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domingo, 24 de julio de 2016

Oystein Sevag - European Roots Vol.1, Early Works (2000)



Mientras escribíamos la anterior entrada del blog, dedicada a Bill Douglas, nos dábamos cuenta de las similitudes que existen entre las carreras del músico canadiense y el protagonista de la reseña de hoy, un viejo conocido de los lectores. No pensamos tanto en el estilo como en la evolución de ambos desde una formación clásica con incursiones en el jazz hacia la música “new age”, género éste en el que los dos se hicieron un nombre gracias a la publicación de trabajos magníficos.

La diferencia más relevante es que, si bien de la obra de Douglas anterior a su salto a la fama no tenemos noticia al margen de alguna reseña perdida de alguna pieza de cuyo rastro poco más hemos sabido (de grabaciones, por supuesto, ni hablamos), en el caso de Sevag sí existe una ventana hacia ese pasado desconocido no hace tanto tiempo.

Hablamos tiempo atrás de un disco en el que aparecían sus primeros experimentos electrónicos, fechados entre 1983 y 1990 pero no era ese el único tipo de música que Sevag compuso en aquellos años. Antes de eso había tocado en bandas de rock y jazz junto a algunos de los más importantes músicos de Noruega, muchos de los cuales le acompañarían después en sus más importantes trabajos. En 1984, buscando una orientación para su carrera, tomó la decisión de aislarse durante unos meses en Triora, un pequeño pueblo medieval de menos de 500 habitantes situado en el norte de Italia. Allí escribió un cuarteto de cuerda que marcó de forma clara la dirección a tomar en lo sucesivo. Los años siguientes fueron de gran experimentación llegando a componer una pieza electrónica cuya ejecución abarcaría 312836848952048476111942888886103770498 años. No, no se nos ha quedado la mano sobre el teclado del ordenador: esa es la duración exacta de una composición que no entró en el libro Guinness de los récords porque no había forma de asegurar que el aparato encargado de interpretarla tuviera suficiente vida útil para hacerlo. La mayor parte de esas obras aparecieron en el disco al que nos referíamos antes: “Private Collection: Electronic Landscapes 1983-1990”. En esos años dio forma al que sería su gran proyecto; “Close Your Eyes and See”, disco grabado en su propio estudio en 1989. Durante la composición del mismo, Sevag escribió otra obra de cámara en la forma de un quinteto de viento.

Tanto el cuarteto de cuerda de 1984 como el quinteto de viento de 1987 forman parte de “Early Works”, el primer volumen de la colección denominada por Oystein Sevag, “European Roots” que apareció en 2000 sin que hasta el día de hoy hayamos podido disfrutar de ninguna de las secuelas anticipadas por el propio indicativo del número de volumen. Los músicos que interpretan el cuarteto “Triora” son María Sevag (violín), Miriam Rudloph (violín), Beatrix Hülsemann (viola) y Ute Petersilge (violonchelo). El quinteto de viento lo ejecutan: Gro Sandvik (flauta), Steinar Hannevold (oboe), Lars Kristian Brynildsen (clarinete), Ilene Chanon (trompa) y Per Hannevold (fagot).

Imagen de las calles de Triora.


“TRIORA”

“I. Allegro deciso” - Cuenta Sevag cómo para él era muy difícil integrarse en la música de su tiempo cuando sus referentes eran clásicos, especialmente Beethoven, lo que, a la hora de plantearse escribir un cuarteto de cuerda  es una referencia más que ambiciosa. A la hora de la verdad, lo cierto es que la composición del músico noruego no es especialmente nostálgica de tiempos pasados y está teñida de un sonido absolutamente contemporáneo. El primer movimiento muestra motivos muy bellos pero no está exento de una tensión muy acorde con la modernidad y tiene un acerado sentido dramático.

“II. Tranquillo” - Mucho más reposado es el segundo movimiento de la obra, con temas en los que creemos ver una raíz folclórica muy presente lo que, al menos por ese lado, lo emparenta con otro gran maestro del cuarteto de cuerda como fue Bartok. Sevag se revela aquí como un compositor extraordinariamente dotado que podría haber construido una carrera muy sólida dentro de la música académica de habérselo propuesto.

“III. Scherzo” - Nuestro movimiento favorito de la obra es este tercero en el que nos parece encontrar influencias de maestros como Bernard Hermann, especialmente en el uso de los violines para crear atmósferas llenas de tensión que son maravillosamente aprovechadas por viola y violonchelo (especialmente por éste último) para dibujar inquietantes espirales melódicas que le dan a la obra una componente cinematográfica muy importante.

“IV. Molto tranquillo” - A modo de interludio, el cuarto movimiento de la obra no rebaja un ápice el sentido dramático de los anteriores mientras nos conduce hacia el desenlace. La música es gélida como corresponde al origen del compositor y nos recuerda en algún momento a otros autores de procedencia igualmente nórdica como Arvo Pärt o Erkki Sven Tüür.

“V. Presto” - La conclusión del cuarteto vuelve a evocar en nosotros imágenes de cine. Atmósferas sonoras de pantallas en blanco y negro, escenas no demasiado iluminadas y todo ello, sencillamente con el uso de un temas musical muy sencillo pero también muy poderoso.


“THE LYRICAL JOKE IN THE SECRET GARDEN WHEN THE LEAVES ARE FALLING”

“I. In the Lyrical Joke” - Desde el primer momento, Sevag enfoca esta obra como una broma musical pero lo cierto es que no nos lo parece en ningún momento. Los ritmos de este primer movimiento tienen una cierta raíz minimalista, si por tal entendemos la forma de manejar los instrumentos de viento de compositores como Wim Mertens, Michael Nyman o Jean Philippe Goude (especialmente de éste último). Cierto es que hay un aire desenfadado en toda la pieza pero eso, lejos de quitarle seriedad, la hace mucho más atractiva a nuestros oídos.

“II. In the Secret Garden” - El segundo movimiento es más reposado y en él apreciamos un finísimo sentido melódico que ya destacaba en el Sevag “electrónico” que conocíamos pero que no es tan fácil de desplegar en un formato como este sin caer en el uso de temas intencionadamente pegadizos  y de engañoso atractivo. Estamos ante una joyita que podría haber quedado en el olvido y que justifica la validez de un proyecto como el que representa este disco.

“III. When the Leaves Are Falling” - El cierre de la obra es extraordinario. Una fiesta de ritmo y melodía sin apenas descanso con elementos minimalistas magistralmente utilizados como las bases sobre las que edificar una sólida propuesta musical. Como ocurre en otros momentos del disco, nos parece apreciar elementos folclóricos como parte de algunas melodías lo que revelaría un profundo respeto del artista noruego por sus raíces, algo que siempre nos ha parecido intuir en otras de sus obras.

No podemos negar que fue toda una sorpresa para nosotros escuchar estas dos obras de Sevag años atrás. Teníamos al noruego por un músico muy competente, capaz de crear piezas extraordinarias como ese clásico de su género que es “Horizon” y de grabar grandes discos en estilos tan diferentes como el “ambient” o incluso el jazz pero desconocíamos por completo su faceta clásica. Ni por asomo pensamos que dentro de ese ámbito, Sevag hubiera escrito obras de la categoría de las incluidas en el disco que hoy hemos comentado así que la conclusión, casi inevitable habida cuenta de lo dicho anteriormente es que estamos ante un músico de gran categoría, cuyos méritos no quedan circunscritos a un género concreto sino que van más allá de clasificaciones.

No es habitual encontrar este tipo de artistas de los que sólo podemos lamentarnos por lo relativamente escaso de su producción discográfica y es que cada uno de sus trabajos nos deja con más ganas de escuchar los siguientes. Seguro que los que conozcáis a Sevag y no hayáis tenido la oportunidad de escuchar este disco, os vais a llevar una grata sorpresa si cae en vuestras manos. Estamos convencidos.


jueves, 10 de enero de 2013

Oystein Sevag - Space for a Crowded World (2012)



Cuando recibimos el disco del que hoy vamos a hablar, apenas hace unas semanas, estábamos escribiendo una reseña sobre el disco de debut de Oystein Sevag y prometimos que pronto habría un hueco en el blog para este nuevo trabajo. Creemos que este es un buen momento para dedicarle unas líneas, una vez madurado lo suficiente.

Lo cierto es que con “Space for a Crowded World”, Sevag consigue sorprendernos una vez más. No era fácil predecir por dónde iba a salir en esta ocasión tras haber roto todos nuestros esquemas con su anterior “The Red Album” en el que mezclaba jazz, folk, electrónica e influencias de todo tipo en un “collage” sonoro realmente novedoso en el músico noruego. Sin embargo, esperábamos un lanzamiento en una línea similar, colaborando con distintos instrumentistas y profundizando en las ideas apuntadas entonces. Por el contrario, el teclista nórdico recula y vuelve a sus orígenes con un disco fundamentalmente electrónico y de corte ambiental. En los meses anteriores a la grabación, Sevag dio una serie de conciertos en solitario interpretando exclusivamente sintetizadores. Esa experiencia le inspiró para volver a sonidos y atmósferas más cercanas, por citar un ejemplo, a las de su disco “Visual”, firmado a dúo con el guitarrista Lakki Patey y que llevaba el revelador subtítulo de “an ambient experience”.

Al contrario que en sus últimos trabajos, el músico noruego apenas recurre a intérpretes adicionales. Así, todo lo que escuchamos en el disco procede de los sintetizadores de Sevag con intervenciones puntuales de la intérprete alemana de “theremin” Barbara Buchholz en dos de los cortes y de la vocalista noruega Benedicte Torget en otro.



“Landing” – Abre el disco una pieza que cualquier seguidor identificaría inmediatamente como obra del músico noruego. Un solemne fondo electrónico sobre el que se desarrolla una melodía de piano con un cierto carácter improvisado que perfectamente podría haber sido interpretada por la guitarra de Lakki Patey en el disco anteriormente citado. Todo el conjunto está teñido de una gran melancolía y sensibilidad y sirve para ponernos en situación ante lo que viene después.

“Urban Nocturne” – Continuando con las mismas premisas del corte inicial pero sustituyendo el sonido del piano por uno de los clásicos tonos sintetizados de Sevag, a modo de fantasmagórico instrumento de viento nos vamos adentrando en paisajes extraños en los que los sintetizadores del músico noruego resplandecen como una aurora boreal en la oscuridad de la noche.

“Gentle” – Conforme nos adentramos en el disco, vamos descubriendo piezas más interesantes. En la que nos ocupa, podemos escuchar una bonita línea de bajo como fondo que se ve adornada por los mismos timbres utilizados en el corte anterior y sonidos de piano que no terminan de concretarse en la melodía que parecen anunciar.

“Song from Another Place” – Continuando con la tónica general del disco, nos adentramos en uno de los temas más profundos, ya desde los primeros compases. Es entonces cuando nos sorprende la aparición del “theremin”, instrumento electrónico de timbre maravilloso cuando se interpreta bien y que suena como un gato histérico en la mayoría de las ocasiones en que un ejecutante atrevido se atreve con él sin la suficiente destreza. Ni que decir tiene que en este caso estamos ante un ejemplo del primer tipo en el que Barbara Buchholz cumple con nota su cometido.

“A Butterfly’s Dream” – Llegamos así a uno de los cortes que más nos recuerdan al Sevag de sus primeros discos, con ambientes puramente electrónicos y desarrollos melódicos no del todo definidos, siempre con sus timbres y sonidos inconfundibles. Tras una larga introducción ambiental se hace el silencio para que hable el piano y despida la pieza con un fragmento tremendamente simple y bello a partes iguales. La melodía final, de aire clásico, es uno de los mejores momentos de un trabajo ajeno a los sobresaltos.

“Time Shadows” – De un modo casi furtivo podemos apreciar algunos ramalazos jazzisticos infiltrándose en medio de tanto “ambient”. En este caso, son los sonidos electrónicos emulando a un contrabajo los que juegan en clave de jazz con el piano en una combinación que da mucho juego a pesar de la brevedad del corte.

“A Sparkling Point of View” – Superado el ecuador del disco encontramos esta preciosa pieza electrónica llena de elementos atractivos. Desde los sonidos de campanillas del inicio formando secuencias en el más puro estilo de Klaus Schulze hasta los modernos ritmos electrónicos de última generación que dominan la segunda parte de la pieza, todo contribuye a la conformación de la pieza más atractiva del trabajo en nuestra opinión.

“Lights After Dark” – Volvemos a escuchar el “theremin” pero en esta ocasión en su versión más efectista, creando sonidos de ciencia ficción y efectos electrónicos del tipo de los que adornaban los discos de música electrónica de los primeros años setenta. Sobre un oscuro “drone” procedente de los sintetizadores de Sevag, la thereminista alemana se exhibe aprovechando todo el potencial sonoro de su instrumento, también en los registros más graves del mismo, pocas veces utilizados por otros intérpretes.

“Call” – Tras escuchar dos de los cortes más interesantes del disco, enfilamos ya la parte final del mismo con un retorno al comienzo y otro tema ambiental con improvisación a los teclados por encima.

“Contact” – La última gran sorpresa del disco llega de la mano de la vocalista noruega Benedicte Torget, quien, prácticamente “a capella”, entona un canto de claras raíces tradicionales. Para no romper la magia, Sevag se limita a acompañarla con un sonido de campanillas muy característico en su música, especialmente en su “Close Your Eyes and See”. Tras un breve interludio de piano, volvemos a escuchar la preciosa voz de la cantante, doblada en varias pistas y dándose la réplica a sí misma cerrando una pieza impresionante rodeada de la orquesta electrónica del músico en el papel de una sección de cuerda virtual.

“Stroke of the Wing” – Como cierre del disco, asistimos a una suerte de versión extendida del corte inicial completando así un trabajo excelente.

Ya hemos dejado clara anteriormente la alta estima en la que tenemos a Sevag en el blog. Su nuevo disco no nos hace sino reafirmarnos en este convencimiento. Quizá no sea su mejor trabajo aunque no es fácil valorar esto cuando la música es tan distinta entre unos y otros discos pero nos revela que el artista noruego sigue siendo capaz de crear varias composiciones magníficas de las cuales habría aquí presentes al menos tres o cuatro. El regreso del músico a los sonidos más electrónicos es bienvenido y suena especialmente refrescante tras anteriores trabajos enfocados en una banda más amplia. Es posible que “Space for a Crowded World” sea un disco de transición y los siguientes regresen al punto en que se hallaba el músico un tiempo atrás pero no por ello lo consideramos un disco menor. Como suele ocurrir con músicos más o menos minoritarios, no hemos encontrado fragmentos del disco en la red para ilustrar la entrada aunque existen breves muestras de todos los cortes del disco en itunes:


Para adquirirlo en formato físico, recomendamos el siguiente enlace:

amazon.de

Por último, os dejamos un video (de calidad casera) procedente de uno de los conciertos de presentación del disco:

sábado, 27 de octubre de 2012

Oystein Sevag - Close Your Eyes and See (1991)



Tiempo atrás hablamos ya aquí del compositor noruego Oystein Sevag. Hoy sabemos de él muchas cosas y, desde luego, bastante más de lo que conocíamos de él en 1992, fecha de la publicación en España de su primer disco, “Close Your Eyes and See”, editado varios meses antes en Noruega por el músico a través de un sello propio creado para la ocasión. Entonces, la escasa información que llegaba hablaba de un sintesista de formación clásica e ideología cercana a la “new age”, refiriéndonos a la corriente de pensamiento más que a su vertiente como género musical. Hoy sabemos que ese músico ya había compuesto cosas antes en una onda totalmente distinta. El oyente de 1992 se vio deslumbrado por una composición, brillante como pocas, que abría el disco convirtiéndose en un clásico instantáneo. El melómano actual que quiera acercarse a la carrera de Sevag, tiene a su disposición un par de discos con material anterior al de “Close Your Eyes and See” que, inevitablemente, le harán escuchar de otra forma el que para todos nosotros fue su disco de debut.

Toda esta divagación tiene como objeto que el lector entienda que nosotros pertenecemos al primer grupo de oyentes: los que escucharon anonadados el disco que hoy vamos a comentar sin llegar a explicarnos cómo alguien podía tener un debut tan fulgurante sin que hubiéramos sabido nada de él hasta entonces. Con el tiempo, Sevag se iba a revelar como un músico mucho más completo de lo que dejaba entrever en su debut, a pesar de que éste ya fue magnífico. Entretanto, nuestra relación con “Close Your Eyes and See”, ha pasado por etapas muy diferentes. En el momento de su aparición, fue un disco que nos impresionó, especialmente por una de sus piezas. Como suele suceder en estos casos (y hemos tenido algún ejemplo por aquí no hace mucho tiempo con “On the Future of Aviation” de Jerry Goodman), durante bastantes años tuvimos el disco almacenado en la categoría de trabajos que merecen la pena por una de las composiciones que contiene. Con la perspectiva de los años, hemos ido saliendo de ese error y nuestra visión del trabajo que hoy os vamos a comentar es, creemos, mucho más justa. Sin quitarle mérito alguno a la composición más brillante del disco, el resto del mismo se encuentra a un nivel muy elevado de modo que centrarnos sólo en uno de los fragmentos se nos antoja una equivocación.

El disco se grabó en un pequeño estudio de Stokke, Noruega y en él, Sevag toca todos los instrumentos (principalmente sintetizadores) y hace las programaciones electrónicas. Sólo en cuatro de los diez cortes aparece algún músico invitado. Los créditos los completan además del propio Sevag: Bendik Hofseth (saxo), Jan Erik Salater (bajo), Inge Norum (percusión) y Roar Lindberg (guitarra).



“Horizon” – El disco arranca del modo más tópico posible hablando de música electrónica cercana a la new age en 1990: sonido de olas que rompen en la orilla y “pads” ambientales de sintetizador que no presagian nada especialmente prometedor. Quizá por ello la sorpresa ante lo que viene a continuación es mayor: un ritmo de platillos que rompe en una arrebatadora línea de bajo y una melodía de flautas sintetizadas tan simple como bella. Tras unos vibrantes momentos llega la primera pausa con instrumentos de viento sampleados (con un sonido artificial que habitualmente nos resulta insoportable pero que, inexplicablemente, encaja aquí a la perfección), piano, y sintetizadores. Al cabo de unos instantes, volvemos al ritmo inicial y a una serie de solos de teclado absolutamente magistrales que se suceden combinados con el bajo y ganando en intensidad a cada compás para despedir la pieza en su momento culminante. Lo que Sevag hace en estos seis minutos largos es magia. No se nos ocurre mejor palabra para definirlo ya que partiendo de elementos absolutamente tópicos y sonidos de lo más trillado (el “lead” de flauta que lleva la melodía principal debe ser uno de los más empleados en estos estilos desde que apareció) consigue una composición magistral que veinte años después sigue sonando maravillosamente bien. Ignoramos si era su intención pero el ambiente gélido que transmiten los sonidos (es bien posible que nos condicione su procedencia noruega en esta apreciación) es impresionante. Otro punto a tener en cuenta es la habilidad del músico construyendo líneas de bajo, algo que agradecerá Jan Eric Salater, bajista habitual en los primeros discos de Sevag aunque no aparece acreditado en todos los cortes del disco por lo que entendemos que es el propio Oystein quien la interpreta desde sus sintetizadores en “Horizon”.



“Grounding” – En contraste con el corte inicial, aquí sí aparecen músicos adicionales, concretamente el saxofonista Bendik Hofseth y el citado Salater al bajo. La pieza no puede ser más distinta de la anterior. Se construye a partir de un extraño ritmo cuajado de efectos de sonido y percusiones sobre el que Bendik interpreta una breve secuencia melódica reiteradamente. Tanto el bajo como el saxo son llevados a lugares distintos de lo acostumbrado, con distorsiones y efectos que retuercen el sonido en muchos momentos creando una atmósfera desasosegante. Hacia el final, la música se interrumpe por la entrada de una percusión de tintes étnicos que nos transporta hacia el siguiente corte. Inclasificable este “Grounding”, que podemos situar entre las composiciones más arriesgadas de Sevag.

“Norwegian Mood” – De nuevo el saxo de Hofseth es el protagonista de la siguiente composición aunque esta vez en un registro absolutamente diferente, con una bonita melodía en un estilo jazzy muy agradable. El entorno del que le dota Sevag es similar al de “Horizon”, con un bajo omnipresente, percusiones muy acertadas en un conveniente segundo plano y otro invitado, el guitarrista Roar Lindberg, en un papel algo limitado. Quizá sea el corte de más fácil escucha del disco y, desde luego, no es el más arriesgado. Con todo, es uno de los momentos más destacables de todo el trabajo.

“Silent Prayer” – Continúa el CD con un tema abiertamente ambiental, con profundos sonidos sintéticos, efectos de viento y muy pocos elementos melódicos. Salvando las distancias, que son inmensas, encontramos alguna similitud con composiciones como “Night in Shanghai” entre el repertorio más arriesgado de Jean Michel Jarre.

“Short Revelation” – Sevag vuelve por el camino de los sonidos étnicos con una intrigante secuencia percusiva que se va enriqueciendo poco a poco con lejanos sonidos de viento y una incipiente línea de bajo que va ganando en intensidad poco a poco. Aparecen los sintetizadores de fondo preparándonos para el giro que dará la pieza con la entrada de la batería electrónica. La composición va evolucionando de menos a más e insistimos en un curioso hecho: el uso de sonidos de viento sintetizados que tanto se repitió en los discos de la época y que llegaba a resultar tedioso en una grabación tras otra, en manos de Sevag no cansa en absoluto aunque esto es una apreciación muy personal.

“Message from Silence” – Seguimos con los temas ambientales pero en una línea completamente diferente. El tema se estructura a partir de veloces secuencias en tonos agudos en la mejor tradición de algunos temas del mejor Klaus Schulze, a partir de las cuales se va construyendo una melodía muy desdibujada que apenas se apunta en pequeños retazos a lo largo de los escasos minutos de duración de la composición.

“Gaia” – Abre la pieza una percusión insistente a la que se añade, a modo de presentación, una breve introducción de flauta que nos recuerda el tema principal del disco. A partir de ahí, Sevag toma las riendas y comienza a construir una especie de variación sobre el tema de “Horizon” combinando un sonido cercano al órgano clásico con los samples de flautas y oboes que tanto han sonado en el disco. En la parte final aparece la guitarra de Roar Lindberg reclamando el protagonismo que no tuvo en su anterior intervención en un excitante diálogo con los teclados de Oystein. La pieza nos mantiene expectantes durante toda su extensión porque parece que puede estallar en cualquier momento pero no es así y con un potente acorde de órgano, da paso a la siguiente composición.

“Gratitude” – Sevag se vale de la más clásica tradición electrónica para la siguiente pieza, con unas cuerdas que hacen las veces de armazón rítmico en el que se van engarzando las secuencias de bajo, las potentes percusiones y algún ocasional destello melódico. De nuevo estamos durante toda la composición esperando un cambio radical, un giro que parece anunciarse a cada compás pero, al contrario que en el corte anterior, éste sí que llega con una espectacular ráfaga melódica que ocupa el último minuto del tema dejándonos más que satisfechos.

“The One Word of the Wiseman” – Acercándonos al final tenemos otra composición ambiental. El comienzo nos recuerda mucho a la forma de componer de otro sintesista de la época del que tendremos que hablar tarde o temprano: Patrick O’Hearn. Se trata de una larga introducción marcada por un ritmo continuo de percusiones sobre las que va desarrollándose, muy lentamente, una melodía electrónica. De vez en cuando, algunos apuntes con el bajo sirven para resaltar el ritmo general pero de modo muy esporádico.

“Home” – Para cerrar el disco, Sevag recupera el saxo de Bendik Hofseth, el bajo de Jan Eric Salater e incorpora las percusiones de Inge Norum. La línea de bajo inicial suena muy jazzy y parece un anticipo de una especie de jam-session pero las cosas van por otros derroteros. El saxofón se parece más al que ya escuchamos en “Grounding” que al de “Norwegian Mood” y es que toda la pieza se mueve por parámetros más bien experimentales y vanguardistas y podemos escuchar sonidos cercanos al Vangelis más extraño (el que encontramos en discos como “See You Later”) junto con texturas electrónicas más clásicas.

No se trata aquí de criticar a otros músicos pero estamos convencidos de que si Sevag no fuera noruego, su reconocimiento actual estaría muy por encima del de otros sintesistas de menos talento pero que han sabido explotar otros aspectos colaterales a los puramente musicales en beneficio de un mayor éxito comercial. Es cierto que nuestro protagonista entró pronto en el catálogo de una de las discográficas más importantes de la música “new age” (adoptaremos esa denominación para entendernos aunque discrepamos sobre su aplicación a determinados artistas) como fue Windham Hill, pero no lo es menos que la “rama” electrónica del género tenía más implantación en sellos como Private Music, Narada o Hears of Space identificándose la compañía fundada por Will Ackerman con sonidos acústicos fundamentalmente, por lo que Sevag era una especie de “rara avis”. En cualquier caso, creemos que Oystein funciona mejor trabajando de manera independiente. Sin ser malos (más bien al contrario), los discos del artista noruego publicados en Windham Hill tenían el defecto de la linealidad: trabajaba con unos registros muy concretos y claramente delimitados que el tiempo ha terminado por demostrar que eran insuficientes para Sevag. Creemos que tanto en “Close Your Eyes and See” como en discos más reciente como “Caravan” o “The Red Album” tenemos a un músico mucho más versátil y completo que el que pudimos disfrutar en sus años de mayor éxito popular. Aún tenemos demasiado fresco su trabajo más reciente, aparecido a comienzos de este año bajo el título de “Space for a Crowded World”, pero cuando lo hayamos madurado lo suficiente, tendrá su sitio aquí, al igual que los discos en Windham Hill o Hearts of Space que nos parecen, a pesar de lo dicho anteriormente, notables en general.

Como es costumbre por estos pagos, os dejamos un par de enlaces en los que comprar el CD si lo creéis oportuno:

amazon.es

play.com

 

sábado, 17 de marzo de 2012

Oystein Sevag and the Global House Band - The Red Album (2010)



Aunque el músico noruego Oystein Sevag desapareció en cierto modo de la primera linea con el declinar de la llamada música “new age”, ha seguido publicando trabajos realmente notables. Tras sus exitosos discos con el sello americano Windham Hill, a mediados de los noventa y tras un disco como “Bridge” distribuido por otro gigante de la “new age” como era Hearts of Space, el teclista abandonó los grandes sellos y comenzó a trabajar a pequeña escala reduciendo notablemente su producción discográfica. En 1999 se trasladó a Alemania donde comenzó a trabajar en el campo de la musicoterapia con la psicóloga Katharina Martin. Así, desde el cambio de siglo sólo han sido tres los discos que nos ha regalado el músico. Tras “Caravan” (2005), Sevag regresa a su Oslo natal.

Hoy nos vamos a centrar en el último de ellos, aparecido en 2010 y firmado por Oystein Sevag and the Global House Band bajo el título de “The Red Album”. El disco apenas tuvo repercusión fuera de Noruega, lo que no deja de ser una lástima porque se trata de una de las mejores colecciones musicales que nos ha dejado su autor, muy por encima de sus discos más populares que, siendo magníficos en general, no alcanzan el nivel de excelencia de éste último lanzamiento.

“Phoenix” – El tema que abre el disco no parece traer muchas sorpresas al oyente conocedor de la música del noruego con un comienzo ambiental y algunas florituras sintéticas hasta la aparición de las cuerdas (cello y violín) que le dan un aire misterioso. No tarda en aparecer una batería que anuncia el primer cambio importante, marcado por el duelo bajo-piano en el que Marius Melhuus sigue la estela del excelente Jan-Erik Salater, bajista habitual de Sevag en los años anteriores. A partir de ahí el protagonismo recae en la veinteañera violinista Sara Ovinge con una intervención de tintes barrocos para cerrar el tema.

“Dido’s Last Waltz” – Continúa el trabajo con una de esas meditativas melodías de saxo que, de vez en cuando, nos regala Sevag. El tema es un clásico trío jazzistico de piano, batería y viento con un cierto aire porteño, o, al menos, eso nos parece recordandonos al mejor Lito Vitale.

“Battering Ram” – La cosa cambia manteniendose dentro del jazz pero en los territorios del jazz fusión de los años setenta. Un poco de Miles Davis y Coltrane por aquí, algo de Weather Report por allá aunque con algunos elementos distintivos propios como el bajo, más cercano a géneros como la música electrónica o una batería que pisa territorios progresivos en la linea de un Gavin Harrison (Porcupine Tree, King Crimson). Un corte sensacional que nos muestra que el músico no desentona en absoluto metido a jazzman.

“Gleam of Light” – En claro contraste con su precedente, el siguiente corte es de los más reposados del disco con un fondo leve de teclados y una delicada melodía de piano. En discos anteriores como “Link” ya habíamos escuchado este registro del sintesista y siempre nos resulta agradable pero la cosa no queda ahí. El tema se despide con unos momentos percusivos que nos traen a la memoria trabajos del gran Jan Garbarek con Manu Katche a la batería.

“Five to Three” – Como corresponde tras un tema suave, volvemos al jazz-fusión más clásico con una de las piezas más brillantes del disco. Nadie diría, escuchando temas como “Batering Ram” o éste último, que estamos escuchando a un sintesista de la fría Noruega acompañado de una banda de compatriotas y no a una sofisticada banda norteamericana en plena jam-session.

“Argento” – El título del tema podría poner en guardia al oyente más avispado de por dónde van los tiros en esta pieza y es que, en efecto, el gran Astor Piazzolla parece aparecersenos deslizandose entre las notas de un saxofón impostor que ha ocupado el sitio de su bandoneon. A pesar de su querencia por tipos de música realmente diversos, no habíamos escuchado aún a Sevag en estos territorios en los que, una vez más, de desenvuelve con soltura.

“Visit” – El didjeridoo es un instrumento que ha llamado la atención a músicos de todo tipo, lo que no deja de sorpender dada la aparente poca expresividad que ofrece al oyente. Sin embargo, en combinaciones tan antinaturales como la que nos muestra esta pieza, a dúo con un violín clásico, su característico aire misterioso se vé potenciado enormemennte. Si a eso unimos unos destellos brillantes de sintetizador y la aparición de los saxos y las percusiones terminamos por encontrarnos ante un tema de aires rituales, casi iniciáticos, muy extraño pero que funciona.

“Fragments of a Big Picture” – Y ya acercandonos al final del disco, entramos en territorios turbulentos con uno de los temas más arriesgados del disco. Curiosamente, la melodía principal es más que reconocible y tiene todas las características de muchas de las anteriores del músico pero es todo el acompañamiento de la misma y el tratamiento de los instrumentos el que reviste a la pieza de un carácter vanguardista del que sólo encontramos ejemplos comparables en alguna de las piezas de la encarnación para los noventa de King Crimson (o en alguno de los ProjeKcts, ya puestos). Con este relativamente extenso tema, Sevag nos demuestra que aún le quedan territorios interesantes por explorar y, lo más importante, parece estar dispuesto a internarse en ellos.

“Waves of Tomorrow” – Para el cierre del trabajo, Sevag renuncia a toda sorpresa y nos deja una preciosidad de tema en la linea de alguno de sus más clásicos desarrollos de discos como el citado “Link” o “Global House”. Un tema, en el buen sentido de la palabra, bello (si se nos permite la paráfrasis con los célebres versos de Machado).

El músico noruego Oystein Sevag


Aunque en sus mejores años, Oystein Sevag alcanzó una cierta popularidad y grabó varios discos para uno de los principales sellos de música “new age” en los noventa, nunca alcanzó el estatus de superestrella como otros teclistas de aquel momento (y pienso en Yanni o David Arkenstone, por ejemplo) aunque su talento es, en nuestra opinión, muy superior al de la mayoría de ellos. Cualquiera de los trabajos del músico es altamente recomendable pero hoy os sugerimos el más reciente por la variedad de estilos y el nivel de excelencia alcanzado en todos los aspectos. La relación de músicos que intervienen en el disco como miembros de la Global House Band es la siguiente: Oystein Sevag (piano, teclados), Petter Wettre (saxofones), Andreas Bye (batería), Ole Marius Melhuus (bajo, cello), Zotora Nygard (didjeridoo), Sara Ovinge (violin), Bendik Hofseth (saxofón), Eivind Aarset (guitarra eléctrica), Audun Erlien (bajo), Paolo Vinaccia (batería).

Podeis adquirir el trabajo en formato físico aquí:


Os dejamos con un fragmento del concierto de presentación del disco en Oslo. "Fragments of the Big Picture"

lunes, 27 de junio de 2011

Oystein Sevag - Private Collection [Electronic Landscapes 1983-1990] (1999)


Oystein Sevag es un teclista noruego que hizo fortuna en los años del auge de la música "new age". Esta afirmación, sin dejar de ser cierta, es una pobre introducción para aquel que quiera hacerse una idea del trabajo del músico y en modo alguno le haría justicia. Es cierto que fue a finales de los 80 cuando el músico publicó su primer LP, titulado, poéticamente, "Close Your Eyes and See" y también lo es que, especialmente gracias al éxito del tema "Horizon", Sevag accedió al mercado americano a través del sello Windham Hill del que ya hablamos aquí tiempo atrás.

Sin embargo, Sevag es un músico completísimo. Sus estilos abarcan desde la electrónica más o menos convencional hasta el jazz, pasando por elementos de folk nórdico y esquemas clasicistas. No obstante, hoy nos vamos a centrar en uno de sus discos menos convencionales. Se trata de una recopilación aparecida en 1999 bajo el título de "Private Collection" en la que se nos muestran varias obras, en clave electrónica, del Sevag anterior a su primer LP. Encontramos aquí la faceta más experimental y menos conocida del nórdico con composiciones que nos recuerdan al Vangelis de "Beaubourg" como "The Hourglass" que abre el disco junto a temas más ambientales o, como el propio Sevag indica en el subtítulo del disco, paisajes electrónicos.

En La Voz de los Vientos creemos que Sevag es uno de los músicos más interesantes de entre los que surgieron bajo el indeterminado manto de la new age por lo que estamos seguros de que volverá a aparecer por aquí en el futuro. Valga como muestra de sus inicios el disco que dejamos hoy.

No nos ha resultado nada fácil encontrar alguna tienda online en la que adquirir el disco y los resultados han sido excesivamente caros a nuestro juicio. Aunque el trabajo está disponible en forma de descarga en las más famosas plataformas como itunes o en las tiendas de amazon, dejamos también un enlace para los que querais probar con el disco físico:

cdandlp.com

Tampoco nos ha sido posible encontrar algún fragmento para una escucha previa aunque en la web de amazon.com están disponibles escuchas de todos los cortes del album:

The Hourglass