Mostrando entradas con la etiqueta Gavin Bryars. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gavin Bryars. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de septiembre de 2024

Gavin Bryars - The Sinking of the Titanic (1990)


Una de las primeras obras que escribió Gavin Bryars es también una de las más conocidas de su carrera pese a que, según su propio autor, aún no ha sido terminada. Surgió como una breve pieza escrita para apoyar unas protestas estudiantiles en Portsmouth y desde aquel momento ha estado sujeta a diferentes arreglos y adiciones que la han ido transformando hasta nuestros días. “The Sinking of the Titanic” parte de la atractiva historia que se ha venido contando desde el naufragio del transatlántico y que narra cómo la banda que viajaba a bordo para amenizar el viaje continuó tocando hasta el final mientras el barco se hundía. Según las notas del disco que hoy comentamos, Bryars quiso hacer una obra conceptual sobre ello (la protesta era de estudiantes de arte) partiendo del vals “Song d'Automne”, de Archibald Joyce. Conforme el testimonio del operador de cable del barco, la canción que sonó en los últimos minutos de vida de la nave era “Autumn” y, dada la popularidad de la melodía de Joyce en aquellos años (se le conocía como el rey inglés del vals), es muy probable que así fuera. Sin embargo, lo cierto es que la obra con la que encontramos alguna similitud no es con la de Joyce sino con el himno “Nearer My God to Thee”, que es la otra canción en disputa a la hora de determinar qué era lo que tocaba la banda en el momento del hundimiento.


En todo caso, Bryars hizo un uso reducido de ese material y enseguida lo llevó a su propio terreno. Exitió una primera versión bastante breve que fue interpretada en directo varias veces incluyendo una en San Francisco dirigida por John Adams. Posteriormente, el compositor hizo un nuevo arreglo para grabar la obra en el que sería el primer lanzamiento de “Obscure Records”, el efímero sello de Brian Eno cuyo prestigio ha ido aumentando con los años. En todo caso, esa nueva versión apenas superaba los veinte minutos de duración. Nada que ver con la siguiente que hizo para la presentación de la obra en el festival Printemps de Bourges de 1990. El concierto iba a celebrarse en un antiguo depósito de agua que fue transformado en museo y en escenario de diferentes actos musicales. Se trata de un edificio de tres plantas con una acústica muy especial. Para la actuación, el público se encontraba en la planta central pero los músicos iban a tocar desde el sótano (zona en la que antiguamente se almacenaba el agua). El sonido llegaba a los asistentes a través de un equipo moderno pero también recibían la reverberación del mismo procedente de la planta superior, en forma de cúpula convirtiendo la actuación en una experiencia absolutamente única y muy adecuada para las características de la pieza musical, alargada para la ocasión hasta la hora de duración y con la adición de nuevas partes e instrumentos que incluían mensajes en morse a través de las marimbas o grabaciones con testimonios de los supervivientes del naufragio. Bryars comentaba que imaginaba a los músicos del Titanic tocando incluso debajo del agua y, aunque fuera imposible, le gustaba pensar en la música ganando en densidad y transformándose paulatinamente, cosa que logra, en cierto modo, en la grabación de Bourges con los ecos y reverberaciones del lugar en una actuación que no estuvo exenta de riesgos para los artistas puesto que, en el transcurso de la misma, se produjeron filtraciones de agua en el antiguo depósito en el que tocaban los músicos, que tenían que vigilar mientras tocaban que el líquido no llegase a los equipos electrónicos empleados para transmitir la música al piso superior.


Los miembros del Gavin Bryars Ensemble en el momento de la grabación eran Alexander Balanescu (viola), Jonathan Carney (viola), ambos integrantes también de la Michael Nyman Band, Martin Allen (percusiones), Roger Heaton (clarinete) y David Smith (percusiones, instrumentos de viento y teclados). Gavin Bryars, por su parte, tocaba el contrabajo.


La obra comienza con un toque de campanas al que siguen las cuerdas ejecutando una melodía extremadamente lenta, espesa, pero de una belleza estremecedora y que es la que a nosotros nos recuerda al “Nearer My God to Thee”. Toda la escucha es una experiencia casi onírica en la que el oyente parece estar rodeado de bruma como debió estar el propio Titanic minutos antes del choque con el iceberg. Para acentuar la sensación de irrealidad, se van filtrando en la pieza voces fantasmales, golpes de claves, percusiones de todo tipo, una estática melodía de clarinete, etc. durante algo más de una hora llena de notas sostenidas, ecos, y una sensación de pesadez en el aire que lo llena absolutamente todo en la que es, a nuestro juicio, una de las obras más interesantes del minimalismo europeo pero también de la música “ambient” y que merece mucho la pena escuchar.




El disco fue publicado originalmente en “Les Disques du Crepuscule” y reeditado en 2009 con su portada original en el sello LTM. Además, hay que tener en cuenta que la grabación es la misma que aparecería en 1994 en Point Music, el sello de Philip Glass, con una portada completamente diferente y muy escasas referencias a la procedencia del registro sonoro lo que puede llevar a creer que se trata de una grabación nueva. Conviene tener esto en cuenta para evitar tener dos copias del mismo registro como nos ocurre a nosotros. En la versión de Point Music, además, la obra aparece dividida en diferentes cortes con sus correspondientes títulos, cosa que no ocurría en la original que carecía de división alguna. Como su propio autor señala, la obra está sujeta a cambios por lo que suponemos que habrá nuevas grabaciones en el futuro con algún tipo de añadido como sucedió en 2007 con la publicada por el grupo italiano Alter Ego, de mayor duración que ésta pero que no hemos tenido la oportunidad de escuchar aún.

domingo, 11 de septiembre de 2022

Third Coast Percussion - Perpetulum (2019)




Una de las cosas que distinguen a Philip Glass de otros compositores contemporáneos es el interés por preservar el control sobre su propio catálogo. En su maravillosa autobiografía “Palabras sin música” encontramos el origen de esa obsesión y es que su madre siempre le insistió en que, hiciera lo que hiciera, nunca cediese a nadie los derechos de su obra, consejo que el compositor norteamericano ha seguido a rajatabla. Como parte de esa estrategia, Glass ha creado o participado en la creación de varios sellos discográficos en los que ir publicando su obra casi desde el comienzo de su carrera. Chatham Square Productions fue uno de los primeros intentos y Point Music, con el apoyo de Philips Classics, quizá el más ambicioso. En ambos casos, Glass tuvo la visión suficiente para ceder espacio a otros compositores, jóvenes en su mayoría, para darse a conocer y mostrar al mundo sus obras. Ya en época más reciente, el músico volvió a probar con el sello Orange Mountain Music en el que parece haber sido el intento definitivo con más de un centenar de referencias que cubren la gran mayoría de su obra con la excepción de algunas bandas sonoras cuyos derechos, probablemente, tuvo que ceder o, al menos, compartir. Al igual que en las experiencias anteriores, en Orange Mountain Music ha habido espacio para muchos compositores e intérpretes que, si bien no son desconocidos, no han gozado de la distribución y visibilidad que el sello de Glass les ha dado.


Para ser justos, no podemos decir que Third Coast Percussion fuera una formación necesitada de la promoción de Glass ya que para cuando grabaron en su sello ya habían ganado un Grammy con un disco dedicado a Steve Reich pero no dejan de ser un grupo de músicos que encajan perfectamente en el espíritu de lo que estamos comentando. Hay, además, una serie de curiosas relaciones cruzadas que rodean a este disco y que recalcan los miembros de Third Coast Percussion. Señalan que el nacimiento de Glass llega en el momento en que se estaban componiendo e interpretando los primeros conciertos para grupos de percusión en occidente, particularmente la serie de tres “Constructions” escrita por John Cage para este tipo de instrumentos y, en especial la tercera: “Third Construction”, compuesta durante una gira por la costa oeste norteamericana. A la vez, el nacimiento de los miembros del grupo se produce en plena era de Philip Glass y todos ellos han crecido escuchando su música y la de artistas influidos por él. Por otro lado, Glass en sus inicios tocaba la flauta pero también formó parte de un grupo de percusión pese a lo cual, no existía en su repertorio ninguna obra escrita para este tipo de instrumentos (sí hay adaptaciones como “Aguas de Amazonia”, que parte de material previo compuesto para otra formación). Por ello parecía apropiado que la primera pieza de estas características fuera un encargo de Third Coast Percussion y que su estreno fuera precisamente en Orange Mountain Music. Completando la enrevesada trama, en el disco aparecería también un estreno de uno de los colegas de Glass en sus inicios y también participante en su primer sello musical, el citado Chatham Square Productions. Hablamos del británico Gavin Bryars.


El disco (un CD doble) se completa con obras propias de algunos de los integrantes de Third Coast Percussion que, por si no lo habíamos mencionado anteriormente, además de intérpretes son también compositores. La formación del cuarteto que participa en la grabación está integrada por David Skidmore, Robert Dillon (ambos miembros fundadores en 2004), Peter Martin y Sean Connors, la última incorporación y el único de ellos que no aporta ninguna pieza propia al trabajo.


“Aliens with Extraordinary Abilities” - El primer disco del trabajo lo ocupa esta excelente composición de David Skidmore. Una maravilla que atrapa desde los primeros compases de “Torched and Wrecked”, el frenético movimiento inicial que nos recuerda, en un registro instrumental muy diferente, a los mejores experimentos electrónicos de Morton Subotnick. No hay ningún momento de descanso en esta pieza vibrante y llena de energía. Continúa con “Agreed” en donde el protagonismo pasa de marimbas y vibráfonos a la batería que despliega un ritmo agresivo sobre el que se van dibujando lentas melodías en contraste con este. “Take Anything You Want” es la parte más “glassiana” de la obra, con un desarrollo lento en el que la melodía se va desplegando sobre los clásicos arpegios del compositor de Baltimore con un enfoque casi ambiental y muy hipnótico. La cosa se pone solemne con el comienzo de “Donner” en donde volvemos a escuchar la batería en plan autoritario haciéndose acompañar por unos metalófonos que incorporan un toque jazzístico muy curioso. Seguimos con “Don't Eat Your Young”, una preciosidad de corte ambiental más próxima al lenguaje de Yann Tiersen que a la fuerza casi caótica del corte anterior. El siguiente corte, de título kilométrico, es “Things May Be Changing (But Probably Not)” y nos devuelve al lugar al que nos llevó el que abría el trabajo. Melodías vertiginosas, líneas que se entrelazan, caminan paralelas un rato y se separan de nuevo poco después... una maravilla para ser escuchada una y otra vez. Cierra la obra “Triptan”, lenta y reposada reflexión llena de profundidad que nos demuestra que Skidmore es un compositor a tener muy en cuenta. Más allá de su faceta como intérprete. Su “Aliens with Extraordinary Abilities” es una de las obras más interesantes que hemos escuchado por parte de un compositor desconocido para nosotros en los últimos años.




“Bend” - El segundo disco contiene cuatro obras más, dos cortas, como esta de Peter Martin y dos estrenos de mayor duración a cargo de autores consagrados. Aquí escuchamos instrumentos menos habituales acompañando a las marimbas que se encargan del tema principal. Es una pieza con influencia africana y una alegría pegadiza en su primera mitad que se transforma en experimentación en la segunda, con un toque atmosférico muy sutil, cercano a algunas corrientes de la música electrónica.





“Perpetulum” - Llegamos a la composición encargada por el grupo a Philip Glass y, probablemente, la que dio lugar a la grabación del disco. “Perpetulum” consta de tres movimientos y una “cadenza”. El primero de ellos recuerda un poco a “1+1”, una composición del primer Glass que estaba interpretada al 100% por el músico golpeando con los nudillos sobre una mesa. Evidentemente aquí no se trata de eso pero los patrones rítmicos que van apareciendo nos recuerdan un poco a aquellos. Pasada la introducción aparece ya una típica melodía de Glass que creemos haber escuchado antes, quizá en uno de sus últimos cuartetos de cuerda. Tras un final solemne a golpe de platillos, llegamos al segundo movimiento en el que nos sumergimos en lo que parece una versión más cinematográfica del compositor, con algo que nos hace pensar en bandas sonoras como la de “The Secret Agent” pese a que el uso de la batería nos traslade insistentemente a la de “Mishima”. El final no nos termina de gustar, con una percusión martilleante que no termina de ir a ningún sitio. Es el momento de la “Cadenza” mencionada anteriormente en la que se diría que Skidmore tiene mucho peso ya que recuerda mucho a algunos de los movimientos de su obra comentada anteriormente. El uso de las campanas nos recuerda forzosamente a su presencia en “Akhnaten”, siquiera de forma testimonial. La última parte de la obra es muy reconocible y para el seguidor “glassiano” la más reconfortante de la misma. Un buen final para una obra que no termina de parecernos redonda del todo.


“Ordering-Instincts” - La siguiente composición es obra de Robert Dillon y es muy diferente a todas las anteriores ya que el ritmo es el protagonista casi exclusivo. Y lo es de una forma muy delicada: en lugar de timbales, tambores y platillos, escuchamos pequeñas cajas, raspadores, claves, etc. Solo en la parte final se eleva el tono con el uso de instrumentos más enérgicos pero sin romper la línea general de la obra. Una sorpresa muy positiva.




“The Other Side of the River” - Cerrando el trabajo encontramos otro encargo, esta vez al compositor británico Gavin Bryars. Es este un músico que siempre nos ha fascinado. Posee un estilo propio inconfundible que hace que su música fluya de una forma única. Parece estar siempre en movimiento pero a la vez en reposo, como las aguas de un estanque y en esta composición hay mucho de eso. Momentos de aparente estatismo que no son tales, que se suceden mientras van apareciendo melodías que poco antes no estaban ahí.


Aunque no son un grupo excesivamente veterano, la discografía de Third Coast Percussion es ya bastante extensa e interesante. Con algunas excepciones, como sus discos dedicados a Steve Reich o a John Cage, la mayoría de sus grabaciones siguen un esquema parecido al de este "Perpetulum", es decir, piezas propias combinadas con otras de artistas consagrados, en muchos casos encargadas para este fin. Lo más sorprendente de este caso es que lo más destacado (siempre en nuestra opinión) no es ninguno de los encargos sino las piezas propias de los miembros del cuarteto, en especial la monumental “Aliens with Extraordinary Abilities” que hace que pongamos un ojo en su autor a partir de hoy.

lunes, 21 de agosto de 2017

Harold Budd - The Pavilion of Dreams (1978)



De todas las cosas que tenemos que agradecerle a Brian Eno, una de las más importantes es que convenciera a un músico como Harold Budd para tomarse su carrera más en serio, especialmente desde el punto de vista discográfico. El compositor norteamericano se había hecho un nombre en la escena californiana más vanguardista en su época de estudiante pero, inesperadamente, en 1970 abandonó la música por un periodo de dos años.

No sería la última “retirada” de su carrera pero el caso es que 1972 comenzó a trabajar, de modo muy pausado (todo en su obra lo es, realmente) en nuevas composiciones concluyendo un primer ciclo de obras en 1975. Tras dimitir del puesto como profesor en el California Institute of Arts que ocupó durante su primer hiato, en 1976 decidió grabar esas piezas y retomar su carrera discográfica.

Aquí es donde entra en acción Brian Eno quien en aquel momento estaba trabajando en su sello Obscure Records en el que habían aparecido algunos trabajos fundamentales dentro de una nueva forma de entender la música. Entre ellos encontramos obras de Gavin Bryars, Michael Nyman, La Penguin Cafe Orchestra o el propio Eno junto a las de varios autores más. Harold Budd firmaría el décimo y último disco de Obscure Records bajo el título de “The Pavilion of Dreams”. Como ocurría en varios de los discos de la serie, participan en él muchos de los intérpretes que firman a su vez otros títulos de la misma. La lista completa de intérpretes incluye a Marion Brown (saxo alto), Maggie Thomas (arpa), Richard Bernas (piano y celesta), Gavin Bryars (glockenspiel y voz), Jo Julian (marimba, vibráfono y  voz), Michael Nyman (marimba y voz), John White (marimba, percusión y voz), Howard Rees (marimba y vibráfono), Nigel Shipway (percusión) y Brian Eno (voz).

Budd & Eno


"Bismillahi 'Rrahman 'Rrahim" – La primera pieza del disco fue escrita en 1974 y se abre con unas notas de celesta acompañadas más tarde por el saxo de Marion Brown. El inicio recuerda mucho al famoso tema de amor que Vangelis compuso años más tarde para la banda sonora de Blade Runner, especialmente en términos de sonoridad. Brown era un saxofonista reputado de “free jazz” con una discografía que empezaba a ser ya importante y que incluía colaboraciones con alguno de los grandes como Coltrane. En esta pieza su papel es primordial al ser el principal elemento melódico. El acompañamiento comienza a mostrarnos ya las claves del estilo de Harold Budd: sonidos etéreos (la elección de la celesta no es casual), ecos y texturas sedosas. Todo ello a base de piano eléctrico, marimbas, arpa y glockenspiel, sonidos todos ellos pulsantes y breves, ideales para crear la atmósfera buscada por Budd.




“Two Songs: 1. Let Us Go into the House of the Lord / 2. Butterfly Sunday" – La segunda pieza del disco está compuesta por dos canciones, una, adaptada de la versión que hizo Pharoah Sanders de un himno “gospel” y la otra adaptada de una composición de John Coltrane. En las dos canciones escuchamos a la mezzo soprano Linda Richardson con el único acompañamiento del arpa de Maggie Thomas y ambas son bellísimas y podrían pasar por “lieder” clásicos sin problema alguno. Budd las escibió entre 1973 y 1974.

"Madrigals of the Rose Angel: 1. Rossetti Noise / 2. The Crystal Garden and a Coda" – Un poco antes, en 1972, había firmado las dos piezas que componen el tercer corte del disco y que supusieron su regreso a la composición musical. Con ellas queda perfectamente el estilo de Budd para el futuro: melodías lentas, con notas de prolongada duración, influencia minimalista y una búsqueda muy consciente de una sonoridad muy determinada. Brian Eno, productor del disco, es responsable con toda seguridad de buena parte de ese diseño sonoro pero también se valio de muchos de esos conceptos para su propia obra en solitario.




"Juno" – Cierra el disco una pieza de 1975 en la que Budd al piano toma un protagonismo que no había tenido hasta ahora. Las voces que lo acompañan tienen un tratamiento similar al que Brian Eno utilizaría pocos años más tarde en un par de cortes de su “Music for Airports” aunque aquí ocupan un plano mucho más secundario. Pese a pertenecer todas las piezas al mismo disco, se nota la distinta fecha en la que fue compuesta cada una de ellas apareciendo esta última como la más evolucionada.

Con “The Pavilion of Dreams”, Budd comenzó a ser un nombre a tener muy en cuenta y también su asociación con Brian Eno. No es casual que en la portada original del disco, junto al nombre de Budd y el título del trabajo figurase el texto “Produced by Brian Eno”, algo nada habitual en otros discos convencionales en los que la identidad del productor es secundaria y sólo se menciona en las notas del mismo si hay espacio suficiente. Harold Budd no es el primer nombre que nos viene a la cabeza cuando hablamos de estilos como “minimalismo” o “ambient” (él mismo reniega particularmente de esta última etiqueta) pero no cabe duda de que en los últimos tiempo su figura ha sido reivindicada y hoy ocupa un lugar importante a la hora de presentar y entender ambas corrientes.

jueves, 4 de abril de 2013

Delta Saxophone Quartet - Minimal Tendencies (1998)



A mediados del siglo XIX, Adolphe Sax patentaba un invento que pretendía combinar la potencia y capacidad sonora de los instrumentos clásicos de viento-metal con la versatilidad y expresividad de las maderas. Sax, hijo de un propietario de una tienda de instrumentos musicales contó con todo el material y las ideas necesarias a su disposición desde muy pequeño y fruto de ellas fue un instrumento que no tardó en hacerse popular y en introducirse, primero en las bandas callejeras y militares y más tarde en la propia orquesta clásica convirtiéndose, además en uno de los instrumentos más reconocidos de todo un género como es el jazz.

Poco a poco, el saxofón fue incorporándose a la orquesta y varios compositores le hicieron un hueco en sus partituras. Ravel, Bizet, Debussy, Glazunov, Milhaud o Hindemith escribieron obras con protagonismo del nuevo instrumento. También los grandes de la música rusa encontraron un sitio para el saxofón y hablamos de Prokofiev, Rachmaninoff o Shostakovich, pero donde podemos afirmar que el invento de Adolphe Sax ha tenido un papel casi imprescindible en el ámbito de la música clásica es en todos los movimientos que surgieron alrededor del llamado minimalismo el los años sesenta. Prácticamente todos los grandes representantes del género utilizaron saxofones a destajo y en sus respectivas bandas había varios intérpretes de esos instrumentos. Precisamente a estos músicos es a los que quiso dedicar Chris Caldwell la primera grabación publicada por su grupo, el Delta Saxophone Quartet, y el fruto de ese trabajo es el disco que hoy os comentamos. Integran el cuarteto Stephen Cottrell (saxo soprano y alto), Peter Whyman (saxo alto y barítono), Gareth Brady (saxo tenor y soprano) y Chris Caldwell (saxo barítono).

Con el paso de los años, el saxofón se ha ido perfeccionando y ha evolucionado en distintas variantes con sus tesituras particulares llegando a surgir una formación más o menos común como es el cuarteto de saxofones, a imagen de los clásicos cuartetos de cuerda aunque con una variación. Si el cuarteto de cuerda convencional consta de dos violines, una viola y un violonchelo, el de saxofones está normalmente integrado por cuatro instrumentos distintos, el saxo soprano, el alto, el barítono y el tenor. En 1984, el citado Caldwell formó su propio cuarteto de saxofones con el que comenzó a tocar el escaso repertorio disponible primero y a encargar más tarde obras específicas para su formato a diferentes compositores de modo que colaboraron estrechamente con nombres como los de Gavin Bryars, Graham Fitkin o Terry Riley. Tras mucho tiempo tocando este tipo de repertorio, en 1998, el cuarteto grabó su primer disco. Como les ocurre a muchos de los músicos encuadrados bajo la denominación de “minimalismo”, tampoco Caldwell se encontraba cómodo trabajando con es calificación pero, entendiendo que era un nombre que había hecho fortuna a nivel popular, no dudó en utilizarlo con ciertos matices para el título del disco, que en lugar de “música minimalista” o algo similar, fue “tendencias minimalistas”. El repertorio: varias obras de algunos de los artistas más representativos de dicha corriente.


Imagen de los integrantes del Delta Saxophone Quartet.

Abriendo el disco tenemos “New York Counterpoint” de Steve Reich, una pieza en tres movimientos escrita inicialmente para clarinete (que debía ser doblado hasta en diez pistas más con la ayuda de cintas magnetofónicas) y forma parte de una serie de obras para instrumento solista y cinta cuyo denominador común es la palabra “contrapunto” en el título y fue escrita en 1985. El arreglo para cuarteto de saxos fue realizado con la supervisión del compositor. Como en muchas otras piezas de la época, los movimientos de la pieza se alternan entre “rápido”, “lento” y “rápido”. El primero de ellos nos muestra al cuarteto como una masa coral que interpreta una música oscilante e hipnótica con algunos momentos de protagonismo de uno de los saxos como solista. El segundo movimiento nos recuerda a un péndulo que va y viene con un ritmo lento y constante mientras que el tercero es el más jazzistico de los tres y tiene un ritmo alegre muy pegadizo.

Tras Reich llega Philip Glass. A pesar de haber escrito alguna que otra obra específicamente para cuarteto de saxofones, el Delta Saxophone Quartet escoge una composición distinta para el disco. En 1983, Glass compone una de sus bandas sonoras más conocidas para la película “Mishima”. En aquella partitura había varios fragmentos interpretados por el Kronos Quartet que un tiempo después fueron reescritos por el autor conformando el que se conoce como su Cuarteto de Cuerda No.3. Esa versión es la que se toma como base para la trascripción de la partitura que escuchamos aquí. A pesar de lo complicado que resulta comparar versiones tan diferentes, creemos que la música de Mishima tiene una interesante nueva lectura a través del Delta Saxophone Quartet con alguno de los movimientos (particularmente el segundo, mucho más lento que el original) que ganan en expresividad y otros como el tercero que se dirían escritos para este formato por el ritmo casi jazzistico que lo domina.

El tercer compositor incluido en la colección es el británico Gavin Bryars, uno de los primeros compositores con los que colaboró el cuarteto, antiguo miembro de la banda de Steve Reich. “Alaric I or II” fue encargada específicamente por el cuarteto a Bryars. Comenta Stephen Cottrell, miembro de la formación, que pasaron mucho tiempo con Gavin hablando sobre el saxofón y sobre qué tipo de música no se adaptaba bien al cuarteto y cuál, en cambio, lo hacía mejor. A la hora de escribir la pieza, Bryars se quedó sólo con música del primer grupo. Bromas aparte, la partitura rompe la formación tradicional del cuarteto de saxos utilizando dos saxos sopranos, uno alto y uno barítono (prescindiendo del saxo tenor y asemejándose más a la configuración de un cuarteto de cuerda). Con todo, la pieza, técnicamente muy difícil en palabras de Cottrell, es una buena muestra de la escritura de su autor. El título denota el gran sentido del humor del músico británico ya que está dedicado al monte Alarico, en Francia, llamado así en honor del rey visigodo. Como fueron dos los monarcas con ese nombre y se desconoce a cual de los dos corresponde el honor de verse representado por el monte, Bryars optó por titular la obra “Alarico I o II”.


Michael Nyman tiene su sitio en el disco por medio de sus “Songs for Tony”. Explica el propio músico que en la Nochebuena de 1992 comenzó a escribir un cuarteto para saxofones y cómo unos días después recibió la noticia de la muerte del que fue su manager Tony Simmons tras una larga lucha con el cáncer. En aquel momento decidió romper todos los bocetos del cuarteto y escribir una serie de canciones en memoria de su amigo. Cada una de ellas tendría un “aria” interpretada por una de las voces del cuarteto mientras que las otras servirían de acompañamiento. La primera de las canciones fue una adaptación de otra recientemente escrita que llevaba el título de “Mozart on Mortality” y que giraba alrededor de un texto del propio Mozart que decía “puede que no llegue a ver otro día” que a Nyman le pareció completamente apropiado para la ocasión. La segunda de las canciones era otra adaptación, en este caso de una de las melodías de la banda sonora de “El Piano”, el último gran contrato cinematográfico que Simmons consiguió para su protegido. La tercera canción de la serie, era una composición inédita que Nyman guardaba para una ocasión especial mientras que la cuarta, la más lúgubre de todas fue compuesta especialmente para la ocasión a modo de canto fúnebre aunque tenía una luminosidad especial en algunos instantes, lo que la convertía en el colofón perfecto para la obra.

Cerrando la colección tenemos a un músico que no podía faltar en una selección de “tendencias minimalistas”: Terry Riley”. La pieza escogida data de 1964 y fue concebida para un pequeño grupo de músicos de número indeterminado. En la grabación del disco, los miembros del Delta Saxophone Quartet se toman la libertad de doblar sus pistas convirtiéndose, de hecho, en un octeto, lo que encaja perfectamente con la libertad interpretativa que lleva implícita toda obra de Riley por expreso deseo de su creador. Si somos estrictos con la cronología del movimiento minimalista, ésta sería la única obra del disco propiamente perteneciente a la época fundacional de ese estilo. Tenemos así un cierre muy adecuado para recordarnos de dónde viene todo.


Consideramos este “Minimal Tendencies” que hoy hemos comentado como un disco muy interesante para introducirse en un género nada fácil de asimilar en un primer momento. Por un lado nos presenta obras de una escucha amable como las de Nyman o Glass que permitirán un acercamiento menos traumático al minimalismo y por otra parte, los familiarizados con el género podrán disfrutar de versiones bastante diferentes en cuanto a formato de las que habrán escuchado anteriormente. Por todo ello, recomendamos la adquisición del disco, algo que se puede hacer en los enlaces acostumbrados:

domingo, 27 de noviembre de 2011

Gavin Bryars - Piano Concerto (The Solway Canal) (2011)



El caso de Gavin Bryars es bastante peculiar. Con un aspecto que nos recuerda más al de un viejo boxeador al que nos podríamos encontrar en cualquier pub irlandés detrás de una pinta de cerveza a medio terminar, estamos hablando, por contra, de uno de los más brillantes compositores ingleses de la actualidad y que empezó como contrabajista de un conjunto de jazz pero que pronto optó por la formación académica e, incluso, se desplazó a EE.UU. donde trabajó con John Cage entre otros. Tras eso, volvió al Reino Unido donde se dedicó a enseñar música en Portsmouth donde fundó la legendaria, si es que se puede llamar así, Portsmouth Sinfonía, autodenominada como “la peor orquesta del mundo”. Para entrar en la orquesta había que cumplir un único requisito: no ser músico o, en su defecto, si eras músico tenías que tocar un instrumento ajeno a aquel que dominabas. No se trataba de tocar mal ya que, por el contrario, se exigía a los “músicos” hacerlo lo mejor que pudieran. Esta curiosa congregación de “no músicos” llegó a grabar un LP y varios singles de cierto éxito en su tiempo. Como curiosidad, Brian Eno llegó a formar parte de la Portsmouth Sinfonía en su juventud. La colaboración entre Bryars y Eno tuvo más episodios entre los que destacan los arreglos que hizo para el disco “Discreet Music” del segundo.


Gavin Bryars

A finales de los sesenta escribió la que quizá sea su obra más conocida: “The Sinking of Titanic” (1969) seguida poco después por la no menos popular “Jesus Blood Never Failed Me Yet” (1971). Ambas obtuvieron un grán éxito mucho más tarde, vaya usted a saber por qué, tras sendas reediciones ya en los años noventa cuando la categoría de las dos obras era realmente notable y habría merecido un reconocimiento mucho antes, aunque ese fenómeno no es ajeno a muchos compositores contemporaneos, y pienso en Henryk Gorecki y su 3ª sinfonía sin ir más lejos. La mayor parte de la obra de Bryars está escrita para pequeñas formaciones de cámara, especialmente para su propia banda, la Gavin Bryars Ensemble. Aunque su obra tuvo momentos que le acercaron al minimalismo, lo cierto es que su estilo mezcla varias corrientes, reflejando un gran interés en la música antigua y, en general, en toda la música de los siglos pasados. Algo parecido a lo que ocurre con otros músicos habituales en el blog como Arvo Pärt o John Tavener pero con resultados muy diferentes. En cualquier caso, nos encontramos ante uno de los más asequibles compositores contemporaneos sin que el término "asequible" signifique una merma en ningún caso de la calidad de su música.

El disco que nos ocupa hoy, es una selección de piezas enfocadas en el piano, recientemente publicada por el sello Naxos. La primera de ellas, titulada “After Haendel’s Vesper” data de 1995 y fue escrita originalmente para clavicembalo. En el momento de la escritura de la pieza, Bryars atravesaba una etapa de inspiración en la música del periodo barroco y en este caso, es una obra de Haendel la que sirve de punto de partida para nuestro compositor. La pieza de Bryars combina materiales contemporaneos, especialmente minimalistas, con puntuales adornos barrocos e incluso, ciertos aires jazzisticos. Comienza de forma solemne y pausada, muy lenta y ceremonial hasta que llegamos a la parte central en la que la música fluye con ese estilo típico de su autor en el que las notas nos van llegando de forma casi ondulante y que ha hecho de Bryars uno de los músicos contemporaneos más reconocibles. Por algún motivo, cuando escuchamos esta pieza nos viene siempre a la cabeza la obra de otro gran maestro como fue Claude Debussy en cuya música encontramos las mismas características evocadoras que, más que melodías concretas que todos podemos tararear, nos dejan ambientes y sensaciones dispersas más difíciles de recordar en cualquier momento pero igualmente valiosas.

“Ramble on Cortona” se escribió el pasado año 2010 y está especialmente dedicada al intérprete de la grabación, Ralph Van Raat, de cuyas habilidades ya hemos dado cuenta en anteriores entradas. Se trata de una adaptación de varios temas pertenecientes a “Laude”, obra vocal escrita por Bryars recientemente a partir de unos manuscritos del S.XIII hallados en Cortona, Italia y es una de las escasísimas piezas para piano sólo de la producción de su autor. A pesar de los años transcurridos entre ambas piezas, tanto ésta como la anterior obra del disco comparten las mismas características y espíritu.

“Piano Concerto (The Solway Canal)” es la pieza central del disco. Como la anterior, está dedicada al pianista Van Raat y también se escribió el año pasado. Escrita para piano, coro y orquesta, no se trata del típico concierto en el que el piano se enfrenta cara a cara con la orquesta en una lucha de virtuosismo sino que cumple un papel, casi introductorio, como un guía que nos transporta de un pasaje a otro de los interpretados por el resto de los músicos y cantantes. En esta función, el piano suena tremendamente lírico y colorista, al modo de los maestros del impresionismo francés. El papel del coro es bastante extraño. El texto que cantan está basado en dos sonetos del poeta escocés Edwin Morgan, el primero de los cuales dá título al concierto. Sin embargo, en muchos momentos de la obra, el texto es apenas audible y hay que esforzarse para entender los versos. Los poemas de Morgan nos hablan de paisajes en la niebla, con barcos que navegan sin ser vistos a más de unos pocos metros de distancia y, probablemente esa es la idea que se quiere evocar con ese papel, casi furtivo, del coro en muchas ocasiones. En nuestra opinión, se trata de una obra sobresaliente a la altura de las mejores de su autor.


Extracto del concierto para piano


Aparte de la comentada aportación del pianista Ralph Van Raat, único intérprete en las dos primeras piezas del disco, participan en la grabación del concierto para piano la Netherlands Radio Chamber Philharmonic y el coro Capella Amsterdam bajo la dirección de Otto Tausk.

Os dejamos los habituales enlaces para adquirir el disco:

amazon.es

fnac.es

En el siguiente video, en inglés, podeis ver a Van Raat y Bryars hablando del proceso de composición del concierto: