hace con los mandos, primero con las enérgicas cuerdas y más tarde con puntuales subrayados de los metales. Para la elaboración de la música de “El Piano”, Nyman echó mano del folclore escocés, por ser esa la tierra de procedencia del personaje de Ada. Así, todas las partes de piano tienen base en composiciones tradicionales. A la hora de organizar el material musical para el concierto, el músico inglés seleccionó los fragmentos elaborados a partir de cada una de las tres canciones utilizadas siendo repartido en los distintos movimientos de la obra. De este modo, “The Beach” utiliza como base la pieza “Bonny winter’s noo awa”, cuya melodía reconstruida es la más reconocida de la película. Es en la parte central del movimiento en la que aparece de un modo más evidente a cargo del piano siendo replicada por la trompeta y más tarde por el grueso de la orquesta en un fragmento que funciona realmente bien y cumple con lo esperado de un concierto en términos clásicos. Además, el aficionado puntual a la música de Nyman (el que le conoció con esta banda sonora, vamos) encontrará en este primer movimiento del concierto la práctica totalidad de las músicas más reconocidas de la película.



“The Woods” – Sin solución de continuidad entramos en el siguiente movimiento, introducido por los metales que ejecutan otra de las melodías que han perdurado en el recuerdo de los aficionados que disfrutaron con el film de Jane Campion. Nyman compila en este corte toda la música completamente original que formó parte de la banda sonora y que en la misma se correspondía principalmente con las partes orquestales en contraposición a las basadas en música tradicional que ejecutaba la pianista. A pesar de ello, el piano tiene una importante presencia en esta parte del concierto aunque no con el protagonismo del movimiento anterior.

“The Hut” – Aunque formalmente Nyman divide el concierto en cuatro movimiento, lo cierto es que estos se suceden sin interrupción. Tras el anterior, más lento que el primero, llega este tercero que es el más vivo de toda la obra. El piano se erige en auténtico protagonista marcando un ritmo poderoso desde el primer momento y la orquesta se une a la fiesta poco después. La herencia de la poderosa máquina rítmica que es la Michael Nyman Band se deja ver aquí por primera vez en todo el concierto. El compositor inglés juega aquí con dos temas diferentes: el primero, mucho más acelerado que en su versión tradicional es el que hemos escuchado en los primeros momentos y toma su inspiración de la popular canción “Flowers of the Forest” que se hace muy difícil de reconocer si uno no es consciente de su uso aquí. El segundo tema es “Bonnie Jean” que sufre el proceso inverso al anterior, sonando en el concierto a una velocidad considerablemente inferior a aquella con la que suele ser interpretado. Antes de llegar al movimiento final, Nyman retoma por unos instantes el tema principal de la película mezclado con material procedente del primer movimiento.

“The Release” – Como cierre, el compositor británico diseña un bonito fondo de violines sobre el que dialogan el piano y los metales antes de entrar en un breve interludio que nos recuerda a Tchaikovsky y que precede al solemne regreso al tema principal (es decir, la melodía que hemos tomado prestada de “Bonny Winter’s Noo Awa”) que se combina con el “Flowers of the Forest”, cuya presencia es también muy destacada en el concierto. Lo cierto es que, pretendido o no, el movimiento final es muy cinematográfico y encajaría a la perfección como melodía para los créditos finales de la película.

Sin quitarle interés a “The Piano Concerto”, es la segunda obra del programa la que más llama nuestra atención por encontrar en ella al Nyman más puro (siempre en nuestra opinión). Para la interpretación de “MGV”, la orquesta se ve reforzada por los miembros de la Michael Nyman Band, a saber: Michael Nyman (piano), Alexander Balanescu (violín), Clare Connors (violín), Anthony Hinnigan (cello), John Harle (saxo soprano), David Roach (saxos soprano y alto), Andrew Findon (saxo barítono, piccolo), Nigel Barr (trombón) y Martin Elliott (bajo)

MGV

“1st region” – Nuestro músico divide la composición en cinco etapas que pretenden reflejar el viaje del TGV desde París a Lille. Parte de una sólida base rítmica que evoca inevitablemente al tren y que va sufriendo ligeras variaciones paulatinas que la transforman continuamente. Como es habitual en los músicos de raíz minimalista, las maderas tienen una importante labor como elemento rítmico que Nyman no tiene el menor complejo en acompañar con un bajo eléctrico. Son las cuerdas las que llevan la melodía principal cuyos cambios vienen precedidos de breves intervenciones de los metales.

“2nd region” – Como ocurre en el concierto anterior, también aquí los distintos movimientos van enlazados sin solución de continuidad formando un todo compacto. La transición entre los dos primeros viene marcada por un cambio de ritmo de las maderas que nos lleva a una sección con ciertos elementos caóticos que parecen ir cada uno por su lado aunque aparecen sólidamente unidos por el ritmo general de la orquesta. En muchos momentos de la obra se deja entrever una atractiva melodía que, conforme avanza la misma, va ganando en presencia hasta convertirse en el tema principal del último movimiento.

“3rd region” – La manera en que se desarrollan los primeros momentos de la tercera etapa del viaje nos recuerda a un Steve Reich al que, de repente, le hubiese dado por explotar su vena melódica. Es este, sin embargo, un movimiento muy rico en cambios de ritmo e instrumentaciones con secciones puramente rítmicas combinadas con otras donde reina la melodía. Sin ser nuestro movimiento favorito, sí que podemos afirmar que es el más variado en todos los sentidos.

“4th region” – Acercándonos al final de la obra, Nyman comienza a prepararnos para lo que está a punto de ocurrir. El cuarto movimiento es también el más breve y está basado en una corta melodía que se repite una y otra vez por parte de las distintas secciones de la orquesta que nos parece ir montada en un tren lanzado a tumba abierta por las llanuras del norte de Francia con algún que otro breve remanso más tranquilo (¿un tunel, quizá?) .

“5th region” – El gran final llega tras una inesperada interrupción a base de percusiones golpeadas con una maquinal exactitud. La orquesta comienza entonces a preparar la última parte de la obra con la aparición en toda su extensión de la melodía central de MGV, apenas esbozada en los movimientos precedentes. Como si estuviera acercándose a la estación, la percusión baja el ritmo pero sólo es una falsa apariencia antes de acelerar definitivamente con Nyman haciendo un guiño autoreferencial al sorprendernos con la melodía principal de su antigua obra “And Do They Do” que se repite una y otra vez por parte de las flautas de modo simultaneo al despliegue total de las cuerdas y finalmente del resto de la orquesta y de la Michael Nyman Band que cierran un movimiento sensacional que reúne todo lo mejor de la música de su autor.



Es evidente que la popularidad de Nyman llegó de la mano de la música para el cine pero creemos que su obra va mucho más allá de su faceta más conocida. En MGV tenemos un ejemplo muy claro de lo que da de sí el músico británico cuando no está sujeto a las ataduras de las imágenes y los códigos de tiempo. Seguiremos hablando de ambas facetas del este artista en el futuro. Por el momento, los interesados en haceros con esta disco lo podéis hacer en los siguientes enlaces, aunque será en la reedición publicada en el propio sello del músico ya que la original está descatalogada tras el cierre del sello Argo: