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lunes, 12 de agosto de 2024

Art Lande & Jan Garbarek - Red Lanta (1973)



Resulta verdaderamente sorprendente que un pianista relativamente desconocido como era el neoyorquino Art Lande en 1973, de quien apenas existía alguna rara grabación en directo llegase a llamar la atención de Manfred Eicher hasta el punto de ofrecerle grabar su disco de debut en un sello como ECM en el que la nómina de pianistas estaba más que cubierta con nombres como los de Paul Bley, Chick Corea o Keith Jarrett. Quizá por ese riesgo se tomó la decisión de que el trabajo fuera firmado en su portada como un dúo con otra de las estrellas del sello, el saxofonista Jan Garbarek, aunque todas las composiciones del disco estaban acreditadas a Lande. En todo caso, la participación de Garbarek se centra en improvisaciones sobre el piano de Art, principalmente a la flauta, aunque también toca los saxos.


El disco se grabó en un par de días, de acuerdo con la metodología habitual de ECM en la época, apenas un par de semanas antes del “Witchi-Tai-To” de Garbarek con el cuarteto que formó con Bobo Stetson. El título, “Red Lanta”, es un anagrama del nombre del propio Art Lande, aficionado a ese tipo de juego de palabras (un tiempo después firmaría algún disco como Earl Dant, otro anagrama).


“Quintenaissance” - El comienzo del trabajo es muy melódico con la flauta de Garbarek encargándose del tema principal en la primera mitad hasta que Lande toma el relevo pasando de un inicio más folk a un tema mucho más jazzístico que se extiende durante todo el resto de la composición confirmando, de algún modo, quién lleva el peso de la obra. Garbarek reaparece en el tramo final recuperando la melodía inicial a modo de cierre.




“Velvet” - La segunda pieza tira más hacia el blues con una lánguida cadencia de piano a la que se suma el saxo soprano de Garbarek realzando el tono reflexivo del tema. El entendimiento aquí entre los dos artistas es muy notable y nos permite disfrutar de una gran composición que anticiparía el sonido de sellos futuros como Windham Hill.


“Waltz for A” - Pese a lo que indica el título, la siguiente composición no se ajusta a lo que entendemos por un vals salvo en contados momentos. Tiene todo el aspecto de una improvisación a dúo llena de diálogos entre la flauta y el piano que solo en el último tramo se centra en una melodía, ahora sí, con aire de vals.


“Awakening / Midweek” - Con mucha diferencia, el tema más largo de todo el trabajo. Empieza lentamente con el piano lanzando al aire una serie de acordes parsimoniosos a partir de los cuales es la flauta la que desgrana una de las mejores melodías del disco. Tras este comienzo, empieza una animada conversación entre los dos instrumentistas con retornos continuos al motivo central y variaciones sobre el mismo. Una buena oportunidad para apreciar el estilo de Lande, cercano a veces al del propio Jarrett.




“Verdulac” - Cambio radical con la siguiente pieza que comienza con un intenso ritmo de piano al que se suma el saxo conformando una maravillosa composición aflamencada que se revela como uno de los momentos más espectaculares del disco con Lande y Grabarek ofreciendo su mejor versión. Imprescindible.


“Miss Fortune” - Ambos intérpretes regresan al formato de piano y flauta para ofrecernos otro dueto muy inspirado, de nuevo en un formato más clásico de jazz contemporáneo entendido a la manera del sello ECM. Todo ello en un nivel muy alto tanto en las interpretaciones como en la propia composición.


“Open Return / Canción del momento” - En el último tramo del disco nos encontramos este “medley” entre dos piezas diferentes, la primera, una improvisación de piano dentro de los estándares del jazz más clásico y la segunda, sin salirse de esos parámetros, algo más dinámica. Es la única pieza del trabajo sin participación de Garbarek.


“Meanwhile” - Quizá para compensar eso último, el saxo del noruego es el que nos introduce en el penúltimo tema con una breve intervención que da paso al piano que vuelve a ser protagonista casi absoluto hasta el final.


“Cherifen Dream of Renate” - Cerrando el disco, escuchamos una melodía que, pese a que la autoría de todas las piezas del disco está atribuida a Art Lande, tiene todo el estilo del Garbarek más folclórico. En todo caso, siempre puede ser una improvisación sobre la composición de piano de Lande. La cuestión es que nos ofrece un cierre perfecto para un gran disco.



Después de este “Red Lanta”, Art Lande formó el grupo Rubisa Patrol con Mark Isham, Bill Douglass y Glenn Cronkhite con quienes grabó un par de trabajos pero a partir de entonces, y sin abandonar la composición y la publicación de discos, se centró en su carrera como docente en Cornell, St.Gallen (Suiza) y en Boulder, en diferentes etapas. Un músico interesante de que no es nada facil seguir la pista. Entre los trabajos que sería posible encontrar hoy (aunque buscando mucho) están un par de discos que grabó para el sello Windham Hill con cuentos infantiles narrados por Holly Hunter y Meg Ryan, al estilo de los que hizo en su día el también pianista George Winston. La trayectoria de Garbarek, por su parte, es bien conocida y ha seguido brindándonos grandes trabajos durante décadas aunque hace ya unos años que no tenemos noticias suyas. Siempre es buen momento, en todo caso, para disfrutar de sus grabaciones clásicas como es este “Red Lanta” que os recomendamos hoy.


martes, 31 de octubre de 2023

Miroslav Vitous & Jan Garbarek - Atmos (1993)



Tenemos la sensación de que un músico como el checo Miroslav Vitous no es tan conocido como debería ya que estamos ante un contrabajista que ha tocado con las mayores figuras del jazz y del jazz-fusión e incluso ha sido miembro fundador de una banda tan influyente como Weather Report. Miroslav empezó a llamar la atención desde niño y, todavía en su Checoslovaquia natal, ya compartió grupo con una futura estrella como Jan Hammer pero fue en Estados Unidos, adonde se trasladó para completar su formación en Berklee, donde empezaría a codearse con los mejores. Allí tocó con Cannonball Adderley, Fred Hubbard o Miles Davis consiguiendo hacerse un nombre al máximo nivel. De otra forma no se entendería que en su primer disco como solista participasen Joel Henderson, Herbie Hancock, Jack Dejohnnette y John McLaughlin. Una formación de ensueño. Tras una interesante etapa en Weather Report, abandonó la banda por diferencias creativas con Joe Zawinul (según el teclista, Vitous era un gran contrabajista pero no para tocar funk, algo necesario para la evolución que estaba teniendo la banda).


A partir de aquel momento, Vitous se tomó su carrera de forma más relajada, alejándose un tiempo de la música y tocando solo como invitado en discos de otros y esto fue así hasta que en 1978 formó un trío con Terje Rypdal y Jack Dejohnnette que le llevaría a firmar con el sello ECM entrando en su etapa más popular o, al menos, en la que nos hizo conocerle. El disco que queremos comentar hoy no es de esa etapa inicial sino bastante posterior y cuenta con la colaboración de nuestro admirado Jan Garbarek como artista invitado y co-autor de un par de temas. “Atmos” se publicó en 1993 y recoge una serie de dúos contrabajo/saxofón en los que podemos disfrutar de lo mejor de ambos artistas en un formato no demasiado explorado en el jazz pero en el que hay algunos discos notables.



“Pegasos” - El primer tema está lleno de misterio. Garbarek toca una melodía muy sencilla con Vitous rasgando las cuerdas del contrabajo como si fuera una guitarra. Luego éste se queda solo un instante antes de la segunda intervención del saxofonista. En determinados momentos, Vitous no se limita a pulsar las cuerdas sino que percute sobre la propia caja del instrumento, todo ello en tiempo real como deja bien claro en las notas del disco, resaltando que no hay post-producción de ningún tipo. Hay varios temas dentro de esta composición, marcados cada uno de ellos por una melodía diferente de saxo lo que termina por conformar una excelente introducción a un disco que, como todo lo que sale de ECM, requiere de una escucha atenta para no perder detalle.


“Goddess” - La siguiente parada tiene forma de diálogo en el que el contrabajo propone y el saxo responde intercalándose momentos de colaboración al unísono. Es fascinante la cantidad de sonidos diferentes que Vitous arranca de su instrumento haciendo que tan pronto estemos escuchando un contrabajo al uso como cambie a tesituras más propias de un bajo eléctrico sin trastes, por ejemplo. La “percusión” tiene aquí un gran protagonismo en la parte central, muy animada e ideal para el lucimiento de Garbarek.


“Forthcoming” - Vitous se encarga en solitario de toda la pieza combinando una interpretación “convencional” con el golpeo del instrumento. A priori, una pieza de contrabajo solo no resulta especialmente atractiva pero en esta ocasión esa afirmación no puede ser más gratuita. Vitous nos ofrece una composición intrigante y llena de tensión que merece la pena escuchar una y otra vez.


“Atmos” - Garbarek regresa para el tema que da título al disco y lo hace llevando todo el peso melódico, acaso para compensar su ausencia en la composición anterior. Su característico fraseo nos lleva por terrenos propios de discos como su “Twelve Moons”, que sería grabado poco después de éste.


“Time Out, Part I” - Llegamos a la única composición del disco que firman conjuntamente Vitous y Garbarek. En ella, aparte del saxo y el contrabajo, escuchamos sonidos orquestales procedentes de la “Miroslav Vitous Symphony Orchestra Sound Library”. El tono general nos recuerda mucho al del “Sketches of Spain” de Miles Davis, con melodías que parece que van a romper en una saeta en cualquier momento y rasgueos aflamencados por parte de Vitous. Muy sorprendente en el mejor de los sentidos.


“Direvision” - Como pasaba en “Forthcoming”, asistimos aquí a otro tema interpretado en su totalidad por Vitous. Construido a partir de breves conjuntos de dos notas que van alternándose, el bajista va sumando diferentes improvisaciones a lo largo de toda la composición. Para escuchar con la luz apagada.


“Time Out, Part II” - Segunda parte de “Time Out”. El aire español de la primera está aquí mucho más difuminado aunque seguimos escuchando la “orquesta” virtual de Vitous subrayando determinados pasajes. Por momentos Garbarek se acerca al “free jazz” de Ornette Coleman pero sin llegar a la locura que suele proponer aquel.


“Helikon” - Continuando con la tenue atmósfera flamenca, los ambientes de esta pieza nos recuerdan al “Siesta” de Miles Davis y Marcus Miller. Es, de nuevo, una pieza en solitario de Vitous pero con algún acompañamiento electrónico de su librería sonora. Muy evocador y nostálgico.


“Hippukrene” - Garbarek se reincorpora para la despedida en uno de los cortes más directos del trabajo. Una melodía muy clara, de tintes cinematográficos que va evolucionando hacia sonidos más folclóricos, especialmente en la parte final en la que Vitous comienza a marcar los ritmos tanto con las cuerdas como con las percusiones. Hipnótico y muy cercano a lo que Garbarek hacía por entonces.



Hasta donde sabemos, el dúo Vitous / Garbarek no volvió a colaborar como tal y es una pena porque aquí funciona realmente bien. Existe un disco anterior (“StAR”) grabado solo unos meses antes como trío con el batería Peter Erskine y mucho más coral en cuanto a su autoría ya que todos los músicos aportan piezas propias (no olvidemos que este “Atmos” es, en esencia, un disco de Miroslav Vitous). También un disco bastante posterior en el que el contrabajista reune a Garbarek con Chick Corea, John McLaughliny Jack Dejohnnette para formar un quinteto de fantasía pero tampoco ahí disfrutamos de las sutilezas del engarce entre saxofón y contrabajo que se dan en este “Atmos”. Por las propias características de la música, no es un disco para escuchar todos los días pero sí para volver a él periódicamente y seguir descubriendo matices nuevos.

jueves, 30 de junio de 2022

Terje Rypdal - Terje Rypdal (1971)




Toca hablar hoy de uno de los artistas más particulares del sello ECM y para ello viajamos a Noruega, tierra natal del guitarrista Terje Rypdal. Su padre era clarinetista y director por lo que el contacto con la música del joven Terje se dio muy pronto. Aunque sus primeros instrumentos fueron el piano y la trompeta, en cuanto descubrió la guitarra (que aprendió a tocar por su cuenta) supo que la elección estaba tomada, especialmente cuando conoció la música de Jimi Hendrix y empezó a tocar en un estilo más psicodélico dejando atrás su primera etapa en la que imitaba a Hank Marvin de los Shadows. En todo caso, sus influencias abarcan desde la música académica más vanguardista de la época (Ligeti) hasta el jazz de Miles Davis o Coltrane lo que hizo que pronto entrase en contacto con todo tipo de músicos en su Noruega natal incluyendo a George Russell, pieza fundamental en el nacimiento del llamado “jazz nórdico” y, sobre todo, con Jan Garbarek quien propició la entrada de Rypdal en el sello ECM. Allí no tardó en destacar y enseguida recibió el encargo de Manfred Eicher de grabar un disco en solitario en cuanto escuchó varias piezas del músico descartadas de uno de los discos con Garbarek.


El debut de Rypdal con ECM se produjo con el disco homónimo en el que participarían buena parte de los colaboradores habituales de Garbarek, incluído el propio saxofonista. La alineación la formaban: Jan Garbarek (saxo, flauta y clarinete), Eckerhard Fintl (oboe y corno inglés), Bobo Stenson (piano eléctrico), Tom Halversen (piano eléctrico), Arild Andersen (bajo eléctrico y contrabajo), Bjornar Andresen (bajo eléctrico), Jon Christensen (percusión) e Inger Lise Rypdal, esposa del músico por aquel entonces y cantante. Terje tocaba la guitarra y la flauta.


Terje Rypdal


“Keep it Like That – Tight” - La pieza se abre con unas notas de contrabajo aderezadas con acordes de guitarra que dejan entrever un fondo funk, aún algo tenue. Entra la batería para subrayar las notas del contrabajo y la pieza empieza a coger vuelo, siempre con un aire misterioso muy cinematográfico. En la segunda parte aparece el saxo de Garbarek, un punto desgarrado junto con el piano eléctrico y se adueñan por completo del final del tema junto con la guitarra de Rypdal que aporta un toque ácido muy característico que encaja a la perfección con la atmósfera de la pieza.


“Rainbow” - El segundo corte del disco comienza de un modo oscuro, con el contrabajo explorando su tesitura más grave y el clarinete incorporando un elemento de misterio acentuado con la percusión y, más tarde, con la flauta. Es una excelente pieza ambiental que pone de manifiesto la maestría de Rypdal a la hora de manejar estados de ánimo en el oyente.


“Electric Fantasy” - El siguiente tema enlaza con la atmósfera del anterior con la incorporación del piano eléctrico en la entrada, que combinado con el corno inglés y la flauta nos acercan al Miles Davis más experimental. Son momentos de protagonismo de Garbarek y de la batería de Jon Christensen que dialogan durante unos minutos con el contrabajo haciendo de testigo y preparándonos para la aparición de la voz de Inger Lise Rypdal, absolutamente inquietante. En el final toma el relevo el oboe de Fintl que, junto con las guitarras, nos acompaña durante el siguiente tramo de la pieza hasta llegar al final en el que es Garbarek de nuevo el que toma el papel principal a dúo con el bajo de Andersen.


“Lontano II” - Poco antes de la grabación del disco, Rypdal había participado en “Sart”, grabación de Jan Garbarek prácticamente con la misma banda que toca aquí. En ella, Rypdal aportaba su composición “Lontano” de la que escuchamos aquí su segunda parte. Muy tenebrosa, como es la línea general de todo el disco y que hace las veces de transición.


“Tough Enough” - Cerrando el disco, escuchamos la guitarra de Rypdal en su versión más nítida, en una pieza más convencional que el resto y donde, junto con el bajo de Andersen y la batería de Christensen, todos funcionan como un trío perfectamente engrasado que se atreve incluso con un blues lleno de fuerza en medio de la pieza.



Quizá Terje Rypdal no haya sido nunca uno de los artistas más populares del sello ECM pero eso no quita para que su forma de tocar la guitarra, tan poco jazzística si la comparamos, por ejemplo, con la de Pat Metheny cuando formó parte de la nómina de la discográfica, le convierta en uno de los intérpretes más personales. Sus ambientes y atmósferas (esa influencia de Ligeti) son siempre fascinantes lo que le llevó a formar parte de la banda sonora de una película tan icónica como fue “Heat” en su momento. Aunque todavía no había aparecido por el blog en todo este tiempo, estamos seguros de que lo hará en más de una ocasión en el futuro.



miércoles, 11 de agosto de 2021

Charlie Haden / Jan Garbarek / Egberto Gismonti - Magico (1980)




Sucede muchas veces en los sellos que se especializan en un determinado tipo de música que los artistas más destacados se juntan para grabar creando combinaciones maravillosas con resultados que, en ocasiones, se encuentran a la altura de las mayores expectativas. Algo así ocurre con el disco que comentamos hoy. En “Magico”, que es como se titula el trabajo, se producía la reunión de tres de los músicos más prometedores del sello ECM: el pianista y guitarrista brasileño Egberto Gismonti, el saxofonista y flautista noruego Jan Garbarek y el contrabajista norteamericano Charlie Haden. En puridad, Haden no era un músico de ECM aunque había participado en alguna grabación de Keith Jarrett para el sello. Sin embargo, a partir de “Magico” publicó varios discos más con la discográfica de Manfred Eicher. Juntar a un noruego, un brasileño y un estadounidense parece el comienzo de un chiste pero en este caso es solo la premisa de la que parte un gran disco. Uno de los que mejor representa el espíritu y el sonido de uno de los sellos fundamentales de la música contemporánea.


“Bailarina” - El disco comienza con una versión de un tema de Piry Reis, cantautor brasileño que colaboró en varias ocasiones con Gismonti. La versión de nuestro trío es extensa y se recrea en muchos momentos de la composición original. Como parece natural, el saxo de Garbarek es el que lleva la voz cantante en la mayor parte del tema con la guitarra de Gismonti puntualizando en muchos pasajes con una serie de arpegios que encajan a la perfección. Haden, mientras tanto, rellena los huecos al contrabajo de esa forma en que lo suele hacer: sin ser apenas percibido a primera vista pero aportando algo que si no estuviera se echaría de menos. Gismonti asume el protagonismo en la parte central del corte ejecutando un precioso solo lleno de síncopasy combinando distintos tipos de guitarra. A continuación aparece Haden con su sutileza habitual y Gismonti se anima a tararear una melodía con ese estilo tan característico de los músicos sudamericanos que hemos escuchado, por ejemplo, en el Pat Metheny Group con Pedro Aznar o Nando Lauria. El segmento final nos devuelve a Garbarek con una nueva intervención llena de intensidad con la que nos deslizamos hacia la conclusión no sin antes disfrutar de un gran solo de Charlie Haden.


“Magico” - El segundo corte es una composición de Gismonti, muy melódica, en la que Garbarek disfruta ofreciendonos ese sonido cristalino de su saxo soprano. Sin embargo nos quedamos con los hipnóticos juegos de guitarra de Gismonti en la segunda mitad del tema, absolutamente mágicos como indica el título.


“Silence” - Llegamos a la única pieza del disco escrita por Charlie Haden, composición que grabaría más tarde en distintas ocasiones para discos propios. Gismonti en esta ocasión aparca las guitarras para centrarse en el piano con una serie de acordes pausados sobre los que Garbarek ejecuta el tema central completando una balada exquisita con el sabor del jazz clásico y la elegancia que siempre ha tenido la música de Haden.


“Spor” - Faltaba la aportación como autor de Garbarek y ésta llega aquí con esta pieza que también sería grabada por el músico noruego en discos posteriores. Tranquilo, como todo el disco, el saxofonista cede toda la introducción a sus compañeros de trío con Gismonti recuperando la guitarra. El noruego aparecerá más tarde con el saxo para afontar el tema central. Delicado, breve y conciso.


“Palhaço” - El único músico del trío que repite como autor es Gismonti quien vuelve a revelarse como el más inclinado a la melodía de los tres. El brasileño vuelve al piano en una composición deliciosa en la que escuchamos los motivos más inspirados de todo el disco, especialmente en el segmento central.


La magia surgida entre los tres músicos en esta grabación tuvo continuidad un año después con “Folk Songs”, disco que quizá aparezca por aquí más adelante, y con el disco en directo “Magico: Carta de Amor”, grabado en aquellas fechas pero publicado de forma tardía en 2012. Una trilogía perfecta para disfrutar de una rara conjunción de talentos de esas que se dan cada cierto tiempo.



miércoles, 30 de septiembre de 2020

Jan Garbarek-Bobo Stenson Quartet - Witchi-Tai-To (1974)



Una de las corrientes más inesperadas del jazz moderno surgió a caballo entre las décadas de los sesenta y los setenta en Escandinavia. Pese a ser un género inequívocamente norteamericano, el jazz pronto atrajo a la intelectualidad europea y se convirtió en una música sofisticada y distinguida cuya escucha se quiso ver como sinónimo de cultura y modernidad. Por ello, era habitual que las grandes estrellas americanas tocasen habitualmente en la vieja Europa lo que propició que músicos locales comenzasen a interesarse también en el jazz y a integrarlo en su propia expresión musical. Dentro del continente, los países nórdicos fueron especialmente entusiastas acogiendo enseguida no solo la música sino también a los músicos. Uno de esos artistas que quedaron fascinados por Escandinavia fue el pianista George Russell quien, tras actuar allí con su banda, decidió quedarse a vivir y continuar su carrera junto con músicos locales. Entre los artistas con los que trabó contacto y empezó a colaborar se encontraban Terje Rypdal, Jan Garbarek y Jon Christensen. Los tres participaron en distintos discos de Russell y poco después iniciaron una larga serie de colaboraciones entre sí y junto a multitud de artistas nórdicos. Sin ir más lejos, Terje y Jon formaron parte del cuarteto que grabó el segundo disco de Jan Garbarek, “Esoteric Circle” (1969) cuya producción corrió por cuenta, precisamente, de George Russell.


No tardaron en grabar un segundo trabajo, ya dentro del sello ECM que desde el primer momento se convirtió en el buque insignia del pujante “Jazz Nórdico”. El grupo de Garbarek se amplió a quinteto con la llegada del sueco Bobo Stenson y de Arild Andersen y juntos grabaron “SART” (1971). Stenson era un pianista muy reputado e inquieto que también grababa con diferentes formaciones, incluyendo su trío en el que se integró Jon Christensen o la banda Rena Rama en la que coincidió con el contrabajista Palle Danielsson que es la pieza que faltaba para cerrar nuestro puzzle.


Stenson iba a grabar para ECM con su trío pero tras una “jam session” en la que participó Garbarek, se cambió de idea y lo que terminó surgiendo de ahí fue el Jan Garbarek – Bobo Stenson Quartet integrado por ambos músicos, Jon Christensen y Palle Danielson quienes grabaron el disco que traemos hoy aquí: “Witchi-Tai-To”. La grabación tuvo lugar en Oslo bajo las normas estéticas que Manfred Eicher implantó para su sello ECM, es decir, grabación en muy pocas sesiones, ausencia de retoques posteriores y poner a la música y a los músicos en el centro de todo. Una especie de trasunto de la revolución que su buen amigo Jean-Luc Godard llevó al cine años antes. Como curiosidad, prácticamente todas las piezas del disco eran composiciones ajenas a los intérpretes. En algún caso ajenas también al mundo del jazz.


“A.I.R.” - La primera pieza de disco es obra de la pianista y teclista Carla Bley y formó parte de su “ópera-jazz” “Escalator Over the Hill” (1971). El título son las iniciales de “All India Radio”. Nos recibe la pieza con una serie de percusiones entre las que se encuentra el propio piano y el contrabajo que son golpeados por sus intérpretes de forma rítmica. Aparece entonces el saxo de Garbarek ejecutando la melodía central con su nitidez habitual. Conforme avanzamos, el piano y la percusión se hacen más presentes y van construyendo un ambiente que nos recuerda a veces al “Bitches Brew” de Miles Davis aparecido unos meses antes. Sobre ese tenso fondo vamos asistiendo a las improvisaciones, primero de Jan y luego de Bobo Stenson al piano en las que nos demuestran ambos un nivel superlativo.


“Kukka” - La única pieza firmada por un miembro del grupo es esta composición del contrabajista Palle Danielson. Los primeros minutos funciona como un trío clásico de piano, batería y contrabajo con especial mención para éste último, que por algo es el instrumento del autor de la pieza. Garbarek aparece solo al final con el saxo tenor para cerrar una composición con el sabor del jazz de toda la vida.


“Hasta Siempre” - Quizá la mayor sorpresa del disco venga por esta versión del “Hasta Siempre , Comandante” que el “cantor de la Revolución”, Carlos Puebla, dedicó al Ché Guevara cuando éste anunció que dejaba Cuba. Es una de sus canciones más interpretadas por artistas de todo tipo pero ninguna de esas versiones puede compararse a esta por lo inesperado de la misma. La introducción tiene un cierto aire aflamencado en la parte de Garbarek pero siempre sobre un fondo free-jazz notable. Tras una breve pausa toma la palabra Stenson al piano y entra el saxo de Jan para ejecutar la melodía central. Mientras tanto, batería y contrabajo marcan un ritmo continuo que nos recuerda siquiera lejanamente a la “Solea” del “Sketches of Spain” de Miles Davis, una pieza con la que, bien mirado, esta versión tendría muchas similitudes estéticas.




“Witchi-Tai-To” - Jim Pepper fue una gran influencia para Garbarek por su forma de interpretar el saxo. El músico, de ascendencia nativo-americana, fue también un pionero a la hora de mezclar elementos de su folclore natal con el jazz más vanguardista y quizá sea esta pieza el mejor ejemplo de ello. Comienza con una preciosa introducción al piano por parte de Bobo Stenson en clave de blues que enseguida va rolando hacia un jazz más puro de la mano, sobre todo de la sección rítmica. No es hasta mediada la pieza que aparece Garbarek para ejecutar un solo lleno de emoción que nos acompaña hasta el final. Como prueba de la devoción de Garbarek por esta composición en particular, está el hecho de que la volvió a grabar años después para su disco “Twelve Moons”.


“Desireless” - La parte final del disco la ocupa una composición del trompetista Don Cherry perteneciente a su trabajo “Relativity Suite” publicado muy pocos meses antes, Lo curioso es que, mientras que el original de Cherry no alcanza el minuto y medio de duración y se limita a una melodía que, además, recuerda bastante a la de “Sound of Silence” de Simon and Garfunkel, la versión del cuarteto que hoy nos ocupa se extiende a lo largo de veinte minutos de locura en los que la breve melodía de Cherry es sólo la excusa para empezar. A partir de ahí asistimos a una delirante exhibición de creatividad al nivel de los mejores discos de jazz de su época.






Poco después de terminar el disco, Garbarek, Danielsson y Christensen se integraron en el llamado “cuarteto europeo” de Keith Jarrett, contrapartida de su “cuarteto americano” del que formaban parte Charlie Haden, Paul Motian y Dewey Redman pero esa será otra historia. Como Garbarek – Stenson Quartet aún grabaron algún disco más antes de seguir cada uno por su camino aunque volverían a encontrarse en alguna ocasión. “Witchi-Tai-To” pasa por ser uno de los mejores trabajos en su género y la revista Jazz Forum (quizá la más importante de Europa en su momento) lo eligió como disco del año. También suele mencionarsele entre los discos más interesantes de Jan Garbarek y, por supuesto, es uno de los destacados en la colección “Milestones” del sello ECM que reicientemente ha ido reeditando lo mejor de su catálogo por lo que no es nada difícil de adquirir en cualquier tienda online hoy en día.

martes, 23 de junio de 2020

Jan Garbarek & the Hilliard Ensemble - Remember Me, My Dear (2019)



En los últimos días del año 2014 se producía la disolución del Hilliard Ensemble, uno de los coros de cámara más renombrados de los últimos tiempos que cerraba así una brillante trayectoria de cuatro décadas. El punto y final lo pusieron con un concierto celebrado el 20 de diciembre en la histórica Sala Wigmore londinense. Poco antes, en octubre, se despidieron de sus colaboraciones con el saxofonista noruego Jan Garbarek en una actuación que tuvo lugar en una colegiata de la población suiza de Bellinzona. Pese al tiempo transcurrido no fue hasta el año pasado que pudimos disfrutar por fin de un registro de ese concierto editado, como no podía ser de otra forma, por el sello ECM.

The Hilliard Ensemble
El disco iba a llevar el apropiado título de “Remember Me, My Dear” y en el se iban a recoger piezas procedentes de los tres trabajos anteriores de Garbarek y el coro. Recuerda Gordon Jones en las notas del disco cómo fue el primer encuentro de Garbarek y el Hilliard Ensemble en el lejano 1993 y las primeras reacciones de todos ellos al escuchar la sorprendente mezcla entre las voces y el saxo de Jan. “Lo que nos chocó inmediatamente fue la calidad casi vocal del sonido que Garbarek sacaba de su saxofón. Era como tener un quinto cantante flotando alrededor, entrando y saliendo de nuestras tesituras”. Por las características de la música que el “ensemble” solía interpretar, el mundo de la improvisación les resultaba completamente nuevo pero eso suponía enfrentarse a un aprendizaje muy importante y enriquecedor del que disfrutaron mucho en palabras de Jones. La grabación, producida por Manfred Eicher como es habitual en los lanzamientos de ECM, cuenta con la participación de Garbarek al saxo soprano y los cuatro integrantes de la última formación del Hilliard Ensemble, a saber: el contratenor David James (único miembro fundador aún activo), los tenores Rogers Covey-Crump y Steven Harrold (la última incorporación y el único que no participó en “Officium”) y el barítono Gordon Jones. La misma alineación que se cerró en 1998 tras la salida de John Potter.




El primer trabajo de Garbarek y el coro se centraba en música antigua pero con los siguientes se fue abriendo hasta incorporar obras propias y también piezas de otros autores contemporáneos. Así, este disco de despedida se abre con “Ov Zarmanali” del compositor armenio de finales del S.XIX, Komitas, pieza incluida en su día en el disco “Officium Novum” (2010). Continúa con “Procurans Odium”, canción medieval bávara que no había aparecido en ningún disco anterior del proyecto. Seguimos con “Allting Finns”, composición propia de Garbarek que también aparecía en “Officium Novum” al igual que lo hacían las próximas dos composiciones: “Litany”, escrita por el compositor de principios del S.XX, Nikolai N. Kedrov y la canción anónima “Dostoino Est”. Curiosamente la primera vez que grabaron estas dos últimas piezas lo hicieron como parte de un solo corte más largo con la inclusión de una tercera que servía como unión entre ambas. El disco que lo empezó todo, “Officium” (1994) solo aparece representado por dos composiciones, ambas de autor desconocido: “Sanctus” y “Procedentum Sponsum”. Entre las dos se cuela el estonio Arvo Pärt, sobradamente conocido por los asiduos del blog, con “Most Holy Mother of God” ya aparecida en “Officium Novum”. Desde aquí hasta el final nos centramos en obras procedentes de “Mnemosyne” (1999) que van desde dos piezas del siglo XV como son el “Se Je Fayz Deuil” de Guillaume le Rouge y el “Agnus Dei” de Antonie Brumel hasta el cierre con la canción tradicional escocesa del XVI que da título al disco pasando por el “Alleluia Nativitas” de Perotin (S.XII) y el “O Ignis Spiritus” de Hildegard Von Bingen (S.XI). En medio de este último segmento se cuela “We Are the Stars”, composición de Jan Garbarek que pertenecía al disco “Officium Novum”.

El proyecto “Officium” es una de las aventuras musicales más inesperadas por lo satisfactorio del resultado. Combinar música antigua con improvisaciones jazzísticas como idea de partida parecía algo descabellado pero cuando Manfred Eicher lo propuso, lo hizo probablemente sabiendo que tenía al hombre adecuado para hacerlo y es que hay pocos artistas tan versátiles y con tanta capacidad de colaborar con gente tan diversa como Jan Garbarek.

“Remember Me, My Dear” es una doble despedida de dos historias fascinantes: la de la colaboración de Garbarek y el Hilliard Ensemble y también la del propio coro que escribió algunas de las páginas más bellas del libro del sello ECM. Por ello creemos que es un documento imprescindible para todo melómano que se precie.



 

lunes, 23 de septiembre de 2019

Jan Garbarek / Kjell Johnsen - Aftenland (1980)



En sus primeros años, el sello ECM estaba consagrado al jazz contemporáneo y muy centrado en la improvisación como forma de sacar la verdadera esencia de sus artistas. La nómina de la discográfica en aquel tiempo estaba plagada de músicos que eran verdaderos maestros en el arte de la creación espontánea como Paul Bley, Gary Burton, Chick Corea o Keith Jarrett. Uno de los artistas más prolíficos en ese terreno era el saxofonista noruego Jan Garbarek quien en apenas una década participó en más de 20 discos del sello, entre los que se encontraban nueve firmados por él como artista principal.

Desde hace unos meses, ECM está reeditando varias de las grabaciones claves en la historia del sello dentro de una serie denominada “Touchstones”. Entre ellas ocupa un lugar destacado el disco que traemos hoy aquí. Se trata de una grabación de 1979 firmada por Garbarek y el organista Kjell Johnsen. En ella, uno de los trabajos en cuya preparación más disfrutó el saxofonista, en sus propias palabras, ambos artistas nos presentan una serie de improvisaciones conjuntas grabadas en la iglesia de Engelbrekt. A lo largo de las nueve composiciones recogidas en el disco, Garbarek toca el saxo soprano y el tenor además de la flauta en uno de los cortes. Johnsen, por su parte, se encarga del órgano.

Jan Garbarek


“Aftenland” - Abre las hostilidades Kjell Johnsen con una serie de notas que recuerdan a otros compositores contemporáneos para el instrumento como Olivier Messiaen. Son notas largas que evolucionan de un modo cadencioso, algo perfecto para que Garbarek comience a improvisar por encima. El saxofonista no busca en ningún momento el virtuosismo instrumental sino ofrecernos las notas justas que encajen en el tapiz que nos muestra el teclista. Es una música glacial, cortante, pero también pasional a su manera. La progresión de la pieza, más intensa a cada compás hace que sea imposible relajar la atención siquiera por un instante y eso es algo que continuará sucediendo durante el resto del disco.

“Syn” - Pese a que el esquema de la pieza podría parecer similar al anterior, lo cierto es que el planteamiento es justo el contrario ya que aquí es Garbarek quien propone y Johnsen el que elabora la respuesta a partir de los fraseos del saxofonista. Tras un breve silencio en la parte central, el organista se desmelena y nos vuelve a recordar a Messiaen (en este caso al más dinámico) en un final muy interesante con Garbarek a una gran altura.

“Linje” - Enlaza ahora el disco tres temas cortos encabezados por esta pieza que casi podría ser un solo de saxo tenor ya que el órgano se limita a un sutil acompañamiento muy en segundo plano. Garbarek toca como nunca y la pieza se hace demasiado breve.

“Bue” - El órgano tiene aquí mayor presencia que en el corte anterior y sus filigranas, pese a desarrollarse en un plano mucho más atrasado que el que ocupa el saxo, son lo más interesante de la composición.

“Enigma” - Contrastando con la pieza precedente, ahora el órgano muestra mucho más músculo y nos brinda el duelo más notable con el saxo de Garbarek en la introducción. Mediada la pieza entramos en ambientes más calmados y sutiles en los que podemos disfrutar de la peculiar sensibilidad del músico noruego.

“Kilden” - El siguiente corte es una especie de culminación de lo que se nos ha presentado en los anteriores. Saxo y órgano fundidos en una danza con mucho de ritual en la que cada uno de los dos músicos sabe leer perfectamente su papel y se complementan para ofrecernos el que probablemente es el tema más completo de todo el trabajo.

“Spill” - Por un momento, Garbarek abandona el saxo para tomar la flauta y afrontar con ella un duelo precioso frente al órgano de Johnsen. Continuas réplicas y contrarréplicas en una bellísima batalla incruenta que bien podía ser la de un pájaro contra la tormenta. Una auténtica maravilla.

“Iskirken” - Se recupera aquí el esquema de “Aftenland” la pieza inicial del disco, con el órgano ejecutando largos acordes que forman la base perfecta para la improvisación de Garbarek. Es esta una de las piezas favoritas del saxofonista que no dudó en incluirla en la antología de su obra que ECM publicó en 2002.

“Tegn” - El corte que cierra el disco es el que tiene un mayor componente folclórico de todo el trabajo. Tanto la melodía de saxo como las del órgano tienen un fuerte sabor tradicional que no desentona en modo alguno con el resto de piezas del trabajo.


Con “Aftenland”, la tierra del anochecer, Garbarek completó una de sus colaboraciones más peculiares ya que hasta ese momento, sus discos a dúo habían sido casi siempre acompañado de un guitarrista (o, en su defecto, de un contrabajista) pero nunca antes con un teclista. El que éste tocase el clásico órgano de iglesia hacía de la colaboración algo aún más excepcional dado lo estrechamente relacionado que se encuentra ese instrumento con la música clásica y, en especial, la religiosa. Desde ese punto de vista, podríamos ver aquí una primera semilla de los discos junto a voces gregrorianas que grabaría mucho más adelante. El resultado es poco convencional pero muy atractivo hasta el punto en que, como decíamos más arriba, el disco está entre aquellos que ECM ha decidido calificar como de “hitos” en su catálogo. Solo por ello ya merece la pena acercarse a esta grabación así como también a la música de Garbarek que merecería una atención más frecuente por nuestra parte.



 

domingo, 10 de abril de 2016

Jan Garbarek & the Hilliard Ensemble - Officium (1994)



Hubo un momento en que se puso de moda la mezcla de géneros, la “fusión” lo llamaron, entre estilos musicales sin ninguna relación aparente entre sí que dio resultados grotescos en muchos casos pero también un puñado de obras notables. Esto fue algo especialmente habitual en los últimos años de la década de los ochenta y toda la década siguiente y uno de los contenedores musicales en el que más se dio este tipo de experimentos fue la llamada “new age”.

En ese contexto aparecieron discos que mezclaban electrónica con cantos de los indios americanos, con oraciones tibetanas o con “samples” de remotas tribus africanas o sudamericanas. También hubo cruces entre música celta y africana, entre música clásica y rock, entre jazz y flamenco... así hasta completar casi cualquier combinación que se os pueda ocurrir.

Ninguna música quedó libre de esta tendencia, incluyendo los cantos gregorianos que batieron records de venta en formatos muy diferentes que van desde los insustanciales tratamientos electrónicos de Michel Cretu y su banalización de una música sublime hasta sus “secuelas” a cargo de Mike Oldfield o Era. Por el camino, discos de canto gregoriano “puro” se convirtieron en superventas y experimentos verdaderamente inspirados como el disco que hoy traemos aquí se elevaron a los primeros puestos de las listas en países como Alemania.



La historia del disco parte, como tantas otras veces, de una casualidad. Manfred Eicher, la cabeza pensante del sello ECM se encontraba en Islandia grabando un documental titulado “Holozän”. La música que llevaba en el coche durante sus recorridos por el país procedía de dos grabaciones: una del “Tenebrae Responsories” de Carlo Gesualdo y otra de Jan Garbarek. Por algún motivo, esa extraña combinación terminó por fundirse en su mente, sumándose pronto a la mezcla una obra que le había impresionado vivamente unos años antes cuando la escuchó en un concierto en Sevilla: el “Oficio de Difuntos” de Cristóbal de Morales. Tras terminar la película, Eicher se puso en contacto con Garbarek y le habló de su idea. Una vez que el saxofonista dio su visto bueno, ambos procedieron a la selección de la música a interpretar. Cabe recordar aquí que dos de los pilares sobre los que se construye el sello ECM son el jazz y la música antigua por lo que un proyecto como este, muy arriesgado a priori para cualquiera, tiene mucho más sentido en el ámbito de una discográfica así. El hecho de tener en plantilla a algunos de los mejores intérpretes de ambos géneros, para qué engañarnos, ayuda mucho también a que el resultado sea satisfactorio y riguroso.




El disco iba a consistir en una grabación en la que la Hilliard Ensemble cantaría una serie de piezas compuestas entre los siglos IX y XVI. Al mismo tiempo, Jan Garbarek ejecutaría una serie de improvisaciones al saxo soprano inspiradas por la música que en cada momento se esté cantando. El concepto parecería descabellado a primera vista y destinado, en el más optimista de los casos a un público muy reducido. No fue así en absoluto y la grabación fue directa al número 1 en las listas de música clásica en Alemania alcanzando unas ventas estimadas de cerca de un millón y medio de ejemplares convirtiéndose, de largo, en el disco más vendido de la historia de ECM como sello lo cual no es un éxito menor.




La selección musical del disco es impecable y, además del “Parce mihi domine” del citado “Oficio de Difuntos” de Cristobal de Morales (que aparece en tres ocasiones en la grabación, una de ellas sin el saxo de Garbarek), podemos escuchar obras de Pierre de la Rue, Perotin o Guillaume Dufay, además de varias piezas anónimas centroeuropeas e inglesas de los siglos XIV y XV.




Es este un disco delicioso del que podríamos caer en la tentación de decir que es también único en su género pero no es así ya que unos años más tarde, los mismos protagonistas grabaron una secuela titulada “Mnemosyne” y más recientemente otra de título “Officium Novum”.

miércoles, 15 de enero de 2014

Jan Garbarek Group - Twelve Moons (1993)



Conocida es nuestra admiración por el sello ECM, varias de cuyas grabaciones han aparecido por aquí tiempo atrás. Toca ahora regresar a la discográfica de Manfred Eicher para hablar de uno de sus más grandes representantes: Jan Garbarek. Nacido en Noruega de padre polaco se decantó pronto por el saxofón como medio de expresión consiguiendo un sonido muy particular, especialmente con la tesitura del saxo soprano, aunque es también maestro en el tenor. Comenzó tocando jazz dentro de la mas pura ortodoxia pero pronto comenzó a explorar otros territorios, principalmente incorporando elementos del folclore nórdico lo que hizo su música muy popular en aficionados de muy diversos estilos musicales, beneficiándose en gran medida del auge de la “new age” como etiqueta dispuesta a acoger en su seno cualquier música difícilmente clasificable en otros géneros.

En 1979 forma el Jan Garbarek Group tras publicar varios discos en solitario o en compañía de otros artistas, como evolución del Jan Garbarek Quartet aunque en ningún momento la banda se consolida como tal ya que sólo uno de sus miembros, el bajista Eberhard Weber, repite participación de un disco para otro. El resto van cambiando continuamente lo que nos permite escuchar en el grupo a músicos de de la talla de David Torn, o Bill Frisell. Es todo bastante desconcertante ya que tan pronto aparece un disco del Jan Garbarek Group como otro firmado sólo por el saxofonista en el que la lista de músicos casi coincide con la del grupo, sólo para que un tiempo después vuelva a publicarse otro trabajo del grupo con una formación completamente nueva. En cualquier caso, la producción discográfica del Jan Garbarek Group como tal es escasa, tanto que “Twelve Moons”, publicado en 1993, hace sólo el número cinco de sus discos en catorce años.

A pesar de ello, se trata de un disco impresionante en el que tanto Garbarek como sus músicos rozan la perfección en muchos momentos, como si llevasen lustros tocando juntos. La producción, sobra decirlo cuando hablamos de un disco de ECM, es exquisita y todas las composiciones, a pesar de sus muy diversas procedencias, encajan de un modo maravilloso como pocas veces hemos escuchado.

Integran el Jan Garbarek Group en “Twelve Moons”: el propio Garbarek (saxos soprano y tenor, teclados), Rainer Brüninghaus (teclados), Eberhard Weber (bajo), Manu Katché (percusión), Marilyn Mazur (batería), Agnes Buen Garnas (voces) y Mari Boine (voces), aunque en ninguno de los cortes del disco llegan a intervenir todos los músicos juntos.


Jan Garbarek

“Twelve Moons” – Comienza el disco con la pieza más fascinante del mismo, dividida en dos partes, la primera: “Winter-Summer” y la segunda “Summer-Winter”. Un profundo lamento de saxo soprano, como si del aullido de un lobo en mitad de la tundra se tratase, abre una composición soberbia con una melodía que se repetirá a lo largo de la misma. Aparecen entonces los primeros sintetizadores dibujando un elegante tapiz de sonidos instantes antes de la irrupción de los grandes protagonistas del corte: la batería de Manu Katché y las percusiones de Marilyn Mazur. Con estos elementos, Garbarek y sus músicos componen una pieza magistral, sobria y elegante, uno de esos temas que se convierten en clásicos desde el momento en que terminan de ser reproducidos por primera vez. Encontramos una conexión estilística muy notable entre esta composición y el también fantástico “Horizon” de Oystein Sevag. El hecho de que éste último esté compuesto un tiempo antes combinado con la trayectoria más larga de Garbarek no nos permite dilucidar quién influyó a quién por lo que nos inclinamos por una influencia de la música de su Noruega natal en ambos. Señalar, por último, que la composición sirvió de banda sonora para un premiado corto titulado “Året gjennom Børfjord” (un año en la carretera abandonada) en el que se mostraba, con una cámara fija todo lo ocurrido en un tramo de carretera a lo largo de un año pero a una velocidad 50.000 veces mayor a la habitual por lo que todos esos meses transcurren en la pantalla en un lapso de doce minutos. Cada día, la cámara era desplazada un poco hacia adelante por lo que en la película daba la impresión de que el espectador caminaba normalmente mientras el tiempo pasaba velozmente a su alrededor.



“Psalm” – Continúa el disco con un tema tradicional con arreglos de Garbarek y texto de Elling Hansen. La voz de Agnes Buen Garnas, con todo el sabor de la música de raiz, de siglos de reposo y maduración de una forma de cantar se acompaña del saxo de Garbarek en una combinación extraña pero fascinante. La presencia de Eberhard Weber y Marilyn Mazur señalada en los créditos del tema es casi inapreciable por sutil.

“Brother Wind March” – Volvemos a las composiciones propias de Garbarek con un intenso solo de saxo tribal, un canto que nos transporta a la naturaleza más salvaje antes de comenzar a dibujar una melodía más estructurada, una marcha que cobra todo su sentido cuando aparece la sección rítmica formada por Katché y el bajo de Weber. Garbarek, deja el piano y los teclados en esta ocasión para Rainer Bruninghaus y a fe nuestra que es una buena elección. Poco a poco el tema va evolucionando al incorporar giros jazzisticos que enriquecen notablemente la melodía inicial. Sin duda, estamos ante otra de las grandes piezas que esconde el disco.

“There Were Swallows” – El piano de Brüninghaus abre el tema con una mayor presencia de todos los miembros de la banda actuando de forma conjuntada. La perfecta conjunción de batería, percusiones y bajo que aparece en todo el disco, tiene aquí sus mejores momentos con mención especial para el bajo de Eberhard Weber. Todo ello se conjura para crear un tema de jazz contemporáneo que no nos cansamos de escuchar una y otra vez.

“The Tall Tear Trees” – Tras la exuberancia del tema anterior, asistimos aquí a la versión más intimista de Garbarek, representada en el melancólico dueto entre su saxo y el bajo (intuimos que sin trastes) de Weber. Una composición lenta en su primera mitad, otoñal en su ánimo, que comienza a vibrar con una pulsión propia a partir de las percusiones que comienzan a sonar mediado el tema. A partir de ahí, Garbarek arrebata extraños lamentos a su instrumento por unos instantes antes de recuperar en los momentos finales la melodía principal, ahora acompañado de los sintetizadores. Una pequeña joya que no debe pasar desapercibida.

“Arietta” – Garbarek rinde homenaje a uno de los compositores más notables de su país natal con este arreglo de la primera de sus “piezas líricas” para piano. Hablamos de Edvard Grieg cuya breve pieza se transforma en manos de la banda de nuestro saxofonista en una preciosa canción con aire de jazz en un clásico esquema de tema y variaciones en el que destacan especialmente el piano de Brüninghaus y el bajo de un Eberhard Weber, espléndido en todo el disco.



“Gautes-Margjit” – Segundo arreglo de un tema tradicional que aparece en el disco aunque en este caso llevado por completo a su terreno por Garbarek hasta conformar una pieza que nadie diría que no es un original suyo. Los últimos instantes de la pieza, con toda la banda improvisando, son, de lejos, lo más interesante de otro tema notable.

“Darvanan” – Compuesta por la propia vocalista Mari Boine, quien hace aquí su única intervención en todo el disco, llega esta canción emocionante en la que sólo escuchamos el saxo de Garbarek y la voz de Boine, en un experimento que nos pone sobre la pista de lo que el músico haría un tiempo después combinando su saxofón con cantos religiosos antiguos como el “Officium Defunctorum” de Tomás Luis de Victoria. La sencilla letanía de Mari se desarrolla placenteramente mientras el saxofonista improvisa alrededor de una melodía tan simple como bella, y es que muchas veces no hace falta nada más que esto para emocionar al oyente. Intuimos que la obra de Mari Boine en solitario puede haber tenido su influencia en uno de los grandes discos del pasado 2013, el ya comentado “ø” de Neonymus, confeso admirador de la cultura noruega.

“Huhai” – Volvemos al jazz contemporáneo en la línea de un Pat Metheny o de discos anteriores del propio Garbarek, quien parece reservar éste estilo para los escasos tres cortes del disco interpretados por el quinteto de instrumentistas. Vital y optimista, el músico noruego nos conduce de un modo inmejorable hasta el cierre del disco.

“Witchi-Tai-To” – Termina “Twelve Moons” con una composición ajena que, además, Garbarek ya había incluído casi veinte años antes en un disco titulado igual que la pieza y que grabó junto con el Bobo Stenson Quartet. Era aquel un disco de versiones y, para muchos, lo mejor que nunca grabó Garbarek en aquellos años. La pieza que aquí se incluye estaba compuesta por Jim Pepper, saxofonista norteamericano de orígenes nativos que siempre ha sido mencionado por en músico noruego como una de sus grandes influencias.


Garbarek era uno más en una larga lista de músicos que deberían haber aparecido por aquí por derecho propio hace tiempo pero ya sabéis de nuestra intención de ir dosificando los nombres nuevos con la idea de que siempre haya contenidos interesantes por descubrir y no agotar los mejores artistas en unas cuantas entradas. La música de Garbarek es sobria, elegante y con un punto de frialdad aparente que no debe retraernos en nuestro acercamiento a sus discos. Es muy difícil alcanzar el equilibrio entre la maestría técnica a la hora de interpretar y la sencillez a la hora de despojar a la música de artificios innecesarios. Garbarek es maestro en esa labor y lo podéis comprobar en discos como este. Como (casi) siempre, si estáis interesados en haceros con el disco hoy comentado, os dejamos un par de enlaces en los que adquirirlo.

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Os dejamos con una moderna versión en directo de "Brother Wind March":