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domingo, 28 de septiembre de 2014

The Pat Metheny Group - Still Life (Talking) (1987)



Es curioso cómo en el mundo de la música existen discos que son capaces de crear auténticas facciones enfrentadas entre los fans de un artista en concreto (y usamos el término “fan” con toda la intención). Mientras que unos los consideran una obra maestra, los otros los tienen por auténticos sacrilegios que hacen que el músico en cuestión pase a la lista de los ignorados, aunque es habitual que un tiempo después esta situación se revierta (bien porque el fan cambia de opinión, bien porque el artista vuelve al redil). Ocurrió con “Bringing It All Back Home” de Bob Dylan, “Trans” de Neil Young, “You’re Under Arrest” de Miles Davis o “Achtung Baby” de U2.

El disco que hoy tenemos aquí podría formar parte también de esa lista. En su momento supuso una ruptura con la trayectoria anterior de su autor en muchos aspectos. El primero de ellos y quizá el que explica los demás, es la ruptura del músico con un sello como ECM. Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de la editorial de Manfred Eicher, una fuente inagotable de buena música durante décadas cuyos discos tienen una pátina de calidad indiscutible aunque eso encierra también cuestiones algo más oscuras. Llegó un momento en que Pat Metheny, uno de los músicos estrella del sello, se cansó de algunas de las normas establecidas por Eicher y decidió abandonar la discográfica. Se habían producido cambios en la forma de pensar del guitarrista que, tras una estancia en Brasil se planteó un giro en su música, que incorporaría a partir de ese momento nuevos elementos latinos y eso requería la participación de más músicos y un proceso de creación, grabación y producción mucho más elaborado y cuidado. Ahí es donde se produce el choque con ECM, partidarios de un proceso de creación musical mucho más espontáneo y directo (se dice que los artistas disponían de dos días para grabar y de un tercero para realizar los retoques necesarios sobre la grabación y que esto no era negociable). Metheny no asumió esas condiciones y abandonó el sello tras publicar “First Circle” en 1984 para firmar con Geffen tras un par de trabajos muy concretos con otros sellos.

Para el nuevo disco, titulado “Still Life (Talking)”, el Pat Metheny Group iba a experimentar una ampliación incorporando a los habituales Lyle Mays (teclados), Steve Rodby (bajo, percusión), Pedro Aznar (voz, percusiones, guitarras) y Paul Wertico (batería, percusión) las voces y la percusión de Armando Marçal. La ausencia por cuestiones de agenda (era un músico muy solicitado en aquel entonces) de Pedro Aznar fue reemplazada de modo puntual en este disco por las voces de Mark Ledford y David Blamires.

Portada del single de "Last Train Home"


“Minuano (six eight)” – El disco da comienzo con una pieza escrita a dúo por Metheny y Lyle Mays, lo que queda en evidencia en el momento en que escuchamos las armonías vocales de los primeros instantes que hacen las veces de introducción hasta la entrada de la sección rítmica, perfectamente construida de manera que va creciendo de forma paralela al resto de la pieza. Es indudable que Lito Vitale aprendió mucho de la forma de componer de Mays y cualquier seguidor del argentino reconocerá en muchos fragmentos de esta pieza las bases de gran parte de la obra del músico en los años posteriores. Volviendo a la composición, en ella escuchamos una versión de Metheny reconocible para sus seguidores pero enriquecida con un montón de elementos nuevos que llevan su música a otra dimensión. En la parte final escuchamos una preciosa sección con el protagonismo de los teclados de Mays absolutamente rompedora que nos deja con muchas ganas de escucharla evolucionar durante más tiempo del que lo hace antes de regresar al tema central, de claro aire brasileño.



“So May it Secretly Begin” – Aunque la guitarra sigue siendo la principal protagonista, la aparición de una sección de cuerda (suponemos que sintética, ya que no aparece acreditada en el disco) revela el cambio que estaba experimentando el sonido de la banda. El toque latino sigue muy presente, especialmente en el piano y la guitarra acústica aunque quizá apreciamos una cierta falta de músculo en una pieza que en momentos suena peligrosamente cercana al “smooth jazz”.

“Last Train Home” – Llegamos al punto culminante del álbum. La pieza que elevó a Metheny a los altares, que saltó del disco a las sintonías de televisión y radio haciendo que prácticamente todo el mundo esboce un gesto de reconocimiento cuando comienza a sonar el metronómico ritmo de las escobillas de Paul Wertico instantes antes de que la guitarra-sitar de Metheny comience a ejecutar una melodía inolvidable. A partir de ahí, todo es magia y la banda se conjunta de manera impecable a partir, especialmente, de los elegantes teclados de un Mays en estado de gracia. Una obra maestra sin paliativos que se iba a convertir en un clásico instantáneo.



“(It’s Just) Talk” – De nuevo Brasil se hace presente en el disco empapando toda la sección rítmica de un tema en el que, de nuevo, las voces tienen un protagonismo importantísimo. Más allá de eso, la pieza nos muestra al Metheny más conocido en plena transición aún hacia ese nuevo sonido con influencias del sur que culminaría un poco después en su disco “Secret Story”.

“Third Wind” – Segunda pieza escrita por Metheny y Mays en el disco y, sin duda, la más frenética del mismo con un ritmo desatado desde el comienzo que convierte a sus protagonistas principales (Paul Wertico y Armando Marçal) en las auténticas estrellas del tema. Metheny, a pesar de la altura de alguno de sus solos, no es sino un acompañante de lujo. Steve Rodby, muy contenido durante todo el disco, hace aquí también una labor impresionante.

“Distance” – Lyle Mays firma en solitario la pieza más breve del disco. Se trata de un interludio electrónico más cercano al “ambient” y a la música clásica más vanguardista que al jazz por lo que su inclusión en el disco choca bastante al no terminar de encajar con la filosofía de este aunque tomada de modo aislado es una composición notable.

“In Her Family” – Cerrando el trabajo encontramos un tema íntimo en el que la guitarra acústica se da la mano con el piano para construir una pieza casi impresionista de esas con las que Metheny nos obsequia de cuando en cuando. Mientras avanza el tema se van incorporando distintos elementos como una suave percusión y algunos sonidos de cuerdas muy evocadores.

Cuando apareció el siguiente disco del Pat Metheny Group, “Letter from Home”, se habló de que cerraba la trilogía latina iniciada con “First Circle” y de la que el disco que hoy hemos comentado sería el segundo volumen. Lo cierto es que esto no iba a suponer un regreso al Metheny anterior tras la publicación de aquel disco ya que la mayoría de los elementos que se habían incorporado a la paleta sonora del guitarrista iban a permanecer en su música prácticamente hasta nuestros días. “Still Life (Talking)” es un gran disco que no podemos dejar de recomendar y una pieza de la categoría de “Last Train Home” debería estar en la discoteca de todo melómano que se precie. En su momento, como comentamos al principio, el trabajo suscitó cierta polémica entre los fans que consideraron que Metheny había "dulcificado" su sonido con la intención de vender más discos y hubo muchos de ellos que se bajaron del barco considerándose en cierto modo traicionados. Al mismo tiempo y a partir de la popularidad alcanzada por el single "Last Train Home", muchos otros aficionados se sumaron a la lista de seguidores del guitarrista en adelante. Sin entrar en demasiadas discusiones, ya que a nosotros nos gustan tanto el "nuevo" Metheny como el anterior, escogemos disfrutar de toda su música sin complejos. Aquellos interesados en hacerse con el disco lo pueden adquirir en los enlaces de costumbre.


amazon.es

rakuten.es (disco100)

Nos despedimos con una rara actuación del grupo en la RAI interpretando "(It's Just) Talk" en directo:


miércoles, 22 de mayo de 2013

Pat Metheny Group - Letter from Home (1989)




ECM es un sello que se ha caracterizado por un sonido propio, unos altos niveles de calidad y una personalidad muy marcada en todas y cada una de sus grabaciones. Dentro de mismo han tenido cabida multitud de estilos, desde la música clásica al jazz más vanguardista y no son pocos los discos maravillosos que han surgido bajo su etiqueta en las últimas décadas. Dentro de las características que forman parte de la “marca” ECM se encuentra una cierta frialdad en buena parte de la música publicada por el sello, una elegancia y sobriedad que no hace demasiadas concesiones a determinado tipo de expresiones musicales. Intuimos que esto tuvo que ver con la salida de uno de sus artistas “estrella” a mediados de los años 80: Pat Metheny. Afirmaba el guitarrista que la política artística de la compañía era muy restrictiva en muchos sentidos: “Grababas en dos días y tenías un tercero para hacer las mezclas. Ese era tu disco. Ya fuera mejor o peor, te gustase más o menos, ese era tu disco”.

Es probable que no fuera ese el único punto en que Metheny no se sintiera cómodo con ECM ya que, una vez abandonado el sello, su música experimentó un giro importante incorporando multitud de elementos latinos, procedentes, principalmente, de Brasil y Argentina, lo que se vio reforzado por la incorporación del percusionista Armando Marçal a la formación. La otra gran novedad sí tenía que ver con el tiempo disponible para grabar y mezclar el disco porque, a partir de la firma con Geffen, los discos ganan en riqueza instrumental y en producción. Hay una importante discrepancia entre los aficionados en este punto ya que, a menudo, existe una gran división entre los partidarios del Metheny de ECM y el posterior, al que acusan de dulcificar su propuesta musical, haciéndola más comercial y menos auténtica. Siendo como somos admiradores de ambas vertientes de la música del guitarrista norteamericano, nos cuesta alinearnos con una u otra postura aunque tenemos que confesar que los discos de la etapa “post-ECM” se encuentran entre nuestros favoritos de entre los publicados por el Pat Metheny Group.

Hoy hablamos del segundo disco del grupo en Geffen, titulado “Letter from Home”, aparecido un par de años después del exitoso “Still Life (Talking)”, primero con la nueva formación de la banda. Para “Letter from Home”, Metheny contó con Lyle Mays (todo tipo de teclados, acordeón y trompeta), Steve Rodby (bajos), Paul Wertico (batería, percusiones), Pedro Aznar (voz, guitarra, marimba, vibráfono, saxo tenor, charango, melódica, flautas y percusiones) y Armando Marçal (percusión). Destaca el regreso de Pedro Aznar al grupo tras su ausencia en el disco anterior.



“Have You Heard” – El clásico sonido de piano de Lyle Mays abre el disco con un ritmo sincopado al que no tardan en sumarse las percusiones y los sintetizadores componiendo una amalgama de sonidos de jazz latino acentuados por la voz de Pedro Aznar tarareando una melodía que refuerza a la principal. Es entonces cuando aparece por primera vez la guitarra de Metheny dibujando sus característicos arabescos. El disco comienza así de un modo maravilloso que no es más que el prólogo de una gran experiencia.

“Every Summer Night” – El piano cambia de función para convertirse en un elemento casi exclusivamente rítmico siendo el acordeón y la melódica los instrumentos protagonistas de un segundo corte alegre aunque con un punto tópico. En cualquier caso se trata de una escucha muy agradable en la que, como siempre, destaca el solo final del propio Metheny y las intervenciones de Mays al piano y también al órgano en la segunda parte de una pieza que mejora mucho en ese tramo. La música ideal para dar un paseo, por ejemplo, en una noche de verano.

“Better Days Ahead” – Escuchamos aquí a un Metheny completamente rendido a los ritmos brasileños, con una samba (o una bossa nova algo acelerada, no nos queda claro) en la que sólo las percusiones acompañan a su guitarra en un primer instante hasta que, más tarde, los teclados repiten la melodía inicial.

“Spring Ain’t Here” – Tras un comienzo en el que creíamos que los aires del cono sur iban a seguir siendo protagonistas absolutos, descubrimos que las percusiones del inicio no iban a disimular lo que no deja de ser una pieza de jazz a la guitarra en la que el elemento latino es sólo un aderezo más. Una vez más, el magisterio de Lyle Mays al piano es de lo mejorcito de una composición que se cuenta entre las mejores del disco.

“45/8” – Entramos ahora en un pequeño segmento de tres piezas cuya autoría es compartida entre Metheny y Mays, todas ellas llevando por título exclusivamente notaciones rítmicas. La primera es de muy corta duración y nos presenta una melodía muy viva con similitudes con algunos fragmentos de “West Side Story”. Demasiado breve, en cualquier caso, como para profundizar mucho más.

“5-5-7” – Tras el breve interludio, regresamos al jazz tal y como lo concibe la pareja Mays / Metheny en otra pieza con el inconfundible sello de la casa que transcurre por los cauces más o menos convencionales hasta el segmento final en el que se acelera y en el que el teclista da una auténtica lección de buen hacer. No es de extrañar que Lito Vitale se haya declarado en muchas ocasiones “fan” de Mays porque su música no habría sido la misma sin su influencia.

“Beat 70” – Otro de los temas “insignia” del disco es este festivo corte de un ritmo contagioso, cercano al calypso que nos recuerda mucho al Mays del disco “Street Dreams”, aparecido un año antes que el disco que hoy nos ocupa. Sin duda, una de las mejores composiciones del disco y también una de las más interpretadas por el músico en los años posteriores.

“Dream of the Return” – Lo habitual es que las intervenciones vocales de Pedro Aznar junto a Pat Metheny no tengan texto pero aquí tenemos una excepción en la que el argentino canta una letra propia en español. Se trata de una balada de ritmo quedo que no llega a engancharnos aunque no deja de ser una interesante curiosidad. Metheny no se ha prodigado mucho con las canciones pero no olvidemos que un tiempo después de este disco, jugó un importante papel en el lanzamiento de la vocalista Noa.

“Are We There Yet” – La única composición propia de Mays en todo el disco es también la más arriesgada del mismo. Con una intrincada estructura rítmica llena de variaciones y cambios, Mays y sus teclados construyen una maraña realmente brillante que pasa del jazz a la fusión y al rock progresivo sin despeinarse dejándonos realmente abrumados hasta terminar con un misterioso pasaje electrónico cercano al ambient.

“Vidala” – También Pedro Aznar tiene su pequeño espacio reservado y lo aprovecha con esta composición propia, basada en el folclore tucumano. Una vidala es una composición poética que sólo ocasionalmente se acompaña de música (siempre de percusión, caja o tambor y, a veces, de guitarra). Aznar respeta ese esquema y añade algunos teclados y flautas aunque sorprende un poco que cante en inglés. Aunque contrasta mucho con el estilo del disco y del propio Pat Metheny Group, la composición es brillante y nos parece muy acertada su inclusión en el disco.


“Slip Away” – Por un momento nos parece habernos confundido de disco y haber pasado al “Tango in the Night” de Fleetwood Mac por la similud del comienzo de la pieza con el “Big Love” del grupo de Stevie Nicks. Bromas aparte, al margen de la coincidencia rítmica, la composición de Metheny tiene todas las características habituales de su música y, en especial, las de la nueva encarnación del Pat Metheny Group.

“Letter from Home” – Para la conclusión, Metheny deja la que, a nuestro juicio es una de las mejores piezas de toda su carrera. Una delicadísima balada de aires impresionistas, contenida, íntima y de una belleza arrebatadora que sirve para recordarnos que muchas veces no es necesario ningún tipo de exceso instrumental o virtuosismo para crear música maravillosa.


Como apuntábamos antes, “Letter from Home” supuso un punto de inflexión en para muchos seguidores de Metheny. Existe una facción que nunca le perdonaría el giro hacia los sonidos latinos y la “dulcificación” (otros dirían comercialización) de su estilo. Otros asumieron el cambio como algo normal y seguramente hay también un nutrido grupo de personas que empezaron a conocer al guitarrista precisamente a raíz de este giro. Nosotros no creemos que el cambio fuera tan radical y ayuda a esa idea el considerar la trayectoria de Metheny en esos años en conjunto, teniendo en cuenta, no sólo sus discos con el Pat Metheny Group, efectivamente inscritos en un estilo más asequible, sino también los demás lanzamientos del músico con otras formaciones entre los que encontramos ejemplos del jazz fusión más vanguardista y arriesgado (“Song X”, junto a Ornette Coleman) y también más clásicos (“Question and Answer” con Dave Holland y Roy Haynes). El aficionado a Metheny de toda la vida seguía teniendo dónde escoger al margen del Pat Metheny Group si no terminaba de agradarle el giro que experimentó la banda a finales de los ochenta. Como siempre, los interesados podeis comprar el disco en cualquiera de los siguientes enlaces:

amazon.es

grooves-inc.es

Nos despedimos con una versión en directo de "Have You Heard":


sábado, 23 de marzo de 2013

Pat Metheny Group - The Road to You (1993)




Tras la publicación de “Letter from Home” en 1989, el Pat Metheny Group se encontraba en uno de sus mejores momentos de creatividad lo que se reflejaba en sus conciertos de una forma más clara que en ningún otro sitio. Su gira europea de 1991 fue una buena prueba de ello y como fruto, el guitarrista norteamericano quiso regalar a sus seguidores un excepcional registro extraído de sus conciertos en Italia y Francia. La publicación de “The Road to You” tuvo lugar en 1993, conmemorando en cierto modo el décimo aniversario del primer disco en directo de la banda, “Travels”. La referencia a éste trabajo anterior no es casual ya que el DVD correspondiente a la gira de la que hoy hablamos lleva por título, no “The Road to You” como cabría esperar sino “More Travels” emparentando ambos registros.

La banda que acompañó a Metheny en la gira estaba integrada por sus eternos acompañantes, Lyle Mays (piano y teclados) y Steve Rodby (bajo) además de por Paul Wertico (batería), Armando Marçal (percusión, timbales, congas y voz) y Pedro Aznar (voz, guitarra, percusión, saxo, steel drums, vibráfono, marimba y melódica). Este sexteto era prácticamente la misma formación (con la adición de Aznar) que quedó configurada, precisamente tras la publicación de “Travels”, disco que supuso la despedida de la banda de Dan Gottlieb y Nana Vasconcelos con lo que, en cierto modo, Metheny hace un homenaje a toda una trayectoria de 10 años del “nuevo” Pat Metheny Group que, tras “The Road to You” sufriría una nueva remodelación.

Portada del VHS (luego DVD) de la gira

“Have You Heard” – Uno de los factores que contribuyó al extraordinario éxito de la gira del Pat Metheny Group fue el gran conocimiento que tenía el público europeo de la música del grupo. En la introducción del disco podemos apreciar cómo durante unos breves instantes, los asistentes a uno de los conciertos tararean al unísono el tema “Minuano” del disco “Still Life (Talking)”. Justo a continuación comenzamos a escuchar el primer corte del disco, extraído del LP “Letter from Home”, el más representado, por otra parte, en este registro en directo. Lo primero que nos sorprende es la excepcional nitidez de la grabación que suena como si estuviera realizada en el más moderno de los estudios. La entrega del público es total y se pueden escuchar ovaciones ante la intervención de alguno de los intérpretes en momentos puntuales.



“First Circle” – Continúa el programa con la única pieza procedente del disco homónimo “First Circle”, una composición con un comienzo que mezcla sonidos brasileños (esa manera de cantar de Armando Marçal es inconfundible) con ritmos vanguardistas que deben mucho a Steve Reich (con quien Metheny llegó a colaborar en estos años). A partir de ahí encontramos ese “nuevo” sonido que caracterizó esta etapa de la banda del guitarrista norteamericano, con una importante influencia de los sonidos del cono sur pero sin caer en los tópicos del jazz latino y similares; manteniendo por el contrario toda la esencia del estilo de Metheny y su grupo, lo que es tanto como decir de Metheny y Lyle Mays. No es gratuita esta mención al pianista puesto que es suya la mejor intervención de toda la pieza, absolutamente dominada por su maestría con las teclas.

“The Road to You” – Hasta tres nuevas composiciones estrenadas en la gira forman parte del repertorio de este disco. La primera que escuchamos es, precisamente, la que le da título. Se trata de una pieza melancólica en la que Metheny y su guitarra caminan por senderos absolutamente relajados en los que no podemos evitar notar un cierto regusto a Astor Piazzolla, referente inevitable en la música de tantos artistas que han quedado hechizados por los sonidos del sur. El acompañamiento de la banda es tan sutil que pasa desapercibido por momentos y sólo alguna percusión furtiva y los sintetizadores de Mays se hacen notar en instantes determinados.

“Half Life of Absolution” – El segundo de los temas nuevos es una composición monumental que recibió varias nominaciones a distintos premios. En ella escuchamos a un Metheny más agresivo de lo habitual, con un sonido de guitarra electrificado cortante y amenazador. En estos primeros instantes, la pieza transita por caminos que tienen más puntos en común con el blues que con el jazz y, conforme va evolucionando, entra en terrenos rockeros (alguna crítica llegó a afirmar que el Pat Metheny Group se disfrazaba de King Crimson en esta pieza). Cuando la guitarra se toma un descanso, son los teclados los que toman el timón y corrigen el rumbo de la nave hacia aguas más jazzisticas a la vez que liberan al resto de instrumentos (particularmente a la batería) que propician una nueva aparición de la guitarra antes de llegar al gran final en el que Metheny saca una vena de bluesman que nunca ha explotado lo suficiente para regalarnos una melodía desgarrarada realmente brillante.



“Last Train Home” – Llega el momento de escuchar el que, probablemente, sea el tema más conocido de toda la trayectoria del Pat Metheny Group, publicado en el disco “Still Life (Talking)”. Estamos ante uno de esos casos en los que una melodía es tan poderosa que apenas necesita de aditamentos. En esta ocasión, simplemente un vivo ritmo continuo con las escobillas de Paul Wertico y unos ligeros apuntes vocales al final de la pieza (Brasil siempre presente) son el único refuerzo que acompaña a las notas más emotivas que nunca juntó Metheny sobre un pentagrama. Lo único que se puede añadir sobre la interpretación es que hace justicia a la calidad del tema.

“Better Days Ahead” – Volvemos al disco “Letter from Home” con uno de los temas más indisimuladamente brasileiros de toda la colección. En él, Metheny combina un clásico ritmo de samba con sus habituales fraseados a la guitarra. Un corte ante el que es muy complicado mantener los dos pies en reposo y que suena mejor aún que en su versión en estudio, viendose muy beneficiado por una ligera aceleración en su interpretación en concierto.

“Naked Moon” – Dicen las crónicas que tanto “The Road to You” como este “Naked Moon”, las dos baladas compuestas especialmente para la gira, fueron ambas concebidas por Metheny sin utilizar ningún instrumento en su creación: simplemente silbando. Como ocurría en la primera que ya comentamos, esta segunda pieza es otro tema de guitarra aunque en esta ocasión con mayor participación del resto de la banda. Es escuchando composiciones como ésta cuando nos damos cuenta de la enorme deuda que muchos músicos mantienen con Metheny estilísticamente hablando y pensamos, por ejemplo, en nuestro admiradísimo Lito Vitale.

“Beat 70” – El siguiente corte del disco es uno de los más festivos de los incluidos en “Letter from Home”, imbuído de ritmos latinos (calypso, básicamente), desprende una alegría contagiosa que se ve reforzada por el uso de determinados instrumentos, especialmente los “steel drums” caribeños.

“Letter from Home” – Acercandonos al final del disco nos encontramos con una de nuestras piezas favoritas del Metheny más íntimo, la sensacional “Letter from Home” que daba título a aquel disco. Por momentos, el músico se acerca a un sonido casi impresionista que nos llega a evocar alguna pieza para piano de Debussy, por citar un ejemplo. El único “pero” que se le puede poner al corte es su brevísima duración que nos deja con ganas de más.

“Third Wind” – Como preludio de la despedida, nos adentramos en terrenos más puramente jazzisticos (o al menos, tanto como puede serlo un disco del Pat Metheny Group) con otra pieza del disco “Still Life (Talking)” en la que el guitarrista se reserva alguno de sus solos más fulgurantes pero donde deja espacio para que el resto de la banda disfrute de su pequeño instante de exhibición personal de forma que podemos disfrutar en plenitud de las habilidades de Steve Rodby a los bajos y, muy especialmente, de una riquísima sección de percusión a cargo de Wertico, Marçal y Aznar que nos brindan momentos auténticamente frenéticos hasta el punto de que el público, tras terminar la pieza, se mantiene durante un tiempo tarareando la melodía principal de la misma.

“Solo from More Travels” – Cerrando el disco, tenemos una breve pieza de guitarra acústica grabada por Metheny en el estudio con la intención de que sirviera de preludio en la grabación en video que aparecería con los extractos de la gira. El tema sigue las mismas premisas de las otras composiciones escritas o silbadas expresamente para la gira salvo por el hecho de que ésta sí que está interpretada completamente en solitario por el guitarrista. Como cierre del disco, sirve para dejarnos con un sabor de boca inmejorable.

En muchos sentidos, la etapa que va desde 1983 hasta 1993 (la recogida en este CD) es la más popular del Pat Metheny Group en cuanto a aceptación por parte del público en general. Como suele ocurrir, para la crítica más purista, son unos años no demasiado apreciados en los que se suele acusar al músico de cierta “blandura” y de acercarse a planteamientos muy de moda en aquellos años (new age, world music, etc.) a costa de renunciar a su estilo particular. No compartimos esa opinión sino que, al contrario, creemos que a lo largo de estos años, Metheny fue encontrando un nuevo estilo propio que, por otra parte, ha sido imitado por muchos otros artistas. Además, y como señalábamos en alguna entrada anterior, los que preferían la versión más clásica y purista del músico o la más vanguardista y arriesgada pudieron disfrutar de ella en varios lanzamientos publicados al margen del Pat Metheny Group con lo que tampoco deberían tener motivos de queja al respecto.

En La Voz de los Vientos creemos que “The Road to You” es un magnífico resumen de una década de música a cargo de una banda magistral y que sirve por igual para deleitar al conocedor de la banda con versiones en directo más ricas si cabe que las originales y a quien busca introducirse por primera vez en el mundo musical de Metheny. Para ambos tipos de lectores dejamos los siguientes enlaces en los que adquirir el disco:


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Pat Metheny - Secret Story (1992)



Cuando apareció en las tiendas el disco “Secret Story” de Pat Metheny, los críticos más avispados apuntaron a que en él, se hallaba escondida una historia de amor que no llegó a cuajar y lo hicieron basándose en algunos de los títulos de las canciones y en un sonido y una melancolía especial que no podían surgir de un simple momento de inspiración sin algo más fuerte detrás. No andaban desencaminados en absoluto y es que la “historia secreta” oculta en la grabación fue el romance de Metheny con una guitarrista brasileña de nombre Shuzy Nascimento a la que conoció en un club de jazz de Río de Janeiro.

La parte triste de la historia fue que Shuzy no soportó una relación con una persona que daba 300 conciertos al año y termino poniendo fin al romance. La buena noticia es que de esa relación (y su ruptura) surgió un disco maravilloso. Probablemente, el mejor de su autor.

Aunque el disco aparece firmado por Metheny en solitario y la práctica totalidad de la música es de su autoría, en él participan un buen número de miembros del Pat Metheny Group así como gran cantidad de estrellas invitadas. Destacan entre los músicos acreditados nombres como los de Lyle Mays (piano), Charlie Haden (contrabajo), Nana Vasconcelos (percusión), Armando Marçal (percusión), Dan Gottlieb (percusión), Steve Rodby (bajo), Paul Wertico (batería), Andrew Findon (flauta), Toots Thielemans (armónica) o Akiko Yano (voz),  además de la presencia en todo el disco de la The London Symphony Orchestra dirigida por Jeremy Lubbock, quien, a su vez, hace las transcripciones de las músicas de Metheny para la misma.

En los años previos a la publicación del disco, el guitarrista había alternado trabajos con el Pat Metheny Group en su línea habitual con otros más puramente jazzisticos junto con Dave Holland, Ornette Coleman o Roy Haynes. “Secret Story”, sin embargo, iba a moverse por senderos diferentes. Hay similitudes con los discos firmados con su grupo pero el hecho de que sólo Metheny aparezca en la portada no es anecdótico y tiene que ver, tanto con el carácter autobiográfico de la obra como con la música en sí: una mezcla de todo tipo de géneros musicales e influencias de rincones del globo separados por miles de kilómetros entre sí.


Pat Metheny con su (casi) inseparable jersey de rayas blancas y azules.



“Above the Treetops” – Comienza este extraordinario viaje musical con una canción tradicional camboyana que se oye se fondo entre percusiones y el sonido lejano de la orquesta en segundo plano. La canción va ganando en intensidad hasta que llegamos al primer sólo de Metheny a la guitarra acústica: un apunte muy breve que apenas introduce una variación sobre el tema principal.

“Facing West” – No hace falta esperar mucho más para llegar a uno de los momentos más memorables de todo el disco, con la guitarra de Metheny unida al piano de Mays, como en los mejores tiempos del Pat Metheny Group. Todo ello aderezado con un ritmo muy vivo y una melodía tremendamente pegadiza que nos hace pensar inmediatamente en el clásico entre los clásicos del repertorio de su autor: “Last Train Home”, composición con la que comparte muchas características e inspiración. No en vano, la pieza fue escrita en la época del disco “Still Life (Talking)” al cual pertenece el tema anteriormente citado. Probablemente la presencia de aquel fue la que desaconsejó la inclusión de “Facing West” en el disco por ser dos temas excesivamente brillantes para compartir vinilo sin eclipsarse el uno al otro. El sólo del guitarrista a partir del segundo minuto es precioso y hace de este corte algo inolvidable y un sensacional “gancho” para acercar al disco a los más reticentes. A continuación, el tema en directo:



“Cathedral in a Suitcase” – Con un sonido de sintetizador acompañado de percusiones que bien podría estar influido por la colaboración de Metheny con Steve Reich de unos años antes se abre una pieza misteriosa por su carácter más ambiental que melódico, al menos hasta que la orquesta gana presencia hacia la mitad del corte. En líneas generales se trata de una de esas composiciones que nos mantienen en tensión esperando a que pase algo porque a cada momento va elevando el tono. Tanto es así que el precioso final orquestal nos llega a saber a poco en cuanto comprobamos que no es el gran cambio anunciado sino una especie de clímax a partir del cual, todo vuelve al punto de partida.

“Finding and Believing” – La gran complejidad del disco se pone de manifiesto más que nunca en este monumental tema para el que Metheny recurre a diferentes músicos en cada una de las secciones. Abre las hostilidades el bajo de Will Lee marcando con una serie de notas repetidas una base casi hipnótica. La irrupción de las percusiones y los efectos electrónicos nos arrastran en un auténtico torbellino en el que no sabemos a qué atenernos. Pocas veces ha sonado tan vanguardista la música de Metheny y, curiosamente lo hace recurriendo a elementos ancestrales en forma de voces y rítmos. A mitad de la pieza entramos en un pequeño remanso de tranquilidad en el que sólo escuchamos una suave percusión acompañando a la orquesta en un paisaje muy cinematográfico, si se nos permite la expresión, que sirve como enlace con la parte final de la pieza en la que escuchamos a la sección rítmica clásica del Pat Metheny Group con Steve Rodby al bajo y Paul Wertico a la batería recordándonos lo grande que fue esta formación en los años precedentes. De nuevo en directo:



“The Longest Summer” – La misma formación con apenas variaciones se repite en el siguiente corte, de aire más relajado en el que Metheny nos muestra que es capaz de defenderse sin problemas con el piano, instrumento encargado de la melodía principal antes de que aparezcan los clásicos sonidos de los sintetizadores de guitarra del músico norteamericano. El tema, que habría sido uno de los más destacados en cualquiera de los discos precedentes del músico con su grupo, aquí nos suena como uno más, dado el altísimo nivel del disco. Como en muchos de los cortes del trabajo, hay dos partes diferenciadas también en éste aunque la segunda no deja de ser una recapitulación en un tono algo más íntima de la melodía principal.

“Sunlight” – El hecho de que Metheny se prodigue mucho más de lo habitual en el piano tiene una parte mala y es que apenas hay hueco para escuchar a un grande como Lyle Mays cuya participación se reduce al segundo corte del album y a éste. Aunque comienza como un agradable tema de guitarras es, precisamente, con la entrada del piano cuando pasa a convertirse en un tema de jazz fusión muy americano en el que la intervención de la orquesta le da un divertido aire de sintonía de teleserie americana de éxito (Metheny declaró un tiempo después que se trataba de un particular homenaje a Burt Bacharach). No podemos decir que se trate de nuestra pieza favorita del disco pero se deja escuchar sin demasiados problemas.

“Rain River” – Cambiando totalmente de estilo con respecto a su predecesor, Metheny recurre a una sonoridad completamente diferente gracias a su sitar eléctrico y un sonido muy peculiar, mezcla de sintetizador, percusión y la flauta de un invitado especial como Andrew Findon, habitual integrante de un grupo tan ajeno en apariencia al estilo de Metheny como es la Michael Nyman Band. Aunque melódicamente no sea una composición especialmente llamativa, el peculiar sonido empleado crea un ambiente entre étnico y onírico absolutamente cautivador. Como no podía ser de otro modo hablando del artista que hoy nos ocupa, los solos que se reserva en los momentos centrales de todas las piezas son magníficos.

“Always and Forever” – La presencia del contrabajo de Charlie Haden nos indica que nos espera una de esas composiciones íntimas que Metheny nos suele regalar cuando se junta con su viejo amigo. Si añadimos la batería de Paul Wertico a la ecuación nos encontramos con un clásico trío jazzistico interpretando uno de los cortes más ortodoxos de todo el disco. El trabajo de la orquesta es como el de los buenos árbitros de fútbol. Sabes que están ahí pero en ningún momento interfieren en el desarrollo del juego. En los instantes finales aparece la armónica de Toots Thielemans, otro clásico, para poner la guinda a una composición excepcional.

“See the World” – No se aparta del sonido jazzistico el músico en el siguiente corte aunque vuelve a trasladarlo a su terreno aportando ese sonido tan característico e inconfundible con un cincuenta por ciento de guitarra y otro de sintetizador en el que a veces cuesta distinguir quién es quién.

“As a Flower Blossoms (I Am Running to You)” – Llegamos a esta breve transición, muy escueta, con unas simples notas de piano y guitarra y un ligero apoyo percusivo por parte de Nana Vasconcelos. Al final del corte aparece un pequeño recitado en japonés a cargo de Akiko Yano, quien aparece acreditada como co-autora del tema, siendo el único de todo el disco en el que no es Metheny el único responsable.

“Antonia” – Sobre todo el disco planea un aire brasileño pero el acordeón (en realidad un Synclavier) que abre el tema nos hace pensar en algo más porteño. Sin embargo, la referencia principal que nos viene a la cabeza no está en Buenos Aires sino en la excepcional versión que el sintesista japonés Isao Tomita hizo en 1974 del famoso “Arabesco” de Claude Debussy, al menos en cuanto a la sonoridad obtenida (incluso aparecen algunas flautas que parecen directamente extraídas de aquel disco). Una vez superada esa impresión inicial el tema evoluciona hacia terrenos más clásicos y cercanos al jazz especialmente con el sólo cristalino que Metheny se marca en los instantes finales.

“The Truth Will Always Be” – Llegamos a otro de los puntos culminantes del disco en el que su autor hace acopio de todos sus recursos para golpearnos en lo más íntimo. No hay guitarras y todos los sonidos, a excepción de las percusiones y la orquesta son electrónicos. Sin embargo, ninguna otra composición en todo el disco llega a este nivel de dramatismo. Toda la pieza se construye alrededor de un ritmo constante de tambor, casi procesional, Sobre él comienza a crecer una soberbia construcción orquestal de carácter progresivo en la que superponen capas y capas de sonido de un modo magistral. Si atendemos a un supuesto carácter narrativo en el disco, parece claro que estamos llegando a la fase en la que Metheny y Shuzy Nascimento ponen fin a su relación y escuchando el sólo final del artista con su sintetizador de guitarra no nos cabe duda de que el dolor que estaba sintiendo en aquel instante era el motor de la composición. La única duda que nos surge al respecto aparece cuando leemos que tanto esta pieza como la anterior pertenecían, en realidad, a un ballet escrito por el músico para una compañía canadiense meses atrás. Sea como fuere, la composición es sensacional.

“Tell Her You Saw Me” – Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el músico se reserva un final soberbio en forma de dos últimos cortes casi orquestales en su totalidad. El primero, un vals lento de gran belleza sólo incorpora la melancólica guitarra de Metheny subrayando los pasajes más emotivos y el arpa de Skaila Kanga como apoyo puntual. Con esas únicas excepciones a tener en cuenta, nos encontramos ante un tema magistral y lleno de melancolía. El título, “dile que me has visto”, hace que no sea necesario añadir ni una palabra más sobre la emotividad de la música que escuchamos.

“Not to be Forgotten (Our Final Hour)” – Casi como si de una coda al tema anterior se tratase, Metheny despide el disco con un breve fragmento absolutamente orquestal, que hace la función de los títulos de crédito tras una película. Se cierra el telón. Se encienden las luces. Termina el sueño y con él, la escucha de uno de los discos más grandes que hemos oído nunca, por encima de géneros y clasificaciones.

“Secret Story” fue un trabajo muy extenso cuya duración, en una época anterior al CD, le habría condenado a ser publicado en un vinilo doble. Eso no impidió que existieran aún varios temas que quedaron fuera del mismo por razones que se nos escapan. Hace unos años, apareció una nueva versión del disco con un CD adicional en el que se pueden escuchar hasta cinco descartes del disco original. Recomendamos su adquisición, algo que podéis hacer en los siguientes enlaces:



Nos despedimos con otra actuación especial, esta vez en Santiago de Compostela: