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jueves, 30 de abril de 2026

Arvo Pärt - I Am the True Vine (2000)



La producción discográfica de Arvo Pärt se ha centrado especialmente en el sello ECM pero también ha tenido una gran importancia su relación con Paul Hillier que dio como fruto un buen número de discos publicados por Harmonia Mundi. Como es normal, siendo Hillier cantante y director de sus propias formaciones corales (desde la Hilliard Ensemble hasta el coro Ars Nova pasando por el Theatre of Voices) sus grabaciones de Pärt se centran en la música vocal. Aquí comentamos ya en su día los discos “De Profundis” y “Creator Spiritus”, curiosamente el primero y el último publicados por Harmonia Mundi y dedicados íntegramente al repertorio del compositor estonio. Hoy vamos a hablar del segundo registro de Pärt aparecido en el sello y publicado en el año 2000 bajo el título de “I Am the True Vine”, en el que dos formaciones vocales, los mencionados Theatre of Voices y los Pro Arte Singers interpretan una selección de obras corales del que, para muchos, es el más importante compositor vivo.


“Bogoróditse Djévo” - La primera pieza del disco fue una comisión del King's College Choir de Cambridge para su “noche de villancicos”, que es una celebración que tiene lugar en muchos lugares de Inglaterra el tercer miércoles de diciembre. Se completó en 1992 y es la composición más corta del disco, apenas una miniatura de poco más de un minuto con una melodía maravillosa, dinámica y alegre, casi folclórica, de esas que queda durante un rato dando vueltas por la cabeza del oyente.


“I Am the True Vine” - Composición de la que escuchamos aquí la primera grabación mundial. Escrita en 1996 es una pieza profunda que nos remite a la polifonía medieval y renacentista con unas voces, las de los Pro Arte Singers, absolutamente celestiales. Realmente ellos son los protagonistas de la primera mitad del disco, interpretada en su totalidad por el coro.




“Ode IX, from Kanon Pokajanen” - Esta composición tiene su historia ya que se compuso en 1990 como pieza aislada y se estrenó en el mismo concierto en el que lo hizo la “Berliner Messe” pero más adelante fue incorporada al “Kanon Pokajanen” (1997) en una versión algo más corta. Continúa en a misma línea de la pieza anterior, con un profundo sentido litúrgico y una religiosidad extrema, como toda la obra de Pärt, especialmente la coral. Música para la penitencia pero despojada de todo dramatismo.


“The Woman with the Alabaster Box” - Otra de las obras que se grababan por primera vez en este disco, lo que también ocurre con la siguiente. Ambas, además, fueron un encargo de la Diócesis sueca de Karlstad y adaptan textos del Evangelio de San Mateo que se estrenaron en 1997. El estilo “tintinnabuli” de Pärt, presente en todo lo que hemos escuchado hasta ahora, nos muestra aquí su versión más pausada, casi estática en algún momento.


“Tribute to Caesar” - El hecho de que sean de la misma época y compuestas en el mismo encargo hace que las características de esta composición y de la anterior sean muy similares pero el esquema de esta tiene un enfoque algo distinto por cuanto se organiza como una especie de “in crescendo” sucesivo en el que cada pasaje y repetición sube un grado la intensidad antes de pasar al siguiente.




“Berliner Messe” - La misa se compuso en 1990 y fue escrita para cuatro voces y órgano y estrenada por el Theatre of Voices. Después, en 1992, Pärt la reescribió para voces y orquesta y esa era la versión que se solía representar desde entonces (y esa es la configuración en la grabación clásica del sello ECM). Con motivo de este disco que hoy comentamos, Paul Hillier sugirió que podría recuperarse el formato de órgano y Pärt re-adaptó el original en 1997 en una versión nueva que aquí interpreta, en las teclas, otro clásico de la obra de Pärt como es Christopher Bowers-Broadbent. Precisamente es el órgano el que pone la base sobre la que se escuchamos las cinco voces del Theatre of Voices en diferentes combinaciones. La soprano Ellen Hargis canta en todas las partes menos en el “Sanctus”. El contratenor Steven Rickards hace lo propio en las mismas secciones que Ellen menos en los dos “Aleluyas”. Paul Elliot, tenor, participa en toda la misa a excepción del “Veni ancte Spiritus” y el “Agnus Dei”. El otro tenor, Alan Bennett, participa en los dos “Aleluyas”, el “Veni Sancte Spiritus”, el “Credo” y el “Agnus Dei”. Precisamente los “Aleluyas” son las únicas partes en la que el propio Paul Hillier (quien, además de dirigir, canta) no aporta su voz de barítono. El resultado es que en todas las partes de la misa escuchamos cuatro voces pero en combinaciones y tesituras diferentes (en el Sanctus solo hay tres, como excepción que confirma la regla). Con el tiempo, esta parece haberse convertido en la misa más representativa del repertorio del compositor estonio aunque a nosotros siempre nos ha gustado más su predecesora: la “Missa Syllabica” lo que no quita que esta misa berlinesa sea magnífica y, en la versión de órgano, más solemne si cabe.




Si tuviéramos que recomendar un disco de Pärt a un oyente interesado en la música religiosa coral, probablemente esta sería nuestra elección aunque hay un gran número de grabaciones similares en cuanto al repertorio e igualmente de gran calidad. Quizá el punto diferencial es que Paul Hillier llevaba ya más de una década siendo uno de los grandes apóstoles de la música de Arvo Pärt en occidente y su relación con el compositor estonio no era de mero intérprete, sino de complicidad profunda. Eso le da un plus a esta grabación que la sitúa entre nuestras favoritas.

domingo, 21 de septiembre de 2025

Gidon Kremer & Naoko Yoshino - Insomnia (1999)



Nuestra relación con Gidon Kremer viene de muy atrás, como ya comentamos en una entrada de hace varios años. Violinista excelso además de intérprete muy activo e implicado con la música de su (nuestro) tiempo, es alguien de quien ahora podemos asegurar que no tuvimos la mejor introducción posible a su forma de interpretar. Le conocimos con una versión de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi dirigida por Claudio Abbado para Deutsche Grammophon lo que en aquel entonces era para nosotros garantía absoluta pero lo cierto es que su versión, correctísima, sin lugar a dudas, nunca llegó a enamorarnos. Menos aún cuando en años posteriores hemos conocido otras interpretaciones sublimes a cargo de Fabio Biondi o Giuliano Carmignola pero ese no es el tema de hoy.


Afortunadamente el violín de Kremer se ha cruzado con nosotros muchas más veces en todos estos años y en contextos mucho más favorables para su forma de tocar, a nuestro juicio, como son la música de Piazzolla, Kancheli, Gubaidulina, Glass o Pärt. En cualquier caso, la de intérprete no ha sido la única faceta importante en su relación con la música contemporánea. Tras dejar la Unión Soviética en 1981 y trasladarse a Alemania, creó el prestigioso Festival de Música de Cámara de Lockenhaus (Austria) y ha sido director de otros como el de Gstaad o el de Basilea. Además, fundó la Kremerata Baltica, una orquesta de cámara compuesta por jóvenes músicos de Estonia, Letonia y Lituania (Kremer es letón) y que ofrece del orden de unos 70 conciertos anuales. A día de hoy es una de las agrupaciones de referencia en su categoría.


El disco que traemos hoy aquí es bastante peculiar, tanto por el repertorio que contiene como por la configuración instrumental del mismo ya que recoge piezas para violín, arpa o para ambos instrumentos combinados con la adición de voz o de kugo (una especie de arpa japonesa) en alguna pieza. También hay varias transcripciones de obras creadas para otros instrumentos y adaptadas al formato de violín y arpa para la ocasión. La acompañante de Kremer en la grabación es la arpista japonesa (aunque nacida en Londres) Naoko Yoshino.


“Haru no Umi” – La primera pieza del disco es una obra del compositor japonés ciego e intérprete de koto, Michio Miyagi. Es una composición para violín y arpa de gran belleza en la que el violín de Kremer saca notas larguísimas que se retuercen en el tiempo jugando con esas melodías orientales tan características. La interpretación, tanto del violinista como de Yoshino es excepcional y nos mete de lleno en mundos musicales a los que, por desgracia, no estamos demasiado acostumbrados en occidente.


“Nocturne” - De ahí pasamos a la compositora finlandesa, Kaija Saariaho, otra de tantas alumnas de la Academia Sibelius, de la que aquí se incluye esta composición para violín solo. La relación entre Saariaho y Kremer es de admiración mutua, incrementada por el hecho de que la compositora empezó tocando el violín y siempre tuvo una cierta envidia sana a los grandes intérpretes del instrumento, entre los que Kremer era uno de sus favoritos. Además, la composición de este nocturno se produjo en los mismos días en los que Saariaho estaba escribiendo su “Graal Theatre”, un concierto para violín y orquesta pensado para el propio Gidon. Justo cuando se encontraba en medio de esa tarea, la compositora recibió la noticia del fallecimiento de Witold Lutoslawski e inmediatamente se puso a escribir esta obra en su honor.




“Stanza II” - Regresamos a Japón con uno de sus compositores más famosos, Toru Takemitsu, y esta pieza para arpa y cinta magnetofónica. En ella escuchamos fascinantes diálogos entre ambos elementos con las complejidades y la dificultad de comprensión propia de buena parte de la música académica del S.XX. No en vano fue creada en 1971 durante la estancia del músico en el IRCAM de París.


“Insomnia” - La obra que da título al disco es una extensa creación para violín, voces y kugo del japonés Yuji Takahashi, compositor y pianista renombrado que aquí nos muestra una pieza de gran sabor tradicional, acentuada por el uso de un instrumento como el kugo. Es una composición meditativa y pausada en su mayor parte en la que escuchamos, además, las voces de ambos intérpretes en determinados momentos.




“Le fils des étoiles (Preludio del primer acto)” - Japón y Francia se tocan en esta adaptación de la pieza de Erik Satie para flauta y arpa realizada por Takemitsu para el violín y el arpa de Kremer y Yoshino. Lo cierto es que el arreglo de Toru, aun siendo fiel al original, posibilita una serie de sonoridades en el violín realmente fascinantes con notas quebradizas que se extienden en el aire amenazando romperse. Una preciosidad.


“Cinque piccoli duetti” - Seguimos en Francia con esta obra de Jean Francaix escrita originalmente para arpa y flauta. Son cinco movimientos muy breves (preludio, pastorale, canzonetta, sogno y rondo) de corta duración, salvo el cuarto, ligeramente más extenso. El primero de ellos es juguetón, el segundo mucho más relajado y con un aire más impresionista mientras que el tercero es animado y jovial. El cuarto, por su parte, tiene más peso por parte del arpa y un cierto tono de canción de cuna mientras que el último de ellos vuelve a las frases veloces y al ambiente de cuento.


“Daphne Etude” - La parte más “clásica” del disco viene de la mano de este breve estudio para violín escrito por Richard Strauss y ejecutado de forma impecable por un Kremer que nos deja ya en un tramo final más centrado en artistas contemporáneos.


“Six Melodies” - El regreso al S.XX comienza con la adaptación de estas seis piezas de John Cage escritas en su día para violín y teclado. Ya hemos hablado en muchas ocasiones de Cage y de nuestro pensamiento de que es un autor infravalorado y muy desconocido por culpa, precisamente, de su obra más “popular” que eclipsa todo lo demás que hizo y provoca que el público en general no pase de la anécdota de una obra consistente en silencio. Ojalá el resto de su extenso legado vaya ganando el espacio que se merece. Estas seis melodías son una buena muestra de que hay mucha música que explorar en su producción.


“Spiegel im Spiegel” - Tenía que aparecer en la colección el estonio Arvo Pärt con una de sus obras más conocidas para violín y piano, adaptada aquí para los dos intérpretes del disco. Por lo demás, no hay demasiada diferencia con otras versiones que hemos comentado aquí.


“Il Padrino” - Se suma al programa, nada menos que Nino Rota con una de sus melodías más populares, esta vez interpretada al arpa en una versión preciosa y llena de lirismo. Hemos oído decenas de interpretaciones de este tema y la de Yoshino es, probablemente, nuestra preferida.




“Pantomima” - Cierra el disco uno de los movimientos de la “Suite in Old Style” de Alfred Schnittke en la que el arpa hace las veces del piano de la partitura original. Es una pieza muy clasicista, como sugiere su título, en la que Schnittke se acerca al sonido de otros compositores contemporáneos más centrados en la melodía y en la belleza formal que en la exploración, como sería el caso de Martynov o Silvestrov.



En la contraportada del disco aparece un texto descriptivo del contenido del mismo que reza: “No puedes dormir. Pones algo de música. Un violinista y una arpista están girando por todo el mundo y, de algún modo, acompañados por las cuerdas que ambos tocan, unas pulsadas y las otras frotadas, el mundo se convierte en un sitio más pequeño. Lugares y cosas que pensabas que eran muy distantes, el este y el oeste, la vanguardia y la tradición, América y Europa, de repente descansan juntas y comienzan a superponerse y coincidir”. Sabemos que son cosas del marketing pero en este caso, además de un reclamo publicitario, es una imagen muy precisa de lo que escuchamos aquí: Un encuentro entre mundos musicales muy diferentes que acaban encontrando puntos en común. Si queréis bucear en un mundo de contrastes dibujado por dos instrumentos que no suelen presentarse juntos, este disco es una buena elección.

miércoles, 11 de mayo de 2022

Pat Metheny - Road to the Sun (2021)




Definitivamente, el ritmo de publicación de Pat Metheny nos supera. Ya nos ocurrió con la anterior entrada que le dedicamos y que pretendía reseñar su último trabajo en aquel entonces pero que terminó apareciendo cuando ya estaba en nuestro poder el siguiente (el que traemos hoy al blog). Ahora se repite la historia y vemos a comentar un disco cuando ya ha publicado uno más. Bienvenidos sean ambos trabajos en todo caso y ojalá cuando le toque el turno a éste último, tengamos ya otro más que añadir a la colección.


Sea como fuere, el de hoy es un disco muy diferente a los demás. Para empezar, es un disco centrado casi exclusivamente en la guitarra. Eso no sería en sí mismo una rareza porque el músico norteamericano ya tiene varios discos así en su trayectoria pero lo que diferencia a este de los demás es que Metheny deja al margen su faceta de intérprete cediendo los trastos (¿deberíamos decir los trastes?) a otros guitarristas con la excepción de un par de momentos puntuales en los que se suma a los músicos y del tema final del disco que, ahora sí, es interpretado por Metheny en su totalidad aunque no se trate de una composición propia y figure etiquetado como “bonus track”. También cambia un poco el formato de las piezas ya que en lugar de temas cortos, Pat opta por dos largas suites divididas en cuatro partes la primera y en seis la segunda, al estilo de su “The Way Up”. La primera de las suites está interpretada por el guitarrista Jason Vieaux, prestigioso intérprete de guitarra clásica y admirador de Metheny, hasta el punto de que en 2005 ya había publicado todo un disco dedicado a la música de Pat, titulado “Images of Metheny”. La suite, de hecho, está compuesta por el músico especialmente para Vieaux. La segunda composición, que da título al disco, está ejecutada por los miembros del Los Angeles Guitar Quartet con el refuerzo puntual de Metheny en un par de momentos. Como en el caso de Vieaux, también habían grabado algunas piezas de Metheny en el pasado. Hechas las presentaciones, pasamos a “Road to the Sun”.


“Four Paths of Light” - La primera parte es veloz, alejada del Metheny jazzístico al que estamos acostumbrados y mucho más próxima a la música contemporánea con un ligero toque melancólico que lo relaciona con la versión más brasileña del guitarrista aunque de forma casi tangencial. Algo más clara es esa influencia en la segunda parte, más lenta e inmediatamente reconocible por el seguidor de Metheny. Una preciosidad a la altura de sus grandes piezas para ECM en los setenta y ochenta. La tercera sube de nuevo el ritmo y busca una melodía más directa que funciona de maravilla. Toca ahora hablar de la interpretación de Vieaux, absolutamente impecable y a la altura de la música, lo cual es mucho decir puesto que estamos ante un Metheny en estado de gracia como si el tiempo no hubiera pasado por él en todos estos años. Para el cierre, opta por cambiar el estado de ánimo para meterse en profundidades propias de Piazzolla con un aroma porteño que confirma la presencia en la obra de las dos grandes influencias ajenas al jazz en la música de Metheny.





“Road to the Sun” - La segunda suite empieza de modo tranquilo con Brasil filtrándose por todas partes una vez más. Aunque comienza como un tema solista , poco a poco va ganando espesor con paulatina adición del resto de miembros del cuarteto de guitarras. La segunda parte busca más la melodía y se acerca más a los clásicos de la guitarra española como Tárrega pero siempre convenientemente filtrado por el particular cedazo de Pat, especialmente en la parte final. El siguiente movimiento opta por un enfoque íntimo y un desarrollo muy lento con un punto de misterio que viene muy bien en este momento del disco. Melancolía con algún requiebro rebelde que nos prepara para la cuarta parte. En ella entramos en registros más oscuros, de nuevo con regusto a tango salpicado con trazos impresionistas y una espectacular parte central absolutamente vanguardista en la que los miembros del cuarteto y el propio Pat llevan al límite las posibilidades sonoras de sus instrumentos. Sin solución de continuidad entramos en la penúltima parte de la suite en la que volvemos al sonido clásico del músico que se permite incorporar, quizá por primera vez, en la obra, uno de sus característicos solos jazzísticos antes de llegar al cierre, pausado y tranquilo como el Metheny de “One Quiet Night” o “What is it All About”.





“Für Alina” - Queda la sorpresa final, no tanto por el hecho de que Metheny interprete una pieza ajena sino por el autor de la misma. El guitarrista empuña su mítica guitarra de 42 cuerdas “Pikasso” y nos ofrece una versión extraordinaria de una obra, nada menos que de nuestro admirado Arvo Pärt. Originalmente se trata de una pieza para piano sumamente escueta, como buena parte de la música del compositor estonio. La versión de Metheny es impresionante y alcanza registros que son imposibles de lograr con el instrumento para el que fue escrita la obra. Cada nota resuena de un modo particular y se repite en ecos interminables jugando consigo misma hasta acabar convirtiendo este registro en una de nuestras versiones favoritas de la pieza. Ignoramos si Pärt ha llegado a escucharla pero estamos seguros de que le encantará.





Es una gran noticia que un músico de la extensa trayectoria de Pat Metheny siga publicando, no ya con gran regularidad, sino con un nivel de excelencia que no se halla muy lejos del de sus mejores días. Con muy contadas excepciones, los trabajos que ha editado en lo que llevamos de siglo no bajan del notable alto y muchos merecen el sobresaliente. En nuestra opinión, “Road to the Sun” se encuentra entre estos últimos sin lugar a dudas siendo, además, uno de los mejores discos publicados en el pasado 2021. No dudéis en darle una oportunidad si tenéis un rato. No os vais a arrepentir.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Arvo Pärt - The Symphonies (2018)



Hoy en día, Arvo Pärt es uno de esos extraños casos de compositor con un gran prestigio entre la crítica más ortodoxa pero que también goza de una notable popularidad entre el público no especialista. Llama la atención especialmente el segundo aspecto ya que su música no es, a priori, del tipo que más fácilmente llega a un número muy grande de aficionados. Es una obra muy meditativa, sin concesiones de ningún tipo a la comercialidad. Sus planteamientos son modestos, sus recursos, austeros; el propio Pärt está en las antípodas del artista mediático en cuanto a su comportamiento personal. Sin embargo, su producción es bastante conocida, sus obras se interpretan a menudo en los mejores auditorios, continuamente aparecen nuevas grabaciones de la misma en los sellos más prestigiosos y, de cuando en cuando, alguna de sus piezas se cuela en la banda sonora de una película de prestigio.

Pese a la abundancia de grabaciones, es difícil encontrar alguna que cumpla la función de antología que la obra del compositor estonio merece, ya que suelen centrarse en épocas concretas de su carrera aglutinando composiciones a menudo relacionadas y esto, cuando hablamos de un músico de la larga trayectoria de Pärt, siempre supone dejar muchas cosas fuera. Por todo esto es muy interesante el lanzamiento que comentamos hoy. La grabación, publicada por el siempre prestigioso sello ECM, recoge la integral de las sinfonías del músico. A priori, las sinfonías no son la parte más representativa de su producción. Cualquiera, al ser preguntado al respecto, pensaría antes en su música de cámara, en la coral e incluso en su obra para órgano pero en sus cuatro sinfonías encontramos algo que no hallaríamos en ninguna otra selección de su obra que atendiera a una determinada formación instrumental como criterio: la presencia de todos los estilos en los que la obra de Pärt podría encuadrarse en sus distintas épocas.

La primera sinfonía está fechada en 1963. En ella, Arvo Pärt utiliza técnicas dodecafonistas, algo avanzado desde el punto de vista de un compositor estonio en su época pero tachado de decadente por las autoridades soviéticas. Los dos movimientos, “Canon” y “Preludio y fuga” hacen pensar en formas barrocas pero forman parte del homenaje que el músico hacía en la obra a su profesor de contrapunto Heino Eller. La obra es muy poderosa y expresiva aunque en su momento quedó algo eclipsada por “Nekrolog” y “Perpetuum Mobile”, otras dos composiciones orquestales que llamaron la atención de la crítica (para bien y para mal, especialmente en el lado soviético).




Tres años más tarde llegó la “Sinfonía No.2”, partiendo de las mismas premisas que la primera. Al igual que aquella, no gustó en exceso a la maquinaria burocrática de la Unión Soviética y sus obras comenzaron a caer en desgracia. Especialmente tras estrenarse su “Credo” basado en el texto católico, anatema en un país comunista como la URSS. Pese a todo ello, la segunda sinfonía tiene grandes momentos e incluso fragmentos melódicos muy notables, especialmente en su tercer movimiento, que podríamos catalogar de “neoclásico”.




En aquellos años, el compositor entró en una fase de cambio personal que se reflejó en unos años de sequía compositiva. Se convirtió a la fe ortodoxa y se replanteó todos los conceptos alrededor de los que se movía su música. Miró atrás para encontrar inspiración en la música gregoriana, el canto llano y la polifonía de los siglos XIV y XV siendo todo esto muy apreciable en la tercera sinfonía, de 1971. A partir de ese momento, el compositor comenzó a explorar lo que luego sería su hallazgo más notable y por el que será recordado siempre: el llamado “tintinnabuli”, del que hemos hablado ya sobradamente en el blog.




Tras la tercera sinfonía, Pärt abandonó el formato orquestal durante mucho tiempo hasta que en 2008 compuso la que hasta hoy es su última sinfonía, la cuarta, subtitulada “Los Angeles”. Aunque el subtítulo parece hacer referencia a que la obra fue un encargo de la Asociación Filarmónica de la ciudad californiana, lo cierto es que tiene más que ver con un texto de la liturgia ortodoxa sobre los ángeles de la guarda. Pese a ser una obra enteramente instrumental, Pärt se basó en un texto religioso y su métrica y ritmo están en la base de la sinfonía.

Pese a que el sello ECM ya había publicado una grabación de la cuarta sinfonía, la que aquí escuchamos es nueva y corre por cuenta, como las de las otras tres, de la NFM Wroclaw Philharmonic bajo la batuta del estonio Tonu Kaljuste, uno de los directores de orquesta más destacados de ese país que es también la cuna de muchos de los compositores y directores más notables de los últimos años en el panorama clásico. Su interpretación de la obra de Pärt es exquisita y del todo recomendable, lo que hace de este disco una pieza imprescindible para el seguidor del compositor estonio y, por extensión, para el melómano interesado en la música contemporánea. Además, las dos primeras sinfonías no son sencillas de encontrar en otras versiones puesto que no han sido grabadas en demasiadas ocasiones y tampoco la tercera, algo más popular, abunda en exceso.


 

domingo, 13 de agosto de 2017

Arvo Pärt - Te Deum (1993)



Siempre fue una persona muy religiosa pero en la obra de Arvo Pärt esa temática no se hizo central hasta la década de los ochenta. Tiene que ver, claro, que una de sus primeras obras con foco en la religión, su “Credo”, fuera prohibida en la antigua Unión Soviética. Buscando una mayor libertad creativa el compositor se trasladó a Viena en 1980 y un año más tarde a Berlín. Allí comenzó a escribir música centrada en su fe hasta elaborar una extensa obra religiosa que está entre las más destacadas de su género de las de los artistas contemporáneos.

A su llegada a Austria el compositor firmó un primer contrato con Universal Edition, quizá la editora más importante de música contemporánea desde su creación en Viena en 1901 pero de cara a la popularización de su obra, el momento clave fue su asociación con el sello ECM de Manfred Eicher. Sucedió en 1984 y supuso el inicio de una fructífera relación que aún hoy sigue dándonos grandes obras.

Precisamente es uno de los discos publicados por ECM el que traemos hoy aquí. Recoge cuatro obras del periodo 1985-1991 y apareció dentro de la colección “New Series” que el propio Pärt inaugurara en 1984 con “Tabula Rasa”. La grabación corre por cuenta del Estonian Philharmonic Chamber Choir y la Tallin Chamber Orchestra dirigidos por Tono Kaljuste.

Arvo Pärt y Manfred Eicher


“Te Deum” - Nace como un encargo de Radio Colonia y es una de las obras religiosas más importantes de su autor. En ella utiliza técnicas procedentes de la música antigua, desde el canto polifónico renacentista hasta la música bizantina (utiliza, por ejemplo, un arpa eólica a modo de “drone” durante toda la pieza). Como ocurría en su “Passio” y se repetiría más tarde en el “Stabat Mater”, Pärt alterna las partes corales con las instrumentales en buena parte de la obra. El ritmo de la música está determinado por el propio texto y la puntuación del mismo define la duración de las notas. La parte final de la obra, en la que ambos coros se unen y aparece el piano preparado es de una gran fuerza y luminosidad constituyendo así uno de los momentos más brillantes de la obra de su autor. Pese a todo, su “Te Deum” es una composición que no ha sido grabada en muchas ocasiones por lo que entra en la categoría de piezas a reivindicar.




“Silouans Song” - Pese a lo que su título podría hacer pensar, esta obra de 1991 es completamente instrumental (de hecho, es la única de esas características de todo el disco). Es una obra para cuerdas que se relaciona con otras similares de ese mismo periodo del compositor estonio como “Trisagion” de 1992 o los distintos arreglos de la coral “Summa” realizados para diferentes combinaciones de instrumentos de esa familia.

“Magnificat” - La siguiente composición para coro, escrita en 1989, es, si hacemos caso a Paul Hillier, “uno de los ejemplos más refinados de la técnica del “tintinnabuli” compuestos por Pärt”. El gran número de grabaciones existentes de la obra le da la razón.

“Berliner Messe” - Siendo, como hemos dicho ya, una persona muy religiosa, lo cierto es que Pärt no ha escrito muchas misas. De hecho esta sería la segunda tras su “Missa Sillabica” de 1977. En 1990, el músico recibió el encargo de escribirla para la 90ª celebración del “Katholikentag” en Berlín. La particularidad de la misa es que está escrita para Pentecostés por lo que incluye tres movimientos no habituales en la liturgia tradicional, especialmente el “Veni Sancte Spiritus”.

La belleza y profundidad de la música de Arvo Pärt es tal que no nos cansamos de recomendarla. Su atemporalidad y serenidad la hacen, además, especialmente indicada para tiempos como estos en los que la razón parece atravesar sus horas más bajas. Siempre que tengáis un momento para hacerlo, buscad a Pärt. Es un refugio seguro como no hay muchos.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Arvo Pärt - The Deer's Cry (2016)



Vox Clamantis surge a finales del siglo pasado como iniciativa del músico estonio Jaan-Eik Tulve. Tras graduarse en su país natal se desplazó a Francia donde concluyó sus estudios y se especializó en música gregoriana llegando a ser el director del Choeur Grégorien de Paris. Con ellos ofreció conciertos por toda Europa alcanzando un gran reconocimiento. En 1996 regresó a Estonia y fundó Vox Clamantis con la idea de seguir explorando el repertorio gregoriano pero también de buscar las conexiones de éste con otras músicas más actuales así como con sonidos y artistas pertenecientes a otras culturas.

El coro no tiene una formación fija debido a la que es una de sus señas de identidad: sus miembros son, en su mayoría, músicos con otra dedicación. Algunos son compositores, otros instrumentistas y sólo unos pocos son cantantes profesionales. Incluso hay quienes no tienen relación alguna con la música al margen de su pertenencia a Vox Clamantis. De este modo, el coro es un lugar de aprendizaje en el que todos sus miembros tienen cosas que aportar gracias a sus diferentes procedencias y puntos de vista. Actualmente su repertorio de concierto incluye hasta seis programas diferentes que van desde lo más “convencional” como podría ser el dedicado al gregoriano y la polifonía antigua, hasta mezclas verdaderamente aventuradas como las que hacen entre la música de John Cage, David Lang y Perotin o entre el gregoriano francés, Poulenc y Messiaen. La parte más rompedora de su vertiente concertística es un programa que combina canto gregoriano con improvisaciones de guitarra eléctrica a cargo de un trío de intérpretes de ese intrumento, con música tunecina, con cantos de la tradición islámica y judía e incluso una Misa dedicada a John Coltrane en la que un trío de jazz formado por contrabajo, saxo y batería confronta el estilo de “Trane” al puro  gregoriano.

Si juntamos los elementos de los que hemos hablado, es decir, la nacionalidad estonia, la música antigua, la contemporánea, un coro y un importante peso de la espiritualidad en su repertorio, no hace falta ser Sherlock Holmes para que nos venga a la cabeza el nombre de Arvo Pärt. Efectivamente, poco tiempo después del regreso de Tulve a Estonia, entró en contacto con el compositor y los miembros de Vox Clamantis comenzaron a interpretar su música estableciéndose pronto una intensa colaboración entre el compositor y el coro. Hoy en día, la obra de Pärt es parte fundamental de los conciertos de la formación de Tulve. Si todo esto es prometedor, lo es más aún cuando conocemos el último factor de la ecuación: ECM. Arvo Pärt está íntimamente ligado al sello alemán hasta el punto de que la “necesidad” de publicar su música “obligó” a Manfred Eicher a crear una nueva etiqueta para dar cabida a algo que, evidentemente, no era jazz. Con Pärt se inauguró la colección ECM New Series centrada en la música “clásica” de todas las épocas.

Los miembros de Vox Clamantis rodeando a Arvo Pärt


El disco se compone de canciones breves, la mayor parte de las cuales pertenecen a la época más reciente. Abre la colección “The Deer's Cry”, una preciosidad para coro mixto escrita en 2007 en la que las voces masculinas y femeninas dialogan en un continuo “in crescendo” lleno de fuerza y en el que destacan las maravillosas polifonías del final con todas las voces combinadas en un momento de gran inspiración. Continúa el trabajo con “Von Angesich zu Angesicht”, pieza de 2005 para coro masculino, soprano, clarinete, viola y contrabajo. Sorprendente la elección de instrumentos porque ninguno de ellos es habitual en la música de Pärt y porque tienen un peso mayor de lo esperado en la obra. “Alleluis-Tropus” vuelve a mostrarnos a los miembros de Vox Clamantis en solitario con una composición dinámica y de gran belleza escrita por Pärt entre 2008 y 2010. La devoción del compositor por la Virgen había quedado demostrada ya antes pero en este disco queda más en evidencia a través de dos estrenos. “Virgencita”, cantada en español y dedicada a la Virgen de Guadalupe en 2012 es el primero de ellos. Prosigue el programa con “Veni Creator” (2006) para coro y órgano, composición que se ha ido convirtiendo ya en clásica tanto del repertorio de conciertos como de las grabaciones. Los tres niños pastores que asistieron a la aparición de la Virgen en Fátima en 1917 son los inspiradores de “Drei Hirtenkinder aus Fatima” (2014), canción brevísima con aire de villancico castellano y segundo estreno “mariano” del disco que da paso a “And One of the Pharisees”, composición de 1992 para coro, contratenor y barítono que nos lleva a “Da Pacem Domine”, de 2006, pieza que, junto a la anterior, son referentes en la obra coral de su autor.




La parte final del disco comienza con la repetitiva “Most Holy Mother of God”, de 2003 en la que, además del coro, tenemos dos tenores solistas y un barítono y continúa con la última pieza con sección instrumental, “Sei gelobt, du Baum” escrita el 2007 para coro masculino, violín, laúd y contrabajo y que es uno de los grandes momentos del disco a nuestro juicio. La escueta “Habitare fratres in unum” de 2012 en la que se canta el texto del salmo 133 nos lleva al último tramo en el que escuchamos una de las piezas inmortales de Pärt en su versión original de 1977 para coro: “Summa”. Cierra el trabajo una de las partes del monumental “Kanon Pokajanen”: “Gebet nach dem Kanon”.




Leímos recientemente en algún sitio que Arvo Pärt era el compositor vivo más interpretado en directo en los últimos años. El mérito de conseguir algo así con una música como la suya, meditativa, profunda y sin relación alguna con los parámetros de espectacularidad tan en boga es colosal. Ayuda a ello, claro está, que la mayor parte de su obra esté creada para formaciones pequeñas. Muchas veces son piezas para dúos o tríos instrumentales, tal vez cuartetos o, a lo sumo, orquestas de cámara. Tampoco sus obras corales precisan de un gran aparato: en la grabación de Vox Clamantis no llegamos a la veintena de cantantes pero ahí reside la fuerza de Pärt. Conseguir piezas tan vivas con ingredientes tan austeros no es nada fácil y el compositor estonio lo consigue composición tras composición. Este “The Deer's Cry” es un ejemplo maravilloso.

Os dejamos con este magnífico homenaje de los miembros de Vox Clamantis al compositor estonio:

 

domingo, 31 de julio de 2016

Gidon Kremer - New Seasons (2015)



El primer contacto que tuvimos con Gidon Kremer fue en nuestra adolescencia y a través de una grabación de “Las cuatro estaciones” de Vivaldi que el violinista realizó para Deutsche Grammophone bajo la dirección de Claudio Abbado. Aquel fue uno de los primeros compact disc que entró en la casa familiar y, por lo tanto, sonó con profusión durante mucho tiempo hasta que los nuevos discos que se iban adquiriendo le quitaban tiempo de reproducción poco a poco. Estamos lejos de ser entendidos en nada pero en aquel entonces lo éramos mucho menos y aquella versión siempre nos llamó la atención porque la encontramos muy diferente a otras que conocíamos.

Unos años después volvimos a encontrarnos con Kremer como intérprete del primer concierto para violín de Philip Glass. Ahí su forma de tocar nos enamoró y nos hizo apuntar su nombre como uno de nuestros violinistas de referencia. No nos hizo falta buscar mucho porque su violín iba apareciendo periódicamente en grabaciones de compositores en los que nos íbamos interesando a lo largo de los años. Desde Arvo Pärt hasta Vladimir Martynov, pasando por Astor Piazzolla, discos con la presencia de Kremer en los créditos se iban acumulando en nuestras estanterías.

El más reciente de ellos apareció durante el año pasado y en él, bajo el título de “New Seasons”, Kremer y su orquesta de cuerda, la Kremerata Baltica, revisan obras de cuatro compositores actuales: Philip Glass, Arvo Pärt, Giya Kancheli y Shigeru Umebayashi. Llama la atención la referencia en el título a las “estaciones” ya que esa parece una obsesión recurrente en la carrera de Kremer. El propio violinista hace referencia a ello en los textos que ilustran la grabación cuando recuerda entre sus interpretaciones más recordadas la ya citada de las “cuatro estaciones” de Vivaldi junto con las de las “cuatro estaciones porteñas” de Piazzolla o las “russian seasons” que el propio violinista encargó a distintos compositores años atrás. Kremer entiende las estaciones como ciclos vitales que son comunes a artistas de todas las épocas y, por tanto, una forma de confrontar estilos y tiempos diferentes con un mismo tema. El disco supone, además, el regreso de Kremer a Deutsche Grammophone después de más de diez años.


Gidon Kremer


El disco comienza con el segundo concierto para violín de Philip Glass, subtitulado “The American Four Seasons”. Surgió como un encargo del violinista Robert McDuffie para tener una composición que acompañase en sus programas de concierto habituales a las “Cuatro estaciones” de Vivaldi. Glass escribió cuatro movimientos precedidos de un prólogo y separados por tres canciones, todos ellos, prólogo y canciones, escritos para violín solo. El estilo de Glass es inconfundible y hemos de señalar que Kremer se ajusta al mismo con absoluta perfección dejándonos una grabación que complementa perfectamente la que el propio artista hizo del primer concierto del compositor, grabación aquella que, por otra parte, fue la primera de la obra. El contraste entre los enérgicos sonidos de los cuatro movimientos propiamente dichos del concierto y las delicadas canciones es uno de los grandes logros de la obra. De entre las segundas nos quedamos con la frágil “canción nº1”, de una emoción estremecedora que, además, enlaza con el movimiento más extenso del concierto, el segundo, que por su desarrollo nos recuerda mucho a su equivalente en el primer concierto del compositor, uno de nuestros momentos predilectos de todo el repertorio de Glass. También el dinámico tercer movimiento nos parece brillante y una buena muestra de la producción más clasicista de su autor en los últimos años.




Continúa el programa con una miniatura para cuerdas y coro, obra de Arvo Pärt, que lleva por título “Estonian Lullaby”. Es una canción compuesta en el año 2000 y revisada en 2006. Se trata de una exquisita melodía de un carácter mucho más lírico de lo habitual en el compositor estonio que se hace extremadamente corta.

No habíamos tenido aún en el blog ninguna obra del compositor georgiano Giya Kancheli por lo que haremos una breve presentación. Como tantos otros artistas de la antigua Unión Soviética, Kancheli se trasladó a occidente tras la caída del Muro de Berlín. En el caso de Giya, desde hace más de veinte años reside en Amberes. Al margen de música de concierto, ha escrito obras para teatro así como bandas sonoras para películas, especialmente antes de mudarse a Bélgica. La mayor parte de su producción es orquestal aunque tiene un buen puñado de obras de cámara. Tampoco hace ascos al uso de tecnología como queda claro en la obra que aquí se incluye, la extensa “Ex Contrario” para violín, violonchelo, samplers, bajo y compact disc. La pieza, escrita en 2006, comienza con unos compases de teclado rápidamente secundados por las cuerdas en un tono oscuro y lúgubre. Se produce en estos primeros momentos un fuerte contraste entre el clavicordio, más luminoso, y la orquesta, que termina ganando la batalla. Lo que sucede después tiene mucho que ver con las corrientes de finales del siglo pasado en las que la atonalidad comienza a dejar paso de nuevo a la melodía aunque todo ello dentro de un contexto poco dado a la floritura innecesaria o a la expresión de júbilo. La segunda mitad de la pieza gana en fuerza todo lo que la primera tenía de introspectivo. El drama se eleva por encima de todo lo demás y, con una interrupción que parecía sonar a tango, entramos en una impresionante parte final en la que encontramos alguna similitud (quizá el tango al que nos referíamos antes tenga algo que ver) con algunas obras del polaco Zbigniew Preisner.

Cerrando el disco tenemos una breve pieza del compositor japonés Shigeru Umebayashi, perteneciente a la banda sonora de la película “In the Mood for Love” (2000), campo el de la música para cine en el que el músico es especialista. Resulta muy curioso que la melodía, un tango de gran belleza, también nos traiga a la cabeza inmediatamente a Preisner y muy especialmente a su música para la trilogía de Kieslowski, “Tres Colores”. De no venir indicada su autoría en el disco, habríamos apostado sin dudarlo por el compositor polaco.

Aunque cuenta en su haber con muchas grabaciones de autores “clásicos” como J.S.Bach, Vivaldi, Prokofiev, Tchaikovski o Shostakovich, Kremer es uno de esos intérpretes que quiere mantener una relación estrecha con la música de su tiempo, por lo que en su repertorio nunca faltan autores vivos, con muchos de los cuales mantiene una activa relación. Esto es muy de agradecer ya que muchos de los grandes nombres de la interpretación parecen tener alergia a lo que se hace hoy en día y es raro encontrar a las “figuras” arriesgándose con este tipo de músicas. Es por ello que merece mucho la pena seguir la trayectoria de determinados intérpretes carentes de complejos ya que pueden ser una buena guía para descubrir compositores contemporáneos en los que, de otro modo, quizá no nos fijaríamos nunca. Gidon Kremer es uno de ellos.


 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Arvo Pärt - Litany (1996)



La música de Arvo Pärt se encuentra entre las más populares y también entre las más interesantes de nuestro tiempo y buena parte del mérito se la debemos al empeño de Manfred Eicher, fundador del sello ECM y una de las personas que mayor interés se tomó en la difusión de la obra del compositor estonio. En 1984, Eicher inauguraba la división “ECM New Series” de su sello en la que iba a lanzar trabajos relacionados con lo que podríamos llamar música culta, para diferenciarse de la rama principal de la compañía, más centrada en el “jazz” contemporáneo. El primer disco publicado en el nuevo sub-sello fue “Tabula Rasa” de Arvo Pärt tras el cual Eicher y el compositor asentaron una relación que llevó a que la mayor parte de los estrenos de Pärt verían la luz en ECM, algo que se ha venido manteniendo hasta nuestros días.

En 1996 apareció “Litany”, un disco que recogía tres obras recientes en aquel momento (siendo estrictos, dos obras recientes y un arreglo de otra pieza antigua). Participan en él la Hilliard Ensemble integrada por David James (contratenor), Rogers Covey-Crump (tenor), John Potter (tenor) y Gordon Jones (bajo), la Tallin Chamber Orchestra y el Estonian Philharmonic Chamber Choir dirigidos ambos por Tönu Kaljuste, interviniendo todos en la pieza central que dá título al disco. Las dos obras e complemento son ejecutadas por la Lithuanian Chamber Orchestra con Saulius Sondeckis a la batuta.

Arvo Pärt junto a Paul Hillier


Litany” - Encargo del Oregon Bach Festival, esta pieza para coro, orquesta de cámara y solistas se estrenó en 1994 y ocupa la parte principal del disco. Las voces comienzan a sonar surgiendo de lo más profundo y nos remiten a Perotin o Tomás Luis de Victoria, referencias, especialmente la primera, muy presentes en la música coral de Pärt. Cuerdas y coro emergen también poco a poco y todo sucede de un modo extremadamente pausado, algo que requiere del oyente toda la atención posible para disfrutar de los matices de la partitura en su justa medida. Sólo las campanas tubulares y los metales se salen en algún instante de la línea de extrema pausa pero sólo para volver a quedar ocultas poco después hasta que, con una breve fanfarria asistimos al primer cambio importante de la obra que pasa a estar dominada por la orquesta en pleno y los coros, mucho más potentes ahora que en los minutos iniciales. El ecuador de la obra lo marcan los timbales que presentan de nuevo al coro, ahora junto con las cuerdas en un discurso muy contemporáneo que nos reconcilia con el mejor Pärt. El resto de la obra es un precioso “in crescendo” que nos recuerda la intensidad de su “Cantus” en recuerdo de Benjamin Britten, una de las composiciones más emocionantes del repertorio del compositor estonio.

Psalom” - Revisión de 1995 de la composición de 1984. Siempre nos ha encantado la música del Pärt estrictamente instrumental y esta breve composición sigue la tradición de piezas como “Summa” (en su versión para cuerdas). Con un material muy escueto, el compositor construye una obra de gran belleza en la que demuestra que muchas veces, en música, menos es más.

Trisagion” - Cierra la colección esta pieza orquestal de 1992 revisada en 1995 de cara a esta grabación. Se trata de una obra con muchos puntos en común con la anterior aunque su duración sea más o menos el doble. Pärt maneja las cuerdas con templanza en la primera parte de la composición para redoblar su intensidad en la segunda en la que reconocemos al autor del “Collage über B-A-C-H”. Un magnífico ejemplo de la obra de Pärt que, no en vano, ha sido incluido en la reciente recopilación de lo mejor de su obra, aparecida en ECM bajo el título de “Musica Selecta”.



No es fácil para un compositor contemporáneo superar las barreras del círculo de la música “culta” y hacer que su obra sea conocida por parte de un público más general. Más complicado, si cabe, se nos antoja cuando hablamos de un músico profundamente religioso y cuya obra está muy relacionada con su fe. Sin embargo, Arvo Pärt lo ha conseguido de forma notable y su música llega hasta nosotros en las formas más diversas, incluida su presencia en multitud de bandas sonoras de películas de todo tipo, desde “Las Invasiones Bárbaras” hasta “Pozos de Ambición” pasando por auténticos “blockbusters” como la última entrega de “Los Vengadores”. En el blog siempre le guardaremos un lugar muy destacado entre nuestros compositores predilectos y no dejaremos de recomendar su obra.


lunes, 4 de mayo de 2015

Arvo Pärt - Piano Music (2011)



La música para piano no es la más conocida dentro de la obra de Arvo Pärt y tampoco ocupa un lugar destacado en cuanto a volumen en su producción. Sin embargo, las pocas piezas escritas por el compositor estonio para ese instrumento tienen la virtud de ser muy representativas de los cambios experimentados en su estilo y de la evolución en el modo de afrontar la tarea compositiva a lo largo de los años.

A pesar de ese papel secundario dentro de su obra, y como ocurre en un gran número de músicos, las primeras composiciones de Pärt son para piano y reflejan mucho más las influencias de otros autores que una voz propia que aún está por llegar. En el caso de nuestro compositor, ese salto se produce años más tarde con un par de obras más para piano, tras una larga serie de piezas para otros instrumentos. El disco que hoy tenemos aquí apareció en 2011 en el sello Naxos y, aunque el título puede llevar a engaño, no es una colección exclusiva de piezas para piano sólo y que la mayor parte del mismo está ocupada por una obra orquestal en la que el piano tiene gran importancia pero no es el único protagonista. Poco después apareció otra grabación en Brilliant Classics con una vocación más enciclopédica en cuanto a su dedicación exlusiva a la obra de piano de Pärt de la que hablaremos en su momento.

Nos centramos ahora en este “Piano Music” grabado por el pianista holandés Ralph Van Raat quien ya ha aparecido en varias ocasiones en el blog con interpretaciones de obras de Gavin Bryars, John Adams o John Tavener, siempre para el sello Naxos. Van Raat es uno de los intépretesa más notables de su generación y desde hace más de 10 años es uno de los artistas oficiales del fabricante de pianos Steinway.

“Zwei Sonatinen für Klavier, Op.1, Nr.1” - Aunque hay alguna pieza para piano anterior a estas dos sonatinas, son éstas las que aparecen catalogadas con el número de “opus” 1 en la obra de Pärt. Se trata de dos obras breves en las que, a decir de los entendidos, se refleja una fuerte influencia de Prokofiev y Shostakovich con algunas técnicas dodecafónicas presentes en algún momento. La primera de ella data de 1958 (el autor tenía 23 años entonces) y está dividida en dos movimientos. El “allegro” es de gran vivacidad y muestra, al margen de las influencias citadas, algún rasgo de la música repetitiva y un cierto mecanicismo en la ejecución. El segundo movimiento comienza con un “larghetto” de carácter evocador y un cierto aire impresionista para cambiar de nuevo a “allegro” rememorando el tema inicial tras una serie de solemnes “ostinati” y una suave danza interpretada “pianissimo” por Van Raat.

“Zwei Sonatinen für Klavier, Op.1, Nr.2” - La segunda sonatina, de 1959, consta de tres movimientos. El “adagio energico” nos muestra a un Pärt sorprendente para aquellos oyentes acostumbrados a la parte más conocida de su obra, un músico rítmico, expresivoy vigoroso que exige cierto nivel de virtuosismo a su intérprete. El “largo” deja translucir algunas trazas de jazz combinadas con técnicas vanguardistas en aquel momento. Cierra la sonatina un breve “allegro” lleno de fuerza, casi rabioso en algunos instantes y muy cercano formalmente a sus equivalentes de la primera sonatina.

“Partita, Op.2” - Aunque fechada en el mismo año que la pieza anterior, la presencia del serialismo es mayor, aunque también se empiezan a apreciar reminiscencias de las que años más tarde, serán señas de identidad de la música de Pärt: la música medieval y la barroca. Está dividida en cuatro movimientos de muy corta duración los dos primeros y algo más extensos los dos restantes. Se repite el juego que ya aparecía en las dos sonatinas entre los momentos de ritmo casi frenético y los más tranquilos, casi estáticos, especialmente en el “larghetto”.



“Variationen zur Gesundung von Arinuschka” - Van Raat rompe aquí el orden cronológico del discurso introduciendo una pieza de 1977, posterior a la que la sigue en el disco. Tiene sentido esta alteración ya que aquí apreciamos claramente las influencias de la música antigua en plena transición hacia el paso siguiente que, en realidad, había comenzado poco antes con obras como la que suena en el corte siguiente del disco. Se trata de seis variaciones sobre una pieza muy simple compuesta por diversas triadas que van evolucionando muy lentamente. Cada variación es un pequeño estudio de ritmo y cadencia a partir de ese motivo.

“Für Alina” - Una de las piezas clásicas del repertorio de Pärt es esta composición de 1976, claro ejemplo del “tintinnabuli”, técnica clave en la música del estonio en la parte central de su carrera. El desarrollo melódico es mínimo, casi críptico pero esta economía de medios termina por ser la seña de identidad de una composición fascinante en su simplicidad.

“”Für Anna Maria” - La composición más breve del disco es también la más reciente (data de 2006) y rompe con cualquier tentación de atonalidad (está escrita en Sol mayor). Se trata de una bagatella desenfadada en la que es difícil reconocer a Pärt pero quizá no haya otra forma de homenajear a una niña de 10 años como aquella a la que estaba dedicada la pieza.

Imagen de "Marsyas", la obra que inspira la última composición del disco.


“Lamentate” - La obra central del disco es esta composición en diez movimientos para piano y orquesta escrita por Pärt en 2002. Está inspirada en “Marsyas”, una monumental escultura de Anish Kapoor de 150 metros de longitud que se exhibió durante 2003 en la Tate Modern de Londres. Comienza con unas solemnes notas a cargo de los metales que actúan como heraldos del resto de instrumentos que aparecerán después, precedidos de un rumor de timbales y una nueva intervención de los vientos. Cuando aparece la orquesta en pleno, lo hace recordándonos al Ligeti más oscuro y dando la entrada perfecta para el piano en un segmento que se acerca a lo que sería una sinfonía concertante. Tras un breve interludio el piano toma el protagonismo ayudado por unas delicadas maderas y por los violines. Estamos en los pasajes más bellos de la obra, con momentos llenos de clasicismo en los que Pärt se muestra inspirado como en sus mejores momentos. Continúa desarrollándose la composición y nos sumimos en un estado de completa quietud y tranquilidad de la mano del piano de Van Raat que evoluciona lentamente hacia una precisa y fugaz melodía que nos conduce al terreno de las flautas por unos instantes. Más tarde, la contundencia de los timbales, el resto de percusiones y los metales aumenta la tensión de forma notable y nos muestran al piano sorteando todo tipo de obstáculos para llegar a la siguiente etapa, reflexiva, con predominio de maderas y violines antes de afrontar los dos últimos movimientos. El primero es un intenso “in crescendo” que culmina en un poderoso duelo entre el piano y la orquesta cuyo desenlace queda aplazado para la última etapa de la obra. Comienza con un motivo de aire procesional que queda suspendido al aparecer de nuevo Van Raat lanzando notas leves, etéreas, que flotan alrededor del oyente por unos instantes antes de desvanecerse. El resto de la pieza transcurre por similares derroteros poniendo así fin a una de las más impresionantes obras del Arvo Pärt más reciente.


Os dejamos una versión diferente de la del disco que hoy comentamos, de uno de los movimientos de la obra, popularizado al aparecer en la serie Boardwalk Empire.


Sin ser, como ya hemos dicho, lo más destacado dentro de la obra de Pärt, sus trabajos para piano no dejan de tener interés. En ese contexto, este disco del sello Naxos ofrece una oportunidad inmejorable para introducirse en ese aspecto del repertorio del compositor estonio con algún guiño a su vertiente sinfónica. Tendremos que volver al Pärt pianístico más adelante ampliando la visión del mismo pero como primera toma de contacto, recomendamos encarecidamente este trabajo a los visitantes del blog.

domingo, 18 de enero de 2015

Les Metaboles - Mysterious Nativity (2014)



Recientemente cayó en nuestras manos uno de esos clásicos lanzamientos navideños que proliferan en todo tipo de músicas. El disco llamó nuestra atención desde la estantería de la tienda como ocurre de vez en cuando y sin motivo aparente. Al tomarlo en nuestras manos y comprobar su pertenencia al sello Brilliant Classics y que el repertorio era estrictamente contemporáneo (tres de los cinco compositores presentes están vivos y los dos restantes falleceron en 1998), no pudimos resistirnos a dejarlo allí.

Hay muchos otros aspectos que nos llamaron la atención sobre el disco. Los intérpretes son los miembros de Les Metaboles, un coro francés dirigido por Leo Warynski pero los compositores escogidos proceden en su totalidad de la extinta Unión Soviética. Es música religiosa, navideña en su mayoría pero bajo el punto de vista de la fe ortodoxa, practicada por todos los autores presentes en la grabación lo que nos aporta un punto de vista diferente al convencional en nuestro mundo occidental. Les Metaboles es una agrupación vocal muy reciente (no llegan aún al lustro de vida) que, tras varios años de ensayos e interpretaciones en directo cantando en importantes festivales y junto a reconocidas orquestas, nos ofrecen aquí su primera grabación.

Les Metaboles


El primer compositor que se asoma por el disco es el ruso Georgy Sviridov. Muy poco conocido fuera de la Unión Soviética, su música, especialmente la coral, fue muy popular en su país. Se le califica como neorromántico y lo cierto es que su obra parece estar al margen de las vanguardias de principios del siglo pasado y es profundamente tonal. Falleció en 1998.



“Mysterious Nativity” – La composición de Sviridov sirve para dar título a todo el album y es una profunda pieza en la que encontramos lo que podría ser un antecedente de la música coral de otros artistas posteriores como Arvo Pärt. Es meditativa pero con momentos puntuales de gran brillantez. Toda la serenidad de la música de la Europa oriental condensada en una preciosa composición de apenas cinco minutos.

Continuamos con una de las obras más importantes del repertorio coral de Arvo Pärt, compositor de sobra conocido por los lectores del blog.

“Magnificat” – Escrita en la época central del surgimiento del “tintinnabuli” como estilo principal de la música de Pärt, la interpretación de Les Metaboles nos ofrece una visión extraordinaria de la obra. Acostumbrados como estamos a versiones por parte de coros menos numerosos como la Hilliard Ensemble, que le dan a la pieza un regusto más cercano a la música antigua, la fuerza de la agrupación dirigida por Warnynski eleva a otra categoría la partitura de Pärt.

El siguiente autor es el jovencísimo Dimitri Tchesnokov (nació en 1982) y es un consumado pianista además de compositor. Su ya extensa obra incluye todo tipo de formatos desde piezas sinfónicas a composiciones para arpa, pasando por obras corales y cuartetos de cuerda. Aquí nos ofrece sus “Three Sacred Songs, Op.43”:

“No.1 De Profundis” – Siendo música de carácter litúrgico como casi toda la presente en el disco, hay una serie de puntos comunes en todas las composiciones del mismo. Dentro de esos parámetros, esta primera canción tiene un mayor dinamismo melódico y hace un muy equilibrado uso del coro, compensando a las mil maravillas los recursos masculinos y femeninos del mismo.

“No.2 Miserere” – Algo más breve que la anterior, la segunda canción es también más meditativa y cercana en momentos puntuales a la música renacentista. Sin embargo, las sutiles polifonías que podemos escuchar son deudoras de la música tradicional de las antiguas repúblicas soviéticas (Tchesnokov es de origen ucraniano).

“No.3 Pater Noster” – Quizá sea ésta la más interesante de las tres canciones ofrecidas aquí por el compositor que muestra una gran capacidad para conjuntar melodías y armonías de gran belleza en apenas tres minutos.

Seguimos el viaje ahora de la mano del lituano Vytautas Miskinis, compositor cuya obra se centra en la música coral y que, por tanto, se desenvuelve con soltura en el formato que hoy nos ocupa.

“O Salutaris Hostia” – La pieza es muy compleja y en ella encontramos desarrollos armónicos de gran belleza y serenidad, con largas notas sostenidas combinados con una especie de alegre algarabía que subyace en segundo plano en la que nos parece ver el rastro de un Gyorgy Ligeti. Muy notable y sorprendente la aportación de Miskinis al disco, sin duda.

Volvemos a encontrarnos a Dimitri Tchesnokov, esta vez con una composición unitaria: “Ave Verum Corpus, Op.67”. Algo más simple que las piezas anteriores de su autor, podemos encontrar en esta composición una fuerte influencia de Arvo Pärt, figura que se nos antoja monumental a estas alturas en un campo como el de la música religiosa (y particularmente la coral) en las últimas décadas.



Llega el turno ahora para Alfred Schnittke, compositor cuyo reconocimiento parece haber bajado un poco desde su fallecimiento en 1998. Entonces muchos le tenían por una de las grandes figuras de las últimas décadas pero hoy en día encontramos que comienza a discutirse alguno de sus méritos. Escuchamos aquí sus “Tres himnos sacros”. El primero, “Bogoroditse, devo, raduysya, Blagodotnaya Marie” es muy breve y repasa un texto habitual en la liturgia que el propio Pärt también ha llevado a las partituras. Nos quedamos con el segundo, “Gospodi lisuse”, repetitivo y solemne, concebido como un intenso “in crescendo” de una belleza poco convencional. Cerrando el tercero, tenemos “Otche Nach”, preciosa composición en la que el coro demuestra un nivel de brillantez extraordinario.



Cierra el disco una composición del mismo músico que lo abría, Georgy Sviridov. “Sviatyï Boje” nos recuerda algo al estilo de otro compositor atraído por la liturgia ortodoxa como fue John Tavener, aunque con un trámite algo más colorista en favor de Sviridov.

La primera grabación de Les Metaboles, “Mysterious Nativity”, no es un disco para todos los oyentes ni siquiera para todos los momentos pero no podemos dejar de recomendarlo porque, en su estilo, es un joyita de esas a las que hay que volver de vez en cuando. Su precio, al pertenecer al catálogo de Brilliant Classics no debería ser un impedimento para cualquier oyente interesado por lo que tendríais que buscar otra excusa si sois amantes de la música coral contemporánea y dejáis pasar este trabajo. Como siempre, podéis encontrar el disco en los enlaces de costumbre.

amazon.es

amoeba.com

Nos despedimos con una versión en directo del "Pater Noster" de Tchesnokov:

miércoles, 12 de marzo de 2014

Arvo Pärt - Tabula Rasa (2012)



Aún está fresca la entrada que le dedicamos en el blog a Stockhausen y queremos profundizar en un detalle que se mencionó allí de pasada pero que merece una mayor atención. El disco entonces comentado, “Gruppen” pertenece a una nueva serie conjunta de los sellos Deutsche Grammophon y Decca, dos gigantes de la clásica que hoy conviven bajo el paraguas de Universal. La colección integra bajo el título “20C” grabaciones de los compositores más destacados del pasado siglo, publicadas previamente por los dos sellos.

En el caso de Deutsche Grammophon, esta serie toma el relevo de otra como fue “20/21”, en la que ya fue lanzada esta misma grabación que hoy comentamos en el año 1999. En el disco se recogen tres composiciones del estonio Arvo Pärt bien conocidas por los lectores del blog: “Fratres”, “Tábula Rasa” y la Sinfonía No.3. Poco podemos comentar ya sobre las tres piezas que han aparecido en varias ocasiones por aquí en versiones diferentes. Representan (en especial las dos primeras) lo mejor de la obra de Pärt y siempre es un aliciente escuchar interpretaciones diferentes, incluso, a cargo de los mismos artistas de los que ya hemos escuchado versiones de la misma obra como veremos en los comentarios.

Otra portada del mismo disco, esta vez en la edición de 1999 en la serie 20/21


“Fratres” – La versión que escuchamos de la pieza clásica de Pärt es la revisión que el mismo compositor realizó en 1992 para violín, orquesta de cuerda y percusión. La estructura es bien conocida: el violín interpreta la melodía principal a gran velocidad hasta que se detiene, ejecuta un breve “pizzicato” y es entonces cuando aparecen las cuerdas de la orquesta ejecutando un precioso fondo que hace las veces de “drone”. Sobre él, el solista desgrana las notas de una de las partituras más emocionantes de su autor. Cada cierto tiempo, aparece la percusión para separar las diferentes partes de la obra. En el disco escuchamos a la sección de cuerda de la Gothemburg Symphony Orchestra dirigida por Neeme Järvi, al percusionista Roger Carlsson y al violinsta Gil Shaham.

)

“Tabula Rasa” – El propio Shaham es el encargado de ejecutar la siguiente pieza en compañía de su mujer, la también violinista Adele Anthony, quien nos conquistó tiempo atrás con su versión del primer concierto para violín de Philip Glass publicada por Naxos. Junto a ellos, Erik Risberg interpretando el piano preparado y la misma orquesta y director de “Fratres”. La versión es magnífica y rivaliza con cualquiera de las demás que hemos escuchado sin palidecer en la comparación, lo cual ya es mucho decir. Resulta de especial belleza el climax final del primer movimiento con un piano preparado solemne y profundo combinando a la perfección con los violines y el “in crescendo” orquestal.

“Symphony No.3” – Termina el disco con la que, posiblemente, es la sinfonía más popular de su autor. Se trata de una obra que Pärt dedicó a su compatriota Neeme Järvi, quien le dirige aquí una vez más junto con la Sinfónica de Goteborg (orquesta y director tienen una notable carrera juntos interpretando a Sibelius o Grieg). Ya tuvimos ocasión en su momento de comentar otra grabación de la misma sinfonía a cargo de Järvi para el sello BIS, acompañado en aquel entonces por la Bamberg Symphony Orchestra y no sabríamos con cuál de las dos quedarnos a ciencia cierta.

El objeto de la entrada de hoy, más que el propio disco (que también) es llamar la atención sobre la colección C20 en la que se pueden encontrar por un precio realmente asequible obras fundamentales en la música del último siglo con discos dedicados a Aaron Copland, Leos Janacek, Iannis Xenakis, Alban Berg, Elliott Carter, Charles Ives, Bela Bartok, Pierre Boulez, Gyorgy Ligeti, Olivier Messiaen, Luciano Berio, John Cage, Steve Reich o Edgar Varese entre otros. Como suele decirse, no están todos los que son pero sí son todos los que están.

Nos despedimos con un enlace a la página de Deutsche Grammophon donde encontrar todas estas grabaciones:

miércoles, 1 de enero de 2014

Arvo Pärt - Orchestral Works (2000)



Aunque conocíamos y habíamos escuchado la música de Arvo Pärt desde mucho antes, lo cierto es que el primer disco que compramos con su música fue éste que glosamos hoy. En su momento supuso un descubrimiento importante pero no precisamente en lo musical sino en lo discográfico. Pertenecemos a una generación que creció considerando la música clásica como algo elitista en cuanto a las versiones grabadas. Era habitual al visitar una tienda de discos que las novedades tuvieran un precio en torno a las 2.000 o las 2.500 pesetas. Los discos “clásicos” por aquel entonces podían costar bastante más alcanzando, incluso, las 3.500. Además, existía otro problema añadido a la hora de escoger la versión de la obra que queríamos comprar. Como nuestro conocimiento de intérpretes y directores en aquel entonces era aún más pobre que hoy en día, una de las apuestas más seguras era el fijarse en la compañía que editaba el disco y ahí había una serie de etiquetas que tenían un prestigio superior al resto. Nombres como Decca, Deutsche Grammophon o Philips eran garantía de calidad pero también tenían precios prohibitivos para el aficionado que consume gran cantidad de títulos al año. La solución de optar por editoriales más baratas no era casi nunca satisfactoria porque la calidad de las interpretaciones y también de las mismas grabaciones dejaba mucho que desear en la mayoría de los casos.

El sello Naxos nació en 1987 y, en principio, parecía una más de esas editoriales pequeñas de bajo precio e intérpretes desconocidos. 25 años después, Naxos es el mayor distribuidor mundial de música clásica y, según alguna revista especializada, es la compañía que sostiene el mercado en este momento, no sólo a través de su etiqueta principal sino como distribuidora de una gran cantidad de sellos menores más especializados. Es un caso único en el que el pez pequeño, si bien, no se ha comido a los grandes, sí que los ha permitido sobrevivir (Naxos distribuye los discos de Warner Classics en norteamérica y también el 20% del catálogo se Sony Classics). Además, a través del sub-sello Newton Classics, está comprando grabaciones históricas de los mejores sellos y reeditándolas a precios casi ridículos.

Los discos de Naxos no son hoy tan baratos como hace 15 años pero siguen siendo muy competitivos. Apuestan por intérpretes jóvenes alejados del “star-system” de la clásica pero con una calidad indiscutible. Además, se atreven con repertorios contemporáneos cuya penetración en los catálogos de los grandes sellos de antaño era muy pequeña y eso hace de Naxos un sello tremendamente atractivo que, junto con otros que aparecen muy a menudo en el blog como Brilliant se encuentran entre nuestros favoritos.

Valga esta entrada de hoy, no sólo para resaltar la grabación de Pärt a la que está dedicada sino como homenaje a estos sellos que han acercado la música clásica a todos los bolsillos como nunca antes se había logrado.

Arvo Pärt

Recoge el disco tres obras orquestales de gran importancia en la trayectoria de Pärt, especialmente la primera de ellas. “Tabula Rasa” tiene la forma de un doble concierto para dos violines, orquesta y piano preparado. Fue estrenada en 1977 como parte de un encargo del director Eri Klaas para acompañar a una interpretación del “Concerto Grosso” de Alfred Schnittke, escrito para la misma configuración intrumental. Pertenece al comienzo del periodo conocido como “tintinnabuli” en la música del compositor estonio, a la postre, el que nos ha dejado sus mejores obras. Tiempo atrás hablamos de otra versión de la obra en el sello ECM interpretada por Gidon Kremer y Tatiana Grindenko, los dos artistas a los que estaba dedicada pero no nos extendimos demasiado sobre la obra, cosa que intentaremos corregir ahora.

“Ludus” – Una aguda nota de violín es el punto de partida para una pieza de gran belleza. En los primeros instantes la orquesta construye un fondo con un ritmo muy vivo, juguetón como corresponde a la traducción del título latino del movimiento. El piano arreglado hace las veces de campanas marcando las transiciones entre los distintos segmentos del movimiento al tiempo que los violines interpretan una serie de melodías entrelazadas de gran plasticidad recordando a Vivaldi en palabras del crítico Pater Quinn en el libreto del disco. El movimiento combina momentos intensos con otros mucho más reposados con naturalidad y es, en nuestra opinión, una de las mejores composiciones de su autor y concluye con un poderoso segmento climático lleno de tensión.

“Silentium” – La segunda parte de “Tabula Rasa”, mucho más extensa, sigue mostrándonos al Pärt minimalista, si es que cabe aplicar aquí el término, pero en un registro mucho más íntimo, pausado y emocional. Nos lleva a un estado mental cercano al que consigue con otra de sus grandes obras: el “Canto en memoria de Benjamin Britten” mediante la repetición continua de una serie de patrones que experimentan muy leves  variaciones cada vez. La orquesta y el piano preparado adoptan un rol secundario lleno de sutileza en un plano alejado del principal en el que los dos violines van desgranando, lenta, dolorosamente, una melodía profundamente emocionante. Completa Pärt con este sensacional movimiento una obra maestra de esas que prácticamente justifican una carrera por sí sola.



La segunda de las obras recogidas en el disco es el “Collage über B-A-C-H” que juega con la correspondencia entre las letras que forman el apellido del célebre compositor alemán y las notas musicales según la notación germánica de acuerdo con la cual, equivaldría a la serie “Si bemol – La – Do – Si natural”. Se trata de un motivo utilizado con profusión por el propio J.S.Bach como una especie de juego críptico y que luego han continuado muchos otros compositores desde Schumann o Liszt hasta el propio Schnittke o John Zorn, pasando por Poulenc o Webern. El homenaje de Pärt consta de tres movimientos, el primero y el último de los cuales se basan en la serie de notas citadas tomando el central la inspiración de la “sarabande” de la “Suite Inglesa No.6 en re menor” del propio Bach. La composición data de 1966, periodo en el que el autor aún jugaba con planteamientos serialistas lo que se nota especialmente en el segundo movimiento.

“Toccata” – Asistimos a un cambio radical respecto a lo que escuchábamos en la obra anterior. Nos revela aquí Pärt una versión muy diferente de su música, vibrante, tensa, con un aire al Bernard Hermann de “Psicósis”, cortante y afilado como pocas veces pero tremendamente atractivo en cualquier caso.

“Sarabande” – La aparición del oboe y el clave, así como la propia melodía delatan el homenaje a Bach que aquí se contiene. Sin embargo, tras la exposición del motivo principal asistimos a una poderosa deformación del mismo a cargo de las cuerdas y el piano. Recuperamos instantes después otro de los temas del compositor de Eisenach sólo para volver a asistir a una nueva transformación, esquema que se repetirá una vez más en el movimiento.

“Ricercare” – La más breve de las tres partes de la obra (no llega a los dos minutos de duración), opta por usar la orquesta en pleno para mostrarnos una pieza vigorosa aunque sin la intensidad y emoción del primer movimiento. Profunda y con un cierto aire cinematográfico también, concluye de súbito dejándonos con ganas de algo más.



Cerrando el disco encontramos la tercera sinfonía del compositor, obra que si habíamos comentado en una grabación reciente dirigida por el mismo Neme Jaarvi a quien Arvo Pärt dedicó la obra. Nos centramos aquí en la interpretación de la Ulster Orchestra dirigida por Takuo Yuasa en calidad de director invitado. Tanto la orquesta como el director tienen una amplia lista de grabaciones en Naxos centradas principalmente en repertorio contemporáneo. Su versión de la tercera sinfonía de Pärt es realmente brilante y luminosa adaptándose perfectamente a la que probablemente sea la partitura sinfónica más lograda de su autor.

Quizá no sea esta la grabación que un aficionado recomendaría para introducirse en la música de Arvo Pärt existiendo otras en sellos como ECM o Harmonia Mundi con mayor prestigio pero en nuestro caso fue un primer paso muy satisfactorio. Al margen de la orquesta y el director ya citados, intervienen como solistas al violín en “Tabula Rasa”, Leslie Hatfield y Rebecca Hirsch. Naxos es un sello con muy buena distribución y con presencia en los centros comerciales más conocidos y las grandes cadenas de tiendas de discos. Lo podéis encontrar, en cualquier caso, en los enlaces habituales:

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